AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 14  Enero  2002
#El dinero del nacionalismo vasco
Editorial La Razón 14 Enero 2002

#Nacionalismo y falsificación histórica
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 14 Enero 2002

#Augures de Cataluña y Euskadi
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 14 Enero 2002

#Redondo y el Capitán Trueno
Ignacio CAMACHO, ABC 14 Enero 2002

#Cuando el futuro está cantado
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 14 Enero 2002

#La desbandada
Luis María ANSON La Razón 14 Enero 2002

#Descentralizados
Breverías ABC 14 Enero 2002

#Narcos y jueces
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 14 Enero 2002

#Arzalluz y sus obispos
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 14 Enero 2002

#Nacionalismo sin argumentos
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 14 Enero 2002

#Las rebajas de Aznar
EDITORIAL Libertad Digital 14 Enero 2002

#Razones para respetar a Nicolás Redondo
Enrique de Diego Libertad Digital 14 Enero 2002

#Centralidad
ÁLVARO DELGADO-GAL El País 14 Enero 2002

#Encrucijada socialista
Editorial El Correo 14 Enero 2002

#Las víctimas del terrorismo y la Administración
VIKY URIARTE GARAY Y TERESA DÍAZ BADA El Correo 14 Enero 2002

#Irse lejos
MANUEL ALCÁNTARA El Correo 14 Enero 2002

#NICOLAS REDONDO: «El proyecto que planteo tiene la mayoría y esta semana anunciaré si me presento»
ESTHER ESTEBAN El Mundo 14 Enero 2002

#Ibarreche, que no paga el Cupo, regala seis millones de euros a presos etarras y a revistas «abertzales»
M. Arambarri - San Sebastián.- La Razón 14 Enero 2002

#«Es una temeridad que el PNV diseñe escenarios como si ETA no existiera»
ALBERTO SURIO SAN SEBASTIÁN El Correo 14 Enero 2002

El dinero del nacionalismo vasco
Editorial La Razón 14 Enero 2002

En el reparto del dinero público, en el que procede de los impuestos que pagamos todos los españoles, está sin duda una de las formas de confirmar las verdaderas prioridades políticas del ejecutivo regional que hoy preside Juan José Ibarreche». Y no hace falta siquiera ahondar en las cuotas de la hacienda vasca. La maniobra política de la ruptura de las negociaciones para la renovación del Concierto económico y la negativa a pagar el cupo correspondiente, indica ya claramente que el Gobierno dirigido por el Partido Nacionalista Vasco antepone la ruptura con el Estado a los derechos de los ciudadanos que viven en el territorio, privándoles de un instrumento que resulta básico para garantizar el desarrollo. A Ibarreche no le importa que las cartas cruzadas entre su Ejecutivo y el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, revelen a las claras que fue Vitoria quien ha puesto piedras en el camino y ha hecho imposible la negociación. Y no le importa porque, como sostiene el diputado general de Álava, detrás de una actitud incomprensible en un responsable obligado a gobernar para todos los vascos y no sólo para los nacionalistas, se advierte un acuerdo con los proetarras de Batasuna. El desafío chulesco al Estado, el adentrarse a paso más ligero en la senda del soberanismo, se entiende como la factura que ha debido pagar para sacar adelante su proyecto de Presupuestos de la Comunidad para 2002. Cualquier posibilidad, incluso la de actuar en paralelo a los batasunos, era aceptable antes que renunciar a su proyecto presupuestario, al arma formidable que supone repartir a su antojo el dinero de todos. Como se ha hecho con los seis millones de euros (más de mil millones de pesetas) repartidos en proyectos a favor de los proetarras desde 1998.

Indigna saber que con el dinero generado por los tributos de todos se financia a los familiares de los presos en proyectos de protesta, se les paga para que intimiden a los ediles del PP concentrándose frente a sus casas, se fomenta la insumisión y el antimilitarismo más extremo o se mantiene a flote publicaciones marginales que son vehículo de expresión de la banda asesina y abominan de todo lo que huela a España. Es precisamente en este tipo de ayudas o subvenciones en donde se aprecia, de un lado, la doblez de unos políticos que en público condenan los asesinatos y proclaman su solidaridad con las víctimas y luego sin que les tiemble el pulso, firman subvenciones para favorecer a los verdugos.

El victimismo de que hace hoy gala Ibarreche, cuando se niega a cumplir las leyes de las que emana su propio poder, no puede ocultar que su Gobierno goza de la mayor autonomía posible en Europa y puede permitirse el descaro de favorecer económicamente la situación de asesinos convictos y de sus familias. Pero hará bien el PNV en tentarse la ropa y, antes de ceder ante Batasuna y arbitrar nuevas y generosas subvenciones para quienes le permiten gobernar, recordar que la UE vigila minuciosamente las cuentas bancarias de los cómplices del terror, y sería escandaloso que terminase descubriéndose que a ellas fue a parar dinero público procedente de un gobierno democrático como el del País Vasco.

Nacionalismo y falsificación histórica
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 14 Enero 2002

De forma paradójica, el nacionalismo, que se fundamenta en tradiciones y derechos históricos, vive de una permanente manipulación mendaz de la historia real. Pudiera decirse que, para ser un nacionalista cabal, se necesita creer en lo que se evidencia como falso a la luz de los hechos más palmarios. Para Ernest Renán interpretar mal la propia historia forma parte de ser nacionalista. Pero, si el olvido e incluso el error histórico son factores esenciales en la constitución de una nación, el progreso de los estudios históricos debería resultar un peligro para los postulados del nacionalismo, según observaba también el historiador y ensayista francés.

Así, los historiadores serios están obligados a procurar no interpretar mal los datos que hallan en la realidad y a no mentir, ocultando los textos documentales o silenciando los hechos inventariados. Ocurre que suelen proliferar historiadores dedicados a la invención de una mitología nacionalista y a poner en pie un cuerpo de agravios, y reivindicaciones, ya sea por deformación o compromiso ideológico, ya sea por las generosas prebendas o recompensas recibidas como premios a la invención imaginaria de la preconizada fantasmagoría tribal. Tal deshonestidad intelectual se vuelve nociva incluso para la causa defendida. Es el caso de quien utiliza a un escritor ilustre para hacerle decir lo contrario de lo que piensa.

Recientemente, un cruzado de la causa, partidario de que cada nacionalidad tenga un Estado propio independiente, ha citado un texto de Stuart Mill: «Las instituciones libres requieren que los límites de los Estados deben coincidir o poco menos con los de las nacionalidades». Es cierto que Stuart Mill dice eso en su libro sobre El gobierno representativo. Pero, a continuación, añade que varias consideraciones pueden oponerse a ese principio, y que la práctica indica la conveniencia de que diversas nacionalidades se fundan en un Estado único. Y escribe: «La experiencia prueba que es posible a una sociedad fundirse y absorberse en otra; y cuando esta nacionalidad era originariamente una porción inferior o atrasada la absorción es muy ventajosa para ella.

Nadie puede dudar de que no sea más ventajoso para un bretón o para un vasco de la Navarra francesa ser arrastrado en la corriente de ideas y de sentimientos de un pueblo altamente civilizado y culto que vivir adheridos a sus rocas, resto semisalvaje de tiempos pasados, girando sin cesar en su estrecha órbita intelectual, sin participar ni interesarse en el movimiento general del mundo. La misma consideración es aplicable al galo o al escocés de las montañas como miembro de la nación británica». Con independencia del juicio que a uno le merezcan las ideas de Mill, ¿tiene sentido citarle para apoyar la tesis de que cada nacionalidad debe tener un Estado propio? Aparte de ser más honesto, le sería más provechoso olvidarse de la cita culta y volver al tipo originario con Sabino Arana.

Augures de Cataluña y Euskadi
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón 14 Enero 2002

La historia de la humanidad constata que al frente de los grandes acontecimientos han marchado siempre creencias comunes más susceptibles de ser sentidas que conocidas. Ninguna idea ha conmovido tanto a los hombres como la de nación. Más incluso que las de libertad o igualdad. Y es la menos comprendida. Su noción corriente la concibe, tal si fuera una persona moral, como un ser orgánico dotado de voluntad, alma, carácter y espíritu nacional. Todos los atributos de la persona menos la inteligencia, que es suplida por el destino. Esta descomunal creencia, tan cercana al animismo, es la mejor palanca inventada en la política para mover a las masas y la idea peor engendrada por el pensamiento. Siendo fruto de la acción humana y del azar, la nación no puede ser la ejecución de un proyecto. Como patrimonio histórico que se puede medir y contar, pero no hacerle sujeto de pensamiento y voluntad, jamás constituye algo ético.

Cuando la guillotina segó la cabeza visible del Estado, los revolucionarios de la libertad individual pusieron en su lugar la testa invisible de la Nación. Cuando las tropas de Napoleón desfilan ante las ventanas de la Academia de Berlín donde perora Fichte, el filósofo no habla de libertad ciudadana ni tampoco de independencia prusiana, sino de nación alemana, sea cuales sean los Estados donde habiten los alemanes. Cuando a Europa la agitan los revolucionarios de la igualdad, y el Manifiesto Comunista proclama que los obreros no tienen patria, Marx pone en su lugar la «nación proletaria», sea cual sea el Estado donde trabajen. Cuando la guerra francoprusiana coloca a Francia a los pies del emergente Imperio alemán, los Renán, Taine, Barrés, se revuelven contra los valores de la Revolución en nombre de una idea mística de la nación, entroncada a la del romanticismo y el historicismo alemán.

Y sin lugar para un nacionalismo histórico de unificación de Estados, inventan el nacionalismo orgánico de dominación de individuos. El que llevó en Italia al fascismo y en España a la nación como proyecto sugestivo y unidad de destino. Ortega copió a Renan. Primo de Rivera a «La Lupa».

Concebir la nación como persona moral es idea más peligrosa y menos fundamentada que la del Estado ético. Al fin y al cabo, aunque éste no realice una función imparcial, está dotado de voluntad y personalidad jurídica.

Mientras que la nación carece de órgano volitivo, a no ser que éste se confunda con el emanado del cuerpo electoral. Lo que llevaría a negar la existencia de nación si no hay libertad de elección parlamentaria.

Expresiones como voluntad nacional, representación nacional y soberanía nacional, son vacuas ficciones ideológicas para hacer creer que la voluntad y la soberanía del Estado corresponden al concierto o la mediación que realiza entre todas las clases y categorías sociales de la nación. La inteligencia política no puede creer estas fábulas. Y si, justamente, niega eticidad al Estado, no es para dársela, descabellada e injustamente, a la Nación.

Como todo patrimonio, la nación tiene intereses objetivos, que el Estado debe preservar. Pero al interés nacional le sucede lo que a la voluntad general de Rousseau y al bien común de Santo Tomás. Nada hay que pueda concretarlo, salvo en situaciones de catástrofe, pues no es cosa discernible por votación. Y en esa imposibilidad reside la clave del éxito ante las masas de los partidos nacionalistas. En virtud de su visión mística de la nación, sólo ellos saben donde está en cada momento el interés nacional y cuál es el destino nacional. Que coinciden siempre con los del grupo cuyo jefe encarna la nación. Su voluntad personal es la voluntad nacional.

Arzallus y Pujol, augures del destino vasco y catalán, no tienen más que oír el latido nacionalista de su voluntarioso corazón.

Redondo y el Capitán Trueno
Por Ignacio CAMACHO, ABC 14 Enero 2002

El escritor andaluz Juan José Téllez suele fustigar con tino y buen humor el extendido empleo de una frase hecha -«más de derechas que el Capitán Trueno»- que viene a revelar el dogmatismo clásico de cierta izquierda española, acostumbrada a etiquetar superficialmente las actitudes políticas sin distinguir sus verdaderas referencias de fondo. «Pero si se pasaba la vida derrocando tiranos...», protesta Téllez, al que acaba de dar la razón un libro recién publicado en el que se analizan los mensajes ideológicos del famoso cómic para concluir que su autor, un hombre de la izquierda derrotada en la guerra civil, introducía en las épicas aventuras del héroe alambicadas perspectivas de protesta encubierta contra los valores de la dictadura. (Para curiosos y aficionados a la entomología intelectual, «El capitán Trueno, un héroe para una generación», de José Antonio Ortega).

Es frecuente que los mulás de la opinión pública española repartan a discreción certificados de buena conducta ideológica según prejuicios acreditados en una tradición tan simplista como trivial. La última víctima de ese estampillado moral está siendo Nicolás Redondo Terreros, etiquetado como compañero de viaje de la derecha por su empeño en organizar en el País Vasco una resistencia civil que parte de la premisa de que, en situaciones de peligro para la libertad, el único bando legítimo es el que combate a la tiranía.

El hostigamiento a Redondo que ha organizado el conglomerado politico-intelectual del tardofelipismo se fundamenta en la relativización de la gravedad del conflicto vasco, al que se pretende rebajar de importancia con el argumento de que la dialéctica entre la vida y la muerte es demasiado primaria y debe ser enriquecida con matices sobre la ideología, las alianzas políticas o las soluciones de fondo. Frente a esa ambigüedad moral, que establece una escala de casuismos para encubrir un objetivo puramente pragmático -el acercamiento a los nacionalistas para aislar al PP-, Redondo y los suyos esgrimen una repugnancia elemental a cualquier clase de análisis que niegue la evidencia de peligro de exclusión totalitaria y difumine la barrera de sangre que separa a las víctimas de los verdugos.

La posición de Nicolás Redondo es muy clara: si durante el franquismo se aceptó a la derecha democrática como aliada contra la dictadura, no resulta cuestionable ahora su participación en la lucha contra una limpieza étnico-ideológica que pretende convertir a todos los no nacionalistas en objetivo de exclusión, amedrentamiento e incluso eliminación física. No hay nada que una más a las personas que la experiencia del sufrimiento, y en ese sentido, socialistas y populares comparten -junto a intelectuales, jueces, periodistas y otros sectores críticos independientes- nada menos que un largo padecimiento común de agresiones, chantajes y asesinatos.

Ese planteamiento de tan sencilla estructura moral choca con un viejo prejuicio que proviene de los esquemas ideológicos de la guerra civil, en los que el nacionalismo y el socialismo se enfrentaban a una derecha profascista, agresiva y totalitaria, y los recalienta en el microondas de un insondable rencor alimentado por dos derrotas democráticas mal asimiladas ante una formación capaz de modernizarse más y mejor que sus rivales. Así, Arzalluz identifica en sus discursos a Aznar con Franco, y los felipistas proclaman en privado que el presidente y su partido no son más que una versión discreta y tácticamente recatada del más reaccionario conservadurismo.

Este discurso interesadamente falaz trata de desacreditar la profunda convicción izquierdista de los líderes de la Vizcaya obrera, como Redondo, Pera o Totorika, o de la Guipúzcoa sitiada por el gulag batasuno, como la incombustible y carismática alcaldesa de Lasarte, gente que ha decidido aparcar los matices de la táctica política para separar adversarios de enemigos y aplazar las diferencias con los primeros hasta derrotar a los segundos. Lo van a tener difícil frente a los propagandistas del etiquetado; aunque siempre les quedará el consuelo de pasar al imaginario del heroísmo frente a la injusticia con la misma mala suerte del Capitán Trueno.

Cuando el futuro está cantado
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 14 Enero 2002

La cada vez más fundada sospecha de que el PP volverá a ganar con mayoría absoluta en el 2004 podría ser la explicación de muchas de las tensiones que han comenzado a darse en el interior de los partidos, en grupos de comunicación, en el mundo financiero... Pocas veces el futuro puede determinar tanto el presente como cuando se identifica con la perduración del poder.

Es verdad que la legislatura comenzó con una relación de fuerzas muy favorable para el PP. El Partido Socialista tenía que inventarse un líder que pudiera liberarle de la presencia obsesiva de González e imponerse a los dirigentes territoriales; tenía que plantear un programa alternativo y salir airoso de las pruebas electorales en Galicia y en el País Vasco.

A estas alturas el balance socialista es penoso: las buenas formas de Rodríguez Zapatero disimulan la ausencia de liderazgo; la nueva Ejecutiva es un equipo de meritorios frente a las baronias catalana, andaluza, extremeña y manchega y por lo que respecta al programa tan sólo se puede hablar de propuestas contradictorias. El PSOE ha basculado de los grandes pactos con el Gobierno (antiterrorismo y Justicia) a la oposición radical y ciega en el Plan Hidrológico o en la nueva Ley Universitaria. Pero las contradicciones mayores tienen su origen en la oportunista idea de España del PSOE: la interpretación federalista de una realidad autonómica. Mientras el Pacto Antiterrorista le llevó al frente constitucionalista en el País Vasco, en Galicia la obsesión federalista le llevó a connivencias con los nacionalistas del BNG. Paradójicamente el desastre de Galicia no ha tenido repercusiones, mientras la derrota relativa en el País Vasco (un escaño menos pero más votos populares que nunca) iba a favorecer las opciones felipistas y maragallistas, el complejo de inferioridad ante el PNV. A estas alturas de la legislatura el PSOE llega roto en el País Vasco y desconcertado en el resto.

Los únicos triunfos que puede exhibir el PSOE se reducen a la desautorización de la Ley Universitaria, la deslegitimación en Aragón del Plan Hidrológico y a los desgastes de gestión de Agricultura y Sanidad... Por lo que respecta al escándalo de Gescartera, pocas veces un partido ha podido desaprovechar una ocasión tan fecunda.

Sólo una nube en el cielo de la política económica en plena desaceleración mundial: la subida del IRPF. Rato ha conducido con sabiduría la política económica hasta la unificación de la moneda, mientras el asesoramiento de Solchaga y González llevaban a Argentina al caos. Estremece el ejercicio ucrónico de imaginar qué habría podido ocurrir aquí si hubiéramos estado en manos tan pródigas.

En esta situación de holgura España se ha hecho cargo de la Presidencia de la Unión. Por mucho que le duela a González crece el prestigio internacional de nuestro país y nuestra política exterior encuentra una línea original y fuerte en el entendimiento con el Reino Unido. Es el reforzamiento de la periferia europea que termina siendo central si tenemos en cuenta la hegemonía norteamericana. La propuesta antiterrorista de Aznar no es sólo la aplicación interesada desde el punto de vista español sino que está en la base de la construcción de un orden internacional nuevo.

Por si la relación de fuerzas no fuera escandalosamente favorable al PP en esta mitad de la legislatura, la perspectiva de la retirada de Aznar le añade una fuerza moral difícilmente cuantificable. Al dejar La Moncloa, el PP se liberará de ese tipo de compromisos, internos y externos, que un partido adquiere cuando escala al poder. La retirada de Aznar deja a su partido en una insólita posición de fuerza. Temible. De ahí que la perspectiva de una nueva victoria electoral del PP esté provocando tensiones en poderes financieros y mediáticos, y nerviosismos y desgarros en los partidos de la oposición, incluidos CiU y el PNV.

La desbandada
Luis María ANSON La Razón 14 Enero 2002
de la Real Academia Española

Primero fueron algunos empresarios. Después le tocó el turno a los profesores universitarios. Ahora son los jueces. Si no se produce la desbandada es porque resulta difícil encontrar puestos de trabajo en las demás provincias, pero cada vez hay más gente que rechaza la situación inhóspita del País Vasco. La dictadura del miedo que yo denuncié en 1978, ganándome la crítica ciega del Gobierno de entonces, avanza de forma implacable.

Es mentira que haya auténtica democracia en las Vascongadas. El voto allí no es libre. Está condicionado, y no sólo por el miedo. El PNV ha tejido una red de intereses creados tan tupida que está ya muy cerca de convertirse en el PRI mexicano. El voto se condiciona descaradamente a través de las ayudas, las subvenciones, las comisiones y los puestos de trabajo públicos. Está próximo el momento en que más del cincuenta por ciento de la población dependerá en su economía familiar, directa o indirectamente, del PNV. La larga mano del dinero nacionalista, y sus prebendas, ha llegado incluso a grupos nacionales dispuestos a sacrificar a Redondo en los altares del negocio.

Cada vez resulta más difícil para los partidos nacionales encontrar candidatos que se presenten a las elecciones generales, las autonómicas o a las municipales. El caso de Durango clama al cielo. La kale borroka domina las calles y se enseñorea de la vida ciudadana. El Gobierno vasco no es capaz de mantener el orden público, que es uno de los puntos cardinales del bien común. Tiene una dudosa legitimidad de origen porque ganó las elecciones amparado por la dictadura del miedo y el soborno del dinero público. Ha perdido la legitimidad de ejercicio porque no es capaz de restablecer el orden público. Hay quien sospecha, además, que consiente para poder esgrimir un argumento falaz ante el elector: «Esto pasa con nosotros. Piensen lo que ocurriría si gobernara el PP o el PSOE. El País Vasco sería un campo de batalla».

Continúa mientras tanto el goteo de los que se van, con riesgo de que un día asistamos al gran aguacero de la desbandada.

Descentralizados
Breverías ABC 14 Enero 2002

La tozudez de los datos contradice el empeño nacionalista en hablar de marcha atrás en el proceso autonómico cuando, simplemente, está concluido. Como demuestra el informe del Ministerio de Administraciones Públicas que hoy publica ABC, los gobiernos regionales tienen ya más funcionarios que la Administración Central y las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos manejan más fondos que el Estado central. España está entre los países más descentralizados del mundo, supera la media de los Estados federales. Los nacionalistas aún aspiran a más, incluida la representación en la UE, pero eso sería ir más allá de la autonomía para crear nuevos Estados en contra de la lógica de la historia y de la Unión Europea.

Narcos y jueces
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 14 Enero 2002

Mientras los jueces españoles huyen del País Vasco en una verdadera epopeya de reciedumbre moral y valor cívico, en Madrid protagonizan escenas de majeza y valentía escalofriantes, inéditas desde la Guerra de la Independencia. Hoy en el juicio presidido por los que previamente han vaciado el banquillo viviremos otro apasionante episodio de este motín de las togas en defensa de Cezón, López Ortega y Ollero (los Daoíz, Velarde y Ruiz del siglo XXI), los jueces que liberaron a los narcotraficantes que debían juzgar, mediante fórmulas legales que sonrojarían en la mismísima Colombia.Seguramente se producirán hoy estampas dignas del pincel de Goya, proclamaciones heroicas de arrebatadora plasticidad. La tradición lo avala y la causa lo merece. No en balde dicen las asociaciones judiciales, soliviantadas por la Querella contra los Cezones, que lo que defienden es la presunción de inocencia de todo el mundo, jueces incluidos, y la independencia del Poder Judicial ante cualquier tipo de presión, sea del Gobierno, sea de la opinión pública que ven la fuga cautelada de los narcos como el último, no el único episodio bochornoso de la llamada «Sala de Puertas Abiertas» de la Audiencia, que en los últimos meses liberó a la mitad de los etarras detenidos por orden de Garzón.

Todo lo que se haga y se diga en defensa de la independencia y la integridad de nuestros jueces será poco. La pena es que la gente dispuesta a derramar hasta la última gota de su criterio en tan noble menester no encuentre en los hechos el respaldo que a veces necesitan los conceptos. Que los jueces renuncien a probar su independencia, integridad y valor en Bilbao contra las presiones de ETA y del nacionalismo vasco mientras levantan esas mismas banderas en Madrid frente al Gobierno, y precisamente porque pide más seriedad en la lucha judicial contra el terrorismo, la verdad, no ayuda a los ciudadanos dispuestos a creer y, por ende, a defender la sacrosanta independencia del Poder Judicial.

Al contrario: hay quien piensa que nuestros jueces están consiguiendo sintetizar dos tradiciones opuestas aunque igualmente execrables: el corporativismo conservador y el sectarismo izquierdista, puestas ambas al servicio de la impunidad de cualquier juez por mucho que haga o que deje de hacer. Algunos ignoran que la forma en que los narcotraficantes han corrompido y destruido el Poder Judicial y las demás instituciones de más de un Estado es la misma que ahora está en curso en España. Y también que cuando estalló la corrupción felipista oímos exactamente las mismas fórmulas de confiada identificación: estamos seguros, la mano en el fuego, error y no corrupción, los conocemos desde siempre, cómo vamos a dudar.

Y eso es lo malo: que tampoco podemos dudar ya de ciertos jueces.Es más: estamos totalmente seguros.

Arzalluz y sus obispos
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 14 Enero 2002

El señor Arzalluz se ha manifestado contra el Papa por no nombrar obispos vascos. Acusa al Vaticano de dejarse presionar por el Gobierno español y de poner en Vitoria prelados que no son del país y no saben la lengua. Alguien ha dicho muy oportunamente que Arzalluz reivindica para sí el derecho de elegir y recibir obispos, que fue un derecho completamente abusivo inventado por Franco.

A fuer de católico, Arzalluz se preocupa mucho por este tema religioso, devolviéndonos al origen araniano y a las guerras carlistas. Hay mucho catolicismo de por medio en el integrismo vasco, lo cual no es bueno ni malo siempre que no dé pie a Arzalluz para discutirles a los propios obispos el derecho de elegirse a sí mismos. Un señor tan devoto debiera saber que la lengua de Cristo, el arameo, no la habla ningún obispo español y que el idioma vasco viene a ser una cosa así como el arameo para los obispos y españoles en general, lo cual no le quita grandeza y ecumenismo a la Iglesia, sino que se la da, porque Cristo, en puridad, habló para todos los hombres un lenguaje universal y cualquier localismo impuesto o elegido no hace sino reducir la dimensión de su mensaje. Lo que importa es la elocuencia intemporal de la palabra de Cristo en cualquier idioma, y parece natural que a cada feligresía se le hable en su lengua nativa, también a los vascos, naturalmente, pero renunciando a ese racismo que denuncia a los prelados que no son del país y no saben la lengua.

Cristo no necesita lenguas locales, incluido el castellano, para difundirse gracias a la novedad y poesía de sus palabras. Aunque en cada sitio se le predique de una forma, en todas partes se le entiende, y de ahí la universalidad de unas metáforas que vienen durando más de veinte siglos y son válidas para creyentes y ateos. Decir a estas alturas que en Vitoria no se puede predicar en castellano porque los fieles no saben la lengua supone un reduccionismo ridículo, ya que la palabra cristiana es conocida por todos y puede pasar a través de todas las lenguas sin romperse ni mancharse.

Lo que pretende Arzalluz, naturalmente, es tener a sus obispos por las riendas, pues conoce la fuerza profunda y callada del catolicismo en el País Vasco. Cualquier obispo vasco, inmigrante o no, aunque sea de patera, puede fluidificar muchos votos para el PNV, que es el partido de los católicos y también de algunos separatistas. Arzalluz se propone tener la Iglesia vasca en su poder, y ha hecho una ironía envenenada y muy suya al respecto:

- Con este Papa, para que te hagan caso, hay que ser eslavo.

La frase tiene gracia y confirma a Arzalluz como un mitinero irónico, cosa muy válida en política, pero que en esta ocasión no atiende para nada a la realidad. Arzalluz cree que el Papa, nada menos que el Papa, está contra él y a favor del Gobierno español o «Gobierno de Madrid», como él dice. Es una manera de desmesurar las cosas para que sus fieles difuntos o no, que también los tiene, se sientan aludidos y le den la razón. Exigir obispos vascos en Vitoria es como exigir toros del caserío en los sanfermines porque, de otro modo, los mozos no les van a entender.

Nacionalismo sin argumentos
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 14 Enero 2002

El presidente del Gobierno lleva unos cuantos meses tratando admirablemente a Pujol. Le manda su propio coche a buscarle al aeropuerto para mantener reuniones discretas en La Moncloa, sin la necesidad de que uno y otro piensen qué decir a los periodistas cuatro horas después: el presidente de la Generalidad llega a Madrid, le van a buscar, se reúnen, le devuelven al avión y aquí no se ha enterado nadie de nada.
En ese ambiente, Aznar ha demostrado que una cosa es que no se vaya a presentar en el 2004 y otra muy distinta es que vaya a dejar de mandar hasta entonces. El hecho de ofrecer a CiU la entrada en el Gobierno es un movimiento político de altísima envergadura que el todavía líder de Convergencia no ha sabido aprovechar. Es insensato pensar que Pujol dice en serio que los nacionalistas catalanes no participan en el Gobierno porque cuando ellos dicen «nación» se refieren a Cataluña. Podía haber dicho otra cosa, la verdad.
Pujol sabe que hacer de su coalición un movimiento ideológico de centro-derecha, sin la obsesión por la bandera cuatribarrada, es quedarse sin argumentos para la pelea. CiU y PP coinciden en el 99 por ciento de los planteamientos sociales, económicos y políticos. Y el 1 por ciento restante, la cosa de qué es nación, es lo que los separa. Aznar, por el contrario, sabe que al PP aún le queda el reto imposible de conseguir que el espacio de centro-derecha español tenga la misma referencia. Y por eso ha jugado tan fuerte.
Pujol ha perdido una oportunidad. Prefiere que su política sea la de protestar porque la Federación aplaza el partido de selección catalana contra Brasil a trabajar para que España entre en el G7. La oferta de Aznar ha sido muy generosa: la respuesta, sin perspectiva de futuro.

Las rebajas de Aznar
EDITORIAL Libertad Digital 14 Enero 2002

Son varias las interpretaciones a las que se presta el ofrecimiento de Aznar a Pujol para entrar en el Gobierno de España. Aparte de la que el presidente del Gobierno declara (los logros del régimen pujolista en Cataluña, con el auxilio de un domesticado PP catalán, podrían exportarse al resto de España), existen otras tres posibles si se quiere leer un poco entre líneas.

La primera se centra en una aspiración tradicional de todos los gobiernos que se han sucedido desde la Transición: mellar definitivamente el victimismo, fundamento de todas las exigencias autonómicas de Pujol en los 22 años que lleva al frente de la Generalitat, y cerrar de una vez por todas el proceso autonómico. Sin embargo Pujol, que es un viejo zorro de la política, sabe perfectamente que aceptar ese “plato de lentejas” sería el fin del nacionalismo reivindicativo; en primer lugar, porque ya no podría agitar el espantajo ante su electorado del “centralismo que margina a Cataluña”; y en segundo lugar, porque la entrada de los nacionalistas catalanes en el Gobierno de la nación les haría corresponsables de las decisiones que se tomen en Madrid, incluidas las concernientes a la política autonómica. Pujol sabe perfectamente que, una vez cerrado el proceso autonómico, el futuro político de CiU sería el de un pequeño partido regionalista, por lo que ha anunciado que no aceptará las cuatro carteras ministeriales que le ofrece Aznar. Lo suyo es la “colaboración remunerada” y la independencia a largo plazo.

La segunda estriba en el hecho de que, una vez vista la imposibilidad de llegar a un entendimiento razonable con los nacionalistas vascos (quienes lo quieren todo y ahora), la entrada en el Gobierno de CiU supondría un golpe mortal, tanto para el PNV como para los socialistas que les son afines. Una jugada a dos bandas que, de tener éxito, neutralizaría tanto la estrategia de desobediencia civil de Arzalluz e Ibarretxe, así como los mansos acercamientos del PSOE al PNV (previo pago de la cabeza de Redondo), presentando al nacionalismo vasco de cara a la opinión pública nacional e internacional como lo que verdaderamente es: un radicalismo anacrónico con ribetes totalitarios, que se niega a colaborar con un gobierno democrático.

Una tercera interpretación podría sugerir que Aznar, perfectamente consciente de que Pujol no iba a aceptar su ofrecimiento, haya pretendido con este gesto neutralizar una posible coalición de CiU con el PNV, cuyo objeto sería presionar conjuntamente para obtener representación propia en la Unión Europea y arrancar nuevas concesiones al Gobierno en materia autonómica. De este modo, Aznar se aseguraría que, por el momento, Pujol quedase desautorizado para pedir cuotas de representación europea. Siempre se le podría decir que pudo entrar en el Gobierno de España, pero prefirió seguir jugando el papel de víctima.

Pero, en cualquier caso, una cosa está clara. Cuando los nacionalistas (ya sean vascos o catalanes) se quejan de que pactar con el Gobierno o con otras fuerzas políticas es renunciar a la propia esencia nacionalista, es que también consideran que, para pactar con ellos, hay que aceptar y hacer propio su nacionalismo. Precisamente por esto, si es que Aznar se ha sentido tentado por los nobles sentimientos de la generosidad y la concordia en un momento en el que, tanto Pujol como él -según dice- van a abandonar el poder, habría que recordarle que para los nacionalistas no hay pactos, sólo conversiones. Esto es, aceptación de su ideario y expulsión de quienes no comulguen con él. Se trate del PSOE vasco, con Redondo; o del PP catalán, con Vidal Quadras.

Razones para respetar a Nicolás Redondo
Enrique de Diego Libertad Digital 14 Enero 2002

¿Cómo y con qué credibilidad personas poco condescendientes con el socialismo y con el partido socialista defienden al tiempo a Nicolás Redondo? La pregunta, con intención descalificatoria, se hace con cierta frecuencia en los foros de este periódico y la ha planteado, con la escasa sutileza que le caracteriza, Juan Carlos Rodríguez Ibarra.

Es un argumento ad hominem. La forma más tosca de la teoría conspirativa. Se toma, por de pronto, la parte por el todo, de modo que el crítico de una idea no tiene razón en ningún caso. Es decir, se contempla la ideología con un esquema cerrado, incapaz de eliminar errores, saltando incluso por encima de aquello del adversario el consejo. Como algunas ideologías, como es el caso notorio del socialismo, han tenido que abrirse y arrinconar dogmas periclitados, el esquema mental -muy claro en el caso del presidente extremeño- es más bien futbolístico. Uno es del Madrid o del Barcelona y el árbitro acierta o se equivoca dependiendo de a favor de quién sea el penalty. Un planteamiento que, en términos de racionalismo crítico, no supera la mentalidad del hincha o del aficionado. Si se quiere sublimar, recuerda la dialéctica amigo-enemigo de Carl Smichtt, de nítida prosapia totalitaria.

Es decir, se puede considerar que socialismo o centrismo reformista o cualesquiera de las etiquetas políticas son nominalismos y no esencialismos correspondientes a supuestas naturalezas. Y, de esa forma, los socialistas pueden tener razón en unas cosas, y en otras no, lo mismo que los populares. O que unos socialistas concretos defienden cuestiones interesantes, de altura moral y dignidad humana. Por ejemplo, en Libertad Digital he leído opiniones muy favorables a las propuestas fiscales de Jordi Sevilla. Lógico, porque coincidían con postulados de defensa del ciudadano frente al Estado que llevamos defendiendo mucho tiempo.

O que se puede coincidir en cuestiones que nos interesan a todos los demócratas o en un mínimo que se refiere a la dignidad humana. Por ejemplo, que no se debe matar al que piensa distinto. O que la libertad está en peligro cuando los dirigentes políticos han de ir escoltados. O que andar mirando el Rh es propio de estúpidos con ensoñaciones de campos de exterminio.

En términos políticos, nada puede perjudicar más al PSOE que la destrucción de su componente nacional. Esto no es un axioma apriorístico; existen experiencias claras. El abandono de esas posiciones con Joaquín Almunia fue uno de los factores claves de la mayoría absoluta del PP. Incluso Arzalluz dice que la idea de España da votos fuera del País Vasco. Y en eso, incluso Arzalluz, tan nazi en sus postulados etnicistas, lleva razón. Es decir, si alguien quisiera favorecer al PP en un sentido partidista, en un horizonte electoral, lo lógico sería, desde el cinismo, apoyar la salida de Nicolás Redondo y el ascenso de los Patxi López y los Odón Elorza. También hay pruebas concluyentes a favor de esta tesis: Ramón Jauregui con su seguidismo del PNV llevó a los socialistas vascos al desastre y permitió el ascenso del PP. Si el PSOE abandona sus postulados constitucionalistas actuales, encarnados por Nicolás Redondo (de ahí que le quieran batir), el PP subiría en el País Vasco y en el resto de España, y el PSOE podría despedirse por una generación de ser alternativa y acceder al poder. Esto me parece obvio.

Por tanto, personas poco condescendientes con criterios, por ejemplo, intervencionistas del PSOE, defienden a Nicolás Redondo, porque éste coincide con ellos en posturas con un claro contenido ético, de defensa de la libertad. Lo harían si se llamara Pepito el de los palotes y si sus siglas fueran cualesquiera otras, precisamente porque establecen sus juicios sobre ideas y no sobre personas, y sobre ideas abiertas, no sobre dogmas esencialistas. No son hinchas ni aficionados a unos colores, sino defensores de unos principios. Como ese es el caso de Nicolás Redondo, es lógico que les merezca todo el respeto.

Centralidad
ÁLVARO DELGADO-GAL El País 14 Enero 2002

El PSE no está hecho un lío. Está hecho... un tirabuzón. Empecemos por los datos mondos y lirondos: Redondo ha dimitido, y quedan las espadas en alto hasta que un congreso extraordinario ponga orden en el patio dentro de unos meses. De momento, no hay lío. Hay lo que hay, y se acabó. El asunto se complica cuando se va a los análisis y correspondientes pronósticos. Según la versión emitida por la Ejecutiva Federal, se contempla un cambio probable de liderazgo, un cambio de estrategia... y continuidad en las ideas fundamentales: Estatuto, Constitución y Pacto Antiterrorista. Olvidemos la cuestión del liderazgo. El caso es que si no se relaja la defensa del Estatuto, y se rehúsa vincular la pacificación a concesiones políticas, se estará en una coincidencia objetiva con el PP. ¿En qué podría consistir entonces el cambio de estrategia? La aproximación al PNV en asuntos de fondo parece descartada, por razones obvias. Pero se expresa un vago deseo de mejorar las relaciones con los nacionalistas. ¿Cómo? Sólo se me ocurre, detalles amigables a un lado, un camino: no disputarles el poder. Ahora bien, esto no tiene pies ni cabeza. Un partido que se aleja del poder, o de la aspiración a ejercerlo en un plazo previsible, es un partido que manifiesta una clara vocación testimonial. Y los partidos testimoniales, por definición, se quedan siempre bailando con la más fea en unas elecciones.

La segunda versión, la oficiosa y no autorizada, y por lo mismo intrínsecamente inverificable, no excluye una aproximación real al PNV. ¿Qué significa 'real'? Pues concretable en una suerte de pacto o acuerdo. Esto suena menos raro, y más en consonancia con el conato natural a la especie política, que es el de tocar poder. La dificultad estriba en que el PNV ha dado muestras inequívocas de recusar el Estatuto y la Constitución. Y aquí nos tropezamos con la impenetrabilidad de los cuerpos. Si usted se amarra al Estatuto, será imposible que se amarre a la vez a quien lo denuncia o considera necesariamente superable. Dicho de otra manera: no se puede estar en misa y repicando. El mensaje de que Mayor Oreja está tirando de la cuerda con la misma energía montaraz que el PNV es pura retórica. La cuerda se tensa porque Mayor Oreja ha hincado los pies en el mismo sitio en que, teóricamente, desea estar el PSE. O sea, el Estatuto. Entonces, una de dos: o Mayor Oreja no es tan montaraz, o el Estatuto es un estorbo para la paz civil. Es imposible, de nuevo, no decantarse por una de las dos ramas de la alternativa.

El estado de confusión en que se encuentra el partido quedó manifiesto en la entrevista concedida por Jáuregui a este diario el pasado 5 de enero. Para describir la situación que él auspicia para el PSE, apelaba Jáuregui al concepto de centralidad. Los socialistas debían perseguir una posición que no fuera la popular, y tampoco la nacionalista, y que, de algún modo, estuviera entre una y otra. En términos de lógica política, el de centralidad es, pues, un concepto derivado. X ocupa el punto que fuere, y Z otro distinto, y a renglón seguido, uno elige colocarse un poco a la derecha de X, y un poco a la izquierda de Z. Pero sucede, ¡ay!, que Z se mueve. Y entonces no quedará más remedio, para conservar la equidistancia, que moverse con Z. De resultas, los principios irán variando, y habrá que acudir a analogías cada vez más forzadas para continuar llamándolos 'principios'. No es sorprendente que Jáuregui, en la entrevista, se confesara opuesto a que el Congreso extraordinario inicie un proceso de clarificación ideológica. No puede haber tal cuando se aguarda a ver qué pensará el otro antes de decidir qué ha de pensar uno.

Encrucijada socialista
Editorial El Correo 14 Enero 2002

La dimisión de Nicolás Redondo el pasado diciembre fue a la vez el efecto y la causa de la crisis que padece el PSE-EE. Desde esa fecha, muchas de las tensiones que permanecían larvadas o veladas en el seno del socialismo vasco y en las relaciones entre éste y la organización federal del PSOE han aflorado con inusitada crudeza. Uno de los efectos inmediatos de la confrontación es que su enconamiento ha terminado tergiversando los hechos del pasado más inmediato. Por una parte, tanto los resultados electorales del 13 de mayo -interiorizados como fracaso- como los síntomas de solapamiento de la posición socialista bajo el mayor peso de la política del PP han sido imputados a un error de estrategia de Redondo. Sin embargo, fue Rodríguez Zapatero quien insistió a finales del año 2000 en la necesidad de establecer un pacto de Estado por las libertades y contra el terrorismo. Fruto de su insistencia, el PSOE logró rubricar con el PP un acuerdo el 8 de diciembre de aquel mismo año, cuyo preámbulo daba cuenta del propósito compartido por ambas formaciones de «reforzar nuestra unidad para defender el derecho de los vascos, el de todos los españoles, a vivir en paz y en libertad en cualquier lugar de nuestro país». Por otra parte, la diatriba interna ha llevado a interpretar los años en los que el PSE-EE compartió responsabilidades de gobierno con el PNV poco menos que como un tiempo perdido que facilitó a los abertzales el camino hacia Lizarra. Lo cual constituye una lectura tan injusta como equivocada de una etapa que se desarrolló en un clima de amplio consenso democrático; etapa que todo demócrata debería reivindicar y en ningún caso denostar.

En todo proceso congresual el procedimiento seguido determina buena parte de su resultado. El enrevesado camino que ha dibujado el PSE-EE conforma un período precongresual anómalo. La dimisión de Redondo obligó a la constitución de una gestora nombrada por el Comité Federal cuya neutralidad está siendo tan demandada como cuestionada. Pero el propósito anunciado por Jáuregui de elaborar un documento base, para que el Comité Nacional lo asuma como ponencia única, se topa con dinámicas paralelas como la que destacados miembros del socialismo vasco protagonizaron el sábado en un acto mezcla de solidaridad personal y adhesión política a las tesis de Redondo. La disyuntiva a que se enfrenta el PSE-EE parece situarse entre dos objetivos que algunos de sus dirigentes consideran incompatibles: clarificar la política o preservar la unidad. Disyuntiva que refleja la ruptura de los vínculos de confianza y de lealtad mutua que han caracterizado la vida interna en el socialismo vasco. Esta pretendida disyuntiva debería llevar a los afiliados del PSE-EE a una reflexión previa sobre cuál de los dos valores enfrentados -la clarificación o la unidad- adquiere mayor importancia respecto al papel que corresponde al socialismo en la sociedad vasca y hasta qué punto esos valores han de considerarse incompatibles entre sí. Porque puede haber algo peor que la ocultación de las diferencias por miedo a la asunción clara de responsabilidades políticas: exacerbarlas para justificar la creciente pugna por el poder en el partido. Sería una ingenuidad inadmisible pretender minimizar las desavenencias que en los últimos tiempos han ido surgiendo entre los socialistas. Pero sería una temeridad imperdonable que dieran por descontada la existencia de dos opciones irreconciliables, y se encaminaran sin más hacia un congreso que, dada la correlación de fuerzas, amenaza con desembocar en una mezcla de exclusión y de división territorializada del partido socialista que -resulte quien resulte vencedor- saldría debilitado de la cita.

La cultura política que representa el socialismo en Euskadi ha tendido de forma natural a la moderación y al desarrollo de alianzas transversales de encuentro con el nacionalismo democrático. Pero las actuales dificultades políticas en ningún caso pueden justificar que la realidad sea suplantada por los deseos. La persistente inclinación del PNV a considerar la unidad democrática como opción secundaria o subordinada a los objetivos particulares del nacionalismo hace que su búsqueda frente al terrorismo y la limpieza ideológica induzca la coincidencia entre socialistas y populares en Euskadi. De igual forma, toda revisión en profundidad de la estrategia desarrollada hasta ahora por el PSE-EE contribuirá a acomodar al nacionalismo en sus actuales posiciones. Es previsible que el PNV no corresponda con variación alguna de su política a cuantos esfuerzos de aproximación pudiera realizar el PSE. Pero la realidad política y la evolución de los datos socio-electorales tampoco permiten al PSE confiar en la reafirmación de su política de alternancia renunciando a espacios de encuentro con el nacionalismo. El socialismo vasco se enfrenta a un abanico de posibilidades políticas excesivamente limitado y condicionado por la polarización entre el PNV y el PP. Es este aspecto el que hace recomendable que los socialistas afronten el proceso congresual con el máximo de sosiego y unidad, siendo conscientes de que su suerte depende sólo en parte del contenido de las ponencias y de la ejecutiva que elijan los delegados.

Las víctimas del terrorismo y la Administración
VIKY URIARTE GARAY Y TERESA DÍAZ BADA El Correo 14 Enero 2002

Después de muchos años de aislamiento y abandono, resulta francamente esperanzador ver que el Gobierno vasco ha creado una Dirección de Atención a las Víctimas del Terrorismo. Parece que, tras negarnos su reconocimiento y después de intentar diluirnos para que nuestra existencia pública no molestara a los verdugos, la Administración autónoma pretende, por fin, llenar un vacío que hasta ahora se cubría, en el mejor de los casos, con altas dosis de buena voluntad y, en la peor de las situaciones, con una dramática falta de equidad, ya que parecía que solamente eran víctimas del terrorismo las decenas de hombres y mujeres dramáticamente asesinados después del crimen infame cometido contra Miguel Ángel Blanco. Sinceramente, nada puede satisfacernos más a las víctimas del terrorismo que el nacimiento de dicha Dirección, ya que muchos de nosotros, que hemos sentido demasiado de cerca la dejación y la indolencia de las instituciones vascas, deseamos fervientemente que estas situaciones de desidia que destrozan a quienes ya han perdido a uno o varios familiares por la barbarie criminal, no se repitan, de ningún modo, en las víctimas recientes.

Dicho esto, los firmantes de este artículo, familiares de personas asesinadas por la banda terrorista ETA durante los años setenta, ochenta y noventa, queremos puntualizar a la responsable de la nueva Dirección de Atención a las Víctimas del Terrorismo algunas de sus recientes declaraciones, ya que, en nuestra opinión, esta persona confunde reflexiones políticas muy particulares con el que, a nuestro juicio, es el sentir mayoritario de las víctimas del terrorismo.

En primer lugar, queremos señalar que nuestro sentir personal y nuestro contacto estrecho y muy cercano con muchas víctimas del terrorismo como nosotras, nos permite afirmar rotunda y taxativamente que jamás ninguna víctima quiere ni ha querido cometer actos de venganza. No hay que confundir, como parece hacer Maixabel Lasa, legítimos sentimientos de rabia y desazón que surgen espontáneamente cuando una persona muy querida ha sido brutalmente asesinada con un presunto ánimo de desquite que, debemos recordarlo, jamás ha sido llevado a cabo por ninguna víctima del terrorismo. Negar el hecho cierto de que todas las víctimas hemos sabido transformar nuestros momentáneos sentimientos de ira, muy humanos y fácilmente comprensibles, en sentimientos de búsqueda de justicia, significa conocernos muy poco y supone realizar una lectura absolutamente sesgada y políticamente interesada de lo que de verdad reivindicamos las víctimas del terrorismo, tanto del País Vasco como de otros lugares de España.

Por otro lado, el interés de Maixabel Lasa por centrar el eje del debate alrededor de las víctimas del terrorismo en si éstas deben o quieren perdonar a sus asesinos, es algo radicalmente irrelevante desde un punto de vista colectivo. El perdón es un valor ético absolutamente respetable, pero siempre íntimo e individual. Por el contrario, lo que buscamos la mayoría de las víctimas es justicia reparadora, la perpetuación constante de la memoria de nuestros familiares asesinados y una reinterpretación de nuestra historia reciente que consiga narrar lo sucedido y lo que sucede en este país desde la mirada de las víctimas, y no desde la voz de los verdugos o de sus adláteres políticos. Éstas sí que son cuestiones que atañen a toda la sociedad y sobre las que Maixabel Lasa podrá hablar con nosotros siempre que lo desee. Aprovecharemos la ocasión para explicarle qué es lo que queremos la mayor parte de las víctimas del terrorismo de este país, más allá de una sobrevalorada atención psicológica y de unas ayudas económicas que siempre salen a la palestra para eclipsar otras urgencias para nosotros fundamentales desde un punto de vista ético.

Finalmente, queremos aprovechar esta oportunidad para poner públicamente de manifiesto algo que nos preocupa enormemente.

Desde hace algunos meses, estamos contemplando cómo determinados partidos, instituciones, administraciones de diferentes niveles y organizaciones sociales están tratando de potenciar, bajo intereses políticos, la figura y el reconocimiento de algunas víctimas del terrorismo muy concretas y determinadas. «Existen víctimas de primera categoría, de segunda, de tercera...y victimas con Fundación», nos decía recientemente una víctima del terrorismo cuyo nombre, así como el de muchas otras, jamás aparece en los múltiples homenajes que un día sí y otro también se realizan en honor de la memoria de siempre las mismas víctimas. Esta situación, que otorga a los allegados de unas pocas víctimas elegidas recompensas económicas, sociales y laborales dependiendo de su grado de afinidad con determinadas formaciones, es una afrenta a todo el conjunto de víctimas del terrorismo y es una demostración palpable de que, en determinados ámbitos, todavía no se acaba de entender la legitimidad testimonial y la fuerza moral que poseemos todas las víctimas del terrorismo.

Hoy, la mayor parte de las víctimas, las que no son ‘famosas’, las que no tienen una organización a su alrededor, son seres humanos muchas veces rotos que siguen viviendo en los mismos pueblos donde fueron asesinados sus padres, sus hermanos y sus familiares. En pueblos donde la mayoría de los vecinos desconocen su condición de víctimas y donde, un día sí y otro también, sin focos, sin moquetas y sin grandes despachos, se sigue alabando a los victimarios mientras se demanda, impunemente, más dolor y más muerte.

Es una profunda injusticia resumir el nombre de casi un millar de víctimas en actos y homenajes que, interesadamente, sólo recuerdan el nombre de unas pocas. Este tipo de comportamientos, que utilizan a las víctimas como adornos florales de intereses mucho más espurios, ofenden a la mayor parte de las víctimas a las que todavía no se ha prestado ninguna atención. Si de verdad se quiere atender a las víctimas del terrorismo, primero hay que escucharlas, aunque a muchos no guste lo que éstas tienen que decir. Pero, sobre todo, hay que respetarlas no hiriéndolas en su dignidad. Probablemente éste no sea un comportamiento políticamente correcto, pero mientras no ocurra así, de nada servirá la creación de direcciones u observatorios institucionales, ya que muchas víctimas volverán a quedar en situaciones de olvido, incomprensión y desamparo que ya son tristemente familiares.

Irse lejos
MANUEL ALCÁNTARA El Correo 14 Enero 2002

Tradicionalmente, la aspiración de todos los presos ha sido la de irse lejos, mientras más lejos mejor, pero ahora ese vehemente anhelo es el de los jueces. Tras el asesinato del magistrado José María Lidón, perpetrado por ETA el 7 de noviembre último, nada menos que diez jueces desean abandonar cuanto antes el País Vasco. Se trata de poner tierra por medio antes de que los entierren con grandes honores, entre la aflicción de su familia y de sus amigos y las enérgicas muestras de repulsa de los políticos, incluso de los más habituados a esos repetidos trances.

El concurso de traslados dejó desiertas ocho de las diez plazas que se ofrecían en la más peligrosa de las comunidades autónomas. No deja de ser curioso que en el sitio donde mejor se vive en España sea en el que existe mayor riesgo de morir. Ningún juez quiere poner aquí los pies porque teme salir con ellos por delante. ¿Cómo atreverse a hacer justicia sabiendo que un enmascarado puede anticiparle el juicio final?, ¿quién puede contemplar serenamente los hermosos valles del País Vasco si sospecha que puede partir de un momento a otro hacia el Valle de Josafat? Y los jueces están para dar a cada uno lo que le corresponde, no para dar por perdidas sus vidas.

Cualquiera puede caer por inadvertencia en el heroísmo, según Faulkner. No es una coyuntura deseable. Una sociedad que funcione bien es precisamente aquélla que no precisa héroes, sino personas convencidas de que el trabajo perseverante y el respeto al prójimo -hablar de amor es demasiado- son las únicas recetas para mejorarla.

Proseguirá el ‘goteo’ de jueces mientras ETA se dedique a la pálida siembra del pánico. Lo que pudo pasar en el centro de Bilbao con el coche bomba es mejor no imaginárselo, aunque esté en la imaginación de todos. En la primera semana de la campaña de rebajas, los terroristas querían rebajar también los índices demográficos. La gran pregunta es la que acaba de hacer el arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián: «¿Qué pasa con esa mitad de la población que no quiere separarse de España?»

NICOLAS REDONDO: «El proyecto que planteo tiene la mayoría y esta semana anunciaré si me presento»
ESTHER ESTEBAN El Mundo 14 Enero 2002

LA ENTREVISTA SE REALIZA APENAS UNAS HORAS DESPUES DE CELEBRADO EL ESPERADO ENCUENTRO CON EL LIDER DE SU PARTIDO EN EL QUE, CONTRA TODO PRONOSTICO, NO HUBO, SEGUN DICE ÉL, NI UNA SOLA PALABRA DE REPROCHE, NI LA MAS MINIMA INSINUACION SOBRE SU.... ...horizonte cercano. El ,de entrada ,tiene el aspecto de un hombre tranquilo, perfectamente consciente de la trascendencia que para su formación política tiene su decisión -inusual y excepcional en política- de presentar la dimisión, con el único objetivo de clarificar las cosas y poner, de una vez por todas, las cartas boca arriba.

Tras la cita con su líder, Nicolás Redondo Terreros había quedado a almorzar, con su padre, el histórico sindicalista Nicolás Redondo Urbieta, de cuya boca solamente salió un consejo, muy acorde con lo que fue su propia trayectoria. «Haz lo que debas hacer, mide tus fuerzas pero lo último es tirar la toalla cuando de defender los principios se trata».

Tal vez por eso, con el consejo paterno aún caliente, Nico -como le llaman cariñosamente sus amigos- aparenta, durante la hora larga que dura la entrevista, una firmeza de ánimo impropia de la situación. Dice que ésta no será, ni mucho menos, su particular semana de pasión, que no piensa ofrecer su cabeza sin resistencia a quienes desde las propias filas de su partido llevan años queriendo cortársela y enarbola una y otra vez la bandera de la libertad como el gran argumento de su posición ideológica.

No aclara, definitivamente, si volverá a presentarse a la reelección como secretario general de los socialistas vascos, pero afirma que de una u otra forma, con un cargo orgánico o como militante de a pie, no piensa renunciar a sus principios enmarcados en dos ideas: el estatuto y la Constitución. De entrada ni ha entonado ni piensa entonar el «mea culpa» por su actuación antes y después del 13-M, según dice, no por una cuestión de cabezonería sino simple y llanamente de dignidad. Es vasco, español y socialista y... ¡a mucha honra! Sentencia.

Pregunta.- Empecemos por una cuestión de plena actualidad. ETA ha podido causar una masacre en el centro de Bilbao, lo cual pone en solfa a aquellos que especulaban con una nueva tregua, ¿no?
Respuesta.- Tal vez en caliente no es el momento, pero habrá que reflexionar sobre la simbología de este atentado. En pleno centro de Bilbao, el primer día de rebajas, al lado de unos grandes almacenes y un banco. Esto debe llevar a la reflexión a los que hasta hace días hablaban de una tregua. Poner las esperanzas en una nueva tregua es dejar a ETA que lleve la iniciativa. Pero está claro que algunos prefieren que ETA tome la iniciativa antes que enfrentarse al fascismo que existe en el País Vasco. Ahora la pregunta es ¿para cuándo una reunión de los partidos democráticos? ¿El PNV se considera equidistante entre el PP y Batasuna, sí o no?

P.- Vamos, que una tregua volvería a ser una trampa.
R.- A ETA lo que hay que pedirle es que abandone las armas. Otra cosa es que haga lo que quiera. Y eso es lo que tenemos que discutir, si somos generosos para terminar con ETA o si terminamos con ETA para ser generosos. Yo estoy absolutamente convencido de que queriendo ser generoso para terminar con ETA no terminaremos nunca con ellos. La tesis de la ETA invencible y ante la que hay que claudicar no me gusta. La opción es la de ganarles para luego que la sociedad española sea inteligente a la hora de administrar la victoria.

P.- Entrando en materia personal. ¿En algún momento de la entrevista celebrada con el líder de su partido éste le pidió que no se presente a la reelección como secretario general del PSE?
R.- No, Zapatero no me pidió en ningún momento que renunciara a presentarme a la reelección. El calendario de la reunión era otro, el tema no era si me iba o no a presentar. Entre otras cosas, porque yo ya he dicho que ese asunto aún lo tengo que decidir. No era el momento de hablar de si me voy a presentar de candidato o no, sino de ver qué estrategia se debe seguir, cómo se debe actuar, qué tiene que hacer el PSE en el futuro y de eso hablamos largo y tendido. Y en principio ha habido grandes coincidencias.

P.- ¿Es cierto que en un momento dado Zapatero le advirtió que el PSE necesita una persona de consenso, insinuando que usted no tiene el perfil?
R.- No dijo tal cosa, pero eso de una persona de consenso está en el patrón de la política. Lo que necesita el PSE es un proyecto claro, definido, con su propio discurso y eso es lo que yo he intentado hacer en el documento que presenté y en el que, por cierto, han colaborado personas interesantísimas de la izquierda española, algunas pertenecientes al partido y otras no. Y estoy convencido de que ese proyecto tiene la mayoría. Ahora, la mayoría también nos exige claridad y definición estratégica, y eso es lo que ofrecemos.

P.- Sin embargo, las críticas de Elorza, Eguiguren, etc., se centran en que su proyecto tuvo unos malos resultados electorales.
R.- En las elecciones autonómicas obtuvimos un buen resultado, mal que le pese a algunos, y creo que hay que seguir por ahí.Tenemos problemas encima de la mesa, son muy claros y no se pueden postergar ante otros. Yo creo que es imprescindible y prioritario la unidad democrática para luchar contra el miedo o para luchar por la libertad. Y todo el esfuerzo hay que dedicarlo a esto.Otros pueden pensar lo que quieran, y con eso no quiero decir que no defiendan la libertad como lo hago yo. Lo que digo es que ese es el objetivo fundamental.

P.- ¿La Gestora no está siendo neutral? ¿Ha habido prácticas carroñeras, como han denunciado algunos de sus compañeros?
R.- Yo sé lo que es una gestora, porque he pertenecido a una de ellas, y sé lo difícil que es llevarla adelante. Tengo entendido que hubo una reunión y Ramón Jáuregui pidió disculpas por si alguien se había sentido molesto o había tenido la sensación de que no era neutral. En los últimos días ha habido malos entendidos, y reacciones excesivamente duras. Pero yo sinceramente creo que mi documento puede ser muy contundente, pero no está escorado.Y en cualquier caso, quien tiene que decidir si está escorado o no es quienes lo debaten. Lo único que digo, y se lo dije a Jáuregui, es que de lo que se trata es justamente de hacer un debate sin límites y responsable.

P.- Con la polvareda que se ha levantado, ¿se arrepiente de haber presentado la dimisión?
R.- No, no me arrepiento de haber dimitido. Al contrario. Creo que era inevitable presentar mi dimisión. En los meses posteriores al 13 de mayo había habido toda una actividad dirigida a perturbar la estrategia definida en el congreso y en la campaña electoral, y a disminuir, menoscabar mi liderazgo como secretario general.Ante esa situación lo que dije, y creo que todo el mundo lo entiende, es que yo no estoy en una profesión, que esto es una opción, no estoy para resistir, sino para hacer. Estoy para tirar del carro, pero en una dirección determinada, no en la que quieran los demás. Y por lo tanto, me sometí al veredicto definitivo del partido, de los afiliados, que es un congreso.

P.- Cuando dimitió, usted declaró a EL MUNDO que se sentía como un jabalí al que los perros no paraban de morderle las patas.¿Esos perros tienen nombre y apellido?
R.- Claro que tienen nombre y apellido, pero no voy a entrar en eso. Me sentía exactamente así, como un jabalí al que no paraban de morderle las patas. Lo que quise decir es que no es muy agradable hacer campañas electorales con anuncios en medios de comunicación sobre cuánto tiempo voy a estar o no voy a estar, si me voy a ir o si me voy a quedar. He tenido la santa paciencia de estar tiempo y tiempo aguantando hasta que he considerado que eso a quien perjudicaba era a toda la comunidad, no sólo a mí. Por eso he decidido poner las cartas boca arriba y que la gente decida.

P.- ¿Y usted qué es lo que pide?
R.- Lo que pido y lo que quiero es que los socialistas estemos donde estuvimos en las elecciones autonómicas, que es el sitio más honroso y honesto que hemos podido ocupar. Porque, por desgracia, los problemas que teníamos antes del 13 de mayo los seguimos teniendo hoy. Quiero que mi partido sea el abanderado en el principio de la firmeza contra el terrorismo, o de la defensa de la libertad, que es un patrimonio de todos, pero muy especialmente de la izquierda y muy concretamente del socialismo vasco. Y quiero que todo el mundo sepa que estamos ahí. Y después de la entrevista con Zapatero sé que estaremos.

P.- Oyéndole da la sensación de que no descarta presentarse a la reelección, sino todo lo contrario.
R.- No, no descarto presentarme a la reelección, y decir esto no es un cálculo, una decisión calculada y medida, como piensan algunos. Lo que estoy sopesando es las posibilidades de mi acción política con responsabilidades orgánicas o desde la base, con mi carné de militante. Y eso lo estoy sopesando con amigos, con mi familia, y con colaboradores . Yo estoy en política porque me gusta hacer política, especialmente donde hay grandes problemas por delante. En mi tierra hay un problema terrible, dramático, que es la falta de libertad. Y yo quiero hacer política en defensa de esa libertad y en contra del miedo en mi tierra, y en mi comunidad.

P.- ¿Y cuándo lo va a decidir?
R.- Pronto, porque tampoco hay que marear la perdiz. En los próximos días, esta misma semana decidiré y anunciaré lo que voy a hacer.

P.- Usted ha dicho que no está dispuesto a irse del País Vasco por una poltrona en Madrid. ¿Es así?
R.- ¡Claro que no estoy dispuesto a dejar mi tierra por una poltrona en Madrid! He dicho que no voy a caminar por ningún puente de plata. Es cierto que para un militante como yo, ser de la dirección del PSOE es honroso, extraordinariamente gratificante. Pero cada uno tiene su vida y unas opciones vitales. Algunos, muy legítimamente, tuvieron la opción de ir a Madrid a hacer sus cosas y se fueron, y otros seguiremos en el País Vasco. Yo me siento a gusto paseando por el centro de Bilbao.

P.- Es un secreto a voces que el candidato de la dirección del PSOE, de Zapatero y sobre todo de Blanco, es Patxi López, ¿Eso es un handicap para usted?
R.- José Luis Rodríguez Zapatero y yo no hablamos de nombres.Pero si Patxi considera que se tiene que presentar, lo hará.Para mí, desde luego lo fundamental es tener tu idea, tu criterio claro y definido para posicionarte en tu carrera. Si es así, si tienes un criterio firme, importa muy poco quién te apoye.Yo personalmente con la dirección de mi partido he tenido siempre unas relaciones ciertamente difíciles, con esta dirección y con las anteriores. Porque la dirección es la dirección y yo no soy un personaje fácil. Pero vamos, lo más importante no es si en la dirección cuentan con tu nombre o no, sino lo que piensas.

P.- ¿Al final quién decidirá?
R.- Pues desde luego, el candidato a liderar el PSE lo decidirán los socialistas vascos, no Ferraz. Y eso Zapatero también lo ha querido dejar claro diciendo que él no se mete. En algún momento ha habido malas interpretaciones, pero esa no ha sido la forma habitual de tratar al PSE, un partido que tiene voluntad de autonomía.Somos parte del PSOE pero tenemos una vocación de definir y decidir nuestras estrategias, y eso se hará en colaboración y contando con la ejecutiva federal, pero sin que le ejecutiva federal se meta en el PSE.

P.- Si Zapatero y usted están de acuerdo en el planteamiento político y la estrategia para el País Vasco, ¿a qué viene esta bronca?
R.- Zapatero hizo unas declaraciones en público antes y después de la crisis y él siempre ha considerado la estrategia que hemos tomado como acertada. Todo lo demás son dimes y diretes que debieran disolverse. Nos tenemos que dedicar a lo que nos tenemos que dedicar. Los del PSE, al País Vasco y el PSOE a hacer oposición al PP fuerte, dura contundente y eficaz.

P.- ¿Ha sentido la sombra de Felipe González en toda esta crisis?
R.- No.

P.- Admita que tampoco le hizo un favor, diciendo aquello de «mis amigos del PNV» cuando usted estaba en lo contrario
R.- No comparto ese criterio. Yo durante la campaña hice una defensa muy intensa de la unidad democrática, que era parte de mi programa electoral. Y González dijo que el único que podía hacer la unidad democrática era yo. Es verdad que cuando González habla, tiene tal resonancia lo que dice que muchas veces se interpreta de formas muy diferentes. Pero el día que vino a Baracaldo su intervención y la mía fueron muy complementarias. Yo no tuve la sensación, y no creo que peque de inocencia, de que viniera a diferenciarse. Yo tengo mi criterio, y sé que muchas veces no coincide con el de otros, pero no me importa demasiado.

P.- Hablando de criterios. Rodríguez Ibarra ha dicho que no le apoya porque si EL MUNDO o Antena 3 le dan la razón, hay que cambiarle. ¿No es un argumento cuanto menos políticamente endeble?
R.- Las afirmaciones de Rodríguez Ibarra me han producido un cierto sentimiento de tristeza. Pero es una persona que dice rápidamente lo que piensa, y eso es bueno. En su momento me sentí dolido y sorprendido, pero tampoco le doy más importancia. Pienso lo que pienso, sé lo que son y lo que han hecho muchos medios, sé que han emprendido un compromiso claro por la libertad en toda España y muchos siguen haciéndolo en el País Vasco, y yo no caeré nunca en esas definiciones que se hacen sobre los medios de comunicación. Hay gente, de unos medios y de otros, que han apoyado con mucho entusiasmo lo que yo iba diciendo, y eso me enorgullece.

P.- ¿El documento que usted ha presentado y el de Eguiguren tienen alguna posibilidad de fundirse?
R.- Yo hablo de lo mío, y lo que voy a defender es que en el País Vasco existe más de un contencioso, no sólo el contencioso que proponen los nacionalistas. Y entre otros, el primero es justamente la falta de libertad. Y en todo caso, lo que es importante es si nos ponemos de acuerdo o no en la aceptación de las reglas del juego que solucionan los conflictos. Y las reglas del juego son la Constitución y el Estatuto de autonomía. En segundo lugar está la normalización en Euskadi. El PNV lo entiende de una forma y yo de otra. En mi opinión esa normalización se conseguirá cuando desaparezca ETA. En tercer lugar, yo creo que no es modificable la Constitución. La Constitución y el Estatuto son los mayores objetivos que se han conseguido en muchísimo tiempo.

P.- Por decir estas cosas, algunos de sus compañeros -esos que le han querido hacer la cama- dicen que usted hace seguidismo del PP.
R.- Es agotador lo del seguidismo del PP, porque es la exposición de un pensamiento débil de la izquierda que a mí me angustia.¿Es hacer seguidismo del PP defender la Constitución? ¿Es seguidismo del PP defender la libertad? Sigo siendo un abanderado de la lucha por la libertad en el País Vasco, y el PSE y el PSOE también.¿Es hacer seguidismo del PP ser contundentes con el terrorismo de ETA? Pero si lo hemos sido antes de que el PP estuviera aquí.Yo creo que esto no es hacer seguidismo del PP. Y además tengo que decir que el gran objetivo de la sociedad española es ganar al terrorismo, y en eso no tiene porqué haber fisuras.

P.- Vamos, que hacerse la foto con Mayor Oreja no ha sido un error...
R.- La foto con Mayor Oreja les puede gustar más o menos, pero no fue un error. En esa foto estuvo lo mejor del País Vasco. Estaba el señor Fidalgo, de CCOO; Cándido Méndez, de UGT; Nicolás Redondo, Agustín Ibarrola, Enrique Múgica, toda la izquierda vasca, los intelectuales más prestigiosos de este país. Yo no me puedo avergonzar de estar con ellos. Pero es que además electoralmente fue rentable.

P.- ¿Si no ganan sus tesis, o si usted no se presenta, teme una aproximación del PSE al PNV? ¿Qué supondría eso para su partido?
R.- Yo defenderé mis ideas hasta el final, y no especulo sobre lo que pasará. Ahora, respecto a lo del acercamiento al PNV creo que no es posible. ¿Es posible acercarse al PNV actual con el artículo del otro día Arzalluz, diciendo barbaridades de la Guardia Civil, de los empresarios y de los medios de comunicación vascos? En mi opinión, no es posible tener una relación normal con el PNV, porque está en una posición intocable, justamente porque se siente fuerte, y se siente fuerte por el apoyo de IU y por la debilidad de otros. Sólo cuando el PNV era un partido débil se podía hablar con ellos, esa es su regla de oro. En el momento en que Arzalluz ha tenido fuerza, poderío, y una cierta pujanza política se fue a Estella. No tenemos que olvidar las lecciones de la Historia.

Ibarreche, que no paga el Cupo, regala seis millones de euros a presos etarras y a revistas «abertzales»
Desde 1988 el Ejecutivo del PNV prima con subvenciones a los grupos que trabajan por los derechos de los verdugos. Mientras, el «lendakari» se niega a pagar 240 millones de euros por los servicios no transferidos
El Gobierno vasco ha regalado más de seis millones de euros (1.000 millones de pesetas) entre las ayudas que ha repartido entre los grupos que trabajan a favor de los presos vascos y por el diálogo con los verdugos y las que ha otorgado a publicaciones abertzales con una mínima difusión. Según todos los documentos que están en poder de LA RAZÓN, desde 1988 el Ejecutivo vasco, presidido por el PNV la mayor parte de los años, prima con subvenciones a numerosos grupos como son Salhaketa, Bakea Orain, Elkarri, Senideak, o Kakitzat, entre otros, al igual que a publicaciones abertzales como Egunkaria o Argia, que sobreviven gracias a estas ayudas. Mientras, se niega a pagar 240 millones de euros del cupo.
M. Arambarri - San Sebastián.- La Razón 14 Enero 2002

Estos colectivos acceden a las subvenciones del Ejecutivo vasco para «trabajar en favor de la paz en Euskadi», «divulgar o promover la defensa y la protección de los derechos humanos», «colaborar con los fines de la Administración de Justicia» o «promover el uso del euskera».

Entre estos grupos está Salhaketa, una asociación que trabaja en apoyo a los presos vascos y sus familiares y que desde 1988 vive de las ayudas públicas que utiliza en su mayor parte para realizar cursos sobre la problemática de los reclusos. La primera subvención que consiguió, 6.010 euros (un millón de pesetas) en 1988, la destinó a prevención comunitaria, a lo que hay que sumar otros 6.010 euros al año siguiente para divulgar el curso.

Entre los actos realizados por este grupo destaca, por ejemplo, el dedicado a asesoramiento a presos y familiares en 1992, el titulado «¿La cárcel tiene futuro?», o la subvención que acaba de recibir de 3.606 euros (600.000 pesetas) para realizar un curso sobre la situación de los presos vascos trasladados fuera del País Vasco.

El Colegio de Abogados de Vizcaya tampoco se queda atrás a la hora de realizar actos en favor de los presos. En 1989 recibió 6.010 euros para un curso sobre el respeto de los derechos humanos en dependencias policiales, y el año pasado 8.414 euros (1,4 millones de pesetas) para unas jornadas sobre «la resolución y transformación de los conflictos».

Intelectuales
El colectivo «Bakea Orain», que surgió como unión de intelectuales y escritores en la búsqueda de caminos de paz, ha dedicado buena parte del dinero conseguido del Ejecutivo vasco a encuentros en favor de la reinserción de los presos, como los 12.020 euros (dos millones de pesetas) que se le adjudicaron en 1994 para un seminario sobre esta cuestión, o a abrir diálogos en favor de la integración de todos los sectores, o como los 30.050,6 euros (cinco millones de pesetas) que recibió el pasado ejercicio para sus proyectos «Buscando puntos de encuentro» o «La voz de los ciudadanos».

La organización «Kakitzat», en favor de la insumisión y el antimilitarismo, también ha utilizado el dinero público para sus fines. En 1998 organizó un seminario sobre «la paz e insumisión» con los 3.005 euros (500.000 pesetas) que le adjudicó el Gobierno vasco.
También el foro Elkarri, en el que hay bastantes disidentes de Herri Batasuna, sobrevive gracias al dinero público. Esta plataforma accede todos los años a subvenciones y buena parte de ellas las dedica a fomentar el diálogo «entre todos». Proyectos como «red de apoyo internacional», «movilización social» o «búsqueda del desarrollo de la disposición adicional primera de la Constitucional» se han realizado con el dinero de todos los vascos.

«Víctimas y victimarios»
El colectivo Gesto por la paz, que nació en la década de los ochenta con el objetivo de aunar esfuerzos en busca de la ansiada paz, también recibe cuantiosas subvenciones año tras año, y buena parte de ellas las dedica a actos en favor de la reinserción y del acercamiento de víctimas y verdugos. Bajo el genérico epígrafe de «solidaridad con las víctimas de la violencia», prácticamente todos los años accede a las ayudas en favor de la defensa de los derechos humanos, pero también lo hace a través de proyectos como «campaña en favor de los derechos de los presos», «acercamiento de víctimas y victimarios» o «clima a favor de la reinserción».
El colectivo «Senideak» de familiares de presos proetarras descubrió esta «línea de financiación» en 1999, y consiguió ese año del Gobierno de Ibarreche 48.081 euros (ocho millones de pesetas) para financiar las visitas a los presos a las cárceles. En 2000 solicitaron ayudas para «movilizarse» y consiguieron 3.005 euros para organizar las movilizaciones que realizan frente a domicilios de militantes del PP a quienes acusan de «carcelarios». En 2001 recibieron 42.070,8 euros (siete millones de pesetas) para los viajes.
«Denon Artean», dedica parte de su esfuerzo a la reinserción y a la «reconciliación en Euskal Herría». Su primer acto lo programó en 1994 bajo el lema «imaginando la reconciliación», para lo que recibió 12.020 euros (dos millones de pesetas) del Gobierno vasco. Para su programa «atención a las víctimas de la violencia» de 1998 recibió 15.025 euros (dos millones y medio de pesetas) de dinero público.

Otra vía de ayudas es la que se destina a una serie de publicaciones de corte abertzale que logran sobrevivir gracias a las subvenciones del «lendakari» Juan José Ibarreche. Hace pocos días, el Ejecutivo vasco repartió más de 2,4 millones de euros (cuatrocientos millones de pesetas) a publicaciones próximas a los abertzales o del entorno nacionalista que cuentan con una difusión en muchas casos marginal. «Egunkaria», un periódico donde Eta envía sus comunicados y que según los datos de la OJD difunde 14.000 periódicos diarios, recibe todos los años una media de más de tres millones de euros (500 millones de pesetas) a través de varias convocatorias. Radios o Televisiones del PNV y su entorno también suelen recibir cuantiosas ayudas.

Cupo vasco
Mientras esto se produce, el «lendakari» Ibarreche ha desafiado al Gobierno central y ha anunciado que dejará de pagar 240 millones de euros (unos 40.000 millones de pesetas) correspondientes al Cupo, la partida que pagan los vascos por los servicios no transferidos y que les proporciona la Administración central.
El Gobierno de Aznar ha anunciado que obligará al «lendakari» a pagar el Cupo íntegro fijado en los Presupuestos Generales del Estado para 2002 (1.147,9 millones de euros, 191.000 millones de pesetas), reteniendo del ajuste relativo a la recaudación del IVA y de los impuestos especiales cualquier cantidad que el Ejecutivo vasco se niegue a pagar.

«Es una temeridad que el PNV diseñe escenarios como si ETA no existiera»
JAIME MAYOR OREJA LÍDER DEL PP VASCO Se muestra convencido de que «el nacionalismo querrá arrollar más cuanto mayor sea la crisis que tengamos los partidos constitucionalistas»
ALBERTO SURIO SAN SEBASTIÁN El Correo 14 Enero 2002

Jaime Mayor sostiene que, más que nunca, es necesaria su presencia en el País Vasco para frenar la «ofensiva nacionalista» y evitar la imagen de desestimiento desde el constitucionalismo. Sobre todo, cuando ETA intenta hacerse presente de forma macabra.

-El atentado con coche-bomba en Bilbao ha vuelto a recordarnos la persistencia del terrorismo.
-ETA tenía que hacerse presente en el año 2002 y lo ha hecho demostrando que su acción no tiene límites. Viene a significar el profundo error en el que están instalados quienes diseñan escenarios como si el terrorismo no existiera. Lo que quiere ETA es participar de forma macabra y cruel en la escena vasca. No hay especial novedad en ello, si bien una acción de este tipo, en el centro de Bilbao y ante tantísimas personas, quiere trasladar el miedo y la angustia. Es un recordatorio para todos aquellos que en el nacionalismo vasco quieren trabajar un proyecto de convergencia política con el mundo de ETA. Lo esencial es que la ofensiva del terror no tiene límites, y lo más importante y lo más difícil es vencerla.

-¿Sigue pensando que la llave de la derrota de ETA es la derrota política del nacionalismo vasco?
-Son dos planos diferentes que no se deben equiparar. Creo que primero hay que derrotar a ETA y luego, evidentemente, sin ETA habrá una dinámica diferenciada del nacionalismo. Ya tratan de jugar como si ETA no existiera, lo que es una temeridad, porque ETA no ha desaparecido. Hay quienes creen que lo que se trata es de sustituir simplemente a ETA y ‘batasunizar’ a su partido, tratando de extraer todos los votantes de Batasuna.

-¿Qué piensa de los rumores de una tregua?
-Nunca he sido un entendido, tampoco afiné del todo la fecha la otra ocasión. La tregua era una expectativa y se coció en el mundo nacionalista. Como se ha visto el sábado, ETA quiere hacerse presente en el País Vasco y en España. Hay quien puede pensar que con una tregua. Yo no le desmentiré. Lamentablemente, creo que estará presente como lo suele hacer: matando.

-Hablaba también de la otra cuestión, del fenómeno nacionalista...
-Es un fenómeno diferente. Evidentemente, mientras exista ETA, es mucho más difícil desalojar y ofrecer una alternativa política al nacionalismo. Pero no nos podemos resignar a que esto no sea posible. Este país tiene que dar una alternativa política al nacionalismo, el PP no está aquí para ser la alternativa al socialismo, ni el socialismo está aquí para ser la alternativa política al PP. Para eso estamos los partidos de la oposición.

‘Historietas’ nacionalistas
-Cada partido político con su personalidad diferenciada en la oposición...
-¿Pero quién ha dicho lo contrario? No podemos entrar en hacer historietas nacionalistas de lo que vivimos en el País Vasco.

-¿Qué tipo de historietas?
-Pues, por ejemplo, creer que La Moncloa manda en la política vasca. Nunca han mandado tanto los vascos defensores de la Constitución y del Estatuto en la política de La Moncloa. Nunca ha habido tanto peso específico desde el País Vasco, probablemente, fruto de la heroicidad de los concejales del PP y del PSOE y de una izquierda social vasca. No vayamos a creer que hay un ser perverso en Moncloa que organiza el ¡Basta Ya! o el Foro Ermua...

-¿Les da miedo quedarse solos políticamente hablando en Euskadi?
-Yo no tengo ningún temor a quedarme solo en ser fiel y leal con mis convicciones y mis principios. Hemos tenido épocas de soledad. Dicho esto, deseo que el Partido Socialista no nos haga sentirnos solos ni que nosotros les hagamos sentir solos a ellos. Porque somos opciones que defendemos la Constitución, el Estatuto y la libertad.

-El colapso político vasco empieza a saturar a la ciudadanía, ¿no le preocupa?
-En el año 2001, los debates de política general vasca nos permitieron hacer un diagnóstico de lo que iba a pasar. Y todo lo que está pasando es un guión preestablecido. No podían llegar los nacionalistas vascos a un acuerdo sobre los conciertos económicos porque era incompatible con una estrategia de ruptura a plazos. El colapso arranca ahí.

-Pero ese mismo PNV es el que llegó con ustedes a un acuerdo sobre el Concierto en 1996?
-Pero lo que ha cambiado es la estrategia nacionalista desde el 97 o 98.

-¿Y aquél PNV no tenía en su seno un impulso soberanista?
-Yo ya sé que en el PNV siempre ha habido un impulso soberanista. El problema es cuando los hombres del partido se imponen a los hombres de las instituciones, como ahora. Ellos tienen claramente marcadas las dos fases: la primera es la deslegitimación del sistema autonómico y la segunda, la desesperanza en la vía estatutaria, que llegará cuando termine su trabajo la comisión de desarrollo estatutario. Les costará entrar en la tercera fase, en la que tendrán que combinar la legalidad y la ilegalidad.

-¿No cree en el pactismo?
-El pactismo histórico es sólo posible cuando el nacionalismo está débil, como se ha visto con la firma del acuerdo de Ajuria Enea o con la época de Ardanza. Lo hizo porque se dividió o no podía hacer otra cosa. Si el nacionalismo sigue avanzando y plantea una segunda transición, pues no dará pie para que haya pactismos históricos. La condición previa es detener la ofensiva del nacionalismo, derrotarlo políticamente, evitar que arrolle. Sólo entonces podremos esforzarnos en ser flexibles, nunca antes. Ellos han cambiado; los demás, no.

-¿Pero su retórica antinacionalista también alimenta el victimisno nacionalista?
-Pero hay que ir a las causas. Cuando tú te peleas con otro, apareces como una parte del conflicto, los dos trenes que van a descarrilar a alta velocidad. Pero, claro, la pregunta que hay que hacerse es quién ha comenzado la carrera. Hay que determinar las causas de la radicalización, y el origen es, sin duda, el cambio estratégico del PNV.

«Ya he dicho bastante»
-¿Se siente usted en términos políticos un ‘ave carroñera’? Diversos dirigentes socialistas han señalado que sus declaraciones han sido una injerencia intolerable...
-En absoluto. Yo no quiero entrar más en el debate del Partido Socialista. Sólo recordar lo que he dicho, y en lo que me ratifico. Aquí hay una serie de personas que hemos defendido una serie de principios en defensa de la libertad y de la democracia, del Estatuto y la Constitución. Me hubiera sentido un traidor a estas ideas y a esas personas si no hubiera dicho nada. Son ideas en defensa de la firmeza democrática, de la coherencia de unos valores, que ha defendido con mucha más fuerza y convicción la izquierda social e intelectual que la derecha económica vasca. No tengo ningún impedimento en reconocerlo. Pero no cometeré el error ni la torpeza de decir más que lo que he dicho, que ya he dicho bastante.

-Pero se le acusa de clara injerencia al decir que abre las puertas de su partido a esa «izquierda social de la firmeza» y al apoyar explícitamente a Nicolás Redondo...
-Pero si yo no entro en el debate de los nombres ni en el fulanismo político, sino en la defensa de unos valores que resultan esenciales para la convivencia en el País Vasco. El tema de fondo no es lo que haga el PP o los socialistas, ni siquiera un supuesto pulso entre vasquistas y no vasquistas, que, por otra parte, siempre ha existido dentro del PSE. Todavía me acuerdo de los conflictos que existían en el centro-derecha vasco entre los foralistas y los autonomistas. Aquí, el problema de fondo es la ofensiva nacionalista puesta en marcha para activar una segunda transición, es la ruptura a plazos que termina en 2003, porque es una estrategia de piñón fijo y que está perfectamente diseñada en una serie de etapas a cubrir. ¿O es que alguien va a creer que la crisis socialista va a ser un freno a la estrategia soberanista del PNV? No seamos ingenuos: cuanta más crisis tengamos los partidos constitucionalistas, los que defendemos la Constitución y el Estatuto, y ahora hay una cierta crisis, la ofensiva será más dura y más rápida, arrollarán más. Eso es lo que me preocupa, y que seamos incapaces de percibirlo.

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