AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 9 Noviembre   2001
#El Gobierno lleva al TC el decreto sobre euskera en la Justicia
MADRID. ABC 9 Noviembre 2001

#Por qué lo hice
Madrid  EL PAÍS  Noviembre 2001

#Compromiso ciudadano
Editorial El Correo  9 Noviembre 2001

#Seria advertencia de la UE al PNV para que no vuelva a las andadas
Impresiones El Mundo  9 Noviembre 2001

#Las identidades peligrosas
Ignacio CAMACHO ABC  9 Noviembre 2001

#Ser libre
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 9 Noviembre 2001

#Quo Usque?
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 9 Noviembre 2001

#RNE y TVE, nuestras tristes CNNs
ANTONIO BURGOS El Mundo 9 Noviembre 2001

#Malas noticias
Jaime CAMPMANY ABC 9 Noviembre 2001

#Dejemos En Paz Al Heroe Para Que Siga Siendo Anónimo
Editorial El Mundo 9 Noviembre 2001

#Un héroe urbano
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 9 Noviembre 2001

#Actitud cómplice
Ramón PI ABC 9 Noviembre 2001

#Mayor Oreja tenía razón
Ignacio Villa Libertad Digital 9 Noviembre 2001

#El frente judicial vasco deja de estar exento
Lorenzo Contreras La Estrella 9 Noviembre 2001

#COSA VASCA
RAMÓN CHAO La Voz  9 Noviembre 2001

#Matar por matar
XABIER GURRUTXAGA El Correo 9 Noviembre 2001


El Gobierno lleva al TC el decreto sobre euskera en la Justicia
MADRID. ABC 9 Noviembre 2001

El Gobierno planteará ante el Tribunal Constitucional un conflicto positivo de competencias en relación con determinados preceptos de un decreto aprobado por el Ejecutivo de Juan José Ibarretxe el pasado mes de junio sobre medidas para la normalización lingüística en la Administración de Justicia del País Vasco. El Consejo de Ministros aprobó ayer un acuerdo por el que se considera no atendido el requerimiento de incompetencia que formuló hace algunas semanas al Gobierno vasco sobre ese decreto, con el que se pretende que en el plazo de diez años el cuarenta por ciento de la plantilla acredite un determinado nivel de conocimiento de euskera.

El Gobierno considera que la Comunidad del País Vasco ha extralimitado sus competencias y ha invadido la prerrogativas estatales al regular mediante una norma autonómica una materia que corresponde en exclusiva al Estado. Añade que el decreto vasco establece la práctica obligatoriedad de un determinado nivel de conocimiento de euskera para la provisión de puestos de trabajo de la Administración de Justicia en el País Vasco.

Por otra parte, el Consejo de Ministros acordó conceder la Gran Cruz de la Orden de Raimundo de Peñafort a título póstumo al magistrado de la Audiencia Provincial de Vizcaya José María Lidón, asesinado el pasado miércoles por ETA en la localidad de Guecho. En su reunión, el Ejecutivo acordó también solicitar a Francia la extradición a España de Alberto María Ilundain Iriarte por delitos de asesinato terrorista y estragos, y de Ohiane Errazquin Galdós, por delito de asesinato terrorista en grado de tentativa.

LA ETARRA ALEMANA
Por otra parte, el juez de la Audiencia Nacional Carlos Dívar ordenó ayer el ingreso en prisión incondicional por pertenencia a banda armada de Petra Elser, extraditada horas antes por Francia, porque en 1994 formaba parte, junto con Ignacio Echevarría Martín, alias «Mortadelo», del «comando Madrid» de ETA, informaron fuentes jurídicas.

Elser, que nació en Frankfurt, fue detenida en Francia en noviembre de 1996, con el entonces presunto responsable de los «comandos» de ETA, Juan Luis Aguirre Lete, alias «Isuntza». Los tribunales franceses la condenaron a 30 meses de prisión por sus labores de apoyo a la banda terrorista. La Justicia española solicitó a Francia su extradición por dos causas.

Por qué lo hice
Madrid  EL PAÍS  Noviembre 2001

El ciudadano que persiguió a los dos etarras del comando Madrid que huían de la calle Corazón de María el martes pasado tras hacer estallar un coche bomba y que permitió con ello su captura ha decidido explicar públicamente su sorprendente acción. Para ello, ha escrito una carta abierta que ayer leyó el alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano. Éste es su contenido:

'Por qué lo hice. Quienes me conocen no dejan de hacerme esta pregunta, y a ellos ya les he contestado. Quiero ahora desde estas líneas responder a quienes no me conocen y, exageradamente sin duda, no dejan de calificarme como 'héroe' y 'ciudadano ejemplar'.

No soy ni policía jubilado ni ex miembro del Cesid, como he llegado a escuchar; soy un civil, lo he sido siempre -salvo mi etapa de milicia universitaria-, tengo esposa e hijos y gracias a Dios, llevo una vida y un trabajo normal; todo ello vale lo suficiente como para darme cuenta de lo mucho que hubiera podido perder, pero ahora soy consciente de que valió la pena mi esfuerzo.

Son ya muchas, por desgracia, las ocasiones en las que rabia, impotencia y emoción han sido los únicos sentimientos que he podido tener ante la brutalidad de los terroristas tras cada nuevo atentado. Creo que todos hemos sido conscientes de la inutilidad de cualquier esfuerzo que en esos momentos cualquiera de nosotros sin duda hubiera estado dispuesto a realizar. Y aquella mañana de noviembre, el destino quiso brindarme la oportunidad de poder hacer lo que cualquiera hubiera hecho; mantener los nervios, procurar estar sereno y atento a lo que sucedía, y quizás cierta intuición, pudieron propiciar que del enorme caos producido llamara mi atención la sorprendente serenidad de dos individuos que abandonaban el lugar introduciéndose en un vehículo.

Había que tomar una decisión, y sin duda pesaba mucho la sangre una vez más derramada a manos terroristas. Eso hizo que emprendiera la persecución, olvidando tal vez mis propias circunstancias, absolutamente convencido de que demasiadas veces una actitud pasiva ha servido de amparo a los asesinos.

No imaginaba el alcance que iba a tener aquella decisión y no es momento de vanagloriarse; no soy ningún héroe, héroes son los apenas chavales, miembros de nuestra Policía, que delante mía y sin vacilar se lanzaron a una peligrosa captura y a un riesgo cierto.

No tengo más mérito que otros muchos españoles que, con su tesón y constancia, llevan muchos años dedicando sus vidas a protegernos a todos, verdaderos héroes de estos tiempos que nos ha tocado vivir.

Quiero agradecer, sin embargo, a todos aquellos que en los diversos medios me han dedicado su homenaje, homenaje que no me corresponde y que, desde estas líneas, quiero trasladar al recuerdo de tantas y tantas víctimas, con la esperanza de que pueda dar siquiera algún consuelo a sus familiares.

Mi nombre es el de cualquiera de vosotros que lea estas líneas y comprenda que el fin del terrorismo empieza en cada uno de nosotros, actuando sin miedo y permaneciendo alerta para la defensa de nuestro Estado de Derecho.

Un español más'.

Compromiso ciudadano
Editorial El Correo  9 Noviembre 2001

La multitudinaria manifestación que recorrió ayer bajo la lluvia Getxo, en recuerdo emocionado de José María Lidón, concentró en sí misma lo que debería ser el camino hacia el fin de la violencia en el País Vasco: la unidad de todas las fuerzas democráticas y un objetivo prioritario y excluyente que debe marcar su acción, ‘ETA no, paz y libertad’. Porque las movilizaciones que se sucedieron durante la jornada sirvieron para agradecer y despedir a un hombre que ha perdido la vida en servicio a su comunidad y dar consuelo a una familia que defendió junto a él su opción por la libertad; pero también para denunciar, una vez más, que el terror es enemigo de cualquier colectividad y, por supuesto de la vasca, y que su repulsa y combate no pueden admitir matices. Por las calles getxotarras caminó la sociedad vasca y española en pleno, no sólo la clase política, sino todos los representantes de su entramado institucional, de cada uno de los poderes que se entretejen hasta formar un Estado de Derecho, acompañados por una ciudadanía deseosa de mostrar su repulsa ante un asesinato que atenta contra su misma esencia.

Y es precisamente esa imagen de comunión frente al terror, de arropamiento ante la tragedia, la que debe hacernos reflexionar sobre la actitud cotidiana de nuestra comunidad ante la inseguridad y la injusticia permanentes. Un pensamiento que trasciende la política y que nos debe llevar a plantearnos si existe algún resquicio de humanidad en quien es capaz de matar por matar, de cosificar a sus víctimas hasta ignorar su identidad -como en el atentado fallido de Madrid- o de planear el derribo de la Torre Picasso; de alguien, en definitiva, que no tiene escrúpulos en asesinar a sangre fría a un hombre ante su hijo y su mujer por ser su eventual enemigo en una guerra sin rival. No hay duda de que estamos ante una auténtica patología que ha generado psicópatas dispuestos a conducirse y actuar no sólo fuera de las normas que dictan la convivencia, la democracia y el respeto a la vida, sino con una crueldad y un distanciamiento que les alejan de cualquier comportamiento humano. Es el momento de romper tabúes y plantearnos si estos espíritus degenerados son recuperables para la normalidad.

La lucha contra ETA debe nutrirse del compromiso diario de toda la sociedad y de la acción conjunta y responsable de las fuerzas políticas que repudian la violencia y el chantaje. Y esto supone algo más que pronunciamientos periódicos o denuncias coyunturales. Ayer, una vez más, los concejales de Batasuna en el Ayuntamiento de Getxo fueron incapaces de dar ese paso que separa la dignidad democrática de la aquiescencia cómplice con el terrorismo y se aferraron a sus tópicos para no repudiar y condenar un crimen execrable. Probablemente, Batasuna, como organización, no pueda ser objeto de procesamiento judicial, pero sí de una política más exigente y severa por parte de las formaciones democráticas. La derrota de ETA implica, previa o paralelamente, obligar a Batasuna a asumir la consecuencia de su propia marginación. Porque no es la sociedad democrática la que la aparta; son sus militantes y cargos quienes provocan su arrinconamiento apoyando y jaleando los ataques contra los derechos fundamentales y abusando de ellos para ejercer unas funciones indignas. Los partidos democráticos, y en particular los nacionalistas y quienes ostentan las funciones de gobierno, tienen la responsabilidad de asumir políticas activas que desplacen a Batasuna de cualquier espacio compartido en la gestión de las instituciones. Permitirle que afiance sus propios ‘territorios liberados’ en determinadas localidades, por anuencia o pasividad de las fuerzas políticas, resulta ya inaceptable.

Ayer, la inmensa mayoría de la sociedad vasca, la que repudia el terror y anhela la paz, se unió con el pueblo de Getxo y la familia de José María Lidón para compartir su duelo y su rabia. Un calor, una proximidad, que tiende a desvanecerse con el paso del tiempo y la distancia. Por eso, el gran desafío de cada ciudadano vasco es hacer profesión diaria y activa de democracia. Denunciar, repudiar, romper miedos y hábitos, luchar contra las intolerancias, destrozar los tópicos, ser exigentes ante sus políticos y representantes. No es cuestión de heroicidades, sino de beligerancia cotidiana, de acabar con los silencios y la intimidación, de evitar el relajamiento en el reproche moral que se merece ETA y los que la secundan. La colaboración ciudadana en Euskadi pasa por salir de la sombra y participar, por ejercer cada día esos sentimientos y esas convicciones que nos hacen sentirnos personas libres y miembros de una comunidad democrática. Ese espíritu de convivencia que inundó ayer las calles de Getxo y que nunca debería apagarse. Aunque no hubiera, como desgraciadamente ayer, muertos que llorar.

Seria advertencia de la UE al PNV para que no vuelva a las andadas
Impresiones El Mundo  9 Noviembre 2001

La unánime reacción de condena internacional contra ETA por el coche bomba de Madrid y el asesinato del juez Lidón en Bilbao viene a demostrar que el 11 de Septiembre, efectivamente, ha supuesto un cambio cualitativo en la lucha contra el terrorismo en todo el mundo. Por muy ciegos y fanáticos que sean los miembros de ETA que lo son ni siquiera ellos pueden obviar que se han convertido en el último reducto de apestados de la UE, tras el abandono de las armas por parte del IRA. Tienen ya suficientes muestras de que la comunidad internacional no va a darles tregua ni cuartel y que no encontrarán en ninguna parte respaldo ni tolerancia política.

En este sentido, resulta especialmente importante para España el comunicado hecho público a raiz de los últimos atentados por la Presidencia de la UE. La condena va mucho más allá de las habituales muestras de condolencia con la sociedad española, al asegurar textualmente que «ante esta agresión, la UE reitera su firme voluntad de utilizar todos los medios que el Estado de Derecho pone a su disposición y subrayan su apoyo a las fuerzas democráticas que no han pactado con los extremistas vascos». No hace falta decir que se trata de un respaldo claro para los partidos firmantes del Pacto contra la Violencia, PSOE y PP, y de una explícita advertencia para el PNV, formación democrática que no ha tenido empacho en ir de la mano de quienes se niegan a condenar los atentados y respaldan la violencia etarra.Muy mal lo van a tener todos ellos porque, como aseguran José María Aznar y Tony Blair en un artículo que hoy publica EL MUNDO, contra la amenaza de la violencia «tenemos de nuestra parte los valores de la democracia, la determinación de nuestros ciudadanos y la fuerza de la unidad».

Las identidades peligrosas
Por Ignacio CAMACHO ABC  9 Noviembre 2001

Las disquisiciones sobre si el terrorismo de Al Qaida es esencialmente idéntico al de ETA, o si por el contrario se trata de fenómenos en apariencia similares y por completo diferentes en su estructura social, constituyen elucubraciones propias de la metafísica política, tan gratas a algún obispo amante del casuismo y la equidistancia. El terrorismo nace de muchos factores y escenarios que sí resultan, en efecto, distintos, pero converge en dos aspectos fundamentales: el fanatismo de sus autores y la inocencia de sus víctimas. Más allá de esa realidad esencial empiezan los matices, la heterogeneidad y el tornasol.

Sin embargo, la casualidad apunta en ocasiones coincidencias sospechosas. Ana Belén Egüés, la terrorista vasca detenida esta semana en Madrid, ha declarado ante la Policía que su «comando» tuvo intención de volar la Torre Picasso en diciembre del 99 con 1.700 kilos de dinamita. Antes del 11 de septiembre, el conocimiento de estos datos habría provocado escalofríos de asombro y espanto ante la magnitud de la potencial hecatombe. Después del «día de la infamia», los escalofríos remiten a una tenebrosa concomitancia conceptual.

Quizá nunca se sepa si los etarras fueron frustrados precursores de Bin Laden, si se habían inspirado en el primer ataque contra las Torres Gemelas -la bomba en el aparcamiento de 1993- o si, fascinada por la escala de la barbarie y el eco planetario de la salvajada islamista, Ana Belén Egüés ha fantaseado para causar impacto en una opinión pública hipersensible. Pero lo cierto es que su sobrecogedora revelación remite a una inquietante similitud objetiva que alcanza incluso a detalles remotos: los rascacielos neoyorquinos y la torre madrileña fueron concebidos por el mismo arquitecto.

Los amantes del esoterismo hablarían de casualidades mágicas. Los analistas pragmáticos, de identidad esencial. Los casuistas del diferencialismo podrían agarrarse a un detalle culturalista: Bin Laden jamás habría consentido que una mujer dirigiera el comando. Lo más sensato es, sin duda, felicitarse porque la diferencia esencial es la que va de la consumación a la frustración: varios miles de inocentes vivos representan una aliviadora distancia entre la realidad y el deseo.

Ser libre
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 9 Noviembre 2001

El mito de la Edad de Oro un idílico mundo perdido en el que no había que trabajar para vivir, todos se amaban, no había la propiedad y sin embargo todos eran libres ha seducido durante siglos a gente tan baqueteada como Cervantes, aunque no sabemos si los «dichosos tiempos aquellos» aparecen en el Quijote a título de desvarío hidalgo o de ensoñación sanchopancesca. Cervantes fue a la cárcel por quedarse con los «fondos reservados» del Reino, rama de aceites, así que quizás la Edad de Oro fue para él sólo consuelo: «¡Ay de mí! Si no existiera el «tuyo y mío», no me habría quedado con lo que no era mío y no estaría ahora prohijando piojos y amamantando pulgas en la Madrastra sevillana.¡Ay!»

Pero ya nadie cree en la Edad de Oro ni teoriza como Engels sobre el Comunismo Primitivo, versión rosácea de la maloliente, ágrafa y mugiente horda de antropófagos que vivía a salto de mata, comía carne cruda y se enterraba en la Sima de los Huesos, hasta que los desenterrara Arsuaga y escribiera la novela de su aperreada vida. Hoy sabemos que crear las instituciones que garantizan nuestra civilización, nuestra dignidad, nuestra propiedad y nuestra libertad es un largo y trabajoso proceso donde nada se regala, nada se hereda cómodamente y todo cuesta sangre, sudor y lágrimas.Nunca hubo Edad de Oro y a lo que más nos acercamos es a nacer, con suerte, en sociedades de ciudadanos libres que cooperan entre sí para garantizarse mutuamente sus derechos, pero que deben defenderlos contra la horda de dentro y de fuera que sistemáticamente los asalta. La libertad nunca es segura, ni duradera, ni descansada, ni barata. No hay libertad gratis. Ser libre cuesta. A veces cuesta la propia vida, si se empeña en la defensa, uso y disfrute de la libertad, sin la que cualquier dignidad desaparece y volvemos a la cueva, a la horda y a la antropofagia. El totalitarismo, en términos políticos de hoy.

Hoy sabemos que la torre más alta de Madrid y la vida de nuestro mejor compañero iban a ser sacrificadas en el ara de esos antropófagos que resumen y sintetizan lo más abyecto de la especie humana en su versión política actual: el odio sembrado por el racista Sabino Arana, administrado por Arzalluz, Ibarretxe y sus monigotes lizarroides, y las bombas forjadas por el criminoso Lenin en la fragua de Chernichevski y los nihilistas rusos del XIX. Pero ni Arana era forzoso, ni Lenin era obligado, ni el triunfo de ETA y el nacionalismo totalitario es inevitable. Dice el refrán castellano que lo que cuesta, vale. Nada vale, nada cuesta tanto como la libertad. Es nuestra única Edad de Oro, la que vivimos bajo el plomo. A la que no renunciaremos jamás.

Quo Usque?
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 9 Noviembre 2001

El asesinato del juez Lidón ha venido a confirmarse en la idea de que, en la larguísima confrontación con el terrorismo, la sociedad civil y sus representantes políticos siempre hemos ido retardados respecto a aquél. Incluso iniciativas tan afortunadas como la del «pacto antiterrorista» no han llegado a ser suficientemente «ofensivas».

No haré aquí un repaso detallado de las diversas etapas de este proceso de concienciación retardada y por lo mismo no suficientemente eficaz. Tan sólo diré que el asesinato anunciado de Miguel Ángel Blanco provocó una reacción nacional desconocida hasta la fecha y que la tregua trampa y el Pacto de Estella permitieron comprender algunos aspectos de la naturaleza de ETA y de las relaciones entre el nacionalismo y el terrorismo. «Algunos» digo porque para muchos ingenuos ciudadanos todavía el diálogo o la negociación con los terroristas seguía siendo una solución.

A muchos les habría gustado que ETA no tuviera las implicaciones que tiene con organizaciones cívicas y formaciones políticas que se definen como partidarios del juego institucional. Les descoloca saber que hay corrimientos electorales de las bases de EH hacia el PNV o que haya concejales de EH que son miembros de ETA y que en unos casos preparan coches bomba o en otros casos entran en el aparato criminal, como la detenida en Madrid hace unos días. Por supuesto estas gentes a las que les gustaría que ETA fuera una mera organización terrorista caen en la perplejidad cuando descubren que está financiada a través de las Gestoras Pro Amnistía por el gobierno «democrático» del PNV/EA (ahora reforzado por la testimonial IU)... Y ¿qué decir de la permisividad de este gobierno para con el terrorismo callejero, para con la libre circulación de bandas que mantienen en la extorsión a la mitad de la sociedad no nacionalista?

Hay que decir que el Gobierno vasco no ejercita la violencia contra el terrorismo a la que está obligado como poder legítimo que es, porque entiende que es útil para sus objetivos la violencia ilegítima que ejercitan los bárbaros...

Ése es el mundo en el que hay que entrar desde el Estado. Como tiene que entrar en el mundo de la educación, donde se echa ese humus en el que crece la locura de los mitos y el odio a España de los que se queja Joseba Arregui...

Al juez Lidón le han asesinado porque lo consideraban un mensajero de la Justicia española y, por tanto, un colaborador del Estado «opresor», pero estos asesinos no se han producido por generación espontánea sino porque otros, profesores, familiares, periódicos... les educaron para el crimen. Ciertamente ellos se mantienen en el honorable juego institucional después de haber inducido a otros al trabajo sucio. Hay dinero para las Gestoras Pro Amnistía pero no lo hay para pagar unos escoltas al juez Lidón. Después de tantas experiencias terribles ¿es ahora cuando se plantea el problema de la seguridad del poder judicial en el País Vasco? Hasta en algo tan elemental vamos retrasados. Trágicamente retrasados.

Es cierto que ETA está cometiendo muchos fallos en sus atentados, pero también es cierto que en unas horas los corrige de modo bestial. Mientras, se va instalando en espacios «legales». Lo que antes era su entorno es ahora contenido... si es que alguna vez fueron cosas distintas. Y el entorno del entorno de ETA es no sólo legal sino gubernamental. Por eso no se ganará la lucha contra ETA si «el Estado» no entra en los espacios garantizados por el entorno del entorno. Eso sería una provocación, se dice. Constitucional pero provocación. Se prefiere que sigan cayendo los mejores ciudadanos. Como el juez Lidón.

Quo usque?

RNE y TVE, nuestras tristes CNNs
ANTONIO BURGOS El Mundo 9 Noviembre 2001

Manuel Antonio Rico: va por usted, que fue quien descubrió la tostada la otra noche con sus correspondientes pruebas sonoras.De nada sirve que el Reino de España haya acudido presuroso en ayuda de los EEUU en la lucha universal contra el terrorismo.La CNN le sigue dando a la banda terrorista ETA los honores de movimiento separatista. He aquí la información de base que dieron sobre el asesinato del juez Lidón en Bilbao: «The separatist group ETA has been blamed for nearly three dozen deaths including 12 this year since it ended a 14 month ceasefire in January 2000 in its decades-long campaign for Basque independence».A la CNN sólo le falta añadir: «¡Héroes, que son unos pedazos de héroes de la independencia!» Y la BBC, Reuters, la Associated Press, igual: separatistas vascos para arriba y separatistas vascos para abajo. De criminales, ni mijita. Como estas cosas le hacen hervir el agua del radiador a cualquiera, me pediría el cuerpo solicitar que, en justa correspondencia, cuando en RNE o en TVE se refieran a Laden digan que es «el gran pensador islámico» o el «filantrópico millonario que ayuda al pueblo afgano».

No quiero ni pensar que la OID y la diplomacia española no tengan entre sus prioridades una urgente campaña de visitas puerta a puerta a estos medios, para demostrarles el error que cometen al dar a los asesinos orla de héroes separatistas. Doy por sentado que ese trabajo está haciéndose ya, y que la CNN, la BBC y la Reuters van a ser veraces al informar de los asesinatos.

Pero no estaría de más que esas grabaciones de la CNN y de la BBC que antier noche puso en antena Manuel Antonio Rico se las enviara a los jefes de informativos de RNE y TVE, para que pongan pie en pared de lo que ocurre en otros noticieros y telediarios de estos medios públicos, que han entregado la cuchara ante la ETA, en una lamentable CNN de producción y consumo nacionales.Me duelen los oídos del chirrío que me produce escuchar lo de «los violentos» cuando hablan de las salvajadas del terrorismo callejero. Le estamos pidiendo a la CNN y a la BBC que llamen a las cosas por su nombre cuando TVE y RNE han sido derrotadas por el lenguaje de los asesinos: comando en vez de cuadrilla de asesinos; legales en vez de delincuentes no fichados por la policía; lucha armada en vez de crimen organizado; jóvenes radicales en vez de alumnos de primero de FP de la sangre y así sucesivamente...

Malas noticias
Por Jaime CAMPMANY ABC 9 Noviembre 2001

No, si España va bien, o al menos, va razonablemente bien, incluso va mejor de lo que cabe esperar. Lo que sucede es que estamos atravesando un campo minado de malas noticias, y tenemos que avanzar con cuidado, de puntillas y como quien pisa huevos. Las novedades vienen por rachas, y ahora tocan las malas. Paciencia y barajar.

Es una mala noticia que en el País Vasco hayan asesinado a un juez. Es una malísima noticia, no sólo porque la muerte violenta de un ser humano es la peor noticia que se nos puede dar, y porque el asesinato de un juez conmueve los cimientos mismos del Estado de Derecho, sino porque esta muerte, la primera que provoca ETA después del 11 de septiembre, denota la voluntad de seguir matando que anima a la banda criminal en medio de la repulsa universal del terrorismo.

Es una mala noticia que los propios jueces anden tirándose a la cabeza la delicada vajilla del Palacio de Justicia. La rencilla, ya larga, entre el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional constituye un motivo de preocupación, si no de alarma, para todos los ciudadanos, que ya andan desengañados y escépticos respecto de la imparcialidad y puntualidad de la Justicia.

Es una mala noticia que la renovación obligada de los órganos institucionales de la Judicatura se haya llevado a término por un procedimiento que se ha revelado viciado y desastroso, por no decir nefasto, como es el que impuso el gobierno felipista. Aquella fue una forma eficaz de atentar contra la auténtica división de poderes y un nuevo entierro del barón de Montesquieu.

Es una mala noticia que haya desaparecido del quiosco «Diario 16». La muerte de un periódico es, siempre, un empobrecimiento de la libertad de expresión, de información y de opinión y una flaqueza lamentable de la democracia. Es una voz que se apaga en el diálogo de la convivencia y un camino que se cierra en la búsqueda común de la verdad y del bien general.

Es una mala noticia para el mundo, también para nosotros, que se prolongue esta guerra que riñe el Occidente contra un ejército sin cuerpo y sin regimientos, un ejército de fantasmas dispersos y suicidas, y por tanto intangible, invisible e invencible.

Es una mala noticia que nuestro vecino del sur, «aquellas gentes que a mi tierra vinieron», vuelvan donde solían, es decir, a la mala voluntad contra nosotros y emponzoñen de nuevo nuestras relaciones, que ya estaban hechas de problemas, de pateras que cruzan el Estrecho cargadas del personal hambriento y sin trabajo, del problema del Sahara y los saharauis, de la ilusoria pretensión de Ceuta y Melilla. Y es una malísima noticia que todo eso ande en manos de un monarca inexperto, ambicioso y despótico.

Es una mala noticia que en el simbólico sueño de José hayan aparecido las vacas flacas, por más que nos aseguren que las tales vacas no son siete, a vaca por año, sino unos cuantos meses. La rebaja del precio del dinero, dos dólares por cien, y tres y cuartillo por cien euros, recibida con júbilo, denota en realidad la enfermiza situación económica del mundo.

Es una mala noticia que rectores de Universidad, profesores y alumnos, en número de miles, hayan salido a la calle para protestar de la reforma de la enseñanza universitaria aprobada por las Cortes. Es muy probable que la protesta sea irrazonable, basada solamente en intereses de cuerpo o comodidad de aprendices, y entonces es peor.

Y es una mala noticia, continuada y recurrente, que el Partido Nacionalista Vasco se resista tercamente a dejar de recoger las nueces que caen del árbol siniestro que los etarras agitan. ¿Cuántos muertos inocentes harán falta para que se convenzan de que sobre esos muertos violentos no se puede edificar nada digno ni perdurable?

Las esperanzas, que las hay, nunca son noticia.

Dejemos En Paz Al Heroe Para Que Siga Siendo Anónimo
Editorial El Mundo 9 Noviembre 2001

Desde el martes pasado, toda España admira la valentía y el arrojo del ciudadano que persiguió a los terroristas del comando Madrid que habían hecho estallar un coche bomba. Ayer supimos, a través de una carta que envió al alcalde madrileño, que no sólo estamos ante un héroe, sino ante una persona con sólida formación, compromiso democrático y firmes convicciones éticas. La misiva hecha pública por quien dice no considerarse un héroe, sino un español más «mi nombre es el de cualquiera de vosotros» es el mejor resumen de cómo debe afrontar la sociedad el fenómeno terrorista. «Pesaba mucho la sangre derramada». «Valió la pena mi esfuerzo, el fin del terrorismo empieza en cada uno de nosotros».

Su impresionante testimonio supone un auténtico rearme moral para una ciudadanía que después de cada salvajada de ETA encuentra pocos motivos para el optimismo y que tiene dificultades para vislumbrar el fin del horror. Dos periodistas de EL MUNDO han podido compartir unos momentos con él y trazan hoy el retrato de un hombre tranquilo, prudente y valiente. Precisamente por todo ello y por el ejemplo que con su conducta ha dado a todos, es hora de que todos medios de comunicación, autoridades y quienes sepan cómo se llama y dónde vive le permitan continuar con su vida anónima. Este periódico conoce su identidad, pero asume el compromiso de no revelar ningún dato que pueda romper el anonimato de un padre de familia con el que la sociedad ha contraido una gran deuda. No estaría de más que el Gobierno le premiara con cargo a los fondos reservados. Nunca este dinero habría estado mejor empleado.

La Fiscalía ha solicitado que se le conceda el tratamiento de testigo protegido ante su eventual declaración ante el juez que instruirá el atentado. En cualquier otro caso, estaría n justificadas las especulaciones que han surgido sobre cómo debe producirse su declaración. Pero, no en éste. No hay razones para que la Fiscalía le llame como testigo, como bien señaló ayer el juez Garzón, puesto que hay suficientes pruebas contra los terroristas del comando Madrid. Les han pillado con el detonador en la mano, con explosivos en sus pisos francos y han confesado. Tampoco tendría justificación que el juez aceptara una petición de los abogados de los etarras para que testifique porque no resulta aventurado suponerlo lo utilizarían sólo para desvelar su identidad.Este hombre ya ha hecho bastante, nadie tiene derecho a pedirle más.

Un héroe urbano
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 9 Noviembre 2001

Así le ha definido certeramente este periódico. Un héroe urbano. El espontáneo perseguidor de un comando de ETA en Madrid. Gracias a él, los etarras están detenidos. La gente ha celebrado mucho, en olor de popularidad, la hazaña del desconocido y se está rindiendo homenaje a un hombre ausente, ya que a ausencia le obliga el momento que vive y la proeza realizada. En España, todas las cosas inauditas y hazañosas o no se hacen nunca o las ha hecho siempre el pueblo.

A estos efectos se suele recordar el motín de Esquilache o la más remota aventura de Padilla, Bravo y Maldonado, los comuneros de Castilla. En lo de Esquilache, el pueblo se movía contra una injusticia, contra una tiranía que se simbolizó en el vuelo de los chambergos. Nuestro héroe anónimo ha actuado contra la tiranía del terrorismo y en él pudiéramos representar el impulso general de un pueblo que quisiera moverse y no sabe en qué dirección. Nuestro héroe anónimo ha elegido la línea más corta. Los comuneros traían una revolución, una cosa demasiado grande para su época, algo que no cabía en el siglo. Pero el pueblo se hizo verdad en ellos. El pueblo tiene trasluces, vislumbres de protagonismo que de pronto atraviesan la Historia como una espada justa y limpia. Luego puede pasar otro siglo hasta que este pueblo, siempre sumido en su tarea, vuelva a manifestarse con rapidez, acierto y realismo inspirado.

Es el caso de la carga de los mamelucos recreada por Goya, pues hay un Goya intemporal que ha estado siempre en todos los eventos de nuestra gente popular tomando apuntes para una historia ilustrada del protagonismo anónimo de los españoles.

El héroe urbano del otro día es un signo social por el que sabemos que ese ímpetu callejero y justo no ha muerto entre nosotros, que todavía puede hacerse el milagro de un pronunciamiento de los oficios, de las armas y los aperos. Por las mismas fechas la Universidad se levanta contra el Gobierno en las calles de Madrid, pero a esta movida le han sobrado hombres ilustres y doctores con causa y ropón que le quitan lozanía y espontaneidad a la manifestación. Como ha recordado Cela por la televisión, éste ha sido un pueblo de anarquistas. El anarquismo político puede estar vivo o muerto, pero siempre hay un anarquista de bien que se levanta contra la muerte organizada de cualquier fundamentalismo. De haber sabido de qué iba el solitario perseguidor, miles de ciudadanos le habrían seguido en sus coches, a pie y en bicicleta. Somos muy sabios para organizar el desorden. Si el perseguidor hubiera sido menos sigiloso, miles de personas hubieran rodeado en seguida a la pareja etarra. A la gente la mueve menos un discurso político que un ademán decisivo y particular en el cielo de Madrid, cuando el gentío se toma la justicia por su mano. El pueblo cree en el pueblo y así es como se fragua la unanimidad milagrosamente. En este tiempo de regimentación y grisalla es hermoso que todavía haya héroes urbanos dispuestos a correr su aventura en nombre de todos. Al enemigo público siempre le va mal cuando la masa dice «basta». Esta ciudad ha vuelto a salvarse por ese solo justo que nunca le falta a Madrid.

Actitud cómplice
Por Ramón PI ABC 9 Noviembre 2001

ETA y su entramado viven inmersos en una locura colectiva que a lo único que se parece es a una secta o a una mafia: imposibilidad de salirse del círculo infernal sin represalias terribles, obligatoriedad de aceptar los disparates más enormes sin rechistar, ausencia completa del menor espíritu crítico, indiferencia total hacia lo que ocurre en el mundo exterior. Y, claro está, superación de pruebas de fidelidad ciega mediante la comisión de atrocidades que marquen de por vida y consoliden la idea de que es imposible salir del infierno. Llega un momento en que lo de menos es el pretexto que se invoca para hacer girar esta espantosa rueda sin fin. El caso es que la rueda gire, porque fuera de ella sólo existen la tiniebla y las consecuencias de la venganza.

Pero ocurre que alguien se beneficia objetivamente de la existencia de esta locura. A los nacionalistas llamados moderados o democráticos -el Partido Nacionalista Vasco y Eusko Alkartasuna, concretamente- les viene magníficamente bien la siembra de terror y muerte porque eso les permite desarrollar el falso discurso del «conflicto político», del que la vesania asesina sería sólo un síntoma. Es la plasmación práctica literal de la metáfora de Arzalluz de sacudir el árbol y recoger las nueces. A la luz de esta consideración elemental es como cobra todo su sentido la idea expresada por Aznar de que no es posible defender lo mismo que los asesinos dicen defender sin quedar contaminados por el crimen.

El PNV y EA se limitan a desear que no haya terrorismo y piden a ETA que se disuelva, como si desconocieran por completo cuál es la dinámica interna de la demencia en que ETA y su entramado viven y se desenvuelven. Se comprende que, ante actitudes como las de esos dos partidos, muchos consideren que están siendo objeto de un insulto a su inteligencia, porque cuesta mucho trabajo creer que los dirigentes nacionalistas llamados moderados o democráticos estén tan rematadamente ciegos que no sean capaces de ver lo que aparece como evidente: que el terrorismo tiene que ser derrotado, vencido, que los terroristas han de ser detenidos, juzgados y encarcelados, y que pedirles que se disuelvan por su cuenta es escribir en el agua. Y se comprende también que, así las cosas, la actitud del PNV y de EA se tengan por muchos como una actitud cómplice de los que disparan en la nuca, ponen coches bomba, secuestran y chantajean: éstos sacuden el árbol, y los nacionalistas llamados moderados esperan recoger las nueces de su quimérica independencia.

Mayor Oreja tenía razón
Por Ignacio Villa Libertad Digital 9 Noviembre 2001

Las noticias que hemos conocido a raíz de las detenciones llevadas a cabo tras el último atentado de ETA en Madrid, dejan las cosas en su sitio. Dan la razón, sin ningún tipo de matiz, al que fuera ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja. El estremecedor dato de que los terroristas pretendían atentar contra la Torre Picasso confirma, con todas las consecuencias, que la tregua de ETA era realmente una trampa. Muchos meses después, el conocimiento de las verdaderas intenciones de los terroristas nos sitúa en una realidad irrefutable: Jaime Mayor Oreja estaba en lo cierto y esa certeza le vuelve a colocar en la primera línea de la lucha antiterrorista.

Después de los resultados que obtuvieron en las elecciones vascas del 13 de mayo los llamados constitucionalistas, no faltaron críticas hacia el diseño electoral de Mayor Oreja. Entonces se dijo que la política "frentista" no era el camino adecuado para reconducir la situación institucional en el País Vasco. También durante la tregua de ETA se insistía, incluso desde dentro del Gobierno, en que la actitud de Mayor Oreja sobre la tregua era pesimista. Ahora, dos años después, los datos nos enseñan a todos que tenía razón y, por lo tanto, tampoco parece prudente arrinconar su análisis político sobre el País Vasco después de las elecciones. Hay que reconocerle al que fuera Ministro del Interior dos aspectos: que conoce como nadie la problemática vasca y, sobre todo, que posee una admirable capacidad para mantener la cabeza fría, salgan bien o mal las cosas. De todo esto hay que aprender que a Mayor Oreja hay que escucharle siempre, sabiendo que sus análisis son muchas veces a largo plazo y por lo tanto no se pueden ver con la superficialidad de lo inmediato.

En definitiva, las razones y la razón de Mayor Oreja para calificar la tregua de ETA como una trampa política nos enfrenta a una realidad: su ausencia del Gobierno se ha traducido en la falta de una estrategia política clara contra el terrorismo. Es verdad que los éxitos policiales continúan. Es cierto, que los datos nos enseñan que ETA cada vez está más acorralada. Pero en política, la lucha antiterrorista no son sólo datos. Son también ideas, mensajes y estrategias. Y todo esto es lo que no aflora con tanta soltura ahora en el Gobierno. El presidente Aznar lleva el peso. Hace pocos días en Vitoria volvía a sacar lo mejor de su repertorio. Eso está muy bien, pero no es suficiente. El Ministro del Interior es el otro punto de apoyo para la opinión pública. Debe trasmitir confianza, seguridad, ilusión, tranquilidad. Y en eso era un maestro Jaime Mayor Oreja. Es muy respetable su compromiso con el País Vasco y su deseo de continuar allí. Pero el Gobierno y mucho más su presidente no se pueden permitir el lujo de tenerlo en el banquillo. Es el ministro que, en muchos años, ha interpretado mejor el mensaje de la lucha contra ETA. Siempre el mismo. Inamovible e incansable.

Esa forma de enfocar y de trabajar la lucha contra el terrorismo debería ser recuperada como el mejor camino del éxito. Al cabo de los años, saber ahora que ETA quiso derribar Torre Picasso vuelve a dar la razón a Mayor Oreja. Y es justo reconocerlo.

El frente judicial vasco deja de estar exento
Lorenzo Contreras La Estrella 9 Noviembre 2001

Es discutible que el asesinato del juez José María Lidón, miembro de la Audiencia Provincial de Vizcaya y profesor de la Universidad de Deusto, a medio camino entre la Compañía de Jesús y el PNV, haya sido la automática respuesta de ETA al descalabro sufrido en Madrid con la detención y presunta desarticulación del "comando Madrid". El magistrado estaba fichado, ciertamente, por la banda, aunque no figuraba en su nómina de víctimas "censadas". Su sentencia de diez años contra un componente de la "kale borroka" le convertía en objetivo ideal para abrir el frente judicial vasco, hasta el martes día 6 de noviembre libre de bajas mortales. Pero, aun con tan amenazador antecedente de magistrado valeroso, la inmediatez de la represalia es difícil de admitir con ese carácter tan causal.

O sea, el señor Lidón estaba condenado muy probablemente a caer con o sin el "patinazo" etarra de Madrid. En realidad, la organización terrorista da señales de haber emprendido, tras el desconcierto general del 11 de septiembre, un reencuentro con sus peores costumbres. Lo suyo es matar. Y las "vacaciones" le vienen siempre mal, salvo cuando se trata de buscar un tiempo para reajustarse. Precisamente no hay que descartar después de una nueva racha criminal efectiva cuya duración es imprevisible, un alto en el camino, más o menos semejante al que coincidió con los pactos de Lizarra.

El "frente judicial" vasco estaba exento porque jamás había puesto las manos sobre las ascuas de las responsabilidades penales de ETA, permanentemente "suplido" por la Audiencia Nacional". Sólo cuando se acordó o decidió que las barbaridades de la "kale borroka", por no entenderse como delitos de terrorismo, entran en su jurisdicción, ya que se trataba además de proteger penalmente a la Ertzaintza, surgió el riesgo de que los jueces vascos ingresaran en la nómina siniestra. La condena del "borroko" descubría para la banda una peligrosa perspectiva, concretamente la del desaliento de su frente de juventudes, su cantera de activistas, con los papás de las criaturas en trance de alarma por otra parte.

Entre la presión socio-familiar y el acoso de los jueces, el gran invento de la guerrilla urbana, producto de la imaginación estratégica del hoy arrepentido (pero encarcelado) "Txelis", corría el riego de debilitarse. La macabra necesidad de actuar contra los jueces, deslizando además un mensaje para la audiencia Nacional y el mundo judicial en general, puso -ha puesto- este abrupto y terrible fin de época al carácter exento de los tribunales vascos.

Aunque todo estuviera programado en el más repugnante de los sentidos, ETA ha tenido posiblemente la suerte de que los hechos encajen en un un sistema de aparente perfección. En efecto, acababa de constituirse el nuevo Consejo General del Poder Judicial, y, por tanto, para los designios de la banda, ningún "estreno" podía ser tan apetecible como poner un cadáver sobre la mesa de las deliberaciones inaugurales.

Ya lo ha conseguido, añadiendo a esta circunstancia la sospecha de que ETA está menos desarticulada de lo que se dice y conserva un remanente de comandos capaces de reaparecer, como ahora en Bilbao, con aires de guerrero vengador. Porque, a fin de cuentas, el asesinato del juez Lidón lleva la marca genuína de la organización terrorista básica y no de su división de aprendices. Dicho sea sin perjuicio de reconocer que el "comando Madrid" dista de mostrar la seguridad de acción que patentizaba en los tiempos de Belén González Peñalva, de Urrusulo Sistiaga y otras perversas compañías.

COSA VASCA
RAMÓN CHAO La Voz  9 Noviembre 2001

Apenas una corta reseña en Le Monde sobre el caso del escurridizo Olano. Silencio en el resto de la prensa nacional francesa. Es conocida la versión de aquí: el mandato de captura no llegó a su debido tiempo. A mí me da que todo el despliegue informativo y las airadas protestas oficiales españolas responden a una política de espectáculo. De un lado se necesita demostrar que se hace algo, recabar ayuda. Y de éste, a más del relato de la famosa manifestación, el citado diario muestra la inquietud de las autoridades francesas por la penetración rampante de las tesis nacionalistas, no sólo en el País Vasco, sino también en Córcega y en Bretaña. Cuando digo rampante me refiero a la sigilosa invasión lingüística. Tiempo atrás, los medios de comunicación franceses dieron en utilizar términos como Iparretarrak (el Euzkadi Ta Askatasuna de este lado), lo cual era aparentemente anodino; un poco más sorprendente resultó ver escrito y oír tartamudear kale borroka y abertzale. Deberíamos recordar la divisa de Antonio de Nebrija: «Siempre la lengua fue compañera del Imperio». Así sucedió en el siglo XVI cuando el castellano ayudó a los ocupantes en la colonización de América; y así ocurre hoy, vueltas las tornas, en el enfrentamiento entre terroristas y el resto de la sociedad.

 Doy por sabida la importancia de los idiomas en los sentimientos y en la formación de las mentalidades. «En principio fue el verbo», dijo la Biblia adelantándose a Cisneros. ¿Cuántas veces no se nos recriminó en la escuela por hablar gallego? Y ahora se utilizan sin cuento vocablos del vascuence con los que casi se podría lanzar una proclama insurreccional. La prensa, la radio, la televisión, pueden protestar cuanto quieran, si de hecho apoyan a los terroristas utilizando de forma unánime términos como Euskadi, euskera, zulo, ikurriña, ikastola, etarra, ertzainza, abertzale, lehendakari, euskaldun, haika, kale borroka y otros muchos inventados por Sabino Arana, de los que me olvido y que irán saliendo. ¿Acaso no existen cuchitril, bandera, terrorista, policía, combatiente, presidente y violencia callejera? Añadamos los patronímicos Bilbo, Donosti, Hondarribia (por no citar todas las ciudades), cuando Bilbao, San Sebastián y Fuenterrabía forman parte del acervo del castellano.

En Galicia se puede hablar gallego, en Castilla castellano y vascuence en el País Vasco. ¿Para qué se tiene un Instituto Cervantes si no es para desarrollar el uso del castellano y protegerlo contra la invasión de palabras ajenas? Yo no defiendo la integridad lingüística. Creo que todo idioma, como los grupos humanos, se enriquece con aportes externos, y en este caso serían deseables por lo dulces sonidos de algunas de esas palabras que rebajarían la aridez del castellano, pero se habrá de tener cuidado con lo que la lengua pueda acarrear, como el inglés, sin mirar más cerca.

Francia no quiere convertirse en una caja de resonancia de los separatistas, que son malas las experiencias que tuvieron en este terreno. No hablemos de los corsos, cuya deriva es más mafiosa que política. Centrémonos en nuestros amigos bretones, en cuyas filas se encuentran hoy los más seguros protectores de los vascos virulentos. Desde que a finales del siglo XIX se creó el movimiento nacionalista bretón, siempre lo guiaron ideas elitistas y reaccionarias. Más tarde predominó en él el fascismo, y el proceso concluyó al cabo de la Segunda Guerra Mundial al surgir la milicia Bezon Perrot para luchar junto a los nazis bajo el pretexto falaz de que «los enemigos de mis enemigos son mis amigos». Se acaba de descubrir que Roparz Hemon, uno de los renovadores de la lengua bretona, como Sabino Arana con el vasco, fue uno de los 176 agentes de la policía alemana en Bretaña. Ahora, el Consejo general de la provincia de Finisterre está retirando su nombre de placas, calles y liceos. Así que, siguiendo por esta pendiente del idioma, llegaremos a hablar todos vasco y subrepticiamente se habrán impuesto ideas de violencia que no profesamos.

Matar por matar
XABIER GURRUTXAGA El Correo 9 Noviembre 2001

El asesinato de José María Lidón pone de manifiesto, una vez más, no sólo la brutalidad y la crueldad de las acciones terroristas sino también la propia sinrazón de ETA. Desde que ‘descubrieron’ la imposibilidad de lograr resultados con su estrategia consistente en forzar la negociación política con el Estado, ETA es una organización sin rumbo que carece de estrategia definida para lograr los fines que dice pretender. El objetivo de su actividad no es ayudar ni contribuir a abrir vías de solución en el llamado ‘conflicto vasco’, sino lograr mantenerse como una organización que resiste al acoso policial y al rechazo de la sociedad, para así, desde esa continuidad y desde la capacidad de reproducción demostrada hasta el presente, asentar la tesis consistente en que su existencia y su propia pervivencia son la expresión más clara y la consecuencia más dramática del contencioso vasco.

En ese esquema de pensamiento lo importante, lo imprescindible, no son los fines sino los medios. Para sus militantes y sus seguidores, ETA ha dejado de ser un instrumento para convertirse en un fin en sí mismo. Por eso, una vez que la pervivencia de su organización ha pasado a ser el objetivo principal y su razón de ser, deja de tener sentido formularse preguntas en relación a las víctimas de sus acciones. Sobran las preguntas sobre el porqué y el para qué asesinar concejales populares y socialistas o magistrados como Lidón. Este tipo de interrogantes, absolutamente imprescindibles para cualquier organización armada que pretenda dar a sus acciones violentas una motivación política, deja de tener sentido cuando lo que se persigue es el terror por el terror.

Por eso mismo, la razón esencial del asesinato de Lidón no hay que buscarla en un supuesto ataque al Poder Judicial ni en la relevancia de la víctima. Se asesina a José María para tratar de neutralizar el daño causado la víspera a la imagen de la organización terrorista y a su propia efectividad con la detención de los miembros del ‘comando Madrid’. Se asesina a las 24 horas de las detenciones para indicarnos a todos, pero especialmente a su mundo político, que siguen en la brecha y que su continuidad es la prueba más clara de que el conflicto también persiste.

Para ETA lo menos relevante son las víctimas. Éstas no son más que elementos del escenario a los que se les puede destruir, quemar o aniquilar. Esto es lo auténticamente dramático y cruel de esta historia que nos rompe el corazón y nos hiela el alma. Este es precisamente el abismo ético y político que nos separa a unos y a otros: la defensa de la dignidad de todas las personas por encima de ideas y de proyectos políticos. El primer y único diálogo que hay que mantener con los sectores de la izquierda abertzale es precisamente sobre esta cuestión. Aclarado esto, de todo lo que quieran.

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