AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 2 Diciembre  2001
#Los que ayudan a los terroristas
Amando DE MIGUEL La Razón 2 Diciembre 2001

#Extorsión
Editorial El Correo 2 Diciembre 2001

#Ilegalizar HB y...
Cartas al Director ABC 2 Diciembre 2001

#Elogio de la política
FERNANDO SAVATER El Correo 2 Diciembre 2001

#Eta atenta contra dos empresas vascas para forzar el pago del «impuesto revolucionario»
J. M. Z. - Madrid.- La Razón 2 Diciembre 2001

#Policías
Pablo A. Mosquera es secretario general de Unidad Alavesa La Razón 2 Diciembre 2001

#Historias de la Ertzaintza
José Antonio FÚSTER - Pamplona/San Sebastián.- La Razón 2 Diciembre 2001

#La UE de Pere Esteve
La pértiga ABC 2 Diciembre 2001

Los que ayudan a los terroristas
Amando DE MIGUEL La Razón 2 Diciembre 2001

Hay un libro actualísimo que debe ser leído. Lo ha escrito un colega a quien tengo un gran afecto: José María Tortosa. El libro es: El largo camino. De la violencia a la paz (Universidad de Alicante). Amigo soy de Platón pero más de la verdad. Así que diré que estoy en radical desacuerdo con el libro cuando aplica sus tesis al País Vasco, que es lo que conozco y lo que sufro más de cerca. Mi impresión es que este libro, políticamente correcto, va a resultar simpático a los nacionalistas vascos, más aún a los que ayudan a los terroristas vascos. Por la misma razón será un texto que irrite, degrade y entristezca a las víctimas (reales o posibles) de ese mismo terrorismo.

La tesis del libro es, desgraciadamente, muy popular, casi se podría decir la dominante en los cuarteles intelectuales. A saber, que el terrorismo no es tal, sino una excrecencia de la intolerancia del españolismo. En cuyo caso el terrorismo sólo se superará cuando los intolerantes se avengan a dialogar. La idea es mostrenca, pero en este caso la firma un prestigioso sociólogo. De ahí que tenga un gran poder disolvente. El libro exagera la metáfora clínica: el terrorismo es una enfermedad y hay que tratarla con asepsia médica. Pero las metáforas se vengan. Los microbios pueden matar al médico. En cuyo caso ya no se puede prevenir; hay que sajar, extirpar.

Mi posición es por completo contraria a la de mi dilecto colega. ¿A qué se debe la diferencia si coincidimos tanto en otros aspectos de la vida? Muy sencillo. Con este libro, Tortosa se ha marcado un guardaespaldas. El autor se asegura la más baja probabilidad de sufrir un atentado. Es lo mismo que le ocurre a los líderes del nacionalismo vasco, tenido por moderado. Oponerse a ese punto de vista es decantarse hacia el lado de las víctimas, posibles o reales. Sin llegar a tanto, se puede uno oponer a la tesis nacionalista y ser simplemente vasco. Como puede uno ser simplemente español (es mi caso) y no españolista. Tortosa no admite esa posibilidad.

Lo más criticable, intelectualmente, del esquema de Tortosa es la ilusión de simetría de quien le gusta jugar con los grafiquitos. Así resulta que, según su dibujo, en un extremo están los nacionalistas vascos y en el otro los que él llama nacionalistas españoles (PP y PSOE). En el centro sitúa a Izquierda Unida, esto es, los comunistas vascos. Es un perfecto disparate. ¿No sería mejor otro gráfico, el de la cebolla que tanto le gusta a Tortosa? En el centro estarían los vascos y los españoles que tienen el máximo respeto por la realidad histórica. Reconocen que el País Vasco ha sido siempre España (en su día Castilla). Por tanto debe seguir siéndolo. Por eso están ahí la mayor parte de las víctimas del terrorismo. Luego vienen las varias capas con cautelas hasta la última que niega la realidad. Tanto la niega que mata para imponer sus ideas. ¿Por qué ayudarle?

Extorsión
Editorial El Correo 2 Diciembre 2001

El doble atentado con que ETA ha dado una nueva vuelta de tuerca a la extorsión que ejerce sobre los empresarios vascos refleja hasta qué punto la banda terrorista ha decidido activar todo su potencial criminal. Las bombas dirigidas contra las empresas Erhardt y Ezpeleta provocan una onda expansiva que alcanza a miles y miles de personas que hacen posible la prosperidad en Euskadi, y que se sienten conminadas por el terror a quebrantar sus más profundas convicciones para enredarse en la siniestra trama de complicidades con que ETA pretende envilecer y destruir a la sociedad vasca.

La extorsión y el amedrentamiento de los empresarios y profesionales no es un problema que atañe únicamente a determinados círculos, sino que afecta a toda la sociedad. Por eso mismo, es la sociedad entera la que ha de enfrentarse a semejante desafío. A través de las cartas amenazantes con que trata de recaudar fondos para seguir asesinando, con atentados como los de Amorebieta y Arrankudiaga, como anteriormente con los secuestros, ETA pretende mantener no sólo un flujo permanente de ingresos sino que, además, intenta extender la sensación de inseguridad hacia todos aquellos sectores cuya actividad depende, precisamente, de un clima de tranquilidad y sosiego.

La extorsión contra los empresarios forma parte de una estrategia de limpieza, en tanto que su intención última es obligar a abandonar su propia tierra a quien no esté dispuesto al pago de un peaje para seguir viviendo y trabajando en Euskadi.

Ilegalizar HB y...
Cartas al Director ABC 2 Diciembre 2001

El PNV se opondrá a que Batasuna entre en el listado de organizaciones que apoyan el terrorismo mientras «sea un partido legal». Hay que recordar al PNV que el partido nazi era legal, como legales fueron las elecciones que auparon a Hitler al poder. Si el partido nazi fue legal durante el Tercer Reich, su actuación no podría calificarse de legítima. Más hubiera valido la rebelión de partidos entonces ilegales (o de organizaciones ciudadanas también ilegales) y el curso de la Historia habría discurrido por otros derroteros. Existe una notable diferencia entre estos términos. ¿No será más cierto que el PNV esté temiendo que le alcance esta medida? Pues si Batasuna, partido legal, puede estar en la lista de quienes apoyan el terrorismo etarra, el PNV apoya a Batasuna (pactos, subvenciones...). Es una sencilla regla de tres y el PNV ya la ha formulado. Por eso se cura en salud.

El comportamiento antidemocrático de Batasuna, las evidencias de que tanto sus dirigentes como sus seguidores atentan contra el Estado de Derecho que los ampara y permite que sea un partido legal, el apoyo explícito e implícito a la banda terrorista ETA y sus tentáculos, justifican su ilegalización. Ya está bien: que un partido, por muy legal que sea en virtud de las leyes democráticas, ataque a la democracia y encima pretenda la protección de ésta, es demencial, además de injusto.

Batasuna se ha empecinado en propiciar su suicidio político desde siempre, con diversos nombres para burlar la ley que tanto critican y que, como sus socios del PNV, pretenden anular las libertades de la ciudadanía. Y, en cierto grado, en la Comunidad del País Vasco lo han conseguido, siempre con el apoyo de sus primos hermanos peneuveros. Es llamativo cómo el PNV es tan pulcro en la aplicación de la ley en unos casos y se la salta en otros según su conveniencia: eso se llama aplicar la ley del embudo. De una vez por todas, la ley tiene que ser aplicada, les guste o no. Los criminales perseguidos, detenidos y juzgados, les guste o no. Los partidos cómplices del crimen terrorista, ilegalizados, les guste o no: a ellos o a sus padrinos. Yolanda Salanova. Bilbao.

Elogio de la política
FERNANDO SAVATER El Correo 2 Diciembre 2001

La política no siempre es ni mucho menos buena, pero su minimización o desprestigio resulta invariablemente un síntoma mucho peor. Puede que haya personas tan creativas e idiosincrásicas de espíritu que sean capaces de pasarse sin política y conservar sin embargo su libertad ciudadana: no conozco a nadie así (y no les creo a ninguno de mis conocidos que se autocelebran por ser así: sólo son oportunistas o lameculos), pero no descarto totalmente su existencia. En cambio estoy seguro de que no hay comunidades libres sin ejercicio permanente, consecuente y públicamente asumido de la política. Más concretamente, sin la defensa de ideas políticas argumentadas que cualquiera puede suscribir o rechazar. Una idea política es una forma de hacer, no una forma de ser. Los totalitarios siempre dicen: «Nosotros no nos mezclamos con los políticos, no hacemos política; lo que nos define es que somos de tal pueblo o raza, que somos como se debe ser frente a quienes no son lo que deben, hagamos lo que hagamos». Para quien es puro, todo lo que hace se le convierte en puro y aceptable.

En la época franquista, nada estaba peor visto (ni resultaba más peligroso) que ‘meterse en política’. Lo decente era ser español, ser trabajador, ser ‘como es debido’, pero sin politiquerías. Lo estupendo era que uno podía ser gobernador civil o director de banco, incluso ministro, sin dedicarse a la política ni contagiarse de ella. El propio Franco se lo dijo a un atónito confidente: «Haga como yo, no se meta en política». Por lo visto, en esa época bienaventurada sólo hacían política quienes se oponían de algún modo al régimen establecido, fuesen periodistas, sindicalistas, obreros, jueces o profesores de universidad. Y lo que hoy llama la atención en la guerra de Afganistán es que entre la Alianza del Norte y los talibanes se intercambian tiros, pero no ideas políticas: no conocemos sus proyectos económicos ni sus directrices sociales; lo único que sabemos es que los hay uzbekos, tayikos, pastunes y cuarenta etiquetas más. Pero siempre eso, sólo etiquetas de lo que se es o no se es, nunca ideas sobre lo que se va a hacer. Claro que cómo les va uno a reprochar este afán etiquetador y antipolítico, cuando hay que oírle al propio presidente Bush hablar del enfrentamiento entre el Bien y el Mal, que vienen a ser las dos etiquetas supremas.

En el País Vasco, ay, tampoco está bien visto meterse en política. Lo íntegro y recomendable es ser muy vasco, muy ‘de aquí’ (categoría superior, como bien ha mostrado Luis Daniel Ispizua), muy de los nuestros, o atenerse a alguna etiqueta: vasco-vasco, vasco-español, vasco-francés... y pare usted de contar. A veces, para expresar indignación ante un crimen, los familiares aseguran: «Nunca se metió en política». No puede haber mayor elogio, mayor prueba de radical inocencia. Lo expresó con gran claridad el dueño de un bar donostiarra en cuyo establecimiento se encontró un trágico juguete-bomba: «A mí no me lo pueden haber puesto porque yo no me meto en política... Y además nunca he dejado de dar cuando vienen pidiendo para los presos». Significarse políticamente, como en el franquismo, equivale siempre a conspirar contra el régimen. Así que nada de política, es decir, de resistencia: paga y calla. De lo que hay que hablar mucho es de ética y moral (ya saben, como Bush, del Bien y del Mal) pero sin politiquerías. Tomemos como ejemplo a nuestro lehendakari, que nunca es explícitamente político y siempre volublemente ético. No hace mucho, dirigiéndose a un congreso internacional de periodistas, les exhortó a la conveniente autocrítica diciendo que «no debe confundirse la libertad de expresión con hacer política». De modo que seamos todos éticos a más no poder en el rechazo sin paliativos de la violencia, venga de donde venga, faltaría más. Pero nada de tiquismiquis políticos: nada de distinguir entre la Constitución vigente y los proyectos de quienes se la pasan por el arco del triunfo, nada de especificar entre la diferencia entre comunidad étnica y sociedad de ciudadanos, nada de explicitar los modos y costes de los diversos proyectos de futuro, nada de revisar la educación que se está dando y sus posibles efectos criminógenos, nada de aclarar en qué sentido puede llamarse ‘político’ el supuesto conflicto cuyos efectos sangrientos son militares... y cómo sigue siendo ‘histórico’ el contencioso que se mantiene impúdicamente violento a pesar de todas las concretas transformaciones históricas legales.

Dijo por fin Ibarretxe que una sociedad que no presta atención a las víctimas del terrorismo es una sociedad «injusta y enferma». Diagnóstico atinado pero que exige precisiones y aclaraciones complementarias. A una sociedad injusta y enferma no se la puede tratar sin más como si fuese justa y estuviese sana: primero habrá que curarla y regenerarla. De modo que los proyectos políticos que prefiguren cambios radicales en el ordenamiento de la convivencia no podrán ser lícitamente planteados hasta que estemos fuera de peligro y acabe la inevitable convalecencia. Y los fondos públicos deberán ser concentrados prioritariamente en la protección de los amenazados, cueste cuanto cueste, postergando otras inversiones deseables para cuando hayamos recuperado la salud. Lo recomiendan ya incluso voces destacadas del empresariado vasco. Como resulta que entre las víctimas del terrorismo están todos quienes sufren extorsiones mafiosas del entorno violento (a diferencia de aquella obra de Darío Fo titulada ‘Aquí nadie paga’, en este país todo el mundo paga, desde la modesta pescatera del mercado hasta el gran empresario), los partidos no podrán permanecer pasivos ante campañas de recogidas de fondos que en otras partes más afortunadas del planeta serían tan inocentes como el Domund. Porque el principal síntoma de esta enfermedad diagnosticada por el lehendakari y de esta injusticia por él bien señalada es gobernar, educar, informar y dar de mil maneras por sentado que hay una desafortunada paridad entre la ideología que motiva a los verdugos y la que convierte a otros en sus víctimas. No es sano ni justo tratar a los criminales como a discrepantes y a los discrepantes como a criminales, estableciendo implícita y a menudo explícitamente una abominable simetría en el rechazo. Para denunciar ese juego perverso muchos hemos optado por significarnos políticamente. Pase lo que pase.

Es normal que los ciudadanos encuentren fallos y defectos en sus representantes políticos; más raro resulta, aunque afortunadamente no imposible, que tengan ocasión de enorgullecerse de ellos. Considero justo y sano mostrar mi orgullo cívico por los políticos que firmaron y aún mantienen contra viento y marea el pacto antiterrorista, desde los más encumbrados jerárquicamente hasta los más modestos concejales y desde luego a todos los votantes de estos partidos. Gracias a todos ellos se va abriendo paso la idea (radicalmente política) de que no puede haber justicia, ni salud moral, ni normalidad pública en este país mientras siga habiendo víctimas.

Eta atenta contra dos empresas vascas para forzar el pago del «impuesto revolucionario»
Dos bombas con cinco kilos de dinamita cada una estallaron en sendas sociedades vizcaínas
J. M. Z. - Madrid.- La Razón 2 Diciembre 2001

Los dos atentados cometidos en la madrugada del sábado contra sendas empresas vizcaínas forman parte de la campaña de acoso que Eta realiza contra los industriales de esa comunidad autónoma y que se ha recrudecido con el masivo envío, desde los primeros días del pasado mes de noviembre, de cartas en las que se exige el pago del chantaje terrorista conocido como «impuesto revolucionario».
Tal y como adelantó LA RAZÓN en su edición del pasado 16 de noviembre, la banda criminal ha remitido a empresarios del País Vasco y Navarra cartas en las que se les exige el pago de cantidades que oscilan entre un millón y los veinte millones de pesetas, según las circunstancias.
Esta nueva campaña criminal se producía después de que, desde determinadas fuentes antiterroristas francesas, se «vendiera», de manera triunfal, que había sido desarticulado el «aparato económico» de Eta, tras la detención de Asier Oyarzábal, «Baltza», arrestado el pasado 24 de septiembre en un piso de la localidad gala de Dax, en el que se encontraron documentos sobre el «impuesto revolucionario».

Explosiones
El Departamento vasco de Interior confirmó horas después de que se hubiesen producido que los ataques eran obra de Eta. El primero de los mismos se registró a la una y cinco minutos de la madrugada en la compañía «Erhaedt», ubicada en el Polígono Bakiola del municipio de Arrankudiaga. El segundo atentado se cometió contra la empresa «José Ezpeleta», radicada en el Barrio de Boroa, en Amorebieta, cuatro minutos más tarde. En ambos casos, y según confirmaron posteriormente fuentes del Departamento de Interior vasco, los artefactos estaban compuestos por cinco kilos de dinamita cada uno, muy posiblemente del tipo «Tytanite», y un temporizador, lo que indica que los terroristas habían preparado el explosivo para que estallara a una determinada hora.
Aunque ninguna de las dos explosiones causó heridos, los daños materiales como consecuencia de las mismas fueron cuantiosos. Las empresas colindantes a la compañía «Erhardt» también sufrieron los efectos de la onda expansiva causada por el estallido de la bomba, que los terroristas ocultaron en una mochila que depositaron en la puerta de acceso a esta empresa.

Condena
La Confederación Empresarial de Vizcaya (CEBEK) condenó los atentados y destacó que estos actos generan «un gran perjuicio a la economía vasca en particular y a toda la sociedad en general». En un comunicado, la patronal vizcaína condenó «enérgicamente» los atentados contra estas empresas, ambas pertenecientes a CEBEK, y transmitió su «apoyo y solidaridad a los empresarios afectados y a sus trabajadores por este nuevo acto de barbarie terrorista».
CEBEK resaltó el «esfuerzo y compromiso de los empresarios vascos en la creación de riqueza y empleo para este país» y expresó su «más absoluto repulsa y rechazo hacia estos actos dirigidos en contra del empresariado vasco y que generan un gran perjuicio» económico y social.
El vicepresidente primero y ministro de Interior, Mariano Rajoy, afirmó en Sevilla que estas explosiones constituyen «una muestra más de la sinrazón y disparate en que está esta organización terrorista, que cada vez, por otra parte, está más aislada».

Policías
Pablo A. Mosquera es secretario general de Unidad Alavesa La Razón 2 Diciembre 2001

Son el servicio público esencial para garantizar el derecho a la seguridad. Lo que diferencia una sociedad madura en democracia frente a una comunidad carente de libertad es lo que siente la gente cuando se encuentra con un policía. Para los primeros, constituye un hecho natural, que le da confianza cuando pasean por la calle. Para los segundos, se convierte en un sobresalto, un instrumento de ese temor organizado desde el poder.
He tenido la oportunidad, a lo largo de mi vida profesional como médico especialista en Salud Laboral, de conocer sus motivaciones para aspirar a ser policías. En plena crisis, con un paro que afectaba a la mitad de los jóvenes con edad para trabajar, era la necesidad de disponer de un salario para emprender un proyecto vital. Esta historia no es original del País Vasco, en otros tiempos fue la España profunda, pobre y alejada de la cultura, la que daba más policías.

Pero es hora de saber lo que pasa dentro del colectivo humano que no sólo viste un uniforme para colocarse en el filo de la navaja. Ser policía es una decisión muy seria. Ser miembro de la familia de un policía es un problema, en una sociedad zaherida por la violencia y el terrorismo, hasta tal punto que sus hijos no pueden confesar lo que hace su padre. Ser policía es descubrir las razones de otros cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado para actuar como lo hicieron a pesar de los dicterios fácilmente expresados por quienes nunca han patrullado por uno de esos «barrios comanches» de los que hay que defender al ciudadano normal. Ejercer de policía obliga a taparse la cara en una Comunidad amparada por la Ley, mientras los malhechores lo hacen a cara descubierta y entran en los juzgados exigiendo el amparo del Estado de derecho.

Pero también supone una evolución en el pensamiento de la persona. Poco a poco se va instalando el orgullo de pertenecer a una organización profesional que quiere hacer un buen trabajo y que se le reconozca. Necesitan líderes para organizarlos, actualizar sus conocimientos, mejorar sus dotaciones materiales, utilizar sus recursos. Ese orgullo de ser un buen policía les hace estar en el filo de la navaja, ante el ciudadano que parece que sólo nota su presencia cuando llegan tarde, ante la administración de justicia que les exige más que a otros colectivos y desde luego, en el País Vasco, bajo sospecha de «brutalidad». Esa brutalidad que convierte en habitual lo que en cualquier lugar es anormal, que divide a la sociedad en los que matan y los que mueren. Ser policía significa estar en la diana del terrorismo, formar parte de los que necesitan protección. Pero, ¿quién protege al policía? ¿Qué se siente cuando matan por la espalda a unos compañeros que fijaban su atención en organizar el tráfico de los ciudadanos? Y lo peor es que no será un hecho aislado; será un episodio más de esta guerra sucia del fundamentalismo contra la libertad de ser ciudadano para decidir con dignidad.
Gracias ciudadano policía, eres el pilar sobre el que asienta nuestro derecho a seguir trabajando por un mundo mejor.

Historias de la Ertzaintza
Imagínese una Policía que no puede patrullar por según qué calles, que no puede disparar pelotas de goma en según qué sitios, que pregunta a un asesino de dos compañeros qué quiere cenar, que tiene el índice de bajas por «depresión» más alto de España, que escolta a sus protegidos a distancia y que no puede llevar chaleco antibalas para no causar «rechazo» en el pueblo. ¿Imposible? No. Es la Ertzaintza, un cuerpo que ha tenido que enterrar a quince agentes para susurrar: «Basta»
José Antonio FÚSTER - Pamplona/San Sebastián.- La Razón 2 Diciembre 2001

Marzo de 1985, noviembre de 1986, octubre del 88... Los sindicatos de la Ertzaintza piden al Gobierno vasco que se tomen las medidas oportunas y se refuercen los sistemas de seguridad para prevenir la ineficacia de «un cuerpo policial ineficaz y cuestionado». Mayo del 89, noviembre de 1991..., los sindicatos piden «medidas complementarias» y «decisión política». Noviembre de 1993... Arzallus se duele sobre el cadáver del mando policial y nacionalista vasco, Joseba Goikoetxea, y «amenaza» a Eta: «Somos más y los podemos matar a todos». Diciembre de 1995, marzo de 1996, octubre de 1997... las centrales piden «menos palabrería» y más «voluntad» de Vitoria para asegurar la vida de los agentes. Febrero de 2000, marzo y julio de 2001... Los representantes sindicales piden que se copie el sistema policial alemán de «tolerancia cero» con los neonazis para desarmar las acciones terroristas callejeras. Noviembre de 2001, hace unos días... Los sindicatos fuerzan al consejero de Interior de Ibarreche, Balza, a negociar durante quince horas (y quince muertos sobre la mesa) hasta alcanzar un acuerdo de mínimos sobre «seguridad», sobre la base de que «la Ertzaintza es objetivo preferente de Eta».

Cada una de esas fechas coincide con el asesinato de un ertzaina. ¿Qué ha cambiado, al fin, para que los sindicatos hayan «doblegado» (no se sabe cuánto, porque los puntos principales del acuerdo se mantienen en secreto) la voluntad nacionalista de no enmendarla? A esto responde un ertzaina sin pelos en la lengua, «rara avis» en este mundo esquizofrénico vasco.

¬ No te hagas líos. Aquí no cambia nada. ¿Nos van a dejar llevar chaleco antibalas? Veremos. ¿Nos van a pagar más? Quizá. ¿Nos van a permitir que abandonemos las rotaciones y las rutinas? Ni «jartos» vinazo. ¿Cuando nos avisen de que hay un accidente de tráfico mandaremos antes tres coches camuflados, dos tiradores de elite y la madre del cordero por si es una emboscada? Anda que... Aquí lo que hay que cambiar es la mentalidad de la Ertzaintza, no los medios de los que disponemos.
¬¿Qué mentalidad?
¬¿Que qué mentalidad? ¿Quieres que te cuente historias de la Ertzaintza? Pues ahí van...

Los pelotaris
La parte vieja de San Sebastián tiene un antes y un después. Antes, cuando la Guardia Civil y la Policía Nacional eran las que ponían las unidades de antidisturbios. Después, cuando los «beltzas» (negros, por el color de su uniforme) pasaron a hacerse cargo de la situación. Antes, sobre todo, me acuerdo de la Guardia Civil, cuando entraban en lo viejo. Eran temibles, y lo digo con una cierta admiración, no con ganas de fastidiar. No se cortaban.

Tolerancia cero
Esa política de «tolerancia cero» que hace unos pocos meses leí que pedía el sindicato ErNE, era la que aplicaba la Guardia Civil. Recuerdo una vez, cuando les vi entrando desde el Boulevard por la calle Narrika. Mirándoles se aprendía mucho. Empezaron a tirar bolazos de goma, pero no los disparaban de frente, sino que tiraban a las paredes, a los rincones, al suelo... parecían «pelotaris». ¿Sabes para qué? Para que el borroka de turno no supiera por dónde iba a llegar la bola. Después de dos o tres rebotes ya no sabían por dónde venía. Ése fue el gran negocio de los chapistas que fabricaban los protectores de los escaparates. Recuerdo también cómo solucionó la Guardia Civil la «colaboración» que prestaban los vecinos de los Viejo a los borrokas. «Colaboraban» tirando macetas, cubos de agua, ladrillos, tornillos... todo lo que podían. La Guardia Civil lo solucionó a lo grande, tirando botes de humo a los balcones de las casas, sin discriminaciones. Aquella «colaboración» duró lo que tardó cada comunidad en convocar una junta de vecinos y «convencer» a los amiguetes de los borrokas que se abstuvieran de más lanzamientos si no querían tener problemas «internos». Pero esta historia de la mentalidad de la Ertzaintza no es tanto de la parte vieja de San Sebastián, como de lo que hay por detrás: el monte Urgull.
La Guardia Civil consiguió, a base de conocimiento y de pelotazos, localizar los almacenes en los que se nutrían los borrokas, sobre todo en la calle Jon Bilbao. Pero cuando la Ertzaintza se desplegó como única unidad antidisturbios, los etarras cambiaron la táctica y empezaron a preparar sus cócteles y almacenar todo el material en la falda del monte Urgull. Y eso lo sabía todo el mundo. Y todo el mundo con un callejero en la mano se da cuenta de que para llegar al monte no hay más que un camino. Pues ese camino estaba abierto, franco, para que huyeran. La Ertzaintza nunca ha perseguido a los borrokas más allá de la Plaza Zuloaga.

Órdenes son órdenes
Pues bien, un día estaban los beltzas «reprimiendo» una «jornada de lucha» de ésas, y aquello era tan salvaje que vinieron de apoyo varias unidades de ertzainas de Arkaute, de prácticas. Y esto es lo que me contó uno de los ertzainas, un novato: «Estábamos con los beltzas y estábamos con las escopetas (de pelotas de goma), y empezamos a disparar. A uno de los nuestros le salió el tiro esquinado. Primero dio en el suelo, rebotó contra la pared y se perdió al fondo. El sargento de los beltzas que estaba allí se volvió como una furia y dijo: me cago en... recto, recto, recto y de una en una . Aquello era la berza. Los beltzas enseñaban la escopeta, apuntaban despacio y disparaban. Al fondo de la calle había cinco tíos riéndose de nosotros. Salían, se daban media vuelta, se bajaban los pantalones y cuando disparábamos sólo tenían que meterse en el lateral. Era un descojone. Ahí comprendí las órdenes. Pero esto no fue lo peor. Lo peor fue cuando cargamos. Seguíamos detrás de los beltzas, que eso sí, no se cortan con las porras, pero cuando teníamos a dos tan cerca que les podíamos coger, el mismo mando nos gritó: ¿fuera, fuera, fuera! . Luego tiraron por Zuloaga y ya está... fin de la historia. Se perdieron en el Urgull».
¿Sabes lo peor? Que a ese ertzaina se le tendría que haber explicado las cosas muy despacito. El sargento de los beltzas hizo lo que tenía que hacer y ordenó lo que tenía que ordenar. ¿Sabes lo que le pasa a un mando cuando sus hombres detienen a uno o dos borrokas? Simplemente, que se queda sin esos hombres. Desde el momento de la detención, esos agentes quedan marcados. Los abogados de Gestoras piden la identificación de los ertzainas, se encargan de verles las caras uno a uno y luego, en unas pocas horas, aparecen sus nombres y apellidos completos en cualquier panfleto o en Internet, y todo con el apoyo del juez de turno... La ley está mal hecha. ¿Cómo puede ser que para mantener las unidades o para mantener las rotaciones no se pueda detener a nadie? No creo que el consejero de Interior haya negociado este punto. De verdad que no lo creo. No tirar pelotazos de goma a dar, no acercarse demasiado, no acorralar a los terroristas callejeros, dejarles siempre una salida, no forzar la máquina...

La emboscada
El ertzaina que detiene a un terrorista callejero es identificado al momento por los abogados proetarras. Su nombre siempre acaba siendo conocido ay una casa en Hernani, todos saben cuál es, todos... En una plaza de la parte vieja que no tiene ni un solo comercio abierto. Todos han ido cerrando... ¿Cuándo se ha visto que en un pueblo tan grande como Hernani pueda haber una plaza céntrica muerta? Bueno, pues ese edificio, que todo el mundo lo sabe, todo el mundo... Es la central operativa de las mayores organizaciones proetarras. No hay más que ir al Registro, verás que nombres te salen... Bueno, a lo que iba. Ellos, claro, quieren que los alrededores de la casa estén despejados y por eso se dedicaron, en una operación bien planeada, a hacer la vida imposible a los comerciantes de la plaza y de paso a la Ertzaintza. Sí. La Ertzaintza ya no entra en la parte vieja de Hernani. Lleva años sin entrar allí. Y es lógico. Recibes un aviso, que a veces es verdadero y a veces es falso, pero el resultado es el mismo: pura emboscada. Cuando desde las azoteas te llueven macetas, tornillos, cócteles molotov; cuando no consigues detener a nadie porque desde las azoteas pasan a sus propios pisos y a ver quién es el guapo que sube... En fin, que al final lo que ha pasado es que las patrullas llevan años rodeando y evitando la parte vieja y los coches camuflados, lo mismo; porque «ellos» se saben de memoria todos los camuflados.
¿Sabes el bar de la concejal socialista? Sí, ése de la plaza que te digo, el que ha terminado por cerrar hace un par de meses... ¿Sabes de verdad para qué servía? No era sólo para amedrentar a la pobre mujer y de paso a todos los comerciantes que se pusieran tontos, no. Era para tener localizada a la Ertzaintza, como siempre había una o dos lecheras (furgonetas de la Policía) en la puerta del local (al que no entraba ni Dios, sólo lo tenían abierto un par de horas por la mañana, lo justo para mantener la apariencia de «actividad comercial y que así el seguro no tuviera más remedio que hacerse cargo de los destrozos).

Se equivocó
Pues verás, en ese paisaje, hace poco más de un año, dos ertzainas en un coche camuflado salieron a rodear la parte vieja porque había manifestación de apoyo a un etarra. El que conducía se equivocó, y no sólo se metió por una calle «prohibida», sino que en vez de salir a toda mecha se volvió a meter por otra calle (Zapa) y casi llega hasta Nagusia, por donde iba la manifestación. Los «askatus» (los policías que van de paisano) se quedaron quietos, pero ya les habían visto. Si es que se conocen hasta el número del bastidor de los coches camuflados. Estaban perdidos. Salieron para atrás, arreando como pudieron, y bajaron tratando de salir de la parte vieja en dirección a la comisaría. Pero Hernani es una ciudad-trampa. En la parte vieja no tienes a dónde ir... No es el boulevard de San Sebastián, con salidas y entradas para callejear y esquivar. Si bajas por Atzieta, que es de una sola dirección, ya sabes a dónde llegas, otra vez al centro, a Kardaboraz y a Zinkoenea.
Y en Zinkoenea les estaban esperando cuatro o cinco «ciervos» (terroristas callejeros, también conocidos por ciertos dirigentes del PNV como «los chicos de la gasolina»). Iban encapuchados. El copiloto dijo que le gritó al conductor: «¿tira, tira... sal!», pero en ese momento lanzaron sobre la ventanilla del que conducía una piedra enorme, grande como un mojón. La fuerza que tienen los «ciervos» cuando se ponen bravos... Lo de la piedra lo hacen para luego tirar los cócteles molotov en el interior del coche, pero esta vez no hizo falta más... La piedra le golpeó en la cabeza con tanta fuerza que le descolgó un ojo. El acompañante salió del coche, con la pistola en la mano, disparó al aire. ¿Tendría que haberse cargado a un ciervo? No... pero sí. Quién sabe.
Ya estaba todo hecho. Los terroristas se escabulleron. ¿Agárralos si puedes! No, es imposible cogerlos. Se supone que tienen que ser los askatus los que se dedican a eso... Van de paisano, se apostan o se camuflan, siguen a los borrokas y los detienen... ¿Pero en Hernani todos saben quiénes son los «askatus»! La única posibilidad es traerlos de fuera, pero claro, eso cuando se dan unas condiciones muy señaladas. Pero eso lo saben los proetarras.

Palizas «selectivas»
¿Sabes cuál ha sido la política «educativa» de los terroristas en los últimos años? Dar palizas «selectivas» a cualquiera que fuera por la parte vieja solo. Los tipos ven a un tipo, que podría ser un turista, ¿eh?, se acercan por la espalda, le gritan «cipayo» y el hombre, claro, se vuelve y le cae de todo.
Así es Hernani. No sé es si el acuerdo incluye una cláusula que diga que a partir de ahora la Ertzaintza va a poder imponer la ley en todo el pueblo. Seguro que no, seguro.

Escolta en Cádiz
Esta historia no te la puedo contar yo. Tienes que ir a Navarra a ver a Gorka (nombre supuesto). Le encontramos en un pequeño pueblo cerca de Pamplona. Gorka se come la calle con los ojos, no puede dejar de mover la cabeza. Sus tics son de pánico y cuando entra en la cafetería elige la mesa más apartada. Se sienta primero, de cara a la puerta. «Enséñame tu carnet de Prensa. ¿Joder, de LA RAZÓN! ¿Quién me iba a decir a mí...? No, no estoy tranquilo. Estoy mal, muy mal. He tenido que irme de mi tierra. Tengo que irme lejos. Yo era... no, no... yo sigo siendo nacionalista. Tengo un hermano ertzaina, otro que es policía municipal, una cuñada que también es del cuerpo... Yo era, y eso sí que no lo soy, de los convencidos de que la Ertzaintza tenía que ser una Policía cercana a los vascos. Hace cuatro años leí un informe en el que decía que el 50 por ciento de los vascos tenía respeto por la Ertzaintza. No bastante , ni siquiera mucho respeto, sólo que confiaban en nosotros. Me pareció increíble. Bueno, yo no estaba metido en nada de lucha antiterrorista, y de verdad que no creí que me pudiera pasa a mí... Iba a salir de casa y se me cayó el mundo encima. La explosión fue muy fuerte, o eso me pareció a mí. Recuerdo que cuando estaba en el suelo sólo pensaba que me habían querido matar. ¿A mí! Y luego me pregunté... ¿quién? Y no es que sea tonto, sé que era Eta, pero no era eso...

Lo que pensaba era quién de mis vecinos, quién había sido el que pasó la información sobre dónde vivía. Quién sabía mis horarios. El que lo hizo, el que informó, tenía que saber que tengo una hija pequeña, que tengo una familia, que soy vasco, que... ¿tengo una hija, por Dios! Y pensé... ¿quién ha sido? ¿Alguien de la partida? ¿Alguien de mi unidad? ¿Alguno de mis amigos? Porque yo tenía amigos de la izquierda abertzale; yo tenía, claro, ya no... Y pensé que si habría sido alguien de Tráfico, alguien con acceso al ordenador. Y pensé también que me habrían seguido durante días, durante semanas, que lo sabían todo de mí, que me habrían visto jugar en el parque con mi hija. ¿Sabes lo peor? Que mis superiores me dijeron que lo mejor que podía hacer era irme... A mí me habían contado muchas veces lo que les dicen a las personas que están en las listas de Eta: Lo mejor es que te vayas . Pero pensé que eso no le podía ocurrir a un ertzaina, que siempre estaría apoyado. Me di cuenta de que era una molestia, alguien que sólo da problemas. Y sí, me fui. No quiero volver. No volveré. No te puedes fiar de nadie. ¿Que qué voy a hacer? Lo que sea, pero lejos. A ver si encuentro trabajo de escolta... en Cádiz, como muy cerca». La Ertzaintza es la fuerza de policía española con mayor número de bajas por «depresión» y «angustia». La recomendación es siempre la misma: «márchate».

Los bajos del coche
Un político de un partido «constitucionalista» apareció en una de las relaciones de amenazados por Eta, pero no se le dio mucha impotancia. Te estoy hablando de hace años, justo después de que mataran a Gregorio Ordóñez. Pero había por entonces la creencia de que lo de Ordóñez era un caso aislado, no el comienzo de la matanza de cargos populares y socialistas. Se le puso escolta, un berrozi (los ertzainas entrenados para hacerse cargo de los ervicios de escolta y que toman su nombre del pueblo «fantasma» de Berrozi, cerrado a todos menos a las unidades especiales de la Ertzaintza). Yo conocí a ese berrozi y estaba encantado con ese destino. También conozco al político y no es un tipo con demasiado miedo, pero tampoco un temerario. Los dos, escolta y protegido, se hicieron amigos. La única vez que les vi iban juntos por la calle. Pero no primero el político y luego el escolta, sino juntos. Al poco, Eta empezó la ofensiva en serio contra los concejales y el berrozi «cambió». En vez de ir pegado a él, empezó a dejar quince metros de separación. Si antes le esparaba a la salida del despacho en la puerta, ahora aguardaba al otro lado de la acera. Yo no digo que no hiciera bien. Vamos, que lo que estaba haciendo era seguir el manual de seguridad al pie de la letra. El mismo manual que viene a decir que «primero es el escolta». Ninguno de nosotros quiere dar su vida a cambio de la de un político. Eso son películas americanas o tipos que ganan en una semana lo que yo en tres años. Pero la cosa, en este caso, se complicó porque el berrozi estaba más acojonado de lo que es «conveniente» en este caso. Un amigo suyo me dijo que estaba convencido de que Eta iba a ir a por su protegido. ¿Y sabes lo que hizo? Pues la vida imposible hasta que el político llamó y dijo que se lo quitaran de delante. ¿Cómo? Pues un día fueron al garaje a coger el coche y el berrozi le dijo que mirara los bajos y el motor, como siempre. Eso está bien hecho porque revisar el coche debe ser una misión del protegido y además le ayuda a estar alerta. El político lo hizo, sin más problemas. Salieron a la calle y el político bajó un momento para comprar algo. No tardó ni dos minutos. El escolta le dijo que volviera a mirar los bajos y el motor. El político, ya cabreado, lo hizo. A la media hora volvió a ocurrir una cosa parecida y el berrozi le dijo que volviera a revisar el coche... ¿a pesar de que no se había separado del automóvil ni un segundo! Entonces el político le dijo que lo mirara su padre. El escolta le dijo que si no miraba, no montaba. El político le mandó a tomar por... subió al coche, y se largó. Ahora lleva guardias civiles. Cuando un ertzaina del servicio de escoltas quiere cambiar de destino, lo más fácil es hacerle la vida imposible a su protegido hasta que este pide la baja.

La cena del asesino
Mikel Otegui, el terrorista callejero que mató a dos ertzainas por la espalda, es el protagonista de, quizá, la más bochornosa historia que hemos conocido de la Ertzaintza, cuerpo policial del que el consejero de Interior asegura que es «integral» y de «probadísima eficacia». En fin... Hace ya seis años, el 10 de diciembre de 1995, dos agentes, Iñaki Mendiluce y José Luis González, subieron al caserío del pueblo de Itsasondo donde vivía Otegui para resolver unas diligencias sobre el altercado que había protagonizado el borroka con un agente de la Ertzaintza. Otegui recibió a los ertzainas disparándoles y asesinándoles por la espalda con una escopeta de caza. A las pocas horas, el asesino fue detenido y conducido a los calabozos de la comisaría de Hernani. En ese mismo momento, no más de 200 personas se manifestaron en el pueblo de Itsasondo para exigir la inmediata liberación del gudari. Mientras, la historia nos conduce hasta los calabozos. Pocos borrokas han pasado por allí. Muchos maleantes, vagos y delincuentes... pocos terroristas.
Por primera vez en su vida, el comisario al mando bajó a los calabozos a ver a quien había asesinado a dos de sus compañeros. Ya era de noche. El mando se acercó a Mikel Otegui, el que luego denunció malos tratos y torturas por parte de la Ertzaintza y el que dos años más tarde, en el juicio, basaría su defensa en que la Policía Autonóma vasca llevaba tres años acosándole y que no era «dueño de sus actos» en el momento de disparar, y le dijo:
¬ «Tranquilo, chaval, tranquilo. Que no te va a pasar. ¿Estás cómodo? ¿Necesitas algo? ¿Qué quieres que te traigan de cenar?»
Y esto es verdad y te lo juro por mi padre. El que me lo contó nunca me ha mentido. Lo sabe todo el cuerpo. ¿A aquel tipo le trajeron la cena de un restaurante cercano! Nada que ver con el bocadillo que se les da a los presos cuando están en el calabozo antes de pasar a disposición judicial. Nunca se ha visto una cosa parecida, nunca en la vida. Bueno, el resto de la historia es conocida. A Otegui lo absolvió un jurado popular en el que había varios proetarras y un puñado de cobardes. El juez lo puso en libertad y cuando el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco sentenció que aquel juicio había sido una burla a todo un Estado de Derecho, Otegui ya se había largado del país. Unos dicen que está en Bélgica, otros que en Cuba, viviendo como Dios. ¿En Cuba! A ver si entre las cosas que ha pactado Balza con los sindicatos está el que los mandos nacionalistas y acojonados no vuelvan a dar la cena a un asesino de ertzainas. No sé. Lo dudo. El 26 de agosto pasado, un ertzaina aseguró en estas mismas páginas que «Eta nos señaló hace meses y nos va a reventar. No sé cómo vamos a defendernos».

La UE de Pere Esteve
La pértiga ABC 2 Diciembre 2001

El ex secretario general de CDC y eurodiputado, Pere Esteve, tiene una asombrosa capacidad para aparecer y desaparecer de la escena política. Cuando tiene a bien asomarse a este escenario, lo hace con su antiguo, casi atávico, discurso sobre la soberanía catalana. Y ha vuelto a hacerlo, en esta ocasión para proponer la ampliación interna de la Unión Europea con la finalidad de poder acoger a aquellas regiones que en un muy hipotético futuro se conviertan en estados independientes. Esteve ha hecho público un informe que desprende un intenso aroma independentista, en el que recuerda que algunas «entidades -léase Cataluña- tienen como objetivo explícito conseguir la independencia nacional en el marco europeo» por lo que entiende que la UE debería prepararse para esta eventualidad. En su opinión, el Comité de Regiones no satisface las necesidades de estas «entidades», por lo que apela al concepto de federalismo europeo, es decir, a un sistema descentralizado que de cabida a esas regiones virtualmente independientes. Pere Esteve reclama una institución que de voz a las regiones y que refleje la población de los distintos distritos electorales. Esta postura, que CiU recoge en su amplio informe, será expuesta los próximos días 14 y 15 de diciembre en el Consejo Europeo de Leaken. Será entonces cuando los jefes de gobierno europeos se pronuncien respecto a este modelo de organización. Convergència persiste en afinar un futuro «ideal» descuidando el presente.

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