AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 5 Noviembre   2001
#Simplemente, terroristas
José María CARRASCAL La Razón 5 Noviembre 2001

#Lo que simboliza Ben Laden
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 5 Noviembre 2001

#La llave en la cerradura
ÁLVARO DELGADO-GAL El País 5 Noviembre 2001

#Inmigración islámica, cero
Enrique de Diego Libertad Digital 5 Noviembre 2001

#Duelo de patriotas
Pablo Sebastián La Estrella 5 Noviembre 2001

#Radicales apedrean a varias patrullas de la Ertzaintza tras atacar tres bancos en Vitoria
A. P. VITORIA El Correo 5 Noviembre 2001

#Ben Laden empieza a percibir el fracaso
Antonio Sánchez-Gijón Libertad Digital 5 Noviembre 2001

Simplemente, terroristas
José María CARRASCAL La Razón 5 Noviembre 2001

Finalmente Washington se ha decidido a clasificar a Eta como organización terrorista y a aplicarle las medidas correspondientes. Es uno de los pocos efectos positivos del atentado del 11 de septiembre. Pues hasta ahora, Eta venía estando aquí en un limbo jurídico e incluso hubo etarras que tuvieron la desfachatez de presentarse como perseguidos políticos y reclamar el derecho de asilo, escudándose en el desconocimiento que los norteamericanos suelen tener de los asuntos de otros países y en la admiración que sienten por los «luchadores por la libertad de su pueblo». No más. La Administración Bush acaba de emitir un decreto donde se enumeran 25 organizaciones que usan el terrorismo como instrumento político y se toman las medidas para combatirlas. La mayoría son de fundamentalistas musulmanes, pero hay también tres «movimientos de liberación» colombianos, el IRA Auténtico y Eta. No se ha hecho sin renuencias, dado el apoyo que el Ira tiene entre los irlandeses de este país. Tanto que al principio querían irse sólo contra Al Qaida, controlada por Ben Laden, y algún otro grupo extremista islámico. Pero los expertos advirtieron al presidente Bush que apuntar tan exclusivamente a los árabes no iba a ayudar a la gran coalición que trata de formar contra el terrorismo. Convenía ir contra todas aquellas organizaciones que lo practican, pues en otro caso, daría la impresión de que Estados Unidos sólo va contra aquel terrorismo que daña sus intereses, lo que venía siendo verdad hasta ahora.

Así que el IRA y Eta se han añadido a la lista, como prueba de que en Washington se han acabado las contemplaciones y las hipocresías en lo que a terrorismo se refiere. Las principales medidas a tomar son económicas. El Departamento del Tesoro norteamericano podrá decomisar los fondos de todo aquel que dentro o fuera del país presente ayuda material o financiera a las organizaciones señaladas o a sus miembros. Si un banco extranjero se niega a cooperar, se le congelarán sus depósitos en Estados Unidos. Es una llamada de atención a toda la banca internacional, por la que Ben Laden venía moviéndose como Pedro por su casa.
En lo que atañe a Eta, la repercusión va a ser sobre todo política. Se acabó lo de movimiento de liberación. Terrorismo puro. Y los norteamericanos aprendieron el 11 de septiembre lo que Tom Lantos, congresista por California, ha advertido: «No hay buenos y malos terroristas. Todas las organizaciones terroristas deben ser consideradas enemigas de América». Ha sido una pena que tuvieran que morir tantos inocentes para que cayeran en ello. Por cierto que no estaría mal que los corresponsales norteamericanos en España dejaran de llamar a los etarras «independentistas» para llamarles lo que son. Terroristas.

Lo que simboliza Ben Laden
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 5 Noviembre 2001

Salvo en Turquía, el mundo musulmán no tiene una filosofía política independiente de la teología. El Corán es una conciencia y una bandera. Esto hace muy difícil la comprensión del sentido de los acontecimientos en esos países. Los entendemos equivocada o confusamente a causa de hábitos mentales que ellos no tienen. Para acercarnos a su propia visión, tendríamos que situarnos en la perspectiva de los súbditos del viejo Estado Vaticano, cuando el Papa, además de representar a Dios y vicariar a Cristo, era el soberano político. Una situación que duró hasta que el tratado de Letrán lo restringió a la Ciudad del Vaticano en 1929. Aquel estado teocrático y papal era lo más parecido en Occidente a la teoría y la práctica del califato o del imanato. Las actuales monarquías y emiratos árabes concebidos como reinos soberanos, suponen una degeneración de la soberanía, exclusiva de Alá.

A finales del siglo XVIII, el filósofo Mohamed Ibn Abd al Wahhàb actualizó la doctrina clásica de Ibn Taimiyya, sobre la negación de la obligatoriedad del califato y la suficiencia del respeto a la ley islámica (sahri a), para legitimar la soberanía de la Casa de Saud. El oportunismo teológico de esta teoría hizo del «wahhàbismo» el dogma oficial en Arabia Saudí y el pretexto de que se valieron sus príncipes para acatar el orden colonial.

La oposición a la corrupción del Islam colonizado comenzó con Afghani y el gran mufti de Egipto, Mohamed Abdu. Estos dos admiradores de Lutero propusieron la reforma de la «sahri a» en una línea modernista, que culminaría Rashid Rida en el primer tercio del siglo XX. La nueva idea de la soberanía popular se enmarcó, con arreglo a preceptos de la jurisprudencia casuística, en el ámbito del consejo eclesiástico o la consulta («shura»). Ha supuesto una catástrofe cultural que estos reformistas no se basaran en la concepción averroísta del «propósito» de la ley («maqásid al-shari a») para asimilarla a la idea protestante del derecho natural y hacer realidad la «doble verdad» de la razón y la fe.

Resulta irónico que el cordobés Averróes influyera tanto en el Renacimiento italiano y casi nada en el reformismo moderno de la ley islámica.

El fracaso de las corrientes modernistas en la regeneración del dogma y del consenso musulmán dejó el campo libre, como única vía de salvación, a la emulación popular («salafiyya») de Mahoma cuando voló desde la Meca a Medina («hijra») para alejarse de la sociedad corrupta. La teoría salafita considera que, fuera de la «hijra», la sociedad está corrompida y sumisa ante la impiedad de sus gobernantes occidentalizados. El remedio lo pone en una sublevación popular y militar que asiente el sistema político en la imitación de los paradigmas piadosos de los seguidores del Profeta.

Jomeini fundamentó en la soberanía de Alá el corolario de que la vizrregencia del mundo corresponde a los eclesiásticos, representado por una persona (Irán) o un colegio (Afganistán).

La función del poder político consiste en supervisar y controlar el establecimiento de un orden salafita. Las consecuencias de esta concepción despótica del shiismo están siendo combatidas por la tendencia radical y modernista de Abol Hassa Bani Sadr, basada en la generalización del imanato, o sea, en la extensión a todo individuo de la capacidad de ejercer el juicio y comportarse como un eclesiástico piadoso.
Aquí se reconcilia la doble verdad de Averróes: La letra de la shari a (dogma) es adecuada por todos a su propósito racional. La verdad percibida por la masa no puede contradecir la deducida por los eclesiásticos. Ben Laden adquiere la dimensión de héroe popular del Islam porque encarna el símbolo de esta síntesis heterodoxa.

La llave en la cerradura
ÁLVARO DELGADO-GAL El País 5 Noviembre 2001

En mi columna de hace dos semanas adelanté algunas conjeturas sobre lo que iba a ocurrir durante la jornada que el Parlamento vasco había convocado para discutir el autogobierno. Consciente de que el futuro es siempre incierto, preferí no apoyar mucho el índice en los pronósticos, y prodigué las cláusulas subordinadas y condicionales. Pero Ibarretxe ha sido más directo. Subrayó la insuficiencia sustancial del Estatuto, y se las compuso para persuadir a la opinión de que se celebraría una consulta sobre el derecho a la autodeterminación antes de que tengan lugar las próximas elecciones autonómicas. Tres días más tarde, el domingo 28 de octubre, Aznar expresaba su convicción de que no tardará en fraguarse un segundo Pacto de Estella. En lo que sigue, analizaré la tesis del presidente, y sugeriré otra de carácter alternativo.

La doctrina Aznar sólo es inteligible, y a mi entender asumible, si se hace una hipótesis doble. Uno, que está prevista la convocatoria de un referéndum ilegal. Dos, que ese referéndum se impedirá desde Madrid. Una vez sentados ambos puntos, las piezas encajan. ¿Por qué? Por una razón elemental: la convocatoria del referéndum primero, y su suspensión después, recurriendo a la Guardia Civil o lo que fuere menester, colocaría al PNV, irremediablemente, fuera de las instituciones. No me refiero aquí a la dimensión legal del contencioso, sino a su dimensión política. Si usted invoca los derechos sacrosantos del pueblo vasco -identificado con el que vota nacionalista- y un Gobierno central, previamente satanizado, va y le corta la voz a ese pueblo, usted no tendrá más remedio que romper con el Estado. En esa tesitura, ETA llevaría todas las de ganar. Siendo más precisos: en esa tesitura los peneuvistas no podrían no apuntarse a la posición de ETA sobre la inutilidad o ilegitimidad del marco legal que en este instante protege y regula la administración de la política en las tres provincias. Es claro que el PNV no podría dar un paso semejante sin negociar antes con los abertzales unas reglas de juego mínimas, para mejor gobierno de unos y otros durante los tiempos duros. De no tomar estas cautelas, el partido perdería por completo el control de la situación.

¿Es este escenario concebible? Lo es. Pero peca de demasiado nítido, de demasiado lineal. Es mejor, para comprender a los peneuvistas, dar de mano a los silogismos, y aguzar el oído. Percibiremos entonces un ruido semejante al que hace una llave al fatigar, afanosa, una cerradura. La llave se mueve con un propósito concreto: que la puerta se abra. Pero no sigue una trayectoria determinada, sino un abanico de trayectorias.

Variemos de ángulo. Sobre el papel al menos, Aznar hará mutis por el foro un año antes de que Ibarretxe apure su mandato. Esto significa que, durante ese margen crítico, las cosas podrían cambiar mucho en Madrid. Por ejemplo: podrían surgir Gobiernos sustentados en mayorías relativas, y menesterosos de alianzas con los partidos nacionalistas. O podría instalarse en La Moncloa un presidente con una idea de España menos definida que la de Aznar. Ése sería el momento para celebrar un referéndum. Pero no un referéndum ilegal, sino legal y previo a su refrendo en las Cortes por mayoría absoluta y no cualificada. De hecho, ése es el procedimiento que la Constitución contempla para la reforma del Estatuto. A mi ver, el proceso tendría, como efecto inevitable, la confederalización de España a lo largo de varias líneas de sutura, en número por el instante indeterminable. Pero lo último es motivo de alarma en Madrid, no en Vitoria. Entre tanto, los avances maximalistas y rompedores que Ibarretxe ha empezado a amagar estos días cumplirían dos objetivos. Uno, que la reforma del Estatuto se interprete como un mal menor del Ebro hacia abajo. Dos, la absorción de voto abertzale, y el afianzamiento del PNV dentro del campo nacionalista. ¿Bien pensado? En el corto plazo, sí. ¿Y en el largo? Ya no hay plazos largos. De un tiempo a esta parte, y no sólo en España, los maratones se miden por metros.

Inmigración islámica, cero
Por Enrique de Diego Libertad Digital 5 Noviembre 2001

Seis británicos han muerto en Afganistán. No lo han hecho luchando por la libertad, sino por la tiranía talibán. Son miembros de una organización islámica británica dedicada a reclutar jihadistas. El dato indica que los bombardeos son más eficaces de lo que nos quiere hacer creer a través de esta manipulación mediática establecida sobre la televisión única de Qatar. Muestra los contrasentidos en los que han venido cayendo las naciones occidentales. Afganistán puede ser una guerra civil británica, en la que ingleses combatan contra ingleses. La asociación de marras dice que el Islam y la Umma -un concepto sublimado religiosamente de la tribu- están por encima de Inglaterra, del concepto de nación, pues nada hay comparable con morir en la guerra santa para pasar, al final de los tiempos, a gozar de las huríes en el lupanar celeste.

Frederick Forsyth ha escrito que es preciso reconsiderar el concepto de ciudadanía. Propone que a algunos les sea retirada. Londostán es la retaguardia del integrismo islámico. Allí fueron arribando los dirigentes de los movimientos terroristas de Túnez y Argelia. Los órganos de difusión oficiales del GIA tienen su sede en la capital que resistió heroicamente al nazismo. Las soflamas a los integristas argelinos se lanzan desde una radio que emite desde Londres. El derecho de asilo ha sido manifiestamente pervertido hasta el ridículo.

¿Es preciso recordar que Jomeini acabó con el Sha de Persia desde su dorado exilio parisino? Ello no fue óbice para que el ayatolá intentará después sublevar a los inmigrantes musulmanes en Francia contra el satán occidental y ello se manifestara en una oleada de atentados.

Es manifiesto que el atentado de las Torres Gemelas -una espléndida y trágica chapuza, un suicidio colectivo aprovechando el instinto suicida de Occidente, alentado por sus intelectuales- sólo pudo cometerse mediante la manipulación del sentido de acogida occidental y los espacios de tolerancia de las sociedades abiertas. Quince de los diecinueve suicidas eran jóvenes saudíes y de los emiratos árabes. Media de edad de veinte años, hijos de familias adineradas. Tal sociología sorprendió tanto en un principio que se pensó en identidades falsas y en una vasta estructura de falsificaciones y financiación. Todo mucho más sencillo: ampliaban estudios pagados por sus familias. La emigración y los intercambios están siendo pervertidos.

Hay numerosos elementos en el islamismo contradictorios con la democracia y la sociedad abierta. La misma concepción teocrática, la inferioridad de las mujeres, costumbres aberrantes como la poligamia, que tantos traumas crea en un prole excesiva. Por supuesto, la guerra santa que es en estado puro el delito tipificado en nuestro Código Penal como “apología del terrorismo”. Con estos parámetros, parece de sentido común en el momento presente establecer una moratoria temporal que sitúe la inmigración musulmana en nivel cero, que devuelva a sus países a los integristas -no tiene sentido que se afirme que la policía tiene controlados a cien integristas, esos señores no deben estar en España-. La emigración está funcionando como válvula de escape de una demografía irresponsable -en muchas naciones musulmanas los jóvenes constituyen el 50 % de la población-. Deben resolverse los problemas en los países de origen -permitiendo al máximo la libre circulación de mercancías- pero no exportarlos.

No tiene sentido que desde España se hayan expresado opiniones favorables a Ben Laden o defensas a ultranza de la burka. ¿Permitiríamos a los clérigos católicos predicar a favor de la inquisición y el exterminio de herejes, agnósticos y ateos? ¿Por qué las mezquitas han de tener bula para hacerlo con la guerra santa? Si es eso lo que se predica, y me temo que así es pues eso dice el Corán, las mezquitas no deben ser permitidas. ¿Es el shador, ya muy presente en ciudades como Alicante, Elche, Orihuela y Almería un símbolo religioso, fruto de la libertad personal, o de la inferioridad de la mujer y su sumisión al varón? Las dos cosas. ¿Es admisible una comunidad como tal que defienda y practique criterios directamente contrarios a los principios constitucionales? Me parece obvio que no. Después del 11 de septiembre parece imprescindible recuperar el sentido común perdido. No pueden considerarse costumbres culturales las lesiones a los derechos humanos o la incitación religiosa a la violencia.

Duelo de patriotas
Pablo Sebastián La Estrella 5 Noviembre 2001

La política española sigue caminando por un único sendero en el que el control del poder es el principal y único objetivo, en torno al cual gira todo lo demás: programas, ideología y liderazgo. En ese contexto se incluye la batalla dialéctica abierta entre el PP y el PSOE por el control de la marca "Patriotismo Constitucional" .

Un binomio que primero destapó el PSOE en 1992 para huir, bajo esa bandera de un neonacionalismo progresista, de los crecientes escándalos de la corrupción felipista. Y un binomio que ahora quiere quedarse el PP de cara a su próximo congreso, para disfrazar el neonacionalismo de la derecha autoritaria y conservadora española bajo la enseña nacional usada como paraguas protector y acaparador de toda forma de nacionalismo.

El patriotismo constitucional del profesor Jurgen Habermas se ha convertido en un emblema de lujo, presunto pensamiento y hasta de ideología en los tiempos que corren de la vida política española, y también de la internacional. Los nacionalismos étnicos, culturales y fundamentalistas están a la orden del día y en Madrid se los asimila con gran facilidad unos con otros sin distinción alguna. Mezclando fundamentalismo árabe con nacionalismos europeos como el vasco y el catalán.

El PSOE quiere esta marca para su proyecto federal y el PP para su ambición unitarista. Y ambos dos pretenden tapar con el Patriotismo Constitucional la ausencia de cimientos democráticos de uno y otro proyecto político, marcados ambos por la corrupción, el abuso de poder, el recorte de las libertades y la acumulación de los poderes del Estado.

En todo proceso democrático, lo esencial y primero es la libertad, luego la democracia (con separación de poderes incluida) y finalmente los signos patrióticos y de identidad nacional, en sus distintas formas, unitaria, federal y confederal. Los nacionalismos exacerbados anteponen la patria y la religión a la libertad y a la democracia, y en este mismo error están cayendo PP y PSOE con su pelea semántica por el control del Patriotismo Constitucional, cuando en España lo que hace falta es concluir de una vez la transición con una Democracia Constitucional y no con una Partitocracia Autocrática y Nacionalista como la que tenemos en realidad.

Radicales apedrean a varias patrullas de la Ertzaintza tras atacar tres bancos en Vitoria
Un grupo de encapuchados lanzó pintura roja contra la fachada de la Subdelegación del Gobierno en Álava La Policía autónoma no ha realizado ninguna detención
A. P. VITORIA El Correo 5 Noviembre 2001

Vitoria volvió a sufrir ayer la ‘kale borroka’. Varias entidades bancarias y la subdelegación del Gobierno fueron atacadas por jóvenes radicales, dentro de los sabotajes que se han producido tras la detención de once dirigentes de Gestoras pro Amnistía y Senideak. Durante las algaradas, los violentos lanzaron piedras contra las patrullas de la Ertzaintza que se desplazaron al lugar de los incidentes, en pleno corazón de la capital alavesa.

Los disturbios se iniciaron a las once y cuarto de la noche del sábado, cuando un «importante» número de jóvenes, algunos de ellos cubiertos con capuchas y pasamontañas, se agruparon en el Casco Viejo y comenzaron a lanzar gritos a favor de ETA, según los portavoces de la Ertzaintza. Minutos después, la Policía autónoma recibió un aviso desde la subdelegación del Gobierno: se les comunicaba que los radicales estaban lanzando pintura roja contra la fachada del edificio, en la calle Olaguíbel.

Acto seguido, eran los vecinos los que advertían del ataque contra varios cajeros automáticos. Los saboteadores rompieron los cristales de las sucursales de La Caixa, en la calle Arana, y de Caja Vital y Banco de Vitoria en la calle Francia. La luna de un comercio cercano también resultó dañada.

Ante la llegada de varias dotaciones de la Policía autónoma, los radicales cruzaron varios vehículos en la calle Francia y recibieron a los agentes con una lluvia de piedras. Posteriormente, se alejaron por las calles adyacentes, sin que los ertzainas llegaran a intervenir. Más tarde, los bomberos procedieron a la limpieza tanto de la vía pública como del edificio gubernamental.

Esa misma noche, en Vizcaya se produjeron dos ataques contra sendos autobuses en Trapagaran y Berango. El primero de ellos, de la empresa Bizkaibus, fue interceptado a las diez menos veinte de la noche del sábado por cuatro encapuchados. Después de obligar al conductor y a los ocupantes a bajarse del vehículo, lo rociaron con líquido inflamable y le prendieron fuego. Las llamas calcinaron por completo el transporte.

Quejas de PP y PSE
En Berango, los radicales realizaron un ataque similar. Los encapuchados se acercaron a un autobús de Euskotren y, tras obligar al conductor a apearse, lanzaron cuatro artefactos incendiarios en su interior. El fuego destruyó totalmente el autobús.

Ni en los incidentes de Vitoria, ni en los sabotajes de Vizcaya se registraron detenciones. En los últimos días, miembros del PSE y dirigentes del PP como el juntero alavés Santiago Abascal han reclamado más eficacia a la Ertzaintza, ya que en ninguno de los ataques registrados esta semana se han producido detenciones.

Ben Laden empieza a percibir el fracaso
Por Antonio Sánchez-Gijón Libertad Digital 5 Noviembre 2001

La proclama que Osama ben Laden dirigió este sábado contra los líderes árabes que apelan a las Naciones Unidas para resolver algunos de sus problemas internacionales puede ser indicativa de su percepción de que sus planes están fracasando. Se alza contra los gobiernos árabes porque sus llamadas a la revolución islámica no han recibido más que respuestas política y militarmente insignificantes.

Por eso salió a final de octubre con su llamamiento a derribar el régimen de Pakistán. Un vuelco en ese inmenso país musulmán en favor de Ben Laden y los talibanes hubiese frustrado cualquier esperanza de pronto éxito de la coalición internacional, y hubiera constituido la mejor bandera de enganche para la revolución islámica. Los indicios de que el régimen dirigido por el general Musharraf se mantiene firme en su apoyo a la coalición internacional no pueden haber escapado al análisis de Ben Laden. Percibida esta imprevista realidad, ahora afina la puntería sobre los gobiernos árabes, so pretexto de que los que buscan la solución de los problemas de sus países en las Naciones Unidas son infieles al Islam. Y les acusa de acudir a una institución que por una resolución de 1947 dio nacimiento legal al estado de Israel.

Esta llamada y denuncia no es sino un pretexto para encubrir su voluntad de castigar a esos regímenes, que en general han tenido éxito en derrotar los movimientos de disidencia interna protagonizados por los islamistas revolucionarios. Tal éxito augura un nuevo fracaso de Ben Laden. Este hombre parece hallarse en un estado de frustración tal que ha perdido de vista lo poco que tienen que ver las Naciones Unidas con la creación o solución de los problemas del mundo árabe. Aunque su furor anti-ONU recuerda el odio que sentía Adolfo Hitler por la Sociedad de Naciones, su análisis de lo que significan las Naciones Unidas carece de fuerza de convicción y de apelativo para las masas árabes. Se puede representar, si se quiere, a los Estados Unidos como el Gran Satán, y con esa ominosa imagen estimular el odio de los buenos creyentes, pero no es fácil hacer que lo dirijan contra una organización burocrática y, en líneas generales, carente de todo contenido emocional.

El problema para Ben Laden es que los estados árabes han resistido hasta ahora con bastante éxito los embates del extremismo islamista. Argelia, que casi la tenían ganada los integristas, se les ha escapado definitivamente de las manos. En Egipto, mal que bien, fuerzas políticas islamistas moderadas han sido cooptadas dentro del sistema político, al tiempo que se persigue del modo más implacable a los extremistas, quienes, aunque no inactivos, ya no plantean ningún desafío crítico al gobierno. En Arabia Saudí, foco de lo que para Ben Laden es el colmo de la abominación, sus acciones no han provocado sino sordas muestras de protesta, sin mayor alteración hasta ahora. Jordania se mantiene firme en un camino pro-occidental y tendente a la democracia, lo mismo que Túnez bajo férreo control civil y militar, así como algunos emiratos del Golfo que prueban las primeras aguas de una modesta apertura política. Siria y Libia han demostrado durante muchos años que saben cómo tratar a los extremistas que se salen de los límites marcados por el gobierno.

Quizás Ben Laden empieza a darse cuenta de que se está quedando arrinconado en la covacha más sórdida del mundo musulmán, el Afganistán de los talibanes, foco de infección ideológica y política que asusta a cualquier gobierno u organización política medianamente sensata, y que quiera cumplir un programa propio y no el que le dicta ese maníaco de la denuncia profética.

No pueden descartarse nuevos golpes espectaculares de Al-Qaeda, pero no parece que haya que temer la subversión del orden internacional por espectaculares métodos terroristas, por muy dañinos que sean.

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