AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 20 Febrero  2002
Firmeza ante el terror
Editorial ABC 20 Febrero 2002

Contra la libertad amputada...
Editorial La Razón  20 Febrero 2002

UN ACUERDO PARA ACABAR CON LA IMPUNIDAD DE BATASUNA
Editorial El Mundo  20 Febrero 2002

Pacto contra ETA
Editorial El País  20 Febrero 2002

Fin de la impunidad de Batasuna
Edurne URIARTE ABC  20 Febrero 2002

Cobardías
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  20 Febrero 2002

Marcha atrás
Jaime CAMPMANY ABC  20 Febrero 2002

Eta y los «pontoneros»
Román CENDOYA La Razón  20 Febrero 2002

¿Democracia en Euskadi
José María CARRASCAL La Razón  20 Febrero 2002

Terrorismo nacionalista
Enrique de Diego Libertad Digital  20 Febrero 2002

Compartir resistencia
TONIA ETXARRI El Correo  20 Febrero 2002

En el camino adecuado
Ignacio Villa Libertad Digital  20 Febrero 2002

Atentados basura
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo  20 Febrero 2002

Límites y fronteras
JAVIER PRADERA El País  20 Febrero 2002

PP y PSOE responden a Eta con un acuerdo para asfixiar a EH y abren la puerta a su ilegalización
Esther L. Palomera / C. M. - Madrid.- La Razón 20 Febrero 2002

Azurmendi desata la polémica al rechazar el multiculturalismo
GUILLERMO SANCHEZ-HERRERO El Mundo  20 Febrero 2002

Socialismo mutilado
ALBERTO SURIO El Correo  20 Febrero 2002

Soneto quevediano al rector regido
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  20 Febrero 2002

 

Firmeza ante el terror
Editorial ABC 20 Febrero 2002

ETA ha vuelto a demostrar que su naturaleza criminal es inmutable. Ayer pretendió asesinar con una bomba lapa a Eduardo Madina Muñoz, secretario institucional de las Juventudes Socialistas del País Vasco. El atentado no logró acabar con la vida del joven dirigente socialista, pero las heridas sufridas obligaron a los médicos a amputarle la pierna izquierda. Este acto de brutalidad gratuita no ha sido, sin embargo, aleatorio. ETA ha golpeado a un partido debilitado por una profunda crisis interna que enfrenta ideas y personas, que está sufriendo la fuga constante de concejales y que se halla aún conmocionado por la pérdida, la semana pasada, de Juan Carlos Gutiérrez, estrecho colaborador de Nicolás Redondo. Es un sangriento paso más en la táctica de la desertización constitucional del País Vasco, que busca la abdicación del socialismo de la misma forma que persigue la alienación por el miedo de todos aquellos que resisten, por su función política o institucional o por su militancia personal, la imposición de la construcción nacional pretendida por ETA y el nacionalismo. El atentado contra Eduardo Madina es también el argumento que cíclicamente recuerda que ETA no cambia sus objetivos ni sus procedimientos, y que cualquier oferta de diálogo en el contexto del terror es, ante todo, una actitud política débil, que estimula a la banda terrorista a seguir asesinando, porque el diálogo, tal y como es planteado por el nacionalismo, supone premiar políticamente la violencia. Por eso, la única respuesta posible y legítima al terrorismo sigue siendo la aplicación de la ley, y a la doble moral nacionalista, la firmeza constitucional, respuestas que se acaban encontrando en planteamientos políticos comunes -defensa de la Constitución y rechazo a la autodeterminación- por la coincidencia de fines del nacionalismo y de ETA.

Algunas de esas respuestas ya fueron anunciadas ayer, tras la reunión de la comisión de Seguimiento del Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo. Otras quedan pendientes del Congreso extraordinario de los socialistas vascos. El PSOE apoyó sin reservas las propuestas de reforma legislativa planteadas por el Gobierno en la reunión del Pacto para exigir a todos los partidos políticos el respeto a los principios democráticos y para cortar la financiación pública o privada a las formaciones que respalden la violencia. El Pacto Antiterrorista se ratifica así como un acuerdo de Estado imprescindible y, como tal, ha de resolver los problemas del Estado y no otros. El principal de todos ellos es ETA. El respaldo del PSOE a las propuestas del Gobierno debe zanjar, de una vez por todas, las especulaciones dentro de ese partido sobre la vigencia del Pacto o las pretensiones de rebajar el nivel de compromiso que requiere su cumplimiento, entre otras razones porque las reformas anunciadas, que pueden facilitar la ilegalización de Batasuna, no admiten debilidades ni medias tintas. La reforma de la Ley de Partidos Políticos o la futura Ley de Prevención y Bloqueo de la Financiación del Terrorismo van a dar la iniciativa al Estado de Derecho para tapar cualquier espacio de impunidad y para hacer más presente que nunca la Constitución allí donde más es combatida. Si el nacionalismo interpreta estas medidas como «un estado de excepción» es porque ve en ellas el desmantelamiento de una situación antidemocrática que el Gobierno de Ibarretxe no sólo no ha combatido con los recursos públicos que la Autonomía ha puesto a su disposición, sino que ha fomentado con el discurso soberanista radical impulsado desde el 13 de mayo de 2001. A estas alturas, nada hay más ingenuo que pensar que la firmeza del Estado radicalizará al nacionalismo, llámese PNV o Batasuna. La mayor radicalización del PNV ya se ha producido, al defender los mismos objetivos que ETA y al mismo tiempo que ETA mata por esos objetivos. El ultranacionalismo de Ibarretxe y Arzalluz se ha manifestado en todas sus vertientes, desafiando al Estado con la autodeterminación, deslegitimando a las instituciones democráticas y a la Justicia, enterrando el Estatuto, torpedeando el Concierto Económico, ignorando el sufrimiento de las víctimas. Y ETA sigue matando. Sólo la debilidad radicaliza.

Contra la libertad amputada...
Editorial La Razón  20 Febrero 2002

El último atentado de Eta, que le ha costado la amputación de una pierna a un joven militante socialista, Eduardo Madina, cuyo papel político no era especialmente relevante, demuestra hasta qué punto los terroristas no pretenden tanto acabar con los poderes que presuntamente tienen enfrente, sino ejecutar un progrom sólo comparable a los planes de limpieza étnica de las organizaciones totalitarias.

Se trata, en el País Vasco, de que ninguna persona que no se arrodillle ante la causa del nacionalismo separatista pueda vivir con seguridad; o, para ser más exactos, ni siquiera pueda vivir. Para ello hace falta un acoso constante, que puede ser exclusivamente moral (como practica un cierto nacionalismo pseudodemocrático), o que puede ser físico, con amenazas, coacciones, insultos o, finalmente, asesinatos.

El objetivo es la rendición, el desestimiento, la aceptación de la derrota a través de la huida de los más comprometidos o del pasotismo de los menos. Porque Eta sabe que sus utopías asesinas sólo pueden alcanzarse a través de la eliminación física o sumisión moral de sus antagosnistas.

Este obsceno panorama de agresiones contra la libertad no ha tenido una respuesta eficaz del Estado, ni considerado globalmente ni en su delegación autonómica. Gravísimo es lo primero, por impotencia. Pero aún lo es más lo segundo, por falta de convicción. Porque los sucesivos Gobiernos de la Nación se han encontrado con una doble dificultad: luchar contra una banda terrorista pero, también, enfrentarse al aparato ideológico nacionalista que, abominando del terrorismo, lo refuerza indirectamente al comprender y compartir sus fines separatistas.

El PNV y su Gobierno autonómico se declara totalmente contrario a los procedimientos asesinos de Eta. Y hay que reconocerlo elogiosamente. Pero quiere abordar el problema con reclamaciones permanentes de soberanía vasca, que es lo que quiere Eta. Por ello, no es eficaz en la lucha contra el terrorismo. Porque duda internamente sobre si le conviene o no que acabe Eta. Y porque, al ponerse en el mismo plano en cuanto a los objetivos, sólo consigue que Eta intente demostrar su fuerza en una carrera competitiva con el PNV para ver quién es el que puede realmente mandar en ese proceso soberanista.

Por eso, sólo se puede contar parcialmente con el PNV. Porque nunca quiere dar el paso adelante para combatir a Eta y a su entramado político-económico. Y, cuando esta alternativa se busca entre los partidos, siempre quiere frenarla; siempre considera que hay que consentir la existencia de Batasuna y de los demás cómplices del terrorismo; cree de forma ilusoria que alguna vez podrá sumar para la causa de la democracia a los amigos de los terroristas. Y no se da cuenta, porque no quiere darse cuenta, de que se trata de lo mismo, de un entramado criminal que pone en jaque la libertad y la seguridad de los ciudadanos, aunque ni siquiera roce la piel del Estado. Y la incapacidad de garantizar estos derechos fundamentales es el mayor fracaso que pueda tener un Gobierno democrático.

...Cirugía para el terrorismo
El último atentado, pero también el estado de frustración de la libertad que representa, exige medidas definitivas de cirugía que, en una democracia, sólo pueden ser desde la ley y dentro de la ley. Por eso hay que aplaudir el acuerdo entre los dos grandes partidos nacioanles, PP y PSOE, para hincar el diente a una situación escandalosa de injusticia y de vulneración de los elementales derechos de un conjunto de españoles, los vascos, que son los únicos que viven en un estado de excepción ademocrático bajo la bota del ultranacionalismo.

La sensatez y el sentido del Estado se ha impuesto en la reunión de la Comisión de seguimiento del Pacto por la libertad y frente al terrorismo. PP y PSOE han acordado modificaciones legales para convertir a los acosadores de la libertad en acosados. Cambios en la ley que regula los partidos políticos, para que no sirva de refugio a aquellos que sirven de cobertura y apoyo de los terroristas y sus pretensiones, bajo amenaza de ilegalización (a Batasuna); y también en la ley de financiación, para asfixiar económicamente a quienes quieren ahogar con las armas la convivencia.

Éstas medida, así como otras relativas al incremento de la seguridad de los representantes públicos o de apoyo a las víctimas, fueron ayer acordadas con espíritu constructivo. Poco importa de quién hayan sido las ideas. Lo esencial es su puesta en práctica, y ahí el mérito será colectivo.
El Pacto antiterrorista es la apuesta más trascendente que se ha acometido en este terreno. Y hay que retar al PNV para que, de una vez por todas, se deje de ambigüedades y lo apoye hasta el definitivo fin de Eta.

UN ACUERDO PARA ACABAR CON LA IMPUNIDAD DE BATASUNA
Editorial El Mundo  20 Febrero 2002

El mismo día que PSOE y PP se reunían para discutir medidas de protección para sus concejales en el País Vasco, ETA hizo explotar en Sestao una bomba lapa bajo el coche del joven Eduardo Madina, dirigente de las Juventudes Socialistas de Euskadi. Madina sufrió la amputación de la mitad de la pierna izquierda.

El mensaje de la banda terrorista a los partidos democráticos no puede ser más claro: si a partir de ahora todos sus líderes, diputados y concejales cuentan con escolta policial, los atentados irán dirigidos a los militantes, simpatizantes o cualquier sospechoso de colaborar con PSOE o PP.

Madina se sentía seguro probablemente, ya que, al margen de la escasa relevancia de su cargo, era un firme partidario del derecho de autodeterminación y colaboraba con Elkarri. Su propia organización, Juventudes Socialistas, había promovido hace pocos días un encuentro con Batasuna y varias asociaciones proetarras a través del Consejo de la Juventud. Pero a ETA, como demostró al asesinar a Jáuregui y a Lluch, las simpatías hacia las tesis nacionalistas le son profundamente indiferentes. Intentó matar a Madina porque era un blanco fácil, sin ningún riesgo para sus agresores.

La persecución que sufren en el País Vasco quienes se proclaman defensores de la legalidad constitucional no se puede arreglar sólo con iniciativas como aumentar los presupuestos de seguridad y el número de personas protegidas, como estudian PSOE y PP.Tiene que haber además planteamientos políticos y reformas legales para que el miedo cambie de bando y la calle vuelva a ser de todos los demócratas.

Los acuerdos adoptados ayer en la comisión de seguimiento del Pacto Antiterrorista entre los dos grandes partidos nacionales van en la buena dirección en la medida que apuntan a acabar con la escandalosa impunidad de Batasuna, el brazo político de ETA.

PSOE y PP están de acuerdo, en primer lugar, en que hay que reformar la Ley de Partidos de 1978 para hacer posible la ilegalización de Batasuna si ésta persiste en justificar la violencia y vulnerar los principios constitucionales. También se muestran de acuerdo claro está en acometer las modificaciones legales necesarias para que Batasuna no pueda recibir subvenciones electorales del Estado.

Este es el buen camino. Las medidas a la defensiva, que parten de la interiorización del fracaso o la impotencia de los constitucionalistas, no hacen daño a ETA. Pero sí las reformas destinadas a acabar con la impunidad de sus testaferros políticos, que deben saber que todo el peso de la ley caerá sobre sus cabezas cuando no respeten las reglas del juego democrático.

Pacto contra ETA
Editorial El País  20 Febrero 2002

A medida que los sectores amenazados por los terroristas adoptan métodos de protección, ETA elige víctimas más insospechadas, más desprevenidas. Ayer intentó asesinar en Sestao (Vizcaya) a un joven de 25 años que no tenía cargo institucional alguno y cuya única actividad pública era la de dirigente de las Juventudes Socialistas de Euskadi. No consiguió quitarle la vida a Eduardo Madina, pero le ha mutilado de por vida.

Era su contribución al debate sobre medidas de seguridad para los concejales que, en el marco del Pacto Antiterrorista, discutían ayer socialistas y populares. El mensaje tiene la forma de un desafío: si protegéis a los concejales iremos a por los militantes sin cargo, y si también, a por los de la rama juvenil o a por los hijos o los nietos de los militantes. Pronto hará un año de las declaraciones al diario La Repubblica de un dirigente de Haika, la rama juvenil del tinglado: 'Concejales del PP y del PSOE, por ejemplo, me parece que no caben dudas: son objetivos legítimos a eliminar'.

Horas antes del atentado, el portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, había calificado como 'estrategia de guerra' las reformas legales planteadas por el Gobierno para reforzar la lucha antiterrorista. Ayer no estimó oportuno condenar el atentado de Sestao; se limitó a considerarlo una expresión 'del conflicto'. Hace tres semanas, Batasuna presentó su última propuesta de paz, en la que incluía una declaración de respeto al pluralismo vasco. Como ayer dijo el lehendakari, el atentado indica que para ETA y Batasuna pluralismo significa que los demás acaten sus ideas o se atengan a las consecuencias.

Socialistas y populares son realistas respecto al papel de Batasuna, y de ahí que estén de acuerdo en estudiar medidas que dificulten su utilización de la legalidad para realizar prácticas ilícitas. Lo son las destinadas a imponer el proyecto de ETA. Es una contradicción reclamar de la UE la inclusión del brazo político de ETA en la lista de organizaciones terroristas y considerarla legal en España. Se trata de una intención que habrá de plasmarse en reformas legislativas (Ley de Partidos Políticos, Ley Electoral y Ley de Financiación de Partidos) que deben ser consensuadas y compatibles con el precepto constitucional que atribuye a los partidos la función de expresar el pluralismo y facilitar la participación política.

La ilegalización de Batasuna es una posibilidad que dependerá de los jueces. Lo que ha desaparecido es la idea de que se evitaba dar ese paso por considerarlo inoportuno políticamente. Ahora hay acuerdo en considerar que nada es tan oportuno como acabar con la impunidad de quienes, por ejemplo, se consideran con derecho a intimidar a los concejales o candidatos de partidos con los que compiten en las elecciones.

Fin de la impunidad de Batasuna
Por Edurne URIARTE ABC  20 Febrero 2002

Un día después del último atentado que ha herido gravemente a un joven socialista, podemos decir con más claridad que nunca que, además de dolor y de condenas, tenemos también nuevas medidas de enorme trascendencia para combatir eficazmente el terrorismo.

La reunión del Pacto Antiterrorista dio lugar ayer a un acuerdo que supondrá un avance sustancial en la lucha contra ETA: la reforma de la Ley de Partidos Políticos, que contribuirá a sentar las bases de una futura ilegalización de Batasuna.

Ya está más que demostrado que el llamado entorno es también ETA o que hay estrechas vinculaciones entre ETA y Batasuna. Pero la sociedad española y sus elites políticas han necesitado un largo periodo de maduración para consensuar y arbitrar una estrategia de acción que haga frente a la impunidad de los aledaños de ETA. No es posible acabar con el terrorismo si lo seguimos reduciendo a los «comandos» y olvidamos la red política y social que lo sostiene, y PP y PSOE sellaron ayer un acuerdo que pretende extraer medidas políticas y jurídicas de esa convicción.

A Arzalluz le parecen medidas de un «estado de excepción», con lo que nos ha vuelto a ratificar la falta de voluntad política del PNV para combatir a ETA. Y, de paso, la incongruencia de cualquier tentación socialista de acercamiento a este PNV, más preocupado por la tranquilidad de Batasuna que por la defensa de la libertad de los perseguidos. El PNV sueña con una nueva Lizarra, y ETA pretende, y lo demostró ayer, que los socialistas no sean atraídos a ese camino.

Cobardías
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  20 Febrero 2002

Tener miedo en el País Vasco no es una expresión de cobardía sino de sentido común. El que no lo sufre es porque lo disfruta, es decir, porque lo ejerce sobre los que lo padecen. Pero en el país, región o rincón de Europa con más asesinos y cómplices de asesinos políticos por metro cuadrado y desde hace dos generaciones, no es que se viva con miedo es que unos disfrutándolo y otros padeciéndolo todos deben vivir en él.

Pero hay maneras de vivir el miedo, sobre todo el ajeno, que resultan especialmente siniestras. La primera, naturalmente, es la de quienes crean, propician y mantienen el terror para los españoles porque ellos no se sienten tales y disfrutan con su exterminio pasado, presente o futuro. En este capítulo figuran en primer lugar los etarras y batasunos, naturalmente, pero también sus socios del Pacto de Estella, siempre vigente en su espíritu y hasta en su letra dizque muerta, sobre todo tras las elecciones y la constitución del Gobierno PNV EA IU. El caso más escandaloso dentro de ese proyecto separatista y totalitario a toda marcha ha sido el del robo de la cátedra recién concedida a Edurne Uriarte en la Universidad del País Vasco por presiones ejercidas directamente por su antagonista para esa plaza, el viejo proetarra Ortzi, que según ha declarado uno de los catedráticos del Tribunal le llamó por teléfono para amenazarle. Pero Letamendía sólo ha perpetrado las amenazas; los ejecutores del crimen intelectual y civil han sido los comisarios nacionalistas del PNV para la limpieza étnico política de la Universidad, con Montero a la cabeza. Y se jactan de ello.Gaspar Llamazares se burló de esta infame fechoría contra Edurne Uriarte diciendo que «también sería político el nombramiento».Ibarretxe, tras visitar a la última víctima de ETA, ha pedido a la banda criminal «que respete la pluralidad ideológica de los vascos». Cuando son él, su Gobierno y su partido los que acaban de perpetrar ese crimen contra la pluralidad y la libertad nada menos que en la Universidad. ¿Cabe más cobardía moral o cara más dura?

Pero hay otra cobardía típicamente progre, periodística y madrileña ante el terrorismo nacionalista y sus cómplices que sin duda es la que más favorece el proyecto totalitario y genocida en marcha. Es la de quienes no quieren ver lo que está a la vista.La de quienes consideran exagerado el terror de los que temen ser asesinados todos los minutos de todas las horas de todos días del año. Y que dan lecciones editoriales de optimismo frente a la avalancha de asesinatos, mutilaciones, suicidios y liquidaciones políticas que se suceden. Cuando del País Vasco huyen hasta los escoltas, pedir optimismo a los no nacionalistas revela la más nefasta de las cobardías: la intelectual.

Marcha atrás
Por Jaime CAMPMANY ABC  20 Febrero 2002

En tiempos de los gobiernos felipistas, se decía que el PSOE acertaba solamente cuando rectificaba. Lo del PNV es peor aún. En ese escandaloso chanchullo de las pensiones máximas para los parlamentarios vascos se ha visto que el PNV yerra incluso cuando rectifica. Los nacionalistas de allí se subieron a regañadientes y de mala manera al carro de la rectificación, tan oportuna como razonable, de populares y socialistas. Era verdaderamente impresentable y escandaloso aquel acuerdo del Parlamento vasco por el cual los miembros de tal institución adquirían el derecho a disfrutar de la pensión máxima de la Seguridad Social con tan sólo cuatro años de escaño. El trabajo de una legislatura durante menos de un lustro quedaba así equiparado al de cualquier otro trabajador durante más de treinta.

Como es natural se organizó la marimorena, y obreros, empleados, sindicatos y medios de comunicación pusieron el grito en el cielo. Hay que reconocer que tenían todas las razones para chillar. Especialmente vergonzoso resultaba el hecho de que unas formaciones políticas tan desacordadas como PNV, PP y PSOE, que no encuentran la manera común de luchar contra una banda criminal como la etarra y que están sufriendo el terror durante un cuarto de siglo, se pongan de acuerdo inmediatamente para establecer un privilegio que les sitúa por encima de todos los demás ciudadanos del País Vasco y de toda España. El acuerdo aquel constituía la sublimación de un sarcasmo. Cuatro años de incapacidad y fracaso en una misión merecían el retiro que otros ganaban durante toda su vida.

Los populares, primero, y los socialistas después tomaron conciencia del grave error que habían cometido. Marcha atrás. El precio del error, considerado en relación con los fondos de pensiones de la Seguridad Social, supone algo así como el chocolate del loro. Pero los argumentos para adoptar semejante disposición no podían ser expuestos sin sonrojo. Y además, era abrir un camino que serviría de tentación y atracción para todos los parlamentos autonómicos. O sea, una metedura de pata con todas las circunstancias agravantes. Los políticos vascos se habían dado una grande y espectacular culada colectiva, y ahí estaban todos, nacionalistas, socialistas y populares, con el antifonario a la intemperie. Aquello no resultaba pasable ni en una república bananera.

Menos mal que, bien por espontánea conciencia del yerro, o bien al comprobar lo razonable de las protestas de unos y de las críticas de otros, el Partido Popular se apartó enseguida de la insensatez y sus parlamentarios renunciaron voluntariamente a la insostenible prebenda. Inmediatamente, les acompañaron los socialistas en la lógica y oportuna renuncia. Solos quedaron los nacionalistas (PNV y EA), y al final no tuvieron más remedio que pasar por el aro y rechazar también el privilegio que ellos mismos se habían otorgado. Lo han hecho tarde y mal. Justifican su renuncia, no en el contradiós que supone el privilegio y en la conciencia de la injusticia que supone, sino en la reacción «desproporcionada» de los medios de comunicación y de algunos sectores de la sociedad.

O sea, como siempre. El cabrito, el mensajero. Aquellos que hemos recogido el sentir popular y la reacción negativa ante el injusto privilegio, somos los culpables de que los parlamentarios vascos no reciban un privilegio singular, como si descendieran de la pata del Cid o fueran hijos de la polla roja. Una rectificación que les hubiera honrado y que habría servido de ayuda para borrar el egoísmo irritante del yerro cometido, la convierten en una acusación tan injusta como el error que la motiva. Lo que digo. Estos arzallusistas soberbios y engreídos yerran incluso cuando rectifican. Aciertan en la renuncia, pero se escagarrucian al motivarla.

Eta y los «pontoneros»
Román CENDOYA La Razón  20 Febrero 2002

La forma más cómoda para Arzallus de mantener su Régimen es tener de aliados a Eta y al PSOE para usar a uno u otro según le convenga. Ese juego perverso estaba terminado desde Estella, pero Ferraz y Prisa se han empeñado en hacerle la vida más fácil a Arzallus. Eta pone freno a ese doble juego a través del atentado sistemático contra los que yo llamo «pontoneros», aquéllos que, desde la mejor de sus voluntades, intentan tender puentes para la convivencia a través del diálogo. Cuanto más consiguen aproximar el nacionalismo al PSOE más rápido se convierten en víctimas de Eta como les ocurrió a los bienintencionados Jaúregui, Lluch y ahora Eduardo Madina. El Secretario General de las JJ.SS. de Euskadi nos ha recordado que a Eduardo, defensor a ultranza del diálogo con todos y participante de las conferencias de Elkarri, los amigos le llaman «nuestro Ernest Lluch». En estas circunstancias Arzallus tiene la desfachatez de acusar al Gobierno de ir hacia el «estado de excepción» cuando en Euskadi vivimos en un permanente estado de excepción sostenido por el Régimen Nacionalista del Partido de Javier Arzallus, firmante de un pacto con las armas de Eta. La realidad de Euskadi es que si no eres nacionalista, hagas lo que hagas, eres perseguido, vejado y asesinado.

¿Democracia en Euskadi?
José María CARRASCAL La Razón  20 Febrero 2002

¿Debe ilegalizarse a Batasuna? No se apresure a contestar. No deje que la indignación mande sobre su cerebro y hágase estas preguntas: ¿No convertiríamos a esos esbirros de Eta en «perseguidos políticos», como ellos pretenden? ¿No es mejor mantenerlos en la legalidad que en la ilegalidad? ¿No dejaríamos a un quinto del electorado de Euskadi sin representantes, contra todas las normas democráticas? A lo que podría también contestarse que aquí no se trata de perseguir políticamente a nadie, sino de combatir a unos asesinos y a sus cómplices con todas las armas de la ley, aparte de que la complicidad seguirá igual sobre la superficie que bajo ella. En cuanto a la representatividad de una parte del electorado vasco, ¿no están los amos de Batasuna intentando dejar sin representación a la mitad de ese electorado, a base de insultar, amenazar, boicotear y asesinar a concejales, congresistas, dirigentes e incluso militantes de los partidos no nacionalistas?

Lo que nos lleva directamente al fondo de la cuestión. La pregunta no es si debe ilegalizarse o no Batasuna sino si en el País Vasco existe o no democracia. Y con harto dolor de corazón hay que contestar que existe sólo una democracia formal, que se adelgaza hasta evaporarse en algunos puntos, mientras en otros se encuentra contra la pared, ante el ataque brutal de los talibanes nacionalistas, arropados por la cobarde complicidad de una población a la que el miedo y las mentiras han robado el sentido cívico y la capacidad de análisis. La situación hoy en Euskadi puede compararse perfectamente a la de Alemania a principios de los años treinta, cuando los nazis se hallaban en plena ofensiva para hacerse con todos los poderes, y la derecha creía que la mejor forma de contentarles era hacerles concesiones. Puede incluso que peor, pues ningún socialista alemán pensó que era posible el pacto con la bestia nacionalsocialista, mientras hay socialistas vascos que piensan que puede haber un pacto con el nacionalismo. Incluso cuando los matan. ¿Es estupidez congénita o cerrazón ideológica? Difícil saberlo.
De acuerdo, el principal problema vasco no es policial sino político. En Euskadi no existe hoy una auténtica democracia. Existen unos asesinos que campean a sus anchas arropados por la ideología vigente, propagada por todos los órganos nacionalistas, y existe una mitad de la población cada vez más presionada a irse, transigir o arriesgar encontrarse una bomba bajo su coche. Esto no se arregla con más policía. Se arregla con un rearme moral de todos nosotros, con una unión de los verdaderos demócratas, con la denuncia de cuantas mentiras se vienen propagado sobre el tema, con el desenmascaramiento de los que, al amparo de esas mentiras, prestan amparo, cobijo y coartada a los asesinos.

Terrorismo nacionalista
Enrique de Diego Libertad Digital  20 Febrero 2002

Se pueden hacer análisis estratégicos desde la mente de la bestia, del tipo de ETA-Batasuna han atentado en el día de la reunión del Pacto por las Libertades o ETA-Batasuna han querido participar en el debate interno del PSE, o para recordar que –hagan lo que hagan– los socialistas seguirán siendo enemigos y exterminables, o para avisar de que no deben acercarse al PNV (víctimas previstas para una segunda etapa, que nunca llegará) o cualquiera de las otras innumerables opciones de presunta racionalización de una mentalidad psicopática.

El atentado contra Eduardo Madina, que ha salvado la vida pero ha perdido una pierna, es otra manifestación terrible del proyecto genocida que alienta detrás del nacionalismo, y que tiene su base en la ideología no revisada de Sabino Arana, sostenida de manera acrítica, por el Partido Nacionalista Vasco. Nos retrotrae a las épocas nazis y bolcheviques en las que primero era preciso asesinar a los más valientes para llevar luego a todos a los campos de exterminio.

Según Mariano Rajoy, los autores del atentado pertenecen al “comando Vizcaya”, o sea, a Batasuna, porque militar en Batasuna es también militar en ETA. Es una doble militancia. El Estado de Derecho triunfa cuando es fuerte, cuando es tal, cuando no se pierde en ambigüedades. Los explosivos de la bomba-lapa se habrán escondido en casas de batasunos o en sedes de dicho partido político, financiado con las subvenciones públicas. Quizás el terrorista sea un concejal de Batasuna que “no condenará” el atentado, eufemismo para no llamar las cosas por su nombre: lo apoya, se alegra, lo comete moral y, con frecuencia, materialmente. No puede ser legal una formación que defiende y promueve el asesinato, salvo en una sociedad enferma o en una democracia con instintos suicidas.

Quienes deberían tener miedo son los asesinos, no los demócratas. Quienes deberían precisar protección son los cómplices de los asesinatos, no los amantes de la paz y la libertad. Hay que liberar las zonas del País Vasco que viven bajo la dictadura del miedo al terrorismo nacionalista. Y eso se hace con Estado de Derecho, aunque no le guste a Arzalluz.

Compartir resistencia
TONIA ETXARRI El Correo  20 Febrero 2002

Minutos después de que Eduardo Madina hubiera sufrido el brutal atentado que le destrozó la pierna, comenzaron a sucederse las manifestaciones de solidaridad con la víctima y su familia política. En ese clima de tensión emocional su compañero de partido Patxi López reflexionaba sobre la incapacidad de los representantes democráticos de estar juntos antes de los atentados. Antes. Una reflexión derivada del clima de enfrentamiento e incomunicación que está contaminando el ambiente político. Una llamada de atención ante la reserva con que fue acogida la reunión del pacto por las libertades en el seno del Gobierno vasco, la desconfianza detectada en el PP ante la convocatoria institucional del lehendakari para el viernes y la torpeza de IU al despreciar cualquier foro en el que su coalición no participa.

No tiene mucho sentido pensar, como hizo con tan poca habilidad Llamazares, que la reunión de ayer estaba concebida para eclipsar la del lehendakari. En el caso del PP hay que decir que accedió a los emplazamientos de los socialistas para celebrar la reunión. Y en el caso de Zapatero, a quien por cierto ETA le volvió a cambiar la agenda, es de justicia reconocer que está actuando en coordinación con Jáuregui y que el mismo perfil de iniciativas expuestas ayer en Madrid será defendido en la reunión con Ibarretxe, aunque esta convocatoria sea más parcial por estar enfocada, en principio, a abordar, tan solo, las medidas para garantizar las candidaturas para las próximas elecciones en todos los rincones de Euskadi. Se trata de tomar «decisiones compartidas», decía Pérez Rubalcaba.Y ahí está la cuestión.

¿Qué más da lo que quiera perseguir ETA con sus acciones criminales? ¿Qué importa si se trataba de un objetivo fácil o coincidía con la fecha de la reunión? El caso es que ha vuelto a atentar contra un ciudadano que no es independentista. Ya se encarga Batasuna (su entorno) de explicar qué significa la «expresión del conflicto». Pero quienes, hace ya años, dejaron de interpretar sus intenciones porque se niegan a conceder a los asesinos la capacidad de pensar, recuerdan que ETA nunca estuvo tan débil, aparte del acoso judicial y policial, como en la época en que funcionó el consenso democrático. Ahora no es así. Le ha tocado al lehendakari dirigir dos legislaturas (no comprometidas sino comprometedoras), en las que se ha oficializado la ruptura entre los demócratas porque ha sido más importante marcar las diferencias entre los nacionalistas y los autonomistas que luchar juntos contra el principal problema de este país que sigue siendo ETA; con todo lo que arrastra en su rumbo siniestro: enfrentamiento, odio y ruptura. Patético. Ayer el lehendakari secundó la concentración socialista. Convendría que la unidad contra ETA fuera más estable.

En el camino adecuado
Ignacio Villa Libertad Digital  20 Febrero 2002

Una imagen vale más que mil palabras. En esta ocasión —todo hay que decirlo— el Gobierno, el PP y el PSOE han estado a la altura de las circunstancias. La reunión del Pacto Antiterrorista nos deja un buen sabor de boca, ya que no cabe duda de que el mensaje de unidad que hemos percibido es el que todos los ciudadanos deseábamos escuchar. Ahora sólo falta que la actitud que han mantenido los firmantes del citado Pacto perdure en el tiempo.

Hablar de la necesaria unidad de los demócratas para vencer la barbarie terrorista no reviste ninguna novedad. Pero volver a percibir que los dos grandes partidos nacionales están dispuestos a trabajar juntos y de verdad en la misma dirección nos reconforta a todos. En este asunto nadie puede ser ingenuo. No se puede ocultar que entre populares y socialistas pueden surgir diferencias de criterio, matices contrapuestos o visiones distintas sobre la misma cuestión. Pero en ningún caso, pase lo que pase, deberían aflorar a la superficie. Como se afirma popularmente: "La ropa sucia se debe lavar en casa". Y en esta ocasión, con más razones que nunca.

La reunión del Pacto nos deja importantes decisiones sobre la reforma de la Ley de Partidos Políticos, sobre la financiación de las formaciones políticas o sobre la seguridad de los concejales en el País Vasco. Pero además, llama la atención poderosamente el buen propósito de todas las partes: eliminar del escaparate el más mínimo atisbo de enfrentamiento. Si a partir de ahora, PP y PSOE renuncian a la tentación de buscar réditos políticos, nos podremos dar por satisfechos. Si a partir de este momento optan por eludir la busca del propio protagonismo en detrimento del del adversario, habremos dado un paso importante, practicamente definitivo.

Se trata de arreglar, de solucionar, de devolver la libertad al País Vasco. Y lo más beneficioso —incluso electoralmente— para PP y PSOE es avanzar de la mano y por el mismo camino. El terrorismo es tan atroz, tan salvaje, tan cruel que no hay justificación alguna para frivolizar.

La última reunión del Pacto Antiterrorista ha servido para alcanzar acuerdos importantes, pero sobre todo para reforzar una nueva imagen compacta y segura. ¡Y no es poco!

Atentados basura
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo  20 Febrero 2002

Cada vez que se me invita a escribir cuando se produce un atentado, me parece una obscenidad decir algo que no tenga que ver con la víctima. Cualquier otra consideración que no se refiera a ella me resulta como fuera de lugar. El temor a decir algo que pueda significar falta de respeto o escasa solidaridad ejerce sobre mí una función censora que me impide expresar otros sentimientos que, aun cuando ahí están, irreprimibles, podrían interpretarse como despectivos del dolor de quienes más sufren la piedad por el hijo, por el hermano, por el amigo, por el compañero herido.

Hoy, sin embargo, no me reprimo. Desde hace algún tiempo -demasiado, por desgracia-, la noticia de cada nuevo atentado refuerza en mí la impresión de que nos encontramos ante los zarpazos convulsos, descoordinados, enloquecidos, de una fiera que, herida de muerte, se resiste todavía a morir. Nada de lo que hace puede encuadrarse ya en ningún tipo de lógica o plan establecido. Todo es ya matar por matar. Da igual cuál sea la víctima elegida. Probablemente se trata sólo de la más fácil, de la que más a mano viene, de aquella de la que alguien -el vecino de arriba o el compañero de trabajo- ha pasado la información suficiente al buzón oportuno. Lo único que importa es demostrar que nadie puede todavía cantar victoria. Que la fiera todavía está viva. Ocurre también en las guerras. Cuando todo está acabado, cuando la derrota está cantada, cuando el ejército está a punto de disolverse, surgen los francotiradores que, a la desesperada, disparan sin ton ni son contra todo aquello que se mueve.

Esta impresión de estar asistiendo al final de una etapa de dolor y de muerte no me produce, en contra de lo que podría pensarse, ningún sentimiento de alivio y, mucho menos, de esperanza. Todo lo contrario. Cada nueva víctima, además de la compasión que siempre la acompaña, viene ahora rodeada de una sensación más intensa y más desesperanzada que nunca de absurdo y de falta total de sentido. Siempre debió ser así. Quizá por no habernos dado cuenta de ello a tiempo o, por mejor decir, por no haberlo sentido así desde el principio, la agonía de la fiera herida va prologándose más de lo debido. Pero, a pesar de todas estas recriminaciones que me hago a mí mismo, no puedo reprimir en mí ese sentimiento de evitabilidad, de inutilidad, de sinsentido, que ahora, más que nunca, me entristece y me hace verter sobre cada nuevo muerto o herido lágrimas de una piedad y de una pena que hasta ahora nunca había derramado.

No sé, en realidad, si esta sensación mía de encontrarnos en las últimas tiene algo que ver con la realidad. Sí sé, sin embargo, que, si lo mismo que yo siento lo sintieran quienes aún disculpan a estos arbitrarios verdugos, el final de esta historia se precipitaría. Aunque sólo fuera para no verse obligados a dar cuenta a sus hijos, el día de mañana, de tanto sufrimiento causado o consentido cuando ya todo había dejado de tener, desde hacía ya tanto tiempo, ningún sentido. Porque, a partir de un cierto punto en la historia, lo que en su día algunos vivieron como heroicidad y patriotismo comienza a parecerles a esos mismos pura ignominia: atentados basura. En esta triste historia nuestra, ese cierto punto hace ya mucho tiempo que se ha alcanzado.

Límites y fronteras
JAVIER PRADERA El País  20 Febrero 2002

Poco antes de que se reuniera ayer la Mesa de Seguimiento del Pacto Antiterrorista para examinar varias propuestas del PP y del PSOE, el atentado de ETA contra Eduardo Madina, miembro de la Ejecutiva de las Juventudes Socialistas de Euskadi, devolvió a la dura realidad de los hechos a los que tienden a olvidar que el principal objetivo del terrorismo son los cargos públicos, los afiliados y los simpatizantes de los partidos que representan a los vascos ajenos a las creencias del nacionalismo moderado o radical; los crímenes de ETA forman parte de la estrategia del desistimiento dirigida a crear la espiral de silencio en el País Vasco y a promover el exilio de los ciudadanos que reivindican sus derechos por encima de la ideología. El atentado de ayer debería hacer recordar a todos los demócratas que el terrorismo no debe ser utilizado para los pequeños ardides y las mezquinas triquiñuelas de la lucha interpartidista. Desde esa perspectiva, es una ruindad que el Gobierno madrugara al PSOE -en vísperas de la reunión de la Mesa de seguimiento- con la filtración de unas propuestas que hubieran debido conocer antes sus interlocutores; aunque los dirigentes del PP se diviertan poniendo de los nervios a los ciclotímicos miembros de la Ejecutiva socialista con deslealtades y humillaciones, esa treta electoralista es una vileza indigna cuando el terrorismo anda por medio.

La valoración política y jurídica de las propuestas de reforma de tres leyes (sobre Partidos, Régimen Electoral y Financiación de Partidos) deberá aguardar a que sus textos sean públicos; sería deseable, por lo demás, que los nuevos presidentes del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo, tan propensos a comportarse como majorettes del Gobierno, reprimieran su afición a pronunciarse a título personal sobre cuestiones condenadas a terminar en su sede jurisdiccional. Las modificaciones de la Ley Electoral y de la Ley de Financiación de Partidos son una obligada secuela de la enmienda a la Ley de Acompañamiento de los Presupuestos, que aprobó el pasado diciembre la decisión de no pagar a Batasuna -incluso con efecto retroactivo- las subvenciones correspondientes a los votos y escaños obtenidos en las elecciones.

Las dudas en torno a la constitucionalidad de negar a Batasuna en el futuro las ayudas electorales de las que se benefician los restantes partidos se multiplican cuando el impago afecta a las subvenciones del pasado reconocidas por el Supremo: 'La irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas' y 'la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos' están garantizadas por la Constitución. La anunciada reforma de la Ley de Partidos, que fue promulgada antes de la aprobación de la Constitución, parece orientada a una actualización de su texto capaz de proporcionar a los jueces instrumentos para ilegalizar a Batasuna; sólo el conocimiento del texto permitirá opinar sobre su constitucionalidad. La norma de 1978, por lo demás, ya establecía que los partidos pueden ser disueltos por los tribunales cuando incurran 'en supuestos tipificados como asociación ilícita en el Código Penal' o 'su organización o actividades sean contrarias a los principios democráticos'.

Nunca faltan voces impacientes con las limitaciones impuestas por las formas del derecho a las actuaciones del poder. Mirando hacia atrás con la comprensible ira provocada por el descaro ventajista de Batasuna, con un pie fuera del sistema y con el otro dentro para cobrar subvenciones y apelar a las garantías constitucionales, la gente bajo el punto de mira de ETA rechaza la idea de que la voluntad popular, expresada en las urnas por los votantes y en el Parlamento por los diputados y senadores, no pueda traspasar el marco de la Constitución. Ésas son, sin embargo, las reglas de juego de un Estado de derecho: la única manera de modificarlas sería reformar la Constitución. Pero aunque varios países de la UE hayan emprendido revisiones constitucionales para adaptar su legislación a los acuerdos antiterroristas de la última cumbre europea, el coro de vestales del Gobierno de Aznar defiende el sagrado dogma de la virginidad de la Constitución, tal vez por creer que la mayoría absoluta y el control de los tribunales le permitirá saltarse cuando quiera sus fronteras.

Jesús Eguiguren es presidente del PSE EE de Guipúzcoa.

PP y PSOE responden a Eta con un acuerdo para asfixiar a EH y abren la puerta a su ilegalización
Modificarán la Ley de Partidos para abrir vías a la disolución, que deberá decretar la Audiencia Nacional o el Supremo Una comisión analizará la seguridad de los ediles Mayor y Jáuregui defenderán una posición común ante Ibarreche
El pacto anti-terrorista salió ayer fortalecido, no sólo por su contenido sino también por la trascendencia de las medidas que se acordaron durante la comisión de seguimiento. Y es que PP y PSOE respondieron con contundencia al último atentado etarra: habrá reformas legales para asfixiar a Eta y a Batasuna. Modificaciones en la Ley de Partidos Políticos, la de Régimen Electoral General y el Código Penal sentarán las bases para ilegalizar al brazo político de Eta. Ambas formaciones estuvieron también de acuerdo en reformar el Código Penal para castigar con penas de prisión a quienes amenacen o coaccionen a los concejales vascos. Por otra parte, se acordó hablar antes de la reunión convocada por Juan José Ibarreche para tratar de ir a ella con una sola voz.
Esther L. Palomera / C. M. - Madrid.- La Razón 20 Febrero 2002

Lejos de debilitar el pacto por las libertades y contra el terrorismo, Eta logró ayer que PP y PSOE no sólo se reafirmaran en los principios y valores del mismo, sino que estuvieran de acuerdo en darle un nuevo impulso. La banda etarra pretendía desafiar con una macabra respuesta a los firmantes del acuerdo. Falló en su objetivo de matar a Eduardo Madina, miembro de las Juventudes Socialistas, pero también en el de amedrantar a populares y socialistas. El líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, se trasladó al País Vasco para seguir la evolución de Madina, lo que le impidió acudir a la cita. Pero, sí estuvieron el ministro del Interior, Mariano Rajoy; el de Justicia, Ángel Acebes; el secretario general del PP, Javier Arenas y el secretario de la Presidencia, Javier Zarzalejos. Por el PSOE, el número dos, Jesús Caldera; el diputado Alfredo Pérez Rubalcaba y el presidente de la gestora, del PSE, Ramón Jáuregui.

Y de tan nutrida representación salió el mejor homenaje a Madina: un acuerdo sin fisuras de las dos fuerzas mayoritarias para asfixiar a la banda y sentar las bases de la ilegalización de su brazo político, Batasuna.
El aislamiento vendrá de la mano de varias modificaciones legales que persigue la existencia y financiación de partidos que atentan contra los principios democráticos, además de garantizar la seguridad de los concejales vascos. Y es que las propuestas de ambas formaciones para alcanzar estos objetivos fueron aceptadas sin fisuras. La primera, modificar la Ley de Partidos Políticos con una finalidad concreta: no puede haber partidos que practiquen a diario actividades contra los principios democráticos y la defensa exigible de los derechos y libertades individuales. De esta forma, se prevén cambios en el artículo 5 de la citada norma para perfeccionar los supuestos de disolución de los partidos. La reforma que se estudia, según ha podido saber este periódico, afectaría al partidado B, en el que se explica que la disolución se podrá declarar en caso de que no se respeten los principios democráticos.

La siguiente norma a perfeccionar es la Ley Orgánica de Régimen Electoral General en dos vertientes. Una para impedir que Batasuna reciba ayudas públicas y otra para cristalizar la propuesta socialista de que los ediles amenazados que abandonen su cargo puedan ser sustituidos por militantes que no hayan sido incluidos en la lista electoral.
También se enviará a las Cortes un proyecto de Ley para que puedan bloquearse de forma preventiva las cuentas de entidades afines a Eta. El ministro de Justicia, Ángel Acebes, presentó durante el transcurso de la reunión un documento de su Ministerio para terminar con los «fraudes» que los terroristas comenten cuando son indemnizados a condenar a sus víctimas. Se pondrá coto legal así al traslado de bienes a familiares para eludir el pago.
La Ley de Bases de Régimen Local también será objeto de modificación para garantizar la confidencialidad de los bienes y propiedades de los concejales en los registros de intereses, pero también para justificar la disolución de aquellas Coporaciones locales que no respetan el orden constitucional, una potestad que ya otorga el artículo 61.1 de la citada ley, pero que PP y PSOE, según fuentes del pacto, quieren perfeccionar.

Respecto a la ilegalización de Batasuna, ayer se puso encima de la mesa que ésta no debe quedar en manos de un juez único sino de un tribunal o un órgano compuesto y de ámbito nacional. En concreto, convendría que fuese competencia de la Audiencia Nacional o del Supremo.
Por otra parte, en este escenario de fortalecimiento de la acción común frente a los violentos, el ex ministro Mayor Oreja y el socialista Ramón Jáuregui acordaron volver a hablar antes de que tenga lugar la reunión con el «lendakari» para analizar la seguridad de los ediles vascos. El objetivo es poder acudir a ese encuentro con una posición consensuada. Interior podría estar representado por el delegado del Gobierno en esa comunidad.

Azurmendi desata la polémica al rechazar el multiculturalismo
La oposición exige su cese y el Defensor del Pueblo apoya su tesis
GUILLERMO SANCHEZ-HERRERO El Mundo  20 Febrero 2002

MADRID. Desde un análisis psiquiátrico hasta la pura destitución, pasando por la dimisión. El presidente del Foro para la Integración Social de los Inmigrantes, Mikel Azurmendi, se convirtió ayer en el centro de la polémica por una frase pronunciada en el Senado: «El multiculturalismo es una gangrena de la sociedad democrática».

Azurmendi opina que existen suficientes ejemplos en la Historia que demuestran que la convivencia entre una cultura que defiende los valores democráticos y otra u otras que los conculcan es la fuente del racismo y la xenofobia. En el Senado, aludió al caso de Sudáfrica y su apartheid como una prueba de su tesis.

Las reacciones no se hicieron esperar, y fueron especialmente duras. La secretaria de Política de Inmigración del PSOE, Consuelo Rumi, solicitó el «cese fulminante» de Azurmendi y extendió esta exigencia a quien el nombró: Enrique Fernández Miranda, delegado del Gobierno de Extranjería. Sobre el primero, dijo que no tiene «capacidad de diálogo ni voluntad constructiva para tratar la inmigración, sino que se «ha dedicado a agitar tensiones, enfrentamientos y polémicas estériles». Y es que no es la primera vez que las declaraciones de Azurmendi han levantado una polvareda.

IU se sumó a la ofensiva. Su portavoz en el Congreso, Felipe Alcaraz, lo rebautizó como el «Trocóniz de los inmigrantes», en referencia al diputado popular que tuvo que dimitir como presidente del Pacto de Toledo por unas declaraciones en las que cuestionaba el derecho de las mujeres a cobrar la misma pensión que los hombres, por la mayor longevidad de aquéllas.

Alcaraz calificó a Azurmendi de «nacionalista español, dogmático e intolerante» y añadió que parte de una «España católica, blanca y heterosexual, cuando es es católica, budista, mahometana, blanca, negra, gitana, homosexual, bisexual y heterosexual».

Ratificación
La Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes optó por la ironía al reclamar para Azurmendi un «diagnóstico médico para saber qué tal está de la cabeza».

El presidente del Foro conservó la calma y se ratificó en sus opiniones: «La frase que ha provocado la polémica la expliqué detenidamente en el Senado y la mantengo. Nuestra sociedad es democrática y no habrá junto a nosotros otras sociedades con otras culturas no democráticas».

No se quedó solo. Entre las críticas se deslizaron al menos dos apoyos cerrados. El primero fue el del defensor del Pueblo, Enrique Múgica, quien dijo que la multiculturalidad «no es buena y lesiona los valores de la igualdad y los derechos humanos. Lo importante es la integración en una sociedad democrática».

Múgica rechazó «cualquier expresión de una cultura en la que se considera natural la desigualdad, la opresión de la mujer, la conversión del padre de familia en un déspota». Era una clara referencia al debate planteado con motivo de la niña marroquí Fátima Elidrssi y su deseo de acudir a la escuela tocada con pañuelo.

La ONG Red de Organizaciones Feministas contra la Violencia de Género mostró también su rechazo al uso del pañuelo islámico en la escuela pública ya que, en su opinión, se trata de un símbolo religioso que representa la sumisión de las mujeres.

«La conquista de la igualdad ha sido muy dura, y lo sigue siendo, para las mujeres españolas. Nuestro deseo es que de ella se beneficien también las mujeres y las niñas inmigrantes», dijo la ONG en un comunicado.

Socialismo mutilado
ALBERTO SURIO El Correo  20 Febrero 2002

Eduardo Madina, junto a otros compañeros suyos, forma parte del «socialismo afectivo», una forma de entender su compromiso impulsada por jóvenes de su partido que quieren rescatar sentimientos en una situación bien difícil en la que las emociones están a flor de piel. Evocando este «socialismo afectivo» encarnado en un joven de 26 años, la primera sensación que siente uno al escuchar noticias como la de ayer es la de un asco profundo, una infinita tristeza por la terrible, inútil y cruel página cotidiana del terrorismo.

Que un joven -sea o no socialista y sea o no colaborador de Elkarri- resulte mutilado por la explosión de una bomba lapa conmueve siempre frente al pétreo muro del fatalismo y frente a la insensibilidad que provoca la violencia a cuentagotas. La otra conclusión categórica no es nueva y confirma la honda degeneración que carcome al mundo del terror, encerrado en su oscura cueva de fanatismo y odio.

Es seguro que los autores del atentado ignoraban que la víctima es el polémico inspirador de la ponencia de las Juventudes Socialistas sobre la consulta de autodeterminación. Es seguro que no lo sabían cuando decidieron asesinarlo como víctima fácil. Pero aunque lo hubieran sabido, o aunque no hubiera sido así, la estrategia criminal -intentar matar a uno para intimidar a mil y quebrar por la fuerza del chantaje los mecanismos de decisión democráticos- demuestra su único código, siniestro e imperturbable, y que no varía en función de la condición ideológica de sus objetivos.

El espejismo irlandés
Sean sus víctimas partidarios del diálogo o del movimiento Basta Ya, el núcleo que manda en ETA quiere perpetuarse como poder fáctico, condicionar el debate interno de los socialistas, desestabilizar desde el militarismo más recalcitrante un debate más abierto que nunca, intentando asesinar por primera vez a un dirigente de una organización juvenil no nacionalista. Lo hacen, precisamente, cuando se dice que en el universo radical soplan vientos contradictorios de tregua a medio plazo, cuando las corrientes más políticas de Batasuna parecían haber recuperado protagonismo, intentado esculpir un perfil más amable en su discurso, o cuando emergen voces diferentes en el PSE que sugieren aún de una forma imprecisa el señuelo irlandés de una salida novedosa al laberinto vasco frente a tanta resignación.

Esta persistencia cruel recuerda una frase del subcomandante Marcos: «Quien recurre a las armas para hacer valer ideas es muy pobre en ideas». El atentado desconcierta, incluso, a un sector de Batasuna que no descartaba tender a medio plazo puentes de comunicación hacia el PSOE. Sin embargo, este mundo radical sigue siendo incapaz de contestar públicamente una deriva terrorista que mina su propia estrategia. El mismo círculo vicioso y las mismas cartas marcadas hace tiempo por el cinismo y una patética falta de valor.

ETA actúa de nuevo contra todo atisbo de la lógica política. Su crisis estratégica -fracasado el modelo de negociación bilateral con el Estado y agotado el frente de la acumulación de fuerzas soberanistas de Lizarra- revela una suicida dinámica de tierra quemada que acentuará más la división interna de la izquierda abertzale y con la que, supuestamente, intenta «poner a prueba» a los socialistas. Y lo hace -en Irlanda del Norte la violencia más sectaria se cebó con los sectores más comprometidos en las conversaciones secretas- en una coyuntura en la que la resistencia, aun necesaria, empieza a ser percibida como insuficiente, y en la que los concejales se convierten en héroes democráticos, sin quererlo, en un paisaje desolador de falta de libertad.

Riesgos
El atentado de ayer intenta trastocar una profunda reflexión interna en el PSE. Una corriente en su seno apuesta por levantar por encima de todo el estandarte de la resistencia. Otro sector aboga, contra viento y marea, por explorar salidas, convencido de que arriesga frente al fundamentalismo del terror. Los violentos apuestan por perpetuar el enfrentamiento y situar al bloque PP-PSOE como el enemigo a exterminar en una espeluznante limpieza ideológica de los no nacionalistas.

El socialismo vasco vive un momento delicado en el que las agrupaciones locales comienzan a elegir delegados para el congreso de marzo. Desde la ejecutiva federal se ha transmitido la idea de que el congreso debe ser de integración para cerrar la división interna con firmeza, sin devaneos ni ambigüedades. El PSOE sabe que el mensaje antiterrorista enarbolado desde el PP constituye un talón político de Aquiles en el que el presidente Aznar explota políticamente la firmeza antinacionalista y en la que la reunión del pacto antiterrorista constituye también, aunque no sólo, la punta del iceberg de una operación más compleja, de un cierto dique de contención que frena al sector de los socialistas más impaciente.

Una tenaza perversa
El socialismo vasco de base es plural. Desde el Basta ya hasta el que convive día a día en los ayuntamientos con Batasuna, el que asiste a los debates de Elkarri y Gesto por la Paz, el que se resiste a vivir escoltado, con su propia visión de la realidad. Es un socialismo que se siente cada vez más atenazado por una pinza perversa -por un lado, el asesinato, por el otro, la falta de libertad para diseñar políticas con diferente margen de maniobra- que tiene claro que jamás puede equipararse a quienes asesinan y a quienes no.

Eduardo Madina pertenece al sector del socialismo vasco que, sin abandonar la necesidad de la firmeza democrática, esgrime la bandera del diálogo. «Nuestro Lluch», como le define Dani Díez, su compañero secretario general de las JJ. SS. de Euskadi. La bandera de quienes sostienen que, pese a todo, hay que correr riesgos. «No estamos dispuestos a convertirnos en escudos humanos», sostiene un militante. Otro socialista que participa en Gesto por la Paz desde los años ochenta reconoce conmovido que la situación le recuerda a la película «Matrix», en donde el protagonista, Keanu Reaves, vive plácidamente en un mundo virtual, aparentemente feliz, pero despierta a una realidad en la que los seres humanos están sojuzgados sin ser conscientes de ello.

Cuando «la política» empieza a ser una cuestión desagradable que se evita en las reuniones de amigos por miedo o saturación, algo repulsivo ocurre bajo la superficie de la película de la tragedia vasca. El protagonismo para cambiar este rancio guión es de jóvenes como Eduardo Madina, comprometidos en construir un futuro diferente y libre. A pesar de todo.

Soneto quevediano al rector regido
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  20 Febrero 2002

¡Pobre Montero, a su abyección pegado,
Ayer dizque sayón, mañana escriba!
¡Pobre hombre, boca abajo y tan arriba!
¡Pobre rehén, atado y bien atado!

El Rector Montemiedo ahora llamado,
Por los que observan su ambición cautiva
Es hoy la imagen de la muerte viva
Y de la vida muerta en descampado.

Ha convertido la Universidad en nada
Ha hecho de Edurne Uriarte una heroína.
Y de una oposición una alcaldada.

La harina que soñó, toda es mohína.
Tiene el cargo ocupado por la espada.
Y el despacho, donde antes la letrina.

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