AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 1 Marzo  2002
Ganar la batalla de las ideas
EDITORIAL Libertad Digital 1 Marzo 2002

Nada cambia
Editorial ABC 1 Marzo 2002

Jugadores en Euskadi
ANTONIO ELORZA El País 1 Marzo 2002

Operación de «limpieza étnica»
Editorial La Razón 1 Marzo 2002

¿SI ETA INTENTA ASESINAR SOCIALISTAS...
Editorial El Mundo 1 Marzo 2002

Tostón y guerra
ALFONSO USSÍA ABC 1 Marzo 2002

Grandes cambios, sí
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 1 Marzo 2002

ETA, en el debate socialista
CHARO ZARZALEJOS ABC 1 Marzo 2002

Levántate y anda
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 1 Marzo 2002

La Yihad vasca
David GISTAU La Razón 1 Marzo 2002

Suelo político
Editorial El País 1 Marzo 2002

Para el fin común
Enrique de Diego Libertad Digital 1 Marzo 2002

Ataque de Eta a los socialistas
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 1 Marzo 2002

Ofensiva democrática
Editorial El Correo 1 Marzo 2002

En homenaje a una concejala
RAFAEL AGUIRRE/CATEDRÁTICO DE TEOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE DEUSTO El Correo 1 Marzo 2002

Más visibilidad
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo 1 Marzo 2002

Jóvenes bien adoctrinados
Alicia Delibes Libertad Digital 1 Marzo 2002

Mayor Oreja
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 1 Marzo 2002

Eta se ceba con el PSE e intenta asesinar a una edil y su escolta con 30 kilos de dinamita en un carrito
E. Mejuto - Bilbao.- La Razón 1 Marzo 2002

El portavoz del PSE en Llodio abandona por la presión terrorista
El Mundo 1 Marzo 2002

Ganar la batalla de las ideas
EDITORIAL Libertad Digital 1 Marzo 2002

Someter al enemigo sin luchar es la suprema excelencia. De este modo, lo que es de máxima importancia en la guerra es atacar la estrategia del enemigo. Lo segundo mejor es romper sus alianzas mediante la diplomacia. En tercer lugar viene atacar a su ejército”.

Hace casi 2.500 años que el general chino Sun Tzu escribió estas líneas en El arte de la guerra, un clásico de la estrategia y el arte militar que en modo alguno ha perdido frescura y vigencia con el paso del tiempo. Y, si bien se mira, esta ha sido precisamente la estrategia que han seguido los nacionalistas en España (vascos y catalanes) desde la Transición. En primer lugar, han logrado convencer al “enemigo” de que su causa no es justa, inventando toda clase de agravios pasados y presentes y recurriendo sistemáticamente al victimismo y la propaganda (en las escuelas y en los medios de comunicación). En segundo lugar, han conseguido dividir al “enemigo” halagando a la parte más débil de la alianza (el PSOE). Y en tercer lugar, han recurrido al ataque directo a su “ejército”, amedrentando, calumniando, coaccionando o asesinando a todo aquel que se les oponga.

Los nacionalistas nunca hubieran logrado alcanzar las cotas de poder e influencia de las que hoy gozan si no hubiera sido porque previamente ya habían ganado la batalla más importante: la de las ideas. Poco importa la fuerza o los recursos de que se disponga si no se está convencido de que lo que se defiende es legítimo y moralmente superior a aquello que se combate. Uno de los grandes errores de la Transición fue dar carta de naturaleza a los nacionalismos separatistas y excluyentes en “desagravio” por el centralismo uniformador de la dictadura. Criticar al nacionalismo, no ya en sus políticas, sino en sus ideas fundantes, era -y sigue siendo- la forma más fácil para ganarse una reputación de tardofranquista o algo peor.

Ha sido precisamente esa inexplicable “mala conciencia” de nuestra clase política, de la gran mayoría de nuestros intelectuales y de casi todos los medios de comunicación lo que ha permitido que los nacionalistas transformen los centros educativos y medios de comunicación bajo su jurisdicción en instituciones de propaganda y adoctrinamiento político sin que las instituciones del estado (como, por ejemplo, el Ministerio de Educación) hicieran gran cosa por impedirlo.

Veinticinco años de intoxicación en las escuelas del País Vasco han producido una generación de jóvenes descerebrados que no conocen otra realidad política que las mentiras que a diario emiten las televisiones vascas (el mapa de Euskalherría que incluye Navarra y el País Vasco francés) y las aranianas falsificaciones de la Historia que a diario aprenden en las ikastolas (Euskadi está dominada por los maketos, un pueblo ‘inferior’ al que los euskaldunes, como raza ‘superior’, tienen el deber de combatir y expulsar).

No hay que extrañarse de que haya jóvenes que se tomen en serio estas infames patrañas y decidan hacer algo por la “causa” de la libertad de Euskadi integrándose en Batasuna o directamente en la ETA, o de que los más moderados (como Eduardo Madina) se integren en Elkarri, aceptando lo esencial de las tesis nacionalistas.

A este tenor, los hipócritas ofrecimientos de “calor humano” que Ibarretxe ha dedicado a los concejales constitucionalistas en el "Manifiesto institucional en defensa del derecho a la vida, la libertad y la seguridad de todas las personas" que ha promovido y presentado ante la Asociación de Ayuntamientos Vascos suenan a gesto de “clemencia” de quien se sabe vencedor.

Claro está que ni el PP ni PSOE (al menos de momento) apoyan la iniciativa del Lehendakari. Pero mientras la condena al nacionalismo se limite exclusivamente a los métodos eufemísticamente llamados “violentos” y no se dirija frontalmente a deslegitimar y combatir las raíces del mal (la ideología racista, totalitaria y excluyente consustancial al nacionalismo vasco) habrá pocas esperanzas de que la libertad y la democracia triunfen.

Nada cambia
Editorial ABC 1 Marzo 2002

Tras mutilar al joven dirigente socialista, Eduardo Madina, hace nueve días, ETA quiso matar ayer a la concejal del PSE en Portugalete, Esther Cabezudo, y a su escolta, Iñaki Torres. La intención de la banda terrorista es evidente. Estos atentados no están encadenados sólo por la mera facilidad que los etarras han podido encontrar para su ejecución, sino también, principalmente, por el programa de genocidio político que está implantando ETA en el País Vasco y que ahora se aplica con saña a los socialistas, el flanco más débil del bloque constitucional. Afortunadamente, la explosión no logró matar a las víctimas escogidas, pero les causó heridas de consideración, junto a otras cuatro personas más, y provocó graves destrozos materiales en los edificios cercanos.

La buena noticia de la frustración del doble asesinato se unió ayer a la desarticulación en Pamplona de otro comando de etarras -el «Urbasa»-, segundo golpe a la organización terrorista en la Comunidad Foral de Navarra en apenas una semana, tras la detención de los integrantes del «comando Ekaitz». Al margen de la demostración de eficacia operativa y de buena información que están manejando las Fuerzas de Seguridad del Estado, la desarticulación del «comando Urbasa» ha puesto de manifiesto que los detenidos eran algo más que terroristas y que hay razones para defender un cambio legislativo que penalice a los grupos políticos de apoyo a ETA. Cinco de los integrantes del comando pertenecían a Jarrai, predecesora de Haika y hoy Segi, y uno a Askatasuna, entidad sucesora de Gestoras Pro Amnistía. Esta adscripción de etarras a diversos estamentos de la izquierda abertzale no es nueva y se está acreditando judicialmente en la Audiencia Nacional y políticamente cada vez que hablan los responsables de Batasuna. Pero, en esta ocasión, la constatación de esa afiliación diversa de los detenidos es especialmente oportuna al producirse en medio del debate sobre las medidas políticas de protección a los concejales constitucionalistas. Aunque a estas alturas sea un tópico, conviene recordar que la estructura de ETA no acaba en sus comandos armados. Hace mucho tiempo que ETA decidió transmutar su apariencia para presentarse como organización juvenil, partido político o agrupación ciudadana y aprovecharse así de la generosidad de las leyes democráticas, que pronto dejarán de ser ingenuas sin dejar de ser democráticas.

Esta realidad plurifacial del terrorismo incide directamente en las relaciones entre nacionalistas y no nacionalistas porque sólo se alcanzará una unidad verdaderamente democrática cuando el nacionalismo reconozca su error de estar dando legitimidad política a esas prolongaciones disfrazadas de ETA. Por eso no conviene confundir simples gestos de coyuntura ni interpretar meras apariencias o medias palabras como cambios sustantivos en la política del PNV. Por ahora, todo sigue igual. Los últimos intercambios dialécticos, muy amables y correctos, entre el PNV y la dirección provisional de los socialistas vascos, no han representado un mínimo avance del nacionalismo en el único sentido que debería ser admisible para el PSE, que es el acercamiento a posiciones de respeto a la Constitución, de aislamiento de la izquierda abertzale y de compromiso incondicional para erradicar a ETA. Conformarse con una ronda de mociones en los Ayuntamientos para delatar lo ya conocido -que Batasuna no condena la violencia- o esperanzarse con la constitución de una fantasmagórica gestora en el Ayuntamiento de Zumárraga, no demuestra cambio alguno en el PNV, sino en el PSE y a la baja. Además, pone en peligro una unidad democrática imprescindible para el futuro del País Vasco, que es la del Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo.


Jugadores en Euskadi
ANTONIO ELORZA El País 1 Marzo 2002
 

La aplicación de la teoría de los juegos al análisis político es relativamente reciente, pero sin ese nombre se encuentra ya en todas las construcciones teóricas que desde hace siglos intentan desentrañar la lógica de los comportamientos respecto del poder, tanto en el Arthasastra, del hindú Kautilya, como en los teóricos de la razón de Estado. La escena política puede ser imaginada como el tablero en que distintos jugadores desarrollan estrategias para maximizar sus beneficios y eliminar en lo posible las pérdidas en su pugna con el o los adversarios.

No existe obstáculo alguno para que sea pertinente aplicar ese enfoque a la valoración del escenario de conflictos vasco en la actualidad, ya que no se trata de una simple pugna ideológica, respondiendo a intereses concretos que cuentan con más o menos apoyo social, sino de una complicada combinatoria de alianzas y enfrentamientos que además se desarrolla simultáneamente en dos tableros. Uno tiene como protagonista a un único jugador, ETA, que actúa con una iniciativa propia favoreciendo o perjudicando los comportamientos de su aliado doctrinal, el nacionalismo democrático, y golpeando de forma criminal a sus verdaderos adversarios, los partidos estatutistas, con el fín de expulsarles de las dos mesas de juego. La firma del Pacto Antiterrorista por los dos partidos afectados ha sido la respuesta política de ambos en esta trágica partida. La segunda mesa de juego esta lógicamente condicionada por la primera, aun cuando un sector de los jugadores, los nacionalistas democráticos, declaren actuar sin condicionamientos externos, persiguiendo bajo otro nombre, la 'soberanía', una finalidad próxima a la de ETA, con un punto de apoyo también cercano, el municipalismo de Udalbiltza; en tanto que hasta ahora los partidos estatutistas, a pesar de sus profundas diferencias de fondo, aplicaban a este tablero la proyección unitaria de la coalición antiterrorista.

Desde la sustitución de Redondo por Jáuregui esta estrategia se ha roto. La justificación reside en que para el PSE resultaba costosa una alianza dominada electoralmente por el PP y que además entraba en abierta contradicción con la pugna entre ambos partidos en el conjunto de España. En principio, el PSE obtendría así las ventajas derivadas de su actuación autónoma y, al acercarse al PNV, crearía un nuevo clima en la política vasca.

La reciente reunión de partidos democráticos convocada por Ibarretxe prueba, sin embargo, que esto último es lo único claramente positivo, pero el precio parece demasiado alto, ya que no se ha arrancado cambio alguno de fondo en PNV y EA. En cambio, aunque permanezca en la letra, el Pacto Antiterrorista ha pasado a ser inoperante en la política vasca, determinando incluso un empeoramiento de las relaciones entre los dos partidos sobre el tema a nivel estatal. Y si el antiterrorismo no es la prioridad política en Euskadi, ¿qué ocupa su vacío? Sin duda, un horizonte bastante confuso para un PSE que por sí solo no puede hacer nada y que al arrimo del nacionalismo únicamente sirve de refuerzo para una situación política que deja de ser complicada para el PNV, así como de aval para las futuras intenciones de éste. En lo primero, cambiar PP por PNV implícitamente de cara a las municipales puede arrastrar la pérdida de Álava, Vitoria y San Sebastián para el estatutismo, vaciado de contenido político, y la realización del sueño peneuvista de controlar municipios y provincias de Euskadi desde su minoría mayoritaria. A medio plazo, la danza india de Eguiguren en torno a la autodeterminación, rechazando ésta pero admitiendo lo que quiere el PNV, esto es, la consulta a la sociedad vasca sobre si desea dicha consulta autodeterminista, corre el riesgo de terminar en el visto bueno para algo escasamente democrático: la autodeterminación es inconstitucional, pero presentaba la ventaja de plantear al electorado una opción definida con resultados en principio claros. En cambio, la consulta sobre la consulta tiene un doble fín poco transparente, provocar el enfrentamiento con el Gobierno central que la rechazaría (apareciendo así como enemigo de la democracia) y hacer que intervenga el efecto-mayoría. La presunta autonomía pronacionalista del PSE sólo servirá así, si no consigue modificar en serio la estrategia del PNV, para garantizar la derrota de la pareja estatutista y de los valores que encarna, salvando a la banca que estaba contra las cuerdas.

Operación de «limpieza étnica»
Editorial La Razón 1 Marzo 2002

El atentado contra otro político en el País Vasco, en este caso la concejal socialista en Baracaldo Esther Cabezudo, herida junto a su escolta, Iñaki Torres, por un brutal artefacto explosivo, ha vuelto a conmocionar a la sociedad y a los partidos. Especialmente a los no nacionalistas, que ven cómo la mafia terrorista se ceba en sus cargos públicos a un año de las próximas elecciones municipales.

Es en esta clave en la que hay que entender esta nueva muestra de barbarie. El intento del nacionalismo ultra de forzar el desistimiento, la renuncia y la huida de los militantes de los partidos que plantan cara (o, simplemente, difieren) del proyecto independentista. Lo que pretende Eta es, literalmente, la «limpieza política» (se entenderá mejor si la calificamos de «limpieza étnica») y tener el campo libre. Y, el problema es, que, en buena medida lo está consiguiendo: ayer renunció otro concejal socialista, esta vez en Llodio, confesando entre lágrimas su miedo.
Sin embargo, y a pesar de esta evidencia, los nacionalistas (y socialistas que cada vez más se aproximan a ellos) se dedicaron a decir que lo que pretende Eta es acabar con «los puentes de diálogo» que se están tendiendo, precisamente, entre PNV y PSOE. Pero a Eta le trae el pairo que el PSOE dialogue con el PNV. Lo que pretende con el PSOE es lo mismo que con el PP: echarlo del País Vasco. Y, respecto al PNV, lo que le preocupa no es que dialogue, sino que «traicione» la causa nacionalista.

El «diálogo» en sí mismo no es una solución contra el terrorismo, porque no evita ni sus causas ni sus efectos. Puede tener una utilidad social, como mensaje cívico, pero no elimina ni un solo gramo de fanatismo de Eta. Por eso es manipuladora la posición del PNV (y de algunos ingenuos socialistas) cuando presta a ese diálogo un valor taumatúrgico, como si fuera la gran panacea.

Lo que el PNV tiene que hacer es actuar con firmeza contra Eta y su trama, porque es su responsabilidad delegada por los ciudadanos. Y no aprovechar, como hace, el «diálogo», como excusa para su inacción o, lo que es peor, para introducir en él reivindicaciones soberanistas a cuenta de las cesiones de otros, aprovechando que estos están en el punto de mira de Eta. No se puede hablar de diálogo con uno de los interlocutores amenazado con una pistola en la sien.

En el mismo sentido, la «unidad de los demócratas» como valor político es un planteamiento viciado. Se supone que todo demócrata coincide, por el hecho de serlo, en su confrontación al terrorismo. No hace falta declararlo. No se trata de «unidad de valores», sino, en todo caso, de «unidad de acción», esto es, vocación colectiva de combate contra Eta. ¿La tiene el PNV? Y, si la tiene, ¿por qué necesita tanto diálogo para ponerla en práctica? Porque es obvio que el PP y su Gobierno tienen muy claro que hay que luchar con todas las armas legales, policiales, judiciales y sociales contra el terrorismo. Lo que se trata ahora es que el Gobierno vasco haga lo mismo y para eso no hacen falta escenarios teatrales, sino práctica política.

Se dialogue o no, Eta seguirá matando, porque quiere el camino expedito para la independencia, para expulsar a los adversarios y mantener en el redil soberanista al PNV. La única verdad es que, con el escudo del desencuentro «con Madrid», lo que ha conseguido el Gobierno del PNV es mostrar su incapacidad para garantizar la democracia en el País Vasco. Porque el proceso electoral de las municipales está viciado por el terrorismo. Será, ya lo es, un fraude. Y con un beneficiario claro: el nacionalismo.

¿SI ETA INTENTA ASESINAR SOCIALISTAS...
Editorial El Mundo 1 Marzo 2002

¿Si Eta Intenta Asesinar Socialistas...

Que ETA iba a seguir atentando contra dirigentes y militantes vascos del PSOE era del todo previsible. La semana pasada, el joven Eduardo Madina perdió una pierna a causa de una bomba lapa bajo su coche. Ayer Esther Cabezudo, concejala en Portugalete, tuvo más suerte. Ella y su escolta sólo sufrieron heridas leves al estallar a su paso un carrito de la compra que contenía 30 kilos de explosivos.

La estrategia de ETA, en estos momentos, es meridianamente clara: sembrar el terror en las filas socialistas para destruir el Pacto Antiterrorista y romper la unidad de los dos grandes partidos nacionales que tanto molesta a la banda. Ayer, Raúl Arza, uno de los concejales socialistas en Llodio, presentó su dimisión.«La situación es inaguantable», dijo. Tras su renuncia, son ya 18 concejales del PSOE los que han tirado la toalla ante la imposibilidad de soportar este clima de intimidación.

«Sabemos que quieren matarnos o echarnos, pero ni nos vamos ni nos rendimos», dijo ayer Ramón Jáuregui. Unas palabras que entroncan con el compromiso del PSOE vasco con la democracia, pero que deben traducirse en una estrategia coherente y viable.

...Mientras Batasuna Apoya A Eta...
Si hay una evidencia que no necesita demostración en el País Vasco son los estrechos vínculos entre ETA y Batasuna, el brazo político de la banda. Batasuna no sólo no ha condenado jamás los atentados.Los ha justificado e incluso ensalzado. Y a los autores de los crímenes les ha promovido a la categoría de héroes, dedicándoles calles y homenajes populares.

Uno de los asesinos más sanguinarios de la banda, Josu Ternera, se sienta en los escaños del Parlamento vasco y actúa con frecuencia como portavoz de Batasuna.

De las filas de Batasuna, Gestoras, Segi y otros apéndices de la llamada izquierda abertzale salen los pistoleros de los comandos de ETA o quienes les facilitan la información para matar, que, como denunciaba ayer Dolores Ciordia, concejala socialista de Portugalete, son personas «con nombres y apellidos» conocidos por las víctimas. ETA no existíría sin el caldo de cultivo ideológico y social que es Batasuna, una formación que se está aprovechando de las libertades democráticas para destruir la democracia en el País Vasco.

...Y El Pnv Protege A Batasuna...
El PNV jamás ha querido romper con Batasuna. Ni antes ni ahora.La hipotética posibilidad de una ilegalización de Batasuna enfureció a Xabier Arzalluz, que afirmó la pasada semana que el PNV jamás tolerará una medida semejante.

No es extraño puesto que el apoyo de Batasuna en el Parlamento de Vitoria sigue resultando vital para el PNV y EA. Gracias a los siete escaños de la formación de Otegi, Ibarretxe pudo sacar adelante, aunque sea parcialmente, los Presupuestos de este año.

PNV y Batasuna fueron estrechos socios durante la tregua en el Pacto de Lizarra, compartiendo una estrategia de deslegitimación del Estatuto y las instituciones vascas.

Lo son todavía hoy en numerosos ayuntamientos vascos, en los que el PNV gobierna gracias a Batasuna y viceversa. Arzalluz se negó el pasado viernes a romper estos acuerdos municipales, que seguirán vigentes al menos hasta las próximas elecciones del 2003. El PNV protege a Batasuna porque, en el fondo, comparte sus objetivos y recoge las nueces que caen del árbol que sacuden los violentos y sus cómplices.

...Pactará El Psoe Con El Pnv?
Nada es igual en el socialismo vasco desde la dimisión de Redondo Terreros. El propio presidente de la Gestora del PSE, Ramón Jáuregui, se ha convertido en un decidido defensor de los pactos con el PNV pese a que ayer lamentaba su tibia solidaridad con las víctimas de ETA. Anteayer, Jesús Caldera reprochaba al PP su incapacidad de percibir «los cambios» que se están dando en el PNV. El congreso que se va a celebrar este mes será decisivo para definir la línea política del partido, dividido sobre la futura estrategia. EL MUNDO publica hoy que José Blanco pactó anteayer con los tres secretarios provinciales del PSE que habrá una candidatura de unidad, con Javier Rojo o Patxi López como secretario general.Pero lo importante no son los nombres sino las ideas. ¿Habrá acuerdo con el PNV? Si lo hay, Zapatero tendrá que explicarselo a militantes como Daniel Múgica, sobrino de una víctima de ETA, que se preguntaba en estas páginas si hay algún socialista «dispuesto a compartir mantel con aquéllos que cortejan a los asesinos de sus compañeros».

Tostón y guerra
Por ALFONSO USSÍA ABC 1 Marzo 2002

O los obispos vascos mandan sobre sus sacerdotes menos que un afgano en una comisaría de Nueva York, o están de acuerdo con sus párrocos desobedientes que abren los lugares sagrados para cobijar a los cómplices de la ETA. Con independencia de la infame actitud de esos párrocos sinvergüenzas, el encierro de los batasunos en las tres iglesias de Bilbao, San Sebastián y Vitoria carece de relevancia. La estúpida movilización sólo ha perjudicado a los proterroristas encerrados, que han pasado tres noches aburridísimas. Un tostón de plan, según se percibe en las fotografías publicadas en los periódicos. Caras largas, ojos somnolientos y poco ambiente de charlita. Algunos de los reivindicativos han llevado a buen término una heroica huelga de hambre. Las huelgas de hambre de los «abertzales» tienen consecuencias en los huelguistas bastante curiosas. Acostumbran a darlas por zanjadas con más michelines que al principiarlas. Después de una terrible huelga de hambre protagonizada por Arnaldo Otegui hace dos años, el dirigente batasuno se vio obligado a apuntarse a un gimnasio para recuperar la flexibilidad de su «body». Para mí, que el resultado de estas movilizaciones no va a ser otro que el de la incorporación de los huelguistas a los respectivos coros parroquiales de los tres templos. Allí arriba se canta muy bien y los feligreses amantes del terrorismo colaboran activamente en las labores sociales, cumpliendo a rajatabla los nueve Mandamientos de la Ley de Dios, que en las Vascongadas, ya se sabe, los Mandamientos son nueve en lugar de diez, porque ellos son diferentes al resto de la humanidad, y el Quinto Mandamiento está considerado como un añadido maqueto y sin importancia. En fin, que se encierren y se aburran, si eso es lo que les gusta.

Más grave se me antoja el estudio sociológico presentado en el Parlamento vasco por su autor, el profesor Ruiz de Olabuénaga, en el que se estima que el veinticinco por ciento de los jóvenes vascos estaría dispuesto a participar en una hipotética guerra entre «Euskadi» y España. En ocasiones, los sociólogos actúan con cierta imprudencia, porque no está el horno para bollos. Creo que ese veinticinco por ciento de jóvenes educados desde la desinformación, la manipulación histórica y el odio hacia España, son consecuencia del sistema de enseñanza que se aplica en los colegios e «ikastolas» de las Vascongadas. Y dentro de la gravedad, el resultado me parece pobre para las pretensiones de los nacionalistas. Un setenta y cinco por ciento no está dispuesto a participar en una guerra contra su propio país a pesar de que llevan oyendo durante décadas que ese país, España, no es el suyo, sino la potencia invasora que impide su independencia. En total, son treinta y nueve mil los jóvenes vascos preparados para defender en las trincheras la soberanía que nunca han tenido, con el permiso de Túbal y de Javier Clemente. Muchos y pocos. Muchos, porque el odio por España de casi cuarenta mil jóvenes es saldo preocupante, y pocos, porque un mismo porcentaje de jóvenes españoles -vascos incluidos-, dispuestos a lo mismo, desequilibraría la balanza. Sucede que los jóvenes españoles no quieren pelear contra otros españoles, y están más en sus cosas que en los odios y las mentiras. Pero llegado el caso, serían muchos más que cuarenta mil.

Deducción: que no hay posibilidad de guerra. Sí de estricta aplicación de las leyes, de recuperación de la armonía y de paciente sosiego ante el salvajismo. Y a gastarse el dinero público en asuntos más positivos y reales.

Grandes cambios, sí
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 1 Marzo 2002
 

Dicen Caldera, Jáuregui y el resto de la cuadrilla de Chikito de Bellavista que en el País Vasco se están produciendo grandes cambios, pero que el PP no quiere verlos. Yo tengo la impresión de que, efectivamente, esos grandes cambios en la política vasca se están produciendo a la luz del sol e incluso bajo el sirimiri y que son tan enormes que es probable que hasta el PP se haya dado cuenta. Tal vez la confusión reside en que todos esos cambios se han producido en el PSOE y que los sucesores por la fuerza de Redondo Terreros se empeñan en decir que el que ha cambiado horrores es el PNV.

Por ejemplo, ETA sigue matando, pero incluso cuando trata de asesinar a un miembro destacado del PSOE las protestas no se dirigen ya contra la banda y contra quienes desde el Pacto de Estella son cómplices del terror y socios políticos. Por el contrario, la manifestación fue contra la idea de patria y en defensa de la idea de Humanidad, a pesar de que las víctimas de ETA lo son por permanecer fieles a su patria española y por defender las libertades individuales que la Constitución española proclama y, cuando puede, garantiza. Si uno recuerda las manifestaciones e incidentes por la muerte de Fernando Buesa y las compara con la última movidita en Bilbao debe constatar el inmenso cambio que se está produciendo. Sólo dentro del PSOE, eso sí.

Por ejemplo, las juventudes del PSE-EE, después del atentado que mutiló a su líder, han suscrito conjuntamente un documento con las organizaciones juveniles de los demás partidos, excepto el PP, en el que piden el diálogo de todos los partidos y con ETA para resolver lo que llaman «el conflicto político vasco».Otro cambio para nombrar la dinamita. Por ejemplo, el PSOE ha votado los Presupuestos del PNV en Vizcaya y Guipúzcoa, pese a que el PNV no ha hecho el gesto de nombrar una gestora en Zumárraga tras la estampida de concejales no nacionalistas. Más ejemplos: el PNV a través del heroico rector Montero está echando de la Universidad del País Vasco a los profesores no nacionalistas el robo de su cátedra a Edurne Uriarte es el último caso , pero la denuncia de cuarenta y tantos profesores contra esta situación de terror no es respaldada por el PSE-EE. Desde luego, si recordamos la foto de las pasadas elecciones con Redondo, Mayor y Savater en el Kursaal, constatamos la enormidad del cambio. Además, Zapatero ya no apoya a Redondo sino a González, que defiende el pacto con el PNV y el diálogo con ETA. Como Groucho Marx, el PSOE ha pasado de la pobreza (aunque sólo material, por defender sus principios) a la más absoluta de las miserias (aunque sólo moral, porque materialmente estará subvencionada).

Un cambiazo.

ETA, en el debate socialista
Por CHARO ZARZALEJOS ABC 1 Marzo 2002

Primero, Daniel, y ahora la concejala Esther Cabezudo y su escolta, es decir, su sombra, Iñaki Torres, engrosan desde ayer el triste y estéril listado de ETA.

Con estos atentados se cumplen dos terribles sospechas. Una, que ETA, de una u otra manera, iba a interferir en el debate socialista. Y, otra, que ETA está en Vizcaya, bien instalada, y allí ha logrado introducir un «comando» central y varios «taldes». Calco macabro del «comando Donosti». Que ETA iba a estar presente en el debate del PSE era algo asumido por los propios socialistas. Constatado esto, vienen las interpretaciones de por qué. La conclusión que más ha cundido es que a ETA le molesta el acercamiento entre nacionalistas y socialistas. Que ETA, dicen, quiere cerrar la «puerta abierta» el viernes en Ajuria Enea. ¿Será verdad que todavía estamos en ésas? ETA ha demostrado que atenta contra los socialistas antes y después de Redondo, con Jáuregui y sin Jáuregui. ETA atenta contra el PSE y, desde luego, contra el PP, porque no renuncia a la actualidad, y en este momento el PSE está en candelero. A partir de ahí, confirmar una vez más que ETA es coherente con sus designios, que no son otros que eliminar a todos aquellos que tienen más patrias que Euskadi y además lo dicen. La eliminación es física, cuando pueden, pero además ETA produce la eliminación del ánimo, de la esperanza. Así, ETA y su entorno están provocando más desánimos de los que aparecen, y por eso hay que recalcar que los socialistas, al igual que los populares, con puertas abiertas o con puertas cerradas, son héroes.

ETA está instalada en Vizcaya y allí atentará contra todos los que pueda. No hay que hacerse ilusiones. A ETA no le impresiona nada la creación de una gestora en Zumárraga (está por ver que se constituya) ni que se retiren de los documentos públicos los datos personales de los concejales. Bien está dificultar materialmente los atentados, pero la realidad nos dice que ETA sortea escoltas, inhibidores, secretos.

Lo único que ETA no podría sortear sería la pérdida total y absoluta de toda esperanza, de todo sueño.

Levántate y anda
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 1 Marzo 2002

Aún no ha empezado a andar el Lázaro de Ajuria Enea, pese a haberse levantado el viernes en Vitoria, y ya quienes le llevaron a la tumba tratan de impedir su salida del sepulcro. Unos, mediante el conjuro de sus palabras, y otros, a través de las balas de sus pistolas, buscan volver a cavar tanto el frente propio como el ajeno. Son las mismas bocas, en euskara y castellano, las que, firme el ademán, tocan el cornetín y ordenan prietas las filas a sus desbandadas huestes porque la política de Ibarretxe se basa «en movimientos superficiales destinados a dividir» a los patrioteros o abertzales. Sin la vuelta a las trincheras, no puede haber una sin dos, sus respectivas estrategias de la tensión, España «versus» Euskadi, volverían a ser sustituidas por la dialéctica entre todos los demócratas y los violentos.Cuando ni la cuarta parte de los activistas de la kale borroka provienen de las ikastolas, según un estudio de la Universidad de Deusto, los intendentes ideológicos de las guerras de las patrias carecen hasta de soporte sociológico. Son como aventureros desnortados que han perdido el frente y, además, se han quedado sin enemigo.

No es casual que los amigos de las pistolas, todo un largo semestre sin usarlas, hayan vuelto a utilizarlas inmediatamente antes y después de la reunión de Ajuria Enea. Eduardo Madina, la pasada semana, y Esther Cabezudo, ayer, y las nuevas víctimas progresistas que se registren desde hoy hasta la celebración del congreso del PSOE, han recibido los explosivos destinados realmente a volar la política encarnada en la inteligente y hábil figura de Ramón Jáuregui. Necesitan que el socialismo vuelva a marcar el paso de la oca de Oreja para que Arzalluz no caiga en la tentación de adecuar su marcha al de la rosa de Zapatero. No pueden intentar ahogar a Ibarretxe, acusado de enterrar a Lizarra, sin previamente tratar de estrangular la tentativa socialista por dotarse de una política, personalidad y líder propio en defensa de una interpretación democrática de la Constitución y el Estatuto.

La lección es tan clara como la provocación. Existe una proporción directa entre la desunión de los demócratas y la fuerza de los pistoleros. Su angustia por una primera reunión de Ajuria Enea indica su pánico porque futuras citas consoliden toda una estrategia de unidad democrática. No les preocupa el pacto de Madrid, al ser dos fuerzas estatales; les inquieta el de Ajuria Enea, porque, al incluir a los nacionalistas democráticos, se quedan sin la existencia de los dos frentes en el que situar sus pistolas.No lo esperaban, ni le esperaban. Ni el imperativo «levántate y anda», ni la voz de mando de Jáuregui. Su sorpresa, ira y miedo se reflejan en el fuego graneado sobre los socialistas.

La Yihad vasca
David GISTAU La Razón 1 Marzo 2002

Según una estadística, dieciocho mil jóvenes del Norte confiesan que ingresarían en la «kale borroka», estadio embrionario en el que el gusano o capullo espera a eclosionar como «muyaidín» de su propia guerra santa, ese aquelarre oficiado por chivos. Están los mártires infantiles del Islam que entienden la dinamita como un complemento del vestuario ideal para cortejar huríes y trascender a una eternidad priápica y regada de néctares que es como D Angelo sin límite de crédito. Pero es que éstos provienen del hambre, de los páramos babilónicos de terracota, de la desesperación del acorralado y de la religión como narcótico. El mártir islámico es un tipo sin cajero automático a mano que se quedó del lado malo del escaparate y se sube a un Boeing y a una fe para romper el cristal. En la inmolación, sólo sufre pérdidas biológicas, y a cambio gana una trascendencia mística que viene a rescatarle de todos los desiertos en que anda extraviado.

Por contra, en los que concierne a los dieciocho mil del Norte, ¿por qué se siente reclamado por la «yihad» un tipo que ve «Operación Triunfo», que tiene un equipo en Primera y una 4B en la cartera, que participa de todas las abundancias y de todos los hedonismos como corresponde a quien nació en el lado adecuado del escaparate? Probablemente, porque narcotizado a su manera por un dogma endogámico que templa voluntades robóticas, además se encuentra más fotogénico y más épico retratado en el mural urbano de los héroes «gudaris» que subido a un andamio o barriendo una calle. ETA es una estética airada y tribal, y también una rapsodia de vivac rescatando a un galeote social que no huye de la desesperación, sino de la mediocridad que madruga para encallecerse las manos. Lo fácil sería jugar en el Athletic de Bilbao, pues también el cromo es elevación épica, pero no todos saben tocarla y es entonces cuando al chaval del Norte tentado por la deriva aventurera no le queda sino escuchar la llamada del «muecín»: «¿Yihad!».

Suelo político
Editorial El País 1 Marzo 2002

Muy cerca estuvo ayer ETA de conseguir su objetivo de asesinar a otro concejal socialista y a su escolta. El atentado se produjo el mismo día en que el lehendakari Ibarretxe presidía en Gernika un acto en solidaridad con los concejales amenazados, del que estaban ausentes los representantes de PP y PSOE. En Navarra eran detenidos varios etarras, entre los que figura el presunto autor del asesinato de un concejal de Leitza en julio pasado. Todos los detenidos habían sido miembros de Jarrai, rama juvenil del entramado que dirige ETA, y contaban con antecedentes de terrorismo callejero. La Audiencia Nacional ha confirmado la prisión de 12 dirigentes de Jarrai, asumiendo la hipótesis del juez Garzón sobre la naturaleza de ETA como una estructura de la que forman parte diversos organismos (Jarrai, Gestoras pro Amnistía), legales o alegales.

Todas esas noticias juntas hacen incomprensible que en Euskadi se discuta todavía si los partidos democráticos pueden o no mantener acuerdos, o alcanzarlos en el futuro con el brazo político de ETA. El socialista Jáuregui tiene razón al decirle al lehendakari que ya no basta con establecer unos principios éticos respecto a la violencia; que es hora de trasladar esos principios al terreno político; que la condena de los asesinatos, aunque se añada el adjetivo de 'contundente', es poca cosa cuando asistimos al intento sistemático de eliminar a los rivales políticos; que no se trata de preguntar a Batasuna si acepta el pluralismo, sino de sacar conclusiones de la evidencia de que no lo hace. Y de no condicionar la unidad de los demócratas contra ETA a la aceptación por los demás de los presupuestos ideológicos nacionalistas.

El 'suelo ético' compartido de que habla Ibarretxe a propósito de los crímenes de ETA debería darse por supuesto. Mucho más expresivos que las condenas contundentes son los actos políticos: la materialización de la ruptura con Lizarra en mociones de censura contra los alcaldes de Batasuna, el apoyo público a las medidas judiciales -no políticas, judiciales- contra el entorno de ETA, el abandono de Udalbiltza (asamblea de municipios) y demás residuos de Lizarra, la retirada de las subvenciones a las organizaciones-pantalla de Batasuna. Sin eso, la solidaridad con los vascos no nacionalistas suena a hueco.

Para el fin común
Enrique de Diego Libertad Digital 1 Marzo 2002

El hecho de que ser cargo político del PSE, y del PP, en el País Vasco sea un acto de heroísmo indica la existencia de una dictadura en dicha zona que el Estado de Derecho está obligado a combatir sin complejos de culpa ni dudas de legitimidad. La ilegalización de Batasuna debía haberse producido hace mucho tiempo y constituye el mínimo de la unidad de los demócratas e incluso del instinto de supervivencia. Los atentados contra concejales sólo son posibles porque los “comandos de información” actúan en la impunidad, solapados en la coartada legal de Batasuna con sus sedes, sus tabernas y sus concejalías.

Pero no se puede obviar que el atentado contra la concejala socialista es un medio perverso para alcanzar el fin común nacionalista. Esa aseveración, que entra dentro de la obviedad, sirve para mostrar el error moral y de base de las actuales dudas socialistas y la tentación de convertirse en un satélite del PNV con seguidismo respecto a las tesis de Sabino Arana. El combate contra la ideología racista subyacente es un imperativo ético que no puede supeditarse a los intereses de una empresa ni a los rencores de un expresidente ni a la levedad de un secretario general luchando por su supervivencia política. El PSOE, frente al heroísmo de sus cargos, no puede convertirse en cómplice de Batasuna estableciendo dudas sobre la capacidad del Estado de Derecho para cumplir su fin básico de asegurar el derecho a la vida de sus ciudadanos y el disfrute pacífico de sus libertades.

Ataque de Eta a los socialistas
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 1 Marzo 2002

Se supone que el obispo de Álava y el párroco de El Buen Pastor nos van a contar en la homilía del domingo cuáles son las razones por las que los amigos de los terroristas aplaudieron ayer cuando se produjo el atentado contra la concejala del PSOE en Portugalete.

No es seguro que nos narren cómo les han contado que se ponen las bombas para matar, pues cabe que eso se haya cocinado en un secreto de confesión. Tampoco esperamos de ellos que en la condena del intento de asesinato culpen a los asesinos, pues dirán que los culpables somos todos: el obispo y el párroco de El Buen Pastor deberían figurar en el listado de la Dirección del Tesoro de los Estados Unidos, en el capítulo de los tontos.

Con el apoyo explícito de esos curas, Eta ha intentado asesinar a otra representante de la Democracia, en este caso del PSOE. Son los socialistas los que últimamente más están sufriendo el ataque de los terroristas, asunto que no parece tener que ver con las estrategias internas de apoyo al PNV sino con las facilidades que debe encontrar Eta para atacarles. Eta ni apoya ni aprueba estrategias políticas: simplemente, mata.

No es mal momento para reflexionar por qué desde el PSOE quieren dar la mano a los políticos que pueden pasear sin escolta y alejarse de aquellos que sufren su misma persecución. Interpretar, como se ha hecho, que estos atentados vienen a ratificar que el PSOE debe llegar a acuerdos con el PNV porque no le gusta a Eta es insensato. Más allá de macroestrategias, existe la realidad de unas gentes que no pueden caminar hacia el trabajo, cosa que les pasa a unos concretos (PP y PSOE) y no a otros (PNV y HB).

Frente a los asesinatos, los dos grandes partidos llegaron a un acuerdo por la Paz y contra el terrorismo. Hoy se ratifica de nuevo que es imprescindible mantener el pacto armónicamente, pues lo importante no es saber quién lo interpreta mejor, sino cómo conseguimos vivir en paz.

Ofensiva democrática
Editorial El Correo 1 Marzo 2002

El atentado perpetrado ayer por ETA contra la concejala socialista de Portugalete Esther Cabezudo y su escolta Iñaki Torres estuvo a punto de acabar con la vida de ambos y de causar mayores daños personales que los que ya suponen las heridas producidas por la deflagración, el pánico provocado por la onda expansiva y los brutales desperfectos causados, que sumieron a la localidad vizcaína en un auténtico caos. En momentos así resulta inevitable pensar que, a pesar del grave quebranto que el terrorismo causa cotidianamente a sus víctimas, sólo la fortuna evita las masacres que encierran en potencia los dispositivos de los terroristas. También esta vez la suerte quiso que ETA no lograra alcanzar de lleno su objetivo. Pero es indudable que incluso los atentados fallidos -y el de ayer no lo fue- obtienen resultados que los terroristas consignan como victorias: su poder liberticida se hace patente tan sólo con un mero acto de presencia. La dimisión del portavoz socialista en el Ayuntamiento de Llodio atestigua hasta qué punto la coacción terrorista hace mella entre los representantes de la voluntad popular. Como si se tratara de una campaña largamente proyectada, la obcecación con que los etarras persiguen a la militancia socialista obedece a una doble intención: subyugar a las bases de un partido histórico en Euskadi y cercenar su entereza humana para lesionar los fundamentos mismos del sistema democrático impidiendo que la representación ciudadana pueda ejercerse en libertad.

El atentado de ayer vuelve a mostrarnos cuál ha de ser hoy uno de los objetivos fundamentales de los demócratas: garantizar que los vascos ejerzan su derecho al voto pudiendo optar con entera libertad en las próximas elecciones municipales. Ha sido ETA quien ha señalado el terreno de tan crucial pugna, y sería una grave irresponsabilidad que las instituciones y los partidos políticos rehúyan el envite o se limiten en su respuesta a meros pronunciamientos defensivos. En este sentido la iniciativa de Eudel de presentar un acto de ratificación del compromiso ético que desde hace meses promueve el lehendakari Ibarretxe como una convocatoria solidaria con los concejales amenazados constituye un desatino. Es cuando menos tan extraña como elocuente la realización de una concentración de alcaldes y concejales con la intención de dar arrope a los ediles perseguidos sin que éstos estén presentes. El aserto de que todos somos víctimas resulta, en ocasiones, más injusto que solidario, más oportunista que sincero. Pero sobre todo constituye una pérdida de tiempo y de norte imperdonable que el nacionalismo democrático pretenda quedarse en la obviedad del compromiso ético . Porque el compromiso que requiere la situación no puede ser meramente retórico, sino que debiera dar salida a una ofensiva democrática que desbarate la impunidad política y el escarnio permanente que supone la consabida abstención de los concejales de Batasuna ante la condena de los atentados que sufren los concejales socialistas o populares, o ante la presión de que son objeto aquellos ediles nacionalistas que más se distinguen por desenmascarar la vileza que encierra el extremismo abertzale. El nacionalismo gobernante podrá oponerse políticamente a un eventual proceso judicial de ilegalización de Batasuna. Pero, políticamente, no puede soslayar por más tiempo la cobertura legitimadora que la acción pública de Batasuna brinda al terrorismo. La ética democrática y el civismo carecen de significado si quienes los enarbolan como principios eluden llevarlos a la práctica política para lograr que hasta la más insignificante señal legitimadora de la violencia terrorista quede desterrada de la vida pública e institucional en Euskadi.

Desgraciadamente, desde hace demasiado tiempo las iniciativas políticas están yendo por detrás de las pautas que marcan los atentados terroristas, sin que en los últimos años hayan logrado adelantarse siquiera por un instante a la escalada del fanatismo. No es ésta la primera ocasión en que, frente a las dificultades operativas de ETA -propiciadas por la actuación de las fuerzas de seguridad que ayer mismo obtuvieron un nuevo éxito en Navarra- y al desconcierto que reina en el seno de la izquierda abertzale, los partidos democráticos se muestran incapaces de aprovechar la ocasión para debilitar aún más la trama terrorista sometiéndola a una derrota política que impida su recuperación. Las desavenencias sobre la actitud a mantener respecto a Batasuna en las instituciones, puestas de manifiesto tras la reunión de Ajuria Enea del pasado viernes, evidencian una clara resistencia por parte del nacionalismo democrático a romper definitivamente con la izquierda abertzale. Los hechos de la violencia demuestran en todo su dramatismo que no es suficiente con que las formaciones democráticas descuenten de sus eventuales alianzas la existencia institucional de Batasuna. A estas alturas parece necesario que la unidad democrática se sustente, entre otras bases, sobre un empeño común por reducir al máximo el campo de influencia de Batasuna y el aprovechamiento que dicha formación obtiene de las propias instituciones para arremeter contra ellas allanando el camino a la perpetuación de la coacción terrorista sobre sus adversarios políticos.

En homenaje a una concejala
RAFAEL AGUIRRE/CATEDRÁTICO DE TEOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE DEUSTO El Correo 1 Marzo 2002

Esta vez el sobresalto, el dolor indignado y el alivio se han sucedido sin solución de continuidad. El objetivo directo de ETA, la concejala Esther Cabezudo y su escolta, Iñaki Torres, han salvado la vida y sus dolencias no son graves. Se ha debido a la impericia de los asesinos, porque la magnitud del explosivo y de los daños materiales dejan bien claro que no les importa poner en peligro la vida de muchísima gente. Su frío desprecio por las personas es directamente proporcional a la fuerza de su fanatismo. Esta nueva leva de terroristas enloquecidos e inexpertos puede ocasionar cualquier día una masacre indiscriminada de terribles consecuencias.

Parece que los terroristas son cada vez más jóvenes. Se acaba de publicar una encuesta, con muchos datos que no sabría interpretar, según la cual unos 18.000 de los jóvenes de Euskadi (un 3,7% del total) están dispuestos a participar en la kale borroka para lograr la independencia. Es un dato que contrasta frontalmente con los jóvenes que el sábado pasado organizaron una magnífica manifestación con motivo del atentado contra Eduardo Madina. No podemos engañarnos y no se deben engañar los jóvenes mismos. El nacionalismo no crece en la sociedad vasca, pero los jóvenes tienen un nacionalismo mucho más radicalizado que la generación anterior. La complicidad generacional, muy fuerte a esas edades, funcionó inmediatamente, pero la mencionada encuesta nos devuelve a una realidad muy preocupante.

Esta vez el cansancio y la afortunada falta de muertes no deben servir de disculpa para que permanezcamos en silencio. El terrorismo no es ni un fenómeno meteorológico inevitable, ni producto de una fatalidad dirigida por oscuras fuerzas sobrenaturales. En el País Vasco hay un problema muy grave de falta de libertad, de carencia de valores morales, de respeto de la pluralidad, de un nacionalismo que no acaba de superar su ideología etnicista. Los terroristas deben saber que con cada atentado aumentan la deuda que tienen contraída con esta sociedad; que con las acciones de unos y los silencios y complicidades de otros están escribiendo una historia negra, que no podremos olvidar, y que, lejos de doblegar a la democracia, enfangan cada vez más a la causa en cuyo nombre están causando tanto sufrimiento.

Hay una pregunta que, en el calor del atentado, me suena mal y me resulta casi obscena, pero que surge inevitablemente: ¿por qué ETA se está cebando ahora en los socialistas? Me disgusta, además, el esfuerzo intelectual que exige el rastrear la lógica infame de los asesinos. Porque -lo he dicho muchas veces- el terrorismo no es obra de alimañas, sino una crueldad específicamente humana por la sofisticación técnica y la perversión calculada que exige. Puede ser, como dicen algunos, que con estos atentados se quiera impedir el acercamiento del PSE al PNV dando razones a los sectores socialistas más exigentes ante el acercamiento al nacionalismo, porque alejaría la perspectiva de la unidad abertzale. Se podría responder que son los atentados precisamente los que hacen imposible la mencionada unidad. Pero estas especulaciones me parecen secundarias. Lo que sí está claro es que para afrontar esta situación se requiere restablecer la unidad democrática, que se basa en unos principios éticos, pero también políticos. La reunión del viernes pasado en Ajuria Enea fue un primer paso, todavía muy tímido, porque la unidad democrática no se puede limitar a sanear la vida municipal y dar una cobertura de legitimidad a las próximas elecciones municipales.

Es una ingenuidad, probablemente interesada, afirmar que hay que plantear todas las cuestiones políticas existentes en el País Vasco como si ETA no existiese, porque de lo contrario estaríamos dejando que la banda armada marcase la agenda colectiva. Pienso exactamente lo contrario: quitar a ETA el protagonismo es dejar bien claro que sólo cuando la sociedad no se sienta ni amenazada ni condicionada por ella, es decir, cuando haya verdadera libertad para todos, se podrán plantear todas las cuestiones sin más límites que la voluntad de los ciudadanos. La aceptación de este elemental principio es, en mi opinión, un componente político de esa necesaria unidad democrática y su aceptación contribuiría a algo tan importante, y tan difícil, como es la creación de un clima de confianza mínima entre políticos que, por desgracia, han visto gravemente deterioradas hasta sus relaciones personales.

Creo que hoy es un buen día para rendir homenaje a los concejales del PP y del PSOE en el País Vasco que, pagando un elevado precio personal, están defendiendo la democracia, haciendo presente la voz de miles de ciudadanos silenciosos y acobardados, y demostrando que la política, entendida como gestión de los asuntos públicos y defensa de convicciones e ideales, es, en principio, una de las más nobles actividades humanas. No conozco a Esther Cabezudo, pero desde aquí le envío un abrazo con mi deseo de que prosiga esa biografía solidaria y valiente que me parece traslucir en los pocos datos que de ella nos han llegado a lo largo de este día.

Cada atentado pone de manifiesto el coro de hipócritas y encubridores de los etarras. Precisamente en estos momentos en tres iglesias de Bilbao, San Sebastián y Vitoria permanecen encerrados simpatizantes del entorno radical en señal de protesta por la ilegalización de Segi. Tienen otras formas legítimas de proceder contra una decisión tomada por un organismo de un Estado democrático, pero han optado por buscar resonancia social y complicidades invadiendo un espacio religioso. No voy a entrar en todos los problemas que esta actitud plantea. Solamente diré que me parece intolerable y que no basta una nota de desaprobación de la autoridad eclesiástica, de poca repercusión pública. Esta ocupación de templos por quienes no sólo no condenan los atentados terroristas, sino que están acusados de connivencia con quienes los practican por indicios muy serios a juicio de la autoridad judicial, es una auténtica profanación de esos espacios y si no se considera oportuno recurrir a otros medios, al menos se deberían cerrar al culto hasta que quienes se han encerrado no depongan su actitud. Me parece escandaloso que la iconografía de los héroes etarras se haya podido instalar, por la fuerza, durante semanas en algunos templos y que sus responsables no hayan tenido el valor suficiente para expulsar a quienes trafican con la peor de las mercancías. La impunidad tiene muchas expresiones y es una de las raíces de la cultura de la violencia que nos asola.

Más visibilidad
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo 1 Marzo 2002

Con cada nuevo atentado, ETA quiere demostrar que es ella la que realmente ocupa la realidad de este país. Toda su realidad. Justo cuando los partidos democráticos parecían comenzar a tejer, lenta y torpemente, una débil trama de consensos, y justo también cuando los ciudadanos seguíamos con atención e interés esa difícil labor de encaje, el terrorismo ha vuelto a dejar claro que, frente a las dudas y vacilaciones de los demócratas, su estrategia no necesita ser debatida, porque ha sido fijada de antemano con matemática precisión. Basta un atentado, el cuerpo de una concejala tendido en la calle junto al de su escolta, para dejar sentado que quien ha tomado posesión de la realidad más auténtica del país, quien se ha adueñado por completo de toda nuestra realidad, no es la política democrática, sino las fuerzas del terror, que pueden desalojarla de ella cuando quieren.

Es verdad que el terrorismo lo tiene más fácil. Los efectos que causa -ruinas, sangre, heridos y muertos- son, por su misma naturaleza, impactantes, y los instrumentos de que se sirve -bombas y estallidos-, deslumbrantes. En este sentido, el terrorismo goza de un exceso de visibilidad. El ciudadano no puede no sentirse impactado y deslumbrado por él. Cegado ante cualquier otro hecho. Su capacidad de percibir ese otro trozo de realidad que llamamos normal , ese espacio que queda al margen del terrorismo, se ve reducida a la nada. El terrorismo acapara toda su atención y no le permite ver más allá de lo que él abarca.

Para contrarrestar este efecto impactante y deslumbrante del terrorismo, ese exceso suyo de visibilidad, no basta con que desde la política democrática se le hagan al ciudadano constantes apelaciones verbales a fijar su atención en esos otros aspectos de la realidad que también existen y podrían pasar por normales . Esa política de la normalidad es la que, legítima y acertadamente, se ejerce en países normales. Pero, en el nuestro, un país anormalmente azotado por el terrorismo, la política democrática necesita dotarse de un ethos excepcional y revestirse de un plus de visibilidad, para que pueda competir con el terrorismo en la toma de posesión de la realidad. Sólo si lo consigue, podrá el ciudadano dejar de sentirse tan impactado y tan deslumbrado por el terrorismo que no pueda ver otra cosa distinta de él.

La unidad democrática frente al terrorismo se ha convertido ya en una demanda tan insistente como estéril. Quienes deberían tejerla no parecen creer ya en ella y quienes la reclaman no esperan ya que se alcance. Pero la demanda sigue ahí. Es muy posible que el ciudadano, cuando la reivindica ante los políticos, no sea porque crea que con ella -con la unidad- vaya a vencerse al terrorismo. El motivo de su reclamación tiene, más bien, que ver -creo yo- con esa necesidad que siente de no verse tan impactado y tan deslumbrado por el terrorismo como ahora está. Su demanda de unidad es, en este sentido, una demanda que dirige a la democracia para que se dote de más visibilidad. El ciudadano exige que la democracia se le haga tan visible, al menos, como visible se le hace el terrorismo. Sabe que en esa visibilidad de la democracia es donde podrá encontrar refugio y amparo frente a la impactante y deslumbrante presencia del terrorismo en su realidad de cada día. Que, además del terrorismo y por encima de él, queda todavía algo en este país que le invita a seguir viviendo en él.

Quienes critican la etapa del Pacto de Ajuria Enea suelen argumentar que no logró alcanzar su objetivo: el final o, si se quiere, la derrota del terrorismo. Admitamos que así fuera, aunque el objetivo de aquel Pacto no fue tanto acabar con el terrorismo como establecer las condiciones en que el terrorismo debía acabar. Pero, admitida la objeción, lo que no tienen en cuenta esos críticos es que el Pacto de Ajuria Enea y la Mesa de partidos que se constituyó en torno a él lograron algo tan importante -y tan añorado- como dotar a la democracia vasca de ese plus de visibilidad que hoy tanto se echa en falta. Las instituciones y los partidos democráticos se revistieron de ese exceso de presencia visible que les es absolutamente necesario en una sociedad en la que el terrorismo pretende hacerse cargo y tomar posesión de toda la realidad. En ese Pacto, en sus gestos e imágenes de unidad y fortaleza, el ciudadano pudo encontrar el amparo suficiente para no verse tan desprotegido, tan a la intemperie, frente al avasallador fenómeno del terrorismo como ahora se encuentra.

Los partidos democráticos, con el lehendakari a la cabeza, deberían entender el desamparo en que se siente la ciudadanía con la actual situación de desunión. No sólo aquella parte de la ciudadanía que vive bajo la amenaza directa del terrorismo, sino toda ella en su conjunto. Prueba de ello es que, en cuanto se da un atisbo de mayor unidad democrática -como pudo ocurrir en la reunión del pasado viernes en Vitoria o en la manifestación del sábado siguiente en Bilbao-, la esperanza de la gente vuelve a encenderse de nuevo. Nadie espera ya que la unidad democrática vaya a hacer entrar en razón a los terroristas. Sólo espera que esa unidad, ese plus de visibilidad democrática, sirva para contrarrestar el exceso de visibilidad que, por su misma naturaleza, tiene el terrorismo. La gente necesita -necesitamos- ese ethos excepcional que la democracia debe mostrar cuando ha de ejercerse en una situación de anormalidad como la nuestra. Por eso exige la unidad: para sentirse, si no liberada del terrorismo, sí, al menos, amparada y protegida frente a él. Tampoco es tanto.

Jóvenes bien adoctrinados
Alicia Delibes Libertad Digital 1 Marzo 2002

“Los grupos de apoyo a ETA se han enquistado en los ámbitos educativos del País Vasco”. Esta afirmación encabezaba el programa electoral sobre educación que elaboró el PSE hace menos de un año con motivo de las elecciones de mayo en el País Vasco.

La izquierda vasca flirteó durante mucho tiempo con el nacionalismo, así que los hijos veinteañeros de los antifranquistas del 68 se han criado en ambientes familiares y escolares pro nacionalistas. Mikel Iriondo, miembro de “Basta ya”, que iba en las listas del ex candidato del PSE, Nicolás Redondo, manifestó por aquellos días en una entrevista concedida a la revista digital docencia.com su convencimiento de que los jóvenes violentos del entorno etarra mamaban el nacionalismo en casa y en la misma escuela, donde muchos de sus profesores y de los libros de texto que utilizaban alimentaba su conciencia de pertenecer a un país oprimido por España.

Iriondo, Azurmendi, Juaristi y tantos otros que han vivido en sus propios hijos el ambiente doctrinario de las escuelas vascas de los últimos años conocen mejor que nadie la responsabilidad que ciertos educadores de ikastolas e institutos tienen en la difusión de la ideología que domina entre jóvenes simpatizantes del nacionalismo.

Las Juventudes Socialistas de Euskadi se oponen a la ilegalización de Batasuna. Pero es que, educados en ese ambiente, no puede extrañarnos que los jóvenes socialistas sean tan “comprensivos” con las posturas totalitarias y desconozcan el valor de la vida democrática. Al fin y al cabo, muchos de sus antiguos compañeros de pupitre, algo más radicales que ellos en sus reivindicaciones nacionalistas, son ahora simpatizantes e incluso miembros del partido nacionalista abertzale.

Tiene razón Caldera cuando afirma que algo ha cambiado en el País Vasco. Lo que ha cambiado radicalmente es la postura oficial de su partido frente al nacionalismo. Nicolás Redondo representaba a ese sector de la izquierda que por fin se daba cuenta de que con sus sonrisas al nacionalismo no había conseguido otra cosa que alimentar el régimen del terror. Defenestrado Redondo, han muerto las ilusiones de los que con él dijeron hace meses ¡Basta ya!, han muerto las ganas de la izquierda por recuperar la democracia. Desgraciadamente, no nos va quedando otro remedio que aceptar que gracias a tipos como González, Jáuregui, Zapatero o Caldera aquel movimiento que estuvo tan seguro de convencer a los ciudadanos vascos ha quedado reducido a una lista de 42 valientes profesores que saben que se están jugando su trabajo y su vida sólo por decir la verdad.

Mayor Oreja
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 1 Marzo 2002

Le recuerdo en las noches de Jockey con el resto de la panda, que cruzaba desde el Ministerio y creo ver cómo dejaba sobre la mesa el revólver del cargo, no con un ademán de western sino como quitándose de encima el peso excesivo del poder, la honradez, la valentía, la responsabilidad, el peligro y el deber cumplido. Ahora, tras ser considerado el mejor ministro del Gabinete Aznar, y tras el salto en falso en el País Vasco, aquí está con su franqueza y sus convicciones, como jefe de la oposición vasca. Le recuerdo en nuestros almuerzos de tú a tú en el Ministerio. Ahora veo que le quieren nombrar sustituto de Aznar y no me parece mal, siempre que conserve detrás ese batallón de funcionarios que han leído todos a Stuart Mill y todavía lo releen por las noches, en la cama, si la parienta no decide apagar la luz.

Veo en La Razón un titular atribuido a Mayor Oreja que dice así: «La Iglesia es la institución a la que ETA está haciendo más daño». Quiere decirse que el proteccionismo de los obispos al terrorismo sólo puede perjudicar a los propios obispos, que sin duda actúan con mucho miedo y alguna cautela. Y sigue Mayor Oreja: «En el País Vasco la religión ha sido sustituida en muchas personas por la política. La Iglesia ha sufrido una crisis moral y religiosa, produciéndose un vaciamiento ético».

Éste es el diagnóstico lacónico y perfecto que devuelve los movimientos violentos de Vasconia a sus orígenes carlistas. También el carlismo utilizó la religión para hacer política contra Isabel II y los liberales de Madrid, que algunos no iban a misa. Pero este comportamiento ha producido la crisis moral de que habla Mayor Oreja y el vaciamiento ético. Desde el arzobispo al monaguillo, pasando por el sacristán y el párroco, todos saben en una parroquia vasca que han pasado de ser el santuario de un nacionalismo religioso y ferviente a ser los cómplices asustados de un movimiento terrorista que alza el puño y mata al vecino sólo por ser vecino. Así como Aznar ha hecho la gestión económica y hoy le saca casi diez puntos al PSOE, Mayor Oreja, como presidente del Gobierno, podría hacer la gestión policial contra el enemigo múltiple. Esta que él señala es la malversación fundamental de la vida vasca en la actualidad. Los vascos, siempre buenos cristianos, han pasado a descubrir que más allá de la religión está la política y que el éxtasis de lo vasco no es el misticismo sino la violencia. Supuestos tan torticeros han producido el vaciamiento ético que decíamos, la crisis religiosa de quienes no acaban de creérselo. Esto, sí, es un carlismo de izquierdas, con perdón para la izquierda, es la eterna confusión del país con la raza y de la raza con la conducta. Siendo vasco vale todo. Vale, incluso, perder una pierna en plena juventud y sin saber por qué. El barullo mental viene desde el señor Arana y llega hasta el terrorismo más violento y desmotivado. El resorte íntimo de esta épica es el odio a lo que ellos llaman «Madrid» y que no es Madrid sino el viejo liberalismo devenido en moderno socialismo y resuelto finalmente por el señor Aznar como capitalismo popular o cosa así. Sólo algunos intelectuales de ETA entienden esta síntesis y la explican a su manera. A ver si luego les vamos a echar de menos.

Eta se ceba con el PSE e intenta asesinar a una edil y su escolta con 30 kilos de dinamita en un carrito
Esther Cabezudo e Iñaki Torres salvaron la vida gracias a que la carga estaba mal orientada y a que caminaban por la acera contraria Los pistoleros accionaron el explosivo justo después de que pasase un edil del PNV
La concejal socialista Esther Cabezudo Barturen, de 56 años de edad, su escolta Iñaki Torres Mediavilla, de 30, y otras ocho personas resultaron heridas leves en la mañana de ayer al estallar una bomba de gran potencia activada a distancia al paso de la edil del PSE en la localidad vizcaína de Portugalete. La deflagración causó cuantiosos daños materiales en el inmueble número 11 de la calle Casilda Iturrizar, donde estaba colocado el artefacto. Esta es la segunda acción en apenas una semana que Eta dirige contra el Partido Socialista en el País Vasco. El pasado miércoles, una bomba lapa amputó la pierna izquierda al joven dirigente socialista Eduardo Madina cuando se dirigía en su vehículo a su lugar de trabajo.
E. Mejuto - Bilbao.- La Razón 1 Marzo 2002

La casualidad y la suerte evitaron que la concejal y su escolta sufrieran daños mayores, ya que el artefacto, que se encontraba oculto en un carro de la compra, estaba compuesto por entre 20 y 30 kilogramos de dinamita. El hecho de que ambos circulasen por la acera de enfrente a la que estaba colocada el carrito, de que el vehículo del concejal del PNV Javier Miranda estuviese estacionado frente al edificio, absorbiendo gran parte de la explosión, así como un fallo en la colocación del artefacto, propiciaron que la concejal y su escolta no perdieran la vida.

La explosión se produjo a las nueve y diez de la mañana, cuando la concejal se dirigía a pie hacia el Ayuntamiento donde a mediodía estaba prevista la celebración de un pleno. La bomba estaba escondida dentro de un carrito de la compra que había sido estacionado entre el portal del inmueble número 11 y una tienda de muebles. Dos jóvenes colocaron el carrito unos minutos antes y se fueron corriendo, según testimonios recogidos por la Ertzaintza. La edil socialista había salido de su casa como todas las mañanas acompañada de su escolta, un vigilante privado contratado por el Ministerio del Interior.

Explosión
La calle por la que ambos circulaban tiene una pronunciada pendiente y es conocida como Cuesta de la Madera. Cuando ambos llegaron a la altura del inmueble número 11, la bomba fue activada a distancia con un telemando por dos terroristas que la Ertzaintza considera encuadrados en el «comando Vizcaya». Ambos circulaban por la acera de enfrente a la que estaba colocado el carro y en el momento de la explosión había estacionado un vehículo, propiedad de Javier Miranda, que absorbió gran parte de la onda expansiva y de la metralla que componía el artefacto. Además, y según explicó el consejero de Interior, Javier Balza, la carga estaba orientada hacia el edificio, lo que evitó que impactara de lleno en la edil y su escolta, salvando la vida de ambos.

Como consecuencia de la explosión, la concejala sufrió multiples heridas de metralla, estallido del tímpano derecho y un cuadro vertiginoso secundario por efecto de la onda expansiva. Su escolta tenía heridas de metralla en extremidades y tórax, así como estallido timpánico del oido. Ambos permanecen ingresados en el hospital de San Eloy, donde fueron trasladados nada más producirse la explosión. Tanto la DYA como el centro hospitalario de Cruces también atendieron a otras ocho personas, que resultaron heridas leves. Entre estos afectados había una mujer embarazada, cuyo feto no sufrió ningún daño.

Cuantiosos daños
Vecinos de Las Arenas, al otro lado de la ría, informaron a la agencia «Vasco Press» de que después de oír la deflagración habían visto una columna de humo que se levantaba en Portugalete. Los cuantiosos daños causados en el edificio testimonian la destrucción provocada por la onda expansiva. El inmueble que ha padecido mayores desperfectos es el que tenía colocado en carro-bomba en su portal, el número 11, justo pegado a uno de los pilares de la casa, pilar que ha quedado seccionado. Los bomberos y técnicos municipales estuvieron varias horas comprobando la estructura del edificio y aunque no se teme derrumbamiento, será necesario apuntalarlo, volver a asentar el pilar, por lo que sus residentes desconocen en cuando podrán regresar a sus domicilios. También inspeccionaron la estructura del portal número 13 para conocer el alcance de los daños. Ambos edificios tenían las ventanas reventadas. La explosión provocó que penetrasen en las casas tanto los cristales como los marcos de las ventanas. Una tienda de muebles ubicada al lado del portal del artefacto ha visto su escaparate totalmente destrozado.

ATENTADO TERRORISTA / LA DICTADURA DEL MIEDO
El portavoz del PSE en Llodio abandona por la presión terrorista
El Mundo 1 Marzo 2002

Con él son ya 18 los concejales socialistas que han dejado sus cargos por las amenazas del entorno proetarra

LLODIO. El portavoz socialista en el Ayuntamiento de la localidad alavesa de Llodio, Raúl Arza, anunció ayer su intención de abandonar la política, reconociendo que le empuja el miedo, porque la situación en el País Vasco «se está haciendo insostenible». Arza tomó esta decisión coincidiendo con el atentado de ETA contra la militante socialista y concejala del Ayuntamiento de Portugalete, Esther Cabezudo.

Con su marcha, son ya 18 los concejales del PSE-EE que han abandonado sus cargos por la presión del entorno abertzale desde que la banda terrorista decretase el final de la tregua, en diciembre de 1999.

«Lo que se le pide a nuestras familias es mucho, la situación se está haciendo insostenible y he decidido marcharme». Así anunció Arza, en declaraciones a la Cadena SER, su intención de dejar su cargo en el Ayuntamiento de Llodio, cansando de «no ver salida» a un conflicto «muy complicado». Admitió que marcharse de la política no ayudará a solucionar el problema, pero «es la solución personal de decir hasta aquí», manifestó.

Arza se mostró decepcionado por las actuaciones de los gobiernos central y vasco y recordó que el único modo de combatir al terrorismo es la unidad democrática y «no acentuar las discrepancias». «No entiendo cómo son imposibles las reuniones entre Aznar e Ibarretxe, creo que tendría que ser una cosa que fuera a diario», añadió..

Medidas inútiles
Las medidas aprobadas en la reunión de la comisión de seguimiento del Pacto Antiterrorista, a las que dará luz verde hoy el Consejo de Ministros tampoco son la solución para Arza. «Todas estas medidas se han hecho medio efectivas en otros momentos y no han servido para nada», dijo. «Lo que se ve es el no acuerdo, la discrepancia, en vez del acuerdo, que es lo que necesita la sociedad vasca», explicó.

El portavoz socialista en Llodio aseguró que sus compañeros le han manifestado su apoyo en esta decisión. «Todo el mundo lo entiende», dijo, «porque se trata de una decisión personal».

«Al final, algunos van aguantando y otros vamos cayendo en el camino», añadió, aunque confirmó que no se marchará del País Vasco. «Ese es nuestro gran drama, soy una persona que soy de Llodio de toda la vida, mis padres también son de aquí, toda mi familia...», concluyó.

El secretario general del PSE-EE en Alava, Javier Rojo, aseguró que esta dimisión deslegitima al lehendakari, Juan José Ibarretxe, a su Gobierno y también a todas las instituciones vascas. «Aquí lo que hace falta es una rebelión cívica, por parte de todo el mundo que entiende que las cosas se tienen que hacer de otra manera», dijo para contrarrestar la «cierta pasividad» de la sociedad democrática ante estos hechos, porque lo que no se puede hacer es «estar todo el día poniendo la otra mejilla, porque de tanto hacerlo nos la están partiendo».

El caso es que ya son 18 los ediles socialistas que han dejado sus cargos tras el fin de la tregua de ETA. El PSE-EE es el partido más afectado por esta oleada de dimisiones que ha afectado incluso a Batasuna. En total, 38 concejales han presentado su dimisión desde diciembre de 1999.

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