AGLI

Recortes de Prensa     Martes 8  Enero 2002
#Traición
Alfonso USSÍA ABC 8 Enero 2002

#El norte de Zapatero
GERMAN YANKE El Mundo  8 Enero 2002

#Intoxicaciones nacionalistas
Ignacio Villa Libertad Digital  8 Enero 2002

#Zapatero se quita la careta
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  8 Enero 2002

#Razonamiento del cornudo
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón  8 Enero 2002

#Constitución y conflicto vasco
JOSÉ RAMÓN RECALDE El País  8 Enero 2002

#Socialistas y vascos
ANTONIO GALA El Mundo 8 Enero 2002

#El PSOE, ese enigma
Ramón PI ABC 8 Enero 2002

#De la A a la Z
Juan Van-Halen es escritor La Razón  8 Enero 2002

#Álava y el concierto
Ernesto Ladrón de Guevara  La Razón  8 Enero 2002

#Lógicas de lo peor
Lucrecio Libertad Digital   8 Enero 2002

#Ni un minuto antes
Cartas al Director ABC   8 Enero 2002

#Los radicales intensifican la «kale borroka»
El Mundo  8 Enero 2002

Traición
Por Alfonso USSÍA ABC 8 Enero 2002

Detrás de toda traición, siempre se adivina un negocio. El señor Rodríguez Zapatero calla y deja hacer, pero la traición se consuma. «¿Quo vadis», ayer digno y respetable Ramón Jáuregui? ¿Ha olvidado ya los centenares de entierros compartidos de tristeza con los populares del País Vasco? La estrategia no la ha marcado ningún dirigente socialista, con excepción de Felipe González, que no se sabe bien de qué es dirigente ni a qué lugar se dirige. El resentimiento nubla los caminos. No me vengan con gaitas intentando demostrar que todo responde a una nueva corriente de pensamiento en el PSE. Que ahí están Benegas, Pachi López y unos cuantos más abrazándose al PNV en beneficio del «diálogo y de la paz» mientras Batasuna apoya sin tapujos a los abrazados. Ahí detrás palpita un gran negocio y, curiosamente, se mueven las piezas de la traición desde Madrid, con el beneplácito de Arzallus e Ibarreche. ¿Qué promesa de ventajas y gabelas justifica la obsesión estratégica de todo un grupo de medios de comunicación? A Redondo no le ha empujado a la dimisión el silencio de una Ejecutiva libre y soberana, sino la callada manipulación de un negocio. ¿Qué hace el académico de regalo imponiendo su teoría? ¿Por qué no existe ni una pluma ni una voz en todo su grupo capaz de mostrar un desacuerdo con el rumbo obligado? De verdad, que no se conoce mayor cohesión de pensamiento en una empresa periodística que la gozada en el día de hoy en el grupo Prisa. La Prensa del Movimiento, a su lado, era un canto a la libertad individual de sus profesionales.

Del pacto de las víctimas, no quedará ni una astilla. El negocio recomienda que el PSOE se acerque al nacionalismo vasco, con Batasuna o sin ella, que a estas alturas de la cosa no parece cuestión de importancia. Duro trance para Zapatero, Caldera, Blanco y los que hoy llevan las riendas desbocadas del PSOE. Una traición a la firmeza y la libertad en el País Vasco puede traducirse en un monumental castigo electoral en el resto de España. Después de treinta años de terrorismo, a cierta y supuesta Izquierda -¿cómo va a ser Izquierda el grupo más capitalista y poderoso del periodismo español?-, le sigue pareciendo indigno aliarse con la supuesta Derecha en el País Vasco para encontrar el equilibrio y la libertad. Ya lo ha dejado Jáuregui claro. Hasta la independencia es respetable si ésta se consigue por medios pacíficos. ¿Es un medio pacífico el chantaje al Estado? ¿Es un medio pacífico el apoyo de Batasuna, o sea, de ETA, en el Parlamento vasco? ¿Es un medio pacífico el gobierno de las administraciones municipales compartido con los directos colaboradores del terrorismo? ¿Qué ventajas y gabelas -casi Gobelas-, aguardan en el futuro a los muñidores de la traición?

A la operación de acoso y derribo de Nicolás Redondo en el País Vasco se la conoce como «operación González». ¿Tanto daño le supuso perder el poder democráticamente? ¿Puede el resentimiento herir de tal forma la estructura de un político? ¿Lee, oye, analiza el señor González las palabras de Javier Arzallus y las actitudes del Gobierno de Ibarreche? ¿Sus manejos son consecuencia de las heridas anímicas o también ha entrado en el negocio?

De cualquier manera, a mí, personalmente, superada la repugnancia principal que me inspira la operación en marcha, lo que más me sorprende es el clamor unánime de centenares de profesionales de la comunicación formando eco a la voz del que manda.

No sean incautos. Aquí no se trata de la Derecha ni de la Izquierda. Los «progres» profesionales y los marxistas rococó insisten en picar en el anzuelo. Esa «Izquierda» representa al capitalismo puro y duro, y los tiene a todos embobados o retribuidos. Por esa misma y simple razón, ninguno se atreve a rechistar. En Madrid se está fraguando la gran traición a los centenares de miles de vascos que desean ser libres sin renunciar a sus ideas y sin que esa actitud les cueste la vida o la de los suyos. Una operación de esa índole no la puede orquestar Benegas. Aquí zumba el resentimiento. Pero tampoco el resentimiento es ola tan poderosa. El nacionalismo necesita de otros aliados para conseguir sus fines. Los muertos ya no cuentan. Los extorsionados constituyen una anécdota. Los amenazados apenas importan. Al final del túnel está el negocio. Ahí sí está el poder y el movimiento, dicho sea -lo del movimiento- con todas las intenciones.

El norte de Zapatero
GERMAN YANKE El Mundo  8 Enero 2002

De las fuentes habituales del Comité Ejecutivo del PSOE, puedo esperar, sin pizca de asombro, cualquier extravagancia, pero la indignidad no puedo resistirla sin levantar la voz. Ahora, al parecer, anuncian que quieren cambiar en el País Vasco de estrategia y de líder, todo un ejemplo de la autonomía que esos pueblerinos que asesoran a Rodríguez Zapatero quieren para el Partido Socialista de Euskadi.

Las incontinentes fuentes aseguran que Redondo sólo obtuvo el 58% de los votos en el congreso en el que fue elegido por primera vez, que no ha aumentado los apoyos, que no replicó cuando se acusó a su partido de dejarlo abandonado y que el partido, sin opinión propia, ha hecho seguidismo del PP. La cadena de sandeces movería a risa si no se estuvieran jugando algo más que el futuro del PSOE.

Redondo, para empezar, fue reelegido por aclamación, el documento político del PSE aprobado sin casi discrepancias, y consiguió en las últimas elecciones un número de votos superior al que sus compañeros lograron en todas las elecciones anteriores. Jáuregui, que hace ahora de muñidor del cambio, fue delegado del Gobierno en pleno apogeo de los GAL, al parecer sin enterarse, elegido secretario general con menor porcentaje que su sucesor y llevó al partido al borde del abismo consiguiendo menos de 175.000 votos en el 94. Ahora se dispone a darle el empujón definitivo porque, afirma, Redondo «está escorado».

Más bien está por encima de sus viejas expectativas y, desde luego, inclinado ante lo único que merece respeto hoy en el País Vasco: defender los derechos humanos y las libertades que ampara la Constitución que ha convertido a los vascos en ciudadanos.

El vasquista Jáuregui enarbola el Concierto como bandera del inmovilismo de todos los demás. Pero fue Redondo el que, antaño, tuvo que ausentarse del Parlamento para no votar, como su partido, contra el mismo Concierto.

El drama de Zapatero no es el honorable pasado de Redondo, sino su futuro. Porque el PSOE no puede, sin redactar su acta de defunción, defender otra estrategia y porque, mal que le pese, no tiene otro candidato serio para subsistir hasta estadísticamente. ¿Una mezcla de Patxi López y Eguiguren?

Eguiguren no puede serlo por las mismas razones por las que no encabezó la lista de Guipúzcoa y López es un diletante conocido, sólo por ser hijo de López, en algunas casas del pueblo. En el otro lado, en el de la sensatez el mejor candidato es Redondo, el que puede aglutinar más personas y más ideas.

No tiene Zapatero otra estrategia. ¿Seguidismo del PP? ¿De quién es la idea del pacto antiterrorista? ¿Y la de replicar a Atutxa no yendo al Parlamento vasco?
¿Quién rompió la coalición con el PNV? Así que Zapatero sólo tiene que elegir entre reflexionar o perder el norte. «El PSOE no puede, sin redactar su acta de defunción, defender otra estrategia en el País Vasco y, mal que le pese, no tiene un candidato serio»

Intoxicaciones nacionalistas
Ignacio Villa Libertad Digital  8 Enero 2002

Las declaraciones claras y nítidas del presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, y del presidente del Gobierno español, José María Aznar, no ofrecen duda alguna. Precisamente en el inicio efectivo de la presidencia española de la Unión Europea, los dos han coincidido en que la Europa comunitaria está articulada sobre las relaciones entre los Estados, no entre las regiones. Eso sí, cada Estado es dueño de organizarse internamente como quiera.

Estas afirmaciones, que son la primera lección de funcionamiento de la Unión Europea, no pueden sorprender a nadie. Así ha funcionado la Europa comunitaria desde siempre y así va a seguir funcionando. Lo demás son, como mínimo, pretensiones visionarias que se quedan simplemente en la imaginación de algunos dirigentes políticos. En esta ocasión, nadie podrá acusar a José María Aznar de utilizar ataques furibundos contra el nacionalismo vasco. Nadie ha mencionado al PNV, ni al Gobierno vasco. Todo está demasiado claro, simplemente hay que leer literalmente los distintos Tratados de la Unión para caer en la cuenta de que las intenciones nacionalistas son de otro mundo, carecen de sentido y no tienen el más mínimo realismo.

La relación en la Unión Europea está organizada en una estructura basada en los Gobiernos en todos los capítulos, incluido el fiscal. Así pues, en esta caso no hay posibilidad de interpretación. No hay espacio para el doble lenguaje. En este contexto, adquieren especial relevancia las declaraciones del presidente de la Comisión Europea Romano Prodi, por ser el máximo representante de la aplicación de los Tratados comunitarios. Son unas afirmaciones que colocan a cada uno en su sitio. Pero sobre todo, colocan en el capítulo de la más estricta manipulación política las teóricas pretensiones del Gobierno vasco.

Sus intentos de chantaje al Gobierno central para estar presente en los Consejos de ministros comunitarios son una quimera imposible de realizar. Ellos lo saben, pero no les importa, continúan con una intoxicación simple y partidista que exclusivamente perjudica a los ciudadanos vascos. Después de lo escuchado ya no hay dudas, el nacionalismo está empeñado en llevar a la sociedad vasca al borde del precipicio. Y ese precipicio comienza por quedarse fuera de Europa.

Desde luego, es muy significativo que, cuando en la Unión se habla y habla de la ampliación e integración, en el País Vasco se insiste machaconamente en el camino contrario. Es la señal más evidente de las permanentes contradicciones del nacionalismo. Ellos sabrán.

Zapatero se quita la careta
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  8 Enero 2002

Poco ha tardado Zapatero en traicionar a Redondo Terreros y en traicionarse a sí mismo. Poco ha tardado en demostrar que, con tal de seguir unos meses más haciendo como que dirige el socialismo español, está dispuesto a que lo dirijan González y Cebrián. Poco ha tardado el secretario de Organización, José Blanco, en traicionar las promesas de neutralidad y juego limpio para la gestión de la crisis en el PSE-PSOE. Poco ha tardado el presidente de la gestora supuestamente neutral, Ramón Jáuregui, en convertirse en el primer enemigo público de la línea democráticamente adoptada por mayoría en el último congreso del PSE.

Ahora entendemos la metáfora del jabalí acosado que utilizó Redondo Terreros el día de su dimisión. Poco han tardado todos estos lobos en mostrar la patita. Y ni siquiera se molestan en enharinarla. ¿Para qué disimular? Les sobra Nicolás Redondo y lo que quieren no es sólo quitarlo de la dirección del socialismo vasco sino echarlo de la política. Les sobran los compromisos
de lealtad constitucional y nacional por los que les votaron los vascos y están dispuestos a prescindir cuanto antes de su discurso, base del contrato entre representantes y representados, para subirse al coche oficial con sus jefes del PNV. Les sobra el Pacto Antiterrorista con el PP y están traicionándolo desde su preámbulo, que expresamente incluía la negativa a pactar con quienes mantienen una estrategia de complicidad con el terrorismo etarra, es decir, con el PNV.

Ni España, ni Constitución, ni consenso, ni nada. En la estela de Madrazo, Zapatero sólo aspira a los cargos en Vitoria que le quieran dar y al jabón editorial que El País le quiera regalar. Pero si lo uno vale poco, lo otro durará menos. Adiós a Zapatero. Y adiós a otras muchas cosas. Nunca el rencor triunfó tan fácilmente sobre la dignidad. Será que había poca dignidad.

Razonamiento del cornudo
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón  8 Enero 2002

Desaprobar un acto de otro no tiene el mismo significado que condenarlo. La Religión y la moral condenan al crimen político. La Justicia de partidos, a los criminales por orden, y no a los jefes del crimen. La sociedad rechaza la delincuencia individual y tolera la de partidos o empresas potentes. Desaprueba el crimen como acción pública y lo aprueba como acto subrepticio del poder. El Estado aparta del mando a los criminales subalternos y obtiene rentas políticas de su represión penal. La condena moral de los culpables no sirve más que para destacar la inocencia de quien la hace. Y lo que la judicial define es la probidad de los no procesados. La corrupción florece con la impunidad. El terror se actualiza por idealismo, la policía se bate por profesión.

La desaprobación del delito por las bases que cimentan la fama parece, en principio, más eficaz que la condena moral. Pero nadie puede desaprobar algo sin estar apoyado en lo que aprueba o sin manifestar las causas originales y las razones inteligentes de la desaprobación. De otro modo, no deja de ser autoritarismo.

Desaprobar sin criterio equivale a condenar. Y lamentar los daños del crimen no es condenar ni desaprobar. Sin instituciones que hagan señorear la prevención sobre la represión, no hay esperanza de eliminar las causas de la corrupción en la clase dirigente ni las del terrorismo en el campo nacionalista.

El Estado de partidos, por su naturaleza corrupta, no puede concebir siquiera la posibilidad de reformas constitucionales que transformen la oligarquía actual en democracia. Sin equilibrar las Autonomías con un Régimen de concentración presidencial del poder ejecutivo, los nacionalismos periféricos tienden por su esencia centrífuga a la separación y a la simpatía latente con el terrorismo. Sin separar el legislativo del ejecutivo, que el parlamentarismo confunde en un sólo poder con dos funciones, la corrupción es inevitable.
El abecedario de las actitudes sociales y personales ante el crimen político, a las que dedicaré un artículo, está sometido al razonamiento del cornudo. Si mi mujer me engaña, que no me entere. Si me entero, que no me importe. Si me importa, que lo lamente y no me separe. Todo antes que la ruptura del matrimonio. El sofisma llamado «El Cornudo», atribuido por Diógenes Laercio a Crisipo, dice así: «si nunca has perdido algo, aún lo tienes; como no has perdido los cuernos, aún los llevas». Sólo es sofisma respecto a los cuernos anatómicos, que el hombre no tuvo ni pudo perder. Pero como metáfora, tiene una lógica aplicable al engaño cornudo.
El engaño del Estado dictatorial puso los cuernos del crimen político a la Sociedad. Y la Transición, que prefirió todas las indignidades a la ruptura, los desarrolló al modo cérvido. Por eso hoy parece normal la anormalidad de que la corrupción y el terrorismo sólo sean condenados, de- saprobados o lamentados. Todo es preferible al divorcio y la ruptura con la oligarquía, que los produce por emanación y mantiene por seguridad, como Napoleón a la nueva aristocracia del dinero y la política.

Si la Sociedad no perdió la indignidad, ganada a pulso de miedo y medro con el franquismo, aún la tiene. La conserva con las libertades de la Transición, en aras de aquel mismo realismo. Por esta indignidad, los que tendrían que condenar el crimen político (Iglesia), lo desaprueban; los que deberían desaprobarlo con criterio político (prensa) lo condenan; los que lo aprueban (Batasuna) lo lamentan; y los que podrían evitarlo (partidos) lo cometen. Como cornudos casados con ricas por herencia, nadie se divorcia de la fea oligarquía, fuente de riquezas sin cuento por la bella cara de partido, ni pone fin a las capitulaciones del Estado, en régimen de separación de bienes y competencias, con el soberanismo periférico.

Constitución y conflicto vasco
JOSÉ RAMÓN RECALDE El País  8 Enero 2002

José Ramón Recalde es catedrático de Sistemas Jurídicos del ESTE de San Sebastián.

La política es la gestión y la defensa de la convivencia. Está claro que ello implica la existencia de conflictos. Sin embargo, hay una diferencia fundamental cuando se señala, como es en el caso vasco, que hay un 'conflicto' específicamente distinto, tan determinante que su solución es previa al sistema de legalidad. Pero en política siempre hay conflictos, nunca hay 'uno', sino varios, y la acción política consiste en identificarlos e ir resolviéndolos, dentro de las reglas de juego establecidas, y no fuera de ellas. Sobre el conflicto vasco, una diferencia fundamental es la que se plantea entre quienes aceptan que ese conflicto, como todos los demás, debe resolverse según las reglas de juego antes consensuadas y establecidas como reglas de derecho y aquellos que, para resolverlo, quieren romper las reglas antes establecidas.

El marco de la convivencia es la democracia. Pero la democracia no consiste solamente en la proclamación de unos valores. Es también un sistema de gobierno, lo que supone la busca de una estabilidad. La tensión entre mantenimiento de lo establecido y dinámica de cambio es consustancial a un sistema democrático. Si se han solucionado aceptablemente conflictos anteriores de convivencia, si el sometimiento a una nueva dinámica de cambio iba a suscitar la resurrección de viejos demonios, las razones para dar estabilidad a lo establecido son mayores que las que proponen el cambio. La política democrática implica el respeto a las mayorías, pero también el respeto a lo pactado como fórmula de convivencia. La Constitución da fe de que el Estado está constituido. Pues bien, una vez constituido, una exigencia técnica de la política es 'mantenere lo stato', esto es, asegurarse la estabilidad.

Una Constitución puede modificarse, pero es la propia Constitución la que establece las reglas de su propia modificación. Lo contrario, esto es, suponer que la modificación está justificada simplemente recurriendo a nuevos procedimientos de apelación a la mayoría, es un acto de ruptura del pacto constitucional, un acto de rebeldía, pero no contra un sistema autoritario, sino contra un sistema constitucional, esto es, democrático. Cualquier modificación de la Constitución debe seguir así un procedimiento jurídico. Pero, dejando aparte la perspectiva jurídica del procedimiento de modificación, las razones para modificar el pacto constitucional son algo distinto del procedimiento que hay que seguir. Debemos entender que, para denunciar el pacto constitucional en lugar de acatarlo, para promover el cambio en lugar de prestar fidelidad a lo pactado, es preciso que existan razones políticas suficientes. Mientras siga siendo eficaz la norma consensuada en la Constitución y el Estatuto para resolver el problema de la convivencia entre ciudadanos divididos por su ideología nacional, mientras sea previsible que la alteración del pacto vaya a ocasionar más perjuicios que beneficios, se impone la conservación del pacto constitucional.

Salvo que distorsionemos el alcance de los términos, no hay una confrontación entre constitucionalistas, por una parte, y soberanistas o autodeterministas, por otra. Porque no cabe decir que los que defienden el mantenimiento del pacto constitucional no sean soberanistas o autodeterministas. Lo son, dentro de lo que pactaron en la Constitución, pues toda Constitución democrática es una formulación sobre soberanía y sobre autodeterminación. Es una trampa dialéctica reservarse los nacionalistas el calificativo de soberanistas y autodeterministas, que son términos que pretenden tener una connotación positiva, y negárselo a los que mantienen la fidelidad al pacto constitucional.

En estas circunstancias, las reivindicaciones nacionalistas cometen varios desafueros o deslealtades:

En primer lugar, denuncian el Pacto constitucional-estatutario, lo que supone una ruptura del modo como se ha pactado la estabilidad del Estado. No es que la Constitución no pueda modificarse. Es que, en primer lugar, la modificación que altera la misma estructura del Estado constituido debe ser mucho más excepcional que aquella que lleva a retoques para fortalecer su función; en segundo lugar, que la modificación no puede presentarse como una ruptura del pacto, sino como un procedimiento abierto en el propio pacto constitucional. Es desde el cumplimiento del consenso establecido, y no desde su denuncia, como puede plantearse la oportunidad de su eventual modificación.

Las reivindicaciones nacionalistas son, además, inoportunas políticamente, pues, en lugar de solucionar los conflictos de convivencia, los agudizan. La sociedad vasca, si bien tiene un alto grado de identificación, presenta al mismo tiempo un grado mínimo de integración o vertebración. Es una sociedad dividida en dos partes aproximadamente iguales, pero con alternativas irreconciliables. La solución, en estas circunstancias, es un pacto constitucional y no la imposición de una decisión circunstancialmente mayoritaria. Entendido como producido en dos momentos, el de aprobación de la Constitución y el de aprobación del Estatuto, se estableció un pacto de Estado, y es más leal cumplir los pactos y es más democrático solucionar por consenso los conflictos básicos de convivencia que denunciar los pactos y proclamar que el conflicto no está solucionado. Si fue necesario, para apaciguar el conflicto, la apelación a un consenso que superara el mero cálculo de mayorías sobre minorías, para modificarlo no es leal que la solución pasa por la ruptura del consenso.

Las reivindicaciones nacionalistas introducen además un truco en el procedimiento democrático de decisión. Esto es una trampa que se articula del modo siguiente: ¿Qué derecho hay de afirmar que la autodeterminación puede ser planteada desde el ámbito de la Comunidad vasca, mientras que se mantiene la pretensión de que el resultado de tal autodeterminación ha de ser proyectado a los ciudadanos de otros territorios, como los de Navarra y los del País Vasco francés? Cuando se mantiene una posición irredenta sobre otros territorios, es una quiebra democrática pretender que los ciudadanos de esos otros territorios no resulten afectados como ciudadanos con derecho a expresarse sobre esos temas, y no sólo en una ratifícación final, sino desde el momento inicial. Nadie tiene derecho a opinar por ellos.Pero ahora queda por plantear otro tema: mirando ya solamente al interior de la Comunidad autónoma, cómo la pretensión de alterar el pacto constitucional-estatutario afecta a la misma razón de ser, o a la misma estructura de legalidad, de la comunidad autónoma. No es coherente pretender que Euskadi, como comunidad, sea, al mismo tiempo, afirmada y negada. Euskadi, como Comuidad autónoma, existe por el Estatuto y por la Constitución. Si se denuncia a Euskadi, como Estatuto dentro del sistema constitucional, se ha denunciado al sistema de legalidad que le da su razón de ser a Euskadi. El complejo sistema de soberanismo y de autodeterminación constitucional queda roto, y lo que queda vivo era lo que existía antes de que el Estatuto fuera afirmado: las tres provincias vascongadas. Fuera del Estatuto y de la Constitución no existe Euskadi como sistema de legalidad. Denunciado el pacto constitucional-estatutario, ninguno de los territorios históricos que el Estatuto proclamaba está ligado por ese pacto y, en consecuencia, cualquiera de ellos puede plantear sus propias aspiraciones políticas, sin estar ligado a los otros territorios.

Pero nada de esto incluye la violencia. Menos aún se debe entender que la violencia exista como condición para la solución de ese pretendido conflicto. Si hay de verdad un conflicto, señalado como algo específico, que queda como un problema que hay que resolver, éste es la violencia, y no el que la violencia afirma que ha de solucionar. La violencia provoca dos rupturas. La primera, entre los violentos y el grupo político que les apoya, por un lado, y por el otro, todos los demócratas. Pero la segunda ruptura es la que objetivamente se produce entre los señalados por la violencia -conjunto fácilmente identificable- y los que no muestran una solidaridad real con ellos (y que conste que aquí no incluyo a todos los nacionalistas, pero sí a una parte significativa). La violencia es un conflicto específico, en el sentido de que es el que, planteado como problema, se plantea, sin embargo, fuera del sistema jurídico, fuera de toda legalidad y legitimidad, fuera de toda posible solución. Fuera de la democracia.

Socialistas y vascos
ANTONIO GALA El Mundo 8 Enero 2002

Zapatero y Jáuregui, después de hacerle la cama a Redondo, solos o en compañía de otros, se han bajado activamente de la suya.Ahora quieren hermanarse, por así decir, con los nacionalistas más rebeldes. Para que luego hablen de la artrosis de la oveja Dolly y de los peligros de la clonación. Cuando se empieza a decir que los principios morales han de flexibilizarse, se está a punto de mandarlos a hacer gárgaras: no para afinarse la voz, sino para enturbiarla y que no quede claro lo que se dice. Y para decir enseguida otra vez lo contrario... Así no se arreglan los problemas. Como mucho, se aplazan.

El PSOE, ese enigma
Por Ramón PI ABC 8 Enero 2002

En política hay anuncios de muy difícil, cuando no imposible, confirmación previa, pero casi siempre de segura comprobación posterior. Es el caso de la noticia según la cual eso que conocemos como «Ferraz», o sea, alguien que manda mucho en el PSOE, ha transmitido a Nicolás Redondo Terreros la recomendación de que sería mejor que no se presentase para la secretaría general del PSE en el próximo congreso extraordinario. Es posible que esto sea una intoxicación informativa, pero también cabe que responda a la realidad, y que alguien haya filtrado la información a los medios. Preguntar en Ferraz es inútil, porque desmentirán la noticia en cualquier caso, y el otro polo de este asunto, es decir, el propio Redondo, por ahora no quiere hablar.

Pero habrá de llegar el día de esas elecciones, y entonces se verá si Redondo se presenta o no. Como aún se recuerda que, cuando dimitió y convocó el congreso extraordinario, anunció que se presentaría, si llegado el momento no lo hiciese, significaría que esa recomendación, de aspecto netamente antidemocrático y necesitada de alguna explicación ante la opinión pública, era verdad.

Se entiende que los socialistas tarden en digerir la pérdida del inmenso híper-poder que disfrutaron durante los trece años de «felipato», en expresión feliz de Víctor Márquez Reviriego. Se entiende también que en el País Vasco busquen el modo de diferenciarse del Partido Popular, que se ha convertido en el principal referente español de la política autonómica, como durante el felipato lo fue el PSOE. Pero a mí, al menos, me parece un misterio el mecanismo mental del que ha diseñado la estrategia de acercarse al PNV como modo de mejorar el apoyo popular.

Diferenciarse del PP en estas circunstancias lo lograrán, pero, ¿de dónde piensan los enigmáticos estrategas socialistas que van a obtener más votos? No, desde luego, del electorado del PP, por razones obvias, y no parece haber razón alguna para que algún voto nacionalista se vaya al PSE, que es justo el reverso de lo que significa el PNV: éste es nacionalista y de derechas, y aquél se reclama españolista y de izquierdas. Y si tenemos en cuenta que en las últimas elecciones autonómicas el PSE obtuvo un resultado excelente, al igual que el PP (si ganó el PNV fue porque se unió con EA y, además, el voto de HB acudió en su auxilio), entonces ya es del todo incomprensible lo que hace, dice y piensa «Ferraz». ¿Tendrá a bien Rodríguez Zapatero salir de su mutismo a este respecto?

De la A a la Z
Juan Van-Halen es escritor La Razón  8 Enero 2002

Kafka creó a José K. en aquella casita de una sola habitación del callejón de los Alquimistas, en uno de los arcos de la muralla del castillo que domina Praga. Ese personaje, K, que es uno y es vario, protagoniza El proceso y El castillo. Es un tipo que no acaba de encontrarse, torrente de interrogaciones y respuestas en sí mismo, errante en ese mundo kafkiano de irrealidades y extravagancias. Uno, irresistiblemente, piensa en José Z, en José Luis Rodríguez Zapatero, y en sus tribulaciones, cuando relee las historias de aquel José K urdido por el controvertido habitante del callejón de los Alquimistas.

¿En que irrealidades planea nuestro José Z? Llegó con el impulso de un supermán salvador, después de tantas amarguras socialistas, pero no ha sabido quitarse de encima la capa negra de El zorro. En pocos meses su fuerza renovadora se ha disuelto como un azucarillo entre quienes no le perdonan haberse alzado con la mayoría, aunque mínima, en el Congreso del PSOE, y quienes le consideraron siempre una solución provisional. Se rodeó de un equipo poco experimentado, de personas bienintencionadas que habían luchado por el podium sin conseguirlo, y que gozan de la indiferencia, cuando no del ninguneo, de quienes siempre se consideraron superiores. José Z era la gran esperanza de la vuelta de la tortilla, se le aceptaba porque suponía el mal menor, y, además, no aparecía directamente contaminado por el pasado. Había sido diputado, sí, pero el Congreso apenas conocía el timbre de su voz. Siempre votó disciplinadamente, incluso para denegar Comisiones de Investigación, y para otras cosas poco presentables, pero su fotogenia y su buen tono lo hacían perdonar todo,

Llegaba José Z con la estrategia de la oposición del cambio tranquilo, pero era incapaz de salvar los charcos del camino. Dialécticamente pobre en el Parlamento, desbordado por el cantonalismo de sus barones, desmentido una y otra vez por la política de hechos consumados de quienes en lugar de apoyar su estrategia le dejaban con el traspuntín al aire, encontró su bálsamo salvador en disparar contra todo lo que se moviera y en subirse a todos los vagones. Lo mismo aparecía en manifestaciones bajo banderas republicanas, ácratas y cheguevaristas que denunciaba un impuesto que su propio partido había defendido antes. O arrasaba la política tradicional de los socialistas sobre el Sahara. O apostaba por un cambio en la estrategia del PSE, dándoles oxígeno a los adversarios de Redondo. Nuestro hombre tiene hambre de balón y no se le escapa una, aunque, al cabo, se le escapen todas. Lo del cambio tranquilo ya no se lo cree nadie. Habría que hablar del cambio en vilo. Le faltan cimientos. Quiere José Z ser alternativa y alguien le ha dicho que para ello debe lanzar ideas nuevas. Por eso alzó aquello del socialismo libertario que andan analizando sesudos tratadistas de la ciencia política sin ser aún capaces de enmarcarlo. O el federalismo asimétrico cuyos virtuosos no han alcanzado todavía a explicarnos con rigor. Y como hubo alguien que también le dijo a nuestro esforzado José Z que para ser alternativa era necesario ganar alguna batalla exterior, viajó resuelto a Rabat en medio de cierto guirigay, y fue recibido como un jefe de gobierno, con no sé cuántos ministros en el aeropuerto, y seguro que aquello le sirvió para sentirse protagonista, a la manera de los invitados a un viejo programa de televisión que se titulaba Reina por un día.

Pero José Z regresó a Madrid con las manos vacías, salvo algunas baratijas del zoco y algunas buenas palabras. Y parecía que Mohamed VI no tenía necesidad de hacer regresar a su embajador porque ese papel lo había ejercido el jefe de la oposición. Mi admirado Alí Lamrabet, director del semanario independiente «Demain Magazine», se quejó en Rabat ante nuestro José Z y el premier marroquí Yusufl de la falta de libertad en Marruecos. José Z aseguró entonces que poder quejarse era ya una prueba de libertad. A los pocos días el semanario ha sido clausurado. Mientras, el jefe de la oposición española soportó sin pestañear críticas marroquíes al gobierno español, a la prensa española y al mismísimo Bono, uno de sus barones. Todo eso lo han podido leer los españolitos de a pie en los periódicos. Si la inspiradora del viaje ha sido Trinidad Jiménez, que Dios nos asista si llega a tener alguna vez responsabilidades diplomáticas. José Z ha anotado, junto al resto de sus nuevas ideas, la diplomacia asimétrica, que seguramente alguien nos explicará algún día.
Lo cierto es que el tiempo se acaba. Todas las horas hieren, y la última mata. José Z no cuaja y, si mira atrás, lo que vea no habrá de gustarle. Han sido varios los experimentos fallidos, y las encuestas no traen buenas nuevas. Ya alguien ha lanzado el nombre de Javier Solana, nuestro euromán, como alternativa a la alternativa. El liderazgo de un proyecto sólido debe suponer unidad interna, convergencia en la estrategia, aceptación del líder, y objetivo claro y compartido. Eso no es uniformidad; sencillamente es responsabilidad y compromiso. Después del insólito espectáculo del absentismo de manos arriba en la votación del Congreso, la amenaza de acudir al Constitucional, etc., la aceptación de las transferencias sanitarias por las Comunidades gobernadas por socialistas supone otro fiasco. Otra vez José Z queda con el traspuntín al aire. Si se trata de que la Moncloa pase de la A a la Z, objetivamente las cosas no parecen ir por ahí. Aunque en el abecedario político haya más de una A y más de una Z. Entre José K y José Z se mueve todo un mundo kafkiano, cuya virtud acaso sea su tierna y vulnerable irrealidad.

Álava y el concierto
Ernesto Ladrón de Guevara  La Razón  8 Enero 2002

E. L. G. es portavoz de Unidad Alavesa y secretario de Política General e Institucional

Un compañero del Foro Ermua me decía hace un tiempo que el PNV era el único partido español con un proyecto a largo plazo: el de la independencia de Euskadi, de nítido sabor sabiniano, etnicista y excluyente.

Toda la estrategia diseñada por Arzallus desde la transición democrática ha consistido en utilizar las instituciones jurídicas y políticas de autogobierno, así como el bagaje histórico y las aspiraciones autonómicas de los ciudadanos vascos con un objeto: la secesión y la ruptura de España para un nuevo marco de poder político. Si vale el ejemplo es como si en una boda el pariente lejano de los novios exige a los padrinos y a los propios novios ocupar el altar, y cuando se le dice que su lugar no es ése amenaza con boicotear la boda, tras lo que se le permite ocupar el lugar de los padrinos pero no acepta pues lo que realmente plantea al final es sustituir a los novios en el acto nupcial.

Tras un largo periplo en el que el nacionalismo ha pasado de ser uno de los postulantes principales de la autonomía del País Vasco, ya no le sirve el Estatuto pues quiere un nuevo marco político y jurídico ¬como Batasuna¬, formado por territorios anexionados con una visión imperialista. Al tiempo que gestiona el Estatuto de Autonomía aboga por su sustitución por otro escenario constituyente que no define. Es decir, es como si el constructor de una casa, tras levantarla, pone dinamita en su base para edificar un edificio de cien pisos donde sólo hay cimientos para cinco.

Uno de los episodios de más actualidad es el de la negociación del Concierto. Nunca a lo largo de la historia ha sucedido que se haya roto la negociación de un instrumento tan querido y necesario que permite tener un marco fiscal y de promoción económica como es el de la gestión sus propios tributos, envidiada por otras comunidades de gran arraigo como Cataluña. Si el resto de los españoles caen en la cuenta de que estos señores malcriados de la cúpula nacionalista rechazan el Concierto por aspiraciones tan secesionistas como la representación en Bruselas al margen del Estado, cuando ellos ni tan siquiera sueñan con acceder a nuestros privilegios fiscales, probablemente pensará que los vascos no tenemos remedio.

Ciertamente nosotros, como alaveses, no tenemos nada que ver con esta canallesca actuación de la representación gubernativa vasca. Queremos tener un Concierto que nos permita seguir disfrutando de las prerrogativas fiscales que son la fuente de nuestra autonomía política. Por eso, y porque sentimos bastante vergüenza de que nos represente la Sra. Vicelehendakari de asuntos económicos, queremos una negociación directa entre Álava y el Gobierno Español, para rescatar y mejorar el Concierto económico que durante tantísimos años ha posibilitado la prosperidad de los alaveses.

Repudiamos la instrumentación del Concierto para la estrategia nacionalista. En realidad, por parte nacionalista se ha diseñado un escenario que genere frustración para recurrir al típico y tópico recurso del victimismo, y para presentar al Estado como el que niega supuestos derechos de los vascos. No aceptamos que nos perjudiquen a los ciudadanos alaveses por su maniquea y obscena pretensión de agitar las aguas revueltas del proceso de construcción nacional. Por favor, que nos dejen solos. No queremos su compañía. ¿Negociemos nuestro propio Concierto económico ya!

Lógicas de lo peor
Lucrecio Libertad Digital   8 Enero 2002

Nunca tuve grandes dudas. No pienso que hubiera lugar a tenerlas. Salvo a causa del peso con que nuestros deseos trastruecan la visión aun de lo más sencillo. La alianza antiterrorista, sellada por el PSOE con el PP del País Vasco, en vísperas de las elecciones autonómicas del 13 de mayo, era una operación táctica. Se asentaba sobre una posibilidad real: la de romper un cuarto de siglo de monopolio nacionalista del poder. Y sobre las consecuencias trascendentes que esa quiebra desencadenaría. En el país vasco como fuera de él. Un envite absoluto estaba en juego: la voladura del aparato de Estado que (mucho más que un partido) ha sido el PNV en esos años. La propia envergadura de ese envite arrastraba lo implacable de la jugada. Aquel que perdiese la partida pagaría el más alto precio: el de quedar totalmente excluido de la monumental máquina de repartir prebendas económicas, propagandísticas y administrativas que es la Autonomía que (con buena parte de los atributos de un Estado independiente) forjara a su medida el PNV.

Para el PNV, una derrota en aquel comicio hubiera supuesto la catástrofe. No es el PNV un partido. Por más que como tal formalmente se designe. Desde su nacimiento, el PNV se ha pensado a sí mismo como germen de Estado, como Estado ya, aun incompleto. Y todos los atributos del País Vasco actual (bandera como himno, criterio de unificación lingüística como mitologías) son los del partido del demente Arana proyectados al absoluto representativo de una sociedad vasca homogéneamente cuadriculada a su imagen.

Para el PP no existía opción. No existe. Desde que ETA iniciara la más demencial campaña de su historia, el asesinato metódico de los políticos populares desde su escalón ínfimo, el de concejales, el destino político del PP vasco estaba jugado. Sin línea de repliegue posible, al partido de Mayor Oreja no le quedaba más opción que dar la batalla o rendirse. La dieron. La siguen dando. No pueden, literalmente, plantearse otra cosa.

Pero, ¿el PSOE? Con el armario repleto de cadáveres GAL que el PNV puede manejar conforme a su más favorable economía, la situación de los socialistas vascos fue desde el principio mucho más que ambigua. Había, en vísperas de las elecciones, la hipótesis de ganar, desplazar al PNV y desmoronar todo su aparato clientelista, dando así origen a un completo reinicio de la autonomía vasca. Jugó a ello, desde luego. Nadie piense, sin embargo, que esa jugada fue unánime. El eje González-Cebrián señaló, desde el primer momento, ese proyecto de pacto constitucionalista con el PP como catastrófico. Y, desde el día siguiente a la derrota electoral, pasó a planificar la muerte política de sus gestores. Si Zapatero ha tardado seis meses en ceder a sus presiones, es porque el retorno a un gobierno de coalición socialista con el PNV en Ajuria Enea marcará el paso del impotente secretario general del PSOE al panteón tristísimo en que acabó Borrell: el de aquellos a quienes Glez. & PRI, S.A. decretó desechables.

El golpe de González a Redondo es transparente: la última hora de Zapatero sonará pronto.

Ni un minuto antes
Cartas al Director ABC   8 Enero 2002

Se ha concedido a un preso de ETA una indemnización de 350.000 pesetas por compartir celda, durante una noche, con un tipo que roncaba y le olían los pies. En realidad, no estoy en contra de esta sentencia. Si este «señor se ha traumatizado, que lo indemnicen, pero, ni un minuto antes de que ETA indemnice a todos los que ha tenido secuestrados, durante meses y meses, en agujeros inmundos, mal alimentados, conviviendo con sus excrementos y con el terror pegado a su piel. Ni un minuto antes de que ETA indemnice a todas esas familias rotas, con traumas irrecuperables, porque a uno de sus seres queridos le asestaron un tiro en la nuca. Ni un minuto antes de que ETA indemnice a todas las víctimas de sus coches bomba y abone los destrozos ocasionados, como también con su violencia callejera. Los vascos de verdad, son otra cosa. Y después, sólo después, se puede indemnizar a este señor. Lo que siento, es lo que se habrán reído «los muchachos de ETA»; que diría el señor Arzalluz, con esta sentencia.    Mariángel Sainz-Rozas.  Sevilla.

Los radicales intensifican la «kale borroka»
El Mundo  8 Enero 2002

Incendian una furgoneta de Telefónica en pleno día y prenden fuego al coche de un «ertzaina»

SAN SEBASTIAN.- Dos encapuchados han incendiado ayer, mediante el lanzamiento de algún artefacto, una furgoneta de la compañía Telefónica que estaba estacionada en el barrio de Loyola de San Sebastián, según informó el departamento vasco de Interior.

El ataque se produjo hacia las 11.20 horas, cuando el vehículo, una furgoneta Renault Kangoo, estaba aparcada en la calle Iglesia de este barrio.

En ese momento dos encapuchados se acercaron al vehículo y lanzaron contra él al menos un cóctel molotov que provocó un incendio.

Efectivos de la Ertzaintza y de los bomberos acudieron al lugar y sofocaron las llamas de la furgoneta, que quedó semicalcinada, informaron las mismas fuentes.

Otro grupo de radicales prendió fuego el pasado domingo por la noche al vehículo particular de un agente de la Ertzaintza en Bilbao. Como consecuencia del ataque, el coche del agente quedó totalmente calcinado. Sobre las 23.45 horas, un grupo de encapuchados se acercó al vehículo, lo roció con un líquido inflamable y posteriormente lo incendió.

Como consecuencia del fuego, el coche del agente quedó calcinado El incendio afectó también a otro turismo, así como a las persianas de varias viviendas de las inmediaciones.

Los siete detenidos acusados de formar parte del grupo de entre 25 y 30 encapuchados que pretendió atacar la noche del pasado sábado varias entidades bancarias y la comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de la localidad guipuzcoana de Irún tienen entre 19 y 24 años.

El departamento vasco de Interior difundió ayer un comunicado con las iniciales, edades y localidades de residencia de los seis jóvenes arrestados en la noche del pasado día 5 y del séptimo detenido ayer en Irún por su presunta vinculación con estos hechos.

Los arrestados son J.O.P., A.P.G., y D.A.V., todos ellos de 22 años y vecinos de Irún, el último de los cuales fue el detenido ayer en la calle Navegantes de Irún y tiene antecedentes por delitos similares.

En esta operación también fueron capturados por la Ertzaintza A.M.A., de 19 años, que cuenta con antecedentes por actos de violencia callejera; G.F.B., de 20 años; y P.G.E., de 22, todos ellos vecinos de San Sebastián; y G.M.L., de 24 años y domiciliado en Pamplona.

Los hechos se produjeron a las 23,35 horas del pasado día 5 en la calle Artaleku de Irún, cuando los ertzainas detectaron la presencia de un vehículo del que varios individuos extraían bolsas con material que supuestamente iban a utilizar en actos de violencia callejera.

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