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Recortes de Prensa     Jueves 14 Febrero  2002
Mi amigo, el criminal
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 14 Febrero 2002

Nido de víboras
Jaime CAMPMANY ABC  14 Febrero 2002

Letal-mendía
Breverías ABC  14 Febrero 2002

Letamendía amenazó al presidente del Tribunal que concedió la plaza a Edurne Uriarte
MADRID. Mariano Calleja ABC  14 Febrero 2002

El PSE exige la comparecencia del rector Montero por el acoso a Edurne Uriarte
Efe Libertad Digital  14 Febrero 2002

El Concierto, el fuerito y Europa
JOSÉ MARÍA PORTILLO VALDÉS/PROFESOR DE Hª CONTEMPORÁNEA DE LA UPV/EHU El Correo 14 Febrero 2002

Mutis, el español y el Rey
Jesús Fernández Briceño La Razón  14 Febrero 2002

 
Mi amigo, el criminal
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 14 Febrero 2002

Mi amigo está en contra de que le hayan robado a Edurne Uriarte la cátedra de Ciencia Política que ganó hace unos meses en buena lid. Pero está en contra sólo de boquilla. A la hora de la verdad desactiva políticamente el caso y se niega a sacar conclusiones. La actitud de mi amigo es la típica de los colaboracionistas en regímenes de injusticia.

Es obvio que mi amigo tiene que hacer remilgos y poner cara de tribulación. Estoy acostumbrado a sus pucheros. «Los he visto después de tantos asesinatos...». En la práctica mi amigo, este miserable, está al lado de los que han robado la cátedra a Edurne Uriarte. Sus protestas son puramente verbales. Una muestra más de su doblez moral. Porque mi amigo es un criminal disimulado, ya que, estando en principio en contra del crimen, colabora para borrar las huellas de los criminales, se niega a condenar el entorno que lo hace posible. Mi amigo es un magnífico sostenedor de ETA porque apoya a los cinturones «respetables» tras los que aquella actúa, al rostro más presentable del nacionalismo. Conocemos bien los mecanismos, y son tan eficaces que podemos perder la batalla definitiva los que utilizamos la razón y la ética.

No obstante, es necesario estudiar comportamientos como los de mi amigo el miserable: responde a una plantilla que hace posible la tragedia vasca, existe por ellos. Ni siquiera es el PNV el máximo responsable, sino los que rodean a éste y defienden su honorabilidad «democrática», como sucede en este caso.

Así que una vez que mi amigo, este miserable, ha hecho vivas protestas por la canallada cometida con Edurne Uriarte, se ha negado en redondo a avanzar un milímetro en el análisis y en la valoración del hecho. Está dispuesto a aceptar que a Edurne Uriarte le han arrebatado la cátedra de Ciencia Política por motivaciones políticas pero se niega a considerar las implicaciones partidarias. Si acaso, está dispuesto a admitir las vinculaciones de gentes de Batasuna en esta repugnante maniobra universitaria pero en absoluto del PNV. Es posible, dice mi amigo, que los de Batasuna hayan querido favorecer a Letamendía (¿se acuerdan ustedes?; el que pasó a Francia en barca el 23-F) pero nunca el PNV.

Mi amigo se para en el PNV, pone el listón en el PNV, se niega a implicar al PNV. Por principio. Demasiado sabe que las gentes del PNV que forman parte del Tribunal tienen la misma responsabilidad que los de Batasuna. Porque unos y otros están en la misma estrategia pero él, mi amigo, el miserable, no quiere reconocerlo porque, entonces, se le caería todo el tinglado. Así que se parapeta en la irracionalidad y se junta a otros (a miles y miles de ciudadanos acostumbrados a la peste, partidarios de la peste) y entre todos se dedican a defender al PNV de las acusaciones de limpieza étnica.

Mi amigo no quiere reconocer que la salvaje depuración de Edurne Uriarte tiene el objetivo de salvar «la cultura nacional vasca» y detener a todos los que representan un peligro para la euskaldunización. Y si pusieras contra las cuerdas a mi amigo te llegaría a reconocer que la razón última está en ETA y que sólo mediante políticas como las del PNV se puede contener a ETA.

La putrefacción progresiva de nuestra sociedad, la gangrena de nuestro cuerpo social, la muerte de la nación española, se produce gracias a estos círculos concéntricos en cuya parte más exterior está mi amigo, que en realidad no es mi amigo, porque yo no puedo tener amigos de esta calaña. Fue amigo mío. Fueron amigos míos.

Nido de víboras
Por Jaime CAMPMANY ABC  14 Febrero 2002

Nido de víboras, pozo de cobras. Esas mujeres etarras, tantas y cada vez más, disparan, ametrallan, matan con una sangre aún más fría que la de los hombres. Ellos, los asesinos etarras, son como las hienas, pero las hienas son animales de sangre caliente y matan a dentelladas de fiera. Ellas, las mujeres de ETA, son animales de sangre fría, sin temperatura en su cuerpo hecho para el amor, la ternura y la maternidad y convertido un día, por maldición infernal, en anillos de serpiente. Son culebras venenosas que matan con serenidad, no ya inhumana, sino de reptil helado, serenidad mineral. Siempre me ha inquietado la existencia de esas mujeres vascas, jóvenes, en la edad de la flor y el primer fruto, que de repente un día se convierten en monstruos mitológicos, en furias, en euménides, en parcas.

Tengo en las manos un libro espeluznante, tan instructivo como espeluznante. El periodista Matías Antolín se ha metido por los peligrosos pedregales del abertzalismo, cuajados de alacranes, chivatos, encubridores y cómplices, para indagar la naturaleza y la materia de estas mujeres asesinas que parecen disparar sin cólera y sin pasión. Cuando la víctima ya está en el suelo, agonizando, abatida por los disparos del hombre o de la pareja siniestra, ella, la mujer, se acerca al moribundo y le descerraja con toda naturalidad un tiro definitivo en la cabeza. Tiro de gracia le llaman en los pelotones de fusilamiento. Después, cumplida la terrible misión, huyen con más parsimonia que su pareja masculina. Al fin y al cabo, ella no ha hecho otra cosa que obedecer la ley de su naturaleza.

Siempre me he preguntado cuál es el mundo social, cultural, familiar, amoroso y humano donde viven estas mujeres, creadas para dar la vida pero inclinadas irremediablemente a quitarla. Una serie de cuestiones me asaltan desde que aparecieron las primeras mujeres en los comandos de la banda. Estas chicas, estas muchachas, algunas de ellas casi niñas, cómo viven, cómo aman, cómo odian y cómo matan, por qué y de qué manera llegaron a una banda de terroristas. Y esas son precisamente las preguntas que encuentran respuesta en este escalofriante libro de Matías Antolín: «Mujeres de ETA. Piel de serpiente». Y tras leerlo he dado en pensar que ellas son la mitad del emblema etarra, aunque el símbolo no haya sido buscado: el hombre es el hacha y la mujer es la serpiente.

Reproduce Antolín las palabras de acento shakespiriano o bíblico de un viejo vasco a su hija cuando se enteró de que ella había decidido entrar en el infierno de ETA: «Siempre he estado dispuesto a morir por mi tierra, pero no a matar por ella». Morir, pero no matar. «Tú no mates. Tú sé de los que mueren», dice una madre en ciernes al hijo que aún llena sus entrañas, en un soneto que me es cercano. Estas mujeres matan sin temblor, impertérritas, a los hombres, a las mujeres, a los hijos de otras mujeres. Es posible que, como apunta el autor del libro, algunas de estas etarras llegaran a la banda desde la cama del hombre de sus amores o de sus ardores, es decir, «por causa de amor». Paradoja sangrienta esa que lleva, por amor a un hombre, a odiar y a matar a personas inocentes y ajenas.

Desgraciadamente, algunas de esas mujeres se han convertido en carne de leyenda y serían también carne de patíbulo si la piedad humana no hubiese acabado con los patíbulos. Por las páginas del libro desfilan Idoia López Riaño, «La Tigresa», veintitrés asesinatos en su biografía; Soledad Iparaguirre, llamada «Anboto», que estuvo a la cabeza del aparato militar etarra; «La Monja», Mercedes Galdós, cobra insaciable, especialmente despiadada, autora entre otros muchos del asesinato del general de la Guardia Civil Juan Atarés; Josefa Ernaga, que planeó el crimen múltiple de Hipercor o Ainhoa Múgica, llamada propiamente «La Víbora», que intentó asesinar a Aznar. Nido de víboras.

Letal-mendía
Breverías ABC  14 Febrero 2002

Joaquim Molins ha aportado algo de luz sobre los valores docentes que derrocha Letamendía, alias «Ortzi», antiguo batasuno y hoy rumboso palmero del teorema de Arzalluz. Cuando Edurne Uriarte lo venció en la pugna de méritos académicos por una cátedra de la UPV, Letamendía llamó a Molins, presidente del tribunal, para insultarle en tono amenazante, según asegura el propio ex dirigente de CiU, que narra además la campaña difamatoria de la que después fue objeto por parte de la prensa adicta al mundo proetarra y al peneuvista. Molins dice sentir miedo. No es extraño, aquello sonaba a algo más que a la reacción de un simple perdedor. Y ahí sí tiene «Ortzi» un buen currículum.

Letamendía amenazó al presidente del Tribunal que concedió la plaza a Edurne Uriarte
MADRID. Mariano Calleja ABC  14 Febrero 2002

Al día siguiente de que votara a favor de Edurne Uriarte para adjudicarle la cátedra de Ciencia Política en la Universidad del País Vasco, el presidente del tribunal de la oposición, Joaquim Molins, recibió una llamada del concursante perdedor, Franciso Letamendía, quien le insultó en un tono agresivo. Era el principio de la campaña intimidatoria que ha soportado desde entonces.

«Tengo miedo». El presidente del tribunal que concedió en octubre la cátedra de Ciencia Política a la profesora Edurne Uriarte en la Universidad del País Vasco, Joaquim Molins, resume en estas dos palabras su estado de ánimo en los últimos meses, que le ha llevado a guardar silencio y a no contestar ninguna llamada telefónica para hablar de este asunto hasta ahora. Desde la Universidad Autónoma de Barcelona, este catedrático de Ciencia Política observa con preocupación cómo la «intolerancia y el fascismo se están imponiendo» en la Universidad del País Vasco (UPV), y lo que ha ocurrido con la cátedra de Uriarte, que se ha anulado después de que la Comisión de Reclamaciones que examinó el recurso del perdedor revocara el veredicto, «es un reflejo de ello».

Molins se lamenta de que fue al País Vasco a dar un servicio a la Universidad para dirimir un candidato en una oposición y ha acabado siendo objeto de una campaña en su contra y apareciendo en términos muy duros en los diarios «Deia» y «Gara», y lo que es más preocupante, dice, en la revista de Pepe Rei, «Kale Gorria». «Aunque peor lo tienen mis colegas de la Universidad del País Vasco, que tienen que estar ahí todos los días dando la cara», añadió.

El catedrático Molins explica que actuó «en conciencia» cuando dio su voto a favor de Uriarte, y no de Francisco Letamendía, quien en su día fue próximo a los proetarras. Según comentó, los expedientes académicos, más allá de la ideología de cada uno, eran parecidos, pero en lo que se refiere al proyecto docente, el de Uriarte «era excelente», mientras que Letamendía «hizo una memoria, pero no un proyecto». «Eso decantó mi voto», señaló.

Al día siguiente, según afirmó Molins, Letamendía le llamó por teléfono a su casa para insultarle por no haber votado a favor de su candidatura. «Era la reacción de un perdedor; lo que hice fue cambiar de número de teléfono para no recibir más llamadas de este tipo», comentó. Después de los insultos de Letamendía llegaron los ataques en los periódicos nacionalistas, primero en «Deia», después en «Gara», y por último en la revista de Pepe Rei, donde Letamendía filtró su recurso, «en una acción de deslealtad académica». «Estos son los hechos, y el resultado es que yo tengo miedo y mi familia, también», subrayó.

«PROCESO DE DETERIORO»
En su opinión, Letamendía se presentó a la oposición pensando que «él tenía un derecho natural a esa cátedra, que le correspondía desde el principio, y como no la tiene, ahora hace todo lo posible por obtenerla, pero ya veremos si el recurso que ha presentado se ajusta a Derecho».

El catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona lleva observando el «proceso de deterioro» en la Universidad del País Vasco desde hace años, mientras ha sido docente allí en cursos de doctorado. Molins insistió en que lo que más le preocupa es «la imagen de intolerancia y fascismo que se está adueñando de la Universidad del País Vasco». «Es inaceptable», afirmó.

Residente en Barcelona, Molins también lamenta que en Cataluña «la gente conoce esta situación del País Vasco, pero cuando les hablas de ello y de lo mal que lo están pasando algunos allí en su vida cotidiana, miran para otro lado».

Otros dos catedráticos que apoyaron la candidatura de Uriarte para adjudicarle la cátedra han denunciado también la campaña de presión e intimidación a la que están siendo sometidos desde entonces desde el nacionalismo radical. El catedrático Fernando Reinares, de la Universidad de Burgos, subrayó que están siendo objeto de una «persecución política», mientras que el catedrático Antonio Elorza, de la Universidad Complutense de Madrid, recordó la «reacción violenta» de Letamendía al ser suspendido y explicó que si no le apoyó no fue por cuestiones ideológicos, sino porque desde el punto de vista académico «era muy malo».

Precisamente, Edurne Uriarte fue galardonada ayer con el primer premio Defensa de las Libertades y los Derechos Fundamentales, por su labor en defensa de los valores democráticos y constitucionales, otorgado por el Instituto de Cultura del Sur, que está constituido por varios municipios de la Comunidad de Madrid.

El PSE exige la comparecencia del rector Montero por el acoso a Edurne Uriarte
El PSE-EE ha solicitado la comparecencia urgente ante la Comisión de Educación del Parlamento autonómico del rector de la Universidad pública del País Vasco, Manuel Montero, para que informe sobre la anulación de la Cátedra de Ciencia Política a la profesora Edurne Uriarte.
Efe Libertad Digital  14 Febrero 2002

En la solicitud de comparecencia, la parlamentaria Isabel Celaa pide que el rector de la UPV informe además sobre las "amenazas y coacciones que, según se ha denunciado en medios de comunicación, vienen sufriendo algunos profesores" de la Universidad vasca, "por defender su libertad de expresión y los valores democráticos amparados por la Constitución y el Estatuto de Autonomía".

El PSE-EE argumenta la urgencia de esta solicitud en que "los hechos que, en torno a este episodio, se han divulgado a través de los medios de comunicación son lo suficientemente graves, como para que la Comisión de Educación y Cultura del Parlamento Vasco los conozca de inmediato por boca del Rector con todos sus matices".

A juicio de la parlamentaria socialista "ni el Parlamento ni las instituciones y partidos democráticos vascos ni la propia Universidad pueden quedarse de brazos cruzados y mirar para otro lado cuando se atenta gravemente contra libertades básicas, como es la libertad de cátedra".

La parlamentaria socialista consideró que "las ideas y actitudes totalitarias son el cáncer de la Universidad y del conjunto del sistema educativo", por lo que "es tan urgente alcanzar un pacto cívico por la educación entre las fuerzas políticas y movimientos sociales, tal como viene propugnando el PSE-EE, para luchar eficazmente, con ideas y estructuras, contra los presupuestos totalitarios de ETA en los ámbitos de la enseñanza en todos sus niveles".

El Concierto, el fuerito y Europa
JOSÉ MARÍA PORTILLO VALDÉS/PROFESOR DE Hª CONTEMPORÁNEA DE LA UPV/EHU El Correo 14 Febrero 2002

A lo que ha sido una desastrosa no-negociación del Concierto Económico por parte del Gobierno Ibarretxe, ha seguido una campaña de opinión en la que se ha tratado de presentar su estruendoso fracaso como un capítulo más en la proverbial inquina de Madrid hacia lo vasco. Abrió campaña la vicelehendakari, protagonista de la negación de la negociación, con un artículo en el que, paradójicamente, rememoraba la Gamazada y remachaba hace poco José Manuel Castells, quien con fino humor venía también a hablar de nuevos y temibles Gamazos en Madrid. Lo cierto, sin embargo, es que de haber un Gamazo no estaba en Madrid y que el Gobierno vasco ha conducido la negociación del Concierto Económico con una total irresponsabilidad, escenificando en la ocasión perdida de tener ya un Concierto sine die el planteamiento ideológico ultranacionalista de que se nutre el PNV.

Ibarretxe, siguiendo lo que son los tiempos en su partido, ha entendido el Concierto de manera exquisitamente sabiniana, esto es, como un fuerito. Al igual que el inventor de Euzkadi, creyó que el Concierto no es sino un sucedáneo de muy baja calidad de las Lege Zarrak, de los fueros de verdad a los que vino a sustituir como regalo madrileño, envenenado pues por definición, tras el fuericidio cometido por España entre 1839 y 1876. Cosa nueva, advenediza, el Concierto no merecía más aprecio que las pesetillas que pudiera suponer de ahorro, pero desde luego no era de esencia para Euzkadi. Lo esencial para Bizcaya, o sea, para Euzkadi (o Euskal Herria como se dice modernamente siguiendo la nomenclatura franquista) eran los fueros y no los fueritos, la soberanía arrebatada por España y no el pastiche del Concierto y las diputaciones que debían gestionarlo. Bizcaya, o como se acabase llamando la cosa, debía aspirar a su independencia perdida, ese era el fin de su historia, y no conformarse con algo tan accesorio como tener un régimen fiscal diferenciado. Dicho en términos del nacionalismo actual, Sabino era un soberanista como Dios manda y no un autonomista como los que se interesaron enseguida por el Concierto.

Por mucho que ahora se quiera rastrear en el discurso equis pronunciado por Aznar en el Congreso el origen del fracaso de la negociación del Concierto, su origen está en Ajuria Enea, en la presencia no de Gamazo, sino de Sabino en las negociaciones. El Gobierno vasco, fiel al dictado del partido, entendió que el Concierto, como accesorio, podía utilizarse para conseguir lo esencial, esto es, la parte de soberanía que implica asistir como todo un ministro o jefe de Estado a las reuniones de la Unión Europea. No importa ahora el razonamiento de que otros países lo hacen y están tan contentos. Lo que importa es que nuestro Gobierno se ha jugado en ello el Concierto Económico. Hasta que ya fue tarde se empeñó en incluir, expresamente o de matute, la presencia vasca en las instituciones europeas aun a riesgo, como ocurrió, de quedarse sin Concierto. La postura solemne, con todo el Gobierno en la foto cual si de una declaración de guerra se tratara, de no pagar lo adeudado es ya puro gesto posterior a la metedura de pata. El hecho que no debe olvidarse es que Ibarretxe y su Gobierno han jugado con el Concierto como si de un fuerito se tratara, en sintonía con la idea del portavoz de su partido que considera, para regocijo de Arnaldo Otegi, que el mismísimo Estatuto no es sino una «carta otorgada», esto es, un fuerito.

Pero la prueba más clara de que así se entiende el Concierto la ha ofrecido el propio lehendakari. Poco después de consumado el desaguisado, en Bruselas manifestó que estaba dispuesto a ceder soberanía fiscal, como si la soberanía fuera algo que los presidentes de gobierno pueden ir ofreciendo por ahí. Procuraba, en realidad, obtener de Prodi lo que no había conseguido de Aznar y en Bruselas... se encontró con Gamazo, quien le dijo que en la UE están representados los Estados y que ellos organizan internamente su funcionamiento. Además de la foto de cortesía, el éxito de Ibarretexe en Bruselas ha sido similar al de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco que fue hace unos años a Estrasburgo a interesarse por los recién descubiertos derechos de los presos (no hace falta decir cuáles). Ibarretxe, después de probar lo españolista que es Europa, ha vuelto con idea de negociar el Concierto y no la soberanía a cuenta del Concierto. Esperemos que esta vez la responsabilidad del gobernante no se deje encantar por la llamada de Sukarrieta.

Mutis, el español y el Rey
Jesús Fernández Briceño La Razón  14 Febrero 2002

Corrían los años del franquismo y Álvaro Mutis, nuestro flamante premio Cervantes, que le será entregado por SS.MM. los Reyes el próximo mes de abril en el incomparable marco de la Universidad de Alcalá, había recalado en una vieja taberna de Madrid. Con algún trago de más, según confesó el propio autor en un reservado de la Hostería del Estudiante en Alcalá de Henares hace escasas fechas, Álvaro Mutis, quien con sorna afirma que el mundo civilizado acabó con la muerte del César Carlos V en Yuste, se subió a una mesa y gritó a pleno pulmón: «Viva el Rey». Se hizo un silencio espeso, sus amigos buscaban como «Maqroll el gaviero» un puerto en el que arribar su vergüenza y la dueña del local se dirigió a Mutis y le dijo: «Por Dios, baje usted de ahí. No sabe lo que está haciendo. ¿No se da cuenta de las consecuencias que este gesto suyo pueden tener para mí?». Mutis, algo corrido, trató de disculparse por su efusión monárquica y la señora insistió: «No sabe lo que me ha costado levantar este pequeño negocio para que ahora venga usted a reventármelo, por favor váyase». Mutis intentó pagar la cuenta pero la buena señora no se lo aceptó y le rogó que abandonara el local. Álvaro Mutis cogió un taxi y se dirigió al hotel Lope de Vega, en la Gran Vía madrileña (entonces Avenida de José Antonio), en donde estaba alojado y cual no sería su sorpresa cuando al meter la mano en su bolsillo encontró una foto de Don Juan de Borbón, con el lema de Juan III, que alguien, bien un contertulio, un cliente anónimo, o la misma dueña del local, le había introducido en señal de solidaridad y desagravio.

«Yo soy mi idioma, dijo alguien que sabía con plenitud y certeza ejemplares lo que decía y para quien el idioma español era parte esencial de su vida y de su destino de escritor. No puedo por menos que compartir enteramente estas palabras porque el español ha sido, no sólo razón esencial para vivir cada uno de mis días, sino también una fuente de gozo inagotable. Con la mayor inocencia, cada vez que recorro una página, un párrafo del Quijote, un poema de Jorge Manrique, una comedia de Tirso y, claro las rotundas estrofas del Arcipreste de Hita, pienso con regocijo que tal vez pueda parecer infantil: esta es mi lengua, toda ella es mía y la llevo en mi ser como una definición certera e inequívoca de quien soy y cual es mi destino en el mundo».

Este es Álvaro Mutis, colombiano universal, forjador de sueños, cuyas anécdotas sobre España y los españoles darían para una novela, como La Mansión de Araucaíma, que surgió por una apuesta con Luis Buñuel, ya que el director cinematográfico aragonés negaba la capacidad de Mutis (según confesó el propio autor mientras saboreaba una manzanilla de Cádiz) para escribir una novela barroca, que nunca podría tener como escenario el trópico. Cuando Buñuel (cuyos retazos biográficos ha esbozado con descarnada crudeza vitriólica en «Las máscaras del héroe» Juan Manuel de Prada con su proverbial sarcasmo viperino) leyó esta novela que discurre en una casona poblada de fantasmas voluptuosos de carne y hueso (el guardián, el dueño, el piloto, el fraile, el sirviente, la chica, la Machiche ) apasionados protagonistas de deseos y crímenes inconfesados, entre la delirante presencia del verde y el sopor del trópico, y en donde una sensualidad inquietante desata la acción, no tuvo palabras más que para decirle a Mutis que no había escrito una novela, sino un extraordinario guión cinematográfico que él quería llevar a la pantalla. Mutis, para mortificarlo, le desafiaba afirmando que él era capaz de preparar el mejor vermú del mundo, y que el de Buñuel era un aguachirle.

La presidencia española de la Unión Europea durante este semestre con decenas de reuniones repartidas por toda la geografía nacional, que tendrá su punto culminante en la cumbre a la que asisten los más altos mandatarios de Europa y de América, y en la que actúan de anfitriones el Rey Don Juan Carlos y el presidente del Gobierno, José María Aznar, es una ocasión excepcional para la reivindicación de una lengua que hablan más de cuatrocientos millones de habitantes en el mundo, cifra que llegará a los quinientos millones al final de este siglo. El español, que recibió su último espaldarazo como lengua universal en el pasado Congreso de Valladolid, es la tercera lengua más hablada del mundo, tras el inglés y el chino mandarín o la cuarta si tenemos en cuenta al hindi. Es la lengua oficial de veintiuna naciones y es usada por el 90 por 100 de la población de las mismas. Pero la pujanza del español, del que España, según el término que usa habitualmente el Director de la Real Academia, Víctor García de la Concha, no es dueño sino coadministrador, queda patente si tenemos en cuenta que es la segunda lengua en Brasil o Estados Unidos, nación que ocuparía el quinto lugar por el número de habitantes que hablan español y en donde los hispanos censados ya superan los 31 millones, que en Alemania más de 650.000 estudiantes asisten a clases de español, en el Reino Unido la cuarta parte de los profesores universitarios de idiomas enseñan la lengua de Cervantes o que en China cada plaza para aprender español es codiciada por sesenta alumnos. Sirva como acicate de la pasión que deberían sentir y trasladar a la comunidad internacional nuestros políticos esta cita, también de Álvaro Mutis: «En el caso además, de quien ha nacido y vivido en la América Hispana, hay en nuestra lengua una certera confirmación de quiénes somos y cuáles son las señales que nos confirman la verdad esencial de nuestro pasado histórico y personal. Hay algo, también, en este pertenecer a un mundo signado por la lengua española, como un dedo que desde lo alto señala la más honda razón de nuestro paso por la tierra».

Antonio Fontán relata con maestría la anécdota considerada por los historiadores como la puesta de largo del español, protagonizada por el emperador Carlos V el 17 de abril de 1536, lunes de Pascua, ante el Papa en Roma. Carlos I proclamaba que España era su patria, el español su lengua y sus principales lealtades políticas las que le unían a los españoles, «los mejores vasallos que podía tener ningún rey en este mundo». En esta lengua el emperador desafió al monarca francés a un duelo personal para ahorrar guerras y sufrimientos a sus pueblos y denunciaba los quebrantos de sus compromisos por parte del Rey Francisco I de Francia, así como la deslealtad a la cristiandad que representaban sus acuerdos con los turcos. Carlos V invita o reta al rey francés a «se conducir conmigo en campo de su persona a la mía y conducirme con él armado o desarmado en camisa, con una spada y un puñal, en tierra o en mar, o en una puente o en isla, o en campo cerrado o delante de nuestros exercitos o do quiera que él querrá y justo sea». El señor de Brantôme ofrece en castellano las palabras supuestamente exactas con que Carlos V habría replicado al obispo de Macon, embajador de Francia en la corte pontificia, cuando le pidió que no hablara en español sino en otra lengua más inteligible para todos. «Señor obispo ¬dijo entonces¬, entiéndame si quiere; y no espere de mí otras palabras que de mi legua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida de toda la gente cristiana». Hay que tener en cuenta que cuando Carlos llegó a España en 1517 desde su Gante natal no sabía una palabra de español.
Ya que de reyes hablamos hay otra anécdota de Mutis, de ascendencia gaditana, que resume a modo de epílogo su visión sobre nuestro país. En uno de sus viajes a España antes de la proclamación de la monarquía acudió a visitar el Escorial y mostró especial interés por conocer el panteón real en la cripta bajo el altar mayor. Al contemplar los catafalcos de mármol en donde reposan los reyes de España dijo en voz alta: «¿Qué vergüenza que Don Alfonso XIII siga enterrado en una iglesia de Roma cuando su puesto está aquí». Se originó un pequeño revuelo y alguno de los presentes invitó a Mutis a abandonar discretamente el recinto. Ya en su coche vio cómo se acercaban dos personas que, tras tomar la matrícula y pedirle sus datos personales, le dijeron: «creo que ha tenido usted algún problema durante su visita », a lo que Mutis, sin inmutarse, contestó: «No señor, yo no he tenido ningún problema, el problema lo tienen ustedes, los españoles».

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