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Recortes de Prensa     Jueves 4 Abril  2002
El modelo de Estella bajo la máscara de un referéndum
Editorial ABC 4 Abril 2002

Zapatero descubre al PNV
CONSUELO ÁLVAREZ DE TOLEDO ABC  4 Abril 2002

Gana grados la fiebre autodeterminista vasca
Lorenzo Contreras La Estrella  4 Abril 2002

Zapatero busca excusas
EDITORIAL Libertad Digital 4 Abril 2002

Estar sin estar
EDITORIAL Libertad Digital 4 Abril 2002

Electoralismo a la desesperada
ENRIC SOPENA El Mundo  4 Abril 2002

 

El modelo de Estella bajo la máscara de un referéndum
Editorial ABC 4 Abril 2002

La consulta sobre la autodeterminación es un objetivo inmediato que el nacionalismo vasco ya no esconde. Ibarretxe lo anunció en el Aberri Eguna cuando afirmó que era hora de dar forma a la voluntad de los vascos. El martes fue Arzalluz, presidente del PNV, el que desveló que el lendakari «tenía en mente» una consulta sobre la autodeterminación, algo que Ibarratxe calificó, en octubre de 2001, como «un invento del PP». Sin embargo, la apuesta autodeterminista quedó consolidada tras el 13-M y la convocatoria de una consulta en esta legislatura ya fue anticipada por ABC en noviembre del pasado año. Ahora simplemente el nacionalismo ha descubierto su pretensión de forma oficial -y en parte, porque no dice qué va a preguntar concretamente-, lo que no constituye una sorpresa, pero sí tiene la eficacia de hacer solemne que la prioridad de Ibarretxe y del PNV no es acabar con el terrorismo sino lograr cuanto antes el fin compartido por ETA y el nacionalismo, la autodeterminación. La ocasión es propicia: ETA necesita aire tras la serie de golpes policiales y el socialismo vasco está en tierra de nadie, demasiado confuso para aceptar tan pronto que la tesis vencedora en su Congreso -la que veía «cambios significativos» del PNV y pedía puentes con este partido- es un error absoluto.

La violencia, por tanto, ya no es obstáculo para preguntar a los vascos cuál es su voluntad, como si nunca hasta ahora la hubieran expresado y aunque el 60 por ciento tenga miedo a participar en política y el 75 por ciento no se sienta libre para opinar. Sólo importa el cuándo y el cómo para ganarla, como ha dicho Arzalluz, demostrando nuevamente que, para su partido, en la sociedad vasca no hay más aspiración política que la autodeterminación. El líder ultranacionalista ni siquiera ha cubierto el expediente de pedir que cese la violencia terrorista, lo que implica aceptar que tal consulta es compatible con el acoso permanente a los no nacionalistas. Este no es el modelo irlandés ni el de Quebec. Es el modelo de Estella y sin tregua. La teoría nacionalista de que no se puede entregar la agenda política a ETA y de que la consulta despojaría a la banda de «argumentos», enmascara así la intención del nacionalismo de aprovechar la postración en la que los terroristas pretenden sumir al constitucionalismo vasco. «¿Qué hay de malo?», se preguntó cínicamente Ibarretxe, para replicar a las críticas contra la consulta. Lo malo es la falta de libertad de los no nacionalistas y la reedición, sin foto, del pacto de Estella, con la que a Arzalluz le salen las cuentas de la mayoría absoluta que ha vaticinado. Ayer mismo, el batasuno Otegi le ofrecía sus 140.000 votos (el dijo 200.000) para ayudar en este sincero propósito.

Ante esta expectativa, los partidos nacionales y el Gobierno tienen que definir sus posiciones. El ministro de Justicia, Ángel Acebes, ha tomado la responsabilidad de fijar la opinión del Gobierno advirtiendo a Ibarretxe que la consulta o referéndum por la autodeterminación es ilegal. La cuestión, efectivamente, es de ilegalidad constitucional, y como tal deberá ser tratada por el Estado, sin debilidad de ningún tipo. La responsabilidad de Ibarretxe aumenta a medida que empuja al País Vasco a un escenario en el que no sólo se pretende quebrantar el régimen constitucional, sino también segregar de su futuro a la mitad de sus ciudadanos, con una política temeraria de «balcanización» de esta comunidad.

Zapatero descubre al PNV
Por CONSUELO ÁLVAREZ DE TOLEDO ABC  4 Abril 2002

A tontas y a locas, R. Zapatero comienza a descubrir la verdadera cara de Arzalluz. El líder del PSOE se ha caído de un guindo y ahora viene a reclamar al PNV que se junte con los demócratas y no se oponga a la deslegalización de Batasuna. «Y, si no, que proponga una alternativa», afirmaba ayer con cara de angustia. Pobre mío, tan ingenuo, sin caer en la cuenta de que el PNV tiene ya desde hace mucho tiempo definida su alternativa.

Consecuencia de la nueva estrategia del Partido Popular frente a los nacionalistas vascos, al buscar una alternativa posible para disputar al PNV el gobierno de Euskadi, ha sido la clarificación acelerada de intenciones y proyectos. De los unos y los otros; se acabaron los tiempos de la ambigüedad.

La proximidad de las elecciones municipales, justo dentro de un año, refuerza el proceso de definición política que empuja al PNV a extremar su ya bastante extremado sentimiento nacionalista, para disputar a Batasuna sus votos en los ayuntamientos vascos.

Esgrimir la autodeterminación, incluida por lo demás, en el programa electoral con el que Ibarretxe ganó las elecciones, entra en la lógica de Arzalluz, a quien de verdad le obsesiona su competición con HB por ver quién saca más pecho nacionalista.

Entretanto, que algunos sean asesinados por no querer pertenecer a ese «clan», no importa. Y si les matan, es porque no han entendido el mensaje... Rápidamente Otegi ha recogido el guante y aseguraba ayer a Arzalluz que «Batasuna ofrece sus votos al PNV si de verdad lo que se pretende es lograr la independencia». Se cierra el círculo, cada oveja con su pareja.

Porque lo mismo ocurre con el PSOE: a R. Zapatero le ha venido un repente de españolidad y desde hace días su discurso ya no es para «exigir» a Aznar cambios de actitud frente al PNV, sino para «rogar» a Arzalluz una rectificación imposible.

A medio camino del puente que pretendían levantar entre Partido Popular y PNV, les ha entrado el vértigo de ir hacia ninguna parte.Y es que por fin se han dado cuenta de que con tanta política de la equidistancia los electores socialistas de Euskadi y del resto de España le pueden hacer al PSOE un contundente corte de mangas. A ver cuánto les dura la cordura.

Gana grados la fiebre autodeterminista vasca
Lorenzo Contreras La Estrella  4 Abril 2002

Terminado el escrutinio de votos en las últimas elecciones autonómicas vascas, fue notorio, por parte nacionalista, el mensaje referente al logro de la mayoría no constitucionalista. Lo dijeron en la euforia del resultado. Estaba claro que sumaban escaños nacionalistas y abertzales. A partir de ese momento cobró grados la fiebre de la autodeterminación. Y empezó a dejarse oír la proximidad de un posible referéndum de autodeterminación, cuya convocatoria, legalmente hablando, no pertenece a la competencia del Gobierno vasco.

Esa fiebre es antigua, pero estaba debilitada por la incertidumbre política. Sólo a partir del 13 de mayo, consumado por poca diferencia, pero suficiente, el fracaso del llamado frente españolista, con Mayor Oreja y Nicolás Redondo al mando de las operaciones, pudo decirse que el proyecto autodeterminista adquirió un definitivo perfil. Ya pocas dudas ofrece el planteamiento de la aventura. Porque de aventura se trata. Javier Arzallus lo ha manifestado con suficiente elocuencia inmediatamente después del Aberri Eguna o Día de la Patria (vasca, por supuesto). Ha dicho, por ejemplo, que "la autodeterminación está muy clara", si bien con la cautela de reservarse el cuándo y el cómo, porque —han sido sus palabras— "nada se convoca para perder". Y no deja de ser curioso que haya partido de Carlos Garaicoechea la expresión de un cierto escepticismo, aunque haya sido por la vía de una prudencia que, en boca del antiguo lehendakari nacionalista, suena extraña. Tal vez porque el proyecto no es de su cosecha o no está bajo su control. el caso es que Garaicoechea, como antes que él José Antonio Ardanza, su sucesor en Ajuria Enea, ha recomendado que la consulta popular sobre la autodeterminación vaya siempre precedida de "un periodo de sosiego político".

Tal prudencia llama la atención en uno de los políticos vascos con mayor ímpetu nacionalista. Tanto ímpetu y afán de controlar los procesos futuros que acabó ganándose en su día la enemistad de Arzallus, para quien Garaicoechea sólo se movía con un objetivo inmediato: ocupar el poder dentro del PNV. O sea, arrebatarle a Javier Arzallus el instrumento indispensable para hacer la máxima política nacionalista posible. Apartado de Ajuria Enea y de toda perspectiva de capitanear el independentismo no violento, sale ahora por el registro, "made in Ardanza", de que lo práctico es huir de una situación distorsionada por la violencia. Todo lo contrario del lema clásico "si quieres la paz, prepara la guerra". En su caso, o bajo su criterio, si quieres la guerra política, la ruptura con España, prepara primero una paz decentita. ¿Otra tregua? ¿Otro Lizarra?

Lo escalofriante es que todo esto se concibe como algo imparable que irá fluyendo por sus cauces "naturales". Y puede que no sea así. El propio Arzallus, en medio de su triunfalismo pronosticador, ha introducido en sus palabras una cautela: "estaremos ya muy cerca (del objetivo) salvo que nos vengan por la fuerza". Saludable consideración. porque se nota que no siempre los dirigentes nacionalistas pierden de vista la posibilidad el conflicto civil. Diríase, sin embargo, que parecen dispuestos a plantear situaciones límite, al principio con un referéndum de tanteo bajo la forma de consulta popular no vinculante, basada en el desafío "inocente" a un Estado secularmente constituido. Sería algo parecido a ir rompiendo la baraja poco a poco hasta conseguir, si es que pueden, ganar el cincuenta y uno por ciento de las adhesiones ciudadanas. Y al cuarenta y nueve por ciento restante, al indiferente, la legislación vigente, es decir la que impongan los nacionalistas. Todo muy democrático en el plano de los sueños políticos.

Zapatero busca excusas
EDITORIAL Libertad Digital 4 Abril 2002

La aniquilación política de Redondo Terreros no era un fin en sí misma. Sólo fue el primer paso de la vieja guardia del PSOE hacia la recuperación de la alianza con los nacionalistas en el gobierno vasco. Y la vuelta a ese statu quo exige, naturalmente, la ruptura del pacto antiterrorista.

La prueba de fuego de Zapatero como líder del PSOE y posible candidato socialista a la la Presidencia del Gobierno fue precisamente la crisis del PSE, prendida por Elorza y Eguiguren y avivada por José Blanco, a instancias de González y PRISA. El lamentable espectáculo que ofreció Zapatero —un convidado de piedra, cuando no una marioneta de PRISA y la vieja guardia—, mirando a otro lado cuando le despojaban de su principal puntal en la política antiterrorista que él mismo había diseñado, hirió de muerte sus posibilidades de llegar a las elecciones generales como candidato de su partido. Patxi López, que pactó su secretaría general con los liquidadores de Redondo, es la primera cuña que la vieja guardia ha interpuesto entre el consenso antiterrorista que el PP y el PSOE.

El segundo paso, a juzgar por lo que dijo Zapatero el miércoles, será la discrepancia con el PP en cuanto a la ilegalización de Batasuna. Aún resuenan los ecos del acuerdo que alcanzaron PSOE y PP para reformar la ley de partidos políticos con el objeto de ilegalizar a Batasuna, y el leonés ya empieza a recular: “ninguna fuerza política y nadie del poder ejecutivo” puede declarar ilegal a un partido político. ¿Quién, si no es el Poder Ejecutivo, se va a encargar de hacer cumplir las leyes? Pues según Zapatero, un órgano que tenga “poco color político”. ¿Y cuál es ese órgano? ¿Quizá el CGPJ? Pocas instituciones hay más políticas que el órgano de gobierno del Poder Judicial. ¿Acaso el Consejo de Estado? No es su función aplicar las leyes, sino emitir informes no vinculantes destinados a las instituciones del Estado. ¿El Parlamento? Tampoco es su función aplicar las normas, sino elaborarlas. En un Estado de Derecho, el Parlamento elabora las normas, los jueces las interpretan y el Poder Ejecutivo —que tiene la potestad de instar al Fiscal General del Estado para que persiga su incumplimiento— las hace cumplir.

Más para mal que para bien, las instituciones del Estado están profundamente politizadas, y de ello, el principal responsable es el PSOE; partidario de las cuotas cuando tenía mayoría, y defensor del “pluralismo” cuando la perdió. Sin embargo, las vacilaciones de Zapatero acerca de la ilegalización de Batasuna con el pretexto garantista de la neutralidad política, no son más que una cortina de humo para disimular que, una vez más, quienes de verdad mandan en el PSOE han vuelto a desautorizarle por “seguidismo del PP”. Esa hueca y aparentemente ingenua exigencia al PNV para que presente un proyecto alternativo a la nueva ley de partidos políticos —como si nadie supiera qué opinan los nacionalistas al respecto— no es más que un gesto de cara a la galería para que no se note demasiado que quienes de verdad conducen el autobús del PSOE han puesto la marcha atrás.

Y el tercer paso será acusar al PP de utilizar electoralmente el Pacto Antiterrorista. Ya hay indicios de ello cuando Zapatero acusa a los populares de dar “codazos” políticos en el País Vasco a cuenta de la lucha contra el terrorismo. Son precisamente las constantes incoherencias en su discurso (ya se trate del modelo autonómico, de los impuestos, de la educación, del Plan Hidrológico, en materia antiterrorista, etc.) lo que realmente buscan los líderes de la vieja guardia: presentar a Zapatero como un político vacilante, incapaz de diseñar una línea política sólida y creíble de cara a la ciudadanía. Es decir, anularlo como líder y reintroducir las líneas maestras de lo que fue la política del PSOE en sus largos años de gobierno.

Triste papel el de Zapatero: atrapado entre dos fuegos —González y Cebrián, por un lado; y la guardería, por otro—, está condenado a ser el payaso de las bofetadas y el chivo expiatorio de todos los males de su partido. Cada vez está más claro que su destino es ser el Hernández Mancha del PSOE. Sólo puede deseársele que su agonía sea rápida (no parece probable que llegue a las Elecciones Generales como líder de los socialistas) y que en su caída no arrastre consigo totalmente la principal aportación del PSOE en muchísimos años a la libertad y la democracia: el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo. Pero, dadas las circunstancias, quizá esto último sea demasiado pedir.

Estar sin estar
Cartas al Director ABC  4 Abril 2002

Recientemente el sucesor de Pujol, Artur Mas, ha dicho que su partido no aspira a separar Cataluña del resto de España, sino a cambiar el modo de entender España. Nada más lejos de la realidad. He asistido a varios mítines de Pujol u otros líderes nacionalistas en los que explícitamente se ha dicho que las aspiraciones de Cataluña -de su partido, habría que puntualizar- no tienen límite, y que sólo se verán colmadas cuando ésta tenga la plena soberanía. Qué es si no la aspiración a tener representación propia la Generalidad catalana en los consejos de ministros de la Unión Europea; o qué es si no la reticencia de CiU a llevar la matrícula europea con la E de España y en su lugar poner el CAT, o el crear selecciones nacionales deportivas separadas de la española.

Que me diga alguien si eso es no quererse separar de España. Ni Luis Companys ni Prat de la Riba podían imaginarse el grado de autogobierno al que ha llegado Cataluña; ni el federalismo alemán es tan generoso con los lander alemanes como lo ha sido el Gobierno español con Cataluña y el resto de Autonomías. Lo que pretende CiU es, de momento, que Cataluña esté en España formalmente, de derecho, pero de hecho no: un estar sin estar, un parecer sin ser. Y lo lamentable es que los partidos centrales, PP y PSOE, van a ir cediendo a las aspiraciones insaciables de CiU para completar la mayoría absoluta cuando no la tengan y necesiten sus votos. Tiempo al tiempo.

Alfonso Giménez. Lérida.

Electoralismo a la desesperada
ENRIC SOPENA El Mundo  4 Abril 2002

La primavera del audiovisual público en Cataluña ha durado al menos algo más que aquella famosa de Praga, truncada por los tanques soviéticos el 21 de agosto de 1968. Entonces el Kremlin decidió abruptamente liquidar el proceso reformista hacia la democracia que impulsaba Dubcek.

Salvadas, obviamente, todas las distancias, CiU acaba de abortar con la complicidad del PP la práctica del consenso para nombrar a los altos cargos del audiovisual de titularidad pública. Este principio, inédito en España, constituyó uno de los ejes de la campaña de las izquierdas en las últimas elecciones autonómicas.Contó con el respaldo de Maragall, apoyado con encomiable ímpetu, en este capítulo, por el Colegio de Periodistas, el Sindicato de Periodistas, los comités profesionales de TV3, los comités de empresa de radios y televisiones y el Grupo de Periodistas Progresistas Josep María Lladó.

El empate técnico que registraron las urnas el bloque CiU/PP gobierna sólo con un diputado más facilitó la puesta en marcha del proyecto. Se pretendía abrir la puerta a la desgubernamentalización de los medios públicos. El primer pleno del Parlamento autonómico en la presente legislatura aprobó por unanimidad que la fórmula del consenso sustituyera a la designación unilateral de los directivos al más alto nivel.

Así fue elegido Miquel Puig director de la Corporación Catalana de Radio y Televisión (TV3 y Catalunya Ràdio). Como lo fueron los responsables de COMRàdio (Diputación de Barcelona) y BTV (Ayuntamiento de Barcelona). Pero a un año y medio de los comicios Artur Mas el candidato a suceder a Pujol , ha decidido hacer caso omiso del precepto parlamentario, con el fin de amarrar de nuevo la poderosa plataforma de TV3 y Catalunya Ràdio. Artur Mas precipitó la caída de Puig que al margen de su militancia convergente había inyectado pluralismo y, sin consultar con la oposición, aprovechó el lunes de Pascua, festivo en Cataluña, para nombrar a Vicenç Villatoro diputado de CiU y periodista director general.

Villatoro goza de prestigio y su talante es abierto. Nadie se lo discute. Pero no era esa condición faltaría más la que estaba ahora en juego, sino el procedimiento seguido para otorgarle la confianza en momentos tan decisivos como los que se dispone a vivir Cataluña, tras 22 años de gobiernos del mismo signo.Ninguna razón, salvo el electoralismo a la desesperada, justifica que Mas haya decretado el fin de esta otra primavera reformista.

 

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