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Recortes de Prensa     Viernes 4 Enero  2002
#Por un balance de las autonomías
Moa Libertad Digital 4 Enero 2002

#Ibarretxe, presunto delincuente
Enrique de Diego Libertad Digital 4 Enero 2002

#A propósito
ANTONIO ELORZA El País 4 Enero 2002

#Al PSOE le gustan los osos
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 4 Enero 2002

#Un desafío, un espanto
Carlos DÁVILA ABC 4 Enero 2002

#No dar la cara
ANTONIO GALA El Mundo 4 Enero 2002

#El Arana y el euro
Luis María ANSON La Razón 4 Enero 2002

#Garzón reafirma su tesis contra el entramado etarra
Redacción - Madrid.- La Razón 4 Enero 2002

#Desistimiento constitucional
Consuelo ÁLVAREZ DE TOLEDO ABC 4 Enero 2002

Por un balance de las autonomías
Pío Moa Libertad Digital 4 Enero 2002

El estado de las autonomías refleja, presuntamente, la realidad histórica y política española mejor que el estado centralista. El gobierno tradicional español con los Austrias, algo menos con los Borbones, fue muy descentralizado, y los carlistas reivindicaron en el siglo XIX las viejas formas contra el centralismo liberal. El problema cobró nuevos tintes cuando, a principios del siglo XX, tomaron auge los nacionalismos catalán y vasco. Ambos rechazaban a España, el vasco con planes separatistas, y el catalán pensando en una federación ibérica de Lisboa al Ródano, hegemonizada por Cataluña. La primera idea llevaba a la guerra civil, y la segunda era un disparate, pero arraigaron en el ambiente de autodesprecio extendido por España tras el desastre del 98. El nacionalismo ofrecía a los vascos la pretensión de ser una raza superior, explotada por los inferiores "maketos", y pintaba a los catalanes como "avanzados", "europeos" y, en definitiva, también "superiores" sobre la atrasada y derrotada España, de la que psicológicamente se disociaban.

Como observó Cambó, también pesaba en esa actitud la vanidad por la reciente riqueza. Las nuevas doctrinas presentaban a vascos y catalanes como "los únicos que trabajan", en España. Y sin negar el espíritu de empresa, manifiesto entonces en ellos más que en otros, no es menos cierto que su prosperidad se fundó en la cautividad del mercado español, reservado para sus industrias por una política (centralista) de un proteccionismo exagerado. Además, aquel mercado exclusivo provenía de la abolición de los viejos fueros y autonomías feudales, tan llorados por los nacionalistas.

Las contradicciones y dislates históricos y políticos de esos nacionalismos fueron correspondidos en Madrid por ideólogos influyentes, como Costa u Ortega, inventores de una historia pesimista, negadores de la misma realidad nacional española, actitud depresiva solo soportable por una promesa de regeneración, un tanto arbitraria y simple. La combinación de esos talantes, comunes también a los movimientos revolucionarios, hizo de los nacionalismos un problema cada vez más serio, una de las principales causas de las dictaduras y la guerra civil. Madariaga y otros, buscaron la salida en una federación de 12 ó 13 regiones. Ese es el diseño, suavizado, pero en otro sentido empeorado, del actual estado de las autonomías.

Ha pasado casi un cuarto de siglo desde los primeros pasos de ese nuevo estado, y va siendo hora de hacer un balance objetivo de la experiencia. Los nacionalistas vascos y catalanes persisten en la disolución de España, a medio o largo plazo. El resultado ha sido la práctica desaparición de la democracia en Vasconia y fuertes restricciones a ella en Cataluña. En otras regiones se han formado cacicatos y burocracias infladas, proclives a la corrupción y multiplicadoras del gasto público.

Seguramente hay también aspectos positivos, pero los citados son muy reales, y justifican una atención cuidadosa al problema. Los nacionalistas, sectores del PSOE y de la derecha, quieren "avanzar" o "profundizar" en la autonomía. A mi juicio, y no creo ser único, la autonomía ha ido ya demasiado lejos, y donde conviene avanzar es en la democracia y la cohesión de España, peligrosamente debilitadas por los nacionalismos balcanizantes y las burocracias autonómicas. Ese avance no debe realizarlo solo el estado, sino, y sobre todo, la sociedad, promoviendo los muchos medios que existen para ello.

Ibarretxe, presunto delincuente
Enrique de Diego Libertad Digital 4 Enero 2002

Ningún ciudadano español puede dejar de pagar sus impuestos. Tampoco puede anunciarlo a bombo y platillo. Ibarretxe se ha situado de manera institucional, rodeado de su gobierno, en la posición de un presunto delincuente. Su gesto reviste mayor gravedad que la de una folclórica que no pague o un empresario que reivindique la objeción de conciencia ante el Estado fiscal. Para nada resulta comprensible que la no consecución de un objetivo soberanista lleve a eximirse unilateralmente de un deber legal.

La actitud de Ibarretxe es la propia de un golpista que rechaza el Estado de Derecho. Ni tan siquiera recurre ante los tribunales, mostrando completo desprecio hacia las instituciones y hacia la misma democracia. Al presunto delincuente, los empresarios le tienen que recordar obviedades.

Ahora se percibe con mayor nitidez por qué, ante este pulso al Estado, Prisa y el felipismo intensificaron el acoso a Redondo, y Zapatero lo desacreditó públicamente por el lógico plante en el debate de los Presupuestos ante la cacicada de Atutxa. Dicen fuentes internas de Prisa que hubo una reunión entre Juan Luis Cebrián y José Luis Rodríguez Zapatero en la que, entre otros acuerdos, se pactó retirar el calificativo de “sosoman” con el que, al parecer, denominaban a Zapatero en la televisión de Polanco. Jaúregui ha respondido bien al pulso de Ibarretxe, pero lo de la equidistancia entre el PP y el PNV propugnada por José Blanco no se entiende cuando el PNV va contra la Constitución y el Estatuto, contra el marco legal, e Ibarretxe se traviste de El Pernales y confunde El Gorbea con Sierra Morena. Ese Blanco, más parece gris.

La rueda de prensa de Ibarretxe, ¿no es motivo para que actúe el fiscal general del Estado? ¿No es una declaración nítida de deslealtad institucional contemplada en el artículo 155 de la Carta Magna? La extrema derecha vasca quiere acabar con la democracia por cuarenta mil millones de pesetas.

A propósito
ANTONIO ELORZA El País 4 Enero 2002

Eran los últimos tiempos del franquismo y los historiadores Miguel Artola y José Ángel García de Cortázar recorrían España a la busca de castillos. Según me contó el primero, al llegar a un pequeño pueblo vieron los restos de uno sobre un roquedal. Como al bajarse del automóvil tropezaron con la pareja local de la Guardia Civil, pensaron que lo mejor era preguntarles a ellos por el nombre de las ruinas. La respuesta del hombre del tricornio fue inmediata: '¡A propósito, la documentación!'.

La lógica del episodio puede servir para ilustrar lo sucedido en el conflicto sobre el Concierto Económico vasco. El campo en que había de desarrollarse la negociación tenía los límites perfectamente fijados por el contenido técnico de negociaciones precedentes: se trataba de ajustar las cuotas a los cambios cuantitativos registrados en la economía vasca de acuerdo con las transferencias ya realizadas. Sólo que en esta ocasión, como el guardia civil de la historia, el Gobierno vasco decidió poner sobre la mesa, con la mayor naturalidad del mundo, su cláusula de coacción: 'A propósito, ¿qué hay de nuestra participación oficial en los Consejos de Ministros de la Unión Europea?'.

Ha sido una maniobra magistral de provocación, dispuesto Ibarretxe desde el principio a jugarse la firma del Concierto con tal de presentar la esperada negativa de Madrid como una afrenta contra 'la sociedad vasca'. Puestos a actuar de cara a la galería, la consejera Zenarruzabeitia ofrecía su voluntad de renunciar a las uvas con tal de seguir negociando y presentaba una oferta de generosa apariencia: aceptar que la presencia europea de Euskadi no figurase en el Concierto con tal de que en el plazo de seis meses llegara por acuerdo de la Comisión Mixta de Cupo. Los titulares de este diario no dieron cuenta cabal de lo que encerraba la falsa renuncia -'El Gobierno vasco propone discutir más adelante y Montoro lo rechaza'-, ya que se trataba de una exigencia a plazo fijo, de que en esos seis meses el Estado 'asuma y desarrolle' la petición. La concesión no era tal. El portavoz del nuevo PSE lo aprueba: 'El Gobierno central debe acoger la propuesta con valentía', dice.

No es cuestión de valentía, sino de reconocer una realidad bien preocupante: la voluntad del Gobierno Ibarretxe de introducir en todas y cada una de las cuestiones a tratar con el Gobierno central un 'a propósito' que favorezca su estrategia de ruptura. Conviene recordar que la actitud ante el Concierto fue una piedra de toque para el PNV desde principios de siglo: su tendencia autonomista, hasta una fecha tan reciente como 1997, defendió el Concierto como pieza clave del autogobierno, en tanto que los sabinianos ortodoxos vieron en él, igual que ahora Batasuna, el símbolo de la sumisión de la burguesía vasca a España. Los recientes acontecimientos ilustran los efectos de la deriva soberanista experimentada desde Lizarra: el Gobierno Ibarretxe dice querer el Concierto, pero en la práctica lo subordina a una reivindicación que ninguna ley de nuestro ordenamiento exige, desde el supuesto de una negociación entre iguales que Montoro (léase Aznar), lógicamente, no puede aceptar.

Eso no significa que carezca de sentido el tema de la representación de las comunidades autónomas en Bruselas. Valdría la pena que el PP abandonase su actual posición de enroque y abordara un diálogo con el PSOE para ir preparando una serie de reformas consensuadas, incluido un nuevo Senado; por desgracia, no cabe esperarlo. Ahora bien, lo que ahora está en juego es otra cosa: la legitimidad del Gobierno central para rechazar una reivindicación no amparada por ley alguna, sobre cuya negativa el Gobierno Ibarretxe saca el hacha de guerra. No es el choque de dos intransigencias, sino el desafío de quien confunde negociación con concesiones obligadas para facilitar su acceso indoloro a la 'soberanía'. ¿Cómo va a obtener Ibarretxe la confianza del Gobierno español si su deslealtad respecto del orden constitucional es manifiesta? Sus propias encuestas dan un 21% de vascos favorables a la independencia. Así que ha decidido probar con la pelea de carneros como forma de hacer avanzar su política.

Al PSOE le gustan los osos
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 4 Enero 2002

En mala hora se les ocurrió a los socialistas acercarse al PNV. Su aproximación ha coincidido con la apuesta más subversiva de este: el mayor desafío/desobediencia civil/rebelión contra el Estado que haya podido protagonizar el nacionalismo «moderado» en toda su historia.

Si a los dirigentes socialistas les iba a resultar ya imposible de todo punto explicar a sus votantes -vascos y no vascos- la conveniencia de un entendimiento con el PNV, ¿cómo hacerlo ahora precisamente cuando este se ha lanzado a una salida energuménica, provocadora, intolerable para cualquiera que tenga el más mínimo sentido del Estado y que, de hecho, podría llevar a una situación límite en la relación de fuerzas estatales a no ser porque el Gobierno central haya preferido «pasar», cargarse de razón o hacer gala de una prudencia exagerada?

Este es el terrible panorama: por un lado, la rebelión fiscal de un Gobierno comunitario que proclama no sentirse representado por el Estado y, por otro lado, el apoyo moral a éste del secretario general del primer partido de la oposición. En efecto, Rodríguez Zapatero no sólo no se ha opuesto a este amotinamiento institucional, sino que ha echado la culpa al Gobierno de Aznar. Lo ha acusado de haber planteado mal el debate sobre el Concierto. Así que, como en el caso de Marruecos, Zapatero ha corrido en ayuda del agresor, frente al Estado. Frente al Estado, digo, porque de este son los intereses lesionados, no del Gobierno Aznar.

Pero no deberíamos atribuir a la casualidad la coincidencia del movimiento de aproximación de los socialistas al PNV y la radicalización de éste. Si tenemos en cuenta que el partido de Arzalluz está en una fuga hacia adelante, hacia la independencia, junto a los administradores del Terror, cualquier apoyo a este lo es a su estrategia desestabilizadora. No sólo es ingenuo pensar que el PNV puede rectificar (como nos dice el PSOE) sino todo lo contrario: el compromiso con el PSOE le interesa en la medida que este quiera ayudarle a ganar la partida a la nación española, en la medida que, como Madrazo, esté dispuesto a formar parte del gran frente vasquista. Así que, avisados desde hace tiempo (como lo estábamos todos) de que los socialistas deseaban abandonar el pacto con el PP para acercarse a ellos, la dirección del PNV no sólo no facilitó el proceso sino que lo puso más caro. Una táctica muy propia del PNV: que los socialistas beban el cáliz hasta las heces. Y que vayan pensando en arrepentirse del pacto antiterrorista. Este es el precio.

Pero si es fácil entender la rebelión fiscal del PNV, ¿cómo comprender la traición del PSOE al compromiso constitucionalista? Al fin y al cabo la fuga hacia adelante de los herederos de Sabino Arana es parte de su guerra santa, de su jihad euskaldún, del sueño caciquil y racista. Puestos a quemar etapas, el Concierto Económico no podía seguir apareciendo como una derivación de la Constitución, como un privilegio concedido por el españolismo. Había llegado la hora de dejar claro que a los vascos no les resulta fácil nada, ni siquiera el privilegio del Concierto Económico.

Es imposible, sin embargo, entender las razones de los socialistas en esta aproximación a los nacionalistas. La que mantuvieron durante doce años no sólo no reconvirtió al nacionalismo sino que lo lanzó al pacto con ETA. Mientras se hundía el PSOE. Nicolás Redondo ha sido víctima de aquel entreguismo al PNV, no del seguidismo al PP. No fue el PP quien le dio al PSE el abrazo del oso. Este tenía ya un incorregible síndrome nacionalista. En todo caso, es verdad que al PSOE le gustan los osos.

Un desafío, un espanto
Por Carlos DÁVILA ABC 4 Enero 2002

Aznar, Montoro, el Gobierno de España, recuérdese el dato, ha elegido considerar una «provocación» la acometida de Ibarreche, precedida por la embestida del telonero Arzalluz. Ahora bien, que el Gobierno haya preferido mirar a otro lado no significa, no puede significar, que no recaiga en la gravedad del desafío perpetrado por el lendakari y todo su gabinete, también de la marioneta aprovechona de Madrazo. Aznar cree saber que el alegato insurreccional de Ibarreche irá precedido de otros aún de mayor gravedad; vamos, que esto no ha hecho más que empezar o, por decirlo mejor, que no ha hecho más que seguir, porque hace tiempo, desde Estella, que el PNV decidió enfrentarse radicalmente con España, no fuera a ser que ganaran los seguidores del «espíritu de Ermua». Lo que hizo el miércoles Ibarreche fue generar -esta vez más profundamente- un choque violento entre el pueblo vasco y nuestro Estado. Es un episodio más que tendrá, con certeza, reediciones antes de que finalice este primer mes de 2002. Que todo el mundo esté preparado.

Con ser grave la negativa del presidente vasco a pagar lo que le corresponde y lo que ha pactado su vicelendakari sin palabra, Idoia Zenazurrabeitia, el más aberrante de sus anuncios fue ese niñato: «No nos sentimos representados en Europa por el Gobierno español». A esa puerilidad agresiva hay que responder con firmeza: «Pues bien, ¿y qué?». «¿Qué efectos jurídicos tendrá la chula pataleta?», se preguntaba un estrecho colaborador del presidente Aznar. ¿Acaso los nacionalistas vascos van a empujar a su país a quedarse fuera de la Unión Europea? ¿Quizá creen, en su ofensiva ignorancia, que Europa les va a dar la razón? Sensatez. Cautela hasta para calcular los efectos de la estupidez perpetrada por Ibarreche, entre otras cosas, porque la prórroga del cupo se está aplicando ya, cosa que Ibarreche no dijo porque no le interesaba, porque, además, en la propia legislación de este cupo que quieren rebajar considerablemente, existen mecanismos para enderezar el «no acuerdo».

Los nacionalistas, en su deriva hacia un «Estella 2» -al que quieren incorporar al PSOE-, van a manejar cualquier sentimiento; están frustrados, irritados, porque su llamada a la rebelión social de la ciudadanía vasca no está cuajando. Aplauden, claro, los etarras, pero no los empresarios, ni los profesionales, ni todas las buenas gentes que aventan, con horror, el caos que se prevé.

No dar la cara
ANTONIO GALA El Mundo 4 Enero 2002

Los vascos del PNV son cada día más vascos, lo que no quiere decir más independientes sino menos comprensibles. No se trata de otro idioma, ni de otras actitudes, ni de otras aspiraciones: los porcentajes últimamente publicados así lo ratifican con largueza.Se trata de que ni ellos mismos, dentro de su propio partido, se entienden. Alguien hay, de la parte de acá, que procura que nada común se consiga: será por lo único, y por su juego sucio, por lo que pase a la Historia. De esta forma no se hace, sino que se deshace la política. Todo el mundo sabe de quién hablo. Zapatero también.

El Arana y el euro
Luis María ANSON La Razón 4 Enero 2002
de la Real Academia Española

El ayatolá vasco, según un columnista sopletico de oro en boca, está que brama. En el futuro tendrá que manejar la misma moneda que el resto de los españoles. Arzallus pensaba imponer, tras el breve paréntesis de cinco siglos de unidad española, una moneda vasca en las tres provincias de Euskadi norte y en las cuatro de Euskadi sur. El arana, que no el sabino como cree el columnista cachondo, tras despreciar cualquier relación con la peseta, se hubiera equiparado al dólar, dividiéndose en cien aranillas o céntimos. Todos los billetes hubieran llevado la efigie del profundo pensador Sabino Arana en el anverso y la del padre de la patria nueva, Arzallus, en el reverso. La cara en las monedas hubiera reproducido la vera efigie de Josu Ternera y la cruz, claro, la cruz, la figura erecta de Ussía, aplastado el ruin maketo por la serpiente de Eta y con el hacha clavada delicadamente en sus partes innobles.

Pero han llegado los cabroncetes de los europeos y, en lugar de reconocer el RH negativo de los vascos e hincarse de hinojos ante la raza superior euzkérica, se han inventado una moneda igual para todos como si todos fueran iguales. ¿Qué osadía!

Garzón reafirma su tesis contra el entramado etarra
Redacción - Madrid.- La Razón 4 Enero 2002

El juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón reafirmó ayer, en una entrevista concedida a Telecinco, la tesis que ha mantenido en los sumarios que instruye contra las organizaciones que conforman el entramado de Eta y que no comparten dos de los tres miembros de la Sección Cuarta de la Sala de lo Penal. En opinión del magistrado «es fundamental no perder el norte en las investigaciones frente al terrorismo, en el sentido de que estamos ante una organización compleja que no solamente dispara, pone bombas o secuestra, sino que necesariamente se integra con otras estructuras que resultan básicas para la consecución de esa finalidad delictiva». Por tanto, añadió, que hay que hacer frente al terrorismo en forma compleja y «sin perjuicio de que haya diferencias puntuales».

Por otra parte, el titular del Juzgado Central de Instrucción número 5 lamentó que la entrada en vigor de la euro-orden (orden europea de detención y entrega) no sea antes de enero del 2004, al considerar que «es una necesidad que debería ser ya operativa».

Baltasar Garzón insistió en que «es demasiado tiempo el que se ha dado para la entrada en vigor de la euro-orden» ya que, según recordó, es una medida «que viene debatiéndose en el ámbito de la criminalidad financiera desde 1996 y 1997».

Desistimiento constitucional
Por Consuelo ÁLVAREZ DE TOLEDO ABC 4 Enero 2002

El tiempo, además de tesoro de los dioses, es valioso instrumento político y su manejo se convierte en arte. Embridado por la tenacidad, alumbra un lema: «El que resiste, gana». Proyectado en la democracia, se transforma en estabilidad. La historia del siglo XX otorga al tiempo un indiscutible valor: demasiado intensas fueron las experiencias de guerra e intolerancia; fueron demasiado largos los cuarenta años que vivimos sin libertad. Y así se me antoja que es demasiado pronto para reformar la Constitución.

Este desistimiento constitucional promovido en sintonía por PSOE y PNV pretende una revisión madrugadora de nuestro sistema constitucional, del modelo de Estado de las Autonomías apenas experimentado. Faltan agallas en los socialistas para mantener el consenso que propició en estos últimos años hechos tan relevantes como inéditos en la vida de España. Los gobiernos del PSOE fueron posibles gracias a la Constitución de 1978. El bipartidismo imperfecto -basado en dos grandes partidos vertebradores de una idea de España, coexistentes con los nacionalismos minoritarios- permitió a Felipe González gobernar catorce años, durante los cuales nuestro país creció económicamente, formó parte de Europa, entró en la OTAN y se modernizó socialmente. Errores cometidos en el lado oscuro de la luna del poder -la corrupción y los GAL- precipitaron el relevo democrático en las urnas. Y ahora gobierna el PP, desde hace seis años.

¿A qué viene, pues, tanta prisa en cambiar las reglas del juego constitucional? Se cumplen inexorablemente las previsiones que arrancan del 13 de mayo. Desde aquella noche electoral, la cabeza de Redondo tuvo un precio y parece vano el propósito de Jaime Mayor: «Tengo que quedarme aquí para que Redondo no se vaya». Ni aun así, parece. Hay en Zapatero, el PSOE y sus mentores voluntad de cambalache constitucional.

Con ansia cortoplacista de poder y ausencia de sentido de Estado, desde Ferraz se jalea cualquier iniciativa rupturista con tal de herir a Aznar. Jáuregui en Euskadi, Maragall en Cataluña... José Blanco ha convencido a Zapatero de que así podrán ganar grandes ciudades y algunas Autonomías el año que viene. Y renuncia el PSOE a su papel vertebrador en una contradicción sin sentido: dejan libre al PP el espacio constitucional con el que se identifica una inmensa mayoría. Algo huele a oportunismo en este desistimiento prematuro.

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