AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 24 Diciembre  2001
#España pendiente de un hilo
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 24 Diciembre 2001

#Guiños del PSOE al PNV
Editorial La Razón 24 Diciembre 2001

#Zapatero debe aclarar si cambiará su estrategia en el País Vasco
Impresiones El Mundo  24 Diciembre 2001

#Retroceso vasco
Editorial ABC  24 Diciembre 2001

#Una dimisión de alcance nacional
JUSTINO SINOVA El Mundo  24 Diciembre 2001

#Error de juicio
Editorial ABC  24 Diciembre 2001

#Cacería contra un demócrata
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo 24 Diciembre 2001

#Las huellas del rencor
Ignacio CAMACHO ABC  24 Diciembre 2001

#Campo con límites
Charo ZARZALEJOS ABC  24 Diciembre 2001

#Socialismo vasco
Editorial El País 24 Diciembre 2001

#Vaciamiento
ENRIQUE GIL CALVO El País 24 Diciembre 2001

#¡Basta ya! y el Foro de Ermua, preocupados
El Mundo  24 Diciembre 2001

#El último tren para Redondo Terreros
Lorenzo Contreras La Estrella 24 Diciembre 2001

#Las víctimas de Eta salen en defensa de Redondo y piden coherencia a Zapatero
L. R. N. - Madrid.- La Razón 24 Diciembre 2001

#María San Gil: «Si los socialistas se echan en brazos del PNV seguirán perdiendo espacio electoral y ese partido les fagocitará»
ESTHER ESTEBAN El Mundo 24 Diciembre 2001

#Mayor Oreja reprocha al PSOE que abandone a la izquierda social que planta cara al nacionalismo
MADRID. Pablo Planas ABC 24 Diciembre 2001

#Ferraz da un tibio apoyo a Redondo y hace un «guiño» al PNV para abrir una «nueva etapa»
Redacción - Madrid.- La Razón  24 Diciembre 2001

#El impresentable
Amando de Miguel Libertad Digital  24 Diciembre 2001

#Zapatero y el asno de Buridán
Manuel Martín Ferrand La Estrella 24 Diciembre 2001

España pendiente de un hilo
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 24 Diciembre 2001

En la formación de las naciones clásicas ¬y España es una de las primeras, junto a Francia, Inglaterra, Portugal y Holanda¬ concurrieron factores tan heterogéneos o dispares tales como azares, necesidades, conciencias, religiones, derechos, deberes, lenguas, creencias, guerras, matrimonios, ambiciones, pactos, errores, traiciones, miedos y dejaciones. Salvo la propensión al dominio de la lengua y la religión de los Reyes feudales más poderosos, ninguno de todos esos factores dio a las poblaciones la oportunidad de consentir el hecho nacional. Lo voluntario y lo involuntario lo tramaron. Vascos, catalanes, castellanos, gallegos o murcianos, pertenecen a España como a la familia. Sin consentimiento. Y para contentarnos con lo inevitable, se inventó la creencia humanista en el destino.

La Revolución francesa, y en menor medida el ejemplo de la guerra de Independencia de las colonias inglesas en América del Norte, cambiaron el escenario medieval de donde emanaron las que podemos llamar con propiedad naciones renacentistas. El principio universal de la libertad descubrió a los pueblos que ellos podían determinar su destino en lugar de padecerlo. Y construyeron las naciones románticas (Alemania, Italia) con la voluntad nacional y la política rectora del reino más pujante (Prusia, Piamonte).

Las dos guerras mundiales (la segunda fue una prolongación de la primera) liquidaron los ideales románticos que, al concebir a las naciones como voluntad de poder, las habían conducido al reparto colonial del mundo entre imperios nacionales y a la idea nacionalista del Estato. Las dos potencias vencedoras crearon un organismo internacional en la ONU para reconocer el derecho de autodeterminación de los pueblos colonizados. Y con resistencias pasivas, guerras de liberación o apoyo de las potencias de los dos primeros mundos, nacieron los Estados sin Nación del tercero.

La transición española liquidó el Régimen de Franco y, con él, el nacionalismo de Estado que lo sostuvo. Pero la aterradora ignorancia de todas las fuerzas convergentes en el consenso creó la insoportable contradicción nacionalista en que se fundamenta el actual Estado de las Autonomías. Nadie pensó en las graves consecuencias que se derivarían de la naturaleza romántica del nacionalismo catalán, pretencioso constructor de su nación, y del carácter tercermundista del vasco, pretencioso liberador de la suya. El consenso creyó con ingenuidad que ambos designios, basados en la ideología fascista de nación como voluntad de poder destinada a vivir en lo universal, lo que no es posible sin vida estatal independiente, quedarían frenados o equilibrados con la igualdad territorial heredada del nacionalismo franquista. Y el aprendiz de brujo no sabe, ahora que presiente el desastre, cómo parar el juego artificial de las Autonomías, al que dio cuerda con los nacionalismos, antes de que sea demasiado tarde.

No puede confiar en la dinámica de las instituciones, por la naturaleza del sistema electoral, concebido para favorecer a los partidos nacionalistas. No puede recurrir al sentimiento natural de la patria común, pues lo tiró por la borda, junto con el bastardo nacionalismo español, para aliviar a la monarquía y a los renegados de la carga franquista, en su nueva odisea por las espumas de la libertad. No puede gobernar la nave nacional entre la Escila vindicativa del nacionalismo vasco y la Caribdis reivindicativa del catalán, porque la Transición fletó el Estado de Partidos sin calado democrático y sin lastre español. Ya sólo le quedan dos recursos: aumentar la represión y la desconfianza frente al nacionalismo vasco, como si todo él fuera separatista, y aferrase a la palabra tranquilizadora de Aznar y Zapatero. ¿La unidad de España pendiente del hilo verbal de dos hombres!

Guiños del PSOE al PNV
Editorial La Razón 24 Diciembre 2001

Cuando todavía está caliente el asiento de Nicolás Redondo Terrero en la Secretaría General del PSOE vasco, los principales responsables de la Ejecutiva Nacional de su partido han empezado a marcar un cambio en la reciente estrategia de los socialistas en la Comunidad vasca. Una nueva orientación que, evidentemente, se basa en la aproximación al PNV, aunque ésta no quede aún explicitada, sino sólo sobreentendida.

El primer gesto ha sido nombrar presidente de la Comisión Gestora que dirigirá al PSE hasta el próximo Congreso Extraordinario a Ramón Jáuregui, un hombre acostumbrado a pactar con los nacionalistas, con quienes ocupó la vicepresidencia del Gobierno autonómico. Pero, por si esto no fuera suficiente, tanto el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, como el secretario de Organización, José Blanco, han lanzado mensajes que no pueden ser interpretados sino como un guiño al partido de Arzallus e Ibarreche.
Rodríguez Zapatero, tras un apoyo tibio, más formal que firme, a Redondo Terreros, ha afirnado que no hay que demonizar al PNV, sino aproximarse a él «para que vea la botella medio llena, en lugar de medio vacía», y ha considerado al Gobierno vasco «imprescindible» en la lucha contra el terrorismo, además de solicitar que mejore la relación entre el Gobierno autonómico y el de la Nación «porque tienen que entenderse». Por su parte, Blanco planteó la nueva vocación de su partido por ser una fuerza «que dialogue, que acuerde y que sea punto de encuentro».

Es decir, que la nueva estrategia socialista no será, como planteaba Redondo, la de la defensa frontal del constitucionalismo en un bloque compacto con el PP, basado fundamentalmente en negar cualquier interlocución a los nacionalistas en tanto no rompieran definitivamente sus lazos con el sector proterrorista. Lazos políticos, explicitados con el Pacto de Estella, que sigue de cuerpo presente y como constante amenaza; lazos estratégicos, en tanto que el PNV no niega los mismos objetivos autodeterministas (y, por tanto, secesionistas) que Eta; y lazos orgánicos, como demuestran los numerosos pactos municipales que hermanan al PNV y a Batasuna.
Nada de eso parece relevante para el PSOE. Lo importante ahora es la coyuntura política y el interés electoral. Porque piensa que le perjudica a su imagen el pacto con el PP, y un sector socialista cada vez mayor prefiere desembarazarse de esa relación con tal de escalar posiciones de poder. Aunque ello suponga volver a legitimar al PNV sin que éste haya cedido un ápice en su escalada soberanista.

La decisión de Zapatero podría ser sorprendente, porque nada en su línea anterior parecía indicar este futuro hermanamiento con el nacionalismo (que, por cierto, provocará no pocas ampollas en alguno de sus «barones», como Bono o Rodríguez Ibarra). Pero sí hay un líder socialista que se había manifestado claramente en esta posición: Felipe González, incluso durante los momentos decisivos de la última campaña electoral.

Las tesis de González, como en el caso marroquí, vuelven a triunfar. Su relación con Arzallus. pero, sobre todo, su resentimiento con Aznar, posibilitarán un nuevo vaivén del PSOE, esta vez hacia los brazos del PNV.
Tal vez le resulte rentable a corto plazo. Pero es difícil que la mayoría de ciudadanos españoles se crea la posibilidad de que el PSOE puede volver a traer al redil constitucionalista a quien tantas veces lo ha despreciado. De nuevo, la intransigencia nacionalista logrará que sea el Estado (en este caso, el principal partido de la oposición) el que quiera acercarse a él, mientras él no disimula su deseo de romper ese Estado.

Zapatero debe aclarar si cambiará su estrategia en el País Vasco
Impresiones El Mundo  24 Diciembre 2001

Sin dudar de que, como ayer dijo el secretario de Organización del PSOE, Ramón Jáuregui tenga entre los socialistas vascos la «autoridad política y moral» necesaria para presidir la gestora que dirigirá el partido hasta el congreso extraordinario, una conclusión sí que puede extraerse de la personalidad política del que fuera líder del PSE EE. Representa una línea dentro del partido mucho más proclive al entendimiento con el PNV de la que encabezaba el secretario general recientemente dimitido.Lo cual puede indicar también por dónde van las intenciones de la dirección que encabeza José Luis Rodríguez Zapatero. Cada día parece más claro habida cuenta del activo papel que ha jugado su número tres, José Blanco, en la renuncia que el líder del PSOE ha abandonado a su suerte a Nicolás Redondo Terreros, cuya estrategia de oposición al PNV y de defensa de la Constitución y el Estatuto aseguraba compartir hasta hace no mucho tiempo.

Las posibilidades de Nicolás Redondo de volver a la Secretaría General del PSE EE parecen limitadas. Ayer mismo, el propio Blanco aseguró que sólo es uno más «en la larga lista de posibles candidatos» y habló de «una nueva etapa» para el socialismo vasco. Más claro, agua. Es más que probable que la retirada de Redondo Terreros tenga repercusiones graves en la política nacional y pueda afectar al Pacto Antiterrorista firmado por PP y PSOE si, como parece probable a medio plazo, los socialistas vascos vuelven al entendimiento con el PNV. A la espera de que el partido concluya su proceso interno para elegir nueva dirección en el País Vasco, es imprescindible que el líder del PSOE aclare cuanto antes si es partidario de continuar con la estrategia que personalizaba Redondo o bien ha cambiado de opinión. Y si lo ha hecho, tiene que explicar por qué. Teniendo en cuenta que el PNV sigue donde estaba y ETA también.

Retroceso vasco
Editorial ABC  24 Diciembre 2001

La actitud del PSOE, el irrefrenable movimiento de aproximación al PNV labrado desde Ferraz, puede suponer un paso atrás de dimensiones gigantescas en la construcción de una alternativa al nacionalismo. La convergencia de objetivos entre quienes quieren romper a tiros con España y quienes pretenden hacerlo desde las instituciones -según la tesis que mantiene el líder del PP vasco, Jaime Mayor Oreja, en una entrevista que publicamos en estas páginas-, puede recibir un franco impulso si finalmente Jáuregui, Benegas y los críticos con Redondo se encaraman a la dirección del socialismo vasco. La obsesión por atacar al Gobierno de Aznar y la falta de perseverancia están entre las causas de esa quiebra en el PSE que José Luis Rodríguez Zapatero es incapaz de controlar. Sus difusas declaraciones, su pasividad ante una situación clave no ya para el futuro del PSOE sino del País Vasco, confirman que su liderazgo carece de consistencia, proyecto y futuro. El retroceso en el escenario vasco supera incluso el momento en el que ETA mató a Miguel Angel Blanco y la respuesta cívica que suscitó. Todo lo que se ha avanzado desde entonces, puede quedar en nada, en un espejismo de esperanza en la paz y la convivencia para miles de ciudadanos. La izquierda social que ha plantado cara a ETA pierde con la crisis del PSE un referente y el Pacto Antiterrorista corre el riesgo evidente de quedarse en papel mojado. La situación es grave.

Una dimisión de alcance nacional
JUSTINO SINOVA El Mundo  24 Diciembre 2001

Mientras Zapatero realizaba en Marruecos una labor de mediación que nadie le había solicitado, en Bilbao se agudizaba una crisis que sí requería su atención pero de la que en el último momento se inhibió. Si Zapatero hubiera prestado todo su apoyo todo: no sólo de palabra sino también con actos explícitos a Nicolás Redondo, como empezó a hacerlo, habría evitado su dimisión, que abre en Euskadi una crisis de dimensiones nacionales pues afecta abiertamente a los intereses de España. Esto sí que es un asunto urgente que requiere todo el esfuerzo en defensa del futuro de España y no el caso planteado gratuitamente por Marruecos.

Nicolás Redondo ha dimitido como máximo responsable del Partido Socialista en Euskadi para forzar que su partido se moje y aclare de una vez si respalda su política de alejamiento del nacionalismo o asume la que propugnan compañeros suyos como Txiki Benegas, Jesús Eguiguren y Odón Elorza, que desean un pacto con el PNV.Un partido no puede actuar con opciones tan enfrentadas, que en Euskadi son como la noche y el día. Estar hoy frente al PNV es no aceptar el proyecto soberanista de ruptura con España, para el que el partido de Xavier Arzalluz no ha ahorrado ni una sola maniobra en los últimos años: recuérdese su pacto con ETA y sus buenas relaciones con el entorno de la banda terrorista.Pactar con el PNV es entrar en su estrategia y dejar a los constitucionalistas en Euskadi en una minoría constituida en torno al Partido Popular.

El incentivo de muchos críticos con Redondo ha debido de ser romper esa conexión con el Partido Popular, ya que no soportan una relación con la derecha, en el más puro estilo felipista, aunque luego adopten tantas políticas típicas de la derecha.Pero si el PSOE rompiera con el PP en Euskadi abriría una peligrosa vía de agua en la defensa del plan constitucionalista, lo que causaría un verdadero problema nacional.

Redondo fue apoyado por Zapatero plenamente al principio, pero su dimisión es la prueba de su soledad última y una llamada desesperada de auxilio. Zapatero está ante un verdadero reto.Va a tener que elegir entre gentes de la vieja guardia del partido Felipe González, entre ellos, por supuesto que quieren acercarse al PNV, y Nicolás Redondo, Rosa Díez y quienes quieren un socialismo que defienda el proyecto de España, lo que es tanto como elegir entre los planes rupturistas del PNV que se frota las manos ante la posibilidad de una derrota de Redondo y la Constitución.Zapatero va a tener que optar.

Error de juicio
Editorial ABC  24 Diciembre 2001

EN toda política antiterrorista, lo previsible es que el Estado tenga que enfrentarse únicamente a los terroristas y convencer a los demás Estados para que se sumen a un esfuerzo conjunto, legal y policial contra el terrorismo. La unidad interna, es decir, el acuerdo entre gobierno, partidos y sociedad es el presupuesto para afrontar ambos objetivos con firmeza y autoridad, tanto moral como política. Lo que resulta una incongruencia es que el Estado encuentre en sí mismo obstáculos injustificados, como los que representan los autos que viene dictando la mayoría de la Sección Cuarta de lo Penal de la Audiencia Nacional, formada por los magistrados Carlos Cezón y Juan José López Ortega. Es preciso insistir en que la Justicia no es una comparsa del Gobierno en la lucha antiterrorista y que la independencia de los jueces no tiene excepción alguna en esta materia. Pero la legitimidad de origen de los jueces en el ejercicio de su función es compatible con la crítica a sus decisiones concretas cuando éstas se apartan de los sentidos común y jurídico que interpretan la realidad tal como es.

La decisión de ambos magistrados de excarcelar a los últimos imputados que quedaban en prisión provisional por su pertenencia a ETA a través de Ekin, es una dislocación del fenómeno terrorista, basada en un juicio ignorante -por dolo o culpa- de cómo organiza ETA su red tentacular de apoyos y complicidades. Así se explica que ambos magistrados afirmen una cosa y su contraria: que no hay datos «aun circunstanciales» para dar por acreditada la subordinación de Ekin a ETA y que la relación de Ekin con la «kale borroka» sí tiene apoyo probatorio. Nuevamente, ambos magistrados exigen que las relaciones de ETA con sus terminales estén acreditadas con pruebas directas, lo que acaba premiando la actividad clandestina con la impunidad. En cuanto al fondo de la decisión, que un Tribunal español afirme que la promoción organizada de la violencia callejera no es un acto de colaboración o pertenencia a ETA obliga a preguntarse si la defensa de determinados intereses vitales para España está en manos suficientemente responsables. Lo grave no es en sí la excarcelación de los imputados -de la que habría que pedir cuentas si facilita su fuga-, sino la doctrina que precede a esta decisión, adoptada en una fase procesal que no le corresponde y escondida tras invocaciones solemnes a las garantías y derechos constitucionales de los justiciables, discurso fácil para acallar críticas y encubrir dislates jurídicos. El tercer magistrado, Carlos Ollero, ha anunciado un voto particular discrepante, en el que previsiblemente hará valer los sólidos razonamientos que expuso con motivo de la excarcelación de Pepe Rei. Su voto no cambiará la orientación de la decisión, pero servirá para contrastar el desafuero cometido por sus compañeros de Tribunal.

Cacería contra un demócrata
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo 24 Diciembre 2001

Nicolás Redondo no tenía muchas alternativas. Esperar a la celebración de la Conferencia Política a celebrar a mediados del mes de febrero hubiera supuesto dar aún más tiempo a los que desde hace meses le estaban segando la hierba bajo los pies, o, como él mismo dijo gráficamente, los que actúan como los perros que muerden las patas del jabalí.

La aparición en escena de Txiqui Benegas, pidiéndole posponer la reunión de la Ejecutiva hasta el día 26 de diciembre, no era más que la confirmación de que la operación para derribarle adquiría de improviso otra dimensión. Ya no se trataba sólo de una disputa entre socialistas vascos. La cacería de Redondo tomaba súbitamente las trazas de un auténtico golpe de Estado contra una línea política que, justamente, es la que asumió la actual dirección del PSOE.Los cabecillas de la rebelión ya no eran tan sólo algunos tenientes coroneles con mando en plaza, como Odón Elorza o Jesús Eguiguren.Ahora tenían detrás un general de acrisolado prestigio como es el ex presidente de Gobierno, Felipe González.

Antes de tomar la dolorosa decisión de dimitir, Redondo habló largo y tendido con su padre, el líder sindical que mantuvo firme la independencia de la UGT cuando el PSOE gobernaba y quería convertir al sindicato en una simple correa de transmisión del partido. Nicolás Redondo padre conoce bien estas maniobras. Conoce bien a Benegas, a Corcuera y, por supuesto, a González. El ex secretario general de la UGT sabe que lo peor que se puede hacer en una situación como ésta es que el enemigo te marque los tiempos. Así que no dudó en apoyar la decisión de su hijo de dimitir por sorpresa para abrir un periodo de debate interno hasta la celebración del Congreso extraordinario. En definitiva, se trata de enfrentar a la organización ante sus propias contradicciones, elegir entre un modelo que implica enfrentarse sin ambages a ETA y todos los que, de alguna forma, defienden que existe un conflicto político entre España y el País Vasco; o bien, buscar acomodo bajo la protección de los nacionalistas con el pretexto de derrotar a la derecha.

La elección de Ramón Jauregui como presidente de la Comisión Gestora que habrá de liderar el PSE hasta la celebración del Congreso Extraordinario el próximo mes de mayo es un dato relevante que viene a demostrar hasta qué punto la ofensiva lanzada por los sectores pronacionalistas del PSE apoyados por González y la vieja guardia del PSOE ha hecho mella en la actual dirección del partido.

José Blanco, secretario de Organización del PSOE, ni siquiera ha tenido la delicadeza de aceptar a Rosa Díez, como había propuesto Redondo, como miembro de la Gestora.

A pesar de que Jáuregui ha insistido en que su deseo es no optar a la secretaría general del PSE, a nadie se le escapa que su nombre tiene muchas posibilidades de convertirse en la llave para solucionar la crisis como una «solución de consenso» entre los distintos sectores.

Lo peor que les puede ocurrir ahora a los socialistas vascos es caer en la trampa de buscar el punto medio entre Redondo y Odón Elorza. Eso es precisamente lo que quieren los que han desencadenado la crisis.

El PSE ya ha experimentado la «solución transversal» en el País Vasco. Los socialistas gobernaron con el PNV hasta el verano de 1998 y tuvieron que abandonar el Gobierno porque los nacionalistas habían decidido poner en marcha un proyecto político en el que sólo entraban ellos y sus colegas de HB, a los que EB-IU no tuvo ningún inconveniente en sumarse a cambio de recibir unas migajas.

La única forma que tiene el PSE de reeditar el diálogo con el PNV sería la constitución de lo que Redondo llama «Pacto de Lizarra 2». Es decir, un acuerdo político que dejaría fuera a Batasuna y al Partido Popular y que daría al Gobierno de Ibarretxe suficiente estabilidad como para gobernar sin ningún contratiempo durante toda la legislatura.

El PNV ha hecho llegar al PSE a través de Benegas y González que los socialistas no son sus enemigos y que, por tanto, estarían encantados de hacerles un hueco en su Gobierno. Claro que, aceptar esa premisa, implicaría renunciar a la política emprendida hace más de tres años y que dio lugar a la firma del Pacto por las libertades y contra el terrorismo.

Que nadie tenga ninguna duda al respecto. Si Redondo es descabalgado del PSE, la primera víctima de la asonada será el Pacto Antiterrorista y la unidad de los demócratas en el País Vasco.

La fractura que puede acarrear ese giro hacia «posiciones dialogantes» con el PNV no sólo en el PSE, sino en el seno de la sociedad vasca y entre los intelectuales que han apoyado la alternativa democrática asumiendo por ello elevadísimos riesgos, podría llevar al socialismo vasco a un callejón sin salida. ¿Cómo se presentarían en los próximos comicios? ¿Qué les dirían a sus electores? «Lo sentimos, nos habíamos equivocado, el PNV es un partido democrático que defiende el diálogo para alcanzar la paz y nosotros no supimos entenderlo, nos dejamos embaucar por el PP». Si el PSE hace eso y deja al PP la defensa de la Constitución y el Estatuto en solitario, estará poniendo las bases de su desaparición como fuerza política relevante en el País Vasco.

Los lúcidos estrategas que defienden un acercamiento al PNV y la marginación del PP no tienen en cuenta que muchos de los militantes de base que se juegan la vida a diario por defender sus ideas no aceptarían que su partido legitimara a los que siguen gobernando ayuntamientos con los que aplauden cuando matan a sus compañeros.

El golpe de mano de la vieja guardia socialista en el País Vasco tiene, sin duda, un componente de fondo que conviene resaltar.Se trata del primer pulso abierto contra la actual dirección.Es un reto no sólo personal, sino político. Y si Rodríguez Zapatero no es capaz de verlo, lo más probable es que él mismo se convierta en el segundo cadáver político de esta contrarrevolución encabezada por la vieja guardia socialista.

Resulta un tanto patético que mientras el líder socialista jugaba a gran estratega internacional tratando de solucionar los problemas de España y Marruecos, creando con ello un conflicto sin precedentes con el Gobierno, los mismos que le alentaron a viajar a Rabat con la intención de afear la conducta de Aznar le preparaban una revuelta en el País Vasco sin que éste tuviese la más mínima idea de lo que se le venía encima.

En el año y medio que lleva al frente del PSOE, Rodríguez Zapatero había logrado crearse un cierto capital político. Su mayor activo ha sido la firma del Pacto por la libertad y contra el terrorismo. Sin embargo, no ha sido capaz de moldear el partido sobre la base del cambio que prometió en el último Congreso. Los barones no le respetan (como demuestra lo sucedido con la financiación autonómica) y los líderes que ocuparon cargos relevantes en la época de González le consideran indigno de ocupar la secretaría general del PSOE.

La tregua graciosamente concedida se terminó tras conocerse los datos de la última encuesta del CIS, que daban al PP una ventaja de 9,5 puntos sobre el PSOE. La veda se ha abierto y lo que ha ocurrido en el País Vasco no es más que la muestra de la gran ofensiva que se prepara contra Rodríguez Zapatero: o cambia de política o le derriban.

La cuestión no pasaría de ser más que la interesante disputa por el control del principal partido de la oposición si el modelo alternativo que plantean los que quieren cargarse al actual líder del PSOE no estuvieran dispuestos, como están, a cuestionar el modelo de Estado con tal de ganarle las elecciones al PP.

Un PSE coqueteando con el PNV, como ya lo hace el PSC con los nacionalistas radicales de ERC en Cataluña, o el PSG con el Bloque en Galicia, es lo que los defensores del modelo federal quisieran para quitar al PSOE sus señas de identidad como partido vertebrador de España. Por todo ello, la continuidad de Redondo es vital.   casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

Las huellas del rencor
Por Ignacio CAMACHO ABC  24 Diciembre 2001

En uno de los desgraciadamente frecuentes funerales por una víctima terrorista en el País Vasco, el vicepresidente Rajoy anduvo largo tiempo de plática con unos concejales de la localidad donde se había cometido el atentado. Durante un buen rato estuvo convencido, por el discurso desesperado de sus interlocutores, de que hablaba con ediles del PP. Cuando se alejaron, alguien le sacó del malentendido: aquellos hombres amenazados que pedían una solución urgente y por las bravas al terrorismo eran concejales del PSE.

Cuando se comparten los muertos, la única prioridad es la vida. Cuando se comparten las secuelas del secuestro de la libertad individual, todo objetivo que no pase por recuperarla se vuelve secundario. Ese ha sido hasta ahora el eje de la política de Nicolás Redondo, cimentada en una raíz de dolor, violencia y opresión, y articulada a través de un prisma que contempla la situación vasca como un conflicto de excepcionalidad que suprime las condiciones normales del juego democrático y recupera el concepto de resistencia como elemento nuclear de la acción cívica.

Detrás de esta posición de entendimiento pre-democrático, que justifica la convergencia con las víctimas y fue la base del fracasado acuerdo electoral con el PP, hay un soporte de experiencia que nadie que no haya compartido puede soslayar con la trivialidad de un análisis distante como todos los que se efectúan desde la normalidad democrática. Un soporte sentimental que parte de la amenaza física cotidiana, de los concejales obligados a vivir con escolta -Mario Onaidía suele contar la paradoja del guarda de seguridad que trabaja acompañado de otro colega, el escolta escoltado en su condición de edil de pueblo-, de los asaltos a las Casas del Pueblo, del arrinconamiento de los militantes, de las seis horas que Ibarretxe tardó en recorrer los cuatrocientos metros que separan Ajuria Enea del parque donde murió Fernando Buesa. Eso no puede analizarse desde la coherencia de los escenarios políticos de Madrid, Barcelona o Sevilla. En el País Vasco hay que otorgar también ese beneficio de peculiaridad para comprender las razones de Nicolás Redondo.

Yo estaba en el polideportivo de Baracaldo el día en que Felipe González fue a reventarle la campaña electoral a Redondo, la mañana lluviosa de mayo en que, bajo el paraguas dialéctico de un «Nico, no te equivoques», sacó el discurso devastador de «mis amigos nacionalistas» frente a unos oradores de la orilla izquierda que gritaban con galvanizada pasión un «no pasarán» cargado de voluntad de resistencia. Recuerdo muy bien la sonrisa helada del candidato, y sobre todo el gesto crispado, los puños apretados y los labios fruncidos de su padre, Nicolás Redondo Urbieta, el viejo luchador de la ría, el rival de Suresnes, el líder obrero que rompió con Felipe en la huelga general de finales de los ochenta.

Aquello fue un sabotaje intencionado y abierto, un torpedo lineal cargado de antigua metralla que desde entonces no ha hecho sino repetirse desde diversas plataformas de lanzamiento, con una frecuencia amplificada a partir del naufragio electoral de la estrategia de alianza con el PP.

El debate actual del PSOE vasco es entre quienes consideran que la prioridad es doblegar al nacionalismo y la de quienes piensan que el objetivo es la derrota del PP. Entre el deseo de normalizar Euskadi y el de recuperar el poder en España. Entre la voluntad de restablecer la libertad en un territorio donde ha sido recortada o suprimida y la obsesión por desgastar al aznarismo en todos los terrenos por donde ofrezca un flanco. Entre recuperar con energía una sociedad civil devastada o tomar una vieja revancha de rencores mal curados. No está claro si el repliegue de Redondo es un movimiento táctico o una renuncia. Tampoco, por tanto, si el futuro del socialismo vasco pasa por sus propias manos o se va a fraguar en unos despachos de Madrid que acaso ni siquiera sean los de la calle de Ferraz. icamacho@abc.es

Campo con límites
Por Charo ZARZALEJOS ABC  24 Diciembre 2001

Después de haber hablado con todos sin proponer a ninguno de ellos ninguna fórmula para el acercamiento, Ibarretxe se reunió el pasado jueves en Ajuria Enea con Begoña Errasti, Xabier Arzalluz y Javier Madrazo. Concluyeron que Batasuna, por un lado, y el PSE por otro, querían llevarles, cada uno, a su terreno de juego. Con Batasuna no cabía hablar de negociación alguna mientras no se situaran en lo que denominan «punto cero ético»; es decir, en el punto de rechazo de la violencia y autonomía respecto a ETA. Con el PSE ese mismo jueves el acuerdo se presentaba para los nacionalistas como imposible porque, como le diría Larreina a Rodolfo Ares, «lo que pretendéis es que dejemos de ser lo que somos». Ante esta situación, el Ejecutivo, el PNV, EA, IU e Ibarretxe han optado por reafirmarse en el campo de juego ya elegido. Ibarretxe no engañó a sus interlocutores cuando les recordó que el 13 de mayo su apuesta había recibido el mayor número de votos y que en ella iba a seguir.

Bien sabe Ibarretxe que sobre el papel es el que más votos ha tenido, pero como gobierno no tiene mayoría suficiente para muchas cosas. Sin embargo, cuenta con la esperanza objetiva y cierta de que la oposición del PP y PSE nunca coincidirá con Batasuna y al contrario. Sabe que populares y socialistas no han «concertado» nada con quienes no condenan el asesinato de sus compañeros y sabe perfectamente que son los votos de su partido, el PNV, los que permiten que Batasuna tenga algunas alcaldías «y es una situación que no hay ningún motivo para cambiar y además hay que tener en cuenta las realidades concretas», se afirma desde el nacionalismo como respuesta a la pregunta de por qué no rompen en esos ayuntamientos. Se utiliza desde el PNV y EA y, desde luego, con extrema eficacia, la coincidencia de PP y PSE con HB en una situación concreta y se pasan por alto coincidencias objetivas que se producen, más allá de pactos o no pactos, en el conjunto del nacionalismo, entre los nacionalistas moderados y los menos moderados, entre los que condenan la violencia y los que callan ante ella.

Sabe Juan José Ibarretxe, a día de hoy, que va a prorrogar presupuesto y, según el análisis realizado por los integrantes del Ejecutivo vasco, lo ocurrido no ha desgastado al Gobierno porque «la prórroga permite incluso, más margen de maniobra que unos presupuestos nuevos. Lo ideal -se reconoce desde el Ejecutivo vasco- es poder aprobar los que corresponden pero la gestión no se va a ver alterada y los ciudadanos es lo que perciben, no las tripas de los debates en el Parlamento».

Ibarretxe sabe muchas cosas y espera e intuye muchas más. Sabe que su discurso basado en el diálogo, en el respecto generalizado cuaja en buena parte de la sociedad pese a que ese diálogo se reclame especialmente para resolver situaciones creadas por el propio Ibarretxe, situaciones como la derivada de haber optado por una coalición ideológica renunciando a la coalición suficiente.

Sabe Ibarretxe que su discurso complace a muchos y resulta más llevadero que otros a no pocos más. No pretende el nacionalismo, y así lo reconocen PNV y EA, que la oposición comparta sus objetivos, lo único que pretende es que entren a jugar en el terreno por ellos decidido y que los términos del debate sean los expuestos en el pleno de autogobierno; es decir, la existencia de Euskal Herria como pueblo, la voluntad mayoritaria de los vascos y ni Constitución ni independencia, como le gusta decir al lendakari. En ese campo de juego no cabe el pacto antiterrorista suscrito por el PP y el PSOE, no cabe la reflexión sobre adopción de medias políticas concretas para, todos juntos, hacer frente a ETA y a su entorno. No cabe nada que no sea encontrar un nuevo punto de encuentro superador del Estatuto y que sólo será de encuentro, dicen los nacionalistas, cuando en el mismo se contemple el reconocimiento, que no su ejercicio, dicen, del derecho de autodeterminación. Y se preguntan algunos socialistas: ¿por qué hay que hablar de autodeterminación y no de libertad que es lo que a nosotros nos falta? Y responden los nacionalistas: ¿por qué la violencia debe impedir el debate político?

Para el nacionalismo ésta es una legislatura definitiva en la que se pretende diezmar el apoyo en las urnas de Batasuna y al mismo tiempo hacer ver al PP que «este país camina pese a su política del no permanente». Ésta en definitiva que no va a modificar en un ápice el campo de juego ya elegido, aunque está dispuesta a aceptar los acercamientos que se vayan produciendo. Sabe Ibarretxe que si bien el nacionalismo, a la hora de la verdad, sabe unirse con extraordinaria disciplina y lidia como un solo hombre las contradicciones que van surgiendo, en el campo no nacionalista las cosas son distintas.

Por eso, y también desde hace tiempo, cuando al PSE se ha referido lo ha hecho siempre en términos de asombro. «¿Qué hacen ustedes de la mano del PP ?», «¿cómo es posible que vayan de la mano del partido de Aznar?». Ibarretxe y los nacionalistas conocen bien al socialismo vasco y han sabido siempre que este discurso era eficaz. En estas mismas páginas y con ocasión del pleno de autogobierno, se reproducía la impresión manifestada por Ibarretxe a esta periodista con Jonan Fernández de testigo. Auguró entonces lo que hoy está ocurriendo en el seno del PSE, no puso fecha pero sabía que algo iba a pasar y ha pasado. El PNV se ha mostrado escueto y cauto en su valoración de la crisis socialista, pero sus expectativas, sus previsiones se han cumplido con creces.

Si desde el 25 de octubre se estaba a la espera de acontecimientos, ahora el nacionalismo abre un nuevo compás de espera. Sus previsiones -siempre se cumplen en Euskadi las previsiones nacionalistas- son que Redondo «nunca va a volver a ser en política lo que ha sido. Su tiempo se ha acabado». En el PSOE muchos piensan lo mismo y el lendakari recuerda eso de «ya lo dije yo». Y es verdad que lo dijo. Un nuevo tiempo se abre para muchos porque incluso los más próximos a Redondo hacen números y no les salen.

Socialismo vasco
Editorial El País 24 Diciembre 2001

La dimisión de Nicolás Redondo Terreros como secretario general del Partido Socialista de Euskadi y la convocatoria de un congreso extraordinario son la consecuencia retardada de los resultados de las elecciones autonómicas vascas del 13 de mayo. La victoria de Juan José Ibarretxe en las urnas y su compromiso electoral, cumplido hasta el momento, de no contar con Batasuna en su política de alianzas abrió un nuevo panorama en el País Vasco que repercutió en el PSE.

Ibarretxe y el PNV no han hecho ninguna autocrítica sobre su etapa de pactos con ETA y HB en la anterior legislatura. El lehendakari tampoco supedita los objetivos soberanistas del PNV a la defensa de la vida y las libertades, que es la prioridad política del País Vasco ante el permanente acoso de ETA. Pero no es menos cierto que el Ibarretxe de la actual legislatura no es el mismo que el de la anterior, marcada por su pacto con EH y el del PNV con ETA. Esta nueva situación ha animado a un amplio sector de los socialistas vascos a impulsar el regreso a sus tradicionales señas de identidad, a retomar su proyecto autónomo, al margen del PNV y del PP, partido éste con el que ha mantenido, desde 1998, un acercamiento más allá de la política antiterrorista como respuesta al Pacto de Lizarra.

En este marco, el secretario general del PSE de Guipúzcoa, Jesús Eguiguren, que, con Mario Onaindía, desde Álava, apoyaron el liderazgo de Redondo cuando relevó a Ramón Jáuregui en 1997, presentó una propuesta alternativa a la política de Redondo sobre el País Vasco. Redondo, que tiene el mérito indiscutible de haber dirigido el PSE en una etapa muy difícil, marcada por el desafío del Pacto de Lizarra combinado con un fuerte acoso terrorista, no ha sabido pilotar la crisis abierta por su anterior socio y ha perdido numerosos apoyos en la organización socialista en Vizcaya y la casi totalidad de Guipúzcoa. La situación ha conducido al PSE al bloqueo y el secretario general dimisionario ha preferido finalmente tirar la toalla y convocar un congreso extraordinario.

Lo que ahora está en juego en este proceso abierto en el PSE no es si los socialistas vascos deben pactar preferentemente con el PP o con el PNV. Ni tampoco un debate burdo entre 'españolistas y nacionalistas', como lo presentan los medios afines al Gobierno de Aznar, y menos aún un debate sobre la política antiterrorista que comparte con el PP. Lo que realmente se dirime es quién lidera el proyecto autónomo del PSE, el de sus principios tradicionales de defensa de las libertades, del pluralismo y del Estatuto de Gernika.

Vaciamiento
ENRIQUE GIL CALVO El País 24 Diciembre 2001

Cuando Juan José Ibarretxe ganó las elecciones vascas del 13-M con una inesperada mayoría casi absoluta, fuimos muchos los que lo celebramos, confiando en que el lehendakari sabría gobernar con criterios integradores al no depender de los menguados escaños de Batasuna. Semejante interpretación pareció demasiado optimista a todos cuantos desconfían de la ambigüedad del PNV, un partido que en los términos de Linz puede caracterizarse como oposición semileal. Pero nuestro voto de confianza a Ibarretxe resultaba explicable por la frustración de la apuesta constitucionalista, por la conveniencia de hacer virtud de la necesidad, y por un comprensible wishful thinking, que aconsejaba proyectar nuestros deseos sobre la realidad formulando una profecía con vocación de cumplirse a sí misma.

Pero las cosas en Euskadi no están saliendo como se esperaba, pues Ibarretxe está dando una de cal y otra de arena para quitar la razón a optimistas y pesimistas. Por un lado, el consejero de Interior, Balza, se está portando mucho mejor que en su anterior legislatura, cuando la dependencia parlamentaria de Euskal Herritarrok le aconsejaba refrenar a la Ertzaintza. Y ahora ya no es así, pues se ha detenido a importantes comandos de ETA y se está reprimiendo con firmeza la kale borroka. De modo que la colaboración policial y judicial entre Vitoria y Madrid marcha mejor que nunca. Pero al mismo tiempo, Ibarretxe sigue insistiendo con su programa soberanista, amenazando con convocar dudosos referendos de autodeterminación que deslegitiman su propia autoridad institucional.

A todo lo cual se sobreañade la reapertura de encendidas polémicas entre nacionalistas y constitucionalistas, que amenazan con profundizar la fractura que los enfrenta. Y como muestra basta citar tres casus belli. Por un lado, la confesada intención que tiene Aznar de ilegalizar a Batasuna en cuanto encuentre resquicio legal para hacerlo, lo que impediría medir su base electoral. Luego, la renegociación del Concierto Económico entre Madrid y Vitoria, que ha encallado sin aparente remedio. Y por último, el bloqueo del Parlamento vasco, que impide la aprobación del Presupuesto. ¿De quién es la culpa mayor en estos graves desencuentros? ¿De Vitoria o de Madrid? Probablemente, de los dos a un tiempo, pues ambas partes están interesadas en escenificar ante sus electores un conflicto frontal. De Aznar ya lo sabíamos, dada la intransigente imagen de inflexible firmeza que se ha construido. Pero Ibarretxe se muestra un alumno aventajado, dejándose provocar a cada momento para responder con mayores dosis de agresividad. ¿Qué razones tiene para ello?

Una explicación es la hipótesis del vaciamiento electoral de Batasuna, que expuso Arzalluz en Deia (11-11-01). Esta estrategia implica la inversión del intento de sorpasso electoral del PNV que acarició EH gracias a la tregua trampa de ETA. El PNV pudo comprobar que, mientras el frente nacionalista de Lizarra le daba unos pésimos resultados electorales, amenazando a largo plazo con supeditarle a la primacía de Batasuna, la ruptura de la tregua y por tanto de ese frente le ha dado una suculenta ventaja electoral, que si continúa a ritmo parecido acabará por vaciar de votos a EH, segando las bases electorales que aún le restan para cosecharlas en propio beneficio. Y eso hasta el punto de que, si el vaciado de votos se completase, el PNV podría convocar un referéndum de autodeterminación limpio, esperando ganarlo sin deberle nada a la violencia terrorista.

Ahora bien, para que la estrategia peneuvista del vaciamiento electoral de ETA pueda consumarse, hace falta que se cumplan dos condiciones. Ante todo, que no haya frente nacionalista, pues éste perjudica al PNV y sólo favorece a Batasuna. Y después, que se visualice un firme antagonismo soberanista contra Madrid, sin el cual nunca se producirá el trasvase de votos de EH al PNV. De ahí la agresiva firmeza de éste tanto contra Batasuna como contra Madrid.

¡Basta ya! y el Foro de Ermua, preocupados
El Mundo  24 Diciembre 2001

El escritor y filósofo Fernando Savater, miembro de la plataforma ¡Basta ya!, manifestó que la «quiebra» que se ha producido en el PSE-EE es «alarmante», y manifestó su deseo de que el congreso extraordinario sirva para «reforzar la figura y la línea política» de Nicolás Redondo Terreros.

Para Savater, la dimisión de Redondo indica que «existe una división, una crisis en el socialismo vasco, y no es nada bueno saber que en uno de los dos partidos importantes constitucionalistas y firmantes del Pacto Antiterrorista hay este tipo de quiebra, de división de opiniones».

Por su parte, el dirigente del Foro Ermua Ernesto Ladrón de Guevara manifestó su «preocupación ante la espita de la incertidumbre» que ha abierto la dimisión de Nicolás Redondo Terreros como secretario general del PSE-EE . Confió en que las tesis de «lealtad constitucional» defendidas por él se impongan para hacer frente a los «socios del terrorismo, entre los cuales nosotros incluimos al PNV».

Ladrón de Guevara consideró que los que han zancadilleado a Redondo «instrumentan el vasquismo y el acercamiento al nacionalismo más como vía de acceso al poder autonómico que por razones ideológicas».

En cambio, el secretario general de EA Gorka Knörr, afirmó que «la etapa encabezada por Redondo no ha podido ser más negativa» por lo que confió en que el debate interno de ese partido cambie la trayectoria de «seguidismo a Jaime Mayor Oreja». Dio la bienvenida a «cualquier cambio que pueda procurar un entendimiento».

El último tren para Redondo Terreros

Lorenzo Contreras La Estrella 24 Diciembre 2001

La dimisión de Nicolás Redondo Terreros como secretario general del Partido Socialista vasco ha recibido hasta el momento diversidad de lecturas políticas o interpretaciones más o menos aventuradas. Pero parece que hay un sentir concordante en torno a esta novedad: Redondo acepta una batalla, es decir, no intenta retirarse. Tendrá que ser un congreso regional extraordinario, con notables repercusiones en el PSOE federal, el que establezca definitivamente si Redondo ha perdido en sus planteamientos políticos de mantener a raya a sus correligionarios propensos a entenderse con el PNV y, por tanto, a aceptar como principio la celebración de un referéndum de autodeterminación para Euskadi.

La situación es compleja. Redondo se enfrenta con los más vasquistas de su entorno, pero también, y sobre todo, con Felipe González y sus leales. Peligrosa cuestión si se considera que el problema le salpica a Rodríguez Zapatero, por más que éste simpatice hasta ahora con las posiciones del dimisionario.

Conviene hacer un poco de memoria. Por ejemplo, recordar que durante la última campaña electoral vasca el señor González tuvo a bien reprender a Nicolás Redondo Terreros por la línea de su carrera al "lendakarinato" o, en definitiva, su causa común con el PP y con Mayor Oreja en la crítica al PNV. Aquel "no te equivoques, Nicolás" preludiaba conflictos futuros a poco que los resultados electorales, como así sucedió, desautorizarán la estrategia del candidato socialista.

La última palabra en torno al mañana político del PSE y, por consiguiente, en relación con el futuro del propio Redondo, la va a tener una militancia dividida en la que los "barones" clásicos, desde el presidente Benegas a Jesús Eguiguren, pasando por el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, entre otros altos dirigentes, van a procurar por todos los medios movilizar sentimientos fronterizos con los nacionalistas, o sea, pasados de punto federalista, aunque esta "sensibilidad" no sea precisamente del agrado peneuvista.

De todos modos, Redondo debe tener un suficiente grado de confianza en la base del partido cuando asume el reto y lo plantea. La militancia lleva demasiado tiempo comprobando, muchas veces en sus propias carnes, la brutalidad etarra y el criterio relativista del nacionalismo a la hora de enfrentarse con ciertos hechos lastimosos. A Redondo no se le puede negar valentía y sentido enérgico de la denuncia frente a las posiciones de tibieza, cuando no de abandono de la crítica.

Su tragedia, si cabe llamarla así, fue el veredicto de las urnas, aquella derrota del 13 de mayo que, pese a su estrechez, tiene el mismo valor que en los partidos de fútbol perder de penalti y por un solo gol de diferencia. Al final quien suma los puntos es quien manda en el marcador, aunque sea míseramente y con poco juego.

Ramón Jáuregui, antecesor de Redondo en la secretaría general del PSE (PSOE), ha aceptado presidir la gestora que ha de preparar las elecciones internas del partido. Y ha dicho algo especialmente significativo, en cuanto indicador de una postura claramente felipista: "Al nacionalismo no se le puede derrotar con un frente antinacionalista". Alusión condenatoria al entendimiento PSE-PP que caracterizó la conjunción política llamada "frente nacional". O sea, que para acabar con Redondo se hace referencia a la inevitabilidad de su derrota cuantas veces intente apartarse de la línea felipista que ha venido marcando el paso de la organización socialista hasta ahora. Y si encima ocurre que los socialistas, bajo Redondo, han boicoteado las votaciones del presupuesto vasco para el año 2002, la sentencia de Jáuregui equivale a una condena o denegación de perdones, tolerancias y otras fórmulas de avenencia. La suerte está echada. O victoria (de Redondo) o muerte política (de Redondo también). Su último tren.

Las víctimas de Eta salen en defensa de Redondo y piden coherencia a Zapatero
Los nacionalistas celebran la caída del secretario general del PSE
Las asociaciones y víctimas del terrorismo salieron ayer en defensa de la labor realizada por Nicolás Redondo Terreros al frente de la Secretaría General del PSE y mostraron su deseo de que en el próximo Congreso Extraordinario de la formación salgan reforzadas sus tesis. El portavoz del PP en el Parlamento vasco, Leopoldo Barreda, expresó también su temor a que se «dilapide» el crédito político conseguido por Redondo.
L. R. N. - Madrid.- La Razón 24 Diciembre 2001

El escritor y filósofo Fernando Savater, miembro de la plataforma «¿Basta Ya!», manifestó que la «quiebra» que se ha producido en el PSE es «alarmante» y manifestó su deseo de que el Congreso Extraordinario sirva para «reforzar la figura y la línea política» del hasta ahora secretario general, Nicolás Redondo Terreros. Savater declaró a Servimedia que la dimisión de Redondo indica que «existe una división, una crisis en el socialismo vasco que no puede contentarnos. No es nada bueno saber que en uno de los dos partidos importantes constitucionalistas y firmantes del Pacto Antiterrorista hay este tipo de quiebra, de división de opiniones». Por ello, manifestó que «desearía que en el Congreso Extraordinario del PSE Nicolás Redondo pudiera presentar sus tesis y volver a sacarlas adelante» para que el Partido Socialista del País Vasco siga, como lo ha hecho con el dimitido secretario general, alineado con los partidos constitucionalistas.

Por su parte, el dirigente del Foro Ermua Ernesto Ladrón de Guevara manifestó su «preocupación» ante la «espita de la incertidumbre» que ha abierto la dimisión de Redondo y confió en que las tesis de «lealtad constitucional» defendidas por el dimitido secretario general se impongan para hacer frente a los «socios del terrorismo, entre los cuáles nosotros incluimos al PNV». Ladrón de Guevara indicó que con esta crisis en el PSE «se abren serias incertidumbres sobre la continuidad de la trayectoria de unidad constitucionalista contra los socios del terrorismo frente a los sectores que instrumentan el vasquismo y el acercamiento al nacionalismo más como vía de acceso al poder autonómico que por razones ideológicas».
Para el PP lo que está ocurriendo en el seno del PSE también es motivo de preocupación. Su portavoz en el Parlamento vasco, Leopoldo Barreda, dijo que espera que la dimisión de Redondo no suponga «dilapidar» el crédito político logrado por este dirigente. Barreda destacó como la línea impuesta por Redondo colocó a su partido «al servicio de las libertades y de la alternativa política».

María San Gil: «Si los socialistas se echan en brazos del PNV seguirán perdiendo espacio electoral y ese partido les fagocitará»
«Quiero que Mayor Oreja sea "lehendakari" antes que presidente de Gobierno»
ESTHER ESTEBAN El Mundo 24 Diciembre 2001

SUS AMIGOS DICEN DE ELLA QUE CONOCERLA ES QUERERLA Y NO LES FALTA RAZON. ES LO QUE EN POLITICA PODRIA DENOMINARSE COMO LA EXCEPCION QUE CONFIRMA LA REGLA, ESE INSOLITO CASO DE PERSONA QUE HA HECHO DE LA COSA PUBLICA UNA FORMA DE VIDA QUE HUYE...

...espantada de la parafernalia del poder para sentirse más cerca de los ciudadanos que defiende. Solo que en ella, el mérito viene por triplicado si se añade, a continuación, que por defender sus ideas se juega la vida y que la muerte lleva años pisándole los talones. No es inmune al miedo pero lo aparenta y cuando le preguntas al respecto María San Gil presidenta del PP en Guipúzcoa despliega esa cálida y amplia sonrisa que ha cautivado a propios y extraños, se tapa la cara con las dos manos en señal de pudor ante la mínima insinuación sobre su coraje excepcional y reacciona rápido con una frase casi lapidaria «El miedo y yo convivimos bastante bien, gracias»".

Ahora ante la cita congresual, que su partido celebra el próximo enero, le ha tocado como compañero de baile a Josep Piqué y ambos interpretarán la pieza estrella el evento que bajo el nombre «Patriotismo Constitucional» pretende reivindicar el orgullo de ser patriota y español sin ningún tipo de complejos. No es ni mucho menos casual que una vasca y un catalán lleven la voz cantante en el asunto, como tampoco lo es que sean precisamente ellos los elegidos por el inquilino de La Moncloa. Ante las duras críticas de sus adversarios, que han llegado a calificar la ponencia de franquista, María contraataca «yo ni conocí el franquismo ni revivo fantasmas del pasado. Son quienes acusan quienes seguro tienen un oscuro pasado que ocultar». Dice que es española y vasca «¡y a mucha honra!» y no oculta, eso sí, su preocupación por la profunda crisis de liderazgo abierta en el socialismo vasco. «Nicolás Redondo no tira la toalla, solo quiere tomar aliento» sentencia. Es una mujer valiente, de rompe y rasga, de eso no hay duda.

PREGUNTA. ¿Qué es exactamente el «patriotismo constitucional» que usted va a defender en la ponencia estrella del congreso del PP?
RESPUESTA. Las ponencias estrellas son todas, cada una en lo suyo. Yo lo digo de una forma muy sencilla y resumida: el «patriotismo constitucional» es la forma de ser español sintiéndose orgulloso de serlo por lo que nos da de bueno el pertenecer a un país moderno, plural y lleno de diversidades como es España, y con una Constitución que nos ampara a todos desde hace 25 años y con la que todos nos podemos sentir libres.

P. ¿Hay alguna intención política y estratégica en que los autores de esta ponencia sean un catalán y una vasca?
R. Toda, no es casualidad que esté Piqué representando al catalán y que yo esté como vasca española. Tiene mucha intencionalidad y está muy bien visto que dos políticos de dos comunidades autónomas que tienen una relación a veces un poco turbulenta con el resto de España, sin tapujos ni falsos pudores digamos que somos vascos o catalanes y españoles.

P. ¿Se puede defender el orgullo de ser español y el orgullo de ser vasco o catalán?
R. Es que yo soy española siendo vasca y soy vasca siendo española.Y no tengo ningún tipo de problema. Al revés, creo que con esta ponencia lo que intentamos decir es eso, que se puede tener patrias más grandes y más pequeñas. Yo no podría ser española sin ser vasca ni vasca sin ser española. Es un sentimiento absolutamente natural.

P. Dígame: ¿el término «patriotismo constitucional» tiene copyright? Porque los socialistas les acusan de plagio
R. Es que no hay nada que no esté inventado. Pero lo importante no es utilizar el término, sino ponerlo en marcha. Hay que tener la valentía de hacer en un congreso una ponencia con ese título que despierte las pasiones que ha levantado esta. Lo importante es poner encima de la mesa un razonamiento político de un partido político y estar dispuesto a todo tipo de críticas.

P. Ellos lo que dicen es que ustedes quieren patrimonializar la Constitución, ¿es así?
R. Patrimonializar la Constitución de forma partidista sería un error en el que no caeríamos jamás, la Constitución es de todos los españoles. Y el «patriotismo constitucional» es patrimonio de todos los españoles. Y eso es lo que queremos, que incluso aquellos que puedan sentirse incómodos sientan que se puede pertenecer a España porque España es lo suficientemente rica, plural y diversa para acogernos a todos.

P. Sin embargo, ahora, que 25 años después, la Constitución que en apariencia unía parece que divide, al menos con los nacionalistas
R. Hace 25 años hubo una serie de personas que dejaron de lado muchas cosas para buscar un nexo común de todos los españoles y que sigue vigente, y tenemos que seguir respetándola y queriéndola.Poner en solfa la Constitución es muy peligroso, porque estamos poniendo en peligro la estabilidad de España. Y con estas cosas no hay que jugar. Creo que no es el momento político para que hablemos de tocar la Constitución.

P. Anasagasti ha comparado su ponencia del patriotismo a la teoría de Primo de Rivera. ¿Qué le parece?
R. Me parece una vergüenza que Anasagasti compare el «patriotismo constitucional» con las teorías de Primo de Rivera. Lo primero que debería hacer es explicarnos si se siente o no constitucional.Anasagasti tiene un líder político que dice que antes se cortaría la mano que firmar la Constitución, así que a él qué más le da que hagamos una ponencia sobre «patriotismo constitucional» si probablemente no cree en la Constitución española ni se siente amparado por ella, porque dice que esta es una Carta otorgada.El PNV primero que nos expliquen dónde está, si dentro de la constitución o fuera, y luego podrán hacer las comparaciones que quieran. Al juego de deslealtad que juegan los nacionalistas no se puede estar jugando eternamente.

P. Por su parte, los nacionalistas catalanes han reaccionado diciendo que España no puede ser "una" sino que tiene que ser plural
R. España es una, porque es un país, lleno de pluralidades y de comunidades autónomas muy diversificadas, cada día más. Lo que me choca es que alguien que forma parte de un país que es España diga que en ningún momento se siente español. Yo no voy a decir en qué porcentaje hay que sentirse español, me da igual.Se puede ser más catalán que español o más español que catalán, pero se es catalán y español, o vasco y español.

P. Vamos, que hay que estar orgullosos de ser patriotas y españoles.
R. Claro que sí, hay que ser patriotas y españoles, y sin complejos, sin falsas historias pasadas. A ver si nos sacudimos un poco esos fantasmas del pasado. Yo no conozco a un francés que le de vergüenza decir que es francés.

P. Pero es que aquí hay muchos pseudoprogresistas para los que ser patriota y español es ser franquista
R. Yo desde luego no tengo edad para ser franquista. Y no voy a hacer una ponencia franquista porque no he vivido esa época.Tal vez los que tienen esos complejos es porque tienen algo que ocultar. Yo, como vengo limpia de polvo y paja, y ahí está mi pasado, me siento muy orgullosa de ser española, y no por eso me siento franquista. Yo vivo la democracia y me siento orgullosa de ser patriota española demócrata. Quien ve en esta ponencia rasgos franquistas, tal vez oculta su franquismo, ¿quién sabe?

P. Nicolás Redondo finalmente ha tirado la toalla, tras reconocer una profunda crisis en su liderazgo. ¿Qué le parece?
R. No ha tirado la toalla. Está harto de la crisis a la que le han abocado algunos de sus compañeros. Y yo creo que ha sido muy valiente presentando su dimisión. Ahora tendrán que ver qué tesis ideológicas son las que representan al partido, y por eso han convocado un congreso para definir la línea política.Yo, de todas formas, espero que Nicolás Redondo se vuelva a presentar. Y esta sea una retirada sólo para coger aliento.

P. El detonante ha sido la división entre quienes pretenden acercarse al PNV y los que quieren ir de la mano del PP. ¿La estrategia común PP-PSOE puede saltar en pedazos?
R. Espero que no. Que la dimisión de Redondo no haga saltar por los aires nos acuerdos PP- PSOE. En el País Vasco nuestro aliado es el PSOE. Lamento profundamente que todavía haya socialistas que no se han dado cuenta de que no van a poder redimir al PNV, sino que el PNV les va a volver a utilizar. Si los socialistas se echan en brazos del PNV, seguirán perdiendo espacios políticos, y finalmente el PNV les fagocitará. Volver a las andadas sería malo no sólo para los socialistas, sino para los vascos en general.

P. Este asunto también complica el liderazgo de Zapatero. ¿Cree que puede cambiar la postura de Ferraz respecto al País Vasco?
R. Espero que Zapatero haya entendido el problema vasco y que de verdad piense, como ha dicho, que la línea política de Nicolás Redondo es la correcta. Zapatero no debe cometer el error de acercarse a la línea de Egiruren y de muchos socialistas guipuzcoanos, porque sería nefasto para ellos. El pacto por las libertades está ahí, no hay que echarlo en saco roto. Ese pacto que se firmó ya hace un año y sigue vigente, ha permitido una cohesión sin fisuras en el País Vasco, y hay que tenerlo siempre muy presente. Espero que Zapatero sea lo suficientemente sólido como para mantenerse en esa postura.

P. Vamos, que PP y PSOE tienen que seguir de la mano.
R. No tengo ninguna duda de ello, de que el PP y el PSOE tenemos que seguir unidos en el País Vasco. Al margen de las diferencias ideológicas, que son buenas porque somos partidos distintos, hay cosas que están muy por encima de las ideologías, como la defensa de la vida, de las libertades. Eso no tiene ideología.

P. Cambiando de asunto, ¿qué le ha parecido que finalmente se haya tenido que prorrogar el Concierto vasco, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo con el Gobierno central?
R. Mayor Oreja dijo que esto es el Pacto de Estella de una forma mucho más enmascarada, encubierta y no tan público, pero hay una serie de pasos a dar para llegar a un objetivo, que es separar al País Vasco de España. Y para eso el PNV intenta dibujar que España no les quiere, y que por eso se van. Pero eso ya no cuela. Los vascos nos hemos dado cuenta claramente de que aquí no hay un problema técnico, es un problema político, es la reivindicación de que ellos quieren estar en Bruselas defendiendo el Cupo vasco.Es increíble y demuestra su escasa responsabilidad política que estén a punto de tirar el Cupo por la borda por un problema político. El PNV ha puesto sus intereses partidistas por encima del interés del pueblo vasco.

P. ¿Cómo se puede intentar firmar un cupo olvidando a Alava?
R. Ese es el problema, que quieren hacer con el País Vasco la imagen y semejanza del PNV. Ser vasco no es igual a ser nacionalista, aunque ellos lo pretendan. Y lo que no pueden hacer es tener la desfachatez de olvidarse de Ramón Rabanera, que es diputado de Alava, y hablar solamente con Vizcaya y Guipúzcoa, que, casualidad, son del mismo partido. No tienen vergüenza.

P. Tal vez el meollo de la cuestión esté en que Javier Arzalluz quiera rematar su carrera política con la independencia
R. El PNV tienen varios problemas. Desde luego, la trayectoria de Arzalluz se vería culminada y pondría la guinda con un País Vasco separado del resto de España, pero no todos los nacionalistas vascos piensan lo mismo, el PNV tiene divergencias internas importantes que no afloran mucho pero las tiene. Y no van a poder ir cargándose los michelines, como les llamaba Arzalluz, uno detrás de otro, porque cada día, para su desgracia, hay más michelines.

P. ¿Cree, como se ha publicado, que el PNV está manteniendo conversaciones con ETA para preparar una nueva tregua?
R. No lo se. Si lo están haciendo, desde luego no vale para nada. Una nueva tregua no serviría de nada porque a ETA lo único que hay que decirle es que abandone las armas, no que las dejen un ratito de lado. Estamos hasta las narices de ellos, y lo que se hecha en falta es ver que el lehendakari de todos los vascos dice que va a acabar con ETA. Que deje de pedirles que dejen las armas, y les obligue a ello. Hay que obligar a ETA a que deje de matar con la ley y el Estado de Derecho en la mano.

P. Menudo follón se ha organizado con esas declaraciones de Aznar en el sentido de que el PNV y ETA no comparten los medios, pero sí los fines.
R. Es que lo han dicho ellos mismos, Aznar no se ha inventado nada. Lo que creo es que los nacionalistas se han encontrado con la horma de su zapato. Han encontrado en Aznar un presidente que tiene las ideas tan claras que no le doblegan. Será más o menos simpático, risueño, lo que sea, pero con el tema del País Vasco es fantástico, porque ha entendido, gracias a Jaime Mayor Oreja, el problema perfectamente. Y se ha dado cuenta que desde su postura de presidente del Gobierno no puede ceder ni un ápice, porque el día que el estado ceda es el fin de todos los españoles.

P. Hablando de Aznar, del congreso y de su sucesión ¿tiene usted algún candidato preferido en la carrera sucesoria?
R. Yo sólo tengo un candidato preferido para la lista del País Vasco.

P. ¿Y quién es?
R. Jaime Mayor Oreja.

P. Precisamente él es uno de los que parece mejor situado para la sucesión de Aznar. ¿Ustedes estarían dispuestos a renunciar a Jaime Mayor Oreja como candidato para que fuera el cartel electoral del año 2004? ¿Sería un buen presidente del Gobierno?
R. Sería fantástico y un lujo para los españoles tener a Jaime Mayor Oreja de presidente del Gobierno. Pero yo primero lo quiero de lehendakari. España está más asentada como país democrático, pero al País Vasco nos falta todavía hacer una transición de verdad. El País Vasco es una pequeña parte de España que no es libre, donde la gente no está segura de volver a casa por la noche, donde por opinar distinto te matan. Necesitamos tener un lehendakari con las ideas muy claras. Que tenga muy claro lo que es el Estatuto, el autogobierno que nos merecemos, ser punteros en nuevas tecnologías, empresarialmente, en la cuestión social pero que tenga muy claro que no se pueda consentir ni un día más el terrorismo de ETA.

P. Vamos, que prefiere que Mayor Oreja sea primero lehendakari y luego presidente del Gobierno.
R. Sí. Si me dan a elegir, yo prefiero que Jaime Mayor Oreja sea primero lehendakari, y luego presidente del Gobierno. Pero él decidirá.

P. Sea como fuere, muchos le ven como un magnífico candidato a la sucesión .
R. Sí. Pero creo que hay más como él.

Mayor Oreja reprocha al PSOE que abandone a la izquierda social que planta cara al nacionalismo
MADRID. Pablo Planas ABC 24 Diciembre 2001

El presidente del Grupo Popular en el Parlamento vasco, Jaime Mayor Oreja, cree que un cambio de estrategia y tesis en el PSOE respecto al PNV deja sin referente a una izquierda social que, a su juicio, ha tenido mucha más trascendencia en los cambios y en la constitución de una respuesta cívica al terror que la derecha económica y social. Si el sector crítico con Redondo accede a la dirección del PSE, Mayor Oreja augura que la construcción de la alternativa al PNV sufrirá un grave contratiempo y que el PP deberá adaptar sus contenidos y referentes para acoger a la izquierda social vasca

La dimisión de Redondo es «una mala noticia», afirma Jaime Mayor Oreja, que «afecta al conjunto y al rumbo del socialismo español. No puedo ser indiferente, entre otras cosas porque el PP y el PSOE hemos suscrito un Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo en el que hacemos un diagnóstico común de la estrategia nacionalista de Estella y por eso sería un hipócrita si dijera que la dimisión de Redondo no nos atañe». En ese contexto, Mayor Oreja analiza el nuevo escenario con ciertas dosis de pesimismo y bajo el prisma de que, pase lo que pase en el congreso del PSE, eso marcará el futuro del socialismo español y del País Vasco.

- ¿Qué podría ocurrir con al Pacto Antiterrorista si el sector crítico del PSE impone sus tesis?
- El debate de fondo lo protagonizan, tanto en el País Vasco como en el resto de España, los que por un lado dicen que no se puede ser sumiso con el PP y aquellos que plantean sus tesis en base a sus convicciones, sin tener en cuenta otros factores. ¿Qué es más importante: plantear una estrategia común frente a la ruptura a plazos con España que plantea el PNV o abrir también en este asunto una línea de acción contra el Gobierno del PP? Esta pugna es el dato clave de la crisis de los socialistas.

- Así, ¿la falta de apoyo por parte de Zapatero a Redondo, el documento de Eguiguren próximo a la autodeterminación y las críticas fuera del País Vasco a la línea de Redondo antes y después del 13 de mayo se dirigen fundamentalmente a desgastar al Gobierno de Aznar?
- Me remito a los hechos. La crisis no la abre Redondo. Incluso hasta en su dimisión hay un fax del presidente de los socialistas vascos, Benegas, que veinticuatro horas antes hace pública una posición crítica con su secretario general. Para que Benegas haga eso sin duda tiene que tener apoyo, complacencia con sectores, personas o grupos del PSOE.

- ¿El hecho de que Ramón Jáuregui vaya a ser el presidente de la Gestora que conducirá al PSE al congreso extraordinario significa que esos «sectores, personas o grupos» pueden ser definidos como felipistas, dada la propensión de los críticos al acercamiento al PNV?
- Ése es el tema de fondo del socialismo, de todo el socialismo español. Ahí se enfrentan dos líneas opuestas: por un lado, adoptar un grado de tenacidad y perseverancia en la construcción de una alternativa al nacionalismo, que se empieza a configurar el 13 de mayo (fecha de las últimas elecciones en el País Vasco), a partir de nuestras convicciones constitucionales; por otro, quienes en la nostalgia de tiempos pasados, cuando formaban parte de los gobiernos del PNV, y mitificando esos tiempos, creen que el papel del socialismo vasco debe ser contemporizador y estar recostado en el PNV.

- ¿Es atribuible al PNV alguna responsabilidad en las actitudes del PSOE respecto a Redondo?
- El PNV necesitaba romper la unidad de acción del PP y del PSOE. Es evidente que los nacionalistas están felices con lo que ocurre ahora en el seno de los socialistas vascos y ellos, probablemente, modificarán algo de su estrategia en los próximos meses para seguir avivando estas diferencias entre populares y socialistas. Los que quieren romper a plazos están felices con que el bloque constitucional se pueda romper.

EN SOLEDAD
- El PP vuelve a quedar aislado.
- Ellos buscan la soledad del Gobierno y del PP en el País Vasco y se han encontrado con que a algunos sectores del PSOE también les interesa la soledad del Gobierno del PP. Algunos estamos lamentablemente acostumbrados a defender en soledad determinadas convicciones y lo vamos a seguir haciendo. Estoy convencido de que habrá muchos socialistas y muchas gentes de la izquierda que no entienden la posición del PSOE. Nos va a complicar las cosas en el País Vasco a quienes defendemos algo tan sencillo como es la necesidad de una alternativa. Nosotros vamos a perseverar en la alternativa, pero se hará más larga la espera. Creemos que hay muchas gentes de la izquierda que coinciden con más fortaleza, con más ilusión que nosotros los populares en la necesidad de un cambio.

- Con un Gobierno vasco encallado, incapaz de sacar adelante sus presupuestos y buscando la ruptura en la negociación del Concierto, ¿cómo se explica que el PSOE dé semejante balón de oxígeno al PNV?
- Siempre he dicho que el nacionalismo vasco existe por falta de perseverancia en las convicciones por parte de las formaciones políticas españolas. Los nacionalistas están viendo que hay un partido que tiene problemas y van a complicar y dificultar la construcción de la alternativa, pero no la van a impedir, porque socialmente, la alternativa es mucho más fuerte de lo que algunos piensan. Las convicciones de muchos de nosotros están a prueba de bomba (sonríe), hablando en términos figurados y reales. Ahora, está claro que, en un plazo inmediato, los socialistas van a beneficiar al PNV.

- ¿Podría haber hecho algo más Zapatero para impedir la fractura?
- ¿Qué puedo decir de este asunto? No cabe duda que ésa es una pregunta que se tiene que hacer el líder de los socialistas españoles: si su liderazgo debe ser sólo para mediar o para que con la excusa de que media dé la razón a los que quieren quebrar la unidad entre socialistas y populares en el País Vasco. Eso también habrán de analizarlo los electores en las próximas generales.

PACTO ANTITERRORISTA
- Los contenidos del Pacto Antiterrorista son muy claros respecto a los compromisos frente a quienes contemporizan con ETA.
- El pacto, en su preámbulo, hace un diagnóstico de lo que el PNV hizo en Estella. Si alguien cree que el PNV se ha olvidado de Estella, allá con su responsabilidad. Ahora, el PNV no sostiene exactamente el mismo proyecto, porque aquel fue un proyecto de coincidencia con ETA y el actual es de convergencia entre los que quieren romper a tiros y los que quieren romper a plazos. Hay quienes dicen que el PNV irá cambiando poco a poco, pero no cambiará hasta que pierda unas elecciones. Todo lo más podrá facilitar el acercamiento a quienes en un momento determinado apuesten por él. Creer en un cambio en el PNV es de una ingenuidad máxima y sólo se entiende desde la obsesión contra el PP.

- ¿Ha tenido algo que ver en la crisis del PSE el acoso de ETA y los resultados del 13 de mayo, la frustración de no haber superado al PNV?
- A algunos les cuesta mucho reconocer y aceptar lo que se ha logrado en estos años, después del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Ha habido grandes avances y uno de ellos es que en el País Vasco populares y socialistas se entienden en la esencia. El acoso etarra afecta, eso es indudable, pero los socialistas vascos han mostrado una fortaleza inquebrantable. Lo he dicho muchas veces: hay gente de la izquierda en el País Vasco admirable. La izquierda social, sociológica vasca ha sido el gran apoyo del entendimiento del PP y el PSOE, mucho más que la derecha económica y social vasca. El «Foro de Ermua», «¡Basta Ya!», todos los movimientos sociales están sostenidos por la izquierda de la Universidad, por la izquierda social. Ahí la derecha económica y social vasca no ha tenido ningún protagonismo. Por eso es un disparate que sea un partido de izquierdas el que de alguna manera dé la espalda a una base social más de izquierdas que de derechas, que ha tenido mucha más trascendencia que la derecha económica y social en el País Vasco. Ése es el contrasentido de la situación: que los empresarios vascos hayan sido los motores del «Foro de Ermua» o de «¡Basta Ya!» y esa clase de colectivos, no. Ha sido la izquierda la que los ha sostenido esencialmente. Esa gente de la izquierda en el País Vasco, que han abrazado de verdad la Constitución, son las personas que tienen un mayor desconcierto.

- La sensación de orfandad que se les puede crear a esos sectores si finalmente se imponen las tesis críticas en el PSE ¿modificará algunos de los parámetros ideológicos del PP para acogerlos?
- Esperaremos al congreso socialista y esperamos que prevalezcan las tesis actuales. En caso contrario, el PP estará obligado a una tarea de gigantes, que es la de representar en solitario la alternativa, pero lo haremos. Nos comprometeremos a reformular, replantear, ampliar el sentido y significado del PP en el País Vasco. Tendremos la obligación de dar una gran acogida a esa izquierda y la obligación también de transformar nuestro partido en el País Vasco en el sentido de hacerlo más popular que nunca y más popular vasco que nunca.

- ¿Qué significado tiene a su juicio el nombramiento de Ramón Jáuregui como presidente de la Gestora socialista?
- El PSOE no ha anotado el nombre de Jáuregui para ser solamente presidente de la Gestora. Han lanzado un candidato alternativo a Redondo. Otra cosa diferente es que Jáuregui no esté personalmente tras esta estrategia. Es más que probable que se le acabe pidiendo que lidere el partido ante la falta de acuerdo entre los sectores enfrentados. No creo equivocarme.

- En ese supuesto, ¿habría posibilidad de mantener algunas líneas de actuación comunes entre el PSE y el PP?
- Él mismo ya ha dicho que no cree que el PP y el PSOE deban construir una alternativa conjunta.

- ¿Cómo puede aprovechar el PNV la crisis del PSE?
- El nacionalismo vasco al ver que se produce esta situación en el seno del PSE tratará de aprovechar las circunstancias para salir de su crisis. El día 28 tenemos otro pleno en el Parlamento vasco. Ése será el primer test, si es que hay un cambio de actitud del PSE.

- Respecto al Concierto, ¿cree que el Gobierno vasco acabará cediendo ante la tesitura de una prórroga?
- El problema es que en la estrategia política nacionalista no se puede estar en la ruptura y al mismo tiempo establecer acuerdos de duración indefinida, como es el caso del Concierto Económico. Algunos no iban a entender nada, porque no se puede decir «vamos a romper a plazos, a superar desde las instituciones el marco español» y al tiempo firmar un acuerdo financiero y de estructura presupuestaria indefinida. Algunos estrategas del PNV están empujando al desencuentro. Confío, no obstante, que las Diputaciones Forales impulsen el acuerdo.

«Se está en la buena dirección contra ETA»
- En los últimos tiempos han aparecido varios factores que parecen haber debilitado a ETA, como el desencanto de algunos de sus veteranos, las peticiones de los presos para emprender un proceso de tregua, la presión policial y el nuevo clima internacional tras el 11-S. ¿Es optimista respecto a la lucha contra ETA?
- En primer lugar hay que destacar la acción de las Fuerzas de Seguridad del Estado es eficaz y se está en la buena dirección. Una vez que ETA se reconstituye en la mal llamada tregua del 98, todos debemos felicitarnos por la continuidad de la eficacia policial. La Policía y la Guardia Civil están dando un ejemplo perfecto de cómo la tenacidad es el principal instrumento para combatir el terrorismo. El 11-S, además -y digo además porque lo primero ha sido la eficacia policial y la actuación judicial-, crea un ambiente de cooperación internacional que nos permite alcanzar en muy poco tiempo muchas de las iniciativas que preconizamos durante años en las instituciones europeas. La «euroorden» fue un intento que propuse como ministro de Interior a mis homólogos europeos. Ha tenido que ser el 11-S el acontecimiento que hace que la Unión Europea presente el proyecto español de siempre para combatir mejor a las organizaciones criminales transnacionales, como ETA. Se está caminando en la buena dirección en los ámbitos policial, judicial e internacional

Ferraz da un tibio apoyo a Redondo y hace un «guiño» al PNV para abrir una «nueva etapa»
Jáuregui presidirá la comisión gestora de los socialistas vascos hasta el próximo Congreso
El secretario general del Partido Socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, declaró ayer que siempre ha apoyado la línea política del ex responsable del PSE, Nicolás Redondo Terreros, y valoró la valiente decisión del político vasco de que sea el Congreso el que resuelva los problemas de esta formación. Sin embargo, el líder de los socialistas consideró que es imprescindible mantener una actitud de continuidad en el diálogo con el PNV y añadió que el PSOE no tiene que modificar sus posiciones de fondo, «pero tenemos que intentar que el PNV esté más cerca de la construcción».
Redacción - Madrid.- La Razón  24 Diciembre 2001

El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, reconoció ayer que existe un debate abierto en el seno del PSE en relación a la línea política de liderazgo y dirección y matizó que fue el ex secretario general del PSE, Nicolás Redondo Terreros, el que ha querido que sea el Congreso el que marque las directrices de la nueva etapa del Partido Socialista de Euskadi. Zapatero, en una entrevista emitida por Televisión Castilla y León, recordó que la Dirección Federal siempre ha respaldado a Redondo y añadió que «yo he apoyado la línea política de Redondo y valoro su valiente decisión de que sea el Congreso el lugar donde se diriman los problemas del PSE», señaló. Asimismo, el secretario general de los socialistas apuntó que el Congreso dará «más fuerza» a Redondo Terreros y mostró su deseo de que se lleve a cabo un proceso democrático con un debate esperanzador para la convivencia de los vascos y el final de la violencia.

Debate en el PSE
Zapatero subrayó que después de las elecciones del pasado 13 de mayo había un horizonte de debate abierto en el seno del PSE sobre la definición del futuro para que el socialismo vasco fuese bastión de la libertad, defensor de los derechos fundamentales y de la Constitución y un modelo para articular una convivencia más plural y amable en la sociedad vasca.

Sobre las relaciones con el PNV, Zapatero consideró imprescindible el mantenimiento de una actitud de continuidad en el diálogo y añadió que el PSOE no tiene que modificar sus posiciones de fondo, «pero tenemos que intentar que el PNV esté más cerca de la construcción, además de que vea la botella medio llena y no medio vacía». El secretario general del Partido Socialista recordó que el objetivo prioritario es acabar con el terrorismo, lo que hace al Gobierno vasco «imprescindible» y añadió que la relación entre los Gobiernos vasco y español tiene que ser buena «porque tienen que entenderse». No obstante, Zapatero matizó que el Partido Socialista se esfuerza para que la fortaleza de la unión contra Eta «sea lo más eficaz posible, y eso lo haremos pese a las consecuencias electorales que conlleve», concluyó.

El secretario de Organización de los socialistas, José Blanco, declaró por su parte respecto a este posible cambio de estrategia con el nacionalismo vasco que el suyo es «un partido que tiene un proyecto autónomo, que tendrá que refrendar en ese Congreso, que tiene vocación de mayoría, de ser una fuerza que dialogue, que acuerde y que sea punto de encuentro con otras fuerzas democráticas».

Gestora
Hasta que se celebre la trascendental cita para aclarar el futuro de los socialistas vascos, el diputado por Álava Ramón Jáuregui será el encargado de presidir la Comisión Gestora del PSE. Esta comisión, que se constituirá el próximo jueves, estará formada por los secretarios generales de las tres provincias vascas: Patxi López (Vizcaya), Manuel Huertas (Guipúzcoa) y Javier Rojo (Alava). La decisión fue adoptada por la Secretaría de Organización de la Comisión Ejecutiva Federal «después de escuchar» a los secretarios generales provinciales y a otros miembros del partido en País Vasco.

El impresentable
Amando de Miguel Libertad Digital  24 Diciembre 2001

Me sumo a esa iniciativa de los barceloneses. Piden que se cambie el nombre a la calle Sabino Arana. No soy partidario de alterar porque sí los nombres de las calles. Es bueno que convivan nombres de liberales, carlistas, republicanos, franquistas, demócratas y nacionalistas. Los nombres se ponen según van llegando. Pero hay algunos impresentables. Uno de ellos es el tal Arana. Parece mentira que siga siendo el ideólogo de un partido que se dice democrático. El aranismo fue una forma de integrismo. Tiene su sitio en la Historia, nada más. Su calle debe pasar a ser la de Cervantes.

Zapatero y el asno de Buridán
Manuel Martín Ferrand La Estrella 24 Diciembre 2001

J
ean Buridán, que llegó a rector de la Universidad de París en el segundo cuarto del siglo XIV, era un filósofo escolástico al que hoy conocen todos los niños franceses. Es más, la tradición de llamarle “burro” al que no aprende y de castigarle presentándole con unas orejas de asno ante sus condiscípulos —vigente en Francia hasta hace relativamente poco tiempo— viene de él.

En nuestros días, poco dados al humanismo y menos aún al conocimiento de cosas “inútiles”, el único recuerdo vivo de ese viejo filosofo, a quien inquietaba especialmente el análisis de la libertad psicológica —el libre discernimiento del hombre— es el conocido asno de Buridán. Es una fábula que viene de Aristóteles y en la que un pobre borriquillo, que tiene hambre y sed, llega a morir de inanición, colocado frente a un pesebre repleto de cebada y un manantial de agua cristalina por resultar incapaz para decidir si su hambre era mayor que su sed o su sed más grande que su hambre. Así, duda que te dudarás, expiró el animal por falta de agua y pienso.

Los últimos pasos políticos de José Luis Rodríguez Zapatero tienen ese estilo, el del asno de Buridán. El hombre, cosa impropia del carácter leonés, parece encarnar los muy pretenciosos versos de Francisco de Icaza:

“Para qué contar las horas
de la vida que se fue,
de lo por venir que ignoras?
¡Para qué contar las horas!
¡Para qué!

¿Será Zapatero un animal —con perdón— de sangre caliente? Tras su largo letargo parlamentario, en el que ni los suyos tuvieron plena conciencia de su existencia, el hoy secretario general del PSOE hizo, con la involuntaria ayuda de Joaquín Almunia y Josep Borrell, una brillante y esperanzadoras entrada en el escenario de la política. Su apariencia moderada, su buena educación —valor exótico en la muy grosera vida pública— y el contraste con la achulada conducta de Felipe González hicieron de Zapatero una apuesta sólida para la recuperación socialista en la vida española.

Según van pasando los días, en la medida en que los datos van sustituyendo a las hipótesis, Zapatero recuerda al más arriba citado asno de Buridán. No es que dude, es que se trata de una duda andante, con pantalón y chaqueta. Supongo que ser el líder de una familia dividida, como es la socialista, y moverse entre el federalismo asimétrico de Maragall y los gozos y las sombras de Rodríguez Ibarra, entre la untuosa y perversa suavidad de Bono y la autónoma independencia de Chaves, no debe ser cosa fácil, y menos aún si sobre todos ellos sobrevuela el fantasma de González.

Algunos conmilitones de Zapatero, proclives al optimismo, sostienen que, al igual que el romano Claudio, el leonés se hace el tonto para poder llegar a líder viejo. Pudiera ser así y, en ese caso, sería de alabar su prudencia; pero sin llegar a olvidar eso tan lúcido que dicen en mi pueblo: para hacer tortillas es imprescindible romper huevos.

El momento que atraviesa el PP, con un presidente que está encantado de haberse conocido y en una sorda guerra de sucesión encriptada en las labores de gobierno, es ideal para el progreso de una oposición activa; cosa que, por otra parte, podría estimular y revivir una vida política paupérrima. Si Zapatero, en la duda entre la cebada y el agua, sigue sin probar bocado, estará perdiendo la gran oportunidad de su vida y nos estará haciendo perder a todos la legitima ambición de disponer de una oposición que: a) sea una verdadera alternativa de poder, y b) sirva de estímulo y exigencia al poder de turno.

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