AGLI

Recortes de Prensa     Martes 23 Abril  2002
La amenaza constante
Editorial ABC 23 Abril 2002

ETA vuelve a Madrid cambiando su modus operandi
Impresiones El Mundo 23 Abril 2002

ETA y el método árabe
PABLO PLANAS ABC 23 Abril 2002

Todos a una
Ignacio Villa Libertad Digital  23 Abril 2002

¿De qué se trata
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 23 Abril 2002

La impotencia del fanatismo
Editorial El Correo 23 Abril 2002

ETA redobla sus ataques a empresarios para forzar el pago del impuesto revolucionario
ÓSCAR B. DE OTÁLORA/BILBAO El Correo 23 Abril 2002

La amenaza constante
Editorial ABC 23 Abril 2002

ETA ha vuelto a atentar en Madrid después del desmantelamiento de su infraestructura en el mes de noviembre pasado, tras el atentado frustrado contra el secretario general de Política Científica, Juan Junquera. Las dudas sobre si el coche bomba contra la sede de Repsol, en el Paseo de la Castellana, es obra de un nuevo comando afincado en la capital o de un comando desplazado expresamente para cometer este atentado no son más importantes que la certeza, pura y simple, de que ETA ha vuelto a Madrid y de que representa una amenaza constante para los madrileños. En este caso, no resulta temerario pensar que se trata de una prolongación de la campaña contra la clase empresarial reactivada el sábado con otro coche bomba en Guecho. Sea cual sea el objetivo concreto que ETA buscaba con este atentado, lo que no ofrece duda es que la única respuesta que ha de recibir del Estado es una acción policial que conduzca a su erradicación absoluta en el plano operativo y una acción política que anule a sus grupos de apoyo. La futura ley de Partidos será un instrumento imprescindible para cerrar el cerco en torno a ETA y a sus terminales pseudopolíticas, levantando el velo de impunidad que cubre sus continuas agresiones a la democracia.

ETA vuelve a Madrid cambiando su 'modus operandi'
Impresiones El Mundo 23 Abril 2002

Después de cinco meses sin cometer atentados en Madrid, ETA reapareció en la madrugada de ayer en la capital haciendo estallar un coche bomba cargado con 15 kilos de explosivos junto a la sede central de Repsol YPF. El modus operandi de los terroristas fue, en esta ocasión, distinto a las anteriores. El automóvil fue robado sólo dos horas antes de ser estacionado con una mochila llena de cloratita y la banda terrorista no avisó, en contra de lo que ha sucedido con los últimos coches bomba, como el que hicieron estallar el pasado sábado en Getxo (Vizcaya). Aunque todavía es pronto para avanzar una hipótesis en firme, los expertos de la lucha antiterrorista consideran que lo más probable es que se trate de terroristas desplazados a Madrid para una acción inmediata así parece indicarlo el hecho de la rapidez con la que robaron el coche y lo cargaron de explosivos ya que es difícil que la banda haya tenido tiempo de reconstituir el comando Madrid, desarticulado el pasado mes de noviembre, gracias a la acción del héroe anónimo. En cuanto al objetivo, tampoco resulta descabellado encontrar un hilo conductor entre los atentados contra la familia Delclaux y Repsol YPF: la necesidad de ETA de financiación, tras los últimos golpes que han asestado a su infraestructura las Fuerzas de Seguridad, tanto españolas como francesas. Que los terroristas no andan sobrados de explosivos lo demuestra el hecho de que no han usado dinamita, sino cloratita, un producto menos potente. Por mucho que ETA haya enseñado otra vez sus mortíferos poderes demostrando que para hacer daño sólo hace falta un fanático capaz de robar un coche y dejar una mochila dentro sus asesinos siempre acaban cayendo. Y la voluntad del Gobierno la expuso inequívocamente ayer en Valencia José María Aznar: «Vamos a por vosotros». Con la ley en la mano, claro.

ETA y el método árabe
PABLO PLANAS ABC 23 Abril 2002

Atribuir a la dirección etarra cierta capacidad analítica es el ingenuo error que cometen quienes tratan de otorgar una intencionalidad política a cada atrocidad de ETA. Ahora bien, despachar cada atentado con la expresión de que los criminales actúan cuando, donde y como pueden es desistir de la necesidad de contextualizar el terror. Cuando la banda empezó a utilizar coches bomba -la matanza de Hipercor fue el estreno de esta metodología-, el análisis exculpatorio de la izquierda abertzale se basó en que el IRA empleaba esa estrategia (a veces incruenta porque los terroristas irlandeses avisaban con margen de la colocación de los artefactos) con el propósito de obligar a la población civil a exigir de su Gobierno una solución política a los supuestos contenciosos que sustentan teóricamente la actividad criminal. De entrada, los 21 muertos de Hipercor y los numerosos heridos con secuelas incapacitantes de por vida fueron tenidos por víctimas de la falta de reacción de las autoridades. Ésa fue la versión que los «intelectuales» afines a ETA extendieron entre sus simpatizantes. Pasado el tiempo y comprobado que los efectos de los coches bomba son incontrolables -algo que no parece requerir un test experimental-, los mismos demiurgos atribuyeron a las víctimas la responsabilidad de transitar por donde no debían y aludieron al imperativo táctico de que no hay mejor método para que la sociedad española comprenda el sufrimiento del «pueblo trabajador vasco» que las «acciones» indiscriminadas. El referente actual de ETA es, por tanto, el terrorismo integrista; la extensión de la muerte sin distinciones ni reparos, una fuga hacia delante que, por otro parte, no ha logrado el efecto de que la sociedad clame por la cesión sin condiciones.

Anteanoche y a los pocos minutos de la explosión del último coche bomba, en la sede de Repsol, un gentío se agolpaba en torno al cordón policial: personas cuyas viviendas (sociales) habían sufrido desperfectos, vecinos, curiosos y periodistas. La reacción generalizada no era de miedo. No había heridos de consideración y son demasiados atentados en Madrid, en Barcelona, en casi todas las ciudades de España como para alterar en exceso los ánimos. Muchos comentarios son irreproducibles, pero sólo unos pocos apelaban a la pena de muerte. La «socialización del sufrimiento» ha dado paso a la contemplación de la cobardía etarra (ETA no aprecia a los mártires a diferencia de sus «colegas») ni logra nada en el plano político.

Todos a una
Ignacio Villa Libertad Digital  23 Abril 2002

Sin que nadie lo esperase, la reforma de la Ley de Partidos se ha convertido en un auténtico tormento para el PSOE. Los cambios de actitud, la ambigüedad, las dudas, las afirmaciones a bombo y platillo pero vacías de contenido son la línea de actuación habitual de los socialistas en una cuestión tan importante y tan sensible para la opinión pública como puede serlo la ilegalización de Batasuna. Están quedando en evidencia, pero no sólo por sus propios errores, que también, sino por la clara actitud de Aznar ante esta cuestión.

El presidente del Gobierno ha adoptado desde el primer momento una posición definida a la hora de acorralar al entramado de la banda terrorista ETA, incluido su brazo político. Aznar, que en el discurso antiterrorista mantiene un mensaje acertado y claramente respaldado por la mayoría de los ciudadanos, sabe ofrecer seguridad y coherencia en los planteamientos que afectan al País Vasco. En este sentido, Aznar le está ganando la partida a Rodríguez Zapatero, aun sin proponérselo. El secretario general del PSOE, tan desorientado como es costumbre, está “mareando la perdiz” sin dirección concreta y sin intenciones conocidas. Ha vuelto a lo de siempre: dice una cosa, luego hace otra y en el camino entra y sale en los “jardines” sin previo aviso.

La ilegalización de Batasuna está dejando a cada uno en su sitio. Es una pena, porque en esta ocasión PP y PSOE deberían ir de la mano, al mismo ritmo y sin diferencias públicas. El PP hizo esta oferta desde el principio, pero el mismo PSOE que aceptó esa dinámica es el que rompió después lo pactado. Sin embargo, lo más grave es que actualmente no sabe adónde va. A estas alturas, sería bueno que los dos grandes partidos se sentaran a la misma mesa, aclarasen posiciones y acordaran un mensaje único. PP y PSOE deberían mantener una misma actitud en defensa de la democracia. Los socialistas se equivocan cuando buscan una “diferenciación” en una cuestión básica donde los demócratas deberían estar en el mismo bando.

Al final, el verdadero problema del PSOE no es que piense diferente, sino que sencillamente ni ellos mismos saben lo que piensan. Ahí está la clave de lo ocurrido. Ese es el grave error de Rodríguez Zapatero, que ha emprendido un camino dañino para el socialismo español en una estrategia que, con el tiempo, le pasará factura.

¿De qué se trata?
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 23 Abril 2002

Se cumplían ayer dos meses desde aquel 22 de febrero en que el lehendakari convocó a los representantes de los partidos en Ajuria Enea. Era el segundo aniversario del asesinato de Fernando Buesa y los socialistas salieron bastante ilusionados del encuentro. Han pasado ya dos meses y el documento de Eudel que en aquella reunión se anunció para que lo suscribieran todos los municipios de Euskadi se ha materializado en un estadio que está a medio camino entre la cualidad de borrador y la de parto de los montes.

«Esquema de principios y compromisos para el ejercicio efectivo del respeto a la pluralidad» se llama el texto, una pieza de casi cuatro folios bilingües a lo largo de los cuales no es posible encontrar ni una sola vez los términos ETA , víctima , terrorismo o asesinato . Tampoco aparecen las expresiones organización terrorista , banda armada o locuciones sinónimas. ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? se preguntaba Raymond Carver. Un servidor se leyó el libro sin acertar a responder la pregunta del título, pero gracias al lehendakari y a la Asociación de Municipios Vascos intuye que de lo mismo que Eudel cuando habla de pluralidad en sus documentos. La única vez que aparece el término atentado , no lo hace en cualidad de sustantivo, para referirse a ello en sentido estricto, sino para calificar otra cosa: «cualquier traba que se ponga, al margen de los votos, a tal representación, y a tal defensa, (las que la pluralidad ciudadana legitima con su voto), constituye un atentado contra la democracia».

El prometido documento de Eudel tiene un sí es no es de adivinanza. Una vez descartada la posibilidad de que su solución sea la gallina, la traba podría referirse tanto al asesinato de Juan Priede, por citar al último concejal víctima de ETA, como a una futura y probable ilegalización de Batasuna. Recordarán que aquel 22 de febrero también se acordó «no utilizar los votos de Batasuna para gobernar ni para hacer oposición». Los tres partidos del Gobierno violaron este punto al negociar el voto de los radicales el 12 de marzo para sacar adelante una moción de respaldo a la resolución autodeterminista de Idaho, pero hagamos como si no nos hubiéramos dado cuenta y vayamos a la filosofía del asunto.

Es una contradicción notable defender al mismo tiempo la legitimidad teórica de Batasuna para representar a sus votantes en el Parlamento y tratar de anular en la práctica su representación, descontando sus votos y dando así al Gobierno una mayoría absoluta que no le dieron las urnas. Salvo que la oposición de los tripartitos a la Ley de Partidos tenga por finalidad acreditar méritos para recibir una parte de la herencia electoral de Batasuna cuando ésta fuese declarada ilegal. Pero seguro que es por fidelidad a sus principios, no seamos malpensados.

La impotencia del fanatismo
Editorial El Correo 23 Abril 2002

El artefacto terrorista que en la madrugada de ayer volvió a llevar la coacción y el miedo a Madrid no refleja la fortaleza, sino la debilidad de un grupo fanático que pretende escudar su propia impotencia tras el dolor y la zozobra que es capaz de provocar todavía. Resulta significativo que las intenciones inmediatas de quienes aparcaron el coche cargado de explosivo no despierten un especial interés, más que para quienes tienen la misión de preservar la seguridad de los ciudadanos adelantándose a los propósitos terroristas. Es la demostración de que, tras cada atentado, la opinión pública no ve otra voluntad que la de destrozar y sembrar el pánico; el reflejo de que, en cada actuación de ETA, la ciudadanía sólo teme lo peor. Es difícil que la violencia etarra genere una mayor consternación y una indignación más expresa que la que ya ha cosechado en la inmensa mayoría de la sociedad. Sin embargo, la sinrazón de su empeño parece dispuesta a afrontar la más descabellada de las disyuntivas: lograr el sometimiento de la conciencia democrática al dictado del amedrentamiento y el asesinato o -en caso de que ello no les sea posible- agrandar el abismo que los separa de la ciudadanía, induciendo en ésta un grado creciente de rechazo y animadversión hacia los terroristas y sus cómplices.

Por eso, ni la sociedad ni las instituciones pueden evaluar la validez de las medidas habilitadas para preservar la vida y la libertad en función del hipotético efecto que pudieran producir en el ánimo ofuscado del terrorista. Es cierto que, en el límite de la barbarie, el terrorista trata de hacerse merecedor del odio general. Pero ante tan cruel y delirante pretensión, la sociedad no puede arrugarse pensando que no debería dar al terrorista lo que el terrorista busca. Porque ninguna réplica a la violencia asesina será más propicia a la perpetuación de ésta que la especulación oportunista o la indolencia social.

ETA redobla sus ataques a empresarios para forzar el pago del impuesto revolucionario
El ministro de Interior reconoce que los coches bomba de Getxo y Madrid «están dirigidos» a amedrentar a «grandes empresas e intereses económicos» La Guardia Civil cree que el atentado de la capital fue obra de un comando itinerante
ÓSCAR B. DE OTÁLORA/BILBAO El Correo 23 Abril 2002

El ataque contra las oficinas de Repsol-YPF registrado en la madrugada del lunes en Madrid y el coche bomba que estalló en Getxo el pasado sábado revelan la intención de ETA de redoblar sus ataques contra el sector empresarial, con el fin de conseguir el pago del denominado impuesto revolucionario . Según las fuentes consultadas, las acciones de la banda tratan de amedrentar a las compañías importantes, puesto que la extorsión realizada contra pequeños empresarios vascos ya se ha convertido en una fuente de financiación permanente.

En este sentido, el ministro de Interior, Mariano Rajoy, afirmó que coches bomba como el que estalló frente a las oficinas de la petrolera son utilizados generalmente por ETA para tratar de intimidar a «grandes empresas e intereses económicos». El atentado se produjo el mismo día en que Repsol YPF -cuya sede ya se encontraba entre los objetivos del comando Madrid desmantelado el año pasado- había celebrado una junta general de accionistas. Mariano Rajoy añadió que con su acción en la capital de España «la banda recuerda que está ahí», a pesar de que «su capacidad es muy inferior a la que tenía antaño».

La propia forma de actuar de los terroristas revela una precipitación especial respecto a las pautas de anteriores atentados. Según los datos que ha podido recopilar la Policía, el Ford Fiesta que emplearon los etarras fue robado tres horas antes de la explosión en el barrio de Fuencarral, a escasos metros del lugar de la explosión. Los activistas aparcaron este vehículo ante las oficinas de Repsol, en la confluencia de las calles Conde de Torralba y Manuel Caldeiro, sin tomarse la molestia de colocar al automóvil matrículas falsas para evitar ser detectados. No obstante, la acción se produjo con tanta celeridad que la propietaria del Ford no tuvo tiempo de denunciar su desaparición.

Al estacionar el automóvil fueron vistos por varios testigos, que han podido ofrecer una descripción aproximada de los autores del atentado. Uno de ellos es un joven de entre 20 y 25 años, que vestía pantalón vaquero y chaqueta de lana, y que lucía media melena. Su compañero es un hombre de alrededor de 35 años y de complexión gruesa. Según estos testimonios, el etarra más joven fue quien manipuló una mochila en el maletero, donde ocultaban la bomba, y posteriormente fue andando hasta una calle próxima. Allí le esperaba su compañero. Los datos facilitados por los ciudadanos que vieron a los terroristas se completarán en los próximos días con el examen de las cámaras de seguridad que rodean a la sede de la petrolera.

Sin aviso previo
La explosión se produjo a la una de la noche, sin que la banda hubiera realizado previamente ninguna llamada de advertencia. La fachada de Repsol, hacia donde estaba orientado el maletero del Ford Fiesta , recibió todo el impacto de la onda expansiva. Además de en estas oficinas, la deflagración causó daños en 121 viviendas. Tres vecinos tuvieron que ser atendidos por ataques de nervios y una cuarta persona sufrió un infarto.

Las pistas recogidas hasta al momento son insuficientes para relacionar el atentado con cualquier grupo de la banda. El director general de la Guardia Civil, Santiago López Valdivielso, atribuyó el ataque a una célula itinerante, ya que, según declaró, «ETA no tiene ninguna estructura estable» en la capital de España. El director, sin embargo, reconoció que «no se puede ser tajante». Otras fuentes consultadas precisan que la banda ha tenido tiempo de reconstruir el comando Madrid y cuenta con activistas que pasaron por su filas y no han sido detenidos.

Recortes de Prensa   Página Inicial