AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 19  Enero  2002
#Bajo el gran poder nacionalista
Edurne URIARTE ABC 19 Enero 2002

#Lo que no es España
Pío Moa Libertad Digital 19 Enero 2002

#Insoportable soledad
TONIA ETXARRI El Correo 19 Enero 2002

#Prioridad pública
Editorial El Correo 19 Enero 2002

#El escalafón
Nota del Editor 19 Enero 2002

#No nos callarán
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 19 Enero 2002

#EL TERROR Y LA COMPLICIDAD
Editorial El Mundo 19 Enero 2002

#Limpieza consumada
Editorial ABC 19 Enero 2002

#Remedios de ETA
Editorial El País 19 Enero 2002

#'Guerra sucia' sin cuartel
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 19 Enero 2002

#Triste destino para el País Vasco
Cartas al Director ABC 19 Enero 2002

#Cebrián, preséntate
Enrique de Diego Libertad Digital 19 Enero 2002

#Savater confía en Redondo y no le vale ningún otro candidato
MADRID. ABC 19 Enero 2002

#Redondo advierte del peligro de una «guerra civil» si el PNV no garantiza la libertad
Redacción - Madrid.- La Razón 19 Enero 2002

Bajo el gran poder nacionalista
Por Edurne URIARTE ABC 19 Enero 2002

Unas semanas después de la dimisión de Nicolás Redondo, ha quedado claro que un factor fundamental que provocó esa dimisión fue la estrategia de la Ejecutiva Federal de búsqueda de un nuevo acercamiento al nacionalismo y de aislamiento del Partido Popular en el País Vasco. Pero esa estrategia tenía que encontrar un caldo de cultivo en el País Vasco, y en ese caldo de cultivo debemos buscar la segunda parte de los factores que nos ayudan a entender la crisis del PSE. Esos factores se resumen en el enorme dominio que sigue ejerciendo el nacionalismo sobre la vida cotidiana y los valores en el País Vasco, dominio que una parte de los socialistas sigue siendo incapaz de superar.

El elemento fundamental de ese dominio es el concepto de vasco que el nacionalismo ha impuesto y que muchos no nacionalistas han interiorizado, y que determina su incapacidad para constituirse en alternativa creíble en una región en la que se consideran ciudadanos invitados. Según ese concepto, un constitucionalista, es decir, un «español», es un ciudadano vasco de segunda categoría, alguien hacia el que, en el mejor de los casos, se realizarán esfuerzos de tratamiento de igualdad. La condición peyorativa de «español» se puede tener o adquirir de varias formas. En primer lugar, por no ser lo que los nacionalistas consideran étnicamente vasco, es decir, poseer determinados apellidos. En segundo lugar, por proclamar la españolidad, a pesar de poseer los apellidos correctos. En tercer lugar, por votar al PP o al PSOE, independientemente de lo anterior.

Como los nacionalistas saben que un nacionalismo racista estricto, es decir, el que limita la vasquidad a los apellidos, tiene pocas posibilidades de expansión política, ha ampliado «generosamente» las condiciones para llegar a ser «vasco». Aprender euskera con entusiasmo está altamente valorado, pero, sobre todo, la condición definitiva es la de proclamarse nacionalista, y reconocer que, en efecto, la condición de vasco es la que fue definida por Sabino Arana, aunque haya sido abierta por el nacionalismo actual para integrar a todos aquellos que se adhieren a esa verdad fundamental.

La doctrina nacionalista de la vasquidad y la teoría de los ciudadanos de dos categorías, los vascos, los de aquí, de origen o de adopción ideológica, y los españoles invitados, ha determinado desde el inicio de la transición la vida cotidiana y la política en el País Vasco. Nadie proclama públicamente esta categorización, pero, en la práctica, preside las relaciones sociales y políticas en el País Vasco. Aquel que quiera integrarse sin problemas sabe que debe ser aceptado por los que controlan la verdad nacionalista. El que no quiera integrarse es, a lo sumo, y si no se señala mucho, un invitado de los auténticos vascos, y si se señala, un extremista, alguien que fractura la sociedad vasca.

Si a la capacidad de control social que ejerce el concepto de ciudadano vasco políticamente correcto le añadimos la percepción de que la integración en el ideario nacionalista proporciona un seguro de vida frente a ETA, podemos entender lo difícil que resulta para los no nacionalistas el mantenimiento de un proyecto político independiente de los nacionalistas. La crisis del PSE es, en este contexto, el enésimo intento de resguardarse bajo el paraguas del gran señor nacionalista, el patético deseo de contar con el visto bueno nacionalista, de lograr el certificado de buena conducta ciudadana, de diferenciarse de esos «extravagantes», «extremistas», del Basta Ya, del Foro de Ermua, del PP, de esos círculos de «intelectuales crispados», en fin, de toda esa gente que no ha aceptado el «ser de aquí» de los nacionalistas y altera la idílica convivencia de los auténticos vascos.

El gran poder nacionalista se plasma políticamente en la interiorización que algunos constitucionalistas han realizado de los conceptos nacionalistas. El PSE llamado vasquista que ha forzado la dimisión de Redondo refleja claramente esa interiorización. Entre otros muchos elementos, podemos destacar tres que están fluyendo estos días entre los socialistas que proclaman la necesidad de relevar a Redondo y de encontrar un camino propio, que no es sino el camino tolerado por los nacionalistas, el camino contenido en la proclamación de Juan José Ibarretxe de que «afortunadamente, hay muchos socialistas que no son como Redondo». Ibarretxe se refiere a esos socialistas para quienes: 1) se puede hacer política como si ETA no existiera, 2) la centralidad está marcada por el PNV, y, 3) los vascos de verdad son los que responden a la definición étnica del nacionalismo.

Los críticos de Redondo parten, en primer lugar, de la aceptación de la idea de «normalidad» nacionalista según la cual en el País Vasco se puede hacer política como en cualquier lugar democrático del mundo, en términos de debates ideológicos entre la izquierda y la derecha, de políticas de alianzas o de cálculos electorales. Es la normalidad de los que no se sienten bajo amenaza de muerte por defender sus ideas políticas. Increíblemente, hay socialistas que olvidan que no se puede jugar a la normalidad nacionalista cuando el electorado socialista está amenazado de muerte. Y que no es sólo una cuestión de principios éticos, o de purezas, intelectuales, sino de simple supervivencia diaria, de los intelectuales, de cualquier ciudadano, y de los mismos políticos.

En segundo lugar, Patxi López, Jesús Eguiguren y otros, han aceptado que la centralidad está marcada en el País Vasco por el PNV y que, además, y siguiendo el discurso del PNV, los extremos están representados por Batasuna y el PP. Dejando a un lado la aberración de comparar un movimiento totalitario con un partido democrático, el concepto nacionalista que estos socialistas han interiorizado es que el eje central que vertebra la sociedad vasca es el nacionalismo, que sería lo «propio» del País Vasco. Por eso, ellos quieren alejarse del PP, que constituiría un extremo, y, en su vocación de centralidad, acercarse al centro vertebrador, es decir, al PNV.

El curioso problema que lo anterior plantea es el de cómo es posible considerar centro vertebrador a un PNV que se ha hecho independentista (en contra de la mayoría de la sociedad vasca) y extremista a un PP, o a una parte del PSOE, que es autonomista (como la mayoría de la sociedad vasca). La paradoja se explica por el tercer elemento, el de la condición de vasco que estos socialistas interiorizan.

Y es así como volvemos al principio, a ese elemento profundo de la definición nacionalista del auténtico vasco que algunos socialistas han aceptado, el de los apellidos vascos, el dueño legítimo de esta tierra, el que debe liderar la política vasca, es decir, el representado por el PNV. Una alternativa de poder al auténtico vasco es una alternativa de fractura y de desestabilización, porque rompe el orden natural de las cosas definido por el nacionalismo. Los dirigentes del PSE que se sienten incómodos con Nicolás Redondo quieren volver al redil nacionalista porque, como les han enseñado los nacionalistas, la fractura del País Vasco no es la que provoca ETA, o el PNV, con su apuesta por la secesión de España. La fractura, la desestabilización, les han enseñado los nacionalistas, viene de ese extremismo de quienes proclaman la prioridad de la lucha por la libertad y de quienes se atreven a cuestionar el supuesto derecho de la mitad nacionalista a gobernar eternamente en el País Vasco.

Lo que no es España
Pío Moa Libertad Digital 19 Enero 2002

Como los nacionalismos, especialmente el vasco, se han mostrado totalmente desleales a la democracia, el PP ha lanzado, para combatirle la consigna oportunista y seudodemocrática del "patriotismo constitucional", como si España hubiera empezado a existir con la Constitución del 78, o antes de esa fecha el patriotismo no tuviera razón de ser, o resultara inconfesable. Creo que Zapatero ha reclamado la idea, y, la verdad, la siniestra bobada parece más propia del PSOE, el cual tiene y cultiva, efectivamente, una visión muy negativa de la historia de España, atribuyendo a nuestro país un triste pasado, al cual pondría remedio ahora ese partido con su mesianismo progre.

Bobada siniestra, repito, bien visible en la base de aquella célebre lamentación de Azaña: "Lo que me ha dado un hachazo terrible es, con motivo de la guerra, haber descubierto la falta de solidaridad nacional. Ni aun el peligro de la guerra ha servido de soldador. Al contrario, se han aprovechado para que cada cual tire por su lado". Azaña también creía que hasta su república, España y su historia no valían nada, y de manera similar pensaban los demás partidos izquierdistas, cada uno con su solución. Nada tiene de extraño que, llegado el momento, cada cual tirase por su lado.

Como las estupideces tiran unas de otras como las cerezas, ahora el PP de Baleares ha inventado el "patriotismo estatutario", según el cual España "es la suma de la historia, cultura y lenguas" de sus "nacionalidades". Pero si hacemos esa suma, solo resulta un montón de historias, culturas y lenguas regionales, domésticas, de muy escasa proyección, mientras que España ha tenido, evidentemente, una influencia crucial en la historia del mundo, y es, por tanto, mucho más que una adición de valores estimables, pero en definitiva mediocres.

La diferencia resalta en el idioma. El castellano no puede sumarse al gallego, el vasco y el catalán, pues constituye el idioma común y uno de los soldadores principales de la nación española, función incumplible para los otros. Ya me gustaría, como gallego, que fuera éste el idioma común de los españoles y de veinte naciones más, pero la historia ha sido distinta, y sería tan ridículo lamentarlo como pretender una equiparación, salvo en el plano regional, con el español común, que ha resultado ser el castellano. Este idioma es también propio de Galicia, y lo mismo ocurre en Cataluña, Baleares o Vasconia. A formarlo no sólo ha contribuido Castilla, aunque fuera su origen, sino el conjunto de las regiones, y cada vez más el conjunto de países hispanohablantes. Lo más y probablemente mejor de la literatura gallega, como de la catalana, y no digamos la vasca, está escrito en ese español común, que por serlo no puede "sumarse" a los otros.

Se entiende que un objetivo fundamental de los nacionalistas consista en hacer del idioma español por antonomasia "uno más", y ajeno a las respectivas regiones. Se entiende también que el proceso disgregador ha avanzado ya demasiado y va siendo hora de ponerle coto.

Insoportable soledad
TONIA ETXARRI El Correo 19 Enero 2002

Habrá influido la situación de los jueces vascos que, desde el asesinato de Lidón, se sienten más vulnerables ante el terrorismo; o el desistimiento de la treintena de concejales que han ido dimitiendo desde que ETA volvió con el arsenal renovado; o los apuros laborales de los mil profesores que no han conseguido euskaldunizarse, o la marginación de socialistas y populares tras el Pacto de Lizarra, el caso es que Muñoz Molina, acompañado de otros 123, ha hablado de la soledad para agradecer a Redondo su liderazgo sin complejos. Junto a él, Onaindia, Recalde, Ibarrola o Savater y siete ex consejeros vascos firmaban la carta horas antes de que ETA enviara su correo explosivo a tres periodistas, saben de lo que hablan porque han vivido, en primera persona, el peso de la soledad.

Los artefactos dirigidos contra los tres compañeros y neutralizados gracias a su propia reacción y a la labor diligente de la Ertzaintza están enmarcados en una campaña de acoso contra la libertad de expresión. Pero la oposición coincide (con perdón de la ejecutiva federal socialista) en destacar que, salvo excepciones, suelen ser los mismos los que sufren el chantaje de los intolerantes. Redondo sabe algo del acoso y de la soledad. De su dilatada trayectoria política, ésta ha sido una de las semanas más duras que haya soportado. Nada es comparable con la pérdida de los amigos asesinados, pero ni él mismo imaginaba: a) que los suyos fueran a jugar tan sucio dentro de su propia casa; b) que una entrevista radiofónica se convirtiera en un interrogatorio; c) que los apoyos que ha ido provocando su dimisión enojaran tanto a sus ‘superiores’ que el debate de las ideas quedara aparcado para destacar los aspectos más ‘rosas’ de sus actividades. Que fuera, en fin, más noticiable el nombre del acompañante de Aznar en la entrevista de la discordia que el ‘goteo’ constante de los concejales que abandonan sus puestos. Por ejemplo.

Es duro estar en la oposición en Euskadi; hace más frío que junto a la sombra del PNV. Quizá por eso muchos socialistas no se vean con fuerzas para aguantar cuatro años más hablando de ‘bienios negros’ o de que el referéndum sobre la autodeterminación es un problema de los nacionalistas. Este cansancio es legítimo, pero habrá que llamar a las cosas por su nombre. Por eso es importante que Zapatero aclare si va a haber un cambio de rumbo en la política del PSE. Mientras parecía que cundía el desánimo de Redondo, el PNV permaneció callado, pero a medida que han aflorado movimientos de solidaridad con el dimisionario, Ibarretxe ha bajado a la arena para tomar partido ajeno. Aquellos socialistas que llamaron «carroñero» a Mayor, no han hablado de injerencias. Lo que habrá que ver todavía.

Prioridad pública
Editorial El Correo 19 Enero 2002

Una sociedad como la vasca puede vivir con más o menos inversión y gasto público dedicado a su bienestar y a la mejora material de sus condiciones de vida. Pero Euskadi no puede permitirse -más que a costa de la libertad de sus ciudadanos- que las columnas vertebrales de una sociedad democrática -sus representantes, sus jueces, sus periodistas, sus profesores o cualquiera de sus servidores públicos- se tambaleen por efecto de la violencia, o que el acoso terrorista perturbe la vida de cualquier persona cuya significación social la convierta en objetivo de ETA. El terrorismo ataca con especial saña a los que configuran los baluartes del Estado de Derecho, tanto a las instituciones encargadas de velar por el cumplimiento y respeto de la Ley, como a aquellos ciudadanos y entidades que constituyen los canales por los que fluyen la libertades y, en concreto, las de información, expresión y opinión. Ertzaintza, Justicia y Prensa han sido los últimos objetivos expresos de ETA en ese afán por implantar la anormalidad y despojar a la democracia de sus principales atributos, como antes lo fueron, y nunca han dejado de serlo, los políticos, los intelectuales o los empresarios. Unas dianas no casuales.

En cualquier Estado de Derecho, la estabilidad y el normal funcionamiento de la Administración de Justicia constituyen uno de sus rasgos fundamentales y la razón de la existencia misma de una sociedad abierta. La difícil situación que atraviesan los jueces y fiscales del País Vasco, sobre cuyas vidas pende una amenaza cierta y directa, pone en entredicho la aplicación de la Ley y la protección de los derechos de los propios ciudadanos. El hecho de que un grupo de magistrados haya expresado nuevamente su preocupación por la manifiesta insuficiencia de las medidas que se han habilitado para su protección tras el asesinato de José María Lidón vuelve a plantear la prioridad absoluta con que las instancias responsables de su seguridad han de actuar para tratar de garantizar el desempeño de su función jurisdiccional en las mismas condiciones en que la Justicia es administrada en cualquier sociedad de nuestro entorno.

La seguridad, como responsabilidad indeclinable de los poderes públicos, ha de trasladarse sin tardanza a los presupuestos no como un esfuerzo temporal o contenido, sino como un empeño socialmente asumido que -mientras persista la amenaza terrorista- no se vea sometido a la discrecionalidad del responsable de turno o a consideraciones presuntamente objetivas que, en el fondo, reflejan especulaciones ingenuas y subjetivas; las cuales, como ya se ha demostrado, resultan fatalmente erróneas. Es cierto que la mera existencia de ETA impide alcanzar una situación de seguridad total. Pero las medidas de protección personal han de constituir la primera coraza disuasoria y preventiva frente al terrorismo, sin que su funcionamiento baje de tensión en los momentos de aparente y ficticia tranquilidad. En este sentido, no hay que olvidar que son también víctimas del terrorismo todas aquellas personas que, con razón, sienten en peligro su vida y la tranquilidad de sus más allegados. Sean funcionarios públicos o ciudadanos que contribuyen desde su profesión o su compromiso cívico al progreso y a la libertad, todas tienen derecho a seguir viviendo donde viven y a procurar alterar lo mínimo sus hábitos cotidianos. Y ese derecho es el que obliga a los poderes públicos, y muy en particular al Gobierno vasco, como responsable último de garantizar la seguridad de sus ciudadanos, a redoblar su celo en la protección de la vida y la libertad de los amenazados, sin que quepa excusa alguna que regatee los medios humanos y materiales para ello.

Pero también es imprescindible que la sociedad vasca adopte un compromiso cotidiano, cívico y solidario con quienes sufren la amenaza terrorista y con los que con su trabajo intentan menguar los riesgos de esa violencia. El número creciente de ciudadanos que deben afrontar su vida diaria acompañados de escoltas hace que esta realidad trascienda de lo minoritario y episódico para convertirse en una triste seña de identidad de nuestra comunidad. Y, por desgracia, a la amenaza y la intranquilidad, escoltados y escoltas han de añadir, en muchos casos, la indiferencia, cuando no el rechazo o la hostilidad de sus propios conciudadanos, incapaces de volcar en ellos, de forma activa y visible, su comprensión y su apoyo. El terror tiene, precisamente, entre sus objetivos el aislamiento de los que se le oponen, de quienes encarnan los valores que rechaza, de quienes son depositarios de la confianza de los ciudadanos. No basta, por tanto, con la condolencia y el testimonio puntuales; es precisa una implicación personal, diaria y comprometida, para arropar a los amenazados y repudiar a los que amenazan. Anteayer, fueron tres paquetes bomba contra periodistas, pero cinco días antes ETA recordó en Bilbao que para el terrorismo no hay rostros, sólo enemigos.

Apoyo a los jueces en el País Vasco
Editorial La Razón 19 Enero 2002

Las propuestas del Consejo General del Poder Judicial para apoyar a los jueces en el País Vasco, que hoy revelamos en su integridad en las páginas de Nacional de LA RAZÓN, afrontan con valentía la necesidad de respaldar a este colectivo amenazado, aunque también están llamadas a causar una cierta polémica. Respecto a la actuación del Consejo, no hay nada que objetar. Si no se ayuda a los jueces a realizar su labor, si no se les protege y se les incentiva, la Justicia en el País Vasco se resentiría, los abandonos se sucederían y este colectivo podría replegarse ante la agresión terrorista que ya se materializó en el caso del juez Lidón. Es conveniente, por ello, que los jueces en el País Vasco vean recompensado el peligro que sufren; puedan tener más fáciles relevos y reciban un respaldo moral y práctico que facilite su actuación independiente.
Dicho esto, es posible que otros colectivos se sientan discriminados en relación con el judicial, aunque sufran los mismos riesgos que éste. Porque el listado de ayudas a los jueces es amplio y generoso. Va desde medidas financieras, con facilidades crediticias, hasta exenciones tributarias; desde complementos retributivos hasta flexibilidad laboral.

Entendemos que es preciso igualar a los colectivos amenazados por arriba. Los jueces deben ser apoyados, pero también los policías, los profesores o cualesquiera otro sector profesional que esté en el punto de mira del terrorismo. Empezar por los jueces, por iniciativa elogiable del Consejo, puede ser un primer paso. Pero la sociedad debe respaldar a éstos y a los demás colectivos que arriesgan su vida por mantener la amenazada democracia en el País Vasco. Ahora, el CGPJ ha hecho su trabajo, pero que nadie olvide que la seguridad de los jueces depende de los Gobiernos. En este caso, el autonómico vasco.

El escalafón
Nota del Editor 19 Enero 2002

Como la seguridad infinita tiene coste infinito, y los recursos disponibles son siempre limitados, lo lógico es aplicarlos donde sean más eficaces, y resulta muy claro que dedicarlos a proteger a los primeros del escalafón no es lo mejor, ya que a renglón seguido habría que proteger a los segundos y así hasta los últimos, que resultamos ser los ciudadanos-paganos (de pagar). La utilización de los recursos para presentar a los primeros del escalafón con fachada de blindaje es el mayor disparate que se puede hacer, salvo para la mayoría de los políticos, que no usan la razón sino sus intereses partidarios y particulares, pues al detraer los recursos para el ataque directo contra las causas de la inseguridad, los terroristas y asesinos, están alargando el proceso de eliminación, y están justificando su propia permanencia para seguir aplicando sus intereses ad infinitum, que no son otros que mantenerse en el poder y percibir cada vez más y mejores emolumentos y prebendas del erario público.

No nos callarán
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 19 Enero 2002

Los periodistas no somos ni más importantes como seres humanos, ni más relevantes como profesionales que el común de los ciudadanos. No somos distintos, por ejemplo, de los miles de bilbaínos que hace una semana sintieron el calambre del terror al ver de cerca el riesgo de la muerte alojado en un coche bomba. Pero, de la misma forma que puede resultar abusivo el exceso de protagonismo en el que a veces podemos caer como gremio, sería injusto pasar por alto la evidencia de que el crimen que busca a un periodista como víctima tiene el terror añadido de tratar de cercenar el derecho a la informacion, patrimonio de toda la sociedad, y del que los periodistas somos difusores y en buena medida garantes. El terrorismo nacionalista quiere asesinar a periodistas -en este caso de EL CORREO, Radio Nacional de España, Antena 3-, para aterrorizar a otros periodistas y para impedir que cumplamos con nuestra obligación: contar las cosas que pasan. El atentado, felizmente abortado, contra tres profesionales de la comunicación pretende taparnos la boca, que no cumplamos con nuestra obligación, y aspira a privar a todos los ciudadanos de su derecho a ser informados.

De manera que si el atentado de Bilbao quería matar y sembrar terror, el atentado contra los profesionales de la comunicación pretende idéntico fin más dos huevos duros: tratar de conseguir que los vascos no sepan lo que pasa. Depués del asesinato de López de la Calle, el portavoz civil de los asesinos dijo que con ese crimen ETA estaba poniendo sobre la mesa sus críticas a algunos medios de comunicación. No está mal. Cuando no se está de acuerdo con lo que cuentan algunos periodistas se les asesina, y a otra cosa. Es lo mismo que se hace con otros sectores. Cuando no se está de acuerdo con lo que dicen y hacen los concejales del PP y del PSE-PSOE se les asesina; cuando no se comparte lo que dicen los jueces, se les asesina; cuando no se ve bien lo que dicen los profesores se les intenta asesinar, y así hasta matar a la gente que pasa por allí o compra en las rebajas. Este sistema paleolítico de entender la relación con los discrepantes permite que unos sobrevivan aterrorizados, mientras otros se pasean a sus anchas, con las manos en los bolsillos.

Pero ocurre que por mucho asesinato que perpetren, por muchos gremios que quieran amordazar, no van a poder tapar la marea que de forma imparable se les viene encima desde hace unos años. Han matado a periodistas, han intentado matar a periodistas, pero no van a impedir que sigamos cumpliendo con nuestra obligación: contarle a la gente las cosas que pasan. Los periodistas, además, somos ciudadanos y, como tales, tenemos nuestra propia visión de las cosas que pasan, del compromiso que debemos ejercer a favor de las víctimas. De la misma manera que en los años finales del régimen franquista y en los primeros de la Transición hubo un grupo de periodistas que apostó por la libertad y por la modernizacion del país, ahora algunos estamos empeñados en impedir que los que siembran terror contra la vida y contra las libertades impongan su dictadura. Los periodistas, y el resto de los ciudadanos vascos, ganaremos la libertad si somos capaces de mantener, siempre, la dignidad un par de peldaños por encima del miedo.

EL TERROR Y LA COMPLICIDAD
Editorial El Mundo 19 Enero 2002

Una vez más, los medios de comunicación vascos y españoles, mostraron ayer su repulsa contra los paquetes bomba enviados a profesionales de Antena 3, Radio Nacional y El Correo. Sólo el disciplinado cumplimiento de las normas de autoprotección por parte de los destinatarios evitó que les estallaran en las manos.

En esta unanimidad de rechazo a una ETA que busca aterrorizar a los medios de comunicación hubo, sin embargo, una lamentable excepción. Los representantes de Gara y Egunkaria también se manifestaron ayer. Pero no en solidaridad con los atacados, sino en defensa de la libertad de expresión de sus directores, que han sido llamados a declarar por Garzón debido a una entrevista que publicaron con dirigentes de la banda terrorista. O sea, que consideran más grave que un periodista responda de sus actos ante los tribunales, como cualquier ciudadano, al hecho de que pueda perder las manos, la cara o la vida al recibir un paquete explosivo.

Todos los partidos, excepto Batasuna, también rechazaron estos atentados y el Gobierno vasco calificó los paquetes bomba como «un ataque intolerable al conjunto de la sociedad, en la que los medios cumplen un papel fundamental». Así es. Por eso los dirigentes del PNV saben perfectamente que cuando insultan o descalifican la labor periodística de quienes les critican pueden estar sirviendo de estímulo para los ataques criminales de los terroristas. Del mismo modo que los compañeros de viaje de los terroristas reciben oxígeno cuando los tres partidos que sostienen a Ibarretxe PNV, EA e IU aceptan enmiendas de Batasuna para dar subvenciones a organizaciones de la izquierda radical, como sucedió la pasada semana, o cuando los nacionalistas se sientan con los cómplices del terror en la Udalbiltza.

Por todo ello, es muy importante que el PSE EE descarte en su próximo congreso tal y como propone el documento de la gestora cualquier entendimiento con el PNV, «mientras no comparta de verdad y con hechos la estrategia de unidad directa contra la violencia».

Limpieza consumada
Editorial ABC 19 Enero 2002

Lo que está sucediendo en el Ayuntamiento de Zumárraga es la consumación de la limpieza ideológica impuesta por el terrorismo y consentida por la indolencia del nacionalismo gobernante. El municipio guipuzcoano gobernado por el PNV se ha quedado sin concejales socialistas, lo ha abandonado una concejala de Eusko Alkartasuna -por apoyar a la familia de Manuel Indiano, concejal popular asesinado por ETA- y sólo queda un edil del PP. La situación se podrá abordar con múltiples criterios, pero la realidad sólo es una: de diecisiete concejales que iniciaron el mandato, sólo quedan nueve. Y esto es, simplemente, la anulación de la democracia, el exterminio político y físico de la oposición y la implantación del pensamiento único nacionalista. La causa directa siempre es la violencia de ETA y la coacción mafiosa de sus grupos de apoyo. Pero no es la única, porque esto sucede bajo el Gobierno del PNV, con competencias exclusivas en materia de seguridad en el País Vasco. Es también su responsabilidad directa, más aún cuando todas las iniciativas y declaraciones del lendakari no han incrementado un ápice la seguridad física ni el sentimiento de solidaridad con los amenazados.

En Zumárraga sólo son nacionalistas los que ahora pueden expresarse libremente y los que pueden ejercer sin miedo los cargos públicos y la representación popular. Las excusas sobre el conflicto, las buenas palabras o las conferencias de paz multilaterales cuelgan como adornos de una realidad que cada día es más trágica para quienes han asumido responsabilidades esenciales en una democracia. Desisten los concejales y sus electores se ven fuera de las instituciones. Abandonan unos jueces y otros piden más protección para hacer Justicia en nombre de un Estado que la ideología gobernante se ha propuesto quebrar. Acosan y atentan contra periodistas y los ciudadanos ven amenazada la libertad de informarse, de opinar y de criticar.

Zumárraga es la metástasis del problema vasco, que no es otro que la sinergia entre el terrorismo y el nacionalismo en la imposición de un programa soberanista, que sólo es viable mediante la exclusión de los no nacionalistas y la desarticulación progresiva y constante de la presencia del Estado, por un lado, y del sistema de libertades, en cuanto sea un obstáculo para sus fines. El frente nacionalista no requiere mayores formalidades para constatar su existencia. PNV, EA y Batasuna discreparán por las dosis de su poder interno en ese frente, pero no por estar en desacuerdo en lo fundamental. Están de acuerdo y se están quedando solos con el control de las instituciones y en el ejercicio de las libertades. No necesitan más.

Remedios de ETA
Editorial El País 19 Enero 2002

A los terroristas no les gusta la imagen que de su actuación reflejan los medios de comunicación, y responden disparando contra el espejo: intentando matar a algunos periodistas. El jueves seleccionaron a un diario, una emisora de radio y una cadena de televisión para dar a conocer su opinión sobre lo que esos medios opinan del terrorismo. Pero en lugar de enviar cartas al director rebatiendo las opiniones ajenas, como hubiera hecho cualquier persona decente, han remitido sendos paquetes con suficiente cantidad de explosivo como para matar o mutilar a cualquiera que los hubiera abierto.

El triple atentado, aunque fallido, cumple parte de su objetivo. Unos señalan objetivos, ofreciendo razones por las que colectivos enteros merecerían ser asesinados, y ETA actúa contra algunos de sus miembros para intimidar a todos ellos: así funciona la empresa de amedrentamiento social montada en torno a ETA. El atentado viene a recordar también que en Euskadi son muchas las personas cuya vida está condicionada las 24 horas del día por la amenaza latente de ETA: jueces, ertzainas, concejales. Y periodistas: desde el fin de la tregua ETA ha asesinado a dos personas ligadas a medios de comunicación e intentado matar al menos a otros ocho informadores.

En la entrevista que en junio pasado publicaron los diarios Gara y Euskaldunon Egunkaria, dos portavoces de ETA declaraban que 'actuando contra los medios y los pseudoperiodistas que se muestran a favor de la opresión de Euskal Herria se ganan espacios para la libertad de expresión'. El lunes pasado, la Audiencia Nacional llamó a declarar a los directores de esos dos diarios por considerar que la entrevista contenía justificación de actos terroristas, amenazas e inducción a cometer delitos.

La justicia decidirá si la acusación tiene o no fundamento, pero lo que, desde luego, no lo tiene es colocar en el mismo plano, como atentados a la libertad de expresión, esa iniciativa de la Audiencia Nacional y la de ETA de intentar mutilar o asesinar a tres periodistas. Tampoco es lo mismo defender unas ideas, las independentistas, por ejemplo, que propugnar el derecho a asesinar en nombre de las mismas. En el País Vasco hay personas amenazadas de muerte por negar ese derecho a los terroristas.

'Guerra sucia' sin cuartel
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 19 Enero 2002

Ningún medio, por vil o ruin que pudiera resultar, ha sido escatimado en el empeño de destruir políticamente a Nicolás Redondo Terreros e impedir con ello su permanencia al frente del Partido Socialista de Euskadi. Ninguna puñalada le ha sido perdonada y por cada gesto de apoyo procedente de un compañero de militancia ha recibido decenas de deslealtades. Pero aun así, Nicolás sigue adelante.

La guerra sucia, repugnante y sin cuartel, desatada desde el interior de sus propias filas contra el primer socialista vasco que se atrevió, cuando nadie más lo hacía, a denunciar sin ambages esa otra guerra sucia conocida como GAL y que llevó a la cárcel a un ministro de Interior socialista y a su secretario de Estado de Seguridad, muy apreciados ambos por Xabier Arzalluz, ha alcanzado cotas desconocidas hasta ahora y hermanado a personajes tan distintos y distantes como Odón Elorza y Juan Carlos Rodríguez Ibarra.

De manera que el alcalde de San Sebastián que en septiembre de 2000 se ausentaba de su ciudad para no verse obligado a participar, junto con dirigentes populares, en una gran manifestación ciudadana de condena al terrorismo etarra, y el presidente autonómico que en enero del mismo año declaraba públicamente preferir una alianza del PSOE con el PP antes de permitir que éste se echara en brazos de CiU, han coincidido fraternalmente en el linchamiento inmisericorde del dimitido secretario general del PSE/PSOE.

Y han contado para ello con aliados poderosos. Por ejemplo, el alma caritativa (se habla de un periodista próximo a la dirección federal, aunque otras fuentes apuntan al denominado sector vasquista de Euskadi) que filtró un almuerzo entre Redondo Terreros y Aznar como si se tratara de una reunión conspiratoria de Ku Kux Klan.

O el grupo Prisa, que repicó sin descanso en sus informativos el mencionado encuentro, presentando al dirigente socialista como un traidor despreciable a punto de pasarse al enemigo con armas y bagajes. O algún otro líder del PSE que también almorzó con el presidente del Gobierno por aquellas fechas y se ha cuidado mucho de decirlo, por más que el propio secretario general del partido, José Luis Rodríguez Zapatero, ofrezca un ejemplo de comunicación fluida con el PP vasco, entrevistándose con cierta regularidad (la última vez hace apenas unos días en conversación telefónica) con la presidenta de los populares guipuzcoanos, María San Gil, cosa que tampoco se airea en demasía, por cierto.

En la conjura orquestada desde hace meses alrededor de Redondo Terreros han participado personajes tan variados como enfrentados en sus planteamientos, porque variopintos y hasta opuestos son los motivos que han inducido esta miserable «cacería del conejo con alma de jabalí», como la ha definido su principal protagonista.

Aquí han tenido su papel los rencores pasados de algunos desplazados en el último congreso, un cierto afán de venganza por aquellas valientes distancias con respecto al GAL, el deseo de dejar tuerto al Gobierno de José María Aznar aunque el PSE quedara ciego, la disposición insalvable a la traición de algunos dirigentes guipuzcoanos y vizcaínos que ya en su día traicionaron a Jaúregui y traicionarán por un plato de lentejas a quienquiera que ocupe el despacho de secretario general, y el deseo de algunos personajes de la actual Ejecutiva Federal de tener al frente de los socialistas vascos a un hombre más dócil y manejable que el hijo de Nicolás Redondo. El problema es que han buscado hasta debajo de las piedras y no encuentran al candidato idóneo.

Queda por saber qué dirá Zapatero el domingo en San Sebastián, si será realmente neutral en sus planteamientos y si existe algún tapado dispuesto a servir de alternativa aceptable a la hasta ahora inevitable candidatura de Nicolás Redondo Terreros, aun a costa de propinarle la puntilla definitiva. Lo que está ya claro es que esta guerra puede zanjarse con algunos ilustres derrotados, pero no conocerá vencedores.

EL PERSONAJE
Cascos acude a los 'maitines' del PP
El día 14, sí. El ministro de Fomento, Francisco Alvarez Cascos, conocido por faltar habitualmente a los maitines de los lunes, sí acudió el pasado 14 de enero al cónclave de la dirección popular, donde no se habló de su enmienda para que el próximo congreso limite los mandatos. Allí estaban también dos de aquellos a quienes Cascos denomina «filtradores habituales», con quienes está molesto porque le niegan protagonismo cuando cuentan off the record las cenas de matrimonios con los Aznar.

LA NOTICIA
Los socialistas vascos se 'retratan'
Cotizaciones. El nuevo secretario general de Organización del PSOE, José Blanco, ha ordenado que las cotizaciones de los afiliados se paguen exclusivamente a través del banco. Esta medida, aplicable en toda España, priva a los militantes vascos de la posibilidad de abonar sus cuotas en sus correspondientes Casas del Pueblo y les obliga a retratarse públicamente en ventanilla ante empleados desconocidos, lo que en muchos de ellos produce un miedo suficiente como para convertirles en morosos. Ahora bien, quien no paga, no vota en el partido.

Triste destino para el País Vasco
Cartas al Director ABC 19 Enero 2002

Hace años se decía que Cuba era el país más grande del mundo, con el Gobierno en la isla, la población en Miami y el ejército en África. Pues ahora tenemos Euskadi, con el Gobierno en una provincia que por motivos del Concierto parece estar fuera del País Vasco, con gran parte de su población exiliada, interior o exteriormente, y la Policía viviendo en Cantabria, La Rioja, Castilla... Y además un país de economía artificial.

Hace tiempo que el BBVA, en un estudio sobre financiación autonómica, reveló que Euskadi era deficitaria respecto al resto de España, recibía más que daba. Aun así no paran de mirarse el ombligo en muchos casos y hablar de lo bien que se vive allí. ¡Faltaría más! Dotados de unos privilegios fiscales medievales injustos, practicando un constante dumping fiscal sobre las provincias limítrofes, lo que hace que empresas riojanas, castellanas, cántabras se instalen pasado el Ebro, y sus trabajadores vivan en las originarias. Pero no están contentos.

Y eso que su independencia traería como consecuencia que, desaparecida la relación con España, desaparecía el Concierto, tendrían que estar en cola para la entrada en la Comunidad Europea, como Polonia o Hungría. Creo que, o por ignorancia o por creerse la propaganda nacionalista, la población de Euskadi, con las excepciones que se quieran, no se da cuenta del triste destino al que le quieren llevar ciertos iluminados.

Juan José Garaeta. Málaga.

Cebrián, preséntate
Enrique de Diego Libertad Digital 19 Enero 2002

El consejero-delegado del grupo Prisa concede entrevistas como un político. Incluso se ha hecho un libro de tú a tú con Felipe González para convertirse en el albacea del felipisimo y sus rencores. Cebrián habla y escribe no como un periodista sino como un político, como el líder alternativo a Zapatero, como la conciencia crítica del socialismo de Jarrapellejos y como el neoideólogo de la CEDA de izquierdas, comparsa de cualquier nacionalismo secesionista: España, lo menos importante.

Cebrián, que ni se enteró de las reuniones de míster X con Ricardo García Damborenea y la cúpula de interior para montar el GAL y fichar a Amedo, ha conseguido, por fin, dar una exclusiva: ¡Nicolás Redondo se reunió con José María Aznar! Lo cual, como todo el mundo puede comprender, es gravísimo. Además de ser ¡cinco!, encima tuvieron la ocurrencia de no publicar un libro en Santillana, como hizo Cebrián con su monólogo, con González de espectador, en la finca El Obispo. Por cierto, relacionada con la desamortización de Mendizábal, cuestión que tampoco se ha valorado lo suficiente.

Como Cebrián es tan listo, y González tan clarividente, a algunos se nos escapan las ventajas de destruir la convivencia común favoreciendo la independencia del País Vasco. No acabamos de entender por qué eso es seguidismo del PP. También se nos oculta cómo luchaba contra el franquismo Cebrián desde la dirección de Televisión española. ¡Luchar dentro era lo heroico! ¡Lo de la clandestinidad no tenía mérito!

Algunos no entendemos por qué propone reformar la Constitución para que no haya ninguna, para abrir la espita al derecho colectivista de autodeterminación, ni cómo Cebrián -se define como “fundamentalista laico”, aunque lo de ser fundamentalista es siempre un desquiciamiento- es capaz de compaginar, con su lucidez supina, su adhesión a ese periclitado principio marxista-leninista con su reflexión sobre que la modernización de la izquierda pasa por una valoración positiva del afán de lucro. Porque o bien estamos ante un Lenin del capitalismo que daría la soga para su ahorcamiento o bien es que Cebrián se nos ha vuelto un capitalista salvaje sin principios (o sea, un cara).

En suma, son tantas las iluminaciones con la que nos viene ilustrando esta luz de Trento y martillo de herejes; son tan alambicadas y, en apariencia, contradictorias sus sublimes reflexiones; afectan de manera tan directa a la praxis política, que parecería lógico que pasara de las musas al teatro abriendo un debate público en gran escala y presentándose a las elecciones, quitando de en medio a “sosoman”, manifiestamente anatemizado como inservible.

Cebrián, preséntate. Sálvanos, porfa. Porque, claro, si González, a pesar de tánto libro, no sirve como cabeza de cartel, ¿quién mejor que tú? Apoyo de medios no te iba a faltar. Además, está Tusell para escribir tu historia. Elogiosa, por supuesto.

Savater confía en Redondo y no le vale ningún otro candidato
MADRID. ABC 19 Enero 2002

El escritor y presidente de la plataforma «Basta ya», Fernando Savater, aseguró ayer que «hemos aprendido a confiar en Nicolás Redondo y no nos valdría otra persona como candidato» a la Secretaría general de los socialistas vascos.

En declaraciones a Antena 3 afirmó que Redondo «es la persona idónea para liderar a los socialistas vascos, es el símbolo de un compromiso político».

Según un comunicado de esta cadena televisiva, Savater señaló que la actitud del PSE de aproximación al PP en el terreno de la democracia «es la única acertada y sólo la gente enferma de sectarismo es quien lo ha criticado», y añadió que el PSOE «es un partido estatal y no puede estar igual de cerca del PP que del PNV».

Denunció que en los últimos doce años, 200.000 personas, el diez por ciento de la población, abandonaron el País Vasco y «supongo que no se habrán ido por entusiasmo». «Los que se hayan quedado -explicó- serán nacionalistas o resignados con el nacionalismo».

Redondo advierte del peligro de una «guerra civil» si el PNV no garantiza la libertad
Otro documento elaborado por la gestora rechaza la autodeterminación pero deja solo al PP. El líder vasco niega haberse reunido con Damborenea y dice haber tenido sólo un encuentro «fortuito»
Los socialistas vascos se afanan estos días en preparar el congreso extraordinario que celebraran en el mes de marzo para elegir a su secretario general. Así, el que hasta ahora había ocupado ese cargo, Nicolás Redondo Terreros, ya tiene listo el documento que presentará como texto de debate. En él, reafirma las tesis políticas que ha venido defendiendo en los últimos años y se muestra tajante al advertir de una «guerra civil» en el País Vasco si el Gobierno de Ibarreche no garantiza la libertad. Por su parte, la gestora del PSE, encabezada por Jáuregui también presentó ayer su propuesta.
Redacción - Madrid.- La Razón 19 Enero 2002

El documento de Redondo consta de 80 páginas y tres bloques principales en los que enmarca históricamente la situación vasca y la de su partido, fija su posición en todos los aspectos políticos de interés y desgrana el proyecto, que a su entender, debe ser propio del PSE. El texto del ex secretario general de los socialistas vascos gira en torno a la defensa de la libertad. Así, se muestra tajante al señalar que «la libertad debe ser garantizada por la ley, y el Estado de derecho es el instrumento político constituido por los ciudadanos para ejercer la ley y arbitrar en los conflictos sociales». Además alerta de que «su desaparición, como en Yugoslavia, da origen a un enfrentamiento civil y étnico de dramáticas consecuencias. La desaparición del Gobierno Vasco en la defensa de la libertad y de los derechos de los ciudadanos, reduciendo la condena del terrorismo a una descalificación ética y moral , deslegitima el Estado autonómico en Euskadi y facilita la limpieza etnicista».

Respecto a la relación que mantienen socialistas y populares en el País Vasco propugna por «desarrollar al máximo los lazos de solidaridad entre quienes se consideran no nacionalistas» y ve al Pacto Antiterrorista como un preludio de un posible acuerdo futuro entre los que abogan por el nacionalismo y los que no.
Redondo Terreros aborda el diseño de un proyecto político propio para su partido desde el supuesto de que un «lendakari» apoyado por los socialistas en el momento actual sería «de paja» y acabaría estando a las órdenes del presidente del PNV, Javier Arzallus. Además, en relación al derecho de los vascos a la autodeterminación, incide en que ya lo ejercieron al elegir el sistema político bajo el que querían vivir: una comunidad autónoma dentro del Estado español.

Este texto es el que Redondo ha remitido a las distintas agrupaciones socialistas del País Vasco. Tras la aprobación unánime por los miembros de la gestora del documento redactado por Ramón Jáuregui, el ex secretario general del PSE expondrá hoy si mantiene su documento o si se adhiere a la ponencia oficial.
Por su parte, la ponencia base elaborada por la gestora recoge que en la actualidad «no es posible» pactar con los nacionalistas pero a su vez, marca distancias respecto al PP.

Por otra parte, según informaron anoche en «la SER» Nicolás Redondo habría mantenido un encuentro con Ricardo García Damborenea. El ex secretario del PSE, en declaraciones a LA RAZÓN, negó rotundamente esa reunión y señaló que tan sólo, la semana pasada se encontró con Damborenea en la Plaza Elíptica de Bilbao. «Al ir a saludarle me respondió ¿qué te sea leve!. A esto yo contesté que siempre me irá más leve que a él», aseguró Redondo a este periódico.

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