AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 7 Noviembre   2001
#De Boyer a Boyer
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 7 Noviembre 2001

#De Cómo Un Heroe Urbano Puso Ayer A ETA Ante Su Dura Realidad
Editorial El Mundo  7 Noviembre 2001

#ETA no sabe que hay guerra
RAUL DEL POZO El Mundo  7 Noviembre 2001

#Valor en la lucha contra Eta
Editorial La Razón  7 Noviembre 2001

#Como siempre, pero mejor que nunca
VICTORIA PREGO El Mundo  7 Noviembre 2001

#Nueva ofensiva terrorista
Enrique de Diego Libertad Digital 7 Noviembre 2001

#El héroe de nuestro tiempo
Carlos Martínez Gorriarán, profesor de Filosofía Universidad del País Vasco ABC  7 Noviembre 2001

#Golpe al 'comando Madrid'
Editorial El País  7 Noviembre 2001

#Comparaciones
Tomás Cuesta La Razón  7 Noviembre 2001

#Difícil ocultar que eran terroristas
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 7 Noviembre 2001

#Fulgor de la caída
Lucrecio Libertad Digital 7 Noviembre 2001

#Fernando Savater denuncia la vileza del gobierno vasco en la presentación del libro «¡Arriba Euskadi!» de José María Calleja
MADRID. A. Astorga ABC 7 Noviembre 2001

#El continuo de ETA
JAVIER PRADERA El País 7 Noviembre 2001

#ETA no entra en cuarentena
Lorenzo Contreras La Estrella 7 Noviembre 2001

#Valor ciudadano
Editorial ABC 7 Noviembre 2001

#Cambia el mundo, ETA no cambia
CÁNDIDO ABC 7 Noviembre 2001

#Inquietud en el PP catalán
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 7 Noviembre 2001

#Eta asesina de dos tiros en la nuca a un magistrado de la Audiencia Provincial de Vizcaya
Ep/Efe - Madrid.- La Razón 7 Noviembre 2001

#La Policía francesa aumenta el acoso a la banda y detiene a otro pistolero
L. R. N. - París.- La Razón 7 Noviembre 2001

#Bienes colaterales
ROSA DÍEZ El País 7 Noviembre 2001

#Terror y destrucción
Editorial El Correo 7 Noviembre 2001

#Doble golpe de ETA
Pablo Sebastián La Estrella 7 Noviembre 2001

#Energúmenos
JAVIER OTAOLA El Correo 7 Noviembre 2001

#Agustín y el diálogo
JOSÉ Mª PORTILLO VALDÉS El Correo


De Boyer a Boyer
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 7 Noviembre 2001

Deberíamos aprovechar esta apoteosis de su descrédito para disolver uno de los mayores estorbos de la democracia española, el Tribunal Constitucional, fuente continua de conflictos y cáncer perpetuo de la división de poderes en que debe asentarse el Estado de Derecho.

Ya sé que suena fuerte, pero después del 11 de Septiembre todos los toros, aunque sean marrajos pregonados, deben cogerse por los cuernos. Y este cornúpeta institucional sólo merece la puntilla al estilo que Las Ventas reserva a los mansos: desde las tablas y a traición. Para qué correr riesgos.

Es curioso que el descrédito del Constitucional comenzara con la ilegal expropiación de Rumasa, decretada por Miguel Boyer, y termine con la rectificación de una multa del Supremo a favor de Isabel Preysler, su actual esposa.

No creo que haya precedentes de una institución que, después de dos décadas dando tumbos, desde el 1982 hasta el 2001, acaba derrumbándose a los pies de una señora, Doña Isabel, que quizás se enamoró de su actual marido precisamente cuando Don Miguel, archiministro de Economía y Hacienda, domeñó, acogotó, humilló y puso contra la pared al único poder que supuestamente podía limitar el crédito ejecutivo de los 10 millones de votos. Ese poder era el flamante Tribunal Constitucional presidido por García Pelayo, ilustre jurista de triste memoria.

Prevaricó ese Tribunal por «razones de Estado». Porque decían que no se podía echar un pulso a un Gobierno de izquierdas con tanto respaldo popular. Pero ahí se pusieron las bases del desastre posterior.

Como desde su primer caso importante hizo ostentosa dejación de sus funciones, que deberían ser las de garantizar los derechos individuales de los ciudadanos, se desvió por otros terrenos, entendiendo de asuntos para los que no estaba pensado. Se convirtió en Tercera Cámara, sustituyendo al Senado, porque fue el foro en que se resolvieron los litigios entre la Administración Central del Estado y las autonomías nacientes.

Luego, convertido en receptáculo de cuotas partidistas, entró a politiquear contra la propia Constitución en casos tan escandalosos como el de la Ley de Normalización Lingüística en Cataluña. Prosiguió minando el orden constitucional cuando enmendó la condena del Supremo a los cabecillas batasunos. Y ha terminado de la forma más castiza imaginable: como guionista de telebasura.

Pero cuando el lugar natural para debatir las sentencias del TC son Tómbola y Crónicas Marcianas, la más elemental higiene cívica impone su disolución.

De Cómo Un Heroe Urbano Puso Ayer A ETA Ante Su Dura Realidad
Editorial El Mundo  7 Noviembre 2001

ETA sumó ayer en Madrid un doble fracaso: falló en su intento de asesinar a un alto cargo del Ministerio de Ciencia y Tecnología y sufrió la detención de los dos autores del atentado y el desmantelamiento de la infraestructura del comando Madrid.

A pesar de que el coche bomba que estalló en un concurrido barrio de la capital provocó cuatro heridos graves y varias decenas de leves, la banda terrorista recordará el día de ayer como uno de los más negros de su historia reciente, ya que en muy contadas ocasiones se había dado el caso de que un comando fallara en un atentado y que fuera detenido a los pocos minutos.

La Policía descubrió horas después tres pisos francos en Madrid y otro en Salamanca. Aitor García y Ana Belén Egües, los dos etarras capturados, vivían en Madrid en habitaciones alquiladas.Los numerosos rastreos de la Policía jamás habían podido dar con ellos porque los explosivos y el material para cometer sus crímenes lo guardaban en un piso de Salamanca.

Su camuflaje era perfecto y tampoco hubieran sido sido capturados esta vez a no ser por la actuación de quien, según los más genuinos perfiles del heroísmo urbano, tras presenciar como huían los autores del atentado, tuvo el arrojo y la inteligencia de seguirles los pasos en su coche y de avisar a las Fuerzas de Seguridad hacia donde se dirigían.

Fuera un ciudadano ejemplar, como dice la Policía, o fuera un agente que se encontraba de servicio, la clarividencia y la sangre fría de este hombre sin nombre ni rostro público fueron decisivas para atrapar a los dos criminales que formaban parte del comando más buscado de ETA. Tal vez no conozcamos nunca su identidad, pero la sociedad española está en deuda con este anónimo Juan Madrileño.

El desmantelamiento del comando Madrid es el enésimo golpe a la organización terrorista en el último año y medio, periodo en el que la banda ha sufrido importantísimos reveses policiales que han logrado eliminar o mermar decisivamente su estructura en casi todo el territorio nacional desde Sevilla a Barcelona pasando por Vizcaya y Guipúzcoa.

ETA aprovechó la tregua para reconstruir y renovar sus comandos, de suerte que logró dar durante un corto plazo de tiempo una falsa impresión de invulnerabilidad. La situación ha cambiado drásticamente, aunque la banda se aferre en su último comunicado a la idea de que todo sigue igual. Pero nada es igual desde el 11 de septiembre, como ha comprendido el IRA, que ha acabado por entregar las armas para entrar en una vía política. ETA se ha quedado como la única y la última organización terrorista que queda en Europa Occidental, dudoso honor en unos tiempos en que la comunidad internacional va a redoblar los esfuerzos para acabar con la lacra terrorista. ETA sólo tiene una salida digna: decir adiós a la violencia.

ETA no sabe que hay guerra
RAUL DEL POZO El Mundo  7 Noviembre 2001

A una mujer le han arrancado un ojo, los niños se refugian en las haldas de sus madres, se caen los tabiques. A Madrid la despertó ayer el gallo de dinamita; volvió el viejo ritual sanguinoso. Uno trata de entender este contraataque intempestivo, incongruente, absurdo, después de dos meses de tregua encubierta.

Su aparición se parece a las de aquellos japoneses que tardaron años en saber que se había acabado la Guerra Mundial. Estos, escondidos en las tinieblas, ignoran que hay otra guerra mundial, contra ellos y su narcosis.

No proponen tregua, ni hacen gesto alguno de entregar las armas, y eso que carecen de santuarios, les van a congelar las cuentas y tienen prisionero a su estado mayor y a la mayoría de sus efectivos.¿Cómo explicar su tenacidad, su delirio, su moral del alcoyano, su equipaje de consignas y pistolas, sin matices o revisiones? ¿Por qué siguen con la fición de la guerra? Algunos serán fanáticos, y por lo tanto, irreductibles e incorruptibles; seguirán en las sombras porque tienen vocación de martirio.

Pero otros se replantearán su vida, en el escondrijo o en la prisión. Estarán cansados de que la única libertad de la que gozan es de la libertad ante la muerte. Claro que habrá algunos con pulsiones suicidas, con fascinación por la masacre, que se expresan con el idioma de la acción. Habrá zumbados tipo Baader, el de la banda de su mismo nombre, que era un maniaco de las armas y desarrolló con ellas una relación casi sexual. Según el propio Baader, «follar y disparar son la misma cosa». Pero habrá hombres pragmáticos, patriotas, que observan que cada vez los hacen antes prisioneros; hombres como aquel Gerry Adams, que voló medio Parlamento inglés y que defendía en 1976 la lucha armada: «Soy un voluntario del IRA. Para bien o para mal elijo el camino de la acción. El camino que escojo implica el uso de la fuerza física».

Gerry Adams sí leyó que la Historia se adelantó al 11 de Septiembre y se sentó con sus enemigos.

¿Qué hacen los etarras? Pero, sobre todo, ¿qué hacen los nacionalistas vascos tan proamericanos, que siempre estuvieron al lado de las democracias? Aquel nacionalismo, aquella cosa, que según Azaña, era fruto del aburrimiento provinciano hoy es un partido estancado, ensimismado, una ideología tosca y estancada, etnicista, que entiende la fuerza secreta como algo superior a la democracia.

Valor en la lucha contra Eta
Editorial La Razón  7 Noviembre 2001

Uno de los heridos en el atentado perpetrado por Eta ayer en Madrid describió su sensación tras la explosión del coche bomba como un instante en el que el tiempo pareció detenerse. Inmediatamente después, la onda expansiva extendió el efecto de la potente bomba con un saldo de casi cien heridos, varios graves. Entre ellos, una niña de tres años. El «tiempo detenido» que describió el testigo bien pudiera tomarse como una metáfora del imaginario en el que vive la banda terrorista Eta. Para los pistoleros, parece como si nada evolucionara, como si la historia se hubiera parado en el franquismo y ellos se hubieran sumergido en un túnel del tiempo sin salida.

Por increíble que parezca, Eta todavía no ha comprendido que el camino de la violencia que sigue es de todo punto estéril. Aún contando con que los etarras puedan tener el objetivo político de la secesión del Estado, es sorprendente que no se den cuenta de que con su estrategia terrorista jamás lo conseguirán, causen el dolor que causen. Uno tras otro, los etarras y sus cómplices van rellenando la nómina de los presidiarios, y cada vez caen más rápido, cada vez hay más ciudadanos alerta y dispuestos a identificarlos, como sucedió ayer con el resultado de la desarticulación del último «comando Madrid». Día a día se rompe el círculo de hierro del temor que causan y que les prestó impunidad, especialmente en algunas zonas del País Vasco, cuando los etarras se invistieron con el ropaje de «gudaris». Esos «gudaris» sólo obtuvieron ayer el premio de herir a ciudadanos pacíficos y, sobre todo, a esa niña de tres años que mencionábamos, una más de las docenas de víctimas infantiles (26 muertos) de Eta. Por fortuna, fracasaron en su intento de causar muertes, y su «objetivo», el secretario general de Política Científica, Juan Junquera, no sólo no resultó herido, sino que además dio un ejemplo de entereza moral al continuar con las actividades programadas. Ése es el valor, el del ciudadano que persiguió a los etarras y el de Junquera, que más puede desarmar a Eta, impotente ante la entereza de la sociedad.

La razón por la que Eta no ha perdido esperanzas, y esto es lo verdaderamente grave, es porque algunos políticos que persiguen sus mismos objetivos secesionistas se han apoyado en la existencia de la violencia (llamándola «conflicto») para reclamar reivindicaciones territoriales a cambio de la paz. Por paradójico que parezca, el PNV exige más soberanía porque «existe un conflicto», cuando lo que debería reclamar es que terminara la violencia quitando a sus autores toda esperanza de victoria.

De nuevo reiteraron ayer el diagnóstico los dirigentes del PNV, viniendo a equiparar a Eta y al Gobierno por tener el mismo deseo de «no superar el conflicto». Esas posiciones no son sólo moralmente indignas, sino la respiración asistida que Eta tiene para sobrevivir al estado terminal (moral y políticamente) en que se encuentra.

Reiterémoslo: el único conflicto que existe es el que ocasiona el terrorismo. Sin él, tal conflicto no existiría. Es decir, habría paz, porque no hay más guerra que la de los terroristas. El problema es saber si al PNV le interesa esa paz sin Eta, o si prefiere que sobreviva Eta para mantener sus exigencias con la zanahoria de evitar la violencia. En manos del PNV está dar la batalla frontal al terrorismo apoyando el combate contra todas las organizaciones del entorno etarra, y que no son otra cosa que Eta, como se demostró por enésima vez con la vinculación de uno de los terroristas de Madrid con Euskal Herritarrok.

Como siempre, pero mejor que nunca
VICTORIA PREGO El Mundo  7 Noviembre 2001

No siempre nos va a ocurrir lo mismo, hay que saberlo ahora. No siempre vamos a tener la suerte que tuvimos cuando el penúltimo atentado, el de la plaza de Colón, el día mismo del desfile de las Fuerzas Armadas, ni la que hemos tenido ayer, en la que la rapidísima respuesta de la policía pudo sumarse a la sangre fría y la entereza, casi la profesionalidad, de ese ciudadano de quien puede que jamás sepamos su nombre, y que se comportó como un auténtico experto.

Tan bien lo hizo este hombre, o esta mujer, que durante toda la tarde de ayer muchos nos preguntábamos si realmente el seguimiento a los asesinos había sido obra de un valiente, que quizá no supo hasta ayer mismo que lo era hasta ese punto, o de una persona largamente curtida en estas tareas.

Pero da lo mismo. La cosa está en que los terroristas hicieron explosionar el coche nueve metros antes, dos segundos antes, de que el coche de Juan Junquera González pasara delante de la trampa mortal que le estaba reservada. Y que a este error desalmado se sumó, además, una respuesta fulminante de la policía que todavía hoy sigue dando resultados.

Estos sujetos siguen intentando hacerse presentes, ahora que saben que están cada vez más solos: ya tienen la certeza de que jamás lograrán nada porque, de conseguirlo, la administración de su inimaginable victoria compondría uno de los cuadros políticos y humanos más espeluznantes que hayan visto los siglos. Y saben también que mientras esa sombra espesa y opaca siga pringando cualquier pretensión política que roce, siquiera sea de lejos, los mismos propósitos que quienes la exudan, todo lo que tenga que ver con su delirio queda inexorablemente condenado a salir por el sumidero. Estamos como siempre, pero también estamos mejor que nunca. Nos enfrentamos, como siempre, con la paz a la violencia y con la democracia a la tiranía. Pero hay más valor y más decisión que nunca. Mucha sangre ha costado eso. Y ahora parece que somos más y que el estúpido toque diletante de la rancia izquierda europea, que miraba a los asesinos como luchadores por la libertad, se está cayendo a pedazos como un maquillaje viejo. Agradecer, tenemos que agradecer poco. Pero podemos aprovechar que nuestro mal es ahora mal de otros para intentar hacer entender a quienes apoyan a los terroristas o a quienes les necesitan que su soledad será creciente y su vida acabará inexorablemente, empujada por los demócratas, todos a una. Y, precisamente, porque ya no albergamos dudas sobre esto, es por lo que resulta especialmente cierto que, estando todavía como siempre, ya estamos mejor que nunca.

Nueva ofensiva terrorista
Por Enrique de Diego Libertad Digital 7 Noviembre 2001

El asesinato del juez José María Lidón en Getxo, a las pocas horas del intento frustrado de asesinar al secretario de Política Científica, Juan Junquera marca con claridad una nueva ofensiva terrorista, que puede manifestarse en nuevos atentados. Junto a la tragedia del asesinato de una persona y el dolor gratuito ocasionado a una familia, ésta es la lectura de la banda terrorista tras el 11 de septiembre. En la menguada internacional terrorista, tras la decisión del IRA, sólo resisten los talibanes afganos y los vascos.

En el atentando contra el Estado de Derecho manifiestan estos asesinos su oposición radical a cualquier principio de libertad. Pero así como el terrorismo islámico es el efecto del integrismo, el de los etarras es producto del nacionalismo. Una de las formas de integrismo.

A la vista de la continuación de los asesinatos y la evidencia de que se trata de personas que van pasando de Batasuna a ETA –como ha vuelto a suceder con la etarra del comando Madrid–, parece imprescindible analizar en serio, de una vez, sin complejos de culpa ni subterfugios, la ilegalización de Batasuna. Si matan, que lo hagan sin tanta facilidad, con más dificultades para financiarse y sin poder mantener su cantera al pairo del Estado de Derecho, al que han vuelto a asesinar una vez más simbólicamente.

El héroe de nuestro tiempo
Por Carlos Martínez Gorriarán, profesor de Filosofía Universidad del País Vasco ABC  7 Noviembre 2001

COMO si hubiera entrado en la caída en picado de una curva de rendimiento decreciente, llevamos varios meses -aleluya, aleluya- en que a ETA todo le sale mal. Intenta asesinar a un alto cargo y además de fallar pillan a los verdugos, como pasó ayer en Madrid. No es proceso casual. Por fortuna, sus comandos caen uno tras otro, hay algunas intervenciones judiciales contra sus estructuras paralelas -o quizás dirigentes, veremos qué puede probarse- como Gestoras Proamnistía, y sin duda los terroristas comienzan a sentir la gélida y hostil corriente de aislamiento internacional tras su expulsión del limbo de los movimientos de «liberación nacional» y su caída en el infierno de las sectas terroristas.

En esta feliz evolución no sólo intervienen el azar o la fortuna, con ser importantes. También la ciega fortuna volverá en su auxilio en algún otro atentado, que tendremos que lamentar. Pero Dios ayuda a quien se ayuda, y la suerte no sirve para nada si se deja pasar de largo. Son antiquísimas enseñanzas que ayer revalidó en Madrid el anónimo ciudadano que, en vez de salir despavorido -reacción de propia preservación muy humana, por otra parte-, asumió el riesgo de seguir discretamente a los presuntos autores de la salvaje explosión del coche bomba que la mañana del seis de noviembre buscaba arrancarle la vida a Juan Junquera. Por fortuna, Juan Junquera y sus escoltas han sobrevivido para contarlo, y esperemos que compartan esta suerte todos los heridos por la explosión. Pero la captura de los miembros del comando Madrid ya no es fruto de la fortuna ni del azar o la casualidad. Se la debemos a la determinación y serenidad del ciudadano que, móvil al volante (aunque esté prohibido), fue dando los datos precisos que han servido para capturar a los asesinos frustrados y autores del estropicio en la calle Corazón de María. Por lo demás, la biografía de los matarifes reitera la aburrida trayectoria que va siendo común a todos ellos: repescado uno de un comando recientemente desarticulado, exconcejal la otra de HB en Elduayen hasta 1999, un típico pequeño pueblo guipuzcoano de la zona comanche que domina a sus anchas la cosa nostra abertzale (¿cuántas casualidades como ésta serán necesarias para poner al desnudo ante un tribunal la verdadera función de Batasuna y compañía?)

Espero que el anónimo ciudadano madrileño consiga sustraerse al asedio de algunos pelmas peligrosos que pasan por periodistas, y que también se libre del asedio de algún juzgado rijoso por conducir y hablar a la vez por el móvil. Espero y deseo esto no sólo por el bien y la tranquilidad del dignísimo ciudadano en cuestión, sin duda un auténtico héroe de nuestro tiempo, sino para preservar la ejemplaridad del buen resultado de su acción altruista y anónima.

Tengamos en cuenta que una de las pocas certidumbres sobre cómo hay que luchar con el terrorismo es la siguiente: el declive de cualquier grupo terrorista comienza cuando se le pierde el respeto, cuando su continuidad da más miedo que sus amenazas. Y viceversa, todo grupo terrorista aumentará de importancia y ganará en potencia chantajista si su mero nombre produce pánico. Pues bien, el hecho de que un ciudadano seguramente normal, que bien podía haber tomado la tangente o llamarse andana respecto al atentado, haya asumido el riesgo y la responsabilidad de seguir a los criminales, es un elocuente indicador de la buena vía para acabar con el terrorismo más pronto que tarde, o al menos dejarlo en amenaza menor y marginada. Porque ETA tendrá los días contados cuando la mayoría de los ciudadanos que se vean implicados en una amenaza terrorista -los empresarios extorsionados, los políticos amenazados, los periodistas y profesores acosados- reaccionen preguntándose qué pueden hacer para frustrarla y para capturar a los terroristas.

Hay, desde luego, algunos precedentes a lo sucedido en Madrid. Por ejemplo, la famosa persecución ciudadana de los asesinos del coronel Muñoz Cariñanos acontecida en Sevilla. Pero hay también lamentables contraejemplos, que corresponden como es natural a aquellos lugares donde la gente siente auténtico terror por ETA, o tiene más miedo que vergüenza (o es, simplemente, sinvergüenza), como por desgracia sucede en no pocos lugares del País Vasco. Me temo que si el atentado de ayer en Madrid hubiera sucedido en ciertos pueblos vascos, nadie habría visto nada ni, a lo peor, oído nada, como si la explosión hubiera sido confundida con un portazo o cualquier estruendo fortuito. El origen de esta diferente disposición ciudadana, tantas veces observada en el País Vasco, es triple.

En primer lugar, muchos ciudadanos que han colaborado contra ETA y sus secuaces no han sido protegidos por los poderes públicos como era debido, quedando expuestos a los pies de los caballos gracias a las múltiples filtraciones, interesadas muchas veces, de funcionarios judiciales, abogados batasunos o periodistas insensatos. El ciudadano vasco medio se siente rodeado de chivatos y ve con estupor la impunidad de que éstos disfrutan o la facilidad con que entran o salen de la cárcel, nimbados con un aura de martirio.

En segundo lugar, la común opinión vasca tomó nota hace mucho tiempo de que oponerse a ETA y su entramado es un negocio mucho peor que no darse por enterado o, no digamos ya, que hacerle la guerra. Mientras esto siga siendo así, y aquí tienen mucho que hacer los poderes del Estado, ETA sufrirá golpes, pero mantendrá sus bases de reclutamiento.

Y en tercer lugar, no ignoremos la profunda penetración de los discursos derrotistas y confortables de quienes opinan que el enfrentamiento activo contra el terrorismo es un error, porque su combate es cosa de la policía y los jueces, por otra parte siempre bajo sospecha, y peroran sobre la superioridad moral de la deserción y otras cómodas necedades, refrendadas por otra parte en el buen trato dispensado, pongamos por caso, a las empresas que pagan el impuesto revolucionario con el que se compran armas para matarnos a los demás y consiguen descontar esa colaboración desinteresada del impuesto de sociedades, negociándolo en la Hacienda Foral.

El anónimo heroísmo del ciudadano de Madrid es un magnífico ejemplo, una acción que señala con toda claridad cómo hay que derrotar a los terroristas. Aunque ello comporte, qué duda cabe, riesgos personales en alguna ocasión. ETA lo tiene cada día más difícil, pero su derrota sería mucho más contundente y satisfactoria si fuera efecto de la toma de conciencia activa de la ciudadanía.

Golpe al 'comando Madrid'
Editorial El País  7 Noviembre 2001

ETA fracasó ayer por partida doble: no logró su propósito de asesinar en Madrid con un coche bomba a un alto funcionario de la Administración, y los dos presuntos autores del atentado fueron detenidos minutos después gracias a la activa colaboración de un ciudadano heroico que los siguió en su coche. Estas dos excelentes noticias se vieron empañadas, en todo caso, por el elevado número de heridos, seis de ellos de gravedad, que provocó la explosión de los 25 kilos de dinamita que los etarras habían colocado en el coche.

Después de constatar la ausencia de víctimas mortales, es de justicia destacar en primer lugar la actuación ejemplar de ese ciudadano anónimo que persiguió el coche de los terroristas mientras informaba de su itinerario a la policía a través de un teléfono móvil. La colaboración ciudadana es una pieza imprescindible para combatir el terrorismo, y ha habido sobradas muestras de ello, pero tal vez el de ayer es un caso sin precedentes de responsabilidad cívica y eficacia policial.

Precisamente porque es bastante inusual la detención en caliente de dos terroristas, este automovilista anónimo merece un reconocimiento social. Su sangre fría y su decisión han permitido dar un duro golpe a la estructura criminal de ETA con la detención de dos supuestos integrantes del comando Madrid, el de más amplio historial delictivo y el que había conseguido eludir hasta ahora la persecución policial. La localización de tres pisos francos en Madrid y otro en Salamanca, con abundante arsenal de armas y explosivos, supone un duro revés para la organización terrorista, que siempre ha buscado con sus atentados en Madrid un efecto multiplicador en los medios.

De los dos etarras detenidos, Ana Belén Egüés fue concejal de HB en el Ayuntamiento guipuzcoano de Elduayen. Es un dato que viene a reforzar la hipótesis del juez Garzón de que ETA no es sólo su aparato militar, sino un entramado que engloba a diversas organizaciones sociales que durante años formaban parte de KAS y que se han reproducido bajo otras siglas. No es la primera vez que se acredita policialmente la conexión entre la banda terrorista y personas de la constelación de grupos de carácter legal o alegal que se mueven a su alrededor. Es un hecho constatado que jóvenes formados en la kale borroka constituyen la cantera de ETA y que la debilidad de la banda propicia la creciente implicación de cargos electos de Batasuna (antes EH y HB) en sus comandos, como el concejal de Azkoitia detenido hace quince días.

Algunos siguen cuestionado -principalmente los que vinculan la violencia de ETA a un 'conflicto político' subyacente en el País Vasco- que la vía policial baste para acabar con la banda terrorista. Haría falta también una estrategia común de las fuerzas democráticas en el logro de ese objetivo, y que ninguna de ellas insistiera en alimentar las fantasías de los pistoleros con propuestas rupturistas de la legalidad. Pero no hay actuación política más eficaz que la detención casi inmediata de los dos terroristas que ayer estuvieron a punto de causar una nueva matanza en Madrid y la cadena de sucesivos golpes policiales propinados durante este año en España y Francia, que han llevado a prisión a casi un centenar de presuntos etarras. Es el método más eficaz para acabar con el mito de su imbatibilidad cuidadosamente fomentado por los terroristas.

La soledad de ETA como último residuo terrorista activo en Europa, su inclusión en la lista internacional de organizaciones terroristas confeccionada por EE UU y los avances hacia la creación de un espacio judicial europeo reducirán los espacios de tolerancia y de impunidad de los que han gozado en el pasado los llamados 'independentistas vascos'. Es posible que entonces interioricen la imposibilidad absoluta de conseguir sus objetivos políticos mediante la fuerza. Mientras tanto, no hay método más eficaz de lucha que detener a los terroristas y entregarlos a la justicia.

Comparaciones
Tomás Cuesta La Razón  7 Noviembre 2001

Los chicarrones de monseñor Setién han dicho que establecer comparaciones entre Afganistán y el País Vasco era cazar moscas a cañonazos. Y, bien mirado, no les falta razón, o, cuando menos, no andan muy desencaminados. Los talibanes del mulá Omar están dispuestos a ser carne de cañón y a dejarse matar, si al caso viene, con tal de morir matando. Los taliboinas de la mula Otegui, que revolotean como sucios moscardones sobre la boñiga ideológica del señor Arzallus, a lo único que llegan, como ayer, es a poner la bomba y esconder la mano. Los talibanes les han dado p´al pelo a los «delta force», que debieron volver precipitadamente a cambiarse los calzoncillos a sus bases. Los taliboinas, en cambio, cayeron por sorpresa sobre una legión de oficinistas armados de portafolios y legañas, algunos niños que iban al colegio con el equipo de combate a las espaldas y unas cuantas señoras cuyos carritos de la compra eran, en realidad, carros blindados. Todas las comparaciones son odiosas pero ésta, además, es desatinada. Los talibanes pagarán su felonía cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Y los taliboinas que se vayan preparando. Fuentes bien informadas aseguran que Ibarreche está dispuesto a darles un par de azotes en el culo y algún que otro capón por parte de Madrazo, a escondidillas, naturalmente, de sus abogados.

Difícil ocultar que eran terroristas
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 7 Noviembre 2001

Difícil ocultar que eran terroristas Cuando la Policía detiene a unos terroristas años después de haber asesinado, el esfuerzo por comunicar lo que hicieron, a quién mataron y cómo, se nos queda lejos. Difícilmente pasa al corazón. En ese caldo de cultivo, bien Arzalluz, bien Setién, bien Ibarretxe, salen a la opinión pública a contarnos que los derechos que tienen los asesinos son superiores a los de las víctimas. Y como aquello es un debate intelectual, a veces consiguen que parte de la gente se plantee si tienen razón, e incluso si las víctimas no serían los culpables. Lo peor de esa historia es que los más afectados por los argumentos nacionalistas son los jueces y por eso tenemos que soportar sus sentencias.

Pero es que ayer los terroristas fueron detenidos aún con las manos calientes de apretar el botón que casi mata a una niña de cuatro años, protagonista sin ninguna duda de la opresión al pueblo vasco. A esos asesinos que llevaban explosivos y pistolas, que corrían como ratas, es a los que defienden los políticos del PNV. Esta vez, les será difícil convencernos de que no eran terroristas y de que han sido puestos a disposición judicial después de haber sido torturados. Lo intentarán, pero no les vamos a creer.

La detención de los asesinos gracias a la denuncia de la gente en la calle y al esfuerzo de los agentes (municipales y Policía), puso el detalle esperanzador de que podemos ganar esta batalla y que sólo lo conseguiremos si caminamos tan unidos como estaban ayer los que no temblaron al denunciar por dónde corrían las hienas. Lección cívica.

Y, al fondo, queda ese humo negro y ese susto del que los vecinos tardarán tiempo en recuperarse. Así es el terrorismo: intentan que cada coche, cada gente y cada paquete sea sospechoso. Por eso, todos los terrorismos son iguales.

Fulgor de la caída
Por Lucrecio Libertad Digital 7 Noviembre 2001

Hay una fascinación del mal y de la muerte. Que arraiga en estratos muy hondos de la conciencia humana –o, quizá más allá, en su inconsciente freudiano más recóndito—. Y en ella late lo más terrible: la memoria del predador que fuimos; del que, de un modo latente, seguimos siendo. Toda la historia del hombre –todo arte, toda literatura– está hecha de la paciente lucha contra la bestia en nosotros; esa bestia a la que nunca arrancaremos irreversiblemente de nuestras cabezas, pero en el combate intransigente contra la cual se cifra toda la terrible dignidad de ser hombre.

Al final, ese horror puro del abismo es lo que queda cuando todas las coartadas que lo prepararon van mostrándose irrisorias. Al fin, cuando somos capaces de afrontar nuestra turbia imagen en el espejo, entendemos que el horror no fue un medio para nada. Fue fin. Inconfesable y absoluto. Porque también en el mal –tal vez en el mal antes que en nada— hay, para los humanos, un rescoldo del imposible infinito. Nadie ha descrito eso mejor que el San Agustín, autobiográfico y trágico, que se extasía ante la propia experiencia de la seducción por la caída. “Torpe alma mía que, saltando fuera de tu base firme, te encaminabas al exterminio, no buscando en la ignominia algo, sino la ignominia misma”.

Nada me permite ya analizar las actuaciones armadas de los militantes de ETA en términos políticos. Por más que me fuerzo a tratar de hacerlo. La desmesura se ha tragado cualquier pensable relación entre fines y medios. Y no hay política que no se consume en el cálculo de esa economía. Lo que veo ante mí es más el trágico territorio de la hybris que aterrorizaba a los espectadores de Sófocles o Esquilo que nada acerca de lo cual quepa fijar regla y medida. Hace mucho que ETA me aparece sólo como la sombra anacrónica del nihilismo ruso de final del XIX en su forma más gris. Cuando ya ni el sistema de mitologías que sustentaba a aquella mísera generación de suicidas dostoyevskianos puede mover a otra cosa que a piedad o risa.

Nada. No hay nada tras la muerte. Ni estrategias ni tácticas. Nada tras el exterminio, el dolor, la locura de la acción que sólo produce sangre y sinsentido. Ni política ni proyecto. Todo se exhibe inútil. Esencialmente inútil. No hay ya siquiera aquella épica mentirosa (pero épica) de la revolución. Sólo mala religión patria. A los revolucionarios han seguido los teólogos del mal, los místicos del exterminio. En sí.

Amaui perire, escribe, como un latigazo Agustín de Hipona. “Amé perecer”: relámpago poético. Perdido. Blindada realidad: maté.

Fernando Savater denuncia la vileza del gobierno vasco en la presentación del libro «¡Arriba Euskadi!» de José María Calleja
MADRID. A. Astorga ABC 7 Noviembre 2001

La presentación del libro del periodista José María Calleja «¡Arriba Euskadi! La vida diaria en el País Vasco» -premio Espasa- se convirtió ayer en una unánime condena de la barbarie de ETA y en un tributo al «ejemplar y modélico ciudadano» que persiguió a los terrorristas tras el atentado de ayer en Madrid contribuyendo a su detención.

«En el País Vasco la gente no ve, no oye, no sabe -denunció Fernando Savater-. Si te pegan un tiro en la nuca en un restaurante te levantan la cabeza para que no salpique de sangre la sopa que se está tomando el de al lado. El problema vasco es un problema social, de qué tipo de mentalidad se crea. El problema vasco es la xenofobia, la discriminación y la persecución de las personas».

Savater elogió el libro de Calleja, que desenmascara la inhibición de «quienes fuera del País Vasco nunca hablan del problema vasco y allí hacen guiños de aceptación del régimen, por lo que están bien vistos y pueden pisar la alfombra roja». «Se está -añadió Savater- no contra el nacionalismo en abstracto, sino contra que se haya podido envilecer a todo un país. No sólo hablamos de una forma de matar, sino de una forma de gobernar, con unas y otras complicidades. Hay personas que favorecen que esas cosas pasen porque no van a levantar un dedo en contra. Esto es un mundo de complicidades: unas personas se encogen de hombros, otras hacen la vista gorda...»

Antonio Elorza apuntaba que dentro del nacionalismo vasco hace falta un «Schindler»: «Hay una cosa tremenda: la pasividad. ETA es el gran obstáculo, pero el problema es el Partido nacionalista». El Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, desea que la sociedad vasca siga el magnífico ejemplo de colaboración ciudadana dado en Madrid e identificó a ETA «cada vez más con los talibanes». Calleja concluía: «ETA siempre ha estado fuera del tiempo y ahora puede estar fuera del espacio. En el País Vasco a la gente se le asesina primero y luego se le mata de indiferencia. Este libro está hecho con todo el cariño del mundo para las víctimas de ETA».

El continuo de ETA
JAVIER PRADERA El País 7 Noviembre 2001

Cuatro días después de que Garzón dictara la prisión provisional incondicional de doce dirigentes de Gestoras Pro Amistía, acusados de pertenencia a banda armada, ETA hacía estallar un coche-bomba en Madrid; si ese atentado fue -como parece- una represalia por la decisión judicial, quedaría otra vez puesta de manifiesto la continuidad entre los pistoleros que asesinan y los activistas que los protegen. El comunicado difundido a finales de octubre por la organización terrorista, dedicado en buena parte a insultar a Ibarretxe ('da vergüenza' que 'uno de los mayores estafadores' como abertzale, como demócrata y como persona 'ostente el título de lehendakari'), disipó las esperanzas depositadas en que ETA hubiese entendido la reacción producida en el mundo por los brutales atentados del 11 de septiembre. La Unión Europea ha decidido perseguir no sólo a los ejecutores directos de los atentados terroristas sino también a sus inductores y beneficiarios: si los verdugos imprimen sus sangrientas huellas en el escenario del crimen, el rastro dejado por los dirigentes conduce a las cuentas corrientes de los bancos, a las operaciones financieras de blanqueo de dinero y al conglomerado de asociaciones que les sirven de pantalla.

Garzón venía aplicando esos criterios antes del 11 de septiembre: según el juez de la Audiencia Nacional, ETA ha creado una trama unitaria de organizaciones consagradas aparentemente a objetivos sectoriales (económicos, periodísticos, editoriales, educativos, culturales, internacionales, deportivos, solidarios, juveniles, partidistas o sindicales) pero controladas por la misma mano. Si Mao sostenía que los guerrilleros debían moverse en el pueblo como el pez en el agua a fin de ser invulnerables, los terroristas prefieren para su protección la ley de sociedades anónimas, el secreto bancario y el uso ventajista del garantismo procesal. Los análisis políticos, las investigaciones policiales y las instrucciones sumariales llevan a la segura conclusión de que los pistoleros y su entorno forman un espacio continuo, gobernado por vínculos de dependencia jerárquica: un teólogo del Concilio de Nicea hubiese podido decir que ETA es una en esencia y múltiple en personas. Dentro de un Estado de Derecho, sin embargo, las certezas del sentido común deben ser confirmadas por los tribunales.

En cualquier caso, los jueces de instrucción constitucionales tienen el deber profesional y moral de reunir el máximo posible de material probatorio contra la constelación organizativa que forma ETA. Tal ha sido el gran mérito de Garzón, cuya actuación contra Gestoras Pro Amnistía responde a la misma lógica aplicada desde 1998 a otros sumarios: la investigación de las empresas financiadoras de ETA, el cierre de Egin y la ilegalización de Ekin (la fantasmal entidad que sustituyó a KAS), Xaki (tapadera de las relaciones internacionales de ETA) y Haika (la organización juvenil sucesora de Jarrai).

Las medidas contra ETA adoptadas por Garzón suelen ser objeto no sólo de admisibles reparos jurídico-técnicos sino también de maliciosas críticas políticas (el presidente del PNV las llama garzonadas), repicadas mediáticamente por un amplio sindicato de agraviados que no le perdonan las cuentas pendientes. Las dificultades para probar ante los tribunales los delitos de pertenencia a banda armada de los dirigentes de esas asociaciones-pantalla, habituados a negar las evidencias y a manipular torticeramente las normas de ese mismo Estado de Derecho al que pretenden derribar, no pueden ser infravaloradas. Pero el falaz argumento según el cual no todos los miembros de Gestoras Pro Amnistía conocen o aprueban la obediencia de su organización a ETA, una tesis predicada igualmente para Batasuna y las restantes asociaciones bautizadas por la banda terrorista con el nombre de Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV), es fruto de la mala fe o de la ignorancia culpable sobre cómo funcionan las sectas clandestinas. El mecanismo de la doble militancia, guardada en estricto secreto y negada con descaro ante los jueces, permite a los embajadores de ETA monopolizar la cúpula de sus organizaciones subalternas, cuyo caracter jerárquico y rígida disciplina aseguran el control omnímodo de los miembros de la banda cooptados - no elegidos- para gobernarlas con mano de hierro.

ETA no entra en cuarentena
Lorenzo Contreras La Estrella 7 Noviembre 2001

ETA ha vuelto a golpear en Madrid, en un lugar ya frecuentado por sus activistas, y lo ha hecho cuando la generalidad de las noticias apuntaban a la importancia de las detenciones y los encarcelamientos de los dirigentes principales de las Gestoras Pro Amnistía. Lo normal en estos casos es tender a buscar relaciones de causa-efecto, en cuyo supuesto el atentado con coche-bomba en la calle Corazón de María sería la respuesta a la operación policial judicialmente cubierta por el juez Baltasar Garzón.

S
in embargo, reconocido está desde siempre que la banda actúa cuando puede o cuando se dan las condiciones para que un atentado contra cualquier objetivo previamente elegido esté, por así decirlo, maduro. Esto significa que la nueva acción de ETA, con toda probabilidad, responde a una larga premeditación. La persona elegida para tan siniestro propósito, que resultó con heridas leves, ha sido el secretario general de Política Científica del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Un objetivo personal algo inusual, pero tampoco demasiado, porque la organización terrorista ha dado pruebas abundantes en su larga trayectoria de que cualquier muerto es bueno para su botín macabro.

E
l momento escogido refleja la indiferencia de ETA por los "daños colaterales" que puedan ocasionar sus atentados. Buscar un objetivo concreto en plena mañana de una zona urbana sumamente concurrida entra en el capítulo de lo indiscriminado. Y así ha resultado ser el atentado por sus efectos, afortunadamente no mortales pero sí graves en cuatro casos, entre ellos una niña de tres años.

D
esde el 12 de octubre, Día de la Fiesta Nacional, en que se produjo la pintoresca historia, que pudo ser dramática, del coche mal aparcado en el barrio de Salamanca y luego conducido por la grúa municipal al depósito de la plaza de Colón, donde estalló produciendo daños materiales, ETA se mostraba inactiva en lo que respecta a atentados clásicos. Aquel día, la banda rompía, a su vez, un silencio relativamente prolongado que, según interpretaciones tal vez precipitadas, podía deberse a la repercusión de los atentados de Nueva York y Washington, cuando se puso en marcha la teoría de que los terrorismos, todos ellos, entraban en una especie de cuarentena universal.

A
venturada hipótesis, sin duda. Por mucho que el horror de la opinión pública establezca una reforzada condena moral de la violencia terrorista, la característica esencial de ésta sigue siendo la autonomía de sus acciones e incluso el espíritu de emulación.

Lo que sin duda viene influyendo en el ritmo o cadencia de la actividad etarra es la represión policial, tanto española como francesa, la sistemática desarticulación de comandos o detenciones de figuras más o menos notorias, con papeles siempre importantes dentro de la organización terrorista. Ahora precisamente, como queriendo compensar la impunidad con que el dirigente máximo de las Gestoras, su portavoz Juan María Olano, se manifestó en Bayona, la Policía francesa ha detenido a otro etarra en un control de carretera. Un episodio más.

Ahora, si algo puede distinguir especialmente el nuevo atentado de Madrid es la circunstancia de que un automovilista persiguiera a los etarras lo suficiente como para facilitar su localización a la Policía Nacional, que los detuvo de modo inmediato. Eran dos, hombre y mujer. De un modo más completo se repetía lo ocurrido tras el atentado que en Sevilla costó la vida a un famoso médico foniatra y militar. Allí cayeron otros dos activistas gracias a la colaboración ciudadana. Era un precedente que en esta nueva ocasión, en Madrid, se perfecciona como para indicar no tanto que el ciudadano está más alerta, sino que ETA se va haciendo más vulnerable o sus militantes menos expertos. De todos modos, esa colaboración del ciudadano es un dato que no se registra jamás en el País Vasco, lo cual de por sí es el dato del no dato.

Valor ciudadano
Editorial ABC 7 Noviembre 2001

Nunca hasta ayer se hizo tan visible cuál es el verdadero alcance de la colaboración ciudadana contra ETA. Nunca hasta ayer la sociedad española pudo percibir con toda su extensión el sentido moral de la oposición activa al terrorismo, entendida como un compromiso individual de cada ciudadano. Ayer ETA recibió uno de los golpes más duros de su historia, tanto en el plano operativo (Rajoy da por desarticulado el «comando Madrid»), como en el estratégico, porque la detención de los frustrados asesinos de Juan Junquera fue debida a un ciudadano que los persiguió y permitió su permanente localización. Para una banda terrorista entra dentro de lo normal ser perseguida por las Fuerzas de Seguridad y ser juzgada por los Tribunales. Pero lo que no le resulta normal, sino un fracaso rotundo de su estrategia de intimidación, es que sea perseguida por un ciudadano en plena calle. Esta imagen no es una metáfora del valor ciudadano, sino la fotografía de un hecho real que cuestiona los tópicos fatalistas sobre la invulnerabilidad de ETA y el riesgo de desistimiento de la sociedad. Si hay ciudadanos anónimos dispuestos a jugarse así la vida, es porque existe una voluntad de mantenerse firmes contra el terrorismo y de apoyar la política de presión contra los criminales y contra quienes les apoyan o se conforman con pescar en el río revuelto de la violencia.

Madrid fue ayer escenario de un acto de coraje cívico, simbólico pero también muy estimulante. A los detenidos, Aitor García y Ana Belén Egüés, se les atribuyen los atentados cometidos en Madrid con coche bomba, desde mayo, y, por tanto, el asesinato del general Justo Oreja. También se ha constatado, como persistente afirmación de una realidad incuestionable, la vinculación de Batasuna a ETA, dada la condición de Egüés de ex concejal de HB en Elduayen (Guipúzcoa). Ya no se trata de meras coincidencias, ni de la obsesión incriminadora del Gobierno o de un juez, sino de vínculos permanentes entre ETA y los grupos a los que dirige y coordina y de los que se está nutriendo en los tres últimos años. Estas conexiones tendrán la relevancia jurídico penal que determine la Justicia, pero en tanto no sea así, el juicio político que merecen es insoslayable y certifica la inserción de Batasuna, Senideak, Segi, Gestoras y medios afines en la estructura creada por ETA. Y a partir de ese juicio político, el Gobierno debe actuar con firmeza contra ETA y sus objetivos independentistas, aunque éstos sean compartidos por fuerzas que digan ser democráticas.

Y, por último, la colaboración internacional. Ayer Francia detenía en la localidad de Narbona al pistolero Iñaki Tellechea. Si a la colaboración ciudadana y la acción policial y judicial añadimos la implicación de otros países en un problema que ya es de todos, ETA irá perdiendo aire y hará más fácil y cercana su derrota final.

Cambia el mundo, ETA no cambia
Por CÁNDIDO ABC 7 Noviembre 2001

El 11 de septiembre, que modificó al IRA, no ha modificado a ETA, cuya voluntad sin conocimiento la arrastró ayer a colocarse en la misma línea de percepción del terrorismo islámico, aceptando así el haber sido incluida, como un elemento más, en las redes del terrorismo global. Cualquier programa, aun el de los bribones, está sujeto a revisión cuando las circunstancias se hacen peligrosas, pero eso necesita reflexión, mientras que ETA no reflexiona, sólo reacciona. Toda su historia estriba en haber disfrazado de principios sus objetivos aplicándoles una lógica que al ser en sí misma falaz no corrige nunca los juicios de quienes la usan.

La ocasión de separar el terrorismo del nacionalismo dándole al nacionalismo la baza de un discurso de paz naufragó ayer en el País Vasco por causa del atentado de Madrid. Imagino que Arzalluz e Ibarretxe estarán amedrentados ante esa actitud que, para la mirada del mundo, engloba los fines últimos de nacionalismo y terrorismo. La actitud de ETA es dogmática, absoluta e incondicional, y como sus fines últimos de soberanismo son no ya compatibles, sino intercambiables con los del nacionalismo democrático, y los medios que utiliza alcanzan prioridad de atención en el nuevo contexto mundial, el nacionalismo pasa a ser una simple excrecencia de un terrorismo hacia el cual ha vuelto la cabeza el mundo entero.

Inquietud en el PP catalán
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 7 Noviembre 2001

En la última reunión del Comité Ejecutivo del Partido Popular de Cataluña diversos dirigentes territoriales han expresado su malestar por la situación desairada en que se encuentra su formación, ligada por su compromiso tácito de mantener la estabilidad parlamentaria del Gobierno de Jordi Pujol. En el PP catalán siempre ha habido dos corrientes más o menos explícitas, una partidaria de afirmar sin tapujos un proyecto distinto y alternativo al del nacionalismo acompañado del ejercicio de una oposición implacable, y otra más proclive a practicar un autonomismo de corte catalanista moderado huyendo del choque directo con Convèrgencia i Unió.

En términos electorales, por lo menos hasta la fecha, los mejores resultados en comicios municipales y autonómicos han acompañado a la primera tendencia y los períodos de declive en las urnas a la segunda. Sin embargo, dado que, como es natural, la prioridad de la cúpula en Madrid ha sido siempre conseguir la victoria en las legislativas y configurar mayorías sólidas en el Congreso de los Diputados, la estrategia popular catalana se ha diseñado no tanto en función del escenario local como al servicio de los objetivos nacionales.

La superación de esta contradicción y de las consecuentes fluctuaciones de discurso, de actitud y de posiciones en el Parlamento del Parc de la Ciutadella, no es fácil, y la actual irritación de amplios sectores de las bases y de no pocos cargos orgánicos y representantes electos del PP catalán es un episodio más de esta zigzagueante trayectoria que pronto cumplirá dos décadas. De hecho, el problema hay que situarlo en un contexto más amplio que radica en la existencia en la España surgida de la Constitución de 1978 de fuerzas políticas fuertemente particularistas, hegemónicas en sus circunscripciones, con capacidad de condicionar a Gobiernos centrales sustentados en mayorías relativas. Este factor estructural influye de manera decisiva en las orientaciones estratégicas y en las alianzas a veces nada deseadas de los dos grandes partidos nacionales, atrapados entre su rivalidad inevitable con su principal oponente y sus lógicos recelos a dar alas a los impulsos centrífugos propiciados por los nacionalismos periféricos.

Por supuesto, la comprensión racional de un fenómeno desagradable no representa un consuelo, pero por lo menos ayuda a desdramatizar coyunturas concretas y a buscar serenamente caminos de salida. En el caso que nos ocupa, la solución hubiera consistido, sin duda, en modular el grado de enfrentamiento de los populares catalanes con el pujolismo y en ajustar sutilmente los conceptos sin cambiar la sustancia para no poner en peligro La Moncloa cuando las circunstancias así lo requirieran, pero sin que cada necesaria adaptación a un medio cambiante implique un trauma interno. O sea, que en los análisis ex post facto es imposible equivocarse y se queda uno tan a gusto.

Eta asesina de dos tiros en la nuca a un magistrado de la Audiencia Provincial de Vizcaya
Ep/Efe - Madrid.- La Razón 7 Noviembre 2001

Dos miembros del Comando Vizcaya de ETA han asesinado esta mañana en la localidad vizcaína de Getxo al magistrado José María Lidón en lo que supone el primer atentado mortal cometido por la banda terrorista contra un miembro de la judicatura vasca.

El atentado tuvo lugar pasadas las siete de la mañana cuando dos individuos se acercaron al coche en el que el juez salía de su garaje y efectuaron un número no confirmado de disparos que acabaron con la vida de Lidón Corbi casi en el acto.

El juez, que no tenía escolta y cuyo nombre no había aparecido en ninguna documentación incautada a ETA, viajaba en compañía de su mujer y su vehículo estaba precedido del conducido por uno de sus dos hijos, que fue quien avisó a la Ertzaintza. El juez recibió dos tiros a bocajarro en la nuca.

Las asistencias médicas desplazadas al lugar, una zona residencial muy poblada del barrio de Algorta, trataron de reanimar sin éxito a la víctima, cuyo cuerpo quedó tendido en el suelo hasta que el juez de guardia ordenó su traslado al Instituto de Medicina Legal de la Audiencia de Vizcaya. El magistrado de la Audiencia Provincial de Vizcaya salía a trabajar todas las mañanas a la misma hora junto a su esposa, Marisa Galarraga, y a su hijo Iñigo, según manifestó un cuñado de la víctima. Cada día, Lidón ocupaba su vehículo junto a su mujer, profesora de un colegio y era precedido por el turismo de Iñigo Lidon, tal y como sucedió esta misma mañana. El cuñado de la víctima de manifestó su repulsa por el asesinato y manifestó su convencimiento de que «le estaban esperando» porque «han ido a por él».

Según explicó en el lugar de los hechos el alcalde de Algorta, Iñaki Zarroa (PNV), el atentado se produjo en el momento en que el magistrado salía por la puerta del garaje de su casa, cuando dos personas vestidas con ropa deportiva se acercaron al coche y dispararon varios tiros. Posteriormente, los terroristas huyeron del lugar. Zarroa explicó que el coche presentaba un impacto en el cristal delantero y otro en la ventanilla izquierda y que la muerte se produjo prácticamente de inmediato. Lidón Corbi no llevaba escolta en el momento del atentado.
El consejero de Interior del Gobierno vasco, Javier Balza, atribuyó el asesinato a un reconstituido comando Vizcaya de ETA y explicó que, tras un año sin asesinatos en este territorio, ETA ha tenido tiempo para reconstituir este comando. También aseguró que en el asesinato de hoy ha habido un «importante elemento de colaboración ciudadana» que ha facilitado información a la Ertzaintza.

Numerosas personalidades políticas y del mundo de la judicatura, además del rector de la Universidad de Deusto, José María Abrego, de la que era profesor el juez, se desplazaron al lugar del atentado y visitaron a su familia. Entre ellos, se acercó al domicilio el lehendakari, Juan José Ibarretxe, quien posteriormente compareció ante los periodistas para condenar el atentado y convocar una manifestación que tendrá lugar mañana por la tarde en el municipio de Getxo, al término de los funerales, con el lema «ETA no. Paz y libertad».

La capilla ardiente con los restos mortales de José María Lidón quedará instalada esta tarde en el Palacio de Justicia de Bilbao. A lo largo de esta mañana se han producido ya las primeras concentraciones de protesta ante los palacios de justicia vascos y en los campus de Deusto y San Sebastián de la Universidad de Deusto.

La Policía francesa aumenta el acoso a la banda y detiene a otro pistolero
Arrestó en un control rutinario a Iñaki Tellechea, del «comando Ibarla»
La Policía francesa detuvo ayer a Iñaki Tellechea, que formaba parte del «comando Ibarla», en un control rutinario realizado en la noche del pasado lunes. El presunto etarra viajaba a bordo de un turismo, y le fueron intervenidos una pistola y documentación falsa, así como varios juegos de matrículas. Al comando con el que se relaciona a Tellechea se le relaciona con el asesinato del Policía, Eduardo López y del ertzaina Ramón Doral.
L. R. N. - París.- La Razón 7 Noviembre 2001

E l etarra Iñaki Tellechea Goñi, que pertenecía al «comando Ibarla» entre los años 1994-1997, fue detenido en la noche del lunes en un control de carretera cerca de Narbona (sur de Francia).

El hombre, que iba armado con una pistola automática, llevaba documentación española falsa y conducía un vehículo con matrícula trucada, en cuyo interior la policía descubrió otras matrículas falsificadas, precisaron las fuentes. A Tellechea Goñi se le atribuyen, además, varias acciones terroristas como la campaña que la banda realizó contra intereses turísticos en la Comunidad Valenciana.

El arresto por parte de la Gendarmería tuvo lugar en Villeseque-Les Corbieres, cerca de Narbona, en un control rutinario de carretera, según indicóa ayer el vicepresidente del Gobierno y ministro del Interior, Mariano Rajoy.
Con las detenciones de ayer se elevan a un total de 83 la cifra de presuntos etarras detenidos en España y a 14 en Francia en lo que va de año, según informaron a Europa Press fuentes de la lucha antiterrorista.

Así, el primer detenido este año por su presunta vinculación con la banda terrorista Eta fue Jesús María Gómez Ezquerro, alias «Txutxo» en su domicilio de Pamplona para su traslado a prisión por colaboración con Eta.
Cuatro días después México expulsó a los etarras Francisco José Ramada Estévez y Sagrario Yoldi cuyas revelaciones ante la Policía permitió localizar el zulo en el que permanecieron secuestrados el industrial José María Aldaya y el abogado Cosme Delclaux.

Además, también el pasado mes de enero, las Fuerzas de Seguridad desmantelaron el denominado «comando Barcelona» que supuso la detención de José Ignacio Cruchaga, Liarni Armendáriz y dos supuestos colaboradores, uno de ellos «legal», no fichado, Diego Sánchez Burria y el otro, Zigor larredonda, que se entregó voluntariamente en la Audiencia Nacional.

Ya en febrero, el antiguo miembro del «comando Madrid» Antonio Gabiola fue detenido en la localidad gala de Arudi, y la Guardia Civil detuvo a Rosa Arana Txakartegi en Gernika, tras recibir la orden de la Audiencia Nacional, acusada de dar la orden del atentado que costó la vida al niño Fabio Moreno.

También en febrero fue capturado al responsable del aparato militar de Eta, Francisco Javier García Gaztelu «Txapote» en la localidad gala de Anglet, y en suelo galo fue arrestado Gregorio Vicario Setién a raíz del robo de 1.600 kilos de dinamita perpetrado en Grenoble el pasado 8 de marzo.

Unos días antes, la Policía detuvo a 17 miembros de Haika acusados de pertenencia a Eta por el juez Baltasar Garzón que salvo uno de ellos, Asier Tapia, permanecen en prisión. Otra operación contra el entramado etarra fue el llevado a cabo el pasado 31 de octubre contra Gestoras, con un saldo de 13 arrestados, de los que once fueron encarcelados.

Entre los detenidos este año en Francia también figuran Zorión Zamacola José Luis Mitxelena Berasarte «Orlegi», y el presunto miembro de Eta, Ángel Iturbe Abásolo.

Bienes colaterales
ROSA DÍEZ El País 7 Noviembre 2001

Rosa Díez es eurodiputada. Presidenta de la delegación socialista española en el Parlamento Europeo. rdiez@europarl.eu.int

Durante años -más de veinte lleva ETA asesinando contra la democracia- hemos reclamado cooperación internacional para poder derrotar al terrorismo vasco. Durante años hemos sufrido la indiferencia -cuando no la desconfianza- de algunos países vecinos y amigos. Durante años hemos reclamado de todos los Gobiernos democráticos, y principalmente de los socios de la UE, que se enfrenten a los atentados terroristas como actos contra el sistema democrático y los derechos humanos y que se reaccione ante ellos con una política común. Nos ha costado mucho -muchos años, muchos esfuerzos y, sobre todo, demasiados muertos- conseguir que los Gobiernos de nuestro entorno venzan la tentación de seguir considerando que 'esto' no va con ellos.

Me gustaría pensar que, al fin, la humanidad espabilará y no volverá a ser necesario que sufra directamente el dolor de la quemadura para llegar a comprender que el fuego quema y que es preciso prevenirlo y reaccionar ante él como si ya se hubiera posado sobre nuestra piel.

Pero desgraciadamente la experiencia nos demuestra que hasta hoy no ha sido así. Han tenido que ocurrir grandes tragedias para que los más tomen conciencia de algunas crudas realidades que los menos sufren y denuncian insistentemente cual profetas agoreros.

Así, ha hecho falta una catástrofe de dimensiones apocalípticas para que el llamado mundo civilizado comprenda que el mayor enemigo que tiene la democracia en este siglo de las no fronteras es el terrorismo. Un terrorismo que ha asesinado a miles de ciudadanos en EE UU mientras llenaba de perplejidad y consternación a millones de ciudadanos de todo el mundo. Un terrorismo que ha castigado cruelmente a un país que se sentía invulnerable. Un terrorismo que ha demostrado que frente a la simpiedad y el fanatismo nadie está a salvo.

Ojalá que este drama sirva para que los Gobiernos democráticos reaccionen y establezcan sistemas de colaboración que hagan más difícil a los terroristas conseguir sus objetivos. Ojalá perseguir y detener a terroristas, cualquiera que sea su raza, religión o disculpa ideológica, se convierta en el objetivo fundamental de todos los demócratas. Ojalá todos los Gobiernos democráticos del mundo, todos los dirigentes políticos, los medios de comunicación, los educadores, comprendan que no hay terrorismo leve, que todos merecen el mismo castigo, la misma respuesta democrática de prevención, detención y entrega. Ojalá todos comprendan, por fin, que a los terroristas no se les debe clasificar según el número o la localización de las víctimas; que todo terrorismo es grave porque todos persiguen lo mismo: extender el terror para ejercer para poder así imponer y ejercer el poder de forma totalitaria. Ojalá comprendan todos que hay que aislar política y socialmente a quienes les protegen, disculpan y/o comprenden; lleven turbante, sotana, chubasquero, boina o traje con corbata. Ojalá comprendan que quien es capaz de asesinar con un tiro en la nuca o con una bomba en un coche a una persona a quien conoce no tendrá escrúpulo alguno en lanzar un avión contra una torre; ojalá lo comprendan los de aquí y los de allá, los que sufrimos el terrorismo de ETA y los que hoy en América, en toda Europa, en Rusia, en los países árabes y en el resto del mundo reaccionan ante los atentados del 11 de setiembre formando una alianza internacional.

Dice un amigo mío que estos últimos atentados pueden producir algunos 'bienes colaterales'. De momento, la primera lección que hemos extraído es que un país solo, por importante que sea, no puede combatir y derrotar a quienes, a través de la Red, mueven consignas y dinero y activan comandos de muerte en todo el mundo. De ahí la necesidad de la gran coalición: todos podemos ser víctimas, todos somos necesarios. La segunda conclusión es la asunción de que el terrorismo es la principal amenaza contra la democracia. Un terrorismo que, como decía antes, no tiene fronteras, ni religión, ni ideología. Un terrorismo que nunca tiene razón y causa tampoco.

Un bien colateral sería, una vez extraídas las conclusiones, actuar. Actuar y acertar. Trabajar juntos en la definición del enemigo y en los instrumentos para combatirlo. Trabajar juntos, ahora y también después, cuando se pasen los momentos álgidos o más espectaculares de respuesta. Crear confianza política y, a partir de ahí, instrumentos internacionales que garanticen que los expertos disponen de toda la información necesaria para destruir y desactivar las redes terroristas y para evitar que vuelvan a surgir.

Pero no es el único bien colateral que puede producirse. Los atentados del 11 de septiembre y la respuesta de la alianza internacional nos han inundado de información sobre los conflictos y la desesperación de medio mundo. Y, aunque sería un error buscar la causa del fanatismo en las situaciones de injusticia, penuria y/o falta de libertad de los países en los que anidan algunos de los odios más feroces hacia Occidente, el hecho es que las imágenes que nos llegan deben hacernos reaccionar. Es una desgracia que para reaccionar tengamos que enfrentarnos inevitablemente a la tragedia, pero así es. Y de la misma manera que tuvimos que ver caer las Torres Gemelas en directo para darnos cuenta de cuán vulnerables éramos, así hemos de estremecernos y reaccionar ante las noticias de los niños que mueren de hambre cada minuto o las imágenes de las bombas que arrasan escuelas.

Oí decir un día a Simon Peres que la televisión hace insoportable las guerras y las injusticias. Ojalá sea así. Ojalá la democracia reaccione y, de paso, combata y derrote a los terroristas, atienda y resuelva viejas causas pendientes, viejos dramas que nunca debieron existir.

Terror y destrucción
Editorial El Correo 7 Noviembre 2001

Un nuevo coche-bomba de ETA volvió a convertir el centro de Madrid en el escenario del horror y de una angustia inolvidable para miles de personas que seguirán pensando que la mañana de ayer pudo resultar aún peor para sus vidas. Las heridas de los afectados por la onda explosiva sanarán probablemente mucho antes que la desazón y el miedo con que ETA ha tratado, una vez más, de extender los efectos del terror. La banda terrorista intentó asesinar a Juan Junquera, secretario de Política Científica, en un claro intento de convertir en víctima a un dirigente político de segundo orden para así llevar la inseguridad a un amplio sector de la Función pública. Pero la precipitación con que, afortunadamente, actuó el comando se convirtió en la metáfora que mejor describe la situación por la que atraviesa ETA. La providencial detención de los dos activistas que a todas luces perpetraron el crimen reproduce la secuencia de episodios análogos de los últimos años, en los que la vulnerabilidad de la trama terrorista ha quedado en evidencia frente a la colaboración ciudadana o al acierto policial.

La barbarie asesina es aún muy capaz de causar estragos. Pero lo que convierte en especialmente dolorosa su pervivencia es que entre sus propias bases sociales se extiende la certeza de que a ETA no le queda otra opción que el inmediato abandono de las armas o la huida más terrorífica hacia delante. La soledad que padece en el ámbito europeo, el aislamiento político en Euskadi, el consenso internacional sin precedentes contra el terrorismo, la probada eficacia de las medidas policiales y la carencia de un horizonte que permita a los integrantes de ETA soñar con que algún día podrán justificar su propio pasado, encarrila a los violentos hacia un callejón sin otra salida que la de su propia rendición. Su otra alternativa sería la de morir matando; la de jalonar de destrucción y asesinatos un camino que desde hace años se dirige hacia ninguna parte. Hasta ahora la banda terrorista ha permanecido refractaria e impasible ante las reiteradas llamadas de la sociedad democrática para que renuncie a su obcecación dictatorial. En su último comunicado, hecho público cinco días después del anuncio de desarme por parte del IRA, ETA tuvo el cuidado de ni siquiera mostrarse concernida por esta esperanzadora noticia, eludiendo cualquier pronunciamiento al respecto. Las exigencias a Batasuna para que emule al Sinn Fein con un llamamiento al abandono de la violencia constituyen poco más que una pose entre ingenua y oportunista. Porque tanto la tragedia humana que causa el miedo cotidiano, con familias enteras que tienen fundadas razones para sentirse perseguidas por algunos de sus propios vecinos, como el sangriento reino del absurdo que pretende instaurar la violencia en Euskadi subrayan la responsabilidad directa que, a estas alturas, contraen quienes justifican y ofrecen gustosos la cobertura de sus cínicos argumentos a la perpetuación del terror.

Doble golpe de ETA
Pablo Sebastián La Estrella 7 Noviembre 2001

El valor y la astucia de un ciudadano que siguió al comando de ETA que realizó el atentado del martes en Madrid permitió la caza de este grupo grupo criminal afincado en Madrid y, casi con toda seguridad, de una parte importante de la que era su estructura en la capital de España. Ésta es la tercera vez que los comandos de ETA caen (como en Sevilla y Barcelona) durante o poco antes o después de perpetrar un atentado, lo que prueba que su preparación y debilidad es más que manifiesta y, también, que la acción policial y la colaboración ciudadana están dando ahora unos excelentes resultados.

Pero ello no demuestra, ni mucho menos el fin de la banda. En respuesta al fracaso de Madrid y como prueba de fuerza ETA ha asesinado hoy en Getxo y en presencia de su mujer y de un hijo (que lo acompañaban en el coche) al magistrado José María Lidón, juez de la audiencia provincial de Vizcaya y profesor de la Universidad de Deusto. Otro crimen cobarde e inútil que solo le sirve a ETA para reafirmar su presencia y su capacidad de matar.

A pesar de todo esto, ETA no es la que era y está seriamente tocada en tres frentes, en el de la acción terrorista por la debilidad y fracaso de varios de sus comandos, en el político (con la importante pérdida de apoyo en las pasadas elecciones vascas) y en el internacional por causa de la crisis de Ben Laden.

La acción policial ha sido mejorada tanto por el gobierno vasco como por el ministro de Interior, Mariano Rajoy, que está cosechando más éxitos que su predecesor.

Pero ni esto ni el previsible apoyo y el cerco internacional (político, económico, financiero y judicial) permiten anunciar el fin de ETA, ni tampoco presumir su rendición y entrega de las armas como el IRA tal y como piden desde el Gobierno del PP, desde donde Aznar no cesa de agredir al Gobierno de Vitoria y al PNV cada día con más gruesas palabras, homologándolos con ETA por tener los "mismos objetivos" (es decir, la autodeterminación o la independencia vasca). Lo que sin lugar a dudas constituye una escalada de la tensión entre los gobiernos de Madrid y de Vitoria y una homologación arriesgada, porque los que piden el Estado palestino, a igual que Ben Laden como varios gobiernos de la UE, no son terroristas.

En todo caso, el fracaso del atentado y la captura de los autores confirma, a pesar del crimen de Getxo, una tendencia que sería mejor si la unidad de los demócratas fuera hoy una realidad en la lucha contra ETA, cosa que no parece posible. Sobre todo porque ETA sufre una seria decadencia y así lo reconoce en sus comunicados, donde trató de diferenciarse de los ataques indiscriminados de los fundamentalistas islámicos. Un extraño matiz hoy diferencial (el atentado del martes iba dirigido contra un alto funcionario público y el de Getxo contra un juez ) que moralmente es inaceptable pero que, desde su óptica, podría desaparecer si una ETA mas acorralada y homologada con Ben Laden, decide pasar al atentado del coche-bomba sin avisar.

Asimismo, cabe subrayar que ayer Francia detuvo a otro activista de ETA en un control causal de la Policía gala. Otra casualidad que se suele repetir en Francia cada vez que ETA ataca con un atentado. Entonces la Policía vecina sale de paseo, pone un control y, ¡zas!, captura a un etarra. Una coincidencia sospechosa que abunda en la idea de que el Gobierno de París no actúa contra ETA siempre que puede, sino cuando quiere.

Madrid vivió el martes un día de terror y Getxo otro este miércoles con la pérdida de una vida. A pesar de este crimen, de los muchos heridos, del terror y de los daños causados debemos esperar y confiar en una nueva etapa, en la que deben de estar y participar todos los demócratas, evitando entre ellos disputas inútiles que no conducen a nada y que, en parte ya fueron sancionadas en el curso de la pasada campaña electoral vasca. Si no hay esa unidad y se mantiene la fractura social y política en el País Vasco, difícilmente se podrá avanzar por el camino de la paz. Los éxitos de la policía vasca y central son importantes pero ETA sigue y hace falta mucho más: la política entre otras cosas, como el gobierno de Londres, en el caso del IRA, lo acaba de demostrar. O como entre los judíos y palestinos lo propone el propio Aznar.

Energúmenos
JAVIER OTAOLA El Correo 7 Noviembre 2001

Define el diccionario energúmeno como ‘persona poseída, furiosa, alborotada’. Es, en mi opinión, condición típica de lo vasco, en la medida que puede generalizarse, un gusto por el extremismo, un tomarse las cosas ‘a pecho’, radicalmente, huyendo de actitudes templadas, con esa característica -‘furor teutonicus’- que Ortega apreciaba en los alemanes, que se suben en una idea como el que se sube en un transatlántico, como si las ideas tuvieran la consistencia indubitada y maciza de la realidad y no fueran en última instancia sino frágiles artefactos hechos de palabras.

Pienso que por eso hemos sido, a su tiempo, los más paganos de entre los pueblos ibéricos, con terco apego a su paganismo, que en cierto modo ha pervivido soterrado en nuestras tradiciones rurales. Hemos sido extremosos en el apego a las formas cristianas, en el gran debate de la Reforma, católico-romanos y por lo tanto radicales en nuestro catolicismo, que encontró en Loyola un verdadero adalid. Instalados en el imperio español, más españoles e imperialistas que ninguno: marinos, escribanos y clérigos vascos participaron en primera línea de la gran aventura americana. Súbditos de Su Majestad en el Antiguo Régimen, fuimos en su momento carlistas, y ‘apostólicos’ reacios a las ideas liberales, todavía tienen ‘el pretendiente’ y sus generales calles dedicadas en muchos de nuestros pueblos. Al mismo tiempo, cuando fuimos liberales, adoptamos radicalmente las formas de pensar capitalistas, como empresarios, navieros e industriales. Frente a la dictadura de Franco, o bien nos adherimos fanáticamente como requetés o nos enfrentamos a él no menos fanáticamente con las armas; y luego con el terrorismo etarra, cuando influidos por las ideas marxistas adoptamos las enloquecidas formas teóricas y prácticas de tipo maoísta-terrorista (ETA). Ante el resurgir de los sentimientos nacionalistas nos inflamamos de espíritu secesionista... En fin, parece que a pesar de nuestro clima templado rehuimos toda actitud templada: estamos a años luz del ‘seny’ catalán, del carácter dubitativo y brumoso del gallego, o del displicente ‘fair play’ de escoceses y galeses, más cerca quizá de la rabia irlandesa.

El equilibrio interdependiente tanto económico como político de los Estados europeos, entre los que se encuentra el democrático Estado español, el fin de los grandes enfrentamientos ideológicos y políticos, la caída del Comunismo, la gestación de una nueva forma política unitaria para Europa (todavía en fase de definición), la delicadeza y la fragilidad de las nuevas formas de desarrollo económico; todo esto, junto con la existencia de instituciones políticas propias, con márgenes de actuación de tipo federal, está gravitando sobre la sociedad vasca, y hace especialmente problemáticas de entender las tesis de ruptura que pasan por alto lo que llamaba Miguel Ángel Aguilar «el coste de la no-España».

La encrucijada en el País Vasco viene significada por la existencia de fuerzas sociales e ideológicas ‘energuménicas’, que consciente o inconscientemente hemos alimentado, y que quizás ahora tantos lamentamos haber juzgado con benevolencia en el pasado; fuerzas que se ubican fuera, no sólo del sistema político español, sino incluso europeo, lo que hace de la sociedad vasca una sociedad en la que no existen ni siquiera los consensos básicos y esenciales sobre qué cosas, qué ideas, qué instituciones deben ser respetadas en todo caso y por todos.

Cuando ni siquiera la vida nos es respetada, eso significa que no merecemos contarnos entre los países civilizados y no es de extrañar que entre nosotros todo sea radicalmente problemático: los grandes nombres de nuestra cultura están compartimentados en bloques irreconciliables que se desconocen mutuamente Unamuno, Baroja, Celaya, Guerra Garrido, Chillida.../Axular, Orixe, Oteiza. Nuestra lengua ‘propia’ es minoritaria, lo que significa que la lengua mayoritaria es precisamente la ‘impropia’; nuestro Gobierno vasco es para algunos simplemente vascongado, el nombre y el ámbito de nuestra comunidad es confuso: Euskal Herría, Euskadi (o Euzkadi), País Vasco, Vasconia, Vascongadas; no sabemos si en algun caso -depende de quién hable- incluye sólo las tres provincias, o también Navarra, o incluso los territorios vascos de Francia (Iparralde). Está grávido de significados políticos y sentimentales que nos refiramos a España, o al Estado español, o al resto de España, o al resto del Estado. Queremos vivir con normalidad los problemas de una actualidad ‘a la europea’, simulando una ‘amistad civil’ fundada en la institucionalización de la Justicia y la solidaridad y sin embargo, al mismo tiempo, todavía 140.000 personas (¿?), que se considerarán seguramente a sí mismas como ‘buena gente’, justifican con su voto la extorsión, el pistolerismo, el secuestro y el amedrentamiento... Los grupos aparentemente más combativos contra la tortura y el abuso de autoridad, sin embargo, justifican el asesinato y el secuestro. Somos la patria de Loyola -y Navarra uno de los viveros del Opus Dei- y sin embargo nuestra juventud es de las más descreídas y pasotas. En nuestro solar se fundan algunas de las instituciones financieras más importantes de España y también uno de los grupos revolucionarios más sanguinarios del mundo que mantiene todavía planteamientos ideológicos, anteriores a la caída del Muro de Berlín.

Todo esto hace que la vida pública en el País Vasco esté llena de peligros, cobardías, sobrentendidos, equívocos, tensiones y dificultades que no tienen nada que ver con los problemas normales de una sociedad europea desarrollada.

En el fondo de la sociedad vasca se cultiva, a pesar de los múltiples motivos de satisfacción que justificarían nuestros logros materiales, sociales e institucionales, una zozobra, una inseguridad, un no saber a qué atenerse, un sentimiento de pueblo desterrado y errante que camina como Israel con el Arca de la Alianza tras una Tierra Prometida que no acaba de presentarse ante nuestros ojos, y en la que podamos por fin descansar.

Agustín y el diálogo
JOSÉ Mª PORTILLO VALDÉS El Correo

Como no es la primera ni la segunda vez que te atacan, Agustín, que destruyen de manera infame tu obra, que las autoridades nacionalistas de tu pueblo deciden que ‘sobra’ parte de tus árboles por una raya que pasaba unos metros más acá que allá, que tu alcalde te desprecia en vez de ampararte porque resulta que no eres ‘buen’ vasco, que te quieren castigar entre unos y otros haciéndote pasar una y otra vez por ver tu obra hecha añicos y tu ciudadanía despreciada, como todo esto no cesa, creo, amigo, que no es importante ya el ‘por qué’ que podrías, con todo derecho, espetar a la cara de las fuerzas de asalto que envían a atacarte, sino el ‘por qué no’ que ellos y muchos otros verdugos voluntarios, los que aluden a tu maldad como vasco o a tu ‘inmovilismo’, tienen atornillado en su credo político.

Siento tener que ser yo el que te lo comunique, querido Agustín, pero tu obra y tu persona seguirán siendo atacadas, insultadas y despreciadas en tanto no hagas pública manifestación de renuncia a tus ideas políticas. Perderías el tiempo si trataras de preguntar a los de las hachas y la pintura el por qué, puesto que ellos sólo saben el por qué no y obedecer la orden que les dan los del hacha y la serpiente. En primer lugar, como nunca pintaste como un nacionalista, nunca has pintado nada para el nacionalismo, lo que ya marca. ¿Qué era eso de pintar huelgas obreras y dignificar al proletariado cuando había una nación que reclamaba celosa y egoísta toda la atención? ¿Qué es eso, ahora, de pintar los emblemas de las víctimas del terrorismo o del Foro Ermua? Y, sobre todo, ¿quién te mandaba a ti aparecer en primera fila de organizaciones que llamaban fascismo al fascismo y que reclamaban el respeto a la Constitución y el Estatuto? A ti que has vivido la mayor parte de tus años sin Constitución ni Estatuto, sin democracia ni libertad, luchando por ambas, se te niega hasta el derecho a reclamarlas frente a quienes por encima de ellas, de Agustín y su libertad, colocan una cosa que llaman Euskal Herria y le dicen patria. ¿Creías que era llegado el tiempo de la libertad, aquélla que al artista le permite ser quien es? Te equivocabas.

Verás a muchos ahora, estos días, decir que menuda barbaridad, que esto no puede ser. A los mismos verás enseguida, quizá esos mismos días, decir por otra boca que todo esto responde no al acto de imposición radicalmente liberticida que tú justamente sientes, sino a un ‘conflicto político’ que tú no reconoces. Diálogo, negociación, dirán, y también que tú, Agustín, tú mismo, representas al personaje que se niega al diálogo, a la negociación. Acusarán de nuevo a quienes pensamos como tú y a quienes representan nuestra forma de pensar en el Parlamento de no querer pasar por el único aro posible, el de su propia ideología. Todavía oirás a oráculos de la patria sugerir una consulta para saber si a tus conciudadanos les parece bien o mal que quienes te atacan lo sigan haciendo. El insulto, como la estupidez, no tiene límites.

Tu sufrimiento y tu dignidad humana son así secundarias, subalternas del gran negocio político de la patria, del conflicto del que obtener unos rendimientos políticos que las urnas no conceden. No importa que precisamente por querer debatir y dialogar, por mostrarte crítico con el discurso oficial del ‘conflicto’ y la patria irredenta, ahora te veas con la obra destrozada y la ciudadanía insultada. No era ésa la idea del ‘diálogo’. El diálogo y la negociación se exigen en Euskadi a quienes como tú se encuentran en la posición más indefensa para el mismo, a quienes decir lo que piensan les cuesta su dignidad y su vida. Si no se prestan a ello en los términos exactos que requiere el discurso oficial, se convierten no en las víctimas del fascismo ultranacionalista, sino en ‘inmovilistas’, escollos en la redención histórica de Euskal Herria, ya sabes, la patria.

No te preguntes en tu dolor, Agustín, por qué, puesto que no hay respuesta. No es por un referéndum de pregunta velada como un arcano, ni por un comisionado en Bruselas, ni por un par de líneas en un texto legal que Agustín y su obra entran en la lista del carnicero: es por la patria, por Euskal Herria, por nada que tú puedas entender. La razón no está en por qué, sino en por qué no cuando tú no has hecho aún tu reválida de ‘buen’ vasco, has dejado de ser un ‘inmovilista’, has demostrado que has perdido los michelines suficientes de libertad para entrar por su aro, y has empezado a pintar para la patria y no para los ‘otros’.

Si nunca festejaste el cordero pascual de este pueblo, sencillamente es que no eres pueblo, eres sólo individuo, persona aislada de la gran cadena del ser vasco, y ahí está la razón de por qué no: no importa que no tengas libertad para decir lo que piensas, como no la tienen tampoco tus representantes políticos en el Parlamento; lo que importa es que no dices lo que conviene a Euskal Herria y eso te hace ‘inmovilista’. Ya lo ves, Agustín, que ni siquiera era por el ‘diálogo’, palabra hermana de ‘libertad’: es por falta de comunión. La pregunta, entonces, no tiene que ver con la libertad de Agustín y su dignidad ciudadana. Para Euskal Herria la pregunta es otra totalmente distinta. ¿Por qué no, si éste aún no ha comulgado?

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