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Recortes de Prensa     Lunes 1 Abril  2002
Nacionalistas reunidos
Editorial ABC 1 Abril 2002

ABERRI EGUNA: EL PNV DEFIENDE A BATASUNA Y CORTEJA AL PSOE
Editorial El Mundo 1 Abril 2002

Respuesta de Eta al PNV
Editorial La Razón 1 Abril 2002

La unidad nacionalista y sus problemas
EDURNE URIARTE ABC 1 Abril 2002

Ilegalización de Batasuna
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 1 Abril 2002

Sin novedad en el norte

José María CARRASCAL La Razón 1 Abril 2002

Identidades y babelismos
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 1 Abril 2002

Arzalluz
ERASMO El Mundo 1 Abril 2002

5. PP o el constitucionalismo en una sola sigla
Enrique de Diego Libertad Digital 1 Abril 2002

El delator de Priede intervino también en el asesinato del edil Iruretagoiena en 1998
J. A. B./COLPISA. MADRID El Correo 1 Abril 2002

Mensaje nacionalista
Editorial El Correo 1 Abril 2002

Los alumnos de filología hispánica e inglesa duplican a los de catalana
ABC 1 Abril 2002

El español, lengua receptora de pensamiento
EUGENIO TRIAS El Mundo 1 Abril 2002


 

Nacionalistas reunidos
Editorial ABC 1 Abril 2002

Todas las voces nacionalistas se unieron ayer como un coro en el Aberri Eguna para reclamar la autodeterminación del País Vasco. Los partidos del Gobierno de Vitoria -PNV y EA-, la Asamblea de Electos creada por el Pacto de Estella -Udalbiltza- y la banda terrorista ETA demostraron públicamente que la autodeterminación sigue siendo el argumento vertebrador de todo el nacionalismo vasco, capaz de arrinconar todos los óbices morales y políticos que implica la violencia terrorista. La coincidencia del nacionalismo gobernante con el nacionalismo violento en el discurso autodeterminista está consagrada desde los pactos de verano de 1998 y sigue vigente con la misma fuerza, aunque se haya pasado de una táctica conjunta a otra separada, que no enfrentada. Esta clave explica que el terrorismo no sea percibido por los nacionalistas como una agresión contra ellos, sino, a lo sumo, como «una forma de hacer política», según Arzalluz, que obstaculiza el objetivo de la soberanía. Fuera de este reproche instrumental -y de las apelaciones melifluas a los terroristas para que cambien de nombre o dejen de matar-, el nacionalismo ha dejado claro que no está dispuesto a hacer más contra ETA. Ya ha anunciado que no apoyará el aislamiento de Batasuna ni la reforma legal que permite su ilegalización, y esto supone, entre otras cosas, descartar un movimiento político general de censura a Batasuna en los Ayuntamientos que gobierna en minoría y de apoyo efectivo a la recuperación de la democracia en todos los rincones del País Vasco. Y ETA lo agradeció ayer con un comunicado en el que omite las críticas habituales al PNV y a Ibarretxe, al tiempo que recuerda que seguirá atentando «contra todos los que apuestan por la represión, en defensa de Euskal Herría y contra sus enemigos», lo que ratifica que el coto de caza que administra el terrorismo sigue poblado únicamente por los constitucionalistas.

El Aberri Eguna ha vuelto a ser el alarde del ultranacionalismo más radical. Además, con la perspectiva de unas elecciones locales y municipales dentro de un año, ha fijado el discurso para la agenda política que queda hasta entonces. Los discursos de ayer no se los lleva el viento: prueban que fuera de la autodeterminación no hay margen para tratar con el nacionalismo y que éste seguirá avivando la necesidad de la soberanía al calor de los atentados de ETA. En el día de su patria, los nacionalistas han dado la medida del abismo que han abierto con los demócratas.

ABERRI EGUNA: EL PNV DEFIENDE A BATASUNA Y CORTEJA AL PSOE
Editorial El Mundo 1 Abril 2002

Los discursos pronunciados ayer por Ibarretxe y Arzalluz durante las celebraciones del Aberri Eguna (Día de la Patria Vasca) pusieron de manifiesto que el PNV considera que Batasuna es una organización nacionalista más, y no el brazo político que ampara el asesinato como forma de acabar con el adversario. Es más. El líder peneuvista tampoco tuvo empacho cuando se refirió al cínico e incalificable comunicado de ETA en el que la banda anuncia que seguirá asesinando en decir que el Aberri Eguna también es para los terroristas, ya que «ellos se dicen nacionalistas», aunque advirtió, eso sí, que no comparte su «forma de hacer patria».

Es evidente que mientras el PNV siga considerando «uno de los nuestros» a un partido político como Batasuna y a los etarras como patriotas descarriados con los que comparte el mismo fin de la independencia, aunque por distintos medios, los terroristas siempre encontrarán justificación para el asesinato. Y mientras se equipare al Gobierno que combate el crimen como volvió a hacer Arzalluz al decir que ETA es «la tapadera de la que se aprovecha Aznar» con los terroristas, se está cometiendo una injusticia que roza la villanía.

Tanto el lehendakari como el presidente del partido presentaron la reforma pactada por PP y PSOE para ilegalizar la coalición radical como una muestra de «ingeniería jurídica» que deja en manos del Ministerio del Interior la posibilidad de dejar fuera de la ley a cualquier partido. «Luego irán a por nosotros», aseguró Arzalluz. Obvia, porque le interesa, el presidente del PNV que en el proyecto legal no hay ni un sólo dato que permita, como él sostiene, ilegalizar ideas, nacionalistas o de cualquier otro tipo. Ello no es más que otra muestra de la postura victimista sin motivos del nacionalismo vasco. Lo que se pretende es que los radicales que forman parte del entramado de ETA no se aprovechen de las ventajas que les proporciona la democracia para ser cómplices de los asesinos. Y hay numerosos ejemplos de personas de Batasuna detenidos en los últimos meses por su colaboración en los atentados.Ello al margen de que, como hemos defendido en estas mismas páginas, sería mejor que la iniciativa de la ilegalización correspondiera al Fiscal y no al Gobierno.

Además de dar cobertura a Batasuna, en el discurso de Arzalluz hubo otro detalle que puede indicar por dónde irá la estrategia del PNV en los próximos meses. Pronosticó que el nuevo secretario general del PSE, Patxi López, será mucho menos «sumiso» a los dictados de Mayor Oreja. Debe tener mucho cuidado el líder del PSE en considerar esta afirmación como un halago, precedido como viene de la defensa identitaria de Batasuna como compañeros de un viaje que quiere al País Vasco fuera de España. Y el PSOE es un partido de ámbito nacional que defiende el actual marco constitucional y estatutario. El mismo que el PNV quiere romper.

Respuesta de Eta al PNV
Editorial La Razón 1 Abril 2002

Los ímprobos esfuerzos del PNV por marcar el camino soberanista del nacionalismo vasco tropieza siempre con idéntico problema. La banda terrorista Eta le disputa el mismo terreno, y también quiere dirigir el proceso separatista de forma hegemónica. No sólo pretende la independencia de varias regiones españolas y francesas (como el PNV) sino que, además, quiere imponer el método para lograrlo: en su caso, el terrorismo. Por eso, cada vez que el PNV intenta hacer presentable su «vía política» para la autodeterminación, que incluye la necesidad táctica de que Eta deje de matar, los etarras le contestan con que primero exigen la autodeterminación, y después se hablará de las pistolas. Así lo plantearon ayer en un comunicado, en el que rechazaron toda posibilidad de «alto el fuego». Y lo que éste dejó claro es que los nacionalistas orgánicos de Ajuria Enea carecen de capacidad para embridar a los terroristas. Ni pueden convencerlos, ni están seguros de que deban perseguirlos: de hecho, PNV y EA pidieron ayer que no se deslegalizara Batasuna. Es decir, manifiestan su oposición a Eta, pero asumen que «también son nacionalistas» (lo dijo ayer Arzallus) y, por lo tanto, les regalan una legitimidad ideológica que hace a Eta «presentable» ante algún sector vasquista. Y afirman que luchan contra Eta, pero defienden sus ramificaciones «políticas», desde las que organizan a los presos terroristas hasta las que utilizan el arma de la educación para fomentar el independentismo; desde las que se amparan en las instituciones para derribarlas hasta las que adoctrinan a la juventud vasca en el odio al resto de España.

Es de temer que el PNV puede hacer muy poco contra Eta. Ni persuadirla ni destruirla. Y eso lo sabe Eta y, por ello, irrumpió ayer en el día de la «patria vasca» para demostrar al PNV que la «vanguardia» nacionalista es la suya, y no la de Arzallus. Por el contrario, la función de las fuerzas democráticas es actuar a la inversa del PNV: quitar toda esperanza de victoria a los etarras. Ni en su utopía patriótica ni en su capacidad de derrotar al Estado al que pertenecen los vascos históricamente (bastantes más años de los setenta que conmemoró el Aberri Eguna).
Eta es difícil de combatir, pero se pueden reducir sus efectos. Pero nunca será con concesiones, sino con acoso político, social y policial. Así, Eta terminará en un «grapo», que es el camino que inequívocamente lleva. Pero esto pasa por que nadie alimente su sueño. Si el PNV no lo hace así (aunque le sea doloroso renunciar a sus «objetivos máximos»), será objetivamente cómplice del mantenimiento del terrorismo.

La unidad nacionalista y sus problemas
Por EDURNE URIARTE ABC 1 Abril 2002

Mientras algunos constitucionalistas se pierden en medio de disquisiciones sobre la interpretación de la última sonrisa de Ibarretxe, los partidos nacionalistas unifican crecientemente su mensaje y su estilo, ayer de nuevo en el Aberri Eguna. Autodeterminación, por un lado, y victimismo y arrogancia, por lado, representadas en su máxima expresión por quien ha decidido hacerse con los votos de todos ellos, Xabier Arzalluz.

El diario Deia decía ayer que la reclamación de la autodeterminación unía a las cuatro celebraciones del Aberri Eguna. Y es que el mensaje independentista no sólo estaba en la reunión de Batasuna en San Juan de Luz o de la francesa AB en Saint Jean Pied de Port, o de EA en Guernica. Estaba igualmente en el núcleo central del mensaje del PNV en Bilbao.

Ibarretxe clamó por la autodeterminación y Arzalluz lanzó una diatriba contra la ilegalización de Batasuna, y pidió que sea el pueblo quien le quite los apoyos en las urnas. Muy oportuno para sus intereses, porque la explicación de la unidad del mensaje de ayer no sólo está en el extremismo nacionalista que les une, sino en la pelea por el mismo saco de votos. Y muchos de esos votos son precisamente los de Batasuna. El PNV ya no puede expandirse por el lado moderado y quiere hacerse con los votos de EA y de Batasuna mientras que EA intenta sobrevivir a costa de Batasuna.

Arzalluz decía en los preámbulos del Aberri Eguna que si los constitucionalistas no pudieron ganar el 13 de mayo, no podrán hacerlo nunca. Pero Arzalluz sabe que el nacionalismo ha tocado techo, que son muchos partidos independentistas para el mismo electorado, y que sus equilibrios dialécticos para no condenar abiertamente a una ETA que ayer ratificó que seguirá matando, son imposibles incluso para él. El «ambiente de fiesta y de exaltación de la nación presente en toda Euskal Herría» (Gara) estaban sólo en una parte muy limitada de Euskal Herría. Igual de limitada que sus votos. Y no, por muchos Aberris Egunas que se celebren, aumentarán. A tenor de lo ocurrido hasta ahora, más bien disminuirán.

Ilegalización de Batasuna
Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 1 Abril 2002

EL Gobierno prepara un proyecto de ley sobre partidos políticos como paso previo a la ilegalización de Batasuna. Por primera vez en la historia de nuestra democracia, un Gobierno parece decidirse a dar un paso valiente y necesario que, según las encuestas, contaría con el apoyo de la mayoría de los ciudadanos. La ilegalización de los partidos o grupos políticos que entrañan una amenaza directa a los derechos y libertades fundamentales y a la vigencia de los valores constitucionales básicos, sobre todo a través de métodos criminales, es algo normal en las democracias y coherente con sus principios constitutivos. La determinación de cuándo un partido político que apoya a una organización terrorista o se identifica estructuralmente con ella debe o no ser declarado fuera de la ley es más cuestión de oportunidad y de eficacia que de principios. Lo que es indiscutible es que existen razones jurídicas para hacerlo. Lo que no puede sorprender es la reacción de Arzalluz, que revela lo mucho que está cambiando su partido.

La oportunidad y conveniencia de la medida depende principalmente de su eficacia para combatir el terrorismo. A menos que empeorara la lucha democrática contra el terror, cosa muy improbable, la decisión sería correcta. En contra de la ilegalización, personas bienintencionadas (la oposición de las otras va de suyo) suelen dar dos argumentos principales que no comparto. Uno pretende que sería tanto como condenar a todos los votantes de la coalición, alrededor de 200.000, y sólo delinquen las personas individuales, no las organizaciones. El otro considera que la clandestinidad puede beneficiar a sus militantes. Sobre lo primero, es cierto que sólo delinquen las personas, pero las organizaciones pueden ser declaradas ilegales por sus métodos y fines sin que se atente contra ese principio básico del derecho penal civilizado. En este caso, no se declararía ilegal una opción política por su contenido, por ejemplo, por reivindicar la autodeterminación y la independencia, sino por su complicidad, como mínimo, con el terror. El número agrava el mal, pero ni uno ni 200.000 ni la mayoría tienen derecho a eliminar a quienes disienten de ellos. El segundo argumento consiste en una cuestión de hecho no fácil de verificar. Pero si la clandestinidad puede resultar en algunos casos beneficiosa, también puede retraer a muchas personas de la militancia.

Existen además poderosos argumentos a favor de la ilegalización. El Estado español dejaría de financiar a enemigos y traidores, las finanzas del terror se resentirían y dejaríamos de padecer el espectáculo de contemplar a criminales convictos ejerciendo de representantes del pueblo y defensores de los derechos humanos. Mas insisto: es cuestión de oportunidad y los que saben y tienen la responsabilidad son quienes han de decidir.

Sin novedad en el norte
José María CARRASCAL La Razón 1 Abril 2002

Sólo un grado por debajo de los crímenes terroristas está equiparar Eta con el PP. Pero eso exactamente fue lo que hizo Arzallus para celebrar el Aberri Eguna, el día de la Patria Vasca. Hace falta tener la mente muy torcida y el corazón muy emponzoñado para comparar una cuadrilla de asesinos con un partido democrático. El presidente del PNV parece haber olvidado algo tan elemental como que Eta mata y el PP muere, que aquella pone las balas y éste, los muertos. ¿No les parece bastante diferencia? Al parecer, no. ¿Y todavía se quejan indignados de que «en Madrid tratan de demonizar a nuestro partido»! ¿Existe mayor demonización que equiparar a alguien con su asesino? Aunque lo que hacía Arzallus era algo bastante más sucio y tenebroso que una simple «boutade»: metiendo en el mismo saco al PP y a Eta en realidad estaba absolviendo a Eta de sus crímenes. Ya que el PP no asesina, como todos sabemos, su equivalente tampoco puede asesinar. Así de sencillo. Sin descartar que, para algunos, los crímenes de Eta no sean auténticos crímenes. A fin de cuentas, sólo mata maketos, españoles.

Aparte de esta nueva obscenidad de Arzallus, que cada día se supera a sí mismo en pornografía política, el último Aberri Eguna no trajo mucho más. Un llamamiento de los partidos nacionalistas a Eta para que deje de matar y una insolente respuesta de Eta advirtiendo que continuará «la lucha armada», su eufemismo para asesinar. Todo ello dentro de lo previsible, de la hipócrita rutina de allá arriba. ¿Pero de verdad creen los nacionalistas moderados vascos que sus colegas asilvestrados atienden a razones? ¿No les han dicho mil veces que no tienen la menor intención de dejar de matar? ¿A qué vienen, entonces, esos ruegos pretenciosos, esos golpes en el pecho, esas lágrimas de cocodrilo? Si de verdad quisieran que Eta dejase de matar aislarían a los asesinos dentro de la sociedad vasca como si fueran apestados. Los conocen perfectamente. Pero no lo hacen e incluso se oponen a que otros lo hagan. Prefieren estos solemnes llamamientos a la banda terrorista, al mismo tiempo que la equiparan al Partido Popular. Y se quedan tan satisfechos, esperando que los socialistas vengan a comerles en la mano, como ya lo ha hecho Izquierda Unida.

Tanta ruindad y vileza merecería que, un día, la Guardia Civil se marchase de Euskadi y les dejase a solas con Eta. Entonces sabrían realmente en qué se diferencia del PP. Si es que antes no habían hecho las maletas para irse a vivir a Madrid o a cualquier punto de la costa mediterránea, por muy españoles que sean. Porque una cosa es vivir con la fiera mientras tenga carne ajena de que alimentarse y otra muy distinta, quedarse a solas con ella.

Identidades y babelismos
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 1 Abril 2002

El castigo bíblico de Babel señala su omnipresencia en estos comienzos del tercer milenio, centrado ahora en el uso de unos cuantos términos confusos que circulan a toda velocidad y en todas las direcciones. Identidad, multiculturalismo, globalización, pluralismo, nacionalismo, antiglobalización: he ahí los componentes de una jerga utilizada por gentes variopintas, que se sirven de ella con significados diferentes, y aún opuestos, haciendo imposible cualquier debate razonable, cualquier diálogo fructífero. Ambas cosas son imposibles, si no se pone un poco de orden en el guirigay.

Cumbres europeas, cumbres árabes, foros alternativos, guerras humanitarias, crímenes terroristas: toda una parafernalia de encuentros, reuniones, comunicados, enfrentamientos, discursos, escritos, pactos, atentados, bombardeos, muertes, violencias y esperanzas, se moviliza en torno a unas palabras de uso arbitrario. Sin duda, podría esperarse de la función intelectual, un esfuerzo clarificador que limitara los efectos altamente nocivos de tal babelismo.

Pero la responsabilidad intelectual está fuera de lugar, al ser la primera víctima de la confusión, y del empleo sectario de los conceptos. Sólo así se comprende que algunos de los más conspicuos aparezcan defendiendo, a la vez, las identidades del nacionalismo conservador y del multiculturalismo radical.

La identidad nacionalista conservadora, tipo PNV, viene dada por la referencia al pasado y tiende a clasificar a los ciudadanos de un territorio en dos clases: los de pleno derecho, abertzales, enxebres, de casa; y los de fuera, los estigmatizados con la falta del rasgo identitario. Se trata de una doctrina que subordina las libertades individuales a la identidad nacional.

El multiculturalismo radical concibe el Estado como un mero espacio para que se desarrollen diversos tipos de identidades individuales y de grupos, que deben ser especialmente protegidos y en algunos casos discriminados positivamente. Pueden darse en él, identidades nacionalistas, pero la primacía corresponde a identidades de clase, etnia, raza, lengua, género, sexo, religión o localidad tribal, de las cuales algunas pueden deberse al nacimiento, pero otras son construidas socialmente.

También las identidades nacionalistas son construidas, imaginadas socialmente, y suelen incluir elementos incompatibles con otras lealtades e identidades que puedan afectar al linaje étnico o a la ideología excluyente, que se presentan como hechos históricos y diferenciales indiscutibles para todo militante de la causa. El multiculturalista radical afirma que un Estado no puede defender un modelo cultural con preferencia a cualquier otra, aunque, a veces, pretende que el Estado imponga discriminaciones positivas para ayudar a las identidades de los grupos que se supone que están en desventaja. Tales contradicciones descalifican la autoridad intelectual, y la confusión seguirá cobrando sus víctimas. No acertamos a superar el destino.

Arzalluz
ERASMO El Mundo 1 Abril 2002

Se reconocerá la sinceridad arriscada de este pope nacionalista, psicoanalista en Sabin Etxea. De la nueva dirección socialista, de los Odones con su sumisión filonacionalista y su equidistancia variable, diagnostica: es enfermiza. Y a ETA: les aconsejará otra forma de hacer política. ¿Y? Parafrasea al clásico: El terror es la continuación de la política por otros medios.

5. PP o el constitucionalismo en una sola sigla
Enrique de Diego Libertad Digital 1 Abril 2002

El partido de dobles que Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo jugaron en las pasadas elecciones ya no es posible. Ese acuerdo se convirtió en explícito cuando Mayor Oreja se negó, contra sus intereses partidarios, a mantener un debate con Ibarretxe, al considerar que debía estar presente Nicolás Redondo. Es decir, rechazó la petición del voto útil.

Por encima de la tosca retórica de Patxi López, el Partido Popular se encuentra en una posición de aislamiento. El mantenimiento del Pacto por las Libertades es ahora mismo, en buena medida, una ficción, que Zapatero ha de sostener, pero que no debe conducir a que el PP mantenga una posición neutra respecto a lo sucedido en el interior del PSE.

En términos electorales, el giro del PSE implica un activo para el PP, en cuanto la Ley d’Hondt prima la concentración de voto, y la alternativa al PNV pasa mucho más por la concentración en un solo partido que por la disgregación en dos. También un pasivo, porque pretende desalentar a la misma idea de alternativa, señalando que el PP nunca podrá obtener la mayoría absoluta. Sólo un trasvase masivo de votantes socialistas podría romper este segundo criterio, nítidamente desalentador.

Es decir, el PP tiene que entrar de lleno en el electorado socialista, con una estrategia crítica, que muestre las contradicciones internas del PSE, y siendo capaz de abrirse a los desencantados del redondismo, y a los del PNV, abriendo sus listas a gentes provenientes de esos campos.

El reto para Jaime Mayor Oreja, si no se quiere ver realmente aislado, es entrar en esta estrategia cuanto antes, de modo que el Partido Popular en el País Vasco se muestre “más abierto” que el PP nacional.

Si militantes o dirigentes socialistas, rompiendo la adhesión religiosa a unas siglas, que han dejado de tener el contenido anterior, aceptaran esa mano tendida, se habría hecho de la necesidad, virtud, y entonces sí nos encontraríamos ante una posible alternativa seria al PNV (la Ley d’Hondt tiende al bipartidismo, aunque lentamente), que podría mostrar con mayor eficacia las contradicciones internas del nacionalismo.

Jaime Mayor Oreja ha definido ese esfuerzo como propio de titanes, pero obedece a lógicas puestas en marcha ante las pasadas elecciones, y refrendadas por el electorado, como para abrirse paso frente al oportunismo y el abandono de responsabilidades del partido socialista.

Un buen apoyo sería la generación de una nueva plataforma desde la sociedad civil donde confluyeran populares y redondistas, y la posibilidad de ofrecer listas conjuntas a los socialistas en algunas localidades de Álava y Vizcaya.

El voto útil constitucionalista ha pasado a ser en exclusiva el del PP.

El delator de Priede intervino también en el asesinato del edil Iruretagoiena en 1998
J. A. B./COLPISA. MADRID El Correo 1 Abril 2002

La detención del presunto colaborador de ETA Gregorio Escudero Balerdi, un militante de Batasuna de 48 años, ha demostrado su relevante papel dentro del entramado de la banda en Guipúzcoa a lo largo de los últimos años. Según la acusación, Escudero realizaba papeles de informador: reunía datos sobre objetivos, pero también se encargaba del transporte de explosivos para los comandos.

Según la fiscalía, la primera víctima de sus seguimientos fue el concejal del PP de Zarautz José Ignacio Iruretagoiena. La última, el edil socialista de Orio, Juan Priede, asesinado por los miembros del comando Donosti Unai e Iñaki Bilbao. Iruretagoiena fue asesinado el 9 de enero de 1998, al estallar una bomba lapa escondida bajo el asiento del conductor de su vehículo. Su muerte se ha imputado policialmente al jefe de ETA Xabier García Gaztelu, Txapote . En el caso de Priede, Escudero aprovechó que era vecino suyo para pasar a la banda toda la información posible sobre sus movimientos, aunque también acopió datos sobre un edil del PP cuya identidad no ha transcendido.

Lonja de Txapote
El caso de Escudero es similar al de Emilio Salaberria. Este activista, encarcelado por orden de la Audiencia Nacional, era el dueño de la lonja en la que el comando guardaba más de cien kilos de explosivos, armas cortas y largas y artefactos caseros como un mortero de grandes dimensiones. Según las investigaciones emprendidas por la Guardia Civil, este escondite había sido empleado por la banda desde 1996, cuando el Donosti estaba dirigido por Txapote . Cuando este miembro de la banda huyó a Francia y asumió la dirección de los pistoleros de ETA, la lonja fue utilizada para abastecer a otros comandos.

Hasta el momento, el juez de la Audiencia Nacional Luis del Olmo ha ordenado ya el ingreso de nueve de los trece arrestados en la operación iniciada el jueves contra el comando Donosti . Hasta el momento han sido encarcelados Unai Bilbao -quien disparó el arma que mató a Priede-, Iñaki Bilbao, Miren Uxua Olaia Espinel, Pedro María Cano, Gregorio Escudero, Ekaitz Aramendi, Eider Ijurko, Emilio Salaberria y Aritz Sáez Insausti. El juez dejó en libertad bajo fianza de 6.000 euros a Joseba Iturbe González de Audícana y Olatz Larrañaga Urain. En la próximas horas declararán Oscar Calabozo, arrestado en Trapagaran por su relación con el comando Bolueta , al que se le imputa la colocación de un coche bomba en Getxo, y el dirigente de Batasuna Jokin Aranalde.

Mensaje nacionalista
Editorial El Correo 1 Abril 2002

El nacionalismo vasco celebró ayer el Aberri Eguna setenta años después de que el PNV lo convocara por primera vez el Domingo de Resurrección de 1932. Desde entonces, y en especial tras el restablecimiento de las libertades, el día de la patria vasca ha constituido una jornada de reafirmación ideológica y de reivindicación política para los abertzales. Hace setenta años, en su alocución ante las bases jeltzales, José Antonio Agirre afirmó que la patria se encuentra en todas y cada una de las pequeñas cosas, en una clara evocación de la omnipresencia divina. Siete décadas después el nacionalismo disfruta de un período de poder político, de autogobierno y de estabilidad democrática que hubieran sido impensables en sus albores. Sin embargo, su manifiesta insatisfacción da a entender que la patria no se encuentra en esas realizaciones de su propio programa político, consideradas excesivamente nimias o provisionales. La insistencia con que los dirigentes abertzales reiteran su negativa a renunciar a sus postulados no representa únicamente un celo legítimo en la defensa de las propias ideas sino que, por la inconcreción de éstas, sugiere siempre la existencia de un más allá, de una lejana aspiración en pos de la cual el nacionalismo está dispuesto a recorrer un camino sin fin.

El PNV ha logrado convertir el péndulo patriótico -su histórica tendencia a bascular entre la quimera y el pragmatismo, entre la moderación y el radicalismo- en práctica cotidiana y en halo cultural que cubre al conjunto de la comunidad nacionalista. El documento elaborado por el PNV con motivo del Aberri Eguna 2002 restringe la pluralidad de la sociedad vasca en un discurso histórico que tiende a hacer coincidir la historia de Euskadi con una determinada versión de la historia del nacionalismo. Es cierto que la extrema confrontación ha convertido buena parte de los mensajes políticos en una pugna de consignas. Así, el documento jeltzale reitera la inclinación de algunos de sus dirigentes a evocar la dictadura de Franco para explicar determinados comportamientos actuales como reminiscencia del franquismo. Es precisamente este abuso sobre los hechos históricos lo que induce una nefasta confusión entre los nacionalistas. Afirmar, como lo hace el documento del PNV, que «ETA constituye la gran coartada del neofranquismo» pretende, por encima de todo, sugerir la existencia de éste como epíteto con que descalificar las posiciones constitucionalistas no en tanto expresión de ideas y opciones presentes en la propia sociedad sino como una versión actualizada de un resabio dictatorial que el PNV desea ver en sus adversarios no-nacionalistas.

Por razonables que sean las quejas del nacionalismo democrático ante cualquier crítica desaforada que le identifique con ETA, resulta inadmisible que se defienda empleando argumentos que, a su vez, descalifican al otro y tergiversan la verdad de los hechos. Máxime cuando el problema de la identificación entre los postulados abertzales y el terrorismo lo genera el discurso de ETA y sus adláteres. Sin ir más lejos, ETA aprovechó la celebración del Aberri Eguna para enviar un mensaje al conjunto del nacionalismo y a la propia izquierda abertzale. En el núcleo de dicho mensaje la banda terrorista reiteraba -por si cupiera alguna duda- su propósito de seguir empleando «la fuerza armada para defender al pueblo y atacar a los enemigos». Este anuncio con el que ETA replica a quienes vienen demandándole un alto el fuego o el abandono de las armas deja claro que las diferencias que separan al nacionalismo gobernante del nacionalismo terrorista no pueden seguir siendo considerados por aquél como una discrepancia en los métodos o como una distinción transitoria. A diferencia de lo que afirmó Arzalluz, el ánimo asesino de ETA no está siendo guiado por la ceguera, sino por su certeza de que con sus brutales acciones puede atenazar al conjunto del nacionalismo y provocar desazón y divisiones entre las formaciones democráticas. Como ayer manifestó Begoña Errazti, es cierto que ETA trata de buscar «un sitio que no tiene en la sociedad vasca». Pero, en gran medida, corresponde al propio nacionalismo negarle a ETA ese lugar que pretende usurpar. Sin embargo, mientras ETA albergue la mínima esperanza en que, al final de su camino de terror, le esperará el resto del nacionalismo para negociar las condiciones de la paz, no encontrará motivo alguno para cejar en su empeño totalitario.

El nacionalismo gobernante no puede pretender que la sociedad democrática espere pacientemente a que sea él el que empuje a ETA al ostracismo infligiendo una segunda derrota electoral a Batasuna. La erradicación del terrorismo de la sociedad vasca no puede ser el fruto de tan parsimoniosa forma de actuar, sino que requiere habilitar medidas que contribuyan con celeridad al fortalecimiento de la unidad democrática reduciendo a cero las expectativas terroristas en un triunfo amañado en el seno de la comunidad nacionalista. Por eso mismo, palabras como las de Arzalluz vaticinando que si ETA dejara las pistolas sería Madrid quien pasaría a usar la fuerza contra Euskadi, están fuera de todo sentido democrático de la política y de toda razón sustentada en un anhelo sincero de paz.

Los alumnos de filología hispánica e inglesa duplican a los de catalana
ABC 1 Abril 2002

En las cinco universidades catalanas donde se imparte la carrera de filología catalana la oferta ha superado con creces a la demanda en este curso 2001-2002. De hecho, sólo se ha ocupado el 37,5 por ciento de las plazas disponibles, muy por detrás respecto a las carreras de filología inglesa y filología hispánica, según datos oficiales del departamento de Universidades.

BARCELONA. El número de estudiantes que se han matriculado este curso en filología hispánica y en filología inglesa en las universidades presenciales de Cataluña duplica al de quienes han optado por filología catalana, según datos del departamento de Universidades, Investigación y Sociedad de la Información de la Generalitat, que dirige el consejero Andreu Mas-Colell.

Según ha informado la Generalitat en una respuesta parlamentaria a preguntas del grupo del PSC, un total de 353 estudiantes cursan primero año de filología inglesa en las universidades catalanas, mientras que 286 siguen los estudios de primero de filología hispánica. El número de alumnos que este curso han elegido filología catalana en alguna de las cinco universidades que ofrecen estos estudios en Cataluña es de 137, al tiempo que han quedado vacantes el 63,5 por ciento de las 365 plazas que se ofrecían, informa Efe.

Los centros que disponen de la carrera de filología catalana son la Universidad de Barcelona, Universidad Autónoma de Barcelona, Universidad de Gerona, Universidad de Lérida y Universidad Rovira y Virgili de Tarragona.

Poca demanda
A esta cifra de 137 estudiantes se deberían añadir las 98 personas que se han matriculado en el curso 2001-2002 en filología catalana en la Universidad Oberta de Cataluña (UOC), que ofrece enseñanza a distancia a través de Internet. Por el momento, esta universidad sólo ofrece la carrera de filología catalana y no dispone de los estudios de ninguna otra filología. La oferta de plazas de filología catalana en las universidad de Cataluña es muy superior a la demanda, hasta el punto de que sólo se han ocupado el 37,5 por ciento de las plazas disponibles este curso.

El español, lengua receptora de pensamiento
EUGENIO TRIAS El Mundo 1 Abril 2002

Acabo de pasar una estancia de una semana en la hermosa ciudad de Nápoles, donde tengo buenos amigos filósofos y teólogos, como Bruno Forte y Vicenzo Vitiello.

He cursado un seminario en el Instituto Degli Studi Filosofici, una institución ejemplar por su prestigio y por su actividad.Vitiello ha sido, por lo demás, el responsable de una excelente edición de la obra de María Zambrano El hombre y lo divino, que ha aparecido ya en las librerías, y que seguramente el próximo otoño será presentada con todos los honores en Nápoles y en toda Italia.

Hoy el pensamiento de María Zambrano comienza a ser conocido y reconocido en su calidad y mérito a través de traducciones a muchas lenguas. Pero María Zambrano no podrá comprobar en carne propia este reconocimiento tardío de una obra que hubiera debido ser traducida y difundida internacionalmente mucho antes.

No es justo que obras magníficas de nuestra ensayística, como es el caso de María Zambrano, hayan tenido que pasar por un purgatorio de muchos años hasta llegar a ser traducidas y expandidas por todo el mundo. Menos aún que el autor de la obra no se halle ya en el mundo de los vivos, con lo que difícilmente podrá comprobar ese tardío pero merecido, reconocimiento de la valía de su pensamiento; y lo que es mucho más importante: de la posibilidad de expansión e influencia de dicho pensamiento.

El de Zambrano no es un caso aislado. Me pasan por la cabeza algunos importantes nombres de personas (de edad más que senatorial) que merecerían, en el ámbito del ensayo de pensamiento en lengua española, un reconocimiento semejante a escala internacional, que sin embargo se les rehuye y hurta de manera patente. O que no obtienen ese necesario pasaporte de todo conocimiento y reconocimiento que es la traducción a otras lenguas.

Entre tanto, aquí en España, con una alegría despreocupada y vibrante, en verdadero potlatch dispendioso de banalidad descerebrada, se traducen sin orden ni concierto ensayos de pensamiento en el que éste se esconde de manera ostensible; ensayos escasos, mediocres, flojos, pobrísimos; cuando no literalmente abominables; eso sí, escritos originariamente en inglés, en francés, en alemán, o en italiano.

La industria de la mediocridad filosófica, que ya es suficientemente poderosa y fecunda en nuestra propia lengua, se ve así avalada y espoleada por una veloz carrera inflacionista hacia el encefalograma plano, o hacia el cumplimiento seguro del sombrío segundo principio de la termodinámica.

La era de la globalización es la época de las grandes injusticias, y de los tremendos desequilibrios; la era de la información es también la más proclive a la ocultación, al silenciamiento o a la omisión de multitud de cosas relevantes.

Sería conveniente, creo, una iniciativa coordinada, orientada desde el Ministerio de Cultura (y el de Exteriores; en feliz y utópica connivencia), con el apoyo y sustento de todos los agentes culturales responsables, editoriales, revistas, instituciones culturales, medios de comunicación, y con el obvio concurso de las personas más afectadas e interesadas en su calidad de autores o escritores del ámbito del ensayo de pensamiento. Debería así lograrse que en el mundo editorial foráneo, el alemán, el francés, el inglés, el americano, el italiano, se contemplase como posible la presencia de una ensayística de pensamiento procedente de nuestra lengua española.

Se necesitaría para ello convicción en la importancia de la tarea; en los beneficios que pueden reportar a la comunidad propia y a su prestigio; y se necesitaría una amplia labor de pedagogía dentro y fuera de nuestras fronteras. Sé que estoy predicando en el desierto; pero por mí que no quede sin ser enunciada y propuesta una iniciativa que me parece imprescindible.

Desde hace unos años vengo sugiriendo la idea de que el español es lengua de pensamiento. Colegas míos han acogido con simpatía y apoyo una sugerencia que también tenía eco en algunos círculos latinoamericanos.

Insistía que había llegado la hora de mostrar, y demostrar, que también en nuestras lenguas latinas, y en particular en la lengua española, era posible elaborar formas de pensamiento propios (en el amplio abanico del ensayo exigente, que cubre el espectro entero de la filosofía y de las ciencias humanas). Quería salir al paso de algunas reflexiones insidiosas, tremendamente arraigadas en el consenso general, sobre la exclusividad de algunas lenguas en su capacidad por elaborar formas de pensamiento (el alemán y el griego, según Heidegger). Tengo la impresión, de todos modos, de que esa idea constituyó por mi parte un empeño voluntarista, una propuesta quijotesca, un ejercicio de wishfull thinking que un día y otro se da de bruces con una realidad terca y hostil; contraria a lo que esa idea pretendía expresar.

La realidad es bien distinta: muestra que el español es una lengua extraordinariamente extensa, hablada por todo un continente, casi en paridad con el inglés en toda la mitad sur de Estados Unidos; pero que no está reconocida en absoluto bajo ningún concepto, hoy por hoy, como lengua de pensamiento.

Puede que ya lo sea; pero serlo es muy poca cosa. Ser, simplemente ser no es nada; o es lo mismo que la nada, como sabía Hegel.Ser no es nada si no va acompañado de conocimiento (y de reconocimiento).No basta con ser. Este debe ser, además, conocido y reconocido.

Que el español ya sea lengua de pensamiento no es suficiente; debe, además, ser conocido y reconocido como tal lengua de pensamiento.Se necesita un reconocimiento amplio y compartido, propio y foráneo, si esa expresión (el español, lengua de pensamiento) quiere ser algo más que una hermosa quimera.

Hoy por hoy el español se define, y así se le reconoce ante todo en el ámbito de que hablo (el ensayo exigente, el pensamiento filosófico), como una lengua receptora de pensamiento; receptora, no creadora.

De este modo se la reputa en el consenso internacional; así también en la propia conciencia de muchos que se ocupan de asuntos literarios en nuestro país. Hablo en términos generales; hay excepciones.Pero lo cierto es que existe una especie de convenio tácito, aceptado por la mayoría de los agentes culturales de aquí, y que fuera es tan obvio que ni siquiera se halla verbalizado, acerca de ese carácter. La nuestra es una lengua definida y reconocida como lengua receptora de pensamiento; pero que apenas se conoce ni reconoce, bajo palabra de honor, como lengua creadora de pensamiento.

De hecho el peso específico de una cultura literaria no se mide por la extraordinaria calidad de cierta novela o poesía; de esto pueden alardear y congratularse muchas culturas que, desde todos los puntos de vista, se hallan en la periferia de las metrópolis de poder cultural. Buena poesía y excelente novela se hallan en muchas lenguas y culturas que no destacan precisamente por su predominio y hegemonía en el ámbito de las grandes empresas e industrias de la cultura; y que, casi nunca, compensan esa floración literaria con aportaciones relevantes al campo del pensamiento.

Lo que acredita el rango y la relevancia de una cultura es, en el ámbito de la escritura, o de la vida libresca, la armonía entre la producción literaria estricta (novela, poesía) y la creación específica en el ámbito del pensamiento. Esa armonía y concierto se advierte en el interés que ambas orientaciones despiertan en el público, pero sobre todo en el equilibrio en las líneas editoriales, en la general reputación de una y otra actividad en el imaginario social, y en la valoración que novela y poesía, por un lado, y filosofía y ciencias humanas, por la otra, poseen en el conjunto social.

Un desnivel demasiado grande hacia lo literario es síntoma de que esa cultura no ha alcanzado todavía su estricta forma madura, o adulta. A veces digo que nuestra cultura española se halla, en este aspecto, lo mismo que nuestra sociedad civil, en la «edad del pavo». De ahí los grandes desequilibrios y las sorprendentes contradicciones que presenta.

La nuestra es una magnífica lengua anfitriona de pensamiento forastero; las leyes de hospitalidad son, en nuestra lengua española, de una generosidad sin límites ni barreras. Y fuera de aquí ya se han ido acostumbrando a ese constante premio: la extrema facilidad que hallan para proyectar en nuestro contexto, y en el de nuestros primos hermanos de Hispanoamérica, sus modos propios de «creación» en el ámbito del pensamiento.

Ninguna lengua puede presentar un cómputo tan bien enriquecido y engrasado de traducciones de todas las lenguas que se suponen creadoras de pensamiento (francés, inglés, italiano, alemán).Aquí se traduce todo, lo bueno, lo menos bueno y lo peor; o lo sencillamente mediocre.

España, en su condición de país en donde luce, con el sol, uno de los más conspicuos sectores terciarios del mundo, puede ofrecerse como anfitrión privilegiado de todos los cultivadores de pensamiento internacional, independientemente de la calidad de sus creaciones; sirve de vehículo para que esas traducciones lleguen, algo subidas de precio, a latitudes americanas, donde este colonialismo cultural, en el campo del pensamiento, es todavía más lacerante; en donde un ensayo de tercera división francesa arranca siempre algún signo de admiración y de interés en minorías relevantes, mientras que la producción en la propia lengua, salvo excepciones, es ostensiblemente omitida o soslayada.

Había razones históricas para esa escasa valoración, ya que hasta anteayer lo que voy relatando respondía al carácter escuálido, literalmente escaso, de la producción de pensamiento en español.Sólo brillaban dos o tres excepciones rutilantes (Ortega y Gasset, Unamuno, y pocos más).

Hoy no puede ya decirse lo mismo. Resulta hiriente seguir repitiendo ese estribillo en el ámbito español, donde el esfuerzo, coronado con la gestación de líneas relevantes de reflexión, ha sido en los últimos 25 años, desde el reencuentro con la democracia, e incluso ya en la década anterior, enorme.

Lo que hasta anteayer era una obviedad hoy comienza a ser una tremenda injusticia. Es más; la diferencia con nuestros compañeros europeos es cada vez menor, y en algunos casos la comparación se salda con sorprendentes ventajas hacia lo que aquí se hace.No hace mucho, en una encuesta de la revista El Cultural, colegas relevantes de mi generación coincidían en este diagnóstico (José Jiménez, Javier Echevarría y otros).

Pero cambiar hábitos mentales es tarea desesperante; lentísima; se precisa mucha, muchísima paciencia.

Eugenio Trías es filósofo y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

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