AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 22 Febrero  2002
Círculo vicioso
JAVIER PÉREZ ROYO El País 22 Febrero 2002

Los nuevos jacobinos
Beningno PENDÁS, Profesor de Historia de las Ideas Políticas ABC 22 Febrero 2002

ETA, contra vascos sin protección
Impresiones El Mundo 22 Febrero 2002

Velo a Gaudí
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 22 Febrero 2002

Una vela a Dios, otra al diablo
Editorial La Razón 22 Febrero 2002

Galicia autónoma
Editorial ABC 22 Febrero 2002

 

Alfabeto o ABCdario
Nota del Editor 22 Febrero 2002

La oposición se llama Fraga
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 22 Febrero 2002

La rebelión de Fraga
Pablo Sebastián La Estrella 22 Febrero 2002

El derribo de la torre de Babel
M. MARTÍN FERRAND ABC  22 Febrero 2002

Detenidos 6 etarras que iban a asesinar a un funcionario de prisiones en Pamplona
AGUSTIN YANEL El Mundo 22 Febrero 2002

El valor de la experiencia
Juan BRAVO La Razón 22 Febrero 2002

Cincuenta proetarras amenazan y golpean al concejal del PP en Ondárroa
BILBAO. M. Alonso ABC 22 Febrero 2002

El IPI denuncia que los periodistas en el País Vasco conviven con «violencia, miedo y amenazas»
Redacción - Madrid.- La Razón 22 Febrero 2002

Profesores universitarios piden a los afines a Redondo que lideren su proyecto
BILBAO  EL CORREO 22 Febrero 2002

«Frente al castellano, tercer idioma mundial, ¿cómo hablar del vasco»
MADRID. Rosa María Echeverría ABC 22 Febrero 2002

Evocación del 22 de febrero
MIKEL BUESA/CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID El Correo 22 Febrero 2002



 

Círculo vicioso
JAVIER PÉREZ ROYO El País 22 Febrero 2002

El problema del terrorismo no es tanto ETA como Batasuna. Si no existiera Batasuna, el terrorismo sería manejable tanto policial como, sobre todo, políticamente. Es la existencia de Batasuna con sus aproximadamente 200.000 votos la que, combinada con el terror practicado por ETA, está resultando inmanejable para los partidos democráticos españoles.

Y lo está siendo porque esos 200.000 votos que en el conjunto del Estado son muy pocos, en el País Vasco son muchísimos. Dado el equilibrio entre el nacionalismo democrático (PNV/EA) y los partidos estatales (PP/PSOE) en el País Vasco, Batasuna se convierte en el partido decisivo, que puede bloquear el funcionamiento del sistema político vasco. Lo vimos en la pasada legislatura, en la cual, tras la ruptura del Pacto de Lizarra, Batasuna abandonó a su suerte al Gobierno del PNV, que empezó a perder votaciones en el Parlamento frente a la mayoría minoritaria que componían el PP y el PSOE, obligando al lehendakari a disolver anticipadamente la Cámara y convocar nuevas elecciones. Y lo estamos viendo en ésta, en la que al Partido Popular y el PSOE no les está importando coincidir con Batasuna para impedir la aprobación de los Presupuestos de la comunidad.

La bolsa electoral de Batasuna es la que está envenenando la estrategia antiterrorista o, mejor dicho, la que está impidiendo que exista una única estrategia antiterrorista aceptada por todos los partidos democráticos. A través de la presencia de Batasuna en el sistema político vasco, el cálculo electoral ha penetrado en la estrategia antiterrorista, confinándola en un círculo vicioso que no se ha sabido hasta el momento romper.

El nacionalismo democrático vasco es el que más directamente se ve afectado en su estrategia por este cálculo electoral. Los 200.000 votos de Batasuna son una garantía de una mayoría nacionalista estable en el País Vasco. De ahí la oscilación del PNV entre la alianza formal con Batasuna, como ocurrió en el comienzo de la pasada legislatura tras la firma del Pacto de Lizarra y la declaración unilateral de tregua por parte de ETA, o la penetración en la reserva de votos de Batasuna, como ocurrió en las últimas elecciones, celebradas tras la ruptura de la tregua por parte de ETA.

Pero no son solamente el PNV y EA quienes están haciendo cálculo electoral al pensar en el terrorismo, sino que también lo está haciendo el PP. La reacción a la ambigüedad del nacionalismo democrático vasco se ha traducido en la estrategia del PP y, en menor medida pero también del PSOE, de considerar que no es ETA y Batasuna, sino el nacionalismo en general la raíz del problema terrorista, desatando con ello una cruzada antinacionalista, que es de una rentabilidad limitada en el interior del País Vasco, pero de una rentabilidad extraordinaria para el PP en el resto del Estado.

Tanto el PNV y EA como el PP, que ha conseguido arrastrar en cierto modo al PSOE, están tomando en consideración la rentabilidad electoral al diseñar su estrategia antiterrorista. Y en estas condiciones es imposible llegar a ningún acuerdo. De ahí que, aunque en el terreno policial se estén produciendo avances en la lucha antiterrorista, en el terreno político estemos cada vez peor. Y sin que, además, se vislumbre por dónde se puede romper el círculo vicioso, ya que, por muchas medidas legislativas que se adopten, los 200.000 votantes de Batasuna no van a desaparecer. Al contrario. Es más que probable que esas medidas legislativas sean interpretadas también en clave electoral y conduzcan a una división todavía mayor entre los partidos democráticos a la hora de definir sus respectivas estrategias políticas en general y sus estrategias antiterroristas en particular.

Los nuevos jacobinos
Por Beningno PENDÁS, Profesor de Historia de las Ideas Políticas ABC 22 Febrero 2002

«El hombre hace los reinos y crea las repúblicas, pero el municipio nace directamente de la mano de Dios». Alexis de Tocqueville, el mejor escritor político del siglo XIX, explica con palabras intemporales el fundamento histórico del régimen local, aunque hoy día, en tiempos de positivismo omnipotente, nadie defiende la teoría romántica. En todo caso, ahora que se han puesto de moda los Ayuntamientos, conviene recordar su significado histórico, aun a riesgo de que se irriten los nacionalistas excluyentes. Se enfadan, pero no son coherentes: desprecian a la Administración periférica del Estado (y casi han conseguido liquidar a la provincia y, más que a medias, al gobernador civil), pero han tejido sin escrúpulos una red tortuosa de órganos territoriales. Dicen amar la autonomía y promover la descentralización, pero claman airados cuando se pretende acercar la arquitectura del Estado a los matices grises de la vida cotidiana. Viva, pues, la ideología, aunque sufran los munícipes, empleando aquí el término en su acepción primera y menos conocida: vecinos y residentes.

La historia empieza con la fundación de colonias en la Hispania romana, levantadas con frecuencia de nueva planta y dotadas de un gobierno comparable al «régimen mixto» de la civitas original. Las ciudades, el agente más eficaz de la romanización, decaen al llegar el Medioevo, con su inspiración feudal y germánica. Cuando renace la urbe, como demuestra Henri Pirenne, cambia el signo de los tiempos: la ciudad bajomedieval es centro y eje del incipiente capitalismo comercial; crea universidades y estudios generales; recupera la filosofía aristotélica y el Derecho romano; inventa, en fin, la virtud cívica y el sistema representativo. Todo ello es obra de los burgueses, la nueva clase. Ya se sabe que «la burguesía ha producido maravillas mucho mayores que las pirámides de Egipto, los acueductos romanos y las catedrales góticas; ha dado cima a empresas más grandiosas que las emigraciones de pueblos y las cruzadas». Recuerda, lector amigo, que la cita no es de Max Weber, ni de F.A. Hayek; tampoco de algún peligroso anarco-capitalista. Se trata de K. Marx y F. Engels, en El manifiesto comunista. Del enemigo..., el elogio.

También el Estado, lo stato, y la teoría política moderna nacen en las ciudades, esta vez en la Italia renacentista. Pero el Estado absoluto acaba con las viejas libertades y franquicias, de manera que el corregidor y sus homólogos tienen mucho que ver con la crisis del gobierno local. Desaparece, enseña García de Enterría, la vieja democracia vecinal, el concejo que administraba sus montes «en mano común», comunidad indisoluble y sin atribución de cuotas. Sólo quedan los sueños nostálgicos de aquellos guerreros bárbaros que, según cuenta Tácito, celebraban asamblea en las noches de plenilunio y tomaban decisiones por un procedimiento expeditivo, aunque ruidoso: armis insonantibus, haciendo sonar las armas. Pero el municipio romanista se interpone entre los vecinos y sus bienes, al tiempo que la Hacienda real establece «arbitrios» y los jueces imponen el Derecho del Rey a las oligarquías urbanas.

Sólo resiste con energía el régimen local inglés. Surge así el mítico self-government, basado en la actuación territorial del poder central a través de entidades locales, tan fuertes y poderosas que algún autor se atreve a calificarlas de «auténtico Leviatán». Pero la política de los gobiernos laboristas a partir de 1945 acabó con el viejo sistema de parroquias (fijadas por la distancia que un hombre puede recorrer a pie, sin excesiva fatiga, en un día de camino) y de condados (delimitados por una jornada a caballo, esta vez sin aludir al previsible cansancio del animal). Pero nuestro ejemplo ha sido, como siempre, el Derecho francés, construido a partir de la teoría del «poder municipal», cuyas señas de identidad expresa la famosa Memoria de Turgot: uniformismo; homogeneidad; jerarquía (luego, tutela) de los entes superiores sobre los inferiores. En este contexto, el municipio cuenta con supuestas competencias exclusivas sobre su ámbito doméstico, excluyendo de su interés privativo a las otras Administraciones. En fin, debe también ser mencionada la tradición alemana que, desde la clásica idea de corporación hasta la moderna doctrina de la autonomía como derecho de participación, ha ejercido una atracción irresistible sobre legisladores y juristas españoles.

Ha llegado, parece, la hora de los municipios y la historia debe ayudarnos a superar algunos tópicos: ya no vale el modelo jacobino, pero tampoco el centralismo de las capitales periféricas; las competencias exclusivas no son de recibo, pero las nuevas leyes tienen que precisar con rigor qué deben y qué pueden hacer bien los Ayuntamientos; las provincias, guste o no guste, cuentan con notable arraigo en buena parte de España y ha de afrontarse sin complejos su regulación. El Estado de las Autonomías sólo alcanzará la meta cuando, además de paliar (y, ojalá, resolver) reivindicaciones políticas, sea capaz de construir una Administración eficaz. Está claro, por cierto, que la referida eficacia exige sacrificios, porque la gran mayoría de los ocho mil y pico municipios españoles carece de población y de recursos para sostener una entidad administrativa. Un precedente: sólo se crearán Ayuntamientos, dice la ilustre Constitución de Cádiz, en los pueblos que «por sí o con su comarca lleguen a mil almas», así llamadas literalmente por la única ley fundamental de nuestro país que proclama a la religión católica «única verdadera». Ya sean mil las almas, o mejor tres o cuatro mil, es imprescindible poner límites. Otro asunto clave son las competencias, porque no ha de eludirse el debate sobre el peligro que acecha al munícipe (esta vez en la segunda acepción: concejal o alcalde) en materias sensibles como urbanismo o patrimonio histórico; el riesgo consiste, como se adivina, en confundir el progreso con el cemento. Igual de importante es la búsqueda de fuentes de financiación; porque no es fácil transferir aquí y allá, equilibrar los presupuestos y bajar la carga tributaria, todo bien hecho y a la vez. Alguien debe comprarse, cuanto antes, una buena calculadora.

Queda por despejar un falso problema: no creo que la elección popular del alcalde mejore por sí misma la vida municipal, que podría en cambio, con la debida precaución, incorporar mecanismos ágiles y atractivos de democracia directa. En las aldeas, villas y ciudades pequeñas todavía es posible que la asamblea representativa llegue a ser un «pueblo en miniatura», como decían los constituyentes americanos; que los representantes sean la imagen verdadera de sus electores; conozcan sus deseos y necesidades; se conmuevan con sus aflicciones; piensen, sientan, razonen y actúen como ellos. Es una forma razonable de poner en marcha la muy conveniente «regeneración democrática».

¿Quién teme al pacto local? Busquemos el perfil de los nuevos jacobinos: odian al centralismo de Madrid, pero imponen el suyo propio; exigen transferencias, pero no están dispuestos a compartirlas. Mientras tanto, las entidades locales pierden el rumbo cuando tratan de servir a dos señores, Estado y Comunidades Autónomas. Bien lo sabía el personaje de Balzac, víctima de su «inteligencia bifronte», capaz de abarcarlo todo.

ETA, contra vascos sin protección
Impresiones El Mundo 22 Febrero 2002

El comando de ETA desarticulado ayer en Navarra tenía planeado atentar de forma inminente contra un funcionario de prisiones sin escolta. Tres de los seis terroristas detenidos por la Guardia Civil procedían de Jarrai y dos de ellos son hermanos. La desarticulación de este comando un nuevo éxito del general Varela reúne todas las características del modus operandi de la banda terrorista en los últimos meses. Activistas con escasa preparación, recién salidos de la kale borroka que atentan contra personas que son blancos fáciles al carecer de protección, una vez que todos los objetivos más evidentes cargos públicos del PSOE y PP y jueces disponen de escolta. Tampoco la última víctima de ETA, el joven socialista Eduardo Madina, contaba con protección. La detención del comando demuestra, asimismo, la eficacia de la contravigilancia en la lucha antiterrorista.

Velo a Gaudí
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 22 Febrero 2002

Las autoridades de Cataluña se han apresurado a obedecer al papaíto musulmán que tenía media docena de retoños sin escolarizar porque, ojo a la afrenta, debían ir a la escuela a un colegio religioso concertado y a pesar de que daban las mismas asignaturas que en cualquier centro público y les eximían de Religión, al alipapá le molestaban los crucifijos. Como a Drácula.

Así que, en nombre del multiculturalismo, de la diversidad y de la tolerancia, los comisarios de Pujol y/o Maragall se han puesto a buscar febrilmente puestos escolares al familión musulmán. Si una profesora de Tarragona le entrega un examen de selectividad escrito en castellano a un alumno que lo pide, la sancionan, la linchan y consiguen que un tribunal ad hoc deje impune ese atropello a los derechos civiles supuestamente garantizados por la Constitución y el Estatuto de Autonomía. Ahora bien, si es un moro radical el que truena contra la enseñanza que se le regala, todo son genuflexiones, obsequiosidades y corvetas. Ilegales, además. Aunque la Ley, en la enseñanza y en casi todo, sólo suele preocupar a los nacionalistas para vulnerarla.

Pero este escándalo de Barcelona es continuación del escándalo de Madrid y obedece a dos hechos que se solapan y alimentan mutuamente: la campaña de la embajada marroquí a través de ATIME (que por los negocios de González en Marruecos o por la patología progre de la empresa parece ya de plantilla en el imperio polanquista) y la infinita idiotez de una clase política cuya máxima preocupación es que no la llamen «intolerante» los que tienen la intolerancia y la discriminación sexual como claves religiosas y el chantaje como arma política.

Si se acepta la provocación de ese papá musulmán que desprecia la religión mayoritaria de los españoles, la historia cultural de su país de acogida y que se niega a que sus hijos conozcan y respeten el país donde pueden llegar a ser ciudadanos (no súbditos, como en Marruecos), lo normal ahora es que las autoridades catalanas desarrollen esa política de sumisión a los intolerantes en nombre de una tolerancia que es simple cobardía política e indigencia intelectual.

Que cubran con un telón verde Montserrat, que tapen con un velo la Sagrada Familia Gaudí la dejó perdida de cruces que pueden ofender a los muslimes y que quiten una cruz del escudo de Barcelona y pongan una media luna.

Ah, y que el día de Santa Eulalia se declare también día de Almanzor, el último en quemar la ciudad de Barcelona, pronto hará mil años.¿También eso habrá que celebrarlo?

Una vela a Dios, otra al diablo
Editorial La Razón 22 Febrero 2002

El presidente del Gobieno vasco, Juan José Ibarreche, ha convocado hoy a los partidos políticos democráticos, es decir a todos menos a Batasuna, a una reunión para hablar de la seguridad de los concejales que sufren acoso moral y mortal en su Comunidad Autónoma. Para algunos observadores, ésta es la base de una recuperación del «espíritu de Ajuria Enea», el pacto que ligó a los demócratas hasta que fue dinamitado por las aventuras soberanistas. Para otros, es un simple maquillaje del Gobierno del PNV, dentro de una trayectoria zigzagueante que ha llevado a la exasperación a los demócratas de toda España.

Desde el voluntarismo mejor intencionado, habría que desear que la reunión de hoy entre PNV, PP, PSOE y otros demócratas vascos, tuviera éxito. Que se sentaran las bases para un trabajo común encaminado a devolver la libertad a los sectores oprimidos en el País Vasco y a garantizar la seguridad de los numerosísimos ciudadanos amenazados en ese territorio. Pero no es fácil ser optimista, porque el convocante de la reunión, el «lendakari» Ibarreche, al igual que su partido presidido por Arzallus y dirigido ideológicamente por Eguíbar, se han pasado los últimos años oscilando entre una estrategia de ruptura con el Estado y con los partidos democráticos que operan en éste y con apelaciones simultáneas al diálogo y a la negociación con los terroristas y sus cómplices.

El PNV, derramando incontables lágrimas victimistas, ha defendido una estrategia soberanista, anticonstitucional y antiestatutaria bajo la excusa de que era una vía para absorber a los elementos más irreductibles del independentismo armado. Pero, en realidad, también se le podría decir que la existencia del independentismo armado era la excusa aprovechada por el PNV para avanzar en su estrategia soberanista.
Naturalmente, esta vía ha causado los recelos más evidentes por parte de los demás partidos democráticos. Ahora no saben si Ibarreche plantea un nuevo marco de entendimiento porque quiere recuperar el espíritu del pacto antiterrorista de Ajuria Enea, o si sólo quiere ganar tiempo al darse cuenta de que su soberanismo antiestatal está condenado al fracaso, como se ha visto en sus últimas pretensiones fallidas en la negociación del Concierto vasco.

PP y PSOE, en efecto, dudan si Ibarreche y los suyos están ahora por poner una vela al Dios democrático, de la misma manera que antes pusieron una al diablo proetarra.

Y sólo hay una salida para esta situación de bloqueo: que el PNV abdique de forma definitiva de todo objetivo político que coincida con el universo terrorista. Que se reafirme en la voluntad de cooperación constitucional y que se ponga de parte del Estado democrático. Todo lo demás serán excusas de mal pagador, argucias para ganar tiempo ante el escandaloso fracaso de un Gobierno, el vasco, incapaz de garantizar el Estado de Derecho, la seguridad y las libertades a sus ciudadanos.

Galicia autónoma
Editorial ABC 22 Febrero 2002

Hace veinte años de la aprobación del Estatuto de Autonomía de Galicia. La transformación de la región en este plazo ha sido espectacular, algo más intensa y profunda que la de la media española. El caso gallego demuestra que el Estado de las Autonomías que configuró la Constitución, a pesar de algunas deficiencias en la redacción del Título VIII, fue más, con ser esto decisivo, que una mera solución de compromiso al viejo problema histórico de la organización territorial del Estado. Era también la forma de conferir protagonismo a las regiones, tanto tiempo postergadas, atribuirles competencias de autogobierno, dentro de la unidad indisoluble de la Nación española, y acercar la Administración a los administrados. La organización autonómica ha sido pieza decisiva para la modernización y el progreso de España.

El ejemplo de Galicia constituye una excelente confirmación de estas ideas. Una de las regiones de España más postradas en la historia reciente, con un gran porcentaje de población forzado a la emigración y con unas infraestructuras impropias de la Europa de nuestro tiempo, ha visto transformada su cara, a pesar de los problemas y limitaciones pendientes. Galicia es hoy una de las regiones más emprendedoras y estables de Europa. Las tendencias secesionistas del nacionalismo radical se han atemperado notablemente y hoy el separatismo, reducido a exiguas proporciones que no rebasan la condición testimonial, no constituye un problema en la región. El ascenso del Bloque Nacionalista Gallego ha sido debido principalmente a dos factores. Por un lado, a su giro hacia la moderación y el posibilismo y al olvido del fundamentalismo separatista. Por otro, a los errores reiterados del Partido Socialista y de Izquierda Unida en la región, que han brindado al BNG la posibilidad de constituirse en la alternativa real de izquierdas a la larga hegemonía del PP, de la mano de Fraga. Después de una etapa inestable de gobierno minoritario del PSG, el centro-derecha ha tomado las riendas del Gobierno autonómico, con cotas de éxito y aceptación popular difícilmente previsibles. Galicia se ha convertido en uno de los mayores graneros electorales del PP. Hasta el punto de que puede permitirse ciertos excesos autonomistas en las últimas reivindicaciones del presidente de la Xunta, que acaba de criticar al Gobierno central por mantener un «unitarismo cerrado». Que las cosas no se ven igual en Madrid que en Santiago de Compostela, lo confirma Fraga con su particular y propia evolución personal, que le ha llevado a reivindicar lo que hasta Ibarretxe ha renunciado para alcanzar el acuerdo sobre el Concierto. Galicia constituye una prueba de cómo el autonomismo puede dar sus mejores frutos eludiendo a la vez las tentaciones y excesos nacionalistas.

Alfabeto o ABCdario
Nota del Editor 22 Febrero 2002

Parece lo mismo pero son cosas distintas, lo mismo que Galicia desde fuera y desde dentro, y aquí estamos demostrándolo todos los días del año. Las autonosuyas se pueden sufrir (tratando de ejercer de ciudadanos en ellas) o disfrutar (asistiendo a los convites del presidente y adláteres a costa de los contribuyentes), viéndolas de una manera lejana y romántica al lado del poder.

La oposición se llama Fraga
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 22 Febrero 2002

Es tan coherente el discurso que ha marcado el Gobierno sobre la representación de las comunidades autónomas en los órganos de la Unión que la actitud que está manteniendo Manuel Fraga parece impropia por dos cosas: primera, desde Galicia no se da ningún argumento para convencernos de que el Gobierno no representa bien los intereses de España en Europa, y, segunda, no era necesario que a Aznar le saliera un nuevo jefe de la oposición.

¿Qué se pretende desde las comunidades autónomas cuando piden estar presentes en las reuniones de la Unión que son responsabilidad del Gobierno? ¿Qué tipo de protagonismo buscan? Ya hemos comentado alguna vez el escaso éxito que tienen las «embajadas» autonómicas en Bruselas, que no aportan nada exclusivo que no esté resuelto con anterioridad por la embajada de España ¿Por qué este nuevo prurito?

Al final, muy a pesar de las conclusiones del Congreso del PP, parece que nadie da por cerrado el mapa autonómico. Nadie se conforma con lo que tiene. Tampoco nos explican por qué quieren tener más, si acaso es porque se han visto dañadas por obra u omisión, o si es que tienen información privilegiada de que sacarían más de la Unión defendiéndose por separado que todas juntas. El chiste es que el que dijo «prefiero que me defienda un ministro a que lo haga Arzalluz» fue Rodríguez Ibarra. Las autonomías hacen extraños amigos y enemigos.

Y luego queda la gracia de la cosa, que consiste en que Fraga, el fundador del PP, el padre de la «operación triunfo» llamada Aznar, se haya puesto el traje de criticón y esté lanzando hoy desde Galicia andanadas que nunca se le ocurrieron cuando gobernaban los socialistas. Es extraño que nadie haya publicado «ahora que Aznar se va, vuelve Fraga».

La rebelión de Fraga
Pablo Sebastián La Estrella 22 Febrero 2002

El presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga, ha dinamitado la imagen de cohesión y de bloque constitucional aparecida en el último congreso del PP al proponer y aprobar en el seno del Parlamento gallego, en contra de la política del Gobierno de Aznar y de su partido, que las Comunidades Autónomas tengan su sitio en las negociaciones que les afecten en el marco de la Unión Europea. Asimismo, Fraga se ha declarado favorable a una reforma constitucional para redefinir la función del Senado como una Cámara territorial. Decía Adolfo Suárez al inicio de la transición, cuando alguien le reprochaba su pasado en el franquismo, que lo importante en política no es de dónde se viene, sino a dónde se va. Fraga está en ello y parece más realista y posibilista entre la España unitarista con la que sueña la derecha y la España confederal que sueñan los nacionalistas.

Aunque, al margen de su opinión sobre estos temas, el presidente de honor y fundador del PP ha dado un golpe seco a la estructura monolítica del partido en Madrid. Y aunque Aznar calificó sus iniciativas de poco pensadas y ha pedido su aplazamiento hasta después de la presidencia europea, la rebelión de Fraga es un hecho cierto que le impide a Arenas hablar de los problemas internos del PSOE, que no son pocos, sin que los otros le recuerden los del PP.

Hecho que se suma a la crisis de la relación entre Madrid y Vitoria (mejorada por el pacto sobre el Concierto vasco) y a la creciente tensión entre el PP y CiU, escenificándose en todo ello un frente del norte complicado para el Gobierno del PP. Al que hay que añadir el frente escolar, donde la hoy ministra de Educación y Cultura, Del Castillo, abrió la caja de los truenos de la LOU y de la Reválida (por razonables que sean sus iniciativas) sin antes abrir el debate nacional sobre la crisis de la enseñanza, por lo que de una manera casi gratuita ha facilitado la labor de la oposición. Si añadimos el aumento contable y palpable de la delincuencia como consecuencia de una muy mala política de Interior de los tiempos de Mayor Oreja (más dedicado a la sucesión de Aznar, a salir en los medios y a perseguir al PNV que a otra cosa), veremos que hay tres frentes, norte, la juventud y delincuencia (esperemos que Rajoy pueda reaccionar y reconducir la situación), que se suman en el debe de este Gobierno.

Con el añadido de la rebelión de Fraga, que no es cosa menor, y de las luchas internas dentro del PP por la sucesión de Aznar, o con las idas y venidas de los barones en pos de las listas de las alcaldías y autonomías, que se hacen de rogar. Son en conjunto muchas cosas a la vez que están poniendo de pie y dando consistencia a la débil oposición de Zapatero por primera vez en mucho tiempo, dando la imagen de un Gobierno y de un PP con problemas y en un tiempo en el que la economía no va bien (para nadie).

Es verdad que Aznar está ocupado en lo de la presidencia de la UE (esperemos que triunfe en la crisis de Oriente Próximo, su reto mayor), pero también es cierto que no existe hoy en su entorno más directo de la Moncloa un liderazgo en la función de la coordinación política, por ausencia del hoy a la vez vicepresidente primero y ministro de Interior y por la escasez del ministro Lucas, de rango, autoridad y capacidad de decisión.

Así las cosas, la rebelión de Fraga no es el fin del mundo pero sí un síntoma más de que no se puede mantener, con presidencia de UE o sin ella, a un Gobierno en apuros y desgastado. Y que Aznar, amigo de no mover ficha, va a tener que reaccionar y ocuparse un poco más de la política nacional. De lo contrario estas crisis que están localizadas y que son notables irán cada día que pasa a peor y a mucho más.

El derribo de la torre de Babel
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  22 Febrero 2002

Hubo un tiempo, según nos enseña el Génesis, en que «toda la tierra hablaba una misma lengua y usaba las mismas palabras». Ya entonces, tal como hoy, el motor de la humanidad -y de la política- era cosa de constructores e inmobiliarias. Quizás por eso, al emigrar los hombres desde oriente, en una llanura de Senaar, alguien dijo: «Vamos a hacer ladrillos y a cocerlos al fuego». Animados por el éxito cerámico, volvieron a decir: «Vamos a edificar una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo». El Señor fijó su atención en tan floreciente negocio urbanístico y se dijo: «Todos forman un solo pueblo y hablan una misma lengua (...) voy a bajar a confundir su idioma para que no se entiendan más los unos con los otros». Así fue. «El Señor los dispersó de allí por toda la tierra y dejaron de construir la ciudad. Por eso se llamó Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de todos los habitantes de la tierra».

Hoy, nos cuenta la Unesco, esa cosa tan inútil que pagan unos y utilizan otros, que en el mundo se hablan seis mil lenguas diferentes. Ni Jordi Pujol, el más políglota de nuestros políticos, conoce tantas. La mitad de ellas están en peligro de desaparición. Para los pesimistas esa es una gran quiebra cultural, la pérdida de la memoria y la identidad colectivas. Los optimistas podemos entender que ha comenzado el derribo de la torre de Babel.

Según la Unesco, una lengua está en peligro de desaparición cuando un tercio de la población infantil a la que afecta deja de aprenderla. Si es así, el peligro de la poda lingüística afecta a más de tres mil idiomas. El español, sin ir más lejos, se aprende por contagio, por simpatía. No por el estudio. En consecuencia es más de un tercio -nueve décimos o así- la proporción de niños y jóvenes que, sin tener clara la diferencia entre un verbo y un adverbio, con un vocabulario que no llega a las doscientas palabras -como el del presentador de «Operación Triunfo»-, han dejado de estudiarla y practicarla con vocación de excelencia. Peor es el caso, en España, del gallego y el euskera que, pese a su cooficialidad, no experimentan el «progresivo refuerzo» del catalán. No basta con que Manuel Fraga haga el esfuerzo de hablar como Xan das Bolas en una película de Luis Lucia o con que las ikastolas -tan inútiles, tan perturbadoras- impongan su síntesis lingüística a golpes de imposición política. La lengua, la expresión del alma de las personas y la memoria de los pueblos, es algo delicado y sutil que reacciona mejor al amor que al mando, al deseo que a la fuerza.

Dicen que en los EE.UU., donde sobreviven testimonialmente un centenar del millar de lenguas indias que llegó a conocer su territorio, que el english only ha sido una plaga exterminadora de un gran mosaico cultural. ¿Si? Es una manera de verlo, pero también podría entenderse que la renuncia idiomática, especialmente el francés y el holandés de sus padres fundadores, sea una de las vías de fortaleza para una Nación que, orgullosa de sí misma, es hoy -también culturalmente- la primera potencia de la tierra. Allí hacen torres más altas que la de Babel y, generalmente, no se les caen. Ya veremos el siglo que viene lo que les pasa cuando el español les haga bilingües.

GOLPE AL TERRORISMO / Su primer objetivo era un funcionario de prisiones sin escolta / Intentaban reconstruir el 'comando Nafarroa', que la Guardia Civil ha desarticulado por segunda vez en menos de tres meses
Detenidos 6 etarras que iban a asesinar a un funcionario de prisiones en Pamplona
La Guardia Civil que los tenía controlados hace tiempo actuó ayer ante la inminencia del atentado - Tres de ellos proceden de Jarrai, uno de los cuales fue detenido en seis ocasiones
AGUSTIN YANEL El Mundo 22 Febrero 2002

MADRID.- Por segunda vez en menos de tres meses, la Guardia Civil ha impedido que el comando Nafarroa de ETA haya podido cometer atentados, al haber detenido en Navarra a seis personas que intentaban reconstruirlo, según informó ayer el ministro del Interior, Mariano Rajoy.

Los agentes, que tenían controlados a los detenidos (tres de ellos procedentes de Jarrai y uno arrestado en seis ocasiones), han actuado al sospechar que iban a atentar contra un funcionario de prisiones que carecía de protección con escolta permanente.

El ministro del Interior y vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy, explicó ayer que del armamento y los datos de que disponían los detenidos se deduce que estaban «a punto de actuar».

Los detenidos tenían una lista de objetivos «muy corta, pero muy elaborada», según fuentes de la lucha antiterrorista consultadas por este periódico. Al parecer, su primer atentado iban a cometerlo contra un funcionario de la cárcel de Pamplona que no tenía escolta, cuyos movimientos y horarios habían vigilado.

Hace varios meses, agentes del Servicio de Información de la Guardia Civil que realizaban tareas de contravigilancia (vigilaban a personas amenazadas por ETA que no tienen una escolta permanente) sospecharon de un individuo y comprobaron que tenía relaciones con el entorno de la organización terrorista vasca. Poco después, los guardias civiles encargados de la seguridad de la prisión de Pamplona observaron que varios jóvenes parecían vigilar en las inmediaciones de la cárcel y adoptaban medidas de seguridad como las que acostumbran a utilizar los etarras, por lo que varios agentes comenzaron a vigilarlos.

Durante varias semanas, los presuntos etarras vigilaron en las cercanías de la cárcel, en los alrededores de la Audiencia Provincial y el Parque de la Media Luna de Pamplona, sin saber que ellos estaban siendo vigilados a su vez por los guardias civiles. En esa zona se encuentra un cuartel de la Policía Foral y otro de la Policía Nacional.

Dejaron de vigilar
Hace unos días, los agentes comprobaron que los sospechosos habían cesado en sus tareas de vigilancia y que habían aparcado una furgoneta y varios coches que utilizaban para sus desplazamientos, por lo que temieron que fueran a cometer un atentado de inmediato y pidieron autorización al juez de la Audiencia Nacional Guillermo Ruiz Polanco para practicar varios registros.

A partir de las 4.00 horas de la madrugada del miércoles al jueves, los guardias civiles llevaron a cabo varios registros, entre ellos en una vivienda de Pamplona y en otra de la localidad de Aizoain. En ellos se incautaron de un subfusil MAT, tres pistolas Browing montadas y listas para ser utilizadas, una escopeta de cañones recortados, munición para esas armas, una bomba lapa preparada para ser colocada, detonadores, material electrónico, temporizadores y diversa documentación.

La bomba lapa es similar a la que ETA colocó el 24 de enero de 2001 en el coche de un subteniente, que no llegó a explotar.

En el barrio pamplonés de Mendillori fue detenido Miguel Javier Ayensa Laborda, de 28 años, un miembro de Jarrai (juventudes abertzales) que, según explicó el ministro Rajoy, ha participado en acciones de protesta de desobediencia civil y en alteraciones del orden público.

Su hermano Ibai, de 24 años, fue detenido en Aizoain y, según la información que facilitó el vicepresidente primero del Gobierno y ministro del Interior, es un destacado miembro de Jarrai que fue detenido en 1996 por atentar contra un concesionario de vehículos en Burlada (Navarra) y después ha sido arrestado en otras cinco ocasiones por actos de desobediencia civil y alteraciones del orden público (la kale borroka).

En la localidad de Burlada fue detenido Francisco Ruiz Romero, de 28 años, quien ya fue detenido en 1991 por actos de violencia callejera en San Sebastián y, en 1996, por el atentado contra el citado concesionario de coches.

Los agentes de la Guardia Civil también detuvieron a Iratxe Sanz Ganuza, de 24 años, en Pamplona, y Eneka Royo Martínez, de 25 años, en Burlada. Estas dos mujeres, según fuentes de la investigación, son parejas sentimentales de dos de los detenidos y presuntamente colaboraban con ellos.

Rajoy dio especial importancia al hecho que de estas detenciones se hayan producido «antes» de que el comando Nafarroa haya podido actuar. En cuanto a la fecha en que pudieran cometer su primer atentado, dijo: «Podía haber actuado en cualquier momento, hoy o dentro de siete días».

El ministro manifestó que éste ha sido un «golpe muy serio» para ETA, y felicitó a la Guardia Civil por la operación. Pero también dijo que no se puede afirmar «categóricamente» que la organización terrorista ya no tenga ninguna infraestructura en Navarra.

Esta es la séptima ocasión en que el comando Nafarroa es desarticulado, desde 1979. El ministro Rajoy indicó que, tras los últimos golpes dados a ETA en Navarra, han intentado reconstruir ese comando pero se logró impedirlo en noviembre y ahora de nuevo.

El valor de la experiencia
Juan BRAVO La Razón 22 Febrero 2002

Hay cosas que no se pueden aprender en un cursillo, ni tampoco se consiguen estudiando en Salamanca o en Harvard. Ni siquiera en la Pompeu Fabra se puede adquirirse la tradición, que es esa característica solidez que la experiencia concede a los cuerpos policiales. Gracias a ella, al contacto con los agentes expertos, los novatos aprenden más que en la academia a desarrollar el difícil arte de meter la pata lo menos posible.
Nada puede sustituir a las enseñanzas de la tradición cuando se crea un nuevo cuerpo policial y por eso se suele recurrir a la «importación», aunque sea temporal, de agentes expertos, con sus defectos y virtudes, que ayuden a poner la organización en marcha. Pero no es obligatorio, y así lo entendió la Generalitat al crear sus cuerpos autonómicos y limitar muy por debajo el número de policías o guardias civiles que podían vestir el uniforme autónomo.

El resultado es conocido: fugas de presos, incendios incontrolados, catástrofes sin pronta respuesta, incomprendibles tragedias de montaña donde antes no ocurrían, quejas ciudadanas, entre otras razones, que revelan que a la hora de servir mejor a la sociedad, ser nacionalista no basta. La policía de montaña es un ejemplo de cómo se puede fracasar en nombre de las Autonomías.

Cincuenta proetarras amenazan y golpean al concejal del PP en Ondárroa
BILBAO. M. Alonso ABC 22 Febrero 2002

El concejal del PP en Ondárroa, Germán López Bravo, está acostumbrado a que le amenacen en su municipio, pero, tras el último pleno municipal, a las amenazas, que tuvieron lugar en el propio Ayuntamiento, ante la indiferencia del alcalde, Loren Arkotza, de Batasuna, siguieron las agresiones y un grupo de unos cincuenta radicales le golpeó mientras salía de la casa consistorial.

Los hechos tuvieron lugar el pasado día 7 pero se conocieron ayer a raíz de una pregunta que presentó el PP en el Parlamento vasco sobre este incidente. Ese día, Germán López Bravo, único concejal popular en el Ayuntamiento de Ondárroa, avisó a la Ertzaintza, como hace siempre cada vez que hay un pleno municipal, ya que es habitual que le esperen grupos de radicales para amenazarle. Normalmente acuden agentes de la Policía autónoma vasca, pero esta vez no lo hicieron, por lo que el PP pidió ayer explicaciones al Consejero del Interior en una pregunta parlamentaria. Por supuesto, Germán López Bravo tampoco consiguió el amparo del alcalde, Loren Arkotza, de Batasuna, al que avisó del cariz que estaba tomando ese día el acoso de los radicales. Al llegar al Ayuntamiento había un grupo de radicales esperando al concejal del PP, algo que ocurre a menudo. No obstante, esta vez eran más, unos cincuenta. Cuando llegó estaban colocando carteles amenazantes contra él en la fachada de la casa consistorial y, al verle, desplegaron pancartas y se colocaron caretas con su fotografía.

CARETAS CON SU FOTOGRAFIA
Al comenzar el pleno, entraron en el salón con las caretas y las pancartas en las que se podía leer: «Partido Popular=Germán. Asesino. Déjanos en paz». Ante los insultos y amenazas, López Bravo decidió abandonar el pleno y al salir del Ayuntamiento los radicales le golpearon.

Según López Bravo, este tipo de incidentes no son nuevos en Ondarroa,aunque precisó que «nunca» se habían producido «de forma tan organizada» e, incluso, en esta ocasión vio cómo los radicales llamaban por teléfono «para que fuesen más a reforzarles».

El parlamentario del PP Carlos Urquijo presentó ayer una pregunta al Consejero de Interior para conocer la razón por la que la Ertzaintza no se presentó en las inmediaciones del Ayuntamiento a pesar de haberse comunicado con anterioridad la posibilidad de que se produjera el hostigamiento al concejal del PP. También ha denunciado la actitud del alcalde Loren Arkotza, de Batasuna, por haber propiciado la «indefensión» del edil popular. «Cuando llegó el momento de actuar, se quedó quieto», según el PP.

También, este partido pidió ayer explicaciones por el incidente ocurrido en el programa «Sorginen Larazta», de la ETB, durante el cual un grupo de jóvenes del público interrumpió el desarrollo normal de la emisión desplegando una pancarta en apoyo a Segi, organización heredera de Jarrai. que ha sido ilegalizada por el juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón por su presunta subordinación a ETA.

El IPI denuncia que los periodistas en el País Vasco conviven con «violencia, miedo y amenazas»
Redacción - Madrid.- La Razón 22 Febrero 2002

En su Informe Anual sobre Libertad de Prensa en el Mundo, presentado ayer, el Instituto Internacional de Prensa (IPI) denuncia en el apartado referido a España que la vida de los periodistas que trabajan en el País Vasco «está llena de violencia, amenazas y miedo».

Esta situación «sanguinaria» ha provocado que muchos informadores hayan dejado esta comunidad para buscar empleo «donde sea», mientras otros «han optado por emplear guardaespaldas», agrega.
El informe de esta organización con sede en Viena, que agrupa a editores de todo el mundo, recuerda que durante el año pasado hubo numerosos ataques contra medios y contra periodistas a título individual, destacando el paquete bomba que hirió a Gorka Landáburu o el asesinato del director financiero de «El Diario Vasco».

La IPI explica que los medios han sido objetivos preferidos desde el fin de la tregua de Eta en 1999, así como aquellos comentaristas que regularmente denuncian sus tácticas de violencia, que «son atacados a sangre fría por pequeños grupos de colaboradores». El informe destaca que los colaboradores de Eta han utilizado su propia prensa para atacar a los medios que condenan el uso de la violencia, y cita expresamente el caso de Pepe Rei.

Profesores universitarios piden a los afines a Redondo que lideren su proyecto
BILBAO  EL CORREO 22 Febrero 2002

Cuarenta profesores de distintas facultades de las Universidades del País Vasco y de Deusto han suscrito un documento en el que piden a los partidarios de Nicolás Redondo que lideren un «proyecto cívico y político» como el mantenido por el dimisionario secretario general del PSE-EE, de cara al congreso de marzo. El escrito ha sido remitido a Ramón Jáuregui, presidente de la gestora que dirige a los socialistas vascos en esta crisis, y a Alfredo Pérez Rubalcaba, para que lo transmita a la ejecutiva federal del PSOE.

Los docentes defienden su «interferencia» en el debate abierto en el socialismo vasco por «nuestro compromiso y convicciones cívicas y de defensa de la libertad» y por considerar que, en las actuales circunstancias, la discusión no es sólo de un partido, «sino de toda la sociedad».

Los profesores universitarios consideran que el documento político aprobado por el PSE recoge en gran medida las propuestas de Redondo, aunque confían en que los asistentes al congreso corrijan «viejos errores» que se mantienen en la ponencia. En concreto, lamentan que el PSE supedite un pacto con el PNV a la «posible rectificación de sus actitudes soberanistas», lo que en su opinión implica la «subordinación a sus eventuales designios».

Los universitarios defienden que los socialistas no deben exonerar al PNV de su «responsabilidad política y moral en el rearme de ETA». «Una sociedad que acostumbra a ver perdonados los actos más graves de sus políticos caerá en el más abyecto relativismo moral», señalan los docentes. Entre los firmantes del escrito figuran militantes socialistas como Gotzone Mora o Xesqui Castañer, junto a nombres como Javier Corcuera, José María Salbidegoitia, Jaione García, Víctor Urruela, Francisco Llera, Luis Egea o Carmen Puerta.

«Frente al castellano, tercer idioma mundial, ¿cómo hablar del vasco?»
MADRID. Rosa María Echeverría ABC 22 Febrero 2002

Este historiador francés (Serge Gruzinski) de origen polaco se ha convertido a sus 52 años en uno de los especialistas más importantes en temas de etnología y antropología, así como en el análisis del mestizaje de culturas. Su obra «El pensamiento mestizo» (Paidos) es un punto de necesaria referencia en esta materia. Ayer clausuró en la Residencia de Estudiantes el ciclo «Ser europeos en el siglo XXl».

En un mundo mestizo y globalizado, plantea la herencia ibérica para entender la Europa actual. ¿Cuáles son las claves del mundo que vivimos?

- Creo que nos enfrentamos a tres fenómenos: la mundialización, los mestizajes y la aparición de estas identidades, estas reivindicaciones locales muchas veces muy sangrientas como puede ser el caso de ETA. Me parece interesante analizar el surgimiento de la Monarquía católica que apareció en 1580 y que reunió los imperios de Portugal y España. Durante 60 años una gran parte de Europa y América, Filipinas, las costas de India y de África pertenecieron al mismo mundo.

- ¿Nos encontramos entonces en el inicio de la mundalización?

- De algún modo, sí. Es una manera de contemplar el pasado ibérico no como el mundo de la Inquisición, esta idea arcaica de un universo atrasado, sino como portador de una modernidad actual. Se trata de la primera dominación planetaria. Se puede hablar de una cierta semejanza con la situación actual.

- En este sentido, ¿cómo se expresa la dominación europea?

- Existe una dinámica de mezcla de creación de nuevas culturas y, por otra parte, está ese impulso que surgió de Lisboa, Madrid o Sevilla hacia el dominio del mundo. Se trata de dos dinámicas de dominación. Una que es la occidentalización, que es transformar a los otros, integrar a las masas indígenas de América en el mercado del trabajo internacional lo que provoca reacciones de mestizaje. Y hay otra forma de dominación que yo llamo la globalización y, en este caso, la civilización occidental se difunde sin mezclarse con los demás y paralizando el mestizaje.

- ¿Asistimos a una situación semejante en el mundo que nos rodea?
- Sí, hay sectores que se mezclan y otros que no, por ejemplo el cine de Hollywood que impone al mundo entero las mismas películas, al mismo tiempo, sin que un español o un francés tenga la mínima posibilidad de reaccionar.

- ¿Resulta positivo que los inmigrantes se integren o es preferible que conserven su identidad?
- Nos encontramos con una gran confusión al hablar de identidad porque un individuo tiene muchas identidades. Se puede ser a la vez vasco, español y europeo. La riqueza está en la pluralidad de las identidades y lo fundamental es la capacidad de cada individuo de crear su propia cultura. Es como preparar un cóctel: cada cual debe mezclar los elementos que le convienen. Hay un problema de libertad individual que hay que respetar. Lo que producen las industrias culturales puede ser una manipulación, como todo eso de las modas étnicas. El consumidor no tiene ninguna posibilidad de escoger. Es necesario crear una cultura europea y en eso hemos fracasado.

- De algún modo, ¿la cultura de masas no nos ha uniformado?
- Por supuesto, en los programas de TVE o la RAI o la televisión francesa cambia el idioma, pero se presentan los mismos esquemas podridos. Es penoso pero ya existe esta cultura europea. Me parece totalmente negativo e impuesto y un empobrecimiento de nuestros patrimonios. No es un mestizaje, es la imposición del esquema norteamericano.

- En España vivimos problemas de integración en las escuelas y se multiplican los brotes racistas. ¿Cómo se puede resolver esta situación?
- La dificultad está en definir a qué tipo de cultura los queremos integrar. ¿Qué es la cultura española? ¿Qué les podemos ofrecer? ¿Volverse andaluces o vascos o catalanes? Porque la cultura española parece desaparecer. Quizá ellos quieren integrarse pero no saben a qué. No tenemos elementos ni para imponer ni para proponer. El problema no son ellos, somos nosotros.

PELIGRO DE LOS NACIONALISMOS
- ¿Considera ante este planteamiento que las autonomías nos han empobrecido?
- Pienso que sí. Es un repliegue sobre lo local y una pérdida de la universalidad. Frente al castellano, tercer idioma mundial, ¿cómo vamos a hablar del vasco?

- En este contexto mundial, ¿qué papel ocupan los nacionalismos?
- Estamos asistiendo a la desaparición de las naciones. En este contexto de dominación mundial, en vez de reaccionar contra las imposiciones que vienen de fuera, los conflictos nacionalistas solo sirven para perder energía. No se trata de definir una identidad vasca, sino de crear una identidad europea y no perder el tiempo en fomentar nacionalismos. Es triste porque nos tenemos que comunicar en francés o en español, no en gallego. No se puede hablar en Barcelona todo en catalán. Esa fragmentación es el debilitamiento de Europa.

Evocación del 22 de febrero
MIKEL BUESA/CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID El Correo 22 Febrero 2002

El 22 de febrero de 2000 tres asesinos de ETA acabaron con la vida de Fernando Buesa, mi hermano. La deflagración del coche bomba que, aquella tarde, hicieron estallar a su paso, alcanzó también, matándolo, a Jorge Díez Elorza, quien, en cumplimiento de su deber como ertzaina, lo acompañaba. La escolta de este hombre joven, que no merecía el infortunado destino que los terroristas le reservaron, era la única protección de la que, en aquel momento, gozaba el político socialista. Sobre él habían pesado graves amenazas que pueden documentarse a partir de 1995; y ello había dado lugar a que hubiera estado sujeto a un complejo sistema operativo policial para preservar su vida. Cuando ETA declaró la tregua de 1998, ese sistema fue desmontado, de modo que Fernando Buesa, como otros amenazados, se vio privado de cualquier labor de protección. De hecho, durante ese período, la Ertzaintza sólo ofreció servicios de escolta y vigilancia a catorce personas, de las que nueve ocupaban cargos institucionales, cuatro eran dirigentes de partidos políticos y una se dedicaba a actividades empresariales. Entretanto, como declaró uno de sus miembros, el comando Ituren no cesó en su trabajo de preparación del atentado que finalmente cometería aquel día de febrero.

La política de interior del Gobierno vasco, derivada del Pacto de Lizarra, había prescindido, como se ve, de cualquier consideración acerca de la continuidad de las actividades de la banda terrorista. Cuando ésta reemprendió sus acciones criminales, la despreocupada orientación de la labor policial frente a ETA se reflejó también en los dispositivos de protección establecidos para las personas amenazadas. En diciembre de 1999, la seguridad de Fernando Buesa, al igual que la de otros cuatro dirigentes del Partido Socialista, quedó delimitada por el acompañamiento de un miembro de la policía vasca. A la Consejería de Interior no le importó cuál pudiera ser el nivel de la amenaza, pues de hecho organizó la protección de esas y otras personas vinculadas al PSE, en algún caso incluso conociendo con detalle que habían sido objeto de seguimientos por parte de ETA, siempre de la misma manera: asignándoles un acompañante pero sin dedicar recurso alguno a hacer eficaz la escolta, es decir, sin establecer acciones de contravigilancia, proporcionar vehículos blindados, utilizar barredores de frecuencias, estudiar rutinas e itinerarios o realizar tareas de investigación policial adicionales.

Siendo esto así, creo que el referido sistema de protección, en el caso de Fernando Buesa, puede calificarse como insuficiente; y dado el trágico final que, con Jorge Díez, tuvo, puede pensarse que, aun correspondiendo a ETA la única responsabilidad del crimen, al Gobierno vasco alcanza la de haber delineado una política en la que, tal vez como derivación de los pactos que el Partido Nacionalista acordó con dicha banda terrorista, no se supieron valorar las amenazas ni se pusieron los medios para hacer frente a ellas.

Pero esto no fue todo. Cinco horas tardó el Gobierno vasco en reaccionar públicamente al atentado de aquel 22 de febrero. En ese tiempo hubo alguien que filtró a un periodista informaciones incompletas acerca de diversas operaciones de vigilancia desarrolladas por la Policía Nacional, durante los días precedentes, en lugares cercanos al del crimen. Tales informaciones, que El País , en algún caso sin identificar la fuente, publicó al día siguiente, procedían de las comunicaciones que, desde el 4 de febrero, sobre sus dispositivos rutinarios en materia antiterrorista para la protección de viviendas, edificios oficiales e instalaciones policiales, había venido realizando el Cuerpo Nacional de Policía a Ardatz, el Centro de Mando y Control de la Ertzaintza. Así pues, se trataba de datos que obraban en poder de la Consejería de Interior. Y sobre ellos se urdió una interpretación de las circunstancias que rodearon al asesinato de Fernando Buesa que, a la vez que restaba cualquier relevancia a las deficiencias de la protección que le había otorgado el Gobierno vasco, derivaba la responsabilidad de su muerte, al menos en parte, hacia el Ministerio de Interior. En su versión más nítidamente expresada, que a mí personalmente me ha llegado, a través del círculo familiar, desde un miembro destacado del Partido Nacionalista, es la siguiente: Fernando Buesa era objeto, con su consentimiento, de una operación de vigilancia de la Policía Nacional destinada a capturar un comando de ETA; servía así voluntariamente de cebo para facilitar la detención de quienes lo asesinaron.

Pocas veces ha podido aplicarse con mayor perversión la doctrina que, desde la hondura del totalitarismo, formulara tan magistralmente el intelectual estalinista Manès Sperber: «Ocultaremos la impostura con las mentiras y las mentiras se convertirán en verdad y la impostura dejará de ser impostura». Y es que, en efecto, aquella impostura tan hábilmente envuelta en lo que podría considerarse como una auténtica operación de contrainformación, cuyo contenido no resiste la confrontación con los hechos, se convirtió en doctrina no sólo aceptada por el Partido Nacionalista, sino también voceada, en cuanta ocasión hubo, por sus dirigentes y por el propio Gobierno vasco: el consejero de Interior lo hizo en unas declaraciones el 18 de mayo; seis días más tarde la reitera el presidente del PNV Xabier Arzalluz; el 31 del mismo mes, en una pregunta parlamentaria, incide sobre ella el diputado en el Congreso González de Txabarri; el 1 de junio es objeto de una intervención de la vicelehendakari Idoia Zenarruzabeitia.

¿Para qué seguir? Cinco interminables horas que para mí fueron de angustioso viaje a Vitoria para compartir el dolor. Y, tras una penosa indagación, encontrarme con esto. Con que hay individuos que descarnadamente, sin la más mínima compasión, para proteger sus intereses políticos, para ocultar su desatino o su incompetencia, no dudan en echarle la culpa al muerto, aunque sea agraviándolo. Pues, en efecto, cuando se afirmó que Fernando Buesa murió participando en una operación policial, no sólo se trató de implicar al Ministerio de Interior, sino que, de paso, se le hizo a él mismo, personalmente, responsable de la muerte de Jorge Díez Elorza. No sé si cabe mayor inmoralidad en la acción política ni si quienes la llevan a término podrán merecer en adelante el menor crédito.

En aquellos días gobernaba el País Vasco Juan José Ibarretxe después de que su partido hubiera acordado con ETA la orientación fundamental de la acción política cuyo programa, plasmado en el Pacto de Lizarra, recibió en la investidura el respaldo de Herri Batasuna. Hoy es el mismo Ibarretxe quien sigue gobernando; y está auxiliado por la misma vicepresidenta y el mismo consejero de Interior de entonces. Parece como si los personajes de esta historia no hubieran cambiado, aunque sabemos que el Gobierno vasco se ha ampliado con la adherencia del consejero Madrazo, cuyo partido también participó de aquel pacto. Pero, dos de esos personajes están irreversiblemente descartados. Se les arrebató la vida y ya no podrán expresarse. Fernando Buesa, como me dijo no hace mucho Mario Onaindía, ya intuyó, al formarse el último Gobierno Ardanza, la deriva secesionista del nacionalismo gobernante y su ruptura con las instituciones constitucionales. Y creyó que, en tales circunstancias, los socialistas no debían alcanzar compromisos con él. Sin embargo, hoy existen entre sus compañeros de partido quienes parecen querer olvidarlo todo y tal vez envidian la proximidad al poder de aquel adherente. Henri Poincaré dijo en alguna ocasión que «sabemos qué cruel es a menudo la verdad, y nos preguntamos si el engaño no es más consolador». Es a los que añoran el consuelo de la falsificación y prefieren una amnesia oportuna a una memoria precisa, a quienes cabe recordar que omitir las lecciones del pasado no puede sino conducir al fracaso político.

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