AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 17 Febrero  2002
Echarlos de uno en uno
Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 17 Febrero 2002

Limpieza étnica
José María CARRASCAL La Razón 17 Febrero 2002


Da risa
Carlos DÁVILA ABC 17 Febrero 2002

Requisito de unidad

Editorial El Correo 17 Febrero 2002

¿Pensamientos únicos

ANTONIO ELORZA/CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO EN LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID El Correo 17 Febrero 2002

LO QUE SE ESCONDE DETRAS DEL SUICIDIO DE UN POLITICO VASCO
Editorial El Mundo 17 Febrero 2002

«Los hijos de inmigrantes deben conocer nuestra lengua antes de escolarizarse»

Ana Amador La Razón 17 Febrero 2002

«El padre que calla ante una diana de ETA está dando permiso a su hijo para usar la violencia»
MONTSE RAMIREZ El Mundo 17 Febrero 2002

Se estrecha el cerco a los demócratas

ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 17 Febrero 2002

Echarlos de uno en uno
Por Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 17 Febrero 2002

En la línea iniciada por el vanguardista Gobierno Vasco, también la UPV parece optar por instaurar y acrecer la inseguridad jurídica de quienes habitamos en ella, opción maquillada con lacrimosas peticiones de diálogo y alardes de autocompasión por la ingratitud de sus principales beneficiarios: el profesorado amenazado.

Los tribunales serán quienes finalmente decidan si la supresión de la cátedra que ganó limpiamente Edurne Uriarte ha sido un acto irregular o incluso de prevaricación: es la UPV quien, a través de sus órganos de gobierno, lo ha querido así. El despojo sufrido por mi compañera y amiga Edurne Uriarte es sumamente grave, y no porque ella haya sido y sea objetivo de ETA y la cátedra una recompensa a su infortunio, como insinúa Anasagasti -un difamador condenado-, sino porque introduce en la UPV un principio de arbitrariedad peor de lo usual en las universidades españolas. En efecto, nadie que aspire a un puesto convocado por la UPV podrá considerarse a salvo cuando una Comisión de Reclamaciones puede suprimir una cátedra juzgada por amplia mayoría de reconocidos y muy variados especialistas del área, alegando un defecto de forma que, en realidad, encubre un sarcasmo: los catedráticos que votaron por Edurne Uriarte (Elorza, Molins, Reinares y Requejo) ni siquiera saben rellenar unos papeles cuya suficiencia y adecuación (del relleno) juzga de modo inapelable la Comisión.

Cuando todavía no se ha publicado la composición de la Comisión ni su dictamen, pendiente de redactar, el rector Manuel Montero ha hecho pública una nota interna apoyando sin reservas la supresión arbitrada por la Comisión de Reclamaciones. Los lectores que sigan el caso conocen las declaraciones de Francisco Llera narrando las amenazas, brutalidades e insultos racistas proferidos por Francisco Letamendia, sin que en este caso el rectorado haya tenido tiempo de contestar por escrito a ninguna de las cinco cartas de Francisco Llera reclamando amparo para él y los profesores atacados. ¿Cabe mayor sucesión de irregularidades? Pues sí, cabe: la denuncia de que la UPV (tomando el Rectorado por el todo) está siendo víctima de una «campaña de prensa orquestada» cuando saben perfectamente que la única campaña de esa clase ha sido la sufrida por Edurne Uriarte, como antes por otros profesores (incluido Manu Montero), desde que tuvo la osadía de disputar la cátedra reclamada por «Ortzi» (que en vascuence significa «Firmamento», apodo modesto que retrata la imagen de sí mismo que tiene el apodado), sujeto que ya entró en la UPV por la vía de la Comisión de Reclamaciones.

La arbitrariedad de todo esto parece tan evidente que seguramente el tribunal que corresponda dará la razón a Edurne Uriarte y se la quitará a un Rectorado que, contra lo que alega en su defensa, se ha mostrado beligerante y partidista sin ninguna razón evidente. Pues, si como ha escrito el propio Montero, «Ni en una decisión (la del Tribunal de Oposición) ni en otra (la de la Comisión de Reclamaciones) el rector cuenta, ni legal ni estatutariamente, con atribuciones para incidir en sus contenidos», ¿a qué viene esa apresurada asunción de una discutible decisión ajena? Obviamente, la explicación de todo esto hay que buscarla en alguna parte. Estoy de acuerdo con los miembros del equipo rectoral que han escrito sobre la cuestión en que la clave no está en el miedo a secas. Pero hay otro miedo más político: el de las consecuencias de enfrentarse al conjunto del nacionalismo en defensa del derecho de Edurne Uriarte o de cualquier otro profesor en situación parecida a ganar una cátedra unánimemente adjudicada a «Firmamento» por toda la prensa nacionalista, del «Deia» del PNV al «Kale Gorria» de Pepe Rey. Sencillamente, como ha explicado por si acaso Anasagasti, alguien del Foro Ermua o de Basta Ya no debe ganarle nada al señor «Firmamento».

Las protestas del Rectorado, que pide el reconocimiento de sus esfuerzos por defender al profesorado amenazado -ligando por su propia voluntad esa cuestión al caso de la cátedra de Uriarte-, eluden lo esencial. Lo que se está haciendo es subvencionar la expulsión a cámara lenta de los profesores que se ha significado contra ETA en particular y el nacionalismo en general. Primero se expulsó a Fernando Savater y Jon Juaristi (el concurso de cátedra del primero, celebrado entre pintadas injuriosas que el decanato de Zorroaga no quiso borrar, fue todo un espectáculo); luego se pusieron bombas a Txema Portillo y Mikel Azurmendi (ambos en el exilio académico) y Edurne Uriarte (según sarcasmo de «Firmamento», una simple bombita sin importancia). Muchos otros han sido objeto de injurias, amenazas y acoso en sus facultades y en las calles, incluso de agresiones físicas, sin que jamás la autoridad académica haya encontrado un culpable. Es cierto que Manuel Montero ha sido muy atacado, pero del mismo modo en que el sufrir un atentado no le concede a nadie el derecho a una cátedra, tampoco exime a un rector de sospechas sobre los móviles de su actuación.

¿Se apoya a los profesores acosados?: bien, los profesores con «problemas» son sustituidos y eximidos de dar clase e incluso de aparecer por la facultad. Algunos optan por un exilio disfrazado de excursión académica; otros se aguantan e incordian por su facultad. En cualquier caso, el profesor en cuestión es suavemente apartado de la docencia y, poco a poco, también de la investigación. Al parecer, debe conformarse con cobrar el sueldo que le corresponda.

Teniendo en cuenta que la UPV es la única universidad pública del País Vasco, y que la resistencia humana es limitada, cabe augurar como lo más probable que la marcha de profesorado acosado no sólo continúe, sino que se incremente (a pesar del triunfalismo del rectorado, los alumnos interesados en una universidad normal se van marchando en silencio desde hace tiempo). Y que el efecto que esto tendrá sobre el resto será reforzar su silencio, según la teoría de la espiral aplicada por Juan José Linz al caso vasco. Imponiendo así la despolitización y tecnificación de la universidad que Ibarretxe ha exigido, precisamente, en el acto de imposición del doctorado honoris causa a Juan José Linz, promovido por el departamento de Francisco Llera. El profesorado no nacionalista que todavía no es acosado, pero es acosable, tendrá que pensarse dos o tres veces si se enfrenta a un rectorado que es la principal o única fuente de financiación, programas de investigación, contratación, becas y todo el etcétera donde se juega su carrera profesional. Su situación no es nada envidiable.

De manera que, si alguien tiene interés en que el País Vasco tenga una universidad al menos homologable en variedad ideológica y seguridad jurídica a la de otros lares, tendrá que plantearse de qué modo evitar la imposición práctica de la política «irlos echando de uno en uno». Porque eso es lo que está ocurriendo en la UPV, exactamente lo mismo que en los ayuntamientos, la enseñanza media y los periódicos.

Limpieza étnica
José María CARRASCAL La Razón 17 Febrero 2002

Estamos juzgando a Milosevic, nos escandalizamos ante la limpieza étnica ocurrida en los Balcanes, y tenemos un caso flagrante de ella en el País Vasco. Ya oigo las voces de los que se escandalizan por la comparación, pero esta vez no voy a callarme, pues la situación es demasiado grave y las injusticias demasiado clamorosas para optar por el silencio cobarde. Lo que está buscando Eta en el País Vasco es exactamente lo mismo que buscaban los serbios en Kosovo: expulsar a la población local que no aceptase su mandato. Es lo que está ocurriendo en Euskadi ante la mudez cómplice de sus autoridades. Eta viene usando todas las armas a su alcance, desde la intimidación al asesinato selectivo, para «limpiar» el País Vasco de todo residuo de «españolismo».

La estrategia es hacer la vida imposible a todos los no nacionalistas, confiando que los más emprendedores emigren, los más débiles se resignen y los más valientes acaben abatidos tarde o temprano por sus balas o sus bombas. Desde que emergió a la vida pública la banda no se ha desviado ni un milímetro de esa línea, ante el horror de las personas civilizadas y la indiferencia criminal de unas autoridades, que sólo se escandalizan cuando la sangre les salpica. Y tan grave o más que los atentados es el acoso diario, el insulto despectivo, el vacío social o el robo descarado, como el que acaba de sufrir Edurne Uriarte en la Universidad Vasca, a quien le han arrebatado una cátedra con alevosía y consentimiento superior, después de haberla ganado honradamente, para escarnio del rectorado y gloria de los que se han atrevido a defenderla. Hasta el momento, esta lucha desigual se mantiene, con una Eta descargando golpe tras golpe y unos defensores de la pluralidad democrática absorbiéndolos con una capacidad de encaje sobrehumana. Quién se cansará antes está por ver, pues la historia nos enseña que no siempre ha vencido el más fuerte, sino el que tiene más capacidad de aguante. Aunque por desgracia no siempre es así.

   Repetimos ya que nunca se repetirá bastante: lo que Eta está haciendo en el País Vasco nada tiene que envidiar a lo ocurrido en la vieja Yugoslavia: una campaña brutal, ininterrumpida, inclemente contra todo el que no piensa como ella, no importa sean «españoles» llegados de otras partes de España que vascos que se sienten también españoles. Quiere expulsarlos o ponerlos de rodillas. Y si no consigue una cosa ni otra, eliminarlos. Con ser una auténtica bestialidad que repugna a toda conciencia medianamente moderna, lo más grave no es eso. Fanáticos crueles siempre los ha habido. Lo más grave es que esa estrategia cuenta con el apoyo tácito o abierto del nacionalismo llamado moderado o democrático, no sé bien por qué, ya que el respeto a los derechos humanos es la línea divisoria entre el demócrata y el que no lo es.

Da risa
Por Carlos DÁVILA ABC 17 Febrero 2002

Es seguro que el rector vasco Montero frunció el ceño cuando tuvo que escuchar al lendakari Juan José Ibarretxe su dictamen sobre lo que ocurre en la Universidad vasca. Decir ante el máximo responsable de la institución que la Universidad «no puede ser escenario de un choque de ideologías» es de un desahogo infinito. No es que se haga un mal o ignorante diagnóstico; es que se tiene una caradura insuperable... En la Universidad Pública Vasca no se confrontan ideologías, lo cual por otra parte sería legítimo y hasta saludable, es que en la UPV sufren víctimas y actúan verdugos.

Para Ibarretxe, el hecho de que Edurne Uriarte estuviera a punto de ser triturada por una bomba de ETA, es cosa menor; para Ibarretxe es anécdota que un tipejo brutal berree a sus anchas por el campus insultando y amenazando con la llegada de los suyos; para Ibarretxe no es trascendente que los buenos estén aterrorizados por los malos; para Ibarretxe, en fin, no tiene importancia que los profesores se cisquen de pavor y despojen de su cátedra a quien tantos méritos acumula, aprueben sin rechistar a presos semianalfabetos y se nieguen a presidir concursos a los que se presente un amigo proetarra. Todo esto para Ibarretxe carece de interés. En su bondad fingida, lo que le preocupa al hombre es que no haya enfrentamientos, como si el terrorismo fuera una ideología.

Y, claro, a Ibarretxe, el caso de Edurne Uriarte, no le afecta. Como diría el jefe Arzalluz, «no es de los nuestros». Como tampoco lo es el actual decano de Comunicación, José Manuel Susperregui que -se ha sabido ahora- no pudo ganar una cátedra de Investigación porque, según reconocieron los miembros catalanes del Tribunal, no pudieron trabajar sin miedo. Hay en este momento otra cátedra por adjudicar que ya cuenta con una baja inicial: la del presidente José Antonio Mingallarra que, ahíto de un temor comprensible, ha preferido renunciar y endosar el regalo a otro colega que tampoco puede dirigir la oposición porque anda el hombre con el corazón maltrecho. Nada que ver, por supuesto, con el trance que le ocupa.

Así estamos: viviendo en la rareza. Mientras el amenazador se hace el mártir, Montero culpa a la Prensa de su pusilanimidad, y Llera hace las maletas para exiliarse (como Portillo y Azurmendi) a Estados Unidos, y como terminará haciéndolas Edurne Uriarte antes de que terminen con ella. Esto es la confrontación ideológica de Ibarretxe. Da risa.

Requisito de unidad
Editorial El Correo 17 Febrero 2002

La convocatoria del lehendakari Ibarretxe para celebrar una reunión en la que estarán presentes todos los partidos democráticos vascos, los tres diputados generales, el presidente de Eudel y al que están citados también los responsables de Interior del Gobierno central y del Ejecutivo de Vitoria, brinda una oportunidad a la que los ciudadanos -y en especial aquellos que padecen la persecución terrorista- han esperado durante demasiado tiempo. Por eso mismo, dicha cita implica una responsabilidad que ninguno de los convocados puede eludir: la obligación de aunar sus distintas posturas para asegurar que Euskadi celebre en la primavera de 2003 unas elecciones libres frente a la amenaza de ETA. Los participantes en esta reunión, prevista para el próximo viernes 22 de febrero, conocerán de antemano los resultados del encuentro entre los dirigentes del PP y del PSOE que han sido convocados para poner al día el pacto suscrito por ambas formaciones hace ya más de un año. Tanto el PSOE como el propio Gobierno vasco han anunciado su intención de proponer en ambas reuniones la adopción de medidas que garanticen la seguridad de los concejales y el normal funcionamiento de las entidades locales.

Sin duda, tan grave problema requiere la puesta en práctica de un abanico de iniciativas capaces de responder adecuadamente a la diversa casuística que encarnan los electos municipales bajo el acoso que padecen por parte del terror organizado. Pero todas esas medidas resultarán estériles si las fuerzas democráticas no estrechan sus vínculos en un empeño común por extender los espacios de libertad frente al chantaje dictatorial a que la violencia de ETA pretende someter al sistema democrático. Ninguna modificación legal, ninguna medida administrativa, ningún sistema de protección de las personas amenazadas puede paliar el enorme vacío que deja la división política en Euskadi. Ninguna iniciativa parcial puede compensar el insoportable desamparo a que están condenados los concejales perseguidos por ETA por el mero hecho de que los partidos democráticos no se avienen a enfrentarse unidos y sin fisuras contra la barbarie.

El pasado viernes, el pleno del Parlamento vasco atestiguó una vez más -en esta ocasión ante una proposición socialista- que no todos los partidos democráticos conciben la derrota de ETA como el objetivo prioritario de la democracia en Euskadi. La continuas reservas con que el nacionalismo gobernante evita asumir como propia la necesidad y la urgencia de la unidad democrática frente al terrorismo constituye, sin duda, el primer obstáculo que tendría que salvar la iniciativa del lehendakari para garantizar que los comicios municipales sean en Euskadi tan libres como en el resto de España. Sólo a partir de la unidad democrática cabrá que los distintos partidos -y en especial los partidos no nacionalistas- animen a sus militantes para formar parte de las candidaturas que se presenten en mayo de 2003. Sólo a partir de la unidad democrática podrán las instituciones garantizar a los cargos electos esos mínimos de seguridad que les permitan desarrollar una vida cotidiana digna en el desempeño de su responsabilidad pública.

¿Pensamientos únicos?
ANTONIO ELORZA/CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO EN LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID El Correo 17 Febrero 2002

En estos últimos días, el equipo dirigente de la UPV anda un tanto reñido con la lógica. En unas declaraciones sobre el tema de la supresión de la cátedra ganada por Edurne Uriarte, hablaba el rector de que «la polémica refleja el choque de dos pensamientos únicos contrapuestos». Era posible pasar por alto el disparate por el nerviosismo que presidió en estos días sus actuaciones en público. Pero resulta que no era un desliz, sino la viga maestra de la justificación de su postura y la de sus colaboradores. Ha sido el mismo vicerrector Antonio Rivera quien ha asumido el empeño de desarrollar por extenso esa tesis de los dos pensamientos únicos.

Para empezar, hablar de dos pensamientos únicos constituye un verdadero insulto a la razón: si hay dos, no hay uno ni único. Y más allá de las formas examinemos los contenidos, con lo cual la desafortunda calificación salta por los aires. Rivera dice que el equipo rector de la UPV «no lo está, no lo ha estado y no lo va a estar, ni en un lado ni en el otro de la obcecación y el simplismo, uno pistolero y otro descalificador». Diríamos que no es buena cosa tachar a las críticas, por duras que sean, de descalificaciones, pero lo es menos medir por el mismo rasero a las ideas y a la violencia, sea en forma de bombas o de insultos. Pero es que además éste no es el caso. Formar sobre el papel un bando de descalificadores dispuestos a actuar ya antes del concurso en torno a Edurne Uriarte, si ésta perdía, constituye un recurso argumental de autolegitimación tan gratuito como insultante para quienes en Euskadi se atienen a la conocida división del trabajo entre los que ejercen la violencia y los que la sufren.

Si reflexiona por un momento, Rivera se dará cuenta de que la respuesta crítica era lícita -aunque se optó por aguantar- ante la demasiado real entrada en juego de la violencia abertzale apenas fue rechazado Letamendia, y sobre todo resulta imprescindible al comprobar que esa violencia triunfa. Y a partir de ahí, si opta por seguir pensando en lugar de enrocarse, podrá abordar lo que está fuera de campo en su discurso: la justicia o injusticia de suprimir la cátedra de Edurne Uriarte, acudiendo a un problema formal traído por los pelos, después de las irregularidades que han acompañado a los actos de la comisión de reclamaciones y ante el cerco de barbarie sufrido, en primer lugar por Edurne Uriarte, luego por Francisco Llera, y finalmente por quienes caímos en este avispero por culpa de un sorteo. Personas convertidas en sacos de golpes a los que ese progresista y abnegado equipo rectoral no ha prestado desde la celebración de los ejercicios en octubre la más mínima atención, sin duda para dejar clara su neutralidad ante el choque de pensamientos únicos . Habrán organizado un homenaje a Lluch, bien; a los acusados en Kale gorria y demás medios abertzales, ni informarnos. No pretenderán los profesores Montero, Urrutia y Rivera que los miembros de la mayoría del tribunal de cátedra les demos las gracias por su inhibición, medible además en silencios a llamadas de teléfono para solicitar amparo, ni que dejemos de ejercer la funesta manía de pensar para poner en conexión esa actitud con el desenlace de ese procedimiento de reclamaciones. Sin olvidar que en el desarrollo del mismo los vocales del tribunal tuvieron que enterarse por la prensa de que un concursante había planteado un recurso con graves acusaciones contra algunos miembros del tribunal, y exigir del rector su envío para poder alegar algo. Kale gorria tuvo un acceso mucho más fluido a los documentos cuya custodia correspondía al Rectorado.

Eso al parecer es correcto en el plano administrativo, así como que resulte incierto si dicha comisión fue presidida por el rector, como dispone la ley, por el vicerrector, o por ambos al alimón ya que antes de concluir el procedimiento los dos lo conocen todo y lo exponen tal y como les conviene a los medios de comunicación antes de que la resolución esté redactada y firmada. Y sobre todo que se haya filtrado la sentencia con antelación, de modo que el o los redactores de la misma tienen tiempo para pulir sus argumentos a la vista de las críticas expresadas en estos días e inutilizar así los de un previsible contencioso planteado por Uriarte, quien no sólo resulta privada de su cátedra, sino que ve incrementada su indefensión. Derecho en estado puro. Y por encima de todo, si queremos atenernos a la ley, la resolución es ya inválida, según el artículo 14.4 del reglamento de concursos, porque ha superado de sobra el plazo máximo de dos meses que tiene la comisión de reclamaciones para resolver, desde que se celebraron las pruebas, los recursos presentados.

El victimismo exhibido por los gestores de la UPV está, pues, fuera de lugar, y menos expresiones como las de Rivera de que están como «cornudos y apaleados» (sic) o que dar la razón a Uriarte equivaldría a «ciscarse» (sic) en el derecho. «¡Ay Señor! ¡Ay Jesús!», como decía en tiempos el dúo Vainica doble . Si hay aquí una víctima es Edurne Uriarte, a la que se va a privar de una cátedra legítimamente ganada, contra el viento y marea de quienes creían que las plazas son ad hominen . Un periodista en Madrid tituló con escasa fortuna una crónica sobre el tema Lizarra frente a Ermua en la UPV , aceptando la lamentable tesis de la politización que sólo unos promovieron. Aquí unicamente hubo la doctora Edurne Uriarte compitiendo con el doctor Francisco Letamendia, ante un tribunal que estimó que por encima del peso de los libros, los méritos de la primera eran, sin ser geniales, superiores. Después del portazo de Letamendia al ver que no aprobaba el primer ejercicio, sí que entró en juego Lizarra contra la ganadora, contra el director de su departamento, contra quienes la votamos. Emborronar como choque entre extremos una competición científica sometida a una intolerable presión supone, de cara a quienes nos atuvimos al cumplimiento de nuestas funciones en un medio hostil y amenazante, una desconsideración grave.

Una simple pregunta. ¿Cuál es mi pensamiento único , o el del doctor Reinares o el del doctor Molins, a quienes el azar nos reunió en este embrollo? El dualismo primario en los juicios de Montero y de Rivera desemboca así en algo difícilmente calificable. Las etiquetas progresistas que lleven los gestores de la UPV de poco sirven; lo que cuentan son los hechos. Nada dice la norma sobre la extensión de los informes cuya redacción impone y al parecer los de este concurso sirvieron para ponernos en la picota de Kale gorria , pero en el plano administrativo pueden ser invalidados. Pensemos en el absurdo que representa llevar hasta el extremo el puntillismo en este aspecto: el vocal de un tribunal de oposición podría invalidar el procedimiento de la misma, previsiblemente desfavorable para su candidato, sólo con una redacción sucinta de sus informes. La pregunta de fondo en términos jurídicos es si esta redacción breve supone entrar en contradicción con lo expresado en los debates por los miembros del tribunal y con la puntuación otorgada a los candidatos. En suma, si el discutible defecto de forma, porque los informes sí se redactaron, cuestiona o anula el fondo de la resolución adoptada.

Para cerrar el círculo, en el caso que nos ocupa, el profesor Rivera explica «que el rector nos prohibió a los miembros del equipo rectoral aparecer por la facultad donde se iba a celebrar el concurso». Equidistancia manda. Juega el vicerrector con el desconocimiento casi general de la regla de asistencia a las oposiciones: ir a los ejercicios de un concursante y no de otro es asistencia militante, pero acudir por parte de un colega o de una autoridad a los de ambos es muestra de algo que aquí ha faltado en el vértice de la UPV: un interés científico que les hubiese permitido ver las cosas con mucha mayor claridad. No como hace, hablando de «bueno» y «malo», sino al evaluar los niveles científicos puestos de manifiesto a lo largo y ancho del concurso.

LO QUE SE ESCONDE DETRAS DEL SUICIDIO DE UN POLITICO VASCO
Editorial El Mundo 17 Febrero 2002

Juan Carlos Gutiérrez Pinedo, miembro de la Ejecutiva dimisionaria del PSE EE y estrecho colaborador de Nicolás Redondo Terreros, fue encontrado muerto en su casa con todos los signos exteriores que acompañan a un suicidio. Un disparo en la boca y la pistola a su lado. Ninguno de los muchos compañeros de partido y amigos que hablaron con él en las horas previas al luctuoso suceso sospechó, ni de lejos, que pensara en quitarse la vida. Nadie puede saber lo que pasó por la mente de Gutiérrez Pinedo una persona madura, inquieta intelectualmente y muy comprometida políticamente antes de pegarse un tiro con la misma pistola que tenía en su casa para autoprotegerse de un posible atentado terrorista.

Pero tampoco podemos considerar el suicidio de este político vasco únicamente como el desdichado acto final de un proceso depresivo. Detrás de la crisis mental que llevó a Gutiérrez Pinedo a suicidarse hay circunstancias sociales y políticas que no son ajenas a la peripecia personal. Los dirigentes socialistas de su entorno consideran que la presión psicológica a la que están sometidos los políticos no nacionalistas debido a la amenaza terrorista que pende sobre ellos ha influido decisivamente en la muerte de quien era uno de los cerebros en la sombra de la estrategia política del ex secretario general del PSE EE, Nicolás Redondo.

De hecho, Gutiérrez Pinedo según el testimonio de las personas que hablaron con él en sus últimos días se había mostrado especialmente indignado con lo ocurrido a la profesora Edurne Uriarte, también militante socialista, que ha sido desposeída de su cátedra debido al recurso de un fundador de HB y ante la pasividad del rector de la Universidad del País Vasco, tras soportar insultos y amenazas en la propia sede universitaria y fuera de ella. Muchos amigos del político fallecido dan cuenta de cuánto enojaba a Gutiérrez Pinedo el hecho de que los políticos no nacionalistas tuvieran que mirar los bajos del coche e ir con escolta, mientras los nacionalistas pasean tranquilos por la calle.

Son muchos los vascos comprometidos con la libertad y la democracia que consideran insoportable la tensión producida por el acoso terrorista, pero también ese silencio a veces clamoroso de aquellos de sus convecinos que no se sienten concernidos por la amenaza de las pistolas y el coche bomba. La viuda de Fernando Buesa, el portavoz socialista asesinado por ETA, define hoy en EL MUNDO con palabras certeras uno de los mayores dramas de la sociedad vasca. «El padre que calla ante una diana de ETA está dando permiso a su hijo para recurrir a la violencia». Un drama que se manifiesta a veces en forma de asesinato, pero que puede hacerlo también en forma de suicidio.

«Los hijos de inmigrantes deben conocer nuestra lengua antes de escolarizarse»
Pilar del Castillo, Ministra de Educación, Cultura y Deporte
Ana Amador La Razón 17 Febrero 2002

Aprobada la Ley Orgánica de Universidades (LOU) y en trámite la Ley de FP, la ministra de Educación, Pilar del Castillo, ha lanzado ya las líneas básicas que cambiarán de arriba a abajo la enseñanza no universitaria. Tres leyes en cuatro años. «No tengo ningún afán de batir ningún récord», ironizó ayer, sábado, en su despacho de la calle de Alcalá. Para llevar a cabo estas reformas educativas, la ministra confía en que será posible el diálogo. Cree que los estudiantes no tienen motivos para protestar y que el PSOE está desorientado. En pleno debate de la base de la Ley de Calidad, surge el caso de la niña musulmana cuyo padre ha exigido que lleve puesto el chador (pañuelo que cubre el cabello) en el colegio. Ni el colegio concertado asignado en un principio ni el público al que fue después, dejan que lleve el velo. Y es que el fenómeno de la inmigración es una cuestión también a tener en muy cuenta. Del Castillo cree que los hijos de inmigrantes deben escolarizarse con un conocimiento básico del idioma y para ello estudia que exista un período mínimo de aprendizaje antes de llegar al aula.

- ¿Cuál es la posición del Ministerio sobre el caso de la niña cuyo padre exige que vaya al colegio con chador?
- Los responsables del centro y los responsables educativos, de la comunidad de Madrid, en este caso, deberán hablar con el padre para que la niña se adapte a los hábitos y normas que rigen en el centro y que deben asumir todos los escolares. Cuando uno llega a un país tiene unos derechos, pero también unas obligaciones. De momento hablamos de un caso, al menos, esta situación es la primera vez que se produce. Espero que se resuelva hablando con el padre.

- El sistema educativo no estaba preparado para el fenómeno de la inmigración. ¿Qué va a hacer la Ley de Calidad en este sentido?
- Es fundamental que se produzca un proceso de integración en nuestra sociedad y la escuela para eso es fundamental. En esa idea trabajamos pero esto hay que plantearlo con bastante serenidad, fuera del slogan, de la frase altisonante y de la pancarta. Como uno de los problemas fundamentales es el idioma, es necesario que estos niños entren en su nivel correspondiente de escolarización con un nivel de conocimiento del idioma básico para que puedan incorporarse con efectividad. Estamos estudiando cómo se produce esa pasarela, hay instituciones que puede colaborar de manera importante como los ayuntamientos.

- ¿Cómo sería esa pasarela?
- Hay que tener en cuenta la situación de estos niños: está el que conoce la lengua materna y además ha estado escolarizado en su país de origen, como muchos niños iberoamericanos; pero también el que ni conoce el idioma ni ha estado escolarizado en su vida, que es quizás el caso más grave. Estos grupos tienen tratamientos diferenciados, pero el hecho común es que deben tener el conocimiento básico de la lengua cuando se incorporan en las aulas.

- ¿Habla de crear unos centros para inmigrantes que estudien la lengua antes de la escolarización?
- La cuestión espacial, si es un centro o el propio colegio, no es lo importante. Hay que trabajar en la idea de que haya unos períodos de aprendizaje de la lengua teniendo en cuenta la diversidad de casos.

- En su opinión, ¿cómo cree que llegan los jóvenes a la universidad?
- Los estudiantes a la universidad no llegan todo lo bien preparados que deberían de llegar. Es evidente.
- Pues critican que la Ley va a convertir el acceso a la universidad en una carrera de obstáculos.
- Vamos a hablar seriamente de estas cosas, esto no es una cuestión baladí. Cuando hay unos problemas en la educación no se pueden tratar a base de eslóganes o frases altisonantes. Mire, el aprendizaje constituye un esfuerzo como constituye un esfuerzo para un deportista llegar a una meta. Así ocurre en todos los ámbitos. Y además hay que demostrar el conocimiento en ese proceso. Lo que se trata es de que a los estudiantes se les permita ir adquiriendo un alto nivel de conocimientos y una buena formación. Eso es lo más importante para ellos y para la sociedad en la que viven.

- ¿La reválida será una prueba única?
- De los datos concretos no vamos a hablar hasta que no haya un texto. Se están estudiando.

- De cualquier forma, la reválida ha encrespado a los estudiantes. Y por si fuera poco usted ha dicho que a las manifestaciones van los más débiles y peor preparados
- Yo no he dicho eso en absoluto. He dicho que la demagogia es perjudicial para todos y que los sectores más débiles en general son los más susceptibles de caer en posiciones demagógicas.

- ¿Cree que tienen motivos para salir a la calle el 7 de marzo?
- En primer lugar, habría que esperar al texto porque hemos hablado de orientaciones en las que estamos trabajando y que no son nuevas. Ya las expresamos al principio de la legislatura. Además, en este momento, en muchos países europeos se desarrollan reformas educativas en la misma dirección en la que el Gobierno propone desarrollar su reforma. En ellas, se contempla la necesidad de subrayar el valor del esfuerzo y de la exigencia, de ofertar alternativas distintas, la importancia del aprendizaje de otras lenguas extranjeras, la importancia efectiva, no sólo retórica, de las tecnologías de la comunicación y el aprendizaje......

NATIVIDAD RODRIGUEZ LAJO / VIUDA DE BUESA Y PRESIDENTA DE LA FUNDACION
«El padre que calla ante una diana de ETA está dando permiso a su hijo para usar la violencia»
MONTSE RAMIREZ El Mundo 17 Febrero 2002

VITORIA. Entras en la Fundación Fernando Buesa Blanco y el político socialista asesinado por ETA, portavoz de su grupo en el Parlamento vasco, te sigue con la mirada desde una gran fotografía, en el amplío y céntrico piso desde el que su familia y amigos se empeñan en mantener viva su palabra.

Han promovido una organización inusualmente plural en el País Vasco, en la que conviven nacionalistas y no nacionalistas, gente de todas las profesiones, políticos de EA y PNV con los del PP.A Natividad Rodríguez Lajo, viuda de Fernando Buesa, los ojos de su marido la han perseguido dolorosamente a través de esa misma imagen colocada en el vestíbulo, desde que decidiera que sólo afrontando el sufrimiento y contribuyendo a despertar la conciencia social haría más soportable la ausencia.

El próximo viernes 22, se cumplen dos años del atentado en que fueron asesinados Fernando Buesa y su escolta, el ertzaina Jorge Díez Elorza. Son días difíciles en los que la presidenta de la Fundación necesita de toda su energía para no sucumbir al pasado.En una de las escasas entrevistas concedidas a un medio de comunicación, Natividad Rodríguez ofrece un discurso sólido, exento de rencor y partidismo, en el que rehúye abonar la crispación, aboga por el pluralismo y la tolerancia y muestra su preocupación por la sociedad que calla ante la violencia y el ejemplo que se ofrece a los chavales. «El miedo no nos puede paralizar», declara rotunda.

¿Se llega a perdonar a los asesinos?
Perdonas a quien se arrepiente y se disculpa. No me lo planteo, ni pienso en ellos. Mi preocupación ha sido recuperar el equilibrio, salir de este cataclismo y que no se amargue el espíritu de mis hijos.

¿Ha sentido ese sentimiento tan humano de la venganza?
Mi profesión me ha ayudado mucho (es psicóloga y pedagoga), la teoría me la sabía. Los sentimientos también se educan y el odio y el rencor se aprenden. Y son sentimientos auto y heterodestructivos, destruyen a uno mismo y a quien le rodea. No los reconozco en mí y he procurado que mis hijos no los tuvieran. Además de hacernos tanto daño, no van a conseguir que odiemos.

¿Cuál es su recuerdo imborrable del asesinato?
El sonido de la bomba, aunque recuerdo cada instante, cómo salió él de casa, lo último que le dije, lo he reconstruido tantas veces... Cuando sonó la bomba, mi hija Sara y yo nos miramos y ella dijo: «Han sido papá y Carlos (su hermano), que han salido».Fue un ruido tan especial, que intuyes dentro que te ha tocado, porque, claro, desde la ruptura de la tregua ya vivíamos sin tranquilidad.

¿Cómo analiza ahora lo que pasó a continuación: el desplante del PNV en el Parlamento, las dos manifestaciones, el comportamiento de Ibarretxe...?
Yo entonces permanecí callada. Fueron mis hijos los que al cabo de dos días decidieron hacer un comunicado, porque estaban sorprendidos por la reacción social y querían decirle algo a la gente que se había echado a la calle y de la que estábamos recibiendo tanto consuelo. Y fue Carlos el que me dijo que él había llamado por teléfono al lehendakari para contarle que estaba muy dolido por que no me hubieran dado el pésame y que creía que debíamos ir juntos en la manifestación, pero supongo que él tenía otros compromisos y pasó lo que pasó.

Entonces, ¿aquello ya está perdonado?
Lo he superado. Yo quiero colaborar al análisis, la reflexión, hay ya tanta crispación... Pero lo he hecho, sobre todo, desde un punto de vista personal, por lo que decía antes del odio y el réncor. Es que no he querido que tuvieran esa victoria. Sí que me ha dolido muchísimo. Hoy en día, noto incluso que voy por la calle y hay cargos del PNV que ni me saludan, aunque tal vez sea por vergüenza. Se hacen los desentendidos y eso me produce cierto dolor, porque hay que mantener las actitudes humanas y el ejercicio de la política no es incompatible con la lealtad y el afecto por un compañero.

¿Ha vuelto a hablar con Ibarretxe?
Sí y no le guardo rencor. Sencillamente, pienso que está solemnemente equivocado, pero, bueno, cada uno es libre de pensar como quiera.El vino a mi casa una semana después y se mantuvo en su forma de ver las cosas. Al único que le he oído «tenemos (el PNV) que pedir perdón a los alaveses por la manifestación de Buesa» es a Emilio Guevara. Puedo entender sus compromisos, cierta parálisis, lo que sea, pero, con franqueza, uno tiene que reconocer sus errores y reconducir la situación, sobre todo en puestos de esa responsabilidad.

¿Alguien del PNV se le disculpó en privado?
Por aquello, no. Lo que sí he visto es tristeza, dolor, en gente del nacionalismo democrático. Me consta que han sentido su muerte, pero públicamente, salvo Guevara y José Angel Cuerda, no han dado un paso adelante. Y eso sí duele. ¿Por qué no se pueden hacer acciones comunes en la defensa de ciertos valores? Se habla mucho de diálogo y cuando la Fundación que presido organiza unas mesas plurales sobre el Estatuto, ves que los nacionalistas no vienen, como si el hecho de que les vieran en ese acto significase que ya no eres de los nuestros... Hay un poder partidario muy fuerte, muy sectario.

¿No ha habido nadie de la izquierda abertzale que le haya dicho «lo siento»?
Nadie, pese a que Fernando tenía amigos y respetaba a personas de ese sector. Nada, ni una carta, una llamada, pero no merece la pena revolver ahí.

¿Por qué no quiere conocer las vidas de los presuntos asesinos de su marido?
Porque no me importaN. Es su problema, su enfermedad y espero que paguen por su crimen, pero ir más allá... Es que no conduce a nada. Es como cuando después del asesinato de Fernando, se empezó a hablar de si tenía o no suficiente protección y el Ministerio y la Consejería se acusaban mutuamente. Yo, ni compraba los periódicos...Bastante mal estás, no puedes ponerte más piedras a la espalda.Hoy es el día en que no he vuelto a ir al baloncesto, por no entrar en el pabellón Buesa Arena, ni he pisado de nuevo la sede del partido en Alava. Aún me emociono mucho.

En su primera intervención pública usted quiso dejar muy claro que su marido no había sacrificado su vida, sino que se la habían arrebatado.
Sí. Es terrible hasta qué punto se puede deformar la realidad y aquel comunicado de ETA, asegurando que odiaba al pueblo vasco, me quemaba muchísimo. Era tan cruel como volverlo a matar. Ya estoy harta del uso que se hace aquí del lenguaje. Al asesinato hay que llamarlo asesinato. Ya vale de minusvalorar la violencia y de banalizar la muerte, y si algo hemos hecho mal durante años es callar. Desde la Fundación vamos a utilizar un lenguaje claro, sin eufemismos y a suplir a esa gente a la que se ha asesinado para no oírla. La verdad es que en cada intervención me he quitado algo de dentro, como en la película (Asesinato en febrero) en la que Elías Querejeta ha dado el micrófono a las víctimas y reflejado su humanidad, porque son personas, no objetivos... Y volvemos a lo del lenguaje.

¿Y quién tiene la culpa de que se utilice ese lenguaje?, ¿el nacionalismo?
No sé... Aquí hemos creado el monstruo de la violencia y la responsabilidad es de todos, de unos más que de otros. Hay una responsabilidad en quien la utiliza pensando que es un medio legítimo, en quien ha sacado ventaja política de su uso, y en los ciudadanos que han mirado y siguen mirando para otro lado, pensando que a ellos no les va a tocar. Hay que implicarse, y no por lo que decía Brecht de que «cuando vinieron a por mí ya era demasiado tarde», sino porque llevamos muchos años instalados en la violencia y hay que afrontar el problema. No sirve la técnica del avestruz. Hay padres que se sacrifican porque sus hijos tengan una buena formación, a los que luego no les preocupa que puedan crecer en un mundo sin paz ni libertad. Cuando el padre que va con su hijo por la calle ve una pintada de «ETA, mátalos» y mira para otro lado, su comportamiento no es inocuo para ese niño, que está recibiendo un permiso para utilizar la violencia. Está viendo que eso se puede hacer. Y eso a otras escalas, nos lleva a la banalización de la kale borroka y de tantas cosas que hemos vivido. El gran problema es que muchos ciudadanos, como defensa o por miedo, se callan.

¿Usted cree que el Gobierno de Ibarretxe está cambiando de modo de actuar respecto a las víctimas?
Le voy a confesar que me decepcionó el resultado electoral.Pensé que quien había gobernado durante 22 años y hecho Lizarra, alguna responsabilidad tenía con esta situación. Es una barbaridad asimilar terrorismo y nacionalismo democrático, pero me parece legítimo aspirar a la alternancia política. ¿Por qué tiene que gobernar el PNV toda la vida? Por supuesto que acepto el resultado de las urnas y respeto al Gobierno pero, en cuanto a su pregunta, en él están los que hicieron Lizarra, exactamente los mismos, y mantengo cierto escepticismo. Ojalá haya un cambio, pero me creeré lo que vea hacer.

¿Cómo contempla, como militante, la crisis abierta en el seno del PSE ?
Pienso que los últimos años han sido durísimos para el PSE y que a los socialistas nos han dejado en medio de dos extremos, el PNV y el PP. Nos estaban matando y a la vez nos presionaban para que fuéramos con unos o con otros. Ha sido tremendo.

¿Cómo ve el futuro? Porque ha comentado que no dejará el País Vasco.
No descarto irme ni quedarme. Ahora mi sitio está aquí, en la Fundación, y no me planteo el futuro. La soledad es durísima y la presencia en la ausencia, tremenda. Veo a mi marido en todas partes y aunque me aconsejan que me vaya, que cambie de casa, yo sé que lo tengo que pasar... ¿En cuanto al futuro? Le voy a contar una anécdota. El día que asesinaron a Fernando y mi hija y yo volvimos luego a casa, aún estaba encendida la vela que había prendido mi marido antes de salir para eliminar el olor del puro. Y Sara me dijo, «Mamá, te das cuenta lo que cambia la vida en un momento». ¿Mañana?, vete a saber.

Se estrecha el cerco a los demócratas
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 17 Febrero 2002

Dice Edurne Uriarte que en el País Vasco se está produciendo una limpieza étnica por etapas, paralela a la estrategia nacionalista de conquista escalonada de la independencia que denuncia Mayor Oreja, y los datos avalan sus afirmaciones. Según el Euskobarómetro que dirige Francisco Llera (otro profesor de la UPV sometido, como Uriarte, a una feroz campaña de intimidación por parte del entorno de ETA) en los últimos 12 años la friolera de 200.000 personas ha abandonado la comunidad autonóma. De ellas, 6.000 eran profesores, según el colectivo Pio Baroja, que agrupa a profesionales vascos de la Enseñanza (950 de los cuales se encuentran bajo la espada de Damocles de una expulsión fulminante de sus puestos de trabajo por no alcanzar el nivel de vascuence exigido por el Gobierno del PNV) y en cuanto a los restantes 194 .000, cabe pensar que un porcentaje significativo no se marcharía precisamente por abrazar con entusiasmo el proyecto soberanista del nacionalismo, basado en medidas tan estimulantes como la imposición coercitiva de la lengua bajo amenaza de pérdida del empleo. Pues bien, pocos ejemplos ilustran esta peculiar modalidad local de limpieza étnica como el de esta profesora, superviviente de un brutal atentado etarra y hoy expoliada de su cátedra de Ciencias Políticas.

Su contrincante en la contienda académica que nos ocupa, Francisco Letamendía, conocido en todo el País Vasco como el que se marchó remando, por su precipitada fuga a Francia a bordo de una embarcación el 23 de febrero de 1981, en un acto de heroica defensa de la democracia amenazada, ya venía curtido en el arte de escalar puestos docentes mediante la presión combinada del poder político del nacionalismo y los explosivos de la organización armada.A principios de los 90, pretendió una plaza de titular en el Departamento de Derecho Constitucional de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación y contó con la ayuda del entonces responsable de Educación del PNV, Luis Bandrés, quien intentó influir, sin éxito, en algunos miembros del tribunal para inclinar la balanza a su favor. En aquel entonces la jugada no resultó y Letamendía se pasó al Departamento de Ciencia Política, escenario hoy de un episodio tan escandaloso, tan repleto de violencia e intimidaciones, que el Gobierno está planteándose solicitar la actuación del Fiscal General por la vía penal, al margen de las actuaciones que pueda emprender Uriarte por la vía administrativa.Y es que en esta ocasión, el perdedor a los puntos académicos y curriculares, ex defensor parlamentario de los postulados de ETA, ha encontrado el favor de un rector débil y dispuesto a ceder, después del desenlace electoral del 13-03-2001, al chantaje que prometió resistir cuando fue elegido.

Pero todo esto no es sino la punta de un iceberg gigante, cuyo propósito final es dinamitar cualquier resistencia organizada al modelo de sociedad uniforme y de pensamiento único que propugna el nacionalismo y eliminar, del escenario vasco a todo aquel que discrepe públicamente de las tesis soberanistas. Para ello, se asesina y coacciona a los representantes de los partidos constitucionalistas que perdieron las elecciones por un estrecho margen de 25.000 sufragios, conviene recordarlo. Se fomentan, lamentablemente con éxito, profundas divisiones internas en el PSE, como lo demuestra trágicamente el suicidio de Juan Carlos Gutiérrez. Se infiltran en asociaciones de víctimas y otros colectivos cívicos y se expulsa a los intelectuales y periodistas críticos. En otras palabras: se estrecha el cerco a los demócratas, siguiendo el modelo de los nacionalsocialistas del III Reich.Y yo me pregunto ¿Cuántas víctimas más tendrán que dejarse la vida para que la democracia reaccione?

LA LLAMADA
El despiste de un ministro francés

La llamada partió del Ministerio del Interior y su destinatario fue el titular francés de la Cartera, Daniel Vaillant. Acababa de abrirse el plazo para la regularización de inmigrantes ilegales en nuestro país y en un sólo día 3.000 sin papeles, en su mayoría magrebíes, cruzaron la frontera desde Francia para apuntarse aquí en las correspondientes listas. Mariano Rajoy reprochó a su interlocutor galo la «hábil maniobra» del país vecino y éste, sin inmutarse ni dar muestras de estar al corriente del incidente, le contestó impertérrito: «Devuélvamelos, sr. ministro».

LA POLEMICA
Mayor Oreja se enfurece

El jefe popular en el Parlamento vasco, Jaime Mayor Oreja, reunió el viernes a los suyos y propinó al portavoz, Leopoldo Barreda, la mayor regañina que recuerdan los más veteranos del partido.El ex ministro, que desconocía por completo los acuerdos alcanzados la víspera en la Comisión de Urgencia Legislativa, cuyos trámites habían comenzado dos años antes, dio instrucciones concretas para que el PP vasco no consientiera una generalización de las pensiones máximas a los diputados, sino pensiones complementarias en casos aislados de extrema necesidad.

LA NOTICIA
Ideas para proteger concejales

El Partido Socialista llevará el martes a la reunión del Pacto Antiterrorista dos ideas destinadas a facilitar la presencia de concejales del PP y del PSOE en todos los ayuntamientos vascos: trasladar el gobierno local a las diputaciones en aquellos municipios en los que no se garanticen unas condiciones democráticas mínimas para el funcionamiento de la corporación local y crear comités de apoyo ciudadano subvencionados con fondos públicos.El PP, a su vez, se inclina más por medidas de presión al binomio ETA-Batasuna.

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