AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 11 Enero  2002
#Patria o nación
Aleix Vidal-Quadras La Razón 11 Enero 2002

#Dos socialismos
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 11 Enero 2002

#El Repaso: El Trinomio
Carlos DÁVILA ABC 11 Enero 2002

#PSE: QUE DECIDAN LAS BASES
Editorial El Mundo 11 Enero 2002

#La prensa, culpable
Breverías ABC 11 Enero 2002

#Dilema de Zapatero
El Conspirador La Estrella 11 Enero 2002

#Redondo, dispuesto a presentarse «para hacer política en defensa de la libertad en Euskadi»
MANUEL SANCHEZ El Mundo 11 Enero 2002

#La violencia sigue siendo la principal preocupación de los vascos, según el Euskobarómetro
BILBAO. Agencias ABC 11 Enero 2002

Patria o nación
Aleix Vidal-Quadras La Razón 11 Enero 2002

En la ponencia titulada El patriotismo constitucional presentada al XIV Congreso del Partido Popular se señala con muy buen criterio que el gran pacto civil de 1978 fue posible porque sus artífices supieron renunciar a maximalismos ideológicos con el fin de encontrar un territorio común que hiciera posible la convivencia plural. En efecto, así fue por parte de casi todas las fuerzas políticas, que dieron muestra en aquel trascendental momento histórico de sensatez, responsabilidad y altura de miras. Este «casi» es el que hace que hoy todavía en España se mate en nombre de supuestas naciones a liberar de no se sabe qué yugos imaginarios o sea imposible la culminación estable y ordenada del Estado autonómico. Hubo partidos que a pesar de suscribir materialmente la Constitución o, un poco más tarde, los Estatutos de Autonomía de las Comunidades que ellos consideran paradójicamente oprimidas por una Norma suprema que vino a reconocerlas y potenciarlas, no se sumaron en su espíritu al texto clamorosamente referendado por el conjunto de los españoles.

Los nacionalistas aparentaron aceptar el nuevo marco ético-jurídico que nos proporcionó por fin el instrumento eficaz de superación de todos nuestros viejos conflictos, pero al tiempo realizaron una reserva mental decisiva: para ellos lo que los demás consideraron un logro definitivo para la cohesión fue un punto de partida hacia la secesión, lo que la ciudadanía acogió jubilosa como una solución armonizadora de unidad y de diversidad para ellos fue un atizador de la división disgregadora, lo que el resto del mundo admiró como una ejemplar muestra de equilibrio e inteligencia colectiva para ellos no fue sino una etapa en el camino turbulento hacia la dinamitación del acuerdo mismo que simulaban asumir. Todas esas zarandajas de lecturas proautonómicas de la Carta Magna, reconocimiento del derecho de autodeterminación, desarrollo pleno de los Estatutos, soberanías compartidas y demás camuflajes conceptuales de una perversa voluntad fragmentadora no son sino los distintos rostros de un único propósito destructor. Por eso es una necesidad vital para nuestra democracia que los ciudadanos aprendan a estimar los valores constitucionales amenazados por los particularimos étnico-lingüísticos hasta sentirlos como suyos, porque ese será el mejor antídoto contra la llamada maléfica de la selva identitaria que pretende arrastrarlos en el País Vasco y, en distinta pero no menor medida, en Cataluña, hacia la regresión degradante del caos tribal. La mencionada ponencia congresual del Partido Popular resulta, pues, muy oportuna por su claridad, su rigor y su tono moderado y respetuoso con otras posibles perspectivas. Entre Nación y Patria, entre identidad y libertad, nos vienen a decir sus autores, sólo hay una elección correcta. Ojalá este mensaje esclarecedor cale a fondo porque nos va en ello la base de nuestro futuro.

Dos socialismos
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 11 Enero 2002

El debate que recorre el Partido Socialista vasco no es un debate sobre personas, ni siquiera sobre estilos distintos de hacer política y, aún menos, de poder. Es de concepciones enfrentadas en torno a las relaciones que los socialistas deben mantener con los nacionalistas y en definitiva en torno a la valoración de los costos de la autodeterminación o del mantenimiento en el Estado.

En general la izquierda -la socialista y la tradicional comunista- concedió siempre a los partidos nacionalistas vascos, catalanes y gallegos la responsabilidad de la centralidad en cada una de las llamadas nacionalidades históricas, y les dio siempre un plus de legitimidad respecto a ella misma. Quizá no tanto en Cataluña, donde el PSC y el PSUC asumieron todos los dogmas nacionalistas con el mismo o mayor fervor que las gentes de Convergencia Democrática y Unió. Maragall, Serra, Reventós y Ribó no se consideran herederos del patrimonio nacional catalán en menor grado que Pujol, Roca o Durán. En cuanto a Galicia, el único representante de la tradición socialista gallega es Paco Vázquez. Todo lo demás son ganas de confundir lo español con la derecha, ayer franquista y hoy «popular».

En el País Vasco las relaciones entre socialistas y nacionalistas fueron distintas en el pasado a causa de la hegemonía del españolismo prietista y lo han sido en estos años a causa de la presencia del terrorismo. Quiérase o no, e incluso en los años de mayor moderación del PNV, los vínculos euskaldunes no dejaron de teñir o contaminar o simplemente afectar a todos los abertzales. Si en esos años, la centralidad concedida al PNV resultó dañina para el PSE, ¿qué decir de toda esta última época en la que aquel fundió sus objetivos con los de ETA? A partir de ahí, a partir de la deriva peneuvista hacia la autodeterminación, junto a los partidarios del Terror, las dos almas del PSE comenzaron a diferenciarse hasta extremos dramáticos. El alma «vasquista» le pedía a la «españolista» la misma actitud de diálogo y comprensión con el PNV, cuando este mantenía una política totalmente distinta a la que había mantenido en las mesas de Ajuria Enea. A su vez, el alma «españolista» exigía a la otra la condena del colaboracionismo del PNV con los terroristas, esto es, con los asesinos de los concejales, de Buesa, de López de la Calle... El alma españolista del PSE se sentía solidaria con los populares en el funeral de Miguel Ángel Blanco y sentía el compañerismo de los populares en el funeral de Buesa.

Redondo y Eguiguren, Rojo y Elorza, Díez y López... están ahora a la conquista definitiva de sus mayorías respectivas porque ni unos ni otros soportan la indefinición. Es difícil pensar en el arreglo. La victoria de unos o de otros supondrá pérdidas dramáticas. Se juega el ser o no ser del socialismo vasco y, en buena medida, quedará comprometido el futuro del socialismo en toda España. Esta es la guerra en la que se ha metido el PSE o en la que le han metido. Algunos parecen arrepentirse de haber llevado demasiado lejos la presión a Nicolás Redondo. Otros critican como irresponsable a Redondo por haber abierto la guerra al dimitir antes de las elecciones municipales vascas.

En todo caso, el que ha perdido ya la batalla, sea cual fuere el alma que triunfe, es Rodríguez Zapatero. Mandó a Jáuregui para que preparara una vuelta al colaboracionismo con «este» PNV separatista de ahora, cuando una parte del Partido Socialista de Euskadi no lo puede aceptar. Totorica se encuentra mejor junto a los amigos de Miguel Ángel Blanco que junto a los amigos de Balza. Esta es la realidad, dígase lo que se diga en Ferraz.

Lo que ha sucedido en el País Vasco no es un choque de los dos trenes nacionalistas, del vasco y del español, como quiere López Garrido, sino el choque de las dos almas socialistas: la que está por la autodeterminación y la que está por la Constitución.

El Repaso: El Trinomio
Por Carlos DÁVILA ABC 11 Enero 2002

El odio de uno (González), el interés de otros (Prisa), y el desconocimiento de los terceros (Zapatero y Blanco), son los factores de un trinomio sobre el que se ha pretendido construir un desastre: el giro copernicano del PSOE en el País Vasco. El ex presidente, con su asco y su venganza a todo lo que signifiquen Aznar y el PP, el grupo mediático que, aparte de sentir parecidas repulsiones, ha formalizado un pingüe acuerdo con el PNV de Arzalluz, y un par de ejecutivos socialistas ignorantes de todo en el complejo problema vasco, puede darse un trastazo si Redondo y sus indomables huestes ganan en primavera el Congreso en el que todo estaba preparando para su laminación.

Sólo por la conjunción de estos elementos, se entiende una operación alumbrada contra todas las luces de la razón. Es más que una traición, es una estupidez. No hay un solo análisis, ni moral ni electoral, que abone la oportunidad de una vuelta al pacto socialnacionalista. Nadie se explica -en el País Vasco menos- por qué la dirección zapatista se ha metido en este jardín que se viene regando desde antes de las elecciones de mayo, cuando el secretario general denunciaba la «ausencia de liderazgo» de Redondo, y cuando Blanco corría de tertulia en tertulia para detestar la política de la «alternativa».

Del error que están cometiendo los conjurados es difícil escapar, sobre todo porque alguno de ellos acumula mucho rencor como para reconocer su falta de cálculo y rectificar su tiro, porque los disparos hace mucho tiempo que se han lanzado contra la misma diana. El trinomio que está fracasando en el derribo de Redondo se ha columpiado en este crucial asunto (no se ha dado cuenta de que con las cosas de comer no se juega), como erró en el penoso viaje de Zapatero a Marruecos que se ha cerrado con un estrepitoso fiasco que ahora, ¡hay que ver!, trata de ablandar otro mediador: Chaves. En ambos casos, la motivación es idéntica: «ya que al PP y a Aznar no le erosiona ni Gescartera ni la LOU, vamos a crearle problemas», porque, nadie se engañe, con la pirueta ensayada desde Ferraz contra Redondo, lo que se ha pretendido es descalabrar al PP o, lo que es lo mismo, dejarle solo en el País Vasco.

La patada se ha perpetrado contra Aznar aunque fuera en el dolorido trasero de Redondo. Pero se ha vuelto ahora, como en el rugby, en «patada a seguir». Y atención, lo dicho, que el partido comienza a ganarlo Redondo. Por eso el trinomio está furioso y se equivocará cada vez más.

PSE: QUE DECIDAN LAS BASES
Editorial El Mundo 11 Enero 2002

Ni Zapatero ni Redondo Terreros quedaron satisfechos del encuentro de dos horas que mantuvieron ayer en Ferraz. El primero porque no logró convencer a su interlocutor de que no se presente como candidato en el próximo congreso del PSE. El segundo porque se sintió probablemente decepcionado al constatar la falta de apoyo de la Ejecutiva que suscita su persona.

Pero la entrevista sí resultó clarificadora en la medida en que sirvió para despejar casi todas las dudas de Redondo Terreros, que, tras rechazar su incorporación a la dirección del partido en Madrid, sugirió que optará a la reelección como secretario general del PSE. «Tengo clara la voluntad de seguir haciendo lo que quiero, que es hacer política de defensa de la libertad en el País Vasco porque allí hay miedo y no hay libertad», dijo a la salida de su conversación con Zapatero.

Hay mucha gente entre los socialistas vascos que piensan como Redondo y que le apoyan. La gran mayoría de las agrupaciones locales de Vizcaya denunciaron anteayer «las prácticas carroñeras» de la Ejecutiva federal, a la que reprochan haber forzado la dimisión de Redondo Terreros. Buena parte de las bases y cuadros del partido en el País Vasco tampoco está satisfecha con la forma como Ramón Jáuregui está dirigiendo la comisión gestora y le acusan de favoritismo hacia la línea crítica contra Redondo.Javier Rojo, líder del PSE en Alava, y Carlos Pera, alcalde de Barakaldo, se han sumado públicamente a estos reproches de sectarismo.

No les falta razón porque el documento que está elaborando Jáuregui se inclina sin disimulo hacia las tesis de un acercamiento al PNV, defendidas por Jesús Eguiguren, Odón Elorza y la dirección del partido en Guipúzcoa. Ni Zapatero ni el responsable de la gestora han sido neutrales en esta crisis. A pesar de ser perfectamente consciente de que la Ejecutiva no le quiere, todo indica que Redondo Terreros ha optado por defender sus ideas en el próximo congreso. Es no sólo una actitud valiente sino además coherente con un sector importante de los socialistas vascos, que se sienten identificados con sus tesis. Que las bases decidan con total libertad el líder y las ideas que les representan.

La prensa, culpable
Breverías ABC 11 Enero 2002

Fiel a su periódica cita con el estrambote y la demasía, Juan Carlos Rodríguez Ibarra terció ayer en debate sobre las distintas tendencias del socialismo vasco para negar su apoyo a Redondo Terreros. Ibarra cree sospechoso que le «apoyen» Mayor y algunos medios de comunicación. «Por norma, si ellos apoyan -ha afirmado- yo voy en contra». Con tan portentoso peso argumental e intelectivo poco se puede decir de la elección de Ibarra, quien con tal de llevar la contraria a la prensa se propina un curioso puntapié a sí mismo y a su tradicional opinión sobre el PNV. En su afán pateador del sentido común, poco parece importarle Redondo y la lucha por la libertad en el País Vasco. La culpa siempre es del mensajero.

Dilema de Zapatero
El Conspirador La Estrella 11 Enero 2002

Meter el dedo en el ojo ajeno para hacer tuerto al adversario es práctica política de mala vecindad pero propia de los tiempos que corren. Es el caso de la crisis del PSOE vasco, que el PP traslada a la crisis global del País Vasco usando a Redondo como arma arrojadiza contra Zapatero, enseñando allá a lo lejos la imagen del fantasma González y del presunto y a la vez candidato oculto del felipismo, Javier Solana. El de los bombardeos humanitarios que destruyeron objetivos civiles, entre otras cosas la embajada china y también la radiotelevisión de Belgrado, causando daños colaterales, es decir, la muerte de inocentes.

Fraga hace las paces con Beiras, el PP se entiende con Pujol (a duras penas) en Cataluña, pero en el País Vasco, tras la derrota electoral de la coalición de PP y PSOE, sigue la batalla institucional del Cupo y la alta tensión generalizada en vez de buscar entre todos los demócratas un frente común contra ETA. Da la impresión de que todo está mezclado de una manera inevitable, y eso es a la vez cierto y falso.

Si Guterrez dimitió de la presidencia del Gobierno de Portugal por perder las elecciones municipales, lo normal es que Redondo hubiera dimitido al perder las elecciones vascas, porque su partido y Batasuna fueron las dos únicas formaciones que perdieron escaños, mientras PNV, EA, IU y PP subían. Eso habría sido lo lógico y lo normal, pero Redondo Terreros no dimitió, se lo pensó mucho y lo hizo tarde y ahora se mezcla todo: la relación con el PNV, la estrategia vasca del PSOE, la sombra de González y al final los B-52 de J. Solana planeando sobre Ferraz.

Y el PP aprovecha el tirón y subido en el Ferrari de RTVE pisa a fondo el acelerador y tras intentar una crisis y ruptura del PNV, ahora intenta la del PSOE en el País Vasco, cuando a lo mejor lo inteligente en todo este desgraciado asunto, donde hay un peligro cierto para la vida y libertad de los políticos vascos, quizás hubiera sido lo contrario de la estrategia de la tensión: favorecer desde el PP —aunque parezca un disparate a simple vista— la presencia del PSOE en el Gobierno de Ibarretxe rebajando el soberanismo y creando un marco político general de distensión en el campo de los demócratas.

Ahora todo eso que una mente fría y generosa pudo haber pensado resulta imposible porque todo se mide en blanco o negro, o conmigo o contra mí, y en ese río revuelto de demócratas enfrentados sólo ganan los de ETA. A la vez que sube la tensión entre Aznar y Zapatero, se rompen los consensos y se desborda una nueva estrategia de la tensión bipolar.

Mientras tanto la propaganda ajena mete al pobre Zapatero en un dilema informal. Si hace consensos con Aznar es que no ejerce la oposición; y si en el País Vasco se separa del PP es porque está con Arzalluz, instigado por González. En ambos casos le salen mal las cuentas al líder del PSOE. Si viaja a Marruecos está contra los intereses de España y es desleal; si no hace nada es un paniaguado de Aznar. Al final el dilema aparecido con Redondo es ahora el dilema de Zapatero: ser o no ser. Si es, dirán que es sólo la sombra de González; y si no es le dirán que es el lazarillo de Aznar. En todo caso se acabó para él la luna de miel con el aznarismo político y el mediático, como se le acaban los equilibrios dentro del PSOE. Para bien o para mal, Zapatero debe escoger uno solo de los caminos, como en el cuento del Mago de Oz. Lo de en misa y repicando no se puede mantener, es el fin del dilema en pos de una arriesgada solución.

Redondo, dispuesto a presentarse «para hacer política en defensa de la libertad en Euskadi»
Zapatero, en la reunión que ambos celebraron ayer, le da plena libertad para decidir, pero le advierte de que el PSE necesita una persona que concilie voluntades - Gran coincidencia en la línea ideológica
MANUEL SANCHEZ El Mundo 11 Enero 2002

MADRID. Nicolás Redondo Terreros se lo dejó claro al secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero: «No voy a dejar un hueco en el País Vasco, y venir a Madrid. Tengo clara voluntad de seguir haciendo lo que quiero, que es hacer política en defensa de la libertad en el País Vasco, porque allí hay miedo y no hay libertad».

La reunión celebrada ayer entre ambos dirigentes socialistas a la que también asistió Manuel Chaves , aunque públicamente no aclaró las cosas, internamente sí dejó claves muy claras: el ex líder del PSE está dispuesto a dar la batalla en el País Vasco y si ve posibilidades volverá a presentarse como candidato a secretario general del PSE; Rodríguez Zapatero no le considera como la persona más idónea salvo que le convenza de lo contrario; y no hay tanta discrepancia en la línea ideológica del PSE-EE como se especulaba.

Aunque en la conferencia de prensa posterior Redondo Terreros dijo que sus decisiones finales las hará públicas en el País Vasco, no en Madrid, fuentes consultadas indicaron que el ex secretario general del PSE-EE está más que decidido, sobre todo tras el apoyo logrado por cargos de 36 de las 48 agrupaciones vizcaínas. No obstante, el dirigente vasco se comprometió a comunicárselo en primer lugar a Zapatero, cuando tome la decisión definitiva.

No a Madrid
En la entrevista, Rodríguez Zapatero, además, no fue en modo alguno beligerante con Redondo Terreros, sino «cordial, amistoso», según palabras del propio ex dirigente vasco. Y, aunque sí le ofreció la «salida de Madrid», le dio absoluta libertad para decidir su futuro político.

No obstante, según fuentes consultadas, Zapatero no ocultó tampoco que, en su opinión, en el PSE se necesita una persona que concilie voluntades, más que alguien que pueda tener apoyos muy cerrados y muy concretos, en clara referencia a que el secretario general del PSOE no confía en que Redondo Terreros pueda pacificar al PSE y, además, lograr un apoyo mayoritario.

En contra de lo que se preveía, no hubo discusión ideológica significativa. Constitución y Estatuto siguen siendo el marco de los socialistas vascos, aunque el líder socialista tampoco perdió ocasión en incidir en dos aspectos: la necesidad de un discurso autónomo del PP y en buscar la unidad de los demócratas.

Redondo Terreros no puso pega alguna. Es más, a la salida del acto, afirmó: «El congreso extraordinario va a fortalecer al PSE-EE para hacer un partido más poderoso y más beligerante en la lucha contra el fascismo, que recupere el discurso de siempre, que es el de la unidad de los demócratas, y con una clara vocación de entendimiento entre las fuerzas políticas democráticas».

Otro punto de debate fue la Gestora, la figura de Ramón Jáuregui y su composición. Aunque Redondo Terreros no ocultó sus discrepancias iniciales, se comprometió a darle su apoyo, al ser el máximo órgano que debe encauzar el Congreso. A la salida de la reunión, Redondo Terreros cumplió su palabra y dio un respaldo nítido a la Gestora.

Según fuentes de la dirección del PSOE, Zapatero y Redondo Terreros sí coincidieron en la necesidad de un Congreso de unidad y de máxima integración, con unos principios claros y nítidos, para reconducir a los socialistas vascos.

Por ello, gran parte de la conversación giró sobre el documento que se está elaborando y con el que se intenta la conciliación entre las distintas sensibilidades socialistas.

Ambos coincidieron en el diagnóstico de la situación en el País Vasco, y de la estrategia socialista a seguir, pero el propio secretario general del PSOE no ocultó que, hasta ahora, los frutos cosechados por Redondo Terreros no han ido en esa dirección desde que fue elegido secretario general.

El documento
Por otra parte, La Comisión Gestora del PSE-EE, que preside Ramón Jáuregui, se reunió ayer en Bilbao con los secretarios de las agrupaciones locales y los portavoces municipales del partido, después de haberlo hecho con los miembros del Grupo Socialista en el Parlamento vasco.

Los miembros de la Gestora, integrada además por los secretarios generales del PSE en Vizcaya, Guipúzcoa y Alava, mantuvieron un encuentro ayer para analizar el borrador del documento que elaborarán para el próximo congreso del partido que podría estar listo a finales de enero así como las posibles fechas para la celebración del mismo.

Según informa Efe de fuentes socialistas, los representantes de varias agrupaciones locales del partido en Vizcaya que apoyan al ex secretario general Nicolás Redondo, tenían previsto pedir a Jáuregui en la reunión que la Gestora elabore una «declaración de incompatibilidad» para impedir que los miembros de la misma se puedan presentar como candidatos a la Secretaría General.

Sin embargo, las mismas fuentes señalaron que esta función no corresponde a la Gestora y que esa incompatibilidad la tendría que determinar, en su caso el Comité Nacional del partido.

La violencia sigue siendo la principal preocupación de los vascos, según el Euskobarómetro
BILBAO. Agencias ABC 11 Enero 2002

La violencia y el terrorismo continúan siendo, por segundo semestre consecutivo, el principal problema para casi cuatro de cada diez vascos, siguiéndole a distancia el paro, las desigualdades sociales y los recortes del bienestar. Apesar de que la mayoría considera que el 2001 ha sido un buen año, casi uno de cada diez sigue dispuesto a irse de Euskadi y aumenta el sentimiento de miedo a participar en política.

Estos son algunos de los datos recogidos en el Euskobarómetro presentado hoy en Bilbao por su director, Francisco José LLera. Un estudio que también señala que sólo la mitad de la población conoce la composición política del Gobierno autónomo, aunque la aprueban y dan la mejor nota al lehendakari, Juan José Ibarretxe.

Este estudio, que analiza la situación actual, la identidad y el autogobierno, el terrorismo, la pacificación y la coyuntura política, se realizó con un tamaño muestral de 1. 200 entrevistas durante la segunda quincena del mes de noviembre.

Según el Euskobarómetro, el 53 por ciento de los vascos consideran buena la situación económica de su comunidad, aunque este optimismo es mucho menor (uno de cada tres) con respecto a la situación
económica española, aunque casi dos de cada tres ven con optimismo el futuro de Euskadi en los próximos diez años, los pesimistas no llegan a uno de cada diez, mientras que el escepticismo lo formulan uno de
cada cinco.

La violencia es la mayor preocupación de los vascos, siendo el problema que destacan casi cuatro de cada diez; y el 48 por ciento dice sentirse libre para hablar de política "con algunos", el 25 por ciento "con todos" y otro 25 por ciento "con nadie".

Además, una mayoría ligeramente inferior a la mitad de los encuestados dice percibir mucho o bastante miedo a participar activamente en política, habiéndose invertido ligeramente la tendencia de hace seis meses, tras aumentar ocho puntos.

Aunque son los nacionalistas los menos afectados (6 de cada 10), este incremento de miedo se produce tanto entre éstos (6 puntos más), como, sobre todo, entre los no nacionalistas (14 puntos más) que son
los más afectados (seis de cada diez). Frente a ellos, el 46 por ciento dice percibir poco o ningún miedo.

El incremento del optimismo económico, la reducción del pesimismo político y la elecciones, entre otras circunstancias, han podido influir para que se reduzca en un ocho por ciento el porcentaje de los vascos que está dispuesto a irese del país si se le ofrecen las mismas condiciones de vida, aunque aproximadamente uno de cada diez todavía optaría por irse de Euskadi.

Además, el 51 por ciento de los vascos se muestra satisfecho con el funcionamiento de la democracia y superan a los insatisfechos que son cuatro de cada diez, confirmándose el cambio de tendencia de hace
seis meses.

Si el nivel de satisfacción alcanza el 55 por ciento entre los no nacionalistas (frente al 46 por ciento de los nacionalistas), el de insatisfacción llega al 52 por ciento de los nacionalistas (frente a un 41 por ciento de los no nacionalistas).

Respecto a la situación política vasca, cuatro de cada diez vascos se muestra pesimista y el mismo porcentaje se muestra escéptico ante la coyuntura política española. Además, sólo el 50 por ciento de la
población conoce la composición de los grupos políticos que forman el Ejecutivo autónomo.

A pesar de este elevado desconocimiento, el 52 por ciento de los entrevistados valora positivamente la gestión del actual Ejecutivo, tras mejorar en once puntos la valoración que obtenía hace un año el
anterior gobierno nacionalista.

Los juicios positivos destacan entre los votantes de PNV-EA (84 por ciento, recuperando 20 puntos en el último año) y de IU-EB (53 por ciento y 30 puntos de avance). En el lado opuesto, sólo algo más de uno de cada diez vascos tiene una opinión claramente negativa, tras reducirse a la mitad esta opinión en los últimos 12 meses.

Por contra, para casi dos de cada tres vascos la gestión del gobierno del PP está siendo negativa para el País Vasco, tras incrementarse esta opinión en nueve puntos. Esta es la postura mayoritaria de todos los electorados de la oposición (desde el 66 por ciento socialista hasta el 97 por ciento de EH).

Por el contrario, las valoraciones positivas caen hasta el mínimo del 9 por ciento con un retroceso de 15 puntos en el último año. Sólo los votantes de PP-UA tienen una opinión mayoritariamente positiva
(76 por ciento y una pérdida de nueve puntos). La opinión neutra la sostiene uno de cada cinco vascos.

La oposición ejercida por los socialistas en Euskadi es valorada como negativa por el 40 por ciento de los encuestados (entre el 44 por ciento del PP y el 92 por ciento de EH), mientras que un tercio se sitúa en una posición neutra.

Entre la clase política, Ibarretxe es el mejor valorado y el más identificado por su electorado (83 por ciento). Los vascos le otorgan una nota de 6, 24, y por detrás le siguen Atutxa con 6, 15, Odón Elorza
(5, 25) y Begoña Errazti (5, 22). Carlos Iturgaiz (2, 5), Arnaldo Otegi (2, 29) y Pablo Mosquera (2, 26) optienen las calificaciones más bajas.

El consejero de Interior, Javier Balza, es el más conocido por los vascos (25 por ciento) y por todos los electorados, seguido del portavoz del Ejecutivo, Josu Jon Imaz, (24 por ciento), mientras que la tercera posición la ocupa Javier Madrazo. Entre los más desconocidos están Iñaki Gerenabarrena y Alvaro Amann.

Recortes de Prensa   Página Inicial