AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 30  Enero  2002
#El Gobierno vasco exige a los profesores saber euskera para optar a oposiciones
EDUARDO AZUMENDI Vitoria El País 30 Enero 2002

#Costes de la radicalización
Edurne URIARTE ABC  30 Enero 2002

#«El nacionalismo lingüístico está muy ligado a la religión, al mito de Babel y al tradicionalismo»
J.C.R. - Madrid.-La Razón  30 Enero 2002

#Lodares escribe sobre la tradición religiosa del nacionalismo lingüístico
M. MORA  Madrid El País  30 Enero 2002

#El PNV adelgaza
EDITORIAL Libertad Digital  30 Enero 2002

#Expulsión ideológica
Editorial ABC  30 Enero 2002

#La expulsión de Guevara delata a un PNV inquisitorial
Impresiones El Mundo  30 Enero 2002

#Iniciativas en defensa de los concejales
Impresiones El Mundo  30 Enero 2002

#La Constitución es sagrada
MARIO ONAINDIA El Mundo  30 Enero 2002

#La herencia de Aznar pasa por CiU
Lorenzo Contreras La Estrella  30 Enero 2002

#Una jugada a muchas bandas
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  30 Enero 2002

#Falta de libertad
Editorial El Correo  30 Enero 2002

#Guevara califica de «estalinista» al PNV tras ser expulsado por criticar a Arzalluz
OSCAR TORRES. JULIO ITURRI El Mundo  30 Enero 2002

#La «espina» en la estrategia soberanista del PNV
BILBAO. M. Alonso ABC  30 Enero 2002

#El PNV de Arzalluz
EMILIO GUEVARA El País  30 Enero 2002

#El marasmo vasco
RAFAEL AGUIRRE CATEDRÁTICO DE TEOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE DEUSTO El Correo  30 Enero 2002

El Gobierno vasco exige a los profesores saber euskera para optar a oposiciones
Comisiones Obreras estudia recurrir las bases de la convocatoria por 'inconstitucional'
EDUARDO AZUMENDI Vitoria El País 30 Enero 2002

Sólo los profesores que sepan euskera podrán presentarse a las oposiciones que ha convocado el Gobierno vasco para primaria, secundaria y formación profesional, y que se celebrarán en julio. Las bases de la convocatoria restringen por primera vez la participación a los profesores que tengan el perfil lingüístico 1 (con conocimiento básico del euskera) y 2 (con nivel para dar clases de euskera o en euskera). Los interinos que trabajen desde antes de 1993 quedan eximidos de este requisito.

Los principales afectados por la medida son los docentes que se han ido incorporando al sistema público de enseñanza a partir de 1993 y que han estado trabajando de manera interina en plazas que tienen asignado un perfil, pero para las que hoy en día no es un requisito conocer la lengua vasca. Es el caso de la mayoría de los ciclos formativos que integran la Formación Profesional. Ni los sindicatos del sector ni el Departamento de Educación, que dirige Anjeles Iztueta (EA), pudieron precisar cuántos profesores se encuentran en esta situación. En la actualidad, cerca de 5.000 docentes, una cuarta parte de la plantilla, trabajan como sustitutos. Algunos llevan en esta situación hasta nueve años.

El director de gestión de personal del Departamento de Educación, Luis María Valle, justificó la decisión en que la Ley de Cuerpos Docentes del País Vasco estipula que todas las plazas de la red pública deben contar con el perfil 1 o el 2. Sin embargo, coincidiendo con la última oposición realizada por el departamento en 1993, se elaboró un decreto permitiendo que se presentaran a plazas los docentes que no supieran euskera. Pero entonces se impuso la condición de que, una vez en posesión de la plaza, los titulares debían acreditar el conocimiento de la lengua en un periodo de 3 o de 5 años.

Cursos para docentes fijos
Según Valle, realizar ahora una nueva modificación para introducir otra disposición de este tipo conllevaría más problemas y no sería una solución. 'Lo normal es que la gente que se haya incorporado a partir de 1993 se haya ido euskaldunizando (aprendiendo euskera)', asegura. Hace 20 años, Educación puso en marcha un programa para euskaldunizar al profesorado. En aquel momento, apenas un 5% de los docentes sabía euskera. Gracias a estos cursos oficiales (que incluyen la liberación hasta por tres años de los docentes), un 75% del profesorado ya está en posesión del perfil 2. Pero este programa sólo ha dado cabida a los funcionarios y a los interinos con estabilidad. Por lo tanto, los interinos sin plaza (los más afectados por la oferta de empleo) no han tenido las mismas oportunidades para adquirir el idioma.

CC OO, sindicato mayoritario entre los docentes vascos, se está planteando recurrir las bases de la convocatoria por 'inconstitucionales'. Según manifestó un portavoz de este sindicato, se está vulnerando el 'derecho a la igualdad de oportunidades' para acceder a un puesto de trabajo. 'No dejar que se presenten a la oposición los profesores que no saben euskera sólo se entiende desde el fundamentalismo nacionalista. Modificar el decreto de perfiles sólo es cuestión de voluntad política', añadió.

El sindicato LAB (afín a Batasuna) solicitó al Departamento de Educación un aumento de las restricciones y precisamente que no permitiera participar en los exámenes a los interinos sin euskera que estuvieran trabajando antes de 1993.

Adaptar el profesorado a la demanda lingüística del País Vasco es uno de los mayores retos del Departamento de Educación en Euskadi. En la actualidad, existe un colectivo de 1.000 docentes sin perfil a los que el Gobierno vasco trata de buscar una solución. Muchos de ellos han perdido la plaza que ocupaban impartiendo docencia directa y ahora se ocupan de la gestión de comedores o bibliotecas, su única opción de continuar en activo.

En este curso escolar, más del 90% de los niños de 3 años que han empezado en las escuelas infantiles públicas está matriculado en los modelos B (la mitad de materias se imparten en euskera y la otra en castellano) y D (todo se da en euskera con el castellano como asignatura). El resto estudia sólo en castellano.

Costes de la radicalización
Por Edurne URIARTE ABC  30 Enero 2002

Hay tres claves en las que cabe analizar la expulsión de Emilio Guevara por parte del PNV, las relativas al discurso y a la estrategia, a la cohesión interna dentro de este partido y a las consecuencias de esta expulsión. No hay dudas sobre la primera cuestión porque la radicalización del PNV es muy clara. A Guevara lo han expulsado precisamente por denunciar esa radicalización, por rechazar la vía de la independencia, por defender el Estatuto y por decir, entre otras cosas, que una apuesta clara del PNV por el Estatuto contribuirá a la derrota de ETA.

Es más difícil penetrar en la segunda clave porque el PNV ha conseguido mantener bajo un control relativamente férreo hasta el momento toda disidencia interna y todo síntoma de fractura. Ahora bien, esta expulsión pone de relieve que la cohesión es más aparente que real.

Guevara no es sólo una figura histórica del PNV, sino alguien con mucho peso social en Álava, y, además, una persona con capacidad de liderazgo político e intelectual. Esto significa que su expulsión podría influir en una futura pérdida de votos en Álava y en el alejamiento definitivo de otros votantes moderados que ya estuvieron a punto de dejar al PNV en las pasadas elecciones. Si ante este riesgo, y muy especialmente el de Álava, el PNV decide expulsarlo, se debe a dos factores que el sector radical que controla en este momento el PNV confía en que sigan funcionando, el clientelismo derivado del gran poder económico y social que ejerce, y los lazos de tipo comunitario que vinculan a los militantes y que mantienen su fidelidad en cualquier circunstancia.

La dirección del PNV es también consciente de que la radicalización hace cada día más difícil mantener la integración de los sectores más moderados y autonomistas como el que representa Guevara. Esos sectores están crecientemente descontentos con la estrategia de Arzalluz y se rebelarán cuando los factores de crisis que acechan al PNV se agudicen, principalmente los relacionados con la inestabilidad del Gobierno Vasco y con las acciones de ETA. Es el coste interno de la radicalización.

Este PNV radicalizado confía, sin embargo, en neutralizar ese peligro con otra baza de gran valor, la que proviene de la colaboración del Partido Socialista. Paradójicamente, el PSE aprobaba los presupuestos de la Diputación de Guipúzcoa, con loas de su secretario general, Manuel Huertas, a la moderación y a la centralidad, el mismo día en que el PNV expulsaba a Guevara por defender el Estatuto y denunciar la radicalización. Es éste el PNV que el PSE abraza y ayuda a sostener. El de la moderación, el de Emilio Guevara, ha sido expulsado.

«El nacionalismo lingüístico está muy ligado a la religión, al mito de Babel y al tradicionalismo»
J.R. LODARES Filólogo
J.C.R. - Madrid.-La Razón  30 Enero 2002

Lodares cierra con «Lengua y Patria» (Taurus) su ciclo sobre la situación lingüística en España. «Hablo de las raíces de esta forma de pensar nacionalista muy ligada a la religión, al mito de Babel y a la creación de naciones puras que ven la lengua como exclusión. Esto está muy ligado al tradicionalismo, no es nada progresista ni moderno».

-¿No debería llamarse este libro «Iglesia, Lengua y Patria»? Lo digo porque la Iglesia está muy presente de principio a fin.
-Cuando se habla de lengua y nación sigue habiendo un sustrato religioso. Y a mí me interesaba mucho marcar esa idea. No hace falta más que leer las memorias del padre Batllori. Es muy fácil de entender, porque en la tradición cristiana la predicación siempre ha sido regida por el mito de Babel. De ahí que la Iglesia siempre haya sido mantenedora de la idea de la lengua vernácula y nacionalista.

-Esto va unido, se podría decir, a una defensa de las cuotas de poder que da la lengua nacionalista...
-Sí. Quienes defienden la comunidad linguística como una comunidad nacional ven toda intromisión, como la inmigración por ejemplo, como una injerencia. En Cataluña es curioso cómo la reivindicación de la lengua catalana siempre ha ido ligada a épocas de gran flujo migratorio.

-Usted habla de integrismo...
-Yo retrato simplemente una realidad. Integristas son quienes propugnan que en una determinada región se hable una lengua. Sea cuál sea. Hablo también de «proteccionismo», de «feudo lingüístico»...

-¿«Feudo lingüístico»?
-Sí. En comunidades cerradas, las lenguas se usan como recurso frente a otros que no la dominan.

-¿No es discriminación?
-No. En el libro he intentado dar explicaciones y no dar interpretaciones partidistas o maquiavélicas. Si tú fomentas la diversidad lingüística pierdes, lógicamente, las ventajas de la comunidad lingüística.

Lodares escribe sobre la tradición religiosa del nacionalismo lingüístico
El filólogo presenta 'Lengua y patria'
M. MORA  Madrid El País  30 Enero 2002

Al filólogo Juan Ramón Lodares lo han acusado de casi todo. 'Desde españolista a jacobino de izquierdas, pasando por compinche de Aznar y Villalonga'. Esos furiosos ataques contra 'la visión por libre de un simple profesor de Lengua' (da clase en la Autónoma de Madrid) siguieron a su polémico libro El paraíso políglota (Taurus, 2000), que primero suscitó el enfado de sectores nacionalistas y académicos y luego fue finalista del Premio Nacional de Ensayo. Ahora, Lodares cierra su ciclo sobre las lenguas del Estado con Lengua y patria (Taurus), donde enmarca los nacionalismos lingüísticos en el tradicionalismo nacional-católico.

'El nacionalismo lingüístico surge de la Pax Hispánica', explica Juan Ramón Lodares, 'y esa pax se fundó no en la unidad lingüística, sino en la unidad religiosa que emanaba del canon bíblico, ya señalado por Adrian Hastings. Ese canon consideraba que la lengua es un atributo sagrado, un trasunto de la raza y fundamento de la nación, y proclamó: 'Id y predicad a cada uno en su lengua'.

A través de 18 capítulos, Lodares documenta esa vinculación lengua-raza-nación 'cuyo origen último es el mito de Babel', y pone además sobre el tapete 'las aspiraciones materiales de los nacionalismos lingüísticos, que tienden a facilitar el acceso preferente de sus hablantes a los bienes de interés social'.

Aunque según Lodares eso no las convierte en lenguas excluyentes ('no lo son del todo, porque, en teoría, si las aprendes puedes integrarte'), sí les otorga, sostiene Lodares, cierto toque xenófobo y clasista: 'El particularismo puede atrincherar a los hablantes y, sobre todo, crear una gran fragmentación lingüística vertical. En Cataluña, por ejemplo, sólo llegas a determinados niveles laborales si hablas catalán. Y el riesgo de eso es que la comunidad pueda sentir la lengua como una barrera de clase, pensar que el que mejor la domina accede mejor a las cosas importantes'.

Lodares sugiere en su libro que 'una interpretación típica pero no exclusiva del nacionalismo' consiste en considerar 'cualquier proceso de comunicación suprarregional una suerte de error histórico'. Lo cual, afirma, significa valorar poco el arraigo de las lenguas de las comunidades amplias, y desdeñar la importancia que tienen los factores económicos, comerciales y empresariales en la expansión de las lenguas. 'El español en América no es un fenómeno del virreinato sino de los siglos XIX y XX, de la emigración', asegura Lodares.

Y lo explica con datos: 'En 1830, sólo uno de cada tres americanos hablaba español. En 1900, había 70 millones de hispanohablantes. El número se multiplicó por 6 o 7 en 100 años. Es decir, que hubo una parte de imposición, pero sobre todo necesidad de comunicarse'.

El PNV adelgaza
EDITORIAL Libertad Digital  30 Enero 2002

La Constitución recoge expresamente que el funcionamiento interno de los partidos políticos ha de ser democrático. Y esto no es una mera declaración retórica. Un partido político donde no se permite la crítica ni el debate interno deja de ser un partido para convertirse en una secta dominada por el pensamiento único del líder carismático, quien se encarga de producir todas las ideas. Los adeptos no deben pensar, sólo obedecer, ya sea al profeta, al caudillo, al führer o al presidente.

No obstante, conviene no confundir la democracia interna con la democracia formal. En la antigua Unión Soviética, así como en sus satélites, el funcionamiento del partido comunista era aparentemente democrático. Había elecciones al politburó, las propuestas se votaban en los congresos... incluso había comités disciplinarios que juzgaban con “pruebas y garantías” a los miembros del partido que conspiraban contra él. Es el caso de los famosos Procesos de Moscú, en los que Stalin “apenas” tuvo algo que ver... según la versión oficial que tantos creyeron a pies juntillas.

En la expulsión de Emilio Guevara del PNV, “tampoco” ha tenido nada que ver Arzalluz, puesto que el Tribunal Nacional del PNV lo elige directamente la Asamblea General y sólo puede actuar a instancias de los afiliados. Según el tribunal interno del PNV, el artículo que publicó en Deia Emilio Guevara —redactor del Estatuto de Autonomía vasco y primer diputado general de Álava de la Democracia— el 21 de diciembre de 2000 “daña gravemente al partido” y constituye una “falta grave”. En el citado artículo, Guevara se limitaba a levantar acta del monolitismo dentro del PNV y a señalar a Arzalluz como responsable del “discurso cada vez más hosco, radical y fundamentalista”, que “no manifiesta la debida simpatía y comprensión por tanta gente como la que hoy en Euskadi carece de las más elementales y básicas libertades”. Guevara se afilió a “un PNV con un proyecto político integrador, respetuoso con la pluralidad de la sociedad vasca, desarrollado por y para todos lo ciudadanos desde el convencimiento, solidario con todos los demás pueblos y nacionalidades de España”. En nada dañan estas declaraciones al PNV; antes al contrario, honran a quien las pronuncia y a la organización a la que pertenecía. Pero Arzalluz, en su incesante carrera de aproximación a los proetarras, ya no está interesado en los “pesados y molestos michelines” que, por sentido común y hombría de bien, coinciden en sus planteamientos con los defensores de la libertad en el País Vasco y que antes contribuyeron a ofrecer una imagen de moderación al partido.

No obstante, el PNV y sus medios de comunicación afines tan sólo han querido destacar la parte final del artículo de Guevara, donde proponía a la televisión autonómica vasca que emitiera “El motín del Caine”, aquella película protagonizada por Humphrey Bogart donde la tripulación de un barco de guerra relevaba a su capitán por incapacidad mental. Esto ha sido, quizá, lo que más le ha dolido a Arzalluz, que quiere un partido obediente: “Guevara no ha nacido para estar en una organización con disciplina”. El ex jesuita ha dictado sentencia, y su ejecutor, Eguibar, la ha cumplido al pie de la letra.

Lo que aquí importa, sin embargo, no es si Emilio Guevara ha nacido o no para estar en una organización con disciplina. Lo verdaderamente importante es que Arzalluz cada vez da más muestras de no haber nacido para dirigir una organización democrática. Lo suyo es el partido único monolítico. No en vano, en su juventud se declaraba ferviente admirador del General Franco, de quien sólo ha copiado el rasgo más negativo: el autoritarismo.

Expulsión ideológica
Editorial ABC  30 Enero 2002

El llamado tribunal nacional del PNV ha expulsado del partido a Emilio Guevara, ex diputado general de Álava y principal redactor del Estatuto de Guernica, por el contenido de un artículo que publicó en el diario «Deia» hace dos años, en el que criticaba la deriva fundamentalista de Arzalluz. En la resolución disciplinaria también se le reprocha «la contumacia» de escribir en el diario «El Correo» durante la instrucción del expediente. La expulsión de Guevara es una decisión muy grave, por todos los planteamientos excluyentes que sintetiza, pero es coherente con la intolerancia ideológica impuesta desde la cúpula del partido. Las razones internas que se puedan aducir para justificar la decisión son insignificantes frente al contraste que provoca con el debate que vive la sociedad vasca, fruto de su pluralidad ideológica y de la que Guevara pretendió ser un mero reflejo. Si lo que el PNV pretende decir es que un militante nacionalista no puede criticar la orientación de su partido ni defender el régimen jurídico actual, entonces hay un mensaje que trasciende las filas nacionalistas y que debe ser entendido con todas sus consecuencias. El PNV vuelve a mostrar su rigidez absoluta frente a la discrepancia y no esconde algunas de las peores derivaciones de la crisis del País Vasco: la sumisión indiscutida a la dirección, que sustituye la identificación ideológica por la obediencia tribal, y la fobia incontrolable hacia la prensa no nacionalista, con la que Guevara cometió la herejía de colaborar. Si se une esta expulsión al talante ultranacionalista del presidente del PNV alavés, Iñaki Gerenabarrena, quien hace pocos días reivindicaba el pacto de Estella, y a los puentes que se están tendiendo desde el tripartito con Batasuna, resulta evidente la recuperación de una dinámica frentista.

Para los ajenos al partido, la expulsión de Guevara debe ser un indicador de la actitud del PNV hacia alguno de los elementos que podrían integrar el diálogo con el nacionalismo. Ahora que el socialismo vasco está en plena reflexión sobre su ubicación en la política vasca, esta decisión del PNV actúa como un indicio muy elocuente de la impermeabilidad de este partido para acuerdos que satisfagan a quienes, como los socialistas, dicen moverse en los límites de la Constitución y del Estatuto. Sancionar a un destacado militante, jurista reconocido, nacionalista con credenciales, por defender el Estatuto, rechazar los pactos con ETA y abogar por una política de integración es la definitiva expulsión de estas ideas como opciones posibles del PNV, la depuración ideológica de la militancia disidente y un aviso para quienes han compartido argumentos con Guevara. Tiene razón el ex diputado general de Álava cuando califica como estalinista el procedimiento seguido por su partido contra él. Pero su sanción es más que una represalia; es la imagen del PNV.

La expulsión de Guevara delata a un PNV inquisitorial
Impresiones El Mundo  30 Enero 2002

Como si de un órgano inquisitorial se tratara, el Tribunal Nacional del PNV ha comunicado al ex diputado general de Alava, Emilio Guevara, su expulsión del partido por considerar que sus críticas a Arzalluz perjudican gravemente a la formación nacionalista.El fallo, que contradice el veredicto emitido por el Tribunal de Alava, se sustenta en un artículo en el cual el histórico dirigente peneuvista y uno de los redactores del Estatuto de Guernika animaba a sus compañeros a posicionarse contra el presidente de la Ejecutiva, a quien cargado de sólidos argumentos acusaba de mantener un discurso «cada vez más hosco, radical y fundamentalista».La medida sorprende poco. Los días de Guevara dentro de un PNV decidido a eliminar cualquier obstáculo en el camino de su particular delirio político de construcción nacional estaban contados desde que Arzalluz calificó como «michelines» a quienes osaran discrepar con la línea oficial del partido. Pero el que fuese previsible no significa que la expulsión de Guevara en un proceso que él mismo ha calificado acertadamente como «estalinista» sea aceptable o comprensible. Al contrario. Es un triste indicio de la caza de brujas emprendida por un sector del nacionalismo contra quienes no comulgan con la doctrina sabiniana de sus sumos sacerdotes.Una burda forma de acallar las voces contrarias a un nuevo acercamiento a Batasuna y a ETA, a la par que una advertencia para los nacionalistas que aún tienen el valor de defender el Estatuto como punto de encuentro con los no nacionalistas. En definitiva, un pésimo augurio para quienes todavía albergaban alguna esperanza de que el PNV de Arzalluz antepusiese la vida y la libertad a unos fines políticos de dudosa legitimidad.

Iniciativas en defensa de los concejales
Impresiones El Mundo  30 Enero 2002

El único concejal socialista de la localidad guipuzcoana de Lazkao ha dimitido porque no quiere llevar escolta. Con él, son ya 17 los ediles del PSE que han tirado la toalla, desde que ETA rompió la tregua. En unos casos, por no estar dispuestos a vivir acompañados de escolta; en otros, por las insufribles presiones del entorno etarra. Los socialistas se enfrentan a un serio problema en los municipios vascos, que se agravará a la hora de elaborar las candidaturas para las elecciones de 2003. También la crisis interna que atraviesa el partido, tras la renuncia de Redondo, origina desánimo en sus concejales que, como los del PP, están amenazados por ETA. Cuando falta poco más de un año para los comicios municipales, los dos grandes partidos deben tomar iniciativas conjuntas para poder concurrir a las elecciones en igualdad de condiciones con los nacionalistas.

La Constitución es sagrada
MARIO ONAINDIA El Mundo  30 Enero 2002

Para muchos vascos la situación política de su país resulta cada vez más insoportable. Casi tres vascos de cada cuatro tienen miedo a participar en la política, y más de la mitad ni siquiera se atreve a hablar de ella. Mientras, carecemos de Concierto concertado, no sabemos qué ocurre con los presupuestos, las instituciones de la Unión Europea no entienden nuestras peculiaridades porque Aznar no se las explica y tenemos a nuestras autoridades enojadas hasta con el Papa de Roma, que no nombra obispos de aquí.

Pero se equivoca quien piense que la situación es percibida igualmente por todos los vascos. Hay conciudadanos nuestros que están encantados con esta situación; pueden expresar sus ideas, e incluso gritarlas en cualquier sitio con entera libertad; ocupan puestos en el Gobierno y la Administración que nunca antes habrían sospechado sin que les suponga mayor riesgo; y encima tienen el privilegio de sentirse oprimidos y, por tanto, convencidos de que los demás, los escoltados, los marginados e ignorados, ese proletariado político que padece de hecho la situación, no sólo les debe algo que le arrebataron a sus abuelos, sino que somos los responsables de la grave situación política, porque somos «inmovilistas» y poco dialogantes, no respetamos las instituciones, etcétera.Vamos, que es un auténtico chollo esto de ser nacionalista. No sé por qué la gente se resiste a reconocerlo.

Esta situación no sería posible si no fuera por la enorme hegemonía ideológica del nacionalismo sobre el resto de las fuerzas políticas, que acaban interiorizando sus acusaciones más burdas y sus tópicos más tontorrones,como si fueran cosas obvias.

Uno de los últimos tópicos generados por los aparatos ideológicos del nacionalismo que se ha convertido en la esencia del ser vasco, dialogante, tolerante y amante del País, es que no hay que sacralizar las leyes. La mayoría de los vascos lo asumen como mera obviedad.¿Qué puede significar «sacralizar» las leyes? ¿Convertirlas en motivo de veneración, como la Virgen de Begoña? ¿Intentar transformarlas en inamovibles, eternas, como si fueran los diez mandamientos, otorgados por el propio Yahvé a Moisés? ¡Qué disparates! Así no vamos a ningún lado. Debemos ser dialogantes, flexibles, y de la misma manera que en su día elaboramos unas leyes, como el Estatuto o la propia Constitución, ahora podríamos aprobar otras que tendrían la misma validez, nos dicen quienes jamás asumieron la supuesta validez de estas leyes para los vascos.

No en vano siempre añadieron disposiciones adicionales para expresar que las acataban pero no las asumían y que, por tanto, no consideraban que resolvieran el «contencioso vasco», que no terminará mientras todos los ciudadanos de Euskal Herria no asumamos el proyecto nacionalista etnicista.

Y sin embargo, nada más alejado de la tradición vasca que esa postura ante las leyes del país. La tradición de los vascos en la defensa de sus derechos nacionales y el autogobierno no ha tenido nada que ver con este anarquismo nacionalista. Muy al contrario, los textos de los fueristas vascos están llenos de referencias a las «leyes sacrosantas», «leyes venerandas», etcétera, en las que se aprecia el uso el lenguaje religioso para referirse a las leyes que garantizaban el autogobierno. Porque, en efecto, las consideraban «sagradas».

Alguien podría pensar que esta manera de hablar no es más que la influencia de la Iglesia sobre la política del país. Nada más lejos de la realidad. Quienes se expresaban así no eran los carlistas, sino los liberales y, antes que ellos, los ilustrados.

¿De dónde puede proceder esta tradición? Según mis investigaciones, no es más que la influencia del pensamiento republicano sobre la Ilustración vasca, cuyos grandes exponentes fueron el lekeitiano Ibáñez de la Rentería, el alavés Foronda o el mundakés y militar del Ejército español Manuel de Aguirre; por no hablar de los liberales Pedro de Egaña o Mateo de Moraza.

Estos ilustrados y liberales diferenciaban, según la tradición republicana e ilustrada, las leyes sagradas y santas de las que no lo eran. Una costumbre que procede, nada menos, que de Numa, el segundo rey de los romanos, que diferenciaba las leyes que consagraban los derechos del pueblo, que eran santas, de las que regulaban alguno de los aspectos puntuales o coyunturales de la sociedad romana de la época.

Curiosamente, los nacionalistas que reivindican que las leyes no pueden ser «sacralizadas», como si tuvieran una extraña conciencia de estos hechos, tratan de trivializar aquellas que consagraban los derechos del pueblo.

La Constitución española, por supuesto, no es sacralizable, pero sí encierra unos artículos que deberían considerarse santos y sagrados: aquellos del Título I que consagran el derecho a la vida, a la propiedad, a la opinión, al honor, etcétera, de los ciudadanos. Mientras que hay otros que jamás merecerían este tratamiento. Pero los nacionalistas que cuestionan estos derechos cívicos son precisamente quienes lanzan la idea de que no hay leyes sagradas.

Me refiero lógicamente a ETA, que lleva una estrategia de exterminio de los no nacionalistas y de quienes sienten alguna piedad por ellos, como Uxue Busca. Y Xabier Arzalluz, cuando explica que en su Euskadi independiente los no nacionalistas tendríamos los mismos derechos políticos que los alemanes en Mallorca.

Quienes niegan que la Constitución y el Estatuto son sagrados es sólo porque desean colocar en su lugar un ídolo falso al que no sólo idolatran, sino que ansían que adoremos los demás: «la voluntad de la mayoría de la sociedad vasca» utilizada como un fetiche o como un detente bala, para mostrar su equidistancia de las víctimas y de los asesinos así como su falta de compromiso con el sistema democrático.

No es la voluntad solemnemente expresada en un referéndum, como en los de la Constitución y el Estatuto, sino la voluntad de los auténticos vascos que sustituye al monarca absoluto de los carlistas por un sujeto colectivo, pero no menos arbitrario y displicente con los derechos de las minorías y el sistema democrático.

Todo esto no son los resultados de la llamada «deriva soberanista», sino cuestiones sustanciales al nacionalismo vasco. No es casualidad que ni el PNV ni las numerosas fundaciones, asociaciones, colectivos, etcétera, que viven opíparamente del dinero público, hayan realizado ningún esfuerzo para legitimar el Estatuto, como denuncia con su lucidez característica Joseba Arregi en su La nación posible, sino que el lehendakari es el único mandatario del mundo, según mis investigaciones, que reconozco no son exhaustivas por ahora, que no jura cumplir y hacer cumplir la ley, sino simplemente «cumplir su mandato» («agindua bete»), cuyo significado habría que preguntar a su redactor, Jon Ajuriaenea. Con todo lo que ha llovido, no es difícil imaginar que se trata de alcanzar los fines últimos de su partido.

No conozco ninguna idea de Dios imaginada por ninguna religión que merezca más adoración y veneración que los derechos cívicos que protegen mi derecho a la vida, a opinar, reunirme, a manifestarme o a elegir a unos representantes políticos que tengan como primer compromiso la defensa de estos derechos, amparados en la Constitución; ni ningún cielo que merezca nuestro sacrificio mejor que la sociedad plural y abierta que diseña la Constitución, ¿por qué, entonces, no habríamos de considerarla sagrada?

Mario Onaindia es presidente del PSE EE en Alava y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

La herencia de Aznar pasa por CiU
Lorenzo Contreras La Estrella  30 Enero 2002

Como es sabido, CiU, la coalición que todavía dirige Jordi Pujol, se resiste a aceptar la oferta de participación en el Gobierno central que Aznar le presenta. El argumento en contra de esa aceptación es que el autogobierno catalán no está completado, sino estancado. Se puede presumir que sobre la conciencia política nacionalista gravita aún la memoria de la Lliga, aquella formación que se introdujo con Françesc Cambó en la Administración central durante el reinado de Alfonso XIII y acabó instalándose en Burgos durante la guerra civil.

Pero lo más probable es que Jordi Pujol, aparte de rehuir paralelismos históricos, se haya quedado cautamente a la espera, haciéndose querer o haciéndose el estrecho, que vine a ser lo mismo. Tampoco sería procedente ignorar lo que el "ejemplo vasco" significa para la mentalidad pujolista. Un nacionalismo catalán dándole lecciones de moderación, en el sentido estatal de la palabra, al nacionalismo vasco probablemente representaría o sería entendido en amplios sectores de la Cataluña políticamente irredenta como un abandono demasiado ostensible del soberanismo o independentismo. Sería como volver a los tiempos de Josep Tarradellas, que, aparte de sacarle sustanciales concesiones al Madrid de Adolfo Suárez, incordió al PNV en grado importante.

Sin embargo, habrá que darle tiempo al tiempo. Cataluña, con Pujol o sin él, es demasiado diferente de Euskadi. Y al final hay mentalidades que no cambian. Pagando, siempre habrá posibilidad de entenderse. Pagando el Gobierno y cobrando la Generalitat. Tal vez el problema estribe en la cantidad de lo que se pague o se quiera cobrar. Y de las circunstancias que acompañen a este factor. En tal sentido, la sucesión de Pujol, más que la de Aznar, marcará las posibilidades del futuro. La sucesión del actual molt honorable es algo más que la sustitución de un personaje por otro, con un legado sólido por medio. Hay otras complejidades que jugarán en el proceso político. cuando el PP, ya sin Aznar pero con la irradiación de su influencia y de su vigilancia cercana, repita la victoria electoral del año 2000. En esas complejidades tendrán participación dos personajes capaces de marcar, por exceso o por defecto, la actitud política en el cuadro de la relación con Madrid. Uno es, lógicamente, Artur Mas. El otro, Pasqual Maragall. La opinión que sobre ellos ha vertido Albert Boadella, el alma de Els Joglars, puede valer para esbozar una perspectiva. Boadella, en declaraciones a la revista quincenal De verdad, acaba de decir: "Artur Mas es un figurín, un yupi, no le veo muchísimo futuro. Le veo más futuro a Maragall. Es un hombre con más personalidad, pero metido también en el mismo meollo nacionalista. El peligro de Maragall está al final de la obra. Se va a escorar por el nacionalismo frente a una visión más de izquierdas, más plural. Yo me temo mucho que esto se va a ir por ahí, por este camino". No debería extrañar que José maría Aznar, todavía con tres años de maniobra directa por delante, intente madrugar en la operación de captación política del nacionalismo catalán. Sabe lo que puede venirle encima y hasta qué punto Jordi Pujol equivale a un mal menor con vistas al futuro. La catalanización del Gobierno de Madrid, con el mantenimiento de Josep Piqué en el Ministerio de Asuntos Exteriores cueste lo que cueste, y con la incrustación sostenida de Ana Birulés contra viento y marea, es sintomática y va a seguir siéndolo.

Cataluña sería la punta de lanza para contrarrestar la deriva del nacionalismo vasco. Las relaciones entre Madrid y Vitoria van a peor, Ajuria Enea, y nada digamos del Euskadi Buru Batzar, están al borde de la ruptura. Cada día parece más claro que ETA se reserva un papel radicalizador del propio nacionalismo vasco, incluso en el supuesto de una nueva tregua indefinida que haría del asalto a las instituciones, de la desobediencia y la transgresión definitiva de las reglas del juego estatal, la más peligrosa frontera del desafío. Todavía más peligrosa que el uso de las armas.

Una jugada a muchas bandas
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  30 Enero 2002

Lo del PSE en Sestao es continuación de lo de Redondo. Y lo de Guevara en el PNV es anticipo de lo de Sestao. Y lo de Miquel Iceta diciendo en nombre del PSC que el PSE debe entrar en el Gobierno del PNV, aunque luego dice que el PNV no está precisamente para pactar con él, es continuación de lo de Marruecos. Y lo de Marruecos tiene su prórroga en la “Operación Cibeles” para presentar a Javier Solana a la alcaldía de Madrid eliminando a Trinidad Jiménez, candidata de la actual dirección. Y todo junto responde a una jugada a muchas bandas pero con dos objetivos cada vez más claros: cambiar la estrategia nacional del PSOE con Rodríguez Zapatero buscando una ruptura total y radical con el PP y luego cambiar a Rodríguez Zapatero como Secretario General del PSOE. El que no lo ve es que está ciego o que le ciega la claridad.

Por supuesto, el trabajo sucio contra su política y contra sí mismo lo está haciendo el propio Zapatero, triste fantasma de sí mismo. Y, por supuesto, una vez quemado en su propia pira será Javier Solana o el propio Felipe González el que sustituya al quemado Zapatero. La duda está entre esos dos dinosaurios. Y es razonable pensar que dependerá del éxito de la estrategia de desestabilización auspiciada por PRISA. Si creen que pueden dar jaque mate al sucesor de Aznar, será González el que se reserve ese placer. Y si deben fingir que reanudan el consenso, le tocará fingirlo a Solana. Sería divertido si para España, como tantas guerras civiles dentro del PSOE, no acabara siendo trágico.

Falta de libertad
Editorial El Correo  30 Enero 2002

La decisión adoptada por el Tribunal Nacional del PNV al resolver la expulsión de Emilio Guevara de dicho partido constituye un preocupante indicio de las dificultades a que se enfrenta la libre circulación de ideas y opiniones, en este caso en el seno del nacionalismo jeltzale. Cada formación política es muy dueña de establecer las normas de régimen interno que le parezcan pertinentes para garantizar la participación de sus afiliados en la toma de decisiones a través de la regulación de sus derechos y deberes. Pero parece evidente que dichas normas deben atenerse, por analogía, al cuadro general de libertades y obligaciones del que esos mismos afiliados disfrutan en su calidad de ciudadanos en una sociedad abierta. El Tribunal Nacional del PNV ha calificado de «falta grave» la expresión libre del parecer crítico de uno de sus afiliados.

La afiliación a un partido político es una opción personal; y todo indica que el ex diputado general de Álava consideraba compatible su carácter de afiliado jeltzale con la libre expresión de críticas a la política desarrollada por dicho partido y sus dirigentes en un determinado momento de su trayectoria. Es habitual que ante actitudes como las de Guevara la oficialidad partidaria alegue que esas posiciones han de manifestarse en el seno de la organización y nunca fuera de ella. Pero en una sociedad democrática y avanzada no ha lugar para concebir que los partidos -como realidad representativa y responsable- no están concernidos también por el derecho a la información que demandan cuantas personas pueden sentirse -como votantes o como ciudadanos- afectadas por las decisiones de una determinada formación política.

Los partidos políticos adoptan decisiones que tratan de aplicar en cuantas instituciones están representados. Salvado ese mínimo de coherencia que los propios ciudadanos agradecen, no existen argumentos democráticos para prohibir la expresión libre y pública de las diversas opiniones de sus afiliados.

Guevara califica de «estalinista» al PNV tras ser expulsado por criticar a Arzalluz
El histórico dirigente nacionalista alavés alertó en diciembre del año 2000 sobre el «fundamentalismo» del presidente del PNV - Arzalluz le compara con el general Galindo
OSCAR TORRES. JULIO ITURRI El Mundo  30 Enero 2002

VITORIA/BILBAO. El histórico dirigente del PNV Emilio Guevara calificó ayer de «estalinista» el procedimiento utilizado por el partido dirigido por Xabier Arzalluz para expulsarlo de esta organización política. El ex diputado general de Alava y uno de los negociadores nacionalistas del Estatuto de Gernika recibió el pasado lunes su expulsión al considerar un tribunal interno del PNV como falta muy grave un artículo crítico de Guevara con el discurso «fundamentalista» defendido por Arzalluz tras el Pacto de Estella.

La sentencia emitida por el tribunal nacional del PNV argumenta que las opiniones vertidas por Guevara en el artículo publicado en el mes de diciembre de 2000 crean una «fractura social» dentro del PNV. Guevara, firme defensor del Estatuto de Gernika, reiteró ayer su convicción de que la apuesta soberanista de su partido fue un «grave error». Una equivocación porque «era equivocarse sobre la verdadera naturaleza de ETA y porque el pacto de Lizarra iba a provocar un régimen de enfrentamiento».

«Antes demócrata»
Emilio Guevara explicó la singularidad de este procedimiento interno de expulsión que se inició cuando un tribunal del PNV de Alava calificó de falta menos grave las críticas vertidas en el citado artículo de opinión publicado por el diario Deia. Una calificación que llevaba aparejada una reprensión pero, en ningún caso, la expulsión del dirigente alavés.

Emilio Guevara recalcó ayer que «antes que nacionalista soy demócrata y ahora hay unos problemas suprapolíticos que son los que hay que enfrentar». La expulsión del histórico dirigente nacionalista de Alava, hermano de otros dos ex cargos públicos del PNV que también han abandonado en los últimos años sus responsabilidades políticas, resaltó que, tras leer la sentencia interna, habría podido asegurarse su continuidad si hubiera estado callado o pedido perdón.

Sin embargo, el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, consideró ayer normal que su partido haya terminado expulsando a un miembro Emilio Guevara que llamaba públicamente por escrito a la «rebelión» en el partido lo que ya «es bastante grave», precisó en lugar de plantear sus discrepancias en los órganos internos y dijo que el ex dirigente alavés«no ha nacido para estar en una organización en la que haya disciplina, sino para estar en la suya propia».

No obstante, Arzalluz matizó que la expulsión de Guevara ha sido el resultado de un expediente disciplinario tramitado por los tribunales internos del partido tras la denuncia de un grupo de militantes y que en este proceso, así como en la decisión final, «yo no tengo arte ni parte». También el portavoz del partido, Joseba Egibar, negó que tenga nada que ver con este proceso de expulsión y lo enmarcó en una decisión «pura y llanamente disciplinaria» y no porque Guevara discrepara de la estrategia del PNV.

Galindo, de ejemplo
Arzalluz consideró que «los servicios prestados» por Guevara al partido «no le quitan gravedad a lo que ha hecho». Y puso el ejemplo del general Rodríguez Galindo, del que dijo que algunos piensan que «los servicios prestados a España» deberían eximirle de la responsabilidad en los «delitos tan graves» de tortura y asesinato por los que fue condenado.

El presidente nacionalista relató que «hubo una serie de denuncias» desde distintas juntas municipales por los textos que publicó Guevara, quien «ha tenido ocasión de defenderse» y, finalmente, el tribunal interno del PNV «ha considerado, con los estatutos en la mano, que este hombre no puede estar dentro de este partido y lo ha expulsado». Al tiempo, explicó que dispone de tres meses para recurrir esta decisión.

El dirigente nacionalista también recordó que hace años, Guevara ya entregó el carnet del partido «por un despecho» y, «al cabo del tiempo se arrepintió y volvió» para «tomar unas posturas, sobre las cuales podríamos hablar muchos, pero son particulares».

La «espina» en la estrategia soberanista del PNV
BILBAO. M. Alonso ABC  30 Enero 2002

Aunque los críticos del PNV han permanecido muchas veces en silencio, algunos de ellos se plantean en estos momentos una reacción a la expulsión del ex diputado general de Alava, Emilio Guevara, del partido. «No voy a permanecer indiferente ante una decisión así», manifestó ayer
a ABC el ex alcalde de Vitoria, José Angel Cuerda, sobre la expulsión
de Guevara de las filas del PNV.

Después de la escisión del PNV que dio origen a Eusko Alkartasuna, no hubo voces críticas en el partido fundado por Sabino Arana hasta que se firmó el pacto de Estella. Quienes han estado en el pasado en importantes cargos institucionales como el ex lendakari José Antonio Ardanza no creen que el acercamiento a EH sea, como plantea Xabier Arzalluz, una estrategia válida para conseguir la paz.

Es difícil que un militante del PNV cuestione la disciplina de su partido, pero la expulsión de Emilio Guevara ha sentado mal entre quienes se han distanciado de la estrategia soberanista de Xavier Arzalluz, como el propio Ardanza, el ex consejero de Cultura Joseba Arregui, el ex parlamentario Javier Guevara o el ex alcalde de Vitoria, José Angel Cuerda.

UNA DECISIÓN «DESAGRADABLE»
No hay, no obstante, respuesta inmediata. Cuerda anunció que para él había sido una sorpresa la decisión de su partido, que calificó de «desagradable», y que tenía que tomarse «un tiempo de reflexión sobre lo que hacer, pero desde luego, no voy a permanecer indiferente ante una decisión así».

Cuerda también tuvo problemas con el PNV y en julio de 2000 fue llamado por su organización local para pedirle explicaciones sobre unas declaraciones en las que pedía el adelanto de las elecciones autonómicas y por otras anteriores en las que aseguraba que su partido nunca había querido reconocer que los no nacionalistas viven atemorizados en el País Vasco.

El ex alcalde de Vitoria no había hablado a primera hora de la tarde de ayer con Emilio Guevara. Tampoco hablaron los críticos en la Asamblea del PNV, celebrada en enero de 2000, en la que se aprobó oficialmente la estrategia soberanista con la que habían expresado públicamente sus discrepancias desde la ruptura de la tregua de ETA en noviembre de 1999.

El pacto de Estella no fue bien acogido por el sector moderado del PNV, que discrepaba con el acercamiento a EH y las propuestas de superación del marco jurídico-político, pero la tregua de ETA acalló las voces críticas, que salieron a la luz cuando la banda volvió a asesinar, considerando que había fracasado la apuesta política de Xabier Arzalluz.

El fracaso lo fue también en las urnas el 13 de julio de 1999 y en ese momento los críticos salieron a la luz sin tapujos.

El entonces parlamentario vasco Joseba Arregui, que ahora es únicamente militante del partido, decía entonces que «el nacionalismo debe aprender que la paz no puede ser el resultado de satisfacer las demandas de la violencia».

Arregui acusaba a su partido de haber asumido, sin apreciaciones críticas, el discurso legitimatorio de la violencia de HB como producto necesario del conflicto vasco, de haber entendido que la pacificación debía ir unida a la conformación de mayorías nacionalistas y de haber querido aprovechar la pacificación para conseguir un nuevo equilibrio de fuerzas a favor del nacionalismo.

El asesinato del parlamentario socialista Fernando Buesa, en febrero de 2000, fue otro revulsivo para los críticos al igual que el del concejal del PP en Durango Jesús María Pedrosa, en julio de ese mismo año.

Entonces se sumaron a las voces de los críticos las de los diputados de Vizcaya, Josu Bergara, y de Guipúzcoa, Román Sudupe, quienes reclamaron la ruptura inmediata con EH.

El PNV de Arzalluz
ARTÍCULO PUBLICADO EN 'DEIA' EL 21 DE DICIEMBRE DE 2000
EMILIO GUEVARA El País  30 Enero 2002

Algún día, investigadores de distintas disciplinas, incluida la psicología clínica, podrán explicar cómo un partido de las características del PNV ha podido llegar a estar dominado e identificado ante los ciudadanos, con una persona, Xabier Arzalluz, y cómo el Arzalluz del Arriaga ha devenido en el Arzalluz de ahora.

Hoy el PNV es un partido con índices y niveles de participación interna y de debate y reflexión política muy bajos. La Asamblea Nacional acepta nuevos planteamientos básicos sobre temas esenciales, como por ejemplo el de la pacificación, sin otro trámite y conocimiento previo que el de la lectura del correspondiente documento en la propia Asamblea.

Se prohíbe y se evita cualquier atisbo de autocrítica porque, según Arzalluz, son siempre los demás los que se equivocan y los buenos afiliados deben de limitarse a remar, sin discutir ni el rumbo ni la maniobra. En las asambleas, el análisis que se traslada desde la dirección a la militancia insiste en describir un partido acosado y satanizado, sin el más mínimo motivo, por quienes no tienen alternativa ninguna para la paz y sólo pretenden acabar con el nacionalismo vasco, todo ello quizás con el propósito de ahogar de raíz cualquier discusión y provocar un 'cierre de filas' en torno a esa dirección.

Arzalluz, y por tanto el partido, nunca cometen errores. El partido asiste impertérrito, al menos en apariencia, al espectáculo de un Presidente que no duda en saltarse a la torera las Ponencias y Programas aprobados por el Partido, con un discurso cada vez mas hosco, radical y fundamentalista.

El Partido está subyugado por una persona a la que parece no preocuparle la creciente fractura social y que no manifiesta la debida simpatía y comprensión por tanta gente como la que hoy en Euskadi carece de las más elementales y básicas libertades. Es capaz de decir que no pedirá la disolución de ETA mientras exista un solo preso, pero no de entender que la más mínima decencia política exige defender el actual marco estatutario y renunciar a plantear cualquier modificación mientras haya en Euskadi un solo ciudadano que no esté en condiciones de opinar libremente sobre esa propuesta sin poner en peligro su vida.

Hoy el PNV es un partido cada vez más aislado internacionalmente, con crecientes dificultades para conectar con otros partidos nacionalistas, y que ya parece apostar sólo porque un milagro, o el fenómeno de polarización y los errores ajenos le permitan mantenerse, contra viento y marea, en Ajuria Enea, aunque ello sea a costa de la propia construcción nacional en paz y en libertad.

Muchas veces me pregunto y me preguntan por qué milito en el PNV y no devuelvo definitivamente el carnet. La explicación es muy simple. Yo creo que hay otro PNV que el actual de Arzalluz y que necesariamente tiene que volver a aflorar muy pronto.

Yo me afilié a un PNV con un proyecto político integrador, respetuoso con la pluralidad de la sociedad vasca, desarrollado por y para todos los ciudadanos desde el convencimiento, solidario con todos los demás pueblos y nacionalidades de España. Un PNV capaz de comprender que cualquier proyecto nacionalista pasa hoy por la previa y necesaria derrota de ETA.

Un PNV capaz de asumir sin reservas que, como partido mayoritario en Euskadi, es el más obligado en impedir que cada vez sean más y mayores los ámbitos y espacios ciudadanos en los que no hay una verdadera y suficiente libertad. Un PNV con la suficiente sensibilidad para percibir que en estos tiempos el problema de Euskadi, más que de falta de paz, es sobre todo y fundamentalmente un problema de falta de libertad.

Un PNV empeñado en recuperar para la libertad hasta el último rincón de nuestra tierra, con todo el poder democrático que tiene gracias al Estatuto de Autonomía y a la legitimidad de unas Instituciones en el seno de un Estado de Derecho.

Existe ese PNV que no es el del Arzalluz de hoy, como antes no lo fue de Arana, o de Gallastegui o de Monzón. Es ese PNV sin el que efectivamente será muy difícil, por no decir imposible, llegar a una solución razonable de los gravísimos problemas que en estos momentos padecemos, pero que de esta constatación extrae, no una jactancia gratuita y estéril, sino un especial compromiso y sentido de responsabilidad.

En estos días de Navidad, en los que las televisiones programan mucho cine, creo que ETB debería proyectar una estupenda película de los años cincuenta, El motín del Caine, que cuenta cómo y por qué unos oficiales de un buque de la Armada estadounidense se consideraron legitimados para relevar en plena tormenta a su capitán. Pienso que los espectadores pasarían un buen rato y, además, algunos podrían llegar a conclusiones muy interesantes y útiles.

El marasmo vasco
RAFAEL AGUIRRE/CATEDRÁTICO DE TEOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE DEUSTO El Correo  30 Enero 2002

En la vida hay distintas formas de racionalidad. No es la misma la que rige las ciencias exactas, que la exigible en sociología o en filosofía. Si no se es un doctrinario irredento, habrá que aceptar la particularidad de la lógica política, vinculada siempre a intereses, a dialécticas de poder y muy pegada a las posibilidades de la realidad. Por eso los intelectuales no suelen dar buen resultado como políticos: su apego a las ideas les lleva a desconocer los trasfondos en que se conspira, se negocia y se transaccionan las decisiones que afectan a la polis. Pero, por eso mismo, es importante que los intelectuales reflexionen y se manifiesten sobre la realidad política, con libertad e independencia, precisamente porque en no pocas ocasiones los valores y las ideas perecen en ese proceso en el que entran en juego la fuerza desnuda, la movilización de los sentimientos, las influencias y el dinero.

Así se explica la excepcional presencia intelectual en la política vasca reciente, en mi opinión, muy beneficiosa en conjunto. Ha sido un revulsivo en las conciencias de una sociedad amedrentada y chantajeada. Era necesario deshacer tópicos y mitos, convertidos en moneda corriente, penetrar en las claves de un discurso que manipula sentimientos profundos para mantener el poder y criticar unos planteamientos superideologizados que tienen sus epígonos en una banda de fanáticos, pero que colonizan impunemente todo un entramado social. Muchos han realizado esta reflexión con rigor y libertad, con enorme valor moral y pagando un elevado coste personal.

El debate intelectual ha amainado hasta cierto punto. En las elecciones no se ponderan argumentos, sino que se cuentan votos y después del 13 de mayo se ha abierto una nueva etapa. A los que no somos sino espectadores de la cosa, porque no estamos en su intríngulis, nos da la impresión de que el gozne del famoso péndulo ha vuelto de Sabin Etxea a Ajuria Enea; que Ibarretxe los sacó del atolladero en un momento muy complicado y su discurso voluntarista, con gesto de incomprendido, de victimismo quejumbroso, como de ejercicios espirituales, ha sustituido a la retórica brillante, con gesto amenazador, de victimismo agresivo, como de misión popular de Arzalluz. Nos aburrimos más y no estoy seguro de que hayamos salido ganando.

En política hay lógica en la medida en que hay democracia y en todo caso está llena de sutilezas y amagos. Comprendo muy bien que de Lizarra y de los compromisos con ETA se salga sin darse golpes de pecho y hasta sin decirlo expresamente. Lo que sí es exigible en un Gobierno es claridad y que nos diga a dónde nos quiere llevar. Y lo malo es el marasmo y la logomaquia vacía en que estamos sumidos, sin respeto a las mínimas leyes de una lógica tan poco exigente como es la de la política. Tras la votación pertinente, ni el presidente del Parlamento vasco sabe si están aprobados o no los Presupuestos del año. Al día de hoy se discute si el Concierto con el Estado está vigente, suspendido o roto. Hay opiniones para todos los gustos. El desprestigio que esto causa a las instituciones es enorme, lo cual siempre es muy grave, pero que resulta suicida en un país en el que una banda terrorista, que cuenta con un brazo político, se ha propuesto invalidar nuestra democracia y acabar con ella. ¿Se cae en la cuenta del efecto desincentivador sobre las inversiones económicas de la inseguridad jurídica? ¿Cómo acreditar en Europa la singular figura del Concierto si aparece envuelta en la actual trifulca, perfectamente evitable con un poco menos de maximalismo?

El marasmo de la política vasca ha llegado a tal punto que ya no rigen las leyes de la lógica y los argumentos son perfectamente reversibles. Un par de ejemplos. Leo una declaración del lehendakari en la que afirma que el acuerdo presupuestario alcanzado en las diputaciones vizcaína y guipuzcoana muestra que los responsables socialistas de estas provincias tienen un talante negociador del que carecen sus representantes en el Parlamento vasco. Nada más fácil que dar la vuelta al argumento: lo que se pone de manifiesto es la capacidad negociadora de los diputados forales de Vizcaya y Guipúzcoa y la incapacidad del Gobierno vasco. Un hecho deshace el empate de la lógica a favor de la segunda de las posibilidades mencionadas: los diputados forales estaban dispuestos a firmar el Concierto el 29 de noviembre, hasta el punto de que se habían trasladado a Madrid con esta intención, pero a última hora se quedaron con la pluma en el aire por orden expresa de la superioridad.

Otro ejemplo, en el que, por cierto, me parece que actúan mal las dos partes. Se asume el compromiso de no pactar nada con Batasuna mientras no condene la violencia etarra. Es una forma razonable de admitir que el pacto de Lizarra fue un fracaso y de cambiar de política. Pero el Gobierno vasco acusa a los partidos democráticos de la oposición cuando coinciden con Batasuna en no aceptar algunas leyes, mientras que estos arremeten contra aquél cuando acepta los votos batasunos para sacar adelante algunas partidas presupuestarias. Otegi no pierde la ocasión de humillar al Gobierno al que ha apoyado y mostrar de paso el valor de sus votos: declara ufano que el Gobierno vasco aprueba lo que a ellos les interesa y nada más. En todo caso hay que hacer una apostilla: no es lo mismo la coincidencia negativa, que puede deberse a razones diferentes y hasta contradictorias, a la positiva, que normalmente requiere acuerdos y concesiones.

El nacionalismo vasco lleva gobernando desde la instauración de la democracia y no puede echar siempre la culpa a otros. Han modificado la política excluyente de Lizarra, pero no sabemos si por convicción o por imposibilidad de llevarla a cabo. No está claro si es un mero cambio táctico o una revisión estratégica. Echan los tejos a los socialistas, pero tenemos muchas razones para pensar que no es por afán de transversalidad o de promover una política de integración, sino porque necesitan su apoyo y piensan -lo han dicho- que muchos están dispuestos a concedérselo a bajo precio. El lego, el que no está en el intríngulis, tiene la sensación de que el marasmo es la coartada para dar un tirón, para apelar, y pronto, directamente a la ciudadanía, sin saber muy bien ni sobre qué, ni para qué, ni con qué legitimidad, ni con qué consecuencias (aparte de la fractura social garantizada).

Este país necesita claridad que sólo puede alcanzarse aceptando que existe un problema político prioritario al que deben subordinarse todos los demás: la libertad de los no nacionalistas. En la actualidad no se dan las condiciones requeridas para que las próximas elecciones municipales puedan considerarse democráticas. La rivalidad existente en el seno del propio nacionalismo condiciona en exceso la política del Gobierno vasco. Si la prioridad es seguir vaciando de votos a Batasuna, pero a costa de hacer fundamentalmente su política, se rehuirá la unidad democrática, se fomentará el victimismo y seguirá una actitud maximalista de ruptura con el Gobierno central y con todo lo español, entendido como herencia cultural y proyecto compartido con nuestro entorno más inmediato. Y esto es una barbaridad por muchas razones, pero ante todo porque así es imposible construir una sociedad (o, si se prefiere, una nación vasca) integradora de la pluralidad y articuladora de identidades diversas. El camino tampoco es el de las tácticas envolventes, usando movimientos sufragáneos o paseando intermediarios profesionales, para aislar precisamente a los políticos que más sufren la violencia. Esto me parece sencillamente indecente. Y, por último, si se aspira a establecer un nuevo acto fundacional de una presunta democracia pura, no sólo estaremos enterrando la legitimidad de las instituciones que nos hemos dado libremente durante más de veinte años, sino que estaremos dejando a los victimarios que escriban la historia de este país. A tanto envilecimiento no podemos llegar.

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