AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 21 Noviembre   2001
#Anomalías
MIKEL IRIONDO El País 21 Noviembre 2001

#La mejor forma de luchar contra el entramado de ETA
Impresiones El Mundo 21 Noviembre 2001

#Cada vez más solo
Breverías ABC 21 Noviembre 2001

#No sólo un mal ejemplo
Jesús ZARZALEJOS, profesor de Derecho Procesal ABC 21 Noviembre 2001

#El precio de la claridad
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 21 Noviembre 2001

#La herida del rencor
Ignacio Villa Libertad Digital 21 Noviembre 2001

#Terror
FÉLIX DE AZÚA El País 21 Noviembre 2001

#LA FIEBRE RURITANA
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 21 Noviembre 2001

#Libertad y seguridad
Editorial El Correo 21 Noviembre 2001

#El «comando Vizcaya» intenta asesinar a dos ertzainas tras una manifestación proetarra
J. M. Z. / E. Mejuto - Madrid / Bilbao.- La Razón 21 Noviembre 2001

#La pela es la peli
Redacción - Barcelona.- La Razón 21 Noviembre 2001

#Dineros públicos
Nota del Editor 21 Noviembre 2001

Anomalías
MIKEL IRIONDO El País 21 Noviembre 2001

'¿Sabéis qué es la soledad en un país que se celebra a sí mismo, que vive en la efervescencia de su incesante delirio?' (Imre Kertész)

No resulta fácil digerir la noticia de haber sido objeto de atención y seguimiento por parte de un comando terrorista. A pesar de ser consciente de que el compromiso en la defensa de los valores cívicos fundamentales no causa gran entusiasmo entre muchos de nuestros conciudadanos, la respuesta que se espera de ellos ante situaciones de esta gravedad suele superar, desgraciadamente, lo que la cruda realidad permite constatar.

La palabra solidaridad ha sido pronunciada hasta la extenuación desde los ámbitos de poder de este País Vasco teñido de sangre. Está muy bien y conviene que se repita sin olvido, pero sobre todas las cosas es preciso que dicho concepto se encarne en actuaciones concretas. Toda persona amenazada, perseguida, toda víctima que viva en un pueblo como el mío, municipio de treinta mil habitantes que ha albergado durante largos años a quienes hemos conocido recientemente nuestra condición de 'eliminables' y a quienes informaban de nuestros pasos gestores del crimen que tienen nombres y apellidos, se hace una cabal idea del grado de apoyo y solidaridad con el que cuenta. Durante el cálido fin de semana posterior a la desarticulación del comando, ningún convecino osó dirigirme la menor palabra de apoyo en público; en todo caso, alguna palmadita en la espalda con mirada circunspecta y la boca bien cerrada. Nadie aparentaba saber nada; sin embargo, eran patentes las trayectorias desviadas de muchos ojos circundantes. Que ocurra aquello que es sociológicamente imposible en una ciudad gobernada por el partido socialista y con mayoría municipal aplastantemente democrática, que la víctima se convierta en lo anómalo, es extraordinariamente preocupante. Pero pasa, y de qué manera, ¡como para no imaginarse lo que ocurrirá en un pequeño pueblo gobernado por los radicales! Sé de concejales que han llorado de indignación e incredulidad por no haber recibido las necesarias muestras de cariño, ni siquiera incluso de gente considerada afín a sus criterios políticos. Ni que decir tiene, entonces, que la actitud solidaria de los diferentes políticos municipales, diputados y militantes del nacionalismo democrático ha sido en mi caso particularmente inexistente: ni en privado ni en público. Lo mismo cabe reseñar de los no pocos conocidos y 'amigos' instalados en la seguridad de unos cargos institucionales o de unos negocios supuestamente 'blindados' gracias a los resultados de las últimas elecciones. Recomiendo a quienes pasen por idéntico trance enviarles recuerdos a través de otras personas, pues es ésta la única manera segura de que por lo menos piensen en nosotros por una fracción de segundo. Siendo normal recibir noticias de algún irritado nacionalista para quejarse por cierto artículo de opinión, es prácticamente imposible, siendo ciudadano de a pie, cosechar un abrazo telefónico de semejantes colegas en la lucha contra el terrorismo. Y es que uno es pequeño e insignificante, no ostenta cargo público alguno, no maneja hilos de relevancia social y económica, no deja de ser un simple profesor universitario.

¡Ay, la Universidad! Responsables de varias facultades ya han recibido quejas de algún 'compañero' que protesta por la presencia en el centro de algunos docentes que, dadas sus convicciones contrarias al totalitarismo abertzale, ponen en peligro la vida de todos los seres que por allí circulan. 'Algún día puede pasar algo y pillarnos a todos'. Parece ser que el hecho de que nos pille a algunos reputados contestatarios y amigos de meternos en líos no es problema, siempre y cuando nos afecte sólo a nosotros. Estimados compañeros que compartían mesa y mantel semanal con dicharacheras y radicales opiniones contra el entorno batasuno han desaparecido tras el alto el fuego de ETA como por ensalmo. Existen también los que saludan escuetamente y habitan en el reino del riguroso concepto, con convicciones elaboradísimas sobre la conveniencia de una deserción que hace tiempo practican. Además, dado su fino olfato analítico, algunos de ellos ya vieron y denunciaron, en días que califican como más peligrosos, el horror de ETA, y otros, en cambio, somos simples paracaidistas de última hora en busca de prebendas innombrables. Luego están los del saludo amable y la conversación banal que jamás aborda temas delicados, felicitan los años, los nacimientos, las pascuas y el nuevo milenio, sienten enormemente la defunción natural de nuestros allegados, pero rarísimamente se pronuncian ante la extorsión, las amenazas y el asesinato político. Otros son los de convicciones tan profundas como infernales, fascinados por la radicalidad, los que viven el estado de sitio del vasco comprometido con sus ancestros, los que aseguran no saber qué será de nosotros sin la luz guía de ETA, quienes indagan la esencia de nuestros cromosomas irrepetibles, rumiantes de los eternos agravios que se solidarizan con las causas más variopintas de gentes de remotísimos lugares y así venden por doquier el fascismo vasco, el crimen como sano ingrediente de la vida, cual lucha de liberación sin igual. Abundan también los comprometidos de boquilla, los que transitan por el fino alambre de la equidistancia, dando palos verbales ora aquí, ora allá, como si fuera semejante ser activista de ETA o ser defensor de los valores constitucionales. Finalmente, están los solidarios, los que denuncian sin cortapisas la falta de libertad de muchos conciudadanos y dan la cara, singulares especímenes que por su sentido común y la obviedad de sus reivindicaciones parecen emanados por reproducción asistida.

¡Necesitamos la paz!, dice el lehendakari. Necesitamos un país habitable, decimos otros. No la paz del acatamiento general al nacionalismo, sino el país de la concordia y la convivencia no exenta de las lógicas discrepancias. Para ello conviene delimitar claramente a los verdaderos enemigos, los fanáticos, y no alimentarlos con vanas esperanzas. Pero mientras el nacionalismo siga regurgitando el pasto aranista, mientras no revise críticamente su caduca doctrina, mientras sienta lo vasco como algo exclusivo de su ideario, el terrorismo subsistirá. Se seguirá, por tanto, discriminando escandalosamente a la mitad de la ciudadanía.

Pero hay otro elemento clave: la educación en los valores cívicos y en el respeto a la ley. De esto, en nuestras escuelas, muy poco o nada. Nuestros jóvenes están aturdidos, con una considerable empanada mental fruto de la dejación y la consiguiente seducción por todo lo antisistema, siempre y cuando la juerga y el frigorífico lleno estén garantizados. Existen excepciones, como es natural, pero son fruto, sobre todo, de una labor familiar encomiable que hay que potenciar. ¿Cómo? Vuelvo otra vez, cual pescadilla que se muerde la cola, al asunto inicial: la solidaridad con las víctimas. Si nuestros hijos perciben esto en casa cambiará la calle, cambiará el país, desaparecerá ETA. Que sepan nuestros conciudadanos y vecinos, la mayoría de los cuales no son, ni mucho menos, cobardes, sino gentes conmocionadas por la asfixia ambiental del terrorismo, que las víctimas necesitan calor humano, que los saludos, abrazos y sonrisas amables no les incomodan, sino que les animan en su camino. Que apoyarles, un simple 'estoy contigo', no implica comulgar con sus ideas políticas, sino defender lo básico: el derecho a la vida y a la libertad. Si un amenazado recibe doscientas llamadas de apoyo al día, este 'engorro' siempre es mejor que la mendicante espera de una voz amiga. Es fácil comprenderlo, basta ponerse mentalmente durante un minuto en su lugar. Que sepan también que la manera de vencer el miedo y el desánimo es mostrar que somos más y mejores, que no se puede convertir en anómalo al perseguido, pues es ésta la manera de potenciar esa falsa y criminal anomalía. No es posible convivir con el crimen sin rebelarse, pues éste se abrirá paso, tarde o temprano, hasta nuestra puerta, y entonces será tarde. Que vean en nuestras calles los partidarios de la violencia que las simpatías no están con ellos, que cualquier justificación del asesinato no puede tener la callada por respuesta, que la convivencia no es gratis, que exige unos principios inquebrantables.

Todo esto, las gentes de bien de Euskadi, ya lo saben, sólo falta que tomen conciencia de ello; dicho de otro modo: que no supone ninguna 'victoria' el convencimiento de no pertenecer al grueso de potenciales víctimas, pues la clave contra esta limpieza ideológica en curso reside en pasar de ser observador a tomar decisiones responsables para erradicar tanta anomalía.

La mejor forma de luchar contra el entramado de ETA
Impresiones El Mundo 21 Noviembre 2001

Cuando tantas voces se alzan reclamando la persecución legal no sólo de los asesinos de ETA que cometen atentados, sino también del entramado que les apoya, lo que ayer sucedió durante el juicio contra los dos etarras que mataron al concejal del PP de Málaga José María Martín Carpena demuestra que la impunidad en la que siempre se han movido los que jalean los crímenes se ha terminado.El presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ordenó ayer la detención de tres jóvenes que asistían al juicio contra Harriet Iragi y Jon Igor Solana por el presunto asesinato del concejal, después de que profirieran gritos de «asesinos» a los policías y los jueces y de que vitorearan a los miembros de ETA que estaban siendo juzgados. Siro García expulsó también de la sala a Jon Igor Solana cuando éste llamó «torturador» al policía que le detuvo. Los tres alborotadores quienes tienen antecedentes, ya que uno de ellos ha cumplido seis años de cárcel y el otro fue detenido en su día por pertenecer a un grupo Y de apoyo a ETA. La actuación de estos jueces es impecable y una buena demostración de cómo se lucha de forma eficaz contra las tramas terroristas con la ley en la mano. En medio de la polémica sobre la inclusión de Batasuna en la lista europea de organizaciones terroristas, a la que el Gobierno no quiere renunciar a pesar del desacuerdo del PSOE, el camino más adecuado para combatir el entramado etarra es el de las actuaciones judiciales contundentes, puesto que sus métodos criminales se vuelven cada vez más sofisticados. Ayer, un explosivo camuflado detrás de una pancarta que rezaba «ETA, mátalos» causó heridas a los dos ertzainas que procedían a retrirarla en un parque de Bilbao.

Cada vez más solo
Breverías ABC 21 Noviembre 2001

El PNV sigue «haciendo amigos» por todo el mundo. La última ocurrencia de su portavoz en el Congreso, Iñaki Anasagasti, ha sido arremeter de manera casi insultante contra el presidente de México. Una queja en la que no supura otra cosa que la soledad internacional de los nacionalistas vascos tras quedarse fuera de la Internacional Demócrata de Centro. Se confunde Anasagasti buscando responsables; nada extraño, por otra parte, dada su probada adicción al error. La culpa no la tienen ni Fox ni Aznar. Nadie les ha echado, ellos se han ido marchando solos del lugar donde habita el sentido común. Hasta tal punto, que lo más próximo que el PNV encuentra en todo el planeta es Batasuna, el brazo político de una cuadrilla de asesinos.

No sólo un mal ejemplo
Por Jesús ZARZALEJOS, profesor de Derecho Procesal ABC 21 Noviembre 2001

El nuevo presidente del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga, ha comenzado su mandato con una polémica indeseable. El ejemplo que eligió para ilustrar su concepto de unidad nacional frente al terrorismo -lo del «lendakari de Oklahoma»- no fue el más afortunado de los posibles, aunque en la entrevista que el domingo publicó ABC, Jiménez de Parga solventó la cuestión con unos argumentos de fondo difícilmente rebatibles. Al veterano catedrático de Derecho Político le ha pasado algo muy frecuente en este país: a quien señala la Luna, la gente se le queda mirando el dedo. Porque, entre los que se han limitado a reprocharle el riesgo de que su imparcialidad como magistrado haya quedado comprometida y los que se han lanzado a su yugular por ser «un árbitro comprado por el Gobierno de Aznar» (Joseba Azkárraga, Consejero vasco de Justicia, dixit), pocos se han dedicado a pensar -Sánchez Cámara lo ha hecho con su lucidez habitual- si las declaraciones de Jiménez de Parga, además de posiblemente impropias, son reflejo de la realidad.

El presidente del TC ha entrado en las dos cuestiones esenciales para el futuro de este país, que son el terrorismo y la vertebración nacional, expuestas ante la opinión pública con el telón de fondo del 11-S y la ejemplar respuesta de la sociedad y de las instituciones norteamericanas. En la disyuntiva entre guardar silencio, siempre mucho más cómodo, o no sustraerse a los grandes problemas que gravan a España, Jiménez de Parga ha optado por lo segundo, con más acierto en la definición de sus mensajes de fondo que en la elección de sus palabras. En cualquier caso, los argumentos que esgrime Jiménez de Parga a favor de la unidad nacional y del refuerzo del Estado merecen mucho mejor trato que el de ser sepultados por una polémica superficial. Es cierto que, al ser presidente del máximo órgano de interpretación de la Constitución y de protección de las garantías constitucionales, Jiménez de Parga tiene la responsabilidad de medir sus palabras, pero también lo es que ha expresado un pensamiento genérico que no condiciona -aunque algunos crean de buena fe que la ensombrece- su disposición previa para el ejercicio de la función jurisdiccional que corresponde a su Tribunal y que se proyecta en casos concretos y en el seno de un órgano colegiado.

Quienes mejor han calculado la dimensión del planteamiento del nuevo Presidente han sido los nacionalistas, conscientes de lo bien que les fue con el anterior TC y con la partición de competencias estatales que promovió (urbanismo, defensa de la competencia, etcétera...) para acrecer las autonómicas, con singulares aportaciones al «conflicto vasco», como la sentencia que excarceló a los miembros de la Mesa Nacional de Herri Batasuna, convertida desde entonces en ariete contra el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional. Quizá por culpa del pensamiento débil ahora asuste un discurso que rompe la inercia de un Estado acostumbrado a ser de peor condición que algunas Comunidades Autónomas. Sólo por esta expectativa de cambio que sugieren las reflexiones de Jiménez de Parga estaría justificado que, después de cumplir penitencia por su desafortunado ejemplo del lendakari de Oklahoma, atendiéramos con rigor -y también con alivio- su preocupación por España.

El precio de la claridad
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 21 Noviembre 2001

El Gobierno y el primer partido de la oposición están estudiando la inclusión de Batasuna, antes EH, antes HB, en la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea. Es absolutamente falso decir que el PP y el PSOE han llegado a un acuerdo para desistir de este propósito. Lo que sí es verdad es que las cúpulas de ambas formaciones, y es inteligente que así lo hagan, prefieren tener en su mano todos los argumentos jurídicos que garanticen el éxito de una operación cuya lógica política y policial queda fuera de duda. La percepción del problema vasco por parte de los ministros que se sentarán en el Consejo de Justicia e Interior comunitario el próximo mes de diciembre no tiene por qué ser homogénea ni coincidir al cien por cien con la de los dos grandes partidos nacionales españoles. Cuando te están matando un concejal, un guardia civil, un militar, un periodista o un juez cada dos por tres, la urgencia por tomar medidas que reduzcan la capacidad operativa de los asesinos no es la misma que cuando te enteras de la noticia a través de los informativos que te ponen al corriente de lo sucedido en un país situado a dos mil kilómetros de distancia, por muy Estado-miembro que sea.

En este asunto existe una contradicción de fondo de difícil arreglo. La solicitud de colocar en el inventario del terror reconocido oficialmente por la Unión Europea, con los correspondientes efectos penales, procesales y financieros, a una fuerza que en España goza de reconocimiento legal, se presenta a elecciones, disfruta de subvenciones públicas del Ejecutivo vasco, y tiene representantes elegidos en las urnas en Ayuntamientos, Juntas Generales, Parlamentos autonómicos y Parlamento Europeo, ha de provocar, como mínimo, una cierta perplejidad en los titulares de Justicia e Interior de los Quince. Por tanto, la más que justificada pretensión de situar fuera de la ley a Batasuna a nivel europeo nos enfrenta inevitablemente con la cuestión de su estatus jurídico en nuestro país. El plano comunitario y el plano nacional son distintos, pero es obvio que no pueden ser inconsistentes entre sí. Hace muchos años que la ilegalización del brazo institucional de Eta es una asignatura pendiente española, pero sería ilusorio creer que la podemos aprobar pasando un examen en Bruselas.

Batasuna forma parte de Eta, al igual que el resto de entidades, asociaciones y medios de comunicación al servicio del proyecto de destrucción y muerte que tiene atenazado al País Vasco desde hace tres décadas. Todos lo sabemos, pero nunca nos hemos atrevido a actuar en consecuencia. La paradoja lacerante de que una banda de delincuentes disponga de locales, presupuesto e infraestructura administrativa y logística pagados por sus víctimas, es llevar quizá la pureza democrática demasiado lejos. La claridad tiene un precio, y hay que pagarlo en Europa, pero también en España.

La herida del rencor
Ignacio Villa Libertad Digital 21 Noviembre 2001

La virulencia y la amargura con las que Iñaki Anasagasti, portavoz parlamentario del PNV, se ha pronunciado en la prensa mexicana en vísperas de la elección de José María Aznar como presidente de la nueva Internacional Demócrata de Centro es una señal clara e inequívoca de que el PNV sangra, y lo hace abundantemente por la herida del rencor.

El nacionalismo vasco, víctima de sus propios errores, observa impasible la desaparición del PNV de los grandes foros internacionales. De forma irreversible se han ido aislando de los demás. Primero se fueron del Partido Popular Europeo por su propia iniciativa, formando grupo con los verdes en el Parlamento de Estrasburgo. Luego, ya el año pasado, fueron excluidos de la Internacional Demócrata Cristianan por haber roto previamente con los populares europeos. Esta desaparición de los grandes puntos de encuentro internacionales de los partidos políticos debería llevar a la reflexión a los nacionalistas vascos. Cuando unos dirigentes sólo perciben maniobras contra ellos, cuando sólo son capaces de denunciar los males ajenos y no los propios, cuando sólo reconocen los errores de los demás puesto que ellos nunca se equivocan, es que algo importante está ocurriendo.

El PNV se encuentra internacionalmente abandonado. Les queda, eso sí, el consuelo de los guiños del nacionalismo catalán, que piensan que una desaparición política de los vascos les perjudicaría seriamente. Es por ello que en ocasiones aceptan una cierta complicidad con los errores de los nacionalistas vascos. El PNV se siente excluido, pero no se puede quejar, la exclusión ha venido determinada por sus propios errores estratégicos, por el deseo de supervivencia de algunos dirigentes, por su empecinado acercamiento al entorno terrorista y a sus objetivos, por su deseo público de dar prioridad al brazo político de ETA antes de intentar recuperar el diálogo con los partidos democráticos nacionales, etc.

Al PNV nadie le ha excluido, han sido ellos mismos los que lo han hecho. Y el verdadero problema es que los nacionalistas vascos caminan sin freno hacia el precipicio; buscando una ficticia pervivencia están destruyendo toda su trayectoria histórica, incluida su presencia durante décadas en importantes foros internacionales.

El PNV camina sin dirección política coherente. Desde fuera ya nadie les entiende, pero tampoco les compadecen. Las pataletas de sus dirigentes y portavoces sirven de poco. La realidad es clara y a nadie se le oculta. Aunque siempre quede una puerta abierta a la rectificación para que vuelvan donde estaban. Una rectificación que requiere una fuerte dosis de humildad y, por el momento, no parecen dispuestos a ello.

Terror
FÉLIX DE AZÚA El País 21 Noviembre 2001

Todo comenzó cuando un ciudadano ascético, exangüe, mineral, llamado Robespierre, descubrió el efecto que producía sobre el comportamiento humano ver caer la cabeza de gente que no había hecho nada malo. La fórmula era sencilla. Si uno mata enemigos (culpables o inocentes), es la guerra, pero si uno asesina inocentes, entonces también mata el alma de los amigos. Con claridad francesa se percató de que no hay arma más poderosa que el asesinato de inocentes si uno quiere tiranizar una nación.

Nada ha cambiado desde 1793. El Gobierno americano (que no América, la confusión es siempre fruto del cinismo) impuso el terror en Chile siguiendo los principios de Robespierre. Asesinar comunistas no amedrentaba a la gente común, por lo tanto, había que asesinar a quienes todos llamarían 'víctimas inocentes'. Sólo de ese modo la población sabría que estaba amenazada de muerte en su totalidad por un poder teocrático. Así actuaron Stalin y Hitler, así actúan ETA, Al Qaeda, los GRAPO o el IRA, herederos de una práctica política inventada por la burguesía nacional del periodo romántico.

Algunos dicen que el terrorismo de Al Qaeda nada tiene que ver con el de ETA. Lo ha dicho gente indigna de confianza, pero también algún bienaventurado de alma muerta. No lo entiendo. Es cierto que sus dioses, Alá y la Nación Vasca, son diversos, pero ambos grupos comparten un credo fundamental. Creen que pueden conseguir beneficios asesinando a gente inocente. Y los matan precisamente porque son inocentes. Con sus majaderos informes y la beocia de sus argumentos, demuestran saber que asesinan a inocentes. Y que quieren seguir asesinando a inocentes porque eso les traerá beneficios.

Semejante proposición es tan escalofriante que cualquier matiz, distingo o reserva con respecto a un grupo terrorista me parece trivial. O bien, fruto de la inconfesada esperanza de compartir los beneficios que devengue el asesinato de inocentes.

Perdonen esta sarta de obviedades, pero no creo que sea del todo inútil repetirla una vez más. Acabo de leer unas declaraciones de Arzalluz y él también se repite.

LA FIEBRE RURITANA
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 21 Noviembre 2001

Maragall, obsesionado con la reforma del Senado. Zapatero, preocupado porque Maragall no le reviente el partido por los costurones de la cuestión territorial. Aznar, encabritado con Rodríguez Zapatero, que quiere adueñarse del patriotismo constitucional. Ibarretxe, encolerizado con Aznar a quien acusa de haber puesto a Jiménez de Parga en la presidencia del Constitucional, para que se meta desde allí con los lehankaris de Oklahoma. Y Jiménez de Parga, preocupado por la fortaleza del Estado. Es la fiebre ruritana.
Jiménez de Parga, preocupado con la fortaleza del Estado. Pujol, molesto por sus desacertadísimas palabras. Arzalluz, decepcionado con Pujol, que ha dejado al PNV en la cuneta. Aznar, endemoniado con Arzallus, que pretende reeditar el Pacto de Lizarra. Zapatero, maliciándose que lo que Aznar ansía es resucitar la España de Agustina de Aragón. Y Maragall, maliciándose, a su vez, que lo que ambiciona Zapatero es reconstruir una España en la que no cabría una Cataluña nacional. Podríamos, claro, seguir con otra, y otra, y otra ronda, hasta cansarnos.

Y es que la fiebre ruritana ha prendido en nuestra clase dirigente, hasta ponerla en un estado de delirio general.
¿Ruritania? No existe Ruritania. No, Ruritania es, en realidad, una invención de Ernest Gellner autor de un libro excepcional, Naciones y nacionalismo, que ilustró una de sus tesis esenciales -la de que es el nacionalismo quien engendra las naciones, y no al revés- con la fábula genial de la creación del nuevo Estado ruritano a partir del previo imperio de Megalomania. «Ningún rasgo transmitido genéticamente o arraigada costumbre religiosa diferenciaba a un ruritano instruido de un megalomano instruido», escribe Gellner, con un humor que es puro vitriolo. Pero da igual: la existencia de un partido nacionalista ruritano echaría a andar todo el proceso de construcción identitaria y de fijación de mitos diferenciadores que sirve al nacionalismo para surgir, crecer y mantenerse.

¿En qué se diferencian, en España, un zamorano y un alavés instruidos? ¿O un campesino gallego y otro leridano? En lo mismo -en todo o nada, según se mire- que se diferencian un asturiano, un parisino, un calabrés y un neoyorkino. ¿Hay, pues, en España una razón que explique esa fiebre ruritana que mantiene a nuestra clase dirigente en un angustioso sin vivir? En efecto, hay una razón: que los nacionalistas han conseguido convertir sus obsesiones en parte esencial de la agenda oficial de este país. De la oficial, claro, que no es la de los millones de españoles a quienes esas obsesiones nos parecen ya cosa del pasado: del paleolítico, para ser algo más precisos.

Libertad y seguridad
Editorial El Correo 21 Noviembre 2001

Los terroristas emplearon ayer su macabro ingenio para atentar, en el parque Etxebarria de Bilbao, contra la integridad de dos ciudadanos vascos que cumplían con su obligación profesional de retirar una pancarta cuyo contenido mancillaba la memoria de cientos de personas asesinadas por ETA. El propósito de los violentos era causar el mayor daño posible a los ertzainas que acudiesen al lugar. Una vez más la suerte se ha puesto del lado de aquellos que el terror había colocado en su mortífera diana, y dos policías autonómicos curan sus heridas mientras piensan que estuvieron a punto de encontrarse con un final irreparable.

La violencia ha vuelto a hacer acto de presencia veinticuatro horas después de que la resolución adoptada por la comisión de seguimiento del Pacto por las Libertades y el Terrorismo firmado por PP y PSOE considerara «necesario que en las distintas instancias europeas se reconozca la vinculación existente entre la banda terrorista ETA y la organización política Batasuna». El combate democrático contra la cobertura que determinadas siglas prestan al terrorismo no puede verse sometido a la disyuntiva entre el todo o la nada: o su ilegalización o la permisividad impotente. Existe un campo de juego que cuenta también con su traducción institucional, cual es el de los pronunciamientos políticos. Tan sólo desde el cinismo más absoluto puede alguien negar que existe un estrecho vínculo de dependencia entre ETA y Batasuna, habida cuenta de que los portavoces de ésta reiteran los argumentos sobre los que la banda terrorista establece su dictadura de terror. Que una organización política cuya seña de identidad más destacada es su negativa a condenar el asesinato sistemático de sus conciudadanos no pueda ser objeto de un procedimiento judicial incriminatorio que conduzca a su ilegalización, en ningún caso significa que deba quedar libre de la más dura de la condenas políticas contra el extremismo. Las propias instituciones de la UE se han pronunciado reiteradamente contra diversas manifestaciones de la intolerancia en Europa sin que, necesariamente, se hayan visto obligadas a solicitar procedimientos judiciales contra ellas.

La compatibilidad entre libertad y seguridad constituye una de las condiciones de la existencia misma del sistema democrático, en el que la segunda se sitúa al servicio de la primera. Desde el pasado 11 de septiembre, la trágica aparición de un riesgo global de naturaleza terrorista obliga a los gobiernos democráticos a responder a semejante amenaza con la entereza necesaria como para devolver la seguridad a la ciudadanía. Pero, al mismo tiempo, requiere que las medidas adoptadas eviten ir más allá de lo razonable y puedan infligir un daño irreparable a las sociedades abiertas, erosionando precisamente el sistema de valores que el terrorismo trata de destruir. El verdadero desafío de las sociedades democráticas no es otro que hacer frente al riesgo global sin que su amenaza cierta afecte a la vida en libertad y a los mínimos de confianza mutua en que ha de basarse la convivencia. Tanto EE UU como la Unión Europea y sus países miembros -en especial Gran Bretaña, Alemania, Italia y Francia- están introduciendo con urgencia modificaciones legislativas de carácter antiterrorista. Algunas de esas medidas vienen a cubrir un vacío inexplicable, como es el caso de la tipificación penal del delito terrorista o el control sobre la financiación de sus tramas. Otras iniciativas son a todas luces necesarias -como la pronta habilitación de un espacio judicial y policial europeo-. Sin embargo, buena parte de las medidas adoptadas tanto en EE U como en los citados países europeos han suscitado la lógica preocupación por su impacto sobre el sistema de libertades; preocupación a la que no pueden ser ajenos los integrantes de los poderes del Estado democrático: legisladores, gobernantes y jueces.

La preocupación está justificada por la posibilidad de que puedan practicarse registros sin autorización judicial previa; que las detenciones puedan prolongarse indefinidamente; que la persecución del terrorismo se extralimite a través de una legislación inconcreta; que se vean afectadas la libre circulación de personas y la transmisión de información; que se multipliquen los riesgos inherentes al control e interceptación de comunicaciones; que las garantías procesales se resientan por la celeridad o por la opacidad de los procedimientos. Todas esas medidas podrían llegar a vulnerar derechos básicos de personas determinadas. Pero, además, y en esa misma medida, trastocarían el orden democrático del binomio libertad-seguridad. Porque junto a las medidas concretas se proyectarían, sin duda, elementos de cultura política que llegarían a chocar fuertemente con la creciente multiculturalidad de las sociedades occidentales. La inducción de sentimientos xenófobos y el decaimiento del derecho de asilo están presentes entre los riesgos de las citadas modificaciones legales. Por eso, resulta necesario que los cambios legislativos que impliquen la mínima reducción del cuadro de derechos y libertades ciudadanos vayan acompañados de algunos requisitos. Entre ellos la necesaria proporcionalidad con que las nuevas medidas respondan al peligro terrorista, la temporalidad de su vigencia y la evaluación de su propia eficacia. Máxime cuando la seguridad no existe como condición absoluta, y los ciudadanos de las sociedades democráticas hemos asumido que la libertad de que disfrutamos es un bien tan valioso como para asumir una determinada cuota de riesgos.

El «comando Vizcaya» intenta asesinar a dos ertzainas tras una manifestación proetarra
Los terroristas utilizaron una bomba trampa cuando los agentes retiraban una pancarta
El «comando Vizcaya» de Eta es el autor del intento de asesinato anoche en el barrio bilbaíno de Begoña, de dos agentes de la Ertzaintza que intentaban retirar una pancarta en el Parque Echevarría, tras la celebración en la zona de una manifestación proetarra. Según informaron a LA RAZÓN fuentes antiterroristas, el sistema utilizado por los pistoleros para activar la bomba trampa era de «tracción». Un sedal unía la pancarta con el artefacto y, cuando los agentes tiraron, hizo explosión. Este sistema ya era utilizado por la banda en la década de los setenta para perpetrar los atentados.
J. M. Z. / E. Mejuto - Madrid / Bilbao.- La Razón 21 Noviembre 2001

El comunicado hecho público por la banda criminal el pasado día 28 de octubre, en el que acusaban a la Ertzaintza de practicar torturas con los detenidos y en el que se atacaba al Gobierno vasco que preside el peneuvista Juan José Ibarreche, hacía presagiar, según fuentes antiterroristas consultadas por LA RAZÓN, que Eta podía atentar en cualquier momento contra la Policía Autónoma vasca.

Pasaban las nueve de la noche de ayer cuando una llamada realizada, al parecer, por un vecino a S.O.S. Deiak, alertaba de la colocación de una pancarta que contenía el lema «Policía Asesina. Eta Mátalos» en el parque Echevarría del barrio de Begoña de Bilbao. Inmediatamente después, una patrulla de Seguridad Ciudadana de la Ertzaintza del distrito bilbaíno de Deusto, compuesta por dos agentes autónomos, se acercaba al lugar para proceder a la retirada del citado cartel.

En el momento en el que los dos ertzainas se disponían a quitar el cartel, estallaba una bomba trampa, compuesta por entre un kilo y dos kilos de material explosivo, colocado en un recipiente metálico adosada a la pancarta a media altura y disimulado por un seto. La deflagración fue de gran intensidad, ya que pudo ser oída a gran distancia y ocasionó diversos daños materiales en un radio de 100 metros.

En este mismo escenario del parque bilbaíno de Echevarría se acababa de celebrar una manifestación de organizaciones del entramado de la banda en la que se recordaba la muerte del dirigente de HB Santiago Brouard y la del diputado abertzale Josu Muguruza, en 1984 y 1989, respectivamente.

Los agentes heridos, de 38 y 39 años, respectivamente, fueron trasladados inmediatamente al Hospital de Basurto de la capital vizcaína. Uno de ellos tuvo que ser intervenido quirúrgicamente para retirarle gran cantidad de metralla del rostro, principalmente en el ojo, y del abdomen y, al cierre de esta edición, permanecía ingresado con pronóstico reservado, según el parte médico facilitado por el jefe de la Unidad de Urgencia del centro sanitario. A su compañero, que había permanecido a mayor distancia, la onda expansiva le afectó el tímpano y le produjo varias lesiones superficiales en el cuerpo y el cuero cabelludo por lo que pudo ser dado de alta a última hora de la noche.

Una vez más, la deflagración ocasionó también numerosos daños materiales en los comercios y viviendas adyacentes. Así, un vecino del número 105 de la calle Zumalacarregui, sito a la altura de la explosión, relató cómo «habían quedado destrozadas las cristaleras de los negocios situados en los bajos del inmueble».
Durante las horas siguientes a que estallara el artefacto, la zona permaneció acordonada por efectivos policiales que recogieron pruebas para poder establecer la composición de la bomba.

El sistema utilizado por el «comando Vizcaya», que asesinó el pasado día 7 al magistrado de la Audiencia Provincial de Vizcaya José María Lidón, era el que utilizaba Eta en la década de los setenta cuando los guardias civiles acudían a retirar ikurriñas (banderas vascas) que aún no habían sido legalizadas.

La pela es la peli
Warner y Generalitat acuerdan doblar futuras entregas de Harry Potter, que podría pagar el Govern
Redacción - Barcelona.- La Razón 21 Noviembre 2001

La Generalitat catalana y la multinacional Warner han alcanzado un acuerdo para subtitular en catalán siete copias de la película «Harry Potter y la piedra filosofal», que se emitirán en versión original. Cuatro de las copias se proyectarán en Barcelona y el resto en una sala de las otras tres capitales de provincia. El Govern considera que esta solución no resultará suficiente para conseguir satisfacer la demanda (se han vendido 200.000 ejemplares de los libros de Rowling en catalán), el «conseller en cap», Artur Mas, mostró su satisfacción por el acuerdo, que llega después de dos semanas de presiones, promovidas principalmente por JNC.

El consejero de Cultura, Jordi Vilajoana, y el director general de Warner Sogefilms, Luis Hernández de Carlos, mantuvieron ayer por la tarde una reunión en Barcelona en la que se buscaba una vía para encontrar una solución. En un comunicado conjunto, la multinacional «lamenta el malestar que ha generado en Cataluña su decisión inicial de no doblar al catalán la película de Harry Potter» y puntualiza que, debido al inminente estreno de la película en España el próximo día 30, se subtitularán siete copias. Warner se ha comprometido, además, a que las próximas entregas cinematográficas de las aventuras de Harry Potter, que no llegarán a la gran pantalla hasta diciembre del próximo año. En principio, la Generalitat estaría dispuesta a pagar los gastos de doblaje al catalán aunque este punto todavía tiene que ser discutido por ambas partes.

La solución llega después de que Warner anunciara la pasada semana su intención de no doblar en catalán «Harry Potter y la piedra filosofal», decisión que provocó una gran polémica en distintos círculos políticos y sociales de Cataluña que promovieron un boicot contra la multinacional a través de mensajes para colapsar su página web y repartir pegatinas a la puerta de los cines donde se va a exhibir la película. Ayer los políticos se felicitaron por la solución, pero desde UGT afirmaron que es «insuficiente».

Dineros públicos
Nota del Editor 21 Noviembre 2001

Debía resultar difícil no aceptar que la Generalidad financiase el doblaje, así que el problema surge con el resto de idiomas no comerciales, que para emular al nacionalismo catalán tendrán que echar mano de las finanzas públicas (es decir, de nuestros sudados impuestos) para conseguir el mismo efecto, lo que sin duda redundará en la disminución de las inversiones y en el aumento de la presión fiscal.

Yo debo agradecer a la Warner que considere el español un idioma comercial, es decir que piensa que hacer inversiones empresariales en el mismo es un buen negocio, pero por solidaridad con los que quieran ver la película doblada al silbo gomero, trataré de que mis dineros privados no puedan finalizar en la financiación de doblajes y gestiones de idiomas propios.

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