AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 26 Noviembre   2001
#La tarta
Jaime CAMPMANY ABC  26 Noviembre 2001

#«Desfederar»
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 26 Noviembre 2001

#Testimonios del terror
JUSTINO SINOVA El Mundo  26 Noviembre 2001

#Dejación ante el horror
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 26 Noviembre 2001

#La Ertzaintza, en el punto de mira
JAVIER ELZO El Correo  26 Noviembre 2001

#La 'kale borroka' se convierte en la cacería del ertzaina
Lorenzo Contreras La Estrella  26 Noviembre 2001

#Peligro federalista
Cartas al Director ABC  26 Noviembre 2001

#Cobardía etarra
Cartas al Director ABC  26 Noviembre 2001

 

La tarta
Por Jaime CAMPMANY ABC  26 Noviembre 2001

UN mozuelo barbilindo, un estudiantillo quizá ensayado y consabido, se acercó a la mesa y dejó delante de Javier Arzalluz un pastel de estiércol. Nadie le detuvo, nadie le reprochó ese gesto inconsiderado, y allí se quedó tan fresco y tan sonriente. También sonrió el obsequiado con una sonrisa de comprensión y disculpa. Tampoco Arzalluz rechazó el regalo. Se limitó a alejarlo de sus narices sin un aspaviento de asco ni un mohín de repugnancia. Es fácil apartar de debajo de la nariz una tarta de estiércol, incluso es fácil dominar la tentación de tirarla a la cabeza del generoso obsequiante. Hasta se puede prolongar la sonrisa en palabras comprensivas y corresponder al regalo con una declaración de solidaridad. «Yo quiero lo mismo que vosotros», o sea, una Universidad sólo en euskera, imposible para los estudiantes que hablen castellano.

Hay otros obsequios de los llamados, por paradoja, abertzales que no se pueden rechazar, ni siquiera pueden ser apartados de la nuca con un gesto de paternal comprensión. Horas después de que los estudiantes alevines de etarra entregaran a Arzalluz la tarta de estiércol, el obsequio de dos tiros en la nuca era entregado a una mujer de treinta y cuatro años, una muchacha con tres hijos que, vestida con el uniforme de la Ertzaintza, dirigía el tránsito de vehículos en un cruce de calles de Beasain. Murió en el acto. Un compañero suyo, también joven, murió al poco de llegar malherido al hospital. Ellos no tuvieron derecho a tarta, a tarta de estiércol, privilegio que se reserva a los amigos cuando caen en la tentación estratégica de la tibieza en el apoyo al terrorismo. Los dos ertzainas pertenecen ya al abono de violencia y muerte que los etarras vierten todos los días sobre el suelo vasco y sobre todo el suelo de España. Un encapuchado los habrá convertido en «presentes sucesiones de difunto» bajo la mirada comprensiva y la sonrisa tierna de Javier Arzalluz. ¡Hay que ver estos chicos cómo agitan el árbol!

Ahora también le toca a la Policía vasca, casi perdonada de la pena de muerte durante años por el terrorismo etarra. Deben pagar sus últimas actuaciones contra el terror y sus cómplices de eso que llaman la kale borroka. La Policía vasca venía operando con lenidad y vista gorda ante los crímenes de los etarras. Las órdenes del Gobierno vasco imponían una actuación permisiva y de dirigir la vista hacia otra parte. Órdenes así, incluso por escrito, se conservaban a docenas en las comisarias de la Ertzaintza. Eran aquellas que fueron quemadas en las vísperas de las elecciones autonómicas, por si acaso los nacionalistas perdían las elecciones y aquellos documentos caían en manos «enemigas». Las instrucciones impartidas a los jefes de los ertzainas en los distintos puntos del País Vasco componen una prueba irrefutable de la condescendencia y benevolencia con que el llamado «nacionalismo democrático» ha luchado contra el terror y ha defendido la libertad y la seguridad de todos los ciudadanos vascos.

Ha llegado un momento en que la Ertzaintza ha entrado en los objetivos de muerte de la banda etarra. Ya no sólo caen policías nacionales y guardias civiles. Caen también ertzainas. Y este es el punto en que la Ertzaintza se ve obligada a advertir al Gobierno vasco de Juan José Ibarreche que no está dispuesta a admitir más tibieza y condescendencia en sus órdenes. Es natural. Porque ahora los ertzainas, cuando miran a otro lado, se encuentran con dos tiros en la nuca. Es muy triste presumirlo así, pero es probable que los jefes radicales y proetarras del nacionalismo vasco no se decidirán a luchar de verdad contra el terror hasta que, en vez de tartas de estiércol, como Arzalluz, reciban dos disparos en la cabeza como Ana Aróstegui.

 

«Desfederar»
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 26 Noviembre 2001

Una de las empresas más absurdas, incoherentes, estúpidas y suicidas que se plantean en Europa es la que el PSOE va a convertir en piedra angular de su propuesta política: la ruptura del modelo de Estado español, el Estado de las Autonomías, para sustituirlo por un Estado Federal o, como ellos dicen tratando de mitigar el vértigo ante lo arriesgado del proyecto, «La España Federal».Cuando los nacionalistas y los progres se acuerdan de España, malo: siempre es para negarla. Tampoco ésta es la excepción.

El sentido de la federación como el de la confederación está bastante claro: asociar, unir, reunir, ayuntar, machihembrar, forjar, sintetizar, resumir, agavillar, juntar lo disperso, llevar lo plural hasta lo singular, privilegiar la identidad sobre la diferencia, coordinar lo descoordinado, fundir lo fragmentado, sumar y multiplicar sobre restar y dividir. Lo que los socialistas quieren hacer con España va exactamente en sentido contrario: separar, desunir, fomentar las diferencias, privilegiar lo distinto sobre lo común, lo particular sobre lo general y lo singular sobre lo plural, aunque hablen de pluralismo a todas horas. Si no queremos llamarle por su nombre, que es romper, dejémoslo en desfederar. Pero nadie se llame a engaño: no crean un vínculo nuevo para lo que ya existe, aunque gravemente amenazado por el terrorismo y el separatismo, que es precisamente España como hecho político, es decir, la ciudadanía española, la unión de los españoles como ciudadanos, sujetos de derechos civiles. Todo lo contrario. Los socialistas rompen el vínculo existente desde hace muchos siglos para crear no sabemos qué. Ellos tampoco. Lo más concreto de su federalismo que hemos llegado a escucharles es que sería asimétrico, o sea, desigual. A partir de ahí, todo lo que sea federar, asociar, igualar parece bueno. ¿Pero por qué romper para unir en vez de, simplemente, no romper? Pues porque no tratan de unir sino de romper. A ver si después de pasar al Estado por la piqueta sale un nuevo Gobierno: el suyo...y de los nacionalistas, claro.

La Constitución, como todas desde 1812, se fundamenta en la nación española, «patria común e indivisible» dice el texto de 1978.Lo primero es generosamente obvio; lo segundo es lo que niegan los terroristas y separatistas: la existencia misma de nuestra nación, al menos en su integridad. El proyecto del PSOE, vástago disoluto del confuso caletre de un nacionalista catalán llamado Pasqual, sólo tiene una virtud: acaba con ese concepto artificioso y ridículo del «patriotismo constitucional», tan de moda entre la progresía.

Estaba ya copiándolo servilmente el PP para su próximo Congreso cuando va el PSOE y desnuda su auténtico significado: ni Patria ni Constitución. O sea, justo lo que parecía.

Testimonios del terror
JUSTINO SINOVA El Mundo  26 Noviembre 2001

Las palabras pierden su fuerza con el uso. La voz terrorismo ya no nos transmite todo lo que significa, la carga de sufrimiento que lleva dentro. Harían falta otras expresiones para no perder la batalla de la indignación, que es el primer requisito para no rendirse ante los asesinos, pero ¿cuáles?

Nos queda un recurso para no olvidar que en una parte de España muchísima gente vive torturada: escuchar su testimonio. Es entonces cuando otras palabras cumplen la función de transmitir la realidad y nos permiten comprobar las condiciones deplorables en que se debaten unos compatriotas cuyo delito es pensar por libre.

El viernes por la noche llamó al programa de Manuel Antonio Rico en RNE, 24 Horas, un ertzaina para manifestar su dolor tras el asesinato de dos compañeros, y más aún que lo que dijo impresionó cómo lo dijo, con la voz distorsionada para evitar ser reconocido por unos y otros.

Otra noche telefoneó la madre de un concejal no nacionalista en un pueblo de Euskadi y relató su vigi- lancia desde el balcón, todos los días, cuando su hijo va a trabajar, y su espera angustiada hasta que regresa a casa por la noche sano y salvo. Todo ello en medio de la indiferencia de unos vecinos y la mirada desafiante de otros, que la hacen vivir entre las paredes asfixiantes de un ghetto.

Esa es la consecuencia del terrorismo de ETA, la implantación del pánico en la vida cotidiana de una población que no sabe cómo reaccionar y que asiste impotente a las divagaciones de una clase política que no parece suficientemente afectada por la tragedia que tiene en casa.

La respuesta verbal de Juan José Ibarretxe el viernes al asesinato de los dos policías en Beasaín fue una certificación de la debilidad política nacionalista con los ejecutores y encubridores del terror.Se quejaba afligidamente de que ETA actuara mientras él se encontraba en el extranjero para promocionar Euskadi. Era la protesta de quien no se ve acompañado en sus planes, como si ETA fuera un simple inconveniente. Nadie deducía de sus palabras que ETA es la organización totalitaria que no deja vivir a media población de Euskadi, una población atormentada que también le tiene a él de lehendakari.

La suavidad de Ibarretxe sintoniza con los compromisos del Gobierno vasco y la cúpula del PNV, que mantienen lazos con el entorno político de los terroristas. Otro ertzaina añadía en la noche de RNE: «Es que ETA sabe que no está sola». Qué buen modo de explicar lo que pasa en Euskadi.

Dejación ante el horror
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón  26 Noviembre 2001

Si es mayúscula y afecta a muchos, la estupidez puede ser un crimen. Me asalta este pensamiento siempre que oigo decir: primero acabemos con Eta, luego hablaremos de autodeterminación. La estupidez consiste en creer que se puede acabar con el efecto (Eta) sin acabar con la causa (autodeterminación) que lo crea y mantiene.

Como las ideas no se pueden encarcelar con las personas que las portan, ni se agostan silenciándolas, habrá terrorismo mientras que en la sociedad civil no se abra un debate capaz de anular la idea que lo legitima ante sí mismo, y los partidos del Estado mantengan la criminal esperanza de dar paso, aunque sea teórico, al federalismo o la secesión. Dos fenómenos igualmente necesitados de previo derecho a la autodeterminación.

Dejando de momento la dimensión criminal de la estupidez, debo recordar que en la Transición al Estado de Autono- mías no se debatió la idea de autodeterminación. Y los partidos la afirman o la aceptan a regañadientes, como si el derecho de los pueblos a la secesión fuera una evidencia no necesitada de demostración. Salvo en mi «Discurso de la República», nadie se ha molestado en explicar en qué consiste y a qué pueblos se aplica. Y nadie se atreve a negarla hoy como derecho, pese a no estar fundada en la libertad colectiva del pueblo español y carecer, además, de la substancia propia de los derechos políticos.

Es bastante fácil, con libertad de pensamiento y rigor de expresión, destruir las creencias que provienen de raciocinios o datos equivocados. Se puede dialogar con quienes, no siendo nacionalistas, defienden el derecho de autodeterminación como derecho natural o como expresión de la libertad política. No será difícil, si son cultos o inteligentes, sacarlos de su error. Sin embargo, no es posible mantener este diálogo con un nacionalista. La fe que profesan Eta y partidos nacionalistas en SU derecho a la Independencia no ha sido fruto de un razonamiento ni de una pasión de libertad, sino del sentimiento narcisista de amor a la comunidad autóctona y envidia del Estado. Los sentimientos no entienden de razones. Sólo se superan con otros sentimientos.

El objetivo de un debate nacional sobre la autodeterminación no es diluir en razones el sentimiento separatista, sino mostrar la irracionalidad que implica apoyar, por razón de la libertad, las metas del nacionalismo narcisista sin estar embargado por tal sentimiento. Se puede comprender que un vasco nacionalista crea por necesidad sentimental, en el derecho a la Independencia. Pero hay extravío de la razón en los que defienden ese derecho sin ser vascos o si, siéndolos, no están emocionalmente dominados por el ardor del sentimiento nacionalista.

No es concebible que una persona decente llegue a pensar que más vale conceder la Independencia que soportar el terrorismo, a sabiendas de que eso es una injusticia mayor y más sangrienta de la que se desea huir. Si Eta viola los derechos vitales de miles de personas, la Independencia violaría los de millones. Quienes en busca de seguridad o tranquilidad hacen abandono de derechos y libertades, aparte de que no los merecen, no saben que por ese camino encontrarán mayor inseguridad y menor libertad de la que tienen. La lógica de los acontecimientos históricos, que muchas veces hace triunfar la perfidia de la traición, nunca premia la comodidad de la cobardía ni de la pereza de la dejación.

Si Eta, impulsada por un sentimiento nacionalista que la enajena, no tiene derecho a desgarrar las entrañas de la sociedad vasca ante el altar de la Independencia, mucho menos lo tienen aquellos que, por temor personal o por falta de entereza ante el terrorismo, estarían dispuestos a desgarrar la entera sociedad española en aras de una ilusión quimérica. Pues lo que habría sido conquistado por dejación ante el terror, sólo el terrorismo lo podría conservar.

La Ertzaintza, en el punto de mira
JAVIER ELZO El Correo  26 Noviembre 2001

Cuando el viernes por la tarde me enteré del asesinato de dos ertzainas, fui incapaz de escribir dos líneas. Sencillamente no me sentía con fuerzas para pensar con un poco de sosiego, pensar con la cabeza y el corazón y no con las tripas. Suma y sigue. Dos más, dos ciudadanos más, esta vez dos ertzainas. Hace unos días, mi compañero de Deusto José Mari Lidón; poco antes quisieron matar a Juan Junquera, director de Política Científica del Ministerio de Ciencia y Tecnología en Madrid; esta misma semana lo intentaron con otros ertzainas. Salvo ‘errores’ en la comisión de los atentados (gente que pasaba por allí, que, por si hubiera duda, dicen que en ese caso ‘lo lamentan’), intentan asesinar preferentemente a dos colectivos: representantes de las instituciones que los ciudadanos nos hemos dado (políticos, jueces, policías...) y gentes del ámbito empresarial o financiero. A esta lista hay que añadir los que no se callan y lo denuncian, básicamente periodistas y profesores. No nos engañemos: es el sistema democrático el que está en juego. Es la libertad de todos la que está en juego. Quieren imponer su proyecto: una Euskadi independiente y socialista. Como no lo pueden conseguir por la fuerza de la razón, porque hay ya más que sobrados pronunciamientos de la ciudadanía que prueban hasta la saciedad que su proyecto es minoritario hoy en Euskal Herria, sólo les queda el recurso al asesinato, todavía selectivo, para quebrar la voluntad de los demás. Ciertamente intentan asesinar, y han asesinado, en mayor grado a los no nacionalistas vascos, sencillamente porque en su submundo hay más gente que se dice nacionalista y necesitan proteger su cantera pero, a los hechos me remito, no han tenido recato en asesinar o intentar asesinar nacionalistas cuando, en su estrategia, lo han creído conveniente y han pensado que el asesinato era ‘vendible’ para los suyos. Cualquier lector mínimamente informado puede poner nombres en esta lista. Mi repulsa al morbo me impide publicitarlos.

Hoy son ertzainas. No son los primeros que asesinan ni, desgraciadamente, serán los últimos. Tampoco es la primera vez que escribo sobre los ertzainas como objetivo de ETA. Éste el segundo artículo que, con este mismo título, escribo para EL CORREO. El primero se publicó el 22 de marzo de 1996, hace ya más de cinco años. Poco antes habían asesinado, en Irun, a Ramón Doral, suboficial de la Ertzaintza. Releo mi texto. Hoy suscribiría lo que entonces dije pero con algún matiz o añadido.

Hoy como entonces hay que constatar que la Ertzaintza es una institución muy querida por los vascos, que la sienten como algo propio. De las que más alta valoración obtienen cuando se pide a los ciudadanos, por ejemplo en nuestras repetidas encuestas sobre valores, que manifiesten el grado de confianza que les merecen una serie de instituciones y entidades: parlamentos, Iglesia, sindicatos, sistema de enseñanza, justicia, prensa, grandes empresas, la ONU, etcétera. En 1995, el 52,5% de los ciudadanos de la comunidad autónoma afirmaba tener mucha o bastante confianza en la Ertzaintza. Esta cifra no sólo se mantiene, sino que sube al 54,1% en la encuesta de 1999, cuyo análisis acabamos de terminar y esperamos publicar, en la Universidad de Deusto, ya entrado el próximo año 2002. Sólo le aventaja en la apreciación positiva la sanidad, el sistema de la seguridad social y la enseñanza. Sí, la Ertzaintza es querida por la sociedad vasca. Pero, y transcribo aquí mi texto del año 96, «es evidente también que existe un porcentaje minoritario, pero importante, de vascos que rechazan tanto a los ertzainas como a sus hijos (como pude comprobar en otro estudio sobre las relaciones dentro de la escuela). Conviene que la ciudadanía sea consciente, añadía, de que muchos ertzainas no van a ciertos bares (y zonas, añado hoy) de las localidades donde viven...» Concluía señalando que «no podemos dejar pasar actitudes como éstas, pues corremos el riesgo de que la Ertzaintza, por un lógico reflejo de autoprotección, se encierre en una especie de gueto... La Ertzaintza debe estar en el interior del pueblo que la creó y, sin reclamar cheques en blanco, debe recibir el apoyo de ese pueblo». Hoy daría un paso más.

No basta con que la Ertzaintza se sienta querida, anímicamente apoyada y que, en días como estos, perciba el cariño y la cercanía de la sociedad, del pueblo llano y de sus autoridades... Con la excepción de los de siempre, claro. No basta con eso. La Ertzaintza debe sentir que el pueblo llano está dispuesto a ayudarla en su labor de luchar y acabar con ETA. El ertzaina debe percibir que el apoyo no se limita a darle palmadas en el hombro, agradecerle su labor cuando se encuentra con un amigo, un conocido. Debe sentir, también, que estamos dispuestos a ayudarles en su lucha contra ETA. Que no es sólo cosa de ellos, de los ertzainas contra los violentos. Que también nosotros, los ciudadanos, estamos contra los violentos y que, desde nuestro lugar en la sociedad, vamos a colaborar con ellos en la tarea de acabar con ETA. No sé muy bien cómo, lo confieso, con las armas del derecho por supuesto, las mismas que les pedimos a ellos que utilicen, pero sin dejarles solos, a ellos y a las demás fuerzas de seguridad. Su papel en la sociedad supone que estén en primera fila, pero los demás no podemos retirarnos a casa a ver compungidamente el espectáculo desde la televisión con una copa en la mano.

El terrorismo es la forma de guerra del siglo XXI. A grande o a pequeña escala. No pretendo decir que la situación en Afganistán y en EE UU, así como lo que sucede en el mundo después del 11 de septiembre, sea equiparable a lo que padecemos aquí. Pero hay un elemento en común (más de uno, en realidad) que quiero resaltar aquí. Debemos interiorizar que no hay policía en el mundo que acabe con el terrorismo mientras haya gente dispuesta a matar, incluso al precio de dejar su vida, por lo que ellos entienden como un proyecto o un objetivo irrenunciables: una patria, un modelo de sociedad o, peor aún, un odio irrefrenable hacia unas personas o hacia unas entidades, EE UU o España, a las que ven como el símbolo de todo lo malo que les sucede. La policía deberá luchar hasta donde pueda para poner a buen recaudo a esta gente, y los ciudadanos deberemos ayudarla aun asumiendo riesgos personales. Pero, al mismo tiempo, y con la misma energía, deberemos trabajar para que esos sentimientos y esos proyectos unívocos y excluyentes se ahoguen bajo la presión de la razón y de la convicción activa (no sólo buenas palabras) de sus conciudadanos, particularmente de los más próximos a sus planteamientos. Deberemos hablar hasta la saciedad con los que miran hacia otro lado cuando hay asesinados. Deberemos hablar de lo divino y lo humano, ciertamente, pero dejando bien claras dos cosas. En primer lugar, que nunca conseguirán por medio de la violencia lo que no consiguieron por la confrontación democrática (una persona, un voto) y, en segundo lugar, por duro que sea, hay que decirles que no somos como ellos. Hay algo que nos diferencia radicalmente: si un día ellos son objeto de asesinato político (el GAL) saldremos a la calle a denunciarlo y llevaremos a sus autores ante la justicia, mientras que ellos, cuando sus amigos nos matan, se limitan a lamentarlo, en el mejor de los casos, y miran hacia otro lado.

Entretanto, hablemos los que estamos contra la violencia, pero sin mezclar las diferencias políticas con el terrorismo. Menos aún busquemos, con el rabillo del ojo, rentabilidad electoral con esa confusión. Es la trampa que siempre nos tiende ETA y en la que caemos tantas veces. Ahora hace un año que ETA mató a Lluch. Recuerdo la frase de Gemma Nierga tras la manifestación de Barcelona: «Ernest hubiera dialogado hasta con los que vinieron a matarlo. Ustedes que pueden, dialoguen». Tenemos ahora unos meses de oro antes de las próximas elecciones. No los desaprovechemos. Pero hoy no es día de volver al monotema. Baste con un abrazo sincero y agradecido a los ertzainas y a sus familiares.

La 'kale borroka' se convierte en la cacería del ertzaina
Lorenzo Contreras La Estrella  26 Noviembre 2001

ETA ha atentado en días sucesivos contra la Ertzaintza o policía autónoma vasca, primero en Bilbao y luego en Beasaín. En la primera ocasión puso a una pareja de agentes una bomba-trampa adosada a una pancarta insultante o letrero cuya retirada se solicitaba y que por fortuna no les hirió de muerte, aunque sí a uno de ellos de gravedad. En la segunda ocasión ocurrió lo clásico y lo más seguro: acercamiento de los pistoleros etarras y disparos a la cabeza. Murieron los dos agentes, hombre y mujer. Estaban regulando el tráfico en un cruce de la Carretera Nacional I. No se podía decir precisamente que estaban reprimiendo nada ni a nadie. Fue la fórmula de crimen que la banda ya utilizó hace tantos años, en pleno franquismo, cuando Echevarría y Sarasqueta mataron al guardia civil Pardines, de la Agrupación de Tráfico. El atentado fácil y alevoso que introduce en la Ertzaintza un elemento de inseguridad y que, a poco que funciones la condición humana, deparará a los terroristas mayores grados de impunidad en el futuro. Una cosa es que la policía vasca reciba instrucciones de dureza replicante y otra, mucho más probable, que evite ofrecer blancos aunque se resienta el servicio.
 
A
hora hay dos teorías: ETA ha declarado la guerra al PNV de una manera especialmente explícita, atentando contra un cuerpo funcionarial que representa el orden y la seguridad de todos los ciudadanos, incluidos los gobernantes vascos. Pero la otra teoría es más cómoda: la banda se limita a "luchar" contra la Ertzaintza, sin cuestionar con las armas o los explosivos al nacionalismo no violento. Algo así como si la policía autónoma, prevista en el Estatuto y aceptada por Madrid, fuese una excrecencia españolista, un epígono represor imitador del pasado.

A
l PNV, a su Gobierno de Vitoria y, sobre todo, a la Consejería de Interior que dirige Javier Balza les interesa la segunda de las citadas teorías o interpretaciones. ETA es una fuerza patriótica equivocada que combate a los "cipayos" porque no son otra cosa que txakurras travestidos. Con la implantación de esta tendencia etarra que venía de lejos, pero que no se manifestaba con la dureza sistemática que empieza a aflorar, la banda da su primera gran respuesta a los entendimientos de las fuerzas policiales autónoma y central, cuya colaboración ha deparado detenciones y registros respaldados judicialmente desde Madrid.

A
hora bien, si el Gobierno vasco, aparte de los funerales y de las sentidas palabras, infravalora el problema interno que se le viene encima, es que ha quedado prisionero de su circunstancia. Los llamados "cipayos", por puro instinto de autoprotección, irán fortificándose en sus reductos cuarteleros, en actitud defensiva contra ETA, pero también, y eso sería más grave, contra el propio Gobierno vasco y la consejería de Interior. Sería o simplemente va a ser en el supuesto, harto probable, de que el Gobierno del señor Ibarreche, que tanta defensa del ciudadano prometió durante la campaña electoral de mayo, no se muestre a la altura de sus indudables responsabilidades.

S
e le quiere dar un especial significado al hecho de que frente al lugar concreto donde los agentes fueron asesinados exista una Herriko Taberna, que representa, como se sabe, ese tipo de establecimiento conspirativo donde se hace la permanente reivindicación de libertad para los presos, aparte de refrescar los gaznates de quienes gritan y practican la kale borroka. Pero es igual. Un "cipayo" es cada día más un blanco que se mueve y no importa el paraje urbano en que lo haga. Por supuesto que ese punto de la Nacional I, necesitado de regulación para el tráfico, está más expuesto a quedar abandonado que la Herriko Taberna de enfrente a quedar vigilada e inspeccionada. Son conquistas etarras medibles ya por espacios de territorio. Zonas exentas donde acabará por desaparecer el ertzaina, cuya cacería se convierte en una modalidad sistemática de la propia kale borroka. Los "cipayos" tienen sus sindicatos, sobre todo el llamado ERNE, y desde esos centros van a emanar los mensajes políticos más duros que Ibarreche pudiera esperar junto con los ciudadanos que le votaron para proporcionarle una victoria electoral más ajustada que justa, pero victoria a fin de cuentas.

Peligro federalista
Cartas al Director ABC  26 Noviembre 2001

El PSOE va a presentarse a las próximas elecciones con la bandera federalista para España. Han meditado que los votos que le faltan para gobernar están en las bolsas nacionalistas reales y «virtuales» de todas las Comunidades Autónomas. Lo percibo como una decisión política basada en los intereses de partido más que en los de España. Si estoy equivocado, tendrán que empezar ya a explicarnos las ventajas y los inconvenientes de un Estado Federal y el porqué le conviene a la España de las Autonomías dar el paso en esa dirección. El principio de solidaridad entre las distintas regiones de España implica sacrificio, no sólo generosidad. El sacrificio tiende a enturbiar la objetividad del que tiene que realizarlo y multitud de racionalizaciones acuden a su mente para justificar su renuncia a hacerlo. No hay más que mirar lo que estamos haciendo con los países del Tercer Mundo o con el ecosistema de la Tierra. ¿Los estados de la España federal serían solidarios entre ellos? ¿El trasvase Tajo-Segura, vital para el sudeste de España, se habría construido en una España federal? El hecho de que pertenecemos a la Unión Europea limitará, sin duda, autonomía legislativa de cada Estado federal. Aun así, ¿cuántos derechos y deberes van a ser diferentes según sea la región en donde viva una persona? ¿Los recursos económicos de cada Estado van a condicionar prestaciones tan fundamentales como la Sanidad, la jubilación, la carga fiscal, etcétera, hasta el punto de que un ciudadano será diferente según en qué estado viva dentro de España?

Estaremos esperando a que empiecen las explicaciones, objetivas y singularizadas, para cada uno de los temas que van a ser afectados por esa transformación. Será fundamental a la hora de votar.   José González Tortosa. Murcia.

Cobardía etarra
Cartas al Director ABC  26 Noviembre 2001

En las cobardes, retorcidas y perversas mentes de los etarras surgió la idea de matar a dos miembros de la Policía Autónoma Vasca. Colocaron una pancarta, que por sí sola era ya un atentado, y cuando se acercaron los policías a retirarla, hicieron estallar la bomba. Gracias a Dios se libraron de la muerte, y eso no lo podían consentir.

Por eso luego fueron a lo seguro, al cobarde tiro en la nuca y por la espalda, para luego salir huyendo ante la mirada horrorizada, ¿y paralizada?, de todos los que los rodeaban.

Por lo visto eran muchos, puesto que los agentes estaban allí precisamente para regular el tráfico, al ser una zona de atascos frecuentes. Quizá sea verdad que nadie pudo hacer nada, pero recientemente nos han demostrado que sí, que se puede hacer algo.

Es tan grande mi dolor que puedo intuir, sólo eso, el dolor de sus familiares. El dolor y el vacío infinito de esas cuatro criaturas, en las que habrá que volcar unas inmensas dosis de psicología para que no crezcan odiando a aquellos que los dejaron huérfanos sin ninguna razón.

Y encima tenemos que oír al señor Ibarreche diciendo que tienen que demostrarle a la Ertzaintza que la quieren mucho.

Mientras que los agentes tengan que ir con capucha y los demás tengamos que verlo con gran vergüenza ajena, no nos creeremos que la quieran mucho.

Este señor tendría que ir por las noches a calmar el llanto, no sólo el de estos últimos huérfanos, sino de los miles de huérfanos, padres, viudas y viudos, novios y novias desconsolados que nos han dejado estos seres, para que de verdad se diera cuenta del sufrimiento de una nación entera.

Por cierto, nos gustaría haberle oído decir que también quieren mucho a la Guardia Civil y a la Policía Nacional, porque ellos sí que han estado sufriendo en sus carnes el mordisco terrorista muchas más veces y hace mucho más tiempo. Elena María Vegué. Madrid.

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