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Recortes de Prensa     Sábado 26  Enero  2002
#El triunfo de la jauría
FERNANDO SAVATER CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo 26 Enero 2002

#Batasuna no cobrará... por ahora
Impresiones El Mundo  26 Enero 2002

#Jugar con los pactos
Editorial ABC  26 Enero 2002

#Porcelana
FERNANDO ONEGA El Mundo  26 Enero 2002

#Esto no marcha
VICENTE MATEU El Mundo  26 Enero 2002

#Los médicos tendrán el mismo sueldo en todas las comunidades autónomas
VICENTE MATEU El Mundo  26 Enero 2002

#Se elevan a 16 los ediles del PSE que dimiten con otros dos casos en Rentería e Iurreta
Vasco Press - BIlbao.- La Razón  26 Enero 2002

#El Instituto Caro y Cuervo de Colombia gana el Premio Nebrija
EFE Salamanca El País  26 Enero 2002

El triunfo de la jauría
FERNANDO SAVATER CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo 26 Enero 2002

Bueno, ya está: misión cumplida. Nicolás Redondo ha sido desplazado definitivamente de la secretaría del PSE y ahora habrá que buscarle sustituto en el congreso de marzo. Los prebostes del partido le despiden con palabras amables y agradecidas, que sonarían más creíbles si fuesen acompañadas de algún lamento por el indecente acoso y derribo que provocó su marcha. La pregunta ingenua que uno le haría ahora a la jauría victoriosa que cobró la pieza es: ¿ha merecido la pena dar un espectáculo tan penoso? ¿qué beneficio va a obtenerse de este degüello y, sobre todo, para quién va a ser? Obviamente, no se trata en modo alguno de que apartar a la persona vaya a propiciar el debate de las ideas, como dijo Ares. Redondo ya había dimitido voluntariamente con ese objetivo, aunque se reservaba el derecho lógico de participar en la discusión venidera como cualquier otro. Ahora no tendremos más ideas sino uno menos para proponerlas y contrastarlas. Por lo demás, no parece que el mejor modo de primar lo ideológico sobre lo estrictamente personal sea cargarse a alguien por razones desaforada y cicateramente personales, como se ha hecho. Tampoco se ha neutralizado así la línea de pensamiento político representada por Redondo en su documento programático, porque la mayor parte de éste se ha incorporado al de la gestora encabezada por Jáuregui. Por lo visto, cuenta con mucho más apoyo entre los socialistas vascos que la opuesta. De modo que cabría preguntarse si se le ha castigado por equivocarse...o por acertar.

Aceptemos que Nicolás Redondo tenga defectos como líder político y haya cometido alguna torpeza. Dado que lo mismo puede decirse de cualquier otro de sus recambios imaginables -y del resto de los seres humanos, por lo demás- sigue quedando en el aire la razón de tan insólito ensañamiento. A fin de cuentas, el devenir de los últimos meses había dado a Nicolás un realce simbólico que iba más allá de su mera persona: representaba el primer intento serio de una alternativa al régimen nacionalista radicalizado, la unión de los constitucionalistas frente a la permanente puesta en cuestión de la legalidad vigente en un tiempo y lugar en que se la combate por medio de crímenes y la referencia del compromiso por el que votaron doscientos cincuenta mil vascos, mejorando los resultados anteriores del Partido Socialista. ¿Hay -ahora, aquí, entre los socialistas- quien pueda dar más? Se le reprocha haber hecho seguidismo de la política del PP, con lo cual se tributa al PP el homenaje de convertirle en único aspirante a desbancar en el gobierno de la CAV a los nacionalistas y único depositario insobornable del principio constitucional.

De paso, se olvida que la resistencia a la voracidad de poder total nacionalista en Euskadi nunca ha sido encabezada por la derecha ni la plutocracia -ésos son los que ya mandan- sino por la misma gente de izquierda que reclamaba libertades para todos, nacionalistas y no nacionalistas, durante la dictadura. ¿Cómo podemos ser tan olvidadizos? Otros apuntan como censura la mala sintonía de Redondo con la actual cúpula del PNV. Pero si la mayoría de los socialistas (incluida la gestora de Jáuregui y el secretario general Rodríguez Zapatero) están de acuerdo en que con el PNV actual no puede llegarse al deseable acuerdo...¿resulta políticamente recomendable llevarse bien con tales dirigentes? Si lo que se quiere es que el PNV modifique su línea política, ¿no será preciso mostrarles inequívocamente que, por donde van, abandonan la compañía del resto de los demócratas? ¿Hay registro en memoria humana de que los nacionalistas hayan modificado su actitud política cuando se ha contemporizado amablemente con ellos? ¿Hay indicios racionales de que ahora vayan a hacerlo? Y como tema de fondo: ¿es acaso un baldón o un error que partidos tan obviamente distintos y enfrentados lícitamente en tantas cuestiones relevantes de la administración estatal como el PSOE y el PP hayan dado un ejemplo de coordinación democrática suprapartidista aquí, en Euskadi, donde está diariamente comprometida la mera verosimilitud de la democracia?

Bien, ya no hay remedio: la cabeza de Nicolás Redondo está en la bandeja y ante Herodes no baila de gusto Salomé, sino Anasagasti, lo que francamente empeora un poco la fiesta. Se diría que el mensaje trasmitido es: «así acaban los que plantan cara al nacionalismo y le dan sustos electorales; decid a vuestro electorado lo que queráis, pero cuidado con atreveros a ponerlo en práctica». Ahora viene la tarea difícil de los socialistas: tienen que elegir entre cambiar sin parecer que cambian o parecer que cambian sin cambiar. La primera opción es la de quienes pretenden propiciar un acercamiento sumiso a los nacionalistas, aceptando que su hegemonía es para siempre y que no hay otro remedio que bailarles el agua para conseguir, por lo menos, algunas colocaciones modestas que alivien su actual sequía institucional; naturalmente, como ese cambio es contrario a lo que votaron los electores el 13 de mayo, debe hacerse aparentando que no varía la firmeza en los principios, aunque ahora se combina con cierta flexibilidad que evite el ponerlos en práctica. La segunda posibilidad la elegirán los que saben que frente al nacionalismo radicalizado no hay más política que la adoptada en el pacto antiterrorista y en las elecciones de mayo, es decir, una contundencia inequívoca en la defensa del proyecto constitucional alternativo al del nacionalismo actual, pero que podría acoger otros planteamientos nacionalistas que no rompieran la sociedad ni rentabilizaran políticamente la amenaza terrorista.

Como esto es lo que defendía precisamente Nicolás Redondo, habrá que dotar de apariencia de cambio a esta continuidad, para dar gusto a quienes sintieron la urgencia de defenestrarlo y a los que están empeñados en que no se puede ir de la mano del PP ni siquiera al único sitio al que podemos decentemente ir, con PP o sin PP. De modo que el congreso de marzo va a resultar muy animado. Ya asoma incluso un nuevo grupo que audazmente reivindica, agárrense, «el derecho a la felicidad de todos los hombres y de todas las mujeres». Caray, qué inventos, cómo se nota que estamos ya en el siglo XXI.

Lo que tardaremos en olvidar es el tono deleznable del acoso ya no informativo sino difamatorio contra Nicolás Redondo. No tengo nada contra las llamadas campañas mediáticas de tema político, porque para eso están precisamente los medios de comunicación: para defender unos planteamientos mientras se critican otros, apoyar a determinados candidatos y desestimar a sus rivales, incluso para amplificar los rumores y las tendencias en pugna. Los medios son el verdadero espacio político de las democracias, tan viciado y tan imprescindible como los partidos o el Parlamento. Cada grupo en liza denuncia con virtuosa indignación la campaña mediática en su contra, en tanto considera información veraz y objetiva todo lo que se dice a su favor. Fue risible oír a ciertos jerarcas socialistas quejas contra las interferencias mediáticas en la crisis del partido: por lo visto habría sido preferible que nadie le diese importancia a la dimisión de su líder más votado en la única parte del Estado sometida cotidianamente a la violencia del terror.

Quienes en política prefieren la insignificancia a la crítica terminarán mereciendo ambas cosas. Aun así, hay límites. Los voceados contactos de Redondo con Aznar o Damborenea eran intoxicación en la forma e irrelevancia en el fondo , puro sé lo que hiciste el último verano . Sólo hubieran merecido una carcajada o un corte de mangas, pero cada cual tiene su carácter y provocaron la buscada renuncia. A mí estas cosas me dan la risa, pero a otros -quizá más sensibles- les puede el asco. De todas formas, el serial radiofónico que aunó los esfuerzos del reputado beato que nunca quita ni pone rey, pero siempre ayuda a su señor, con los gozques falderos convertidos por una noche en dobermans y algún decrépito farsante que vive desde hace mucho de la izquierda con pretexto de vivir para ella...resultó muy revelador. Ayudó a que nos conociésemos todos un poco mejor, aunque, como con razón advierte el Eclesiastés, a menudo el conocimiento sea fuente de tristeza y melancolía.

Batasuna no cobrará... por ahora
Impresiones El Mundo  26 Enero 2002

Batasuna no cobrará de momento ni un céntimo de los 1.100 millones de pesetas que le adeuda el Estado y que debe pagar según diversas sentencias de los tribunales. Y ello porque la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional consideró ayer que la enmienda aprobada por el Senado para no pagar a Batasuna puede ser inconstitucional.La Audiencia ha pedido informes a las partes para estudiar si recurre esa enmienda ante el Constitucional. Si la Audiencia recurre, Batasuna tendría que esperar un fallo favorable a sus intereses para cobrar. Y, en cualquier caso, aguardar dos o tres años como mínimo, que es lo que tardaría en pronunciarse el Constitucional.Al quedar en el aire la cuestión de los pagos, también quedan en suspenso las multas de la Audiencia Nacional a la subsecretaria de Interior por no ejecutar las sentencias. La jugada le ha salido redonda a la abogacía del Estado, que con su recurso ha logrado lo esencial: que el Estado paralice las ayudas al brazo político de ETA.

Jugar con los pactos
Editorial ABC  26 Enero 2002

Tras las elecciones generales de marzo de 2000, la sociedad española vio que era posible combinar la dialéctica gobierno-oposición con el impulso de grandes convenios sobre asuntos básicos para el funcionamiento del Estado y la estabilidad de sus instituciones. Era una forma de recuperar el espíritu constitucional para proyectarlo sobre los principales problemas de España y construir sobre ellos un consenso vertebrador de políticas futuras. La alternancia en el gobierno o la fluctuación de las mayorías parlamentarias ya no serían factores de desestabilización para el tratamiento político de aquellos asuntos que comprometen de forma directa el nivel y la calidad de la vida democrática de los españoles. El origen de los dos grandes acuerdos firmados hasta el momento entre el PP y el PSOE, terrorismo y Justicia, refrendan esta esencia del pacto de Estado, que no es una alternativa al debate democrático sino, precisamente, la más elevada consecuencia de ese debate, porque supone el ofrecimiento a la sociedad de un compromiso común sin plazo hasta la consecución de unos concretos objetivos que se consideran necesarios para la consolidación del sistema institucional y de la convivencia ciudadana.

De esta forma, el principio pacta sunt servanda desborda su condición de máxima jurídica que expresa la fuerza de los contratos para incorporarse también a la ética de la política como un imperativo superior a las urgencias electorales o tácticas de los partidos firmantes. Los acuerdos de Estado implican la renuncia a revisarlos en función de las necesidades internas y esto es lo que parece ignorar el PSOE, cuyos dirigentes han dado motivos suficientes en las últimas semanas para afirmar que la política de pactos con el PP ha tocado a su fin y que ha empezado una marcha atrás. La crisis del socialismo vasco y la pérdida de control sobre el gobierno judicial han marcado sendos puntos de inflexión en la intensidad del compromiso del PSOE con el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo, por un lado, y con el Pacto de Estado por la Justicia, por otro. Tales acuerdos, en sus respectivos ámbitos, serían las causas de la desfiguración de una política socialista definida, cuyo resultado ha sido un entendimiento contra natura con el PP en la comunidad vasca y de una claudicación del fortín judicial a las huestes conservadoras. Queda así establecido el argumento de defensa -de legítima defensa, según los más hostiles- que ya están utilizando algunos dirigentes socialistas para solicitar la revisión de ambos pactos, aunque el coste sea volver a desorientar a decenas de miles de ciudadanos vascos, buscando esa imposible transversalidad con el PNV, o a revivir las viejas prácticas de la sumisión absoluta de la Justicia al poder político. Porque esto último es lo que entraña la exigencia de que se reúna la Comisión de seguimiento del Pacto por la Justicia para analizar, como crisis del consenso, las designaciones acordadas por el Consejo General para cubrir las vacantes del Tribunal Supremo. Sólo quien concibe la Justicia como un trasunto del poder político es capaz de exigir que un foro integrado por partidos políticos y por el Gobierno se reúna para analizar las decisiones adoptadas por un órgano constitucional, en el ejercicio de sus funciones y conforme a los procedimientos legales. Pocas veces se habrá escuchado un discurso tan destructivo del principio de separación de poderes como el que ha lanzado el PSOE contra las decisiones del Consejo. Destructivo pero, a la vez, muy delator.

Si Rodríguez Zapatero entra en este discurso de impugnación de los acuerdos que ha firmado, no sólo estará dilapidando el escaso capital político que ha acumulado durante su mandato, sino también aumentará la desafección de su partido con el sentimiento actual de la sociedad española, visible en el refrendo electoral que prestó en marzo de 2000, expresivo de una apuesta por mensajes claros, liderazgos estables y partidos coherentes. Jugar con los pactos de Estado no es un simple cambio de posición en el campo político; es romper las reglas mismas del juego, acordadas libremente.

Porcelana
FERNANDO ONEGA El Mundo  26 Enero 2002

Escribo esta crónica antes de que empiece el festival de discursos placenteros del Partido Popular. Pero no hace falta ser un genio para suponer que los dirigentes hablarán mucho de su talante pactista. Habrá encargados de manejar los hilos internos para pactar algo con Alvarez Cascos. Habrá quien invoque los acuerdos pomposamente llamados «de Estado» que se han suscrito con el Partido Socialista. Y habrá quien hable en pasillos de la oferta a Pujol, que terminó en la respuesta del «comedero». Es muy sano esto de pactar. Muy saludable. Permite grandes y patrióticas alocuciones sobre la virtud del diálogo. Y hasta permite desmentir a Iñaki Anasagasti cuando califica al PP como la «derecha autoritaria y dura».

Pero en esto de los acuerdos políticos ocurre como con los coches de lujo: lo difícil es mantenerlos. ¡Y qué distinta es la realidad de los hechos a la realidad imaginada en los discursos! No hace un año que Arenas y Zapatero rubricaron un pacto contra el terrorismo y por las libertades. Es decir, sobre el asunto más sensible de España. ¿Y qué sucede hoy? Que su continuidad está amenazada.La puso en riesgo la quebradiza estabilidad de Redondo Terreros. Y ahora depende de que el PSOE se escore hacia el nacionalismo, de que los socialistas vascos tengan complejo de «seguidistas» del PP, o de que Rodríguez Zapatero siga viendo incumplimientos en Aznar. Tanta fragilidad ideológica y personal tiene que estar causando entusiasmo en el entorno de ETA.

Después se firmó el Pacto de Estado de la Justicia. Era tan deseado, que hasta los más incrédulos se lanzaron a calificarlo como «histórico».Y ¡ay, Dios mío!, sólo duró intacto hasta los primeros nombramientos en el Supremo. En cuanto hubo que poner unos nombres y unos sueldos, resucitaron los viejos fantasmas: todo el mundo está convencido de que los conservadores se han impuesto a los progresistas sin darles un triste magistrado de propina. El gobierno de los jueces funcionó, una vez más, con criterios partidistas. La traslación de eso a la opinión es que hubo alguien que se impuso y alguien derrotado. Como la política misma. Y empezó la desconfianza.Se acabó la fiesta.

¡Pobres pactos, entre peñascales de intereses rotos! Lo aguantan todo, menos una cosa: los personalismos. Se estrellan siempre ante los repartos de poder. Son frágriles como muñecas de porcelana: intactas mientras están en la vitrina, rotas cuando las ponen a prueba. Pero las muñecas se rompen, sobre todo, cuando las niñas se disputan su propiedad. Y es que las muñecas, como los pactos, sólo se pueden compartir desde la generosidad. Dos niñas peleadas por una muñeca la pueden descuartizar.

Esto no marcha
TONIA ETXARRI El Correo  26 Enero 2002

El desencuentro existente entre los partidos del Parlamento es de tal magnitud que ni siquiera se han puesto de acuerdo en la definición sobre las Cuentas públicas. Tenemos presupuestos, ¿ sí o no? Para el Gobierno, sí; para la oposición democrática, no; y para Batasuna, se aprobaron sólo los gastos que ellos quisieron (y no les falta razón). Así está el Parlamento vasco, así es que esto no funciona. El sistema de votación de la ley presupuestaria, sección por sección -una propuesta de Egibar que nadie cuestionó- fue tan caótico que algunos nacionalistas del Gobierno vasco aseguraban que, tal como había ido la cosa «no hay ley». Claro que la versión oficial fue algo distinta. Y el mismo Imaz que, minutos antes de la sesión, daba por hecho la prórroga automática de los presupuestos, tuvo que volver a hacer encaje de bolillos para contar a la Prensa estupefacta que el Gobierno buscará los resortes jurídicos para completar un presupuesto mutilado.

Fue tal la incertidumbre creada a partir del momento en que se produjo la aprobación parcial de los Presupuestos que el propio Atutxa evitó ser concreto y, al finalizar el pleno, dijo que se había aprobado una ley ; sin especificar. Una situación, en fin que, lejos de tranquilizar, provoca inquietud. Si el Gobierno, en vez de aplicar el mandato del legislativo, tiene que completar la laguna que expresamente ha dejado el Parlamento...esto quiere decir que Euskadi, en su vida institucional, entre otras cosas, no va bien. De la misma forma que desde el PNV y EA creen que tienen derecho a poder gobernar como si fueran mayoría y a que no se utilicen los escaños de Batasuna para impedírselo, tendrán que admitir que si ahora tienen unos presupuestos parcialmente aprobados es porque así lo ha permitido el grupo de Otegi.

Porque Batasuna ha vuelto a dejar en evidencia al lehendakari que mientras no se decida a recomponer el diálogo democrático seguirá en manos de quien dice estar alejado. Y como su talante no está siendo tan flexible como el demostrado por los diputados generales Bergara y Sudupe, ha conseguido una chapuza parlamentaria. La de Batasuna fue una votación (ahora sí, ahora no) que más que un bingo, como la definió el lehendakari, se convirtió en un complicado puzzle que los nacionalistas no supieron encajar de forma ordenada. Suspicacias aparte, Batasuna ha vuelto a escenificar la fragilidad de un Gobierno que suele olvidarse de su minoría parlamentaria. «Hubiéramos podido obligar a la Cámara a votar de otra manera .» se explicaba Egibar en ETB. Y la oposición que, entre el congreso del PP y la crisis del PSE, demostró una considerable falta de reflejos, recuerda que el PNV no está logrando la mayoría de votos para sacar sus proyectos adelante; es decir, para gobernar.

Los médicos tendrán el mismo sueldo en todas las comunidades autónomas
Villalobos presenta una ley para garantizar la movilidad de los facultativos en todo el país
VICENTE MATEU El Mundo  26 Enero 2002

MADRID. Celia Villalobos se ha quedado sin el Insalud, pero no está dispuesta a que nadie se olvide de quién es la máxima autoridad sanitaria del país. No ha pasado un mes desde que las transferencias se hicieron realidad y ya ha puesto sobre la mesa una ley para regular la carrera profesional del personal sanitario público en todo el país, independientemente de la Comunidad Autónoma en la que trabaje. Aunque afecta a un colectivo más amplio, es, sobre todo, una ley por y para los médicos.

El principal objetivo del Estatuto Marco del Personal Sanitario del Sistema Nacional de Salud (SNS), que tendrá rango de ley básica, es garantizar la movilidad de todos los facultativos sin que las fronteras autonómicas sean un obstáculo.

Este punto, sin embargo, no afectará al personal con contrato laboral, lo que deja fuera a un buen número de profesionales.En Cataluña, por ejemplo, esta es la relación laboral predominante, y es cada vez más frecuente en el resto de comunidades, como se apunta desde el sindicato de médicos.

El segundo gran objetivo es equiparar los sueldos entre los distintos servicios de salud, una de las principales quejas del sector. Según el borrador que ayer dio a conocer el Ministerio, «la cuantía del sueldo y los trienios será igual en todos los Servicios de Salud y coincidirá con las establecidas, cada año, en las correspondientes leyes de presupuestos para los funcionarios públicos».

Incentivos
Aparte se establecen las retribuciones complementarias. Aquí habrá una parte fija, en función del puesto de trabajo, y otra variable, destinada a «retribuir el especial rendimiento, el interés, la iniciativa y la dedicación extraordinaria del interesado, así como su contribución personal a la consecución de los objetivos programados». Esta última cantidad la fijará cada CCAA a su propio criterio.

Se regula también la duración de la jornada laboral, que se establece en 48 horas semanales, aunque podrá ampliarse «cuando un trabajador manifieste por escrito su consentimiento para ello».

El proyecto llevaba en los cajones del Ministerio desde, al menos, los tiempos en que Julián García Vargas era ministro. Demasiado conflictivo y demasiado complejo, nadie se ha atrevido a desempolvarlo a lo largo de estos años. Pero ahora Celia Villalobos, que no está dispuesta a pasar desapercibida en el congreso que actualmente celebra su partido, lo saca a debate público y, por si fuera poco, anuncia que quiere que el Parlamento lo apruebe de aquí a mes y medio como mucho y, a ser posible, a la vez que la ley de coordinación sanitaria entre todas las autonomías.

Según explicaba ayer la ministra, de la misma forma que esta ley de coordinación trata de garantizar un trato igual para todos los ciudadanos en cualquier centro sanitario, el Estatuto Marco pretende hacer lo mismo, pero con los médicos.

Desde el PSOE, su portavoz de Sanidad, Matilde Valentín, declinó hacer valoraciones hasta conocer a fondo un texto de tanta trascendencia.De hecho, el borrador se empezó a distribuir a las CCAA y los sindicatos ayer al mediodía.

En el sindicato de médicos, la sensación era de escepticismo.Los responsables de la CESM empezarán las negociaciones el próximo martes, pero su secretario general, Carlos Amaya, avanzó ayer que, en su opinión, es una «ley florero, plagada de generalidades».

«Ya hay movilidad, estamos en la UE», recuerda Amaya. Y en cuanto a los sueldos, «basta ir a cualquier hospital para comprobar que ningún médico gana lo mismo, sin olvidar los distintos regímenes jurídicos en que estamos divididos».

Se elevan a 16 los ediles del PSE que dimiten con otros dos casos en Rentería e Iurreta
Vasco Press - BIlbao.- La Razón  26 Enero 2002

Aitor Lamas y Gemma Artola son los últimos concejales del PSE que han hecho efectiva su dimisión en los ayuntamientos de Iurreta y Rentería, respectivamente. Los motivos de estas renuncias están relacionados con su vida profesional aunque también ha influido el hecho de llevar escolta por la amenaza de Eta. En el caso de la Corporación de Iurreta los siete militantes siguientes en la lista del PSE renunciaron a sustituir al concejal dimisionario.

Con estas dos dimisiones son ya 16 los ediles del PSE que han dejado el cargo, una decisión justificada en ocasiones por motivos personales, profesionales o por el miedo expreso a la amenaza de Eta.
El último capítulo de esta cascada de renuncias se ha producido hoy en el Ayuntamiento de Rentería, donde ha presentado su dimisión la teniente de alcalde Gemma Artola, que llevaba diez años trabajando en la política municipal. «El hecho de tener que vivir con escolta ¬dijo Artola¬ también me ha pesado a la hora de tomar la decisión. Me solidarizo con todos los compañeros que se quedan y que sigan adelante. Esto no supone que yo deje mis convicciones y la vida política».

Su puesto quedará cubierto por la socialista Gemma lnsausti.
Esta no ha sido la única dimisión de un edil socialista. Aitor Lamas presentó el pasado jueves su renuncia durante un pleno extraordinario celebrado en el Ayuntamiento de Iurreta, localidad vizcaína de 4.800 habitantes, en la que PNV-EA gobierna con cuatro concejales, Batasuna tiene tres ediles, mientras que PP y PSE poseen dos representantes cada uno. Aitor Lamas Pérez, estudiante de 22 años, presentó su renuncia por motivos profesionales aunque también por cuestiones de seguridad. «Él está estudiando y también está pensando en buscar trabajo, pero claro el escolta echa para atrás. No ha podido con todo», ha afirmado la única concejal del PSE que queda en el Consistorio, Angeles Muñoz, quien precisa que ni Aitor Lamas ni ella han recibido amenazas.

El Instituto Caro y Cuervo de Colombia gana el Premio Nebrija
EFE Salamanca El País  26 Enero 2002

El Instituto Caro y Cuervo de Colombia obtuvo ayer el Premio Elio Antonio de Nebrija, que concede anualmente la Universidad de Salamanca a personas o instituciones extranjeras que se hayan destacado en el estudio y difusión de la lengua y la cultura españolas. El instituto se convierte así en la primera corporación que recibe este galardón, ya que hasta la presente convocatoria las bases exigían que fueran personas físicas los merecedores del reconocimiento.

El rector de la Universidad de Salamanca, Ignacio Berdugo, declaró ayer que el Instituto Caro y Cuervo es un elemento clave 'para el estudio y la difusión de la lengua y la cultura españolas, y no sólo de España, sino de todas las Españas'. 'Es uno de los signos de identidad de la cultura hispana, un centro de investigación vivo que lo demuestra cada día', afirmó Berdugo.

La candidatura del Caro y Cuervo fue presentada por el Departamento de Lengua Española de la universidad salmantina y optaba al galardón junto con una selección de 30 hispanistas, entre ellos Eugenio Coseriu, Jacques de Bruyne y Gabriel Jackson.

El Premio Nebrija está dotado con 24.024 euros (cuatro millones de pesetas). La entrega del galardón tendrá lugar el próximo verano.

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