AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 20  Enero  2002
#La burbuja de la enseñanza pública
JUAN LUIS FABO El Correo   20 Enero 2002

#La cacería
Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN, profesor de Filosofía Universidad del País Vasco ABC 20 Enero 2002

#UNA PAGINA BOCHORNOSA EN LA HISTORIA DEL PSOE
Editorial El Mundo  20 Enero 2002

#Redondo se va ganando
Editorial ABC  20 Enero 2002

#Otro Redondo al zurrón
Editorial La Razón  20 Enero 2002

#Neolocalismo
Amando DE MIGUEL La Razón  20 Enero 2002

#Zapatero entrega el PSOE a PRISA
EDITORIAL Libertad Digital  20 Enero 2002

#Redondo, kaputt
Jaime CAMPMANY ABC  20 Enero 2002

#La servidumbre voluntaria
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  20 Enero 2002

#Entrevista con Aznar: «El PNV ha emprendido el camino de Estella II y busca neutralizar al PSOE»
José Antonio Zarzalejos, José Luis González-Besada y Pablo Planas ABC  20 Enero 2002

#LA LENGUA DE NUESTRO PAÍS
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz  20 Enero 2002

La burbuja de la enseñanza pública
JUAN LUIS FABO El Correo   20 Enero 2002

Las declaraciones de la consejera vasca de Educación, Anjeles Iztueta, al calor de la próxima convocatoria de la Oferta de Empleo Público Docente, han confirmado los deseos del nuevo Gobierno vasco de eliminar de la plantilla educativa pública al profesorado sin perfil lingüístico acreditado.

Si analizamos en primer lugar la cifra proporcionada por la consejera, vemos que está ante un error de cálculo. Su aproximación imprecisa de la cifra de profesorado sin perfil lingüístico acreditado («cerca de un millar») no se ajusta a los datos del propio departamento, que lo sitúa en más del doble de lo señalado, casi un 20% de la plantilla (dato que, por otra parte, desvela la enorme magnitud del esfuerzo realizado por el profesorado en su propia euskaldunización, pasando de un 5% a más del 80%).

Pero más allá de cifras, estamos ante una cuestión de filosofía con gran fondo político y grandes consecuencias prácticas, tanto para el sistema educativo como para quienes lo configuran. Podemos pensar que estas declaraciones se parecen a las afirmaciones realizadas por su compañero de partido Inaxio Oliveri cuando se estrenaba como consejero de Educación. También él habló de «buscar soluciones», aunque enfatizando aquello de «respetar los derechos del profesorado», y también él demandaba «lograr un pacto».

Pero, diez años después, la nueva consejera ha decidido hacer una nueva lectura de la legislación vigente y, en buena parte, pactada. Afirmar, desde la máxima responsabilidad del sistema educativo vasco, que todo el profesorado ha de ser bilingüe de forma inmediata porque lo requiere el país, puede ser un deseo, pero sólo eso.

Iztueta cree que todos los plazos de preceptividad han prescrito, que todo el profesorado, independientemente de su edad (o del resto de los motivos de exención que plantea la Ley de Cuerpos Docentes) o del nivel, zona o modelo en el que imparta, debe acreditar un perfil lingüístico.

Aunque, y ahí demuestra otra contradicción, sus afirmaciones se refieran únicamente a la enseñanza pública. Su «para ser docente en esta comunidad hay que ser bilingüe» lo ha circunscrito claramente a una parte de la educación vasca: la de titularidad pública. La parte en la que encontrará, sin duda, más aliados para desarrollarla, entre ellos algunos sindicatos que no dudan en mantener dos posiciones y dos líneas de actuación radicalmente distintas dependiendo del sector -público o privado- en el que se encuentren.

Una decisión limitada al sector público, pero tan drástica como la manifestada, no ha ido acompañada por aclaraciones igual de precisas sobre sus consecuencias («buscaremos salidas a los profesores no bilingües en otros servicios» parece más una muestra de benevolencia que de respeto).

Iztueta sobrepasa así la gestión de la educación vasca, entrando por completo en la actuación política desde posiciones sin proporción ni equilibrio, elementos imprescindibles para gobernar con respeto al pluralismo y el acierto en la integración lingüística.

Estamos ante un nuevo caso de querer hacer país desde la estrecha óptica que tienen sectores actualmente en alza del nacionalismo vasco, aunque sea, en este caso, limitado exclusivamente al sistema educativo, cuyo fin principal, más allá de proclamas retóricas, queda circunscrito a un objetivo que algunos nacionalistas se empeñan en patrimonializar en lugar de compartir. ¿Qué ‘salidas’ le quedarán a la consejera si el resto de colegas del Ejecutivo vasco opta por la misma política en cuanto a la calificación del resto de puestos de trabajo en las administraciones y servicios públicos? ¿A qué servicios o departamentos podrá destinar a un personal al que califica de «cualificado», pero que ella misma inhabilita para su función?

Las declaraciones de Anjeles Iztueta sitúan a muchos profesores del sistema educativo público en la picota profesional, y perder profesionales capacitados y útiles por ‘construir país’ es un error que sólo contribuiría a empobrecer y no a enriquecer. Convertir la enseñanza pública vasca en una burbuja separada del resto del mundo educativo e, incluso, del resto del mundo a secas, es un fracaso anunciado.

La consejera se ha acercado a su horizonte pero alejándose tanto de su cometido que ha acabado perdiéndose. Esperemos que nos encuentre y no nos pierda a todos.

La cacería
Por Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN, profesor de Filosofía Universidad del País Vasco ABC 20 Enero 2002

A veces las cosas son lo que parecen. Incluso en política, donde reina el prejuicio bien fundado de que las cosas nunca parecen lo que son, hay cosas que exactamente son eso que parecen. Lo que ocurre es que cuesta aceptar, pongamos por caso, que a la clase política argentina su país le traiga al pairo, que el nacionalismo vasco moderado se batasunice por voluntad propia, o que un partido nacional cuyos afiliados vascos se juegan la vida por el mero hecho de serlo opte por humillar y castigar a algunas de sus personalidades más destacadas, estafando de paso a no pocos votantes, y todo por la esperanza de ganarse aliados para un juego con el premio en otra parte: volver a La Moncloa con apoyo del PNV y culpando al PP del bloqueo de la situación vasca.

Es el caso de la operación contra Nicolás Redondo Terreros, que la propia víctima ha definido como una cacería. Y es verdad, ha sido y es lo que parece: una cacería. Enhorabuena a los cazadores, pues la pieza, de momento, no les ha costado muy cara: ha bastado con disparar un poco de basura y mucha crueldad gratuita. Los cazadores también esperan, con fundadas esperanzas, capturar, junto al trofeo más vistoso, al núcleo duro de su partido que le ha brindado públicamente su apoyo estos días. Y, con esa captura, liquidar la estrategia constitucionalista vasca, el consenso entre PSE-EE y PP y el enfrentamiento con el PNV.

La verdad es que estábamos viviendo de una esperanza prestada. Es evidente que, en el mundo socialista, y no digamos ya en IU, el enemigo no es ETA, ni la limpieza étnico-ideológica de todos los días en el País Vasco, ni los increíbles disparates nacionalistas. Eso se dice en campaña electoral, tiempo para decir cualquier cosa. No. El enemigo es el PP, encarnación de esa sombra sin perfil demonizada como «la derecha», a la que se arroja toda disidencia política e ideológica. Y contra ese enemigo vale todo, incluso la cacería de Nicolás Redondo y de lo que representa, pero precisamente por lo que representa: coherencia, decencia, esa transparencia de hacer lo que se dice que ha terminado por ponerle a los pies de los cazadores de cabezas.

Cuando Ramón Jáuregui descendió de Ferraz para volver a habitar entre los vascos, prometió que iba a propiciar un debate de ideas, no de personas. Hecha la acusación implícita de que Redondo propiciaba lo contrario, el cazador de cabezas eliminó los textos rivales de las distintas corrientes socialistas y prometió un texto de síntesis: extraño debate ideológico, donde lo primero en caer son las diferencias. Lo mismo podía haber prometido una intertextualidad, que está más de moda. Pero parece que sus negros de Ferraz han intertextualizado casi el setenta por ciento de la ponencia de Nicolás Redondo, el mismo texto cuyo rechazo por la Ejecutiva vasca precipitó su dimisión. Menos suerte han tenido los vasquistas, cuyas audacias herreromiñonianas y maragallistas han ido a la papelera sin más. Nicolás Redondo dimitió, como dijo, para forzar un debate clarificador entre estrategias e ideas incongruentes: las suyas y las «vasquistas». En realidad, y como se ha visto, los segundos han sido explotados por los cazadores de Ferraz para forzar la dimisión de Nicolás Redondo y, a continuación, paralizar toda discusión política e ideológica con el pretexto de que la manía de discutir menudencias, cosas como la autodeterminación, divide al partido.

Liquidada la cuestión de las ideas, que dan lo mismo con tal de que no digan nada, quedaba la cuestión de las personas. O sea, de las cabezas. Lamentablemente, las ideas suelen generarse y viajar en cabezas que corresponden a personas con nombre y apellidos. Discutir de ideas políticas huyendo de la discusión sobre las cabezas responsables es por eso bastante inverosímil. Es en este punto donde la prensa manejada por el famoso miembro de la ejecutiva federal denunciado por Nicolás Redondo Urbieta, ex secretario de UGT, ha entrado con toda la artillería, haciendo el trabajo feo que Jáuregui excluyó desde el principio: discutir de candidatos y méritos personales. Hay que interpretar que la invitación a discutir de ideas -sin discutirlas- dejando de lado las cabezas daba por hecho que no merecía la pena cavilar sobre algunas que tenían los días contados. Por las buenas o por las malas.

Las virtuosas protestas contra la «intromisión» de medios de prensa no controlados se convierten en «lúcidos análisis» y «periodismo de investigación» cuando son los propios perros de prensa quienes acosan y muerden a la víctima señalada. Visto que la bomba de la «reunión secreta» con Aznar quedaba en traca de feria, se ha disparado el proyectil de los encuentros secretos con Damborenea. Esta munición sí ha sido definitiva. Desempolvada por el «Diario de Noticias», pequeño órgano oficioso del PNV en la comunidad foral de Navarra -«Deia», el órgano oficial, tiene poco prestigio en esto de la investigación-, tanto la Cadena Ser como «El País» se han apresurado a cultivar el indicio para que fructifique como esplendorosa acusación. Es sabido que Damborenea, el traidor por excelencia, contamina lo que roza. Y que Nicolás no acudía a las citas de exaltación de unanimidad partidista celebradas ante la prisión de Gudalajara. Y que la banda de Guadalajara comparte negocios de comunicación con el partido de Arzalluz.

Dejando de lado la cinegética, la pregunta que se impone es la del futuro del socialismo y del constitucionalismo en el País Vasco, pues sin duda la teoría de los dos pies constitucionalistas, el del PP y el del PSE-EE, va a cojear una larga temporada. Y la influencia que puede tener esta cacería en el futuro general del socialismo español (Zapatero debería recordar ese famoso refrán de las barbas vecinas). Este depende, obviamente, de lo que ocurra con el socialismo vasco tras la difamación y caza de Redondo. Y a este respecto, hay que advertir que quizás los cazadores más encarnizados han logrado una presa pírrica que sólo disfrutrará ese PNV tan acostumbrado a disfrutar del sacrificio ajeno. Porque si bien Ferraz acabará encontrando, por las buenas o por las malas, un candidato que ocupe la secretaría del PSE-EE, la herida que ha dejado abierta no es de las que cicatrizan fácilmente. Sin duda alguna, las siglas PSE-EE seguirán en el mercado político, como un logo comercial más. Pero para muchos ciudadanos dejarán de significar algo de lo que significaban: una representación, cierta identidad, un poco de esperanza, un aire de autonomía ética y política. La izquierda social vasca será un poco más huérfana, estará un poco más desactivada. Respecto a las almas cándidas que juzgarán que la caída del socialismo constitucionalista y su sustitución por el puro oportunismo acercarán una solución democrática para la situación vasca, van listos. Por el contrario, el nacionalismo se apresta a contar la cacería de Redondo entre los éxitos propios, a descontar al bloque constitucional como un adversario político real y temible, y a profundizar en la fuga hacia delante iniciada con la negativa a pactar el Concierto Económico y pagar el cupo. La veda está abierta, señores.

UNA PAGINA BOCHORNOSA EN LA HISTORIA DEL PSOE
Editorial El Mundo  20 Enero 2002

Nicolás Redondo Terreros se dio ayer por vencido al anunciar que no se presentará a la reelección como secretario general del PSE EE en el próximo congreso. Al borde de las lágrimas y con la voz temblorosa, Redondo manifestó que esta decisión es «la más dolorosa» de su vida política. No es para menos. Su renuncia es el último acto de una de las páginas más bochornosas de la historia del PSOE. Desde que el pasado 21 de diciembre presentara su dimisión por las críticas del sector del PSOE partidario de entenderse con el PNV, Nicolás Redondo ha sido objeto de una «cacería» por usar su expresión vergonzosa en la que se han utilizado armas que nada tienen que ver con el legítimo debate político en el seno de un partido, sino con el desprestigio de la persona. Primero fue una comida con Aznar en La Moncloa la que le mereció epítetos como «desleal» o «traidor». Finalmente, una supuesta «reunión secreta» con Ricardo García Damborenea, lo criminalizó definitivamente, a pesar de que sólo se lo encontró un día por la calle.

La ofensiva que tenía como objetivo presionar a Redondo para que tirara la toalla, a base de identificarlo con el PP, fue desatada por los dirigentes socialistas más identificados con el felipismo y puesta en marcha con gran estruendo informativo por el Grupo Prisa, con la cadena Ser como vanguardia del ataque.Y, esto es lo peor, sin que la Ejecutiva Federal que encabeza José Luis Rodríguez Zapatero que en su día se identificó plenamente con las tesis de Nicolás Redondo moviera un dedo por evitar este acoso, por lo que cabe sospechar legítimamente que la dirección federal socialista haya tenido algo que ver con la persecución.

Hay una cuestión de fondo que demuestra, sin lugar a dudas, que era la persona lo que estorbaba y no su proyecto. El documento elaborado por la gestora que preside Ramón Jáuregui uno de los primeros en descalificar a Redondo lejos de suponer el giro estratégico que propugnaban sus detractores, recoge, punto por punto, el ideario que ha venido defendiendo el ex secretario general, como subrayó él mismo. Todo ello convierte en especialmente siniestros los elogios que le han dedicado, ahora, dirigentes como Ramón Jáuregui o Manuel Chaves. Ambos dijeron ayer que los socialistas vascos deben seguir defendiendo la política de Redondo. Sólo cabe decir que la generosidad y dignidad de su renuncia «no quiero someter a mi partido a una argentinización» deja aún más en evidencia el innoble comportamiento de sus enemigos.

Las claves de esta renuncia no se agotan en el País Vasco. Tienen una lectura nacional. La página cerrada por Redondo supone el primer tropiezo serio del proyecto de renovación con el que José Luis Rodríguez Zapatero llegó al liderazgo del PSOE. El líder socialista no ha logrado resistir las presiones del viejo aparato felipista cuya única razón de ser es el rencor y cuya única estrategia es la venganza contra el PP y quienes denunciaron sus abusos.Caiga quien caiga, aunque sean socialistas cabales y con principios como Redondo.

Redondo se va ganando
Editorial ABC  20 Enero 2002

La marcha definitiva de Nicolás Redondo Terreros es una mala noticia para la política vasca. Nadie es imprescindible, desde luego, aunque algunos líderes son muy necesarios. Redondo es uno de ellos. Pero la resistencia tiene un límite, y el ex líder socialista vasco lo ha superado. La campaña de filtraciones lanzada al unísono desde el PSOE y sus medios afines ha conseguido el objetivo que ni ETA ni el PNV lograron: que Redondo se vaya. Y lo hace cuando el debate renovador y equidistante impulsado por la gestora de su partido alumbra un documento en el que se dice, entre otras cosas, que la autodeterminación «puede favorecer un proceso de limpieza étnica» y que «es mentira» que traiga la paz. En su despedida, Redondo se alegraba tristemente de ver estas propuestas en el documento. Parece que los que llegaron a la gestora para devolver al socialismo vasco la identidad perdida por el adulterio ideológico cometido con el PP se han topado con la realidad monolítica que ha impuesto el nacionalismo vasco. Los que aspiraban a hacer geometrías políticas variables con sujetos como Arzalluz se han dado cuenta de que sólo queda un ángulo para ver las cosas como son.

El repliegue de los críticos hacia los postulados que defendió el hijo del sindicalista durante estos dos últimos años demuestra que el gran debate sobre el problema vasco ya estaba hecho y resuelto. Entonces, alguien tendrá que explicar si las diferencias entre las familias del socialismo vasco eran tan profundas o se agrandaron por influencias externas. Lo cierto es que quienes apostaban por esa opción llamada «vasquista» y querían hacer política propia, desde y para el País Vasco, han sido, consciente o inconscientemente, fichas de tableros ajenos. Tanta vasquidad reclamada, para que al final sus estímulos hayan sido el rencor de la vieja guardia de Ferraz -«no te equivoques, Nicolás», fue el amenazante consejo de González a Redondo en el mitin de Baracaldo-, las necesidades tácticas de los federalistas asimétricos del PSC y muy concretas fobias políticas y filias empresariales de destacados publicistas madrileños. Lo que sucede es que la realidad vasca es la que es; la que se retrata en los jueces vascos, en los concejales del PP y del PSE, en los periodistas de medios no nacionalistas, en el Ayuntamiento de Zumárraga, donde su alcalde dice que «hay complicaciones». Nicolás Redondo se limitó a constatar esta realidad sin libertades ni derechos, a denunciar la responsabilidad del nacionalismo vasco y, sobre todo, a ser coherente con el mandato de sus compañeros de partido y con el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo que firmó su líder, Rodríguez Zapatero, cuyo liderazgo empezó ayer a declinar de forma irreversible. Redondo ha perdido el debate de las personas pero ha ganado el de las ideas.

Otro Redondo al zurrón
Editorial La Razón  20 Enero 2002

Nicolás Redondo Terreros, recientemente dimitido como secretario general del Partido Socialista de Euskadi, decidió ayer tirar la toalla y no presentará su candidatura en el próximo Congreso Extraordinario de su partido. La cacería política emprendida contra él en el seno de su propio partido, jaleada, cuando no organizada, por el Grupo Prisa, y largamente preparada por lo que se ha dado en llamar (por el mismo Redondo) el «entorno» de Felipe González, ha dado su fruto. Redondo Terreros ha caído tras una confrontación ideológica soterrada con el felipismo del PSOE, como cayó su padre, Nicolás Redondo Urbieta, cuando osó plantar cara al ex presidente del Gobierno socialista.

Filtraciones abyectas
En efecto, desde que en la campaña electoral Felipe González expresara claramente a Redondo que «se equivocaba» al romper los lazos con el PNV y al acercarse al PP en el País Vasco, la evidencia de que sólo una de estas estrategias podía vencer quedó patente. La posición de González, ardorosamente recogida como elemento de autoridad por otros de su partido, ha procedido a segar la hierba debajo de los pies de Redondo hasta hacer insostenible su situación. No le quedó más remedio que la dimisión que, si en su momento fue táctica, y un pulso para reorientar la situación del PSOE vasco con un fortalecimiento de sus posiciones, realemente sirvió para situarlo de diana de los más miserables ataques, de las filtraciones más abyectas, de la campaña de desprestigio mejor orquestada.
Redondo era un obstáculo para aquellos que anteponían su combate político con el PP a los verdaderos problemas de fondo del País Vasco, que se resumen en la falta de libertad, el miedo al terrorismo y la opresión del nacionalismo hegemónico. Solo pensar que el PP pudiera resultar beneficiado por la asociación moral y política, pero no partidaria, con el PSE levantaba ronchas en quienes sólo se mueven en el resentimiento por la derrota ante Aznar en las elecciones generales.

Insidias para aislar al PP
Nicolás Redondo era otra cosa. Sabía que su prioridad era el combate por las libertades y por la Constitución, independientemente de las diferencias ideológicas derecha-izquierda. Éstas las dejó, con razón, en segundo plano, como también las dejó Jaime Mayor. Por eso éste, y el PP, han lamentado la salida de Redondo. Y no por la razón insidiosa que los «compañeros» de Redondo han dejado caer: por su «seguidismo» al PP; sino porque era un aliado imprescindible para un combate de más largo alcance, que afecta al Estado y a los ciudadanos, antes que a los partidos.

El limbo de la equidistancia
Al PSOE vasco ya le engañó el PNV con los gobiernos de coalición. Pero las mentiras fueron tan descaradas que obligaron al PSE a dejar el Gobierno vasco que compartía, ante la deriva imparable hacia la sintonía con el mundo de Eta reflejado en el Pacto de Estella. Ahora, años más tarde, el PSOE ha sacrificado a su líder más incorruptible y ha decidido dejarse engañar otra vez, con la ficción de que podrá lograr el limbo de la equidistancia entre nacionalistas y no nacionalistas. Como si eso fuera posible en una sociedad bipolarizada, donde los últimos ponen todas las víctimas y los otros amasan todo el poder. Y donde lo que se juega es el concepto de España, la vigencia de la libertad y la propia supervivencia de los ciudadanos.
El principal adalid de la Constitución de que disponía el PSOE en el País Vasco, el más firme defensor de los valores del Estado democrático, la persona que se definía primero como español, y después como vasco y socialista, ha sido abatido. Hemos de preguntarnos por qué. ¿Para que el PSOE pueda aproximarse a quienes alardean de que sus objetivos se encuentran en la autodeterminación, la soberanía y, diciendolo claro, la secesión del territorio vasco de España? O, simplemente, como antes esbozábamos, para aislar al Partido Popular, para hacerlo marginal, para darle la imagen de «intransigente»?

Perplejidad entre los socialistas
No hay tantos políticos coherentes y honrados como para inmolarlos en el ara del dogmatismo ideológico. El PSOE de Zapatero ha jugado fuerte, bien es verdad que convenientemente jaleado desde los medios que imponen su ley en los socialistas. Va a tener mucho que explicar a su perpleja militancia del resto de España, y a muy buena parte de la que resiste en al País Vasco, tentada siempre a abandonar porque su sacrificio, su resistencia democrática, no son valores apreciados. Mucho mejor el pasteleo con los mismos nacionalistas que practican una exclusión cuasi étnica de sus enemigos, salvo, naturalmente, cuando le sirven para consolidar su poder.
Arzallus, con la inestimable ayuda de Felipe González y de Prisa, ya tiene otra pieza en el zurrón. Pero ayer fue un día de luto para la política partidaria, que pocas veces ha caído tan bajo.

Neolocalismo
Amando DE MIGUEL La Razón  20 Enero 2002

Un dirigente nacionalista vasco, famoso por sus intemperancias, ha vuelto con la cantinela de que en Euskadi los obispos tienen que ser vascos. Supongo que la propuesta será consecuente con el principio de reciprocidad o simetría. Es decir, no debe haber obispos con apellidos vascos que lo sean por fuera del País Vasco. Ni tampoco misioneros, ni ingenieros de caminos, ni diplomáticos. Vamos, una tontería. Si alguna institución es verdaderamente universal, como indica su nombre, es la Iglesia Católica. La prueba es el Colegio Cardenalicio. No hay empresa multinacional que tenga tantos directivos de todas las razas y lenguas como el Colegio Cardenalicio. Hace un siglo eran casi todos europeos, y, de ellos, la mayoría italianos. Todavía la lengua se puede determinar como algo objetivo. Pero ¿cómo se determina si uno es vasco? Puede serlo Iñaki Anasagasti, que nació en Caracas. Luego el lugar de nacimiento no es definitivo. Entonces ¿es por el apellido? Sí, pero ¿cuántos se necesitan para definir la «vasquidad»? Jáuregui es apellido vasco, pero ¿y si se transforma en Palacio, que significa lo mismo? Garaicoechea es apellido vasco, sin duda, pero también navarro. Con ese apellido hubo un presidente vasco nacido en Navarra. Lo curioso es que sería más raro que un vasco de nación fuera presidente de Navarra. De nuevo se incumple la ley de la reciprocidad. Se pongan como se pongan los dirigentes nacionalistas vascos, la sociedad futura admitirá muchas más mezclas, mestizajes y traslados de población. El País Vasco pierde vocaciones religiosas de forma alarmante. No será raro que, dentro de poco tiempo, haya sacerdotes negros o indios (de la India o del Perú) en el País Vasco. ¿Por qué no puede llegar alguno de ellos a obispo y a cardenal? ¿Y a lehendakari? Una cosa son las tendencias y otra las realidades. La triste realidad es que por todas partes vemos atornillarse el localismo; no solo en el País Vasco. No es el localismo tradicional, el de una sociedad agraria inmóvil, adscrita a la tierra. Ahora es un nuevo localismo dirigido, expresamente querido. Alarmaría saber cuántos rectores de Universidad han nacido en la misma provincia donde ejercen: muchos, quizá casi todos. Y eso que estamos hablando de una institución definida como universal, donde la movilidad geográfica tendría que ser máxima. Sospecho que hace 50 años había más proporción de rectores nacidos en otras provincias. Cuenta la historia de un viejo catedrático granadino cuando lo hicieron decano de Derecho en la Universidad de Valladolid hace ya muchos años. Se reunió con los otros catedráticos de la facultad y les dijo: ¿Os habéis dado cuenta de que somos todos «granaínos»? Hoy una historia así sería inverosímil, a pesar de que el secretario de Estado de Universidades sea de Granada. De momento, puedo certificar que casi todos mis alumnos de la Complutense han nacido en Madrid. La vieja Universidad de Cisneros era más cosmopolita.

Zapatero entrega el PSOE a PRISA
EDITORIAL Libertad Digital  20 Enero 2002

La renuncia de Redondo Terreros a presentarse como candidato a la Secretaría General del PSOE es humanamente comprensible y políticamente explicable, aunque desde el punto de vista del ciudadano español sólo pueda provocar consternación. Redondo dice, y sin duda es sincero al hacerlo, que se niega a someter a su partido a una situación de tensión insoportable bajo la feroz y permanente campaña de hostigamiento que padece por parte del Grupo PRISA. En el uso de su libertad y de su responsabilidad obra como cree que debe hacerlo y ante eso sólo cabe seguir manifestando la admiración y el respeto que nos merece. Mucho más en estos momentos, cuando todas las decisiones son discutibles, como casi siempre en política, y cualquier toma de postura se presta a interpretaciones y recriminaciones desde cualquier punto de vista. Pero mientras mantenga sus principios éticos y políticos, no sólo la mayoría del PSOE sino la inmensa mayoría de los españoles están con Redondo Terreros, con lo que es y con lo que, más que nunca, significa en la vida nacional. Aunque su calvario no sea precisamente motivo de esperanza en la lucha por la libertad, contra el terrorismo y el separatismo, sino todo lo contrario.

Pero siendo irrevocablemente malo, verdaderamente nefasto, lo peor no es que Cebrián y Polanco impongan a golpe de campaña difamatoria en el PSE-PSOE la ruptura del frente constitucional con el PP y la rendición ante el PNV, como preconiza González. Lo gravísimo es que esa campaña se realice a medias con la dirección nacional del PSOE y que antes de obligar a abandonar su cargo a Redondo Terreros los ataques de PRISA hayan hecho cambiar radicalmente a Zapatero su discurso político y su estrategia electoral como aspirante a la Moncloa. Que Cebrián quiera ser vicelendakari por procuración es una ambición deleznable pero comprensible en el personaje y su entorno. Que Zapatero no sea capaz de defender al hombre clave de su política nacional frente a la pinza -esta sí real, y diabólica- de González y Cebrián demuestra que estamos ante un líder de rebajas, cuyo destino es ser amortizado en el mismo lote que Redondo, pero sin grandeza, sin honor y sin posibilidades de resurrección. El todavía Secretario General del PSOE ha entregado su partido a PRISA de la forma más miserable, cobarde e ignominiosa. El resultado es que Cebrián y González mandan en el PSOE... y que Zapatero ya no pinta nada en él. Se enterará por la prensa de su destitución formal, pero a efectos políticos ya es un político difunto. Redondo ha dimitido definitivamente. Zapatero, también definitivamente, se ha suicidado.

Redondo, kaputt
Por Jaime CAMPMANY ABC  20 Enero 2002

Redondo, kaputt. Redondo ya ha quedado fuera de combate. Se ha consumado el asesinato político de Nicolás Redondo Terreros, ex secretario general del Partido Socialista de Euskadi. Redondo ha terminado por arrojar la toalla y declarar que no se presentará a la reelección en el próximo Congreso del socialismo vasco, lo que equivale a un suicidio político. Él mismo lo ha explicado así. Tenía dos opciones: o enfrentarse al partido y romperlo, o hacer el sacrificio de renunciar. Y ha elegido el segundo: perder la partida y ganar la dignidad. Lo han apresado en la red de su propio amor al partido. La caza ha sido despiadada, la caza de un socialista respetado y querido, al que ahora llaman «referente» los antropófagos de su alrededor político. El elogio al asesinado.

Ha sido ésta una operación de aniquilamiento escrupulosamente preparada, organizada y realizada, en la que se han utilizado todos los instrumentos clásicos de la caza: perros, caballos, trampas, clarines y escopetas. El acoso y derribo de Nicolás Redondo fue organizado minuciosamente por las huestes felipistas con el apoyo de los medios de comunicación de Polanco, la Ser y «El País». Felipe González había dictado la condena a muerte, Prisa realizó el acoso y los vestigios felipistas en el partido han terminado la faena. Desde que populares y socialistas firmaron el pacto antiterrorista, el destino de Redondo estaba decretado. O quizá desde antes, al regreso de Felipe de tierras vascas.

La decisión del «delendus est Redondo» se fraguó seguramente cuando Felipe González acudió al País Vasco en vísperas de las elecciones autonómicas para tratar de corregir la campaña socialista y sus posiciones claras frente al «soberanismo» del PNV, frente a la locura autodeterminista de Arzalluz y el apoyo de su política en la violencia del terror, posiciones cada vez más evidentes y radicales. Las advertencias públicas, no sé si también privadas, de Felipe fueron desoídas por Redondo Terreros. Ahí, la suerte quedó echada. Casi simultáneamente, se cerró el acuerdo económico entre el Gobierno vasco y el grupo Prisa, en el que se concede a Polanco la explotación de los medios de comunicación públicos de Vasconia. A partir de ese momento, la suerte no sólo estaba echada, sino segura.

Todavía le quedan a Felipe González fuerzas para repetir aquello que él avisó tantas veces y que tantas otras resultó cierto: «Quien me echa un pulso, lo pierde». Ya ha perdido algunos pulsos el prepotente, pero, como diría el estalinista útil y empleado de Polanco, Jorge Semprún «el morito no está muerto». La desobediencia de González tendría dos consecuencias casi inmediatas: el PSE debía rectificar y Nicolás Redondo tenía que ser llevado a la hoguera de la inquisición felipista y quemado en la pira de las ya numerosas víctimas de Felipe. Así se ha hecho. Con la declaración de Portugalete, Nicolás Redondo deja el camino libre para que las riendas del PSE queden en las manos de un cochero de la cuadra de Felipe González. Y arre, hacia Arzalluz.

Todo esto se ha hecho ante la pasmada impasibilidad de José Luis Rodríguez Zapatero, que quizá no es consciente de lo que le espera y sigue cediendo trincheras. Incluso la «oportuna» filtración de la traída y llevada entrevista Aznar-Redondo, conocida y autorizada por Zapatero, ha sido utilizada como acusación de «deslealtad» y de «traición» sin una explicación contundente del secretario general fantasma. Poco cuenta ya Zapatero en el PSOE. Cada vez está más claro quién manda ahí, y está ya pergeñada la «Operación Catorceavo». Felipe y Prisa ya han decretado de consuno el destino de Zapatero, muy semejante o idéntico al de Nicolás Redondo. Irá a sentarse en el banco donde reposan Joaquín Almunia y José Borrell. La nostalgia del poder es una fuerza formidable.

La servidumbre voluntaria
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  20 Enero 2002

Es difícil encontrar un discurso más caótico, más contradictorio y más cobarde -tanto en lo intelectual como en lo moral- que el exhibido por Jáuregui y sus secuaces como alternativa al de Nicolás Redondo Terreros y la mayoría del PSE. No se atreven a decir que quieren entrar en el reparto del dinero público del Gobierno de Ibarretxe, como sea y cuanto antes, pero como tampoco aspiran a otra cosa no son capaces de negarlo. No se atreven a decir que quieren arrinconar el Estatuto y la Constitución, pero como no pueden hacer otra cosa si entran en el séquito del PNV emiten toda clase de borborigmos gráficos para que se note que harán lo que puedan dentro de lo que se les mande. No dicen que quieren imponer lo que un negocio particular -PRISA- y una empresa de rencor inextinguible -Felipe González- han decidido que les conviene o les apetece en el País Vasco para debilitar y destruir al Gobierno legítimo de España, pero como deben imponerlo frente a la mayoría que apoyó a Redondo en el último congreso se dejan llevar en andas por un abyecta campaña de difamación orquestada por PRISA y obedecida por un Zapatero tan inconsecuente como suicida. De forma que no dicen lo que quieren porque no se atreven, no dicen lo que son porque no son nada, y no dicen cuál es su política porque no la tienen. Simplemente quieren hacer lo único que algunos han hecho en su vida, que es obedecer al PNV, pastar en el Presupuesto y creer que por no oponerse al nacionalismo corren un peligro menor de ser asesinados por ETA. Si no provocaran repugnancia, darían pena.

A lo que más recuerdan estos socialistas y socialistos dirigidos por Cebrián y encabezados nominalmente por Jáuregui es a aquellos esclavos negros liberados por Lincoln que tras la Guerra de Secesión volvían a las plantaciones para que sus antiguos amos los readmitieran en la servidumbre. No conocían otro mundo ni sabían vivir de otra manera. Tampoco querían. La libertad les daba miedo y el fantasma del hambre les hacía temblar. Los pobres, recitaban perfectamente “La servidumbre voluntaria” sin leer ni escribir francés. Acostumbrados a comer bajo el yugo, pensaban que el yugo daba de comer. Pero la historia de estos voluntarios de la falta de voluntad debería aleccionar a esa patética legión de siervos políticos que tratan de volver bajo la férula nacionalista vasca. Aquellos esclavos norteamericanos se envilecieron innecesariamente; fueron interiormente siervos, humanos demediados, el resto de sus días, pero por más que se pusieron a cuatro patas nunca más reconquistaron la seguridad del establo. Tantos muertos habían cambiado la Historia, incluso para los que no se merecían entrar en ella.

Del mismo modo, por más que se empeñen algunos siervos de mente, de corazón o de bolsillo, en el País Vasco nada volverá a ser como antes. Ni la servidumbre ni la libertad.

Entrevista con Aznar: «El PNV ha emprendido el camino de Estella II y busca neutralizar al PSOE»
Por José Antonio Zarzalejos, José Luis González-Besada y Pablo Planas ABC  20 Enero 2002

El presidente del Gobierno asegura sin rodeos que el PNV ha emprendido de nuevo el camino del pacto con los proetarras. «Estella II» es el nombre con el que define una operación en la que la necesidad de neutralizar al PSE-EE ya se ha cobrado su primera víctima política, Nicolás Redondo. Además, apunta en esta entrevista, los grandes retos de España y su visión sobre política exterior, la «guerra entre medios de comunicación», la situación de Argentina o las claves del próximo Congreso de su partido.

-¿Cómo valora la renuncia de Nicolás Redondo a presentarse a la reelección del PSOE vasco?
-Que alguien que ha mantenido una línea y una actitud de compromiso sin reservas con las libertades, la Constitución y el Estatuto se retire denunciando una cacería interna contra su persona me parece que es un motivo serio de preocupación para todos aquellos que consideramos la política en el País Vasco como lo más alejado del sectarismo o de la pura rivalidad de partidos.

-¿Qué papel cree que ha jugado en esta crisis su reunión con él?
-Es de una vileza extraordinaria pretender la eliminación política de un dirigente en virtud de las comidas que celebra, y en particular porque haya comido con el presidente del Gobierno. Hacía tiempo que no veíamos cosas como estas. Por otra parte, respeto plenamente los procesos internos de cualquier partido, pero respeto todavía más la esperanza y el apoyo que un sector muy amplio de la sociedad vasca ha depositado en la articulación de una alternativa creible al nacionalismo empeñado en romper los consensos básicos entre los vascos.

-¿La tensión en el socialismo vasco pone en peligro el Pacto Antiterrorista?
-Es muy importante que se mantenga de modo estable y prolongado el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo como expresión política de un acuerdo entre el Gobierno, el Partido Popular y el Partido Socialista. Por tanto, espero que no se adopten decisiones que puedan poner en riesgo lo que significa la vigencia de ese Pacto.

-Pero los socialistas debaten si mantener sus posiciones o aproximarse al PNV...
-No entro en valoraciones sobre el PSOE, pero creo sinceramente que la percepción que puede tener la gente es la derivada de una ausencia de proyecto común para España, pero no quiero entrar en eso.

-No quiere entrar pero alude.
-Creo que hay un elemento objetivo y es que el Partido Socialista, en este momento, carece de un proyecto común para España, lo que le hace dar muchos bandazos en el ejercicio de la oposición, lo que le hace incapaz de presentar una alternativa coherente al Gobierno, a lo que es el proyecto del PP. Hay multitud de ejemplos que lo avalan: cuando en el plazo de una semana, por ejemplo, al debatir la financiación autonómica, se es capaz de votar a favor, de votar en contra, de abstenerse y de no votar.

-De sus palabras se puede desprender también que la dirección de Zapatero no es lo suficientemente fuerte como para amalgamar las diversas corrientes.
-Evidente. No creo que estemos ante un liderazgo fuerte; al contrario, puede existir la tendencia de ser firmes en la debilidad y eso es poco recomendable. Pero, en fin, eso es una cuestión interna del PSOE.

-¿De qué modo afecta al PP en el País Vasco la crisis del PSE?
-El PP en el País Vasco se configura como una alternativa dispuesta a extender su compromiso alternativo a otras fuerzas políticas y sociales, de tal manera que una alternativa democrática real sea percibida cada vez como una posibilidad más próxima que pueda promover un cambio en el País Vasco. Eso se hace desde un compromiso en defensa de las libertades, en defensa del Estado de Derecho, en defensa de las reglas democráticas y lo que significan, en un compromiso con el Pacto Constitucional y con el punto de encuentro común que nosotros deseamos con la sociedad vasca, que es el Estatuto de Guernica. Deseamos el mayor acompañamiento posible en esa política, pero, desde luego, lo que está muy claro es que el PP va a continuar con eso y va a ser expresión de esa política y de esa voz alternativa.

-¿Qué haría el PP en el escenario de un PSE en el entorno del PNV?
-El PP sabrá extraer las consecuencias y plantear las formulaciones políticas correspondientes, pero ya veremos. Una diferencia que se puede marcar en este momento entre el PP y el Partido Socialista es que con el PP se puede estar o no de acuerdo, pero todo el mundo sabe lo que piensa. Y ya sabemos cuál va a ser la estrategia de otros.

-¿Cuál va a ser la estrategia de esos otros, del PNV?
-Reeditar un nuevo pacto de Estella; y la reedición de Estella II tiene dos fases: una es la neutralización política del Partido Socialista como elemento muy necesario para reeditar Estella; la otra son las conversaciones con ETA para conseguir una nueva declaración digamos que de cese de actividades. Eso ya se sabe, eso ya está escrito, eso ya está definido y, por lo tanto, sobre esas cuestiones es sobre las que hay que tomar posición. ¿Qué es Estella II?: es la expresión de una ruptura y, por lo tanto, espero y deseo que democráticamente los que no defendemos esa posición seamos los que tengamos cada vez más fuerza y la mayoría correspondiente en el País Vasco.

-¿Puede ser más concreto respecto a la «expresión de una ruptura»?
-¿La expresión de lo que puede ser Estella II? Pues fíjense ustedes en Zumárraga: Estella II acelerado sería Zumárraga, sería su expresión muy clara si no fuera porque, afortunadamente, todavía queda una persona, concejal del Partido Popular, que es una voz democrática y valiente y digna de ser admirada. Pero esa expresión acelerada consiste en lo siguiente: se asesina a un concejal del PP, se provoca la dimisión de todos los concejales del Partido Socialista, se provoca la dimisión de los concejales de Eusko Alkartasuna y, al final, se llega a una pregunta: ¿quiénes son los que deciden aquí?, ¿quiénes son los que mandan aquí y han conseguido prácticamente la exclusión de todos los que no son ellos? Eso es Estella I, eso es Estella II, eso es la ruptura, eso es la política que quieren practicar algunos.

-¿No le cabe ninguna duda sobre las intenciones del PNV?.
-Estella II está en marcha.

-¿De qué forma responderá a la estrategia de la ruptura?
-Lo primero que tenemos que asentar es que no hay equidistancia entre la ruptura o el mantenimiento del Pacto Constitucional, como no hay equidistancia entre la vida y la muerte. No se puede ser equidistante en esas cosas. No hay equidistancia entre la tiranía y la libertad. No hay equidistancia entre lo que es el terrorismo y el Estado de Derecho.

-Pero si se llega a convocar un referéndum...
-Uno de los elementos más importantes de la sociedad vasca a lo largo de los últimos veintitantos años es que no se ha hecho más nacionalista sino lo contrario. Y esa evolución de las cosas, lenta pero contínua, obliga a algunos a acelerar sus decisiones políticas o a intentar acortar los tiempos, o a intentar buscar atajos... Me parece una grave equivocación, pero, en todo caso, lo que el Gobierno tiene que decir es: la Ley se va a cumplir, la libertad va a estar asegurada, los fundamentos del Estado de Derecho van a seguir vigentes y, lo que es la gran agrupación de ciudadanos en torno al Estatuto y al pacto constitucional, es la vía fundamental de futuro para el País Vasco.

-¿Y en el caso de que haya una nueva «tregua trampa».
-No hay que hacer especulaciones sobre eso. La banda terrorista hace todo lo posible para hacer el mayor daño que pueda, de una forma u otra; no tiene otro objetivo, no tiene otra justificación. Por lo tanto, así lo hará y, por lo tanto, nosotros tenemos que poner todos los medios a nuestro alcance, y se han dado pasos extraordinarios en los últimos meses, para conseguir la derrota del terrorismo. Nada más. Ese es el paso previo y ese es el paso fundamental, esa es nuestra obligación y, evidentemente, en eso vamos a seguir con todas sus consecuencias. Afortunadamente, después del 11 de septiembre han cambiado muchas percepciones. Es evidente que el cuadro político, jurídico, de lucha contra el terrorismo en Europa ha cambiado radicalmente. Es un hecho cierto que el terrorismo ha dejado de ser un problema nuestro para convertirse en un problema de todos.

-En otro orden de cuestiones, hay quien le reprocha que al lanzar la oferta de entrada en el Gobierno a CiU refuerza las posibilidades de mantener al frente de la Generalitat al nacionalismo en la figura de Artur Mas, el sucesor de Pujol.
-No estamos ante cálculos electorales ni ante cálculos personales. Ante esta situación y ante esta propuesta que he hecho, lo que hace falta es cierta visión histórica y menos cálculo político, entre otras cosas porque las visiones históricas a medio plazo, las apuestas a medio plazo, si son serias y responden a una profunda convicción, se acaban traduciendo en beneficios para todos.

-No obstante, el discurso de CiU va por el camino de reformar la Constitución y del soberanismo, lo que es incompatible con su oferta.
-Planteo las cosas de una manera creo que bastante clara: el Partido Popular y Convergencia y Unión han venido colaborando de un modo positivo para el conjunto de España y positivo para Cataluña. Positivo para el conjunto de España porque en la legislatura anterior se produjo una colaboración intensa y estrecha que motivó una estabilidad para que el país cumpliese objetivos muy importantes. También en este momento la estabilidad política que el Partido Popular da al Gobierno catalán es muy importante. Creo, sinceramente, que Pujol no podría haber afrontado por ejemplo su sucesión, o su renovación, o el cambio en el interior de su partido, de su federación, si no hubiese gozado de una estabilidad política y parlamentaria, que es la estabilidad que le da el PP. En segundo lugar creo que la prolongación en una situación nueva de esa colaboración ha seguido siendo positiva, en líneas generales para el conjunto de España y también para Cataluña.

-En cualquier caso, ni Pujol ni su entorno parecen dispuestos a asumir esa entrada en el Gobierno que usted ofrece.
-No entiendo el discurso que dice: como hemos colaborado con éxito, vamos a dejar de colaborar. A mí, eso me sorprende, yo creo que debería ser: como hemos colaborado con éxito, vamos a fortalecer esa colaboración. Además, no me parece a la altura de las circunstancias, y no me parece a la altura de las circunstancias históricas de Pujol -al que yo aprecio y respeto-, la respuesta que consiste en decir: no me conviene.

-Dentro del PP existe la idea de que ésta puede ser una operación histórica para el centroderecha reformista que incluya una expresión nacionalista constitucional y moderada.
-Lo más importante es, en mi opinión, aprovechar correctamente las oportunidades del país. Hace años, el objetivo de España era hacer la Transición. Fue luego consolidar una democracia; después, homologarse con los ámbitos internacionales, entrar en Europa. Hoy, ¿cuál tiene que ser la ambición de España? ¿Queremos convertir a nuestro país en uno de los grandes, en uno de los que deciden? ¿Tenemos capacidad para serlo? ¿Estamos decididos a hacerlo? Mi respuesta a las tres cuestiones es que sí, y esa es la orientación política.

-¿Esa es la orientación de la oferta a CiU? ¿Tan importante es el papel de la coalición?
-Esa es la orientación de la política del Gobierno, de la política del Partido Popular, de la política del presidente del Gobierno, del Congreso del Partido Popular, y es la orientación que creo necesita la España de esta década, y ese es el sentido de la oferta a CiU. Esa es la expresión de lo que significa la estabilidad y el reconocimiento de la nación plural que es España proyectada hacia el futuro, que ha recorrido un camino extraordinario desde el punto de vista del autogobierno y que, naturalmente, está en condiciones de plantearse nuevas metas para el futuro, con la participación de todos. ¿Cuál es el riesgo que tenemos en ese terreno? Fíjense en lo que voy a decir: el riesgo esencial es el se que deriva de que estemos enzarzados en debates institucionales o en debates de revisión del marco del Pacto Constitucional que distraigan fuerzas y capacidades y posibilidades de España. Ese es el único riesgo que tenemos. No hay ninguna razón para caer en eso. La historia sustancial del Pacto Constitucional, con las visiones diferentes con que se aborda, consiste en que es hijo de la pluralidad y fruto de una visión constitutivamente plural de España. Esto es lo que tenemos que mantener y proyectar, lo que es el país en su conjunto hacia ese objetivo durante esta década. ¿Qué es lo que es lo que le estoy diciendo a CiU?: Participen más activamente con nosotros en este proyecto. ¡Si ustedes ya han participado! En el Pacto Constitucional, en el Estado de las Autonomías... Ustedes ya han participado en eso.

-Muchos analistas cualificados le reprochan no haber acometido en tiempo una remodelación del Gobierno.
-Creo haber demostrado con los hechos que me gusta bastante la estabilidad en sentido general, y también en los equipos de Gobierno. Con virtudes y defectos, con aciertos y errores, lo que es importante es que esos equipos puedan desarrollar su trabajo durante un periodo de tiempo razonablemente prolongado. Y yo creo que el rasgo del Gobierno durante esta legislatura ha sido en esos términos muy vigoroso, muy reformador, muy fuerte. Todos los elementos a los que hemos hecho frente, todas las reformas que hemos puesto en marcha, eso demuestra primero un Gobierno fuerte y, en segundo lugar, una sociedad extraordinariamente dinámica y capaz.

-Sin embargo, se le achaca incapacidad política para llegar a consensos amplios en aspectos como la LOU y el Plan Hidrológico Nacional.
-En esta legislatura hemos suscrito un Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo con el principal partido de la oposición. Hemos puesto en marcha algo que nadie se atrevía a poner en marcha en España, que era el Plan Hidrológico Nacional. Lo hemos hecho con el consenso de todas las Comunidades Autónomas, de todas las comunidades usuarios y regantes, y lo hemos hecho además con una amplísima mayoría parlamentaria. Hemos afrontado, también por consenso en esta legislatura el Pacto de la Justicia y asuntos tan importantes como el establecimiento del déficit cero o del equilibrio presupuestario por ley, lo cual es un cambio de envergadura histórica en las finanzas españolas. Nosotros hemos abordado en esta legislatura, con acuerdo con la central sindical mayoritaria, Comisiones Obreras, una reforma muy importante de las pensiones y del sistema de previsión social. Y nosotros hemos hecho el máximo esfuerzo posible por encontrar los mayores puntos de consenso en otras iniciativas parlamentarias de gran envergadura. Sabemos lo delicado que es cualquier reforma en el mundo educativo, pero estamos absolutamente convencidos de la bondad de la LOU. Me pueden decir que hay episodios en los que no se ha podido, en los que ha habido divergencias, pero, sinceramente, estoy convencido de que el Gobierno va a mantener el vigor reformador.

-No obstante, la mitad del Gobierno parece sumergido y la otra mitad emerge. Se habla de ministros «desaparecidos», de «descompensación» en el Gobierno y de que usted, Rajoy, Acebes, Rato y Cascos asumen todo el trabajo.
-En términos generales, el Gobierno goza de buena salud.

-¿Qué opina de la situación por la que están atravesando las empresas españolas en Argentina?.
-Estamos muy en contacto con ellas. Somos el primer inversor del mundo en Argentina y el quinto país inversor neto de capitales en el mundo. Hemos pasado en cinco años de invertir 900.000 millones a diez billones de pesetas. Y, en consecuencia, nadie puede pensar que puede producirse una situación en Argentina y que no nos va a afectar. Siempre dijimos que nuestra presencia en Argentina era estratégica, no sujeta a ningún movimiento de tipo especulativo. Y creo sinceramente que la presencia económica de España en Argentina es también la manifestación de un compromiso. Lo que deseo fervientemente es que se puedan dar las condiciones políticas y económicas para que Argentina salga cuanto antes de la crisis. Y, en todo caso, los argentinos saben, las autoridades argentinas saben que han contado y van a contar con el apoyo y el respaldo de España. Pero es necesario que se plantee un fuerte acuerdo político y un plan económico coherente que pueda ser decididamente apoyado por el Fondo Monetario Internacional, por Estados Unidos, por Europa, por España.

-¿No cree que ha llegado el momento de que las empresas españolas en Argentina afronten la crisis y no huyan?
-Estoy absolutamente convencido de que la salida de la crisis de Argentina tiene que basarse no sólo en un sólido respaldo internacional sino en un incremento de la inversión exterior y, por lo tanto, las posibilidades de mejora de la presencia de Argentina competitivamente en el mundo. Y por eso espero y deseo que eso no ocurra.

-¿Qué mensaje se ha transmitido por parte del Gobierno a esas empresas, aguantar, soportar...?
-Las empresas saben perfectamente lo que deben hacer. Y, naturalmente, en el marco de los planes económicos y del compromiso del presidente argentino de hablar con las empresas españolas para la implementación de su plan económico, las empresas españolas están hablando con el Gobierno argentino. Y en eso, la actuación del Gobierno tiene que ser discreta y de animar al Gobierno argentino en ese camino político y económico que nosotros deseamos para Argentina.

-¿Cómo valora el éxito de la implantación del euro en España?
-Como un éxito extraordinario. El país ha cambiado, y eso es de lo que algunos no se dan cuenta, y si me permiten decirlo, el error de algunos políticos es no apreciar los profundos cambios que se han producido en nuestro país. Y sobre esas cuestiones se tiene que definir cuáles son los pasos de la España del futuro inmediato. Cuáles son los pasos... cuáles son nuestras ambiciones, cuáles son nuestros objetivos, cuáles son nuestros deseos. Todo eso es lo que tenemos que definir. Y eso, en mi opinión, tiene un intérprete y un garante. Creo que quien puede impulsar eso con más fuerza en el futuro inmediato es el Partido Popular. En quince días no se habla del euro. ¿Por qué? Porque es un fenómeno ya normal en la vida de todos los españoles.

-Pues usted habla de inversiones en miles de millones... de pesetas
-Porque hay que hacer las equivalencias, y tengo la calculadora ahí. Sí, sí, es verdad, pero en mi cartera ya no tengo pesetas.

-¿Esa necesidad de desarrollo que todavía tienen algunas Comunidades Autónomas es compatible con la defensa que usted hace de la ampliación de Europa?
-Cada vez que España ha dado un salto, y en este momento puede dar un salto gigantesco, ha sido porque se ha abierto. Y, cada vez que España se ha encerrado en sí misma -y lo que digo para España vale también para cualquier Comunidad-, se han producido dificultades. Considero la ampliación de la Unión Europea como una gran oportunidad en términos económicos, para España también. Y, además de eso, considero que la ampliación es una gran responsabilidad desde el punto de vista político. Yo consideraría que una generación de políticos europeos no han cumplido correctamente con su deber si no consiguen la reunificación del Continente.

-¿Cuáles son los objetivos que desearía que se hubieran cumplido para el 30 de junio tras la Presidencia española de la Unión?.
-El desarrollo de todos los compromisos de la lucha antiterrorista; la consolidación del éxito del euro; impulsar todo el proceso de reformas económicas europeas que nos permita un horizonte de pleno empleo; más liberalización, más competencia, más apertura, más flexibilidad, más adaptabilidad en todos los sectores posibles; que se haya puesto en marcha el proceso de reflexión de la reforma institucional en Europa...

-¿Se refiere usted a la Convención?
-A la Convención y, naturalmente, el poder impulsar las negociaciones de ampliación, de tal manera que a finales de año podamos tomar las decisiones sobre los países que están preparados para ampliarse. Esos objetivos son, sin duda, extraordinariamente ambiciosos.

-¿Qué puede ocurrir con los países que no están incorporados al euro?
-Espero y deseo que el Reino Unido forme parte del euro: creo que la presencia del Reino Unido en Europa es muy importante, tanto desde el punto de vista político como desde el punto de vista económico, y espero y deseo que los británicos tomen una decisión favorable al euro en su momento.

-¿Qué opinión le merecen las gestiones de Zapatero respecto a la crisis con Marruecos y su entrevista con Mohamed VI?
-Probablemente sean fruto de una decisión no madurada, equivocada.

-¿No le resulta inquietante la falta de novedades en las relaciones bilaterales?
-La falta de novedades consiste, en mi opinión, en lo siguiente: no han existido nunca razones de fondo que justificasen una crisis entre España y Marruecos. Y, por lo tanto, nuestra actitud no puede ser otra. Si Marruecos tomó la decisión en un momento determinado de llamar a consultas a su embajador, esperamos que Marruecos tome la decisión de que el embajador retorne a España. Es una decisión que le corresponde al Gobierno de Marruecos. Acogeremos con los brazos abiertos al embajador marroquí cuando vuelva a España. Por lo demás, el espíritu, el compromiso, la acción política, la convicción del Gobierno es el mantenimiento de las mejores relaciones posibles con Marruecos.

-Se ha criticado su relación con Berlusconi, sobre todo después de que el presidente italiano mostrase reticencias hacia las políticas comunes en materia de seguridad y terrorismo.
-No creo que existan cuestiones de fondo ni por parte del Gobierno italiano, ni por parte del Parlamento italiano, que dificulten una dirección europea conjunta.

LA LENGUA DE NUESTRO PAÍS
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz  20 Enero 2002

Él mismo lo hubiera dicho así, con aquella habilidad suya intransferible para la palabrota y el dicterio: «Miren como me estoy descojonando». Sí, sí, ustedes diculparán: ¡descojonarse! Eso es lo que, a buen seguro, habría hecho una vez más Camilo José Cela ante el resurgir de la polémica que, inevitablemente, le ha acompañado desde siempre: la de si es un escritor gallego o mandarín.
Paco Vázquez, que es el único político en activo de Galicia que se atreve a decir en voz alta lo que piensa, la alimentaba hace tres días tildando de talibán a su tocayo Paco Rodríguez, mandamás del BNG, quien, supuestamente, había negado a Cela la condición de gallego de Galicia. Pero Rodríguez, que dirige con mano de hierro el proceso de puesta al día del discurso benegista, se ha adelantado de inmediato a precisar el exacto contenido de su pensamiento en la materia.

Y es que Rodríguez no niega, ¡válgame Dios!, que sea gallego quien ha nacido y ha sido enterrado en Iria Flavia. ¿Cómo hacerlo sin parecer un ignorante? ¡No, señor! Rodríguez cree únicamente que la obra de Cela «no pertenece a la literatura y a la cultura expresadas en la lengua de nuestro país». Y yo me pregunto: ¿De qué país, señor Rodríguez? Puede que del suyo. Sí, en efecto, puede que Cela, Valle-Inclán, la Pardo Bazán, Torrente Ballester, o Julio Camba no pertenezcan al país que el señor Rodríguez tiene en la cabeza: un país que sólo se expresa en una de las dos lenguas de los paisanos que lo habitan.

Es ese un país imaginario, de programa electoral, que no coincide, para nada, con el país que puede conocerse con sólo recorrerlo de norte a sur y de este a oeste. La otra Galicia, la de verdad, y no la que la UPG nos prepara en su ensoñación identitaria, no tiene más lengua que la que hablamos quienes gozamos del privilegio de la palabra articulada: por ello, a la altura del año 2002, la auténtica lengua de Galicia son dos lenguas, el castellano y el gallego, tan gallegas, tan de Galicia, la una como la otra.

Tal es la realidad para cientos de miles de gallegos, para la inmensa mayoría de los habitantes de un país que, sin problemas, y sin esperar que a nadie venga mañana a normalizarlos para hacerles la puñeta, se expresan en una y otra lengua, pues a ambas las sienten como propias. Y leen en gallego, con placer, porque lo leen en su lengua, A Esmorga, de Eduardo Blanco amor. Y leen en castellano, con placer, porque lo leen en su lengua, La Colmena. Hay, sin embargo, quienes son culturalmente más pequeños, y quieren, depurándolo, delimitar sectariamente el vasto territorio literario de Galicia. ¡Extraña forma de construir una nación esa que consiste en reducirla a la mitad!

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