AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles  9  Enero 2002
#Suspenden un decreto sobre el uso del euskara
AGUSTIN YANEL El Mundo 9 Enero 2002

#A tiempo de romper silencios
CARMEN BERNABÉ Y JUAN I. ECHANO El Correo 9 Enero 2002

#Prioridades de Europa
Editorial ABC 9 Enero 2002

#Mas quiere más
Jaime CAMPMANY ABC 9 Enero 2002

#Zapatero de Quebec
RAUL DEL POZO El Mundo 9 Enero 2002

#Prodi contra la pretensión del PNV
Impresiones El Mundo 9 Enero 2002

#La sombra de González es alargada
Editorial La Razón 9 Enero 2002

#ZAPATERO: NI SÍ NI NO, SINO TODO LO CONTRARIO
Editorial El Mundo 9 Enero 2002

#La herencia constitucionalista
Enrique de Diego Libertad Digital 9 Enero 2002

#¡EL CUPO(NAZO)!
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 9 Enero 2002

#Los complejos de los socialistas
TONIA ETXARRI El Correo 9 Enero 2002

#Después, Mas
Editorial El País 9 Enero 2002

#El cupo, Europa y el nuevo Lizarra
Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 9 Enero 2002

#Jaúregui y la Constitución
Román CENDOYA La Razón 9 Enero 2002

#Rumor de tregua
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 9 Enero 2002

#A Zapatero no le hacen juego limpio
Lorenzo Contreras La Estrella 9 Enero 2002

#Prodi recuerda que las regiones no son interlocutoras ante la UE
MADRID. Luis Ayllón ABC 9 Enero 2002

#Desgobierno del PNV
Cartas al Director ABC 9 Enero 2002

#Jiménez de Parga contrapone el «nacionalismo fanático» a la modernidad
MADRID. M. Peral ABC 9 Enero 2002

#El ridículo
Tomás Cuesta La Razón 9 Enero 2002

#El arzobispo de Pamplona acusa al nacionalismo de compartir los mismos fines que los etarras
R. L. V. - Madrid.- La Razón 9 Enero 2002

#La cohabitación entre Mas y Duran
Francisco MARHUENDA La Razón 9 Enero 2002

Suspenden un decreto sobre el uso del euskara
AGUSTIN YANEL El Mundo 9 Enero 2002

MADRID. El Tribunal Constitucional ha suspendido varios artículos de un decreto que aprobó el Gobierno vasco en junio del año pasado, en el que se contemplan diversas medidas para normalizar el uso del euskara por parte de los funcionarios de la Administración de Justicia en el País Vasco.

El Gobierno vasco aprobó esa norma con el objetivo de que en el plazo de 10 años el 40% de los funcionarios de Justicia de esa comunidad autónoma alcancen un determinado conocimiento del euskara. En la actualidad, de las 1.700 personas que trabajan en la Administración de Justicia vasca hay 500 realizando cursos para aprender la lengua autonómica.

El Consejo de Ministros consideró que ese decreto invade competencias que corresponden al Gobierno central de Madrid, por lo que planteó en el Tribunal Constitucional un conflicto positivo de competencias.

El Constitucional ha admitido a trámite ese recurso, lo que conlleva automáticamente la suspensión del decreto hasta que los magistrados estudien el caso y dicten la sentencia.

El Gobierno puede impugnar ante el Constitucional las disposiciones y resoluciones que adopten las comunidades autónomas, cuando considere que invaden sus competencias, según la Constitución.

A tiempo de romper silencios
CARMEN BERNABÉ Y JUAN I. ECHANO El Correo 9 Enero 2002

Quienes suscribimos este texto somos un grupo plural, miembros de una Universidad, la de Deusto, que, aunque no lo haya demostrado de manera suficiente con los hechos, institucional y colectivamente, está obligada a defender los derechos y libertades de todas y cada una de las personas, y de modo más inmediato, los de quienes son miembros de esta sociedad vasca.

Lo que nos mueve a comenzar a hablar públicamente, porque aún estamos a tiempo de romper silencios, es:

-La insostenible situación de un creciente número de personas (son ya muchos miles) que, bien por su legítima forma de pensar o de vivir, o bien por su pertenencia a algún grupo social, se ven condenadas a tener que ‘sobrevivir’ a las permanentes amenazas y persecuciones de sus verdugos. Estas víctimas han manifestado reiteradamente que no sienten el apoyo y la solidaridad suficientes de la sociedad en general y que, en no pocos casos, sienten el vacío y la postura esquiva de quienes, antes de estar amenazadas o perseguidas, creían sus amigos, sus vecinos o sus conciudadanos; de quienes, como ha dicho gráficamente alguno de ellos, sólo reciben «miradas de recelo y de pésame anticipado».

-El creciente ataque a las bases mismas de nuestro sistema democrático: representación legítima de la voluntad popular, Administración de Justicia, fuerzas de seguridad, mundo empresarial, Universidad, medios de comunicación, asociaciones y movimientos ciudadanos...

-La conciencia de las cotas de inmoralidad y de complicidad con la cultura de la violencia que ha alcanzado nuestra sociedad y que, entre todos, debemos atajar.

-El enorme valor de todas aquellas personas y grupos empeñados en la defensa activa de las libertades frente al totalitarismo y que serán más fuertes cuantos más seamos.

Además de demostrar la repulsa de esta situación degradante con gestos y manifestaciones silenciosas, también queremos tomar la palabra, para que no se malinterprete nuestro silencio o para evitar que las víctimas puedan sentirlo como indiferencia o ambigüedad. Creemos que no basta con asentir calladamente cuando leemos un artículo de opinión que expresa lo que a nosotros nos gustaría decir o cuando nos sentimos representados por alguien que, con una admirable reciedumbre moral y coraje cívico, asume responsabilidades públicas que a todos nos benefician. Tampoco basta con rechazar interiormente la resignación fatalista o la práctica del victimismo fácil.

Somos conscientes de que, para romper el silencio cómplice y recuperar la dignidad cívica, debemos reconocer a las víctimas, a quienes los terroristas y fanáticos excluyen de la sociedad, incluso aniquilándolas física y psíquicamente, y solidarizarnos activamente con todas ellas. Debemos reconocer la autoridad moral de las víctimas que están luchando por la vida, la libertad y la dignidad humana, es decir, por nuestra vida, nuestra libertad y nuestra dignidad.

También queremos explicitar que nuestras manifestaciones silenciosas y anónimas quieren decir que rechazamos la estrategia de terror y persecución y el pensamiento totalitario de ETA y sus redes de apoyo, injustificables ética, jurídica y políticamente; no hay justificación alguna para la utilización de la violencia como instrumento político en la sociedad vasca actual. Que, para construir una sociedad democrática, secular y pluralista, es imprescindible priorizar el respeto a la dignidad de cada ser humano concreto, por encima de cualquier derecho colectivo, ya sea de raíz ideológica, religiosa o política. Cualquier planteamiento político es legítimo siempre y cuando se asiente en el escrupuloso respeto a los derechos humanos y a la voluntad de la ciudadanía. Que nos preocupa la socialización de tantos jóvenes en un fanatismo ideológico legitimador de la violencia; que debemos preguntarnos en qué familias, ambientes y aulas se socializan estos verdugos de los derechos y de las libertades; y que debemos exigir responsabilidades a quienes conducen a parte de la juventud vasca a la destrucción de sí misma y de la sociedad. Que no confundimos a las víctimas con los verdugos y que distinguimos entre quienes sufren por ser víctimas de la violencia terrorista y quienes sufren como consecuencia de otras causas; que debemos conseguir que cese todo sufrimiento, sin olvidar lo evidente: que ETA es la principal responsable de la violencia. Que no queremos ser cómplices de ninguna situación social y política que no garantice los derechos y libertades a todas y cada una de las personas. El rechazo a ETA no puede justificar métodos que conculquen estos derechos, y condenamos rotundamente su uso; pero los abusos pasados y presentes en ningún caso pueden ser fuente de legitimación de la violencia. Que estamos dispuestos a colaborar, con la aportación específica que como universitarios podemos hacer, en la construcción de una sociedad más libre y solidaria, poniendo todos los medios democráticos para derrotar a ETA y a su entorno y para garantizar que las reglas de juego razonablemente democráticas de que la sociedad vasca se ha dotado no sean sólo meros instrumentos útiles que aceptamos según convenga a nuestros intereses particulares y partidistas, sino un capital social insustituible para garantizar una convivencia libre y en paz.

Sobre toda esta base y a partir de la siempre compleja y fructífera tarea del diálogo, hemos iniciado un camino como grupo estable de reflexión en la Universidad en la que trabajamos.

Prioridades de Europa
Editorial ABC 9 Enero 2002

Con su comparecencia conjunta ante los medios, José María Aznar y Romano Prodi inauguraron políticamente la presidencia española de la Unión Europea. Ambos mandatarios expusieron los objetivos de las instituciones comunitarias para los próximos seis meses y abordaron, entre otros, los asuntos que constituyen actualmente la cara y la cruz de la Unión: la implantación del euro y las dudas que provoca el Gobierno italiano. Aznar se refirió con entusiasmo justificado a la entrada en circulación del euro, que calificó como «dimensión colosal», animado, sin duda, por la respuesta que los ciudadanos españoles han dado a la nueva moneda. Su actitud ha desarbolado los viejos tópicos del aislacionismo español, impulsando a nuestro país al máximo nivel de compromiso con el mensaje político que conlleva la implantación de una moneda común. Sin duda, esa actitud es el resultado de una simbiosis con la apuesta europea del Gobierno español, que alcanza la presidencia de la Unión tras una trayectoria marcada por la lealtad con el proyecto de una Europa unida y de incorporación efectiva y definitiva de nuestra sociedad a los proyectos compartidos por todos los europeos. En estas condiciones, el contraste con Italia es inevitable, como comprensible fue la prudencia de Aznar y Prodi en la valoración de la crisis de Gobierno que ha llevado a Berlusconi a asumir la cartera de Exteriores de su país. Sin embargo, ni la prudencia ni la confianza en el sentido europeísta de Italia esconden que las instituciones de la Unión no deben preocuparse sólo por su ampliación a los países del Este sino también por mantener entre los Estados miembros actuales la lealtad con el proyecto fundacional firmado, precisamente, en Roma.

Junto a estos análisis de actualidad, Aznar y Prodi confirmaron lo que ya estaba anunciado desde hace tiempo y es también consecuencia de los acontecimientos internacionales: que la lucha antiterrorista va a ser «la prioridad de las prioridades» del semestre español. En los tres últimos meses de 2001, la Unión Europea acortó plazos que se calculaban en años y desarrolló una auténtica revolución legal antiterrorista, impulsando la supresión de la extradición, creando la euroorden de detención y entrega, elaborando listas de organización y sujetos terroristas, definiendo el terrorismo con una fórmula común y constituyendo organismos de colaboración conjunta, como Eurojust. Estas medidas fueron posibles gracias a la percepción del terrorismo como una amenaza real para las democracias europeas y a la labor de convencimiento que durante años llevó a cabo el Gobierno español. Ahora, desde la Presidencia europea, España debe consolidar esas reformas y avanzar en su implantación en los Estados miembros, reforzando al mismo tiempo la cooperación con Estados Unidos y extendiendo entre las democracias una cultura contra el terror, que incluya todas sus manifestaciones y formas de apoyo. La despolitización del terrorismo etarra ha sido el gran éxito del Gobierno español, al que Europa ha dado finalmente la razón sobre la inexistencia de motivo alguno que legitime la violencia. Este mensaje de Europa subyace de manera muy explícita en la inclusión de organizaciones como Xaki, Ekin, Segi y Gestoras Pro Amnistía en la lista de organizaciones terroristas. No hay conflicto político con ningún Estado ni pueblo sometido ni derecho de autodeterminación violado en la Europa democrática. El nacionalismo vasco también debería darse por aludido, porque Europa está marcando las directrices de su futuro, en las que las reivindicaciones nacionalistas que busquen la segregación son desechadas como residuos históricos. Esta es la Europa de los Estados, como ayer se encargó de recordar el mismo Romano Prodi a preguntas de los periodistas sobre la presencia de las regiones en las instituciones comunitarias, lo que hará vanos los intentos del nacionalismo vasco de comprometer ante los Quince la actitud del Ejecutivo presidido por Aznar de no ceder a las exigencias del Gobierno de Vitoria sobre su presencia en los Consejo de Ministros comunitarios. Las expectativas de los españoles en Europa no son las del conflicto permanente y tedioso que provoca el nacionalismo vasco, sino la afirmación definitiva de una parte esencial de nuestra identidad histórica, política y cultural.

Mas quiere más
Por Jaime CAMPMANY ABC 9 Enero 2002

Todos queremos más, pero Artur Mas, el delfín de Jordi Pujol, quiere aún más. A más de un año de las elecciones autonómicas de Cataluña, declara que quiere ir más allá del autogobierno. El autogobierno está bien para Pujol, que es pequeñito, un poco patufet, pero es poco para Mas. Es más: la grandeza de Mas no cabe en el autogobierno, y quiere ir más allá, quiere conocer el más allá del autogobierno, que no sé yo hasta dónde alcanzará ese más allá que quiere Mas, y que a lo mejor resulta que está más allá del palacio de San Jaime, y que le deja el despacho a Pasqual Maragall, el nieto del inolvidable poeta. O a lo mejor, el más allá que quiere Mas se encuentra exactamente, según las señas que proporciona el famoso fabulista, «más allá de las Islas Filipinas».

Entre nosotros, los nacionalismos tienden a la desmesura, a la exageración, al disparate, a la utopía y al delirio de grandezas, aunque lo peor florece en el País Vasco, que tiende al crimen y al terrorismo. Cataluña y los catalanes han tenido a la largo de la Historia sus momentos de delirio y de república independiente, pero la verdad es que el nacionalismo catalán, hic et nunc, se mantiene dentro de un realismo pragmático y de una moderación razonable. La tradición de la Esquerra Republicana no pasa de un puñado de votos y de la exhibición simpática de aquella republicanita de buen ver llamada Pilar Rahola que daba al Rey el nombre de «ciudadano Borbón». Hubo un momento en que la republicanita estaba en todas las tertulias televisivas, hasta que engordó mucho.

Seguramente, esas declaraciones de Mas no van a caer bien entre la mayoría de los catalanes, gente, como digo, realista y con los pies en el suelo. Eso de ir más allá del autogobierno suena a sacar los pies del plato y, para decirlo en la lengua del pueblo, supone mear fuera del tiesto. ¿Qué más quiere Mas? Que lo diga claramente, porque más allá del autogobierno, no se sabe bien lo que podemos encontrar. Si Mas insiste en esa idea, los catalanes se encontrarán en el año 2003 en el dilema de votar por el federalismo asimétrico de Pasqual Maragall o por el más allá del autogobierno de Artur Mas, y vayan ustedes cogiendo esas dos moscas por el rabo. Jordi Pujol estará frotándose las manos. «Otro vendrá que bueno me hará. Este párvul se la pega».

Hay que reconocer que Jordi Pujol, a pesar de los pesares, nunca ha querido ir más allá de donde podía ir, y ni siquiera ha sentido la tentación temeraria de atreverse a volar en el parapente de doña Marta Ferrusola. Cuando sube a las cumbres, sube a pie, o sea, sin levantarlo del suelo más de lo necesario para caminar, y dando un paso después del otro. Los saltos mortales, para los volatineros. Dicen los augures que el hígado de las ocas sagradas de Montserrat anuncian el triunfo de Maragall, o al menos, una ventaja inicial apreciable. La retirada de Pujol, que ya es oficial aunque todavía no sea un hecho, puede dejar a Convergencia i Unió en la oposición después de tantas legislaturas de autogobierno. Irse más allá puede desembocar en la conquista socialista de Cataluña, largamente soñada.

Durán i Lleida no habría caído en semejante pretensión del más allá. Lo mejor es dejar el más allá para los muertos. Tiempo tendremos los mortales de disfrutar de lo que hay más allá del autogobierno y de esta vida. Por de pronto, ya estamos más allá de los montes Pirineos, que antes nos separaban de Francia y ahora son nuestra Europa. Pero Durán i Lleida, unionista y no convergente, fue apartado de la sucesión y el hereu de Pujol es un señor Mas que quiere más. Y es que la codicia de poder ciega al más despabilado, y ya se sabe: la avaricia rompe el saco cuando en el saco no cabe más.

Zapatero de Quebec
RAUL DEL POZO El Mundo 9 Enero 2002

Durante toda la Historia de España, vasco era sinónimo de fiel. Los secretarios de los reyes, de los duques, de los navegantes eran vascos, por su lealtad, cortedad de palabra y buena letra.

Algunos vascos, desde hace poco más de un siglo, han dejado de ser fieles a España, siguiendo la tradición vasca y criolla de rebeldía contra la metrópoli, en este caso metrópoli interior.Si empleamos la frase de Baroja, Su Majestad el Odio se ha instalado en las tierras del norte, donde el nacionalismo es un dragón alerta en la boca de su cueva. Tal vez el odio progresa porque tiene su apoyo en más de la mitad de la población que no quiere ser española. El partido nacionalista ha precipitado en los últimos meses su travesía hacia la autodeterminación. Se han plantado. En ningún país democrático del universo se permitiría que un gobernador, dirigente de Land, territorio autónomo o federal, como Ibarretxe, incumpliera las leyes, se quedara con parte de los impuestos y demás, hiciera alarde de ello. En el País Vasco el desplante se agrava por el hecho de que esté apoyado por un grupo terrorista y también por IU y muy pronto, por el segundo partido del Estado. Si a la mitad de los vascos nacionalistas se les unieran los dos partidos de la izquierda española, la autodeterminación y la independencia serían inevitables.

Cuando la violencia política de un grupo no puede ser extirpada después de muchos años, es que sólo admite soluciones políticas, recuerda Joaquín Navarro en Buenos días, Euskadi y estudia la referencia canadiense para resolver el conflicto.

Según los quebequeses, odonistas, jaureguistas, maragallistas, y por lo que se ve zapateristas, si la mayoría de los vascos desea un Estado, deberían ser consultados. Los resultados tendrían que ser estudiados por el Parlamento de Madrid, por todos los partidos y las comunidades autónomas. Esos tratados fijarían los términos de la secesión después de regatear la división de activos entre el Estado-comunidad y el cambio de fronteras.

Mientras, IU y el PSOE se irían envileciendo en la transversalidad, el resto de los españoles no les perdonarían su deslealtad constitucional.

Yo tenía mucho respeto por Zapatero, pero ahora he descubierto que sus sueños eran muy pobres: sólo aspiraba a que su partido fuera el mayoritario en el pequeño estado del Quebec vasco.

Prodi contra la pretensión del PNV
Impresiones El Mundo 9 Enero 2002

El presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, echó ayer un jarro de agua fría sobre la pretensión de los nacionalistas vascos de conseguir una representación directa en la UE. Esta idea del Gobierno de Ibarretxe fue precisamente la que impidió alcanzar un acuerdo para la renovación del Concierto vasco. Ayer Prodi respaldó la posición de Aznar y descartó de forma rotunda la vía propugnada por el Gobierno de Ajuria Enea. Explicó que en la futura reforma institucional de la UE, que se llevará a cabo en 2004, no se contempla ese aspecto. Dijo que la definición de las competencias se basa en la relación entre la Unión Europea y los estados, pero de ninguna forma las regiones se entenderán directamente con Bruselas. Está claro, sin embargo, que el PNV no se rendirá ante la evidencia y que seguirá en sus trece.

La sombra de González es alargada
Editorial La Razón 9 Enero 2002

Es difícil aceptar que, de repente, el PSOE de Rodríguez Zapatero guarde en un cajón todo el valor desplegado en momentos durísimos por los socialistas del País Vasco; todo el dolor por sus militantes y cargos asesinados o humillados. O que acalle cuidadosamente los ecos de sus discursos en defensa del nombre de España y quiera olvidar hoy que hay ciudadanos que no pueden vivir en libertad y para los que el simple ejercicio de exponer una opinión o presentarse por una lista electoral es una muestra de heroísmo. Resulta incomprensible que una estrategia política pueda romper una sintonía con otro partido, como el PP, sin otras coincidencias que la libertad y la Constitución, para buscar nuevo asiento con los que pactaron con Eta en Estella; con los que llegaron al Gobierno gracias a los proetarras y hoy se han quitado las máscaras para caminar con paso firme por la senda del soberanismo, la rebelión frente al Estado y, en fin, el independentismo. ¿Qué puede ganar el PSOE acercándose al partido del RH negativo y el pensamiento demente de Sabino Arana y Arzallus?¿Por qué arriesgar sus expectativas de ser, nuevamente, alternativa de poder frente al PP gracias a la reconstrucción del partido? ¿Qué razones ocultas pueden justificar una traición semejante?

Políticamente no es defendible rendir ahora reconocimiento a las banderas nacionalistas, y autonombrarse «mediadores» entre los separatistas y los «separadores», nueva palabra inventada por la máquina de Gobelas para justificar lo injustificable, y empleada ayer enigmáticamente por Zapatero: ¿A quién se refería con lo de «separadores»? ¿Al PP?

Habrá que considerar la reacción de los militantes que se han jugado, literalmente, la vida en el País Vasco, y demasiadas veces la han perdido, por defender un proyecto de libertades con el sello y la tradición del socialismo. Y sumar a su previsible reacción la de esa gran masa de votantes del resto de España que apostó por el proyecto del PSOE y se alegró de que, por fin, alguien plantase cara al complejo entramado etarra y al mundo político que tiene los mismos objetivos que los terroristas.

Conviene preguntarse quién, además del PNV, el más claro ganador, ha emprendido la campaña de acoso a Redondo y ordenado el cambio de rumbo en PSE. Y conviene advertir que la nueva política ha sido lanzada como consigna desde el grupo periodístico Prisa, y que lleva además grabada la marca de González, el ex presidente amargado por la derrota y conocido tanto por sus ausencias en el Parlamento como por su nuevo empleo de «lobbysta» internacional. Un binomio que ha dejado en sus actuaciones conjuntas un rastro de negocios fabulosos y adjudicaciones de escándalo, siempre a beneficio del imperio periodístico y a mayor gloria de González. Y es aquí, en el entendimiento de los dos grandes protagonistas de esa época de la historia reciente de España que se conoce como felipismo, donde sin duda está la clave de la traición que se perpetra ahora contra los demócratas del País Vasco. Cuando se adivina que Prisa y Felipe González andan juntos en algo tan sorprendente como el esperpéntico cambio en el PSE-PSOE, es que uno va a hacer el enésimo buen negocio y otro cree ganar una batalla a su más encarnizado enemigo político, que no es precisamente el nacionalismo foramontano de Arzallus, ni la deslealtad al Estado demostrada por el Ejecutivo de Ibarreche, sino simplemente el Partido Popular y, más concretamente Aznar, el que tuvo la osadía de ganarle las elecciones limpiamente por dos veces, y la segunda por mayoría absoluta.

ZAPATERO: NI SÍ NI NO, SINO TODO LO CONTRARIO
Editorial El Mundo 9 Enero 2002

El proceso precongresual que viven los socialistas vascos se está caracterizando por una toma de posición muy clara del sector que forzó la dimisión de Nicolás Redondo en favor de un entendimiento con el PNV. Ramón Jáuregui, presidente de la gestora, es el máximo abanderado de esta tesis y el que las ha expuesto con una claridad meridiana, asegurando que Redondo estaba «escorado» y que quiere «construir el país con el PNV» porque prefiere el «pluralismo» al «patriotismo constitucional». Por eso se esperaba un pronunciamiento claro sobre cuál es el proyecto del secretario general del PSOE en el País Vasco.

La comparecencia de José Luis Rodríguez Zapatero no sirvió para salir de dudas, sino más bien todo lo contrario. Por una parte, el líder socialista elogió al dimitido secretario general del PSE EE por su valentía, pero cuando se le preguntó si apoyaría a Redondo para un nuevo mandato, respondió que eso se lo dirá a él en privado si es que se lo pregunta. No hace falta ser un lince para concluir que apuesta por un cambio de liderazgo. Pero no se entiende muy bien por qué, si hasta hace nada decía que pensaba lo mismo que Redondo y ayer mismo vaticinó que el proyecto que defenderá el PSE EE tiene sus límites en la Constitución y el Estatuto. Es decir, lo mismo que sostiene Redondo.

Pero es que, además, tampoco quiso respaldar las declaraciones de Jáuregui en las que aseguraba que quiere «construir el país con el PNV», dejando atrás la estrategia, a su juicio equivocada, anterior a las elecciones del 13/M. Lo cual produce también alguna duda sobre qué es lo que en realidad defiende el líder del PSOE, teniendo en cuenta que la gestora es una emanación de la Ejecutiva y por eso quien la preside asegura estar en perfecta sintonía con la dirección. Idéntica perplejidad producen sus palabras contra los «separadores y separatistas». Puesto que identificó a estos últimos con los que apoyan a ETA, ¿se refiere al PP cuando habla de separadores estableciendo una equidistancia entre los populares y Batasuna?

Da la sensación de que el secretario general no quiere pronunciarse con claridad sobre la cuestión vasca por temor a lo que pueda pasar en el resto de España si se acerca al PNV. Pero, tarde o temprano, tendrá que aclarar si sus tesis están más cerca de las de Redondo o de las de Jáuregui. Es posible que su estancamiento en los sondeos se deba, precisamente, a ese continuo ni sí ni no, sino todo lo contrario.

La herencia constitucionalista
Enrique de Diego Libertad Digital 9 Enero 2002

Si el partido socialista entra en un proceso reaccionario, como está marcando la dirección, para convertirse en satélite de la extrema derecha vasca, o sea del PNV, como ya ha hecho Madrazo por un plato de lentejas, el Partido Popular del País Vasco no tiene otro remedio que ampliar su base para acoger a los votantes desencantados del PSE y si es posible a los dirigentes que estén dispuestos a ello. En esa hipótesis, cada día más cercana, estaría en juego, por ejemplo, la alcaldía de Bilbao que los constitucionalistas podrían conseguir en el 2003 a tenor de los resultados de las autonómicas. Y estaría en juego Álava, donde el PSE obtuvo unos espléndidos resultados precisamente por la claridad de sus convicciones.

Los totalitarismos cuando han triunfado lo han hecho por las divisiones de los demócratas. Y el proyecto totalitario para el País Vasco no es monopolio de ETA y Batasuna. Su exigua y xenófoba base ideológica, su legitimidad, proviene del PNV y de su fundador Sabino Arana, y ha sido siempre reafirmada por Xavier Arzalluz, cuyas tesis etnicistas no las mejoran ni Le Pen y Haider juntos.

Resulta enternecedor y patético que mientras los dirigentes del PSOE insisten en su intento de diabolizar al PP –un esquema teledirigido desde el polanquismo y el felipismo, como lo fue la marcha vergonzante a dar el cabezazo al rey de Marruecos–, cada vez que los populares muestran su respeto hacia Redondo y dispuestos a continuar con la herencia constitucionalista –tanto el PP como el PSE subieron en votos el 13 M– contesten histéricos como si fuera el PP el que está rompiendo amarras. Eso parece la emanación de intensos complejos de culpa, de quienes ya fueron utilizados en el pasado por el PNV y quieren tropezar en la misma piedra. A día de hoy, Redondo sería mejor secretario general del PSOE que Zapatero, que ha pasado a ser un títere movido por grupos de presión externos a su partido.

¡EL CUPO(NAZO)!
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 9 Enero 2002

Si en el País Vasco no hubiera terrorismo, todo ese debate bochornoso generado por la negativa del ejecutivo de Vitoria a cumplir lo determinado por la ley, aunque grave, sería tolerable. Habiendo, como hay, miles de personas con su vida y hacienda seriamente amenazadas, tal negativa constituye una muestra alucinante de la irresponsabilidad en la que pueden instalarse políticos elegidos para solucionar los problemas de la gente y no para crearlos.

Pues, ¿qué otra cosa más que crear problemas por crearlos es vincular, como ha hecho el PNV, la renovación del Concierto Económico de Euskadi con su presencia en las instituciones europeas? Al margen de la opinión que se pueda tener sobre este asunto, lo cierto es que la presencia autonómica en Europa no es cosa que afecte únicamente al País Vasco, sino también a las demás comunidades españolas, lo que significa que debe ser en un foro multilateral, en el que estén presentes todas ellas, donde se discuta la cuestión.

¡Pero no! Con la obstinación de quien no piensa nada más que en su barriga, el ejecutivo de Vitoria insistió en mezclar churras con merinas y, cuando, con razón, el Gobierno finalmente se negó a un trágala que hubiera resultado de todo punto inaceptable, decidió no sólo romper la negociación sobre el concierto, sino también reducir unilateralmente la cantidad que el País Vasco deberá pagar a la hacienda pública española por los servicios prestados allí por el Estado -el llamado cupo- convertido de ese modo en una especie peculiar de cuponazo que los restantes españoles habremos de abonar a quienes ya no contribuyen para nada a la solidaridad interterritorial.

Se trataría, según el lehendakari, de una justa represalia por la prórroga del concierto y la fijación de un nuevo cupo para el ejercicio fiscal del 2002. Tal supuesta represalia constituye, en realidad, una violación flagrante de la ley, pues ha sido en cumplimiento de la misma que se han adoptado ambas decisiones.
Así las cosas, y como decía hace unos días Ramón Jáuregui, la decisión del Gobierno de Vitoria es «absolutamente ilegal» y constituye un «auténtico torpedo» al sistema institucional.

Lo que, por cierto, se conecta con la cuestión que está en el origen del conflicto: la de la presencia del País Vasco en las instituciones europeas. Y es que esa presencia exigiría, como condición indispensable, de una lealtad institucional de los gobiernos autonómicos al Estado, que el de Vitoria está muy lejos de garantizar al día de hoy. Dicho con claridad: no puede pretender representar al conjunto del Estado quien ha convertido la deslealtad para con él en su seña principal de identidad.

Los complejos de los socialistas
TONIA ETXARRI El Correo 9 Enero 2002

Son todos de izquierdas. Los más autonomistas y los más constitucionalistas; los que después de las elecciones han transformado su idea de no pactar con el PNV «ni aunque cambie» por la de facilitar su gobernabilidad y los que no han tenido complejo alguno en coincidir con el PP en la lucha contra el terrorismo; los que están esperando que llegue la segunda tregua de ETA para olvidarse de la oposición al PNV y los que prefieren no olvidar la brutalidad con la que volvió ETA después de su primera tregua.

Todos son de izquierdas. Jáuregui y Redondo, Víctor García y Patxi López. El problema es que pasa el tiempo, cambian a sus líderes y todavía están en busca del arca perdida de su proyecto propio. Si no lo encuentran será que no se creen en el fondo lo que tanto predican: que tienen que ser la alternativa en este país porque el nacionalismo no ha sabido resolver la falta de libertad y el fin del terrorismo.

Desde que en las elecciones del 86, a pesar de obtener más escaños que el PNV, cedieron la Lehendakaritza a los nacionalistas, porque no se atrevieron con semejante papeleta, parece que no se han sacudido el complejo. Quizás porque saben que desde el PNV se han referido a ellos como «pasteleros» que son capaces de venderse por un plato de lentejas. O porque algunos nacionalistas llegaron a decir, ante la posibilidad de que llegue algún día la alternancia y sea un socialista quien gobierne en Ajuria Enea, que era «como dejar que la criada mande en tu propia casa», el caso es que siguen dando la impresión de que necesitan la referencia de otros partidos para definir su propia existencia. Y que, por eso, la crisis interna les viene provocada por la falta de consenso en torno a su alianza con PNV o PP.

Ahora que los aprovechados se apuntan a hacer leña del árbol caído habrá que reconocer que Redondo fue la excepción porque no tuvo complejos. Ni cuando quiso pactar con el nacionalismo en época de Ardanza con el fervor del ‘espíritu de Ermua’, ni cuando mandó a paseo al PNV cuando vio que el Pacto de Lizarra iba a producir la marginación del socialismo, como así ocurrió. Ni cuando coincidió con el PP en la lucha contra ETA. Cogió el testigo de Jáuregui con 179.000 votos y lo deja ahora con 250.000, así es que no le ha ido tan mal. Tendrá que tenerlo en cuenta Jáuregui, de quien se puede entender su resentimiento (desde que dejó de ser secretario general no fue invitado ni una sola vez a participar en la ejecutiva vasca) pero no se puede justificar su ánimo de revancha, sobre todo, desde esa gestora teóricamente neutral.

Dice Rojo que «hay que elegir a un líder fuerte que conecte con la sociedad». ¿Dónde tendrán escondido a ese ‘mirlo’? Porque antes de conectar con la sociedad habrá que hacerlo con su propio partido. Hay que volver a dar paso a paso. Así, desde fuera, da pereza; la verdad.

Después, Mas
Editorial El País 9 Enero 2002

Jordi Pujol ha demostrado en su dilatada carrera que dispone de reflejos. Lo hizo cuando saltó de su coche oficial para interpelar a quien le apedreaba, y en momentos decisivos como el 23-F. Tener reflejos supone asumir las propias debilidades, vislumbrar las coyunturas desfavorables y anticiparse o reaccionar a tiempo. A Pujol se le disparó la alarma el día en que los socialistas de Pasqual Maragall le ganaron en votos. Aunque Convergència i Unió (CiU) logró más diputados y formó Gobierno gracias al PP, supo que estaba amortizado. Planificó su relevo para salvar la supervivencia de su trayectoria y de su formación. Pese al artificio de su diseño y al exceso de partidismo de la Administración autónoma, resulta positivo -coseche los resultados que coseche- todo esfuerzo por evitar el derrumbe de los partidos democráticos.

El primer paso fue encumbrar al consejero de Economía, Artur Mas, a conseller en cap, lo que le señaló como sucesor. Requirió varias crisis agónicas de gobierno para pacificar a su socio de Unió, cuyo jefe, Josep Antoni Duran i Lleida, aspiraba a delfín. Luego convirtió la coalición CiU en federación. Y el lunes designó a Mas como próximo candidato nacionalista a la presidencia de la Generalitat.

Pujol ha hilvanando con precisión de relojero las secuencias de su sucesión, aunque a costa de un abandono de las tareas de Gobierno. Durante el último año ha visto con sorpresa la rebelión de comarcas enteras, como la del Ebro, por el apoyo de CiU al Plan Hidrológico Nacional y por el abandono de las zonas rurales. El debate de la moción de censura presentada por Maragall focalizó la política en asuntos como la enseñanza, las infraestructuras o el suministro eléctrico y evidenció el agotamiento del Gobierno, pese a la habilidad parlamentaria demostrada por Mas.

La reciente paralización de Cataluña por los apagones y las nevadas ha subrayado la incapacidad del Ejecutivo para resolver problemas básicos, con un serio coste político que gravita ya sobre Mas. Pujol le ha allanado el camino, pero la herencia no es una bicoca. Podría fortalecerle con el abandono anticipado de la presidencia de la Generalitat para cederla a Mas. Se ahorraría, además, nuevas reuniones con su aliado José María Aznar, que tan íntimamente le mortifican.

El cupo, Europa y el nuevo Lizarra
Por Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 9 Enero 2002

El extraño culebrón orquestado por el Gobierno Ibarretxe en torno a la ficticia negociación del Concierto Económico y al pago -o impago- del cupo ha registrado nuevos sucesos, en principio muy negativos para el director, guionista y protagonista de este engendro. Romano Prodi ha terciado declarando que las regiones europeas están representadas en las mesas fiscales y económicas europeas por los gobiernos de los estados de los que forman parte. Desautoriza así a Ibarretxe, que con su característica arrogancia -disfrazada de falsa humildad farisea- proclamó la orfandad de la CAV en Bruselas tras negar al Gobierno español la representación ulterior de los intereses vascos. La otra desautorización viene de Vitoria: la Diputación Foral de Álava ha anunciado su voluntad de pagar íntegra la parte del cupo reclamado por el ministro Montoro que corresponda a la Hacienda alavesa. El argumento que funda esta desobediencia civil alavesa a la desobediencia civil vasca es bastante sólido: los contribuyentes e instituciones alavesas no tienen por qué asumir los riesgos del aventurerismo político del PNV, que puede arrojar a la CAV a una crisis institucional completa.

A estas alturas nadie puede dudar de que Ibarretxe no ha querido en ningún momento llegar a un arreglo con Montoro en la discusión del cupo. El baile de cifras es bastante expresivo: los 42 millones de euros de diferencia entre las partes durante la negociación del cupo se convertían según la vicelehendakari en 1.238 millones a favor de la CAV, pero Arzalluz limitaba el desacuerdo a 120,2 millones, duplicados -240,4 millones- en las cuentas privadas del lehendakari. Asombroso. La única explicación, de estilo bilbainada, es que el dinero no es problema. ¿Dónde está pues el problema?

El espectáculo de Ibarretxe tiene una parte esotérica (secreta) y otra exotérica (pública). Las dos desautorizaciones que ha recibido pertenecen al dominio exotérico, y representan sendas advertencias a la estrategia del nacionalismo vasco: ni la Comisión Europea ni la Diputación alavesa piensan hacerle el juego. Pero no cabe atribuir a los nacionalistas vascos la tonta ingenuidad de calcular que la Comisión Europea iba a darle la razón contra España, y justo en este semestre. Tampoco podía prever Ibarretxe que la Diputación de Álava, donde gobierna el PP con apoyo socialista iba, a pesar de la crisis del PSE, a prestarse a seguirle en su delirante ejemplo de desobediencia civil. Y así llegamos a la parte esotérica de este enredo: con su mensaje de ruptura pacífica con España, Ibarretxe espera impresionar a un receptor que no está en Madrid, Vitoria ni Bruselas. ¿Quién puede ser el destinatario secreto de la maniobra? Indudablemente, ETA. Pocas dudas caben ya de que Ibarretxe está protagonizando un melodrama concebido para convencer a ETA de la voluntad nacionalista de superación del Estatuto y de la superioridad de la desobediencia pacífica sobre la acción terrorista. Además, Ibarretxe renueva entre su parroquia votante y clientelar el mensaje de la inutilidad del Estatuto y de la Constitución para obtener un rango parangonable al de los Estados soberanos.

Si ETA declara otra tregua un día de estos, se habrá despejado el misterio. Sobre todo si al día siguiente se repite la firma de un Lizarra bis -en el que algunos socialistas «vasquistas» habrían querido estar- que ofrezca paz por representación en Bruselas y cese de la representación española para los asuntos vascos en Europa.

Jaúregui y la Constitución
Román CENDOYA La Razón 9 Enero 2002

No sé quién es el pensador que considera que la defensa de la Constitución y del Estado es ideológicamente patrimonio de un partido. Esa defensa es patrimonio de todos los ciudadanos que creen en ella tengan la ideología que tengan. Arzallus, por ejemplo, prefiere cortarse la mano antes que firmar la Constitución Española. Actitudes como la de Arzallus demuestran que cualquier acercamiento de posturas con los nacionalistas siempre es desde la cesión y contra la Constitución. Nicolás no estaba escorado hacia el bloque constitucionalista. Él y sus votantes estaban con la Constitución. Zapatero dice estar con la Constitución y el Estatuto pero lo que avanzan como ponencia política en Euskadi es todo lo contrario. Jaúregui ha dicho que «el PNV vive muy cómodo entre Eta y Aznar». La equiparación de extremos es odiosa porque significa igualar víctimas con asesinos. Y es muy torpe porque supone que la centralidad vasca es el PNV. Me gustaría saber qué piensan los socialistas españoles sobre que su partido, como quiere Ramón, esté en el mismo sitio que el PNV. Ramón Jaúregui ha regresado a la política vasca marcado por un fuerte Síndrome de Estocolmo. Personalmente le aprecio pero no comparto lo que está haciendo.

Rumor de tregua
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 9 Enero 2002

Ha crecido en las conversaciones de los bares al otro lado de la frontera, en el país vasco francés, y ha tomado cuerpo en los ambientes nacionalistas de nuestro Euskadi. En las filas socialistas hay quienes parecen estar enterados y el contenerse en las palabras parece la ley en el Gobierno. Eta podría estar al borde de decretar una tregua. Un paso este dicen que ya definitivo, después de la intentona tramposa de la ocasión anterior.

Muchos son los argumentos que se ofrecen, aunque hay uno que es el común y repetido en todos los análisis. Están verdaderamente acorralados. Los golpes policiales les han dejado apenas sin comandos en el interior de España y tras el 11-S su aislamiento internacional es ahora una unanimidad. Francia ha comenzado a actuar mucho más contundentemente. El rechazo de la opinión pública vasca a sus asesinatos, los últimos una pareja de ertzainas, es creciente. Como conclusión de todo ello su fuerza política aún se ha resentido más después del fortísimo varapalo recibido en las últimas elecciones autonómicas donde perdió casi la mitad de su electorado. El PNV, ya con su apuesta independendista ¬soberanista le llaman para disimular¬ recoge los frutos.

Eta tiene problemas. Algunos y muy fuertes internos. Creen estar infiltrados por «topos», los unos sospechan de los otros y viceversa. Sus dirigentes, entre ellos Mikel Antza (al que se supone ya fuera de Francia, tal vez en Bélgica) tienen miedo a moverse o a convocar alguna reunión porque presumen una detención de toda la cúpula. Son conscientes de que el mundo ha cambiado y está contra ellos.

Pero es sólo un rumor. Nada más. Quizá tan solo el deseo de un final de tanta sangre. Pero sí hay algunos indicios. Los movimientos en el PSOE podrían tener algo que ver y no deja de ser significativo que un juez que tanto les combate como Garzón se haya descolgado defendiendo sin fisuras la solución policial y afirmando que con ellos no hay diálogo posible. La tregua-trampa no vale. Garzón y muchos saben que la única solución real para que Eta negocie su abandono de las armas es que se encuentre derrotada. Ya estuvo al borde pero no faltó entonces quien acudiera en su socorro pretendiendo convertir esa derrota en el triunfo de las tesis independentistas para el País Vasco. O sea la victoria de Eta muerta reencarnada en el alma inmortal nacionalista resucitada en Estella. Algo así, si se produce se intentará ahora. ¿Ojo a lo que vaya a hacer el PSOE ahora que han derribado a Redondo!

A Zapatero no le hacen juego limpio
Lorenzo Contreras La Estrella 9 Enero 2002

Si algo está quedando claro a la luz de las palabras y las maniobras políticas que se observan últimamente en el seno del PSOE, es que la caída más que probable de Nicolás Redondo, tanto si se lanza a la lucha en el próximo congreso extraordinario del PSE como si tira la toalla previamente, resulta un efecto letal del felipismo calculado al que asistimos. Y la caída de Redondo Terreros no parece otra cosa que el preludio de otra caída, concretamente la del propio Zapatero, cuyo papel consiste en perder las elecciones generales del 2004 con su perfecta estrategia de buen talante.

N
ada especial se descubre con estas observaciones, ampliamente compartidas en la propia militancia socialista. Se trata tan sólo de constatar que el señor Jáuregui, presidente de la gestora constituida para preparar el congreso extraordinario de los socialistas vascos, es la persona con menos capacidad de disimulo que ha producido la política española desde los tempos de la transición. Lo cual podría interpretarse como virtud y sinceridad si no fuese simple y elemental descaro.

El estilo "ejecutor" de Jáuregui contrasta con las sinuosidades de Trinidad Jiménez, la secretaria de política Internacional del PSOE, felipista de pura cepa cuyo papel consiste en medrar sin perder los contactos con González. Medrar con el objetivo de intentar conseguir para el partido, y para ella misma, la Alcaldía de Madrid en los futuros comicios municipales. Un objetivo que serviría —y así se entiende en el partido— para preparar el siguiente asalto, es decir, la conquista de la Comunidad Autónoma. En otras palabras, primero pensar en los tres millones de Madrid-Alcaldía y después dedicarse a trabajar los cinco millones electorales de Madrid-Comunidad.

Ni que decir tiene que estos dos pasos forman parte de la estrategia felipista como factores indispensables para el regreso de González al poder, a la Moncloa. La sorpresa, por supuesto no intentada, sería que el felipismo se pasara de cálculo hasta el punto de que Rodríguez Zapatero venciese en las elecciones del 2004. Eso sí sería el final o el ocaso definitivo de González, cuyo proyecto consiste en frustrar tamaño despropósito.

Viene todo esto a cuento de la densa agenda que González está cubriendo de manera sistemática. Primero, marginación de Redondo utilizando a Jáuregui más que a Zapatero, aunque también a éste, desplazado a Marruecos bajo la inspiración del antiguo líder. La sensación de que el actual secretario general es una pieza de ajedrez movida a placer por el viejo campeón resulta difícil de conjurar.

En segundo lugar, presencia internacional del antiguo líder, que no sólo se anticipa a Zapatero en la visita a Marruecos, sino que además intenta meter alguna baza en la crisis argentina, donde un hombre suyo, Carlos Solchaga, ha procurado vender soluciones económicas, con el resultado que cabe apreciar. La visita de González a De la Rúa, dimitido días después, ha sido la pequeña historia de un fracaso rotundo. Eso de aconsejar políticamente a un presidente desahuciado sin percatarse de que lo estaba ha sido una operación desdichada que el líder en la sombra procura hacer olvidar.

Lo importante, de todos modos, es comprobar hasta qué punto se va configurando una situación que arranca del desastre de José Borrel y tiende a repetirse. En el armario de González hay ya demasiados cadáveres políticos y sólo falta completar el número justo. Borrell, Almunia, Bono y... Zapatero.

En el libro escrito conjuntamente con Juan Luis Cebrián resplandece la idea de que González no le gusta el futuro que se va diseñando. Y no sólo el futuro que fabrica Aznar, sino también, sin concretarlo, el que Zapatero podría asumir si en torno a su figura se desarrollara un juego político limpio. Pero ese no es el caso. El actual líder nominal insiste en su oposición de "buen talante". puro idealismo. Mao escribió en su día: "El idealismo y la metafísica son las cosas más fáciles del mundo, porque permiten a la gente que disparate a gusto sin basarse en la realidad objetiva ni someterse a la prueba de ésta".

Bertrand Russell visitó la Unión Soviética todavía en tiempos de Lenin. regresó a Inglaterra y escribió en un periódico: "He visto el futuro y no me gusta". A González le ocurre algo parecido en sus actuales circunstancias y respecto a su propio país.

Prodi recuerda que las regiones no son interlocutoras ante la UE
MADRID. Luis Ayllón ABC 9 Enero 2002

Romano Prodi rechazó ayer las pretensiones de algunas Comunidades Autónomas de negociar directamente con la Unión Europea. El presidente de la Comisión Europea señaló, tras reunirse con Aznar, que el Gobierno español tiene derecho a representar en Bruselas los intereses de las regiones. El jefe del Ejecutivo insistió en que la UE es una «unión de Estados».

La apertura formal de la presidencia española de la UE fue el marco en el que el presidente de la Comisión Europea lanzó un jarro de agua fría a las aspiraciones del Gobierno vasco de negociar directamente en Bruselas.

En la rueda de prensa conjunta celebrada con José María Aznar, Romano Prodi fue preguntado por los periodistas sobre el deseo del Ejecutivo de Juan José Ibarretxe de tener representación propia en las negociaciones con la UE en asuntos que afecten a la Comunidad, una pretensión que provocó la falta de acuerdo sobre el concierto económico con el País Vasco. Prodi contestó de manera taxativa que las Comunidades Autónomas españolas no pueden estar representadas en las instituciones comunitarias.

El presidente de la Comisión recordó que «la definición de las competencias se basa en la relación entre la Unión Europea y los Estados», y señaló que España, Francia o Alemania se organizan de manera distinta, en función de su historia o su tradición. «La forma en que cada Estado se organice en su interior no forma parte de nuestro trabajo», indicó.

CAUCES INTERNOS
Las palabras de Prodi causaron previsiblemente gran satisfacción en Aznar, cuyo Gobierno viene defendiendo esa misma idea ante las demandas de los nacionalistas vascos. «La Unión Europea es una unión de Estados», aseguró el jefe del Ejecutivo, al tiempo que recordó que las comunidades autónomas dispone ya de cauces de representación regional y que cada Estado articula internamente esos cauces.

La negociación del concierto económico en el País Vasco no pudo llegar a buen puerto antes de que terminara el año 2001 por el desacuerdo entre el Gobierno de Aznar y el Ejecutivo de Ibarretxe sobre el papel que deben tener las Comunidades en las instituciones de la UE. El ministro portavoz, Pío Cabanillas, explicó en su día que la participación de las Comunidades en los Consejos de Ministros de la UE no sería «ni constitucionalmente posible, ni tendría ningún beneficio práctico». El ministro añadió que el Gobierno se opone a esa petición «primero por la ilegalidad, con lo que ya sería innecesario entrar en otro análisis, pero también por su propia ineficacia».

Los principales partidos nacionalistas de Cataluña (CiU), País Vasco (PNV) y Galicia (BNG) entienden, sin embargo, que la presencia de las Comunidades en los Consejos de Ministros de la UE es un asunto de «voluntad política», ya que, a su juicio, no existe ningún impedimento legal ni en la Unión Europea ni en el derecho interno.

En el caso del País Vasco, Ibarretxe argumenta que el Gobierno «nunca ha defendido el concierto económico en Europa, sino que lo ha atacado una y otra vez», por lo que considera «lógica» la pretensión de la Administración vasca de estar en las instancias europeas en las que se decidan cuestiones sobre las que el País Vasco es competente. El presidente del Gobierno, sin embargo, recordó que fue su Ejecutivo el que defendió el concierto ante la UE.

Desgobierno del PNV
Cartas al Director ABC 9 Enero 2002

¿Es lo «vasco» exclusivamente un problema? ¿No hay imaginación política en sus gobernantes, alguna dosis -por mínima que ésta sea- de elegancia y generosidad, de comprensión y prudencia?

¿Qué responsabilidad tiene el Partido Nacionalista Vasco en su gestación y gestión?

¿Por qué se sigue votando a un partido paralizado por el miedo y los complejos?

¿Es posible que algunos políticos se crean que el destino del País Vasco coincide irremediablemente con su propia limitación? ¿Interesa que la violencia siga latente para hacernos confundir la realidad con su ficción?

¿Es el nacionalismo algo tan inaudito que es preciso que todo le sea sacrificado? ¿Merece la pena que toda una sociedad -plural y rica en matices- sea rehén de los oscuros intereses de algunos, de tan torpe y lúgubre monotonía?

¿Dónde está la raíz del problema? ¿En la violencia, en el PNV, en cierta concepción racista -y por lo tanto excluyente y secesionista- de la existencia, en la inmadurez política? ¿O se reduce todo a una mera cuestión de poder y su consiguiente manipulación presupuestaria?

¿Prima el debate ideológico y de contenido o una desaliñada mezcolanza de primarios instintos? ¿Es de recibo tanta patraña, tanta demagogia barata, tanta mentira?

¿Hasta cuándo hemos de soportar esta perversión de la inteligencia que sólo produce muertos y hartazgo? ¿Hasta cuándo semejante desgobierno?

¿Es todavía posible apelar a la decencia, tener una visión más digna y positiva de la política, de la vida, del hombre?   Guillermo Urbizu.   Zaragoza.

Jiménez de Parga contrapone el «nacionalismo fanático» a la modernidad
MADRID. M. Peral ABC 9 Enero 2002

El presidente del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga, apeló ayer al «sentimiento constitucional» como idea que «debe arraigar con el fin de reforzar la coherencia de la Nación española». En su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Jiménez de Parga se refirió a los cambios que provocará la cultura digital tanto en el mundo jurídico -donde dará lugar a un «Derecho ecuménico»- como en otros ámbitos y sostuvo que «los nacionalismos fanáticos se olvidan de que estamos en la era digital».

Manuel Jiménez de Parga tomó posesión ayer de la plaza de número que ocupó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas Luis Sánchez Agesta, su profesor de Derecho Político en la Universidad de Granada. Juan Velarde, Sabino Fernández Campo y Francisco Murillo presentaron la candidatura de Jiménez de Parga, que fue elegido académico el 20 de abril de 1999 y ayer leyó su discurso de ingreso, titulado «Sobre el saber jurídico-político: un posible enfoque». Al acto asistieron las presidentas del Congreso y del Senado, Luisa Fernanda Rudi y Esperanza Aguirre; el ministro de Justicia, Ángel Acebes; el ex presidente del Gobierno Calvo Sotelo y numerosos magistrados del Tribunal Constitucional y del Supremo.

El nuevo académico afirmó que el ordenamiento constitucional español está formado por reglas y por unos principios «de aplicación directa» que son el «soporte estructural del edificio jurídico-político». A su juicio, «son principios constitucionales el interés general de España o la solidaridad entre todos los españoles».

«Con estos cimientos sólidos de los principios constitucionales -sostuvo- puede acometerse, sin riesgos de destrucción, la reforma de los textos constitucionales, sea por la vía de las enmiendas, sea por medio de la interpretación jurisdiccional».

Según Jiménez de Parga, esas mutaciones serán aceptables «siempre que no lleven a la destrucción de la Constitución», algo que «sólo será admisible si el titular del poder constituyente (en el caso de España, el pueblo español) decide libremente derribar el edificio jurídico-político y construir otro distinto».

Defendió la supremacía de la Constitución, «que inspira y da forma a todo el ordenamiento jurídico». «Con esta penetración de la Constitución en la realidad jurídico-política se genera, o debe generarse, el sentimiento constitucional», señaló el presidente del TC, que abogó por que «ese sentimiento arraigue entre nosotros con el fin de reforzar la coherencia de la Nación española».

El presidente del TC manifestó que «ciertas nubes» oscurecen la claridad de la doctrina sobre la supremacía de la Norma Fundamental. En este sentido, se refirió al «uso heterodoxo» del denominado «bloque de constitucionalidad», utilizado para resolver los problemas competenciales entre el Estado y las Autonomías.

«Sería un error -aseveró- colocar en el centro del bloque a los Estatutos de Autonomía y en la periferia a la Constitución. No es posible, con perspectiva constitucional, olvidarse de que el origen y principio de donde dimanan los Estatutos es la Constitución», sostuvo.

Jiménez de Parga se extendió, de otro lado, en la «incapacidad» del Derecho para seguir el ritmo que impone la era digital. «La cultura digital requiere un Derecho ecuménico, que se extienda por todo el orbe», consideró el presidente del TC, que proyectó esa idea sobre la situación actual: «El espacio judicial europeo, que ahora se presenta como un objetivo difícil de alcanzar, será visto por quienes nos sigan -conjeturo- como algo natural, que ellos reciben en el legado histórico que les corresponde. Lo antinatural en ese futuro (presente) serán las fronteras para lo jurídico». Ese «horizonte de esperanza» se ve oscurecido, en su opinión, por los «nacionalismos fanáticos, radicales y excluyentes», que «se olvidan de que estamos en la era digital», manifestó el presidente del TC.

El ridículo
Tomás Cuesta La Razón 9 Enero 2002

Lord Chesterfield era un político distante y perspicaz, poseído por una curiosidad inagotable que, al final de su vida, derivó en una especie de misantropía escéptica. Un hombre de firmes convicciones que no se andaba por las ramas a la hora de exponerlas. El derecho de primogenitura -decía, por poner un ejemplo- es esencial, porque impide que en las casas nobles haya más de un imbécil. Pero sus reflexiones -que deberían ser de lectura obligatoria para nuestros centristas a la violeta- no estaban restringidas al ámbito social, sino que se ceñían, cuando era menester, a la individualidad más contingente. A fuer de buen conservador, el conde de Chesterfield sabía que, para encontrar el alma, a veces hay que abrirse la bragueta y en las cartas que escribió para su hijo -consideradas por el maestro Josep Plá como uno de los clásicos de la literatura inglesa-, le previene contra las tentaciones de la carne y sobre el riesgo que entraña violentar el sexto mandamiento: «The pleasure is momentary. The cost is exorbitant. The position is ridiculous».

El placer es efímero. El coste, exorbitante. La posición, ridícula. No le faltaba razón al bueno de Lord Chesterfield. Sin embargo, un instinto ascentral, anclado en lo más hondo de nuestra naturaleza, nos lleva del ronzal hacia el ridículo sin deslindar el grano de la paja, ni el polvo del barro primigenio. En cualquier caso, no deberíamos echar en saco roto observaciones tan certeras. Olvidémonos, pues, del catre y sus miserias para abordar las perversiones del caletre. Si el señor Zapatero, un suponer, hubiese leído a Chesterfield, sabría que con el asunto de Redondo acabará con el culo puesto en pompa y González -¿a galopar, a galopar!-, recitando a Alberti sobre sus posaderas. Con las cosas del joder, como con la manduca, no se juega. Porque puede ocurrir que apuntes hacia el norte y termines mirando hacia la Meca. La rentabilidad política es fugaz. El desgaste, inmenso. Y encima, haces el ridículo que, a la postre, es lo que más te duele.

El arzobispo de Pamplona acusa al nacionalismo de compartir los mismos fines que los etarras
Monseñor Sebastián hace esta afirmación en el prólogo del libro «La Iglesia frente al terrorismo de Eta» Niega la existencia de Euskal Herria y critica la exaltación de la «raza»
El arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián, considera que la coincidencia con la presencia y los fines de Eta «contamina las actividades de cualquier organización nacionalista, a no ser que exista al mismo tiempo una clara negación de cualquier coincidencia con Eta y una decidida colaboración con todas las instituciones del Estado para procurar eficazmente la derrota y la desaparición de Eta». Así lo expresa en el prólogo del libro «La Iglesia frente al terrorismo de Eta», que se presenta hoy en Madrid y en el que el prelado expresa algunas de sus ideas sobre la banda terrorista.
R. L. V. - Madrid.- La Razón 9 Enero 2002

El arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián, ha realizado un análisis sobre las implicaciones entre nacionalismo y terrorismo que sirve de prólogo al libro «La Iglesia frente al terrorismo de Eta» en el que analiza no sólo algunos aspectos de la banda terrorista, sino también de los nacionalismos democrático y radical, de los partidos constitucionalistas y de otros aspectos de la actualidad vasca.

Del nacionalismo democrático, monseñor Sebastián dice que «se encuentra en la obligación moral de formar un frente común con las demás instituciones democráticas del Estado para luchar eficazmente contra Eta». Y aunque considera que el independentismo defendido por estos «es una opinión posible», se hace una serie de preguntas sobre el mismo, como si es tan claro que la ruptura independentista es mejor para la mayoría de la población que la continuidad democrática o qué pasa con esa casi mitad de la población que no quieren separarse de España. Al hilo de esta cuestión, y al abordar el asunto de la autodeterminación, el prelado considera que hay una serie de observaciones «que debilitan y prácticamente anulan la legitimidad de esta reivindicación: en la actualidad no hay un pueblo homogéneamente vasco que ocupe un territorio definido. Los vascos están presentes en todo el territorio español; y en lo que se llama País Vasco o Euskal Herria, hay y ha habido desde hace siglos muchas personas no vascas, viviendo en paz y perfecta armonía con los vascos.
Además, monseñor Sebastián considera que «los partidos nacionalistas dan por supuesta la unidad de todos los territorios que ellos consideran como parte del País Vasco, incluida toda Navarra. Esta pretensión es discutible desde el punto de vista histórico, pero es absolutamente contraria a la realidad en el momento presente. Los partidos nacionalistas vascos no son realistas ni facilitan la concordia cuando repiten una y otra vez sus reivindicaciones sobre el territorio de la Comunidad Foral. La inmensa mayoría de los navarros están muy bien como están y no quieren modificar su estatuto político».

Otro Estatuto, el vasco, junto con la Constitución y el Amejoramiento del Fuero son en la actualidad para el obispo de Tudela los «instrumentos legales que garantizan la convivencia en paz y libertad. La única postura responsable y realista es la que se apoya en el reconocimiento de esta situación legal y política, para pretender mejorar estos ordenamientos por los procedimientos legales previstos».

Sobre el uso de la lengua vasca, Sebastián dice que los nacionalistas más radicales lo han «manipulado» para la difusión de la mentalidad y las actitudes independentistas. «El vasco, que era una lengua pacífica y entrañable, es hoy, en ocasiones, por culpa de la manipulación política, un verdadero elemento de lucha y de discordia», por lo que pide, teniendo en cuenta que esta lengua es «una realidad cultural muy anterior y muy superior a cualquier idea política», que se proteja como una creación cultural de primer orden.

Para el prelado navarro la solución al problema que hay en el País Vasco sólo vendrá «por el camino del diálogo y del entendimiento entre las fuerzas políticas verdaderamente democráticas y deseosas de establecer la paz con amplitud de miras, respetando las opiniones y los derechos de todos, buscando puntos de encuentro y de interés común».

La cohabitación entre Mas y Duran
Francisco MARHUENDA La Razón 9 Enero 2002

El pacto de federación no significa que los problemas de fondo entre CDC y Unió estén resueltos, sino que han alumbrado una solución transitoria que devendrá en definitiva en función de los resultados de las próximas autonómicas. A Duran Lleida le tocará arremangarse como número dos de la lista electoral y luego, en función de los resultados será el candidato a las generales. Una derrota de Mas, algo en estos momentos probable, provocaría que el secretario general de CiU se quedara en el Parlament. Con un grupo de doce o trece diputados puede jugar a recuperar el espacio nacionalista, ya que es difícil que Convergència aguante unida en la oposición. Este escenario es cada vez más probable en la medida en que CiU anda instalada, inexplicablemente, en el discurso soberanista.

Por otra parte, las distancias que marca con el PP pueden conducir a una ruptura y a la inestabilidad en el Parlament. ¿Qué gana la federación con esta estrategia tan errática como suicida? La verdad es que, salvo por algún arcano que escapa a mi conocimiento, nada. Como es evidente, Mas es un candidato que sólo tiene la opción de ganar. No podrá esperar otra oportunidad, mientras que Duran tiene más tiempo aunque tampoco se encuentra en su mejor momento. Necesita pacificar Unió, incorporar cuadros y despejar los líos por los diferentes casos que andan por los tribunales.

Mas tiene un partido más cohesionado, pero todo depende de mantenerse en el poder. La pérdida del gobierno sería letal, pero además necesita una remodelación, porque una buena parte de los consejeros están desgastados. No sólo por las críticas de la oposición y por la pérdida de confianza del PP, sino porque las cosas no funcionan, hay ineficacia y descoordinación. Quizá es la hora que la generación de Mas tome el relevo, pero olvidando ese soberanismo tan estéril como arriesgado. El barómetro que presentó ayer es una bonita ficción. Pujol estuvo a punto de perder las elecciones de 1999 frente a Maragall. Mas, que no tiene su carisma, debería tomar buena nota porque para ganar unas elecciones no basta con ser «conseller en cap» o contar con TV3 y Catalunya Radio. No es suficiente que una escuesta le dé un empate con Maragall. Hay que ganarlo voto a voto y no tiene demasiado tiempo.

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