AGLI

Recortes de Prensa     Martes 13 Noviembre   2001
#Tolerancia cero
Lucrecio Libertad Digital 13 Noviembre 2001

#Patriotismo constitucional
Alfonso USSÍA ABC 13 Noviembre 2001

#Patriotismo constitucional y ciudadano
JOSÉ DANIEL REBOREDO El Correo 13 Noviembre 2001

#Políticos turbios
ANTONIO GALA El Mundo 13 Noviembre 2001

#'Cataluña, tierra de acogida'
Pedro Muñoz La Estrella 13 Noviembre 2001

#Los precursores del héroe urbano
ANTONIO GARCIA PELEGRIN El Mundo 13 Noviembre 2001

#Emigración integrista
Enrique de Diego Libertad Digital 13 Noviembre 2001

#Redondo fijará en el texto de Eguiguren que su partido no quiere la autodeterminación
Redacción - Madrid.- La Razón 13 Noviembre 2001

#Un tribunal no considera delito multar a alumnos por hablar bable
JAVIER CUARTAS Oviedo El País 13 Noviembre 2001

Tolerancia cero
Por Lucrecio Libertad Digital 13 Noviembre 2001

Cayó Kabul. Kandahar, muy pronto. Todo, con la precisión de un cronómetro. Desde el inicio mismo de la campaña se podía fijar fecha: el régimen de mullahs debías ser derrocado antes de que el Ramadán empezase. De lo contrario, los arrebatos de superstición que inflaman a los devotos del mes sagrado podrían crear problemas serios en países musulmanes poco estables. El calendario se ha cumplido. No podía suceder de otra manera. Cuándo caiga personalmente Bin Laden, es cuestión menor.

Es momento de reflexionar, ahora. De reflexionar, primero, acerca del apenas camuflado deseo de ver derrotada la ofensiva, que ha sido núcleo inconfeso de la lacrimosa retórica de buena parte de la prensa europea en las últimas cinco semanas. La locutora televisiva, tan mona ella, disfrazada con sus coloridos chadores impolutos, no ha sido sino la caricatura de eso. Los gemebundos tonos plañideros del mismo Llamazares de quien no se recuerda sollozo alguno contra la URSS que exterminó a un millón y medio de la población afgana, son el extremo indecente.

Nada nuevo. Los mismos que, en plan muecín borracho, lanzaban alaridos desgarradores acerca del inminente genocidio americano contra el pueblo afgano y el consiguiente holocausto nuclear que arrastraría al Islam hacia la guerra santa, hicieron ya un ridículo casi idéntico cuando anunciaron que la batalla contra el tirano Sadam Husein produciría la catástrofe ecológica terminal del planeta. Daría risa, si detrás de esas actitudes –monstruosamente hegemónicas entre los herederos de lo que un día pudo llamarse izquierda– no hubiera la defensa de los regímenes más reaccionarios, más fanáticos y más asesinos de la segunda mitad del siglo veinte. El islamismo político no es el adversario de Estados Unidos. Es el adversario de la Ilustración. Esto es, el adversario de la libertad humana.

Una necedad de triste origen progre, perdido en lo más podrido de nuestro pasado, ha llevado a la izquierda española a dar cobertura, social y política, a los peores terroristas de este siglo. La cosa empezó con la extraña fascinación hacia un personaje que atesora el mayor número de asesinatos cometidos por un solo dirigente político: Yassir Arafat. La fascinación abarcó a todo y todos. Ningún problema tuvieron los terroristas de la OLP para asentar sus bases políticas en España durante las dos últimas décadas de la dictadura. Buscaron la foto del beso del rais Suárez como González. Como Aznar. Como el Jefe del Estado. El antisemitismo, en España, puede más que cualquier lógica política.

Ahora, por primera vez, una célula de muyahaidines ha sido apresada en España. Ya era hora. Pero que nadie se engañe: las pateras, como el ferry de Argel, han hecho de España el paraíso europeo del terrorismo islamista. Y no hay razón que valga con los guerreros de Dios. La fuerza, sí; eso, la campaña de Afganistán lo deja claro: a una semana de B-52 en serio, no hay Alá que sobreviva. De nada vale hacer gran retórica contra el terrorismo de ETA, si nuestros dirigentes siguen besuqueando al hombre que fue su fuente logística durante decenios. Al que sigue enviando a sus hombres bomba a volar discotecas de adolescentes israelíes.

Es hora de entender cuál es el verdadero enemigo. Y el verdadero riesgo. Hora de aplicar contra la superstición armada, una estrategia racional de tolerancia cero.

Patriotismo constitucional
Por Alfonso USSÍA ABC 13 Noviembre 2001

El patriotismo es el amor a la Patria. No necesita de matices ni apellidos. Otra cosa es el patrioterismo, el alarde excesivo e inoportuno del patriotismo. El patriotismo es un sentimiento natural, en tanto que el patrioterista es folclore excesivo. Ahora se han inventado lo del «patriotismo constitucional» que es una cursilería. Lo curioso es que el Partido Popular y Socialista se disputan la flor de la autoría. Discuten por una memez. La cosa es consecuencia de la estupidez colectiva, del miedo de los políticos, intelectuales y comunicadores en general a usar y pronunciar la palabra «España» por temor a ser señalados de fascistas, franquistas o involucionistas. Todo lo que nace de una gilipollez sembrada se convierte en una gilipollez cosechada. España es y significa mucho más que el franquismo, que la Monarquía y que la República. El patriotismo franquista es antes franquista que patriota, y el monárquico lo mismo, y el republicano, igual. Todo se debe a la perversión del lenguaje. Todavía, en los servicios informativos de TVE se habla de la «lucha armada» de la ETA y de la «violencia» de sus acciones. La distancia con el franquismo la estableció el pueblo, que votó por mayoría abrumadora una reforma de las Instituciones y una nueva Constitución. Pero los políticos, los intelectuales y los periodistas descubrieron jubilosos el eufemismo de «este país» para referirse a España, necedad que aún emerge de la boca de muchos tontos. Los más atrevidos hablaban del «Estado Español», sin caer en la cuenta de que la voz «Estado» fue mucho más utilizada por la costumbre y la propaganda franquistas que el término «España». Hoy, todavía se sigue con la obsesión de «este país», mientras que la voz franquista por excelencia «Estado», sólo la frecuentan los nacionalistas, que ver para creer, o mejor dicho, oír para asombrarse.

Un patriota puede no ser constitucional, lo mismo que un constitucionalista a ultranza tiene el derecho de no sentir el patriotismo. En el fondo, la empanada mental responde a los viejos vicios del lenguaje. No porque lo digan los políticos, afortunadamente patriotismo y Constitución van de la mano en los sentimientos de la mayoría de los españoles, por impulso anímico propio más que por influencias políticas o mediáticas -y perdón por el uso de esta palabra abominable-.

Con la vista puesta en el próximo congreso del Partido Popular, le ha sido encomendada a María San Gil la exposición de la ponencia sobre el «Patriotismo Constitucional». María San Gil ha demostrado con creces, dolor, lágrimas, sobresaltos, coraje, firmeza y perseverancia que es una patriota sin grietas. En su ponencia, resignada a la disciplina de partido, María San Gil dice: «Nosotros no somos nacionalistas vascos y somos españoles, lo cual no quiere decir que seamos nacionalistas españoles». Un error de principio. «Nacionalismo español» es una contradicción, y su comparación con los nacionalismos, una equivocación que ayuda a mantener la confusión.

Los nacionalismos son, por respeto a su propia condición, excluyentes y diferenciadores. El nacionalista encuentra en la raíz, la raza, el idioma y las costumbres, los argumentos de distancia respecto al resto de los españoles. El español no nacionalista, es decir, el español sin apellidos, siente por tradición, historia y ánimo, el orgullo de la pluralidad cultural, y hasta del mestizaje. El español quiere abrazar a todos, en tanto que el nacionalista sueña con pegarnos a los demás una patada en el culo para establecerse en soledad. La norma de exclusión del nacionalismo no existe en quien no se siente nacionalista, y por ende, no está capacitado para serlo.

El patriotismo constitucional, y toda la carga argumental que reúne, abre el camino indirecto hacia la sencillez. Curvas innecesarias para sustituir a la recta. Lo fácil y sencillo es hablar de España, recuperar en el uso la palabra España y dejarnos de arabescos colaterales y acomplejados.

Patriotismo constitucional y ciudadano
JOSÉ DANIEL REBOREDO El Correo 13 Noviembre 2001

Cada vez es más frecuente ver a nuestros políticos defendiendo conceptos que proceden del ideario republicano. No deja de sorprender este ‘fagocitismo ideológico’ de partidos como el PP y el PSOE aun considerando que en la política actual, tan pobre en ideas como plana en iniciativas, el ‘todo vale’ es un presupuesto básico de la realidad política. Y, si no, recordemos el último escándalo financiero-político de nuestro país, el de Gescartera o ‘Trincartera’, como la denominan algunos articulistas, y la pésima actuación del Gobierno tapando responsabilidades en un mar de cinismo y mayoría absoluta. El ‘cercenamiento’ del mundo ideológico republicano y la apropiación de diferentes conceptos básicos del republicanismo clásico se está convirtiendo en una costumbre de nuestras dos principales fuerzas políticas. Con ello pretenden tapar sus carencias ideológicas, adecuar su discurso político al ideal de ciudadanía y enmascarar sus veleidades neoliberales.

La más reciente ‘absorción conceptual’ del programa republicano, la del ‘patriotismo constitucional’, tiene su origen en España en la conferencia titulada ‘Patriotismo constitucional y Estado democrático’, que en enero de 1992 Juan José Laborda, entonces presidente del Senado, pronunció en el Club Siglo XXI de Madrid al hilo de lo que el filósofo alemán Jürgen Habermas había manifestado poco tiempo antes. La ‘iluminación republicana’ del mencionado ‘patriotismo constitucional’ de José Luis Rodríguez Zapatero, ávido lector del libro titulado ‘Republicanismo. Una teoría sobre la libertad y el gobierno’, de Philip Pettit; las veleidades azañistas de José María Aznar y su inesperada atracción republicana, que se manifestará en el próximo Congreso del PP (enero de 2002) con la ponencia titulada ‘Patriotismo constitucional’ y, finalmente, el barniz progresista y romántico que aún conserva la II República española y del que se nutren formaciones como Izquierda Unida y algunos de los partidos políticos que la integran, son algunas manifestaciones de este sorprendente, aunque entendible, interés por el republicanismo.

Quizás sea el momento de señalar que en un sistema político republicano, al igual que en uno monárquico constitucional como el que actualmente existe en España, caben todas las ideologías que cumplan los parámetros básicos de democracia y respeto, pero ni conservadores, ni socialistas, ni comunistas, ni demócrata-cristianos, ni ecologistas, etcétera, son republicanos. Puede haber una cierta coincidencia en algunas ideas básicas, pero la esencia es diferente. En cierta medida, está pasando algo parecido a lo que en el siglo XX ocurrió con el ideario anarquista, que las democracias occidentales, sobre todos las nórdicas, asumieron como propios muchos de los conceptos libertarios.

La relevancia del lenguaje del patriotismo político y de la distinción entre patriotismo y nacionalismo están en el análisis de la identidad nacional y la ciudadanía de Habermas, quien señalaba que la nación-estado y la democracia eran dos gemelos generados bajo las sombras del nacionalismo. De ahí que propusiera, frente a la nación como unidad y purificación, el ‘patriotismo de la constitución’ (‘Verfassungspatriotismus’) basado en los principios universales de libertad y democracia que aparecían en la constitución de la República Federal Alemana. Su republicanismo no rompía con la tradición republicana, sino que era una nueva versión de ésta. Los ciudadanos necesitamos patriotismo y debemos, a la vez, marginar los valores etnoculturales y etnonacionales tan en boga en nuestros tiempos. Defender los valores políticos de la ciudadanía democrática es una obligación, ya que forman parte de la cultura de los pueblos. La mejor forma de ayudar al renacimiento de la ‘virtud cívica’ es perfilar un proyecto de patriotismo ciudadano que sea aceptable y que no sea una quimera. La concepción del patriotismo republicano como amor a la libertad común, nuestra libertad y la de nuestros conciudadanos, es una aspiración factible en nuestra época. Época en la que, superado el socialismo, utópico y real, la izquierda de los países desarrollados, y la derecha, como ocurre con el PP en España, han vuelto sus ojos a un lenguaje político, el republicano, que identifica libertad y participación ciudadana.

Hoy por hoy, la única alternativa al liberalismo dominador es el republicanismo. No olvidemos que mucho antes que el socialismo, el republicanismo hablaba de la virtud como amor a la patria y entendía la ciudadanía como una profunda fraternidad. El marco del humanismo cívico es la comunidad política, su cohesión es la ciudadanía, en el mismo se favorece el ejercicio cotidiano de la participación ciudadana y se trabaja por un proyecto de convivencia colectiva.

Las ideas deben circular libremente y no ser patrimonio de personas, grupos, naciones, Estados, etcétera, pero sí que es conveniente recordar de dónde proceden y a qué corresponden. Quienes creemos que la concepción política republicana es la más justa, razonable, libre, igualitaria y democrática (en el mundo de la realidad, no en el de la utopía) estamos obligados cuanto menos a reseñar cuáles son sus ideas básicas y el porqué de su atractivo para otras opciones políticas que nada tienen que ver con el republicanismo. Ser demócrata y republicano en la actualidad supone persuadirse de que una comunidad humana es siempre, y a la vez, resultado de unas contingencias históricas y producto de una decisión política que requiere que la razón se exprese libremente. El redescubrimiento del republicanismo/humanismo cívico como marco básico de convivencia es un potente antídoto contra los particularismos étnicos y religiosos y contra los que confunden sus deberes como ciudadanos con sus derechos como consumidores. He aquí su principal aportación.

Políticos turbios
ANTONIO GALA El Mundo 13 Noviembre 2001

Los políticos peneuvistas más visibles se mueven entre argucias y astutos planteamientos de vaivén. Parecen dirigentes bananeros con los que no se puede tratar en serio. Sus posturas sobre el Estatuto se amplían o se conforman, según su beneficio en el tiempo y en el espacio. A veces es una locura modificar el marco político con el 51% de los votos; pero no lo es con el 52,8, lo que obtuvieron en la última elección, cuando gran parte de ellos son autonomistas. Procuran dilatar, vociferar, asemejarse o no al Uster. Hoy es una cosa y mañana, la contraria. Ruboriza escucharlos y dan ganas de no tenerlos en cuenta en absoluto.Ser político es triste. Serlo como ellos, asqueroso.

'Cataluña, tierra de acogida'
Pedro Muñoz La Estrella 13 Noviembre 2001

Cuando se publiquen estas líneas, el presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol, andará por tierras extremeñas, concretamente por Badajoz, inaugurando la exposición itinerante "Cataluña, tierra de acogida", una muestra que ya ha estado haciendo "patria" por diversos lugares de España, como Madrid. En este caso, "hacer patria" es promocionar Cataluña en el resto de España, iniciativa que, a más de uno, nos ilustra, más que sobre la necesidad de hacer posible que nos conozcamos mejor los españoles, sobre hasta qué punto es obligado corregir graves errores cometidos por el nacionalismo catalán en las dos últimas décadas de descentralización.

Para quienes conocemos Cataluña, porque hemos estudiado, trabajado y vivido en ella, no hay experiencia más evidente, e inolvidable al tiempo, que la hospitalidad catalana y, por tanto, su condición acreditada por los años de "tierra de acogida". Y, sin embargo, seguramente hay pocas evidencias del día a día que precisan hoy tan urgente tratamiento a base de apoyo y promoción como ésta. Se entiende mal que, siendo como es Cataluña tierra de gentes acogedoras y generosas, el señor Pujol tenga que darse unas cuantas vueltas por España para promocionar algo que debería caerse por su propio peso. Aquí pasa algo raro.

"Es que fuera de Cataluña no se nos quiere", me dijo hace ya años, en su despacho de la Generalitat, el molt honorable president en el curso de una entrevista a pocos años de otra inolvidable con el gran Josep Tarradellas. Aquella mañana, y como respuesta a aquel reproche, me permití recordar a Pujol que, contrariamente, Tarradellas había expresado ante mi su satisfacción personal por el hecho de que los catalanes "somos bien acogidos, lo que tenemos que hacer ahora es organizar nuestro futuro en el futuro de España". Eran los años de la transición, inmediatamente después del Ja soc aqui, y Tarradellas había sido recibido con los brazos abiertos por el Rey don Juan Carlos y por Adolfo Suárez.

Pujol, como buen nacionalista, es victimista hasta la raíz y cuando decía lo que decía sobre el desafecto español a Cataluña estaba jugando su papel, que consiste en darle a la situación real de normalidad una pátina especial de desamor, desdén o marginación que suscite pena, compasión y ayude a los "demás", a los "otros", a entender el drama de un pueblo que no es querido y, además, es perseguido... Como es bien sabido, es una manera como otra cualquier de vender un producto, en este caso la catalanidad en versión nacionalista.

Entonces, con todos los respetos, intenté convencer a Pujol de que no había tal problema, o, al menos, no tan agudizado como él lo sentía, aunque sí aceptaba yo -y en esa posición me encuentro todavía- que a quien podrían no estimar los españoles suficientemente sería quizás a los nacionalistas, de modo muy especial a los políticos que tan mal tratan asuntos vitales de los "otros", como su lengua en Cataluña o la idea que muchos españoles tienen todavía sobre lo que es España.

Es decir, la falta de estima de España hacia Cataluña es, a mi juicio, no un desafecto general de los españoles hacia Cataluña y los catalanes, sino una cautela, un reparo en relación con los políticos nacionalistas y con la parte social que representan, con los predicadores de la doctrina contra "los otros", que nace como consecuencia de la especial manera que tiene el nacionalismo de asegurar su futuro aunque sea pasando por encima de los derechos de "los otros".

Desde aquella entrevista han pasado muchos años. Y ahora el presidente Pujol y Cataluña se ven forzados a predicar por las tierras de todos la nueva "doctrina" de la Cataluña de acogida. En los últimos años, la doctrina victimista de los políticos nacionalistas de echar por tierra tantos afectos y sentimientos comunes ha causado un grave perjuicio en la proyección de estos predicadores nacionalistas de la exclusividad catalana y, de rechazo, en la imagen de Cataluña. Y eso se ha proyectado sobre los españoles perjudicando la imagen de lo catalán por extensión.

Con el paso de los años, aunque la Cataluña afectuosa de siempre no ha dejado de serlo, esa machacona defensa nacionalista de sus cosas, por parte del nacionalismo, ha horadado seriamente esa estima de que venimos hablando. Como consecuencia, la Cataluña entrañable de siempre no recibe las cuotas elevadas de turismo interior que recibió siempre. Y eso se nota en la cuenta de resultados, que es, en el fondo de los fondos, la razón por la cual Pujol nos recuerda a todos algo obvio, que Cataluña es tierra de acogida.

Habrá que decirle al presidente Pujol que para que Cataluña recupere posiciones quizás sería conveniente que el nacionalismo bajara el diapasón de su victimismo y la machaconería de sus excelencias por encima de las virtudes de "los otros".    pmunoz@estrelladigital.es Opinion@estrelladigital.es

Los precursores del héroe urbano
En 1980 un trabajador de «El Diario de Navarra» persiguió a los etarras que acababan de tirotear al director
ANTONIO GARCIA PELEGRIN El Mundo 13 Noviembre 2001

El pasado martes, 6 de noviembre, un vecino de Madrid realizó una auténtica proeza al conseguir con su comportamiento la detención del comando Madrid de ETA. El héroe urbano escribió una bella carta, en la que afirmaba: «No tengo más mérito que otros muchos españoles, que con su tesón y constancia llevan muchos años dedicando sus vidas a protegernos a todos, verdaderos héroes de estos tiempos que nos ha tocado vivir».

La persona más admirada de España, el hombre que tuvo la entereza y el valor de seguir a unos terroristas, que acababan de intentar segar la vida del secretario general de Política Científica, Juan Junquera, no ha sido el primer ciudadano que ha contribuido decisivamente a la detención de peligrosos miembros de la organización terrorista ETA.

El 24 de marzo de 1996, una persona llama a la Ertzaintza porque ha visto a Valentín Lasarte en el hipermercado Mamut de Oyarzun.Lasarte, autor de los asesinatos de Gregorio Ordóñez y de Fernando Múgica, ya se había escapado en varias ocasiones de las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad. Pero ese día no lo consiguió. Perseguido por la Policía vasca, se ve acorralado y, ante disparos intimidatorios, se lanza al suelo mientras grita: «Valentín Lasarte naiz» («Soy Valentín Lasarte»). Una llamada le costó la vida a Eugenio Olaciregui, a quien ETA acusó de delator. Sin embargo, su viuda, Koro Villarta, asegura que su marido no fue quien hizo esa llamada.

José Antonio Sola, con sólo 22 años, también se convirtió en héroe el 22 de septiembre de 1996. Al detectar material explosivo en el capó de un coche, llamó a la policía, cortó el tráfico, evacuó a los habitantes de una vivienda y saltó por los aires.Sola fue despedido no sólo por la onda expansiva, sino también por la empresa donde trabajaba; los jefes tenían miedo.

La colaboración ciudadana también fue decisiva en la detención de los dos etarras que el 16 de octubre de 2000 asesinaron en Sevilla al coronel médico Antonio Muñoz Cariñanos. En otro atentado perpetrado el 20 de agosto de 1980 ocurrió algo bastante similar a lo sucedido en Madrid, 21 años después.

El 20 de agosto de 1980, José Javier Uranga, director de El Diario de Navarra, acude a trabajar a primera hora de la mañana. En el aparcamiento del periódico le aguardan dos etarras. Al bajarse del coche, se le acercan y, a muy pocos metros de él, le vacían el cargador de un subfusil. De las 29 balas, 25 penetran en su cuerpo.

Inmediatamente es trasladado a la Clínica Universitaria. Está consciente. En el corto trayecto, su raza de periodista le lleva a «narrar», pese a que está a punto de morir, con todo lujo de detalles a las personas que van con él en la ambulancia, los pormenores del atentado.

Varios empleados del diario presenciaron la escena del aparcamiento.Uno de ellos reacciona con valor. Coge su coche y persigue al vehículo en el que los etarras se han fugado.

Estamos en 1980 y no existen los teléfonos móviles. Eso hace que el empleado, inerme, no pueda avisar a la policía a la vez que persigue a los etarras. Estos se dan cuenta de que tienen a alguien detrás. Paran su vehículo y se dirigen al valiente ciudadano al que encañonan, mientras le dicen que o deja de perseguirlos o se lo cargan.

El caso de Eugenio Olaciregui debe servir para que todos nos demos cuenta de la importancia de proteger el anonimato del héroe madrileño. Le va en ello la vida. El Gobierno y la oposición están dispuestos a garantizarlo. Expertos juristas consideran que no es imprescindible para instruir el sumario el testimonio de este ciudadano. Lo decisivo ha sido su actuación y no su testimonio.

Si el terrorismo tiene como objetivo amedrentar a la sociedad, nada hay más dañino para una organización que pretende sembrar el pánico que los miembros de esa masa social se rebelen y sean capaces de hacer frente a los criminales. Una vez más, la realidad supera a la ficción. Actuaciones a lo Jack Ryan en la novela Juego de patriotas de Tom Clancy con su intervención evita el asesinato de Lord Holmes, primo de la Reina Madre ocurren también en la vida real.

El martes, algunos comentaron que la actuación del ciudadano anónimo fue propia de un profesional. Por eso se creyó que se trataba de un policía, extremo que el interesado desmiente en su carta. Hasta tal punto resultó un éxito su comportamiento que yo no sólo llegué a pensar que era un miembro de las Fuerzas de Seguridad, sino que creí que era una especie de montaje aprovechado por el Ministerio del Interior.

Permanecer alerta
Vuelvo a la frase final de la carta del héroe anónimo: «Mi nombre es el de cualquiera de vosotros que lea estas líneas y comprenda que el fin del terrorismo empieza en cada uno de nosotros, actuando sin miedo y permaneciendo alerta para la defensa del Estado de Derecho». Es verdad que el miedo es libre, como pone de relieve la encuesta elaborada por Sigma Dos para EL MUNDO, pero no es menos cierto que resulta reconfortante que el 40% de los españoles se muestre seguro al contestar que hubiera hecho lo mismo que él.

Si comparamos el caso de la detención de Lasarte con la captura de los miembros que asesinaron a Muñoz Cariñanos, podemos deducir algo tremendo: en una población próxima a San Sebastián, Oyarzun, uno de los terroristas más buscados se pasea a cara descubierta por un hipermercado. En Sevilla, en cambio, la población se movilizó.

En cada sitio por el que pasaban los terroristas, los ciudadanos iban informando, de forma que estuvieron localizados. Comprenderá el lector por qué he confesado que llegué a sospechar que, detrás de la actuación del héroe anónimo, estaba el Ministerio del Interior.Nada más eficaz para combatir el terrorismo que actitudes como la del hombre del todoterreno que siguió con valentía a los autores de un atentado que no mató a nadie, pero que produjo heridas graves a otras víctimas.       Antonio García Pelegrín es periodista y autor de El GAL digital.

Emigración integrista
Por Enrique de Diego Libertad Digital 13 Noviembre 2001

La detención de un nuevo grupo de integristas islámicos plantea la ausencia de una política de emigración basada en criterios de racionalidad y sentido común. No existe, como se pretende, una especie de deber de acogida, fundado en esotéricos complejos de culpa. Ninguna lógica tienen esas campañas a favor de los “sin papeles”, en contra del Estado de Derecho. Los problemas que obligan a emigrar están en los países emisores. Y eso no se resuelve sólo con inversiones, según ese estúpido esquema de que el occidental es el malo y debe por ende adoptar una posición providente, sino con reformas de desarrollo de los derechos de propiedad y políticos.

En cualquier caso, la detención de integristas muestra un error anterior: esos integristas han cruzado nuestras fronteras y se encuentran entre nosotros acogiéndose a los beneficios del sistema para destruirlo. Es preciso discriminar en la entrada, pues ello es lo propio de la racionalidad. Corremos el riesgo no sólo de tener células terroristas, sino de encontrarnos a medio plazo con un medio ambiente integrista, con un lobby de esas características. Hay compasiones peligrosas, políticamente correctas, que no ayudan a nadie. El mínimo de prudencia, ante la situación del mundo y las amenazas de Ben Laden, aconsejan frenar con carácter temporal la emigración musulmana y ser exigentes en la renovación de permisos de residencia.

Redondo fijará en el texto de Eguiguren que su partido no quiere la autodeterminación
Redacción - Madrid.- La Razón 13 Noviembre 2001

El coordinador de la Ejecutiva del PSE-EE y portavoz parlamentario, Rodolfo Ares, aseguró ayer que el secretario general del partido, Nicolás Redondo, utilizará como «base» del documento que llevará a la Conferencia Política el texto de su «número dos», Jesús Eguiguren, aunque realizará los «ajustes» necesarios para dejar claro que los socialistas «no defienden ni el derecho de autodeterminación ni ninguna consulta».

El portavoz parlamentario explicó a Ep que Redondo redactará un texto en el que se «resuelvan los problemas de interpretación que se han podido hacer en torno al documento de Eguiguren» cuando se refería al debate sobre la autodeterminación o a la realización de un referéndum. En el informe, el líder socialista incluirá, además, la situación política creada tras los atentados en EE UU y los debates en el Parlamento vasco sobre pacificación y autogobierno. El también coordinador de la Ejecutiva señaló que todavía no hay fecha para que Redondo presente ante la Comisión Ejecutiva su texto, ya que quiere elaborarlo «con tranquilidad». Una vez que lo tenga concluído, se lo presentará a los miembros de la dirección del partido que estime oportuno.

Un tribunal no considera delito multar a alumnos por hablar bable
JAVIER CUARTAS Oviedo El País 13 Noviembre 2001

Una sentencia de la Audiencia Provincial de Oviedo considera que multar a alumnos de un colegio por hablar en bable (asturiano) 'no es constitutivo de un delito de discriminación ni de infracción penal alguna'. El fallo judicial establece que el procedimiento debería tramitarse en todo caso por la vía contencioso-administrativa.

La sentencia de la Audiencia Provincial respalda un auto previo del Juzgado de Instrucción Número 1 de Villaviciosa (Asturias), ante una denuncia formulada por la formación nacionalista extraparlamentaria Andecha Astur, que denunció que en un colegio de Villaviciosa se multaba a los niños con 25 pesetas por cada palabra que pronunciasen en asturiano o bable.

Las dos sentencias dictadas hasta ahora niegan la vía penal emprendida por el grupo político denunciante y proponen que el caso se dirima en la vía contencioso-administrativa.

La formación considera que el suceso constituye un caso de persecución y discriminación de la lengua asturiana. Andecha Astur ha interpuesto un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional sobre este asunto. Hace unos años este grupo logró un pronunciamiento del Alto Tribunal que reconoció el derecho a emplear la lengua asturiana en los procesos electorales.

Recortes de Prensa   Página Inicial