AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 7  Enero 2002
#El miedo a la ley
Alejandro MUÑOZ-ALONSO La Razón 7 Enero 2002

#La cal viva
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 7 Enero 2002

#Absurda maniobra en Euskadi
JUSTINO SINOVA El Mundo 7 Enero 2002

#Mesianismo asesino
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 7 Enero 2002

#De Estado a Estado
GABRIEL ALBIAC El Mundo 7 Enero 2002

#Eficacia contra la «kale borroka»
Impresiones El Mundo 7 Enero 2002

#Distingos «sabinianos»
Breverías ABC 7 Enero 2002

#Bipolarismo
ENRIQUE GIL CALVO El País 7 Enero 2002

#Una carta perpleja
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 7 Enero 2002

#«La supuesta armonía de la sociedad civil no es más que miedo»
J. J. CORCUERA BILBAO El Correo 7 Enero 2002

#La Ertzaintza desbarata en Irún una noche de terror como la de Guernica
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 7 Enero 2002

#El enemigo común
Ignacio CAMACHO ABC 7 Enero 2002

El miedo a la ley
Alejandro MUÑOZ-ALONSO La Razón 7 Enero 2002

La desconcertante reacción del Gobierno vasco ¬azuzado y dirigido desde Sabin Echea por el mulá Arzallus, príncipe de los creyentes en el nacionaltalibanismo¬ ante la cuestión del Concierto me ha hecho recordar algunos momentos de la Transición, cuando algunos se empeñaban ingenuamente en presentarnos un PNV dispuesto a jugar lealmente el juego autonómico previsto en la Constitución ¬que ellos no aceptaban¬ y en el Estatuto, que carecía de toda legitimidad si se les desconectaba de aquélla. Esa incoherencia de partida me hizo desconfiar desde el primer momento de esa supuesta lealtad y por eso no pude entender que algunos insistieran en que nos hallábamos ante un «nacionalismo no estatalista», que habría renunciado totalmente a cualquier aspiración a convertirse en un Estado aparte y estaría dispuesto, ni más ni menos, que a sacarle todo el jugo posible al concepto de autonomía, esto es el autogobierno dentro del marco del Estado que, velis nolis, es el establecido en la Constitución.

Si hubiera tenido alguna duda al respecto me habría sacado de ella un encuentro con Marcelino Oreja cuando era Delegado General del Gobierno en el País Vasco que, a lo largo de una sustanciosa conversación, me decía que algo que le llamaba especialmente la atención, ya en aquellos precoces momentos de nuestra democracia, era la «obsesión estatalista» del PNV. La incomodidad de este partido con el marco jurídico que había dado al País Vasco el más alto grado de descentralización política de toda Europa y su obstinado antojo por lanzarse al utópico horizonte ¬más bien abismo¬ del separatismo estaban presentes en el proyecto político del nacionalismo vasco desde el principio. De ahí su decidido propósito, manifiesto de mil maneras, de no jugar limpio y de hacer uso de todas las triquiñuelas imaginables, zambullidos siempre en el pestilente e impreciso magma de la ambigüedad para sacar siempre un poco más sin comprometerse nunca a nada. No mucho tiempo después la activa factoría de fórmulas peneuvista sacaba a la luz la consigna de «estatuto de mínimos», que fue el principio de la deslegitimación desde dentro del marco autonómico vasco, que ha culminado en estos últimos tiempos con el Pacto de Estella y las «imaginativas» construcciones que se concretan en el «soberanismo», el «ámbito vasco de decisión», a partir de un supuesto «derecho de autodeterminación».

A estas alturas, lo de menos es la desfachatez con que mienten los políticos nacionalistas, como ha quedado bien a la vista en este contencioso con el Estado. ¿Cómo se puede decir que «generosamente» han optado por «aparcar» la cuestión de «la representación de las instituciones vascas en la UE», cuando condicionan su aceptación del Concierto a que ese problema se resuelva en seis meses y en un foro que carece de competencia para la cuestión? Lo más notable de este enredo vasco, que aburre ya a propios y extraños, es la pretensión del lehendakari de negociar «de igual a igual» con el Estado. Se creen sus propios mitos ¬está en su lógica¬ pero pretenden que los demás los aceptemos como dogmas. Se creen la hermosa patraña de la «soberanía originaria», estiman que tiene algún tipo de vigencia la bastardeada idea de la «autodeterminación» y olvidan que los famosos «derechos históricos» sólo tienen encaje «en el marco de la Constitución y de los Estatutos de autonomía», de modo que cualquier interpretación exorbitante desde el punto de vista constitucional, los invalida de raíz.

Por lo que hace a la UE se debate el nacionalismo ¬no sólo el vasco¬ en la más penosa de las confusiones, pues ignora cuáles son sus fundamentos, la naturaleza de sus cimientos y de sus andamiajes. De ahí esas incoherencias que esmaltan su discurso europeo. Aspiran a activar su presencia en Bruselas ¬donde sólo son una región más entre los más de dos centenares que existen en la Unión¬ pero se dejan llevar por ese alocado ensueño de convertirse en Estado, ¿desde dentro? Mal servicio le hacen a la idea de la distribución territorial del poder, del autogobierno y la descentralización política porque, con su manera de actuar, alimentan la idea de que cuanta más autonomía se concede, más se quiere, en un imparable vértigo que sólo acaba en el caos. Hasta pretender la ruptura revolucionaria, que eso y no otra cosa es lo que quiere el PNV.

Los nacionalistas, vascos, y no vascos, tienen que aprender que no pueden negociar «de igual a igual» con el Estado, por la sencilla razón de que no lo son. Ni Bretaña se puede poner al nivel de París, expresión del Estado francés, ni Baviera al de Berlín, ni Escocia al de Londres. Tampoco Vitoria al de Madrid. Y por lo que hace a la UE es un dato elemental que ha sido desde sus orígenes y lo sigue siendo una unión de Estados, en la que las regiones no tienen otro lugar que el de ser partes de éstos. Una unión de Estados que, a medida que se acerca la ampliación con los ineludibles problemas derivados del aumento de socios, se reafirma cada vez más en este modelo. Ideas simples que no se pueden olvidar si queremos entendernos en paz. Y para terminar, y esto también es aplicable a Pujol, ¿no resulta ridículo que cuando los Estados de la UE reducen sus cotas de soberanía y autogobierno ¬ahí está el histórico ejemplo del euro¬ estos nacionalistas de nuestra parroquia exijan «más autogobierno» y hasta lloren lágrimas de cocodrilo porque, dicen y mienten, se les recorta el que ya tienen?

La cal viva
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 7 Enero 2002

La última imagen que guardo de Ramón Jáuregui como diputado en el Parlamento vasco es verdaderamente terrible: un batasuno echando en su escaño cal viva, a modo de recordatorio de su época como delegado del Gobierno en aquella comunidad cuando actuaban los GAL y , naturalmente, como amenaza de muerte. Se dijo que aquel espectáculo fue la gota de agua que colmó el vaso y que lo afectó de tal forma que decidió venirse a Madrid porque no soportaba más la presión. Nadie puede reprochárselo. Al contrario, cualquiera que haya dedicado años de su vida a jugársela haciendo política bajo las siglas del PP, PSE, UPN o Unidad Alavesa en el País Vasco y Navarra merece nuestro respeto. Jáuregui tiene el mío en lo personal y, hasta ahora, en lo político. A partir de ahora va a resultar difícil tenérselo, porque la operación político mediática que él encabeza y protagoniza para liquidar la política de resistencia democrática de Nicolás Redondo Terreros al frente del PSE-PSOE y entregarlo en brazos del PNV, a fin de dejar solo al PP en la lucha antiterrorista y debilitar al Gobierno de Aznar (o al menos intentarlo) es una de las más rastreras de cuantas ha concebido el incontrolado e incontrolable sectarismo de la izquierda en los últimos 25 años.

Y no son pocas. Recuérdese aquel pacto del PSOE con la URSS, perpetrado en el mismísimo Kremlin por González, Guerra y Boyer (con un tal Javier Solana al fondo), para sacar a España de la OTAN mediante plebiscito si el Parlamento votaba democráticamente su entrada; eso sí, a cambio de que Moscú rompiera por dentro al PCE. Recuérdese su campaña «OTAN de entrada, no». Recuérdese el manipulado referéndum posterior. Recuérdense los últimos años bunkerianos del felipismo, tratando de impedir desde el poder la alternancia democrática por si los crímenes y robos daban con medio Consejo de Ministros en la cárcel. La cuenta es, como digo, larguísima. Pero no creo que se haya perpetrado una fechoría tan rastrera, tan grave y, en el fondo, tan innecesaria como la que Zapatero y Jáuregui, siguiendo perrunamente el guión escrito por Cebrián al día siguiente de las elecciones vascas, están llevando a cabo con absoluta frialdad, sinuoso disimulo y redomada hipocresía. Todo, para apartar al PSE-PSOE del frente democrático contra ETA y contra la complicidad del PNV con ETA. El único argumento de Jáuregui es puro sectarismo: diferenciarse del PP.¿Pero en qué: en el euro, en los impuestos? Eso es igual. Lo esencial es que no los confundan con el PP, no ir junto a la derecha. ¿Ni a los entierros? ¿Y para romper con la derecha española, democrática y pastueña, van a alquilarse a la extrema derecha racista, antidemocrática y separatista del PNV? Y todo ello, Jáuregui, ay, después de la cal viva. ¿Tan viva está?

Absurda maniobra en Euskadi
JUSTINO SINOVA El Mundo 7 Enero 2002

Mientras Rodríguez Zapatero calla, el Partido Socialista de Euskadi da pasos discretos pero firmes de aproximación al PNV. Tal como van las cosas, el silencio del líder Zapatero no es neutralidad sino conformidad con esa nueva estrategia, que significa un cambio espectacular en la política que el PSOE venía desarrollando.

Efectivamente, lo que está pasando en el socialismo vasco contradice la gestión realizada desde la firma del pacto antiterrorista, en diciembre de 2000, y anuncia el abandono del terreno ocupado junto con el Partido Popular, bestia negra para algunos de los promotores de la nueva maniobra.

Lo primero que va a quedar destruido, si se consuma la aproximación, es el citado pacto, que exigía al PNV que rompiera con el entorno etarra. El PNV no sólo no ha roto con esa rama totalitaria del nacionalismo, que asesina a los discrepantes, sino que sigue renovando sus relaciones: Batasuna ha ayudado a Ibarretxe a sacar adelante sus presupuestos en el Parlamento, y por algo habrá sido. El pacto denunciaba a PNV y EA su socio de Gobierno , porque «de acuerdo con ETA y EH, pusieron un precio político al abandono de la violencia, que consistía en la imposición de la autodeterminación para llegar a la independencia del País Vasco». Si el PNV hubiera realizado actos patentes de alejamiento del nacionalismo totalitario, la cabriola que se apresta a realizar el PSE sería menos asombrosa, pero precisamente está ocurriendo lo contrario, que el PNV radicaliza su política y reta al Estado a un pulso. Es decir: el pacto antiterrorista sigue siendo necesario para la defensa de la democracia en general y de la libertad de los ciudadanos no nacionalistas en particular.

Este episodio revela un triste complejo en el PSE, que se asienta en dos persuasiones: por un lado, la de que el socialismo no tiene que ir de la mano del PP, cosa que está muy bien para situaciones de normalidad pero que es una necedad en circunstancias dramáticas y excepcionales como las que vive el País Vasco, donde la defensa de la libertad exige la unión de los demócratas frente a los totalitarios y sus amigos; por otro, la de que la política en Euskadi pasa necesariamente por el PNV, como si plantear una alternativa no nacionalista fuera un delito contra la sociedad vasca. Eso conforma una actitud de inferioridad, que va a llevar al PSE a la sumisión bajo un PNV que se frota las manos y al que sólo le interesa alejarse cada vez más de España. Este disparatado brinco sólo puede impedirlo Zapatero. ¿Lo intentará, siquiera?

Mesianismo asesino
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 7 Enero 2002

El año inicial del nuevo siglo terminó con la emisión de un vídeo de Ben Laden exaltando el terrorismo y el asesinato indiscriminado de occidentales, en nombre de Alá y de la «Cruzada de odio» de Occidente contra el islam. Una red extensa de sus militantes y de sus admiradores piensan lo mismo: Occidente es el mal, y hay que exterminarlo. Todo ello envuelto en un lenguaje providencialista y un mesianismo vengador, digno de figurar en un puesto preferente de la infamia humana, dado que el infierno ha devenido en un lugar políticamente correcto, de expiación transitoria de la culpa. El fanatismo de tal concepción, mezcla de espíritu mesiánico y vocación asesina, es como una pesadilla atávica de la razón, poblada de monstruos goyescos, que debiera alertar, por su condición satánica, a cualquiera que pretenda situarse en la estela luminosa del conocimiento y de la vivencia intelectual. Sin embargo, por una curiosa inversión dialéctica ¬no se considera aquí el juicio directamente subvencionado¬ hay bastantes profesionales de la pluma o del micrófono que asumen el fondo de los mensajes de Ben Laden y consideran a la víctima culpable de que el asesino la haya ejecutado.

Aquí, en este viejo solar que vio enfrentarse durante siglos a las civilizaciones islámica y cristiana, estamos acostumbrados a, que, en pleno siglo XXI, se considere también que la culpa de los asesinatos de Eta recae sobre los asesinados, por no compartir la trascendental y objetiva visión del futuro histórico que tiene el nacionalismo iluminado. Pero algunos creíamos que ello podría deberse a una singular influencia del clima sobre el neocórtex. Ahora, al comprobar que el curioso modo de discurrir es universal, hay que volver a darle vueltas a la idea gramsciana del intelectual orgánico, para hallar alguna pista de tal aberración lógica. En los años de la moda del compromiso intelectual, solía interpretarse tal compromiso como una actitud de rebeldía del intelectual de izquierda contra el poder conservador establecido. De lo que se deducía, con lógica indiscutible, que los intelectuales partidarios de las ideas conservadoras, o simplemente tolerantes con ellas, entraban en la categoría que Gramsci definía como intelectual orgánico. De la sumisión de los intelectuales marxistas al poder de la Unión Soviética no se hablaba en términos de intelectualidad orgánica: eran siempre faros que alumbraban el progreso histórico, que seguían el compromiso con las ideas redentoras como un imperativo categórico. Cuando el experimento del socialismo real se derrumbó, los pregoneros de la fantasmagoría se quedaron sin saber a qué planta acogerse para su función orgánica, que a Sciascia le hacía pensar en el abono. «El intelectual orgánico es una especie de abono para la planta política», decía, para añadir que él prefería ser la planta. Otros prefieren abonar el huerto de Ben Laden, y culpan a las víctimas. Eso es todo.

De Estado a Estado
GABRIEL ALBIAC El Mundo 7 Enero 2002

Qué significa Estado? Representación. El problema está en establecer qué sea lo que «representación» designa. Toda la filosofía política pende de los endemoniados matices léxicos de ese sustantivo.Desde Maquiavelo al menos; sobre todo, desde la gran mutación del siglo XVII.

Porque el tropo que asimila «representación» a mecánica electiva es muy tardío; tanto cuanto las revoluciones burguesas. Antes de 1789, representación esa metáfora en la cual cabe el Estado fue «reconocimiento». Pero tampoco es ése un vocablo unívoco.

Que un canon absoluto sea preciso para que un individuo logre reconocerse y reconocer a los otros como suyos lo formula Platón antes que nadie. Diversas entidades ocuparán tal función modélica, sin la cual, faltos de identidad, no existirían sujetos: todo sujeto individual lo es por participación, en tanto que expresión parcial del sujeto modélico, espejo de las reglas básicas que fijan lo idéntico y cierran sus fronteras. Diversos dioses ocuparon la función reguladora (»imagen y semejanza»), a lo largo de las diversas historias de los hombres. El Estado no hizo sino ocupar mediado el siglo XVII europeo el altar desertado por las viejas deidades. Como único interlocutor que a todos interpela por su nombre, del cual todos participan y con el cual ninguno es equiparable.Como último heredero del Dios monoteísta, no puede un Estado equipararse más que a otro Estado. Sólo con ese igual puede pactar o negociar bilateralmente.

¿A quién cabe «denunciar la ruptura del carácter pactado y bilateral» del «pacto político» contraído por un Estado? Obviamente, a otro Estado. Sólo. Da un poco de sonrojo tener que explicitarlo. Tan obvio es. Sonrojo, el contexto del cual extraigo el entrecomillado: Documento del Gobierno Vasco acerca del Concierto Económico. De Estado a Estado, la administración autónoma de Ibarretxe proclama que «las Instituciones del País Vasco no aceptarán, en ningún caso, una imposición» del Estado español. Y la Fiscalía no interviene de oficio. De oficio, sencillamente porque proclamar que «las relaciones tributarias y financieras entre el País Vasco y el Estado que se pactan a través del Concierto responden a una relación bilateral entre los poderes del Estado y los poderes del País Vasco» presupone declaración de independencia: la que convierta al PNV, de derecho de hecho, ya lo es en Estado vasco.

Lo de los 40.000 millones que el PNV va a embolsarse es anécdota (cabreante para el contribuyente al cual saquea Hacienda, pero anécdota). Las reglas de lenguaje en las que su manifiesto se sustenta son otra cosa: representación, reconocimiento, Estado.

Eficacia contra la «kale borroka»
Impresiones El Mundo 7 Enero 2002

Diversos ataques de kale borroka se han producido en los primeros días de este año contra sedes de Correos, varias oficinas bancarias y la vivienda de un ertzaina. La Ertaintza venía siguiendo la pista a un grupo organizado de jóvenes de Irún y montó una operación policial en la noche de Reyes que se saldó con la detención de seis de los 20 integrantes de un grupo de radicales que con todo tipo de material cócteles Molotov, garrafas de combustible y artefactos pirotétnicos se disponían a atacar oficinas bancarias.Hay que felicitarse por la actuación de la policía autónoma y desear que dedique medios y esfuerzos a combatir esta forma de terrorismo callejero, porque, según los indicios de la policía, los profesionales de la kale borroka están dispuestos a provocar disturbios en las sedes de las reuniones que se celebrarán con motivo del semestre de Presidencia de la UE.

Distingos «sabinianos»
Breverías ABC 7 Enero 2002

El nacionalismo dislocante tiene por norma hacer distingos entre los ciudadanos. Es difícil que Ibarretxe entienda que un murciano, un gallego o un catalán tienen los mismos derechos que un vasco, perdón, que un vasco nacionalista. ¿Por qué? Porque los sabinianos confunden el lugar de nacimiento con el mejor lugar del planeta, que necesita, por ello, un estatus privilegiado para sus gentes. Como afirma el secretario de Estado de Organización Territorial, Gabriel Elorriaga, la presencia directa de la Autonomías en el Consejo de la UE no tiene cabida en la Constitución porque los españoles así lo decidieron. Claro que si es difícil dar clases de geografía a alguien tan confundido como Ibarretxe, cómo será hacerle entender el principio de la democracia.

Bipolarismo
ENRIQUE GIL CALVO El País 7 Enero 2002

Apelando a la secular tradición del foralismo vasco, reflejada en la máxima 'se acata pero no se cumple', el lehendakari Juan José Ibarretxe acaba de romper la baraja negándose a pagar parte del Cupo que Madrid le factura tras imponerle una prórroga unilateral del vigente Concierto Económico. Inmediatamente, los españolistas se han rasgado las vestiduras, acusando al separatismo vasco de volver por sus fueros a las andadas. Y denuncian al lehendakari por provocar la ruptura haciendo imposible el pacto con sus exigencias tácticas de soberanismo europeo, sólo esgrimidas al servicio de su estrategia de la tensión. Pero no sé de qué se extrañan los españolistas, pues era lógico esperar tan provocativa insumisión, dada la actual deriva de los acontecimientos. Es más, deberían agradecer que los nacionalistas vascos se quiten la careta, renunciando a su habitual ambigüedad. Esto hace pensar que la protesta de los españolistas es hipócrita, pues en el fondo están encantados de que Juan José Ibarretxe rompa el juego alimentando la misma estrategia de la tensión a la que también juegan ellos.

Ante tan aparatoso como truculento escenario rupturista, conviene relativizar su dramatismo, reduciéndolo a sus más prosaicos y justos términos. En realidad, no se trata más que de un conflicto de intereses cuyo objeto de discordia parece irrelevante, pues tanto para Madrid como para Vitoria lo que cuenta no es la calderilla del huevo, sino la honrilla del fuero. Pero tampoco hay que alarmarse por ello, pues lo mismo sucede en casi todos los contenciosos, y lo más civilizado es recurrir a los tribunales, dejando que sea la autoridad jurisdiccional española y europea la que resuelva el litigio en su día. Lo cual supondría un paso adelante, pues significa sacar el conflicto vasco del violento ámbito del Derecho penal para devolverlo a la pacífica esfera del Derecho civil, de la que nunca debió salir.

Por lo que hace a la tensión política que se ha creado, con su clima de confrontación y enfrentamiento, tampoco hay por qué asustarse, pues sin duda tiene su lado bueno. Por primera vez en mucho tiempo, quien dicta la agenda y lleva la iniciativa del conflicto vasco es el Gobierno del Partido Nacionalista Vasco (PNV), y no ETA ni Batasuna (por más que ésta haya logrado ganar algún punto sacando a aquél de su atolladero, como luego comentaré). Y además, la iniciativa del lehendakari, por muy soberanista que parezca (lo que resulta legítimo, aunque también disfuncional), es una iniciativa política, y no una coacción armada ni una oferta de tregua chantajista como hasta ahora sucedía. Por eso su iniciativa es también pedagógica, pues así los nacionalistas aprenderán que la soberanía se defiende más y mejor por medios políticos que violentos. Hoy, el Cid Campeador de los abertzales ya no es la criminal ETA, sino el pacífico lehendakari.

Pero esta estrategia de la tensión política que alimentan los campeones de ambos bandos, José María Aznar y Juan José Ibarretxe, por muy pedagógica que resulte, también tiene sus efectos perversos. Me refiero a la bipolarización del escenario vasco, que no es mala en sí misma, pero que genera el daño colateral de reducir su grado de pluralismo político. Hace quince días aludí a la estrategia de vaciamiento que está esgrimiendo el Partido Nacionalista Vasco para fagocitar al electorado que vota a Batasuna. Pues bien, lo mismo hace Jaime Mayor Oreja en el otro bando, tratando de seducir al electorado socialista. Y si ambos vaciamientos antagónicos tuvieran éxito, el pluralismo de la sociedad vasca quedaría reducido a un artificial bipolarismo entre peneuvistas y españolistas, que no refleja en absoluto la complejidad de Euskadi.

De ahí que tanto Batasuna como el socialismo vasco se hayan visto obligados a reaccionar, tratando de evitar su vaciamiento electoral. Batasuna ha tomado la iniciativa política de desatascar el Parlamento vasco, esperando recuperar así algún margen político. Y el Partido Socialista de Euskadi ha iniciado una catarsis que ha de redefinir su identidad, tratando de romper ese bipolarismo que amenaza con vaciarle por dentro.

Una carta perpleja
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 7 Enero 2002

Había un hondo patetismo, lehendakari, en la foto de familia que se hizo usted poco después del año nuevo frente al once que encabeza, un cuadro de Zubiaurre matizado por la presencia optimista, rubicunda y abacial de Javi Madrazo. Denunciaba usted el incumplimiento de la ley por el Gobierno central al prorrogar unilateralmente el Concierto y en lugar de recurrir ante tribunal competente el desafuero, decidía declararse insumiso fiscal, incumplir la ley y fijar unilateralmente el Cupo a pagar al Estado en 2002. Entre los 42 millones de euros de diferencia que se registraban entre las partes durante la negociación, a los 1.238 millones que le salían a la vicelehendakari, pasando por los 120,2 millones que calculaba Arzalluz, a usted le salían 240,4 millones.

Quiero, en primer lugar, felicitarle por su habilidad en el redondeo a la baja. Mientras todo sube, su Cupo ha bajado en 138 millones de euros respecto a 2001. No está mal. Pero permítame que le diga que no es un buen precedente el plante fiscal de su Gobierno. Verá, lo que caracteriza a los gobernantes democráticos no es sólo el hecho de haber sido elegidos por el voto popular. Hay otro requisito, que es su respeto al Estado de Derecho, su compromiso de cumplir y hacer cumplir las leyes. ¿Cómo podrían hacer cumplir lo que ellos mismos no cumplen? El único modelo de golpista no es el general Franco, o el espadón decimonónico modelo Pavía. Están también los que ganan las elecciones y después se ciscan en la legalidad que se comprometieron a defender. Hitler y Fujimori están entre estos últimos.

Oí a su esforzado portavoz negar que exista incertidumbre «porque el propio Estatuto marca de quién son las competencias fiscales y toda la normativa fiscal y tributaria». Que no importaría que el Concierto no se hubiera prorrogado mientras esté vigente el Estatuto. Sin embargo, lehendakari, permítame recordarle que el 23 de octubre de 1999, el grupo socialista en el Parlamento vasco planteó una proposición no de ley en la que se afirmaba la vigencia del Estatuto de Gernika. La proposición fue derrotada con su voto, el de su portavoz y los otros 25 parlamentarios del PNV y EA, los 14 de Euskal Herritarrok y los 2 de Izquierda Unida. Recuerdo que con tan fausto motivo le escribí mi primera carta, recordándole que si su voto definía la realidad y el Estatuto no estaba vigente, usted era un ‘okupa’ en el palacio de Ajuria Enea.

Permítame señalar que si no acepta su Gobierno la prórroga del Concierto y el Estatuto no tiene vigencia, las haciendas forales no tienen mucha más legitimidad para recaudar impuestos que el señor Robles o el señor Otxia, representantes de una fiscalidad alternativa que antaño atendían a los empresarios vascos en lugares céntricos de las ciudades de Ipar Euskalherria. ¿Con qué convicción política y moral van a recabar de los ciudadanos el escote anual para que las arcas públicas puedan subvencionar nuestras necesidades y algunas de sus fantasías soberanistas? ¿Podremos los ciudadanos fijar unilateralmente nuestra cuota líquida frente a la Hacienda foral al igual que ha hecho usted frente al Estado con el Cupo 2002? ¿Qué le parecería si en un próximo Consejo Vasco de Finanzas, al discutir las aportaciones, la Diputación de Álava explica que sólo está dispuesta a contribuir con una determinada cantidad y ni un euro más a las cargas comunes entre las que está su propio sueldo de usted? Usted me perdonará, lehendakari, si me atrevo a decirle que está siendo usted un mal ejemplo para la ciudadanía. Que no lo acabo de ver, en fin. Por lo demás, tengan usted y los once que le secundan en la foto un feliz año 2002.

«La supuesta armonía de la sociedad civil no es más que miedo»
Asegura que los no nacionalistas no pueden seguir colaborando en dar la sensación de «que aquí no pasa nada» «Si uno no quiere ser víctima ni verdugo, tendrá que ser rebelde»
J. J. CORCUERA BILBAO El Correo 7 Enero 2002

Recibe, como casi siempre, embutido en un albornoz de seda verde, con la barba pulcramente recortada y con la sonrisa encendida en unos ojos de eterno niño malo. Fernando Savater, el intelectual vasco que, sin duda, más se ‘mojó’ en la campaña de las autonómicas desde la plataforma Basta Ya, analiza en esta entrevista la Euskadi posterior al 13-M y la situación social y política. «Los no nacionalistas no queremos seguir colaborando en dar una sensación de normalidad, de que aquí no pasa nada», asegura.

-¿Se ha recuperado ya del 13-M?
-A mí siempre me pareció inverosímil que los no nacionalistas pudiéramos ganar. El nacionalismo vasco es un régimen, no sólo un partido, y a los regímenes es muy difícil vencerles a la primera de cambio. El resultado no fue malo, se debilitó a Batasuna, las fuerzas no nacionalistas tuvieron un ascenso importante y se vio que el voto nacionalista era más bien de moderación. Si los gritos que la señora Errazti dio después de la victoria los hubiera dado antes no hubiera habido victoria. Los nacionalistas no perdieron las elecciones, lo que no hicieron fue ganarlas. Se han pasado el tiempo regañando a los demás porque no han digerido los resultados del 13-M, cuando los que no han entendido nada han sido ellos.

-¿Por qué saca esa conclusión?
-No perdieron el poder, pero han visto acercarse cada vez más a sus adversarios y han tenido cambiar muchos de sus planteamientos. Dije ya hace tiempo que los de Batasuna eran totalitarios y me cayeron unos palos terribles. Ahora se lo oigo decir a Ibarretxe y pienso que algo es algo, que poquito a poco vamos extendiendo algunas ideas. El nacionalismo ha vuelto a leer los resultados en clave de prepotencia y así no se puede gobernar, porque el país no es gobernable sólo desde el nacionalismo.

-No es frecuente ver a un intelectual encabezando manifestaciones y gritando a los violentos como un ‘hooligan’.
-Es verdad. Pero eso viene un poco de la cultura política de cada uno. Después de todo soy un niño del 68. Para mí la acción y la intervención en la vida política y en la calle es algo habitual. Los que ahora se asustan viéndome en las manifestaciones cayéndome de viejo, sabrían lo que es bueno si tuviera veinticinco años menos. En el País Vasco, la gente que ha llevado la lucha contra ETA y contra algunos planteamientos ideológicos del nacionalismo son siempre los que se habían significado en la lucha contra Franco. Lo que hace falta es que vaya surgiendo gente más joven.

-¿Y está saliendo?
-Yo creo que sí. Lo que pasa es que hay mucho miedo, es incómodo y sobre todo se está yendo muchísima gente. Se habla muy poco de la huida masiva del País Vasco de profesores, de empresarios, de jóvenes profesionales y de gente corriente, que se van por simple incomodidad. Si esperamos un poco más ya no va a hacer falta ni referéndum, porque todos los que podían votar otra cosa que no sea el nacionalismo excluyente se habrán ido. El problema es la educación.

-Siempre que tiene oportunidad habla de la necesidad de una pedagogía social.
-La educación, la información y todo lo que apunta a los jóvenes está sesgado y contaminado por el apoyo a tesis que terminan generando violencia. Es la invención permanente de ficciones excluyentes. Antes he oído no sé qué sobre la preparación de los mil años de Sancho III de Navarra. Decían con todo desparpajo que fue rey de un Estado vasco. ¡Hace mil años!, ¿Qué Estados había entonces en Europa? Esa mezcla de oscurantismo cultural y de manipulación política, que es lo que se transmite en la educación, está bloqueando las posibilidades de una convivencia en el País Vasco. Que no se preocupen tanto de Sancho III de Navarra, y que se preocupen más de lo que ocurre en la cumbre del BBVA, que es el que les puede dar problemas.

«Tirar del carro»
-¿Cree que PP y PSE están bloqueando el funcionamiento del Gobierno de Ibarretxe, como denuncian los nacionalistas e IU?
-Lo que no queremos ya los no nacionalistas es seguir colaborando en dar una sensación de normalidad, de que todo va bien, de que aquí no pasa nada, a costa nuestra. El País Vasco ha seguido funcionando a pesar de la violencia, del sectarismo y de todo lo demás, gracias a que muchas de las personas que estaban especialmente damnificadas han seguido tirando del carro. Soy partidario de que si PP y PSE no están en condiciones de igualdad en las elecciones municipales, que no se celebren o que se boicoteen. Hay que empezar a decir que este país o es de todos o no va a poder funcionar para unos pocos. Otra de las ficciones es decir que son sólo los políticos los que no se entienden. La supuesta armonía de la sociedad civil no es más que miedo, acojono: muchos no expresan lo que piensan en voz alta y gracias a eso viven tranquilos. En cuanto dicen lo que piensan, se encuentran hostilizados y atacados por las personas que les rodean, no por los políticos.

-¿Habla otra vez de rebelión social?
-Creo firmemente que hace falta una rebelión social en Euskadi. Cuando se habla ¡desde el Gobierno vasco! de desobediencia civil habría que decirles que sí, que por supuesto, pero que el Gobierno son ustedes. No se puede ser a la vez Gandhi y el virrey de la India como pretenden algunos. En muchas cosas va a haber que hacer una desobediencia civil frente al poder establecido, no como un intento anárquico sino para llamar la atención sobre la marginación de una serie de personas y de ideas. Frente a la violencia, si uno no quiere ni ser víctima ni verdugo tendrá que ser rebelde.

-Los Presupuestos vascos están bloqueados, el Concierto en el aire, el distanciamiento entre los partidos es ya una constante...
-Hay muchas cosas que a veces tienen que empeorar de verdad para que mejoren. Mientras las cosas van medio bien, medio mal no se mueve nada. Un Parlamento en el que se pretenda hacer todo a gusto del nacionalismo no va a funcionar. Lo mejor es que se vea que no funciona. Y veremos luego cómo se arreglan las cosas.

-¿Le preocupa la crisis del PSE?
-Espero que el congreso sirva para reforzar el liderazgo y la línea política de Redondo. Me produce una cierta alarma que uno de los dos partidos constitucionalistas tenga este tipo de quiebra y de división de opiniones».

-¿Ve usted el diálogo por algún sitio?
-Eso que dice Ibarretxe del ‘diálogo hasta el amanecer’ me recuerda a la película ‘Abierto hasta el amanecer’, que terminaba llena de vampiros. Me da un poco de miedo, porque creo que en el diálogo del lehendakari al final todo el mundo se convierte en vampiro. Dialogar sí, pero convertirnos todos en vampiros, no.

-No satanice a los nacionalistas.
-En épocas del franquismo había quien decía ‘no descalifiquemos todas las obras del régimen, que tiene cosas buenas’. Las críticas hay que hacerlas, siempre que se señalen problemas reales. No trato de satanizar, simplemente digo lo que no me gusta de unas ideas políticas, con las que estoy perfectamente dispuesto a convivir, salvo que vayan pasando de una democracia de ciudadanos a una democracia étnica, cosa que ni por las buenas ni por las malas queremos.

-¿Cree que el PNV tiene un proyecto político preconcebido?
-Hay un intento, como mucho, de que los no nacionalistas tengan otra oportunidad de apuntarse al nacionalismo. Pero tienen que acostumbrarse a que muchos no les van a dar nunca la razón y no se harán nacionalista, por lo que deberán arreglarse para convivir. No sé si tienen un plan perverso, prefiero pensar que no, que están dando palos de ciego, pero lo que seguro que no tienen es un plan de integración. Arzalluz habla de infiltrados en la Ertzaintza; es decir, puestos que él había diseñado en su cabeza sólo para nacionalistas. En el País Vasco, todos los demás somos infiltrados. Es un escándalo y un disparate.

-¿Quién dijo : «Me repetiré hasta que me entiendan»?
-Eso lo dijo Voltaire, un ejemplo de intelectual al que admiro. Un filósofo de los que molestan.

-¿Y usted se repetirá hasta que le escuchen?
-No, hasta que me entiendan, porque ahora me escuchan pero no me entienden.

La Ertzaintza desbarata en Irún una noche de terror como la de Guernica
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 7 Enero 2002

La Ertzaintza logró detener a seis proetarras y desbaratar la noche de terror que los cachorros de ETA habían planificado en Irún (Guipúzcoa), apenas una semana después de los actos vandálicos perpetrados en la localidad vizcaína de Guernica. Esta no es la primera ocasión en la que esta localidad guipuzcoana, que dirige el socialista Alberto Buen, sufre los ataques de la «kale borroka».

Si en la pasada Nochevieja, los vecinos de Guernica alertaron a la policía vasca de una horda de radicales -unos 40 encapuchados perfectamente organizados- que redujeron a cenizas cuatro sucursales bancarias sin que hubiera detenciones, la Ertzaintza logró impedir en la noche del sábado, gracias a un dispositivo de prevención de algaradas en la zona, otra noche de sabotajes contra entidades bancarias y la comisaría de la Policía Nacional en Irún, objetivos de los radicales.

Ésta es la primera operación importante que efectúa la Ertzaintza contra la «kale borroka» desde el asesinato, en noviembre del año pasado, de los dos ertzainas que se encontraban regulando el tráfico en Beasain. En anteriores ocasiones, en este tipo de operaciones, la Ertzaintza se encontró con emboscadas por parte de los radicales, ante las que los agentes terminaban por replegarse ante el grave riesgo de resultar quemados.

UNA RESPUESTA RÁPIDA
Lo sucedido en Irún evidencia una mayor planificación del departamento de Interior en su respuesta al terrorismo de baja intensidad, tal y como le venían demandando los sindicatos policiales que criticaban la falta de operatividad de los dispositivos y la impunidad con la que actuaban los radicales.

Según el relato del departamento vasco de Interior, los hechos tuvieron lugar a las doce menos veinticinco de la noche, cuando «un grupo organizado de violencia callejera» compuesto por una veintena de jóvenes, provistos de capuchas, intentaron llevar a cabo «una operación de violencia callejera, similar a la que se registró en Guernica» durante la Nochevieja y que ayer fue contestada por dosicentos vecinos de esta localidad en una manifestación.

El dispositivo policial, que según la consejería de Interior funciona desde el verano, dio sus frutos cuando los agentes localizaron un vehículo en la calle Arta Leku del que varios individuos comenzaron a extraer bolsas con material para perpetrar actos de «kale borroka». Sin que los radicales depusieran su actitud, la policía intervino teniendo que hacer frente al ataque de un grupo compuesto por entre 25 y 30 encapuchados que comenzaron a arrojar «cócteles molotov» contra los agentes, que usaron sus armas reglamentarias para repeler los ataques, disparando varias veces al aire.

Según la información proporcionada por el departamento vasco de Interior, los proetarras llegaron a lanzar hasta un total de veinticinco «cócteles molotov» contra los agentes, si bien sólo uno de ellos impactó en el cuerpo de uno de los policías sin que fuera necesaria su evacuación.

En la operación, la policía vasca detuvo a un total de seis jóvenes, tres de ellos vecinos de San Sebastián, dos de Irún y otro más de Pamplona, cuya identidad no fue facilitada, y se incautó de diverso material entre el que destacan otros veinticuatro «cócteles molotov», así como capuchas, camisetas, guantes de látex, tres garrafas de gasolina, una artefacto pirotécnico de gran potencia y una maza utilizada para la rotura de cristales en entidades bancarias que los radicales pretendían utilizar.

ATENTADO DE ETA
El alcalde de Irún, Alberto Buen Lacambra, relató ayer como, debido a la confusión, se pensó en un principio, que lo que había ocurrido era un atentado de ETA al escuchar el estruendo del lanzamiento de «cócteles molotov» contra una sucursal bancaria. Buen recordó que no hace mucho la localidad sufrió un ataque similar con sabotajes a las oficinas de la Cadena Ser, de Iberdrola y de telefónica. En aquella ocasión, la intervención a posteriori de la Ertzaintza, que se incautó de diverso material abandonado por los radicales, impidió que los daños fueran aún mayores.

El departamento vasco de Interior no quiso precisar en cuántos municipios de Euskadi había establecido el operativo policial en previsión de posibles acciones de violencia callejera, aunque sí indicaron que fueron en «muchos». El objetivo de este dispositivo era evitar que los radicales aprovecharan una noche festiva como la de ayer para cometer actos vandálicos, como ocurrió la pasada nochevieja en Guernica.

OPERATIVO POLICIAL
La consejería vasca de Interior anunció el pasado verano la puesta en marcha de este operativo policial ante los asiduos ataques de «kale borroka» que sufrían pueblos determinados de Euskadi como Hernani o Irún, así como significativos barrios de San Sebastián y Bilbao, donde los radicales campaban, hasta ahora, a sus «anchas».

Pero éste no fue el único acto de «kale borroka» perpetrado el sábado, ya que también fue atacada con «cócteles molotov» la casa de un ertzaina en la localidad guipuzcoana de Rentería. Uno de los artefactos impactó en la terraza del domicilio, otro en la repisa del balcón de un vecino y otros tres en la acera, si bien no hubo que lamentar heridos y los daños materiales fueron de escasa consideración. Tras el ataque, los autores del mismo se dieron a la fuga.

El enemigo común
Por Ignacio CAMACHO ABC 7 Enero 2002

La artillería argumental del Gobierno suele percutir con recurrencia sobre la falta de proyecto y coherencia en el PSOE, que va desde la versión actualizada del «carajal autonómico» de Borrell -ahora en forma de federalismo asimétrico- a la indefinición ideológica, los titubeos sobre política fiscal o las contradicciones entre la dirección federal y las baronías territoriales. Existe, sin embargo, una línea táctica que se viene manifestando de un modo bastante homogéneo, casi secuencial, desde 1999, tanto en el escenario nacional como en el autonómico, y que si no responde a un plan exacto se desarrolla como si así fuera. Se trata del esfuerzo por aislar al PP frente al resto de las fuerzas políticas, para presentarlo como un factor retrógrado, monolítico, cerrado al diálogo y poseído por un denso hieratismo autoritario.

Ese plan táctico -que responde a la evidente estrategia de recuperación de poderes parciales antes de asaltar la Moncloa- parte del acuerdo insular en las Baleares, en 1999, es decir, antes de la llegada de Zapatero, y culmina por ahora en el movimiento de desmarque en el País Vasco, ya claramente visible después de la renuncia de Nicolás Redondo. En medio están la intentona de alianza con Izquierda Unida en las generales de 2000 -con su correspondiente y estrepitoso fracaso-, la aproximación al nacionalismo gallego de Beiras -igualmente naufragada ante el huracán fraguista- y los pactos en Andalucía con el PA y ahora con IU, que sí han permitido a Chaves configurarse un horizonte muy despejado en el que puede permitirse el lujo de elegir el menú de estabilidad a su derecha y a su izquierda.

En todos estos procesos resulta perfectamente visible una línea común, que pasa por el aislamiento del PP, en el gobierno o en la oposición, frente a un teórico bloque de progreso. El dato de que esta estrategia comenzara en la etapa de Joaquín Almunia y la evidencia de que es en Andalucía donde ha cosechado sus mejores resultados parecen avalar la hipótesis de que se trata de una idea de origen tardofelipista, en cualquier caso ajena en su origen a la actual dirección del partido.

El último episodio táctico de esta naturaleza es el que se está produciendo en el País Vasco, donde ya son numerosos los dirigentes que no se recatan en proclamar su intención de forzar el aislamiento del PP, aunque la tesis oficial insista en buscar una posición propia equidistante entre los populares y los nacionalistas. La equidistancia fue, precisamente, uno de los grandes reproches morales que los socialistas hicieron al PNV en la campaña de mayo pasado, un reproche en el que destacaron el actual presidente de la gestora vasca, Ramón Jáuregui, y el previsible candidato a la sucesión de Redondo, Patxi López, elocuente y florido citador de los versos de Paul Eluard sobre la libertad, escritos bajo el impulso de la resistencia antinazi.

Ocurre, sin embargo, que si en Galicia es fácil identificar a Fraga con el oscurantismo monolítico de un régimen casi perpetuo -el mismo, paradójicamente, que en Andalucía defiende con éxito Chaves mediante una política de compraventa de favores y parcelas secundarias de poder-, el cambio de adversario en Euskadi puede suponer una sensible confusión de objetivos difícil de asimilar por la opinión pública española. En España, la mayoría de la gente piensa que el principal problema vasco es el terrorismo de ETA y las actitudes ambiguas, o complacientes, del nacionalismo. Este, por el contrario -o sea, la mayoría del electorado vasco-, identifica al PP como principal problema para la convivencia, como acaba de sugerir la postura oficial del propio Gobierno autónomo de Vitoria.

Hasta ahora, los socialistas vascos habían venido compartiendo el análisis constitucionalista, refrendado por una amplia base social interpartidaria en España. Cambiar de prioridad significa empezar a compartir de algún modo la idea de que el problema vasco son las víctimas antes que los verdugos. Aun soslayando la repugnancia moral de esta premisa -en política los principios éticos tienden a considerarse secundarios-, constituye una aberración lógica que va a plantear serios problemas de entendimiento ciudadano.

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