AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 10 Diciembre  2001
#Francia debe preocuparse
Editorial La Razón 10 Diciembre 2001

#Los listos viven de los tontos y los tontos de su trabajo
Luis María ANSON La Razón 10 Diciembre 2001

#Las autonomías
Jaime CAMPMANY ABC 10 Diciembre 2001

#Las prórrogas de Ibarretxe
Editorial El País 10 Diciembre 2001

#Tesis e hipótesis en la idea federal
Jesús MARTÍN TEJEDOR. Investigador del Centro de Estudios Históricos del CSIC ABC 10 Diciembre 2001

#El PNV y Batasuna
Cartas al Director ABC 10 Diciembre 2001

#CONTRA EL FANATISMO RELIGIOSO
Editorial El Mundo 10 Diciembre 2001

#La España asimétrica
Ignacio CAMACHO ABC 10 Diciembre 2001

#Patriotas
ENRIQUE GIL CALVO El País 10 Diciembre 2001

#Frivolidad
JUSTINO SINOVA El Mundo 10 Diciembre 2001

#El pensamiento Arana / Arzallus
Sabino ARANA La Razón 10 Diciembre 2001

#«Es terrible que opinar en este país se pague con la pena de muerte»
J. J. CORCUERA BILBAO El Correo 10 Diciembre 2001

#Grupos de radicales atacan una sede del PSE y una subcomisaría de la Ertzaintza en Vizcaya
Bilbao Estrella Digital 10 Diciembre 2001

Francia debe preocuparse
Editorial La Razón 10 Diciembre 2001

La política del avestruz, la de esconder la cabeza cuando se avecina algún peligro, no es la más adecuada. En materia de lucha antiterrorista, es, sencillamente, nefasta y temeraria. En los últimos meses, se acumulan una serie de datos, objetivos y contrastados, que apuntan a que Eta se plantea, como nunca había hecho hasta ahora, la posibilidad de extender sus atentados a Francia. El separatismo vasco, el autoproclamado «moderado» y el que hace uso de las armas del terror, coinciden (distintos métodos, los mismos objetivos) en reclamar una zona del territorio del Estado galo como parte irrenunciable de la «gran Euskadi». Eta y su entramado, dentro del plan que urdieron en 1998 y en el que, con la tregua trampa, atraparon a tantos, pretendían que las organizaciones «abertzales» de «Hegoalde» (País Vasco español) e «Iparralde» (el francés), se unieran sin solución de continuidad y sirvieran como ejemplo para que partidos e instituciones siguieran ese camino. La cosa fracasó ¬tan sólo los españoles de Jarrai y los galos de Gazteriak aceptaron las consignas¬ y, claro, los cabecilla etarras, acostumbrados a practicar el totalitarismo en sus filas, no lo pudieron soportar. Desde entonces, el terrorismo callejero, conocido como «kale borroka», ha aumentado en el sur de Francia. Eta, en su boletín interno «Zutabe», ha hecho un llamamiento a los militantes de la banda terrorista francesa, que se llama «Iparretarrak», para que deserten y se pasen a sus filas. ¿El motivo? Los separatistas galos se conforman, de momento, con una autonomía. Los pistoleros etarras que se esconden en Francia han recibido la orden de disparar, sin contemplaciones, contra los agentes galos si se interponen en su camino. La banda criminal, en un hecho sin precedentes, ha concedido la «exclusiva» de su último comunicado a «Euskal Herriko Kazeta», el periódico que hace las funciones de «Gara» en el vecino país. Ante estas evidencias, desde París se insiste ¬¿tienen datos contrastados o es simple voluntarismo?¬ que Eta no les va a golpear. El problema que puede tener el avestruz, es que cuando intente sacar la cabeza del suelo, le falte alguna extremidad.

Los listos viven de los tontos y los tontos de su trabajo
Luis María ANSON La Razón 10 Diciembre 2001
de la Real Academia Española

Paga el ciudadano medio los gastos de una Administración multiplicada por tres en los últimos veinticinco años. Paga a los diputados, a los senadores, a los sindicatos, a los partidos. Paga a los políticos nacionales, a los regionales, a los locales, que se multiplican todos como hongos voraces. Paga sus sueldos, sus viajes, su turismo, sus almuerzos de «trabajo», sus cenas de cachondeo, sus teléfonos, sus moquetas, sus inextinguibles gabinetes. Paga sus automóviles y a sus conductores que han crecido hasta extremos que nadie se atreve a reconocer. Paga también, no faltaba más, sus servicios de vigilancia y seguridad.

Paga el ciudadano medio el mantenimiento de los edificios públicos que el Estado de las Autonomías ha hecho crecer de forma incansable. Mientras las empresas privadas, incluso los bancos, reducen sus instalaciones y recortan los metros cuadrados ocupados, la Administración Central, la Administración Regional, la Administración Local, todas ellas compran palacios y edificios singulares, construyen bloques gigantes y suntuosos de oficinas, invaden las más varias instalaciones, porque qué mas da el gasto si quien paga es el tontorrón del ciudadano medio. Paga la calefacción, la luz, los servicios de limpieza, los gastos de mantenimiento, los arreglos, los reformados, los teléfonos y, naturalmente, a los funcionarios que se multiplican de forma incesante.

Los listos, que son los políticos causantes del incremento del gasto público, viven de los tontos y los tontos, que somos los ciudadanos medios, vivimos de nuestro trabajo. El Estado de las Autonomías es el Estado del gasto y la suntuosidad, la apoteosis de lo superfluo y lo innecesario, el esplendor de la camelancia y la trapisondería.

Y ahora para mayor inri algunos políticos quieren reformar la Constitución no para que disminuya el despilfarro autonómico sino para fragilizar aún más la unidad de España, para multiplicar las Administraciones, para que se creen nuevos organismos, se ocupen más edificios, se contraten a otros funcionarios, se coloquen a más y más políticos. Trabajamos, en fin, como tontos, para pagar la voracidad insaciable de este Estado de las Burocracias que pesa sobre nosotros hasta la asfixia.

Las autonomías
Por Jaime CAMPMANY ABC 10 Diciembre 2001

Fernando Vizcaíno Casas acuñó el término «autonosuyas» para referirse irónicamente a las autonomías de la Constitución del 78. Por supuesto, se trata de una ironía, no ya «políticamente incorrecta», sino incorrectísima. Parece que con este invento autonómico de «café para todos», según la fórmula orteguiana, haya resuelto para siempre el viejo y eterno «problema de España». Cuando ha transcurrido casi un cuarto de siglo de haber comenzado a poner en marcha las autonomías de la vigente Constitución, no sabría decir si el balance es o no claramente positivo. Los políticos creen que sí, aunque eso podría ser un juicio de dientes para fuera, porque a veces asoman situaciones reales no resueltas, y amenazas y peligros que no acertamos a conjurar.

En España, el peligro de las taifas y los reyezuelos viene de lejos. Almanzor construyó un gran imperio a base de guerrear dos veces al año, en primavera y en otoño, y de fomentar las ciencias, la filosofía, la literatura y el arte el resto del año, y en cuanto murió todo aquel imperio se hizo añicos y se pobló de autonomías, o sea, de autonosuyas, y de pequeños reyes como el de O´Soglow. Ya hemos visto pasar por ellas diversos lendakaris, bellotaris, panocharis y chuletaris, aunque la raza de estos dos últimos haya pasado a la Historia de momento. De una manera o de otra, pienso que ya no podemos dar marcha atrás al invento, quizá tampoco lo merezca, y lo que tenemos que hacer es perfeccionarlo en lo posible para que la España diversa y libre no les estalle en las manos a los políticos como un triquitraque.

Ahora, cuando las autonomías están a punto de cumplir un cuarto de siglo, tal vez merezca la pena hacer un estudio profundo y objetivo acerca de los frutos que ha dado el autogobierno de las antiguas regiones españolas, y si su cosecha ha sido más abundante en beneficios que en desgracias. Con más frecuencia de la deseable, las competencias transferidas desde la Administración central a las autonomías ofrecen resultados negativos. Ahora mismo y desde una simple ojeada hacia la administración llamada periférica, nos encontramos con algunas situaciones preocupantes y con algunos problemas que causan alarma. En algún caso especial como el del País Vasco, la situación llega a ser tan grave como para aconsejar la suspensión de las competencias transferidas.

En Cataluña, Jordi Pujol tiene las cárceles como si fueran quesos de Gruyère. Los presos se escapan por ellos como si fuesen ratones. Y claro está que ese no es el mayor problema de la autonomía que disfruta Cataluña. Rodríguez Ibarra tiene en Extremadura un reino de taifas que ha terminado por imponer un tributo a los bancos para redondear una estúpida demagogia en la que, aparentemente, los ricos paguen más que en cualesquiera otras partes de la nación. Por el contrario, Manuel Chaves, se proclama emir independiente de Al Andalus y se niega, quizá con razón, a cobrar el nuevo impuesto sobre la gasolina. Marcelino Iglesias quiere amotinar el Ebro y ponerlo en pie contra uno de los proyectos más importantes que se hayan podido formular para acrecer la riqueza de España con beneficio para todos los españoles y para todas las autonomías. En Las Baleares, Françesc Antich tiene la mala ocurrencia de la «ecotasa» y está a punto de dar un hachazo helado al turismo de las islas.

Lo del País Vasco, es, naturalmente, mucho más grave que todo eso. Las competencias sobre la seguridad han servido para dejar sin protección a la mitad de los vascos, y las competencias sobre enseñanza se utilizan para falsear la Historia y la geografía de España para inculcar a los niños el odio y el rencor a su patria grande, a la patria de todos los españoles. O sea, nada menos que a España.

Las prórrogas de Ibarretxe
Editorial El País 10 Diciembre 2001

Es posible que Ibarretxe se encuentre dentro de unos días con el Concierto económico prorrogado por decisión del Ejecutivo español, y con los presupuestos de la comunidad autónoma también prorrogados por decisión propia. Contra lo que creen algunos entusiastas, la coalición nacionalista encabezada por Ibarretxe quedó en las elecciones del 13-M lejos de la mayoría absoluta, y esa constatación aritmética no la ha resuelto la incorporación al Ejecutivo de IU, con sus tres escaños. El lehendakari gobierna con el apoyo de 36 diputados en una Cámara de 75. El rechazo por parte de los 39 que suman los partidos de la oposición (PP, PSE y Batasuna) obligaría a Ibarretxe a prorrogar los presupuestos por segundo año consecutivo.

Batasuna ya ha presentado una enmienda de totalidad argumentando que son unos presupuestos que sólo buscan gestionar el actual marco político y no utilizarlos para facilitar la transición hacia uno diferente, como ocurrió con los que negoció con el lehendakari en 1999. Ante esa posición, el Gobierno de Vitoria ha intentado un acercamiento a los socialistas. Éstos han respondido que no habrá respaldo mientras Ibarretxe mantenga la línea soberanista que defendió en el debate sobre autogobierno de octubre y no haga lo necesario para recomponer la unidad de los demócratas frente a ETA. Al elegir pactar con Madrazo, el PNV prefirió, según Redondo, reforzar el frente autodeterminista antes que el más amplio de partidos democráticos en torno al Estatuto.

Los nacionalistas han estado engañándose con la idea de que PSE y PP nunca unirían sus votos a los de Batasuna para derrotar al Gobierno. Era un argumento de uso interno, que pretendía equiparar los pactos en positivo que en su día negociaron ellos con HB (y que los otros criticaron) con la coincidencia en el rechazo a los presupuestos de los partidos de la oposición mediante enmiendas de totalidad. Por muy alejados que estén entre sí tales partidos, esa coincidencia es lo normal en los sistemas parlamentarios.

La debilidad ahora evidenciada por el Gobierno de Ibarretxe es un efecto de su pretensión de a la vez gestionar la autonomía (1,3 billones de recaudación fiscal) y superarla con propuestas soberanistas. En la práctica, lo uno excluye lo otro. En realidad, lo único que comparten el partido socialista y Batasuna al rechazar los presupuestos es su deseo de hacer ver al lehendakari que si quiere su apoyo tendrá que elegir campo.

Tesis e hipótesis en la idea federal
Jesús MARTÍN TEJEDOR. Investigador del Centro de Estudios Históricos del CSIC ABC 10 Diciembre 2001

Es evidente que la estructuración federal de un Estado es una opción respetable. Tal respetabilidad afecta también, por supuesto, al Estado español. Dicho en otras palabras: no hay nada de escandaloso en que el Partido Socalista Español oriente su política hacia un federalismo español. La idea puede ser conveniente o inconveniente, oportuna o importuna, necesaria o superflua, realizable o irrealizable, y queda, por tanto, abierta a la libre disposición de los españoles, en cuya voluntad soberana entra la capacidad de reformar la Constitución. Esta es la tesis que nadie puede discutir.

El problema sobreviene en la hipótesis de que la opción federalista se plantee como solución definitiva a los problemas geo-políticos de España, es decir, de los nacionalismos. Y más especialmente del nacionalismo vasco, que hoy por hoy es el más traumático.

Ignoro si la idea federal sigue teniendo en los dirigentes del nacionalismo vasco la vigencia de que gozó hasta tiempos bien recientes. El «ámbito vasco de decisión», el soberanismo, y hasta la independencia son los requerimientos actuales del vasquismo dirigente, aunque parece claro que muchos adherentes y votantes del nacionalismo detendrían el paso, si en términos reales se les planteara la opción de la independencia.

«Tampoco es eso» suelen decir muchísimos, cuando nos sugieren la especie de que cuantos atacan desde España al independentismo vasco están atacando en realidad a un molino de viento. Quizá los dirigentes del nacionalismo, en el fondo de sus intenciones, también están en esa misma disposición, y su radicalismo independentista es fundamentalmente dialéctico: pedir la luna para que las rebajas necesarias en toda avenencia queden al más alto nivel posible. Necesitan además radicalizar su figura para convencer al terrorismo de que se puede llegar a todo desde la política. Pero todo esto es entrar azarosamente en el sagrado de sus intenciones. Hoy por hoy, la tópica política del nacionalismo se instala en la radicalidad, y no podemos menospreciar hasta qué punto el mundo conceptual que se ha formulado y exhibido constituirá más tarde una red de compromisos de la que resulte difícil desembarazarse.

Cabe, pues, preguntarse con no escaso escepticismo: ¿hasta qué punto la idea federal puede ser aceptada por el vasquismo como una fórmula plenamente esperanzadora? Hace unos años lo hubiera sido, muy probablemente, pero hoy reviste todas las características de la inutilidad. Así que esta posible novedad de la política socialista parece condenada a ser un empeño vano que en modo alguno podría compensar de los trastornos y riesgos de una grave pirueta constitucional.

Pero no radica ahí el meollo de la cuestión. Es urgente y gravemente apremiante que los españoles sepan qué es lo que puede estar ventilándose en torno a la cuestíon del federalismo. Es una frivolidad estúpida pensar que se trata de una cuestión político-administrativa dentro del terreno de lo opcionable. ¿No es Alemania un Estado Federal? ¿No lo es Suiza, que hasta se llama Confederación?

En efecto, pero con una característica fundamental: los ciudadanos de todos los Länder se sienten inequívocamente alemanes, y los ciudadanos de todos los Cantones se sienten igualmente suizos. Claro es que en Alemania todos los Länder están ocupados por una sola etnia lingüística (con perdón de la redundancia, porque en el actual derecho político el concepto de etnia va vinculado a la lengua y a la cultura concomitante a la lengua); y en Suiza ninguna de sus cinco etnias tiene la oficialidad estatal en exclusiva. Por eso, el ejemplo suizo constituía el referente preferido por los tratadistas políticos del vasquismo. En Suiza no existe el equivalente a la lengua castellana con una presencia ubicua en la totalidad del Estado.

Digámoslo claramente: el federalismo vasquista ha venido postulando la desaparición del castellano como lengua oficial de todo el Estado español, y la desaparición de España como Nación, como patria común de los ciudadanos del Estado español. Ya no habría españoles, como hay alemanes o suizos. Para tales vasquistas el resto de las comunidades del Estado español serían simples vecinos y meros socios para financiar en común los gastos de defensa y de representación exterior. Ningún vasco estaría éticamente obligado a dispensar a los demás españoles ese sentimiento de amor y peculiar fraternidad característico de la condición de compatriotas, porque sencillamente no se considerarían compatriotas.

Este extremo de la no necesariedad del amor aparece documentado en una obra titulada «El Derecho humano de la autodeterminación de los pueblos» (2ª edición, Tecnos, Madrid 1989, pág.129) y escrita por José Antonio Obieta Chalbaud, brillante jurista de la Universidad de Deusto, a cuya vera inició su docencia el máximo representante del actual nacionalismo vasco.

Parece un detalle exquisito del jurista-moralista, pero difícilmente se puede expresar de manera más penetrante y exenta de dudas la verdadera almendra de esta cuestión. Sencillamente, el federalismo que postulaban los teóricos del nacionalismo vasco llevaba aparejada la pretensión de que los españoles dejáramos de ser españoles para que los vascos pudieran ser vascos, es decir, connacionales en cuanto tales. En la hipótesis de que el incipiente federalismo socialista se plantee como una solución a nuestros problemas geo-políticos, el abajo firmante no puede por menos que exclamar: ¡bingo!

El PNV y Batasuna
Cartas al Director ABC 10 Diciembre 2001

La manifiesta irritación que produce al PNV la imprescindible inclusión de Batasuna en la lista de organizaciones de apoyo al terrorismo, su comprensiva, tolerante y solícita actitud ante todo aquello que propicie, apoye, fomente o justifique la criminalidad, su última propuesta de referéndum legitimador del asesinato como instrumento de acción política, debe ser tomado e interpretado como lo que es. La unidad absoluta del nacionalismo, también el religioso, la comunión de sus fines y la aceptación de todos los medios, incluido el repertorio penal, al servicio de la causa.

Es hora ya de reconocer que el nacionalismo vasco, a diferencia del catalán o gallego, es intrínsecamente perverso, absolutamente carente de ningún tipo de control moral o ético e incapaz de discernir entre política y criminalidad. Cuando la sedición se convierte en eje de la política de un pseudo gobierno que vulnera por activa o por pasiva todos y cada uno de los días los más elementales derechos de los ciudadanos no adscritos a su partido, las sociedades civilizadas tienen el derecho y el deber de despojarle de los instrumentos que el Estado de Derecho otorga a los gobiernos auténticos, preservando la seguridad de la sociedad amenazada por tales impostores.

Así lo ha entendido la nación británica, no dudando en suspender la autonomía del Ulster, y así esperamos que el Gobierno despoje al lendakari y su gobierno de competencia alguna en materia de seguridad, propiciando la vuelta del País Vasco a la normalidad y devolviéndole al solar de las libertades que constituye Europa.

Juan Carlos Antón Nárdiz. Madrid.

CONTRA EL FANATISMO RELIGIOSO
Editorial El Mundo 10 Diciembre 2001

El provocador escritor británico V. S. Naipaul recibirá hoy en Estocolmo el Premio Nobel de Literatura 2001. En la estela de los trágicos sucesos del 11 de Septiembre, resulta difícil dejar de detectar un cierto trasfondo político en la concesión de este codiciado galardón a un escritor que nunca ha ocultado su antipatía hacia el Islam. Pero la supuesta politización del premio no resta mérito alguno a la impresionante obra de este prolífico creador.Al contrario, es una muestra de que su mensaje contra el fanatismo religioso ha calado por fin en medios académicos occidentales.

Este periódico publica hoy una entrevista en la que Naipaul afronta, con una franqueza que a muchos puede resultar incómoda, el debate acerca de la naturaleza del Islam. Fiel a su principio de que el escritor debe describir la realidad lo más exactamente posible y rechazar la conformidad, Naipaul arremete contra los países musulmanes, a los que considera autores o en el mejor de los casos cómplices tanto de la violación sistemática de los derechos humanos como del terrorismo. En tanto que, según él, «el concepto de guerra religiosa es fundamental en la religión musulmana», todos los países en los que rige la estricta ley islámica o sharia son culpables del asesinato de personas inocentes por parte de los fanáticos integristas. El escritor apunta no sólo en la dirección del abiertamente represivo régimen talibán, sino también hacia Egipto, Pakistán o la propia Arabia Saudí, a la que considera máxima responsable de la proliferación de grupos terroristas como Al Qaeda.

El caso de una nigeriana de 35 años ilustra bien el peligro al que se refiere Naipaul. Demuestra el extremo absurdo al que puede llegar el fanatismo al aplicar la ley islámica. Safiya Huseini ha sida condenado por adulterio y sentenciada a morir por lapidación. Su delito: tener un hijo fuera del matrimonio, fruto de una violación. El que estuviera ya divorciada es un detalle que no tiene en cuenta la escandalosamente discriminatoria sharia. Si el recurso que ha interpuesto Safiya no prospera, será enterrada hasta el cuello y apedreada hasta la muerte. Pero sin duda lo más trágico de este caso es que la condenada en ningún momento cuestione la justicia de la ley: «Mi destino en este asunto está en manos de Alá».

En el Día Universal de los Derechos Humanos, el drama que padece Safiya y la denuncia de Naipaul deberían servir para aferrarnos más que nunca a su defensa.

La España asimétrica
Por Ignacio CAMACHO ABC 10 Diciembre 2001

La verdadera asimetría del Estado no reside en los malabarismos federalistas que Pasqual Maragall propone como parte de la doctrina política del PSOE, sino en los cuadros sobre la renta disponible por comunidades autónomas que acaba de publicar el Instituto Nacional de Estadística. Unos números muy tercos que certifican que, dos décadas largas después del «café para todos» de Clavero y Suárez, Extremadura y Andalucía siguen en la cola de la riqueza familiar, mientras el País Vasco, Madrid, Cataluña, Baleares y Navarra permanecen en los puestos de cabeza. Más asimetrías, ni en un retrato de Picasso.

Esa estadística revela algo más que el fracaso de los regímenes clientelares socialistas en veinte años de prolongada hegemonía autonómica en Andalucía y Extremadura. Indica que ni siquiera las cuantiosas transferencias de renta que han permitido los mecanismos constitucionales de solidaridad interregional han servido para equilibrar sustantivamente los niveles de vida de las verdaderas «dos Españas», la rica y la pobre. Y, sobre todo, señala a todo el que lo quiera ver que, si esa solidaridad se quiebra, la fosa que se abrirá en la cohesión territorial del Estado se convertirá en un verdadero abismo.

Resulta paradójico que sea un partido posmarxista y de izquierdas el que se proponga reabrir el debate de las asimetrías como fórmula para satisfacer la exigencias crecientes del nacionalismo. El federalismo asimétrico de Maragall puede resultar confuso en sus planteamientos teóricos, pero no en su trasfondo político: se trata de resucitar las diferencias entre autonomías de primer y segundo nivel, de otorgar una vía preferente de desarrollo a las comunidades históricas, de establecer una España de dos velocidades. Justamente el modelo que el suarismo trató de imponer en la transición, y que Andalucía quebró en el referéndum del 28 de febrero de 1980. Por eso sorprende que Chaves no alce la voz con la suficiente contundencia en defensa del modelo de solidaridad que él mismo representa, aunque con mala fortuna.

La reivindicación nacionalista posee una clave sentimental y un imaginario colectivo de rango más o menos patriótico, pero lo que en realidad defiende es una cuestión económica: a los catalanes y a los vascos les duele en mayor o menor medida contribuir con sus excedentes al equilibrio de otras comunidades deficitarias. Saben que el Estado les retorna menos de lo que aportan o, dicho de otro modo, que ingresan más de lo que reciben, y desean un reparto diferente aun a sabiendas de que eso ahonda el diferencial con las regiones menos desarrolladas. Pero hasta ahora no les ha ido demasiado mal: el informe del INE establece con demoledora claridad la distancia que media entre la renta familiar a uno y otro lado de una hipotética diagonal que dividiese España entre Finisterre y el Cabo de Gata.

Con todo, es lógico que el nacionalismo, que descree del proyecto colectivo de España o le concede una prioridad muy poco relevante, reivindique un cambio en los mecanismos cohesivos de la estructura social del Estado. Lo que no tiene lógica es que la moderna socialdemocracia lo pueda acabar aceptando. Y menos, desde los fundamentos teóricos del patriotismo constitucional, que trata de avalar la igualdad de los ciudadanos por su condición esencial de tales, y no por diferencias de nacimiento, territorialidad, raza o clase.
Lo que el federalismo asimétrico viene a propugnar, con mayor o menor edulcoramiento circunstancial, es un Estado de cuatro naciones: Cataluña, País Vasco, Galicia y España, que se las tendría que apañar con sus catorce autonomías dentro. Al menos los andaluces (20,7 puntos por debajo de la renta media nacional) y los extremeños (27,3) deberían saber con certeza si los socialistas que les gobiernan están dispuestos a suscribir ese proyecto.

Patriotas
ENRIQUE GIL CALVO El País 10 Diciembre 2001

La víspera del día de la Constitución fui a mi librería habitual a buscar novedades. Y mientras hojeaba el apetitoso libro de Sánchez-Cuenca sobre ETA, el patrón de la casa me invitó a tomar algo en el bar de la esquina, que utiliza como trastienda, donde cotilleamos a placer con otro par de colegas. En ésas estábamos cuando a nuestro anfitrión se le escapó la siguiente ocurrencia, que fue muy celebrada: ¿cómo puede ganar el PSOE las elecciones con un candidato forofo del Barça? Mas tarde reflexioné y comprendí la pertinencia de su observación. Las cosas son como son en España, y de igual modo que no se puede ganar sin seducir a las clases medias conquistando Madrid, tampoco se puede vencer siendo simpatizante culé. Cualquier otro equipo vale, aunque no sea centralista, como el Betis, el Depor o el Athletic. Pero de ninguna manera el Barça, por ser algo más que un club, pues representa la memoria histórica de la España vencida en la guerra civil. Y con un símbolo que identifica al bando vencido no se puede aspirar a vencer en ninguna contienda electoral. Al menos, mientras continúe abierta la herida autonómica.

Estos días se ha reabierto la cuestión al hilo del consentimiento que han prestado los barones territoriales del PSOE al modelo de federalismo asimétrico que Maragall le ha endosado a Zapatero, tras haber alcanzado un acuerdo de mínimos para reformar el Senado con la izquierda independentista catalana. Inmediatamente, aprovechando el día de la Constitución, todo el partido del Gobierno ha entrado a matar, con Aznar a la cabeza, descalificando a los socialistas en general y a Zapatero en particular, para descartar absolutamente cualquier posible reforma, por mínima que sea, del Senado.

Ahora ya sabemos, pues, por dónde va a ir la ponencia sobre el patriotismo constitucional que el PP se dispone a promulgar por aclamación en su próximo congreso. Se trata de vender el programa orteguiano de vertebración española que Aznar presidirá desde el holding de fundaciones que se ha cortado a la medida con cargo al contribuyente. Ese programa de españolismo orteguiano es, desde luego, legítimamente defendible, y lo comparten quizá la mayoría de los españoles. Pero no es el único programa propuesto para vertebrar España, pues hay otros, ciertamente minoritarios, pero que deben ser tenidos en cuenta para incluirlos en el común diseño integrador que plantea y exige la Constitución. Pues el peor defecto que tiene el programa orteguiano es que resulta inconstitucional.

Quien está proponiendo de facto una reforma de la Constitución no es Zapatero, sino Aznar, al negarse a convertir el Senado en cámara autonómica, lo que implica una desnaturalización centralista del Estado de las autonomías previsto por la Constitución. Hace un año, y por encargo precisamente del propio Senado y las comunidades autónomas, el Instituto de Derecho Público, que agrupa a nuestros mejores constitucionalistas, emitió un duro informe sobre la parálisis de todos aquellos preceptos constitucionales en materia autonómica cuyo desarrollo está bloqueado por el Gobierno. Y los preceptos que, según ese informe, precisan desarrollarse para lograr 'la vertebración del Estado' son precisamente los tres que siguen siendo objeto de discordia: la reforma del Senado, el modelo de financiación territorial y la participación autonómica en la Unión Europea.

Por desgracia, la estela del 11 de septiembre lo ha contaminado todo, rearmando la arbitrariedad de los patriotas dispuestos a saltar por encima de la propia legalidad constitucional. Es lo que, a ejemplo de Bush, parece dispuesto a hacer Aznar, cuando diseña leyes retroactivas que cuela en el Senado para recortar los derechos constitucionales que protegen incluso a Batasuna, o cuando se niega a reformar el Senado, incumpliendo el espíritu de la Constitución. Al parecer, en la guerra contra los terroristas o contra el nacionalismo periférico todo vale: incluso llamar a eso patriotismo constitucional.

Frivolidad
JUSTINO SINOVA El Mundo 10 Diciembre 2001

Es difícil entender que Zapatero haya aceptado in- cluir la construcción del Estado federal entre sus ofertas a la ciudadanía. Se hace una encuesta seria, no condicionada, sobre los asuntos que preocupan a los españoles, y entre los 50 primeros no aparece la urgencia de cambiar el Estado de las autonomías por el Estado federal.¿Qué asesores tiene Zapatero que le llevan a ocuparse de temas de laboratorio de ciencia política propios de un seminario de la Facultad de Derecho- en vez de implicarse en lo que a la gente le preocupa de verdad? ¿O es que no son sus asesores sino los santones de su partido los que le han convencido para que pise ese charco?

La propuesta de Zapatero, el federalismo asimétrico, es la melodía que entona Maragall en Cataluña cada dos por tres. Pero ya está asumido en el mundillo político que Maragall lo hace para tener algo que presentar frente a la política de Pujol, y mientras sea un asunto de pelea interna en Cataluña no pasa de un juego inocuo. Pero que todo un Partido Socialista, que un día volverá a gobernar, entre por ese aro es un motivo de verdadera preocupación, da una idea desalentadora de lo que se cuece en esa casa.

La fórmula del federalismo asimétrico se parece bastante a la del círculo cuadrado, y para asimetría ya tenemos la España autonómica.La Constitución recogió las desigualdades de las regiones para organizar sobre ellas un modo de convivencia. Para algunos fue un error, pero hay autonomías que funcionan estupendamente con un armazón administrativo del que los ciudadanos se muestran complacidos.

La España de las autonomías quieren romperla los nacionalistas vascos, los gallegos del Bloque y Maragall, que no duda en ir más allá que los nacionalistas controlados por Pujol en busca de argumentos electorales para conquistar la Generalitat. Pues bien, a esta heterogeneidad, que no llega ni de lejos al 10% de los votos, se suma el PSOE de Zapatero, en una cabriola que es, cuando menos, un síntoma de frivolidad. Lo que menos necesita España es incentivos para la inestabilidad. Cuando se redactó la Constitución, la inmensa mayoría avanzaba unida para la construcción de un Estado más libre y más próximo. Hoy algunas fuerzas tiran para otro lado. ¿Piensa Zapatero que el diseño de un Estado federal, con la preceptiva reforma de la Constitución, fortalecería el tronco común? Todo lo contrario: algunos verían la oportunidad de avanzar en su sueño secesionista. No necesitamos más problemas, sino soluciones. Y políticos que las encuentren.

El pensamiento Arana / Arzallus
Sabino ARANA La Razón 10 Diciembre 2001

«Si hubieran estudiado una miaja de Geografía política y hubiesen tenido al estudiarla una pizca de sentido común, sabrían que al norte de Marruecos hay un pueblo cuyos bailes peculiares son indecentes hasta la fetidez, y que al norte de este segundo pueblo hay otro cuyas danzas nacionales son honestas y decorosas hasta la perfección; y entonces no les chocaría que el alcalde de un pueblo euskeriano prohibiese el bailar al uso maketo, como es el hacerlo abrazado asquerosamente a la pareja, para restaurar en su lugar el baile nacional de Euskeria».

«Es terrible que opinar en este país se pague con la pena de muerte»
El catedrático Javier Corcuera cree que ETA sigue existiendo «porque no hay voluntad social de acabar con ella» «Euskadi, con su Concierto, tiene más dinero con España que sin España»
J. J. CORCUERA BILBAO El Correo 10 Diciembre 2001

Una fotografía en blanco y negro de su viejo profesor Francisco Tomás y Valiente, asesinado por ETA en 1996, domina el pequeño despacho abarrotado de apuntes y libros. Sobre su mesa de trabajo -«perdón por el desorden»- descansa ‘La patria de los vascos’, un grueso volumen que narra los orígenes, la ideología y la organización del PNV. Javier Corcuera, catedrático de Derecho Constitucional de la UPV y uno de los mejores conocedores de la historia reciente de este país, se aventura en esta entrevista a trasladar el universo de mitos, creencias y reivindicaciones del primitivo nacionalismo aranista a la Euskadi del siglo XXI.

-Habla en su libro de la división que se produjo en los primeros momentos del PNV entre los sectores ‘radical integrista’ y ‘regionalista burgués’. A la luz de los acontecimientos, ¿cree que los independentistas han ganado la batalla a los autonomistas?
-Mi tesis antes de Lizarra era que el PNV no era independentista y que la sociedad vasca tampoco lo era mayoritariamente. No sé si es por inercia, pero sigo pensando lo mismo. Tengo muchos conocidos nacionalistas que no hablan de opresión española o de la necesidad de independencia. Son gentes que afirman su personalidad nacional sin que eso implique ruptura o separación. Plantear hoy la salida del país en términos de independencia es imposible. Creo que el PNV está en la misma vieja lógica de presionar desde el radicalismo para conseguir cosas que interesan más que la independencia.

-¿Por qué asegura con tanta convicción que el independentismo es imposible?
-Sería inviable porque nadie puede decir que el país quiere la independencia cuando, al menos, la mitad no la desea. Euskadi, con su Concierto Económico, tiene más dinero con España que sin España. Es más el dinero que entra que el que sale. ¿De qué opresión se está hablando? ¿Del euskera?, ¿de la cultura?, ¿económica?, ¿política? ¿Dónde está la opresión? Sabino Arana se creía estas cosas, pero pienso que ahora no se las puede creer nadie.

-¿Cree que se ha producido un fenómeno de ‘pueblerización’ política y social en el País Vasco?
-Recuerdo que, cuando iba a la escuela en Bilbao, lo estupendo era decir que uno tenía abuelos o padres de pueblo. El nacionalismo representa al auténtico vasco como un baserritarra. Esto conduce a un cierto ‘chocholismo’ que ha estado siempre presente en el país. La importancia de lo pueblerino subsiste. Por ejemplo, con esa ficción de pretender salir de la crisis con el euskera y con el inglés, diciendo que el castellano es lo extranjero.

-¿Qué define mejor a este país y a sus gentes, el mítico caserío vasco de las postales o el reciente reclamo moderno y titánico del Guggenheim?
-Evidentemente, este país sigue estando definido por lo que le ha marcado en los últimos cien años: el espíritu empresarial, el trabajo, la creación de riqueza. El Guggenheim sería una culminación en esa línea. Lo que pasa es que hay una cierta tendencia a poner boina a todo, y me temo que también a poner boina al Guggenheim.

-¿Cree que existe la tentación, por parte del nacionalismo, de buscar una adhesión inquebrantable de los ciudadanos a sus tesis, en vez de que crear un país plural de ciudadanos libres?
-Esto no es la maldición de Sabino Arana de crear una sociedad dividida. El Acuerdo de Ajuria Enea fue de integración y el llamado ‘discurso del Arriaga’, de Arzalluz, también. El PNV aumentó en votos y prestigio, consiguió más en las negociaciones con Madrid y todos vivíamos mucho más tranquilos y teníamos más claro que el enemigo era el que mataba. Los cambios de postura de los partidos no responden a inercias, sino a simple voluntad política.

-¿No es curioso que ni siquiera exista una forma consensuada para denominar a este país? Se habla de País Vasco, Vasconia, Euskal Herria, Euskadi, Hegoalde...
-Eso es el resultado de la indefinición. Es la no aceptación de la Constitución, del Estatuto, del marco en el que vivimos. Entronca con Sabino Arana cuando dijo: ‘quiero la reintegración foral’, pero no aclaró qué significaba eso. Las palabras se vuelven complicadas porque los objetivos no se definen. No sé quién dijo el otro día que si no había un consenso sobre el Concierto sería un ‘casus belli’. Que se diga eso cuando ETA está matando... Que se siga hablando de contencioso cuando hay gente que mata a otra por sus ideas...

-A lo largo de la historia, han existido condicionantes étnicos, lingüísticos y hasta políticos para determinar quién es vasco y quién no. A su juicio, ¿quién es vasco?
-Los nacionalismos hablan siempre del buen y del mal nacional. La gente de mi edad y de la suya vivimos un franquismo en el que había buenos y malos españoles. Pasa con todos los nacionalismos. Mi propuesta nacional se traduce a derecho, que es lo más aséptico e integrador que conozco: es vasco el que tiene vecindad vasca, el que vive aquí y el que se va a morir aquí. La definición de nacionalidad nunca puede funcionar como un elemento de discriminación interna.

-¿Por qué razones el nacionalismo vasco no corrió por los mismos derroteros que el catalán?
-Porque no pudo, porque tenía un Concierto, una marca de origen que era la aranista y que ha sido rentable electoralmente. El problema es por qué desde 1978 se recupera la vieja historia y, además, conscientemente. El nacionalismo catalán no es menos patriota que el vasco, consigue más e integra más a la sociedad catalana. Creo que el nacionalismo vasco no perdería nada, sino todo lo contrario, si cambiara.

La lengua del paraíso
-¿Cuando Ibarretxe dice que los vascos son más trabajadores, más competitivos y más ricos que los españoles, es un remedo de ese concepto de ‘hidalguía universal’ -el vasco era noble y superior por nacimiento-?
-En el siglo XIX, todavía nos encontramos con un tal Erro que dijo que el vascuence era la lengua del paraíso. Asombroso. Tenemos un cáncer en el ego, que nos crece y nos crece y que tiene una cierta continuidad de esos elementos románticos forales y del nacionalismo. Me viene a la cabeza una frase de Gabriel Moral, que era un tipo muy listo y que había sido nacionalista, y que decía que los nacionalistas vascos no es que no quieran ser españoles, sino que quieren ser españoles de primera. Y algo de eso hay. Para ser español de primera hay que decir que no eres español o que no se te reconoce, o que ahí está el contencioso. Sigue siendo un instrumento para conseguir mayores privilegios.

-¿Cree, como dice Ibarretxe, que es posible crear un nuevo marco que aúne más voluntades que en las que en su día sumó el Estatuto?
-Me encantaría que Ibarretxe nos dijera: ‘éste es el marco que os propongo’. Y que no diga: ‘vamos a juntarnos a ver si se nos ocurre otro’. Hace falta que explique qué es lo que quiere, cuáles son las razones para que no se sienta a gusto y cuáles son las vías que propone para arreglarlo. El Estatuto fue un Estatuto nacionalista y de máximos -habría que releer los periódicos de la época para ver lo contentos que estaban-, que fue aceptado por los no nacionalistas, porque se pensaba que la autonomía podría acabar con ETA. Ahora resulta que no se celebra el Estatuto y se celebra el Aberri Eguna. No es serio. Juegan a que este Estatuto no integre. Siempre estamos hablando de vapor y de nubes, o sea, de frustración.

-¿Cree que el resto de los españoles cada vez nos comprende menos?
-Si no nos entienden es porque no nos definimos. Sólo creamos nebulosas, como la del diálogo. Dialogar es bueno, pero, ¿sobre qué hay que dialogar?, ¿con quién?, ¿para qué? Es imposible que nos entiendan mientras la política vasca sea la consecución de algo impreciso que no se define y que no se quiere definir. Eso lleva a muchos de este país a estar hasta las narices. Cada vez oyes a más gente decir que no le importaría marcharse, mientras que los de fuera dicen: ‘no me cuente usted su vida, joven, que bastante nos están fastidiando’.

-Mientras que cada vez más ciudadanos están amenazados, ¿no cree que se practica en algunos sectores de este país la política del avestruz?
-Es clarísimo. Hablando con gente me lo han llegado a contar: ‘A mí no me toca’. Suena terrible imaginártelo, pero ya que te lo digan... No entiendes cómo hemos podido llegar a un tipo de sociedad como ésta. Es volver al franquismo, con aquello de no te metas en política si no quieras que te pase algo. Es terrible que opinar pueda tener pena de muerte. Vivimos en una sociedad un poco enferma.

-¿Es optimista sobre el futuro?
-Creo que ETA sigue existiendo porque no hay una voluntad social de acabar con ella. Eso pasa por decir a la Ertzaintza, oiga ha sido éste el que ha apuntado o disparado, y decirlo en los pueblos, donde se conocen todos. O en enseñar en los colegios e ikastolas que hay cosas que no se pueden hacer. Unirnos contra eso sería la salida. Y no veo que las cosas vayan por ahí. Me parece que todo es un gran juego, que hay demasiado oportunismo, y te entra una tristeza y un escepticismo puñetero. Me gustaría decirle que soy optimista, pero estoy perplejo.

Grupos de radicales atacan una sede del PSE y una subcomisaría de la Ertzaintza en Vizcaya
Los socialistas creen insuficientes las medidas de seguridad adoptadas por el Gobierno vasco en la comarca del Duranguesado
Bilbao Estrella Digital 10 Diciembre 2001

Desconocidos atacaron la madrugada de ayer con cócteles molotov la sede del PSE en la localidad de Durango y en otros incidentes, ocurridos todos en Vizcaya, sufrieron daños materiales la subcomisaria de la Ertzaintza en Plencia y un concesionario de Peugeot en Abadiño.

Según el departamento de Interior del Gobierno vasco, los actos violentos comenzaron a las 21:50 horas del sábado cuando explosionó un artefacto de fabricación casera en el concesionario Peugeot de Matiena, en la localidad de Abadiño. La oficina del concesionario resultó totalmente calcinada aunque los vehículos en exposición apenas sufrieron desperfectos.

Asimismo, un grupo de jóvenes lanzaron hacia las 02:10 horas un total de 10 cócteles molotov contra la sede del PSE, de los cuales explosionaron ocho. Como consecuencia de estos artefactos incendiarios, la fachada y la puerta del edificio resultaron dañadas.

Los incidentes, que el sábado se limitaron al territorio vizcaíno, finalizaron con el ataque con piedras a la subcomisaria de la Ertzaintza en la localidad de Plentzia, que presenta rotura en los cristales de las ventanas

Medidas de seguridad insuficientes
El secretario de organización del PSE-EE en Euskadi, Javier Cruz, consideró ayer, tras el ataque contra la casa del pueblo en Durango, que son "insuficientes" las medidas de seguridad adoptadas por el Gobierno Vasco para proteger a los ediles y las sedes socialistas en la comarca del Duranguesado.

El representante del PSE-EE, que supervisó los daños causados por el ataque e incidió en la necesidad de incrementar la vigilancia en esta zona, en un llamamiento que ya hicieron el pasado día 21 los dirigentes de su partido, tras el sabotaje de la sede del PSE-EE de Zaldibar, localidad enclavada también en el Duranguesado.

Cruz reconoció que es "difícil" articular los mecanismos necesarios para evitar este tipo de incidentes y, en este sentido, señaló que "sería injusto que yo dijera que no se están tomando medidas", pero reiteró la importancia de adoptar "más medidas, más en profundidad, de las que se están tomando".

El dirigente socialista lamentó que, de cara a la situación de violencia que vive el País Vasco, no todos los partidos desarrollan su labor en las mismas condiciones. "Unos tenemos una situación realmente difícil para defender nuestros bienes y a nuestros concejales, mientras que otros lo tienen sustancialmente más fácil", explicó en su visita a esta sede, en la que estuvo acompañado por el secretario de organización del PSE-EE de Vizcaya, Melchor Gil, y el portavoz del PSE-EE en Durango, José Antonio Delgado.

Por su parte, el portavoz del Partido Popular en el Parlamento Vasco, Leopoldo Barreda, explicó ayer que el ataque contra la sede socialista constata "la ofensiva permanente por parte de ETA contra todo lo que representa el Estado de derecho o la democracia o libertad o el pluralismo". En declaraciones a Efe, Barreda mostró su solidaridad con los militantes socialistas así como con los del PNV cuya sede fue atacada la madrugada del sábado en Urnieta (Guipúzcoa). El portavoz popular incidió en que "allí donde los simpatizantes de ETA tienen una oposición o una resistencia a su propósito totalitario agreden a todo lo que representa ya sea la Ertzaintza o las fuerzas políticas democráticas".

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