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Recortes de Prensa    Viernes 22  Marzo  2002
Sangría socialista
Editorial La Razón  22 Marzo 2002

ETA INTENTA CONDICIONAR A TIROS EL CONGRESO DEL PSE
Editorial El Mundo  22 Marzo 2002

La dictadura del terror
Editorial ABC  22 Marzo 2002

Somos más y somos mejores...
BENIGNO PENDÁS ABC  22 Marzo 2002

Un alma y dos excrecencias
Aleix Vidal-Quadras La Razón  22 Marzo 2002

El asesinato de un concejal socialista
Editorial ABC  22 Marzo 2002

Vísperas de sangre
CHARO ZARZALEJOS ABC  22 Marzo 2002

Juan Priede Pérez
CARLOS DÁVILA ABC  22 Marzo 2002

Lectura de Eluard en Orio
IGNACIO CAMACHO ABC  22 Marzo 2002

Votos, balas y vetos
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo  22 Marzo 2002

El eslabón más débil
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  22 Marzo 2002

El genocidio de los valientes
Enrique de Diego Libertad Digital  22 Marzo 2002

Un país de chivatos
Ignacio Villa Libertad Digital  22 Marzo 2002

ETA: sojuzgar con el terror
EDITORIAL Libertad Digital  22 Marzo 2002

Acabar con la impunidad
Editorial El Correo 22 Marzo 2002

Tolerancia cero
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo 22 Marzo 2002

El Partido partido
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN. Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 22 Marzo 2002

Una cuestión de vida o muerte
MARIO ONAINDIA El Mundo 22 Marzo 2002

ETA asesina al concejal socialista de Orio
M. ALONSO ABC 22 Marzo 2002

«Si el pueblo llano no se moja, ETA no se acabará»
OLATZ BARRIUSO/ORIO El Correo 22 Marzo 2002

Un problema moral
ANJEL LERTXUNDI/ El Correo 22 Marzo 2002

Hoy soy socialista
RAFAEL AGUIRRE/CATEDRÁTICO DE TEOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE DEUSTO El Correo 22 Marzo 2002

¿Cuántos más
JOSEBA ARREGI El Correo 22 Marzo 2002


 

Sangría socialista
Editorial La Razón  22 Marzo 2002

Los pistoleros de la banda etarra Eta asesinaron ayer a Juan Priede, concejal socialista en el Ayuntamiento guipuzcoano de Orio, el quinto edil de este partido muerto a manos de Eta desde el final de su tregua-trampa. Desde el punto de vista humano, es una enorme tragedia, que exige la solidaridad de toda España con la familia y con los compañeros socialistas del hombre cruelmente abatido.
Pero, además, el asesinato, perpetrado con la habitual cobardía del tiro por la espalda de los sicarios etarras, ha de analizarse en otras dimensiones. En este caso, a nadie se le puede ocultar que se produce como sangriento prólogo al congreso que el PSOE vasco celebra este fin de semana para definir su futura línea política que, en esencia, opta entre dos alternativas: distanciarse del PP, con el que firmó el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo (acercándose, por el contrario, a las tesis del PNV); o mantener la línea combativa contra el nacionalismo etnicista y separatista, que caracterizó la dirección del dimitido Nicolás Redondo Terreros.

Para desgracia de los españoles, Eta lanza sus «mensajes» con un solo lenguaje: el de las pistolas. El más fácil, para una banda de pistoleros de corte mafioso, pero con pretensiones «políticas». Y sabemos que lo ha hecho así y lo sigue haciendo porque algún fruto le saca a la barbarie criminal. El principal de ellos es conseguir que una parte de la opinión pública vasca (los nacionalistas del PNV, los tardocomunistas de Izquierda Unida y, sorprendentemente, algunos socialistas) lleguen a pensar que algo hay que dar a cambio a Eta para que no mate. Por ejemplo, aceptar reivindicaciones de corte soberanista, protagonizadas, eso sí, por «nacionalistas democráticos» y no por la propia Eta.

Y cada vez que Eta ve que hay alguna debilidad en los partidos en el terreno de ceder ante los postulados independentistas, la explota agudizando su sufrimiento, su angustia y su miedo. Su objetivo es obvio: provocar la rendición de los que aún defienden una España constitucionalistas forzar su desistimiento, su fuga; expulsarlos del País Vasco para que dejen el campo libre al pensamiento único nacional-separatista.

Todo esto no es incompatible con el hecho de que Eta utiliza los asesinatos para recordar al PNV cuál es el lugar que le es destinado: un utópico frente que no se sostendría ni dos minutos, porque, entre otras cosas, Eta querría mandar sobre él y, además, muchos nacionalistas moderados sufren con repugnancia el terrorismo. Lo que sucede es que este recordatorio para «embridar» al PNV se hace con una puñalada en la espalda de otros: en este caso, los heroicos concejales del PSOE. Pero el aviso al PNV es secundario. El mensaje más claro de Eta es demostrar que no se puede luchar contra el proceso de limpieza étnico-ideológica diseñado por el aparato terrorista, comparable en sus objetivos «políticos» a los nazis o a los estalinistas y en los métodos a la Camorra napolitana o a la Mafia siciliana. Y, por tanto, que lo mejor es rendirse. Por eso hace falta, en horas de tribulación como éstas, aferrarse a las convicciones democráticas y no dar ninguna esperanza de victoria a los terroristas. Ni a quienes quieren lo mismo que ellos.

El acoso a Eta y a sus cómplices debe ser total. Ya no hay lugar a la polémica sobre la deslegalización de Batasuna, como prepara el Gobierno. La trama terrorista debe saber que se enfrenta con la determinación de la sociedad y del Estado. Y no por criterios de utilidad o inutilidad: simplemente porque es justo, para que paguen por el daño que hacen, aunque nunca sea suficiente su castigo.

ETA INTENTA CONDICIONAR A TIROS EL CONGRESO DEL PSE
Editorial El Mundo  22 Marzo 2002

Hace sólo 48 horas, el único concejal socialista de Orio feudo nacionalista guipuzcoano participaba a pie de tumba en un homenaje a Froilán Elespe, edil asesinado por ETA el pasado año. Ayer, Juan Priede, jubilado de 69 años, caía bajo las balas de dos criminales cuando entraba en un bar a tomar café, tras haber despedido a su escolta. La banda terrorista buscaba hace tiempo matar a un socialista y a la tercera tras los intentos fallidos de Eduardo Madina y Esther Cabezudo fue la vencida.

El concejal estaba inmerso en la preparación del Congreso del PSE, que se celebra este fin de semana, ya que era delegado. Es evidente, como subrayaron ayer los dirigentes del PSOE, que los asesinos de ETA quieren condicionar el debate interno del socialismo vasco. Aunque yerran quienes interpretan, como el PNV, que lo que busca la banda terrorista es evitar el acercamiento del PSE al nacionalismo. Podría sostenerse muy bien lo contrario, puesto que ETA ha matado a socialistas tanto del sector favorable al diálogo Ernst Lluch, Juan María Jáuregui como del partidario de combatir políticamente al nacionalismo, como Fernando Múgica o Fernando Buesa.

Esta última acción criminal viene a demostrar también que la escolta no es ningún salvoconducto para la vida de los no nacionalistas en el País Vasco, puesto que Juan Priede la tenía, aunque no le gustaba ir acompañado y, a ratos, se escapaba solo. Según sus amigos, estaba muy integrado en la vida de la localidad.Sin embargo dramática paradoja de estos pueblos guipuzcoanos donde todo el mundo se conoce los socialistas creen que el aviso a los terroristas ha provenido de alguien «cercano», que Iturgaiz identificó con «los chivatos de Batasuna».

El papel del brazo político de ETA está bien claro en el País Vasco ayer sus ediles fueron increpados en el pleno municipal al grito de: «asesinos, asesinos» , por lo que carece de sentido el plañidero llamamiento realizado, otra vez, por Ibarretxe.«Que digan si el pluralismo se defiende matando», dijo el lehendakari, como si no estuviera claro que Batasuna partido que preside dos comisiones informativas en el Ayuntamiento de Orio gobernado por el PNV ampara los asesinatos.

No es de extrañar que la mayoría de los ciudadanos acojan con satisfacción, sin prejuicio de las matizaciones jurídicas que sean necesarias, las reformas legales pactadas por el PP y el PSOE que hoy serán aprobadas por el Consejo de Ministros para combatir legalmente a los cómplices de la banda terrorista.

La dictadura del terror
Editorial ABC  22 Marzo 2002

El asesinato de Juan Priede Pérez, concejal socialista del Ayuntamiento guipuzcoano de Orio, no admite conjeturas. Es, en esencia, la forma con la que ETA muestra su voluntad de exterminar física y políticamente a los vascos no nacionalistas, aprovechando la más mínima oportunidad que asegure la ejecución alevosa del crimen. Priede, de 69 años, estaba tomando un café, sin la escolta que tenía asignada y que le había acompañado hasta su casa. La rutina de la víctima en sus costumbres o el chivatazo inmediato de los colaboradores vecinales de ETA puede haber sido el factor determinante de un asesinato fácil y cobarde, que refleja con exactitud que los terroristas son únicamente criminales que sólo deben esperar del Estado la aplicación implacable de la Ley. En este sentido, resulta gratificante la operación antiterrorista ejecutada ayer por la Ertzaintza en Bilbao, bajo la dirección del juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón. La colaboración de la Policía vasca con las Fuerzas de Seguridad del Estado es un imperativo del Estado de Derecho y una condición para mejorar la lucha contra ETA. La operación se ha saldado con seis detenidos, sospechosos de dar infraestructura a la banda terrorista, pero el éxito de esta operación sólo será completo si el compromiso de los mandos de la Ertzaintza en la lucha contra ETA tiene continuidad, de forma que el cumplimiento de sus obligaciones como Policía integral no sea una noticia excepcional.

En el terreno de las interpretaciones, la proximidad del Congreso Extraordinario del PSE podría explicar el atentado contra Priede como una macabra relación de causalidad entre su asesinato y la definitiva frustración de la reunión de los socialistas vascos, buscando, supuestamente, el bloqueo de su aproximación al PNV. Para mayor precisión en el golpe, Priede era delegado para el Congreso y avalista de la candidatura de Gemma Zabaleta. En definitiva, ETA siempre se abre paso a tiros allí donde se habla del futuro de un País Vasco libre del soberanismo patológico. Pero aunque aquel fuera el objetivo etarra, conviene no olvidar que la banda terrorista también asesinó socialistas cuando estos defendían un programa de oposición firme e inequívoca frente al nacionalismo. ETA se está ensañando con el PSE por la extrema fragilidad de este partido. La banda ve en la debilidad organizativa e individual del socialismo vasco la ocasión de quebrantar el ánimo de todo el constitucionalismo y propagar el desistimiento entre sus cargos políticos y el silencio entre los ciudadanos no nacionalistas.

EL terror es el arma de las dictaduras para lograr el sometimiento de las voluntades y ETA no sólo es la escrupulosa confirmación de esta enseñanza histórica, sino también el último vestigio que queda de ella en Europa. El asesinato de Priede quiere multiplicar el efecto devastador del miedo entre quienes ya viven permanentemente atemorizados. Por eso, no todo depende de jueces y policías. La sociedad vasca nacionalista tiene la obligación de no tolerar por más tiempo esta situación y debe hacerlo sin seguir cultivando las equidistancias ni los mensajes ambiguos.

En esta situación límite, los dirigentes nacionalistas deben sentirse directamente emplazados para asumir como propia la responsabilidad de acabar con ETA, junto con el Gobierno central y los partidos no nacionalistas. En cualquier caso, Ibarretxe y su partido pueden empezar por poner fin a la política de aflicción que dedican a populares y socialistas con su pasividad frente a Batasuna, a la que mantienen en el gobierno de diecisiete Ayuntamientos, y con la fría indiferencia ante el miedo de los amenazados. Sin embargo, el nacionalismo no puede seguir esperando más oportunidades para hacerse acreedor de la confianza de los constitucionalistas, ni éstos -mejor dicho, algunos de estos- permanecer a la expectativa indefinida de cambios en la política del PNV o del Gobierno de Ibarretxe, ni menos aún hacer pasar por rectificaciones sustantivas lo que no son más que meros recursos dialécticos o simples escalas técnicas en un rumbo soberanista inalterable.

La iniciativa política para erradicar el terrorismo y aislar a Batasuna y demás sucursales de ETA sigue siendo una responsabilidad conjunta y exclusiva del PP y del PSOE, porque el nacionalismo ha dejado claro que no quiere sumarse a la derrota incondicional de ETA ni a la marginación de Batasuna. Es ETA quien mejor interpreta los silencios del PNV. En el comunicado de condena que leyó en la sede socialista, Rodríguez Zapatero se comprometió a reforzar y desarrollar el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y a buscar la unidad de los demócratas. Sus palabras, en estos momentos cruciales para el constitucionalismo vasco -no sólo el socialista-, le obligan a una definición política que viene hurtando a sus compañeros vascos desde la dimisión de Redondo. Colocados en el umbral del Congreso Extraordinario del PSE, ambos objetivos son una admonición para quienes pretenden situar al socialismo en un espacio imposible entre el constitucionalismo y el nacionalismo.

Somos más y somos mejores...
Por BENIGNO PENDÁS ABC  22 Marzo 2002

Otra vez el dolor y la rabia. De nuevo los bárbaros, crueles y miserables asaltan la fortaleza de la razón. Asesinar a un semejante con premeditación y alevosía es un acto que deshonra la condición humana. Hoy todos queremos ayudar a la familia de Juan, a los amigos del PSOE, a los concejales populares o socialistas, héroes de cada día que viven aquella realidad indigna entre el horror y la desesperanza. Podéis contar con nosotros, de todo corazón.

El hombre, escribe Aristóteles, es un animal social que alcanza su plenitud cuando vive políticamente. Fuera de la «polis» sólo pueden vivir las bestias o los dioses. La política, sostiene Bernard Crick, un gran pensador socialista, está constituida por las acciones públicas de los hombres libres. Su enemigo natural es el totalitarismo. Por eso, la defensa contra los enemigos de la libertad es no sólo legal, sino también legítima. Más aún: el consenso moral en un Estado libre constituye el ejemplo supremo de la política concebida como espejo de la civilización.

El Pacto Antiterrorista es la gran esperanza de todos los españoles. Su cumplimiento en letra y en espíritu refuerza el Estado de derecho que proclama la mejor Constitución de nuestra historia. El proyecto del Gobierno demuestra que no estamos indefensos. Ha sido perfilado con el máximo rigor y satisface a la más exigente conciencia jurídica. Merece el apoyo de todos, porque va a suponer un avance decisivo en el rearme moral de la sociedad. En efecto, no valen aquí y ahora el oportunismo ni la mezquindad. Las cartas del juego entre «liberales» y «serviles» se reparten de nuevo, con otros protagonistas. El nacionalismo vasco no puede imitar de nuevo al personaje de Kafka, en «El castillo»: «Cuando K. llegó ya era tarde. Una espesa nieve cubría toda la aldea...». Hay que llegar a tiempo esta vez.

Somos más y somos mejores en el plano decisivo de la calidad moral. Por eso, vamos a ganar la batalla en favor de la libertad bajo el imperio de la ley, que es -como aprendimos de los clásicos- la única forma digna de la vida verdaderamente humana.

Un alma y dos excrecencias
Aleix Vidal-Quadras La Razón  22 Marzo 2002

En el avión que me traía ayer desde Bruselas a Madrid leí tres breves entrevistas a los tres candidatos a la secretaría general del Partido Socialista del País Vasco. Al llegar al aeropuerto me llegó la noticia del último asesinato de Eta: el concejal de Orio, Juan Priede, compañero de los tres aspirantes. El dolor y la indignación por el nuevo crimen de las hienas fascistas se unió así a la profunda desazón que ya traía encima tras percatarme de la división profunda con la que los socialistas vascos afrontan su inminente congreso. Cuando en aquella desventurada sociedad no existe garantía alguna de poder defender democrática y civilizadamente unas determinadas ideas, el hecho de que un gran partido nacional que forma parte consustancial de la misma, comprometido en principio con la Constitución y con los derechos fundamentales, no esté prieto como una piña en torno a un único mensaje, un único liderazgo y una única estrategia, revela hasta qué punto el terror permanente, irrefrenable y desatado puede llegar a confundir las mentes de las víctimas.

Porque la guipuzcoana Gemma Zabaleta afirma que «el federalismo es el mejor antídoto contra el nacionalismo», sin advertir que los Estados federales se vertebran uniendo lo que antes estaba separado y que los nacionalistas pretenden separar lo que está ya unido. Por tanto, la concepción federalista no sólo no es antídoto alguno contra los particularismos divisivos, sino que su propagación y defensa les facilita enormemente el camino hacia la disgregación. No se trata de buscar antídotos, sino de ofrecer a la gente alternativas, alternativas creíbles, éticamente superiores, bien argumentadas y, sobre todo, sin fisuras ni banderías internas cuando el monstruo insaciable de la exclusión étnica engulle sin cesar vidas inocentes. Hablar de que «los marcos jurídicos son dinámicos y se pueden explorar sus potencialidades», ¿qué significa? ¿Qué la violencia puede terminar si se llevan a cabo reformas constitucionales, o sea, si se le da la razón a Eta? Parece mentira que una socialista vasca se rebaje hasta el punto de utilizar el equívoco lenguaje peneuvista en vísperas de un cónclave decisivo de su partido. Ahora bien, una declaración tan desesperada como «yo me apunto a todo lo que pueda hacer posible alcanzar un día la paz», lo explica precisamente todo. Incluso el «apuntarse» a la ambigua viscosidad de Elkarri.

¿Y ese «hay gestos del mundo nacionalista a los que no podemos cerrar los ojos» de Zabaleta? ¿Se referirá al gesto de gobernar ayuntamientos con la filial institucional de Eta o al de oponerse sistemáticamente a cortarle la financiación pública? El socialismo vasco deberá elegir este fin de semana entre su auténtica alma y dos excrecencias entreguistas. Ojalá sepa estar a la altura de su historia y del honor debido a sus muertos bajo las zarpas del totalitarismo.

El asesinato de un concejal socialista
Editorial ABC  22 Marzo 2002

Tras intentarlo otras dos veces en lo que va de año, ETA consiguió ayer asesinar a un miembro del Partido Socialista de Euskadi, que este fin de semana celebra su congreso. Juan Priede, concejal de la localidad guipuzcoana de Orio, abatido por dos pistoleros, es el sexto militante o simpatizante del PSOE asesinado por ETA desde el final de la tregua, sin que ni una sola vez se haya oído la más mínima protesta a los dirigentes de Batasuna. En este periodo, los terroristas han asesinado también a seis concejales del PP. No puede haber dudas, por tanto, de que ETA se considera con derecho a matar a los miembros de los partidos democráticos no nacionalistas, y que Batasuna reconoce a ETA ese derecho.

Por ello, parece sólo un recurso retórico que el lehendakari siga preguntando, tras cada atentado, al brazo político de ETA si considera o deja de considerar compatibles sus apelaciones al pluralismo con la limpieza ideológica; está claro que sí lo considera, y de lo que se trata es de sacar las consecuencias políticas que se deducen de esa evidencia.

Trabajador jubilado de 69 años, Juan Priede, hijo de un maestro republicano fusilado por Franco, tenía escolta, pero, tras comer en casa, solía bajar a tomar un café a un bar cercano; a veces también iba al hogar del jubilado. La víspera había estado en Lasarte, en el homenaje a otro concejal socialista, Florián Elespe, asesinado un año antes. Nadie puede haber olvidado las imágenes de la alcaldesa de esa localidad diciendo aquel día que 'quienes han señalado a Froilán para que lo maten están en el pueblo y tal vez ahora nos están viendo'. Ayer, un ex alcalde nacionalista de Orio dijo que quien avisó a los asesinos de Priede 'de cerca tenía que ser'. En las últimas elecciones municipales, Batasuna (entonces Euskal Herritarrok) obtuvo en Orio 723 votos. Ninguno de esos votantes podrá alegar que al votar a ese partido ignoraba que sus votos iban a ser utilizados para legitimar el asesinato de concejales de los demás.

Hace un mes, los partidos democráticos vascos acordaron emplazar a Batasuna a suscribir en cada ayuntamiento una declaración de rechazo de la limpieza ideológica emprendida por ETA. Batasuna ha respondido anunciando mociones alternativas sobre los derechos humanos, que incluirán alguna formulación sobre el reconocimiento del derecho de autodeterminación. Se trata, por tanto, de enfrentar al PNV y EA al dilema de votar junto a los partidos democráticos no nacionalistas o junto a los nacionalistas no demócratas. Es decir, junto a los concejales a los que mata ETA o con los que consideran legítimo que ETA los mate. Los dirigentes de PNV y EA no tienen por qué esperar a que las mociones se presenten para dejar claro, mañana mismo, que se consideran -como dijo un nacionalista admirable: Koldo Mitxelena- 'demócrata antes que nacionalista', y de sacar las consecuencias que de ello se derivan.

No es normal que un partido que actúa como brazo político de una organización terrorista, contribuyendo a hacer efectivo su designio de intimidar a quienes no comparten sus ideas o fantasías, pueda beneficiarse de la legalidad, cobrar subvenciones, disfrutar de presencia gratuita en los medios públicos. El borrador de reforma de la Ley de Partidos que hoy discute el Consejo de Ministros abre la posibilidad de que los jueces acuerden la ilegalización de Batasuna. La actitud que al respecto adopten los partidos nacionalistas democráticos pondrá a prueba su compromiso en defensa del sistema democrático, cuyo funcionamiento pretende condicionar el terrorismo.

Que ETA buscaba una víctima entre los socialistas era una evidencia reiterada desde hace semanas. Su obsesión por condicionar mediante la violencia cualquier acontecimiento político relevante hacía previsible su intención de actuar al hilo del congreso de los socialistas vascos, y precisamente en su eslabón más débil, el de la representación municipal. Y si era previsible, aún se entienden peor los cálculos de bajo vuelo del PP y de La Moncloa sobre si era o no conveniente, oportuno o aplazable, concertar al más alto nivel político la forma de hacer frente a esa amenaza para el sistema democrático, incluyendo el reforzamiento de las medidas de seguridad de los concejales.

Juan Priede era delegado al congreso de los socialistas vascos. El mejor homenaje que se le puede rendir será supeditar cualquier otra consideración al objetivo de derrotar a ETA, y contribuir al objetivo de la unidad de todos los demócratas, sin dejarse intimidar por quienes sólo argumentan con la muerte.

Vísperas de sangre
Por CHARO ZARZALEJOS ABC  22 Marzo 2002

El asesinato ayer al mediodía del único concejal socialista de la localidad guipuzcoana de Orio, Juan Priede, ha sido un eslabón más de la cruel cadena con la que ETA ha querido atar las vísperas del Congreso socialista. La cita es mañana en el Kursaal de San Sebastián. Desde el minuto uno contaban los socialistas con la probabilidad de que ETA se hiciera presente en su debate interno.

En Euskadi, por desgracia, pese a que no se diga, siempre hay que contar con ETA aunque se actúe como si ETA no existiera. Pero existe. Y está a la que salta. Un minuto de relajo es suficiente para asesinar a un hombre, y con su asesinato llevar la angustia a las filas de un partido que afronta un Congreso especialmente difícil. A media tarde del sábado todos los delegados, menos Priede, asesinado por ETA, elegirán al nuevo secretario general del PSE. El reguero de sangre dejado por ETA une a los socialistas en lo que siempre han estado unidos, y es que a ETA hay que derrotarla. Que ETA es el enemigo está fuera de duda.

Los tres candidatos van a coincidir en ello. El debate socialista no es un debate de principios, es un debate de tácticas, según unos, o de estrategias, según otros. Lo que no es, con seguridad, es un debate sobre matices, que diría José Blanco. La ponencia de Ramón Jáuregui fue aprobada por todos. ¿Por qué entonces tres candidatos? Hay tres candidatos porque hay tres formas de entender el papel del socialismo vasco. Se atribuye a Zabaleta y a Totorica una claridad de posiciones que algunos no ven en Patxi López. Sin embargo, Patxi López ha sido muy elocuente y su estrategia es la estrategia llevada a cabo por la gestora presidida por Jáuregui y que ha significado una política de minipactos con el PNV y a través de ellos evidenciar su deseada distancia con el PP.

Escudos humanos
Mañana, lo decisivo no va a estar en los discursos, sino en lo que cada candidato representa. En la percepción que se tiene de lo que cada uno de ellos quiere hacer. No es aventurado afirmar que un PSE dirigido por López no es el PSE que pudiera dirigir Carlos Totorica.

Los concejales, en este caso el concejal socialista de Orio, son, en palabras de Gemma Zabaleta, los escudos humanos de la democracia. A partir de aquí la noria vasca se repite a sí misma, y frente a este asesinato unos se verán reforzados en su estrategia de ser puente para propiciar el diálogo como mejor fórmula para derrotar a ETA y otros también encontrarán amparo para sostener que esa derrota implica algo más que trazar mapas de riesgo. El alcance político de una u otra opción no es pequeño, y entre una y otra van a tener que elegir los delegados socialistas, todos ellos escudos humanos de la democracia.

Juan Priede Pérez
Por CARLOS DÁVILA ABC  22 Marzo 2002

Cuando ya no quedan lágrimas crece la rabia. La rabia al ver la indiferencia de una población que ya ni siquiera se conmueve por el último asesinato. ¿O es que esto no se puede decir del País Vasco? Rabia también al escuchar a los partidos nacionalistas entonar la condena de siempre, y rabia al ver cómo todos nos ponemos a escudriñar la razón del por ahora postrer asesinato de ETA. La impresión es que tampoco ahora ha pasado nada: que los ciudadanos vascos -y los de toda España- despachan este crimen con un visceral e inútil «¡hay que joderse!». Los nacionalistas de aquí y de allá (he escuchado al piadoso Rafael Larreina y sólo he sentido por él compasión) achacan la nueva fechoría de ETA al inexistente «conflicto». El asesino del concejal de Orio va a estar contento por estas reacciones. Es incluso inteligible el buscar los motivos del nuevo asesinato porque son tan fáciles como repugnantes: intervenir en el Congreso de los socialistas.

Y seguro que hoy, mañana y pasado, sesudos y honrados editorialistas analizarán estos y otros argumentos. «ETA -escribirán- ha querido influir en la disputa del PSOE vasco», «ETA -añadirán- ha querido enviar un mensaje a los dos sectores enfrentados en el PSOE vasco», «ETA -abundarán- ha dejado claro que ninguna solución pasa por su aislamiento». Y siendo entendibles todas estas reflexiones, hay que decir que las dos primeras son tan desdeñables como es abyecta la tercera. El asesinato del concejal Juan Priede llevará al PNV a la insistencia de que sólo una solución política asegura el fin de los criminales. Y desgraciadamente en esa trampa ya han caído los que han optado por engordar la aspiración independentista del nacionalismo. Han pasado tantos años desde que ETA comenzó su mortal trayectoria que causa pereza repetir que estas interesadas salidas sólo benefician a quien provoca la discusión sobre ellas. O sea, a ETA. Todo esto es incómodo escribirlo, sobre todo porque hay una nueva víctima sobre el hule mortal y frío al que nunca acudirán los criminales o idiotas que afirman, día tras día, tener sus mismas aspiraciones.

Lectura de Eluard en Orio
Por IGNACIO CAMACHO ABC  22 Marzo 2002

Un asesinato terrorista es un acto de barbarie destinado primordialmente a liquidar a un adversario, pero incluso tras esa linealidad brutal del crimen puede esconderse un mensaje polisémico, con diversas interpretaciones. El de ayer, en vísperas del congreso de los socialistas vascos, tiene una intención muy clara, dirigida directamente a ese rincón del alma o del cerebro donde habitan los duendes del miedo.

La nuca despanzurrada del concejal Priede es la papeleta de voto con que ETA manifiesta sus preferencias congresuales. Si los socialistas eligen un candidato continuista, el terrorismo también mantendrá su línea de presión. Ese es el mensaje, que busca el corazón de una militancia asustada y cada vez más desalentada y le propone un trato mafioso de protección -léase inmunidad relativa- a cambio de desenganche. Desenganche del pacto antiterrorista, de cualquier convergencia con el PP y, en general, de todo atisbo de firmeza constitucionalista.

Hace pocos días, José Bono emitió un claro veredicto que resume el sentimiento con que desde el resto de España se contempla el desgarro del socialismo vasco. «Hay que votar al que más y mejor luche contra ETA», dijo el presidente manchego. Pero Bono habla desde un palacio de Toledo y sus compañeros de Euskadi han de tomar decisiones en Casas del Pueblo sitiadas por la violencia callejera, marcadas con dianas y enlutadas por la muerte de militantes, concejales, simpatizantes y hasta indiferentes. A esa humana tentación, hija del desamparo, le dio ayer ETA una vuelta de tuerca en la tasca de Orio donde cayó asesinado Juan Priede.

El criterio enunciado por Bono apuntaría sin ambages a Carlos Totorica. Ningún símbolo más nítido de la resistencia civil a la opresión ultranacionalista que el alcalde de Ermua, un tipo capaz de denegar a los batasunos el teatro municipal para una fiesta en el aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco. «No voy a permitir que bailen sobre los muertos», dijo en aquella ocasión esta especie de Pedro Crespo al que el destino colocó un día al frente de una sacudida colectiva de hartazgo.

Totorica va a perder porque los vientos en su partido han cambiado de prioridades. En la última campaña electoral, a pocos metros de la acera donde voló el cuerpo de Fernando Buesa, el alcalde de Ermua me dijo una mañana que había detectado «músculo social» para aguantar incluso un gobierno en minoría, con el PP, frente al nacionalismo. Ese músculo no estaba el 13 de mayo lo bastante fuerte, y ahora necesita francamente una rehabilitación intensiva porque Redondo ha sido liquidado, Mayor Oreja tiene de nuevo perspectivas ministeriales y Felipe González ha impuesto al fin el espíritu de Barakaldo, que consiste en echarle el brazo por el hombro a «mis amigos nacionalistas» para aislar al PP como enemigo común.

Aquel día, por cierto, en Barakaldo habló mucho y bien Patxi López, que poco después, en un polideportivo de Bilbao, recitó con elocuencia, en presencia de Bambi Zapatero, el vibrante poema de Paul Eluard sobre la libertad, escrito bajo la opresión nazi de Francia. López, que va a ganar el congreso porque es el candidato de Ferraz, está a punto de convertirse, quizá a pesar suyo, en un Pètain colaboracionista con el nacionalismo al que quería doblegar, y ya ha empezado a tal efecto ese vergonzante proceso psicológico, destinado a pactar consigo mismo, que consiste en encontrarle remotas virtudes al antiguo adversario con el que ahora parece que toca transigir hasta el vómito.

Con el (pen)último muerto encima de la mesa, es probable que muchos socialistas reciban la inminente reconversión con un suspiro de alivio, tratando de creer que ETA es capaz de administrar con lealtad su poder de intimidación. Por mucho que los redondistas llamen a rebato, hay que admitir que el discurso de «no corráis, que es peor» tiene poco sentido en un momento de desbandada.  icamacho@abc.es

Votos, balas y vetos
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo  22 Marzo 2002

Allí donde Eduardo Madina perdió una pierna y Esther Cabezudo salvó la vida, ha perdido la suya Juan Priede. Los pistoleros han conseguido con el asesinato de este concejal lo que intentaron sin lograrlo con los dos anteriores. Buscaban una víctima socialista que proyectar sobre la apertura del congreso extraordinario del socialismo vasco y, desgraciadamente, la han encontrado en el cuerpo de este edil de Orio. Una vez más, es un asesinato anunciado.Como Eduardo Madina, colaborador de Elkarri, Juan Priede era avalista de la candidatura de Gemma Zabaleta.

No hay más que seguir los comentarios de los que no condenan el crimen como arma política, bastante elocuentes en los últimos días, para captar la enorme irritación con la que asisten al debate interno de los socialistas desde que retornara a Euskadi una personalidad política de la inteligencia de Ramón Jáuregui.

Las balas de ayer tarde en Orio fueron precedidas en apenas unas horas por los votos de ayer mañana en Vitoria. Toda la estrategia de acoso de Otegi contra el Gobierno de Ibarretxe, mantenida con éxito a lo largo de nueve meses, se venía abajo con la abstención socialista en la votación sobre la ampliación del presupuesto del lehendakari. Falta tan sólo la elección de un nuevo secretario general, que será designado pasado mañana, para que el socialismo intente pactar con el Gobierno autonómico la renovación de todos los órganos institucionales de Euskadi. Desde el Ararteko (Defensor del Pueblo) al Tribunal de Cuentas, pasando por la radiotelevisión pública e instituciones universitarias, serán renovados desde criterios elaborados tanto por nacionalistas democráticos como por socialistas constitucionalistas. Si finalmente es así, y todo camina en esa dirección, se habrá consagrado oficialmente la más contundente derrota de la abyecta política de los juegos de poderes frentistas. De ahí que las balas persigan, además, la gestación de un veto para transitar por dicho camino.

Casi al año justo de las últimas elecciones vascas, su gran fracaso electoral, los pistoleros y su entorno afrontan con el congreso de los socialistas vascos, que va a sancionar la política de unidad democrática, su gran fracaso político. La Guerra de Troya, tan ansiada por tirios abertzales y troyanos patrioteros, no tendrá lugar porque la madurez de la inmensa mayoría de la sociedad vasca impide la fractura social e impone la fractura de los frentes políticos.

En apenas unas semanas, las que median desde el retorno de un Jáuregui que nunca debió de abandonar Euskadi, la acción de los pistoleros se ha quedado sin objetivo político inmediato. Es una mera estrategia sin táctica. Es decir, es nada. No ocurría nada análogo desde hacía una decena de años. O cambian de juego, abandonando el asesinato como arma política, o la sombra del Grapo acabará perfilándose, más temprano que tarde, sobre el entorno de las pistolas.

El eslabón más débil
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  22 Marzo 2002

ETA sigue siendo estructuralmente leninista y aplica con helada precisión la doctrina clásica del totalitarismo de corte soviético: golpear en el eslabón más débil, hasta romper la cadena. Y está claro que en el mapa político vasco, el eslabón más débil de las fuerzas que se resisten al aluvión totalitario es la parte del PSE-EE dispuesta a sumarse como una pieza más al bloque nacionalista PNV-EA-IU, cuya seña de identidad esencial es tener los brazos abiertos (y las espaldas cubiertas) a Batasuna y ETA. No es casualidad que el mismo día en que Egibar repite en el parlamento vasco, con el respaldo de EA e IU, que están dispuestos a "dialogar" con Batasuna, los etarras cumplan su parte en ese trabajo conjunto de demolición del régimen político español asesinado a un edil socialista de los proclives a la colaboración o sumisión ante el nacionalismo. El árbol y las nueces.

El efecto buscado por ETA es evidente: hacer aún más frágil la posición del PSE-PSOE, alimentar la zozobra interna, el miedo, el desconcierto y el sálvese quien pueda, provocando el aislamiento del PP. Los designios de la banda coinciden con los del PNV: romper el "frente" constitucional. Y lo peor es que también coinciden con los de González, Cebrián y Zapatero: romper ese frente y unirse al PNV. Sólo esa coincidencia debería hacer reflexionar a los socialistas. Pero uno tiene la impresión de que las cartas están echadas y la decisión tomada. El eslabón más débil está a punto de romperse.

El genocidio de los valientes
Enrique de Diego Libertad Digital  22 Marzo 2002

La recurrente interpretación de que la banda terrorista-nacionalista intenta destruir al PSE, y participar con su mentalidad asesina en el Congreso del citado partido, sólo es una parte de la verdad. Porque la banda terrorista-nacionalista lo que pretende es un genocidio general, de los constitucionalistas, de los españoles, de los no nacionalistas (y luego de los nacionalistas que no sigan los dictados de la vanguardia revolucionaria). Por eso mata primero a los más valientes, a los más comprometidos, a los que dan la cara, a los concejales. No conocíamos hasta hoy a Juan Priede Pérez. No sabíamos de la existencia en Orio de un valiente que era capaz de enfrentarse en solitario a la dictadura de las pistolas y las bombas-lapa (y a la pertinaz ineficacia consciente del gobierno vasco).

La forma de actuación muestra hasta qué punto es todo el entramado nacionalista el que participa en el genocidio. El asesinato se ha producido en un momento en el que no tenía escoltas. Cuando había bajado a la calle solo. Luego era objeto de un seguimiento continuo. Los terroristas estaban muy cerca. Y los informadores han pasado con rapidez el nuevo dato.

Este terrorismo se practica en nombre del nacionalismo, de la ideología racista y nazi de Sabino Arana, y tiene como principal beneficiario al PNV. En ese sentido, no sé si la cuestión es presentar listas conjuntas, intentar buscar héroes debajo de las piedras o asumir que en una parte del País Vasco, con la complicidad de Ibarretxe, que no pasa de melifluo hipócrita, no existe democracia, ni se dan las garantías para la celebración de elecciones libres. O se ponen en marcha las condiciones necesarias o lo mejor es que PP y PSE se abstengan de presentarse en los pueblos “liberados”, mostrando la inmoralidad en la que se asienta la hegemonía política del PNV. Eta es el brazo armado del nacionalismo.

Un país de chivatos
Ignacio Villa Libertad Digital  22 Marzo 2002

Tras el asesinato de Juan Priede Pérez, en la riada habitual de condenas y declaraciones que surgen siempre como respuesta a la barbarie del terrorismo, me han deslumbrado como un fogonazo unas palabras de la dirigente socialista Rosa Díez: “Los terroristas han conseguido que este país se haya convertido en un país de chivatos”. Palabras que traslucen un diagnóstico certero sobre uno de los objetivos terroristas que más daño puede hacer a la sociedad vasca. El terrorismo, más allá del asesinato cobarde, busca transformar el País Vasco en un territorio de miedo y desconfianza, en un país de chivatos. De esta forma, el terrorismo etarra, con el consentimiento nacionalista, arremete contra las raíces mismas de una convivencia democrática.

Todos recordamos como en la época colegial, un tiempo de inocencia y buenas intenciones, el calificativo de “chivato” era uno de los más duros que se podían escuchar. Decir de alguien que era un “chivato” era situarlo en el bando de los mentirosos, de los insolidarios, de los traidores. Este concepto, trasladado a una sociedad democrática y de libertades, significa atacar la raíz misma de nuestra convivencia. En un país de “chivatos”, donde todos pueden ser “espías” y en el que cualquiera puede ser un delator, aflora una sociedad inmersa en el miedo y en la desconfianza. Cuando no puedes hablar con nadie, cuando no puedes desahogarte con un amigo y cuando no puedes vivir con la normalidad de la libertad es que algo muy profundo está fallando.

Las palabras de Rosa Díez nos colocan ante una realidad más dura y cruel de lo que parece. Decir terrorismo es hablar de asesinatos, sangre y barbarie. Pero también es hablar de una estrategia diseñada y elaborada para destruir directamente los cimientos mismos de la democracia y de la libertad. Porque el terrorismo tiene como gran objetivo liquidar el fundamento de la democracia: la convivencia pacifica, libre y respetuosa. El terrorismo convierte la delación, el espionaje, la desconfianza, el miedo y la mentira en los mimbres habituales de la convivencia. El terror, como estrategia de exterminio de todo lo democrático, se fundamenta en el chivatazo y transforma a una sociedad en un feudo del terror.

ETA: sojuzgar con el terror
EDITORIAL Libertad Digital  22 Marzo 2002

La ETA, otra vez, ha segado la vida de un vasco. Socialista, dentro de su partido, estaba, al parecer, próximo a los proclives al pacto y a la humillante cesión ante ellos, los asesinos, y ante la “amable” coacción de los que esperan las nueces que los especialistas arrancan a tiros, con la dinamita y la gasolina: el PNV. Pero, ante todo, Juan Priede, a sus 69 años y en el bar de la esquina tras despedir a su escolta, era, más que nada, una presa fácil. No hay que quebrarse la cabeza, como hace algún diario en titulares, tratando de racionalizar (o atenuar la irracionalidad), de buscar un móvil inmediato al último asesinato que el de conseguir el máximo eco a sus acción. La Eta, si puede, busca en cada coyuntura, en cada circunstancia, la mejor publicidad para sus crímenes. No es tanto que tenga un objetivo puntual definido, influir en cierto sentido en la composición y decisiones de la próxima ejecutiva del PSE, sino aprovechar la atención que los medios de comunicación van a prestar al Congreso y a las alusiones que en él se hagan a sus malditas hazañas.

Son profesionales del crimen, con el que tratan de amedrentar para sojuzgar a todos los que no comulgan con su fe nacionalista. Cuando los socialistas se reúnan los próximos días, hablarán de su compañero al que han matado este jueves, y su mensaje se multiplicará. De este modo, optimiza su objetivo, sembrar el terror, con los mermados medios de que dispone. Ocurrió en un pueblo guipuzconao de aplastante mayoría nacionalista y con abundantes colaboradores, chivatos, que conocen al dedillo la vida y costumbres de un miembro notorio del municipio, el único concejal que no representa a un partido nacionalista. Las reacciones de los paisanos del asesinado nos permitirán asistir, una vez más al siniestro espectáculo de comprobar cómo actúa la profunda anestesia que la ideología nacionalista inocula en quienes quedan prendados de sus sofismas doctrinarios.

La compungida y fláccida disposición peneuvista frente al terror ha vuelto a ser puesta en escena por un Ibarretxe enfurruñado, que se ha dirigido a los asesinos para recriminarles su mala acción con el malhumor compungido con que uno se dirige a los chiquillos del vecino que le han atizado una pedrada al hijo de un amigo. Esquizofrenia se llama esa capacidad para lamentarse por un muerto reprendiendo paternalmente a los asesinos.

Sería muy reconfortante que el gobierno diera mañana mismo un paso decidido en la dirección de neutralizar a Batasuna, el brazo político, con zonas de sombra y perfiles difusos, de la banda asesina. Cerrar la espita del oxígeno, limitar los apoyos materiales y la publicidad que para la causa terrorista realizan “sus políticos” sería un avance en la única dirección posible, como ha quedado más que demostrado. Y si para ello se ha contado con el apoyo de los socialistas en vísperas del Congreso vasco, la respuesta del Ejecutivo y de la oposición será doblemente satisfactoria y esperanzadora. Será el mejor homenaje, mientras no se detenga y encarcele al asesino, en honor de Juan Priede Pérez, y de los que le han precedido.

Acabar con la impunidad
Editorial El Correo 22 Marzo 2002

ETA volvió ayer a asesinar a un socialista. Juan Priede lo era desde la cuna, y su cruel asesinato evoca la terrible injusticia que padeció su padre, condenado a muerte por el franquismo triunfante tras la Guerra Civil que vio cómo esa pena le era conmutada por largos años de cárcel en los que Juan y los suyos tuvieron que sobrevivir en la penuria. Aquel niño de la guerra no hubiera supuesto jamás, en su Asturias natal, que más de sesenta años después, restablecida la democracia, dos pistoleros iban a acabar con su vida en una localidad del País Vasco por la misma razón por la que su padre padeció persecución y cárcel: por ser socialista. El asesinato del único concejal del PSE-EE de Orio revela hasta qué punto el acecho asesino de ETA constituye una amenaza que acompaña todos y cada uno de los pasos de sus víctimas, impedidas de realizar una vida normal. Quienes ayer dieron muerte a Juan Priede conocían un detalle a través del que el concejal oriotarra se rebelaba frente a la injusticia: a diario arrebataba un instante a la fatalidad para así poder saborear la libertad. Ése fue el instante que los terroristas aprovecharon para recordar a sus amenazados que la libertad está prohibida en su reino de terror.

Resulta inútil y hasta inhumano especular sobre las intenciones de los asesinos. El sadismo con que ETA viene estrechando su terrorífico cerco en torno a los socialistas no permite interpretaciones políticas, bajo el supuesto de que el asesinato sistemático tenga como finalidad empujar al socialismo vasco hacia una determinada deriva. No. El terrorismo no pretende otro objetivo que la destrucción: el aniquilamiento físico de las personas que encarnan la resistencia frente a la dictadura del terror y la destrucción moral de su entereza, en tanto que esa entereza representa la única esperanza de que el terror no logre perpetuar su dominio sobre vidas y conciencias en Euskadi. ETA ataca las partes más sensibles de la sociedad democrática: los cauces por los que discurren los valores, la libertad y la legitimidad de las instituciones. Pero hay algo que no permite excusas. Hace mucho tiempo que los partidos democráticos y las instituciones sabían que ETA se había planteado librar una batalla crucial contra la democracia, impidiendo el desempeño de la representación institucional y el desarrollo libre de las elecciones previstas en 2003. Hoy partidos e instituciones deben reconocer que su reacción ante tan angustiosa evidencia está siendo tardía, lenta y contradictoria. Hoy deben asumir, sin más demoras ni divisiones, la responsabilidad que no han sido capaces de afrontar hasta ahora. Las medidas políticas, legislativas y de seguridad que han ido desgranándose como propuestas a lo largo de los tres últimos meses no pueden continuar ofreciéndose a la opinión pública como una serie caótica de iniciativas partidarias, sino que han de concretarse al máximo en torno a un objetivo común e ineludible: acabar con la impunidad política y social en que se mueve la trama terrorista.

Ayer fue asesinado el único concejal socialista de un ayuntamiento en cuyo gobierno participa Batasuna. Y Batasuna volvió a encubrir en ese mismo ayuntamiento la ignominia terrorista, y sus concejales se negaron a condenar el asesinato de un convecino electo. Por eso mismo, el uso retórico de las preguntas con que el lehendakari Ibarretxe acostumbra a dirigirse a Batasuna tras cada atentado no refleja la exasperante situación en que se encuentran quienes padecen la persecución ideológica sobre sus vidas y su libertad. Ningún demócrata puede albergar duda alguna ante la impúdica cobertura de argumentos que los dirigentes de la izquierda abertzale despliegan en torno a cada asesinato. Pero, sobre todo, ningún responsable institucional puede alentar dudas en una sociedad que requiere certezas y credibilidad por parte de sus dirigentes. Cada nuevo asesinato, cada nuevo acto de terror, hace más insostenible la existencia de una formación política que se sienta en las instituciones sin que su insidiosa negativa a condenar esa violencia extrema le suponga ninguna consecuencia política.

Las formaciones democráticas -y en especial el nacionalismo gobernante- han de tener muy presente que mientras Batasuna pueda seguir compatibilizando alcaldías y gobiernos municipales con la cínica imputación de la responsabilidad sobre los crímenes de ETA al propio sistema democrático, éste seguirá sufriendo la doble erosión del terror y la indignidad. Mantener en medio de la ofensiva terrorista la mera expectativa de un próximo diálogo con Batasuna -expectativa a la que los dirigentes jeltzales no sólo no renuncian, sino que reivindican- realza el papel de dicha formación como portavoz de la coacción. Posponer la formación de mayorías democráticas allá donde Batasuna gobierna en minoría convierte su chantaje en la aplicación de un sistema dictatorial que se aprovecha de las ansias soberanistas del nacionalismo gobernante para tratar de esclavizar, a través de éste, la voluntad de la mayoría social en Euskadi.

Tolerancia cero
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo 22 Marzo 2002

El otro día, cuando una panda de jóvenes fascistas atacó el Elkartetxe de Eusko Alkartasuna en Donostia, a Batasuna le faltó tiempo para condenar el acto y reprender a sus autores. Alguien vio en aquella rápida reacción un pequeño paso en la dirección correcta. No se paró a pensar ese alguien que la condena-reprimenda que la dirección de la izquierda abertzale dirigió a aquellos matones nada tenía que ver ni con la ética ni con el civismo, sino que expresaba, sólo y exclusivamente, la calculada voluntad de corregir el error que los del bate de béisbol habían cometido. No era condenable la acción. Lo reprendible era el objetivo. Aquel objetivo concreto no estaba previsto en la estrategia que la Organización tiene -al menos, de momento- diseñada y que debe resultar, en consecuencia, digerible para todo el Movimiento. Erró, por tanto, en su apreciación quien pretendió ver en aquella insólita reacción de Batasuna un gesto de orden cívico o moral. No era más que táctica política de lo más miserable.

Si no fuera aquel alguien el que erró, sino que soy yo quien ahora yerra en la interpretación, Batasuna tiene una inmejorable oportunidad para desmentirme. Ojalá lo hiciera. El cadáver de un nuevo concejal socialista, jubilado y viudo, debería ser motivo aún más fuerte que aquel equivocado ataque para provocar en Batasuna una solemne condena del acto criminal y una dura reprimenda a sus autores. No lo hará. Este asesinato, a diferencia de aquel asalto, sí entra dentro de la estrategia de la Organización y debe, por tanto, ser acatado y digerido por toda la militancia. Asesinar socialistas, exterminarlos, si posible fuera, de la faz de Euskal-Herria, viene escrito en el guión. Lo mismo que consta también en el guión que Batasuna limite su pronunciamiento a un hipócrita lamento y a una cínica contextualización del hecho. «Una nueva y lamentable manifestación del conflicto». Batasuna -no nos engañemos- sigue estando donde siempre ha estado: a las órdenes de la autoridad competente, que, por supuesto, es siempre la militar.

La prevención y la represión de la actividad de ETA son asunto que compete en exclusiva a la Policía y al poder judicial. La actitud a mantener respecto de Batasuna concierne, en cambio, a la ciudadanía y, de manera muy especial, a los partidos políticos que la representan. La tolerancia cero frente a ella, en todas y cada una de las instituciones, se ha hecho ya una exigencia de dignidad humana, cívica y democrática. No cabe ya la más mínima condescendencia. Batasuna ha despreciado todas las manos que se le han tendido. Ha hecho todos los merecimientos para ser excluida de todo trato político normalizado.

A raíz de la última reunión de los partidos en Ajuria Enea, se encomendó a Eudel la presentación de una moción en este sentido para ser aprobada en todos los ayuntamientos. Hoy, un mes después de aquella reunión, todavía se trabaja en su elaboración. Ninguna circunstancia política y ningún interés partidario pueden ya justificar más dilación. Más aún. En la contundencia de sus términos tendremos oportunidad de medir la seriedad y la sinceridad de los acuerdos que alcanzaron los partidos en aquella ocasión. La opinión pública tiene además, a estas alturas, una vara de medir muy rigurosa. Se ha hecho consciente de que no se encuentra ante meros crímenes cometidos al azar, sino que se enfrenta a un auténtico programa, fría y sañudamente diseñado, de limpieza ideológica y eliminación física de los representantes políticos de media sociedad. A un verdadero proyecto de exterminio. Intuye, por tanto, que en la actitud que ella misma y sus representantes adopten frente a este proyecto y frente a sus promotores se está jugando algo de decisiva importancia. Porque nadie va a salir indemne de todo esto. Si los que se saben amenazados son conscientes de que se juegan directamente la vida y la libertad, los que no lo estamos deberíamos saber que lo que para nosotros está en juego no es otra cosa que nuestra propia dignidad. De nuestro comportamiento en estas trágicas circunstancias nos pedirán un día cuenta nuestros hijos. El sonrojo que entonces perciban en nosotros les delatará la indiferencia con que ahora nos hemos comportado.

Los socialistas vascos están llamados a celebrar, este mismo fin de semana, un difícil congreso extraordinario. Alguien querrá hacerles ver, de aquí al sábado, que el asesinato de ayer pretendía debilitar o fortalecer a una de las partes que se enfrentan en el inminente debate. Craso error, y, además, interesado. Alternativamente, en un calculado y macabro reparto de víctimas, ETA ha ido segando vidas de militantes socialistas de una y otra tendencia. Es el partido socialista como un todo, sin distinción de adscripciones y familias internas, el que ETA ha erigido en objetivo. Ni ésta ni ninguna de las víctimas que han caído o que, por desgracia, puedan todavía caer deberían ser motivo de ulterior división en su partido La unidad y la fortaleza eran un desideratum antes del crimen de ayer. Hoy, y en los días que habrán de venir, se han hecho ya una necesidad ineludible. Para el partido y para toda la sociedad vasca. ¡Ojalá las consigan!

El Partido partido
POR CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN. Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 22 Marzo 2002

EL congreso que celebran este fin de semana los socialistas vascos aparece teñido de un dramatismo quizás incomprensible para quienes ven la política como un juego más bien intrascendente, excepto para el reducido contingente de los profesionales de la política. En efecto, las democracias normales son normales y aburridas precisamente porque, salvo en momentos concretos, la política apenas parece alterar la existencia de la mayoría. Para la gente corriente, esto permite culpar a los políticos de muchas de sus desgracias, absolviéndose a sí mismos de muchos pecados y vicios propios que achacan a la clase que los representa y delibera en su lugar con mayor o menor fortuna.

La cosa cambia cuando los políticos pierden la libertad y se juegan la vida por representar a sus votantes. Entonces el juego de la política deja de ser una comedia -una farsa, según los detractores más inclementes- para convertirse en tragedia. Cuando eso ocurre la democracia corre peligro o sencillamente es inexistente en ciertos ámbitos, como ocurre en el País Vasco, y esta inexistencia es la que convierte en dramática y trascendental una reunión política, la del PSE-EE, que en otros ámbitos y circunstancias no pasaría de constituir un bostezante acto partidista de fin de semana, a mayor gloria del liderazgo de turno. Aquí, en cambio, es un congreso donde la democracia no sólo es representada, sino que está en juego su ser.

La peculiaridad trágica de la política vasca no radica en el famoso conflicto de soberanía que esgrimen los nacionalistas, ni siquiera en los fracasos e inconsecuencias de los sistemas democráticos corrientes, sino en algo mucho más elemental: en que la tiranía de una banda terrorista y sus asociados ha conseguido convertir en un juego mortal el empeño por defender ciertas ideas, cultivar ciertas identidades y representar a ciertos partidos políticos que, como todo el mundo sabe, son de momento -y sin que sepamos hasta cuándo-, el PP y el PSE-EE. Lo que termina de perfilar la tragedia vasca es un ingrediente obligado de todas ellas: el papel del absurdo. El absurdo consiste aquí en que la seguridad de malvivir y el riesgo de morir asesinado tiene poco que ver con las estrategias políticas que defiendan los amenazados. Su margen personal de maniobra es minúsculo en este aspecto. A ETA le da lo mismo que un socialista defienda la Constitución, los derechos históricos, la autodeterminación a plazos o el diálogo a lo Elkarri; sólo le interesa el modo de eliminarle, como acaba de demostrar ayer el asesinato del concejal socialista del Ayuntamiento de Orio, Juan Priede.

Por desgracia, muchos no acaban de comprenderlo, aunque su candidez u oportunismo no contribuye a exorcizar a los asesinos, sino que por el contrario contribuye a atraerlos. Y el congreso del PSE-EE, con las corrientes que se debaten dentro por imponerse, ilustra esta paradoja trágica con todo su tremendismo.

El partido de los socialistas vascos es hoy un partido partido, y perdonen la redundancia, que no creo gratuita ni quiere ser ingeniosa. No se trata sólo de que haya dos o tres corrientes o familias de intereses rivales. En realidad, y a despecho de los esfuerzos maquilladores de los Jáuregui de turno para tapar la evidencia, el PSE-EE ha terminado interiorizando la división de la sociedad vasca, lo cual lo convierte de momento en un partido incapaz de liderarla. No se trata de la división entre nacionalistas y no nacionalistas, sino de la que separa a quienes miran el problema tal como es de quienes prefieren disfrazarlo e imitar al avestruz. El problema, obviamente, es esta vil caricatura vasca de democracia, originada por el terrorismo pero sostenida por quienes, de Ibarretxe a Garaikoetxea pasando por Madrazo, intentan explotar las ventajas de gobernar con una oposición bajo vigilancia que lucha por sobrevivir.

El candidato de quienes prefieren enfrentarse al problema de una vez por todas es, como es natural, Carlos Totorica, el alcalde de Ermua que encauzó de modo admirable el movimiento de protesta espontáneo desencadenado por el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco. Totorica tiene el apoyo de socialistas muy conocidos por su implicación en movimientos cívicos, en la lucha contra el terrorismo o en la defensa de una universidad libre: Maite Pagazaurtundua, Rosa Díez o Francisco Llera, entre otros.

La misma lógica, pero a la inversa, ha agrupado en torno a Patxi López al aparato del partido, cuyos dirigentes suscribieron un pacto de reparto de la tarta para no competir entre sí y tratar de retener un poder partidario en plena crisis tras la vergonzosa defenestración de Nicolás Redondo. Ni Patxi López ni los dirigentes que le apoyan y empujan (Jesús Eguiguren, Manolo Huertas, Dimas Sañudo, Rodolfo Ares) han tenido relación alguna con los movimientos cívicos -salvo para las fotos de campaña-, ni son conocidos por su implicación en la lucha universitaria o cualquier otra parecida- incluso hay entre ellos algunos cuya principal seña de identidad es su odio a «los intelectuales». Al margen hay una tercera opción, la de Gemma Zabaleta, apoyada por Odón Elorza y conocida por los quiebros absolutos que puede imprimir a su discurso: antes del 13-M, Zabaleta era la crítica más dura e implacable del PNV y ahora aplica los mismos ataques al PP. El grupo de Totorica ha denunciado maniobras del aparato dirigido por Jáuregui que emulan a las de alguna república bananera. Y las relaciones personales entre los tres sectores sufren tal deterioro que ha resultado imposible el típico acuerdo precongresual de reparto de esferas de influencia en torno a un candidato común. Javier Rojo, con muchas posibilidades de serlo, ha eludido esa misión imposible.

Lo trágico de este congreso es que, estando absolutamente todos los candidatos y personalidades del PSE-EE amenazados de igual manera, con su libertad personal y calidad de vida gravemente empeorada, no haya sido posible dar a esta evidencia el lugar que le corresponde: una prioridad absoluta. Un partido democrático en sus cabales no debería admitir la menor en esto ni pactaría con ninguna fuerza política que no compartiera esa prioridad. Por desgracia, no es ahora el caso socialista.

Pero las tragedias, como explicó Aristóteles, enseñan propiciando la reflexión sobre penalidades ajenas que bien podrían ser las propias. Si Totorica gana el congreso, hay una esperanza cierta de recuperación que quizás atraviese una fase previa de reorganización del liderazgo; sería inconcebible que aceptara un cautiverio del aparato como el sufrido por Nicolás Redondo. Si se impone Patxi López, la historia será seguramente muy distinta, incluyendo la posibilidad del abandono y reagrupación de los derrotados por el aparato en otro proyecto político. En ambos casos la política vasca puede obtener una respuesta a la pregunta actual: si hay o no una gran fuerza de izquierda decidida a enfrentarse a ETA y su tinglado con todas las consecuencias, y si esa fuerza es y será el PSE-EE u otra todavía inexistente. Porque de lo único que no hay duda es de que la derrota del terrorismo y la jubilosa conversión de la política vasca en algo tan aburrido como la de cualquier sitio exige un partido político de izquierda con ideas claras y liderazgo firme. Eso es lo que está en juego.

Una cuestión de vida o muerte
MARIO ONAINDIA El Mundo 22 Marzo 2002

El cruel asesinato del compañero socialista Juan Priede, concejal de Orio, pone en primer término que acabar con el terrorismo de ETA no sólo es una obligación democrática sino una cuestión de vida o muerte para la pervivencia del socialismo y la pluralidad en la sociedad vasca. Para ello, es imprescindible un socialismo unido en torno a unas ideas claras.

Hace tres años Ramón Jáuregui tuvo una idea genial para resolver la jaula de grillos en que se había convertido el PSE durante su último mandato como secretario general: proponer como sustituto a Nicolás Redondo al frente del partido siempre que formara un tándem con Rosa Díez y Fernando Buesa, para que los socialistas vascos tuvieran el sólido liderazgo nacional del que carecían.

Pero le faltó tiempo para explicar sus condiciones. En cuanto Nicolás Redondo oyó lo de su candidatura a la Secretaría General voló raudo junto a Jesús Egiguren para proponerle un pacto: Redondo sería el líder capaz de llevar a cabo la política que Jáuregui no había podido culminar al carecer del pedigrí suficiente ante las bases socialistas del que gozaba el propio Nicolás. La cosa no era descabellada porque, tras la revuelta social a favor del actual sistema democrático provocado por el asesinato de Miguel Angel Blanco, la primera reacción de Ardanza había sido intentar ponerse a la cabeza de la manifestación.

Tres años después, la historia se repite. Parece que Ramón Jáuregui ha tenido una nueva oportunidad para poner en marcha su vieja idea al proponer al hijo de otro líder histórico del socialismo vasco para que sobre él gire la configuración de una dirección nacional vasca integradora y plural. Pero también a Patxi López le ha faltado tiempo para correr donde Jesús Egiguren para proponerle un pacto para lograr la mayoría de los delegados aunque esto represente marginar a Javier Rojo y a los alaveses. Pero la situación política vasca es totalmente contraria. En primer lugar, porque el PNV no está pensando precisamente en sumarse a la defensa del sistema democrático sino cómo lograr sumar o neutralizar al socialismo vasco en su estrategia soberanista. Tampoco Jesús Egiguren es el lúcido teórico del socialismo vasquista, sino el autor de los últimos desaguisados del partido que nos han conducido a esta crisis, primero, asumiendo unos textos sobre Quebec y la autodeterminación ajenos totalmente a la tradición socialista; segundo, negándose a retirar estas ideas forzando la dimisión de Nicolás Redondo; en tercer lugar, retirando sin resistencia, estas mismas ideas cuando es Ramón Jáuregui quien propone la Ponencia para el congreso.

De hecho, las ideas vertidas por Patxi López desde que se ha presentado como candidato han consistido en desmentir las supuestas ideas actuales de Jesús Egiguren, así como la práctica de la gestora. Por ejemplo, cuando afirma que el pacto con el PNV se limita a temas antiterroristas, cuando los dirigentes socialistas vizcaínos y guipuzcoanos han firmado un pacto con el PNV en las diputaciones respectivas cuyo contenido se ha intentado explicar por motivos ajenos a la política y por tanto a la lucha por la libertad. No estoy en contra de estos pactos pero sí de que no se inserten en una estrategia socialista de defensa de la libertad, y se vean como meras cuestiones de talantes.

Es difícil que con estos mimbres se pueda forjar el partido que necesita la sociedad vasca para lograr la libertad. Menos mal que tenemos a Totorica. Durante décadas los socialistas vascos han añorado tener un Maragall como un líder que represente una Euskadi distinta de la oficial nacionalista, como la de Barcelona respecto a la Generalitat nacionalista y provinciana. Y este líder, Carlos Totorica, surgió a la vez que la sociedad vasca protagonizaba una rebeldía cívica sin precedentes que daba una lección a los políticos: el problema no era la paz que convertía a los terroristas en árbitros de la política vasca, sino de libertad, cuya conquista se puede negociar pero también imponer por la fuerza del Estado de Derecho.

Lo que convierte a Totorica en el líder que necesita el socialismo vasco no es sólo que encabezara la revuelta de los ciudadanos contra el terrorismo, sino también que con su heroico comportamiento al coger el extintor y evitar la quema de la sede de HB, impidió que el noble pueblo de Ermua se convirtiera en mera turba furiosa que utilizara los mismos medios degradantes de los terroristas y sus amigos. Un hecho insólito, porque estamos demasiado acostumbrados a que los líderes nacionalistas callen y se limiten a azuzar la más bajas pasiones de sus fanatizados militantes, esperando que sean otros quienes pongan puertas al campo.

En el caso de Totorica, el legado de Redondo, no es más que el necesario punto de partida ideológico. Y no me cabe duda de que será capaz de configurar la dirección nacional que necesitamos los vascos para que los militantes podamos aguantar al pie del cañón los sacrificios que nos exige la defensa de la libertad.Y que la defensa radical de esta libertad será compaginada con los acuerdos precisos, no sólo con el PP sino también con el PNV, pero que serán transparentes y enfocados a la defensa del actual sistema democrático, la Constitución y el Estatuto. Una idea de la libertad por la que merezca la pena resistir hasta el final, aun a costa de la propia vida, como en el caso de Juan Priede, el último héroe demócrata vasco.

ETA asesina al concejal socialista de Orio
M. ALONSO ABC 22 Marzo 2002

De un tiro en la nuca. Así asesinó ayer ETA al único concejal socialista del Ayuntamiento de Orio (Guipúzcoa), Juan Priede Pérez, cuando quedaban cuarenta y ocho horas para la celebración del congreso extraordinario del PSE, en el que este partido decidirá al sucesor de Redondo y si se aproxima o no a los nacionalistas. La víctima había anunciado que su voto iría para la «vasquista» Gemma Zabaleta.

SAN SEBASTIÁN. El día antes de su asesinato, Juan Priede Pérez, jubilado de 69 años, viudo, con tres hijos y único concejal del PSE en el Ayuntamiento de Orio -también único edil no nacionalista-, había asistido en el cementerio de Lasarte al homenaje que los socialistas vascos rindieron a Froilán Elespe, teniente de alcalde de esta localidad guipuzcoana, asesinado el 20 de marzo de año pasado a manos también de ETA. Priede sabía que era objetivo de los criminales -su nombre apareció en un listado del «comando Buruntza» y hace seis meses advirtió la presencia de unos «sospechosos»-, pero no podía imaginar que su destino, veinticuatro horas más tarde, iba a ser el mismo que el de su compañero Elespe.

Los terroristas le mataron a las dos y cuarto de la tarde de ayer en el interior del bar «Gure Txoko», situado en la calle Artizaga, de Orio, muy cerca de su casa. Acudió a ese establecimiento, como solía hacer casi todos los días, a tomar un café. Era el único momento del día en que no llevaba escolta. De hecho, tres cuartos de hora antes de su asesinato, las dos personas encargadas de su protección, que pertenecen a una empresa privada de seguridad, le habían acompañado a su domicilio.

Priede estaba en el bar, en el que se encontraban otras cinco personas, cuando dos individuos, a cara descubierta, se le acercaron y, sin mediar palabra, les dispararon a bocajarro en la cabeza. Su cuerpo cayó desplomado al suelo. La muerte fue instantanea y el personal sanitario que acudió en su auxilio sólo pudo confirmar el fallecimiento por un «impacto de bala con entrada por el occipital y salida por la frente». No obstante, la Ertzaintza encontró en el bar tres casquillos del calibre 9 milímetros parabellum, que están siendo analizados por los expertos en balísticas para determinar si los terroristas utilizaron más de un arma.

Tras consumar el asesinato, los criminales salieron corriendo del bar y se introdujeron en un coche Peugeot 309 en el que les estaba esperando un cómplice al volante para darse a la fuga. Este coche fue localizado media hora más tarde abandonado junto a un puente en la zona de la Txanka. El turismo tenía las ventanillas bajadas, por lo que la Ertzaintza estableció un dispositivo de seguridad como medida de precaución por si había algún tipo de artefacto explosivo.

Secuestro del dueño del coche
El coche había sido robado por dos hombres a mano armada a primera hora de la tarde de ayer en las proximidades del Ayuntamiento de Lasarte. Los terroristas secuestraron al conductor y le obligaron a introducirse en el interior del maletero. Seguidamente, el propietario del vehículo fue trasladado hasta el barrio de Sorabilla, en Andoain, donde fue atado a un árbol y abandonado. En este coche, los etarras se desplazaron a Orio para asesinar a Juan Priede. Mientras tanto, dos personas localizaron al dueño del coche y le liberaron de sus ataduras. El hombre fue conducido más tarde a una Comisaría de la Ertzaintza, en donde los agentes le mostraron fotografías de etarras para ver si identificaba a alguno de ellos.

Tras el atentado, la Policía autonómica estableció controles en diversos puntos de las carreteras guipuzcoana, en especial en torno a las vías cercanas a Orio.

En opinión del ex alcalde de Orio José Miguel Azkarraga, los miembros del «comando» que acabaron con la vida de Juan Priede Pérez han tenido que contar con la colaboración del algún chivato del pueblo de Orio. «Para que a este hombre lo hayan pillado y le hayan matado», dijo, «el toque lo ha tenido que dar alguien de cerca». Es decir, los terroristas tenían que contar con el dato de que cuando el concejal socialista acudía al bar «Gure Txoko» era el único momento del día en que no era acompañado por sus escoltas.

Para el alcalde de Abando y Cierbana, Juan José Mezcorta, que era «muy amigo» de Priede, no hay duda alguna de que ETA con este asesinato ha querido influir en el congreso del PSE que se celebrará este este fin de semana y en el que los socialistas van a debatir si se aproximan o no a los nacionalistas. «Quieren ponernos nerviosos y que tengamos otra forma de pensar», dijo Mezcorta, pero «no van a conseguir nada, sólo lograrán que esté mucha más gente en contra de ellos».

Influir en el PSE-EE
Juan Priede iba a asistir a este congreso como delegado y en días pasados anunció que su voto iba a ser para Gemma Zabaleta, impulsora de «Nuevo Socialismo Vasco», corriente socialista de tendencia «vasquista», que se enfrentará con las que representan Patxi López, de aproximación al PNV, y la de Carlos Totorica, que mantiene las tesis defendidas por el ex secretario general del PSE-EE Nicolás Redondo. El asesinado era el único concejal no nacionalista de Orio, cuyo Ayuntamiento está integrado por cinco concejales del PNV, tres de Batasuna y dos de EA.

El atentado de ayer, así como los cometidos el pasado mes de febrero contra los también socialistas Eduardo Madina y Esther Cabezudo, reflejan el grado de presión que ETA está ejerciendo sobre el PSE, partido que desde hace meses padece una profunda crisis interna y que este fin de semana elegirá a su nuevo secretario general y definirá su línea política.

Hay diferentes interpretaciones sobre el objetivo que persigue ETA con su acoso a los socialistas. Para unos, su estrategia está dirigida a que el PSE no se aproxime al PNV, mientras que para otros, la banda quiere provocar, por un lado, la ruptura entre los socialistas y el PP y, por otro, forzar al PSE-EE a aceptar el derecho de autodeterminación.

«Si el pueblo llano no se moja, ETA no se acabará»
Los vecinos de Orio se rebelan contra quienes «vigilaban» a Priede, pero intuyen que «nada cambiará»
OLATZ BARRIUSO/ORIO El Correo 22 Marzo 2002

En el muelle de Orio, frente al puerto, el sol de media tarde se refleja en el agua. Reina el silencio, roto sólo por el chillido ocasional de las gaviotas. Varias decenas de mujeres, sentadas en fila india, remiendan las redes de pesca con la vista fija en la labor. «Estamos muy afectadas, pero tenemos que seguir a lo nuestro. El barco está a punto de salir», explican, sin apartar la mirada de la aguja. Sólo unos pasos más allá, en el otro extremo del muelle, el precinto rojo y blanco del cordón policial hiere sin piedad el paisaje. Vecinos y políticos se arremolinan en corrillos. Hay un murmullo constante, gestos desencajados por la tristeza y la indignación. El cuerpo sin vida del concejal socialista Juan Priede yace aún tras las persianas metálicas del restaurante Gure Txoko . «Él menos que nadie creía que algo así podía ocurrir».

Es la metáfora cruel que explica cómo las balas de ETA hicieron ayer saltar por los aires la apacible rutina de este pequeño pueblo marinero de poco más de 4.000 habitantes. «El lugar más tranquilo del mundo», insisten sus moradores, sin necesidad de ser preguntados. Aunque casi nadie confía en que «sirva para algo», los oriotarras -mayoritariamente nacionalistas- se negaron ayer a permanecer callados, convencidos de que el asesinato de Priede «no puede caer en el olvido». «Seguiremos con nuestros negocios, con nuestras vidas, pero si el pueblo llano no se moja, ETA no se acabará nunca», asegura, convencida, Marijo.

Marijo -«no importa que lo pongas, todos nos conocemos aquí»- es la dueña de Marijo Janariak , la pequeña tienda de ultramarinos donde el edil asesinado hacía la compra cada día. También ayer. «Como era viudo, estaba hecho todo un amo de casa. Como siempre, estuvo por la mañana y comentó el día tan bonito que hacía. Se llevó unas fresas y aún no he podido dejar de pensar si le habrá dado tiempo a disfrutarlas», recuerda, con tristeza. A su alrededor, las clientas habituales del colmado han decidido dejar la sobremesa casera para mejor ocasión. Orio entero está en la calle. Algo se mueve. «Yo digo que nosotros, los ciudadanos de a pie, nos tenemos que mojar porque está claro que los políticos se mueven sólo en función de sus intereses. Y hablar, hablar mucho. Tengo amigos de Batasuna, no tengo por qué negarlo, y seguiré discutiendo con ellos, a ver si les convenzo. Ahora con más razón», dice Marijo, que no es partidaria de «aislarlos» sino de «dialogar» con todos.

Algunos, como una de las parroquianas de la tienda, comenzaron ayer mismo. «Me acabo de encontrar con uno y le he preguntado a ver qué había solucionado este asesinato. Que no hay derecho. Me ha contestado que él conoce a gente que también está sufriendo, que hay torturas »

-¿Y usted qué le ha dicho?
-Que él no es mejor vasco que yo.

«Aquí no pasa nada»
Pese al deseo de que «algo cambie», los oriotarras, en general, comparten una misma impresión, que se resume en las palabras de una mujer que prefiere no dar su nombre, pero se define como «votante del PNV, con familia afiliada al partido y llena de rabia por esta sinvergonzonada tan cobarde». «Habrá concentración, funeral, manifestación, todo el ritual y después vuelta a empezar. El aquí no pasa nada », lamenta.

Esta vecina recuerda la «vergüenza» que sentía cada vez que veía a Juan paseando por Orio con sus escoltas. «Que tuviera que ir así; un hombre que jamás se metía con nadie ». Ella -y muchos otros vecinos, entre ellos el ex alcalde, el peneuvista José Ignacio Makazaga- «sabe» que «gente del pueblo» vigilaba las rutinas de Priede -la tienda de Marijo, el café en el Gure Txoko , las rondas de txikitos por los bares de la zona- y facilitó la información necesaria para asesinarle. A él, al hombre del pueblo, «a una presa fácil». «No sabemos a ciencia cierta quienes son pero nos lo imaginamos. Aquí nos conocemos todos, cada cual lleva su sello en la frente. Y todos los demás somos muchos más que ellos. Ya ni salen con sus pancartas, porque iban cuatro. Cuando van solos por la calle son tan poquita cosa, no son nadie. Pero cuando llevan las pistolas ¿Qué podemos hacer ante eso?», reflexiona, con «desesperanza», la mujer. Un hombre de mediana edad coincide en la apreciación «Todo el que pertenece a una determinada opción política está vigilado».

Elena y María Pilar son simpatizantes socialistas y amigas del corporativo asesinado, que «nunca tuvo miedo aunque sabía que le seguían». Están seguras de que, mientras ellas lloran a su compañero, «otros brindan con champán» y son tan pesimistas como los demás. Recuerdan como el predecesor de Priede en el cargo «tuvo que dejarlo por las amenazas». «Y la gente miró hacia otro lado, como harán ahora. Y lo entendemos. ¿Para qué se van a enfrentar? ¿Para que les peguen dos tiros?».

Un problema moral
ANJEL LERTXUNDI/ El Correo 22 Marzo 2002

Hace tan sólo unos días, Batasuna condenaba enérgicamente el atentado contra un alkartetxe de EA o las torturas a Unai Romano. Todo apunta a que hoy, cuando a la gente de Batasuna se le conmine a que explique su postura ante el asesinato de Juan Priede, asistiremos, una vez más, a la escenificación del marasmo moral que se esconde tras ese rancio estereotipo al uso: «Las condenas son inútiles».

Mal asunto si la generosidad o la cicatería del rasero no depende en primera y principal instancia de los hechos que han de juzgarse. Es, en consecuencia, puro dislate mentar el abracadabra del contencioso vasco para justificar las cadenas, el asesinato, la extorsión, la esclavitud a que son sometidos quienes, vascos como los asesinos, quieren un País Vasco distinto al que los asesinos quieren imponer. Cuando alguien condena enérgicamente un hecho contrario a la convivencia para inmediatamente después, amparándose en la inutilidad de las condenas , abstenerse en el juicio sobre otro de idéntica o peor naturaleza, no se contradice: deja al descubierto la desafección y aun la burla que subyace bajo un andamiaje ideológico en el que todas las piezas, absolutamente todas, están supeditadas a la consecución de unos objetivos políticos elevados por ETA a la categoría de fe ortodoxa. Es la última etapa de la parálisis ideológica, política y ética de quien, por paradójico que pueda parecer, ha renunciado, de forma indudablemente consciente, al principio de realidad. Hace tiempo que Euskadi dejó de ser un objetivo para ETA. Hoy no supone para ellos más que el autocomplaciente pretexto bajo el que cobijan su credo redencionista: los vascos no somos, para ellos, sujetos de derechos, sino números privados de voluntad propia y susceptibles de ser redimidos a sangre y fuego, aun a costa de nuestras propias convicciones. Nos quieren ungir, querámoslo o no, para hacernos merecedores de su idílico paraíso.

Sólo que el ungüento nos está resultando muy caro y muy doloroso: la peor herencia que puede dejar una opción política que use a su antojo la cuestión moral es la práctica continuada de tierra quemada o de manipulación sostenida en cuestiones tan cotidianas como el lenguaje, las relaciones vecinales o los proyectos sociales. Con su discurso, ETA puede desarbolar -y de hecho las desarbola hasta desacreditarlas- nuestras construcciones morales: a quien más interesa erradicar la tortura, y es sólo un ejemplo, es a quienes de verdad creemos que nuestro voto ha de contribuir, entre otras cosas, a garantizar los derechos humanos.

Vivimos en medio del remolino de una historia cancerígena, de la cual sabemos cuándo y cómo nació, y que ha sufrido, con el paso del tiempo y a base de atroces desatinos morales, una metástasis que nadie se aventura a vaticinar cuándo y cómo terminará. La enfermedad ha contaminado todos los estratos de la sociedad vasca, y nadie parece saber cómo curarla. Es posible que nos acerquemos a la solución cuando aceptemos que nuestro contencioso es moral más que político. A partir de ese momento, es muy posible que ETA no deje de provocar dolor, pero el conjunto de la sociedad vasca sabrá verla, sin tibieza moral y sin ambigüedad, únicamente como lo que es: el mayor obstáculo para la liberación real y maduración moral y política de este castigado pueblo vasco.

Hoy soy socialista
RAFAEL AGUIRRE/CATEDRÁTICO DE TEOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE DEUSTO El Correo 22 Marzo 2002

La noticia nos ha amargado la comida. Casi inmediatamente nos llegaba la imagen, bien reciente, de ayer mismo, de Juan Priede, el concejal socialista de Orio, mientras asistía en primera fila al acto conmemorativo del asesinato de su compañero Froilán Elespe, realizado según el cobarde ritual que ha vuelto a repetir ETA casi milimétricamente. Un hombre, ya de cierta edad, recio y bien plantado, rodeado de compañeros con el rostro serio y triste. ¿Hasta cuándo volverá a repetirse la escena?

Sabemos que era concejal socialista y poco más. Éste era su gran delito para sus asesinos. Pero la espesa red de colaboradores de los terroristas, los brazos del pulpo mafioso que atenaza la libertad por todos los rincones de Euskadi, había pasado la información de cuándo y cómo era posible encontrarle solo e indefenso. En el momento de escribir estas líneas queda aún el trance indignante y vomitivo en que unos concejales abertzales, amparados en divagaciones hipócritas y cínicas, se negarán a condenar el asesinato.

Siempre digo que me parecen obscenas las interpretaciones políticas en caliente de los asesinatos de ETA. Simplemente quiero decir que mientras determinados cargos públicos, en virtud de su ideología, se jueguen la vida diariamente no hay libertad real para nadie en la sociedad vasca. Que se impone un pacto sin exclusiones de todos los demócratas para conquistar la libertad y que a este objetivo deben subordinarse todos los demás, por legítimos que estos sean. Las medidas que se proponen, por bien intencionadas y positivas que sean, son totalmente insuficientes para garantizar que las próximas elecciones municipales vayan a celebrarse en unas condiciones de suficiente libertad democrática. ¿Quién va a estar dispuesto a aparecer en las listas no nacionalistas en la candidaturas del País Vasco? Nadie debería engañarse ni, menos aún, aprovecharse para jugar con ventaja.

Me parece de estricta justicia que los concejales amenazados, como los jueces y tantos periodistas, universitarios y empresarios que se encuentran en situación análoga, sientan nuestro agradecimiento y solidaridad. Y deberíamos buscar formas de expresarlo públicamente. Lo fácil para ellos -pienso ahora, sobre todo, en los concejales- sería desistir y abandonar, y a nadie se le puede reprochar cuando lo hace, porque la democracia exige personas justas y libres, pero no héroes ni mártires. Pero ETA busca su desistimiento, por abandono de los cargos, por huida del país, por cesión, más o menos solapada, en los planteamientos ideológicos. El terrorismo es un chantaje a toda la sociedad y busca, en unos casos, forzar cedimientos (políticos o económicos) y, en otros, conseguir complicidades, por supuesto de mil formas enmascaradas, en función de las diversas ideologías. Así las cosas, se impone estar unidos en la resistencia porque nos jugamos la dignidad de nuestra sociedad y porque el monstruo -y Lizarra lo dejó bien claro por si alguien aún no lo sabía- es insaciable.

El dolor de cada asesinato, las relaciones humanas que cada uno de ellos trunca irremisiblemente y los proyectos que rompe para siempre, nos deben hacer cada vez más conscientes de la dignidad de cada ser humano, de su valor absoluto y de su carácter insustituible. Como decía Kant, tenemos que considerar a cada persona como fin en sí misma y nunca como medio para otra causa. El terrorismo es la instrumentalización más vil de una persona en función de una alucinación ideológica. ¿Qué ha podido pasar, Dios mío, para que esta ideología de muerte haya penetrado tanto en la sociedad vasca, haya corrompido tantos corazones y mentes, haya tejido una red tan espesa de intereses, miedos y complicidades?

La evolución de la vida avanza reivindicando, con fuerza progresiva, el valor del individuo, que emerge de la especie y no queda subsumida en ella. El humanismo, que puede recibir justificaciones ideológicas dispares, consiste precisamente en afirmar que el fundamento y el centro de la vida social radica en la vida y libertad de cada uno de los individuos concretos. Al llorar por Juan Priede lloramos por todos nosotros, tan tardos en reaccionar, tantas veces callados, tan ciegos para no ver lo que se estaba incubando, tan insensatos para distinguir entre ellos y nosotros cuando lo que estaba en juego es la humanidad por todos compartida.

La exacerbación ideológica, la retórica patriótica, el enquistamiento orgulloso y los mares de banderas son pestes que nos impiden ver y valorar a las personas concretas, al margen de etiquetas, cada una con su nombre, con su historia y sus ideas, con sus amores y sus esperanzas. Hoy lloramos y nos rebelamos con los familiares, amigos y compañeros de Juan Priade. Unidos en el dolor humano y en la rebelión democrática, por tanto absolutamente firme, podemos derrotar a ETA y a su ideología y superar la ruina moral que significa.

¿Cuántos más?
JOSEBA ARREGI El Correo 22 Marzo 2002

Cuántos más concejales, socialistas o populares, tendrán que morir para que los partidos políticos se pongan de acuerdo en los mínimos que hacen falta para combatir a ETA y todo lo que la protege, la legitima y la sustenta? ¿Cuántos más tendrán que ser asesinados para que de una vez por todas aprendamos la lección: los terroristas saben perfectamente lo que quieren, y saben también perfectamente lo que no quieren?

Quieren utilizar el sentimiento nacionalista para mantener la revolución permanente, para someter a la población, para mantenerla, especialmente a la no nacionalista, en vilo, atemorizada, aterrorizada. Quieren sequir esgrimiendo la ortodoxia del nacionalismo, para hacer ver que fuera de su forma de ver el nacionalismo ningún nacionalismo que merezca ese nombre es posible. Quieren una sociedad homogénea en el sentimiento nacionalista, porque es la que pueden controlar, someter, tener sujeta para conseguir sus fines de derrocar todos los sistemas estatales, parlamentarios, democráticos.

No quieren que el nacionalismo democrático sea capaz de definir un nacionalismo distinto, desligado radicalmente del nacionalismo utilizado por ETA y Batasuna. No quieren la unidad de los partidos democráticos, ni que estos se acerquen entre ellos, porque así mantienen a los partidos nacionalistas en su órbita. No quieren la paz. No quieren el diálogo. No quieren hacer política. No quieren otra cosa que mantener dividida a la sociedad vasca, porque así la tienen chantajeada, secuestrada. No quieren una sociedad civil fuerte, despierta, consciente de que la situación actual conlleva un deterioro quizá irreversible.

Y ante esta situación, algunas ideas debieran estar ya hace tiempo claras. Debiera estar claro que con los terroristas ningún diálogo es posible. Debiera estar claro que la sociedad vasca no va a poder soportar por mucho tiempo y sin grave daño para ella misma que el nacionalismo democrático no defina su propio nacionalismo desligándose radicalmente del nacionalismo utilizado por ETA y Batasuna.

Debiera estar claro que proclamar la paz y defender planteamientos totalitarios es una contradicción en sus propios términos. Debiera estar claro que no hay democracia sin instituciones. Debiera estar claro que la institucionalización comienza por la capacidad de defender la vida, la libertad y el derecho de los ciudadanos. Debiera estar claro que ése es el núcleo central de la política. Debiera estar claro que por esa razón no se pueden contraponer medidas policiales y medidas políticas en la lucha contra ETA.

Debiera estar claro que el sueño de la unidad mítica del nacionalismo en su conjunto divide necesariamente a la ciudadanía vasca, a la sociedad vasca. Debiera estar claro que en una sociedad institucionalizada, en una sociedad, por lo tanto, que cumple con el mínimo de los requisitos de la democracia, el diálogo siempre es reglado, el diálogo posible, democráticamente legítimo, es limitado y condicionado. Debiera estar claro que lo que mejor les va a los terroristas es la deslegitimación de las instituciones que tenemos, poner en duda su legitimidad democrática, dudar de ellas, vaciarlas, debilitarlas.

Pero aunque todo esto, y mucho más, debiera estar claro, no parece estarlo. Porque nos dedicamos demasiado a los juegos florales, a escenificar la política como si de un juego de ajedrez se tratara, como si las batallas en las que se juega la vida de conciudadanos vascos, básicamente no nacionalistas, fueran juegos en una mesa llena de soldaditos de plomo.

Y todo esto no está claro porque nos empeñamos en confundir la ética con pretensiones partidistas, la sociedad con el pueblo, el derecho con la soberanía, la democracia con la autodeterminación, el bienestar con el autogobierno, la defensa y el desarrollo del pluralismo con una lectura cerrada de la Constitución.

Y mientras tanto ETA sigue. Ella sólo se dedica a matar, porque el resto lo hacemos los demás. Nunca lo ha tenido tan fácil. Por muy débiles que estén, por mucho que fructifique el trabajo policial: si los demás seguimos empeñados en nuestros juegos, ETA seguirá estando fuerte.

Porque la fortaleza de ETA nunca ha estado en sus comandos, ni en su equipamiento militar, ni en sus infraestructuras. La verdadera fortaleza de ETA está en la desunión de los demócratas, está en cierta atmósfera de legitimidad con la que pueden recubrir sus planteamientos ideológicos, está en la ceguera de determinados planteamientos partidistas, está en la rentabilidad política, de todo signo, de las posturas ante el terrorismo.

A veces se siente uno tentado a pensar que ya es demasiado tarde, que la batalla está perdida, que ya estamos viciados con un síndrome de inmunodeficiencia social. Pero habrá que seguir creyendo que es posible la derrota de ETA. Porque si ETA no es derrotada, se acabó la sociedad vasca.

Entonces ETA habría vencido. Esa ETA que proclama que ella, y sólo ella, es el acontecimiento fundacional de la historia y del pueblo vasco. Es decir: que antes de ETA, y sin ETA, no existe ni historia ni pueblo vasco. Habría llegado la hora de su victoria, que sería una victoria estéril, porque se quedaría ETA consigo misma, sin nada más, el movimiento revolucionario perpetuo que se consume a sí mismo.

Ayer le tocó al concejal socialista de Orio ser instrumento en el juego de la revolución de ETA, una revolución que nunca alcanzará su destino, porque si lo alcanzara dejaría de existir. Una vida como instrumento de un proyecto suicida y autista por definición. ¡Cuánto tiempo hemos perdido y cuánto tiempo seguimos perdiendo! Algo debiéramos haber aprendido, pero al parecer seguimos negándonos a ello.

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