AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 6 Diciembre  2001
#La UE debe aislar a Batasuna
Editorial La Razón 6 Diciembre 2001

#Constitucionalismo patriótico
José A. SENTÍS La Razón 6 Diciembre 2001

#Cruce de exageraciones en fecha bien poco adecuada
Impresiones El Mundo 6 Diciembre 2001

#Parentesco nacionalista
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 6 Diciembre 2001

#La Constitución como excusa
Ignacio Villa Libertad Digital 6 Diciembre 2001

#La omisión
F. L. CHIVITE El Correo 6 Diciembre 2001

#Autonomías en la UE
Editorial El País 6 Diciembre 2001

#Ayuntamientos, etc., en la UE
Nota del Editor 6 Diciembre 2001

#Concierto (vasco) en la oscuridad
Enrique Badía La Estrella 6 Diciembre 2001

#Vivere libero
FERNANDO SAVATER  El País 6 Diciembre 2001

#Aznar frena las pretensiones de Ibarreche y le advierte de que no tendrá voz ante la UE
C. Morodo / E. L. Palomera - Madrid.- La Razón 6 Diciembre 2001

#Fin del Concierto
Cartas al director ABC 6 Diciembre 2001

#Carné bilingüe
Cartas al director ABC 6 Diciembre 2001

#Iguales ante la Sanidad pública
Editorial La Razón 6 Diciembre 2001

#Detenidos tres presuntos miembros de Eta tras un tiroteo con la Gendarmería francesa en Auch
Ep/Efe - Bayona.- La Razón 6 Diciembre 2001

La UE debe aislar a Batasuna
Editorial La Razón 6 Diciembre 2001

 El Consejo de Ministros de la Unión Europea abre hoy una sesión en las que, entre otros asuntos, deberá ratificar el consenso comunitario en la lucha contra los terroristas y sus cómplices, con la implantación de listas donde figuren estas organizaciones criminales. España quiere que el nombre Batasuna se incluya en el listado de la infamia y que todos los países de la UE reconozcan que la acción de los terroristas no termina en Eta y que la banda funciona como un entramado de tipo mafioso en el que Batasuna ocupa un lugar destacado.

La lista negra de la UE no es, ni pretende serlo, una medida de tipo judicial. Los Tribunales tiene su campo específico para la aplicación de las leyes y existen ya medidas, y están en marcha otras nuevas, para agilizar la busca y captura de terroristas en todo el territorio de la UE. De lo que ahora se trata es de combatir al terrorismo internacional en otro frente, en el campo de la política. Las listas de organizaciones que colaboran con los asesinos resultaran de extraordinaria utilidad para saber quiénes son en realidad los que reclaman medidas aparentemente democráticas.
Porque en España sabemos lo que es Batasuna, pero en Europa es posible que ignoren que quienes hablan en nombre de Batasuna lo hacen en el de una organización que, como hoy revela LA RAZÓN, ha presentado como candidatos, o colaboran con ella, hasta 167 personas que han sido detenidas por su relación o pertenencia a Eta.

Constitucionalismo patriótico
José A. SENTÍS La Razón 6 Diciembre 2001

El esfuerzo por fomentar ahora el patriotismo constitucional se debe a que algo ha faltado de constitucionalismo patriótico. La Constitución, de la que hoy se cumplen veintitrés años, se pensó más como bálsamo de heridas y transacción interior que como expresión de un estatuto nacional. No quiere decir esto que en la cura de una historia reciente, primero trágica (guerra) y después viscosa y degradante (dictadura), no se contuvieran elementos admirables de libertad y progreso, de cuya aplicación, con los matices que se quieran, disfrutamos.

Lo que sí hay que afirmar es que la necesidad de contentar a todos, dejó huérfanas algunas piezas del invento. Su mayor error fue prever un edificio sostenido por los cimientos de la lealtad, que es harto fugitiva. Dejó demasiadas puertas abiertas a la traición. Por eso los partidos se apresuran ahora a rebuscar en el corazón constitucional para dotarle de un espíritu que no ha quedado claro durante todos estos años: la definición de patriotismo, de patria o de nación (y la reclamación de las lealtades que les son debidas). Porque tenemos un texto básicamente aceptado, pero no estamos seguros del sentimiento que lo inspira. Tenemos una Constitución española, pero no sabemos definir con claridad la España que define la Constitución. Tanto es así que para explicar lo sustantivo de lo español, los partidos se acogen a lo adjetivo de la Constitución.

Somos patriotas porque somos constitucionalistas, nos dicen; somos españoles porque asumimos una Constitución. Pero eso sí que es una relectura de la Constitución, y no la de Pujol. Nadie parece recordar que uno de los aciertos del texto del 78 es precisamente recordar que la Constitución «se fundamenta» en la Nación española. Es decir, no es la Nación española la que se fundamenta en la Constitución. Lo que sucede es que lo nacional se da por sentado y no se define, mientras que la Carta constitucional dedica incontables páginas a dar estatus político a lo inexistente hasta ese momento, esencialmente repartos autonómicos y distribuciones de poder interior de España.

De modo que hemos perdido veintitrés años en debatir cómo se configura el interior del Estado, sin dedicar un sólo minuto a explicar el Estado que hay que distribuir. Y ahora que algunos se dan cuenta, deciden empezar la casa por la ventana, y justifican el ser de España con el estar regulados por una Constitución. Y, en vez de reivindicar una lectura leal y patriótica de la Constitución, defienden una definición de la patria como leal a la Constitución. Se me podrá decir que menos es nada, y que más vale que se hable de patriotismo constitucional que no que se silencie la existencia de esa patria. Pero es vano consuelo. Porque patria viene de padre. Y no se quiere a los padres por sus normas constitucionales en la organización de la casa. En todo caso, se aceptan esas normas por amor a los padres.

Cruce de exageraciones en fecha bien poco adecuada
Impresiones El Mundo 6 Diciembre 2001

PP y PSOE han sellado en el último año importantes pactos de Estado en materia de lucha antiterrorista, justicia y política exterior. Pero hay un asunto en el que los dos partidos mantienen aparentes diferencias: el modelo territorial del Estado. Aznar y Rodríguez Zapatero se enzarzaron ayer en una disputa, llena de exageraciones, que no va a contribuir precisamente a esclarecer este controvertido asunto. Aznar acusó al líder del PSOE de querer romper el pacto constitucional de 1978 y comparó implícitamente la actitud de Zapatero con la de Arzalluz cuando el PNV habla de autodeterminación.

Aznar descalificó «el federalismo asimétrico» de Maragall y aseguró que el PP defenderá la Constitución. «Si tiene usted otra idea de España, pues explíquemela», interpeló Aznar al secretario general del PSOE. Zapatero recogió el guante y afirmó que Aznar no ha hecho más que «fomentar conflictos territoriales».«Aznar se está quedando antiguo en casi todo», señaló.

Zapatero explicó que el proyecto del PSOE es «plural» pero que respeta la unidad de España. Hace unas semanas, la dirección socialista aprobó un documento en el que defendía un modelo federal de Estado y propugnaba una reforma de la Constitución para hacer del Senado una Cámara de representación territorial. Aznar no comparte estos planteamientos. Pero una cosa es la legítima discrepancia política y otra acusar a Zapatero de falta de lealtad constitucional. Aznar se dejó llevar por un exceso verbal, lo mismo que Zapatero en la réplica al entrar en el juego de las descalificaciones.No era ayer, víspera del aniversario de la Constitución, el mejor momento para polemizar sobre el modelo territorial del Estado.PP y PSOE no están de acuerdo en este asunto, pero sí son dos partidos leales a la Constitución, como han demostrado sobradamente.Y esto es lo verdaderamente importante en una fecha tan señalada como la de hoy.

Parentesco nacionalista
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 6 Diciembre 2001

Tras la experiencia inolvidable de los nacionalfascismo, nacionalsocialismo, nacionalcomunismo y nacionalismo orgánico, nadie puede tener disculpa decente para ignorar que todos los nacionalismos son primos hermanos, pues todos descienden de una misma cepa intelectual y de un mismo sentimiento. Incluso los que animan en la periferia el desarrollo de culturas lingüísticas que fueron aplastadas por el nacionalismo centralizador. Esto no quiere decir que siempre han sido perversos en sus expresiones históricas. Los del XIX, al ser libertadores, fueron progresistas y civilizadores. Los despertó la revolución de la libertad de los ciudadanos. Y pusieron en ella la finalidad de la Independencia nacional, frente al Estado ajeno que la reprimía. Los nacionalismos catalán y vasco también fueron progresistas y liberadores durante los tiempos de clandestinidad en que se opusieron a la dictadura, anteponiendo la libertad al sentimiento de nacionalidad.

Nadie debe olvidar el concurso de la Asamblea de Cataluña y del PNV a la causa de la unidad de la oposición. Por eso me abstuve de criticar a los nacionalismos gobernantes, hasta que su cínico descaro, apoyando la corrupción de Felipe González a cambio de dinero y de competencias, pesó más que mi gratitud política y mi amistad con sus dirigentes. Hoy los juzgo con simpatía solidaria cada vez que son atropellados por el nacionalismo español, lo que sucede más de lo que se cuenta; pero también con franca antipatía política, cuando nos atropellan con sus discursos de soberanía, autogobierno o autodeterminación, que son más antidemocráticos que separatistas; y con imparcialidad frente a sus decisiones de gobierno que, dicho sea de paso, son menos discriminatorias de lo que cabría esperar de sus discursos.

Los movimientos nacionalistas resuelven su contradicción de sentirse superiores en valor cultural e inferiores en capacidad política, según sea la situación, de oposición o de gobierno, en que se encuentren. Mientras buscan el poder ven en la libertad igualadora de oportunidades la superación del complejo político. Si tienen libertad ven en el poder la sublimación de su complejo cultural. Por esta causa tan barroca, ningún nacionalismo puede ser democrático cuando gobierna. Las demás ideologías se sienten superiores por las ideas que comportan, pero no por el aprecio a la nación de las personas que las portan. No hay nacionalismo sin desprecio a los que no sienten la nación, que es patrimonio común, al modo privativo y exaltado de un buen nacionalista.

El germen antidemocrático de los nacionalismos lo genera la mistificación intelectual de hacer de la nación una persona; de atribuirle cualidades, capacidades y vocaciones que sólo pueden tener las personas individuales, sean físicas o morales. Y ni las naciones ni los pueblos son personas morales. La asimilación de los pueblos a las personas, en sentimientos o en derechos, no puede traspasar el campo de la metáfora, la analogía o la poesía. Si no se respeta esta frontera, si se concibe a las naciones como organismos superpersonales, si se piensa que los pueblos tienen un alma o un espíritu colectivo que los anima y dirige al modo de las vocaciones en las personas individuales, como creyó el idealismo alemán primero y el historicismo después, si se les reconocen derechos de autodeterminación cuando no son siervos, ya no hay obstáculo intelectual que impida hacer de las naciones sujetos inmorales de la historia para seleccionar las fuertes. Spencer ideó el darwinismo social. Hitler y Stalin aplicaron el nacionalismo darwinista en forma genocida. Ningún tipo de nacionalismo, lo vemos en los Balcanes, puede vacunarse contra el germen de fobia democrática que lleva en su entraña. El vasco y el catalán, al hacer lo contrario, hacen lo mismo que hizo el español.

La Constitución como excusa
Ignacio Villa Libertad Digital 6 Diciembre 2001

Como cada año en la primera semana de diciembre, volvemos a la polémica sobre la necesidad o no de reformar la Constitución. Se trata de una discusión cíclica, que se repite cada seis de diciembre; pero que pone encima de la mesa, de forma inexorable, las verdaderas debilidades internas de cada partido. Es un fenómeno directamente proporcional: él que más habla de reformar la Constitución, más problemas internos tiene. Dicho de otra manera y mientras no se demuestre lo contrario, hablar de reformar la Constitución es utilizarla para tapar los problemas internos.

En este sentido hay que reconocer que José María Aznar mantiene en este punto, junto al de la lucha antiterrorista, un mensaje claro, constante y nítido. El presidente del Gobierno es de la opinión de que el texto constitucional ha sido una fórmula de éxito y que, por lo tanto, no necesita ningún cambio. Es esta una postura que Aznar mantiene desde hace mucho tiempo y que en el PP se recibe sin ningún tipo de discrepancias. Nadie pone en duda la doctrina del presidente, nadie busca refugio en un debate más o menos artificial para tener contentos a todos.

Pero sobre todo hay una cuestión en la que hay que dar la razón al presidente del Gobierno: aquellos que hablan de reforma, hablan y hablan pero no aclaran en qué puntos se debe apoyar ese cambio propuesto. Y es que, precisamente, el debate sobre esta reforma, provocado sobre todo desde el PSOE, esconde un verdadero problema de organización interna.

Esta polémica, en muchos casos artificial, está propiciada por un Secretario General al frente de un partido en el que cada vez es más visible la inexistencia de unidad interna. Rodríguez Zapatero, lejos de afrontar la diversidad de criterios y de opiniones que tiene en su partido, lejos de aplacar los permanentes gestos de protagonismo de sus líderes regionales, lejos de entrar de lleno en el debate para unificar criterios, ha utilizado una vieja táctica: ha intentado sacudirse la polémica lanzado la cuestión a la palestra general e intentado crear un ambiente de confrontación con el PP, con la idea sobre España como excusa.

No se pone en duda un posible y saludable debate sobre ese modelo de Estado, pero cuando se utiliza ese debate para tapar las tensiones y los enfrentamientos internos, el resultado final es el desastre.

Rodríguez Zapatero, incapaz de enfrentarse por ejemplo a Pascual Maragall, prefiere asumir sus tesis, provocar al Gobierno y mirar hacia otro lado.

Una pena de oposición.
Y mientras tanto, los nacionalistas no quieren perderse la historia.

En este caso han sido los catalanes, quienes desde hace meses se encuentran descolocados de la política nacional, los que han creído encontrar una veta. Convergencia i Unio no tiene un norte claro y no ha sabido construir una línea política constante sobre una inexplicable relación de amor-odio con el PP: "hoy te voto, mañana no te voto". En este caso, continuando con la desorientación, se han subido al vagón de una polémica que no conduce a ninguna parte. Sin embargo, es cierto que los nacionalistas catalanes no podían permitirle a Pascual Maragall que les haga sombra en esta cuestión, pues todo indica que puede haber adelanto de las elecciones autonómicas. En definitiva, estamos donde estábamos hace un año, y dos años, y tres años. Dentro de unos días todo volverá a la normalidad. Y parte de esa normalidad seguirá siendo la ausencia de un discurso unificado y constante del PSOE sobre un modelo de España.

La omisión
F. L. CHIVITE El Correo 6 Diciembre 2001

Ya se imaginan a qué me refiero. Se trata de un jodido asunto muy delicado: el no decir. El no mencionar. El no formular esa pregunta concreta que podría crear mal ambiente. El no sacar el tema para no armarla: para tener la fiesta en paz. La omisión de cada día, la omisión cotidiana, a ras de suelo, la propia, la de todos. Muchas veces es un acto de prudencia natural muy necesaria. Las palabras no siempre mejoran las cosas. Hay palabras que hieren, palabras afiladas, palabras cargadas. De eso sabemos mucho todos. Por eso evitar desatar las palabras es, muchas veces, lo más inteligente.

Y en Euskadi y Navarra nos sobra esa clase de inteligencia desde siempre. Y últimamente más. No se puede establecer una línea divisoria entre nacionalistas y no nacionalistas, como sugieren ciertas voces susurrantes. No se puede hacer, porque los nacionalistas y los no nacionalistas son los mismos: son la madre y el hijo, el hermano y la hermana, la nieta y el abuelo.

Los nacionalistas y los no nacionalistas callan a diario porque trabajan en el mismo sitio, se sientan a la misma mesa, duermen en la misma casa (y a veces en la misma cama), celebran juntos las fiestas y se llenan la copa unos a otros en las cenas familiares. Habría que pintar una raya en el interior de cada casa. Pretender dividir un país por la mitad no es partirlo en dos trozos, sino hacerlo añicos.

La omisión a la que me estoy refiriendo, tiene (o ha tenido hasta ahora) mucho que ver con la necesidad de evitar eso: que estalle la violencia en el interior de las familias, en la tertulia del bar o en la puerta de la ikastola. Pero a la larga agota. Y deprime. Porque gota a gota y minuto a minuto nos va empapando una inercia de resignación y desaliento: una costumbre de apartar la cara y agachar la cabeza: ¡Ixo! ¡Isilik! Es un proceso lento, pero no tan lento.

Cuando la omisión se convierte en ‘omerta’ (la ley del silencio, el miedo a hablar), algo va muy, muy mal. Hay que tener cuidado con las palabras, es cierto. Algunas de ellas, a veces precisamente las más sibilinas, las más susurradas, las aparentemente más calmadas, han sido untadas en veneno.

Pretender ignorar eso es perverso. Pero una sociedad no puede tener miedo a hablar. No puede tener a sus periodistas amenazados, a sus profesores amena- zados, a sus jueces amenazados, a sus políticos (sean como sean, los pobres) amenazados, sin decir nada como si hubiera que soportarlo con normalidad. Es preciso que se produzca un deshielo.

El diálogo debe empezar en las aceras de la calle, en la barra del bar con los amigos, en el cuarto de estar de casa, después de comer. Si no, lo que digan los políticos, los periodistas o los jueces no servirá de nada.

Autonomías en la UE
Editorial El País 6 Diciembre 2001

La integración europea ha trastocado el reparto de competencias entre las comunidades autónomas y el Gobierno central. Restablecer un nuevo equilibrio, en el que todas las partes tendrán algo que ceder, es una tarea a abordar de forma sensata y funcional. La fórmula que proponen los socialistas resulta, en sus líneas generales, prudente, y como tal ha sido acogida por el Gobierno, que, sin embargo, se resiste a ser consecuente.

En estos años, el Gobierno, aunque sea a través de Bruselas, ha recuperado competencias que corresponden a las comunidades autónomas. Una presencia y participación activa de representantes de éstas en la delegación española en el Consejo de Ministros de la UE no desvirtúa la lógica del Estado de las autonomías y a la vez mantiene el precepto constitucional de que es el Gobierno quien dirige la política exterior, aunque la política europea constituya una nueva categoría.

El Tribunal Constitucional ha abordado esta difícil cuestión en diversas ocasiones, considerando que si bien es el Gobierno el que participa directamente en la actividad de la UE, las autonomías tienen un evidente interés en el desarrollo de la dimensión comunitaria. La cuestión es cómo integrar a las CC AA en la conformación de la voluntad de España en la UE, al menos en lo que al Consejo de Ministros se refiere, puesto que el Parlamento Europeo tiene crecientes poderes de co-decisión. No sirven necesariamente las fórmulas ideadas en otros países. La integración europea, y ahí reside uno de sus problemas, se da entre sistemas políticos muy diferentes: el español poco tiene que ver con la autonomía de Gales y Escocia (pero no Inglaterra) en el Reino Unido, con la descentralización de un sistema tan jacobinista como el francés o con el federal alemán o belga.

 La Unión no está conformada según el modelo de sus partes, o viceversa, como dictaría la ortodoxia federal. Debemos encontrar nosotros mismos la solución a los problemas que se plantean para España, a ser posible antes de la cita del 2004 para la reforma institucional de la UE. El sistema de la Conferencia Sectorial de Asuntos Europeos, en la que deberían coordinarse CC AA y Gobierno central, no ha funcionado como se pensaba. Hay que ir más allá. Los socialistas proponen que en la delegación española, siempre presidida por un representante del Gobierno central, participe un representante de las CC AA que hablaría en nombre de España en lo tocante a las competencias exclusivas de las autonomías, o podría intervenir en caso de competencias compartidas.

Resulta, sin embargo, excesivo el ritmo de turno anual para que las 17 autonomías se sucedan en esa función. Se requieren fórmulas más flexibles, adaptadas a las circunstancias. En materia fiscal, por ejemplo, el País Vasco o Navarra tienen competencias de las que carecen las otras comunidades, por lo que deberían tener la posibilidad de hacer oír su voz, como parte integrante de la delegación española, en materias que afecten a esa competencia. La próxima Ley de Cooperación Autonómica puede resultar un marco útil para plantear estas cuestiones, pero no podrá sustituir a la reforma del Senado. Pese a los humillantes sarcasmos de Aznar -reiterados ayer con escasa gracia y notable desprecio para los que no comparten sus ideas-, la consolidación del Estado autonómico en una Europa integrada pasa por convertir el Senado en una Cámara territorial que pudiera, entre otras funciones, decidir caso por caso quién representará a las CC AA en la delegación española en la UE. Esa reforma requiere la lealtad de las CC AA entre sí y de todas ellas hacia el Gobierno central, y también la del Ejecutivo hacia las regiones y nacionalidades.

Ayuntamientos, etc.,  en la UE
Nota del Editor 6 Diciembre 2001

Ya falta menos para que como ciudadano y con objeto de defender mis indicidualísimos derechos ante la UE pueda tener mi despacho multipropiedad en Bruselas.

Concierto (vasco) en la oscuridad
Enrique Badía La Estrella 6 Diciembre 2001

Pocos sabían, hasta hace una semana, que el concierto que rige el privilegio fiscal de las tres provincias vascas está a punto de caducar. Ahora tampoco saben demasiado, salvo que las conversaciones para la renovación marchan francamente mal. Y, desde luego, lo que nadie tiene claro es qué demonios puede pasar si no hay acuerdo antes del próximo 31 de diciembre: nada bueno, es lo más que se puede anticipar. 

Desde hace varios días, cada parte intenta convencernos de que la ruptura ha venido provocada desde el otro lado, pero sus argumentos son endebles y, como todo se ha negociado a puerta cerrada y casi en secreto, están surgiendo de sopetón. Tampoco son demasiado sólidas, además de discrepantes, las interpretaciones que unos y otros hacen de lo que supondría llegar al primer día del año próximo sin haber pactado. La prórroga del vigente en los últimos veinte años no tiene sustento jurídico y la caducidad, sin más, desembocaría en un vacío legal imposible de gestionar.

Visto con un poco de perspectiva, no extraña que se haya llegado a esta situación. Desde las penúltimas elecciones autonómicas (1998), los nacionalistas vascos (PNV y EA) mantienen una estrategia conducente a “no firmar nada con Madrid”. Algo así como un camino pretendidamente irreversible hacia el “desenganche”, sin perjuicio de que no esté racionalmente planteado —caso de lograrlo— el “día después”.

Una dinámica que ha sido contestada con acritud desde las filas del Partido Popular. Lo que ocurrió antes de las elecciones autonómicas de la pasada primavera, y lo que ha sucedido desde entonces, muestra suficientemente a dónde ha llegado el desencuentro y lo poco o nada dispuestos que están, unos y otros, a suavizar la situación. Aunque las verdaderas protagonistas del concierto sean las tres diputaciones forales y una de ellas, Álava, esté controlada por el PP, lo esencial de la discordancia está centrado entre los Gobiernos de Vitoria (PNV-EA) y Madrid (PP); a fin de cuentas, los encargados de dirigir la negociación.

No deja de ser, por tanto, un eslabón más en la cadena de enfrentamientos, despropósitos, agravios y “dignidades” que ambos lados se empeñan en coleccionar. Cuestión distinta es si la importancia del asunto no exige de todos un esfuerzo suplementario, aunque sólo sea para evitar una situación en absoluto prevista: que el concierto llegue a caducar sin tener pactada una renovación. Es fácil, pero es inútil, lamentar ahora que el mecanismo del concierto no previera esa hipótesis. El que todavía mantiene unas semanas de vigencia se alumbró en 1980, en plena euforia autonomista y sin suficiente recorrido constitucional.

Nada hacía pensar, entonces, que el rumbo del nacionalismo vasco emprendería su actual deriva ni que llegaría a estos extremos la hostilidad con y desde “Madrid”. De ahí que no se incluyera esa cautela que quizás lleguemos a añorar. Sin duda, el desenlace amenaza ser cualquier cosa menos racional. Sería bueno, sin embargo, dar mayor publicidad a las verdaderas esencias del concierto, sus cifras, las implicaciones y efectos que tiene sobre la economía y la sociedad vascas, el papel que juega el sector público en Euskadi, etcétera. Serviría, entre otras cosas, para entender y valorar mejor los argumentos de cada uno, sabiendo de qué estamos hablando y qué se juega cada cuál.

Valdría la pena significar, por ejemplo, que el cupo, esto es la contribución de las haciendas forales al sostenimiento de los servicios que presta directamente la Administración Central, no ha alcanzado en los últimos años la cifra de 100.000 millones de pesetas anuales. O explicitar que el privilegio foral vasco, también el navarro, carecen de referente en el resto de la Unión Europea y que sólo apelando a esa Constitución de la que los nacionalistas vascos abjuran día sí y día también, aseverando que está “superada”, les ha sido posible a los representantes españoles en Bruselas conjurar la amenaza de repudio que se cernía sobre el modelo; sí, esos representantes son los mismos que Vitoria quisiera suplir “para que los asuntos vascos se defiendan bien”. Probablemente, ninguno de los escenarios previsibles es deseable, pero quizás haya llegado la hora de extremar las contradicciones y dejar de pastelear. Eso sí, con un poco más de transparencia y claridad, llamando a cada cosa por su nombre y sin tantos pasos teóricos hacia delante y reales hacia atrás. mailto:ebadia@hotmail.com

Vivere libero
FERNANDO SAVATER  El País 6 Diciembre 2001

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense.

Los términos políticos suelen ser más performativos que informativos: es decir, pretenden acuñar proyectos mejor que limitarse a nombrar realidades objetivamente establecidas. De ahí que no susciten meras objeciones por su falta de exactitud sino a veces alarmas y recelos de índole mucho más pugnaz. Algo de esto hay, por ejemplo, en el artículo que Jordi Solé Tura (EL PAÍS, 24 de noviembre de 2001) dedica a la expresión 'patriotismo constitucional', rótulo litigioso con el cual el PP va a presentar una ponencia en su próximo congreso.

Hace años, en circunstancias que Solé Tura reputa difíciles pero distintas a las de hoy, también el PSOE recurrió a esa fórmula hecha célebre por Habermas aunque luego -según el articulista- renunció a ella porque no llevaba a ninguna solución concreta y se limitó sencillamente a aplicar el legado de la Constitución. Que el PP recupere ahora ese asunto, cuando la historia reciente ha dado ya varios pasos hacia donde sea, inquieta al senador catalán: 'Que haya incluido en el programa de su futuro congreso una ponencia sobre el llamado 'patriotismo constitucional', como si la Constitución esté (sic) en peligro de vida o muerte, y haya encargado de la redacción de la misma a un catalán y a una vasca, sólo puede significar que el patriotismo en cuestión es otra cosa y, de hecho, una andanada contra los nacionalismos de ambas zonas'.

La verdad, no acierto a ver por qué razón hablar de patriotismo constitucional implica necesariamente la suposición de que la Constitución está en peligro -puede pretenderse sencillamente hacer explícita una forma determinada de vivir la adhesión a ella- ni mucho menos comprendo en qué medida el que sean catalán y vasca los ponentes certifica la voluntad de arrinconar a nadie en Cataluña o el País Vasco (¿el que fuesen un murciano y una extremeña hubiera parecido más tranquilizador a Solé Tura?).

Pero sin duda el tema merece cierto análisis, ahora que estamos en fechas de conmemoración constitucionalista. Lo que Habermas pretendió poniendo sobre el tapete la cuestión era reunir de nuevo la conciencia nacional y el espíritu republicano, disociados en Alemania desde 1848. La idea de patriotismo constitucional opone la nación de los ciudadanos al mito prepolítico del 'pueblo' como comunidad natural de lengua y cultura. Según Habermas, este tipo de patriotismo legitima y asume diversas formas de vida o cultura, aceptándolas todas en una república no excluyente abierta al más amplio pluralismo y a varias formas de mestizaje. Su planteamiento se define frente a las distintas advocaciones del pensamiento comunitarista, no sólo al nacionalismo sino también al patriotismo republicano tradicional, que él supone de origen aristotélico (MacIntyre y Taylor no parecen ajenos a este antagonismo).

De lo que se trata, en suma, es de configurar un sentimiento de pertenencia que refuerce las razones abstractas de la ciudadanía participativa pero estilizado a través de la argumentación institucional de ésta: algo que vaya más allá del calor de establo de la tribu pero que no nos deje solamente en la fría compañía de la ley. Cosa urgente a su modo peculiar en la Alemania actual, pero que desde luego tampoco puede resultarnos ajena en otras naciones multiétnicas como la nuestra, donde no faltan pulsiones excluyentes que amenazan seriamente la convivencia. Sin embargo, la respuesta de Habermas no es ni mucho menos la única posible ante el problema. La bibliografía reciente sobre el asunto es abundante y basta para hacerse una idea de ella darse una vuelta por el excelente número 24 de la revista Isegoría, editada por el Instituto de Filosofía del CSIC. Uno de los autores que figuran en ese número, Maurizio Viroli, ha publicado también un libro muy interesante (Por amor a la patria, Acento editorial) en el que defiende el patriotismo republicano que descarta Habermas.

Viroli no lo entronca con Aristóteles, sino con autores de la república romana, de los que derivan las versiones modernas del patriotismo como la de Maquiavelo, que lo centró en el vivere libero, es decir en el amor a la libertad común y las instituciones que la sustentan pero no en la homogeneidad cultural o lingüística. Este patriotismo se opone a la visión nacionalista y 'la diferencia crucial reside en la prioridad de énfasis: para los patriotas, el valor principal es la república y la forma de vida libre que ésta permite; para los nacionalistas, los valores primordiales son la unidad espiritual y cultural del pueblo'. Los patriotas no nacionalistas entienden la virtud cívica como el apego a las libertades públicas y a las instituciones que las garantizan, nunca como la vinculación a la unidad étnica y religiosa de un pueblo.

'El patriotismo entendido como un deseo de libertad -recuerda Viroli- funciona como una fuerza que incluye y unifica; une, no separa o excluye'. Pero quizá el patriotismo progresista debe intentar una formulación más cálida, con mayor tono de afectividad concreta que la mera adhesión a los enunciados constitucionales propuesta por Habermas: 'La izquierda democrática tiene que combatir al nacionalismo en su propio campo; debe tener una respuesta a la necesidad de una identidad nacional, y su respuesta debe ser diferente a la del nacionalismo; no debe abandonar el campo de batalla pero no debe unirse a las filas del enemigo'. Que no se me olvide decírselo a Madrazo en cuanto le vea... Y Viroli concluye así su texto publicado en la revista del Instituto de Filosofía: 'La ciudadanía no nace de los lazos de la nacionalidad.

Los pueblos más homogéneos cultural, religiosa o étnicamente no son los que tienen mayor espíritu cívico. Por el contrario, tienden a ser intolerantes, prejuiciosos y aburridos. La política, la verdadera política democrática, se basta para construir la ciudadanía. No necesita ayudantes incómodos'. La postura de Dominique Schnapper, autora de La comunidad de los ciudadanos (Alianza ed.), difiere tanto de la de Habermas como de la de Viroli. Ella defiende el concepto mismo de 'nación' como comunidad de ciudadanos, sin implicaciones prioritariamente étnicas. Al contrario, a su parecer hablar de 'nación étnica' es una contradicción en los términos, ya que lo propio de la nación es arraigar reconciliadamente las identidades y pertenencias vividas como naturales por medio de la abstracción institucional de la ciudadanía. Por supuesto, señala, las etnias no son más 'naturales' que las naciones: también son construcciones históricas y a menudo más recientes que los propios Estados nacionales.

Pero la nación subsume la diversidad étnica sin mutilar de emociones simbólicas a los ciudadanos: 'El reconocimiento político de las etnias, integradas en la nación, lleva a la desintegración y a la impotencia del Estado; el Estado, cuando se vuelve demasiado poderoso, tiránico o totalitario, absorbe a la nación y destruye la comunidad de ciudadanos. Entre la etnia y el Estado hay que dejar lugar a la nación'. De modo que entonces el nacionalismo no será algo negativo. Pero hay dos modelos de nacionalismo, que Schnapper -citando a Eric Weil- llama respectivamente el occidental y el de la Europa del Este: el primero es 'político, preocupado por la liberación del individuo, de intenciones cosmopolitas, que afirma la pluralidad de los valores de una sociedad evolucionada y que vive bajo una ley aceptada libremente (al menos en principio)'; el segundo es 'expresión de un sentimiento de inferioridad de grupos lingüísticos que no poseen una organización política propia, formado en el mito de un valor natural, en una prehistoria idealizante, en una 'conciencia de sí' que no comporta más que derechos (siempre desconocidos por los demás), en una ideología que no está destinada a justificar una realidad sino a transformar aquella ante la que se encuentra'.

De nuevo la englobadora comunidad de ciudadanos frente a la disgregación en etnias comunitarias. ¿Patriotismo constitucional, patriotismo republicano, nación de ciudadanos? No sé cuál es la fórmula más adecuada -cada una tiene sus ventajas y sus inconvenientes- pero en los tres casos se trata de afrontar el mismo problema: el despedazamiento de los Estados de derecho pluralistas en nombre de la homogeneidad políticamente instituida de las identidades étnicas. O sea, cómo la sociedad de los iguales ante la ley podrá resistir a la sociedad de los idénticos según la peculiaridad de la pureza cultural. También ignoro el perfil que dará el PP a la ponencia de su congreso.

Lo que me parece importante destacar es que los tres modelos comentados coinciden en que sus planteamientos patrióticos no se agotan en el enfrentamiento con la extrapolación del etnicismo: exigen también mecanismos prácticos de protección social y educación pública para luchar contra las dos lacras que imposibilitan la ciudadanía, a saber, la miseria y la ignorancia. Y presuponen un respeto a la legalidad compartida que veda los sectarismos partidistas, como los que hemos visto en correligionarios de los implicados en el caso Gescartera o en el de los fondos reservados. El vivir libremente de los ciudadanos es tan incompatible con la hipóstasis de las etnias como con la solidaridad de las mafias.

Aznar frena las pretensiones de Ibarreche y le advierte de que no tendrá voz ante la UE
Zapatero y el «lendakari» acuerdan que Jordi Sevilla impulse el acuerdo Madrid-Vitoria
El presidente del Gobierno, José María Aznar, rechazó ayer la pretensión del Ejecutivo vasco de tener presencia en los Consejos de Ministros europeos, si bien se mostró dispuesto a dar más voz a las comunidades en la UE. Acusó también a los nacionalistas de intentar imponer su postura en la negociación del Concierto con la amenaza de «dar una patada en la mesa». Mientras, Rodríguez Zapatero ya se ha puesto en contacto con el «lendakari» Juan José Ibarreche. Ambos están de acuerdo en que el responsable económico del PSOE, Jordi Sevilla, medie ante la negociación.
C. Morodo / E. L. Palomera - Madrid.- La Razón 6 Diciembre 2001

Aznar cerró ayer al Ejecutivo vasco cualquier posibilidad de tener papel en la representación exterior de España. Sería algo «insólito» y un «espectáculo» que no ocurre en ningún país relevante y que significaría además la quiebra del modelo autonómico y constitucional. Se mostró dispuesto a tener en cuenta el parecer de las comunidades en todos aquellos asuntos comunitarios que les afecten directamente, e incluso a buscar mecanismos para fomentar su participación, pero dejando claro que la representación exterior del país, tal y como dice la Carta Magna, corresponde al Gobierno de la Nación. A continuación, cuestionó la posición del Ejecutivo de Ibarreche en la negociación del Concierto vasco, alegando que no hay motivos técnicos que imposibiliten el acuerdo. Lo único que lo impide es la pretensión nacionalista de participar en los Consejos de Ministros de la UE.

«Somos partidarios del Concierto. Lo defendemos y vamos a hacer el mayor esfuerzo por llegar a un acuerdo. Pero no aceptamos un vacío legal, ni que encima se nos hable de imposiciones cuando se va a una negociación diciendo que o se me da la razón, o pego una patada en la mesa y pongo en cuestión todo», precisó. Mientras, en el PSOE, Zapatero ha puesto en marcha su papel de «mediador» en el conflicto. El pasado viernes, por indicación del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero telefoneó personalmente a Ibarreche para convencerle de que no puede cerrar la puerta al diálogo con el Gobierno de Aznar. Ayer por la mañana se producía una segunda conversación, en la que el líder del PSOE pedía a Ibarreche un gesto de acercamiento. Ambos estuvieron, pues, de acuerdo en que sus segundos debían ponerse en contacto para hablar sobre el asunto. Fuentes cercanas al secretario general aseguran que Zapatero vio en Ibarreche cierta disposición a reconducir la negociación y que prueba de ello es que aceptó que el secretario económico del PSOE, Jordi Sevilla, hiciera las gestiones oportunas tanto con el Gobierno central como con el vasco para acercar posiciones. La vicelendakari vasca se pondría, pues en contacto con Jordi Sevilla para informarle de los escollos principales, una llamada que, a última hora, no se había producido.

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, negó que hubiese pedido ayuda al PSOE y le acusó de no saber cuál era su posición en la política española. En declaraciones a este periódico, Sevilla insistió en que el propio Montoro les había solicitado la mediación el pasado viernes. Todos los esfuerzos Dicho esto, el responsable económico de la dirección federal del PSOE enfatizó que la renovación del concierto es un asunto «tan importante como para exigir a ambos Gobiernos [central y vasco] que hagan todos los esfuerzos necesarios para llevar la negociación a buen puerto». Para ello, según Jordi Sevilla, el PNV tiene que renunciar a mezclar el Concierto vasco con la representación de las comunidades autónomas en la Unión Europea, pues es un asunto que compete a todas las Autonomías y que, además, se puede solventar con fórmulas alternativas a las que proponen los nacionalistas vascos.

El PP, por su parte, debería poner al frente de la negociación a alguien «con más cintura política que Montoro», subraya Sevilla. Salvados estos dos escollos, el PSOE tiene la impresión de que el resto de los puntos conflictivos podría solventarse, como es el caso de la financiación de la Sanidad y de la Policía autónoma vasca.

Fin del Concierto
Cartas al director ABC 6 Diciembre 2001

Una vez más el llamado nacionalismo moderado vasco abre un nuevo frente de confrontación con el resto de España con pretensiones imposibles que imposibilitan la renovación del Concierto. Y sabido deberíamos tener que se ceda lo que se ceda jamás lograremos que estas cesiones sean un camino hacia el entendimiento y la concordia, sólo otra batalla perdida en el irrenunciable camino hacia la imposible independencia que pretenden los nacionalistas, por los medios que sean, intolerancia, apoyo más que claro al terrorismo, mentiras educativas, manipulación histórica y demás, con la ayuda financiera de todos los españoles.

Cualquier medio parece ser bueno en una interminable batalla en la que siempre parecen ir un paso delante, buscando y encontrando motivos de discordia en todos los campos en contra de lo que debería ser una leal colaboración, que no existe ni existirá por parte del nacionalismo vasco. Se mire como se mire, el Concierto ha fracasado, ya que en lugar de propiciar un lugar de civilizada convivencia sólo parece servir para dotar de una generosa, injusta e injustificable financiación, de la que no disponemos el resto de los españoles. Ante el guante arrojado con la no renovación del Concierto, tal vez sería más que lícito recogerlo y celebrar un referéndum donde se realice la siguiente pregunta a los españoles: ¿está usted de acuerdo en que una parte de España tenga unos excepcionales privilegios fiscales, únicos en Europa, que sólo parecen servir para el clientelismo nacionalista o entiende como más justo y solidario el Régimen General Fiscal para el País Vasco?

 J. M. Pacheco. Barcelona.

Carné bilingüe
Cartas al director ABC 6 Diciembre 2001

El DNI bilingüe, una vieja y querida aspiración de los nacionalistas, ya es posible desde ayer en Cataluña y otras regiones por ahora bilingües. El presidente Pujol acudió el primer día a hacerse un nuevo DNI, acto que fue recogido ampliamente en la prensa. Repaso todos los carnés que tengo en este momento expedidos por la Generalitat o sus dependencias: carné universitario, Seguridad Social, Carné Joven, etcétera. Todos están expedidos exclusivamente en catalán y seguramente tendré que resignarme a que sea siempre así, pues está claro que este bilingüismo es unidireccional ya que, el nacionalismo declara por un lado que el plurilingüismo enriquece a lo que ellos llaman Estado español, pero sueña con desterrar la lengua común española de Cataluña. Gonzalo Navarro. Barcelona.

Iguales ante la Sanidad pública
Editorial La Razón 6 Diciembre 2001

El nuevo año traerá el fin de las transferencias en materia de Sanidad a las Comunidades Autónomas y todo el sistema sanitario público dependerá de los respectivos gobiernos regionales.
Se transfieren así la gestión sanitaria y las consecuentes partidas presupuestarias, junto a un nuevo y discutido impuesto sobre la gasolina para completar la financiación. Pero no se transfiere la completa responsabilidad pues, como ahora recuerda oportunamente la ministra Celia Villalobos, el Gobierno de la nación deberá velar para que la asistencia sea igual de eficaz que lo ha sido bajo la gestión estatal, y para que los Ejecutivos autonómicos no discriminen a unos ciudadanos de otros: cualquier español que precise asistencia en cualquier parte del Estado tiene derecho a recibir el mismo trato, y de ello se encargará el Ministerio de Sanidad, aplicando los resortes legales adecuados, sin descartar medidas de tipo económico. Es conveniente recordarlo, porque hay políticos nacionalistas que olvidan, o quieren olvidar, que el hecho diferencial autonómico que los españoles hicieron posible al votar la Constitución, nunca puede suponer diferencias en los derechos y deberes de los ciudadanos. No hay, por el mero accidente de nacer o vivir en determinado territorio, personas de distintas categorías como no hay, a pesar de la sorprendente existencia de idearios como el racista y nazi de Arzallus, diferencias por poseer un determinado factor RH en la sangre.

Detenidos tres presuntos miembros de Eta tras un tiroteo con la Gendarmería francesa en Auch
Tres presuntos miembros de Eta fueron detenidos la pasada noche tras mantener un tiroteo con una patrulla de la Gendarmería francesa que se encontraba realizando un control rutinario en la localidad de Auch, a unos 80 kilómetros al oeste de Toulouse (sur), según informaron fuentes policiales. Los detenidos son Iñaki Lizundia, ex concejal de HB en Ortuella, Aitor Cortazar García y Nerea Garaizar, ex miembro de los «comandos Aragón» y «Galicia».
Ep/Efe - Bayona.- La Razón 6 Diciembre 2001

Los hechos comenzaron poco después de las 23.00 locales (22.00 GMT) en una carretera en las proximidades de Auch, que está al noreste de Pau. Los gendarmes habían puesto vallas y señalizaciones en la carretera para desviar el tráfico a causa de una mancha de gasóleo en la calzada, procedente de un camión. En lugar de detenerse, el coche con los tres presuntos etarras, un Renault Clio, aceleró y se saltó las vallas. Fue perseguido por los gendarmes y en una curva cayó a la cuneta, según indicaron las fuentes. Los dos ocupantes de la parte delantera del coche quedaron bloqueados en el vehículo, y el tercero se escapó por el cristal trasero. Cuando los agentes se acercaron, Nerea Garaizál y Aitor Cortazar, no opusieron resistencia, pese a portar cada uno una pistola del calibre 9 mm parabelum, y fueron detenidos. Por su parte, Iñaki Lizundia Alvárez se dió a la fuga.

En su huída a pie, disparó contra el perro policía que resultó herido. Un agente disparó contra Lizundia alcanzándole en el brazo, pero el etarra continuó su huida y los agentes le perdieron la pista cuando se internó en un bosque. Dos horas más tarde, vecinos de un poblado gitano próximo informaron a los gendarmes que rastreaban la zona de la presencia de un individuo desconocido por ellos. Lizundia fue detenido sin que opusiera más resistencia en el interior del poblado. Trasladados los tres a la gendarmería de Auch, las fotos de los documentos de identidad que portaban facilitaron la identificación imediata de Iñaki Lizundia. No obstente, por un cierto parecido, en principio se pensó que la mujer era Leyre Etxebarría. Sin embargo, una posterior comprobación confirmó que se trata de Nerea Garaizar. El tercer individuo, Aitor Cprtazar llevaba un documento falso a nombre de José Fernández. Nerea Garaizar San Martín formó parte del comando Zaragoza y del «Zapaburu» (renacuajo), desarticulado en Galicia.

El segundo detenido, Iñaki Lizundia, fue concejal de Herri Batasuna en la localidad vizcaína de Ortuella, y ha sido juzgado por la Audiencia Provincial por la paliza propinada al agente de la Ertzaintza Ander Susaeta en agosto de 1993, por lo que fue condenado a un año y seis meses de prisión menor. El tercer etarra, Aitor Cortazar García, de 32 años, según fuentes de la lucha antiterrorista española, pudo participar en la vigilancia de Fernando Buesa antes de su asesinato, llevaba documentación falsa a nombre de José Fernández.. En el vehículo en el que viajaban los etarras, la policía francesa ha encontraron utiles para el robo de vehículos -como llaves, remaches, bombines- y placas falsas de matrícula, así como un millón de pesetas en francos. Según fuentes de la investigación, todo indica que los tres activistas formaban parte de un «talde» (comando) completo de reserva preparado para pasar en breve a España.

Las fuentes consultada agregaron que no son dirigentes sino activistas con experiencia en la comisión de atentados. La DNAT, División Nacionan Antiterrorista de París, se ha hecho cargo ya de la investgiación y a los detenidos se les ha aplicado la Ley Aniterrorista francesa. Estos deberán pasar a disposición de los jueces especiales de París en el plazo de 72 horas. La policía gala busca ahora el piso donde los tres etarras tenían su base de operaciones, agregaron estas fuentes. El etarra herido es un ex concejal de HB de la localidad vizcaina de Ortuella BAYONA. Agencias ABC Iñaki Lizundia Alvarez, ex concejal de HB en la localidad vizcaína de Ortuella, ha sido identificado como el presunto etarra que anoche resultó herido en un tiroteo con la Gendarmería ocurrido en las afueras de la localidad de Auch, según han informado fuentes policiales a la agencia Vasco Press. Lizundia ha sido el único de los tres etarras que ha logrado huir en un primer momento después de que se accidentara el Renault Clio con el que se habían saltado un control de la Gendarmería. El etarra ha disparado contra los gendarmes que le perseguían hiriendo a un perro de rastreo que llevaban los policías. Estos, a su vez, han respondido al fuego del activista y le han alcanzado en el brazo. Tras la detención se le ha incautado un arma modelo Colt. Lizundia se encuentra huido desde hace cinco años para eludir una condena de cinco años de prisión que le fue impuesta por participar en agosto de 1993 en la agresión al ertzaina Ander Susaeta durante las fiestas de Bilbao. A raíz de aquella paliza, Lizundia fue detenido por la Ertzaintza y encarcelado hasta que fue puesto en libertad provisional el 11 de marzo de 1994. La Audiencia de Bilbao le condenó por estos hechos a un año y seis meses de prisión por atentado, pero el Tribunal Supremo, en 1996, añadió a esa pena otra de tres años y siete meses por un delito de lesiones. Lizundia se dio a la fuga para eludir el ingreso en prisión. Hace algunos meses el Ministerio del Interior incluyó su foto en una relación de etarras que podrían estar encuadrados en comandos.

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