AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 12  Enero  2002
#El nacionalismo como anomalía
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 12 Enero 2002

#‘Operación triunfo’
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo  12 Enero 2002

#La realidad se llama Durango
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón  12 Enero 2002

#Entre el vértigo y la melancolía
Charo ZARZALEJOS ABC  12 Enero 2002

#El nacionalismo bueno
Enrique de Diego Libertad Digital  12 Enero 2002

#Agravios históricos
Pío Moa Libertad Digital  12 Enero 2002

#Escepticismo inútil
TONIA ETXARRI El Correo 12 Enero 2002

#LA FRUSTRACIÓN DE AZNAR CON PUJOL
Editorial El Mundo 12 Enero 2002

#La penúltima oferta a CiU
Editorial ABC 12 Enero 2002

#Las peligrosas compañías de Zapatero
Lorenzo CONTRERAS La Razón 12 Enero 2002

#De aquellos barros...
Julián LAGO La Razón 12 Enero 2002

#Aznar y Pujol
Editorial El País12 Enero 2002

#El coladero nacional
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 12 Enero 2002

#Diez jueces se irán de Euskadi en el primer concurso de traslados tras el asesinato de Lidón
Bilbao. Agencias ABC 12 Enero 2002

#NICOLÁS REDONDO TERREROS, EX SECRETARIO GENERAL DEL PSE-EE: "Sólo me presentaré si es para unir a los socialistas vascos"
El País 12 Enero 2002

#Destacados dirigentes socialistas vascos apoyarán públicamente a Redondo Terreros
EFE Libertad Digital 12 Enero 2002

#El Cañero: La momia francesa
Carlos HERRERA, carlos@carlosherrera.net ABC 12 Enero 2002

#Francia, Belgica y Luxemburgo crean un «lobby» a favor de su lengua en la UE
PARÍS. Juan Pedro Quiñonero corresponsal ABC 12 Enero 2002

#Argentina competirá en Brasil con el Instituto Cervantes
BUENOS AIRES. Efe ABC 12 Enero 2002

El nacionalismo como anomalía
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 12 Enero 2002

Aceptemos que la relación del nacionalismo en general con sus manifestaciones criminales sea semejante a la que existe entre la religiosidad y la quema de herejes. De esta manera, ni «demonizamos», ni «criminalizamos». Para evitar confusiones, quizá convenga aclarar que me voy a referir al caso español y a otros semejantes, es decir, a aquellos casos de nacionalismos disgregadores surgidos en el seno de viejas naciones dotadas de un sistema democrático. Quedan, por supuesto, al margen el patriotismo y los nacionalismos constructores de nuevas naciones y unidades sociales más amplias. Por ejemplo, si es que acaso existe, el nacionalismo europeo.

Mi tesis es que, así entendido, el nacionalismo es un fenómeno anómalo y perturbador. Por ello, pueden ser dichosas las naciones y los estados que no lo padecen. Por supuesto, no niego el derecho a ser nacionalista. Sólo afirmo que la existencia de partidos nacionalistas en el seno de una comunidad política es síntoma de una grave perturbación. Todo nacionalismo se caracteriza por la primacía de la idea nacional sobre cualquier otro aspecto ideológico o político. Sólo tiene sentido y justificación cuando existe alguna reclamación relativa a la soberanía o a la distribución territorial del poder. Por ejemplo, en el caso español, los nacionalismos estaban justificados cuando reclamaban algo a lo que pretendían tener derecho. Por ejemplo, la autonomía. Una vez lograda, lo natural sería la extinción y su sustitución por las ideologías normales. La pervivencia de grupos nacionalistas revela la subsistencia de un agravio histórico, ficticio o real, no satisfecho. En cualquier caso, habrá que resolverlo democráticamente. Es lo que sucede, en general y no sin reservas, en Cataluña. Es lo que no sucede en absoluto en el País Vasco.

Un partido político suele concitar en su seno un conjunto de intereses, no siempre legítimos. Una vez existente, no es fácil que se disuelva. Los partidos nacionalistas necesitan, para su mera supervivencia, exhibir agravios, reales o fingidos, y reclamaciones insatisfechas. En caso contrario, carece de sentido su existencia. Un partido nacionalista satisfecho es una contradicción en los términos. Su desasosiego no se calma ni con el ejercicio del poder. Siempre quiere más. Es cuestión de supervivencia. Por esta razón fracasa con él toda estrategia de concesiones, ya que la cadena reivindicativa no tiene fin. Aunque no sea independentista, un partido nacionalista siempre quiere más. El fin de la reclamación sería su propia muerte. La bulimia nacionalista se nutre de la anorexia del Estado del que se alimenta. El nacionalismo no se calma con autogestión y competencias. Al contrario, éstas aumentan su voracidad. Le va la vida en ello. Por eso no hay nacionalismo sin reivindicación de anomalías e injusticias. Cuando no existen, se inventan. La solución de la cuestión nacionalista sólo puede consistir en la extinción del nacionalismo. Quizá por estas o parecidas razones, pensaba Ortega y Gasset que el «problema catalán» no tenía solución y que había que aprender a soportarlo, a sobrellevarlo. El nacionalismo reviste siempre la forma de lo problemático, de lo que no tiene solución. O, tal vez, de lo que sólo admite la solución final: la separación. Naturalmente, en ese caso ya no hay nada que reivindicar. El nacionalismo revela una anomalía o es él mismo la anomalía. Nacionalismo y normalidad son antitéticos, se repelen. Es ilusorio pensar que existe una reivindicación última que colme sus ansias. Es una cuestión esencial, no accidental. Por estas y otras razones, no puedo compartir la opinión de quienes piensan que sin terrorismo el nacionalismo sería un fenómeno normal. No lo es. Es una patología, a veces leve, a veces mortal.

‘Operación triunfo’
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo  12 Enero 2002

El Gobierno nacionalista está decidido a apartar del sistema educativo vasco a mil profesores por no saber euskera. La consejera del ramo, Anjeles Iztueta, anunciaba, en una entrevista difundida por EL CORREO, que el destino de estos profesores será la jubilación anticipada, «todo el tema del sector servicios» y, dentro de estos, aventuraba, después de ser apurada por el periodista, «pues todo lo que sea tercera edad y servicios sociales». Aceptemos durante unos segundos el pulpo como animal de compañía: todo profesor que no sepa euskera debe ser apartado de la docencia; un segundo después habría que preguntarse qué hacer con todos los responsables políticos que no saben euskera; por ejemplo, el portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados, Iñaki Anasagasti; por ejemplo, el diputado general de Vizcaya, Josu Bergara, y un larguísimo etcétera de cargos públicos. La norma debería plantearse también en otros ámbitos: cuando el actual director general de la Radiotelevisión pública vasca, Andoni Ortuzar, fue propuesto por el PNV para dirigir EITB, la entonces denominada Herri Batasuna puso el grito en el cielo porque el designado no sabía euskera. No parece que en una televisión que tiene entre sus ideales la difusión del euskera sea la persona idónea alguien que, cuando fue nombrado, no dominaba esta lengua.

La consejera tiene claro que quiere expulsar a los profesores, pero no parece tener tan claro qué destino darles. No sé, quizás antes de tomar tan drástica medida, Iztueta debería haber dedicado unos minutos a pensar en el drama que va a suponer esta decisión para mil familias vascas y, en cualquier caso, la consejera está obligada a tener más elaborado el posible destino para nada menos que mil profesores. No es una cuestión baladí, no es algo que se pueda improvisar. Conozco a alguno de los profesores que van a sufrir esta medida discriminatoria, que les resulta más lacerante cuando comprueban la doble vara de medir que de forma sistemática se aplica en el País Vasco por parte de los nacionalistas: todo el rigor para los profesionales que no tienen escapatoria, toda la manga ancha y el compadreo para aquellos que no saben euskera, pero tienen los carnés en regla. La limpieza de profesionales no adictos al nacionalismo en el País Vasco es una especie de ‘Operación Triunfo’, en la que si para expulsar a uno no sirven los votos del público, pues se aplican los de jurado, previamente amañado, y si con estos no es suficiente, se recurre a los propios compañeros, o aspirantes al cargo, que ven, gracias a estas prácticas, una bonita posibilidad de acceder a un puesto de trabajo que se les resistía. Mil expulsados suponen otras mil vacantes. Un asunto de tamaña envergadura no parece merecer la atención correspondiente por parte de la oposición. El PP vasco ha presentado una iniciativa escueta en el Parlamento vasco para que se explique el atropello, y los socialistas parecen más preocupados por saber si se alejan de un partido de derechas, como es el PP, para acercarse a un partido de impecable trayectoria de izquierda, como al parecer es el PNV.

Recientemente, las universidades vascas, y las del resto de España, han protagonizado varias huelgas generales en contra de una ley universitaria que no gustaba a los socialistas. Sería bueno saber qué piensan ahora estos, los vascos y los del resto de España, ante tamaño atropello por parte del Gobierno vasco. Los profesores afectados por semejante arbitrariedad están en su derecho de pedir ahora a la oposición al Gobierno nacionalista que explique cuál es su postura respecto de una medida que se suma, pero en régimen de marea, al goteo de centenares de profesores que durante los últimos años han abandonado la docencia y, en no pocos casos, se han ido del País Vasco, víctimas de la discriminación y la arbitrariedad.

La realidad se llama Durango
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón  12 Enero 2002

Mientras el secretario general del PSOE anda mareando la perdiz de si se reúne o no con Redondo Terreros y hace muestras de autoridad en el PSE -y no en Andalucía o en Extremadura o en Castilla-La Mancha-, la dura realidad le llama a la puerta: nadie en Durango quiere ocupar el puesto de concejal porque no quiere que le maten.

Mientras Redondo Terreros y Mayor Oreja están bregando contra la mafia, contra el fascismo y contra la esclavitud que impone el Partido Nacionalista Vasco a través de su patriotas y de los chicos de la gasolina, el secretario general del PSOE no quiere ver esa realidad y cree que alguien de la lista de Durango accederá al nombramiento de concejal si su partido llega a un acuerdo de no agresión con los nacionalistas vascos. Pésima equivocación.

Cuando Redondo Terreros o Totorica dicen que en defensa de la libertad no tienen ningún complejo de actuar conjuntamente con el PP, están llamando la atención de que cada día se ven obligados a trabajar en un estado de supervivencia. Parece mentira que el PSOE de Madrid esté tan lejos de esa situación que no lo entienda. Parece increíble que el único lugar de España donde el equipo de Rodríguez Zapatero ha querido demostrar su inflexibilidad haya sido el País Vasco, con la cantidad de cosas que tenían antes que arreglar en otras comunidades autónomas.

La realidad se llama Durango. La realidad vasca la viven los que han tenido que dejar su tierra porque les persiguen para matarlos. La realidad es que ya no hay ni gente que quiera se policía autónomo. Esa es la realidad contra la cual el PP y el PSOE estaban luchando porque es imprescindible luchar. Esa es la realidad que Rodríguez Zapatero no ve. Esa es la realidad que puede terminar con él: los votantes del resto de España están tomando nota.

Entre el vértigo y la melancolía
Por Charo ZARZALEJOS ABC  12 Enero 2002

Tratar de aplicar al País Vasco la lógica política que se aplica a otros lugares de España, tratar de establecer alquimias estratégicas o tácticas en base a razonamientos convencionales, es camino seguro hacia el error. En Euskadi todo es desgraciadamente distinto, especialmente complejo y trágicamente incierto. La única certeza es que unos mueren y otros matan y que aquellos que, afortunadamente, no mueren y ni, por supuesto, matan se presentan como imbatibles, ejerciendo sobre algunos sectores una cierta fascinación, porque previamente les perciben como inalcanzables.

Esa fascinación, ese asumir que desde fuera del nacionalismo en Euskadi nada es posible, explica muchas posiciones tanto de dirigentes políticos como de grupos sociales con probado poder económico y financiero que, en privado dicen que «¡horror, qué horror!», pero que en cuanto pueden piden audiencia a Arzalluz sin que Arzalluz haya pedido verles.

La capa de frío que el nacionalismo, sobre todo el PNV, es capaz de extender y tender sobre sus adversarios es muy especial. Nada que ver con el frío que puede sentir el PP en Andalucía, ni el PSOE en Galicia o en Valencia. Chaves, Bono, Zaplana o Fraga llevan muchos años mandando. Son todos ellos adversarios potentes, figuras consolidadas, pero sus respectivas oposiciones no están fascinadas porque saben que no son imbatibles y por eso ni a los populares de Andalucía se les ocurre dar comodidad a Chaves, ni a los socialistas de Galicia dar facilidades a Fraga.

¿Qué pasa en el País Vasco para que dirigentes políticos y círculos de opinión propugnen una oposición suave, cuando no el acercamiento a quienes mandan y llevan mandando más de veinte años? ¿Qué ocurre para que no falten quienes pidan más generosidad a la Oposición que al Gobierno de Ibarretxe? ¿Qué fascinación logra ejercer el PNV para que quienes acusan a Zapatero de ser «blando» con Aznar le exijan o le aconsejen blandura en su labor de oposición al PNV? ¿Por qué la Oposición en Madrid puede salir a la calle para protestar por la LOU y en Euskadi no se puede ni decir que muchos cientos de profesores pueden ser enviados a su casa por no saber euskera? Resulta, en fin, que el PNV es el único partido en el mundo que si está donde está, que si ha optado por una estrategia determinada es responsabilidad de los demás y no de ellos mismos.

En asamblea soberana y por unanimidad el PNV aprobó hace algo más de dos años la ponencia política en la que consta la estrategia en la que ahora trabaja. En discursos libre y conscientemente escritos, Ibarretxe ha dado las pautas, que no va a modificar, de la actual legislatura. Son los nacionalistas quienes han decidido estar donde están y son ellos, y sólo ellos, los que han optado desde el principio por Madrazo y no por Redondo. Ellos, además, han ganado las elecciones y han marcado ya su terreno de juego.

Sobre este panorama, haciendo buenas las previsiones e incluso los deseos del nacionalismo, el PSE entra en crisis. Se acusa a Redondo de haberla hecho estallar con su dimisión, pero no; Redondo con su dimisión ha dado carta de naturaleza a una situación, ha roto la ficción que entre unos y otros habían organizado y ahora el PSE se encuentra ante su propio espejo. El primer rostro que aparece en la actual coyuntura es el de Ramón Jáuregui, mezcla perfecta de vértigo y melancolía. Vértigo porque sabe que la salida es difícil, porque está comprobando que el PSE actual no es el que él dejó y que Ibarretxe no es Ardanza; vértigo porque busca una síntesis interna que sólo Jonan Fernández podría alcanzar.

Pero además Jáuregui, como otros muchos vascos no nacionalistas, tiene melancolía de lo que fue y ya no es y, sobre todo, de lo que pudo haber sido y no es. Tiene melancolía de sus largas charlas con José Antonio Ardanza, de ese PNV que en el teatro Arriaga proclamó que «vascos somos todos», del «calorcito» que proporcionaba al PSE tener algún despacho en Lakua. ¿Cómo no compartir su deseo de Gobiernos transversales, de un País Vasco para todos, de trabajar unidos con el PNV para poner fin a ETA?. Estas palabras de Jáuregui son la expresión de una voluntad que necesariamente conduce a la melancolía.

Lo de Ramón Jáuregui es melancolía porque la transversalidad fue para los nacionalistas, no para el PSE, una ficción necesaria. Fue posible porque el PNV acabada de salir de una escisión, que le privó de la mayoría a la que estaba acostumbrado. El que acudió a la transversalidad y al Arriaga era un PNV derrotado con sólo 17 escaños, frente a los 14 del partido nacido de su escisión y a los 18 de los socialistas. Fue la debilidad más que la convicción lo que llevó al PNV a pactar con el PSE. Años después, y con pacto en vigor firmado con el PSE, el PNV pacto con Arnaldo Otegi.

La realidad es bien distinta. Las relaciones PNV-EA se han rehecho y el PNV no es un partido débil. Ha marcado el terreno de juego y, además, ha ganado, cada vez por menos, las últimas elecciones. Ahora, el PNV no contempla más gobierno transversal que el alcanzado con Madrazo, ni más acuerdo que el que sirva para dar respuesta a situaciones muy concretas como son los presupuestos de las Diputaciones. Los flancos que el nacionalismo ha dejado abiertos para el acuerdo con la Oposición son tan de rango menor que sólo le cuestan unos cuantos miles de millones. Son menores, pero el alcanzarlos dan la comodidad suficiente para evitar zozobras en ámbitos inferiores a aquellos en donde se decide la política de verdad.

Quienes conozcan bien al PNV podrán entender hasta qué punto es importante para este partido tener a las Diputaciones tranquilas y con margen bastante para gobernar. Los socialistas lo saben, pero como el PP va a votar en contra, para no hacer «seguidismo» de Mayor Oreja se abstienen y en Sabin Etxea todos tan contentos. ¿Se imagina alguien al PSOE o a IU renunciando a sus críticas a la LOU para evitar el riesgo del equívoco?. Con la dimisión de Redondo, y a los hechos hay que remitirse, se intuye por donde puede ir el «propio proyecto»: apoyo, por omisión, en las Diputaciones y apoyo por acción del equipo municipal liderado por Odón Elorza al documento de Ibarretxe de apoyo a la vida, sin que el PP, su socio, supiera previamente nada.

Estos movimientos no son incompatibles con la posición inequívoca de los socialistas en contra de ETA, ni con la Constitución ni con el Estatuto. Son incompatibles con los deseos de ser alternativa. Sí es verdad que les da una imagen diferente a la del PP y que permite que Odón Elorza, Josu Montalbán y otros muchos se sienten más cómodos, pero nada más. No es necesario que Jáuregui y otros insistan en que con «este PNV» no van a pactar y que van a seguir siendo Oposición. Naturalmente que lo van a seguir siendo, aunque pretendieran lo contrario.

El nacionalismo bueno
Enrique de Diego Libertad Digital  12 Enero 2002

El discurso del Partido Popular tiene, en cuanto al nacionalismo, una notable incoherencia: Arzalluz es malo porque quiere romper la convivencia común y Pujol es bueno aunque quiere romper la convivencia común. La diferencia estriba en las formas: los nacionalistas vascos lo dicen todos los días –y además algunos de ellos matan– y los nacionalistas catalanes lo dicen en dinero. Pero el objetivo último es el mismo. La idea de que cualquier fin es legítimo dependiendo de los medios es una falacia democrática, del tipo ¿se puede elegir en una votación a un dictador? o ¿una nación, donde se respetan los derechos humanos, puede ser destruida por criterios culturales esencialistas? La situación de la escuela catalana es protototalitaria. Se puede mirar para otro lado, como hizo el Constitucional, pero es así.

La propuesta, por tanto, de patriotismo constitucional participa de esta esquizofrenia, porque mantiene uno de los mitos de la transición como es el consenso. Los nacionalistas catalanes son la coartada de un consenso que en realidad no existe. Es más bien un disenso con precio tasado. Una compraventa. Tiene también un lógico componente oportunista por el sistema electoral que hace costosa la mayoría absoluta y sitúa a los nacionalistas como posibles árbitros. Pero, en principio, en términos intelectuales y morales, el patriotismo constitucional o se plantea como una superación de los nacionalismos –de todos– o fracasará como mera arma instrumental contra el nacionalismo vasco. El consenso es bueno como acuerdo cuando es real, pero mantenerlo como ficción sólo sirve para legitimar al nacionalismo.

Agravios históricos
Pío Moa Libertad Digital  12 Enero 2002

En democracia, los partidos presentan, como su nombre indica, alternativas y soluciones a los problemas políticos de un país, pero ninguno puede ser reconocido como el "representante natural" o cosa por el estilo, del país entero. De otra manera, el juego democrático se haría imposible. Esto, sin embargo, no ocurre en Cataluña ni, sobre todo, en Vasconia, donde algunos partidos no se consideran tales, sino algo así como la encarnación de las esencias históricas y políticas de las respectivas regiones. Todo ello empeorado por su aspiración a destruir España, dicho sin eufemismos, para, sobre sus ruinas, componer nuevos estados, con ellos como mandamases "naturales".

El nacionalismo vasco es particularmente siniestro. Su motivación más íntima y auténtica se encuentra en las frases de su maestro Sabino Arana sobre el carácter excepcional —por supuesto superior— de la "raza vasca", "la más libre y noble del mundo", "sin punto alguno de contacto o fraternidad con sus vecinas", etc. etc. No se trata de pintoresquismos, insisto, sino del núcleo esencial de la doctrina, sin el cual se verían forzados a admitir que la permanencia vasca en España, su contribución a la formación de España, son la realidad más decisiva de su historia. Y sin el cual no se entiende la trayectoria de traiciones a izquierdas y derechas, la táctica del chantaje y la insaciabilidad tan características del PNV.

Un partido así solo puede envilecer al pueblo que dice representar, en la medida en que logra seducirlo con tan miserables monsergas, tal como Hitler y los suyos envilecieron y terminaron por llevar al desastre al pueblo alemán.

Y un partido que así piensa, sólo puede estar dirigido, a su vez, por una mezcla de pícaros comunes y bocazas, de los que Arzallus es muestra eminente. Son los recogenueces del terrorismo, los que ayudan y disculpan a los héroes del tiro en la nuca, los admiten como representantes parlamentarios de los derechos humanos, los que trapichean a escondidas y colaboran con ellos en los municipios, les facilitan subvenciones, tratan de protegerlos de la extradición, mientras humillan y desprecian a las víctimas. Son los ayudantes del verdugo, más despreciables que el verdugo mismo, según la frase afortunada de Marx. Los que ahora mismo se comportan, una vez más, como chantajistas, amenazando con romper la ley, y como rateros, negándose a pagar lo que les corresponde.

Todo esto, con ser grave, no lo es tanto como las actitudes de partidos, de izquierda y también de derecha, que han tendido y tienden todavía a reconocer a los nacionalistas un plus de representatividad y, por tanto, unos derechos que vulneran los de los demás y limitan la libertad y la democracia, cuando no la suprimen prácticamente, como ocurre en el País Vasco.

Realmente, qué cantidad de agravios históricos perpetrados por el nacionalismo podrían fácilmente reseñarse. Y sin embargo, ahí tenemos al jefe de la Guardia Civil recomendando estudiar los agravios históricos invocados por esos mismos nacionalistas, para jolgorio de éstos, agravios imaginados desde su chifladura racista y su megalomanía. Desde luego, el primero en dar ejemplo y estudiar el fundamento de esos supuestos agravios es el citado jefe, pues con toda evidencia ni lo ha estudiado ni tiene idea de lo que dice, pese a lo cual continúa en su puesto. Esto sí resulta alarmante. También hace pocos años tuvimos, como encargada principal de la lucha antiterrorista, a una simpatizante del PNV. Es decir, de los recogenueces que a cada paso agravian a España, agravian a la democracia, a la dignidad humana y a la libertad. El PNV y la ETA, con toda su violencia y verborrea, son del todo impotentes frente a una realidad incomparablemente más sólida y poderosa que ellos. Su capacidad de hacer verdadero daño depende, sobre todo, de personajes como ese jefe y esa responsable.

Escepticismo inútil
TONIA ETXARRI El Correo 12 Enero 2002

Dice el sondeo del Euskobarómetro que acaba de publicar la Universidad del País Vasco que el gobierno que preside Ibarretxe, del que forman parte EA y también IU, no está siendo capaz de superar el escepticismo de los ciudadanos por culpa de la persistencia del terrorismo y la terquedad en la confrontación política. Un síntoma éste, el del escepticismo, del que casi nadie se escapa después de haber visto de cerca el peligro de que los cimientos autonómicos, construidos tan cuidadosamente durante los últimos veinte años, se vayan al traste por la política rupturista que intenta pasar por encima del Concierto y el Cupo de la misma forma que en su día empezó a marcar distancias del estatuto.

La crisis socialista, que llega en uno de los momentos de mayor obstinación nacionalista, ha provocado también una gran dosis de escepticismo. No es de extrañar. Acaso porque, desde fuera, nadie ignora que tanto Jáuregui, ‘el corrector’, como Redondo, ‘el dimitido’, defienden la misma unidad democrática contra el terrorismo, el discurso sobre el proyecto propio y el perfil propio suena a disco rallado. Es en la política de alianzas donde cada cual suele poner el acento en un rincón y suele depender de la coyuntura. Hace meses, cuando ETA provocaba la coincidencia de víctimas entre socialistas y populares nadie hablaba de distanciarse del partido de Mayor. Ahora que ya no hay elecciones y que no pudo configurarse la alternativa al nacionalismo por una diferencia de 25.000 votos, vuelven a aflorar los complejos. Y vuelven a recurrir a la ‘pócima mágica’: ni con unos ni con otros ,cuando en realidad las diferencias son internas, demasiadas rencillas, demasiada incomunicación…Y se instala el escepticismo aunque sirva de poco al oír la intención de ‘sintetizar’ las diferencias. Han perdido demasiado tiempo (incluso votos que luego recuperó Redondo en los últimos comicios) diciendo que quieren ser la alternativa y teniendo que liberarse de la sombra del ‘seguidismo’ cada vez que pactaban con el PNV o con el PP. Sea como fuere, todos hablan de ‘injerencias’ pero no se refieren a sus compañeros de partido de Madrid sino al PP.

Lo cierto es que Arenas gana mucho cuando permanece callado o que Mayor, que se impacienta por hablar del «liderazgo compartido», podría haber contenido su indisimulado interés por engordar la alternativa al PNV aunque sea a costa de la crisis ajena. El PP está satisfecho del ‘golpe de efecto’ lanzado por el diputado general alavés, Rabanera, al desentenderse del ‘bajonazo’ que anunció Ibarretxe con el pago del Cupo. A Arzalluz le preocupa que los obispos hablen euskera pero ha mantenido un inteligente silencio con la crisis socialista. Se trata de un partido con el que gobernó ‘tapándose la nariz’ pero que más de una vez le ha sacado las castañas del fuego.

LA FRUSTRACIÓN DE AZNAR CON PUJOL
Editorial El Mundo 12 Enero 2002

No cabe achacar a la ingenuidad sino al cálculo político el ofrecimiento reiterado por Aznar a Pujol de que las puertas del Gobierno están abiertas a CiU. El presidente recalcó anteanoche en TVE que esta posibilidad ha estado siempre sobre la mesa pese a que el PP cuenta con mayoría absoluta.

Pujol se apresuró ayer a rechazar la oferta, argumentando que CiU no se sentiría «cómoda» en un Gobierno que ha demostrado «falta de sensibilidad» hacia las reivindicaciones nacionalistas.El líder nacionalista afirmó que «un ministro de Cataluña no podría hablar en nombre del Gobierno de la nación porque su nación es Cataluña». La salida de Pujol corrobora que CiU carece, en estos momentos, del menor interés en formar parte de un Gobierno presidido por Aznar. También es cierto complementariamente que Aznar era muy consciente de que Pujol iba a rechazar la invitación.

¿Por qué el líder del PP efectuó hace unos meses una oferta que sabía que no iba a ser aceptada y por qué ha hecho pública ahora su iniciativa? Es arriesgado interpretar los pensamientos de Aznar, pero es posible que quisiera dejar constancia de que él siempre ha hecho lo posible para mantener una buena relación con Pujol, al que aprecia personal y políticamente. A medida que se acerca la fecha de las elecciones catalanas, previstas para octubre del 2003, se acrecientan probablemente los temores de Aznar de un alejamiento de CiU, que ha apoyado al Gobierno en el Parlamento de Madrid a lo largo de esta legislatura.

Las declaraciones de ayer de Pujol dan a entender de manera inequívoca que ese distanciamiento está a punto de producirse. A CiU le interesa desmarcarse del PP si quiere derrotar a Pasqual Maragall, cuyo discurso nacionalista ha desbordado al del propio Pujol.

José Montilla, secretario del PSC, afirmó ayer que la oferta de Aznar demuestra que hay «un pacto» entre el PP y CiU contra los socialistas. Más bien indica lo contrario. Revela que ese entendimiento está a punto de venirse abajo pese a los deseos de Aznar. Es, pues, previsible un deterioro de la larga etapa de colaboración entre el PP y CiU para frustración de Aznar, que siempre ha querido contar con un ministro nacionalista en Madrid. Pujol dejó claro que ese deseo no se va a cumplir.

La penúltima oferta a CiU
Editorial ABC 12 Enero 2002

José María Aznar ha desvelado que hace unos meses invitó a Convergencia i Unió, por segunda vez en la presente Legislatura -la primera fue en marzo de 2000, tras conseguir la mayoría absoluta en las elecciones generales-, a que entrase en su Gobierno aportando algún ministro al Gabinete. La oferta, dijo el jefe del Ejecutivo, sigue en pie, pero con yermas posibilidades de éxito habida cuenta de las reacciones que ha suscitado en Pujol, el entorno pujolista y sus aledaños. Nada nuevo bajo el sol, en todo caso, pues el nacionalismo catalán (sobre todo aquel que milita en Convergencia, no tanto el que lo hace en Unió) ha sentido siempre un vértigo insuperable a asomarse al balcón de la participación ejecutiva en el Gobierno de España. Tradicionalmente ha preferido, por contra, la influencia desde la tramoya y entre bastidores, que resulta menos aparatosa, lima el desgaste del pedigrí nacionalista con vistas a las autonómicas y puede dar suculentísimos réditos en épocas de mayorías insuficientes.

Quizás hasta que no se atreva a asomarse a ese horizonte, el nacionalismo catalán no superará sus limitaciones de crecimiento, aquellas que menguan incluso su influencia real y casi la reducen a esos momentos en que es necesaria la fuerza de sus votos o al esfuerzo de otros por recabar su apoyo. No hay que olvidar que sin el sostén de otro partido, a CiU le sería muy difícil, por no decir agónico, gobernar Cataluña en solitario. Así lo han querido los catalanes. De hecho, en las pasadas autonómicas, los socialistas obtuvieron más votos que los convergentes. Convendría que Pujol y, sobre todo, su «hereu», Artur Mas, no perdiesen de vista ese dato esencial, en vez de afanarse en otras efervescencias verbales de consumo interno en el mercado de la autoestima.

El Gobierno de Aznar no ha parado de buscar este consenso con CiU -incluso en esta época ubérrima en escaños para el PP en el Congreso- sabedor de que su presencia en el Ejecutivo de España fortalece la estructura de poder del Estado y puede que otorgue mayor estabilidad al trabajo del Gabinete, toda vez que ampliaría su apoyo social activo.

Las excusas argüidas por Pujol para rechazar la oferta (la mayoría, salvo las «pasionales», perfectamente rebatibles y hasta contradictorias) merecen un repaso por parte de su autor, toda vez que siempre le será más fácil mejorar el proceso de autogobierno autonómico desde el lugar donde se diseña. Resulta ilógico que, para no emprender el viaje a La Moncloa, Pujol achaque al PP «falta de sensibilidad» en el asunto autonómico, cuando con Aznar en el Gobierno se ha consolidado un modelo que ha dotado a esa Comunidad del mayor grado de autogobierno que jamás haya conocido.

Las peligrosas compañías de Zapatero
Lorenzo CONTRERAS La Razón 12 Enero 2002

La verdad es que Rodríguez Zapatero no ha escapado airosamente de su no confesado conflicto con Redondo Terreros, el dimitido ¬pero retornable¬ secretario general del PSE o rama vasca del PSOE. Y probablemente hay que preguntarse si el actual líder del partido se encuentra bien aconsejado. Ya no es cuestión de replantear lo evidente, si por evidente se entiende la influencia de Felipe González en algunos aspectos esenciales de la política socialista. Habría que descender algún escalón cualitativo y llamar la atención, por ejemplo, sobre determinados asesores de Zapatero, entre los cuales descuella por la importancia de sus responsabilidades el canario Juan Fernando López Aguilar, antiguo discípulo predilecto de Jerónimo Saavedra, asesor ministerial de Justicia, frustrado aspirante a Letrado del Tribunal Constitucional, mantenedor de peregrinas teorías sobre el Poder Judicial y estrambótico partidario de federalizar la Justicia aunque para ello sea necesario reformar la Constitución. Este personaje, en cuya brillantez creen algunos pese a su espectacular patinazo en la discusión parlamentaria con Rodrigo Rato, es hoy miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE, concretamente vocal encargado de Libertades Públicas y Desarrollo Autonómico.

Actualmente pasa por ser el «ideólogo» del partido, una especie de sucesor devaluado de Gómez Llorente y Ludolfo Paramio. Con lo cual se permite jugar a federalista de salón y hasta «conseguidor», sin éxito, en la distribución promisoria de cargos institucionales, convirtiéndose así en un ilustre vendedor de humo.

Este ¬no hace falta por ahora invocar otros nombres¬ es quien ocupa un principalísimo lugar en la nómina de asesores áulicos de Zapatero. Y así le luce el pelo al conductor de la oposición tranquila. Se cree que algunas de las iluminaciones idológico-lingüísticas del líder responden a inspiraciones directas del intelectual canario, tales como «nueva vía», «socialismo libertario» e incluso otras que podrían encontrarse en plena elaboración. En el partido dicen de López Aguilar ¬catedrático, por cierto, de Derecho Constitucional¬ que su condición de político metido a constitucionalista es tan lamentable como su condición de constitucionalista metido a político.

Pero tal vez lo que más asusta de sus concepciones jurídico-políticas es la ya mencionada idea del federalismo judicial, probablemente de raíz maragalliana, capaz de convertir al ya «tocado» Poder Judicial en algo parecido a togados reinos de Taifas asimétricos, siempre según los diversos talantes de las diecisiete Comunidades autónomas que enriquecen la pluralidad española.

El caso es que el deseo del «ideólogo» de romper con el pasado, aun dentro de un cambio «tranquilo», plantea subterráneas tensiones que si aflorasen perjudicarían el crédito político del líder, ya en sensible disminución.

De aquellos barros...
Julián LAGO La Razón 12 Enero 2002

Resulta clarificador saber que el presidente Aznar trasladó a Pujol la invitación de incorporar a CiU al Gobierno el pasado octubre, cuando el Gobierno no necesitaba, ni necesita, de asistencia parlamentaria alguna. Frente a los tópicos del discurso único, tal constatación evidencia que en el proyecto político de Aznar los nacionalismos, por el mero hecho de serlo, no quedan excluidos sino más bien al contrario: a tenor de sus declaraciones televisivas, Aznar valora al nacionalismo democrático como factor de integración en el Estado de las Autonomías.

Cierto es que Aznar tiene una idea de España concreta y definida, necesaria por otra parte, que, tal como demuestra la invitación formulada a Pujol, no descalifica en modo alguno a ninguna opción democrática. Lo diga Arzallus, lo diga González o lo diga el lucero del alma, aquí no hay más discurso único que el de quienes pretenden torcer por las bravas la voluntad de la mayoría de la sociedad española.

De igual forma tampoco resulta posible seguir sosteniendo que en la actual legislatura el Gobierno de Aznar rechaza aproximaciones al nacionalismo que en el anterior periodo legislativo, por necesidades parlamentarias, no rechazaba. Falaz argumento éste que desde el PNV se emplea para justificar su desencuentro, por deriva hacia el soberanismo con el Gobierno de Aznar: en aquel periodo legislativo los votos vascos no alteraban cuantitativamente la estabilidad parlamentaria del grupo popular, obtenida merced a los apoyos de la minoría catalana y de Coalición Canaria.

Efectivamente, el Ejecutivo popular ha corregido su actitud respecto al nacionalismo aherrojado. Habría que estar ciego para no verlo, pero no a causa de la coyuntura parlamentaria sino como consecuencia del giro copernicano experimentado por el nacionalismo vasco a partir de Estella. Con harta frecuencia en los últimos meses se ha agitado el fantasma de un constitucionalismo, españolista, excluyente y centralista, que no se manifiesta nada respetuoso con el pluralismo político que conforma nuestro Estado de las Autonomías. Otra falsificación más de la realidad, y de la Historia.

Sería conveniente no olvidar aquí que, desde el inicio de la Transición, el Estado se ofreció genuflexo ante los nacionalismos vindicantes: lo importante era incorporarlos, como fuera, al sistema democrático que emergía. Así Suárez, Calvo-Sotelo y González hicieron dejaciones de Estado que Aznar, en la Europa del siglo XXI, no parece dispuesto a seguir haciendo. De aquellos barros, sólo de aquellos barros, son pues estos lodos. Lo demás son palabras escritas en el agua, a veces a sangre y fuego.

Aznar y Pujol
Editorial El País12 Enero 2002

El presidente del Gobierno, José María Aznar, ha revelado por televisión que ofreció al presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, la integración de Convergència i Unió (CiU) en el Gobierno del PP, convirtiéndolo así, de hecho, en un Ejecutivo de coalición. Pujol ha explicado en la radio las razones de su rechazo. Como la vía de las ondas no es la más idónea para comunicarse entre dos aliados/adversarios, y menos en asunto tan decisivo, seguramente se trata de fintas simétricas con fines de imagen electoralista. Pues para otorgar credibilidad a la oferta, debería acompañarse de un programa, y para conceder validez al rechazo debiera apoyarse en algo más que retórica.

De forma que estaríamos ante un episodio perfectamente olvidable, si no fuera porque la fórmula de coalición, inédita en los sucesivos Gobiernos democráticos, tendrá interés en el futuro, ante la hipótesis de que no se produzcan mayorías absolutas. Y, sobre todo, ayudaría a encauzar el añejo pleito de la tensión centro-periferia y al mejor engarce de los nacionalismos históricos en las tareas comunes.

Pero el actual cruce dialéctico banaliza ese reto. Pujol, que a diferencia de otros ha sido solvente en su actuación dentro del marco constitucional, ha perjudicado a la ciudadanía catalana al negarse sistemáticamente a implicarse más en las instituciones centrales, y al aplicarse a boicotear la presencia y el apoyo de Madrid a las entidades culturales catalanas. Antes de ahora impidió a Miquel Roca ser ministro con la UCD y el PSOE, y a Joan Rigol acceder a la presidencia del Senado, ya consensuada. En ocasiones por temor a que sus segundos mandasen más que él, pero arguyendo que la colaboración desde fuera beneficiaba más a Cataluña. No debería ser así, pues en condiciones de viabilidad la cooperación logra más que la queja, la corresponsabilidad más que el victimismo: influye más el copiloto que el mecánico de alquiler.

Pero ese error no tapa la arrogancia de la oferta en este momento: cuando Pujol acusa al jefe del PP de emprender una involución autonómica (revisión de la Historia de España, ley universitaria) y en un momento en que es evidente la asimetría entre la necesidad que tiene CiU de los votos del PP para gobernar en Cataluña y el carácter superfluo de los escaños nacionalistas para Aznar.

El coladero nacional
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 12 Enero 2002

Parece que la Fiscalía General del Estado se ha decidido por fin a taponar el sumidero de la Sección IV de la Audiencia Nacional por el que lo más granado de la delincuencia organizada en España había adquirido la costumbre de colarse impunemente hacia la libertad. ¡Ya era hora!

Dice José María Luzón en su querella que los tres jueces integrantes de dicha Sala que el pasado mes de diciembre pusieron gentilmente en la calle al presunto (habrá que decir) narcotraficante Carlos Ruiz Santamaría y a su compañera, Virginia de los Ríos Millán, prevaricaron con dolo; es decir, actuaron mal, a sabiendas y con intención, por lo que solicita que se tomen medidas cautelares contra ellos. A juzgar por la trayectoria de Sus Señorías, esta petición debería ser prontamente atendida.

Y es que los magistrados Carlos Cezón y Juan José López Ortega, veteranos de esta célebre Sección IV por la que han rotado en los últimos años otros jueces más o menos discrepantes con sus resoluciones, han demostrado una tendencia casi patológica a interpretar sistemáticamente la ley en beneficio del delincuente, especialmente si este último había sido calificado previamente como tal por su compañero de Audiencia, el juez instructor Baltasar Garzón.

Así, además de excarcelar y hacer posible la fuga de Ruiz Santamaría y de los Ríos Millán, inculpados de introducir en España el segundo mayor alijo de drogas de toda la Historia, Cezón y López Ortega enviaron a casa en las mismas fechas a seis peligrosos miembros de Ekin (el entramado político de ETA incluido en la lista internacional de organizaciones terroristas) por considerar que su probada relación con la kale borroka no era motivo suficiente para justificar su permanencia en prisión. Una gracia de la que se habían beneficiado en abril del pasado año otros siete integrantes de la misma banda y que alcanzó igualmente a presuntas (habrá que decir) dirigentes del aparato internacional de ETA, como Elena Beloki, o a presuntos (en este caso sólo presuntos) periodistas como José Rei, acusado de señalar víctimas a los pistoleros desde su panfleto Ardi Beltza.

¿Por qué tanta condescendencia con los más letales integrantes de las dos tramas de crimen organizado, el terrorismo y el narcotráfico, cuya existencia es la razón de ser de la Audiencia Nacional? ¿Por qué tanto ardor en la defensa del agresor y tanta ignorancia de las víctimas? Eso es lo que pretende esclarecer la querella presentada.

Pero en lo que respecta a la ciudadanía, creo que resulta irrelevante.¿Que se trata de una animadversión personal de Cezón y López Ortega hacia Baltasar Garzón, cuyos autos son revisados con lupa en busca de lagunas de instrucción sobre las que apoyarse para tumbarle las resoluciones? Es una de las versiones que circulan por los pasillos de la Audiencia. ¿Que esa animadversión está alimentada, en uno de los casos, por la honda amistad del magistrado en cuestión con una diputada socialista que ocupó cargos desde los que chocó con el instructor? Es otro de los rumores existentes. ¿Que los tres integrantes de la Sección IV (el tercero es Carlos Ollero) no se caracterizan por su celo en el trabajo, hasta el punto de que uno de ellos simultanea su actividad en la Audiencia con las clases en la Universidad Carlos III? También se comenta. Y, por supuesto, no faltan quienes sostienen que el miedo y/o el afán de lucro no resultan irrelevantes para el caso.

Antes que prevaricación o cohecho, lo que hay, sin duda , es una actuación irresponsable que pone en peligro a los ciudadanos expuestos a terroristas y narcotraficantes. Y como dice otro togado buen conocedor de los entresijos de la Justicia, «los jueces nunca se venden, pero hay algunos que se alquilan».

EL PERSONAJE
Redondo gana a Eguiguren
Ganar el congreso de marzo. Las espadas socialistas vascas siguen en alto, pero unas suben y otras bajan. Después de una semana decisiva, las apuestas se decantan claramente a favor de Nicolás Redondo Terreros, que con el compromiso de la sede de Ferraz de «jugar limpio» se presentará a la reelección como secretario general del Partido Socialista de Euskadi y podría ganar el congreso del mes de marzo por un margen cercano al 80%. Los perdedores serán Jesús Eguiguren, presidente de los socialistas en Guipúzcoa, que saldrá definitivamente de la dirección, y el grupo mediático que dio prematuramente a Nicolás Redondo Terreros por muerto.

EL RUMOR
Aznar y la boda
Desavenencias familiares. En fuentes próximas al presidente del Gobierno se cuenta que el inquilino de La Moncloa no está precisamente entusiasmado con la idea de que su hija Ana, que acaba de cumplir 20 años, se case el próximo verano con su colaborador, Alejandro Agag, que pasa de los 30. A diferencia de su esposa, Ana Botella, que contempla con buenos ojos la boda y ya está buscando local para el convite, el presidente José María Aznar se vio desagradablemente sorprendido por la noticia en Baqueira Beret y no ha tenido más remedio que aceptar la decisión de su jovencísima hija para evitar futuras desavenencias familiares.

Diez jueces se irán de Euskadi en el primer concurso de traslados tras el asesinato de Lidón
Bilbao. Agencias ABC 12 Enero 2002

Un total de diez magistrados que ejercen en la actualidad en Euskadi abandonarán su puesto próximamente para incorporarse a nuevos destinos profesionales en otras Comunidades autónomas, tras prosperar su solicitud de cambio de plaza. Asimismo, otros cuatro han intentado lograr el traslado, pero no lo han conseguido ya que no contaban con la suficiente antigþedad para poder ocupar las vacantes a las que
concurrían. Además, según publica hoy el diario ´El Correo´, que cita fuentes oficiales, nadie ha querido optar a ocho de las diez plazas que ofertaba la comunidad autónoma en este concurso de traslados. Las dos
restantes las asumirán juristas que ya trabajaban en juzgados de Bilbao y Vitoria.

La convocatoria, sólo para magistrados, se formalizó en diciembre, un mes después del atentado que costó la vida al juez José María Lidón. Según indica este periódico, a lo largo del año 2000, hubo que recurrir a 91 jueces sustitutos y 30 suplentes para cubrir las vacantes de una plantilla que ronda los 190 profesionales. De ellos, 19 acabaron abandonando sus puestos. En esta última convocatoria y como en otras ocasiones, los 12 nuevos traslados afectan a tribunales de los tres territorios: dos en Bilbao, cuatro en Barakaldo, dos en Vitoria y cuatro en San Sebastián, tres de estos últimos son juzgados de lo Penal.

ABANDONOS
Aunque las vacantes "se irán cubriendo", según aseguran responsables del Consejo, al vacío que van a dejar esa decena de magistrados se une el de las ocho plazas ofertadas en Euskadi que seguirán desiertas. Entre ellas, la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior, en la que desde 1992 no había quedado libre un puesto de estas características.

Previsiblemente, si estas vacantes terminan por ser ocupadas, lo serán gracias al denominado "ascenso forzoso" de aquellos jueces que subirán al escalón de magistrados y que serán enviados a los destinos disponibles.

Juan Pablo González, uno de los dos vocales para Euskadi del Consejo General del Poder Judicial, cree que los nuevos traslados no implican "un significativo cambio de tendencia" ni tampoco una "desbandada", pero sí augura que el "goteo" de abandonos "va a proseguir".

NICOLÁS REDONDO TERREROS, EX SECRETARIO GENERAL DEL PSE-EE: "Sólo me presentaré si es para unir a los socialistas vascos"
El País 12 Enero 2002

Nicolás Redondo, ex secretario general del PSE-EE, no despeja aún la incógnita de si competirá de nuevo o no por el liderazgo del partido, aunque asegura que sólo se presentará si eso sirve para unir. Considera que más grave que la división de su formación sería no cumplir su pacto con el electorado que le votó.

Pregunta. Tras su entrevista con Rodríguez Zapatero, ¿está más cerca o más lejos de optar a la secretaría general del PSE?
Respuesta. Igual. Sigo sopesando, analizando, hablando con gente, amigos, familia, y recabando datos.

P. ¿De qué factores y circunstancias depende que se presente o no?
R. Uno a tener en cuenta es que no sea para dividir, sino para unir con un proyecto claro y diáfano. Si es para unir, puedo ir. Si no, es evidente que no lo haré, porque quiero a mi partido, y además me importa demostrar que la política es una opción y no una profesión en la que cualquiera vale para lo uno y para su contrario.
'Puedo presentarme a la secretaría general si es para unir, pero nunca para dividir

P. ¿No pudo usted controlar la situación, como secretario general, para reconducir la situación de enfrentamiento entre distintas posturas y eso le obligó a dimitir, o le estaban serrando la pata del banco?
R. Supongo que podría haber puesto un parche y sobrevivir un poco de tiempo, pero yo no busco sobrevivir, ni poco ni mucho, en la falta de estrategia; porque nos estamos jugando mucho en estos momentos.

P. ¿Por qué optó por hacer un documento de contestación al que usted había encargado a su vicesecretario general en lugar de uno de consenso?
R. Porque considero que es el momento de aclarar las posiciones. Y hay temas en los que podemos estar de acuerdo, pero quiero que queden más claros en los documentos del partido. Por ejemplo: ¿Qué es la normalización? Para mí es que desaparezca ETA. Si para otros es considerar de no sé qué modo a los nacionalistas o a sus objetivos, será su posición, pero no la mía. Aquí hay muchos conflictos, no sólo el de los nacionalistas, y uno previo a ellos que es la falta de libertad. Llevamos 20 años escuchando del nacionalismo conceptos inaprensibles, que no entiende nadie. Yo opto por fijar mi posición, y no es en busca del enfrentamiento: estoy deseando llegar a acuerdos con ellos, pero desde mi discurso, mi proyecto y mi posición. No introduciéndome en el suyo. Porque, sencillamente, no soy nacionalista.

P. Esto también vienen a decirlo sus compañeros del otro sector y el presidente de la comisión gestora, que habla de hacer eso mismo desde la centralidad.
R. Yo no busco centralidad. Busco ganar. Y para ganar hay que estar ubicado, no ser equidistante.

P. Su posición, entonces, es ir a un congreso de clarificación, no de síntesis.
R. Eso son palabras... Jáuregui va a poner buena voluntad para hacer su aportación, pero aún no hemos visto nada. Por ahora sé lo que pienso yo, y lo voy a defender yo.

P. Pero no parecece coincidir con la conveniencia de esa estrategia difusa que quiere Jáuregui para mantener unido al partido.
R. El partido tiene que estar unido. Y si otros ganan, yo no voy a hacer nada contra el partido.

P. ¿Ha querido usted echar un órdago al estilo del de Felipe González en 1979?
R. No, sabía lo que ponía encima de la mesa, pero le quité todo el dramatismo posible a la dimisión. No tiene nada que ver.

P. Visto lo ocurrido después, ¿está arrepentido?
R. No. Tomé la opción más cercana y fácil para que haya un debate serio y responsable, sabiendo que nos unen muchas cosas, pero también que el PNV y el PP están jugando una partida definitiva y que nosotros tenemos que estar muy fríos, con la mente muy clara y el proyecto muy diáfano, para situarnos en esa partida. El PNV ha logrado echar de ella a Batasuna y ahora quiere un PSE convertido en algo parecido a IU. Lo peor que puede pasar es que lo consiga.

P. ¿Qué piensa de las reacciones en torno a la crisis del PSE?
R. Si se refiere a las reacciones del PP, el problema no es llamarles 'carroñeros', sino ir a un equivocado pacto que les facilite su objetivo de carroñearnos. Ellos vienen a por nosotros, es lógico: pues no les dejemos flancos. ¿Alguien duda que si yo tengo una oportunidad de ganar al PP no voy a intentarlo?

P. Pero mucha de su gente ha vivido mal esa cercanía con el PP.
R. Es lógico. Y algunos se encargan además de dramatizarlo. Pero cuando aquí hubo que luchar por la libertad no mirábamos la cara del que estaba al lado en la barricada.No estábamos enloquecidos por ir con el PCE o con la derecha democrática. Tenemos una larga tradición de acuerdos con gente que no piensa como nosotros, y eso es de lo mejor que tiene el PSOE, y nos enorgullece.

P. También ha habido siempre distintas sensibilidades, más o menos 'vasquistas'. ¿Por qué rompe usted la baraja, entonces?
R. No se rompe la baraja por eso. Pero llega un momento en que la dirección del partido tiene que decir qué hay que hacer.
'La lucha por las libertades en Euskadi es patrimonio colectivo de todos los socialistas'

P. Algunos sostienen que éste es un congreso innecesario y que toda habría podido resolverse en una Conferencia si usted no hubiese dimitido.
R. Muchas veces hay que crear la necesidad para enfrentarse al problema. Y hay cosas que sólo se pueden hacer en un congreso. Cambiar o no cambiar las resoluciones y la estrategia del anterior, por ejemplo. Yo estoy pensando en ser alternativa en las siguientes autonómicas.

P. Pero antes están las municipales, y la Ejecutiva Federal pensaba que lo último que se podía añadir a las dificultades que el terrorismo les crea ya en Euskadi es un partido dividido.
R. Eso también lo he tenido en cuenta a la hora de dimitir. Por eso había que hacerlo cuanto antes.

P. ¿No teme salir con un partido dividido en dos mitades?
R. Eso me preocupa, pero peor sería que no sirviéramos a lo que hemos pactado con una parte de la sociedad. Y en época de división, Benegas ganó las elecciones al PNV.

P. ¿Por qué no avisó al líder del PSOE de que iba a dimitir?
R. Soy muy disciplinado, y entiendo que pudo haber fallos en mi decisión, pero eran inevitables para tomarla en libertad.

P. ¿No está obligado a presentarse, para forzar ese debate clarificador con la otra alternativa? En otras palabras, ¿su ausencia no perjudicaría a ese debate que cree necesario?
R. No. Hay magníficos representantes de lo que yo pienso. Yo ya he planteado el debate. Lo que yo tenía que hacer casi lo he hecho ya. Otros también elaboraron un documento, como Odón Elorza y Jesús Eguiguren, y no se van a presentar.

P. Si no es secretario general, ¿se irá de la Ejecutiva Federal?
R. No contestaré con un sí o un no. Mi enganche con la Ejecutiva Federal, que es algo muy querido para mí, es un enganche para hacer y fortalecer nuestra política en el País Vasco. Aquí es donde yo quiero hacer política. Si no soy electo, eso tendrá sus consecuencias inevitables.

P. Si el documento de síntesis despega lo que Jáuregui llama adherencias extremas (autodeterminación, consultas, etcétera) y deja claro que no habrá pacto con el PNV, sin cambio en profundidad de este partido, ¿cuáles son realmente sus diferencias?
R. Estamos hablando de un documento que aún no se ha hecho y que puede aclarar unas cosas, pero dejar de aclarar otras que yo quiero que se aclaren. Ya veremos.

P. ¿Qué le parece que se ponga en duda que quienes discrepan de usted no defienden igual las libertades y la lucha contra el terrorismo o que se diga que usted es la firmeza y los demás la claudicación ante el nacionalismo?
R. Yo nunca he dicho eso. Ésa lucha es un patrimonio colectivo del Partido Socialista. Ahí hemos estado todos. Digo en cuanto a la lucha por la libertad, no en cuanto al nacionalismo: hay gente en el partido que iría de rodillas al batzoki del PNV. Eso lo sabemos todos. Pero ése es su problema. Yo no iré de rodillas a ningún lado.

Destacados dirigentes socialistas vascos apoyarán públicamente a Redondo Terreros
Dirigentes socialistas de Guipúzcoa, Vizcaya y Álava mostrarán este sábado su apoyo a las ideas defendidas por el ex secretario general del PSE/EE, Nicolás Redondo, en el documento que elaboró para la conferencia política prevista antes de su dimisión.
EFE Libertad Digital 12 Enero 2002

Representantes del socialismo vasco como Mario Onaindía, José Ramón Recalde, Francisco Llera, Carlos Totorica, Rosa Díez, Ana Urchueguía, Maite Pagazaurtundua, Joana Madrigal o Ignacio Latierro han convocado para este sábado una conferencia de prensa en San Sebastián para dar su apoyo al proyecto de Redondo.

En aquel texto, Redondo cuestionaba la viabilidad de un consenso histórico con el nacionalismo vasco por su ambigüedad, que hacía "estéril cuando no imposible" el diálogo político y se mostraba contrario a la independencia de Euskadi y a la reivindicación de la soberanía plena o del derecho de autodeterminación.

El documento del ex secretario general de los socialistas vascos, que recogía partes del informe previo elaborado por Jesús Eguiguren aunque suprimía algunos de sus aspecto más polémicos, sí reconocía la existencia de un conflicto político en el País Vasco pero cuestionaba que éste tuviese una legitimación histórica.

Pagazaurtundua explicó que en esta iniciativa de apoyo a las ideas de Redondo participan "gentes del partido de todas las tradiciones" y de los distintos territorios de la comunidad autónoma, algunos de los cuales "estuvieron peleados entre sí". Subrayó que, sin embargo, todos ellos "consideran que la estrategia electoral que tuvo el Partido Socialista el pasado 13 de mayo, en lo básico, fue la correcta" y queda reflejada en el documento que presentó el ex dirigente socialista vasco el pasado mes de diciembre.

La ex parlamentaria vasca y concejala de Urnieta indicó que presentarán un documento que "resume" las ideas de Redondo "porque consideramos que son un compromiso con la sociedad que ahora hay que reafirmar ante el debate abierto" tras la crisis del socialismo vasco.

El Cañero: La momia francesa
Por Carlos HERRERA, carlos@carlosherrera.net ABC 12 Enero 2002

Cada país guarda celosamente un archivo de momias cuidadosamente envueltas en la memoria colectiva. Los franceses, tan suyos siempre, acostumbran a desempolvar alguna de ellas cuando la situación lo requiere y a colocarlas en el mercado por el precio de lo que ellos creen que valen; y casi siempre con éxito. No se explica de otra manera que los europeos tengamos que bailar a estas alturas con la pálida figura de uno de los elementos más caínes que se ha gastado la política francesa: el presidente Valery Giscard D´Estaigne, de turbio recuerdo para los españoles bien nacidos. El que tiene, nada menos, que reformar la UE no es otro que el Jefe de Estado francés que de forma más canalla obturó las aspiraciones españolas a la incorporación europea y el que de manera más cómplice contribuyó a mantener en el país vecino el entramado mafioso y asesino de ETA. Simplemente hagamos memoria. Giscard fue el antipático estadista que ninguneó al esperanzador Rey de España en cuanto este accedió al Trono. Recuerden aquél desayuno especial que hubo que ofrecerle para que admitiera acudir a la coronación de Don Juan Carlos. Giscard fue el insolente presidente que maltrató a Suárez cuando este giró su primera visita al país vecino.

Pregunten por aquella primera entrevista, por aquella primera cena en la que el francés dio por hecho que el español ni siquiera sabría diferenciar un buen vino. Giscard fue el hombre que consiguió irritar al impasible Calvo-Sotelo cuando se negó en una sesión de trabajo a reconocerle ninguno de los desmanes de ETA. Pregunten a don Leopoldo, pregúntenle. Giscard hizo todo lo posible para que España, la misma que hoy preside la Unión, no tuviera acceso al selecto club de países comunitarios con todo tipo de artimañas, desde presionar políticamente hasta agitar sus campesinos a la revuelta y el incendio contra las exportaciones españolas. Giscard fue el responsable definitivo de que a los asesinos de la banda nacionalista vasca se les mantuviera el status de refugiado político, nada menos, en aquellos crueles años en los que día tras día esquilmaban a la población española entre asesinatos y secuestros (años después, la retirada de ese privilegio por parte de otro gobierno francés, valió las airadas protestas del entonces lendakari Garicoechea, hoy lujoso jubilado en Benidorm). Giscard fue Giscard.

Ese era Giscard. El mismo Giscard que ahora se pasea por Moncloa con cara de no haber roto un plato y con la tarea de reformar la Unión. Fue recibido con todos los honores y con cordialidad, como indudablemente no se merece; lo cual no quita para que sepa que algunos, los que engrasamos la memoria, le consideramos una momia peligrosa.

Francia, Belgica y Luxemburgo crean un «lobby» a favor de su lengua en la UE
PARÍS. Juan Pedro Quiñonero corresponsal ABC 12 Enero 2002

Mientras se libra la «batalla» de las lenguas en los foros de la UE, Francia, Bélgica y Luxemburgo han puesto en marcha un ambicioso proyecto para promover y reforzar la presencia del francés, con la formación de diplomáticos, intérpretes y traductores de países candidatos a entrar en la UE, con el fin de ampliar, dentro de lo posible, la utilización del francés como lengua de futuro en Europa.

El acuerdo fue firmado, ayer, en el seno de la Agencia Intergubernamental para la Francofonía (AIF), que «pilota» los programas de cooperación francófona internacionales. Firmaron el acuerdo el ministro francés delegado para la cooperación, Charles Josselin, el ministro-presidente de la Comunidad francesa de Bélgica, Hervé Hasquin, y la ministra de la Cultura de Luxemburgo, Erna Hennicot-Schoepges.

El proyecto franco-belga-luxemburgués destaca por su empirismo y carácter eminentemente práctico:

-Pagar la enseñanza y formación, a la lengua francesa de diplomáticos, altos funcionarios, traductores e intérpretes de todos los países que esperan entrar en la UE, a corto, medio y largo plazo. Se trata de una medida tan simple como posiblemente eficaz: pagar cursillos de francés entre los europeos del Este que se disponen a ingresar en la Unión.

-Promoción «voluntarista» del uso del francés en los terrenos de la información y la comunicación. Dicho de otro modo: «inundar» las distintas instituciones europeas (Consejo, Comisión, Parlamento) con mensajes y comunicación institucional en francés.

Al margen de las peripecias burocráticas y diplomáticas, intentando imponer ésta o aquella lengua, Francia y sus aliados francófonos, dentro de la UE, París ha decidido poner en práctica una política paralela que pudiera dar buenos resultados: ayudar a la formación lingüística del personal de los países del Este que terminarán por entrar en la Unión.

BATALLA LINGÜÍSTICA
Nadie tiene ganada ninguna batalla lingüística para el futuro de una UE de contornos institucionales todavía indefinidos. Las escaramuzas contables tienen y tendrán su importancia. Pero la experiencia histórica y cultural pudiera sugerir que, efectivamente, al margen de la letra de los tratados, la realidad lingüística tendrá una importancia determinante.

La formación de diplomáticos y traductores, en francés, no asegura, automáticamente, que esos mismos diplomáticos defiendan, luego, el uso de la lengua francesa dentro de las instituciones europeas. Pero se trata de una realidad potencial nada desdeñable. La importancia del inglés, en Europa, como en el resto del mundo, no viene impuesta por ningún decreto institucional: viene impuesta por la nueva geografía de la influencia planetaria. Pagando la formación lingüística de altos funcionarios, París espera salvar o conquistar posiciones. A la espera de las previsibles iniciativas que puedan llegar de Berlín, Londres... o Madrid.

Argentina competirá en Brasil con el Instituto Cervantes
BUENOS AIRES. Efe ABC 12 Enero 2002

Tres Universidades públicas argentinas han realizado de forma conjunta el primer «certificado latinoamericano» de conocimientos del idioma español, para competir con el que ya entrega el Instituto Cervantes de España.

«La Nación» se hizo eco ayer de esta iniciativa, que surgió a partir de una demanda concreta de Brasil, «en cuyas escuelas primarias y medias se está generalizando la enseñanza del español y se prefiere la variedad latinoamericana del idioma» a la española, según señala el diario.

Los contenidos mínimos y la organización de las pruebas fueron elaborados en forma conjunta por la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad del Litoral. El sistema de evaluación consta de dos niveles para adolescentes y tres para adultos y es similar al de la Universidad de Cambridge para validar el nivel de inglés. La primera prueba tendrá lugar este año en la ciudad brasileña de Sao Paulo.

Los exámenes tendrán una sección de comprensión de lectura y de escritura, una de comprensión auditiva y otra de expresión oral y, además, cada nivel constará de «contenidos culturales» (comidas, escritores, tradiciones...)

«La Nación» señala que unos 900 extranjeros siguen cursos de español cada año en Argentina y unos cien asisten a clases particulares. Una cifra simbólica si se compara con los 130.000 extranjeros que acuden a clases de español en nuestro país. Los estudios sociolingüísticos realizados en Brasil señalan que la población está más favor de una norma de integración que de aprender el uso local del idioma.

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