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Recortes de Prensa    Viernes 29  Marzo  2002
Salvad a Elorza
Jaime CAMPMANY ABC 29 Marzo 2002

Después de Redondo
IGNACIO CAMACHO, icamacho@abc.es ABC 29 Marzo 2002

Quién gana y quién pierde en el socialismo eusquérico
Amando DE MIGUEL La Razón 29 Marzo 2002

Con licencia para vivir
Julián LAGO La Razón 29 Marzo 2002

La financiación del terror
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 29 Marzo 2002

Faisanes rojos
RAUL DEL POZO El Mundo 29 Marzo 2002

La pasión socialista
ANTONIO ELORZA El País 29 Marzo 2002

Iturgáiz denuncia el “acoso” de los proetarras y batasunos al concejal del PP en Elorrio
EFE Libertad Digital 29 Marzo 2002

Salvad a Elorza
Por Jaime CAMPMANY ABC 29 Marzo 2002

«¡Salvad a las ballenas!», gritaba la adorable Brigitte Bardot. «¡Salvad a Elorza!», gritan los etarras, menos adorables desde luego que la bella BB. O sea, que el aproximadamente socialista Odón Elorza ha sido declarado por la banda terrorista especie protegida en el País Vasco, algo así como la víbora cornuda o como el buitre leonado. Tengo que preguntar a mi dilecta Mónica Fernández Aceytuno cuáles son las especies más protegidas de la etnia vascongada, y seguro que entre ellas se encuentra Odón Elorza, que corre el riesgo de ser un alcalde a extinguir.

Las órdenes a los chicos del tiro en la nuca son estrictas y bien claras: «Podéis asesinar a cualquier edil sociata o pepero. En eso no hay discriminaciones ni favoritismo. Pero hay que respetar una sola excepción, la del eximio Odón Elorza, alcalde de Donostia. A ése, ni tocarlo». Odón Elorza es socialista, pero no es totalmente socialista; es nacionalista, pero no oficialmente nacionalista, y no se sabe muy bien si es compañero de viaje del PNV, de Batasuna o directamente de la Banda. Eso no es un alcalde propiamente dicho; eso es un camaleón con vara de corregidor.

Para la ley del terror, Odón Elorza es inviolable. Pues algo tendrá el agua cuando la bendicen. Algunos favorcillos le deberán los etarras cuando le perdonan la vida de antemano. Que esos asesinos de vocación y dedicación le perdonen la vida a Javier Arzalluz es natural. A la vista están los motivos y quien no los vea es que no quiere verlos. Pero que le perdonen la vida previamente a un socialista es algo que requiere una traición, también previa, a la ideología, al programa, al partido, al pundonor y a lo que hay que tener. Pero dicho esto, hay que reconocer que al final la traición al socialismo perpetrada por Odón Elorza ha terminado por imponerse como norma. El alcalde felón se ha llevado el gato al agua, y Felipe González le ha dado la razón. Tan pronto como ha conseguido imponer su tesis, ha abandonado el último resto de ambigüedad, ha roto con los populares y se ha echado en brazos del PNV. Ahí le tenemos, ofreciéndose a Arzalluz, oblato fervoroso, tantos años novicio.

Odón Elorza se ha convertido en un símbolo del poder del terror. El terror, como es obvio, aterroriza, y consigue que acepten sus tesis todos aquellos que van cayendo en el pozo del miedo y que quieren salvar la vida entregando la dignidad. Y de este modo, el terrorismo consigue dividir la sociedad en dos sectores: el sector de los héroes y el sector de los cagones. Los héroes, a veces, mueren; los cagones viven, pero siempre se zurruscan. Odón Elorza es un ejemplo ilustre, egregio y evidente del sector de los cagones. Se zurrusca, pero no lo matan, y dirá él que váyase una cosa por la otra. Hasta hoy, para los radicales del PNV, los socialistas eran maketos. Los de Elorza serán a partir de ahora maketos zurruscados.

Después de Redondo
Por IGNACIO CAMACHO, icamacho@abc.es ABC 29 Marzo 2002

«Lo que hemos hecho en el País Vasco no lo vas a entender nunca si no lo enfocas desde una clave exclusivamente interna, de referencias del propio PSOE. Acercarse al nacionalismo puede parecer un suicidio, siendo como es Arzallus el político más impopular de España. Pero tienes que comprender que para nosotros, los socialistas, lo más difícil, lo más costoso, lo más incomprensible, es pactar con el PP. Las heridas del período 93-96 no se han cerrado, quizá no se vayan a cerrar nunca, y hay mucha gente que tiene verdadera alergia a Aznar porque no olvida todo lo que hizo para echarnos del poder».

«Es verdad que allí arriba las cosas son de otro modo. El PNV se echó en brazos de los batasunos cuando se fue a Estella, y ETA nos machacó a partir de lo de Fernando Buesa. Eso sirve para explicar la estrategia de Redondo, pero esa estrategia sólo tenía sentido a partir de un triunfo electoral que hubiera dado argumentos para seguir. Y no fracasamos nosotros: fracasó el PP, que se pasó de rosca con la apuesta de Mayor Oreja. Una vez perdidas las elecciones, el primero que sabía que no iba a aguantar era el propio Nicolás Redondo. Los resultados de las urnas hay que saberlos aceptar; la operación no convenció a la gente, y punto».

«A partir de ahí entran de nuevo las viejas claves clásicas de este partido. Mira: la realidad es que Redondo tenía medio PSE, o más, en contra, y en el resto había una mayoría abrumadora, casi unánime, por el cambio de línea. Por lo menos, a favor de marcar distancias con el PP, sin llegar a pactar con el nacionalismo. Y luego, mucha gente nuestra en el propio País Vasco tiene miedo y cree que si nos alejamos del PP pueden dejar de matarnos. Eso es humano, y hay que entenderlo, sobre todo desde la sensación de derrota y de desamparo que quedó después de las elecciones».

«Yo no te digo que Felipe no haya influido. Él estaba en contra desde el principio, y es obvio que se ha movido para cambiar de línea, porque entiende que al PP hay que aislarlo si se quiere recuperar el poder alguna vez. Quizá el acoso final a Nicolás Redondo fue en gran parte cosa suya. Fíjate en Chaves, que es la persona que más cerca está de González en todo el partido: ha estado inequívocamente a favor de otra línea. Es lógico, hombre: en el País Vasco se pueden ver las cosas de otra manera, pero fuera de allí, el PP es nuestro adversario, nuestro enemigo. Todo el mundo sabe que la política antiterrorista hay que pactarla entre los demócratas, pero eso es una cosa y otra ponerse detrás de Aznar y seguirle su política a pies juntillas. Tenemos derecho a defender otra política».

«Ten en cuenta que en el partido, ahora mismo, lo primero que hay que recuperar es la moral, la ilusión. Y eso pasa por levantar una alternativa, ejercer la oposición, convencer a nuestra propia gente, que estaba muy desalentada y ya empieza a recobrar cierto ánimo. La mayoría no entiende que se pacte con el PP salvo que sea estrictamente imprescindible para la supervivencia. Y lo que intenta demostrar Zapatero, con Patxi López, es que no siempre lo es».

«Nicolás se va a ir, ya lo verás, va a dejar su escaño en el Parlamento y se va a retirar. Nico es del PSOE antes que cualquier cosa, y no pondrá trabas, piense lo que piense. El problema va a estar en el PNV, que siempre quiere más y ya nos ha toreado y llevado al huerto varias veces. Ahí sí nos la jugamos; como el partido no sepa embridarlo un poco, como se deje arrastrar a la autodeterminación, vamos a ir cuesta abajo. Lo peor que nos podría pasar es que el PNV volviese al escenario de Estella. Entonces sí que nos arrasa el PP, porque si algo tiene Mayor es coherencia, y nos dejaría en pelotas. Pero yo creo que Zapatero sabe lo que hace. ¿Patxi López? No sé, qué quieres que te diga. Es una apuesta. Yo hubiera preferido a Javier Rojo, y creo que Zapatero también, pero eso es lo que hay...»

Quién gana y quién pierde en el socialismo eusquérico
Amando DE MIGUEL La Razón 29 Marzo 2002

Las últimas elecciones de los Socialistas Vascos (así llamados definitivamente) han sido una prueba interesantísima para el conjunto del país vasco y de la nación española. Por esa razón se deben entender como un complicado juego de gana-pierde. Por lo menos se pueden establecer cinco balances, a cual más sorprendente.

El primer resultado, el más inmediato, es que ganan los dirigentes de los socialistas vascos. Es lo que se llama el «efecto Madrazo». Algunos dirigentes socialistas vascos pasarán a disponer de coche oficial y de otras prebendas, como viajes a Cuba y facilidad para distribuir una parte del erario vasco. El contrapeso de esa ganancia es que pierde la posibilidad de una alternancia política para el País Vasco. Es el triunfo definitivo de los nacionalistas, que significa que en el País Vasco seguirán mandando menderen mendetan (por los siglos de los siglos). Esa es la razón por la que un partido tan conservador como el PNV se alíe con la izquierda comunista y ahora la socialista.
El segundo balance es más personalista. En el País Vasco gana Felipe González con sus amigos, casi como las batallas que ganaba el Cid después de muerto. La contrapartida es que pierde el PSOE en el País Vasco. Ya no hay PSOE en esa tierra. Ahora es otra cosa, así, en plural, los socialistas vascos. Ya no son obreros, sino ingenieros y economistas, y no se sienten españoles.

El tercer balance es paradójico. Gana el PP en el sentido de que muchos votos desengañados del antiguo PSOE vasco irán a parar al PP de Vasconia. Son los votos de los que se sienten vascos y, por ende, españoles. Pero esa suma no será suficiente para que el PP pueda gobernar en Vitoria. Por lo que realmente pierde el PP al alejarse la posibilidad de que el PP y el PSOE puedan coaligarse para gobernar en el País Vasco.

El cuarto y definitivo balance, a más largo plazo, es que ganan los terroristas vascos, dizque de la Eta. Al romperse la alianza no nacionalista o españolista (por mal nombre), queda sólo el PP en ese bando. Así, pues, más cerca estamos de la independencia, la independencia que llegó bañada en sangre, dirán un día. Mal augurio. ¿Quién pierde, pues? Es claro: el conjunto de los españoles. La mayoría de ellos no entienden serlo si se desgaja una parte de su nación, acaso la primordial en el tiempo. La protesta contra los terroristas vascos no pasa de una expresión negativa: «Eta no». Más sinsorga, imposible. Nadie levanta la bandera positiva de «El País Vasco es España», lo cual no pasa de ser un enunciado obvio. Pero en Vasconia lo obvio es lo raro. El quinto balance es más difícil de determinar. Ganan las empresas que se quedan en el País Vasco, porque de ellas serán las subvenciones munificentes. Pierde la economía vasca porque los empresarios y los profesionales vascos sagaces seguirán emigrando en masa.

Con licencia para vivir
Julián LAGO La Razón 29 Marzo 2002

Odón Elorza tiene aspecto de monje tibetano, ojos de langostino a lo Buster Keaton y actitud ambigua de cura vasco. En realidad, Elorza se comporta como un cura vasco, lo cual constituye un privilegio en un país donde sólo los religiosos, los nacionalistas y los violentos disfrutan de licencia para vivir. En medio del terror generalizado, el alcalde Elorza se ha convertido en ciudadano de primera que puede hablar sin miedo en voz alta, que no tiene que observar cada mañana los bajos del coche y que no ha de rastrear quién anda apostado en la esquina de enfrente. Es decir, el alcalde Elorza puede ya equipararse al obispo Setién, Arzallus o Arnaldo Otegui. Sabemos que en Euskadi las conductas públicas tienen dos únicas traducciones posibles: o materializarse en diana en la pared, como María San Gil por ejemplo, o materializarse en póliza de vida como el alcalde Elorza. Tenemos la constancia de que la banda terrorista valora, y en qué medida, la complaciente actitud política del edil donostiarra. A Elorza, ni tocarle un pelo, pese a que tenga carné socialista, ha dicho Eta.

Ahora entendemos por qué Elorza siempre se las arreglaba para ausentarse de San Sebastián los días en que, a raíz de algún asesinato, se convocaban manifestaciones antiterroristas en la ciudad. El alcalde no quería enfrentarse a sus compañeros de viaje, que por supuesto no eran sus compañeros de partido Enrique Casas, Fernando Múgica o Fernando Buesa, por citar tres referencias históricas, o la más reciente de Juan Priede. En principio tal discriminación en favor de Elorza coloca a la dirección del Partido Socialista en una situación, tanto política como ética, verdaderamente comprometida. ¿Por qué los ediles socialistas son todos objetivo criminal de Eta y Elorza no? Nacionalista camuflado, Elorza nunca ha dejado de significarse junto al soberanismo identitario, antes, durante y después de Estella, cuyos principios desegregadores se encuentran en las antípodas democráticas del Pacto de las Libertades impulsado por Zapatero.

En una sociedad timorata y genuflexa como la vasca el «elorzismo» como expresión política acabará convirtiéndose en una forma de sobrevivir frente al terror, los silencios o el tiro en la nuca. Desde luego, no nos parece ajena a la deriva soberanista de Elorza la reciente ruptura con los populares en el Ayuntamiento de San Sebastián. En una estrategia perfectamente estudiada, Elorza esperó para anunciar al fin su desencuentro municipal con el PP a que la nueva ejecutiva del PSE estuviera presidida por el equidistante López y ese quintacolumnista del PNV que es Eguiguren. En definitiva, a Elorza Eta le discrimina en positivo y no por casualidad. Debería, al menos, prescindir de los escoltas por lo que suponen de gasto suntuario en un momento en que se estudian partidas especiales para proteger la vida de los concejales populares y socialistas. ¿Para qué, pues, quiere Elorza llevar escolta si no es objetivo, si no protegido de Eta.

La financiación del terror
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 29 Marzo 2002

La policía francesa detuvo, hace una semana, al tesorero de Batasuna, Jon Gorrotxategi, y a un asalariado de esta organización, Mikel Corcuera, que transportaban una bolsa con doscientos mil euros en efectivo. En Francia, la introducción en el país de cantidades en billetes superiores a ocho mil euros debe notificarse a la autoridad competente y la omisión de este trámite constituye una infracción penal. En su declaración ante la juez encargada de delitos de terrorismo, Laurence le Vert, los dos militantes de la formación independentista aliada de Eta afirmaron que el dinero procedía de una cuenta en Bruselas de la que es titular, entre otros, el eurodiputado Koldo Gorostiaga. Éste, a su vez, manifestó a los medios que dicho líquido correspondía a las asignaciones que los miembros del Parlamento Europeo reciben para «actividades políticas» y que la intención de Batasuna era emplear estos recursos en una campaña de promoción de su proyecto abertzale.

Sobre este conjunto de hechos y explicaciones conviene realizar ciertas aclaraciones. Los eurodiputados no reciben de la Cámara material de oficina ni servicios de correos, por lo que deben atender a sus necesidades en este ámbito con una suma mensual llamada «gastos generales». La acumulación de este montante desde el inicio de la legislatura por Koldo Gorostiaga le hubiera permitido disponer de unos setenta mil euros. Otra partida es la denominada «gastos de secretaría», de la que el eurodiputado no puede disponer libremente y que sirve básicamente para pagar colaboradores, sean éstos personas físicas o jurídicas. Dado que Gorostiaga ha registrado dos asistentes, es posible que les atribuyera la totalidad de esta asignación, pero que ellos dispusiesen sólo de una parte, dejando el resto en la cuenta referida. Esta operación sí podría haber reunido en veintitantos meses los doscientos mil euros embargados por la justicia francesa. Ahora bien, el fin reglamentario de los gastos de secretaría es la retribución de asesores o el sostenimiento de infraestructura adecuada para dar soporte al trabajo del eurodiputado, pero en ningún caso la financiación explícita de un partido. Koldo Gorostiaga, por tanto, al confesar tan descaradamente un uso incorrecto de estos fondos se ha puesto en el punto de mira de la Mesa, cuya misión es velar por el cumplimiento del Reglamento. Si existe, además, a la luz de la experiencia acumulada, la razonable sospecha de que todo dinero que cae en manos de Batasuna puede servir directa o indirectamente para financiar actividades criminales, este episodio adquiere una dimensión trágica. Porque es, en efecto, una tragedia, que los impuestos de los contribuyentes europeos acaben sufragando atentados. Cuando se alzan voces advirtiendo de los riesgos de la ilegalización de Batasuna, es imprescindible tener presentes las enormes ventajas que el terrorismo extrae de su presencia en las instituciones.

Faisanes rojos
RAUL DEL POZO El Mundo 29 Marzo 2002

La ruptura del pacto de San Sebastián entre el PP y el PSOE confirman que José Luis Rodríguez Zapatero ha cometido un error hurgando en el socialismo vasco y cambiando la política de alianzas. Los socialistas vuelven a ser los faisanes rojos para llevar la cola a los pavos reales del nacionalismo, sin dejar de ser blanco de las escopetas. Francisco Umbral, en una luminosa columna, dice que El PSOE se disgrega por todas partes, empieza a derruirse hacia dentro. «Confundió enseñanza libre con analfabetismo, libertad mental con libertad ortográfica, libertad sexual con juventud a deshora». Pero tal vez su máxima confusión esté en su postura ambigua, tactista, forzada, duditativa respecto a la Nación.Aspiran a cortar las uñas a los nacionalistas cuando éstos ya tienen garras. Zapatero se ha hecho compañero de viaje de Arzalluz, una fuerza elemental de la historia; el martirologio y la venganza.

No ha sido él el que ha buscado el camino, sino los tramperos y exploradores de la vieja guardia, los mandarines nacionalistas de aparato. Los desaires, las imprecaciones, las conjuras que ha tenido que soportar Zapatero de los suyos, forman parte del arte de injuriar, pero no hay que echar toda la culpa a las intrigas; ¿acaso no sabía Zapatero que cuando la izquierda se enreda en las doctrinas étnicas y en el populismo chabacano, se desnaturaliza?

Los propios demócratas vascos recuerdan que, cuando un indiano enriquecido volvía de América con su servidumbre de negros e indios, le daban un plazo breve para que los sacara a otra parte o los embarcara. La raza limpia, el patriotismo de las leyes viejas, la mística de la destrucción, la huida de España, el movimiento de independencia, rechaza cualquier componenda con los constitucionalistas. Es verdad que el nacionalismo vasco ha estado vinculado a la lucha por la democracia en España y que es legítima su ambición independentista. A nadie sensato le asusta que el País Vasco se convierta en una estrellita más de la Unión; lo que estremece es que vuelvan a tratar a los no nacionalistas como los han tratado en Yugoslavia.

No sé si es correcta la política del PP en el País Vasco. Sigue Aznar esa enseñanza de Kipling según la cual si capturas una serpiente por el centro, te morderá; si la coges por la cabeza, estarás sano y salvo. Pero por lo menos no duda ante la serpiente y el hacha. Pactar con el nacionalismo de Estella no será entendido en el resto de España. Madrazo y Zapatero, aunque sean honrados, podrían convertirse en los enterradores de la izquierda en el País Vasco (véase la desaparición del PSUC en Cataluña). Muchos sepultureros son gente honrada, incluso pertenecen a los sindicatos y a los partidos de izquierda.

La pasión socialista
ANTONIO ELORZA El País 29 Marzo 2002

Tal vez las eficaces actuaciones policiales logren poner fin, o por lo menos suspender temporalmente, el goteo de crímenes políticos que venía recayendo sobre los representantes del PSOE en el País Vasco. De nada ha valido que el socialismo vasco fuera a lo largo de muchas décadas una fuerza política comprensiva hacia el nacionalismo y dispuesta en todo momento a asumir una posición de subalternidad con tal de que en Euskadi estuviese vigente la democracia. Sin duda, sus dirigentes habrán cometido errores, en 1986 al perder la ocasión de desplazar al PNV de la presidencia de la comunidad, o más tarde con la gris gestión de Jáuregui como vicepresidente, bajo la sombra de los GAL, que fue descorazonando al electorado de izquierda. A pesar de todo ello, sin embargo, el PSOE aparece como el partido político que desde el franquismo mejor definió una línea política de defensa de la autonomía, de la afirmación democrática y de superación del foso entre las dos comunidades, nacionalistas y no nacionalistas. La sangría a que se ha visto sometido el partido de Indalecio Prieto y de Ramón Rubial es así doblemente dolorosa.

El PP hubiera debido tener en cuenta estos antecedentes, evitando las agrias recriminaciones que ha dirigido contra el PSOE desde el momento en que éste inició un viraje en la política vasca con el propósito de buscar cierta forma de reconciliación con el PNV. Sin duda, muchos vemos escaso sentido a esta política, cuando el partido de Arzalluz no ha modificado un ápice su línea desde las elecciones, salvo para cumplir con el ritual que sigue a cada atentado. Pero hubiera sido mucho más eficaz para mantener la cohesión antiterrorista en el plano político utilizar un lenguaje que explicara, sin descalificar, el balance positivo que la coalición constitucionalista había logrado en cuanto a la creación de vínculos de cohesión entre los no nacionalistas, así como el precio que para las dos partes contratantes supone la separación. No hay que confiar demasiado en el optimismo expresado por Zapatero, en el sentido de que ya hay otra política del PNV, reacio a adoptar cualquier postura contra Batasuna, y tampoco está por lo demás la distribución de votos como para aventurarse en un proyecto donde la autonomía puede significar aislamiento. Así, la ruptura del pacto de Gobierno PSOE-PP en San Sebastián, y lo que pueda pasar en Álava y en Vitoria, no anuncian precisamente signos de recuperación, sino de traspaso de lo poco que queda en cuanto a poder político en manos no nacionalistas. Pero hubiera sido mucho mejor que el PP planteara ante la opinión las posibilidades abiertas por la alianza. Las duras expresiones de Arenas únicamente sirven en cambio para un repliegue que además encuentra justificación en la aspereza de las relaciones políticas existentes entre los partidos mayoritarios, en la política nacional. Lo menos que puede decirse es que faltó dramáticamente política de Estado.

De hecho es ese aspecto de la confrontación PP-PSOE el que parece haber resultado decisivo en el derrocamiento de Redondo. A primera vista, la cuestión no ofrecía dudas: sin perspectivas de acceso al Gobierno en Euskadi, ¿para qué soportar una primacía del PP, convertido en socio mayor de la alianza? El enlace de la perspectiva estatalista, personificada por Patxi López, con el vasquismo abierto a las concesiones de los socialistas guipuzcoanos, unidos ambos ante todo por la oposición tajante al PP, se impuso así sin dificultades a una oposición que lo hizo casi todo mal desde el momento en que Redondo dimitió. La lástima es que en esta secuencia se haya quemado uno de los políticos socialistas más valiosos, el alcalde de Ermua.

Por el momento, la capacidad de juego ante el PNV es mínima, y a medio plazo cabe temer que la equidistancia adoptada convierta al PSOE en pieza clave de la impotencia política del estatutismo para intentar frenar la puesta en marcha larvada del proceso de autodeterminación. Claro que en la política siempre hay sorpresas. Redondo fue un socialista tradicional, rígido, pero capaz de mantener una línea digna y coherente. Toca ahora a esa incógnita política que es el nuevo secretario general desmentir los augurios de quienes ven todo ya respecto a Euskadi a través del prisma del PP.

Y de Elorza, ¿qué? En espera de nuevos datos, mejor no hablar.

Iturgáiz denuncia el “acoso” de los proetarras y batasunos al concejal del PP en Elorrio
EFE Libertad Digital 29 Marzo 2002

El presidente del PP del País Vasco, Carlos Iturgaiz, ha condenado "rotundamente la situación de permanente acoso" que sufre el concejal de ese partido en Elorrio, Eduardo Andrés Ricoy, y ha acusado "a Batasuna y al entorno radical de practicar la violencia en los plenos municipales".

Las últimas sesiones plenarias del consistorio de la citada localidad vizcaína se han desarrollado con un elevado grado de crispación y, en concreto, en el de este miércoles, el edil popular tuvo que salir protegido por agentes de la Ertzaintza ante la tensión generada y los insultos y abucheos coreados por varias personas desde el público. En una nota de prensa, Iturgaiz afirmó que "las agresiones y amenazas constantes de los radicales a nuestro edil de Elorrio son una muestra del déficit democrático que se vive en el País Vasco y del ideario que practica Batasuna que se reduce al o te vas, o te rindes o te mato".

Según dijo, Batasuna "no sólo encubre y defiende el terrorismo de ETA sino que además lo practica en los plenos de los ayuntamientos". El líder del PP pidió al consejero de Interior, Javier Balza, "menos reuniones y más actuación real de la policía para garantizar algo tan simple como que un pleno municipal se desarrolle con normalidad" y exigió que "nuestros concejales puedan asistir a los ayuntamientos a defender sus ideas con libertad".

Según opinó, "Balza debe preocuparse menos por las reuniones y más por dar protección policial real a los concejales en los ayuntamientos, para que los violentos no se impongan por la fuerza y por la vía de la coacción" ya que, consideró "intolerable, que los proetarras campen a sus anchas y amenacen impunemente a los representantes de los ciudadanos, coartando la libertad democrática". Finalmente, concluyó que "el Gobierno vasco tiene que emplear todos los efectivos policiales y todas las armas democráticas para impedir que se repitan estos episodios".

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