AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 7 Abril  2002
Inútil maquillaje para Batasuna
 Editoral La Razón 7 Abril 2002

Álava
Pablo MOSQUERA MATA La Razón  7 Abril 2002

Jospin cuestiona la V República
Editorial ABC  7 Abril 2002

Jospin promete a Córcega modificar la Constitución para darles autonomía
JUAN PEDRO QUIÑONERO. Corresponsal ABC  7 Abril 2002

Jospin abre la puerta al nacionalismo corso al prometer un referéndum sobre su autonomía
Josefa Rodríguez - París.- La Razón  7 Abril 2002

ETA ve en la llegada de inmigrantes un peligro para su proyecto de independencia
D. MARTÍNEZ / J. PAGOLA ABC  7 Abril 2002

Educación sentimental
JOSEBA ARREGI/ El Correo  7 Abril 2002


 

Inútil maquillaje para Batasuna
Editoral La Razón 7 Abril 2002

A los proetarras de Batasuna y sus organizaciones afines, todas en el mismo entramado etarra, se les acaba el tiempo. Queda poco para que el Congreso de los Diputados trámite el proyecto de Ley que permitirá su deslegalización y acabe con una situación increíble. La actitud de los batasunos, acostumbrados a burlar habitualmente la ley y a saltarse a la torera cuantos preceptos legales existen, ha sido la de apresurarse a cambiar nuevamente de nombre, en un intento de eludir la acción de la Justicia. Cambiar de collar, sin cambiar el perro, ha sido una estrategia muy útil para la banda.

La nueva norma pondrá las cosas en su sitio y actualizará una legislación que hoy muestra cierta ingenuidad, pues se formuló con toda generosidad y las mejores intenciones. Nadie pensaba entonces en que en ella pudieran ampararse terroristas como los de Eta. La deslegalización de los batasunos, o como quiera que se llamen en el momento en que pueda aplicarse, evitará la vergonzosa presencia en el escaño de una Cámara democrática de un ex jefe de la banda en su período más sangriento, con el acta de diputado debajo del brazo y el sueldo, pagado con dinero público, en el bolsillo.

Es de esperar que las reticencias mostradas ahora desde el primer partido de la oposición a este proyecto, tras haber anunciado su apoyo previo, sean tan sólo cuestiones menores de tipo legal o de forma. Si el PSOE se desmarca de esta ofensiva contra los enemigos de la libertad y el Estado de Derecho, pagará muy caro su error. Sobre todo, si el hecho coincide con un acercamiento a las filas del nacionalismo vasco que lidera Javier Arzallus. Apartado del camino Redondo Terreros, sólo le faltaría al PSOE enfrentarse al PP en este asunto, para situarse, sin fácil arreglo, junto a Batasuna y el PNV.

Álava
Pablo MOSQUERA MATA es secretario general de Unidad Alavesa La Razón  7 Abril 2002

Quizá nos precipitamos al promover las elecciones vascas para el cambio desde el nacionalismo al constitucionalismo.

Quizá nos equivocamos al movilizar tal volumen de votos el 13 de mayo pasado, pues no sólo conmovimos a los vascos que apostaban por el cambio y la alternancia política, sino también a los vascos conservadores de sus privilegios. Quizá es el momento de analizar esos privilegios. Ahora que estamos entre el tiempo pasado y el de espera entre elecciones, deberíamos hacer «arqueo» de lo que tenemos y podemos en la sociedad vasca, que no siempre es coincidente con la sociedad política y mediática. El escenario más simple es el que muestra un nacionalismo legitimado por las urnas y un constitucionalismo con escoltas para poder ejercer la ciudadanía. Antes del 13 de mayo, Álava era el ejemplo a seguir para el cambio en toda la Comunidad vasca. Hoy, Álava es la isla rodeada por los hermanos de Lizarra, a la espera del asalto definitivo para lograr esa «territorialidad» de la que hablaban en el pacto soberanista. Sin territorialidad no hay Nación y menos Estado vasco. Por eso, en otros tiempos pusieron tanto empeño en Navarra, incluso nominando a Pamplona como capital de Euskal Herria. Hoy, lo primero, antes del referéndum de autodeterminación, es reconquistar Álava.

Para ello vale todo. Desde mociones de censura a los actuales gobiernos de coalición PP-UA, como arrumacos con EH, y especialmente, encuentros con el PSE que, al estilo Odón Elorza, puede descubrir que la vida siempre fue más cómoda al colaborar con «aita», desde las teorías del «vasquismo», que tendrán a partir de ahora en Eguiguren su primer ideólogo; aunque para ello tengan que dejar en el camino a los rebeldes de Ermua.

Pero la clave del futuro está en Álava. Y menos por los votos que seguirán siendo, mayoritariamente, constitucionalistas, que por los pactos entre Partidos Políticos tras las elecciones de la primavera de 2003. Y sin embargo, sin territorialidad no hay autodeterminación vasca.

Es decir, si Álava decide ser Comunidad Foral como Navarra, o Comunidad autónoma como La Rioja o Cantabria, se termina el sueño febril de Euskal Herria en Europa. De ahí que debamos explorar esta posibilidad. Dar la voz a los ciudadanos alaveses para que haciendo uso del propio estilo PNV de «ser para decidir», se autoafirmen como alaveses en el Estado español de las Autonomías. Ésta ha sido siempre la política de Unidad Alavesa, como fue en Navarra la de UPN, y ahí están los resultados: Navarra formando parte del mosaico de la Nación española, y Álava, gracias a las teorías del pequeño Partido Foralista de Álava, con Gobiernos normales, leales al Estado y comprometidos con el proyecto común de la España del tercer milenio, a pesar del sacrificio que comporta para los que damos la cara en las Instituciones Públicas. Pero tal cambio y tal esperanza, se pueden alejar definitivamente, si no buscamos algo más que unas elecciones municipales cargadas de miedo para ser edil no nacionalista. Es preciso contestar a los del Aberri Eguna con una oferta que no puedan rechazar Queremos que los alaveses tengan voz propia para decidir entre las dos alternativas. La de Álava como Navarra, o la de Álava engullida en la Euskadi de Arzallus.

Jospin cuestiona la V República
Editorial ABC  7 Abril 2002

En plena vorágine preelectoral, el primer ministro francés y candidato presidencial, Lionel Jospin, prometió ayer en Córcega una reforma constitucional que posibilite, previo referéndum, dotar a la isla de una autonomía limitada. Este proceso descentralizador, según el líder socialista, sería exportable «al conjunto de las regiones» francesas y «otras colectividades» (sic). Jospin trata desde 1999 de plasmar un «contrato Francia-Córcega», pero choca frontalmente con el Tribunal Constitucional, que vela por la Carta Magna que da forma a la V República.

La propuesta de Jospin reabre viejas heridas en la izquierda y la derecha galas y siembra numerosas bombas de efecto retardado en el paisaje político nacional. El proceso descentralizador rompe con la vieja concepción republicana y amenaza con atomizar a los partidos tradicionales, como lo demuestra la ruptura con el PS del ex ministro y también candidato Jean-Pierre Chévènement. Los adversarios más enérgicos del proyecto provienen del ala más dogmática del socialismo, pero también existen profundas diferencias entre el fragmentado bloque liberal-conservador. Jospin ha entrado en un peligroso juego, fruto, tal vez, de sus necesidades electorales, y ha tocado un asunto de inflamable debate político. Jospin no ha desvelado más detalles de su arriesgado proyecto que, en el fondo, cuestiona un modelo institucional que ha dado a Francia excelentes resultados en las últimas décadas.

Jospin promete a Córcega modificar la Constitución para darles autonomía
JUAN PEDRO QUIÑONERO. Corresponsal ABC  7 Abril 2002

PARÍS. Lionel Jospin, primer ministro candidato, anunció ayer, en Ajaccio, que, si es elegido presidente de la República, propondrá una reforma de la Constitución y un gran referéndum nacional para poder modificar el puesto de Córcega y el resto de las colectividades territoriales dentro de Francia.

Lionel Jospin propone un proceso autonómico francés, con tres etapas bien definidias: negociación entre todas las fuerzas políticas y sociales, elaboración de un «contrato» Francia-Córcega y convocatoria de un referéndum nacional para poder consumar una reforma constitucional válida para todas las regiones francesas.

Condiciones de principio
El primer ministro candidato a presidente sólo pone una condición de principio, el cese de la violencia terrorista, y rechaza de manera terminante la independencia y la amnistía de quienes purgan penas de cárcel por delitos terroristas. Jospin estima que «el resto» es negociable, dentro de ciertos límites.

De ser elegido jefe del Estado, el día 5 de mayo próximo, Lionel Jospin promete relanzar el proyecto autonómico que había sido enterrado, políticamene, por el Tribunal Constitucional, revisando sus principios, para intentar negociar un «contrato» para Córcega, válido para todas las regiones-colectividades territoriales que desearan tomar esa vía de nuevo cuño.

Lionel Jospin deja en una calculada ambigüedad el alcance exacto de la reforma constitucional y del referéndum corso-nacional, que promete convocar en un plazo de un año o año y medio. Pero insiste en que pudiera tratarse de una revisión en profundidad del modelo institucional francés.

No a la independencia
Descartada de plano la independencia, «que sólo traería la pobreza económica y social para una isla de 200.000 habitantes», Jospin considera posibles algunos «avances institucionales», que deja voluntariamente en la sombra. A finales de enero pasado, el Tribunal Constitucional declaró fuera de la ley el proyecto de conceder a Córcega un cierto poder legislativo, «limitado y controlado». El primer ministro y candidato ha revisado la copia de su modelo autonómico para proponer, ahora, un «contrato Francia-Córcega».

El contenido concreto de ese futuro «contrato» deberá volver a negociarse, pero pudiera tratarse de conceder al gobierno autonómico nuevos poderes locales, regulados a través de una revisión constitucional, sometida a referéndum nacional. La gran novedad del nuevo proyecto autonómico de Lionel Jospin es proponer una reforma de la Constitución que pudiera modificar los poderes de las regiones y colectividades territoriales, dentro de la República.

A catorce días de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Lionel Jospin no ha deseado entrar en demasiados y arriesgados detalles concretos de tan ambicioso proyecto. Un referéndum nacional sobre Córcega ya promete apasionados debates políticos. Una reforma constitucional, para dar nuevos poderes territoriales y regionales, no dejará de alimentar un debate de fondo sobre el modelo institucional francés.

Jospin abre la puerta al nacionalismo corso al prometer un referéndum sobre su autonomía
Jacques Chirac responde al primer ministro-candidato que Francia es «una e indivisible»
El futuro de Córcega y la descentralización del Estado francés, un tema cuidadosamente evitado durante la precampaña por los principales aspirantes a la Presidencia, irrumpió ayer en el debate electoral. El candidato socialista, Lionel Jospin, aprovechó una fugaz visita a la isla para prometer a los corsos que les pedirá su opinión sobre las siguientes fases del proceso de autonomía y sugirió que en Francia se abran paso los procesos de autonomía. Mientras, el presidente saliente, Jacques Chirac, recordó a Jospin que toda reforma constitucional ha de respetar la unidad del Estado.
Josefa Rodríguez - París.- La Razón  7 Abril 2002

Jospin se comprometió con los corsos a someterles a «consulta», previsiblemente mediante referéndum, un «contrato para Córcega» del que ha excluido taxativamente dos cuestiones: la independencia de la isla y la amnistía para los responsables de la muerte del prefecto Claude Erignac, asesinado en 1998. Ese «contrato» comportará, según insistió, una «condena explícita de la violencia política».

Para la consulta a los corsos será imprescindible una revisión de la Constitución, que Jospin se comprometió a acometer si es elegido. La revisión abriría la puerta a una configuración descentralizada del Estado. Posibilidad que expuso claramente el primer ministro, al afirmar que «la revisión no será exclusiva para Córcega», sino que «podrá afectar a todas las colectividades».

Los avances de la autonomía corsa estaban condicionados desde su comienzo a una «paz civil», hoy por hoy inexistente, ya que la violencia sigue azotando la isla. La persistencia del terrorismo en la isla es el hecho en el que se apoyan el ex ministro Jean-Pierre Chevenement y la derecha crítica con el Proceso de Matignon, impulsado por Jospin, para afirmar que ha fracasado por no lograr acabar la violencia.

El primer ministro-candidato se defendió ayer. «No escuchéis las voces interesadas que hablan de fracaso», afirmó ante sus seguidores, para añadir que si bien durante el pasado año se registraron en Córcega 182 atentados, el número es muy inferior a los 541 perpetrados en 1986 cuando su principal contrincante, Jacques Chirac, era primer ministro. Jospin añadió que su deseo es «buscar un camino para Córcega dentro de Francia y con los corsos» y pidió que «no me vengan a dar lecciones», ya que al hacerlo asume «un riesgo político», frente a la posibilidad más confortable de «contentarme con una postura inmovilista». Para evitar posibles malentendidos, precisó que lo que proclama es «sí a una Córcega diferente e indisolublemente unida en la República, sí a una Francia solidaria y rica en sus diversidades».

Las promesas de Jospin a los corsos entroncan con el acuerdo de Matignon y la ley de autonomía de Córcega, que prevén ya una revisión constitucional antes de 2004 para permitir que la Asamblea corsa tenga el poder de adaptar la legislación a las especificidades de la isla.

En las anteriores elecciones presidenciales, el voto corso había sido favorable a Jacques Chirac, al cosechar el 60 por ciento de los sufragios. En los sondeos recientes, el número de encuestados que afirma confiar en Jospin para arreglar los problemas de la isla supera en 11 puntos a los que se inclinan por Chirac. Sin embargo, la incidencia del voto corso es mínima, ya que sólo representa el uno por ciento del censo francés.

Entretanto, Chirac replicó ayer a su principal rival en la carrera al Elíseo que cualquier reforma constitucional debe respetar la «unidad e indivisibilidad» de Francia. Chirac, que tiene previsto desplazarse a Córcega dentro de diez días, le respondió desde la Guayana francesa que «conozco un único pueblo, sólo reconozco una nación en el seno de la República, el pueblo francés y la nación francesa».

ETA ve en la llegada de inmigrantes un peligro para su proyecto de independencia
D. MARTÍNEZ / J. PAGOLA ABC  7 Abril 2002

ETA muestra su preocupación por el hecho de que la población del País Vasco, en especial la de la parte francesa, está aumentando por la llegada de inmigrantes, lo que repercute negativamente en la «identidad de Euskal Herria» y puede poner en peligro la supervivencia del euskera. La banda reconoce, así, las dificultades para que su entramado político se asiente en Francia.

MADRID. En su boletín interno -«Zutabe»-, la banda terrorista dedica un amplio apartado a la estrategia que pretende desarrollar en el País Vasco francés a fin de lograr una mayor implantación de las organizaciones de su entramado político. De salida, los estrategas del terror se encuentran con un obstáculo y reconocen que en el ámbito demográfico la población de las tres provincias vasco francesas -Zuberoa, Lapurdi y Baja Navarra- «sigue aumentando», no por el incremento de natalidad de los autóctonos, sino como consecuencia de «la gente que ha venido».

«Gente que viene de fuera»
Según indica el boletín interno de la banda terrorista, al que ha tenido acceso ABC, «aunque en algunos acantonamientos del interior (Amikuze, Baigorri, Garazi) se ha paralizado el vacío demográfico, la situación de algunas zonas (por ejemplo Zuberoa) es muy grave y podríamos decir que el desequilibrio entre interior/costa va agrandándose en el reparto de las actividades y a nivel demográfico».

Según ETA, «el nacimiento de la gente que viene de fuera (sic) y teniendo en cuenta el envejecimiento del interior» hace pensar que «en los próximos años se acelerará la velocidad de la desaparición de nuestra lengua», en alusión al euskera.

Así las cosas, según exponen los estrategas de ETA en su «Zutabe», «el incremento del desequilibrio inetrior/costa y la muerte programada del euskera» constituyen «las dos tendencias que marcan el ritmo de la evolución de Euskal Herria Norte (País Vasco francés), tanto en el campo socio económico como en el campo cultural. Y desgraciadamente, también, en los últimos diez años, no hemos conseguido fijar de cara al Estado francés una relación de fuerzas que posibilitase el ganar instrumentos institucionales que nos son imprescindibles para hacer frente a esas tendencias».

Expertos antiterroristas consultados por ABC consideran que detrás de estas «reflexiones» sobre demografía se oculta la preocupación de ETA porque ve cómo la llegada de inmigrantes, especialmente en el País Vasco francés, convierte esa región en más mestiza y plural. Así, su pretensión de que esa región del vecino país sea caldo de cultivo para captar nuevos activistas, tanto para la estrategia de la «kale borroka» como para la propia banda se aleja aún más.

Hijos para la «causa vasca»
Esa preocupación ya fue reflejada hace unos años por el etarra francés Henry Parot, uno de los mayores asesinos de la banda terrorista. En una carta publicada en el periódico «Egin», el pistolero del «comando itinerante» se lamentaba del bajo índice de natalidad en el País Vasco y hacía un llamamiento a las mujeres abertzales para que dieran hijos a la «causa vasca».

Los expertos antiterroristas precisan que no es casualidad que esa preocupación de ETA se dirija principalmente al País Vasco francés, ya que en esa región la banda no tiene capacidad operativa para llevar a cabo la estrategia de «limpieza étnica» que despliega a este lado de los Pirineos contra todo lo que signifique identidad de España. Por ejemplo, cuando asesina concejales del PP, PSE o UPN, y concede «salvoconductos» a los cargos públicos nacionalistas.

Coincidencias
Las preocupaciones demográficas de ETA coinciden en gran medida con las expuestas reiteradamente en el ámbito del nacionalismo vasco más radical. Por ejemplo, cuando el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, ha aludido a «los jueces de fuera» o a los medios de comunicación «españoles» como obstáculos para el desarrollo de la identidad vasca, o cuando se refirió a «un tal Blazquez» para desprestigiar el nombramiento de un obispo de Bilbao no vasco. O cuando el diputado del PNV apellidado Caballero aludió a las «ratas de Ermua» para referirse a las personas de fuera que llegaron a la emblemática localidad vizcaína.

En este sentido, tanto ETA como los partidos nacionalistas han venido defendiendo la elaboración de un «censo vasco» que excluiría a los ciudadanos que han llegado al País Vasco procedentes de otras regiones de España ante un hipotético referéndum sobre la autodeterminación.

Expertos antiterroristas subrayan que detrás de los «Zutabe» se encuentra el jefe del «aparato político» de ETA, Miguel Albizu Iriarte, «Mikel Antza», uno de los interlocutores de la banda criminal en los contactos con el Gobierno durante la tregua surgida con el pacto de Estella.

Los etarras «forasteros»
A ETA no le ha importado contar con «gente de fuera» para formar sus «comandos». Así, por ejemplo, José Antonio López Ruiz, «Kubati», autor, entre otros, del asesinato de «Yoyes», es hijo de extremeños. Este pistolero es uno de los «interlocutores» de la banda ante una hipotética negociación con el Gobierno. Por su parte, los hermanos Domingo y Antonio Troitiño Arranz, integrantes de los «comandos» «Barcelona» y «Madrid», respectivamente, nacieron en Tariego de Cerrato (Palencia). Rafael Caride Simón, autor de la matanza de Hipercor junto a Domingo Troitiño, que se saldó con 21 muertos, es natural de Vigo. Los ejemplos no acaban ahí. Juan Carlos Monteagudo, que participó en la matanza de la casa cuartel de Vic y murió en un tiroteo, era catalán. la «infiltración» también es habitual en el entramado político.

Educación sentimental
JOSEBA ARREGI/ El Correo  7 Abril 2002

Es algo que sucede con inusitada frecuencia. Encontrarse con algún conocido, con algún amigo, en la calle, en los pasillos de la universidad, en el despacho de trabajo, y entablar una conversación sobre lo inevitable: ¿cómo ves las cosas? Y sucede también cada vez con mayor frecuencia dar y recibir la misma respuesta: mal, esto no tiene remedio, no somos conscientes de lo que realmente está sucediendo, no nos damos cuenta de la gravedad de lo que está sucediendo.

Es cierto que existen algunos optimistas de profesión para quienes basta que se haya firmado la renovación de la Ley de Concierto y se hayan reunido los partidos democráticos en Ajuria Enea, para hablar de la tremenda anormalidad democrática e institucional de los concejales que son asesinados por no ser nacionalistas, para ver la luz en el horizonte, para afirmar rotundamente que estamos mal pero vamos bien.

Quienes pensamos, sin embargo, que una sociedad es algo tremendamente complejo, sensible, complicado, que depende de multitud de factores que se interrelacionan y que interactúan mutuamente, las cosas están mal y no van bien. Porque no basta, sin ánimo de negar ninguna importancia a los dos ejemplos citados en el párrafo anterior, un acuerdo y una reunión, que llegan ambos tarde, muy tarde, y que no van acompañados de una reflexión explicativa del cambio de postura, que no van acompañados de elementos significativos de una reorientación política en profundidad que apunte a otro futuro distinto al pasado causa de los problemas, sino que, por el contrario, se explican como confirmación de las posiciones firmes e inamovibles que han forzado a los demás a moverse.

Algunos pensamos que cuando se han devaluado las instituciones, han sido deslegitimadas, se han puesto como masa negociable a disposición de los terroristas y, como consecuencia, la sociedad ha quedado indefensa e inerme ante el acoso de la amenaza, del miedo, del chantaje, de la presión, del asesinato, en la sociedad se van produciendo procesos graves que no se recomponen con un acuerdo y con una reunión, y menos si se producen en las condiciones antes citadas.

Muchas veces se ha debatido sobre la existencia o no de un problema educativo en Euskadi. Y creo que tienen razón quienes han afirmado que el debate ha estado viciado en su propia esencia: no se trata de la red de ikastolas, ni de un mapa u otro. Ni siquiera es directamente una cuestión de la historia que se enseña -recientemente preguntaba a alumnos universitarios de la rama euskaldun cuándo se fundó Euskaltzaindia y quién fue su primer presidente, y nadie lo sabía-.

Pero no tienen razón los que creen que con ello queda liquidado el debate educativo en Euskadi. Porque existe un profundo problema educativo en la sociedad vasca. Y ese profundo problema educativo tiene mucho que ver, y directamente, con la sensación de que esto, lo nuestro, no tiene remedio.

No se trata sólo de que se tengan más o menos esperanzas de que el problema de la violencia terrorista pueda terminar antes o más tarde. Se trata de que son unos cientos de personas, acaso unos miles de ciudadanos vascos los que lo están pasando mal, muy mal, los que viven amenazados, con miedo físico y psicológico, los que saben que son blanco de ETA, ya sea operativo o potencial, los que reciben cartas de impuesto revolucionario o de amenaza de que ya no van a poder dormir tranquilos, mientras que la mayoría se manifiesta, de vez en cuando, para mostrar la fuerza del partido que convoca la manifestación, pero por lo demás pasa, mira a otro lado.

Se trata de que no tenemos elementos comunes que compartir y que nos amalgamen mínimamente como sociedad. Se trata de que no tenemos un modelo de ciudadano vasco que sirva como matriz educativa y que inspire a quienes están dedicados a esa labor. Se trata de que no sabemos en qué consiste ser ciudadano vasco, cuáles son sus derechos y sus obligaciones. Y no existe esa definición porque no tenemos definidos y asumidos por una abrumadora mayoría e institucionalizados con normalidad los mínimos que conforman la sociedad vasca: los tuvimos, o por lo menos existía una buena semilla para ello. Pero en lugar de desarrollarlos, confirmarlos y darles fuerza y solidez institucional, los hemos puesto en cuarentena.

Tenemos un profundo problema educativo en la sociedad vasca, además de un tremendo problema social. Porque en el seno de la sociedad vasca va creciendo parte de una nueva generación de jóvenes cuyo único problema no es su predisposición al uso de la violencia como arma política, a pesar de la gravedad que supone, sino su socialización en un ideario abocado al fracaso, porque ni la ensoñación revolucionaria ni la ensoñación independentista en la que se va cristalizando su identidad tienen ninguna posibilidad de materializarse, con lo cual su no integración en la sociedad vasca está programada: van a ir creciendo como un quiste sin solución.

Y el problema se complica, porque esa parte de la generación joven de la sociedad vasca no percibe con suficiente claridad desde las instancias sociales e institucionales de Euskadi que su ensoñación revolucionario-independentista de solución total y pura no es base de futuro, percibiendo muchas veces mensajes difusos, según los cuales todo es posible por medios pacíficos. Aquí radica una tremenda responsabilidad de los líderes políticos y sociales vascos.

Y si hablo de profundo problema educativo, llego al punto clave de mi argumentación, aquél en el que muchos dicen que por qué no va a ser posible mantener y vivir una ensoñación independentista y revolucionaria, el sueño de una solución total, definitiva y pura siempre que se busque su realización por vías pacíficas, aquél en el que se argumenta diciendo que no se puede hacer nada contra la realidad del sentimiento nacionalista, en contra del sentimiento independentista de la sociedad vasca, contra el sentimiento que reclama un Estado nacional propio, ni contra ningún otro tipo de sentimiento.

Quien así argumenta olvida algo fundamental de la política desde la Ilustración: que la política es también y sobre todo educación, que la convivencia social no es posible desde el mantenimiento de todos y cada uno de los sentimientos, que se ha conquistado el Estado de Derecho desde la renuncia a poder vivir cada uno su sentimiento; que, en definitiva, la vida en común, la sociedad institucionalizada, el Estado de Derecho sólo son posibles a través de la educación para vivir la neutralidad del espacio público.

Muchos de nuestros problemas nacen de haber renunciado a la pedagogía política, provienen de no querer educar los sentimientos, de no querer enseñar y aprender lo que significan sociedad y Estado, lo que significa la convivencia en sociedad. En lugar de optar por la pedagogía política nos hemos escudado demasiadas veces en la facticidad incontestable de los sentimientos, en la inevitabilidad de los mismos, obsesionados con un romanticismo ofuscado que olvida los fundamentos del Estado de Derecho conquistado por la Ilustración y su necesaria pedagogía.

Por eso no tenemos remedio. Porque, sin pedagogía política, la ensoñación conduce, demasiadas veces, al uso de la violencia; porque habrá siempre alguno que no esté dispuesto a aceptar que le declaren legítima su identidad basada en la ensoñación, pero que le impidan vivirla en la realidad. El respeto y la tolerancia que tan baratamente se predican a veces son imposibles sin educar en la limitación, control y reconducción de los sentimientos, sean los que sean.

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