AGLI

Recortes de Prensa    Lunes 25  Marzo  2002
La ficción socialista
GERMAN YANKE El Mundo  25 Marzo 2002

A Barrabás
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  25 Marzo 2002

De Ermua al Kursaal
Editorial ABC  25 Marzo 2002

El pacto de Elorza
PABLO PLANAS ABC  25 Marzo 2002

La victoria de un fracaso
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC  25 Marzo 2002

Banana Euskadi
Jaime CAMPMANY ABC  25 Marzo 2002

La deslegalización de Batasuna
José Antonio SÁNCHEZ La Razón  25 Marzo 2002

Come y calla
GABRIEL ALBIAC El Mundo  25 Marzo 2002

Estado de excepción, estado de anestesia
Justino SINOVA El Mundo  25 Marzo 2002

Ni contigo ni sin ti
José María CARRASCAL La Razón  25 Marzo 2002

¿Y de qué van a hablar con el PNV
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón  25 Marzo 2002

Una derrota anunciada
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo  25 Marzo 2002

La estética del terror
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  25 Marzo 2002

PSE: Vía libre al “diálogo”
EDITORIAL Libertad Digital  25 Marzo 2002

Efectos y causas del terrorismo
Enrique de Diego Libertad Digital  25 Marzo 2002

El candidato desdeñado
SANTIAGO GONZÁLEZ/ El Correo  25 Marzo 2002

Detenidas cinco personas e incautados más de 100 kilos de explosivos en una operación contra ETA
Libertad Digital  25 Marzo 2002

Pasan a disposición judicial los dos batasunos detenidos por cruzar la frontera con 200 mil euros
Agencias Libertad Digital  25 Marzo 2002

La ficción socialista
GERMAN YANKE El Mundo  25 Marzo 2002

Congreso de los socialistas vascos: paraíso de la ficción. Un ejemplo: se repite una y otra vez, como si la insistencia demostrase algo, que el nuevo secretario del PSE, Patxi López, obtuvo el sábado un 6% más de votos que su antecesor, Nicolás Redondo, en el Congreso celebrado en Bilbao en el año 2000. Se repite para crear la ficción de que Redondo no había logrado la integración en el partido como este Congreso de El Kursaal se proponía. «Una nueva etapa», dicen. Pero hasta para la mala intención hay que tener un poco de ingenio razonable porque Redondo, en 2000, fue elegido por aclamación y no fue designado candidato sin recurrir a las primarias porque él mismo no quiso.

Aquel año, fue la Ejecutiva, y no Redondo, la que recibió el 51% de los apoyos, fruto de una opción, el intento de éste de integrar a quienes luego le traicionaron, que dejó a muchos tan medio contentos como medio enfadados. López, ahora, cuenta con una fuerte oposición y sólo ha enfadado a todos los que no le apoyan. Para la retórica de la integración no está mal el comienzo.

¿Por qué traicionaron a Redondo, al secretario general elegido por aclamación? Porque defendió unos principios. Si su apuesta contra el nacionalismo, si el entendimiento con el PP, hubieran sido sólo una estrategia, no habría pasado nada. La mayoría de ellos se abonaron a la posición de Redondo mientras creyeron que el resultado de las elecciones el pasado 13 de mayo podrían devolverles, esta vez junto a Mayor Oreja, el poder, la influencia, el coche oficial y el presupuesto.

Pero en las últimas elecciones autonómicas, por muchos votos que se acumularan, no se consiguió el objetivo y, para sorpresa de tantos, Redondo siguió diciendo lo mismo. La defensa de la libertad y de la democracia frente a la violencia y el totalitarismo, la apuesta por hacer de los vascos ciudadanos en vez de miembros de una etnia, no era sólo una estrategia. Demasiado para algunos si tenían que vivir en el ambiente del paraíso nacionalista.

Pero un partido es un partido y los críticos, hoy mayoría, no habrían dado los pasos que dieron sin el apoyo del Comité Ejecutivo del PSOE. Se puede parafrasear aquella broma de la política británica y decir que, cuando aparca el coche de José Blanco delante de la sede de Ferraz, se abre la puerta y no sale nadie, pero los buscadores de fortuna del PSE encontraban siempre al secretario de Organización y, durante meses, se fueron poniendo piedras en el camino de Redondo. Cuando se acabaron las piedras, comenzaron los ataques y, cuando éste dimitió, los ataques siguieron. Por si acaso.

En Ferraz, al parecer, resultaba demasiado duro dar carta de naturaleza a una izquierda sin complejos y, antes de que la vieja guardia desbaratara la tranquilidad del mensaje de Rodríguez Zapatero como si se pudiera ser socialista sin odiar irracionalmente a quienes habían desplazado a González de La Moncloa , no era mal remedio ofrecerle un chivo expiatorio, Redondo, que defendía lo que nunca debió dejar de defender el PSOE. Ajeno a todas las trampas del pasado, no se sentía incómodo junto a los militantes vascos del PP, discrepantes en tantas cosas pero víctimas como los socialistas del totalitarismo nacionalista. Con los que no estaba a gusto era con los amigos de González. Buena elección la de Ferraz: ¡Redondo había comido con Aznar! Insisto, buena elección: Felipe González lo había hecho con Arzalluz. Y, además, Redondo es hijo de Redondo.

Si en Ferraz se había instalado la tesis por otra parte vieja y fracasada de que todo vale contra el PP, la nueva mayoría del PSE tenía que escenificarla en el Congreso. Si Zapatero no quería que esa estrategia impuesta diera la impresión de tener amistades peligrosas, el nuevo secretario general de los socialistas vascos necesitaba, aun contando con sus limitaciones oratorias e intelectuales, un discurso anclado en la consabida equidistancia.

¿Qué dijo? Que todos, nacionalistas y populares, son malos, y que, para estar con todos, como si fuera un predicador en vez de un político con una ideología seria, quería salir de las trincheras.Toda una confesión. Porque, en el País Vasco sólo se sale de las trincheras para entrar en los despachos y ya se sabe quién está en los despachos desde hace un cuarto de siglo.

Los dos sectores del socialismo vasco que han auspiciado la candidatura de López llegaron al Congreso después de haber dado su apoyo al PNV en los presupuestos de las diputaciones de Guipúzcoa y Vizcaya por unas migajas económicas, sin que les pareciera oportuno negarse a hacerlo hasta recibir como contrapartida garantías en materia educativa, en seguridad, en el funcionamiento de las instituciones para el ejercicio normal de la democracia. Tampoco les había importado (recordemos: la «unidad de los demócratas») que, tras el asesinato del concejal Juan Priede, sólo unas horas antes del Congreso, la indignidad del PNV relegara a la cabecera de la manifestación a los representantes del PP.

Al alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, que tiene de socialista lo poco que le deja su fascinación por el nacionalismo, el discurso oficial de López le pareció poco valiente. Los estrategas que soportan a Elorza lo tenían más claro en El Kursaal y retiraron la enmienda que pretendía alcanzar un «pacto de estabilidad» con el nacionalismo si éste abandonaba la «vía soberanista».¿Para qué mostrar así las cartas si el Congreso iba a rechazar la que aludía a la imposibilidad de pactar con el PNV en las circunstancias actuales? ¿Para qué si no se iba a aceptar la que proponía estrechar lazos entre los no nacionalistas?

Volvamos, sin haberlo abandonado, al relato de la ficción. Jáuregui, en el discurso de apertura, López en el suyo y Rodríguez Zapatero en el de clausura subrayaron la necesidad de aislar a Batasuna y exigieron, con aparente contundencia, un gesto o un cambio de actitud del PNV en este sentido.

El atolondrado equipo de comunicación del secretario general del PSOE insistía, en los pasillos del Congreso y por teléfono, en que ahí estaba el núcleo de la intervención del líder de la oposición. Pero para darlo por bueno, para sumergirse en la ficción sin ingenuidad, habría que olvidar que el PSOE tenía ya sobrada constancia de que el PNV, en ese carnaval de reuniones que tienen como disculpa la seguridad de los concejales, no da su brazo a torcer y demora cualquier iniciativa ofensiva contra el totalitarismo nacionalista con el que pactó. Y ahí siguen los socialistas, tan contentos, buscando cómo diferenciarse del Partido Popular.

Habrá entendimiento con el PNV, no hay duda. Tendrá su retórica justificativa, sus disimulos y sus gestos hacia la galería, pero habrá entendimiento. Habrá también distanciamiento del PP. Y, como se ha visto incluso antes de que terminara el Congreso de la «integración» se mantendrá una grave quiebra interna en el PSE. López no ha querido que le acompañen en su Ejecutiva los sectores representados en las candidaturas alternativas y se ha limitado a invitaciones personales «de oficio» que sabía previamente que iban a ser tomadas como una mala broma. Blanco, en esta coyuntura, demostraba su insignificancia diciendo que si alguien se excluía sería bajo su propia responsabilidad. Lo decía, seguramente, para ocultar la suya, después de no haber conseguido el disimulo supremo de impedir que Jesús Eguiguren el inventor de las condiciones en las que sería factible un referendo de autodeterminación fuese presidente de los socialistas vascos. Aquí termina la ficción socialista: no era posible acabar con Redondo y mantener, siquiera sea retóricamente, la misma política.

A los partidarios de éste les queda el consuelo de haber conectado mejor con el pueblo que con las casas (aunque se llamen «del pueblo») y el orgullo de haber sido fieles a unos principios.Zapatero se mantendrá, nadie sabe por cuanto tiempo, a la deriva, y López seguirá siendo Patxi, un líder para andar por casa.
Germán Yanke es director del semanario «Epoca».

A Barrabás
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  25 Marzo 2002

Este socialismo demediado de los pachis a pachas y los pepiños de piñata ha entronizado en el País Vasco al puente como símbolo de su estrategia política. Ninguno más apropiado, pues, que el de Semana Santa para rematar un crimen del que en los próximos años será verdugo y, a la vez, cadáver.

Hábilmente interrogado por Poncio Ramón Pilatos, el cónclave socialista del Kursaal ha debido elegir entre Jesús y Barrabás, entre el partido de Miguel Angel Blanco y el partido de Arzalluz.Y ha elegido, sin vacilar, a Barrabás. Porque a lo que venía, lo que figuraba en el guión de este drama pascual producido en exclusiva por Canal Plus, era a crucificar al Cordero, a la Libertad que yace de cuerpo presente en la vida política vasca desde hace muchos años, a traicionar los más sagrados juramentos, a olvidar a todas las víctimas del nacionalismo criminal, incluidos sus propios muertos. Y lo ha hecho según las previsiones sucesorias de Su Excremencia. El culpable de que el PNV sea, cada vez más, el brazo político de ETA Batasuna es Jaime Mayor Oreja. El máximo responsable de que, tras las movilizaciones por el asesinato de Miguel Angel Blanco, Arzalluz decidiera abrazarse a ETA para que su posible derrota no fuera la de todo el nacionalismo vasco, identificado hasta el tuétano con el crimen que se comete en su nombre, es José María Aznar.

Y, naturalmente, el culpable de que la política de convertirse en criados bien pagados, en altofuncionariado ancilar del Gobierno del PNV dejara al PSE en la mitad de la nada no es el ex vicelendakari Jáuregui, que llevó al partido a su barranco ético y electoral más hondo, sino Nicolás Redondo Terreros, que canceló esa deuda, arregló la dirección del desahuciado vehículo y lo puso en marcha, naturalmente en dirección al Bilbao liberal y lo más lejos posible del bizkaitarrismo asimétrico, de los desfiles de antorchas de las S. A bajo el balcón de Xavier Von Pappen o de la Cuba euskaldún de matriuskos y jarraitxus. El Poncio Ramón de este paso de Semana Santa ha demostrado una vez más que nadie puede llegar a ser más comprensivo con los separatismos periféricos que los funcionarios de Madrid. Los pepiños de la calle Ferraz, esquina Miguel Yuste, han colocado a Eguiguren, un odonelorza bis, un neojáuregui en busca de neoardanza como Presidente y Vigía de un partido que ya sólo se define contra el PP y contra sí mismo. Y por tenderle la mano al PNV, naturalmente de rodillas. En el país del tiro en la nuca, el que manda, manda, y el que se somete, se somete.Por eso, los pachis diseñados por Cebrián&González, tan dialogantes hacia fuera como intransigentes hacia dentro, han echado de la Ejecutiva a Redondo, a Totorica, a todos los defensores de España y la libertad. Es lógico. Con todas las consecuencias, han elegido a Barrabás.

De Ermua al Kursaal
Editorial ABC  25 Marzo 2002

La composición monocolor de la Comisión Ejecutiva del PSE confirma la opinión de Mayor Oreja, para quien la nueva dirección de esta formación implica un cambio en el diagnóstico socialista del problema vasco. Patxi López y los demás dirigentes que integran la Comisión Ejecutiva no han sido elegidos para enfrentarse al nacionalismo como lo hizo en su momento Redondo y como proponía Totorica en el Congreso que ayer finalizó.

Los nuevos líderes vascos representan una mezcla de desistimiento y resignación frente al nacionalismo, que se enlaza con otros desistimientos no menos evidentes, producidos desde las elecciones del 13-M. Por eso, los mismos que se sintieron aliviados por la victoria del nacionalismo repiten hoy su satisfacción, y por el mismo motivo: el ansiado aislamiento del PP. Sin embargo, tal aislamiento, si es que se produce, distará mucho de ser el principal efecto político del Congreso y, desde luego, no tendrá la intensidad que esperan algunos, porque el PP es hoy, mucho más que ayer, la referencia más sólida del constitucionalismo vasco.

Los efectos graves son otros y están dentro del socialismo. El PSE sale dividido -aunque el sagaz Blanco diga lo contrario- y con dos opciones contrapuestas sobre lo que hasta ahora era para el socialismo vasco, junto al terrorismo, la otra cara del problema del País Vasco: la deslealtad del nacionalismo gobernante. La integración de los redondistas en la Ejecutiva no ha sido posible porque López ha ganado con un discurso incompatible con la actitud de exigencia al PNV que reclamaban Totorica y sus seguidores. Por eso López ha hecho imposible la integración y tiene asegurado el control del partido para tender puentes al PNV. Además, esa futura aproximación al nacionalismo va a poner en serios aprietos a Zapatero, un líder que transmite la sensación de no controlar los acontecimientos de su partido y de carecer de masa crítica para configurar un proyecto digno de llamarse nacional.

El nacionalismo vasco tiene motivos para sentirse satisfecho. Sin haberse movido un milímetro de sus posiciones soberanistas, sin haber propiciado el aislamiento de Batasuna en ningún Ayuntamiento, sin haberse comprometido a la derrota incondicional de ETA, ha logrado alienar nuevamente a una buena parte de los socialistas vascos. Pero como la política vasca es fundamentalmente empírica, pronto se verá que dan de sí los diseños teóricos de López y Eguiguren y cuál será su capacidad para conmover al nacionalismo y atraerlo al autonomismo, propósito oficial del nuevo líder socialista. Quizá queden puentes por construir y López y Eguiguren sean sus ingenieros. Por desgracia, todos los que se habían tendido hasta ahora -la amnistía de 1977, la Constitución de 1978, el Estatuto de 1979 y los Conciertos de 1981 y 2002- no han sido suficientes para aplacar la voracidad de los nacionalismos político y terrorista. Queda el del soberanismo, que es el único que aceptan PNV y ETA.

Tras el atentado que costó la vida al concejal socialista de Orio, Zapatero se comprometió a reforzar el Pacto Antiterrorista y a buscar la unidad democrática. Sin embargo, la entidad política de la nueva dirección del socialismo vasco no se corresponde con ambos objetivos. La lucha contra ETA comprende la oposición a sus fines, que son compartidos por el PNV. Por eso, el camino de la política antiterrorista acaba cruzándose, antes o después, con el de la oposición a la estrategia soberanista del PNV. Si esta oposición flaquea, se debilita la única unidad democrática que existe -la del Pacto Antiterrorista- y se resiente toda la estrategia. Las esperanzas del constitucionalismo vasco no están en la nueva dirección del PSE, sino en la capacidad de los redondistas para influir en el rumbo de su partido y en la certeza de que el Gobierno mantendrá su política de firmeza.

El pacto de Elorza
Por PABLO PLANAS ABC  25 Marzo 2002

Que la candidata de Odón Elorza para dirigir a los socialistas vascos haya obtenido 29 votos en el Congreso del Kursaal es un dato irrelevante para su patrocinador. Elorza pertenece a la estirpe de los políticos que nunca se dan por vencidos. Así, la realidad es para él otro dato irrelevante. Esa extraña amalgama de federalismo, pose dialogante y tercera vía maragalliana que proponía por boca de Gemma Zabaleta tiene el mismo predicamento en el PSE que la defensa de la vida en Batasuna. Otra cosa es que Elorza sea capaz de admitir el valor especulativo, anecdótico y menor de sus teorías en un escenario que requiere grandes dosis de firmeza y gestos inequívocos. Y en ese escenario, Elorza ha decidido que todos los partidos estén presentes en un organismo urbanístico local. En clave estrictamente municipal, el alcalde de San Sebastián podría pasar por un campeón de la democracia, un tipo abierto, sin complejos y ataduras si no fuera porque «todos los partidos» es un eufemismo que quiere decir todos los partidos más Batasuna y San Sebastián está en el País Vasco.

De este modo, Elorza consigue ganar el Congreso del PSE pese al paupérrimo apoyo a Zabaleta porque, si nada lo remedia, la noticia del pleno municipal que se celebrará hoy en la capital guipuzcoana será la ruptura del acuerdo PSE-PP, que es la traducción práctica del nuevo equilibrio de poderes en la cúpula de los socialistas vascos. Ante la inminente ruptura, Elorza, que ya ha repartido las áreas dirigidas por el PP entre sus ediles, se mostraba quejoso el sábado. «No pueden pretender que estemos encadenados a ellos». Lo que, desde luego, no puede pretender Elorza es que a muchos militantes de su partido, a muchos de los asistentes al funeral de Priede, por decirlo raso, no se les revuelva el estómago ante la consideración de que Batasuna sea un partido que pueda ser incluido en cualquier organismo municipal, mixto, vecinal, parroquial o de aficionados a los hongos. Que PP y PSOE hayan puesto en marcha el mecanismo legislativo para la ilegalización de Batasuna; que ese «partido» se niegue a condenar los asesinatos de personas que se sientan en los mismos Ayuntamientos que ellos; que sea, en definitiva, el portavoz de los pistoleros debe ser para Elorza algo parecido a la realidad y a los contenidos del Pacto Antiterrorista, o sea, una «txorrada» de la misma categoría que pensar que Rodríguez Zapatero se plantee impedir un disparate que no se justifica ni por el miedo.

La victoria de un fracaso
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC  25 Marzo 2002

Los errores y los males, por anunciados y previstos que sean, no dejan de ser males y errores. La victoria de Patxi López, nuevo secretario general de los socialistas vascos, me parece un error y, por tanto, un mal. Nada me gustaría tanto como equivocarme. Dentro de un ambiente de cobardía y abyección bastante extendido en la sociedad vasca, los concejales, cargos públicos y militantes del PSE y del PP, no importa el orden, y todos los que arriesgan su vida en el combate cotidiano contra el terror, constituyen un ejemplo de valentía y civismo. Si algún día la unidad de España y la democracia dejan de estar amenazadas habrá sido, sobre todo, gracias a ellos. Pero su condición de víctimas heroicas no garantiza a los socialistas vascos el acierto. El miedo y la ambición política o el deseo desenfrenado de derrotar al PP pueden haber nublado la visión a muchos de ellos. Creo que han cometido un grave error porque lo que ha triunfado es algo viejo, caduco, ya ensayado y fracasado. Ha sido la victoria prevista de un fracaso conocido. Y lo es porque el triunfo de López entraña la consumación de la ruptura de la unidad de acción con el PP y la indisimulada búsqueda de un entendimiento con el PNV.

El llamado problema vasco consiste en realidad, al menos, en tres: el nacional-socialismo terrorista de ETA y Batasuna; el nacionalismo reaccionario del PNV hostil a España y a la Constitución; y los errores morales, políticos y estratégicos de los defensores de la unidad de España y de la vigencia de la Constitución. Las dificultades para entablar relaciones democráticas con el PNV derivan de que, al menos sus dirigentes actuales, coincide con ETA en gran parte de sus fines y, aunque deplore sus medios, no renuncia a beneficiarse de ellos. Mientras ETA exista, la única opción decente para el PNV es renunciar a la autodeterminación y a la soberanía. Cuando existan en el País Vasco democracia y libertad, volverá a ser legítimo, aunque sea un error inmenso, reivindicar la autodeterminación. Hoy esta reivindicación está teñida de sangre y muerte. Por todo esto me parece un error la nueva línea política del PSE. Y un error es un error, ya lo promueva González o su porquero. No está en duda la continuidad de la lucha socialista contra ETA, sino el acierto político de su nueva estrategia. Si lo que está detrás de ella fuera sólo el interés de aislar a PP y derrotarlo, entonces nos encontraríamos ya en el ámbito de la indecencia y no en el del error.

La crisis provocada por el acoso a Nicolás Redondo y su dimisión forzada no queda cerrada. Es sólo, como escribió ayer en la Tercera Jon Juaristi, el «fin de la cacería». En el Congreso de este fin de semana ha triunfado un fracaso. Lo siento por los socialistas vascos, por el País Vasco, y, sobre todo, por España. Y nada desearía tanto como estar equivocado. Cuando el pronóstico es sombrío, la única esperanza es el error.

Banana Euskadi
Por Jaime CAMPMANY ABC  25 Marzo 2002

Es muy probable que el resultado de las votaciones en el Congreso del socialismo vasco haya servido para resquebrajar y quizá romper el esqueleto esencial del partido. El triunfo de la facción felipista con el 57 por ciento de los votos, y la derrota del sector redondista, sitúa al Partido Socialista de Euskadi en una encrucijada esencial: nada menos que ante el dilema de su concepto de España y su fidelidad a la Constitución. El acercamiento, cuando no la complacencia, con las tesis y las posiciones, no ya del PNV, sino del último arzallusismo, descaradamente separatista y proetarra, convierten al PSOE en un pragmatismo inaceptable en el resto de las Comunidades españolas.

El deseo de aislar y acorralar políticamente al PP, y al mismo tiempo ayudar a los negocios de Polanco y sus conocidos o misteriosos socios, ha inclinado el ánimo de Felipe González a capitanear esta operación de acoso y derribo contra Nicolás Redondo Terreros que, dicho sea en honor a la verdad, le ha salido bordada y le ha dado un triunfo suficientemente holgado, aunque no tanto como para sacar al partido ileso y reforzado de la refriega. Todo lo contrario. El socialismo vasco ha salido de esa aventura dividido y maltrecho. Y si la quiebra no ha sido más grave será gracias a la moderación y sentido de la responsabilidad de los vencidos, especialmente de Nicolás Redondo, que se ha apresurado a declarar que él estará con su partido aunque se equivoque.

Claro está que es importante la resquebrajadura del Partido Socialista de Euskadi, sobre todo en unos momentos y en una tesitura política en que una parte del nacionalismo vasco tradicional, antes democristiano, se ha radicalizado de tal manera que busca apoyos parlamentarios en los batasunos, pactos de entendimiento con los proetarras y justificación para el terrorismo. Ese PNV radical y amigo de los amigos de la banda etarra ya tiene la amistad y el apoyo de Izquierda Unida, cuyo representante Madrazo se comporta cada vez más como un cabo del Ejército Rojo, nostálgico de Stalin. Ante eso, se hace imprescindible el acuerdo entre todos los partidos democráticos y constitucionalistas, especialmente el PP y el PSOE.

Pero lo más grave de lo que ha sucedido en las vísperas del Congreso socialista de Euskadi no son los resultados de la votación, por mucho que hayan cuarteado la solidez del partido y pongan en berlina un acuerdo para moderar al PNV en su actual radicalización. Lo más importante es que el crimen del concejal socialista Juan Priede ha roto la democracia misma. Bajo el terror y el asesinato no hay democracia alguna que pueda sobrevivir. Este nuevo crimen etarra, aunque duela reconocerlo, convierte aquella democracia en una ilusión y la Comunidad vasca en Banana Euskadi.

La deslegalización de Batasuna
José Antonio SÁNCHEZ La Razón  25 Marzo 2002

Uno ya no sabe si lo ocurrido el pasado jueves en la localidad guipuzcoana de Orio fue un asesinato a sangre fría o «la acción calculada de unos violentos, miembros liberados de un comando autónomo, que se oponen a la pacificación y que, por tanto, siguen apostando por la confrontación como la mejor vía para llegar a la autodeterminación», a decir de preclaros políticos al uso.

Lo cierto es que Juan Priede, hasta el pasado jueves concejal socialista en Orio, ya no está entre nosotros. Unos valientes gudaris le asesinaron a bocajarro pegándole dos tiros por la espalda mientras tomaba café en la barra de un bar. ¿Qué hazaña! El «acto violento», que es como algunos denominan los asesinatos de Eta, del pasado jueves en Orio, y que costó la vida a Juan Priede Pérez, provocó una deseada y esperada respuesta: Gobierno y Partido Socialista acordaron, por fin, elaborar una ley de Partidos Políticos que permitirá la deslegalización de los batasunos. El anteproyecto está ya aprobado por el Consejo de Ministros y, una vez informado por el Consejo General del Poder Judicial y por el Consejo de Estado, pasará al Congreso de los Diputados para su definitiva aprobación.

A pesar de que el más elemental sentido común no entiende por qué ha habido que esperar tanto tiempo para dar este paso, sobre todo, después de lo vivido, visto y oído, hay que admitir que nunca es tarde para este tipo de iniciativas. Todo lo que sea reprimir y perseguir a los terroristas es bien recibido por la sociedad. El borrador de ley dado a conocer a través de los medios de comunicación puede, a primera vista, parecer sorprendente. Sin embargo, si tenemos en cuenta que en la España de la Constitución de 1978, que «se fundamenta ¬dice el artículo 2¬ en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible...» uno de los asuntos más debatido, discutido y difundido es la autodeterminación de las provincias vascas, habrá que admitir que no está de más plasmar sobre el papel todo lo obvio que recoge el anteproyecto.

Así, se dice que un partido político podrá ser declarado ilegal por «vulnerar, promover, defender o exculpar la vulneración de las libertades y derechos fundamentales reconocidos por la Constitución, los atentados contra la vida, la integridad o la dignidad de la persona o el libre desarrollo de su personalidad o la discriminación, exclusión o persecución de personas por razón de su opinión, nacionalidad, raza, sexo o religión». Si algo sorprende este texto es saber que en estos momentos todavía no puede ser declarado ilegal un partido político que defienda o exculpe «los atentados contra la vida, la integridad o la dignidad de las personas». Hoy, la ciudadanía aplaude esta iniciativa de PP y PSOE, y son muchos los que sostienen que esta legislación será, en la lucha contra el terrorismo, mucho más eficaz que los lacitos, las manifestaciones y las apelaciones a la unidad de los demócratas.

Come y calla
GABRIEL ALBIAC El Mundo  25 Marzo 2002

No hay sorpresa. Jamás en un partido menos aún, cuando está en juego un congreso sucede otra cosa que lo que el aparato el club de funcionarios que vive del anacronismo llamado política decide. Venció un tal Francisco López, alias Pachi. Venció González.Y Ferraz. Y el PNV. Pero el PNV siempre gana. Que ese pintoresco peronismo de sacristía y frontón y bertsolaris imponga localmente su criterio como una apisonadora, no es novedad. Tampoco lo es que los socialistas vascos oficien de monaguillos.

Porque ésa es la realidad de las provincias vascongadas desde hace un cuarto de siglo: la de ir largando migajas a los pobrecitos del PSOE para que no molesten. Y las migajas abundan en la mesa del único detentador de un poder casi absoluto. Cargos, subvenciones, sueldos, prebendas son propiedad exclusiva de la gente de Arzalluz desde el fin del franquismo. También, algo muy sutil y no digo que más terrible, porque lo del reparto de limosnas con dinero público me parece a mí peor que cualquier otra cosa : la simbólica potestad de señalar con el dedo a los enemigos de la nación, el pueblo, las esencias patrias. En una geografía en la cual lo de ser señalado no es cosa sólo de sonrojo y de vergüenza pública.

El elíptico miedo ha sido manejado por el PNV con virtuosismo de gran maestro. Y, además, gratis. Sin que las manos se manchen con la sangre o la pólvora. Sin que el sueño sea turbado por la imagen del cráneo que vuela en astillas cuando el dedo propio presiona en el gatillo. Gratis. Total. Gratis total, el PNV ha ganado el congreso socialista de San Sebastián. Ante el PNV, López (y tras él Zapatero) ha rendido armas: no nos matéis, no dejéis que nos maten; y, a ser posible, dejadnos repartir algún puestecillo de ordenanza en vuestras alcaldías; no hablaremos de los muertos, los dejaremos diluirse en el olvido, sabemos que es mejor callar, seguir viviendo; a ser posible, lo mejor posible.

Nadie quiera engañarse. Si el PSOE rompió, hace un año, su política de tres décadas de apéndice gubernamental del PNV, fue porque se cegó (locamente) ante la idea de que un bloque no nacionalista pudiera ganar las elecciones; y aumentar, así, su cupo de control y clientela. Constató su garrafal error. Y, desde el día siguiente a la derrota, no planificó otra cosa que ésta de ahora: recuperar lo perdido. Depurando a los responsables del fiasco.

Nadie sueñe soluciones para las Vascongadas. No existen. Un hermético búnker conjuga red de corrupción clientelista y trama de pánico; su lógica va mucho más allá de cualquier criterio político que nos sea conocido. No hay solución. Gana, de nuevo, el PNV. Y el PSOE vuelve a donde estaba: ¡come y calla!

Estado de excepción, estado de anestesia
Justino SINOVA El Mundo  25 Marzo 2002

A Javier Arzalluz no le gusta cómo el Estado de Derecho se defiende de sus enemigos, porque ha calificado el proyecto de reforma de la ley de partidos políticos como un camino hacia el estado de excepción. Arzalluz no ve, además, que Euskadi vive ya en estado de excepción, a pesar de que un grupo nacionalista radical de índole totalitaria con fuerte protección política asesine y ataque a gente que piensa de modo diferente. Arzalluz pasa por encima de la angustia de una parte de la población tratada injustamente, sometida a una maniobra violenta de exclusión.Arzalluz propone como solución el diálogo de las partes, es decir, de las víctimas con sus asesinos, quienes, por supuesto, siguen reservándose el uso de las pistolas y las bombas contra quienes quieran.

Uno de los muchos desastres que ha producido en Euskadi el estado de excepción implantado por el terrorismo ha sido el aniquilamiento de la razón. Los familiares y los amigos de las víctimas se sorprenden de cómo al día siguiente del asesinato todo sigue en Euskadi como si nada hubiera pasado, mientras unos continúan mirando con recelo y odio a otros, que se preguntan hasta cuándo podrán vivir con el miedo pegado a sus espaldas. La vida sigue y la placidez de una mañana de domingo hace pensar que en Euskadi se vive muy bien. El terrorismo ha ganado esa batalla, porque ha llegado a anestesiar a muchos que ya no se escandalizan de nada. Ha implantado un estado de excepción que es un perfecto estado de anestesia, traducido en la insensibilidad ante el drama de la eliminación calculada que se lleva a cabo.

Por mucho que le cueste entenderlo a Arzalluz, la reforma de la ley de partidos políticos es una acción democrática que busca proteger el derecho de todos a vivir en libertad. Pretende desautorizar a los que utilizan de cualquier forma la violencia, que son ellos mismos los que se ponen al margen de la ley y se ganan la persecución por el Estado. Esto lo saben hasta los niños. El artículo 6 de nuestra ley fundamental dice que la creación y la actividad de los partidos son libres «dentro del respeto a la Constitución y a la ley», lo que es un principio elemental llevado a la práctica en todos los países democráticos.

Sólo aquí la persecución a los amigos de los terroristas encuentra oposición en gente que se dice respetable. El terrorismo ha hecho mucho daño al entendimiento. Hace falta actuar pronto para salvar la vida de mucha gente amenazada y también para que no siga avanzando esta epidemia de locura.

Ni contigo ni sin ti
José María CARRASCAL La Razón  25 Marzo 2002

«Sin el PNV no es posible solucionar el problema vasco», nos dice la nueva directiva socialista en Euskadi. Y tiene toda la razón. Lo malo es que con el PNV, tampoco. El PNV tiene como norte, sur, este y oeste lograr la independencia y de ahí no le mueven razones históricas, legales ni humanitarias. Puede lamentar los atentados de Eta. Puede poner protección a los amenazados. Puede salir en manifestación por la paz y la concordia. Puede, en fin, hacer todos los gestos que una persona honesta haría en estos casos. Lo que nunca hará será renunciar a su último objetivo, ni subordinarlo a cualquier otra consideración. Es más, subordinará todo lo demás a dicho objetivo. Y como lo comparte con los violentos, las concomitancias con ellos resultan tan inevitables como inevitables las discrepancias con quienes piensan que Euskadi es parte integral de España.

Conclusión: que el PNV puede ser parte del problema tanto o más que de su solución. Es verdad que existen distintas sensibilidades dentro del partido, que Atucha no es Arzallus, y que incluso hay nacionalistas que se horrorizan ante los crímenes de Eta. Pero no es menos cierto que la línea imperante en él es la de Arzallus, aparte que todos están de acuerdo sobre el objetivo final. Eso lo comprobó el PSE durante su primera etapa de convivencia gubernamental con el PNV y lo volverá a comprobar en la nueva andadura que parece dispuesto a emprender con él. Del PNV, los socialistas vascos podrán obtener el pésame por los asesinatos, nunca el aislamiento de los asesinos, a fin de cuentas miembros de la familia nacionalista. Y sin el aislamiento de los asesinos es muy difícil, por no decir imposible, que cesen los asesinatos.

¿Qué puede hacerse en condiciones como ésta, en las que uno encuentra cegados los dos caminos que tiene ante sí? Pienso que en tal tesitura, la única actitud no sólo digna sino también sensata es aferrarse a los principios, como el náufrago se aferra al tablón en medio del mar embravecido. Ya que no puede salvarse la hacienda, que se salve al menos la honra. Los principios, en este caso, son la vida y la libertad de las personas. Esos derechos elementales están en peligro en el País Vasco, no el PSE, ni el PP, ni siquiera el PNV, aunque estos vendrán luego, ya que los bárbaros, una vez lanzados, no respetan nada. ¿Quién defiende y quién ataca esos principios? ¿Quién los ha puesto a la cabeza de sus prioridades y quién los subordina a sus objetivos políticos? convendría se preguntara la nueva directiva del PSE. Ya sabemos que el problema vasco no se solucionará sin el PNV. Pero tampoco se solucionará con él. Y si los socialistas creen que todo ello puede solucionarse con un patético llamamiento a los nacionalistas moderados, al estilo del que hizo ayer Rodríguez Zapatero como colofón del Congreso que dejaba roto su partido en Euskadi, es que están más en Babia de lo que creíamos. O puede sólo, más desesperados.

¿Y de qué van a hablar con el PNV?
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón  25 Marzo 2002

El diálogo que propone la nueva Ejecutiva del Partido Socialista en el País Vasco con la ultraderecha nacionalista lo entenderán ellos, porque los militantes del resto de España están con los ojos a cuadros ¿De qué van a hablar con ellos si no es de raza, patria y bandera? Quizás el PSOE haya visto algún resquicio para negociar que el Gobierno vasco empiece de una vez a cumplir con sus funciones de seguridad ciudadana, pero el resto de los ciudadanos siguen igual que anteayer, cuando el mismo PSOE recriminaba a Ibarretxe sus palabras hueras tras el último asesinato de Eta.

La ultraderecha nacionalista vasca no tiene ningún programa político que se aproxime al PSOE: ni en su concepto de la Economía, ni en el de la Educación, ni el de la Política Social, ni en la Política Internacional... Ni, por supuesto, en su concepto de los vascos divididos entre muy vascos y poco vascos según su Rh negativo o positivo, ni su anhelo de constituirse en Estado, aunque se quede en una cosa parecida a Albania. Por tanto ¿de qué van a hablar?

Es imposible que el PSOE sienta más cerca al PNV como víctimas del terrorismo que al PP, aunque admita que al PP le releguen a la cola de la manifestación; es imposible que el PSOE crea que va a ser mejor entendido en la lucha contra Eta por el PNV que por el PP; es imposible que el PSOE confíe la seguridad de sus concejales a la policía política del ultraderechismo vasco y no a las fuerzas democráticas. Por tanto, ¿de qué van a hablar?
Quizás el mensaje lanzado ayer reciba los aplausos de los reunidos, pero la batalla contra el terrorismo no se está afrontando sólo en el País vasco, sino en toda España. Será necesario que pregunten a Chaves, a Ibarra y a Bono a ver qué piensa su gente. Y, en materia de terrorismo, esas gentes tiene tanto derecho a opinar como los vascos.

Una derrota anunciada
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo  25 Marzo 2002

Los que pusieron en marcha la trama para desbancar a Nicolás Redondo de la Secretaría General del PSE-EE han culminado con éxito una operación que tenía por objeto romper la alianza constitucionalista con el PP e iniciar, al mismo tiempo, una aproximación al PNV.

La elección como secretario general del PSE en el Congreso Extraordinario celebrado este fin de semana en San Sebastián de Patxi López, que obtuvo el 57% de los votos, es la prueba de que la desestabilización de Redondo tenía metas mucho más ambiciosas. El hombre que provocó la rebelión interna en la anterior Ejecutiva, con un documento político en el que se abría la posibilidad a un referéndum de autodeterminación en el País Vasco, el guipuzcoano Jesús Eguiguren, ha sido el hombre que ha permitido, gracias al llamado Pacto de San Marcos, la victoria del vizcaíno López con un margen relativamente cómodo sobre su oponente, el alcalde de Ermua, Carlos Totorica.

Redondo, artífice del acercamiento táctico al PP y defensor a ultranza del Pacto Antiterrorista, firmó su sentencia de muerte política tras la derrota del bloque constitucionalista en las elecciones del 13 de mayo de 2001. Dentro del PSE y también desde influyentes sectores del PSOE (para sólo señalar dos nombres, Ramón Jáuregui y Felipe González, por ejemplo), comenzaron a surgir críticas al secretario general por su «seguidismo» respecto al PP. Esa, según dichos sectores, fue la causa de que el PNV obtuviera una victoria tan sólida como inesperada.

Poco a poco, la ofensiva contra Redondo fue tomando cuerpo y se manifestó abiertamente en el grupo más proclive al pacto con los nacionalistas: el sector guipuzcoano que tiene como máximos exponentes a Eguiguren y al alcalde de San Sebastián, Odón Elorza.

López, hijo de un socialista histórico de la margen izquierda, hombre del aparato vizcaíno, saltó inmediatamente a la palestra como posible candidato a la Secretaría General nada más dimitir Redondo, acosado no ya sólo por una dura oposición política, sino por una sucia campaña de descrédito personal que tuvo eco inmediato en los medios de comunicación partidarios de un cambio de rumbo en el PSE.

Desde la presidencia de la gestora, Jáuregui ha favorecido las tesis de López. No hay más que comparar sus discursos pronunciados el pasado sábado en el Kursaal.

El secretario general del PSOE, Rodríguez Zapatero, trató de cerrar la crisis con un candidato de consenso y recurrió a su amigo Javier Rojo. El líder de los socialistas alaveses mantiene posiciones firmes contra ETA y su postura frente al PNV no deja lugar a dudas: sólo se puede producir un acercamiento si los nacionalistas rompen todo tipo de lazos con Batasuna.

La opción de Rojo como candidato pacificador no fue posible.El tándem López/Eguiguren se veía ya ganador del Congreso extraordinario y no aceptó la propuesta de la dirección federal del partido.

La imposibilidad de llegar a un acuerdo forzó a los partidarios de Redondo a presentar un candidato casi a última hora. Totorica tiene el apoyo de muchos socialistas de base y es uno de los políticos más respetados en el País Vasco, pero carece de apoyos en el aparato de Guipúzcoa y en parte de Vizcaya, lo que ha impedido que logre la mayoría en el Congreso, a pesar de haber recabado un meritorio 37,6% de los votos.

Aunque el discurso de López ha buscado una medida equidistancia en la posición que pretende para el PSE respecto al PP y el PNV, la realidad es bastante menos aséptica de lo que pretende el nuevo secretario general. En el fondo, el vencedor de este Congreso extraordinario no ha sido otro que Jesús Eguiguren. A pesar de que la dirección del PSOE (empezando por Rodríguez Zapatero) intentó evitar que fuera nombrado presidente del partido, el guipuzcoano ha terminado por imponer sus tesis. El apoyo de sus delegados a López para que éste ganara el Congreso ha sido esencial.Ahora, Eguiguren se ha cobrado el precio del respaldo no sólo imponiendo su nombre como presidente del partido, sino sus tesis políticas, mucho más diáfanas que las de López respecto a la recuperación de la unidad con el PNV.

¿Qué va a pasar ahora en el País Vasco? Sencillamente, que el PSE va a buscar un rápido entendimiento con el PNV sin condiciones previas. El acercamiento comenzará con el llamado pacto intitucional, por el que se desbloquean nombramientos fundamentales para la normalización de la vida política vasca como la dirección de Euskal Telebista, el Tribunal de Cuentas o el Defensor del Pueblo.Luego vendrán los pactos en los territorios y el apoyo a los presupuestos forales, como ya ha sucedido en Vizcaya.

Como colofón a esta nueva orientación, Odón Elorza podrá llevar a cabo su deseo de romper el pacto municipal con el PP en el Ayuntamiento de San Sebastián.

Lo más dramático de este giro hacia el nacionalismo es que se produce en medio de una macabra ofensiva de ETA contra los concejales socialistas. Es decir, en el marco de una auténtica campaña de exterminio político.

En esas circunstancias, el triunfo bicéfalo de López/Eguiguren supone un retroceso de las fuerzas que pretenden arrinconar a ETA. Los que defienden ahora una aproximación al PNV (probablemente percibida como un alivio por los concejales que ven en ella un seguro de vida) no se dan cuenta de que una ruptura total de los nacionalistas con Batasuna no es posible mientras ambas formaciones compartan el objetivo de la autodeterminación y la independencia.

Por esa coincidencia en los objetivos, el PNV no quiere dar el paso de quitar el poder a Batasuna en los ayuntamientos donde gobierna gracias a su respaldo. Por ello, Xabier Arzalluz se opone radicalmente a su ilegalización. Esa es la causa de que Ibarretxe sólo se atreva a recriminar a los batasunos cuando ETA mata a los no nacionalistas con el razonamiento de que así no se construye una alternativa soberanista.

El error de la posición que mantienen los socialistas partidarios de acercarse al PNV es pensar que de esa forma se puede acabar con ETA. Nada más lejos de la realidad. De esa forma, sólo se logra aislar a los no nacionalistas, a los que, todavía, como el concejal socialista de Orio, Juan Priede, creen que merece la pena luchar por sus ideas aunque la mayoría de sus convecinos le miren como a un bicho raro que, al final, ha obtenido lo que andaba buscando.

La tacañería de los vencedores a la hora de ofrecer un pacto a los perdedores (a Totorica se le ofreció sólo su propio puesto en la Ejecutiva cuando sus tesis habían obtenido casi el 40% del respaldo de los delegados) ha hecho imposible que el PSE salga más unido de lo que estaba de este Congreso Extraordinario.

Probablemente, la única opción que les quede a los que han defendido las tesis de Redondo sea dedicar sus esfuerzos a crear una auténtica alternativa política a partir de la sociedad civil y de los foros y fundaciones que están surgiendo en el País Vasco y que representan verdaderas juntas de rebeldía moral contra la pasividad cómplice de los nacionalistas.

«Hay que trabajar desde las bases», me decía el domingo Nicolás Redondo. El ex secretario general del PSE, que mantendrá después de Semana Santa una entrevista con Rodríguez Zapatero para decidir sobre su permanencia en la Ejecutiva del partido, tiene ya prácticamente decidido lo que hará en el futuro. «Volveré a la vida civil, pero sin olvidar mi compromiso político. Colaboraré con las fundaciones y estaré apoyando a mi gente. ¡Ah! y al alcalde de mi pueblo ya le he dicho que en las próximas municipales me presentaré como concejal, aunque sea en el último puesto de la lista de mi partido».

Seguramente, muchos socialistas vascos seguirán a partir de ahora el camino de Redondo.
casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

La estética del terror
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  25 Marzo 2002

Una vez pedí que me podasen unos sauces y los podaron tanto que finalmente los talaron. Sin duda aquel jardinero practicaba la estética del terror, que no se da sólo en los cementerios sino también entre los vivos y entre los concejales vascos. La estética del terror no consiste tanto en podar beneficiosamente lo que sobra como en impedir que crezca nada nuevo.

Cada temporada, cuando veo las acacias de mi ciudad podadas por el Ayuntamiento, me sorprende un estremecimiento. Todos los ayuntamientos tienden más a la tala que a la poda, y esto es una tendencia ancestral que ellos mismos ignoran. Lo que se está haciendo en la jardinería política del País Vasco no es tanto podar lo que excede como talar lo que molesta. Se trata de impedir que florezca el ramaje plural de las ideas, las ideologías y las libertades. La estética del terror es geométrica, dura e insistente. Hay que conocerla muy bien para atenerse a ella. El que pretende, muy alegrillo, florecer por su cuenta, libre y liberal, verá venir en seguida las hachas ominosas y cementeriales de los grandes estetas de la religión vasca.

José María Aznar ha divertido hace poco a la nación con una frase que se le escapó: «Vaya coñazo que les he soltado a éstos». Aznar ha demostrado ahí que es capaz de rectificar y autocriticarse. La muerte en días alternos y en horas libres también se ha convertido en un coñazo que, por debajo del terror, aburre y cansa al auditorio de los vivos circunstanciales. Los artistas del terror organizado deben comprender que se han quedado en la estética, que son la puesta en escena de una revolución y esta puesta en escena se repite todas las tardes, como en el teatro, en las calles de Bilbao y San Sebastián o de pueblos minutísimos, como Orio y tantos otros que han conocido ya el almagre de la esquela en la tapia y el gran arrodillamiento de los inocentes en la tierra.

El terror vasco, sí, ha dejado de ser revolucionario para quedarse en estético y su labor artesanal consiste, como decimos, en evitar que nada crezca, que nada se relacione, que nada pacte, que nada viva ni cante fuera de las tapias del cementerio. Mejor que hacer la revolución es impedir que los otros hagan la democracia. Fracasado aquel primer movimiento revolucionario en el País sólo queda la vaga y lóbrega ilusión de haber logrado el caos absoluto, la inanidad y el silencio de los ausentes que se fueron en el carro de los muertos o en un tren de mercancías, como embalajes de vida con miedo del vecino. Así es como los políticos de Madrid se equivocan, y también los de la tierra, pactando cosas, fomentando diálogos y plantando sauces en esas orillas por donde ya no corre el agua matinal de la vida sino la sangre enlagunada de la muerte. Pierden el tiempo, siguen el juego a otros o se engañan a sí mismos. El drama vasco ha venido a petrificarse para siempre en la estética del terror, que puede durar largamente bajo el beneficio de algún obispo de secano que le dé su bendición. Jorge Oteiza le ha dado un abrazo simbólico a Chillida, siendo enemigos de toda una vida. He ahí lo vasco encontrándose con lo vasco, ejemplarmente, masculinamente, bajo los árboles de piedra que dan sol y sombra y perennidad a una tierra y una raza.

PSE: Vía libre al “diálogo”
EDITORIAL Libertad Digital  25 Marzo 2002

Una de las verdades filosóficas de las que más se ha abusado en la Historia es la de que la virtud o la verdad se hallan en el justo medio. Aristóteles fundaba su ética en combatir los extremos, entendidos como excesos igualmente reprobables. Por ejemplo, entre la intolerancia y la excesiva permisividad se halla la paciencia; entre la temeridad y la cobardía, la prudencia; y entre la soberbia y la pusilanimidad, el amor propio.

Sin embargo, hay que insistir —como hacía el propio Aristóteles— en que este principio sólo puede aplicarse cuando los extremos son igualmente deplorables; pues de lo contrario, se corre el riesgo de confundir la virtud con el vicio o la verdad con el error. Por ejemplo, entre la salud y la enfermedad, lo óptimo no es estar moderadamente enfermo. Entre la libertad y la esclavitud, nadie en su sano juicio preferiría la servidumbre feudal; y entre la vida y la muerte, nadie elegiría la coacción. Nadie mezcla el alimento con el veneno.

Nada nuevo ha propuesto Patxi López que el PSE no haya intentado ya en el País Vasco. Sólo que cuando el PSE gobernaba con Ardanza, el PNV aún no se había echado a los montes de Lizarra. Fue precisamente la imposibilidad de hacer volver a los nacionalistas al valle democrático y constitucional lo que impulsó a los socialistas vascos, de la mano de Redondo, a romper todo pacto y relación con el PNV hasta que éste no recobrase la cordura política.

Sin embargo, el deseo de González y Cebrián por recuperar un futuro situado en la prehistoria democrática española, así como el síndrome de abstinencia de Ramón Jáuregui por las mieles del poder, fueron los principales determinantes de la defenestración política de Nicolás Redondo, iniciada de oficio por Jesús Eguiguren y Odón Elorza, los dos máximos exponentes de los autodeterminantes dentro del PSE, y completada por PRISA. Con Patxi López como secretario general (cuya victoria fue laboriosamente trabajada desde Ferraz por José Blanco —quien el sábado no cabía en sí de gozo— con el entusiasta apoyo de Eguiguren, Elorza y el propio Jáuregui, jugando Zapatero el papel de convidado de piedra) y con Eguiguren como ideólogo (fruto del pacto de San Marcos entre “moderados” y “vasquistas”), el camino ya está prácticamente libre para recuperar el cambalache con los nacionalistas en el Gobierno vasco. La no inclusión —salvo que hubieran pasado por las “horcas caudinas” del diálogo con el PNV— de Totorika, Rojo o Rosa Díez en la nueva Ejecutiva, aun a pesar de tener el respaldo del 37% de los delegados, es el primer paso en este sentido. El segundo, probablemente, será minar poco a poco el pacto antiterrorista suscrito entre PP y PSOE, que Zapatero defendió enérgicamente en la clausura del Congreso, consciente de que su principal activo político corre peligro de hundirse entre la marea pro-nacionalista y las intrigas de González y Cebrián.

Patxi López ha presentado la reedición del entendimiento con los nacionalistas situándose en una imposible posición de “centro” entre la “intransigencia” de Mayor Oreja y Redondo y la intolerancia nacionalista. Es decir, pretende hallar la virtud política en el aristotélico “justo medio”. Pero ha olvidado —lo más probable es que intencionadamente— que sólo uno de los “extremos” es completamente reprobable. Y no se trata, precisamente, de aquel donde se sitúan Mayor Oreja, Totorika y Redondo Terreros.

La cuestión es qué harán ahora los partidarios de Redondo y Totorika, quienes ya no tendrán cabida en un PSE destinado a ser feliz escudero del PNV. Porque, de no aceptar el ofrecimiento de Mayor Oreja, si quieren seguir en la actividad política probablemente no les quede más remedio que formar su propio partido político.

Efectos y causas del terrorismo
Enrique de Diego Libertad Digital  25 Marzo 2002

Los efectos del terrorismo son trágicos, tremendos, genocidas. Son asesinatos, lesiones, vidas truncadas, proyectos personales destrozados. En lo que se refiere al País Vasco, el discurso legitimador al uso del terrorismo no tiene cabida: la idea de unos pobres desesperados asesinando a los ricos, tan presente en los inmorales clérigos de lo políticamente correcto, no puede predicarse de una sociedad básicamente satisfecha, con altos niveles de desarrollo, que, en parte, han sido ralentizados por el terrorismo, cerrando lo que antes era una evidencia y una sima de Villarcayo arriba y abajo.

En el País Vasco no cabe una excusa económica, por muy abyecta que está sea como justificación. Lo que lleva a asesinar es el intento de imponer un proyecto colectivista, de identidad cerrada, unívoca, que pasa por el genocidio de los impuros y disidentes. Un proyecto nítidamente totalitario.

Ese esquema durante tiempo pareció ligado al marxismo o al marxismo-leninismo, con una vanguardia revolucionaria. Pero desde la caída del Muro de Berlín no puede considerarse más que como miasma. Algo queda en la banda terrorista de ese escenario.

También podía considerarse que la coyunda del marxismo y el nacionalismo era lo que producía la mezcla explosiva. Pero lo que se viene percibiendo con creciente nitidez es que el factor legitimador del asesinato es el nacionalismo con su visión rancia y zoológica de la vida.

La banda terrorista mata en nombre, por y para el nacionalismo. Es una banda terrorista nacionalista. En ese sentido, no se criminaliza el nacionalismo, según el curioso palabro puesto en circulación para hacer comulgar con ruedas de molino y conspirar contra la funesta manía de pensar. Es la ideología de odio que representa el cateto nacionalismo lo que lleva a odiar y matar al otro. El que criminaliza al resto de una manera homicida. Contra ese designio, ya digo zoológico, en el sentido que denunciaba en su día con lucidez Ernest Renan, no cabe neutralidad, pues se trata de matar a todos los que no piensan como ellos, no responden al canon dogmático, y al tiempo imposible, por tribal.

La banda terrorista mata en nombre de Marx, de Lenin, pero mucho más en nombre de Sabino Arana. El desasosiego del PNV se refiere al hecho de que es beneficiario del terrrorismo, pues hacer política en tales condiciones es casi imposible para los no nacionalistas, pero también porque no quiere poner en cuestión un conjunto de prejuicios que se parecen completamente a los de Ku Klux Klan. Lo que Arzalluz dice con su Rh es idéntico a los chicos de la capucha... sureños.

La causa de los asesinatos es el nacionalismo. No los nacionalistas, por supuesto, entendidos en sentido general, pues en muchos de ellos hay seguramente buenas intenciones, miedos y nostalgias. Pero sus ideas son un foco de permanente crispación, una instalación en el estado de excepción, una marcha hacia el genocidio.

El candidato desdeñado
SANTIAGO GONZÁLEZ/ El Correo  25 Marzo 2002

El congreso de los socialistas vascos ha venido a demostrar que el PSE anda, no ya bien, sino sobrado. Baste para comprobarlo la consideración de que, pudiendo haber elegido un secretario general extraordinario, han dejado pasar la oportunidad; se han conformado con menos. Es como si los británicos, en la difícil tesitura que atravesaban su país y Europa entera en 1940, en vez de elegir a Churchill para primer ministro, hubiesen optado por seguir con Chamberlain. Fue aquella una elección moral. Se trataba de escoger entre negociar con Hitler o continuar la guerra contra él. Churchill no era un político vasco. Frente a la tradición bertsolari de los nuestros, él fue Premio Nobel de Literatura, pero, sobre todo, tuvo el coraje moral de rechazar la idea del liderazgo difuso y la demagogia banal para prometer a sus conciudadanos sangre, sudor y lágrimas.

Nada hay que objetar al triunfo de Patxi López. No es una decisión objetable la del congreso socialista aunque tenga mucho de incomprensible. Me explico. La mayoría del congreso y la nueva ejecutiva suscriben la teoría nacionalista de que el PP hace electoralismo con las víctimas. Algo de esto pudimos comprobar en julio del 97, aunque las declaraciones más obscenamente electoralistas fueron las de Álvarez Cascos, el amigo de los vascos. No había lugar en el mundo tan idóneo para el electoralismo como Ermua; no ha habido una víctima del terrorismo tan universalmente llorada como Miguel Ángel Blanco. Pues bien, en Ermua, la villa del concejal popular, Carlos Totorika, el candidato desdeñado por hacer seguidismo del PP, ganó las elecciones municipales al PP, (y a todos los demás), y lo hizo por mayoría absoluta.

El tirón electoral de Patxi López como cabeza de lista es una incógnita y no hay motivos para desconfiar. Sabemos que ha ocupado escaño en el Parlamento vasco durante doce años y que en ese período de tiempo ha presentado dos preguntas y otras tantas interpelaciones al Gobierno. No es un historial apabullante para un líder, especialmente en unos tiempos en los que los dirigentes democráticos acostumbran a templar sus armas políticas en las reyertas dialécticas del parlamento. No parece, tampoco, que estos precedentes sean una amenaza para la tranquilidad parlamentaria de Ibarretxe, a quien los nuevos dirigentes ya le han aprobado los presupuestos y con quien ya habían pactado (como si desconfiaran del resultado del congreso) el Ararteko, el Tribunal de Cuentas y EITB.

Queda por ver cómo administra la nueva dirección el capital que recibió de Nicolás Redondo; ver si en las próximas elecciones autonómicas es capaz de aumentar en uno solo los 253.000 votos que dejó la Ejecutiva anterior, habida cuenta de que los malos resultados del 13-M fueron el detonante de la crisis. Queda por ver si en las próximas municipales, los socialistas son capaces de mejorar sus posiciones frente al PP, a ver si son capaces de ganarles, como hizo Totorika en Ermua. Los términos de la comparación son homogéneos, los dos partidos tienen víctimas entre los concejales y ETA, siniestra pedagoga, va a seguir aplicando su máxima la letra con sangre entra . Es verdad que los populares han perdido más afiliados, pese a lo cual parecen resistir mejor. La razón es, probablemente, que ellos sí saben por qué les matan. Eso es todo.

Detenidas cinco personas e incautados más de 100 kilos de explosivos en una operación contra ETA
Libertad Digital  25 Marzo 2002

La Guardia Civil ha detenido a cinco personas en el marco de una operación contra la banda terrorista ETA desarrollada en Guipúzcoa y en la que los agentes se han incautado de 100 kilos de explosivos, armas y una bomba lapa preparada para ser utilizada.

Cinco personas han sido detenidas en Guipúzcoa en una operación de la Guardia Civil contra ETA. Según los primeros datos, los arrestados pueden formar parte de un comando de ETA. En la operación, que sigue abierta, la Guardia Civil ha practicado varios registros y ha hallado un escondite donde se ocultaban 100 kilos de explosivos, varios subfusiles, pistolas, munición, un lanzagranadas y artefactos listos para estallar, entre ellos, una bomba lapa y diversas fiambreras con dinamita. El dispositivo policial se ha desplegado en los municipios de Villabona e Ibarra y en el barrio de Gros de San Sebastián.

El ministro del Interior, Mariano Rajoy, ha confirmado las identidades de los detenidos. Se trata de Emilio Salaberria Etxebeste, cuya detención se ha practicado a las cuatro y cuarto de la madrugada en Villabona. Está acusado de vinculación a ETA. En Ibarra, el Instituto Armado ha detenido bajo la misma acusación a Ekaitz Aramendi (miembro de Jarrai) y a Eider Ijurko (que se presentó a las últimas elecciones autonómicas por Batasuna) mientras que en el barrio del Antiguo de San Sebastián se ha arrestado a los hermanos Iñigo y Aritz Saez Isausti.

Fuentes de la lucha antiterrorista consideran que el comando desarticulado puede ser uno de los que componen el "complejo Donosti", que aglutina a varios grupos de terroristas que actúan en la provincia de Guipúzcoa.

Esta operación policial se ha desarrollado sólo cinco días después del último atentado cometido por ETA. Dos pistoleros descerrajaron varios tiros en la cabeza al único edil socialista en la localidad guipuzcoana de Orio, Juen Priede, que le ocasionaron la muerte. Ese mismo día, y poco antes, fueron detenidas seis personas acusadas de integrar un grupo de apoyo a ETA. Posteriormente tres de los arrestados fueron puestos en libertad sin cargos. De momento no ha trascendido si las detenciones de este lunes están relacionadas con el último atentado de los etarras o si la operación se ha desplegado a raíz de las declaraciones de los arrestados el jueves.

Pasan a disposición judicial los dos batasunos detenidos por cruzar la frontera con 200 mil euros
Agencias Libertad Digital  25 Marzo 2002

El miembro de la Mesa Nacional y tesorero de Batasuna, Jon Gorrotxategi, y el empleado de la formación abertzale Mikel Corcuera, han sido trasladados a París para ser puestos en manos de la juez Levert. Los dos fueron detenidos el viernes en la frontera entre Bélgica y Francia cuando viajaban en coche con 200.000 euros en efectivo.

Según la legislación francesa, “cuando se trasladan más de 6.000 euros de un país a otro, incluso dentro de la UE, es obligatorio comunicárselo a la autoridad económica”, algo que no hicieron los dos detenidos, que aseguraron que el dinero que transportaban procedía de la cuenta personal del eurodiputado de Batasuna, Koldo Gorostiaga. Además la juez Levert determinará si se les puede aplicar también el delito de asociación de malhechores con fines terroristas.

Agentes de aduanas fueron los encargados de registrar el coche en el que se desplazaban los detenidos. En un primer momento pasaron a disposición de la policía de Lille (Francia), y posteriormente a manos de la policía antiterrorista, que, en la tarde de este domingo, los trasladó a París para que este lunes pasen a disposición de la juez Levert. Ambos, a los que aún no se ha aplicado la Ley antiterrorista francesa, al haber sido detenidos por un delito económico, pasarán, no obstante, a disposición de los jueces especiales de París, “por si pudieran ser inculpados, además, del delito de asociación de malhechores con fines terroristas”.

Batasuna ha hecho pública una nota en la que denuncia la “gravedad” de la operación policial. El partido de Otegi sostiene que “la Policía francesa ha justificado la detención por haber encontrado una cantidad de dinero en metálico proveniente de las cuentas del eurodiputado de Batasuna, Koldo Gorostiaga” y atribuye un carácter propagandístico a estas detenciones “para extender las sombras sobre la financiación de Batasuna que permitan dar nuevos pasos en la criminalización” de su formación. El comunicado concluye denunciando la “colaboración represiva” de los estados español y francés para criminalizar el independentismo vasco.

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