AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 13  Enero  2002
#Los «réditos» del terror
Editorial ABC 13 Enero 2002

#Los títeres de cachiporra y el guiñol de Canal+
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital13 Enero 2002

#Contra todos los ciudadanos
Editorial El Correo 13 Enero 2002

#Un atentado que descarta la posibilidad de una tregua tácita
Impresiones El Mundo 13 Enero 2002

#En el corazón de Bilbao
Editorial El País 13 Enero 2002

#Los jueces no van a las rebajas
Luis Ignacio PARADA ABC 13 Enero 2002

#Ideas para el Congreso del PSE
Carlos Totorika Libertad Digital 13 Enero 2002

#El socialismo vasco y el papanatismo sectario
Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 13 Enero 2002

#Manifiesto de apoyo a Nicolás Redondo de destacados dirigentes
J. MOLINERO El Mundo 13 Enero 2002

#Eta hace estallar un coche-bomba en Bilbao junto a un centro comercial el primer sábado de rebajas
E. Mejuto / J. M. Zuloaga - Bilbao / Madrid.- La Razón 13 Enero 2002

#San Sebastián: el «síndrome del conductor de autobús quemado»
La Voz 13 Enero 2002

Los «réditos» del terror
Editorial ABC 13 Enero 2002

El escenario de conflicto que, poco a poco, pero tenazmente, va extendiendo el nacionalismo vasco no estaba completo sin un atentado de ETA. Ayer lo cometió en el centro de Bilbao, con un coche bomba y sin víctimas mortales, para que la demostración de fuerza y de presencia que pretendía quedara limpia de sangre. Se rompe así el espejismo de dos meses sin asesinatos, que han permitido a la izquierda proetarra ordenar unos mensajes bien recibidos por el PNV, como la vuelta al Parlamento para aprobar la ley de Presupuestos del Gobierno de Ibarretxe. Además, cualquier posible tregua tiene que cobrar valor con un período previo de atentados que luego disculparía los generosos esfuerzos del PNV por entenderse con la banda terrorista. La intencionalidad política del atentado es evidente. Se produce en un momento en que el nacionalismo gobernante ha impulsado unos movimientos de ruptura con los que ETA y sus grupos de apoyo se sienten reconocidos. Y es también un aviso al PNV de que el frente nacionalista que pueda reeditarse deberá contar con una bicefalia.

Al final, los intereses comunes y discrepantes de los nacionalismos político y terrorista acaban aflorando, lo que tiene sus consecuencias. La primera es que las condenas y rechazos que el PNV y el lendakari orquesten contra el atentado no impedirán que, al mismo tiempo, se haga visible la coincidencia del coche bomba con la desobediencia civil promovida por Ibarretxe, la descalificación permanente del orden estatutario y la generosa ayuda de Batasuna para aprobar los Presupuestos. Los caminos son distintos, pero el destino es el mismo, y en su recorrido la democracia en el País Vasco se va degenerando de manera imparable con síntomas cada vez más graves. Los jueces viven atemorizados desde el asesinato del magistrado Lidón y buscan trasladarse fuera del País Vasco. En algunos Ayuntamientos la oposición no nacionalista está siendo mermada por la presión y el miedo a ser asesinado. Y son cada vez más -hasta el 60 por ciento- los ciudadanos vascos que tienen temor a participar en política. Según el último Euskobarómetro, sólo uno de cada cuatro vascos se siente libre para expresar sus ideas. El predominio de los no nacionalistas en estos porcentajes hace hiriente el tono de normalidad con el que Ibarretxe convoca a todos los grupos políticos a dialogar «hasta el amanecer», como si esa normalidad estuviera avalada por una igualdad efectiva de oportunidades entre nacionalistas y no nacionalistas. Por todo esto, lo que el PNV denuncia como «criminalización» del nacionalismo no es más que la constatación objetiva de que el deterioro de la democracia en el País Vasco es el resultado de su política de enfrentamiento con el Estado, de marginación de la oposición no nacionalista y de gestos de complicidad con Batasuna, todo lo cual se traduce en un estado de encogimiento de la sociedad vasca. El silencio y el miedo están dando al PNV los recursos que le faltan en el Parlamento de Vitoria para seguir comportándose como un movimiento hegemónico en una sociedad plural y cada vez menos nacionalista, que no entendería que el desistimiento acabará también imponiéndose en la dirección de los socialistas vascos. Esta es la rentabilidad del terror, el allanamiento del camino por el que transita cómodamente el PNV.

En lo que incumbe al Estado, el atentado reafirma que sus responsabilidades frente a ETA son derrotarla y desmantelar sus tramas. La acción policial y la cooperación internacional están alcanzando niveles de eficacia sin precedentes y las expectativas inmediatas son favorables. Entre éstas hay que destacar el acuerdo alcanzado entre España y Francia, del que informamos en páginas de Nacional, sobre las reglas de desarrollo de los compromisos suscritos en la Cumbre de Perpinán, relativos a las denuncias oficiales, las entregas temporales y el acceso inmediato a la información obtenida tras la detención de terroristas en suelo francés. ETA no permite relajar la tensión y ningún esfuerzo, policial o político, sobra para erradicarla.

Los títeres de cachiporra y el guiñol de Canal+
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital13 Enero 2002

El atentado en pleno centro comercial de Bilbao el primer sábado de rebajas ha tenido dos efectos inmediatos y significativos. El primero es que, afortunada y casi milagrosamente, no ha causado víctimas mortales aunque se haya bordeado la masacre. El segundo, que ha recordado a todos el trasfondo de cualquier decisión política que se toma en el País Vasco y que no es ni puede ser otro que la posición con respecto al chantaje terrorista y separatista, tanto en lo que respecta al directamente criminal de ETA-Batasuna como al directamente cómplice de PNV-EA-IU que no sólo suscribe los objetivos últimos de la banda terrorista sino que colabora en la política de aislamiento, amedrentamiento y culpabilización de sus víctimas, que lo son precisamente por no someterse al chantaje terrorista. Esa es la gran cuestión política en el País Vasco, porque condiciona la propia posibilidad de la política. Lo demás son disimulos, circunloquios o cobardes rendiciones disfrazadas de matizaciones.

La crisis del PSE está teniendo el desarrollo que menos pensaban González y Cebrián -sus autores intelectuales- y que nunca sospecharon sus ejecutores materiales, Zapatero y Jáuregui. El ejemplo de valor cívico y ético que está dando la mayoría del socialismo vasco puede dejar al incoherente Secretario General del PSOE condenado a esa jubilación anticipada que él reservaba para Redondo Terreros. Y la razón parece clara: Zapatero, Caldera, Blanco y compañía se han rendido ante la campaña de linchamiento político, de descrédito ideológico e incluso de injuria personal de los medios de PRISA, pero quienes cada día deben enfrentarse a los títeres de cachiporra de ETA y a las monigotadas de Arzallus e Ibarretxe están bastante bien preparados para resistir las burlas crueles del guiñol de Canal Plus. Aún hay socialistas capaces de distinguir entre la risa y la metralla.

Contra todos los ciudadanos
Editorial El Correo 13 Enero 2002

El atentado con coche bomba que al mediodía de ayer llevó el pánico al centro de Bilbao reprodujo escenas provocadas anteriormente por el terrorismo en otras muchas ciudades. Las personas que ayer sintieron de cerca la amenaza, el pavoroso estruendo o, en todo caso, el alivio siempre incierto que sigue a una explosión de esa envergadura se vieron a sí mismas identificadas con las mujeres y hombres que en Madrid, Barcelona, Rosas, Málaga, Salou, Gandía, Vitoria o Logroño habían padecido antes el salvaje ataque del terrorismo y a cuya angustia se habían acercado a través de las imágenes de la televisión y de los relatos periodísticos. Ayer ETA decidió amedrentar a los vascos con un artefacto que no causó una auténtica masacre porque la Ertzaintza y la Policía local actuaron con tanta celeridad como eficacia. La llamada telefónica con que el comando advirtió sobre la colocación de tan letal dispositivo en uno de los lugares más concurridos de Euskadi, con sólo unos minutos de anticipación respecto al momento previsto para la explosión, constituye la metáfora de cómo el terror pretende siempre transferir a la sociedad y a sus instituciones la responsabilidad sobre su bárbaro proceder. Esos pocos minutos que ertzainas y policías municipales tuvieron para identificar el vehículo y despejar y acordonar tan céntrica zona nos recuerdan hasta qué punto la diabólica voluntad de ETA trata siempre de estrechar el margen de maniobra de la ciudadanía y de los poderes del Estado frente al acoso terrorista.

Desde que ETA asesinara a los ertzainas Javier Mijangos y Ana Arostegi en Beasain, la inactividad de sus comandos ha sido compensada por quienes, dentro de la trama violenta, tienen encomendada la tarea de extender el miedo a base de fuego y destrucción. La actuación de las escuadras de jóvenes fascistas en Gernika, San Sebastián, Durango, Portugalete, Bilbao o Irún y el ataque dirigido contra empresas o contra vehículos y domicilios de ertzainas han mantenido alta la presión de la coacción terrorista. Sin embargo, es evidente que la persistencia de la violencia induce en la sociedad e incluso en muchos de sus representantes efectos tan nocivos como la trivialización del terror cotidiano, que en tantas ocasiones termina siendo concebido como una especie de accidente fatal del que la mayoría de las personas se siente libre. Basta una aparente o fugaz ausencia de atentados mortales o tan brutales como el de ayer para que se instale en el ambiente una falsa sensación de normalidad. Junto a la incontestable seguridad con que los ciudadanos colocan el terrorismo en el primer lugar de sus preocupaciones a la hora de responder a los sondeos sociológicos, la repulsa activa frente a tan agobiante acoso se ve mediatizada por una sociedad que prefiere esforzarse en recuperar la normalidad cotidiana que reaccionar consecuentemente ante el hecho de que para muchos ciudadanos vascos lo cotidiano consiste precisamente en soportar un auténtico estado de excepción. Ayer mismo, la salvajada de ETA mereció la condena unánime de las fuerzas políticas democráticas y de las instituciones, los ciudadanos pudieron mostrar en privado su indignación y hartazgo; pero buena parte de la atención social terminó refugiándose en un encuentro de fútbol, y la reacción colectiva frente al terror quedará reducida probablemente a la consabida convocatoria de quince minutos de silencio para mañana.

Es cierto que no resulta fácil acertar con la réplica institucional y ciudadana que requiere todo atentado terrorista. Entre otras razones porque el terrorismo de ETA y su entorno social han desarrollado una singular capacidad para perpetuarse como un mundo cerrado que se alimenta incluso de la presión que sobre él ejerce la sociedad democrática. Pero el objetivo de la reacción ciudadana no puede ser ni única ni fundamentalmente la disuasión de los terroristas. Porque la primera necesidad a que se enfrenta toda sociedad acosada por una minoría totalitaria es la de tomar conciencia de su propia situación, de la envergadura de la amenaza que pende sobre la libertad y los derechos civiles, del paulatino deterioro que la convivencia y sus valores padecen a manos de la dictadura etarra. Es habitual escuchar la objeción de que al resaltar informativamente los hechos de violencia se inflige un doble daño al País Vasco.

Sin embargo, el auténtico daño que muchos vascos se hacen a sí mismos se encuentra en el silencio, en su disposición al olvido, en su inclinación a minusvalorar la gravedad que implica que tantos ciudadanos vivan en la intranquilidad permanente mientras sus convecinos practican o amparan la violencia que se ejerce diariamente sobre ellos. Es éste un síndrome pernicioso, que apela a la responsabilidad de las fuerzas políticas y de las instituciones. Resulta lógico que el fatalismo o la indiferencia encuentren un caldo de cultivo propicio cuando junto a la condena formal del terror por parte de sus representantes los ciudadanos no encuentran una actitud igualmente unitaria a la hora de negarse a transigir, ahora y siempre, ante las exigencias de los terroristas. De ahí que la unidad democrática frente al terror constituya la condición ineludible que permitiría a todos y cada uno de los ciudadanos asumir su propia responsabilidad frente a un problema que sólo se resolverá activando la superioridad moral de la democracia y con una sociedad dispuesta a asumir una pugna cotidiana, ideológica y ética, contra la violencia totalitaria.

Un atentado que descarta la posibilidad de una tregua tácita
Impresiones El Mundo 13 Enero 2002

La notable disminución en el número de atentados perpetrados por ETA desde el fatídico 11 de Septiembre había llevado a muchos ingenuos y no tan ingenuos a pensar que la banda terrorista se podría haber embarcado en un proceso de reflexión o incluso estar dando de forma tácita los primeros tímidos pasos hacia una nueva tregua. El brutal atentado registrado ayer en pleno centro de Bilbao deja claro que los etarras siguen firmes en sus macabros designios y que el verdadero motivo de que se mantuvieran relativamente inactivos son los fuertes golpes propinados por las Fuerzas de Seguridad contra la organización y muy especialmente contra el comando Vizcaya en los últimos meses. La explosión de un coche bomba a escasos metros de un centro comercial abarrotado en el primer sábado de las rebajas causó sólo dos heridos leves, pero podría haber provocado una verdadera masacre. Una vez más, ha quedado tristemente patente el calibre de la amenaza que supone ETA y la situación de excepcionalidad que se vive actualmente en el País Vasco. Prueba adicional de ello es el miedo que se ha instalado entre la judicatura vasca desde el asesinato del magistrado de la Audiencia Provincial de Vizcaya, José María Lidón. Hasta diez magistrados abandonarán próximamente sus cargos en el País Vasco para incorporarse a nuevos destinos profesionales en otras comunidades tras prosperar su solicitud de cambio de plaza. A la desbandada de magistrados que buscan un lugar más seguro para ejercer sus funciones se ha sumado el que ningún juez se haya presentado para ocupar ocho de las diez plazas que ofertaba la comunidad vasca en este concurso de traslados. Este dato es preocupante y debería servir de punto de referencia para el posicionamiento político y toma de decisiones estratégicas de los partidos que se dicen democráticos.

En el corazón de Bilbao
Editorial El País 13 Enero 2002

Que nadie los olvide es el primer objetivo de los terroristas; el segundo es intimidar a la población. Ambos perseguían ayer los activistas que colocaron un coche bomba en el centro mismo del Bilbao comercial: en hora punta y frente a unos grandes almacenes en el primer fin de semana de la campaña de rebajas. Como dijo el alcalde, Iñaki Azkuna, el atentado pudo haber ocasionado muy graves desgracias personales. El aviso telefónico no es garantía de que no las haya, como tantas veces se ha demostrado.

ETA no tolera que se debata de cualquier asunto sin que se la tenga en cuenta. Quiere que se sepa que hay que contar con ella. Es un recordatorio innecesario, por más que algunas personas digan voluntaristamente que hay que actuar como si ETA no estuviera. Pero está, y el Euskobarómetro, cuyos resultados se difundieron la víspera, ya constataba que ha aumentado (hasta el 60%) el porcentaje de vascos que dice tener miedo a participar en política, y que ya sólo el 25% se considera libre para hablar sin temor de asuntos políticos. Ese mismo día se informaba de las dificultades de los socialistas para sustituir a los concejales dimitidos en Durango y otras localidades.

Ayer se conocía también que en dos meses, desde el atentado que costó la vida al magistrado José María Lidón, 14 de los 190 jueces del País Vasco han solicitado el traslado a otras comunidades, y que de las 10 plazas que han salido a concurso sólo se han cubierto dos (y con jueces que ya estaban en Euskadi). Matar a uno para intimidar a muchos: a eso se reduce la teoría que hay detrás de las capuchas. En 2000, el primer año tras la ruptura de la tregua, fueron 19, el 10% del total, los jueces que se fueron. Algunos con la amargura añadida de haber escuchado aquel terrible 'ancha es Castilla' con que un alto dirigente político les invitó a marcharse.

El de ayer es el primer atentado de 2002. En el anterior hubo 59, con 15 muertos, 7 menos que el año anterior. El número de heridos (138) fue sin embargo muy superior, a causa del recurso más frecuente al coche bomba -estallaron 16-, cuyos efectos son indiscriminados por definición. A raíz de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, un portavoz de Batasuna dijo que los consideraba 'inaceptables' por tratarse de 'ataques indiscriminados contra la población civil'. ¿Qué son, según los intérpretes favoritos de ETA, las personas que un sábado a mediodía acuden a comprar en las rebajas?

Los jueces no van a las rebajas
Por Luis Ignacio PARADA ABC 13 Enero 2002

ETA ha elegido con todo cuidado la fecha de su reaparición: el primer sábado de rebajas de enero en el centro de Bilbao y con el preaviso justo para demostrar que puede provocar una masacre inmensa, pero le sale más rentable aterrorizar a miles de ciudadanos que han de huir apresuradamente ante un aviso de bomba junto a un gran centro comercial. El hecho de que el coche que contenía el explosivo fuera robado esa misma mañana no demuestra que la acción fuera improvisada sino que sus recursos logísticos y su infraestructura operativa funcionan. Con ese golpe de efecto ha conseguido que deje de hablarse del euro, de la presidencia española de la UE, de la crisis argentina, de la inflación, de la recesión económica, del salvoconducto para la huida de un narcotraficante, y de la revolución «admirable».

Por lograr, ETA ha logrado con su acción de ayer que incluso pase inadvertida la noticia de que diez magistrados que ejercen en el País Vasco van a abandonar sus puestos para incorporarse a nuevos destinos en otras regiones, tras haber sido aceptada su solicitud de cambio de plaza en el concurso de traslados. Y que no podamos prestarle la debida atención al hecho de que otros cuatro jueces, según informaba ayer «El Correo», han pretendido hacer lo mismo pero no tenían «la suficiente antigüedad para poder ocupar las vacantes a las que concurrían».

Da un poco de vergüenza ajena leer que algunos representantes de la Magistratura y del Consejo General del Poder Judicial, corporativistas hasta la médula, opinan que las cifras «no son exageradamente altas para lo que cabría temer»; que «la acentuada movilidad de los jueces constituye un mal endémico en el País Vasco»; que los nuevos traslados no implican una «desbandada». A los jueces no se les puede exigir heroísmo. Pero sí que no oculten su comprensible miedo bajo el eufemismo del escalafón cuando no van a las rebajas ni con escolta.

Ideas para el Congreso del PSE
Carlos Totorika Libertad Digital 13 Enero 2002

Los socialistas tenemos la prioridad de acabar con ETA, pero no sólo policialmente, también hay que derrotarla política e ideológicamente. En Euskadi no habrá convivencia ni normalidad mientras exista una ideología por la cual unas personas odian tanto a otras que no las ven como tales, sino como cosas, como un estorbo que se puede eliminar mediante la persecución, el asesinato o la limpieza étnica.

Queremos una convivencia en paz y esta no será posible mientras persista el odio étnico-político por parte de HB y ETA. Este odio está basado en el sentimiento, en la percepción de que España oprime a los vascos. Y este sentimiento se abona, se alimenta cuando se afirma que el Estatuto no vale, cuando se reclama la autodeterminación para que el País Vasco sea libre, cuando se tensa la cuerda hasta imposibilitar el acuerdo en las negociaciones del Concierto Económico, cuando, en definitiva y en la práctica, los intereses del nacionalismo están por encima de los de la convivencia.

Es contradictorio, muy contradictorio, decir que se lucha contra ETA mientras se sostiene a diario por parte del Gobierno Vasco que existe un “contencioso” con Madrid que PNV y ETA comparten. El PNV está radicalizando la política vasca (aunque culpe a Madrid por ello) e imposibilitando la unidad democrática frente al fascismo. Tiene intereses de partido e ideológicos para hacerlo, pero a costa de perjudicar la convivencia entre los vascos y de frenar la derrota de ETA.

La historia les juzgará mañana (que no lo duden) pero creo que debemos hacerlo hoy, porque el PNV puede y debe postergar la tensión soberanista mientras exista ETA, para que podamos conseguir la unidad de los demócratas y, con ello, cuanto antes, la libertad de cada ciudadano vasco, que es nuestra obsesión. Este proyecto lo es para toda la sociedad, porque la libertad de las personas y la creación de una sociedad en la que quepamos todos es tarea de todos. Por eso pedimos y animamos al mundo de la cultura, de la universidad, a los sindicatos a participar activamente para conseguir espacios de libertad en los lugares de trabajo o de relaciones sociales, creando entre todos el viento de libertad para dejar de ser el último lugar de Europa donde no se puede respirar.      Carlos Totorika es alcalde de Ermua.

El socialismo vasco y el papanatismo sectario
Por Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 13 Enero 2002

La política vasca es una fuente inagotable de paradojas. La crisis del socialismo vasco sigue la costumbre. Los llamados «españolistas», liderados por Nicolás Redondo, son en realidad los verdaderos partidarios de que el PSE tenga un proyecto autónomo, arraigado en la realidad vasca. En cambio, los llamados «vasquistas» temen perder la subordinación al PNV y esperan que Madrid les apoye contra sus compañeros, por ejemplo echando a Nicolás Redondo de la secretaría general. El socialismo constitucionalista tiene ideas propias y está inmerso en los debates políticos y culturales vascos; los vasquistas, en cambio, se deleitan con Tusell, Herrero de Miñón y Maragall, viendo a los intelectuales vascos como sus enemigos. Redondo cree firmemente en la necesidad y posibilidad de ganar las elecciones y de gobernar el País Vasco -probablemente con el PP-, mientras que los llamados vasquistas prefieren un papelito secundario en la tragicomedia titulada «La eterna y sangrienta construcción nacional de Euskalherria». Esta segunda y castrante opción es preferida en Ferraz, porque coincide con el sectarismo instalado en buena parte del socialismo español, obsesionado por volver como sea a La Moncloa, si es necesario del brazo del PNV. Y es indudable que Arzalluz habrá pedido, como condición para hacer negocios juntos, la cabeza de Redondo, en una encomiable muestra de respeto hacia la autonomía de su aliado histórico.

El juicio del electorado vasco que vota socialista es bastante diferente. En 1986, inicio de la colaboración con el nacionalismo, el PSE obtuvo 252.233 votos. En 1997, y pese a la fusión con los restos de EE y sus casi 80.000 votantes, Jáuregui dejó a Redondo en herencia un acusado declive y 174.682 votos. Tras romper con el nacionalismo y formar la unidad de acción constitucional con el PP, reclamada por movimientos cívicos como «¡Basta ya!», el 13 de mayo Redondo consiguió 253.195 votos. Solamente los análisis cegados por el sectarismo pueden equivocar el significado de estos datos: la ciudadanía vasca de izquierdas quiere una política constitucionalista, con los matices y rectificaciones que se quieran pero firme en lo fundamental.

Nicolás Redondo sustituyó a Jáuregui con cierto propósito de continuidad y las bendiciones de Ferraz, que temía la línea más crítica de Rosa Díez, derrotada por la mínima en las elecciones internas. Sin embargo, y esto honra a Nicolás Redondo tanto como afea la actitud deshonesta de otros dirigentes, el actualmente dimitido secretario general del PSE-EE escuchó y coincidió con la ciudadanía vasca, que reclamaba convertir en centro de la acción política la defensa de la libertad, amenazada por el pacto entre PNV y ETA.

Mientras las encuestas fueron favorables, pocos disintieron de esa estrategia; resulta conmovedor recordar las airadas denuncias del nacionalismo proferidas -Huertas, Gemma Zabaleta- por quienes hoy corren en su busca. Pero, tras la derrota por la mínima del 13-M, brillaron los puñales y la exigencia de cabezas, jaleada por los portavoces de González en «El País», la «Ser» y otros medios. Lejos del desastre que lamentan, las elecciones de mayo hundieron a Batasuna y acortaron a 25.000 votos la distancia entre PNV-EA y PP-PSE, cuando en 1990 era de 105.000: ¡vaya un fracaso! Aclarando las cosas, el PSOE juzgó un éxito las elecciones gallegas, donde quedaron los últimos. Quizás Ferraz ha decidido intervenir para evitar que un día se consume el desastre de un País Vasco tan aburrido y normalito como Galicia o Cantabria.

La calidad de los argumentos usados por los detractores de Nicolás Redondo ha sido renovada por Juan Carlos Rodríguez Ibarra. El dicharachero virrey de Mérida -jatorra, diríamos los vascos- anuncia que no apoya a Redondo porque éste es apoyado «por alguien como Jaime Mayor Oreja». Natural: el sectarismo pancista siempre conlleva cierta pérdida de sentido de la realidad y del valor relativo de las cosas.

La imagen que mejor retrata la situación en que sobrevive el socialismo vasco, ésa de la que no quieren saber nada Rodríguez Ibarra o Juan Luis Cebrián, es que el PSE-EE no ha conseguido convencer a una sola de las 22 personas que componían su candidatura en Durango en las últimas elecciones municipales para que sustituyan al último concejal socialista dimitido. A diferencia de Rodríguez Ibarra, los socialistas durangueses no se han enterado de que su enemigo es Mayor Oreja, como por consiguiente lo era José María Pedrosa, asesinado por ETA. La renuencia de los candidatos socialistas es legítima y perfectamente comprensible: ser concejal constitucional en cualquier pueblo vasco, da igual si del PSE o del PP, significa ir de voluntario a lo que Carlos Totorika, alcalde de Ermua, llama gráficamente «el corredor vasco de la muerte». Obligado a llevar escolta, con la familia amenazada, aislado en el trabajo, evitado por los falsos amigos y compañeros, enfrentado a la indiferencia de tantos malos vecinos, ese modesto concejal que ni siquiera sueña con vivir del cargo descubre el infierno en vida. ¿Merece la pena añadir a esta lista de infortunios la insensibilidad de los propios dirigentes, cegados por el sectarismo? Se verá en las próximas elecciones municipales.

Si el socialismo vasco se hunde en esta crisis no será tanto a causa de sus militantes -incluyendo los «vasquistas», que corren tantos riesgos personales como los demás- como por efecto de ese papanatismo sectario que elige quedarse tuerto (sin partido en el País Vasco) si con ello el rival se queda ciego (el PP pierde las elecciones por el deterioro de la situación vasca). Esa es la cuestión. Tanto más grave cuanto que, como ha dicho elogiosamente Jaime Mayor, la izquierda social -y no los banqueros- es la clave de la movilización cívica de la sociedad vasca.

Manifiesto de apoyo a Nicolás Redondo de destacados dirigentes
Abogan por una estrategia «inspirada en la democracia y el vasquismo cívico» y arremeten contra el PNV - Entre los firmantes se encuentran Rosa Díez, Mario Onaindía, José Ramón Rekalde y Carlos Totorika
J. MOLINERO El Mundo 13 Enero 2002

SAN SEBASTIAN. Una treintena de cargos públicos, ex dirigentes y conocidos militantes del PSE-EE afines a Nicolás Redondo Terreros presentó ayer en San Sebastián un documento en el que abogan por plantear una estrategia «inspirada en la democracia y el vasquismo cívico» para que el partido logre un proyecto «independiente y con vocación de mayoría social».

El colectivo, que está formado, entre otros, por la europarlamentaria Rosa Díez, el alcalde de Ermua, Carlos Totorica, el ex senador Mario Onaindia, y el ex consejero del Gobierno vasco, José Ramón Rekalde, mostró su apoyo al ex secretario general por «mantener con firmeza el rumbo de los socialistas vascos, pensando más allá de los intereses partidistas».

El catedrático de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco (UPV) y director del Euskobarómetro, Francisco Llera, adelantó que los miembros de esta agrupación, que no se ha constituido en plataforma, respaldarán a Redondo Terreros si lidera una candidatura en el congreso extraordinario que se celebrará el 23 y 24 de marzo en San Sebastián.

En caso contrario, Llera señaló que entre los miembros del PSE-EE que apoyan a Redondo hay «una docena de personas» dispuestas a aspirar a la Secretaría General.

Lista de apoyos
Además de los ya citados, el grupo está integrado también por la alcaldesa de Lasarte-Oria, Ana Urchueguía; el alcalde de Portugalete, Mikel Cabieces; el de Eibar, Iñaki Arriola; los ex consejeros del Gobierno vasco Javier Maturana y Xabier Garmendia; la ex parlamentaria Maite Pagauzurtundua; la concejal en Vitoria Joana Madrigal; los ex ediles Teo Uriarte y Patxi Beloqui; el ex diputado de Economía de Guipúzcoa, Guillermo Echenique; el juntero José María Múgica, hijo de Fernando Múgica, abogado socialista asesinado por ETA; el ex secretario general de CCOO, Tomás Tueros; y el conocido militante Ignacio Latierro.

Llera expresó su confianza en que el debate interno en el PSE-EE «reafirme el rumbo político» del partido que, a su juicio, firmó un «contrato electoral» con 250.000 votantes en las elecciones del pasado 13 de mayo. «Lo más progresista hoy aquí es defender los valores democráticos y de convivencia articulados por las reglas e instituciones de la Constitución y el Estatuto de Autonomía», declaró.

Los partidarios de Redondo critican en el documento la estrategia llevada a cabo por el PNV tras su victoria en los comicios autonómicos y rechazan la posibilidad de pactar o «moderar» al nacionalismo.«Estaríamos dándole alas para que se reafirmase y avanzase en su estrategia soberanista de ruptura, que contradice absolutamente nuestros principios de democracia cívica», señalan en el escrito.

Frente al acercamiento al PNV que propone un sector del socialismo vasco, este grupo de apoyo a Redondo Terrenos plantea construir un proyecto «propio e independiente» basado en cuatro principios: una ciudadanía abierta y plural, la democracia cívica, el rearme moral y cívico y el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo suscrito entre el PSOE y el PP. Este proyecto tendría «vocación de mayoría social» y una de sus banderas sería el respeto «a la vida y a los derechos individuales de todos los ciudadanos».

El documento repasa lo acontecido desde el 13 de mayo y concluye que «las ambigüedades del PNV, no hacen sino convertir el diálogo político en algo estéril, cuando no imposible». En este sentido, el colectivo manifiesta que el PNV y EA han «endurecido su maximalismo nacionalista» y «se siguen jactando de su deslealtad constitucional».Además, el grupo resalta que la ciudadanía vasca ha ejercido el derecho de autodeterminación desde que se aprobó la Constitución, rechaza el ámbito vasco de decisión y se opone a una consulta popular «sobre la independencia, la soberanía o la autodeterminación».

«No podemos aspirar a una sociedad cohesionada mientras no cambie la hegemonía del nacionalismo»
Extracto del documento aprobado ayer por la plataforma de apoyo al dirigente de los socialistas vascos Nicolás Redondo Terreros:

Conflicto político: «En Euskadi no hay un conflicto étnico, religioso, social ni cultural. El País Vasco no es víctima de una dominación nacional por parte de ningún otro país, ni del pueblo vasco por otra etnia, ni la cultura vasca ni su lengua es atacada de modo consciente o voluntario por nadie. El País Vasco resolvió el conflicto sobre la cuestión nacional con el restablecimiento de la democracia y la institucionalización de nuestra ciudadanía plural en la Constitución y el Estatuto de Autonomía. El único conflicto es el que provocan los violentos».

Diálogo: «Sólo es posible entre iguales que aceptan unas reglas de juego compartidas, asumen, sin matices, el rechazo al chantaje de los violentos y comparten la persecución efectiva de sus comportamientos delictivos».

Autodeterminación: «La ciudadanía vasca ha ejercido con plenitud democrática este derecho desde la aprobación de la Constitución, señalándose como hito específico el refrendo popular del Estatuto de Autonomía. Es mentira que la autodeterminación traiga la paz, porque todo el mundo sabe que quienes la exigen matando, ya han matado la libertad que la hace posible y, además, matarán después para que digamos lo que ellos quieren».

«Los socialistas tenemos y queremos un proyecto propio con vocación de mayoría social. Ante la presión de los nacionalistas y las acusaciones de seguidismo al PP ¿qué puede hacer el PSE-EE?»:

1. «Reproducir el pacto con el nacionalismo en una situación de mayor sumisión que la anterior, porque ya no sería en torno al Estatuto de Gernika sino en torno a la normalización, tal como lo entiende el soberanismo».

2. «Plantearse una estrategia inspirada en la democracia y el vasquismo cívicos:

-Una ciudadanía abierta y plural: Construir elementos comunitarios, identitarios y de carácter cívico en la sociedad civil».

-Democracia cívica: «Sólo el poder puede moderar al poder. No podremos aspirar a una sociedad cohesionada mientras no cambien la abrumadora hegemonía que mantiene el nacionalismo en la sociedad civil».

-Rearme moral y cívico: «La rebelión ciudadana contra ETA y la intolerancia etnicista es un movimiento consciente a favor de unos objetivos. A favor del Estatuto y la Constitución y a favor de la disolución de ETA y la asfixia política de quienes la apoyan o instrumentalizan. Sólo cuando nos hemos sentido en el punto de mira de los terroristas hemos comprendido la importancia que tiene en la lucha por la libertad el homenaje constante y el recuerdo de las víctimas».

-Pacto por las libertades y contra el terrorismo: «La unidad democrática significa en primer lugar consolidar el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo que los socialistas impulsamos y que el PSOE y el PP mantienen, con una clara visión de Estado, hasta que desaparezca ETA».

Eta hace estallar un coche-bomba en Bilbao junto a un centro comercial el primer sábado de rebajas
La deflagración causó dos heridos leves y cuantiosos daños materiales. El vehículo contenía entre 15 y 20 kilos de explosivo. La banda robó el turismo horas antes a su propietario, al que dejó maniatado a un árbol
Primer fin de semana de rebajas en la capital vizcaína. Calle Alameda de Mazarredo casi esquina con la Gran Vía Lopez de Haro: centro comercial y financiero de Bilbao y un lugar repleto de personas que realizaban sus compras. A las 13,45 , una explosión «increíble», tal y como relataron varios testigos, hizo retumbar esta concurrida zona. El estallido se escuchó en toda la ciudad. Eta había colocado un coche-bomba, con unos 20 kilos de dinamita, que causó dos heridos leves y cuantiosos daños materiales. Fuentes antiterroristas consultadas por LA RAZÓN, indicaron que la autoría de esta acción criminal corresponde al «comando Vizcaya» y que iba dirigida contra lo que la banda llama la «oligarquía financiera».
E. Mejuto / J. M. Zuloaga - Bilbao / Madrid.- La Razón 13 Enero 2002

Dos menos cuarto de la tarde de ayer. Un potente artefacto explosivo, colocado en un Renault 18 de color rojo, hizo temblar el centro de la capital vizcaína, que en ese momento se encontraba repleto de personas que hacían sus compras en el primer fin de semana de rebajas.
Tras los primeros minutos de confusión, y después de disiparse la gran humareda provocada, se pudo ver el dantesco escenario en el que quedó convertido el centro de Bilbao: pánico y gritos de histeria de los ciudadanos, marcos de ventanas desencajados y cristales rotos de numerosos comercios, cafeterías, entidades bancarias y vehículos que se encontraban aparcados en la zona.

En la azotea
Uno de los asientos del coche-bomba apareció en la azotea de unos grandes almacenes, un edificio de siete pisos, lo que muestra la gran potencia del artefacto explosivo que había preparado la banda terrorista Eta. Una primera evaluación realizada, a la vista de los desperfectos producidos, y la espera de la confirmación por parte de los expertos, llevó al Departamento de Interior del Gobierno Vasco a señalar que el vehículo contenía entre 15 y 20 kilogramos de dinamita.
Gracias a la rápida actuación de la Ertzaintza, en coordinación con la Policía Municipal, en poco menos de veinte minutos se consiguió evacuar a casi todas las personas que en ese momento se encontraban en la zona, evitando así una gran tragedia. Aparte de los cuantiosos daños materiales, que aún no han podido ser evaluados, sólo hubo que atender a dos personas, una por cortes leves producidos por la rotura de cristales y otra por una crisis de ansiedad.
A la una y cuarto de la tarde, un comunicante anónimo, que hablaba en nombre de Eta, alertó al diario «Gara» y a SOS Deiak de que un coche, estacionado entre dos bancos en la Gran Vía bilbaína, haría explosión quince minutos después. Efectivamente, el vehículo estaba aparcado entre una sede del BBVA y la delegación del Banco de España en Bilbao, y a unos cincuenta metros de unos grandes almacenes.
Tras recibirse el aviso, varias ambulancias medicalizadas y dotaciones de la Ertzaintza acudieron al lugar y procedieron a desalojar los edificios y los comercios. Los efectivos policiales acordonaron un amplio tramo entre las calles Alameda Mazarredo, Alameda Urquijo, Gran Vía y Ledesma. lnstantes después, a las dos menos cuarto de la tarde, estalló el vehículo, causando una fuerte explosión que se escuchó en toda la capital vizcaína.

Maniatado
El mismo comunicante, en sus llamadas al diario «Gara» y a SOS Deiak, avisó de la presencia de un hombre atado en una zona de eucaliptos cercana a la localidad vizcaína de Muskiz. A las tres de la tarde, agentes de la Ertzaintza localizaron a esta persona, el propietario de coche que estalló y que previamente habían robado los terroristas, dos o tres, que esgrimieron armas.

El hombre, de entre 50 y 60 años de edad, fue encontrado maniatado a un árbol frente a la autopista. Su estado de salud era bueno, tal y como señalaron fuentes del Departamento de Interior del Gobierno vasco a LA RAZÓN, aunque con evidentes signos de nerviosismo, ya que permaneció maniatado durante tres horas.
Escasos minutos después de producirse la explosión, diversas autoridades se acercaron al lugar del atentado, como el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna (PNV). Algunos de ellos se encontraban entre los cientos de ciudadanos que realizaban sus compras, como el portavoz del Partido Popular en el Consistorio bilbaíno, Antonio Basagoiti, que destacó la «inmensa tragedia personal» que podía haberse producido al haber colocado la banda terrorista ese explosivo en una zona repleta de ciudadanos.

En el interior del edificio de los grandes alamacenes que a esa hora se encontraba lleno de personas que hacían sus compras aprovechando las rebajas, se vivieron escenas de pánico. La Ertzaintza avisó a los responsables de estos grandes almacenes de la existencia del coche cargado de explosivos en la zona y de la conveniencia de adoptar algunas medidas.

Inmediatamente se procedió al cierre de las puertas que dan a la Gran Vía y se paralizaron las escaleras mecánicas, mientras se desalojaba a la gente que se encontraba en el interior por la puerta más alejada de la zona en que estaba estacionado el coche-bomba y por las salidas de emergencia. En ningún caso se utilizó la megafonía para evitar el pánico.

Sin embargo, hacia las dos menos cuarto de la tarde, cuando se produjo la explosión, todavía había numerosas personas en el interior de los grandes almacenes, provocándose escenas de nerviosismo y pánico que no impidieron que prosiguiera el desalojo de forma ordenada y sin incidentes, informa Vasco Press.
Partidos políticos y sindicatos condenaron este nuevo atentado, al tiempo que manifestaron la necesidad de que los grupos políticos aúnen sus fuerzas frente al terrorismo y dejen de especular con una supuesta tregua. El consejero vasco de Interior, Javier Balza, aseguró que Eta tiene un comando operativo en Vizcaya y otro en Guipúzcoa y comete atentados cuando puede.

«Desaparición de Eta»
Por su parte, el ex-secretario general del PSE-EE Nicolás Redondo Terreros condenó el atentado de ayer y aseguró que «la única tregua» que hay que pedir es «la que proponga la desaparición de Eta». En declaraciones a Ep, se mostró convencido de que «la única forma» de luchar contra la banda es «la eficacia de la policía y la unidad de los demócratas». «Quiero dejar perfectamente claro que hoy [por ayer] ha podido ocurrir una tragedia», aseguró el ex secretario general del PSE.
Por último, el presidente del Partido Popular del País Vasco, Carlos Iturgáiz, condenó el atentado y resaltó el carácter de «auténtica salvajada» que caracteriza, «una vez más», las actuaciones de la banda terrorista.

San Sebastián: el «síndrome del conductor de autobús quemado»
El 4% de los chóferes sufre depresiones y bajas de hasta un año por el acoso de los radicales
La Voz 13 Enero 2002

Algunos conductores de los autobuses urbanos de San Sebastián sufren largas bajas laborales y reciben tratamiento psicológico para superar las depresiones que padecen por haber sido víctimas de los ataques de la violencia callejera. Fuentes del comité de empresa de la Compañía del Tranvía donostiarra explicaron que una decena de chóferes está de baja por este motivo, lo que supone cerca del cuatro por ciento de la plantilla de esta empresa municipal, integrada por 258 conductores, aunque recalcaron que suelen ser «bastante largas, incluso de un año de duración», al estar asociadas a problemas psicológicos.

El presidente del comité, Manuel Chaves, destacó que algunos conductores que han padecido el ataque de los violentos no superan con facilidad el shock que supone que unos encapuchados detengan el vehículo, obliguen a bajar a los viajeros e, inmediatamente, a veces casi sin tiempo para el desalojo, lo rocíen con líquido inflamable y le prendan fuego.

«Este no es el peor momento que hemos vivido», reconoció Chaves, ya que en agosto del 2000 los violentos llegaron a quemar seis autobuses en nueve días con pérdidas que superaron los 200 millones de pesetas (1.202.024,21 euros) y un conductor tuvo que ser atendido en un centro sanitario después de que un radical le propinara un puñetazo en la cara. Recalcó que «el miedo acumulado no se termina de ir» y que los chóferes han denunciado la situación de desprotección total en la que se encuentran.

Así, un conductor reconoció que desde que circula por las calles de la ciudad sufre un «malestar general» y un «dolor en el pecho» que nunca sintió durante los años en los que se dedicó a conducir autobuses escolares o a trasladar a personas de vacaciones.

Otro trabajador de la empresa explicó que «la tensión y el miedo» que padecen los conductores no sólo son fruto de los ataques con artefactos incendiarios, ya que hay veces que los violentos, además de pintar el vehículo, golpean por sorpresa el autobús cuando está detenido, con lo que, si el chófer está desprevenido y no ha visto a los encapuchados, puede incluso pensar que ha atropellado a alguien.

CLARA GARCÍA DE CORTÁZAR (SAN SEBASTIÁN)

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