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Recortes de Prensa     Miércoles 24 Abril  2002
El premio de un idioma
Editorial ABC 24 Abril 2002

Urgencia de libertad
Román CENDOYA La Razón  24 Abril 2002

Escarmentar en cabeza ajena
Enrique de Diego Libertad Digital  24 Abril 20

Nacionalismo salvaje
Armando Añel Libertad Digital  24 Abril 2002

Rancho aparte
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón  24 Abril 2002

Los jueces vascos advierten de que habrá más «huidas» si no se incrementa su seguridad
Redacción - Bilbao.- La Razón  24 Abril 2002
 

El premio de un idioma
Editorial ABC 24 Abril 2002

AYER se cumplió un cuarto de siglo de una ceremonia, como es la entrega del Premio Cervantes, convertida hoy en el referente de la proyección, fortaleza y expansión de la lengua española en todo el mundo. La excelencia y respeto de un premio se alcanza gracias a la valía excepcional de los que lo reciben. Y los escritores que hasta ayer mismo han recibido el mayor reconocimiento de la literatura en español -salvo algún accidente- constituyen una impresionante galería de recursos lingüísticos, morales, estéticos y culturales, sin duda, memorables. Con ellos la lengua española ampliaba sus horizontes, enriquecía su diversidad y se abría a nuevos ámbitos de expresión y conocimiento. Álvaro Mutis, en un discurso tan emocionado como impecable, resaltó la honda presencia de España en su obra, y España reconoció desde la primera convocatoria que sin Iberoamérica la proyección del idioma no habría tenido la repercusión internacional que hoy adquiere. España no ha olvidado que nueve de cada diez hablantes del español están al otro lado del Atlántico y que, por tanto, el español es ya una lengua americana, lengua de muchas lenguas, y que esa realidad compartida fortalece al idioma y a la cultura en que se expresa. Ese es el enorme valor del Premio Cervantes, el premio de un idioma, segunda lengua internacional y poseedora de una literatura que ha marcado el siglo XX y se eleva en los tiempos presentes.

Urgencia de libertad
Román CENDOYA La Razón  24 Abril 2002

Aznar ha invitado a Zapatero a firmar ya, al mismo tiempo y altura, la nueva ley de partidos. Su respuesta ha sido que lo hará buscando el máximo consenso para la paz. Se equivoca de discurso. Nuestro problema no es la violencia, es la falta de libertad. La paz es la dulce melodía del nacionalismo. Yo no quiero la paz que me ofrecen los nacionalistas y Elkarri. No podemos aceptar que nos cambien paz por soberanismo. La libertad es el privilegio de los nacionalistas. El silencio y el acatamiento es el destino del que quiere sobrevivir. El asesinato, la amenaza o el exilio es el precio de la libertad de la Constitución. Hay desigualdad entre unos y otros. No hay lugar en la tierra donde se pueda establecer una paz, real y justa, sin que la sociedad viva en plena libertad. El resto es acatamiento, humillación y sumisión. La ley de los partidos políticos, que por supuesto que debe de ser constitucional, tiene un doble objetivo: la garantía de la libertad y la persecución del terrorismo en todas sus expresiones. Tenemos urgencia de libertad. Por eso, señor Zapatero, contribuya desde el estado a devolvernos a los vascos la libertad. Desde la libertad verá como nosotros sabremos construir la verdadera Paz.

Escarmentar en cabeza ajena
Enrique de Diego Libertad Digital  24 Abril 2002

Es una muestra de inteligencia escarmentar en cabeza ajena. Y lo sucedido en Francia -el concepto terremoto es el más utilizado para definirlo- debería ser un aldabonazo, que arrumbara tanta ficción políticamente correcta (políticamente estúpida) y tanta ocultación. La emigración española de los años sesenta, tan traída y tan llevada como referente o precedente, no generó ningún Le Pen. Lo que se viene produciendo en las últimas décadas tiene una semejanza analógica, pero no idéntica. No existe, por ejemplo, el sentido de retorno. Hay un componente de nomadismo. Eso que se llama multiculturalismo, y que pasa por la ocupación de barrios enteros, de identidad excluyente. La misma idea de inmigración ilegal conduce por lógica a la delincuencia para poder sobrevivir. El incremento de la delincuencia está directamente relacionado, en niveles de causa-efecto, con la inmigración. Quienes criminalizan a la inmigración son lo que delinquen. Luego está nuestro caótico Estado de Derecho, con una Justicia lenta y llena de complejos de culpa, que es incapaz de combatir la multirreincidencia, generando mentalidades de impunidad.

En la experiencia española, donde hay mafias rusas y colombianas, y lituanas y rumanas, y de cualquier país, los problemas fundamentales se dan con la población musulmana. Negar la realidad es siempre un mal camino. Los magrebíes -no todos, por supuesto- se instalan en guetos, que previamente “liberan” mediante prácticas mafiosas. Para seguir ese esquema son refrendados por una izquierda sin ideología y sin parroquia, y por los “ejércitos de salvación”, cuyo mensaje es que la “integración” ha de venir por una reafirmación de su identidad, la que les he llevado precisamente a la emigración, y de sus costumbres, algunas directamente lesivas de los derechos personales, como sostener la inferioridad de la mujer. Es esa izquierda del hijab, propalestina, que llegar a creerse que los hombres y las mujeres españolas van a identificarse con esas mujeres veladas que gritan en las manifestaciones contra los israelíes. De hecho, la religión islámica es segregacionista, y sus prohibiciones coránicas están previstas para no convivir con los demás y mantener la identidad tribal del grupo. En vez de apoyar a los laicos, y a quienes huyen de la intransigencia religiosa, se les dice que deben seguir siendo esclavos de su propia cultura. Esa que no ha producido nada interesante desde los siglos XIII-XIV. Y se está a punto de introducir el integrismo en la escuela pública.

La izquierda mediática ha desarrollado deprisa y corriendo una teoría sobre el terremoto francés: la cuestión es que se ha hablado en la campaña de inseguridad ciudadana. Lo grave es hablar, no que exista la inseguridad ciudadana. Lo grave es denunciar el multiculturalismo, no esa forma de desfragmentación social, tan nítidamente medievalista. ¡Nunca se había expresado mejor esa voluntad de censura previa que alienta en el esquema! La izquierda va de esa forma al desastre, pero lo peor es que trasvasa su clientela al fascismo.

¿Puede haber extrema derecha en España? Ya la hay. El PNV es de extrema derecha. Y puede haberla en el ámbito nacional, si el PP se mantiene en sus complejos de progre, sumiso al discurso vacuo de los docentes, y si no se combate la inseguridad ciudadana. La emigración ha de estar relacionada con el contrato de trabajo, y no con papeles esotéricos, y debe pasar por jurar la Constitución. Lo que está fallando, antes de la integración, es la convivencia: el respeto al marco legal.

Nacionalismo salvaje
Armando Añel Libertad Digital  24 Abril 2002

El acorazado Jospin acaba de irse a pique. Y con él la llamada "izquierda plural", que se viera a sí misma como instrumento correctivo de los males del capitalismo y la globalización, como vengadora de la celebérrima derrota sufrida por el igualitarismo en la última década. Y con él, el Partido Comunista galo, especie de cadáver no-exquisito abandonado a su suerte por sus sepultureros: la clase obrera francesa. Y también con él, el estamento político todo, que de tanto ir a la fuente se ha quedado sin cántaro. Desde ya, sufre una sed abrasadora.

Luego de conocer su victoria -no puede llamársele de otra manera- en los comicios del pasado fin de semana, un ultra-nacionalista, xenófobo y anti-globalizador Jean-María Le Pen, exultante ante el hallazgo de su autodefinición ("hombre libre socialmente a la izquierda, económicamente a la derecha y más que nunca nacional de Francia"), hizo un llamamiento "a todos aquellos que creen en la Francia eterna, a los obreros de todas las industrias arruinadas por el euromundialismo de Maastricht, a los agricultores con pensiones de miseria, a las víctimas de la inseguridad en los barrios, pueblos y ciudades", al tiempo que se les ofrecía quimérico, patético pero categórico: "No tengáis miedo de soñar vosotros los pequeños, los excluidos". Una retórica que, salvando las distancias, muy bien habrían podido blandir la trostkista Laguiller, el "republicano" Chevénement o el comunista Hue, pero también Jospin y hasta el propio Chirac.

Al nacionalismo francés, tanto como a su izquierda, le ha llegado la hora de la definitiva radicalización o el decisivo hundimiento luego de jugar durante décadas al gato y el pericote con EE UU y la globalización. La suma de los votos obtenidos en las primeras presidenciales por los extremistas Le Pen, Megret y Boutin rebasó el 20%, mientras que la de los trotskistas Laguiller, Besancenot y Gluckstein, más el comunista Hue, rondó el 15: un 35% de los franceses votó opciones totalitarias. Ante semejante cuadro -en un país que, por añadidura, acoge a 5 millones de musulmanes y 2 millones de inmigrantes (legales e ilegales)-, el futuro pinta gris con pespuntes negros.

Hace ya más de una década que la formación política más votada por el proletariado galo es el Frente Nacional de Le Pen, quien ha fustigado sin misericordia los -a su modo de ver- tres gérmenes fundamentales que padece el cuerpo nacional: la inseguridad ciudadana, la inmigración y el desempleo. Para erradicarlos, el vencedor de Jospin agita la fórmula mágica de un nacionalismo a ultranza, sin comprender -sería mucho pedir- que esa misma patriotería llevará -ya lleva- al país al desastre. La burocratización de la vida francesa, su estatismo, la obsesión de sus principales políticos por demonizar el American Way of Life y a lo que consideran su primogénito, la mundialización (en fin, el liberalismo), la fatal arrogancia con que recientemente criticaran a la Italia de Silvio Berlusconi y Gianfranco Fini, o a la Austria de Jörg Haider, les ha jugado una mala pasada. Son estas visiones y estrategias -no la inmigración, la globalización o el "neoliberalismo"-, las responsables de que el Estado de Derecho corra peligro en Francia. Si la nación abriera su mercado laboral, descentralizara aún más su economía y el Gobierno, dejara de perseguir y/o gravar la iniciativa individual, existiría menos desempleo y, en consecuencia, menos xenofobia. Los inmigrantes, en lugar de recurrir al robo con violencia, acudirían al trabajo con urgencia.

Contra el "neoliberalismo salvaje" que tanto ha descalificado, Francia arrojó un nacionalismo salvaje que no sólo es patrimonio de Jean-María Le Pen o la ultraderecha, sino de casi toda su clase política. Sin embargo, el "destino manifiesto" francés está condenado a estrellarse contra los muros de una aldea global regentada por el sincretismo cultural y la libre empresa: los resultados de las primeras presidenciales así lo indican.

Rancho aparte
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón  24 Abril 2002

Una técnica pujolista que siempre ha dado excelentes frutos consiste en repetir lo mismo sin miedo a provocar la fatiga, la irritación o la náusea del oponente. La eficacia de este método no estriba tanto en la fuerza o calidad de los argumentos como en su reiteración sin desmayo hasta que el interlocutor se rinde por aburrimiento o se le pilla en un momento de debilidad. Artur Mas volvió a explicar anteayer desde la tribuna del Club Siglo XXI la vieja idea de su líder y mentor sobre la «relectura de la Constitución». De acuerdo con esta peregrina concepción, es posible dar satisfacción a todas las aspiraciones de los nacionalistas catalanes sin reformar la Ley de leyes, basta con interpretarla adecuadamente. La cosa consiste en transferir todo lo transferible, y a lo que no lo sea, pues se le aplica el artículo 150.2 de la Carta Magna y santas pascuas. Semejante planteamiento presupone: a) que los dos grandes partidos nacionales están dirigidos por débiles mentales; b) que el conjunto de la ciudadanía española se chupa el dedo; c) que el colectivo de expertos en derecho constitucional que puebla las facultades de leyes y no ha tenido el privilegio de ser adoctrinado en la Pompeu Fabra está dispuesto a comulgar con las ruedas de molino que emanen de la sabiduría catalana, por grande que sea su diámetro. Como es natural, el cumplimiento simultáneo de estas tres premisas no es evidente, pero el President y sus huestes, erre que erre, hasta la victoria final.

El fotogénico delfín expuso pacientemente ante la rebelde grey capitalina que con treinta y ocho transferencias de nada, además de una adecuada presencia activa en la representación española ante la Unión Europea y otras minucias institucionales, se puede llegar a una buena entente. Por supuesto, una vez Cataluña estuviera totalmente segregada de España en términos políticos, administrativos, judiciales, fiscales, culturales y lingüísticos, la cúpula de CiU, siempre dispuesta a colaborar en la gobernabilidad del Estado, podría considerar la posibilidad de ocupar tres o cuatro Ministerios clave en el Gobierno central, de esos de abultado presupuesto, sin olvidar las presidencias de unos cuantos grandes bancos y de varias multinacionales en los sectores de la construcción, de la energía y de los servicios, que hasta ahí estiraría su capacidad de sacrificarse en aras de demostrar sentido de la responsabilidad y espíritu constructivo. La verdad es que la diferencia con el PNV y sus malos modos salta a la vista. De hecho, tenemos un nacionalismo catalán que no merecemos y hay que felicitarles por la mansedumbre y estoicismo con que soportan la incomprensión y los abusos procedentes del otro lado del Ebro.

Mas tiene razón. En estas venturosas condiciones, el café para todos ha llegado a su fin y lo que ahora se impone es el rancho aparte. Sin tocar ni una coma de la Constitución, para mayor virtuosismo.

Los jueces vascos advierten de que habrá más «huidas» si no se incrementa su seguridad
Redacción - Bilbao.- La Razón  24 Abril 2002

Los jueces vascos han solicitado, a través de la Sala de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV), una reunión conjunta al Ministerio y Departamento vasco de Interior para tratar el incremento de la seguridad de los miembros de la Judicatura que, en estos momentos, consideran que es insuficiente. La nueva presidenta de la APM en el País Vasco, María Concepción Marco Cacho, destacó «la inquietud» que existe dentro del colectivo porque «se ha demostrado» que la protección «es insuficiente» y advirtió, en declaraciones a Ep, de que si no se adoptan medidas para extremar la seguridad de los miembros de la Judicatura, la movilidad se potenciará «de forma llamativa».

Marco Cacho reconoció que, tras el asesinato del magistrado de la Audiencia Provincial de Vizcaya el 7 de noviembre, José María Lidón, tanto Ministerio como Departamento vasco de Interior realizaron «esfuerzos» para proteger a todos los jueces. No obstante, añadió que, una vez que escoltas y escoltados han denunciado «la deficiencia» de estas medidas, deben destinarse «todos los medios» para garantizar la integridad de todos los jueces. «Estoy percibiendo día a día que la gente está cada vez más desanimada y que piensa que así no puede seguir», apuntó.
La representante de la APM señaló que esta inquietud está siendo transmitida «continuamente» a los Departamentos dirigidos por Rajoy y Balza, a los que se les ha reclamado un encuentro. Ante la dilación de la celebración de la reunión, la Judicatura les ha emplazado a que ésta se produzca antes del próximo 10 de mayo.

«Buenas palabras»
Para María Concepción Marco, «no existe una respuesta completa a la falta de medidas de seguridad que se aprecia» y subrayó que existen «buenas palabras, pero no hay una respuesta tajante». En este sentido, agradeció a las instituciones el apoyo que han demostrado tras el crimen de Lidón, pero destacó que que «en el día a día es cuando se necesita más apoyo».
Además, recordó que los propios escoltas privados «se sienten desamparados» ante la falta de medios «y ellos nos transmiten esa inseguridad». Por ello, emplazó a los responsables de seguridad a que realicen todos los esfuerzos necesarios para que la protección «sea la máxima».

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