AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 29 Diciembre  2001
#El Estado, en juego
César ALONSO DE LOS RÍOS. Periodista y escritor ABC 29 Diciembre 2001

#El Concierto imposible
Editorial La Razón 29 Diciembre 2001

#El terror y la tesis del conflicto
Ignacio SÁNCHEZ CAMARA ABC 29 Diciembre 2001

#La Sección de puertas giratorias
EDITORIAL Libertad Digital 29 Diciembre 2001

#PRISA contra el marco constitucional
Enrique de Diego Libertad Digital 29 Diciembre 2001

#Concierto prorrogado
Editorial ABC 29 Diciembre 2001

#Jugar con pólvora
FERNANDO ONEGA El Mundo 29 Diciembre 2001

#México lindo
Jaime CAMPMANY ABC 29 Diciembre 2001

#El Partido Socialista Vasco
DANIEL MUGICA El Mundo 29 Diciembre 2001

#Una victoria pendiente de prueba
Lorenzo CONTRERAS La Razón 29 Diciembre 2001

#Los vídeos de Ben Laden son actos terroristas
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 29 Diciembre 2001

#ETA destruye con cinco kilos de dinamita una central de Telefónica
ISABEL CAMACHO  Bilbao El País29 Diciembre 2001

#El fuero y el huevo
FRANCISCO JOSÉ LLERA RAMO El Correo 29 Diciembre 2001

El Estado, en juego
Por César ALONSO DE LOS RÍOS. Periodista y escritor ABC 29 Diciembre 2001

Las relaciones entre el poder y la oposición están abocadas en España a la radicalidad en la medida en que nuestro muy especial sistema autonómico lleva a poner en cuestión el Estado mismo. Las luchas partidarias que en otros países se articulan en torno a programas de gobierno aquí amplían sus objetivos a la estructura misma del Estado. A causa de esto nuestra vida política tiene un carácter especialmente inquietante: estamos instalados en la precariedad, estamos condenados a la provisionalidad y no precisamente porque esté en juego el cambio de partido en el poder, sino porque está en vilo permanentemente la organización de la convivencia.

Esta situación de radical labilidad en punto al modelo de Estado es favorecida por el sistema de partidos que se hizo a la medida del autonomismo: formaciones nacionalistas, por un lado, y partidos estatales por otro, y éstos con una estructura federal (PSOE e IU). El PP aparece como una excepción aunque no por ello deja de estar condicionado por el conjunto: le resulta imposible escapar a los compromisos, a los pactos, a las exigencias regionales.

A partir de esta propensión a la radicalidad y a la inestabilidad derivadas de la propia lógica del sistema, resultan especialmente peligrosos los oportunismos de unos (desde González a Madrazo) y las creencias «nacionales» de otros (Pujol, Maragall, Arzalluz...). De ahí que sea clave la orientación que el nuevo secretario general del PSOE pueda dar al primer partido de la oposición. Y ¿hacia dónde apunta éste?

Para algunos observadores, hay señales suficientes como para concluir que José Luis Rodríguez Zapatero y los felipistas han llegado a un entendimiento estratégico. Se diría que, «al fin», éste ha comprendido la necesidad de radicalizar las posiciones frente al Gobierno, tanto por lo que se refiere a las formas clásicas de oposición (la virulencia de la lucha contra la LOU sería un ejemplo) como por lo que respecta a las basadas en las reivindicaciones territoriales. «Al fin», Zapatero habría aceptado que la derrota del PP pasa por los cambios de poder en las Comunidades y éstos, por un cambio del modelo de Estado. Si este análisis fuera correcto, tendríamos razón para sentirnos alarmados quienes seguimos teniendo conciencia de Estado y de lo que significa «este» Estado para nuestra convivencia. Sabemos que una confrontación política planteada en estos términos desborda los problemas de la alternancia para dar paso a muy graves desigualdades regionales, a la pérdida de las garantías de los derechos fundamentales en buena parte de la sociedad española (incluido el derecho a la vida) y a una carrera hacia la disgregación.

La tentación del PSOE, más allá de la legítima aspiración a los poderes central y regionales, es acceder a éstos mediante el compromiso con los nacionalismos, una veces apoyándoles en sus reivindicaciones y otras convocándoles a nuevos desafíos. Por supuesto esta estrategia no se presentará como un asalto al Estado sino en virtud de un mandato constitucional: la coronación del sistema autonómico, el reconocimiento de un supuesto pluralismo nacional implícito en la Carta Magna. Para los nacionalistas y muchos socialistas, ésta cumplirá el fin para el que fue pactada cuando se haga carne el reconocimiento pleno de las tres nacionalidades históricas, en absoluto tres autonomías más.

Hay indicios para pensar que la dirección del PSOE está tanteando las posibilidades de esta estrategia «territorial», probada a medias hasta la fecha con resultados agridulces. Este es el sentido de la reforma del Senado como cámara alta de un futuro Estado confederal, así como el de otras batallas, menos ambiciosas institucionalmente aunque de gran importancia simbólica, como es la aspiración del gobierno de Vitoria a representar al País Vasco en Bruselas. Y no es desdeñable como operación de desgaste de la soberanía del Estado el viaje de Zapatero a Marruecos.

En el caso de la reforma del Senado, el PSOE pretende ser la vanguardia de las reivindicaciones nacionalistas. La nueva cámara vendría a satisfacerlas en parte, en la medida que las nacionalidades históricas gozarían de una situación privilegiada respecto a las otras Comunidades. De este modo, entre las ventajas que ya da la ley electoral actual a los partidos nacionalistas y las que se derivarían de este tipo de Senado, se retornaría al reconocimiento de los hechos diferenciales de Cataluña, País Vasco y Galicia, como «naciones».

La discusión sobre la representación del Gobierno de Vitoria en la Unión Europea es una aplicación concreta de la gran batalla soberanista. El triunfo en este punto sería un adelanto de la competencia plena del Gobierno vasco en la representación exterior. La introducción de este punto en el debate sobre la renovación del Concierto Económico ha sido una forma de probar las actitudes del Gobierno central, del PSOE y de la sociedad española (medios de comunicación, líderes sociales, etcétera).

Por fin, el viaje de Zapatero a Marruecos ha constituido una agresión a la soberanía del Estado en cuanto lo ha sido para el Gobierno de la Nación, residencia de aquella en política internacional. Cualquier comparación con cualquier otro viaje de un líder de la oposición no tiene el más mínimo sentido. En ningún caso el Gobierno del país visitado había retirado a su embajador. En definitiva, la «mediación» de Zapatero es un ejemplo de la nueva estrategia socialista.

Por supuesto, la dirección del PSOE «venderá» esta fase suprema del autonomismo como un proceso indoloro. Nada de controladas voladuras del sistema, como les gusta decir a los nostálgicos del unitarismo. Según ellos se tratará de simples relecturas de la Constitución. ¿Quién podría oponer «patriotismos constitucionales» a soluciones tan sensatas? Para los socialistas y los nacionalistas aun no se han satisfecho las aspiraciones de las nacionalidades «históricas»: el Estado autonómico está en falta, todos estamos en falta, incluidos los humillados por la comunidad euskaldún, o los castellano hablantes obligados a considerar el catalán como la lengua «propia», o los que viven en la más radical inseguridad por oponerse a las concepciones etnicistas...Todos están en deuda con los que defienden un modelo de Estado que estaría en contradicción con sus intereses más elementales. ¿Acaso los mismos etarras no abandonarían el crimen si cambiase aquél?, se viene a decir. Por supuesto, los defensores de la superación del autonomismo consideran que el salto de las nacionalidades históricas a naciones no tendría unas tendencias centrífugas, disgregadoras, sino que vendrían a confluir en el rompeolas en que se convertiría el Senado, el nuevo Senado.

Socialistas y nacionalistas presentarán el cambio de modelo de Estado, realmente desestabilizador, como una superación del esencialismo españolista y del unitarismo de los nostálgicos de la España Imperial, cuando lo que pretenden desbordar es el sistema autonómico más radical del planeta. Los nacionalistas, a cambio de la conquista de la soberanía plena; los socialistas, a cambio del acceso a los poderes territoriales.

El Concierto imposible
Editorial La Razón 29 Diciembre 2001

Resulta literalmente imposible concertar un acuerdo cuando una de las partes otorga rango previo de imprescindibilidad a una reivindicación que la otra parte ni puede ni debe admitir, y que precisaría en todo caso de otros ámbitos de discusión. Esto es, en esencia, lo que ha ocurrido con las frustradas negociaciones para la renovación del Concierto Económico con el País Vasco, en las que el empecinamiento, en este caso altamente sospechoso, de los enviados del Gobierno de Ibarreche en introducir el concepto una representación autonómica directa en la UE, ha sido la única y exclusiva causa de la ruptura. Una ruptura que supondrá un varapalo para la economía vasca, como bien interpretan los empresarios de la Comunidad, pero que parece convenir hoy políticamente al PNV. Y, ya se sabe, cuando el caso ayuda a la estrategia soberanista que marcan Arzallus y Eguibar, todas las consideraciones se someten a la directiva, aún a costa de torpedear un elemento básico para el desarrollo del País Vasco como es el Concierto.

La responsabilidad del Gobierno del Partido Popular está a salvo. Es más, cabe felicitar al Ministerio que dirige Cristóbal Montoro por haber sido lo suficientemente previsor como para haber llevado ante el Consejo de Ministros una prórroga del actual Concierto para el caso de que no fuera posible acordar uno nuevo. Se intuía sin duda que el interés del equipo de Ibarreche no era el de alcanzar un acuerdo y que la inclusión de la reivindicación europea era, más que otra cosa, una excusa para ahondar en un camino de ruptura con el Estado. Por eso resulta inadmisible que alguien pueda aplicar en este asunto la conocida estrategia de la equidistancia, apelar al deificado «diálogo» (imposible cuando una las partes no quiere oír), y calificar de «inflexibles» por igual a Vitoria y Madrid. Y es inadmisible por cuanto es rigurosamente falso que Montoro se haya negado a negociar, como evidencian los avances en las cifras concretas del cupo correspondiente a cada Hacienda foral. Es, además, el Departamento de Montoro el que ha sido más flexible hasta toparse con el muro del trágala imposible impuesto por el equipo de Ibarreche.

Montoro no podía legalmente, ni debía políticamente, aceptar imposición alguna en ese sentido y ha hecho bien en plantarse y no caer en el lazo tendido por el nacionalismo vasco. Como hace bien en abrir una puerta para que las verdaderas detentadoras de los derechos forales históricos, las Diputaciones, puedan negociar directamente el cupo correspondiente a cada una de ellas. Si ello pudiera «desestructurar» o dañar en alguna medida al autogobierno vasco, sería responsabilidad exclusiva de quienes, como hace el PNV, anteponen una política partidista y soberanista al deber de administrar lo mejor posible los recursos en función del interés general de todos los ciudadanos, sin exclusión alguna, que es precisamente la razón de ser de la Autonomía del País Vasco.

El terror y la tesis del conflicto
Por Ignacio SÁNCHEZ CAMARA ABC 29 Diciembre 2001

La dimisión de Nicolás Redondo, con independencia de hipótesis y conjeturas, sólo puede deberse a la falta de apoyo de un sector importante de su partido en el País Vasco, y, quizá, de la dirección nacional. Triste para el PSOE, triste para el País Vasco, triste para España. Su actitud cívica ha sido ejemplar. Su presunta entrega al PP es pura falacia. Pero aunque fuera cierta, todavía tendrían sus críticos que probar que entre el desgaste y la soledad del Gobierno, por un lado, y el bien público, por otro, una oposición responsable deba optar por lo primero y sacrificar lo segundo. Ignoro la responsabilidad de Zapatero en la crisis del socialismo vasco, pero si no está con Redondo, su inconsistencia tendrá un nuevo argumento.

Todo parece indicar que vuelve a intentar imponerse el sector partidario del acercamiento al PNV, es decir, partidario del desvarío que llevó al nacionalismo a la hegemonía y al PSE a la condición de poco más que comparsa. Un sector que prefiere el entendimiento con el PNV a la intransigencia en defensa de la Constitución. Y que no está dispuesto a hacer nada que pueda beneficiar al PP, aunque beneficie también a España, a la libertad y al decoro político. Por supuesto que es necesario el diálogo con el PNV y que sería bueno atraerlo a la senda constitucional, no romper amarras con él, evitar la formación de un bloque separatista. Tampoco hay que olvidar que el nacionalismo vasco es una realidad compleja, y que no todos sus votantes se identifican necesariamente con los disparates de Arzalluz ni son separatistas. Pero la realidad actual de un partido la determinan sus dirigentes actuales. La mano tendida al nacionalismo desde el lado constitucionalista no puede romper el pacto antiterrorista, pues se trata de una realidad muy superior desde el punto de vista político y, sobre todo, moral. El diálogo no puede ser unidireccional ni consistir en plegarse al monólogo de la otra parte.

Me parece que el problema moral del PNV consiste en que no quiere el terror pero sí comparte los objetivos que éste persigue, al menos en parte. Por eso en ocasiones parece que lo explica o incluso lo justifica. Es la consecuencia de la tesis del conflicto político. Pero aquí es donde hacen su entrada las mentiras históricas, las falacias, las reivindicaciones bastardas y la tentación totalitaria y excluyente del nacionalismo vasco: la pretensión de la existencia de un conflicto histórico entre España y el País Vasco, del que el terrorismo sería una manifestación, criminal, pero inevitable. Sólo la solución del conflicto, es decir, la autodeterminación, puede acabar con el terrorismo. Lo que traducido quiere más o menos decir que sólo con la victoria de los terroristas, única solución justa del histórico conflicto, puede acabarse con el terror. Esto es lo que hace que sea tan difícil entenderse con el PNV, si se defienden la unidad de España, la Constitución y la libertad. Pero el terror no es una consecuencia del conflicto; él es el conflicto. Si cesa el terror, cesa el conflicto, pues quedaría sustanciado por la vía democrática, a través de la Constitución y el Estatuto. Por estas razones no es posible mantener una equidistancia entre nacionalistas y no nacionalistas. Ni sufren igual, ni tienen la misma razón, ni la misma dignidad política y cívica.

Esta errónea actitud socialista que ha llevado a la dimisión de Redondo se nutre además de un argumento que considero falso: la necesidad de cambiar de estrategia después de la derrota electoral de los dos grandes partidos nacionales. Olvidan que obtuvieron, en conjunto, el mejor resultado desde el comienzo de la transición y que nada impide que, perseverando en la actual línea de decencia política y de unidad en torno a la Constitución, puedan alcanzar la victoria en las próximas. Lo que garantizara el triunfo del PNV es la entrega de los diputados del PSOE, a cambio de un poco de poder y otro poco de desgaste y aislamiento del PP.

La Sección de puertas giratorias  
EDITORIAL Libertad Digital 29 Diciembre 2001

Ya hace algún tiempo que en la Audiencia Nacional se conocía a la Sección Cuarta de la Sala de lo Penal como la “sección de puertas abiertas”, porque los presos relacionados con ETA que tenían la suerte de recaer en ella salían en libertad. La excarcelación de Pepe Rei, la liberación, en abril, de la primera tanda de miembros de EKIN, y de la segunda -hace sólo una semana- han transformado el jocoso mote en una definición precisa, ajustada a los hechos.

Parecía que no era posible ahondar más en el despropósito (sobre todo cuando el Parlamento Europeo ha incluido en la lista de organizaciones colaborantes con el terrorismo a EKIN). Sin embargo, la famosa Sección Cuarta concedió el pasado sábado a Carlos Ruiz de Santamaría -acusado de introducir en España más de 10 toneladas de cocaína, delito para el que el fiscal solicita 60 años de prisión- la libertad bajo fianza de ¡cinco millones de pesetas!, apoyándose en el informe de un psiquiatra de la prisión de Valdemoro, quien le diagnosticaba al acusado un “trastorno bipolar de la conducta” (manía depresiva), para el que recomendaba tratamiento ambulatorio (sin internamiento en un centro penitenciario especial). Ruiz de Santamaría, quien debía presentarse ante el juzgado más próximo cada quince días, justificando haber recibido el tratamiento prescrito, se encuentra en paradero desconocido, por lo que la Sección Cuarta no ha tenido más remedio que dictar orden internacional de busca y captura.

Summa iuria, summa iniuria, decían los romanos. El exceso de celo garantista de los magistrados de la Sala Cuarta - Carlos Cezón, Juan José López Ortega y Carlos Ollero- produce aberraciones que se dan de bruces con el sentido común. La legislación vigente prevé la posibilidad del no internamiento en centros penitenciarios especiales de los reclusos afectados de enfermedad mental. Pero en ningún caso prescribe que el tratamiento ambulatorio deba ser realizado fuera del centro penitenciario, sobre todo si se tienen en cuenta los avances de la farmacopea en este campo. Además, en cualquier caso, el informe médico no es vinculante, pues la decisión última corresponde al juez; y en este caso, dada la magnitud de la pena, el riesgo de fuga era evidente.

Los “patinazos” de la Sección Cuarta serían difíciles de explicar -sobre todo cuando Cezón ha sido juez de vigilancia penitenciaria- si no se diera la circunstancia de que tanto Cezón como López Ortega -notorios “progresistas” afines al PSOE- , mantienen una sorda rencilla particular con Garzón -juez instructor tanto de los casos de Pepe Rei, como de los de EKIN y este último- sobre criterios acerca de la lucha antiterrorista. El propio Carlos Ollero -que en los casos de EKIN sí conservó el sentido común- ha manifestado que sus compañeros “viven de espaldas al terrorismo” y ha acusado a la Sala de “cercenar la instrucción de Garzón”. Al parecer, tanto Cezón como López Ortega necesitan ver al etarra con el detonador en la mano y la pistola humeante para dar crédito a las instrucciones de Garzón... a no ser que -como la Asociación de Víctimas del Terrorismo instaba a investigar al CGPJ- las decisiones de estos jueces estuvieran condicionadas por el miedo.

Es difícil saber si en un caso tan flagrante como el de Ruiz de Santamaría, la Sala Cuarta se ha dejado llevar por la costumbre de enmendarle la plana a Garzón, o bien por una interpretación excesiva del in dubito, pro reo (tan frecuente en los “progresistas”, cuya medida de las garantías que el sistema judicial ofrece parece ser el número de delincuentes excarcelados). Pero lo que parece evidente es que la Sala Cuarta de la Audiencia Nacional, cuya razón de ser es juzgar con rigor los delitos especialmente graves (terrorismo y narcotráfico) sin que influyan en los magistrados circunstancias locales de coacción o intimidación, ha dejado de ser una “Sala de puertas abiertas” para convertirse en una “puerta giratoria”. Ante semejante despropósito, el CGPJ y el Gobierno deben tomar nota de que algo tiene que cambiar: la ley, el sistema de selección de los magistrados, el procedimiento de instrucción de los casos... lo que sea. Las víctimas de los terroristas y de los narcotraficantes merecen un mínimo respeto.

PRISA contra el marco constitucional  
Enrique de Diego Libertad Digital 29 Diciembre 2001

La mayéutica entre Juan Luis Cebrián y Felipe González (“El futuro no es lo que era” o cualquier tiempo pasado fue mejor) tiene algunas características resaltables: a) es la conversación entre dos políticos, b) Cebrián se sitúa en una posición sistemáticamente más radical que la de Felipe González; c) Cebrián asume la legitimidad ideológica de un supuesto felipismo sociológico; d) Cebrián utiliza a Felipe González para arremeter contra Zapatero en dos cuestiones: País Vasco-pactos con el PP y política internacional.

Antes de entrar en la materia de mayor enjundia, es preciso hacer algunas consideraciones. Resultan abrumadoras las ocultaciones. Las dos más clamorosas son las relativas al terrorismo de Estado y al fracaso económico de los gobiernos felipistas, motivo fundamental de la derrota electoral (ya había corrupción cuando el PSOE obtenía mayoría absoluta y todos sus frentes desvelados en 1993 cuando aún ganó).

La importancia de un diálogo en sí insustancial estriba en que desde la publicación del libro, los acontecimientos en el partido socialista se han encaminado por la senda reaccionaria marcada. Zapatero está actuando al dictado. Se está siguiendo un proceso de suplantación por el que un grupo de comunicación termina por imponerse a un partido, con el agravante esquizofrénico de que el grupo no se presenta a las elecciones.

Algunas citas del ideólogo Juan Luis Cebrián son suficientemente significativas:

“Un pacto antiterrorista sellado sólo entre dos partidos me parece casi una aberración, porque es como dar por sentado que la lucha antiterrorista no corresponde al conjunto de las fuerzas democráticas. Y firmarlo entre dos organizaciones, e invitar a las demás a que se sumen, es toda una arrogancia”.

“Los acuerdos entre el PSOE y el PP, a mí me parece que pueden ser una trampa para la oposición”.

“Da la impresión de que Rodríguez Zapatero firma con el PP porque tiene una especie de mala conciencia, no sé si él o el partido, como si se hubieran asumido las acusaciones de la derecha, eso de que los socialistas tienen que purgar la corrupción y los crímenes de Estado. Independientemente de que haya habido crímenes y corrupción, esa mala conciencia que aparece en determinadas actitudes del partido socialista actual es rechazada por muchos de sus votantes. Es como si el nuevo líder del PSOE necesitara comportarse como un chico educado para volver a ser aceptado por la derecha”.

“Ahora los socialistas actúan como si tuvieran que dejar patente y claro que han purgado ya, que éste es otro partido y que el felipismo ha terminado”.

“También da la sensación de que Zapatero piensa que tiene tiempo por delante y puede administrarlo para llegar al poder. Claro que el problema no es si él tiene tiempo o no, el problema es que representa las voluntades de millones de españoles que miran otro calendario. La gente que vota una opción no está en plan de ver si dentro de doce años este hombre, tan simpático y educado, funciona y nos gobierna, lo que pretende es que haya una alternativa política, moral, de todo tipo, en las próximas elecciones. Y me preocupa, más todavía, la percepción de que hay a quien le encanta ser el segundo”.

Insistente es en la necesidad de una reforma constitucional, que no concreta, referida al País Vasco, con lo que, al margen de toscos y beatos ocultismos, sólo puede entenderse como un intento de abrir la espita para el secesionismo: “Me pregunto si tiene solución la convivencia en el País Vasco sin una reforma constitucional, o al menos sin una relectura de la Carta Magna”.

Tal es la visceralidad de Cebrián, que persona tan poco sospechosa como Felipe González tiene que tascar el freno: “no soy partidario de estar cambiando la Constitución, que debe dar estabilidad” y llega a considerar la postura de Cebrián movida por la “impaciencia”.

Éste no se recata en dar consignas chusqueras. “Pues habrá que decírselo a tus compañeros” (respecto a la defensa de los nacionalismos).

El desmantelamiento del PSE como puntal del constitucionalismo, frente a la ultraderecha nacionalista y su proyecto totalitario, está relacionado con este factor PRISA, en el que dicho grupo ha decidido asumir las esencias del felipismo, porque para ellos cualquier tiempo pasado fue mejor. No sólo condicionan cualquier interés general -como el de la libertad personal- al suyo, sino que han decidido situar a Zapatero (y al propio González) en la posición de títere. El País Vasco es la cuestión clave para esta estrategia de suplantación (letal para el partido que la padece, hay ya experiencias autonómicas). ¿Puede un grupo de comunicación, mediante la presión a los aparatos, modificar el sentir de un electorado, que ha respaldado a Nicolás Redondo con los mejores resultados de la historia del socialismo? La respuesta se dirime en los próximos meses. El objetivo final del grupo PRISA -si consideramos a Cebrián representativo de sus intereses e ideas- es acabar con el marco constitucional y favorecer la independencia de Euzkadi.

Concierto prorrogado
Editorial ABC 29 Diciembre 2001

A Ibarretxe y a su partido le hacen falta argumentos más convincentes que el del manido victimismo para explicar por qué han hecho imposibles los acuerdos necesarios para renovar el Concierto Económico y aprobar los Presupuestos de 2002 para el País Vasco. Echar la culpa al Gobierno de Madrid o a la oposición no nacionalista puede satisfacer la urgencia política de explicar al propio electorado las razones de ambos fracasos y, al mismo tiempo, eludir las responsabilidades que incumben al Ejecutivo de Vitoria. Pero la realidad es que el nacionalismo no ha sabido o no ha querido gestionar de forma pacífica ambas cuestiones, que son los fundamentos económicos de la autonomía vasca. Por el contrario, en ambos compromisos se ha revelado nítidamente la voluntad del Gobierno vasco y del PNV de no buscar acuerdos sino adhesiones y sumisiones. Con este criterio táctico al PNV parece no preocuparle el coste de sus fracasos si con ellos alimenta el discurso de la confrontación con el Estado, imprescindible para avivar la estrategia soberanista. Sin embargo, el nacionalismo no ha salido indemne de estos lances, porque está jugando con la estabilidad de la privilegiada economía vasca, lo que no gusta a sectores sociales del País Vasco normalmente reacios a cuestionar de forma pública las políticas generales del PNV. En concreto, los empresarios vascos, a través de sus diversas organizaciones -Confebask y el Círculo de Empresarios-, han manifestado en estos días, por separado, su preocupación por la reducción del crecimiento de la economía vasca para el próximo año y por los perjuicios que entraña el soberanismo para el futuro económico de la Comunidad. La respuesta de Ibarretxe ha sido aumentar las dudas y las inseguridades.

En términos políticos, la actitud del PNV en la negociación del Concierto es un paradigma de la mala fe en una negociación y de la supeditación del interés general al interés partidista. La renovación pactada no ha sido posible porque el Gobierno de Ibarretxe no la quería. Para el PNV, la descalificación del Estatuto de Autonomía como punto de encuentro de los vascos tenía que completarse con la superación del Concierto como pacto con el Estado, para convertirlo en la primera manifestación de una soberanía efectiva, con proyección internacional. La exigencia de que las instituciones vascas tuvieran presencia en los Consejos de Ministros de la Unión Europea ha sido la excusa para condicionar y luego frustrar un acuerdo que desde hace tiempo estaba cerrado en sus aspectos tributarios, los únicos que había que discutir. Un acuerdo con el Gobierno de Madrid habría sido una contradicción insuperable con el discurso nacionalista de enfrentamiento entre el País Vasco y el Estado, salvo que ese pacto hubiera permitido trasladar a la Unión Europea el reconocimiento de una soberanía vasca embrionaria. El Gobierno central ha actuado con la lógica de un Estado cuyas competencias exclusivas -como la representación internacional- no son disponibles, como moneda de cambio de pactos políticos. La negativa a aceptar la presencia de las instituciones vascas en los Consejos de la UE está plenamente justificada y es necesaria para hacer ver al PNV que su política de inflación nacionalista tiene unos límites que se harán valer por las vías legales y democráticas. La prórroga del Concierto actual, lejos de ser un acto de imposición unilateral -por definición no puede serlo una Ley del Parlamento nacional que representa a todos los ciudadanos vascos, como al resto de los españoles-, sino el compromiso de las instituciones del Estado con la permanencia de la peculiaridad fiscal vasca. El error de cálculo del nacionalismo ha sido menospreciar la capacidad de reacción del Gobierno y creer que iba a actuar con el brazo encogido ante el temor de ser presentado como el responsable del fracaso de la renovación del Concierto. Ha quedado claro que el nacionalismo vasco ya no intimida. Ibarretxe puede seguir tensando la situación, lo que obligará al Gobierno a plantearse una negociación directa con las Diputaciones Forales, o recuperar un elemental sentido de la responsabilidad de gobierno para reanudar las negociaciones de una manera sincera. Por ahora, lo que hoy saben los ciudadanos vascos es que su Concierto Económico está vigente gracias al Parlamento nacional y al Gobierno central.

Jugar con pólvora
FERNANDO ONEGA El Mundo 29 Diciembre 2001

La dirección del Partido Socialista sigue buscando su sitio. Como no hay ideología que vender, todo se les vuelve estrategia. El gran PSOE que pilotó el cambio y consolidó la primacía del poder civil en España es ahora un simple buscador de estrategias para intentar el retorno a la casa de Moncloa. Rodríguez Zapatero diseñó una, que consistía en llevarse bien con el Gobierno, firmar pactos a destajo y ser un hombre razonable y tranquilo que aplaude lo bueno y critica suavemente lo malo.

Esa técnica duró menos que un caramelo a la puerta de un colegio: el tiempo justo para darse cuenta de que no deteriora al Gobierno Aznar; lo consolida. A los gobiernos no se los deteriora con complacencias, sino con investigaciones, razonamientos y calculados acosos. El PSOE no lo hizo, porque Zapatero quiere ser un gentleman.El actual secretario general parece una hermanita de la caridad, al lado del González y el Guerra que hemos conocido frente a Adolfo Suárez. Las consecuencias de tal bonhomía estaban ayer en los periódicos. La última encuesta del CIS reveló algo insólito: la sociedad española es mucho más crítica que la oposición respecto a la situación política y económica. ¿Les parece razonable?

Al PSOE tampoco. Por eso intentan un giro. No están cómodos en el lugar estratégico donde los situó Zapatero. Endurecen el discurso en el Parlamento. Ensayan la agresión dialéctica. Se apuntan a los movimientos de protesta social. Creo que se arrepienten de algunos pactos. Y buscan distanciarse del PP en todo aquello donde están contaminados. Eso es lo que está pasando en la banda izquierda de este país.

No se les puede hacer ningún reproche por ese viraje. Es su derecho y, quizá, su forma de supervivencia. Lo discutible es el escenario escogido para iniciar la maniobra de distanciamiento: el País Vasco. En las últimas elecciones se han sentido acólitos del PP y lo pagaron en votos. Hasta ahora seguían dando la misma imagen de seguidismo. Y ahora sienten la necesidad de volver a donde estaban: al centro político de Euskadi. Para ello, necesitan lavarse el barniz pepero, recuperar la adhesión de socialistas como Odón Elorza y preparar la senda del entendimiento con el PNV.

Es una opción tan lícita como cualquier otra. Pero tiene dos grandes inconvenientes: el riesgo de división interna, y la posición étnica y soberanista en que se encuentra el PNV. Supongo que el primer peligro lo habrán ponderado en Ferraz. El segundo es más complejo. Aliarse con el soberanismo y distanciarse del único partido que defiende la Constitución en Euskadi podrá darles mucha vida. Podrá ayudarles a recuperar su identidad. Pero no es un buen paso para la unidad de España.

México lindo
Por Jaime CAMPMANY ABC 29 Diciembre 2001

De Méjico llegó el amor. A lo mejor, el artista que mueve las marionetas del gran teatro del mundo es tan caprichoso y arbitrario que conduce a Felipe González hacia su conversión al capitalismo. Como ustedes lo leen, que es como yo lo he oído. Felipe González, las nieves del tiempo platearon su sien, puede convertirse al capitalismo por la vía del parentesco político. No me refiero ahora al parentesco que establece la militancia política, el compadreo de los correligionarios, sino al parentesco por afinidad, el de un cónyuge con la familia del otro. Dicen que Felipe González pasa largas temporadas en México lindo, junto a un Creso mejicano, y que los dos están en camino de ser consuegros. El vástago de Felipe González y la rica heredera del mejicano andan en vísperas de boda.

Las lenguas de doble filo, incluso aquellas de filo normal, cuentan y no acaban historias de los negocios y propiedades de Felipe González en América, el Caribe, Isla Margarita y todo aquello, y de su amistad con el millonario mejicano, además del amor entre los niños. Una buena manera de convertirse al capitalismo insaciable y cruel es la de hacerse rico, y las alegres comadres aseguran que Felipe González habrá perdido el poder, pero ha hecho las Américas. Ya se sabe que en la medida del dinero unos se quedan cortos y otros se pasan, que ya dice el refrán que de dinero y calidad, la mitad de la mitad, pero sea o no sea cierto lo que dicen las alegres comadres, lo que sí parece que va viento en popa es lo del braguetazo del nene, que es una forma celtibérica de sentar la cabeza.

De vez en cuando, Felipe González viene de México lindo y pasa algunos días en la Madre Patria. Habla una jerga entre el andaluz y el mejicano, y lo malo es que está contagiando a Rodríguez Zapatero, y el secretario general interino del PSOE mezcla el castellano-leonés con un cierto deje andaluz y un claro acento mejicano. Vamos, que está a medio camino entre Javier Arenas y Mario Moreno. Cuando Zapatero se pone a echar un discurso, si usted cierra los ojos le parecerá que está oyendo a un Felipe González sin cafeína. Por lo que se ve y lo que se intuye, Felipe González ya se ha constituido en la Ninfa Egeria de Rodríguez Zapatero, y la Ninfa le dice por la noche lo que tiene que decir y hacer durante el día. Dicta sus instrucciones y regresa a Méjico.

El Partido Socialista está a punto de tomar una de esas decisiones tan graves e importantes que si resultan erradas provocan un error de órdago, y luego hacen falta años para lograr la reparación. Es fácil adivinar que me refiero a la alianza con el peneuvismo de Javier Arzalluz. Ambos partidos (PSOE y PNV) se necesitan mutuamente para alcanzar el orgasmo parlamentario de la mayoría. Al PNV no lo saca de penas el apoyo de Izquierda Unida, y buscar el de Batasuna sería algo parecido al suicidio. La alianza con los socialistas vascos le liberaría de pasar por las horcas caudinas que ahora atraviesa con la votación de los Presupuestos. Y Felipe González quiere tocar todas las teclas del bandoneón para recomponer una mayoría que le devuelva el poder.

Esa mayoría con la que sueña Felipe parece imposible de conseguir sin el apoyo de Llamazares, por un lado, y de Arzalluz, por otro, dos sujetos singulares que ya se entienden ahora, por muy inexplicable que parezca, en el gobierno vasco. Para eso, había que lograr primeramente descabalgar de un sopapo a Nicolás Redondo Terreros, y eso ya se ha hecho. Lo han aburrido hasta la dimisión. Y luego nombrar una Comisión gestora ad hoc, o sea pintiparada. Y eso también parece que está conseguido. Todo está dispuesto para que los socialistas cometan el disparate de aliarse con un PNV que pacta con los batasunos y que transige con los etarras. Jo, con la Ninfa.

El Partido Socialista Vasco
DANIEL MUGICA El Mundo 29 Diciembre 2001

Ramón Rubial, Antonio Amat y Nicolás Redondo Blanco fueron socialistas vascos, y fueron hombres tan buenos como valientes. Corrían los años 50, el conjunto del socialismo español estaba exiliado.El Partido Socialista de Euskadi apenas contaba con las siglas, y, aunque llenas de verdades como puños, siempre progresistas, florecientes de rosas, no había nadie que las cultivase, las hiciera germinar y expandiese sus bondades en los vientos del Norte. Si la libertad es patrimonio de todos, la justicia es patrimonio de la izquierda, la única posible, la que esgrime el socialismo de ahora y de antes.

Ramón Rubial, Antonio Amat y Nicolás Redondo Blanco fueron los tres mosqueteros que se ocuparon de la refundación del partido fronteras adentro, jugándose la vida por alcanzar la libertad de los vascos frente a la barbarie de la dictadura franquista.Mis hermanos y yo nos criamos en las rodillas de Ramón Rubial y tuvimos la oportunidad de verle en los años posteriores. De él sorprendía la limpieza de sus ojos, un punto acuosos y extrañamente secos, y la profundidad de su mirada. ETA/Batasuna, los euskonazis, deberían saber que el preso político vasco con más años de cárcel fue un socialista llamado Ramón Rubial.

Antonio Amat era un hombre de acción que explicaba: «La dialéctica, compañeros, hay que utilizar la dialéctica». Lo demostró, por ejemplo, realizando, fichado como estaba por la policía, un viaje en tren para pasar unos documentos clandestinos, compadreando en un vagón con un general franquista al que sedujo y engañó con la «dialéctica»... durante aquella era tenebrosa de fusilamientos y juicios sumarísimos.

Nicolás Redondo Blanco fue un hombre de fraguas y sueños posibles, que organizó el partido en la orilla izquierda de Bilbao, donde los socialistas, ayer y hoy, sabían qué significaba Euskadi, y tal vez, por eso, apoyan a Nicolás Redondo Terreros.

Los tres mosqueteros introdujeron en el partido a dos hombres: Nicolás Redondo Urbieta, hijo de Nicolás Redondo Blanco, y Enrique Múgica Herzog. Ambos ayudaron, junto con otros: Lalo López Albizu, Benigno Bascaran, Carlos Corcuera y un puñado de valientes de aliento cálido, a reorganizar el partido de Euskadi, quiere decirse, a hacer aparato y a hacer cuadros. Ambos maldurmieron en aquellas cárceles de turbas y sombras, el actual Defensor del Pueblo, casi tres años. De Nicolás Redondo Urbieta, antiguo secretario general del sindicato UGT, un líder, como su padre, pergeñado de metal, con los pies reposados en la tierra, sobra contar que sobre todo es persona, y que fue capaz de ligarle un pulso a Felipe González, un depredador político en el mejor sentido de la palabra, ganándole en el órdago una huelga general.

El dimisionado secretario general del Partido Socialista Vasco, Nicolás Redondo Terreros, hijo de Nicolás Redondo Urbieta y nieto de Nicolás Redondo Blanco, entiende, sabe y conoce, por formación, por amor al partido a tajos de educación, por la tradición histórica que le avala, que refluye en las venas tranquilas de su sangre, por los compañeros de viaje de sus mayores, el problema vasco: la lucha por la libertad.

Nicolás Redondo Terreros ha heredado de su familia es algo que se capta en su presencia con los cinco sentidos la bondad natural, el acero en la piel, la templanza en el corazón y el coraje político.En la distancia corta se muestra como un dirigente afable, un contertulio cercano y un político de un instinto certero. En la distancia larga, en la televisión, se le percibe el carisma, la convicción de los principios, la talla necesaria, el anclaje de humanidad y cordura para resolver los marasmos de Euskadi y lo que fuese necesario. Batiéndose el cobre en la defensa de la Constitución y el Estatuto, como Jaime Mayor Oreja, adversario político y antes que nada buena persona de inteligencia precisa, de carcasa granítica y guante de seda, Redondo Terreros no ganó unas elecciones, aunque con él se sintió, por primera vez, el espíritu, la sana aspiración, la sensata ambición, las ganas de victoria.

Alguien le recriminó que no resultaba aceptable la brega de los intelectuales en la arena política. Quizá sí, quizás no. Vaclav Havel, el presidente checo, es un reconocido intelectual. Los intelectuales, amantes naturales de la disidencia, por primera vez también, se han puesto de parte del socialismo vasco porque palpan en Nicolás Redondo Terreros el espíritu de la victoria: lo imprescindible para ganar unas elecciones. Eso se tiene o no se tiene, eso lo tenía Alfonso Guerra, que convirtió al PSOE en un tictac de medir las estaciones y vencer en las urnas. El espíritu de victoria, en Ferraz, parece no lucir con demasiados destellos, o, al menos, no se ve que ilumine las umbrías. Acaso, sólo acaso, a algún dirigente de la sede madrileña le produce estupor Redondo Terreros, un líder cuya temperatura se resume en la victoria sobre las fiebres de España, de la parte de España llamado el problema vasco: la persecución de la libertad por un caterva de asesinos, demenciados, falsarios, traficantes de armas, permisivos con las drogas que matan a lo mejor de la juventud vasca.

En el seno del Partido Socialista Vasco nacen dos afluentes: el vasco y estatutario, defendido, entre otros, por Redondo Terreros y Rosa Díez; y el vasquista, defendido por Eguiguren y aquel alcalde, Odón Elorza. El vasquista, a la larga, plantea un pacto global con el PNV. El estatutario nos habla del caminar recto de los hombres y mujeres cómplices con los valles libertarios del país, donde las gentes trabajan a manos llenas de ilusión; nos habla, al cabo, de la independencia racional del partido socialista frente al PNV.

Por poder, se podrían quimerar distintas interpretaciones de las dos vertientes. Los hechos acaban con cualquier interpretación.El hecho es que el PNV, y el Gobierno al que sustenta, aún no han hecho una declaración institucional para romper el pacto de Estella. El hecho es que, por culpa del pacto de Estella, mortal de necesidad, se estrechan las cinturas, se amagan los abrazos, se refuerzan los afectos de un partido elegido democráticamente y una banda de asesinos: ETA/Batasuna. El hecho es que los vasquistas, en un plazo de tiempo limitado, corren el riesgo de arrimarse a aquéllos que brindan en la misma mesa con los asesinos de los cargos y militantes socialistas.

La pregunta salta del cajón como chillan los gatos en la noche: ¿Usted, militante del partido socialista vasco, está dispuesto a compartir mantel con aquéllos que cortejan a los asesinos de nuestros compañeros? La «dialéctica» de Antonio Amat hubiera respondido un no meditado en cabeza y entrañas, un no preciso en la diana de la maldad, al igual que Nicolás Redondo Terreros o cualquier militante del socialismo vasco con sentido cabal.

Izquierda Unida se sienta en la mesa del pacto de Estella. En las anteriores elecciones generales dicha silla se quebró, supuso su entierro político, un ataúd adornado en sus aristas por una retórica de quincalla. Estaría bien que los militantes del Partido Socialista reflexionaran sobre el coste electoral en las próximas elecciones generales si triunfan las tesis vasquistas.

El problema vasco, la lucha por la libertad, reaccionó como un cultivo de virus en el siglo XIX, en las dos guerras carlistas que se sucedieron en Euskadi. En el siglo XX, en el siglo XXI, los nietos bastardos de las carlistadas: ETA/Batasuna, y quienes con medios diferidos persiguen los mismos fines, pretenden arrebatar la libertad a los vascos, a la parte de España que es Euskadi y, por qué no, de igual manera Vascongadas. Nicolás Redondo Terreros tiene ante sí el reto histórico de contribuir a la conquista de la libertad ahora en el Norte vulnerada en España.

La ciudadanía camina con el pan bajo el brazo y la conciencia diáfana al nombrar a España. El Partido Socialista vasco, en el próximo congreso, lo que se juega es la vertebración de la Patria, hermosa palabra de urgente recuperación... Sólo el nacionalismo radical vasco impide el esqueleto plurilingüístico y pluriterritorial de nuestra piel de toro.

El Partido Socialista Vasco, esperemos, sabrá recuperar su grandeza histórica, que mantiene el combate a ultranza por la vida y los derechos de todos nosotros, y entregar su timón a las muñecas tan firmes como comprensivas de Nicolás Redondo Terreros.

Daniel Múgica es escritor, autor de obras como Corazón negro y Mala Saña.

Una victoria pendiente de prueba
Lorenzo CONTRERAS La Razón 29 Diciembre 2001

Cuando a un individuo que vive bajo sospecha de deshonestidad o de algún otro atributo negativo se le declara oficialmente, públicamente, que es lo que se dice que es, entra sin duda en una categoría infamante y su vida se hace menos cómoda. Salvando las distancias metafóricas, es lo que acaba de ocurrirle a Eta y sus organizaciones afines. La banda terrorista vasca se encuentra ya inscrita en una lista negra de la Unión Europea, teniendo que pasar formalmente por lo que es. Pero también es verdad que este «reconocimiento» ha sido posible gracias a la excomunión general que ha dictado Estados Unidos contra determinados grupos criminales después de los atentados del 11 de septiembre. De no haber sido así, todo continuaría como estaba, dentro de una ambigüedad cargada de efectos protectores para los acogidos a ella.

Se comprende que haya motivos para la satisfacción en el Gobierno de España. Y ningún partido de la oposición dejará de sentirse confortado, en grado mayor o menor, por el éxito oficial. Ahora hace falta comprobar cuáles son los efectos prácticos y tangibles de esa lista negra, tan arduamente elaborada, con tantas reservas mentales y políticas admitida. Eta, con todo lo que reúne, está ya en el índice de organizaciones prohibidas. Y para notar que lo está necesita que el pacto condenatorio se cumpla. Una vez más aparece la exigencia de «pacta sunt servanda», o sea, el respeto al compromiso.

Estados Unidos ha hecho sentir su peso. Pero la pregunta básica es: «¿Se sentirá un etarra tan acosado como un miembro del Yihad o de Al Qaeda?». Habría que explorar en las «escrupulosas» mentes de algunos socios europeos de España antes de elaborar conclusiones firmes. Pero puesto que el «consenso» de la UE ofrece perfiles que apartan a los «terroristas europeos» de ciertos «efectos» o consecuencias por motivos jurídicos, tal vez lo pertinente sería atribuir al esfuerzo español una victoria moral. Todavía sólo moral. Eso de congelar cuentas «según quién» suena a privilegio, un poco a aquello que se decía del hideputa que es «nuestro hideputa».

La rapidez con que el vicepresidente Rajoy dio a conocer el listado de terroristas europeos ha motivado asombro o molestia en los socios de España. No parece sino que Rajoy se adelantó a posibles matizaciones de última hora, como si cupiera un cierto temor a que la famosa «lista abierta» madrugara más de la cuenta en esa característica de cosa no cerrada.
Se habla de reglamento de aplicación de lo consensuado, como si la sombra de un Romanones espectral esperara su turno. Ya se adivina el matiz. Los proscritos del Índice no serán «apoyados». Vamos, que no se les tratará con cariño ni consideración. Porque, en el fondo, son unos chicos maleducados.

Los vídeos de Ben Laden son actos terroristas  
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 29 Diciembre 2001

Desde el 11 de septiembre quedó claro que lo esencial de la masacre de Nueva York, como en todo acto terrorista, obedecía a la fórmula clásica del terrorismo anarquista del XIX: la “propaganda por el hecho”. El hecho terrorista no era -no es- nada sin la propaganda. La propaganda consiste en la publicidad del hecho, que tiene en la brutalidad y en la morbosa recreación de sus aspectos más siniestros -ahí jugaba la prensa amarilla o frívola un papel esencial- su mejor altavoz. Pero, desde la creación del régimen soviético y sus émulos fascista y nazi, la propaganda terrorista de Estado es un factor básico del totalitarismo, es la otra cara de la brutalidad represiva, inseparable de ella. Parodiando a Clausewitz, la propaganda del terrorismo es la continuación del terrorismo por otros medios. Y viceversa.

De ahí que resulte absurdo ver tratados los vídeos de Ben Laden como hechos informativos, como simples noticias políticas o incluso como documentos históricos y no como parte de la actividad criminal del terrorismo. Los vídeos son la continuación de las masacres de Al Qaeda y esas masacres son parte esencial de los vídeos. Por tanto, es un acto de irresponsabilidad criminal por parte de los medios occidentales la forma acrítica, rutinaria y convencional en que se difunden las llamadas al crimen del cabecilla árabe. Y todavía más el papel que viene jugando la cadena qatarí Al Yazira desde el 11 de Septiembre, que en lo esencial es de difusión y propaganda de Ben Laden, es decir, de colaboración con el terrorismo. Esa cadena de televisión es la base más importante de Al Qaeda, infinitamente más eficaz, perniciosa y ofensiva para las víctimas pasadas y futuras del terrorismo islámico. Sorprende, pues, que no haya sido tratada desde el comienzo de la guerra como objetivo militar, ni político ni informativo. Es uno de los puntos más débiles de Occidente. El único en el que esta guerra, que ha de ser militar política e informativa, se está perdiendo.

Hay que abrir un gran debate sobre la forma en que, a mi juicio, deben controlarse y censurarse las imágenes de propagandas emitidas o remitidas -con Al Yazira es lo mismo- por el cabecilla terrorista más peligroso del mundo. Hablamos de censura, sí, porque de eso se trata. Los ingleses en 1942 hubieran considerado un insulto a su país y a los muertos por las bombas alemanas que la BBC emitiera los discursos de Hitler glorificando a sus asesinos y reclutando otros nuevos mediante la propaganda. Nunca emitieron imágenes de origen nazi sin cribarlas severamente y editarlas políticamente. Si Churchill hizo bien, no entendemos por qué las víctimas de Ben Laden deben seguir siendo injuriadas por este matarife con turbante. ¿Qué sería peor, la animosidad de los medios de comunicación por privarles de su material informativo? ¿Peor... para quién? Los norteamericanos no se han perdido nada por no ver en su TV al asesino de las Torres Gemelas felicitándose por su hazaña. En el resto del mundo, en cambio, uno tiene la impresión de que en todo lo referido a información sobre la guerra antiterrorista hemos perdido el sentido común y la vergüenza.

Sin embargo, estamos en una guerra. Y olvidarlo llevaría a perderla. Reflexionemos, pues.

ETA destruye con cinco kilos de dinamita una central de Telefónica
La bomba causa pavor en los vecinos de la localidad de Arrigorriaga
ISABEL CAMACHO  Bilbao El País29 Diciembre 2001

ETA destrozó en la madrugada de ayer con un artefacto compuesto por cinco kilos de dinamita, seguramente Titadine, una central de Telefónica en Arrigorriaga (Vizcaya). La explosión no causó daños personales, pero llenó de pánico a los vecinos de la zona, mayoritariamente jubilados. Los daños materiales podrían ascender a 20 millones de pesetas, según estimaciones municipales, aunque el servicio telefónico no se vio afectado.

Los vecinos del barrio Lanbarketa, en el centro urbano de Arrigorriaga, una localidad vizcaína de poco más de 10.000 habitantes distante nueve kilómetros de Bilbao, sintieron a la 01.20 de ayer temblar las paredes de sus casas y caer los cristales rotos. Muchos estaban en la cama y otros a punto de acostarse, pero ninguno sospechó que el estruendo se debía a una bomba colocada en la base de una antena de telefonía móvil en un edificio de Telefónica.

Diez horas después, los residentes más afectados mostraban en sus ojos el miedo y la estupefacción. '¿Por qué vienen a ponernos una bomba? Mi mujer saltó de la cama gritando. No sabíamos qué pasaba, se movía todo. Luego bajamos en pijama a la calle. Hacía frío. En seguida llegaron los bomberos y la Ertzaintza', recordaba lloroso Francisco Salazar, de 76 años.

El Departamento de Interior descartó enseguida que el ataque fuese un acto de kale borroka y adjudicó la autoría a ETA, vista además la magnitud de la carga, según un portavoz de la Consejería. El artefacto disponía de un temporizador. Interior no determinó si la dinamita era de la marca francesa Titadine, utilizada habitualmente por la banda en los dos últimos años.

La onda expansiva derribó una pared del edificio de Telefónica, destrozó la fachada de un inmueble, marcos, puertas y cristales de una veintena de ventanas, así como las cristaleras de varios establecimientos colindantes, además de un par de vehículos. En total, unos 40 residentes de la zona resultaron perjudicados. La cuantía de los desperfectos puede ascender a unos 20 millones de pesetas, según estimaciones del alcalde de la localidad, el peneuvista Alberto Ruiz de Azúa. La explosión no afectó sin embargo a los servicios de telefonía fija y móvil. Personal de la compañía trabajaba en el desescombro y se preveía que la reparación de los cables obligaría problablemente a cortar el servicio para su reparación en las próximas horas, aunque ayer se pudo mantener sin problemas.

María Rosario y su hijo Eiker Cao, de 23 años, viven en el primer piso del número 3 de la calle de Pedro Muro, el inmueble más afectado. '¿Qué vamos a hacer con este frío? Las persianas no nos protegerán a la noche. Estoy espantada', se lamentaba la madre. El hijo reconoce que se arrastró por el suelo de la casa por miedo a más explosiones. Encarna, de 82 años, llora mientras camina. 'No hay derecho a que hagan esto. Es un barrio obrero', dice.

Un centenar de vecinos se concentró en la plaza del Ayuntamietno en repulsa por el atentado. El pleno municipal aprobó con los votos de PNV, PSOE y PP una moción de condena. Batasuna se abstuvo. El Círculo de Empresarios Vascos expresó 'su más rotunda condena' al ataque.

El fuero y el huevo
FRANCISCO JOSÉ LLERA RAMO El Correo 29 Diciembre 2001

El bloqueo y el desencuentro, esperemos que no definitivo, entre las instituciones vascas y el Gobierno del Estado a propósito de la Ley del Concierto parecen ser más por el fuero que por el huevo. La cuestión europea o la propia prórroga pueden no ser más que la coartada de una estrategia tendente a escenificar, incluso internacionalmente, la imposibilidad de un trato de ‘igual a igual’ (?) Euskadi/España en el actual marco estatutario e institucional. Y es esto lo más llamativo del actual desconcierto, dado que lo normal y lo esperable sería el desacuerdo en el huevo y no en el fuero, salvo que estuviésemos ante una estratagema negociadora. Cosa que, por lo demás, no parece probable, dado el acuerdo final en la valoración del cupo y el resto de los componentes financiero-fiscales.

El Concierto Económico del País Vasco y el Convenio Económico de Navarra constituyen el resto de foralidad más importante, al que se refiere la Disposición Adicional Primera de la Constitución española de 1978. Históricamente, se trata de un privilegio reconocido a las elites tradicionalistas de las provincias vascas y Navarra y residenciado institucionalmente en sus diputaciones forales. Los fueristas en el País Vasco y Navarra han tenido y tienen muchos colores y fidelidades ideológicas. Los nacionalistas se lo encontraron cuando tocaron poder hace un siglo y el propio régimen franquista conservó el Concierto para las diputaciones fieles de Álava y Navarra, mientras que lo abolió para las «provincias traidoras» de Vizcaya y Guipúzcoa. Hoy constituye la pieza clave de la financiación del autogobierno, tanto vasco como navarro, que la propia Constitución concibe como «actualización» o «amejoramiento» de los respectivos derechos históricos de los territorios forales. Éste es, sin duda alguna, el principal hecho diferencial de nuestra estructura territorial, que dota a las comunidades vasca y navarra de plenas facultades para establecer y gestionar su régimen tributario, recaudar sus impuestos y autofinanciar sus competencias, mediante un sistema armonizado y pactado con el del resto del Estado.

El pacto de 1980 dio lugar a la actual Ley del Concierto de 1981, cuya vigencia termina al final del año que acaba, y que ha demostrado en estas dos décadas no sólo su extraordinaria capacidad para financiar nuestro autogobierno, sino también, a través de su Comisión Mixta, una excelente versatilidad para adaptarse a cambios tan importantes como los derivados de nuestra integración europea o la aparición y los cambios de figuras impositivas (por ejemplo, el IVA a partir de 1985 y otros posteriores). De este modo, el País Vasco destina la mayor parte de lo que recauda (alrededor del 87% del billón largo) a la financiación de sus propias competencias, dedicando el resto al cupo, por el que se calcula y se contribuye al Estado por los servicios y competencias comunes que éste sigue ejerciendo (unos 170.000 millones en el actual ejercicio). Este cupo, mediante una fórmula técnica de imputación, viene a ser, más o menos, el peso de la economía vasca en el conjunto nacional, que se estimó en 1981 en el 6,24 %. Todos los análisis independientes coinciden en considerar este cálculo claramente ventajoso para el País Vasco, lo cual no ha impedido que todos los gobiernos (UCD, PSOE y PP) lo hayan mantenido inalterable desde entonces, a pesar de los cambios sustanciales del peso de la economía vasca y de estar prevista su revisión cada cinco años. En la última renegociación de 1997, el Concierto que caduca era «el mejor de los posibles» en palabras de actual lehendakari. Hasta aquí el huevo.

Lo que debía ser una discusión técnica sobre ajustes impositivos, que sólo podría haber tenido un escollo importante en la nueva fórmula de cálculo del cupo, se ha topado con el fuero de la voluntad política, ya que no otra cosa es la cuestión de la presencia vasca en los órganos financiero-fiscales de la UE. Admitiendo que la participación de las comunidades autónomas en la formación de la voluntad estatal ante las instituciones europeas en los asuntos que les son propios es un tema pendiente de definición, armonización e implementación en nuestro sistema, no es razón suficiente para bloquear el pacto. Igualmente, la cautela gubernamental de la prórroga virtual que ha aprobado el Consejo de Ministros para su tramitación parlamentaria tampoco puede exhibirse como una ruptura («imposición centralista» y «afrenta a Euskadi» dice el lehendakari) de la esencia pactista y bilateral del régimen de Concierto, aunque no sea éste el escenario ideal ni pueda tenerse por insuperable.

Todo lleva a pensar que una y otra, enfocadas de forma intransigente e hiperideologizada por el nacionalismo gobernante en Euskadi, denotan la actual deriva estratégica de éste, más interesada en escenificar la ruptura con los poderes del Estado y el fracaso del actual modelo estatutario, por el supuesto incumplimiento unilateral de sus compromisos y obligaciones por parte de tales poderes estatales. Ésta es la coartada que, permanentemente, invoca el nacionalismo gobernante para avalar sus planteamientos soberanistas y de ruptura. Su anterior estrategia extractiva ha sido sustituida por la reiterada exhibición de la inevitabilidad de la ruptura, acompañadas ambas por el chantaje violento y el irredentismo impenitente.

En este escenario de desconfianza recíproca, alimentada por la explícita deslealtad nacionalista con respecto al consenso constitucional, opera un dato nuevo y es que, por primera vez, en este pacto multilateral entre los territorios forales, el Gobierno vasco y el Gobierno de la nación, la parte vasca no está representada únicamente por la voz y la interpretación nacionalista. De la misma manera que no tenemos noticia de conflictos similares sobre el fuero provenientes de Navarra, en esta ocasión los representantes de la Diputación Foral de Álava, gobernada por el PP, entienden que la presencia vasca en la UE no es una cuestión central del Concierto. Volvemos a lo de siempre, la interpretación nacionalista de las cosas no es ni la única, ni la mejor. El nacionalismo, una vez más, se arroga la interpretación ‘auténtica’ de la voluntad unitaria de los vascos, de sus intereses y de su bienestar colectivo (como decía el lehendakari en su dramática puesta en escena) y lo hace de forma radical y fundamentalista, apelando a la confrontación comunitarista y olvidando, además, que su Gobierno es minoritario.

Sin embargo, con la maximización del conflicto, lo que busca es asegurar el huevo, manteniendo el fuero siempre abierto, para justificar su deslealtad soberanista. El nacionalismo gobernante necesita saber que su voz no es la única voz, ni la voz de todos los vascos, que las instituciones que detenta son Estado, y que no existe ninguna ‘deuda histórica’ pendiente con los vascos. No debe olvidar que representar y gobernar legítimamente no significa apropiarse en exclusiva de la voluntad popular y, menos aún, a costa de ahondar la fractura comunitaria. Además, desde el vasquismo cívico tenemos que persuadirles de que, por mucho que el Estado (vasco) que quieren no coincida con el Estado (español) del que disfrutan, la solidaridad y el concierto comunitario son un prerrequisito democrático que está por encima de la capacidad de chantaje antidemocrático que puedan ejercer los terroristas y sus amigos. Una vez más se confirma que esta situación de desconcierto es fruto de la anomía comunitaria, alimentada por la arbitraria y subjetiva alienación estatal del nacionalismo gobernante. Pero el desconcierto vasco sólo puede ser superado por el acuerdo y la concertación de una auténtica política de Estado, en la que sería mejor incorporar al nacionalismo cívico, sobre la base de la lealtad constitucional compartida.

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