AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 21  Enero  2002
#El PNV planea enviar a los profesores no euskaldunes a atender a la tercera edad
C. Zabalbeitia - Madrid.- La Razón 21 Enero 2002

#Por un puñado de lentejas
Nota del editor 21 Enero 2002

#¿Se confundirán de enemigo?
AURELIO ARTETA El País  21 Enero 2002

#ZAPATERO INTENTA COMPENSAR LA DEFENESTRACION DE REDONDO
Editorial El Mundo  21 Enero 2002

#Dos por uno
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  21 Enero 2002

#Zapatero claudica
Editorial ABC  21 Enero 2002

#La pieza cobrada
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC  21 Enero 2002

#Oreja Menor
ANTONIO BURGOS El Mundo  21 Enero 2002

#Silencio ante la tragedia
JUSTINO SINOVA El Mundo  21 Enero 2002

#El debate no es el problema
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón  21 Enero 2002

#Violencia y bienestar
Ignacio CAMACHO ABC 21 Enero 2002

#Preguntas para Jáuregui... y Zapatero
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 21 Enero 2002

#Argentina: una lección para el euro
Pedro SCHWARTZ, catedrático de Universidad ABC 21 Enero 2002

#Cela versus resentimiento
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 21 Enero 2002

#«Hay una gran cobardía en la sociedad vasca, mucho miedo y una gran complicidad»,
J. J. CORCUERA BILBAO El Correo 21 Enero 2002

#Han logrado destruir a Redondo
Lorenzo Contreras La Estrella 21 Enero 2002

El PNV planea enviar a los profesores no euskaldunes a atender a la tercera edad
Los nacionalistas dicen que «para ser docente hay que ser bilingüe»
C. Zabalbeitia - Madrid.- La Razón 21 Enero 2002

Ángeles Iztueta, consejera de Educación del Gobierno vasco, manifestó recientemente en una entrevista concedida a un diario vasco que «para ser docente en esta comunidad hay que ser bilingüe» y anunció que quiere sacar del sistema educativo al millar de profesores que no se han euskaldunizado con prejubilaciones o colocándoles en otros departamentos de la Administración vasca. Iztueta dijo que baraja trasladarles, de forma pactada, a áreas como la de servicios sociales para atender a la tercera edad o a los desfavorecidos.

Este anuncio ha provocado un fuerte revuelo en el País Vasco, empezando por los afectados. La Asociación Baroja, que representa a unos 500 profesores ¬muchos de ellos no euskaldunizados¬, ha mostrado su más profundo rechazo a la medida.

Su presidenta, Lola García, cree que se trata de un «globo sonda» pero, en cualquier caso, señaló a LA RAZÓN que «es aberrante y absurdo despilfarrar así un colectivo de gente bien preparada». Además, explicó que el traslado a otros departamentos «es ilegal porque el cuerpo docente es un cuerpo especial, según la Ley de Función Pública. Recurriríamos la medida».

«Molestan»
«El sector está muy desmoralizado y algunos, incluso, agradecerían que les sacaran de las aulas. Ya hay un gran número de profesores que está cuidando comedores escolares de forma voluntaria», manifestó. García añadió que en el colectivo «hay hartazgo» porque en el Gobierno vasco «se permiten todo». Según dijo, «los profesores que no hablan euskera, molestan».

Sobre la prejubilación, explicó que «sólo sería posible si sacan una disposición, pero se les irían muchos profesores de todo el sistema porque la mayoría tiene entre 45 y 60 años. Y si sólo la aprobaran para los no euskaldunizados sería ilegal por discriminatoria».

Ernesto Ladrón de Guevara, miembro del Foro Ermua, portavoz de Unidad Alavesa y profesor, también considera que las declaraciones de Iztueta son un «globo sonda». Como profesor perteneciente al colectivo afectado, explicó que la mayor parte está sometida a «presiones insoportables», por lo que prefieren una jubilación anticipada, «pero no aceptamos soluciones indignas». «El problema real ¬continuó¬ es que los escasos centros con modelo A [castellano] se están convirtiendo en guetos porque es donde ubican de manera intencionada a los alumnos desarraigados, en lugar de aplicar una política de integración».

Por su parte, el portavoz de Educación del Partido Popular en el Parlamento vasco, Iñaki Oyarzábal, anunció que su grupo ha solicitado la comparecencia de la consejera en la Cámara para que aclare sus intenciones.
«En función de lo que diga, decidiremos, pero el cúmulo de desatinos que ha protagonizado es suficiente como para pedir su dimisión. Sólo ha ejercido de comisaria política con el único objetivo de la euskaldunización», señaló Oyarzábal.

Por un puñado de lentejas
Nota del editor 21 Enero 2002

Parece ser que debido a "presiones insoportables", muchos profesores prefieren una jubilación anticipada, o sea, que prefieren recibir un puñado de lentejas, con cargo al erario público, y olvidarse del tema. Resulta difícil pedirles que sigan sufriendo presiones insoportables, pero por dignidad tendrían que hacerlo, pues tienen más formación y criterio que los propios alumnos que también están sometidos a las mismas presiones, las mismas que sufren otros muchos profesores y alumnos en Barcelona, Lérida, Gerona , Tarragona, La Coruña, Lugo, Orense, Pontevedra, Valencia, Alicante, Castellón, Mallorca, Menorca, etc. , y próximamente las zonas de bable, fabla, etc.

Todos estamos sufriendo la imposición lingüistico-nacionalista y cuanto más tardemos en unirnos en la defensa de los intereses generales más difícil resultará la convivencia, mayor la fractura de la sociedad, menores nuestros derechos como ciudadanos.

Si la Unión Europea no decide rápidamente resolver el problema, la Torre de Babel se derrumbará sobre los cioudadanos de segunda clase.

Ni Gobierno español, ni el Defensor del Pueblo ni el Tribunal Constitucional tienen voluntad alguna de resolver el problema, cada vez se acercan más a las tesis nacionalistas, sólo hay que darse un paseo por Galicia o Cataluña, así que no se hagan vanas ilusiones y arrimen su granito de arena para que  podamos ser ciudadanos con nuestro idioma común español en España, francés en Francia, inglés en Inglaterra y así sucesivamente.

Levantemos la voz de una vez por todas para que no pisoteen nuestros derechos ciudadanos, por un mal entendido derecho a utilizar lenguas regionales de unas minorías excluyentes y fanáticas.

¿Se confundirán de enemigo?
AURELIO ARTETA El País  21 Enero 2002

Aurelio Arteta es catedrático de Filosofía Moral y Política de la UPV.

No hay mal que cien años dure, salvo en Euskadi. Lo digo con tanto más pesar cuanto mayor parece la incapacidad de algunos todavía a la hora, si no de diagnosticar ese mal, al menos de localizar su agente y de prescribir su tratamiento. Que quede claro cuanto antes: ETA no es el nombre de tal dolencia ni el único agente que la desencadena, sino, más aún, su peor síntoma y su producto más mortífero. La dolencia se llama nacionalismo étnico, un credo que comienza por privar a las gentes de conciencia cívica y acaba por secar hasta sus sentimientos morales; una fe que en nuestro caso está arruinando una comunidad étnica e ideológicamente plural.

Y tanto ha crecido el tumor que, junto al riesgo permanente de metástasis, crece también la desesperanza de que algún día remita o tenga cura. En esta batalla, además de atacar, toca sobre todo resistir, porque ellos sólo pueden triunfar gracias a nuestro agotamiento. Pues bien, ahora que Izquierda Unida se cambió de bando porque ya había cambiado antes de alma, ¿habrá llegado también el turno de que el partido socialista traicione también la suya, se confunda de enemigo y nos eche a los pies de los caballos? Motivos hay para temerlo, a tenor de esta crisis largamente anunciada y al fin abierta por una disidencia, cuyas razones publicadas últimas voy a examinar.

El documento de Eguiguren describe el estrago general sin rodeos ni medias tintas: 'Hoy, en Euskadi están comprometidos los derechos y libertades ciudadanas, que son el fundamento democrático de la paz social'. Tan es así, que su vulneración es 'el principal problema', 'el problema vasco con mayúsculas' y 'no hay otro tema más importante' que salvar la vida de bastantes y la democracia de todos. Los constitucionalistas vivimos bajo un estado de excepción, pues para nosotros los derechos fundamentales (desde el de la seguridad física al de la libre expresión) 'estaban -y continúan estando- suspendidos'.

Situación tan desesperada, más que recomendar, ordena un excepcional tratamiento de choque. Sencillamente, 'en esa lucha por la vida y por la libertad no podemos ir cada uno por nuestro lado. La vida y la libertad son exigencias tan básicas, tan primarias y tan urgentes, que no admiten diferencias partidarias en la estrategia para alcanzarlas'. Al contrario, aquí sólo cabe la unidad de todos los demócratas. En este momento histórico, cuando está en juego todo eso, 'la confrontación entre los modelos sociales de la izquierda y la derecha ha pasado en Euskadi a ocupar un segundo plano'. ¿Qué significa entonces proteger a toda costa esa unidad democrática? 'En primer lugar, la voluntad de consolidar el pacto por las libertades y contra el terrorismo', un acuerdo nacido de una nítida visión de Estado y 'que debe mantenerse a resguardo de las diferencias entre partidos hasta que ETA desaparezca'. ¿Y cómo se explica semejante coincidentia opositorum y tal renuncia a legítimos objetivos partidistas? Porque 'es más importante la democracia (un medio) que los fines últimos del socialismo'; o porque éstos sin aquélla serían injustos o imposibles...

Así se habla. De ahí en adelante, ¿tanto costaría mantener siquiera la fachada de coherencia teórica o eso es mucho pedir a quien le tienta quizá la incoherencia práctica? Porque a renglón seguido resulta que lo más decisivo será rescatar un 'proyecto autónomo', 'una oposición propia, sin entendimientos globales con nadie y desmarcándose de la oposición que representa el PP'. ¿Pero, oiga, no habíamos quedado hace un rato...? Pues no, 'si queremos cambiar la orientación de la política en Euskadi y ser una alternativa real, lo primero es recuperar y fortalecer la capacidad electoral y social del PSE-EE'. ¿Se acuerdan ustedes de que no cabían diferencias estratégicas partidarias cuando se trata de asegurar nada menos que la vida y la libertad? Bueno, eso fue unas páginas atrás y tampoco vamos a recordarlas todas. Ahora la consigna ha sufrido una ligera variación: 'El PSE-EE no debe hacer depender su estrategia ni del nacionalismo ni de la derecha del PP. Ambos bloques son igual de adversarios políticos nuestros y nos sentimos igualmente alejados de ellos'. He ahí la madre del cordero y aquí es donde, además de esta inconsistencia de libro, sobresale una ignorancia democrática culpable. O una cobardía fatal.

¿Pero cómo van a ser igual de adversarios míos el que, pese a todos nuestros desacuerdos, reconoce nuestra común e igual ciudadanía... y ese otro que la niega porque antepone su diferencia étnica para así hacerme entrar contra mi voluntad en otro Estado? ¿Cómo podré entenderme igual con los que socavan a diario el espacio y el lenguaje cívicos... y con los que, por mucho que nos separe, nos une ese mismo espacio y lenguaje? ¿Cómo voy a estar igual de alejado de aquel que se apoya en quienes coartan mis libertades y hace bien poco pactaba con los que amenazan mi vida... y del que comparte precisamente mi condición de perseguido y amenazado? Díganme, si no es molestia: ¿acaso guardan el PNV y EA la misma distancia respecto de EH (o éste de aquéllos) que respecto del PSE y PP?

¿Y aún no han caído en la cuenta de que el nacionalismo étnico no es una opción política tan legítima como otra cualquiera, según corean los bienpensantes, porque para ella todas las demás tienen que ser ilegítimas mientras no militen antes o a la vez por la causa nacional? ¿Ignoran quizá que la consabida ambigüedad de estos nacionalistas no es producto de estratagema alguna, sino de su doble pertenencia a una comunidad primera y sagrada de correligionarios, así como a otra secundaria e instrumental de conciudadanos? ¿Y de que el engaño como su recurso ordinario no procede de ningún cínico talante de sus jefes, sino de esa convicción que justifica engañar sin miramientos a quienes no forman parte de su 'pueblo' o han sido ya excluidos de él? En ese combate de ideas que siempre prometen y siempre aplazan, aguardamos las respuestas de Eguiguren o Jáuregui con impaciencia.

Según eso, ¿resulta un disparate sostener que en nuestro país nacionalistas y terroristas no sólo coinciden en los fines, sino también en medios tan básicos como los argumentos centrales de que se sirven? ¿Por qué seguir llamando 'nacionalismo democrático' al que, a la vista de sus dichos y hechos, bastaría denominar simplemente mayoritario (por poco) o pacífico? ¿Acaso no dice este mismo documento que el PNV y EA emprenden la construcción nacional como la 'creación de la nación de los nacionalistas'? ¿Es que no añade que el Gobierno y aquellos partidos 'han endurecido notablemente su maximalismo nacionalista, empeñados en imponer al conjunto de la sociedad vasca un proyecto de país no compartido, etcétera'? Y para enseñar que el problema trasciende el caso particular, ¿no concluye asimismo el documento que 'las preocupaciones de los nacionalistas, tanto aquí como en cualquier otra parte del mundo, no consisten en lograr este tipo de sociedad que garantiza la libertad del individuo (...), sino la de la 'nación', entendida como una colectividad étnica'? Todo eso dice; sólo falta sacar las debidas consecuencias.

Hace años que debían haberlas sacado. Mi querido Recalde, por ejemplo, ha tenido la franqueza de proclamar en voz alta que en la colaboración pasada los socialistas se equivocaron, que fueron utilizados por los nacionalistas para aumentar su hegemonía. Éstos aumentaron su hegemonía, mientras aquéllos -añado yo- contribuyeron a la más funesta política-ficción (la política lingüística), a su progresiva depauperación electoral y en buena medida a la pérdida de su misma razón de ser. No es como para sentirse satisfechos de aquella penosa etapa, pero algunos estarían encantados de repetirla. Ahí está para probarlo su 'proyecto vasquista' y su servicio a la causa abertzale mediante la 'actualización de los derechos históricos', esos rancios e improbables derechos colectivos de naturaleza predemocrática.

Y si todos nos la estamos jugando en este envite, aún se juega más la izquierda. La derecha vasca (PNV) que lanza los tejos al PSE no es menos derecha que la española (PP) y, a fin de cuentas, toda izquierda es la que más tiene que perder bajo cualquier monopolio ambiental nacionalista. Si el principal efecto perverso de esta enfermedad en nuestra tierra ha sido la instalación del miedo y el acorralamiento de la mitad de sus vecinos, el siguiente había de ser la postergación ad calendas vascas de cualquier programa socialmente transformador. Y es que, cuando nos absorbe todavía el agónico debate sobre 'los fundamentos de la democracia y de la convivencia civil' -vuelve a remacharse-, tiene que quedar 'en un segundo plano el contraste entre políticas y proyectos de izquierda y de derecha'. Exacto, ¿y a cuál de esas dos políticas puede favorecer el dejar las cosas como están?

Se confiesa así que el Partido Socialista de Euskadi, por ser de Euskadi, apenas ha ejercido de socialista. Pero deberá añadirse que no podrá ejercer de tal mientras no sea la cuestión social la que ocupe por fin el lugar que durante décadas lleva ocupando la nacional. Y concluir que tal cosa no es posible sin que los demócratas recorran juntos algún tramo del camino presente y futuro. En suma: por razones de mera supervivencia, por razones democráticas, por razones de justicia política y social, incluso por razones electorales, el provecho de uno de ellos será hoy el provecho de todos. Para que esta sociedad empiece a reponerse y a desandar parte de lo mal andado necesita atravesar varios periodos de gobierno democrático, no sólo mayoritario. Entonces mostraría el PSE su potencia y su grandeza.

ZAPATERO INTENTA COMPENSAR LA DEFENESTRACION DE REDONDO
Editorial El Mundo  21 Enero 2002

Un día después de que Nicolás Redondo anunciara su retirada, harto de las insidias internas, el secretario general del PSOE se reunió ayer con dirigentes y cargos públicos de su partido en el País Vasco. El encuentro tenía como principal objetivo amortiguar las tensiones internas que sacuden a los socialistas vascos, inmersos en un proceso precongresual en el que tras la caída de Redondo aún no existe una alternativa clara de liderazgo.

En este escenario, José Luis Rodríguez Zapatero hizo un anuncio que no se esperaba, al proponer al PP una reunión del pacto antiterrorista para estudiar «iniciativas legales o fácticas» que permitan a ambos partidos presentar candidaturas en todos los ayuntamientos vascos. La iniciativa tiene, sin duda, un hondo calado, habida cuenta de las dificultades objetivas con las que se encuentran los partidos constitucionalistas para lograr que sus militantes estén dispuestos a convertirse en cargos públicos, lo que en el País Vasco casi equivale a jugarse la vida todos los días.

Zapatero no concretó en qué podría consistir este acuerdo con el PP, aunque en su genérica formulación tendría cabida, incluso, la posibilidad de presentar listas conjuntas, tal y como se ha barajado en alguna ocasión.

La iniciativa del líder socialista sería digna de todo tipo de elogios y hubiera sido acogida con entusiasmo por la mayoría de la opinión pública si no fuera porque se produce justo un día después de que Nicolás Redondo se viera obligado a tirar la toalla, precisamente porque una parte del PSOE le acusaba de hacer seguidismo del PP, sin que el secretario general socialista moviera un dedo por evitar el acoso al que fue sometido el ex líder del PSE EE. Así las cosas, resulta inevitable pensar que la propuesta de acuerdo con el PP sea una especie de compensación a la defenestración de Nicolás Redondo, sacrificado como víctima propiciatoria entregada a los dirigentes del aparato felipista y su grupo mediático para que no le pongan más zancadillas.

La credibilidad del secretario general del PSOE ha quedado resentida por el bochornoso episodio de la caída de Redondo. Y de poco sirve ahora que Zapatero culpe a Aznar de haberse inmiscuido en cuestiones internas de su partido. Quienes metieron al presidente del Gobierno en este asunto fueron los que filtraron su encuentro con Redondo para desprestigiar a éste. Sin embargo, aun habiendo perdido este asalto, Rodríguez Zapatero con su propuesta de ayer demuestra que sus tesis coinciden con las defendidas por Redondo. Es posible que ahora pueda defenderlas sin complejos, y también tiene la opción de intentar recuperar al dirigente socialista vasco para un papel destacado en el partido.

Dos por uno
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  21 Enero 2002

Ahora sí que puede decir Felipe González aquello de «dos por el precio de uno», cuando fingió en el Congreso que anteponía su propia dimisión a la del entonces vicepresidente Alfonso Guerra por el escándalo de la oficina de recomendaciones que regentaba su hermano en dependencias oficiales de la Junta de Andalucía. En realidad, tras aquellas aparatosas y falsas declaraciones de respaldo a quien había designado ya como enemigo a batir, el One aprovechó aquello para acabar con Guerra y con el guerrismo, mediante una estrategia en tres tiempos que por sus buenos resultados no ha dejado de emplear desde entonces: 1/ Campaña feroz del grupo PRISA contra el objetivo designado por FG, a través sobre todo de la Ser (recuérdese la difusión de las escuchas ilegales de la motorola de Benegas en el programa de Gabilondo); 2/ Sabotaje interno a los apoyos que pueda tener en el partido y creación de un ambiente de «guerra interna» en el que el objetivo a batir siempre es el «radical», el «intransigente», el «obstáculo» que se opone a los venturosos planes de un inconcreto futuro; 3/ Tras forzar la dimisión, nueva campaña de PRISA saludando la nueva situación que permitirá la «paz interna», la «conciliación» y la «unidad», mucha unidad, dentro del PSOE, es decir, dentro de la mezcla de secta y sindicato de intereses que es el PRISOE.

Redondo estaba ya marcado como objetivo a batir desde el famoso almuerzo de Polanco, Arzalluz y González y su acuerdo político empresarial de desestabilización política de España para echar al PP del Gobierno (almuerzo que no escandaliza a los socialistas impresionables como el de Redondo y Aznar). El propio González empezó en la campaña electoral: «No te equivoques, Nicolás», le amenazó, alabando a «mis amigos del PNV». El argumentario del redondicidio lo explicitó Cebrián al día siguiente de las elecciones vascas en el famoso artículo contra el acuerdo PP PSOE para crear una alternativa democrática al proyecto secesionista y totalitario del PNV. Quedaba un obstáculo: Zapatero, cuya identificación con Redondo se deducía del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y de una (o alguna) idea de España comparable a la de Aznar, aunque, ojo, incompatible con la de Arzallus Polanko González. Y Zapatero resistió sólo un almuerzo con Cebrián (que tampoco escandaliza a nadie) en la sede de PRISA. Se rindió al guiñol de Canal+ y ha colaborado decisivamente desde el aparato de Ferraz en el asesinato político de Redondo. Pero con él ha enterrado el Pacto Antiterrorista y se ha suicidado como líder nacional. Y mientras llega Solana, González y el PRISOE se han cobrado dos piezas Redondo y Zapatero por el precio de una. Al lado de esta banda, Stalin no habría pasado nunca de seminarista réprobo. Un inocente.

Zapatero claudica
Editorial ABC  21 Enero 2002

Nicolás Redondo se equivocó si creyó que la confrontación de ideas en el PSE iba a producirse con libertad. Se equivocó si pensó que el respeto a las más elementales normas de democracia interna garantizarían el debate ideológico de los socialistas vascos. A estas horas, Redondo sabe perfectamente cómo se las gasta un partido cuyo secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, insistía ayer en ese discurso claudicante y falto de coraje que consiste en acusar al PP de utilizar el terrorismo como arma política y electoral y sugerir que el presidente del Gobierno compromete el Pacto Antiterrorista por denunciar, en declaraciones a ABC, la «vileza extraordinaria» que ha supuesto la eliminación de Redondo.

Rodríguez Zapatero está siguiendo a pies juntillas la estrategia de Ferraz: la campaña de acoso y derribo mediático-político a Redondo era el primer paso antes de subir, de un golpe, todas las escaleras que conducen a los aledaños del poder que representa el PNV. La defensa de principios tan elementales como la democracia, la paz y la dignidad pasan a un segundo plano cuando el objetivo no es otro que aproximarse al nacionalismo para aislar al PP. El secretario general de los socialistas pidió ayer «respeto» a la vida interna del PSOE y denunció la «intromisión» del presidente del Gobierno. Tal vez se refería a ese respeto que Nicolás Redondo creyó encontrar en un partido que le derribó por la espalda, acaso por no atreverse de frente.

La pieza cobrada
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC  21 Enero 2002

Nicolás Redondo habló de una cacería emprendida contra él. Siguiendo su metáfora cinegética, la Ejecutiva socialista se ha cobrado la pieza. Como no soy adivino, ni poseo información especial ni me gustan los juicios de intenciones, ensayaré un bosquejo de interpretación sobre tan logrado acontecimiento venatorio. La identidad del cazador y de su pieza parecen evidentes: la Ejecutiva socialista, y, por lo tanto, el secretario general del PSOE, y Nicolás Redondo, dimisionario secretario general del PSE. Todo el interés hermenéutico se centra, pues, en el objetivo de la cacería. Intentemos rastrear los indicios con el mismo fino olfato con el que los cazadores han venteado a su presa.

Nicolás Redondo contaba con el apoyo de la mayoría de los socialistas vascos. Siguiendo una iniciativa de su secretario general, apoyó el pacto antiterrorista con el PP y concurrió a las últimas elecciones autonómicas vascas con la intención de desbancar del poder al PNV, que había concluido un infame pacto con los terroristas. El resultado electoral, el mejor que jamás han obtenido las fuerzas políticas constitucionalistas en el País Vasco, no fue suficiente para desalojar a los prolongados inquilinos de Ajuria Enea. Desde el día siguiente, quedó clara la nueva estrategia conjunta adoptada por la dirección socialista y por un poderoso grupo de medios de comunicación: acercarse al PNV y desgastar al PP. Si antes el adversario era el nacionalismo vasco, pasaba a serlo el PP. El interés del poder y el dinero quedaban por encima del de España y su Constitución. El objetivo natural era Redondo, artífice impecable de esa política ahora abandonada. Se dirá que todo esto son conjeturas sin pruebas, mas sin ellas no es posible explicar la dimisión de Redondo ni la tenaz aventura cinegética. ¿Es razonable pensar que se trata de disparar contra el pianista para que un nuevo artista interprete el mismo tema? Parece claro que la canción va a ser otra, una melodía vasca de aproximación al nacionalismo, de aislamiento del PP y de armonías disonantes con la Constitución. Tender manos al PNV está muy bien, pero sólo si se trata de sacarlo de su posición anticonstitucional y de sus pactos batasunos, no para claudicar y transigir con ella. No existe una vía intermedia entre Estella y el pacto antiterrorista. Zapatero no debería descuidar la posibilidad de que el próximo sea él. Se diría que para algunos nostálgicos y ávidos de poder, con tal de volver a La Moncloa, todo está permitido. Al fin y al cabo, no hay que pactar, como Fausto, con el diablo; sólo hay que hacerlo con el PNV.

La búsqueda de una hipótesis que explique el frenesí cinegético nos ha llevado a la necesidad de revisar la identidad de la pieza. Ciertamente, sigue siendo Redondo. Mas lo decisivo no es su identidad sino las ideas que alberga en su proyecto político. Lo que puede estar en el objetivo no es sólo el secretario general ya abatido sino, con él, el pacto antiterrorista y, a su vez, quizá la propia Constitución. Es sólo una hipótesis que quizá entrañe un indeseado juicio de intención. El tiempo acabará por confirmar la identidad de la pieza y con ella la intención de tan certeros como implacables cazadores. La diosa socialista es Diana.

Oreja Menor
ANTONIO BURGOS El Mundo  21 Enero 2002

Como divisa en unas armas de nobleza coronadas por el yelmo de la hidalguía sobre la piedra de un pazo de palabras geniales cuya galleguidad le discute el cipote sin Archidona del Bloque, Cela nos dejó su testamento civil sobre la crueldad de España: «El que resiste, gana». Pero, ¿qué le ocurre al que no resiste? Que es devorado por la boñiga ambiente. Nicolás Redondo Terreros ha escrito su homenaje a Cela en forma de comparecencia ante la prensa: «Tenía dos opciones: resistir, o la que acabo de anunciar». Lo que acababa de anunciar era que había llegado a la conclusión de que un chico como él no hacía absolutamente nada en un sitio como ése, en un socialismo vasco que ha tirado por la borda los viejos años de lucha por la libertad y quiere sentar plaza de Madrazo y de Llamazares en el servicio doméstico del palacio de Ajuria Enea, donde por lo visto pagan muy bien a las criadas. A algunas, hasta les ha dado una consejería.

Nicolás Redondo es de esa rara estirpe de socialistas que votaríamos encantados aquellos a quienes el felipismo nos produce arcadas. De la estirpe de Rodríguez de la Borbolla, un señor frente a guerristas y felipistas. Redondo ha sido lo que parecía que iba a ser Zapatero. En sus ansias infinitas de no soltar balón y de tener el rencor como motor de todos y cada uno de sus actos, González ha aplicado el título de su libro polanquero hasta a quienes ha puesto al frente del partido donde sigue de Reina Madre: ni Zapatero es ya lo que era cuando venció en las primarias a Bono. Debajo de esas aguas podridas no puede resistir no digo ya Cela y su divisa de hidalgo de Iria Flavia, sino ni el mismo comandante Costeau. En el socialismo posfelipista no ha lugar para los caballeros que no tengan el rencor contra Aznar como norte de su vida. Hasta compran barajas para romperlas cuando ven la menor posibilidad de acuerdo constitucional con el adversario, por los supremos intereses de España. España hoy por hoy en el PSOE se sigue llamando Felipe González, no se olvide.

A Redondo, en los pesebres de la calle Ferraz, le llamaban Menor Oreja. No me extraña que le dijeran eso, y que le sacaran la entrevista con Aznar como la máxima acusación. Aquí se puede uno entrevistar por lo bajini con Arzalluz para pactar los pasos hacia la autodeterminación, con el Rey de Marruecos para quién sabe si ponerle fecha a la entrega de Ceuta y Melilla. Pero a Aznar ni se le puede saludar por la calle, aunque se cruce uno con él en un semáforo. Todo eso puede hacerse, claro, siempre y cuando se llame uno González y no Redondo. No sé para qué se tomaron estos señores el trabajo de hacer unas primarias, si ahí sigue mandando González. Lo de la Argentina ya lo inventamos aquí. Aquí, en el PSOE al menos, el que manda de hecho es el que perdió. Ni mayor ni menor. La inmensa oreja del de siempre. www.antonioburgos.com

Silencio ante la tragedia
JUSTINO SINOVA El Mundo  21 Enero 2002

Con la cadencia de una sinfonía trágica, en el País Vasco se suceden dimisiones de concejales amenazados por los terroristas y sus cómplices. Son en su inmensa mayoría cargos del Partido Popular y del Partido Socialista, que cometen el delito de trabajar por una sociedad plural en la que todas las ideas tengan cabida. A veces, el acoso alcanza a militantes de otros partidos, como le ha ocurrido a la concejal de Eusko Alkartasuna en Zumárraga que acaba de dimitir, porque había sido gravemente transgresora pues no se le ocurrió peor crimen que ayudar a la viuda de otro concejal del PP asesinado por ETA.

A nadie se le puede exigir ser héroe, por lo que dimisiones de este tipo merecen toda la comprensión y todo el respeto. Intentaron hacer su trabajo hasta que toparon con un obstáculo insuperable. Lo inaceptable no es una dimisión por amenazas sino el silencio de los responsables de la tranquilidad de los ciudadanos, que en Euskadi es demasiado tangible y en parte culpable de que pasen estas cosas. Es evidente que el Gobierno vasco no se siente lo bastante impresionado por estos sucesos como para hacer de la defensa de estas víctimas cotidianas su primer objetivo. Cuando en las calles y en las oficinas de Euskadi hay gente que no puede vivir, cualquier otra política debe esperar. Mirar para otro lado, dejar pasar el tiempo, superponer el aspecto de normalidad de una mañana de domingo, es recurrir a una ficción que sólo favorece al poder totalitario que trata de imponerse mediante la amenaza, la agresión y el asesinato. El PP ha gastado 24.04 millones de euros (4.000 millones de pesetas) en seguridad en los últimos tres años. Otra cantidad ingente se ve obligado a desembolsar el PSOE. Tratan de llegar adonde no alcanza la policía. Aún así, no pueden encontrar candidatos en todos los pueblos por el miedo que infunden los totalitarios.

La batalla la perderá la Democracia cuando estas cosas dejen de importar, cuando nos enteremos de ellas sin irritarnos, cuando la inhibición del Gobierno vasco no nos preocupe. Los totalitarios buscan el desistimiento de la sociedad. Para ello, nada mejor que las renuncias de concejales sean episodios mínimos en la actualidad del día. Pero son grandes dramas políticos, sociales y humanos, que revelan la existencia de una situación de emergencia. Ante esta gravísima quiebra, no me explico cómo Ibarretxe puede conciliar el sueño, cómo puede guardar silencio, cómo no se olvida de todo lo demás para gastar todas sus energías en resolver esta circunstancia de infinita injusticia.

El debate no es el problema
Antonio GARCÍA TREVIJANO La Razón  21 Enero 2002

Tiene razón Ibarreche. Aunque sea difícil de adivinarla en la vaguedad de su lenguaje. Eta no quiere que el gobierno vasco y el PNV hagan política, sino guerra de posiciones, mientras ella hace la de movimientos. El Estado de partidos sustituye Política por Administración. Únicamente los gobiernos nacionalistas hacen ensayos de política. No es que falten encuentros, negociaciones y pactos. Pero siempre versan sobre asuntos administrativos y económicos. La clase dirigente de la Transición, especializada en repartir facultades y riquezas entre la oligarquía, no está moralmente preparada ni mentalmente entrenada para debatir sobre el poder que administra.

El lendakari ha dicho que el PP «se pone un poco nervioso, pues tiene dificultades para entrar en los debates que vamos a tener sobre la capacidad de decisión de la sociedad vasca». O sea, sobre autogobierno y derecho de autodeterminación. Tiene razón el portavoz del Gobierno Vasco, sr. Imaz: «se debe hablar de todo, porque no puede haber una sociedad democrática con tabús, en la que no se pueda hablar de política». Hablar no supone acordar, ni admitir tácitamente que se debe acordar algo sobre lo hablado. La divergencia absoluta, no se convierte en relativa, ni en camino de compromiso, por el hecho de hablar con determinación sobre ella.

 Negarse a hablar de posiciones que son no simplemente contrarias sino realmente contradictorias, y que el tiempo no hará más que agravar, es una torpeza que da lugar a interpretaciones equívocas sobre falta de firmeza de carácter, o de argumentos de razón, para sostener la propia convicción de quien pospone, sin fundamento serio, la conversación.

Se equivocan Aznar, Rajoy, Arenas y el diario «El Mundo», cuando dicen con voz de falsete que antes de entrar en ese debate hay que dar prioridad a la concertación en todos los frentes de la acción antiterrorista. Este pretexto dilatorio carece de toda lógica procesal y denota poca inteligencia política. Un tema no excluye al otro, sino que precisamente lo reclama. Pues la causa del terrorismo es la esperanza en la autodeterminación. La trampa que encierra la propuesta del Gobierno es demasiado infantil para que prospere: si quienes hablar de derecho de autodeterminación, acepta mi plan antiterrorista y, en un nuevo escenario de paz, trataremos el asunto. Para el Gobierno vasco, no para el PNV, acabar con el terrorismo debe ser lo prioritario a corto plazo. Pero también se ha comprometido con sus electores a plantear el tema del autogobierno. Y la táctica de Aznar debilita al Gobierno vasco y fortalece los ánimos de Eta con la esperanza en un futuro diálogo que no rechaza de plano el derecho de autodeterminación.

Es el Gobierno de España quien debe tomar la iniciativa de convocar cuanto antes al lendakari Ibarreche, para hablar sin cortapisas y debatir sin reservas mentales, a sabiendas de que no habrá diálogo sino dos monólogos, sobre la posición del Estado y la del Gobierno Vasco en temas de soberanismo, autogobierno y derecho de autodeterminación. Para deshacer todo equívoco. Para dejar al lendakari en su nula responsabilidad, ante el terrorismo.

Para retirar la incógnita sobre la posibilidad de un derecho de autodeterminación o de un Referendum de independencia, que ningún Gobierno podría autorizar, aunque quisiera, por absoluta falta de autoridad. Para advertir de que tal impotencia gubernamental no proviene de la Constitución, sino de la propia incapacidad del Estado sobre lo que, siendo un hecho involuntario, es indecidible por la libre voluntad del pueblo español o vasco. Para insertar el autogobierno en el ámbito de la Autonomía. Para completar las transferencias. Para reformar el Estatuto, si fuera inadecuado. Para constatar, en fin, que el problema no estaba en la ausencia de debate, sino en la quimera de lo que quiere y pretende debatir el Gobierno vasco.

Violencia y bienestar
Por Ignacio CAMACHO ABC 21 Enero 2002

Un aspecto esencial del discurso político con que el nacionalismo vasco ganó las últimas elecciones autonómicas fue la presentación de una comunidad próspera, dinámica, bien estructurada y con altos niveles de renta, cuyo camino hacia un bienestar inobjetable tropieza con el inconveniente colateral del terrorismo. Naturalmente, el discurso que repetía Ibarretxe con notable eficacia perseguía minimizar el problema de la violencia mediante su inserción en un panorama socioeconómico muy satisfactorio, cuya responsabilidad correspondía, como es lógico, a la larga hegemonía del PNV. «Qué gran país sería éste -repetía sin cesar el lendakari- sin el terrorismo». Y no cabe más remedio que darle, al menos en eso, la razón.

Se la acaba de dar el Anuario Social de la Caixa, a través de un estudio bastante bien orientado del Instituto Lawrence Klein. Los índices de bienestar de las provincias vascas no alcanzan el liderazgo nacional porque tropiezan con dos ligeros inconvenientes: su bajísima puntuación en los apartados de seguridad y convivencia, donde Vizcaya y Guipúzcoa cifran los mínimos de todo el Estado (uno sobre diez), y Álava tampoco pasa de un dos y un tres. El alto «standing» en otros parámetros -diez puntos en nivel de instrucción en Álava y en sanidad en Guipúzcoa, y notas altísimas (ocho y nueve) en empleo o vivienda en las tres provincias- certifica hasta qué punto la violencia contamina el horizonte vasco y lastra sus posibilidades de felicidad colectiva. Incluso Navarra, que está en el pelotón de cabeza, ha perdido el número uno respecto al año anterior por su espectacular suspenso (un dos) en seguridad ciudadana.

La estrategia de «socialización del sufrimiento» emprendida en los últimos años por el entorno radical bajo consigna del aparato etarra ha conseguido un éxito pleno: el nivel de vida en Euskadi sería fabuloso sin la existencia del conflicto, y ni siquiera la alta incidencia de la industria en el medio ambiente podría privar a la comunidad autónoma de disputarle a Cataluña y Baleares el privilegio del liderazgo en el desarrollo. En ese sentido, los promotores de la degradación social a través de la violencia pueden sentirse orgullosos de su tarea.

Otra cosa es si el nacionalismo democrático puede tener también motivo de orgullo con esta estadística, que revela con frialdad objetiva el fracaso del modelo de convivencia. Los intelectuales vascos más críticos suelen lamentarse de que sus conciudadanos no perciban del todo la incompatibilidad entre desarrollo económico y terrorismo, y se muestren por ello complacientes con un régimen -el de los veinte años de autogobierno del PNV- que no ha combatido con suficiente contundencia el principal problema que destruye el bienestar colectivo. Lo que los datos revelan, con terca contumacia, es que, aunque numerosos ciudadanos vascos se empeñen en no aceptarlo, los efectos del terrorismo no son selectivos, sino que afectan sensiblemente al interés común. Ahí tienen los nacionalistas un serio motivo de reflexión estratégica.

Pero los datos del Anuario Social de la Caixa, sumados a las recientes estadísticas sobre distribución territorial de renta, plantean otro motivo de debate de ámbito mucho más amplio. La clarísima zanja que separa el desarrollo de las mitades Norte y Sur de España -la famosa diagonal de Finisterre a Cabo de Gata- cuestiona de raíz las pretensiones nacionalistas de reconducir sus cuentas de resultados.

Es cierto que Cataluña, en primer lugar, y también el País Vasco y Baleares, arrojan saldo desfavorable entre su contribución al Estado y lo que de él reciben; pero no es menos verdad que sus índices de bienestar son mucho más altos que los del resto y que ese desequilibrio sostiene nada menos que un mecanismo nacional de solidaridad. La diferencia de criterio se basa en la mayor o menor amplitud de los conceptos de nación y de estado. Pero lo que no es cuestionable es que hay en España gente que se siente más solidaria con Sierra Leona o Guatemala que con Las Hurdes o la Axarquía.

Preguntas para Jáuregui... y Zapatero
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 21 Enero 2002

Tras la definitiva dimisión de Nicolás Redondo, el político que aparece como responsable de lo hecho y de lo por hacer, es decir, de la alternativa en la Secretaría General es, al fondo, Rodríguez Zapatero, pero en primer plano Ramón Jáuregui, presidente de esa Gestora que lo único que ha gestionado es la eliminación del secretario general del PSE-EE. Y mientras Patxi López llega o no a sustituir al que era su amigo y correligionario en Vizcaya, Ramón Jáuregui va a verse obligado a responder una y otra vez a tres preguntas. Quizá más, pero al menos tres.

La primera se refiere al “respeto a las ideas de Redondo Terreros” que Jáuregui ha proclamado y ha pedido, tanto en el PSE como en el conjunto del PSOE. ¿Si tanto respeto merecen las ideas de Redondo, por qué se le ha echado de la secretaría general? ¿Alguien mejor que Redondo Terreros para defender las ideas que desde hace cuatro años viene defendiendo?

La segunda se deriva de la anterior: ¿si, según Jáuregui, “el debate es de ideas y no de personas”, por qué en la práctica no se ha dudado en aceptar en la Ponencia llamada de síntesis todas las ideas de Redondo, aunque añadiendo otras totalmente contradictorias con las que hasta ahora venía defendiendo el PSE-EE? Y otra vez se impone la reflexión anterior: ¿por qué, en cambio, se ha vetado cualquier posibilidad de que las ideas fueran defendidas por la persona que las tiene?

En fin, hay una tercera pregunta que cualquiera puede hacerse en voz alta y también hacérsela personalmente a Ramón Jáuregui: ¿qué garantías puede haber de que se van a mantener las ideas que ahora se proclaman? Si ha habido una cacería de Ferraz y PRISA contra Redondo y sus ideas, ¿por qué dudar de que, en cuanto se nombre a otro, hará lo contrario de lo que ahora se dice y el PSE-EE se entregará incondicionalmente al PNV?

Al fondo de estas tres preguntas a Jáuregui, se perfila una todavía más seria, reservada a Rodríguez Zapatero si todavía puede contestarla como Secretario General de su partido: ¿será capaz el PSOE de respaldar ese referéndum de autodeterminación que pretende el PNV (que aceptaba Eguiguren en la ponencia que abrió la crisis saldada con la eliminación de Redondo) y que supondría la ruptura de la legalidad constitucional, la suspensión automática de la autonomía en el País Vasco y la apertura de un conflicto de magnitud y gravedad impredecibles? Dicho de otro modo: ¿está todavía el PSOE en el bando constitucional español o ya se ha pasado al de los enemigos de España y de la Constitución?

El mero hecho de poder plantear estas preguntas tiene ya casi tanta gravedad como las respuestas. Acaso más. Del enemigo no se duda. Lo peor es tener fundadas dudas sobre el aliado fundamental.

Argentina: una lección para el euro
Por Pedro SCHWARTZ, catedrático de Universidad ABC 21 Enero 2002

LA política de cambio fijo de los últimos once años en Argentina recuerda los cinturones de castidad que los cruzados colocaban a sus mujeres antes de partir para Tierra Santa: las que no eran virtuosas conseguían hacerse con una llave. La catástrofe argentina es como un aviso de lo que podría pasar en algunos países de Eurolandia, si persisten los déficit presupuestarios, el sindicalismo a la antigua, la confianza desmedida en la intervención pública y, en general, la detestación del libre mercado.

Cuando, bajo la presidencia de Menem, el ministro Cavallo promulgó que un peso valdría un dólar para siempre jamás, perseguía dos objetivos. El primero era contener la inflación, es decir, continua y desalada pérdida de valor del peso, fijando este al dólar americano. Dicho de otra forma, Argentina «importaría» así la tasa de inflación americana. Este mecanismo para combatir la erosión del poder de compra de la divisa nacional se llama «caja de emisión» y en estos momentos se aplica en varios países, como Guatemala, Estonia, o Bulgaria. Para que el sistema de caja de emisión funcione sin sobresaltos, el banco emisor local debe cumplir una condición estricta, que es la de no crear más moneda nacional que el montante en dólares que tiene en sus cajas. Argentina no fue escrupulosa en la obediencia a este compromiso.

El segundo objetivo de Cavallo era el de convertir la economía argentina en una economía moderna. Cuando un Estado renuncia a la posibilidad de corregir el déficit de su balanza de pagos devaluando la moneda, porque la ha fijado «irrevocablemente» a otra extranjera, sólo puede reducir sus importaciones y aumentar sus exportaciones recortando costes, ajustando salarios, reduciendo gasto público y dejando que el mercado premie a los innovadores con suculentos beneficios. Sólo es posible fijar el tipo de cambio si la economía es abierta y flexible. Esas políticas de ajuste que impone un sistema de «caja de emisión», no sólo equilibran las cuentas de un país, sino que contribuyen a aumentar su productividad y riqueza. Son notorios los vicios que han venido limitando el desarrollo de la sociedad argentina, pese a sus extraordinarios recursos naturales. Cavallo esperaba que el cinturón de castidad recondujera a la Argentina a la virtud.

El lado bueno de la posibilidad de devaluar es que un país en crisis vuelve a exportar y producir. El lado malo es que los malabarismos monetarios engañan. Con cambio fijo o flexible, con inflación reprimida o expresa, con euro o sin euro, el crecimiento económico nace de la inversión real, de los avances tecnológicos, de la laboriosidad y buena formación de la población, de la honradez y buen hacer de los políticos.

La sustitución de las monedas nacionales de Eurolandia por el euro es una reforma aún más dura que la de establecer una caja de emisión al estilo argentino. Cuando subsiste la divisa nacional, como es el caso del peso, aunque se fije «irrevocablemente» (ustedes me entienden) su cambio con el dólar, siempre es posible soltarse el corsé y devaluar para poder exportar. Pero si en el país corre una moneda extranjera, si la economía se «dolariza» o «euriza», el coste de volver a emitir pesetas o liras y abandonar la Unión Monetaria es prohibitivo. Entonces no hay más salida que mantener la competitividad con el control de los costes y el fomento de la innovación.

El éxito de la puesta en circulación de monedas y billetes de euros ha excitado un optimismo algo febril entre los entusiastas de la integración europea. Pero ahora queda lo más difícil, que es continuar con la reforma de la economía real, para que el corsé de la nueva moneda no nos impida crecer y respirar.

España, al firmar el Pacto de Estabilidad económica que acompañó al Tratado de Maastricht, se ha comprometido a alcanzar el déficit cero en las cuentas públicas. Tiene razón el ministro Montoro cuando reclama esa higiene también de las Comunidades Autónomas. No se olvide que la muerte de la paridad fija en Argentina vino de la irresponsabilidad de los Gobiernos de las Provincias. Las Autonomías multiplican empleados, paren empresas públicas, y queman dinero público en sus televisiones. Ahora que la salud pública ha sido transferida a las Comunidades Autónomas, veremos si saben administrar con prudencia ese servicio que dicen gratuito pero que pagamos todos los cotizantes a la Seguridad Social. Además, los lehendakaris y consellers confían más en la protección de viejos comercios de ultramarinos, o en desgravaciones fiscales para los autóctonos, que en la competencia y el mercado.

Tampoco se muestra tan valiente nuestro Gobierno en otras cuestiones «argentinas». En vez de llevar a cabo la reforma de la ley laboral que se necesita para evitar aumentos del paro cuando el euro apriete, permite que sindicatos y patronal pongan un parche al sistema acordando una mera y temporal moderación salarial. Igual de tímido es este Gobierno con mayoría absoluta en materia de pensiones públicas: se contenta con poner paños calientes, endureciendo condiciones para cobrar la pensión, destinando el sobrante de caja a la creación de un mínimo fondo de garantía. Nadie habla de capitalizar las pensiones públicas de quienes más las van a necesitar, precisamente los más pobres que no tienen ingresos suficientes para ahorrar en un fondo privado.

El corsé del euro se lo ha colocado la señora Eurolandia para disimular su abundancia de carnes, pero si no se decide a comer y beber con mesura y a hacer ejercicio...

Cela versus resentimiento
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 21 Enero 2002

La muerte de Camilo José Cela ha llenado los medios de comunicación de informaciones, anécdotas, comentarios, juicios personales, análisis de crítica literaria, demagogia partidista y otras excelencias. No podían faltar las mezquindades envidiosas y la inquina malevolente de los enanos en distintas lenguas vernáculas. Sin embargo, lo que ha resultado más evidente de todo ello es el triunfo claro de Cela sobre el batallón formado por los integrantes de la Escuela del Resentimiento, que dice Harold Bloom.

Los más grotescos son los adalides de la llamada «gallegalidad», que niegan cualquier aportación de Cela a la cultura de Galicia, por no haber escrito su obra en gallego. Pero la lengua española es también la lengua de todos los gallegos, y en español han escrito los dos autores más universales de Galicia, Cela y Valle Inclán, que dan al mundo una referencia cultural de su país mucho más profunda y eficaz que la de ningún «enxebrismo» galaico. Cela y Valle, protagonistas de una gran aventura literaria, que parte de Galicia y vuelve a ella, para reposar en sus tierras ancestrales, han llevado por todo el mundo la riqueza de su creación cultural y humana. Basta leer lo que han dicho de Cela los medios informativos más prestigiosos de todo el mundo.

El resto de los «resentidos» participan de una ceguera similar, fruto de su anemia intelectual. Don Francisco de Quevedo, egregio antepasado y mentor de Cela, decía que la envidia anda flaca y amarilla, porque muerde y no come. Eso es lo que acontece al esquizofrénico coro de los resentidos, que ¬ante el éxito universal del autor de La Colmena, La Familia de Pascual Duarte o Madera de Boj¬ se ven obligados a decir que, al menos, es un gran estilista. Y Cela lo es. Pero su obra va más allá, con independencia de que ya Buffon dijera que el estilo es el hombre mismo. Las obras literarias que constituyen nuestro canon occidental de referencia, como las de Valle Inclán y Cela, participan de lo que llamaba Baudelaire «dignidad estética», en las antípodas de la mediocridad que caracteriza a la Escuela de los Resentidos.

Dice George Steiner que, a juzgar por su universal proliferación, ha de haber alguna licencia de los dioses para los afanes de la mediocridad. Pero, por muy privilegiados y amparados que se vean en sus necedades, al final el despliegue aventurado del espíritu deja confinados a los mediocres en sus rencorosos proyectos de dar muerte o deconstruir a los autores de genio. Los dogmas niveladores y envidiosos del resentimiento acaban por sucumbir ante la supremacía estética. Basta resistir y tener paciencia, como hizo Cela. Ahora el literato descansa en paz en Iria Flavia, al pie de un olivo. Su literatura emprende nueva vida luminosa para orientar nuestro camino. Es el gran destino de la creación estética. Como dicen los versos que le dedicó Umbral, Cela, «profesor de energía, como el otro, / nos enseñó a vivir en hombres libres». Su obra, lo seguirá haciendo.

«Hay una gran cobardía en la sociedad vasca, mucho miedo y una gran complicidad»,
afirma Francisco Llera, catedrático de Ciencia Política
Asegura que un gobierno en minoría «no puede culpar a la oposición de que los violentos tengan capacidad de chantaje»
J. J. CORCUERA BILBAO El Correo 21 Enero 2002

Francisco Llera lleva acumulados millones de datos sobre el comportamiento político y social de los vascos durante los siete años que permanece al frente del Euskobarómetro, una encuesta semestral elaborada por un equipo de investigadores de la UPV. Catedrático de Ciencia Política y ex-director del Eustat, considera que los vascos no viven mejor que hace cuatro años. «Tenemos más bienes materiales, pero peores condiciones ambientales. Nunca ha habido tanto pesimismo sobre el futuro inmediato».

-¿Somos previsibles? ¿Cuál sería, a su juicio, la tendencia más significativa en el comportamiento político de los vascos en los últimos años?
-Lo más importante es la anomalía que supone la violencia, el miedo que genera y la subcultura que se crea en torno a ella. Esto bloquea los comportamientos y provoca un estancamiento en la clase política y en las actitudes de la gente.

-¿No es una contradicción que en el último Euskobarómetro los vascos se muestren «pesimistas y escépticos» ante el clima político y que observen con optimismo el futuro y la situación económica?
-Es paradójico, como mínimo, que en España y en Europa exista pesimismo económico e incertidumbre, y que aquí, qué casualidad, estemos al revés. Por otro lado, el clima político y la incertidumbre por la violencia es tan angustiante y agobiante para una gran parte de la sociedad, que la situación económica se alivia y se relativiza.

-¿Camina este país hacia un divorcio absoluto entre nacionalistas y no nacionalistas?
-Existe el riesgo de que nos lo fracturen, aunque, en principio, las actitudes básicas de la gente son mucho más integracionistas, mixtas y mestizas. La comunidad nacionalista está muy articulada desde un núcleo radical muy duro. En la parte no nacionalista esto no existe, porque es mucho más heterogénea, más laica, menos sacral y no es excluyente.

-¿Quiere usted decir que la causa fundamental de la incertidumbre y de la crispación proviene del mundo nacionalista?
-Evidentemente. En 1998, el nacionalismo reconstruye su discurso más radical. La unidad nacionalista de Lizarra fue percibida por muchos como una agresión, entre ellos, por quienes han cedido más terreno. Cuando Fernando Buesa negoció el Pacto Escolar, probablemente lo hizo en contra de muchos de sus principios ideológicos. Pero quizá pensó que era el sacrificio que había que pagar para conseguir un país más integrado y plural. En 1998, esta visión se frustra porque el nacionalismo dice que quiere más y, además, excluyendo al resto de forma explícita.

-¿Y no crea incertidumbre la crisis ideológica y de liderazgo de los socialistas vascos?
-Sí. Cualquier crisis en las opciones que representan a la sociología más importante del país es muy grave. Eso no beneficia a nadie, por mucho que les venga bien a unos o a otros.

-Tampoco ayudarán entonces los gestos excesivos y las palabras gruesas del Gobierno de Aznar.
-Eso lo perciben incluso muchos de sus electores, quizá influidos por el clima de opinión. Creo que, a veces, el PP y el Gobierno hacen y dicen cosas que no son las mejores para el país, aunque les puedan resultar rentables para sus intereses inmediatos. Es precisa una mayor visión de Estado, lo que exige mucho tacto, moderación, aguante y mucha concertación con respecto a la política vasca.

-¿Un Gobierno en minoría como el de Ibarretxe puede perdurar?
-El principal recurso de un gobierno no son los dineros ni las leyes, ni siquiera el programa de gobierno, es la mayoría para gobernar. Y si uno no la consigue es o por incompetencia o por impotencia. Y eso es en lo que estamos. Para neutralizar el impacto político de los violentos basta con quererlo y acordarlo. Lo primero es que no puede haber un gobierno en minoría que endose a la oposición la responsabilidad de que los violentos tengan capacidad de chantaje. Para eso, Ibarretxe tendría que concertar su programa de gobierno con algún grupo de la oposición y rebajar su programa partidista.

El test de las municipales
-El 64% de los encuestados tiene miedo a participar en la política vasca. ¿Nos vamos a quedar sin políticos en este país? Ahí están los ejemplos de Zumarraga o de Durango.
-¿Qué nos dirán en Europa cuando les contemos que en una parte del País Vasco no hay libertad para poder elegir libremente a los representantes a causa del chantaje y del miedo? Es algo muy grave en democracia, y no sólo un problema de socialistas y populares. Afecta a toda la sociedad, pero, sobre todo, a los responsables de las instituciones. Las próximas elecciones municipales van a ser un test fundamental para conocer el pulso democrático del país.

-Asegura que en, los últimos 10 años, 200.000 personas han abandonado el País Vasco. ¿Es el miedo el principal resorte de este exilio?
-No es fácil saberlo. En una década se invierte el patrón y tenemos saldos migratorios negativos. Los que emigran ahora son gente del país y no jubilados de retorno. Son gente joven y preparada. Evidentemente, hay ciudadanos que se van porque no soportan el clima del país. Por pequeño que sea el porcentaje, es lo suficientemente grave como para causar repugnancia y llamar nuestra atención.

-¿Cree que en Euskadi son muchos los que esconden la cabeza debajo del ala ante los episodios cotidianos de gente amenazada y perseguida?
-Sí, los hay de esos y peores. La perversión moral de esta sociedad llega al punto de responsabilizar de la inseguridad al ciudadano oprimido y perseguido. Tengo datos de vecinos afectados por pintadas, manifestaciones o incertidumbre que reprochan a su vecino amenazado la inseguridad que ellos sienten. Al vecino le tienen delante, al terrorista, no. Al vecino no le tienen miedo y al terrorista, sí. Hay una gran cobardía en esta sociedad, mucho miedo y una gran complicidad.

-Según su última encuesta, el sentimiento nacionalista se ha enfriado y los que se declaran no nacionalistas son en este país el 51%.
-Después de veinte años de autogobierno, con medios públicos de comunicación, con un sistema de enseñanza de adoctrinamiento puro y duro, con un control absoluto de las instituciones, con un clientelismo descarado y generoso en los recursos, con una sociedad depurada demográficamente, hay menos nacionalistas. Es una constatación que el propio nacionalismo hace en el año 98 y se asusta. Decide tensar la cuerda para definir las posiciones y asegurar la fortaleza.

-La mayoría dice sentirse también cómoda con el autogobierno y satisfecha con el Estatuto. ¿Cómo explica la deriva soberanista del PNV y del Gobierno vasco?
-En clave estrictamente ideológica. El que detenta las instituciones comete la grave irresponsabilidad de deslegitimarlas. Pero la sociología no responde porque está satisfecha con lo conseguido. Y los relativamente insatisfechos no piden que se cambie, sino que se mejore. Es otro indicador de cómo la población es moderada, aunque con demagogia sea posible llevarla al desastre.

-¿Cree que una consulta popular podría resultar clarificadora?
-¿Una consulta sobre qué?
-(...)
-La democracia plebiscitaria, frente a lo que piensa el nacionalismo, no es mejor que la representativa, porque es populista y el populismo tiene serias contradicciones con la democracia. No se puede ir a una consulta sin previo consenso de las fuerzas políticas. No se puede fracasar en el consenso y decir al pueblo que resuelva mi fracaso. Lo que tiene que hacer ese líder es retirarse, porque es un incompetente y un irresponsable. Si hay un consenso previo entre la clase política y éste es superior al que ahora existe, no habría riesgo; en caso contrario, romperíamos la sociedad.

-¿Se podría hacer un estudio sobre el ‘coste de la no España’, como sugirió el empresario José María Vizcaíno?
-No soy economista, pero creo que sí. Ya se hizo uno sobre Europa. De todos modos, ya sabemos el coste de la Euskadi que tenemos. Si sumamos los Presupuestos vascos a los de las tres diputaciones, estamos en casi el billón y medio de pesetas. Ahora se discute que si el Cupo son 150 ó 190 millones. Cada uno puede sacar el porcentaje de lo que supone el pago al Estado por los servicios que nos presta. Los recursos que tenemos en Euskadi por habitante y año suponen el 20% más que en Cataluña, el 40% más que en Andalucía y el 100% más que en Galicia. No digo más.

Han logrado destruir a Redondo
Lorenzo Contreras La Estrella 21 Enero 2002

En mi "Apunte" del pasado sábado anuncié dos cosas: que la sombra de Felipe González estaba gravitando sobre el "caso Redondo" y que los contactos del ex secretario general del partido socialista con Aznar no eran los únicos que podían citarse. No ha habido que esperar mucho para comprobar la realidad de ambos aspectos. Entre sus variadas declaraciones de estos últimos días, Nicolás Redondo Terreros no ha descartado la influencia del antiguo líder del PSOE en el desarrollo de su crisis política personal. Por otra parte, ha surgido la noticia de que Redondo y Ricardo García Damborenea han mantenido entrevistas o encuentros, aunque aquél sólo haya reconocido haberlo saludado desde lejos en una calle de Bilbao.

Hay una evidencia en todo esto: contra Redondo ha existido en el seno del PSOE, y no sólo del PSE, una práctica, aunque no formulada, moción de censura. Esa moción ha sido exhibida urbi et orbi, presentando al destinatario de ella como un elemento de distorsión en el marco de las conveniencias del partido. El momento histórico que se vive en el País Vasco, la frustración de las expectativas electorales de un "frente español" en coordinación de esfuerzos con el PP, la evidente ansia de volver a tocar poder en el Gobierno autónomo-nacionalista, han determinado una operación socialista-felipista implacable contra el hombre que había osado concebir una política propia inspirada en los intereses del Estado y no tanto en el sentido oportunista de una clase política abocada al peligro de un largo desempleo de poder.

Cuando Nicolás Redondo Terreros dimitió de su cargo de secretario general del PSE no ensayaba todavía el gesto que se ha calificado como "tirar la toalla". Su ilusión inicial fue probar fortuna con la base de la militancia en un congreso extraordinario que podría legitimarle de manera definitiva frente a los nostálgicos de un período troquelado por el felipismo cogobernante en Vitoria. La probabilidad de éxito que esta aspiración revestía, con un Redondo apoyado por lo más notable del pensamiento democrático no nacionalista, alarmó a la "vieja guardia" felipista vasca.

Las armas utilizadas contra tan incómodo compañero son ya suficientemente conocidas. Consistían en aprovechar el presunto error de su entrevista "secreta" con José María Aznar. Y cuando esta circunstancia pudo parecer insuficiente para frenar en seco su proyecto retador, se hizo la correspondiente exploración de sus movimientos políticos de signo "españolista", descubriéndose, por ejemplo, que Ricardo García Damborenea, tan vinculado en su día con los GAL y condenado por el secuestro de Segundo Marey, había figurado en su agenda de contactos personales. Damborenea, antiguo secretario general de los socialistas vizcaínos, tuvo en su soledad política la veleidad de aproximarse a José María Aznar, actitud que le valió la consideración de "tránsfuga". No hace falta decir que Nicolás Redondo cometió en el caso de "Dambo" un evidente error político. La prueba es que no ha sido capaz de resistir el peso de esta filtración informativa. Y, lógicamente, se ha retirado de la lucha.

Sus enemigos políticos no se han atrevido a reconocer la autoría de esta operación de acoso y derribo. La ponencia base de la gestora socialista constituida, tras la dimisión de Redondo, bajo la presidencia del ex vicelehendakari Ramón Jáuregui, asume una buena parte de los planteamientos críticos de Redondo contra el PNV y su proyecto soberanista. Pero eso puede ser incluso, entre una envoltura de lágrimas de cocodrilo por el destino del valeroso Nicolás, un temporal ensayo de redondismo sin Redondo. La idea de la "transversalidad" esconde la colaboración con el PNV, aunque se niegue desde la gestora la idea de pactar "hoy" con los nacionalistas. Pero, ¿hasta cuándo dura el hoy? Si valen las promesas respecto a los nacionalistas, "mientras el fantasma del soberanismo y la autodeterminación guíen su proyecto de país, que se olviden de los socialistas".

¿Palabras que se llevará el viento? Ya veremos. De momento, lo inmediato está conseguido. Redondo ha sido políticamente destrozado.

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