AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 8 Noviembre   2001
#Arzallus y las leyes de tráfico
Luis María ANSON La Razón 8 Noviembre 2001

#Hablar más alto
GERMAN YANKE El Mundo  8 Noviembre 2001

#La Doble E Inutil Venganza De ETA
Editorial El Mundo 8 Noviembre 2001

#Luto en la Justicia
Editorial ABC  8 Noviembre 2001

#De un dios oscuro
GABRIEL ALBIAC El Mundo 8 Noviembre 2001

#La frivolidad del terror
Iñaki EZKERRA La Razón  8 Noviembre 2001

#La tiranía del terrorismo
M. MARTÍN FERRAND ABC 8 Noviembre 2001

#Doña Justicia
Jaime CAMPMANY ABC 8 Noviembre 2001

#Sin héroe anónimo
Julián LAGO La Razón 8 Noviembre 2001

#Un juez vasco
Editorial El País 8 Noviembre 2001

#«Todos vosotros sois Tagle»
Luis Ignacio PARADA ABC 8 Noviembre 2001

#Muertos de envidia
José A. SENTÍS La Razón 8 Noviembre 2001

#Cazadores furtivos
Lorenzo CONTRERAS La Razón 8 Noviembre 2001

#Servidores del Estado
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 8 Noviembre 2001

#El final de ETA
JOSEP RAMONEDA El País 8 Noviembre 2001

#Decir sin hacer, hacer sin decir
EMILIO LAMO DE ESPINOSA El País 8 Noviembre 2001

#Nueva ofensiva terrorista
Enrique de Diego Libertad Digital 8 Noviembre 2001

#Las evidencias del nacionalismo
Ignacio Villa Libertad Digital 8 Noviembre 2001

#El final del espejismo
ALBERTO SURIO SAN SEBASTIÁN El Correo 8 Noviembre 2001

#Asesinar el Derecho y la bondad
Editorial El Correo 8 Noviembre 2001

#El país de las vacantes
J. MUÑOZ BILBAO El Correo 8 Noviembre 2001

#El Príncipe y Estella, contra Eta
Editorial La Razón 8 Noviembre 2001

#ETA venga sus fracasos matando al juez que impuso la mayor condena por 'kale borroka'
GUILERMO MALAINA / DIEGO ARTOLA 8 Noviembre 2001

#Riqueza de Babel
Joaquín PÉREZ AZAÚSTRE La Razón 8 Noviembre 2001

#El caballo de Troya y la cocina de mi abuela
Nota del Editor  8 Noviembre 2001

#Rajoy dice que el País Vasco es como una «dictadura»
El Mundo 8 Noviembre 2001

#Dañinos para la libertad
Cartas al Director ABC 8 Noviembre 2001

Arzallus y las leyes de tráfico
Luis María ANSON La Razón 8 Noviembre 2001
de la Real Academia Española

-¿Qué cabronada la de Aznar! -dijo finamente Arzallus al conocer la detención del comando Madrid. -Se pasa el día hablando del Estado de Derecho y cuando llama un ciudadano por el móvil desde su coche, lo que está prohibido, la policía, en lugar de multarle por la infracción, le atiende y para mayor inri detiene a dos de nuestros chicos de Eta. ¿Qué cruz la de este cabroncete de Aznar que es de una raza inferior sin RH negativo ni nada, qué cruz la que llevamos a cuestas!

Tiene razón el ayatolá vasco, toda la razón. La policía debió exigir al ciudadano que parase su vehículo, que cesara en la persecución, que cumpliera las leyes de tráfico y que pagara la multa correspondiente por la tropelía de usar el móvil conduciendo, con riesgo para los demás. Total, los chicos de Eta sólo habían instalado un vehículo con veinticinco kilos de explosivos que ni siquiera liquidaron al objetivo del atentado, un funcionario que algo habría hecho, y no hubo más allá de cien heridos y una niñita de tres años que ya podrían tener los padres más cuidado. ¿Qué atropello detener a dos patriotas vascos, infringiendo las leyes de tráfico! ¿Qué Estado arbitrario y opresor padecemos! ¿Qué Gobierno totalitario! ¿Coño, cómo no se le caerá el bigote de vergüenza a Aznar, ese político deleznable que lee LA RAZÓN y, además, poesía árabe!

No sólo el talibán Arzallus, también monseñor Setién está que fuma en pipa. ¿Qué se puede esperar del imperialista pueblo español, se pregunta el obispo, que convierte en héroe urbano a un ciudadano infractor de las leyes? Menos mal que el PNV y sus aliados de Batasuna, también Madrazo, han anunciado ya una moción en el Parlamento vasco para condenar la ación de ese ciudadano, refugiado además en el anonimato, que se ha dedicado a violar las leyes de tráfico con la consecuencia de que dos valerosos patriotas hayan caído en las redes de la policía opresora. Un referéndum, un referéndum es lo que hay que convocar para anatematizar al héroe urbano y que no se vuelva a repetir tanta desfachatez y tanta osadía.

Hablar más alto
GERMAN YANKE El Mundo  8 Noviembre 2001

Albert Camus escribió que la larga lista de víctimas del nazismo exigía, al menos, dos cosas: conservarlas en la memoria y, si se las había hecho callar, hablar más alto.

Todos los asesinatos de ETA producen la desazón que conlleva la experiencia del totalitarismo pero algunos, por desgracia no todos aunque sea comprensible, hieren también en el alma. Me debía haber ocurrido a mí en todas y cada una de esas manifestaciones de barbarie y ahora me arrepiento de que el ruido de la vida me haya hecho olvidar en ocasiones, o en todo caso no reparar como debía, en el silencio horroroso de las víctimas.

No pasó esto, desde luego, tras el asesinato de José Luis López de Lacalle, mi compañero en estas páginas y mi amigo del alma dentro y fuera de ellas. En ese momento sí sentí, junto a la necesidad de llorar y la rabia, la de hablar más alto, la de afirmarme en el lugar que tenía junto a él y la de ocupar, sin duda con menos brillantez, el espacio que le habían arrebatado.

Se me ha llenado la memoria con las imágenes y las palabras de José Luis cuando me dicen que, entre los muchos objetivos de los etarras detenidos en Madrid, podría estar yo. Perseguido año tras año, atacado una y otra vez, jamás quiso convertirse en protagonista de nada, sino ejercer el periodismo con independencia, defender su libertad y la de sus conciudadanos y hablar o escribir tan alto como fuera preciso. No creo que haya otro camino y, desde luego, ninguno otro quiero que sea el mío en esta hora.

Lo que hay que hacer en este momento es dirigir la mirada hacia el cuerpo acribillado del juez y profesor José María Lidón, allí, en mi pueblo, y no olvidarlo, como no hay que olvidar a ninguna de las demás víctimas del horror terrorista de ETA. Lo que hay que hacer es estar con su familia y con tantas otras familias destrozadas. Las víctimas no tienen razón por ser víctimas pero saben una verdad indubitable, porque la verdad es algo más que esa caricatura de la que dicen que está repartida por todas partes. Jean Améry lo explica bien al relatar su experiencia de la tortura nazi y de los campos de concentración: «Estoy en posesión de la verdad moral de los golpes que aún hoy suenan en el cráneo y, por lo tanto, me siento más legitimado a juzgar, no sólo a los ejecutores, sino también a la sociedad que sólo piensa en su supervivencia». Lo que hay que hacer ahora es, en definitiva, seguir hablando y hacerlo más alto.

Los terroristas piensan, seguramente, que la experiencia o la cercanía de su violencia hace que la sociedad, o las personas individuales, cedan siempre algo, dejen a un lado los principios para lograr la supervivencia, miren para otro lado para no tener que actuar en consecuencia. Pues no se puede mirar hoy a otro lado que no sea aquel en el que está José María Lidón y su familia. ¿Supervivencia? Aborrezcamos de quienes se excusan con el «realismo» de la negociación y el pacto porque no hay con ETA pacto posible que no sea una rendición. ¿Miedo? Batallemos para que, aunque sea inevitable, no acabe con los principios. ¿Tregua? Volvamos a Camus: la que obtendremos al término de una resistencia sin tregua. Yo, desde luego, voy a seguir hablando, y escribiendo, y lo haré todo lo alto que pueda.

La Doble E Inutil Venganza De ETA
Editorial El Mundo 8 Noviembre 2001

«Sufrimos infinitamente. No tememos absolutamente nada», declaró ayer el juez Manuel María Zorrilla, compañero de José María Lidón, después de que éste fuera asesinado por dos desalmados de ETA cuando, a primera hora, abandonaba en coche su domicilio en Algorta para acudir a su juzgado.

Lidón, magistrado de la jurisdicción penal en la Audiencia de Vizcaya, sufrió probablemente en su fuero interno por miedo a un atentado, pero jamás mostró el menor temor en sus sentencias.Era un juez justo, independiente y, sobre todo, valiente. Lo demostró al condenar en 1997 a casi 11 años de cárcel al joven Dani Ortiz por haber lanzado cócteles molotov contra la Ertzaintza.Fue la sentencia más dura jamás impuesta contra la kale borroka y en ella Lidón pedía la reforma luego emprendida del Código Penal para endurecer la tipificación de los delitos de violencia callejera.

Lidón había condenado también a varios agentes de la Guardia Civil por torturas, lo que pone de relieve que no le temblaba el pulso a la hora de hacer cumplir la ley, tuviera quien tuviera delante. Su asesinato es, sin duda, una venganza de ETA por aquella histórica sentencia.

La víctima era, sin embargo, un blanco fácil, puesto que no llevaba escolta a pesar de que era presumible que la banda terrorista jamás iba a olvidar la condena a Dani Ortiz. Hay, en estos momentos, 196 jueces en activo en el País Vasco, de los cuales sólo alrededor de una veintena cuentan con protección policial. Lidón debería de haber tenido una escolta permanente, aunque en ese caso es probable que ETA hubiera optado por matar a otro juez que no la tuviera.

El asesinato de Lidón supone, sin duda, un intento de intimidar al colectivo de jueces y fiscales, al que la banda siempre ha puesto en su mira. La Policía descubrió ayer en los pisos de los dos terroristas detenidos en Madrid una lista de objetivos, entre los que figuraban nombres de jueces y fiscales de la Audiencia Nacional. Pero ETA buscaba algo más con el atentado contra este juez. Quería también vengarse por sus últimos fracasos, especialmente el de anteayer en Madrid, y lanzar el mensaje de que conserva todavía su capacidad de hacer daño. Hacía casi cuatro meses que la banda no lograba asesinar a nadie, periodo durante el cual había sufrido importantes reveses policiales. Tras los atentados del 11 de septiembre, se había especulado incluso con que ETA podría acordar una nueva tregua.

Pero la organización terrorista, impermeable a cualquier influencia exterior, sigue fiel a sí misma. Su lucha está de antemano perdida porque ni va a lograr jamás sus objetivos políticos ni va a encontrar comprensión internacional para su causa. ETA se ha convertido en una simple maquinaria de matar. Sólo hay un futuro para sus dirigentes y militantes: la cárcel. Tarde o temprano, a ella irán a parar los asesinos de Lidón.

Luto en la Justicia
Editorial ABC  8 Noviembre 2001

ETA ha abierto un nuevo frente en su actividad terrorista, dirigido contra la Justicia. Ayer asesinó en Guecho al magistrado de la Audiencia Provincial de Vizcaya José María Lidón Corbi, el primer miembro de carrera judicial asesinado en el País Vasco. Fue tiroteado en el garaje de su domicilio, ante su mujer y su hijo, muestra evidente de la obcecación criminal que ha degradado a los terroristas a la condición más vil que puede alcanzar un ser humano y razón suficiente para que desistan de sus propósitos quienes aún creen posible construir con ellos -incluidos los terroristas que no disparan- un proyecto político, menos aún una nación. Este crimen sumió en el duelo la constitución del nuevo Consejo General del Poder Judicial, coincidencia nada casual en una banda terrorista que había acumulado datos de más de ochenta jueces y fiscales del País Vasco, según se reveló en la documentación aprehendida al «comando Buruntza». Sin embargo, Lidón no estaba en esa lista.

Merece todos los elogios que los vocales y el presidente electo del Consejo General del Poder Judicial se desplazaran ayer al País Vasco para expresar su dolor a la familia del asesinado y su apoyo a los jueces destinados en esta Comunidad. Sin embargo, es preciso que a las expresiones de apoyo institucional las siga una política de defensa activa de la judicatura, no sólo frente a las amenazas que lanza ETA y sus grupos de apoyo, sino también frente al ambiente hostil que ha generado el nacionalismo vasco en torno a los jueces. Conviene no olvidar -porque hacerlo es seguir cometiendo los mismos errores- que el PNV ha puesto a los jueces en la picota con sus manifestaciones por el uso del euskera -«son de fuera y no lo quieren aprender», dijo Arzalluz- sus campañas por la desobediencia civil, que constituyen un desafío al Estado de Derecho, y, sobre todo, las críticas veladas o directas, pero siempre permanentes, a la actuación de los Tribunales contra ETA, alguna calificada por el PNV como «garzonada». El nuevo Consejo General ya está avisado de la doblez moral del nacionalismo vasco y del Gobierno de Ibarretxe sobre el Poder Judicial y no le estaría justificado reiterar las debilidades pasadas en el respaldo a los jueces amenazados.

La conclusión de este crimen es evidente. No hay presencia del Estado en el País Vasco que no esté amenazada por ETA. Ahora es la Justicia, baluarte del Estado de Derecho, la que está reforzando sus mecanismos contra el terrorismo etarra gracias a los nuevos instrumentos legales que está creando la Unión Europea y que se han convenido con Francia. Aunque siga asesinando, ETA tiene enfrente a un Estado cada vez más fuerte y, por la fuerza de sus razones y de sus leyes, acabará derrotándola.

De un dios oscuro
GABRIEL ALBIAC El Mundo 8 Noviembre 2001

«Anhelo morir» responde la Sibila a quienes la interrogan acerca de su sin fin deseo, en un bello pasaje del Satiricón de Petronio.No existe quizá estrato más hondo de lo humano. Ni más difícilmente confesable. Y no es el menor atisbo metafísico del Peter Pan de James M. Barry la percepción tan infantil y tan grandiosa de que «la muerte debe de ser una gran aventura».

Poca cosa hay que entender acerca de la actual generación de militantes de ETA la que parece haberse hecho con el poder tras el fracaso de la tregua , si no se parte de ese deseo primordial.

Siempre sucede así. Primero, la muerte es sólo un instrumento.De cuyo uso no está ausente la repugnancia. Luego, su fascinación emerge. Lo traga todo. Transfigura al combatiente en sacrificador, esto es, en hombre sagrado: aquel que oficia la liturgia capital, la oblación de la víctima.

El terrorista es sacerdote sumo del dios oscuro al cual él consagró su vida. La mística lo acosa. Nada en su vida ni en su verosímil muerte es explicable ya, a no ser como fusión extática.

La liturgia del absoluto no conoce relación de fin y medios.Siguen fines y medios y, con ellos, política estando en su retórica habitual. Suena falsa. Para él, sobre todo. El terrorista sabe que su envite no es terreno. No hay objetivo ya, no hay instrumentos, ni tácticas, ni estrategias a la altura del acto.Hay la presencia litúrgica del dador de muerte. La leyenda del héroe, arcangélicamente solo ante un dios cuyo fulgor abrasa todo.

Mas no hubo místico al cual no acosara la sequedad, la acedia, ese desabrimiento con que el absoluto sella a quienes lo vadearon.En el torbellino sin fondo de la acedia, cuando el dios se oculta a su siervo, nada ansía más el alma huérfana que ser degradada.La prisa de los terroristas de la última generación de ETA por contar todo por cantar todo a la policía apenas detenidos, es más que un síntoma.

Los militantes de la vieja escuela sabían que su instante de grandeza se jugaba en el duelo con el interrogador. El duelo del místico es sólo con el absoluto. Y, una vez que El se ha ido, sólo queda la nocturnal travesía de las sombras. Si el místico deja de ser cosa de dios, sólo puede ya ser cosa del diablo. O de la policía.

Acedia generacional. No ya política. La política es polvorienta burocracia, contabilidad gris de coste y beneficio (de coste para beneficio). Lo suyo es otra cosa. «Pude haber sido un mártir, fui un verdugo»: Borges. O Baudelaire: «Debe resultar dulce ser alternativamente víctima y verdugo».

La frivolidad del terror
Iñaki EZKERRA La Razón  8 Noviembre 2001

Me pasó cenando con unos amigos. Alguien dijo que en Estados Unidos se estaban poniendo de moda los psiquiatras para loros. Fue entonces cuando una chica, que había permanecido hasta ese momento callada, hizo un comentario desdichadamente típico: «Es que, con lo cursis que son los yanquis, cómo luego les extraña que se les tenga manía y les hagan lo de las Torres Gemelas». Creo que ese comentario refleja una frivolidad que no tiene nada que envidiar a la del neoyorkino que lleva a su loro a monologar en el diván del psicoanalista. Creo que hay también una frivolidad y una cursilería de la impiedad (como las hay del exceso de piedad) que tienen peso doctrinal en las cenas de amigos y pretensiones de lógica de izquierdas. Toda la falsa rebeldía, la burda filosofía y la mala poesía del terrorismo se basa en los cuatro silogismos falsos que esa chica manejaba como axiomas, en esa lógica reduccionista y esos saltos en el vacío que ya son clásicos.

Porque alguien sea cursi no merece ser asesinado. Que haya americanos cursis no quiere decir que todos los americanos lo sean. Otorgar privilegios humanos a los animales no es algo exclusivo de los Estados Unidos ni de los países desarrollados siquiera (ahí están las vacas sagradas de la India). Aun suponiendo que los cursis deban morir, las Torres Gemelas no estaban sólo habitadas por propietarios de loros. De hecho los abrasados que hoy hacen declaraciones desde los hospitales no tienen que ver nada con los loros ni con los psiquíatras. La gente que había en esos dos edificios era como nosotros. Era igual que la gente que el martes resultó herida en la explosión de Madrid. ¿Esa chica de mi cena no caía en la cuenta de que entre las víctimas de uno y otro atentado podía estar ella? ¿En qué es diferente ella de esa gente? ¿Qué coño tienen que ver los loros con las víctimas del terrorismo?

Esa lógica infantiloide es la madre de la demagogia y el crimen político. De ella se nutren los comunicados de Ben Laden y Eta. En un oficinista o una secretaria que podían ser sus parientes, en unos seres indefensos que pasaban por ahí, ven el capitalismo, el imperialismo, el armamentismo y los pajarracos con traumas. En un peatón de Madrid o un juez destinado en Bilbao ven encarnado el franquismo y la España de los Reyes Católicos. Con esa lógica los reyezuelos y multimillonarios tercermundistas como Ben Laden desvían hacia América el odio que sus paisanos deben dirigir hacia ellos, que son los primeros en explotar a esos países e impedir su desarrollo. Con esa lógica ciertos vascos buscan fuera de Euskadi a unos enemigos de la libertad que están dentro y que son ellos mismos.

La tiranía del terrorismo
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 8 Noviembre 2001

Sean iguales o diferentes, que eso influye poco, existe un punto en común entre todas las familias terroristas presentes en el mundo: un maquillaje doctrinal que encubre la sustitución del pensamiento racional por la fisiología. Los cuerpos terroristas, llámense ETA, IRA o benladenismo, tienden a funcionar mecánicamente. El estímulo de su acción es algo equivalente a la peristalsis que hace funcionar al intestino. No son las ideas las que mueven la digestión de los alimentos. Si así fuera habría mayorías anoréxicas. Constituido el núcleo terrorista, siempre en la patología del sentimiento posesivo de la verdad, tiende a crecer, como todo ser vivo, de una manera automática.

La quintaesencia del terrorismo es una forma especializada de la tiranía clásica, su adaptación a la sociedad industrial. Decía un liberal tan viejo como John Locke que donde acaba el derecho es donde empieza la tiranía y, saltando sobre los siglos, ese es el diagnóstico germinal de ETA, de su mundo y de sus equivalentes internacionales. No hay ley, ni regla, ni norma, ni escala de valores: sólo existe la voluntad del terrorista que, iluminado por su dogmática acuñación doctrinal -la independencia del País Vasco o la propagación del islamismo, poco importa-, pasa a actuar según estímulos cuasi mecánicos. Impone su voluntad, la de su grupo, por encima de cualquier supuesto ético, legal o de pacto. Habrá que abundar en el conocimiento de esa peculiar fisiología para acelerar el éxito de la lucha antiterrorista que hoy ocupa al mundo y, desde hace décadas, tiende a condicionar la agenda de la vida española.

No hay ningún elemento en el territorio de la inteligencia que pueda servir como soporte de razón para entender el asesinato, ayer, de José María Lidón Corbi, un juez que ha firmado sentencias condenatorias de guardias civiles torturadores o de activistas de la kale borroca. No lo hay para el intento frustrado, anteayer, de asesinar a Juan Junquera. Tampoco para fundamentar el millar de víctimas al que ya se acerca el largo y negro balance etarra. Hay que recurrir a la peculiar fisiología destructora que alimenta a tan siniestra banda para entender que sólo la muerte ajena es impulso y vida para estos asesinos revestidos de un fervor nacionalista con el que tratan de justificarse y les sirve para confundir a sus cómplices activos o pasivos.

Dijo ayer el ministro del Interior, Mariano Rajoy -y dijo bien- que el País Vasco es el único rincón de Europa en el que subsiste una forma de dictadura. Es esa tiranía etarra, con brazos en el Parlamento de Vitoria, que se siente capaz y legitimada para discernir quién puede vivir o debe morir. Es esa tribu que se pone por encima de la ley para disparar por la espalda a quienes ni siquiera son sus enemigos. Es la fisiología patológica, alimentada por una buena parte de todo el cuerpo social desde el que sirve y opera -su víctima principal-, al servicio del caos y de la muerte. Algo tan imposible de entender como urgente de erradicar. Tan grave es el asunto que, desde la responsabilidad, exige una acción conjunta y colaboradora de los gobiernos de Aznar e Ibarretxe. La teoría del árbol y las nueces ya no vale. El árbol puede secarse con los vientos que soplan desde el 11 de septiembre.

Doña Justicia
Por Jaime CAMPMANY ABC 8 Noviembre 2001

LOS hombres sin ley han asesinado a otro hombre de la ley. He escrito «hombres» y tenía que haber escrito fieras, bestias, alimañas. Y al menos, las fieras salen a matar para comer y para cumplir su ley en el ciclo eterno de la vida y de la muerte. Estas alimañas con aspecto humano matan y matan y matan otra vez para imponer su voluntad delirante a los hombres de buena voluntad. No los detiene ni siquiera el horror universal que se ha apoderado del ánimo de los pueblos después del horror espeluznante del derribo de las Torres Gemelas y el ataque al Pentágono. Quieren demostrar desde un principio que son capaces de enfrentarse, en un reto suicida, a la decisión de todos los países civilizados, a todo el mundo que dejó atrás el salvajismo prehistórico de la tribu.

Han asesinado a un juez y le han causado una nueva herida a la Justicia, a Doña Justicia, que es el concepto y la institución que merece el máximo respeto entre todos los respetos máximos que debe rendir el hombre civilizado. Todo ataque a la Justicia es una agresión a lo más alto y sublime de la aspiración humana, reflejo y aproximación a la justicia divina. Y además, han herido a Doña Justicia en un momento en que no está la dama para tafetanes. Las bestias de la banda etarra matan a un juez mientras los ropones más encumbrados e ilustres se apalean en los pasillos y en las salas del Palacio de Justicia. Malas noticias. Triste y terrible es que mueran los jueces bajo las balas del terror. Malo es que se zurren la badana los jueces por disputas y vanidades profesionales.

Pero peor que las disputas son, a veces, los acuerdos y las connivencias. Esas reuniones que han celebrado los jueces propuestos para sus cargos institucionales por el Partido Socialista con los gerifaltes del partido es también una mala noticia. Suponen esas reuniones la comprobación de que la política y sus banderías imperan en la dirección y gobierno de la Justicia. Los jueces propuestos por los socialistas se reúnen con los capitostes socialistas para fijar las estrategias en unos cargos que no deben obedecer a ningún mandato imperativo. En definitiva, se trata de que los jueces no disfruten de libertad ni de independencia en sus decisiones, y que cada uno responda en los asuntos que se debatan portando allí lo que, de manera descarnada, llamaríamos «la voz de su amo».

Ni las advertencias de las voces más sensatas, doctas, imparciales y descomprometidas de adscripciones políticas, ni la nefasta experiencia que ya tenemos de una Administración de Justicia sometida y manejada por el poder político, han logrado acabar con este sistema de elección de miembros para los altos órganos de la Justicia que está viciado de militancias políticas clandestinas, de simpatías ideológicas y de gratitudes inconfesables que al final, como en este caso, se confiesan descaradamente. El «pacto para la justicia» firmado por populares y socialistas ha dejado vigente la desafortunada fórmula introducida por el gobierno felipista para tener una justicia partidaria que no castigase sus desafueros y sus fechorías de crimen de Estado y de corrupción.

Mal hecho. Advertidos estaban por voces y hechos los populares, con su mayoría absoluta en el Parlamento. De nada, en este asunto, ha servido la mayoría absoluta, y estamos como estábamos, aunque peor, porque el vicio ya ha saltado a la vida pública con desfachatez. Entre los jueces designados se cambian y se negocian presidentes y vicepresidentes como en un mercado de ganado. «Tu caballo matalón a cambio de mi mula coja», que decía el gitano. O para ser menos despiadado: «Tu caballo rucio por mi yegua torda». Y luego, claro está, los miembros de las instituciones se comportan y votan como si fueran dóciles diputados obedientes al dedo. Malos vientos corren para Doña Justicia.

Sin héroe anónimo
Julián LAGO La Razón 8 Noviembre 2001

Sólo detrás de los héroes anónimos se construyen las leyendas de los grandes pueblos. Sin soldados desconocidos no se gana-rían las guerras. Sin ciudadanos sin rostro, comprometidos con su propia historia, tampoco se alcanzaría la paz. Lo anónimo, pues, siempre es legendario. Lo es en la literatura, lo es en la política, lo es en lo cotidiano.

Gracias a un héroe anónimo, a un ciudadano sin nombre y apellidos, la policía detuvo a dos de los autores del último coche bomba dirigido en Madrid contra un técnico de la administración, anónimo igualmente. Minutos después el seguimiento físico de nuestro héroe anónimo facilitaba a la policía la reducción de los dos etarras en fuga, cuya detención servía para reducir parte de la base operativa del «Comando Madrid» en una brillante operación dirigida personalmente por el vicepresidente Rajoy.

Cierto es que la lucha antiterrorista exige en primer lugar un eficaz servicio de información. Cierto es también que necesita de una asistencia internacional comprometida contra el crimen organizado. Cierto es finalmente que tanto la ejecución de las sentencias como la aplicación rigurosa de las leyes reclaman una magistratura decidida a hacer valer el Estado de Derecho por encima de cualquier otra consideración. Pero nada de todo ello resultaría. suficiente sin la colaboración de héroes anónimos como el del atentado del martes en Madrid: sólo desde el coraje cívico un ciudadano de a pie es capaz de perseguir por las calles a unos peligrosos etarras que, tras sembrar el pánico, huyen a toda prisa del lugar del crimen.

Veinticuatro horas después, el reloj de la muerte marcaba, esta vez lamentablemente con éxito, el momento asesino en Guecho: un juez caía asesinado por otros dos etarras. Ningún héroe anónimo apareció en aquel escenario de dolor y muerte. El País Vasco, al menos el País Vasco no nacionalista, vive realmente acojonado por el terror. Guste o no reconocerlo, en Euskadi la gente aún observa escondida detrás de los visillos al villano que acaba de matar, que acaba de atentar, que acaba de lanzar un molotov. Con héroes anónimos la kaleborroka no habría campado a sus anchas. Vecinos, conocidos, amigos y familiares prefieren desinhibirse de lo que oyen, ven o conocen. ¿No es eso complicidad por omisión?

Sabemos que no es fácil tener madera de héroe en medio del fuego que todo lo arrasa. De ahí nuestra profunda admiración a los políticos vascos, populares y socialistas, a las Marías Sangil, a los Javier Rojo, que plantan cara al terror cada día. Pero reconozcámoslo sin ambages: una sociedad sin héroes anónimos no es una sociedad libre, es una sociedad amedrentada.

Un juez vasco
Editorial El País 8 Noviembre 2001

Un magistrado vasco de origen catalán se ha convertido en el primer juez asesinado por los terroristas en el País Vasco. En la larga historia criminal de ETA hay que recurrir con frecuencia creciente a esa primera vez, porque el elenco de las víctimas potenciales sigue ampliándose sin descanso. A José María Lidón lo han matado porque en su persona coincidían dos circunstancias: era un digno representante de un poder del Estado y era un objetivo fácil. Como su nombre no había aparecido en los cada vez más extensos listados de posibles víctimas, el magistrado no llevaba escolta ni adoptaba medidas de seguridad.

Sin embargo, casi todas las primeras veces de ETA tienen sus antecedentes. No se sabe a ciencia cierta por qué la banda no atentó contra miembros del Poder Judicial en Euskadi cuando lo estaba haciendo en otras partes de España. Pero, como recordó ayer un prestigioso magistrado, sí se conocen los pasos previos seguidos hasta que los miembros del Poder Judicial en el País Vasco fueron declarados 'objetivos preferenciales', en los últimos meses de 1999. Dos años antes, un sindicato de abogados y otras organizaciones vinculadas al entorno de Herri Batasuna lanzaron una campaña de suspensión de juicios con el pretexto de que el uso de intérpretes de euskera en las vistas vulneraba los derechos de sus defendidos y comenzaron a señalar a los jueces que adoptaron medidas sancionadoras contra los boicoteadores.

Lamentablemente, la campaña contó con la complacencia del nacionalismo gobernante en Euskadi, más sensible, al menos en aquella etapa, al señuelo lingüístico colocado que al propósito declarado de deslegitimar al Poder Judicial por su condición de 'extranjero'. Las amenazas directas, las listas y los intentos de asesinato llegaron a continuación.

La lucha contra el terrorismo es una carrera de fondo en la que hay que evitar por igual el triunfalismo y el pesimismo. Al éxito de la desarticulación, anteayer, de la infraestructura del comando Madrid puede suceder la conmoción de un nuevo asesinato. Pero esta respuesta forzada de ETA no impugna la realidad de que, en lo que va de año, ha perdido 16 grupos operativos y casi un centenar de activistas y colaboradores, y se ha quedado como una trágica excepción en Europa.

El consejero vasco de Interior, Javier Balza, afirmó ayer que los asesinos de José María Lidón serán perseguidos de forma 'implacable' hasta su puesta a disposición de la justicia. Y los compañeros del magistrado han asegurado que serán capaces de juzgarles ' imparcialmente'. El desistimiento de los terroristas se producirá cuando interioricen que éste es el destino que les espera. Y también cuando la solidaridad que el nacionalismo no violento traslada a las víctimas del terrorismo le lleve a anteponer la derrota de ETA a la resolución de ese supuesto 'contencioso' en nombre del cual los terroristas asesinan y coaccionan exclusivamente a los no nacionalistas.

«Todos vosotros sois Tagle»
Por Luis Ignacio PARADA ABC 8 Noviembre 2001

«Vosotros, los jueces de esta Audiencia, tenéis una gran responsabilidad en la situación de excepción que vive Euskal Herria. Por eso, para nosotros, todos vosotros sois Tagle». Lo dijo hace un año el que fuera número uno de ETA, Múgica Garmendia, Pakito, mientras era juzgado por el asesinato de la fiscal Carmen Tagle, ocurrido once años antes. Era una amenaza a los jueces de la Audiencia Nacional.

ETA ha atentado contra militares, policías, políticos, funcionarios, periodistas. Siempre ha buscado sembrar el terror, preparar el terreno a la extorsión, desafiar al Estado para debilitar su firmeza en la represión. Pero con sus ataques y amenazas a fiscales, jueces y magistrados de la Audiencia Nacional pretende algo más. Pretende forzar la renuncia a ejercer sus poderes, conseguir una disposición favorable a que sean instancias autonómicas las que juzguen a los acusados, propiciar un trato comprensivo en sus sentencias.

El magistrado Lidón, asesinado ayer, fue ponente ante el tribunal que condenó a penas de doce y veinte años a los responsables de la muerte de dos personas en el ataque con cócteles molotov contra la sede del PSOE de Portugalete, en 1987. Pero también condenó en 1990 a nueve guardias civiles por torturas al padre de un etarra durante su detención en el cuartel bilbaíno de La Salve. Cuando ETA decide matar no tiene en cuenta si alguna de las sentencias del elegido pudo haberles sido favorable.

En la lista de objetivos del «comando Buruntza» desarticulado hace dos meses aparecían los nombres de 80 miembros de la judicatura. El coche bomba que ETA colocó el mes pasado en el Palacio de Justicia de Vitoria era todo un símbolo.

Los jueces vascos han pedido ayer más protección al Ministerio del Interior y a la Ertzaintza. Saben que en España hay 4.000 jueces indefensos. Y que todos ellos son Tagle.

Muertos de envidia
José A. SENTÍS La Razón 8 Noviembre 2001

La envidia de poder de Eta: ésa es la cuestión. Tener los etarras a su lado, en el País Vasco, unos gobernantes nacionalistas que piensan casi como ellos, pero que no son ellos, ha avivado el ansia de demostrar fuerza a través de la patología del terrorismo. Si Eta la ha tomado con la sociedad, con sus jueces, políticos, funcionarios, es con el único objetivo de obstaculizar la usurpación del PNV en la primacía del secesionismo. El antagonista de Eta no es el Estado opresor, porque nadie se arroga el papel de competidor con aquel a quien no puede vencer. La irritación etarra es con los que comparten su objetivo pero han logrado la cómoda homologación en el sistema, donde se mueven como anguilas por los vericuetos del poder, mientras ellos mascan la clandestinidad. Por ello, no saben qué hacer estos etarras por poner cada día en evidencia al PNV. Lo que sucede es que las patadas a ellos dirigidas pegan en nuestro culo.

Pero que nadie se engañe. Eta no es interlocutora del Estado, sino del núcleo tribal que compite con ella. Lo que sucede es que dispara por elevación, y ha decidido como táctica la creación de permanentes daños colaterales, por odio a lo ajeno, pero también para ridiculizar a su inmediato competidor en pos de la hegemonía nacionalista.

Los etarras son unos asesinos, pero no lo suficientemente imbéciles como para no saber que con la muerte de un juez no acaban con el sistema judicial; como con la (frustrada, por fortuna) de un secretario general de Política Científica no acaba ni con la política ni con la ciencia. Por lo tanto, su planteamiento es otro: pongamos en solfa a quienes se quieren atribuir la iniciativa en el independentismo. Tanto es así, que el pobre lendakari muestra su perplejidad (con ese verbo sincopado que habla a golpes de machete sin la concesión de una miserable subordinada) al decir tras cada barbaridad: «Eta ha atentado contra el proceso, contra el diálogo, contra la negociación». El proceso, ésa es la palabra mágica. El nacionalismo se mueve hacia la independencia y ¿qué hace Eta?: pone palos en las ruedas para humillar el destino histórico del preclaro lendakari.

Pues mira, sí. Eta al PNV no le va a dar ni agua. No va a permitir que los muertos los ponga Eta (desgraciadamente, nuestros muertos) y que la renta se la lleve Neguri. El diagnóstico del PNV es una falacia, siempre la misma: si Eta ve que hay avances soberanistas, dejará las armas. Para Eta, la cuestión es la contraria: si los hay sin armas, la victoria es del PNV. Por lo que conviene mantener las armas. Sólo si el PNV deja de ser competidor de Eta en la vía independentista, y se pasa al bando que algunos llaman constitucional, es decir, español, Eta dejará de tener esperanzas y se verá obligada a negociar la entrega de las armas. Entretanto, la envidia de poder de Eta escribirá con sangre la partitura secesionista.

Cazadores furtivos
Lorenzo CONTRERAS La Razón 8 Noviembre 2001

Va a ser difícil no pensar que Eta se halla, con todas sus debilidades a cuesta, en un comienzo de nueva ofensiva. Un día después de la masacre que estuvo a punto de ocasionar en la madrileña calle Corazón de María, ha asesinado en Guecho a un magistrado de la Audiencia de Vizcaya. Hace algún tiempo que, de manera casi contínua, a la banda se le ha acabado aquella impunidad que tanto irritaba a la opinión pública. En Madrid, ahora, ha sufrido el golpe más inesperado que podía imaginar, proveniente de un ciudadano con sangre fría y demostrado valor que supo y quiso seguir a los autores del atentado. Pero alimentar la ilusión de que el terrorismo etarra se acaba no deja de ser una tendencia retórica de la literatura oficial. El atentado de Guecho, por afectar a la casi siempre dócil magistratura vasca, abre un frente que estaba inédito. Hacer justicia en el País Vasco era y posiblemente sigue siendo una de las tareas más difíciles y espinosas cuando los intereses etarras pueden estar concernidos. A partir de este asesinato se puede temer su especial peligrosidad y riesgo. Aviso a navegantes en un espacio jurisdiccional demasiado pequeño y controlable. No se olvide que la Audiencia Nacional se inventó en parte para liberar a la Justicia vasca de enjuiciar y penalizar delitos de terrorismo. De todos modos, el magistrado asesinado había formado parte del tribunal que condenó a diez años de cárcel a dos bárbaros de la «kale borroka», y de ahí ha podido venirle esta dura consecuencia.

En las actuales circunstancias, Eta se encuentra dispersa, posiblemente en vías de desmantelamiento, ciertamente aislada. Si el PNV no la reconduce hacia una nueva tregua, que por desgracia la reorganizaría, y que no se puede descartar, su línea presente y futura es la de disparar a discreción, ir al bulto de los frentes previstos, del mismo modo que los cazadores furtivos quedan al acecho de lo que vuela cerca o pasa por allí.
Peligroso asunto, sin duda, aunque los estrategas de la seguridad se feliciten de la deriva que los terrorismos «menores» empiezan a sufrir después del 11 de septiembre. Tras a detención de los autores del atentado de la calle Corazón de María se da por desarticulado el hasta hoy inaprehensible «comando Madrid» de Eta. El problema es saber qué se entiende por «desarticulado», que probablemente no significa desaparecido ni implica la inoperancia de los desbandados. Otra cosa es la reducción de su eficacia.
Si en la sociedad vasca hubiera la capacidad de delación y de colaboración ciudadana que existe en Madrid y tal vez en muchos otros puntos de España, Eta lo pasaría aún peor. Pero Euskadi, con toda su Ertzaintza todas las proclamas de los nacionalistas «no violentos», sigue siendo la «cantera» regeneradora a través de sus diversos sistemas de reclutamiento social.

Servidores del Estado
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 8 Noviembre 2001

Intentar asesinar a Juan Junquera es decirle a esta sociedad que Eta está dispuesta a destrozarnos empezando por los más honrados y los más abnegados trabajadores. Y, como eso no era suficiente, mataron al magistrado que fue capaz de enfrentarse a ellos. Este es el modo en el que el nacionalismo vasco nos enseña su identidad. Ibarretxe le ha pedido a Aznar que si va al País Vasco hable de paz como cuando está entre Arafat y Simon Peres ¿Cuándo se le ocurrió eso? Ibarretxe tiene un grave problema de orden público en la región vasca, que es donde tiene el deber de administrar, y su problema con la delincuencia no se soluciona en mesas de paz como la guerra entre palestinos y judíos. No confundamos los conceptos. La megalomanía conduce al ridículo en todos los casos.

El País Vasco es una de las regiones más importantes de España, con una lengua propia que filológicamente es un tesoro, con una cultura y unas identidades que conforman su idiosincrasia que siempre han sido admiración entre los españoles, y con una gente estupenda. Pero cuando se confunden los términos, y el presidente del gobierno regional se cree con capacidad para hablarse de igual a igual con los jefes de Estado del mundo entero, hace un flaco favor a las gentes de las que administra sus recursos económicos. Ser presidente del Gobierno del País Vasco es muy importante, pero no tiene nada que ver con ser presidente de Rusia, ni de Estados Unidos, ni de España. En algún libro de anécdotas, se relata que el corresponsal de un periódico español en la antigua Unión Soviética empezó su primer artículo diciendo: «Señores del Kremlim, les voy a dar un consejo », lo que causó rechifla en la Redacción por su arrogancia. Pues eso.

El final de ETA
JOSEP RAMONEDA El País 8 Noviembre 2001

Lo propio del terrorismo es expandir el terror. El terror es sórdido, carece por completo de épica, es una forma de frenesí interior, es este 'dolor desconocido, este no saber dónde está el camino' que describía ayer Xavier Vidal-Folch. El terror, como decía Heidegger, tiene que ver con algo esencial en la manera de ser de la humanidad: la angustia. De algún modo es una actualización de la angustia, que emerge en la escena pública. El peligro puede ser un factor de cohesión, el miedo paraliza, pero el terror disgrega, porque la angustia tiende a orientarnos hacia el mundo propio, a buscar la mónada interior en que replegarnos. El terrorismo especula con esta potencialidad desocializadora del terror. En cierto modo, la actuación del ciudadano que en Madrid siguió a los terroristas hasta que la policía los detuvo restableció el equilibrio social amenazado por la angustia. Al hacer de este ciudadano un héroe, la prensa reconocía su contribución al bienestar psicológico de la comunidad.

ETA busca objetivos fáciles: personas que difícilmente pueden imaginar que los terroristas estén pensando en ellos, con lo cual ni llevan protección ni toman precauciones. Probablemente la precariedad de la organización, cuyos comandos están cayendo con enorme facilidad en los últimos meses, no permite operaciones más selectivas. Pero esta sensación de amenaza indiscriminada -de que cualquier persona puede ser víctima del terrorismo- que se desprende de atentados como los de Madrid y Getxo no hace sino aumentar el terror, salvo que la reacción social, política y policial restaure inmediatamente los efectos de la angustia.

La analogía es un recurso permanente en la sociedad mediática. El inicio de desarme del IRA provocó una oleada de preguntas sobre el futuro de ETA. Los terroristas no tardaron en alejar cualquier esperanza desde el autismo de sus comunicados. Parece como si no se hubiesen enterado o no se hubiesen querido enterar de que ETA se ha quedado sola en Europa, donde es, más que nunca, un arcaísmo; de que está sometida a una presión policial y judicial fortísima, y de que las perspectivas políticas se le están cerrando después del fracaso de Estella, y de que Ibarretxe ha asumido como estrategia seguir reduciendo el espacio batasuno. Ante este panorama, por puro instinto de supervivencia, los etarras deberían dejarlo. Seguir sólo es promesa de más años de cárcel añadidos a los muchos que ya llevan acumulados. Pero la racionalidad es limitada cuando la violencia se adueña de la estrategia de una organización clandestina.

ETA está en uno de sus peores momentos. Ni siquiera tiene un sitio en la lógica del terrorismo globalizado, el de las grandes redes. Apegada al horizonte de lo local, también en el campo del terror se ha quedado atrás, obsesionada en una lucha territorial que poco tiene que ver con el poder actual y las nuevas formas de soberanía. Pero ETA tiene una gran capacidad para agazaparse, para enquistarse. Kepa Aulestia recuerda un dato importante: todas las escisiones que ha tenido ETA se han llevado a la mayoría de la gente fuera de la lucha armada y, sin embargo, ETA ha continuado. ETA ha demostrado hasta ahora gran incapacidad para tomar decisiones contrarias a sus inercias profundas. ETA no tiene mecanismos internos para cambiar el rumbo, ni siquiera un Gerry Adams que pueda enderezarlo. De modo que puede que el final de ETA sea lento, fruto de un sucesivo achicamiento del espacio y de la capacidad operativa, y se cobre todavía unas cuantas víctimas.

De las dificultades de ETA testifican sus propios comandos. Cada vez se nutren más de gente sin experiencia ni cultura política alguna que pasan directamente de la violencia callejera al atentado terrorista. Son gente sin ideología precisa a los que se ha dado una pistola y se les ha dicho que tienen que matar por la patria. Se pasa de gamberro a terrorista sin aprendizaje alguno: como consecuencia de ello, las fisuras en la seguridad de ETA son enormes. Al mismo tiempo, empiezan a aparecer indicios de resquebrajamiento del entorno: a algunos padres les ha entrado el pánico. Cuando sus hijos tienen problemas por la violencia callejera buscan abogados de fuera del universo abertzale. Se empieza así a romper el cerco, el espacio sectario en que violencia, ideología y dinero van juntos y se retroalimentan. La presión sobre el entorno es determinante. Hay demasiada gente que vive directa o indirectamente del terrorismo: cortar el flujo de dinero que ahí llega puede ser decisivo. Los nacionalistas vascos están mejor situados que nadie para romper las murallas de este mundo cerrado, para hacer entender a la gente que esto se acaba porque carece de sentido. Ello se consigue con una acción política decidida y no con ejercicios de teología sobre el diálogo y el alma de los pueblos. Una acción política decidida quiere decir un objetivo claro: la restauración plena de la democracia en Euskadi. Y, sobre todo, comprender y hacer comprender que el mapa político de Europa ha cambiado, que estamos en tiempos de renovación del liberalismo del progreso en que ya no hay lugar para las ideologías de la exclusión.

Para que el estado de precariedad actual de ETA sea preludio de un final y no de una recomposición, es hora de reflexionar sobre las otras ocasiones perdidas. Los otros momentos en que ETA estuvo contra las cuerdas y no se supo terminar con ella. ¿Qué impidió que ETA acabara cuando las conversaciones de Argel? ¿Qué permitió que ETA resucitara después de la tregua? Sin duda, las inercias de ETA son el obstáculo principal. Pero el nacionalismo se ha mantenido siempre en la apuesta aporética de acabar con ETA sin derrotarla, y nadie cortó en el pasado algún hilo negro que pensaba que ETA era el precio para mantener la unidad de España. ¿Podemos dar por rotas estas otras inercias que salvaron a ETA en el pasado?

Decir sin hacer, hacer sin decir
EMILIO LAMO DE ESPINOSA El País 8 Noviembre 2001

Quienes en su momento saludaron con alivio el resultado de las pasadas elecciones vascas tienen en las horas presentes motivo de meditación. Pues ya entonces era evidente que el triunfo del Partido Nacionalista Vasco iba a traer esta política ambigua que consiste en decir una cosa que no se acaba de hacer y hacer otra que no se acaba de decir.

Lo que se dice y se hace a medias es la defensa de la libertad de los ciudadanos vascos que viven amenazados a diario por el terrorismo, amenaza que se extiende a los jueces que defienden esa libertad. El PNV se ha posicionado claramente en contra de la violencia; de hecho, siempre lo hizo. Pero es un decir que va siempre acompañado de todo tipo de disculpas o matices, de modo que las detenciones son 'garzonadas', las asociaciones de presos (léase, asesinos convictos) reciben más ayuda que las de sus víctimas, las extradiciones son siempre discutibles y, por supuesto, el terror se excusa como consecuencia de un conflicto político subyacente. Nadie podría decir que el Gobierno del PNV no participa de la lucha contra el terrorismo, pero nadie podría asegurar que está en la vanguardia de esa lucha, como es su deber.

La política sinuosa tiene su contrapartida en lo que se hace sin decir del todo, pues la otra pata de su política es caminar firmemente hacía la independencia por la vía de la desobediencia civil, pero sin acabar de decir ni el nombre del camino ni el de la meta. Nos encontramos pues ante el punto de inflexión de una trayectoria siempre confusa que, tras prometer lealtad a cambio de poder, utiliza el poder para romper el pacto de lealtad. Es indiscutible que el PNV está en su derecho de solicitar una reforma de la Constitución si así lo desea. Pero sólo los niños creen que basta con tener razón; los adultos sabemos que, además, es necesario ejercerla en tiempo y forma. Y el modo como el PNV ejercita su razón adolece de, al menos, tres objeciones principales.

La primera es que no fue ese el mandato de las urnas. El PNV consiguió enderezar a última hora una malhadada campaña electoral justo cuando Ibarretxe rescató el Estatuto de Gernika del baúl de los recuerdos para tranquilizar al electorado, de modo que fue la supuesta moderación del lehendakari, y no la radicalidad de Arzalluz, lo que salió triunfante. Apoyarse en un mandato para hacer lo contrario no es lógica democrática.

Pero esta burla al electorado es inevitable, y de ahí la segunda objeción al procedimiento: la falta de claridad del objetivo. Ibarretxe sabe bien que la mayoría de los vascos (e incluso de los votantes del PNV) están en contra de la independencia; pero sabe también que la mayoría están a favor de la autodeterminación. Y así ha descubierto que debe plantear una pregunta de procedimiento para llevarse la sustancia. Ahora bien, iniciar un referéndum sobre la autodeterminación sin saber para qué ni de qué se autodeterminan los vascos es una trampa que les hace caminar hacia el abismo sin que se den cuenta de ello.

Pero la tercera objeción es la fundamental. Pues incluso si ganara elecciones con un mandato claro, y clarificara sus objetivos, sigue siendo cierto que Euskadi no reúne hoy condiciones para un diálogo político libre, y sin ese requisito es una burla a la democracia plantear ningún cambio sustancial del statu quo. Los jueces son asesinados; los diputados de la oposición siguen con escolta, al igual que los concejales del PP y del PSOE; y sabemos con certeza que más de dos de cada tres vascos no se atreven a hablar de política. En tales condiciones, pretender avanzar hacia el objetivo de la independencia es, ni más ni menos, que aprovecharse del chantaje de ETA a la población, y esto es una ignominia inaceptable. Contra lo que piensa el PNV, no es la independencia la precondición de la paz, más bien sería el inicio de una guerra civil entre ETA y la Ertzaintza. Todo lo contrario: la paz es la precondición indiscutible para cualquier diálogo político democrático que pretenda superar el actual marco constitucional. No es el PSOE quien debe desmarcarse del Pacto Antiterrorista; es el PNV quien debería sumarse.

Nueva ofensiva terrorista
Por Enrique de Diego Libertad Digital 8 Noviembre 2001

El asesinato del juez José María Lidón en Getxo, a las pocas horas del intento frustrado de asesinar al secretario de Política Científica, Juan Junquera marca con claridad una nueva ofensiva terrorista, que puede manifestarse en nuevos atentados. Junto a la tragedia del asesinato de una persona y el dolor gratuito ocasionado a una familia, ésta es la lectura de la banda terrorista tras el 11 de septiembre. En la menguada internacional terrorista, tras la decisión del IRA, sólo resisten los talibanes afganos y los vascos.

En el atentando contra el Estado de Derecho manifiestan estos asesinos su oposición radical a cualquier principio de libertad. Pero así como el terrorismo islámico es el efecto del integrismo, el de los etarras es producto del nacionalismo. Una de las formas de integrismo.

A la vista de la continuación de los asesinatos y la evidencia de que se trata de personas que van pasando de Batasuna a ETA -como ha vuelto a suceder con la etarra del comando Madrid-, parece imprescindible analizar en serio, de una vez, sin complejos de culpa ni subterfugios, la ilegalización de Batasuna. Si matan, que lo hagan sin tanta facilidad, con más dificultades para financiarse y sin poder mantener su cantera al pairo del Estado de Derecho, al que han vuelto a asesinar una vez más simbólicamente.

Las evidencias del nacionalismo
Por Ignacio Villa Libertad Digital 8 Noviembre 2001

El nuevo asesinato de la banda terrorista ETA, nos devuelve a la dura realidad del terrorismo. Pero también nos sitúa ante una certeza política: ETA está peor que nunca, ETA vive a la desesperada, ETA se encuentra acorralada. La situación de la banda terrorista es crítica, pero se agarra como puede a una tabla de salvación permanente que le brinda el nacionalismo vasco. La ambigüedad, el doble lenguaje, el mensaje equívoco y unos objetivos difusos son los componentes de la estrategia nacionalista que sirven de cobertura para la actividad terrorista.

Es una realidad que el PNV se muestra condescendiente en objetivos y en actitudes con los radicales, mientras que con los partidos demócratas se presenta inflexible e intransigente. Con los terroristas ceden, con los demócratas se atrincheran. Una actitud que, además de no pasar inadvertida, se convierte en un gesto de consentimiento hacia la actividad terrorista y su entorno.

El nacionalismo vasco ha caído en la permanente contradicción de condenar los atentados con la palabra, y al mismo tiempo ofrecer con los hechos una comprensión plena sobre los objetivos del terrorismo. El nacionalismo se ha ido deslizando paulatinamente hacia las mismas pretensiones que el radicalismo, coincide en sus fines políticos con los del entorno de ETA, un entorno que lejos de distanciarse de la actividad terrorista, se muestra ya sin disimulos perfectamente engarzado con la banda etarra.

Cada asesinato de ETA coloca al PNV ante su triste realidad. Sitúa a todo el nacionalismo frente a su propias debilidades y errores. Es verdad que ETA se encuentra en una situación muy complicada, pero encuentra suficiente apoyo en el PNV como para seguir sobreviviendo. El nacionalismo vasco, preso de los objetivos de Lizarra, es un perfecto escondite para la verdadera crisis de ETA.

Si el PNV rectificara, y al menos volviera a la actitud que muchos de sus dirigentes -no todos- mantuvieron con los sucesos de Ermua, ETA no tendría escapatoria. El PNV, con su actitud, no sólo conformista sino cómplice con los objetivos terroristas, ofrece oxígeno a un enfermo terminal. La responsabilidad política de esta larga y asesina agonía de la banda terrorista recae en el nacionalismo vasco. Esa es la realidad, les guste o no les guste. Cada asesinato de ETA declara a gritos la lamentable estrategia del PNV.

El final del espejismo
ALBERTO SURIO SAN SEBASTIÁN El Correo 8 Noviembre 2001

Matar a un hombre no significa ni defender una idea, ni practicar la lucha armada, ni siquiera atentar contra la democracia. Matar un hombre significa matar a un hombre». Esta frase del antropólogo Juan Aranzadi plantea quizá el ángulo humano de reflexión más necesario que nunca tras el brutal asesinato del magistrado José María Lidón cometido en Getxo. Sobre todo en una mañana triste como la de ayer en la que la frialdad de noviembre parecía congelar la imagen de un crimen. ETA vuelve a asesinar tras cuatro meses de silencio y da carpetazo a una fase de repliegue y resistencia tras los importantes golpes policiales que ha recibido. Demuestra que su objetivo es su perpetuación pese a su evidente declive, al rechazo abrumador de los vascos, a la contestación de su entorno y a la crisis estructural que provoca en la izquierda abertzale.

El asesinato de ayer provoca una doble reacción de indignación y frustración ante el enquistado del terrorismo; ETA intenta desprenderse del estigma de debilidad adquirido en los últimos meses. Viene a decir: «Estaremos más débiles, pero aquí estamos, dispuestos a seguir y a continuar haciendo daño». A las horas del frustrado atentado de Madrid y de las consiguientes detenciones, ETA muestra que, a pesar de todo, conserva una imprevisible capacidad de respuesta. Intenta contrarrestar así la hipótesis de un agotamiento por desestimiento que había comenzado a emerger ante la ausencia de acciones de los últimos meses, una falsa y aparente calma a veces alimentada desde la frivolidad o la incontinencia propagandística. La brutalidad de ayer pretende zanjar este perfil a la defensiva de los últimos tiempos. El trasfondo de este fin del espejismo sigue siendo una demoledora guerra de posiciones que encadena a la situación vasca a un exasperante desgaste, una partida viciada de origen.

En esta ocasión, ETA vuelve a atacar al Poder Judicial. Los hechos confirman las especulaciones más pesimistas, que este mundo obedece a una cruel coherencia y si no actúa es porque no puede. El atentado se produce tras la operación contra los dirigentes de las Gestoras pro aministía y hay quienes interpretan que se trata de la particular réplica de la organización terrorista. No sabemos casi nada de lo que pasa en ETA, pero comprobamos que se encuentra muy ajena a la influencia irlandesa, a una evolución posibilista hacia el final de las armas. Sigue anclada en su burbuja de irredentismo fanático, aislada del mundo y de sus cambios tras el 11 de septiembre, en una hermética y mítica percepción de la realidad que se empeña en destruir el legítimo y democrático marco institucional, alejada de la efervescencia de la izquierda abertzale, en la que hace tiempo que se advierten síntomas de cansancio ante la violencia y en donde, sin éxito, un sector aboga por un cambio estratégico ante el fracaso político que provoca la «lucha armada». ETA no sabe cómo salir del atolladero de su aislamiento, entre la inercia numantina de quien opta por la autoinmolación y a la vez ha decretado su particular ‘fatwa’ de exterminio. Una escalera del horror en la que se siguen subiendo peldaños hasta el abismo final. Una vez constatado que la dinámica de bloque nacionalista no le sirve, ahora no cierra la puerta a la negociación con el Estado, recuperando una vieja táctica vigente hasta mediados de los años noventa. Sabe que no va a ganar pero no se plantea terminar con la presión armada porque quiere demostrar que puede condicionar el futuro.

El riesgo del fatalismo
El terror intenta poner al descubierto las contradicciones democráticas. Es posible que este asesinato ponga sobre la mesa el recurrente debate sobre la protección de los miembros del Poder Judicial e, incluso, permita que aflore lo lacerante que supone que unos cuantos miles de personas en el País Vasco se vean resignados a convivir con escoltas y digerir en su vida cotidiana este factor de anormalidad. Resulta hiriente asumir el terrorismo como un fenómeno que el sistema puede metabolizar como los accidentes de tráfico, como una fría estadística de cifras que se ve devorada por el vértigo efímero de la actualidad. A veces desde la izquierda abertzale se contextualiza con cinismo la violencia como un accidente fortuito, que genera daños colaterales, como si no tuviera una autoría consciente y deliberada. El sentimiento de lo inevitable -«a veces pasan estas cosas», relataba ayer desolado un compañero del asesinado- es el peor de los derrotismos, un fatalismo del desánimo ante el que hay que rebelarse.

Para evitar esa indiferencia letal, hace falta superar el enfrentamiento político y que la ciudadanía recupere un referente claro y firme. Una sociedad a la que le asaltan crecientes dudas, que percibe mensajes contradictorios, que ve que «esto no se acaba», a la que se le pide resistencia, pero a la que se le transmite un desbarajuste desde su clase dirigente, un intercambio de reproches sobre quién tiene mayor grado de responsabilidad. La mezcla de la desorientación e impotencia política con la reaparición del terrorismo constituye el peor disolvente de la moral ciudadana. No se trata de explicar de forma simplista la existencia de ETA como una expresión de un supuesto conflicto de fondo que habría que resolver. Esto encierra una trampa maniquea porque los problemas políticos son inherentes a las sociedades complejas y no deben servir como coartadas ideológicas de la perpetuación del crimen ni justificar los medios en nombre de un Absoluto, como las guerras de religión que asolaron Europa o la cruzada de Bin Laden.

Pero defender que no debemos pagar un precio antidemocrático para la paz tampoco nos puede convertir en esfinges de piedra ante el drama. Por eso tenemos dudas. Nos preguntamos si ETA renunciará algún día a las armas por la vía del desestimiento, como se asegura cuando se nos aconseja que no perdamos la esperanza. Nos preguntamos por qué a estas alturas a este fenómeno terrorista se le mina, pero no se le elimina sólo mediante la aplicación del principio de legalidad, a través de la policía y del derecho. Nos planteamos por qué esas medidas son muy necesarias pero quizá insuficientes para abordar también el caldo de cultivo social e ideológico que ha hecho posible durante años la reproducción de ETA. En nuestras escasas certidumbres intuimos que algo más hay que hacer, que a la sociedad hay que ofrecerle un proyecto nítido, y no sólo palabras, que hay que reconstruir consensos futuros con paciencia histórica, y saber reemplazar con afectos la dialéctica del odio por la del encuentro, y que ni la inteligencia ni el pragmatismo son incompatibles con la firmeza y la calidad democrática. Y que jamás podemos relativizar el horror como un ritual cíclico o un desastre de la naturaleza. Nunca podremos acostumbrarnos ante la muerte arbitraria de un hombre. Entender el asesinato como una lotería rutinaria que se banaliza en los telediarios sería una insoportable inmoralidad, una victoria tácita del odio, del miedo, de la mentira y de la ignorancia, ingredientes que abonan el terreno en el que hunde sus raíces el terror totalitario de ETA.

Asesinar el Derecho y la bondad
Editorial El Correo 8 Noviembre 2001

El asesinato del magistrado y catedrático José María Lidón enlutó, en la mañana de ayer, a la sociedad vasca y a la española, y muy especialmente al mundo de la judicatura y la universidad. La saña con que dos activistas de ETA procedieron a arrancarle la vida a un hombre esencialmente bueno en presencia de su esposa y convirtiendo a sus hijos en testigos de su último aliento retrata la ignominia de una crueldad que no encuentra otro límite que su propia capacidad para seguir matando. Al día siguiente de que Madrid fuese, a la vez, el escenario del horror terrorista y del compromiso cívico frente a la barbarie, ETA quiso demostrar que su propósito asesino es impermeable a los anhelos de paz y tranquilidad que laten en el corazón de la ciudadanía. Con el asesinato del juez concienzudo y del profesor bajo cuyo magisterio han pasado casi treinta promociones de la Universidad de Deusto, ETA pretende hacernos recordar que todos sus frentes están abiertos para atenazar y violentar el sentir de los vascos hasta que estos se avengan a cumplir con sus exigencias. Para ello le es necesario demostrar que nadie se encuentra a salvo de sus bombas y de sus balas, tratando así de sumergir a sectores importantes de la población en un clima de inseguridad permanente.

Sin embargo, a lo largo de los últimos meses, las sensaciones de fatalidad que irremisiblemente acompañan a cada atentado terrorista se han visto en buena medida compensadas por los continuos reveses que ha sufrido la banda armada. Por eso mismo, es indudable que con los últimos atentados ETA persigue un doble objetivo. Por un lado, pretende acallar toda disidencia o desánimo en la izquierda abertzale con el único argumento que conoce: realimentando a base de atentados el bárbaro delirio que envuelve a sus entornos. Por otro lado, y de forma imperiosa, necesita demostrar -y demostrarse a sí misma- que la acción policial y judicial no son suficientes para acabar con la violencia en Euskadi. A partir de ahí, ni los responsables políticos ni la opinión pública deben dejarse enredar en la especulación sobre futuribles. La voluntad de ETA se muestra imperturbable, y seguirá asesinando siempre que pueda hacerlo. La primera obligación de las instituciones es, precisamente, reducir al máximo sus posibilidades de acción garantizando la seguridad de los ciudadanos y persiguiendo de forma implacable a los ejecutores materiales, y a los instigadores, cómplices y encubridores de los crímenes terroristas. Hoy por hoy no existe ningún otro asidero para la esperanza.

La inquina fanática de ETA no deja resquicio alguno para la duda. Ningún responsable político o líder de opinión puede refugiarse en la ingenuidad fingida y alentar falsas esperanzas respecto a la conmiseración de quienes desde las filas de Batasuna y demás organizaciones afines explican el asesinato sistemático y la persecución ideológica en Euskadi como el resultado de un conflicto del que ellos mismos quieren presentarse como víctimas. Quienes ayer asesinaron con absoluta frialdad a un hombre entregado a dos de las más nobles tareas que pueden existir en una sociedad abierta -administrar Justicia y transmitir los valores del Derecho- participan de la misma cobardía de que hicieron gala horas después los concejales de Batasuna en el Consistorio getxotarra, absteniéndose ante la condena de tan abominable crimen, esgrimiendo para ello las argucias del cinismo y la obcecación sectaria. En momentos como éste es cuando se evidencia que la sociedad y sus representantes no se muestran suficientemente severos y exigentes hacia la izquierda abertzale. Las propias fórmulas de expresión pública de condena y de participación ciudadana en la repulsa del asesinato tienden a amortiguar la contundencia que requerirían tales crímenes por parte de una ciudadanía leal a sí misma.

En demasiadas ocasiones las instituciones tienden a presentar el terror cotidiano que padecen tantas y tantas personas en el País Vasco y fuera de él más como una excepción deplorable, pero pasajera, que como una lacra permanente que exige centrar todas las energías de la sociedad democrática para lograr erradicarla. Basta repasar, sin más, los compromisos de acción recogidos en la declaración interinstitucional promovida por el lehendakari Ibarretxe para llegar a la conclusión de que «la respuesta institucional y unitaria frente a los atentados y asesinatos» se reduce a menudo a la rutina de esos quince minutos de concentración silenciosa que en realidad disuaden de propiciar iniciativas más explícitas, comprometidas y participativas de repulsa y condena del terror; que «los espacios públicos» en Euskadi siguen plagados de «manifestaciones gráficas que atentan contra la seguridad y la libertad de las personas»; que, a la luz de los hechos, «los mecanismos de coordinación y de información para prevenir los actos de violencia callejera o de violencia de persecución» se muestran insuficientes o ineficaces; que el desarrollo de «iniciativas cívicas y de sensibilización social a favor de la no violencia y de la defensa de los Derechos Humanos» no pueden soslayar el principio fundamental de que las intenciones de los asesinos y agresores convierten en imprescindible y prioritaria la defensa de la legitimidad de las ideas de sus víctimas y nunca las de sus verdugos.

El país de las vacantes
Los ataques de ETA han acentuado la movilidad de la plantilla judicial en Euskadi, que ni siquiera fue un destino apetecido durante la tregua
J. MUÑOZ BILBAO El Correo 8 Noviembre 2001

El magistrado sólo se dejó retratar con el rostro semioculto por una mano, en una pose artificial que simulaba concentración en el trabajo, pero transmitía algo muy distinto bajo el titular de la entrevista: «Por primera vez debemos pensar en protegernos de ETA».

Este episodio no se produjo después de la tregua, cuando la organización terrorista incluyó a los jueces destinados en Euskadi en la categoría de ‘objetivos preferentes’. Aquel reticente y joven magistrado, originario de Castilla y León y estudiante de euskera, decidió cubrise la cara en 1997, después de recibir un cursillo de autoprotección de la Ertzaintza que transformó el temor difuso generado por los atentados contra las sedes judiciales en una agobiante certeza. «Cuanto menos vean mi rostro, mejor», se despidió.

Un compañero más veterano recordó ayer, tras el asesinato de José María Lidón, que en 1997, cuando se desató la polémica sobre el euskera, la Policía contabilizaba cuatro jueces amenazados en la comunidad autónoma, pero ahora suman 74 sobre una plantilla aproximada de 190. En realidad, a esta última cifra hay que restarle la treintena larga de vacantes sin cubrir que sitúan a Euskadi en la cola de los destinos apetecidos por los aspirantes recién salidos de la Escuela Judicial. Hace tres años, tres juzgados guipuzcoanos y uno vizcaíno ocuparon los últimos lugares en la lista de preferencias. Una juez tomó posesión de su cargo en Tolosa y a las 24 horas lo abandonó para irse a la Fiscalía.

Ni siquiera la tregua convirtió al País Vasco en un destino atractivo en 1999. Mientras los alumnos con mejores expedientes se inclinaron por las plazas libres de Cataluña y Andalucía -donde más vacantes había- , el juzgado de instrucción de Azpeitia fue escogido por el candidato 148, el de Balmaseda por el 156 y el de Eibar por el 163. Bergara y Gernika ocuparon mejores posiciones, pero siempre alejadas de las de cabeza: 55 y 59, respectivamente. Hubo incluso dos jueces originarios de Euskadi que eligieron destino en otro sitio.

Factores personales
La situación empeoró un año después. La última memoria del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco reveló que, durante 2000, se marcharon 19 jueces y advirtió de que los asesinatos y la violencia de persecución ejercidos por ETA tras la tregua se había convertido en el principal motivo de inestabilidad de la plantilla judicial. El territorio más afectado por el éxodo era Vizcaya, donde nueve magistrados hicieron las maletas, seguido de Guipúzcoa, con seis, y Álava, con cuatro.

La memoria no dejó ningún resquicio a la interpretación política y recalcó que, en la decisión de mudarse de juzgado, cada vez influían menos los factores personales y «ganaban en intensidad» las «particularidades sociales y políticas»; un eufemismo que cobró forma este año con la voladura del centro de menores de Zumárraga, el atentado contra el palacio de Justicia de Vitoria y, la semana pasada, con la alarma lanzada por la cúpula judicial ante la profusión de jueces incluidos en las listas del comando Buruntza.

La movilidad de la plantilla judicial vasca -la más alta de España, junto con la de Canarias y Cataluña- siempre ha sido sensible a las escaladas de atentados, pero nunca fue puesta a prueba por un atentado contra un juez arraigado en el País Vasco. Por eso, los magistrados curtidos en largos periodos de ejercicio en la comunidad -Lidón era uno de ellos- midieron ayer la templanza de sus colegas durante la protesta convocada en Bilbao. «Creo que van a aguantar», dijo uno de los veteranos.

El proceso de modernización de la Administración judicial vasca, en el que se han empeñado el Gobierno de Vitoria, va a depender, precisamente, de que no se produzca una desbandada. El año pasado, 23 juzgados bilbaínos -es decir, la mitad- funcionaron con un suplente, una figura que provoca grandes recelos en la judicatura y quejas entre los abogados. A medio plazo, la planta judicial vasca necesitará unos 60 jueces más para dictar sentencias penales y civiles. ¿Quién las cubrirá?

El Príncipe y Estella, contra Eta
Editorial La Razón 8 Noviembre 2001

El asesinato del magistrado José María Lidón ensombreció ayer una jornada de buenas noticias, con la alegría general por la desarticulación en la víspera del llamado «comando Madrid», la histórica visita el Príncipe de Asturias a la ciudad de Estella como parte de su viaje a Navarra y, en Madrid, la solemne toma de posesión ante el Rey de los miembros del Consejo General del Poder Judicial. El brutal asesinato del magistrado de la Audiencia de Vizcaya, perpetrado ante su mujer y su hijo, tiñó de dolor el día, pero evidenció que no puede alterar el curso de los acontecimientos. Sólo dejó claro que no hay otra salida frente a una banda de delincuentes como ésa que la insistencia en la persecución policial y judicial, a sabiendas de que los asesinatos pueden acabar con la vida de las personas, pero no con las sociedades ni con los valores democráticos.

Se debe, no obstante, reflexionar acerca del nuevo asesinato para evitar que tenga la más mínima utilidad a los fines de la banda. Con el mundo entero levantado en armas contra el terrorismo, cada nueva actuación de los asesinos les adentra en un callejón sin otra salida que la cárcel. Asesinar a un magistrado que carecía de escolta no cambiará un milímetro la determinación de los jueces empeñados en combatir el terror. Es más, si alguno hubiera flaqueado por miedo, ver a su compañero asesinado ha servido para rearmarlo moralmente. De ahí que varias decenas de jueces vascos suscribieran un comunicado para manifestar su compromiso con la justicia y garantizar un juicio imparcial a los asesinos de José María Lidón.

El crimen debe también examinarse en el País Vasco porque es la Consejería de Interior la que debe garantizar la seguridad de los trabajadores de la Administración de Justicia (ellos mismos habían solicitado protección).

La indefensión debe acabar, como debe terminar la ambigüedad. Y ello corresponde al Gobierno vasco. La lucha contra el entramado etarra, incluidos sus brazos «legales» debe ser implacable. Sin excusas.

La barbarie asesina no altera los actos públicos de los ciudadanos y sus representantes, salvo para unir a todos los demócratas en la indignación por el crimen y en el respeto y el dolor por las víctimas, que se traduce en la convicción en la lucha contra los terroristas y sus cómplices. Éste fue el mensaje que Don Felipe de Borbón expresó en su segunda jornada en tierras navarras. Don Felipe, en su calidad de Príncipe de Viana, visitó la localidad de Estella, donde fue aclamado por los vecinos. Una imagen para la historia que debe acabar con la vinculación propagandística que el nacionalismo hizo del nombre de Estella, al convertir a la noble ciudad en escenario de un ominoso pacto secesionista que se firmó en Navarra como símbolo del deseo de anexión de la Comunidad Foral por los nacionalistas vascos.

ETA venga sus fracasos matando al juez que impuso la mayor condena por 'kale borroka'
GUILERMO MALAINA / DIEGO ARTOLA 8 Noviembre 2001

Dos terroristas a cara descubierta dispararon cinco veces contra el magistrado José María Lidón cuando salía en su vehículo del garaje de su casa en Getxo, acompañado de su esposa y sin escolta

La víctima, miembro de la Audiencia de Vizcaya, fue ponente de la sentencia que castigó con 11 años de cárcel un ataque con cócteles molotov y también de otras que condenaron a guardias civiles por torturas

La jefa del comando desarticulado en Madrid se hacía pasar por profesora de Primaria y tenía como objetivos inmediatos asesinar al juez Clemente Auger y al colaborador de EL MUNDO Germán Yanke

BILBAO.- ETA vengó ayer sus últimos fracasos matando a José María Lidón, el juez que impuso la mayor condena por actos de kale borroka.

La organización terrorista asesinó por primera vez a un juez que ejercía en el País Vasco, menos de 24 horas después de que el comando Madrid viera frustrado su intento de acabar con la vida del secretario general de Política Científica, Juan Junquera.

A las 7.25 horas, dos terroristas a cara descubierta descerrajaron cinco tiros al magistrado de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Vizcaya cuando éste se disponía a salir, acompañado por su mujer, del garaje de su domicilio, en la localidad de Getxo, para dirigirse a su trabajo.

Lidón fue ponente de la sentencia que castigó en 1997 con 11 años de cárcel un ataque con cócteles molotov. También participó en juicios que terminaron con condenas a guardias civiles por torturas.

Este es el primer atentado mortal perpetrado por ETA desde el ataque del 11 de Septiembre contra EEUU.

Además, el asesinato de Lidón pone fin al mayor periodo sin atentados mortales de la banda desde la ruptura de la tregua, el 28 de noviembre de 1999.

El asesinato del magistrado Lidón coincidió con la toma de posesión ayer del nuevo Consejo General del Poder Judicial, que se desplazó por la tarde a Getxo.

Muchas de las sentencias de José María Lidón tuvieron relevancia pública, especialmente, una dictada en 1997, que condenaba a Daniel Ortiz, a 11 años de cárcel por lanzar dos cócteles molotov contra la Ertzaintza. Este fallo fue duramente criticado por la izquierda abertzale.

Hasta ayer, las dos últimas víctimas mortales de ETA eran el edil de UPN de Leitza José Javier Múgica y el ertzaina Mikel Uribe, asesinados el pasado 14 de julio en sendos atentados. ETA había mantenido hasta esa fecha la macabra media de matar a una persona al mes, aunque actuaba fuera de Vizcaya.

Edil de Durango
Su último asesinato en esta provincia se remontaba a junio de 2000, cuando mató al concejal popular en Durango José María Pedrosa.

El consejero de Interior, Javier Balza, sin obviar esta estadística, atribuyó la autoría del atentado al reconstituido comando Vizcaya. Confirmó también que José María Lidón no llevaba escolta porque su nombre no había aparecido en ninguna lista de objetivos de ETA. Un familiar de la víctima corroboró que ésta no se sentía amenazada, por lo que nunca había solicitado protección.

El magistrado José María Lidón, que además era catedrático de Derecho Penal en la Universidad de Deusto, estaba casado y tenía dos hijos, de 23 y 21 años. Ayer, como hacía todos los días, salió de su domicilio en el barrio de Algorta en el municipio de Getxo poco antes de las 7.30 horas acompañado por su mujer, Marisa Galarraga. Bajaron en ascensor hasta el garaje de la urbanización, y cuando se encontraban a punto de salir del estacionamiento en su vehículo, un Nissan Primera de color blanco, los dos terroristas entraron en el interior del aparcamiento, se situaron frente al vehículo junto a la puerta izquierda y le descerrajaron cinco disparos mortales al juez, que recibió tres impactos, uno de ellos en la nuca. La Ertzaintza encontró los otros dos proyectiles en el vehículo.

Su hijo menor, Iñigo, que en ese momento aguardaba en su vehículo fuera del aparcamiento a unos diez metros del lugar de los hechos, acudió rápidamente al escuchar los disparos y tras encontrarse con la escena de su madre sumida en un shock nervioso y su padre agonizando, subió a su domicilio para llamar a la Ertzaintza y advertir a su hermano mayor de lo sucedido. «Han matado a nuestro padre», le dijo, según comentó después un familiar.

Varios vecinos del inmueble, situado en el centro de esta localidad vizcaína castigada frecuentemente por la kale borroka, explicaron que, tras escuchar las cinco detonaciones de los disparos, se asomaron a las ventanas y vieron cómo dos hombres jóvenes, vestidos con ropa deportiva, huían corriendo por la plaza que da entrada al propio domicilio de la víctima, en la calle Alangobarri, en dirección a la avenida Algortako Etorbidea.

Según una de las hipótesis barajadas, los autores del atentado pudieron coger en ese punto un coche y acceder al vial de enlace a la autopista Bilbao-Behobia en menos de un minuto.

El estruendo de las detonaciones, en todo caso, alteró la calma del barrio. Antes de que llegaran las ambulancias y sin que la Ertzaintza tuviera tiempo de acordonar la zona, varios vecinos bajaron al garaje de la urbanización para ver qué había ocurrido.

Una de las vecinas, que decía conocer a la familia Lidón desde hace más de 19 años, explicó que se vistió inmediatamente para bajar a la calle «porque mi marido acababa de salir también, y me entró el temor».

Al llegar al garaje, se dio de bruces con el drama. Vio primero al menor de los hijos junto a su padre, que se encontraba todavía con vida en el interior de su vehículo con el rostro cubierto de sangre y la cabeza echada hacia atrás. «El hijo no paraba de gritar: "¡que venga alguien, que venga alguien!... ¿Dónde está la ambulancia, que no viene?"», recordaba esta vecina muy afectada por la escena.

Capilla ardiente
Otro de los vecinos del inmueble que acudió al lugar del crimen indicó que, como hacía todos los días, quiso bajar al garaje para coger su vehículo e ir a trabajo: «Y allí me he encontrado a la mujer llorando y los dos hijos. Ha sido terrible».

A los pocos minutos del atentado, una UVI móvil llegó al lugar, aunque para entonces el médico sólo pudo confirmar el fallecimiento del magistrado de la Audiencia Provincial de Vizcaya. Poco antes de las 10 de la mañana, el juez de guardia de Getxo ordenó el levantamiento del cadáver. El cuerpo sin vida del magistrado será incinerado hoy por la mañana en el crematorio del cementerio de Derio, en una ceremonia privada.

La capilla ardiente quedó instalada por la tarde en el Palacio de Justicia de Bilbao. El lehendakari, Juan José Ibarretxe, el ministro de Interior, Mariano Rajoy, el delegado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar y el portavoz del PNV, Joseba Egibar, entre otras autoridades, así como numerosos miembros de la judicatura acudieron a acompañar a la familia.

El consejero de Interior, Javier Balza, avanzó que la Ertzaintza dispone de elementos «importantes» y que confía en que esos datos, facilitados por ciudadanos anónimos, «sirvan para detener a sus autores».

Balza reconoció que tanto la Ertzaintza como las Fuerzas de Seguridad del Estado estaban «preocupadas» por la posible reconstrucción del comando Vizcaya, ya que los últimos atentados y operaciones policiales en este territorio tuvieron lugar hace casi un año. Y, a su juicio, el atentado de ayer confirma la reconstrucción de ese talde.

Según el consejero de Interior, el asesinato de Lidón supone un «salto cualitativo» en la actividad terrorista de ETA, al pasar de atentar contra edificios judiciales, como el Palacio de Justicia de Vitoria, a asesinar a un magistrado. Y recordó que la última víctima de ETA en Euskadi dentro del ámbito judicial, un juez de paz, se produjo en 1978.

En su opinión, el asesinato de ayer obliga a replantear la seguridad de los 300 miembros del Poder Judicial presentes en el País Vasco. Javier Balza transmitió ayer mismo esta idea al presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, Manuel María Zorrilla.

Riqueza de Babel
Joaquín PÉREZ AZAÚSTRE La Razón 8 Noviembre 2001

El tiempo de los aires redentores ha vuelto a contagiarse de sombras que se escapan, sombras que siempre quiebran la frontera de una línea, fibrosa sobre el mundo en el papel, que marca las diferencias más que las proximidades. Hay un éxodo de paquistaníes, armados de venganzas bien cargadas, hacia Afganistán, para unirse a los talibanes, como ha habido otro éxodo, paralelo y menos animado, de columnas de afganos huyendo a Pakistán ante la inminencia de los bombardeos; bombardeos de más de doce horas en su goteo de metralla, que han minado de sal el corazón de los niños.

Mientras esto sucede, mientras los daños colaterales se convierten en cifras, Javier Arzallus se plantea si el terrorismo vasco debe continuar o no, y extiende la duda a sus conciudadanos, que deberían decidirlo mediante un hipotético referéndum. Mientras las bombas de dispersión y fragmentación extienden su lluvia de aristas flameadas por el campo afgano, Arzallus se pregunta sobre la idoneidad o no de otra contienda en la que él, por viejo y por astuto, asistiría desde la tribuna blindada en la que vive. José María Aznar, durante su intervención en la ceremonia inaugural del foro sobre la consolidación democrática, le ha respondido diciendo que es necesario mostrar una firme intransigencia ante los intolerantes, intransigencia que parece muy de moda y hasta refrendada intelectualmente, ya que Doris Lessing ha manifestado, tras recoger el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, su intransigencia frente a las ideologías. Tony Blair, cuya izquierda de hipermercado apenas sugiere el latido tenue de agudos desalientos, se desmarca de esta alta consideración de la intransigencia y afirma que es mejor tener un proceso en el que el diálogo y las negociaciones salgan adelante, a pesar de todas las dificultades, algo que Blair conoce bien, porque ha barrido su casa antes de salir a la calle, armado hasta los dientes, a barrer la casa ajena. Reconoce Blair que debemos afrontar nuestra ignorancia sobre distintos aspectos del Islam desde el punto de vista de Occidente, lo que nos acerca, de nuevo y en sentido inverso, a Doris Lessing: «En España, en ciudades como Córdoba, Granada o Toledo, convivían cristianos, judíos y musulmanes. Lo que ha sido puede volver a ser». La intransigencia no parece muy buena consejera, ni en un lado ni en el otro: en la Universidad al-Azhar, llamada La Sorbona del Islam, más de doscientos cincuenta libros han sido prohibidos por el Gobierno egipcio, en los últimos tres años, a petición de los ulemas universitarios, olvidando que el conocimiento nace de la curiosidad ante lo distinto, y que matar esa curiosidad equivale, finalmente, a adocenar el conocimiento. En la estantería hay sitio para todos, desde la luz de Claudio Rodríguez hasta el Valente más oscuro: conviven como extremos que se tocan.
Lo explica George Steiner en su metáfora lingüística: no hay lengua pequeña, y cuando muere un idioma, fenece en él un enfoque total de la vida, la realidad y la conciencia. Babel no es una maldición, sino la larva primigenia de la creatividad del hombre, diversidad que crece y que decrece, el hombre con mil caras viviendo en una sola.

La riqueza de Babel no es incompatible con una socialdemocracia universal, que es lo que espera para el futuro Mijail Gorbachov, porque las identidades particulares agrandan el espejo en que mirar mañana. Continúa Gorbachov diciendo que la globalización sin Gobierno significa que los fuertes salen ganando y los pobres, perdiendo. El nuevo orden mundial aguarda agazapado tras la esquina. Pero, ¿quiénes y cómo lo integrarán? Gore Vidal nos recuerda que los poderes especiales concedidos a Bush nos llevan por el mismo camino que llevó a la Ley de Plenos Poderes de Hitler en 1933. ¿Dónde quedan los derechos civiles? Esta coalición internacional, capitaneada por USA, tiene un resto de inseguridad jurídica naciendo para el mundo, pero también podría ser el germen de un nuevo orden: la superación del Estado nación y la conquista de un Estado supranacional en el que todas las identidades, afectos y esperanzas, confluyeran en un marco de gobierno internacional no esporádico, sino asentado y garante de los derechos ganados por todos los países de esta tierra, por todas las culturas, por todos los idiomas.

El caballo de Troya y la cocina de mi abuela
Nota del Editor  8 Noviembre 2001

En un caballo, y no precisamente de madera, quiere endilgarnos unas cuantas falacias peligrosas.  Por motivos de espacio, tiempo y orientación de esta página, sólo voy a rebatir el título, y para ello les hablaré de la cocina de mi abuela. La cocina de mi abuela, supongo que era mucho mejor que la que tuvieron muchos de sus antepasados, pero no se parece en nada a la que yo tengo y no puedo dudar un instante en elegir ésta última y no sentir nostalgia alguna por aquélla: había que acarrear leña, olía a ollín, nos ahumábamos con frecuencia, en las tertulias teníamos el frente caliente y la espalda helada, en la comida aparecían con frecuencia puntos de ollín lo que me urgía a reclamar a mi madre por el pronto regreso a otros lares más cómodos, cuando pretendíamos jugar con el fuego, siempre caía algún coscorrón, así que perdida aquella cocina, no siento nostalgia alguna y menos por el enfoque parcial de la vida que me proporcionaba. Cuando muere un idioma, muere algo que ha sido superado. Babel es una maldición, es la malvada creatividad de algunos hombres dedicada a marginar a unos y a aislar a otros para mantenerlos sometidos.
P.D.: Como es lógico, Vd. puede cocinar como quiera, pero le advierto, si me invita a comer y veo puntitos negros de ollín, tendré que  buscarme cualquier excusa para librarme, o sea, que si quiere que le entienda, tendrá que hablarme en la lengua impropia (española), y si no ha tenido la oportunidad de aprenderlo, no problem, hay por ahí otras lenguas impropias que tambien pueden servirnos.

 

Angel Acebes recalca la necesidad de «apoyo y solidaridad» con el mundo de la Justicia en el País Vasco / El «lehendakari» Ibarretxe advierte que «será la sociedad vasca la que acabe con ETA»
Rajoy dice que el País Vasco es como una «dictadura»
El titular de Interior sostiene que, en la colaboración antiterrorista, se ha avanzado más en dos años que en los últimos 40
El Mundo 8 Noviembre 2001

MADRID.- Los partidos políticos reaccionaron ayer con dureza ante el atentado que costó la vida al juez José María Lidón. El vicepresidente primero y ministro del Interior, Mariano Rajoy, pidió ayer al PNV que responda «por qué el País Vasco se ha convertido en el único lugar de la Unión Europea que, en cierta manera, es una dictadura», en alusión a la presencia de la banda terrorista ETA que impide a una persona ejercer su derecho a la libertad ideológica y expresión. Además calificó las subvenciones del Gobierno vasco a Gestoras pro Amnistía de «absolutamente lamentables».

Rajoy recalcó que «se han producido en los últimos tiempos avances importantes en la lucha antiterrorista», y destacó la colaboración internacional, en declaraciones a Onda Cero. «En la Unión Europea se ha avanzado más en el espacio de justicia, libertad y seguridad común en dos meses que prácticamente en cuarenta años», dijo. Además, resaltó la eficacia policial y que la sociedad «mantiene su intensidad, su aversión y su contundencia contra el terrorismo».

En este sentido, el ministro de Justicia, Angel Acebes, visitó en Getxo a la familia del juez Lidón y subrayó que los jueces, fiscales «y todo el mundo del derecho» del País Vasco «seguirá defendiendo los derechos, las libertades y la democracia de todos». Tras mostrar su condolencia a los familiares de la última víctima de ETA, recalcó que el mundo del derecho en el País Vasco está «en una situación de mucho sufrimiento y necesita nuestro apoyo y solidaridad, pero este apoyo tiene que venir, y seguro que va a ser así, de toda la sociedad».

Asimismo, el director de la Guardia Civil, Santiago López Valdivielso, afirmó que «sólo deteniendo comandos no se acaba con ETA» y subrayó que es necesario proseguir aislando y combatiendo los entornos que hacen posible que los terroristas maten.

Al respecto, el lehendakari, Juan José Ibarretxe, se mostró convencido de que «será la sociedad vasca la que acabe con ETA», además de los instrumentos del Estado de Derecho como la Justicia y la Policía. El presidente vasco compareció en el salón de plenos del Ayuntamiento de Getxo acompañado por el alcalde de la localidad, Iñaki Zarraoa, y el diputado general de Vizcaya, Josu Bergara, para expresar la «condena más unánime, profunda y sentida» de las instituciones vascas por este nuevo asesinato.

En Madrid, el Congreso y el Senado interrumpieron sus trabajos para guardar cinco minutos de silencio en señal de duelo por la muerte del magistrado, a cuya familia la presidenta de la Cámara Alta, Esperanza Aguirre, trasladó su «cercanía, condolencia, cariño y comprensión».

El secretario general del PP, Javier Arenas, instó a «no caer en el desánimo», de la misma manera en que ayer no se podía caer en absoluto «en la euforia», y apostó por que la sociedad debe «seguir trabajando con mucha serenidad y firmeza contra este fundamentalismo terrorista».

También el secretario de Libertades Públicas del PSOE, Juan Fernando López Aguilar, destacó que ha sido asesinado un magistrado y por tanto un «servidor» de la Justicia. El presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, planteó la idoneidad de utilizar el Ejército para luchar contra ETA. También pidió la colaboración internacional para acabar con la banda terrorista.

Por su parte, el coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, aseguró que con este atentado ETA ha demostrado una vez más su «desprecio absoluto hacia los Derechos Humanos».

La Ejecutiva del PNV de Vizcaya expresó su «más absoluta repulsa y condena por el atentado» y mostró su «repudio» a lo que representa ETA. El presidente del PNV, Xabier Arzalluz, señaló que los terroristas «han ido al objetivo más fácil, al que no llevaba escolta» y que el atentado puede ser una respuesta a las detenciones del juez Garzón.

El secretario de Organización de EA, Rafael Larreina, afirmó que «las actuaciones de ETA no tienen ninguna razón de ser», y aseguró que el «único servicio a la sociedad que puede hacer ETA es dejar de actuar».

El presidente del Grupo Parlamentario del PP en la Cámara vasca, Jaime Mayor Oreja, se mostró convencido de que con el asesinato cometido ayer, ETA quiere «esconder el fracaso histórico de anteayer en Madrid».

El presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, consideró que «es el momento de exigir firmeza democrática para aislar a estos criminales», por lo que instó al PNV a «desalojar a Batasuna» de los ayuntamientos.

EEUU y Francia también se sumaron a la condena del atentado. Así, el país galo reafirmó «más que nunca» su «firme determinación» de luchar contra el terrorismo, según un portavoz del Ministerio de Exteriores.

Dañinos para la libertad
Cartas al Director ABC 8 Noviembre 2001

Los miserables cobardes de ETA se han vuelto a manifestar de la única manera que saben: con el coche bomba (en Madrid) y con el tiro en la nuca (en Guecho). Algunos miserables cobardes de la «progresía nacional» (los «tontos útiles» que diría Sabater, o quizá no tan «útiles») seguirán empeñados en dialogar con estos asesinos, torturadores o como queramos llamarlos. Por desgracia, no se dan cuenta de que lo que realmente busca ETA es dividir a los que verdaderamente estamos contra el terror. ETA es fascismo, y el fascismo es totalitario, lo quiere todo a cambio de dar nada. Quieren Navarra, sin importarles que los navarros rechacen su integración en la Gran Euskal Herría. Quieren a los presos en la calle, sin importarles que estén en la cárcel por haber cometido horribles asesinatos. Quieren la independencia, sin importarles que en un hipotético referéndum salieran derrotados. Dicen que reconociendo al pueblo vasco (¿y navarro?) el derecho de autodeterminación ETA perdería toda legitimidad. Lo mismo se oyó cuando llegó la democracia, cuando el PSE cedió la lendakaritza... Qué ilusos, pero a la vez qué dañinos para la libertad. David Miranda Riera. Barcelona.

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