AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 13 Mayo  2002
La brecha vasca
IGNACIO CAMACHO ABC 13 Mayo 2002

Un año sin mejoría

Editorial El Correo 13 Mayo 2002

Polanco, Rato y Mayor, con ETA al fondo
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 13 Mayo 2002

Silbidos contra La Marsellesa
Alberto Míguez Libertad Digital 13 Mayo 2002

Un año después
JOSEBA ARREGI/ El Correo 13 Mayo 2002

Redondo Terreros, convencido de que sus ideas “se acabarán imponiendo de manera inevitable”
Libertad Digital 13 Mayo 2002

Las incertidumbres de Ibarretxe
ISABEL C. MARTÍNEZ | Vitoria El País 13 Mayo 2002

Iturgaiz denuncia un pacto entre el PNV y ETA para proteger a HB

ABC 13 Mayo 2002

Detenidos cinco presuntos colaboradores de ETA entre los que se encuentra un miembro de Batasuna
VITORIA. AGENCIAS ABC 13 Mayo 2002

La brecha vasca
Por IGNACIO CAMACHO ABC 13 Mayo 2002

El trece de mayo la Virgen María bajó de los cielos... y se le apareció a Xabier Arzalluz y a Juan José Ibarretexe cuando estaban con las manos juntas rezando bajo el árbol de Gernica para que la derrota no fuera demasiado traumática. De esto hace un año justo, y a Mayor Oreja aún no se le ha quitado la cara de desengaño aunque las mujeres lo voten en las encuestas como el sucesor más deseado de José María Aznar, mientras que Ibarretxe no parece haberse repuesto todavía de su inesperada victoria, que lo convirtió, de un títere de Arzalluz, en un líder correoso con proyección, relieve y futuro. Un año después, las huellas de la derrota son visibles en el llamado bloque constitucional, que ya no es ni siquiera un bloque. El tardofelipismo ha impuesto sus tesis en el PSE-PSOE, defenestrando a Nico Redondo y abriendo una vía intermedia que consolida la hegemonía del PN. Y el PP aguanta en Euskadi mediante un acto colectivo de moral y de fe, apoyado por la presencia de Mayor, que sabe que marcharse equivaldría a quitar el tapón en un estanque.

Pero la política vasca del PP se sigue cociendo en Madrid, donde Aznar quiere hacer antes de irse lo que le pide el cuerpo, y se siente fuerte para apretarle las tuercas al entorno terrorista a sabiendas de que le respalda la inmensa mayoría de los españoles, la misma que hace un año se descolgó de cualquier atisbo de esperanza en que la sociedad vasca se compadeciera de las víctimas. Esa es la verdadera brecha que se está produciendo entre el País Vasco y España, mal que le pese a Mayor Oreja, al que le duele el abandono moral que provocó en todo el país la evidencia de que la mayoría de los vascos considera relativamente compatible el terrorismo con su desahogado nivel de prosperidad económica.

Ahí, en la brecha moral y psicológica, reside la gran baza actual del nacionalismo. El PNV, cuya actitud frente (o sobre) a ETA es indiscutiblemente más firme desde su victoria, parece apostar por un «demarrage» que consolide su hegemonía para otros veinte años. Los nacionalistas saben que, si se consuma la ilegalización de Batasuna, tendrán una oportunidad para hacerse con su electorado mediante una profundización de su política independentista.

En las elecciones de 2001 le quitaron a los radicales ochenta mil votos procedentes de un abertzalismo que, por un lado, estaba asustado ante la escalada de la violencia, y por el otro no confiaba en Batasuna como dique de contención ante el bloque PP-PSOE. Ahora, el nacionalismo quiere ahondar en la vía de la autodeterminación para asegurarse una hegemonía de larga vida, en la seguridad de que la mayoría de los votos batasunos desembocará en su redil, y bajo la coartada de que eso siempre supondrá una cierta integración democrática del radicalismo. En el fondo, y con la boca chica, esa política confía en el Gobierno de Madrid para el trabajo sucio contra ETA, y en ETA para el trabajo sucio contra el Gobierno de Madrid.

El problema reside en una diferencia de enfoque. Para los españoles y los cada vez más desmoralizados vascos constitucionalistas, el principal problema es el terrorismo; para los nacionalistas, el principal objetivo es el poder. Hace un año, el PNV demostró que llevaba razón al sostener que la mayoría de la sociedad vasca apostaba por su proyecto de país, con terrorismo dentro, antes que por una alternativa esencialmente antiterrorista asociada a una dirección política «española». Esa sigue siendo la clave: dos prioridades diferentes. Ibarretxe lleva razón al hablar de brecha, sólo que en un sentido distinto: es en España donde se está produciendo un desalentado alejamiento, cada vez más cercano a la indiferencia.  icamacho@abc.es

Un año sin mejoría
Editorial El Correo 13 Mayo 2002

Hoy se cumple un año de la celebración de las últimas elecciones autonómicas en Euskadi. El 13 de mayo de 2001 se dilucidaba una prolongada pugna entre el nacionalismo gobernante y la oposición constitucionalista, entre la continuidad y la alternancia. La urnas se inclinaron a favor de la continuidad y, en medio de una participación electoral sin precedentes, la opción encabezada por el lehendakari Ibarretxe salió reforzada. La tensión acumulada en las semanas precedentes y el hecho de que por primera vez la alternancia había aparecido como una expectativa creíble llevó a los vencedores a valorar su resultado de forma excesiva, mientras los perdedores convertían el suyo en germen de frustración. Un año después de aquellos comicios cabe concluir que la causa de la confrontación -la difícil coexistencia de proyectos tan antagónicos- persiste en el País Vasco, sin que haya podido restablecerse la necesaria unidad entre los demócratas para combatir al terrorismo en todos los flancos por los que éste asedia a la sociedad y a sus instituciones. En estos últimos doce meses, los grandes males que aquejan a la convivencia entre los vascos no han experimentado una mejoría sustancial o irreversible. La incomunicación entre el Ejecutivo Ibarretxe y el Gobierno Aznar pudo sortear a duras penas la crucial aprobación de una nueva Ley de Concierto, pero a partir de ahí evidencia la existencia de dos poderes que han convertido su distanciamiento mutuo en fuente de legitimación.

El resultado electoral permitió a Ibarretxe conformar la coalición que deseaba; pero ello -tal y como se vio en el trámite de los Presupuestos- no garantiza la culminación de una legislatura sin sobresaltos. Los esfuerzos por reducir al máximo los efectos humanos y políticos del acoso terrorista revelan la falta de sintonía entre un nacionalismo que trata de minimizar la tensión respecto a la izquierda abertzale y las fuerzas no-nacionalistas comprometidas en situar al radicalismo en el lugar que corresponde a su propio comportamiento. El balance de un año tras el que persiste el desencuentro ha de contemplar, también, la fricción gratuita que sobre todo este panorama provoca la reiterada mención a una futura consulta popular, cuya fecha y contenido parecen formar parte de un enigma alimentado más por la incapacidad de concretarlos que por el secretismo que sugieren sus promotores. La formulación de un argumento circular, según el cual la licitud de la consulta se convertiría en su justificación última, es la mejor demostración de su sinsentido. Máxime en una sociedad que precisa recuperar un clima de consenso político, despejar las incertidumbres extremas y sacudirse con urgencia el yugo del fascismo terrorista.

Polanco, Rato y Mayor, con ETA al fondo
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 13 Mayo 2002

Rodrigo Rato aparece ante todo y ante todos como el responsable directo de presentarle a Aznar la integración de Telefónica en Sogecable como algo absolutamente indiscutible desde el punto de vista empresarial y que la Moncloa difícilmente podría discutir. Entre otras cosas, porque Alierta, después de la devastadora campaña de El Mundo contra su sobrino y otras cercanías, ya no confía en el Gobierno para defenderse, ni en lo personal ni en lo empresarial. Así las cosas, entre cerrar Vía Digital perdiendo dinero o cerrarla quedándose como accionista de un Sogecable de oro en barras, la elección estaba clara. Tan claro como que Rato, tras este inmenso favor a Polanco, podía contar con él para consolidarse como el favorito indiscutible en la sucesión de Aznar.

Pero si Rato ha atado bien la puesta en escena y los argumentos económico-institucionales a favor de la entronización de Polanco como el nuevo Hombre Fuerte de España en el post-aznarismo, hay algo en lo que quizá no ha pensado. O no ha querido pensar. Y es que una máquina de producir opinión tan aplastante y avasalladora como la que tendría Polanco después de su coronación como Emperador de Sogecable podría mediatizar la política del sucesor de Aznar en muchos aspectos que éste considera claves, y especialmente en el que más le preocupa: el terrorismo y el separatismo vascos. Si Polanco, con González y Cebrián como maquinistas, ha hecho descarrilar de hecho la política antiterrorista del Gobierno cargándose a Redondo Terreros y apartando al PSOE de la vía constitucional, ¿alguien piensa que el futuro inquilino de La Moncloa podría resistir -en una situación de tregua-trampa de ETA, referéndum del PNV y circo internacional- una campaña de opinión abrumadora a favor de la “negociación política del contencioso vasco”, de “firmar la paz”, de “evitar más muertes inútiles”, en una palabra, de rendirse a ETA?

Pues sí, hay alguien que piensa que el inquilino de la Moncloa debería resistir. Y, a ser posible, de impedir esa posibilidad antes de que se haga realidad. Se llama Jaime Mayor Oreja. Y parece que aún tiene alguna influencia en el Gobierno de España, o sea, en José María Aznar. Y sigue siendo el presidenciable favorito en todas las encuestas. Ese aspecto del monopolio recién nacido, de Sogecablestein, no lo ha citado nunca nadie, pero puede ser clave en el desarrollo de un proceso aún sin perfilar. Ni mucho menos.

Silbidos contra La Marsellesa
Alberto Míguez Libertad Digital 13 Mayo 2002

Este sábado se celebró en el Estadio de Francia (Paris), el templo deportivo en el que el equipo nacional ganó el Campeonato del Mundo de 1998, la final de la Copa nacional entre los equipos de Bastia y Lorient. El ambiente estaba caldeado y antes de iniciarse el partido sonaron los aires de La Marsellesa, el himno nacional galo. Se produjo entonces un intenso griterío acompañado de silbidos procedentes del sector donde se hallaban instalados los seguidores del Bastia, uno de los dos equipos más conocidos de la isla de Córcega.

El presidente de la República, Jacques Chirac, que asistía al encuentro en la tribuna, se retiró indignado mientras el resto del público reaccionaba e insultaba a los aficionados corsos. Acto seguido, el presidente de la Federación francesa de fútbol se hizo con el micrófono y pidió disculpas al presidente por aquel agravio “indigno e imperdonable” al símbolo máximo de la República.

Lorient ganó finalmente el encuentro y la Copa. Los aficionados corsos regresaron a la llamada “isla de la belleza” hechos unas furias y portando sus pancartas, en las que aparecían, entre otras cosas, metralletas y frases a favor de la lucha armada de los nacionalistas del FNLC (Frente Nacional de Liberación de Córcega). No se produjeron detenciones ni enfrentamientos con las fuerzas del orden pese a que el ambiente estaba caldeado al máximo.

“Más votos para Le Pen”, comentó uno de los periodistas presentes en el Estadio. Meses antes, en octubre pasado y en el mismo campo, se produjo un incidente parecido: en el encuentro Francia-Argelia, cientos de jóvenes “beurs” (hijos de emigrantes argelinos, muchos de ellos con nacionalidad francesa) habían silbado también al himno nacional francés mientras enarbolaban banderas de la República argelina.

Todos los analistas políticos del país coincidieron en que aquel agravio gratuito e irracional proporcionó al “Frente Nacional” de Jean Marie Le Pen miles, tal vez incluso millones de votos en las elecciones presidenciales del 21 de abril, aparte de haber encolerizado a la inmensa mayoría de los ciudadanos que se sintieron agredidos. En aquella ocasión, el presidente Chirac, que también asistía al encuentro, no se retiró de la tribuna y prefirió aguantar el chaparrón. Muchos de sus correligionarios se lo reprocharon. Le Pen se frotó obviamente las manos.

Córcega sigue siendo para muchos franceses una herida abierta en el alma nacional y, por ahora, un problema irresoluble. Los nacionalistas violentos o aquellos que promueven la lucha armada constituyen una minoría insignificante (las elecciones lo prueban sistemáticamente) pero, como sucede en el País Vasco o en Irlanda del Norte, el griterío de unos oculta y silencia los sentimientos de la inmensa mayoría. Los corsos se sienten franceses y sólo un porcentaje ridículo de isleños apuesta por la independencia. Pero esa minoría aprovechó la oportunidad -y el encuentro Bastia-Lorient lo era- para provocar la cólera y el hartazgo de los ciudadanos franceses que desde su casa contemplaban por televisión la final futbolística.

Esta mayoría está literalmente harta de la violencia cotidiana que azota a la isla inspirada o ejecutada por los grupos armados nacionalistas, mezcla de clanes mafiosos y reaccionarios rurales. Pero lo que de verdad tiene hartos a muchos millones de franceses es la repetida y, al parecer, imparable violencia en los campos de fútbol, convertidos en campos de batalla sin ley ni rey. El paralelismo con lo que pasa a veces en España, Italia y el Reino Unido salta a la vista. El fenómeno es universal, por supuesto, pero en nuestros países está alcanzando dimensiones más que preocupantes.

El nuevo Gobierno francés tiene entre sus objetivos principales acabar con la inseguridad generalizada y frecuente en ciertas zonas urbanas o suburbanas. En este escenario de violencia creciente se inscribe naturalmente la que se produce aprovechando encuentros deportivos o artísticos. También ahí las leyes deben reformarse y los jueces y policías ser más severos. Es un clamor generalizado de toda la ciudadanía que los políticos deben escuchar si no quieren que se repita el “efecto Le Pen”. No harían mal también los políticos españoles en mirarse de vez en cuando en el espejo galo.

Un año después
JOSEBA ARREGI/ El Correo 13 Mayo 2002

Muchas veces se ha apuntado a la sensación contradictoria que se tiene al contemplar la realidad política vasca. En ella parece que suceden continuamente acontecimientos muy importantes, que las situaciones varían a una gran velocidad. Pero al mismo tiempo también se tiene la sensación de que las grandes tendencias no cambian, que todo sigue en el mismo sitio, que los problemas permanecen inalterados.

Algo de esto se repite al mirar al año transcurrido desde las últimas elecciones autonómicas: parece que han suedido muchas cosas, que ha habido un gran movimiento, que los planteamientos políticos se han movido. Pero no es posible quitarse de encima la sensación de que lo que realmente importa sigue estando como siempre, sin soluciones a la vista.

Cierto es que el ambiente excepcional que vivió la sociedad vasca en los largos meses previos a la cita electoral de hace un año ha dado paso a una situación no tan exasperada al menos. El paralelo desinfle de la esperanza de unos y del temor de otros ha tenido la consecuencia de rebajar, en parte al menos, la tensión vivida en aquellos meses. La excepcionalidad, si se perpetúa, deja de ser excepcional.

Tras el doble desinfle, unos, el PP, siguen tañendo la misma melodía en la esperanza de que producirá algún día los efectos esperados. Otros, el PSE, han tratado de responder al desinfle buscando recolocarse en el espacio político vasco, sin que realmente termine de quedar claro si se trata de una recolocación de contenidos, ideológica en el fondo, o simplemente de una recolocación medida sólo por la distancia hacia las posibles alianzas.

Los agraciados con el desinfle del temor, y ganadores en esa medida en las últimas elecciones autonómicas, parecen también instalados en la repetición de la melodía probada en Lizarra, eso sí, con la eliminación del acompañamiento de los tambores de guerra y convencidos de que no existe ninguna relación estructural entre ese elemento musical y el resto de los pentagramas que componen la música de Lizarra. Y basados en esa convicción de la separabilidad nítida de ambos elementos, la violencia y los planteamientos nacionalistas radicales; basados en que la meta de una sociedad vasca homogénea en el sentimiento nacionalista nada tiene que ver con el recurso a la violencia por parte de ETA y con la incapacidad o falta de voluntad de Batasuna para condenarla -colocando así la violencia practicada por ETA y asumida por Batasuna sólo en el plano del error táctico o de la maldad ética, pero sin conexión estructural con sus planteamientos políticos, con su convencimiento de que sin violencia no habrá homogeneidad de la sociedad vasca en el sentimiento nacionalista- van consiguiendo centrar la política vasca en la cuestión hamletiana de la consulta popular que no es un referéndum de autodeterminación, pero sí abre la puerta hacia un referéndum de autodeterminación, que se puede plantear o no en esta legislatura, que puede tener este contenido u otro, o no se sabe cuál.

Dirigidos por los nuevos ideólogos orgánicos del nacionalismo -siendo pocos los que de ellos provienen de las filas del nacionalismo tradicional, aunque sí de los tradicionales movimientos revolucionarios-, la política vasca parece instalada en este año, a partir de las elecciones autonómicas, en un plano virtual, que bien mirado y examinado pone de manifiesto que el convencimiento de la separabilidad nítida entre violencia y radicalidad de las metas ni es tan fácil, ni tan seguro, ni tan nítido.

¿Por qué se dirige el sindicato ELA con su nueva oferta de avanzar hacia el soberanismo al resto de fuerzas abertzales, nacionalistas, si lo que está en juego en su oferta es el futuro de toda la sociedad vasca? Probablemente porque los no nacionalistas no cuentan, no existen con capacidad política de decisión, por lo menos no hasta que no sientan en nacionalista, hasta que no tengan conciencia, hasta que en la sociedad vasca no haya madurado el humus necesario para plantear con garantías de éxito la autodeterminación.

Es probable que lo que diferencia a ETA y Batasuna del resto del nacionalismo sea el realismo o la falta de él: ETA y Batasuna creen que sin el chantaje de la violencia los no nacionalistas seguirán siendo un impedimento suficientemente poderoso para impedir que Euskadi/Euskalherria sea un Estado nacional revolucionado, mientras que el resto de nacionalistas cree que es posible la cuadratura del círculo, cree que el proceso sólo puede conducir a hacer de todos los ciudadanos vascos, o de una mayoría suficiente de ellos, protonacionalistas, nacionalistas in spe , o nacionalistas completos, eso sí, respetando lo que implica el derecho a la diferencia constitutiva del pluralismo vasco a sentirse no nacionalistas y a imaginarse Euskadi también desde el no nacionalismo.

El discurso sobre el diálogo sin límites, el discurso del proceso, del camino, el discurso equiparador de la violencia de ETA y de la violencia del sistema, del liberticidio de ETA y del liberticidio del sistema es el velo que pretende ocultar la incapacidad de enfrentarse al reto de construir la nación vasca desde la realidad plural y diferenciada de la sociedad vasca, asumiendo esa pluralidad y esa diferencia interna como valor a desarrollar, transformando para ello el concepto de nación, dejando detrás la exigencia -proveniente más de un mito que de la realidad histórica- de una homogeneidad sustantiva étnica, aunque sea sólo la del sentimiento nacionalista, para pasar a concebir la nación como realidad social constituida por ciudadanos libres que asumen un conjunto de reglas de juego para regular su convivencia; realidad social a la cual cada grupo puede aportar sus sentimientos y sus identificaciones culturales particulares para convertirlas en bien a compartir por todos, y no en régimen de exclusividad.

En este año transcurrido desde las últimas elecciones no se ha dado ningún paso en esta dirección. Si nos preguntamos si hoy la sociedad vasca es más sociedad, está más cohesionada como tal, es más fuerte gracias a la creciente legitimidad de sus instituciones; si éstas son más fuertes, si el tejido y la estructura económica son más fuertes; si la sociedad vasca está más y mejor relacionada con el entorno, pesa más en ese entorno y participa con más influencia en ese entorno, la respuesta probable es que no.

Quizá se esté produciendo la paradoja tremenda de que cuanto más radical se presenta el nacionalismo, menos sociedad integrada y en consecuencia menos nación hay en Euskadi. Es falsa la alternativa autonomismo-soberanismo. La verdadera cuestión radica en cómo se define la nación. Y por la misma lógica tendremos que ir aprendiendo que la alternativa nacionalismo-no nacionalismo es dañina para el futuro de Euskadi: lo que importa es encontrar, trabajar, desarrollar un concepto de nación capaz de satisfacer, parcialmente, a unos sin expulsar, totalmente, a otros.

Mucho me temo que hemos vuelto a perder otro año, ocupados con la realidad virtual, con el debate virtual que nos imponen los nuevos ideólogos del nacionalismo, pidiendo que se pare el tiempo mientras ellos encuentran la solución al problema de la cuadratura del círculo. Y mientras tanto, el mundo a nuestro alrededor sigue sin preocuparse de nuestras obsesiones narcisistas.

Redondo Terreros, convencido de que sus ideas “se acabarán imponiendo de manera inevitable”
Libertad Digital 13 Mayo 2002

El ex secretario general del PSE, Nicolás Redondo Terreros, afirma, un año después del inicio de la séptima legislatura en el País Vasco, que sus ideas se acabarán imponiendo de forma inevitable. Según Terreros, su derrota no fue política sino tribal. “Arzalluz pidió mi cabeza y se la entregaron”, afirma.

Este lunes se cumple un año de la actual legislatura vasca y el que pudo ser lehendakari es ahora un ciudadano de a pie. En declaraciones al diario ABC, Nicolás Redondo Terreros, no se considera perdedor y espera que los que le han sucedido logren el mismo número de votos que obtuvo él. “Me he tenido que ir, pero mi derrota es una derrota orgánica, tribal, pero no política. Arzalluz pidió mi cabeza y algunos se la entregaron, pero no soy un derrotado político. Estoy convencido de que lo que he defendido se acabará imponiendo de manera inevitable”.

Respecto a la ilegalización de Batasuna, el ex secretario general del PSE está de acuerdo con el PP y con el Gobierno ya que considera que la democracia tiene la obligación de defenderse de quienes se burlan de ella. “Lo que me sorprende es ver al nacionalismo más enfadado ante la ilegalización de Batasuna que ante algunos atentados de ETA”. Además, no cree que la ilegalización de este partido pueda empeorar las cosas para quienes saben que pueden ser asesinados.

Nicolás Redondo Terreros asegura que el 13 de mayo del año pasado el nacionalismo sintió miedo de perder por primera vez. Sin embargo, hoy “los nacionalistas están mejor que hace un año, porque el PNV está gobernando como si tuviera mayoría absoluta, pero nadie recuerda que sólo ganaron por 25.000 votos”. En este sentido, considera que el constitucionalismo ha perdido terreno y le preocupa que “algunos de su partido ayuden más a Ibarretxe que a los que no son nacionalistas y me parece grave, muy grave, que algunos no entiendan los motivos por los que luchamos”.

Las incertidumbres de Ibarretxe
Un año después de las elecciones, el 'lehendakari' consolida su liderazgo interno en el PNV, pero no logra sacar a su Gobierno de la precariedad parlamentaria
ISABEL C. MARTÍNEZ | Vitoria El País 13 Mayo 2002

Hace hoy un año, el País Vasco sancionó con el voto la etapa más convulsa y crispada que haya vivido desde la transición. También arrumbó, aunque por la mínima y con una participación sin precedentes -33 escaños (604.000 votos) de la coalición PNV-EA frente a los 32 (580.000 sufragios) de la suma PP y PSE, en un Parlamento de 75 escaños-, la expectativa de una alternativa de gobierno al nacionalismo, en el poder desde 1979. Los tres diputados de IU se sumaron al Gobierno de Juan José Ibarretxe (PNV), que funciona en minoría con 36 diputados, en la confianza, y la exigencia, de que el rechazo hacia Batasuna impida la suma de sus siete escaños a los de la oposición democorática.

Aquella victoria tuvo un protagonista, lo mismo que el año que ha transcurrido desde entonces: el lehendakari Ibarretxe, de 44 años. Avalado por ella, y con la retirada en perspectiva de Xabier Arzalluz como presidente del partido, ha consolidado un liderazgo interno en el PNV, que hacia fuera, sin embargo, se ve limitado por la precaria situación parlamentaria de su Gobierno, incluso después de sumar las fuerzas de tres partidos.

Convencido quizá, pero también obligado por sus propias condiciones, Ibarretxe pilota una ligera corrección del rumbo de su partido, siempre desde el sitio en que se colocó para ganar las elecciones y desde el que quiere abordar las municipales: entre Batasuna y el PP, ni con Aznar ni con Otegi, en la retórica del diálogo, la condena de la violencia, el compromiso ético con los derechos humanos y la pluralidad.

Su verdadero problema, la gobernabilidad, lo tiene, sin embargo, intacto, y así está también prácticamente todo su calendario legislativo. Llevó a buen puerto el pacto para los nombramientos institucionales, pero el acuerdo con los socialistas se quebró en lo relativo al Ararteko (Defensor del Pueblo) mientras el lehendakari estaba en Cuba. Desde allí intentó, sin éxito, reconducir la situación, llamada de atención a Egibar incluida para que cumpliera la palabra dada.

La pesadilla de los Presupuestos le espera de nuevo después del próximo verano con la negocición de las cuentas del año 2003, y mientras esquiva obligaciones como la de someter al Parlamento el nombramiento del director general de ETB, que no puede garantizarse con las fuerzas del PNV, EA e IU: el actual fue nombrado en la anterior legislatura con los votos de Batasuna.

Ibarretxe supera este aniversario sin aclarar del todo sus intenciones de futuro -la nebulosa sigue envolviendo esa consulta sobre la autodeterminación comprometida en el programa electoral, que sus socios de EA le reclaman-, tal vez porque su margen de maniobra está limitado por esas fuerzas insuficientes.

En todo caso, es señuelo imprescindible para el vaciamiento de Batasuna, que cuenta ahondar en las elecciones municipales del próximo año, y en las que le espera el reto de subrayar su triunfo del año pasado: su objetivo es la recuperación de la Diputación de Álava y los ayuntamientos de Vitoria y San Sebastián, con prioridad absoluta para la primera.

Sólo en este último tramo del año transcurrido Ibarretxe ha logrado enderezar algo una situación que tuvo bloqueados sus principales problemas hasta hace prácticamente dos meses: la negociación del Concierto Económico, la aprobación de los Presupuestos de este año y la ausencia de cualquier indicio de reconciliación en lo más básico con la oposición.

El periodo que se le abre ahora está condicionado por las elecciones municipales de 2003, con la distorsión de expectativas que introduce la posible ilegalización de Batasuna y las vacilaciones de sus socios de EA ante la reedición de la coalición del año pasado. Inmediatamente depués, el PNV tiene que volver la vista hacia sus asuntos domésticos: tendrá medio año antes de su asamblea de enero de 2004, que incluye la retirada y relevo de Arzalluz. Para entonces le quedará sólo otro año de mandato.

Después de los plenos monográficos de otoño sobre pacificación y autogobierno, que Ibarretxe abordó sin un mínimo acercamiento a ningún partido, y de los que quedó en marcha una comisión parlamentaria que hará un primer balance en junio, los Presupuestos pusieron al Gobierno ante su realidad minoritaria: lo aprobado se lo debe a los votos de Batasuna, y los créditos complementarios para resolver las partes rechazadas, a la abstención de los socialistas.

La escandalera suscitada por los resortes reglamentarios que el lehendakari hizo mover para evitar la devolución de los Presupuestos se sumó a unas negociaciones del Concierto bloqueadas, que le desgastaron y le procuraron tensiones internas, y además ETA emprendió una nueva oleada de atentados contra cargos del PSE.

Ibarretxe tuvo que soltar lastre: el 20 de febrero se avino a firmar el Concierto, aparcando su exigencia de comprometer en él el derecho de su Gobierno a la presencia en órganos de la UE y tras estirar hasta el extremo una estrategia que se demostró equivocada y que el Parlamento vasco se negó a respaldar.

Dos días después, el 22 de febrero, logró reunir a los partidos, bajo su presidencia en una mesa que por nombre lleva esa fecha, para abordar la seguridad y el apoyo a los concejales amenazados por ETA y su entorno. El resultado son los recién cerrados acuerdos en seguridad y reformas legales de la Mesa de Arkaute, de la que el PP se apeó a medio camino, y la declaración municipal de condena a ETA y respaldo a los amenazados, que compromete a los firmantes a no pactar acuerdos de ningún tipo con quien no la secunde.

Frágil y mínimo consenso
A día de hoy puede exhibir esa vacilante y frágil reconducción de relaciones y mínimo consenso entre los partidos, muy por debajo del que ya se consiguió en el pasado, y en el que los muy optimistas, y sus más furiosos detractores, Batasuna, quieren ver el germen de la reconstrucción 'desde abajo' de la unidad democrática del Pacto de Ajuria Enea frente a ETA.

Sin recomponer, ni visos de interés por ninguna de las dos partes, están las relaciones con el Gobierno central, Aznar y el PP. El recurso ante el Tribunal Constitucional contra la Ley de los Presupuestos y una reapertura de negociaciones de transferencias sin expectativa ninguna de acuerdo dan fe de ello.

Los cambios y rectificaciones más perceptibles son los que el presidente vasco ha digirido hacia las víctimas del terrorismo y las personas perseguidas por ETA: desde el incremento de las medidas de seguridad y la moción de apoyo hasta el establecimiento de una dirección, en el organigrama del Departamento de Interior, dirigida por la viuda del socialista Juan María Jáuregui, Maixabel Lasa, o la colocación de un pacifista independiente, Txema Urkijo, procedente de Gesto por la Paz, al frente de la Dirección de Derechos Humanos, dependiente de Justicia. O su presencia, este año, en el homenaje a Fernando Buesa en el segundo aniversario de su asesinato. La consecuencia más visible de estos gestos ha sido el silencio de plataformas como el Foro Ermua o ¡Basta Ya!

La factura de los perdedores
Batasuna pagó su derrota del 13 de mayo de 2001 con la factura más cara, en términos de votos (perdió 81.000 de sus 224.000) y de escaños (la mitad de sus 14). El precio fue una escisión -el grupo Aralar, liderado por el navarro Patxi Zabaleta-, la pérdida de los muchos satélites que atrajo durante la tregua de ETA y una incomodidad creciente, sobre todo entre muchos de sus alcaldes, poco dispuestos a repetir candidatura, y concejales que han dimitido.

Además, la amenaza de la ilegalización soterra ahora ese movimiento. El PSE-EE ha pagado con una crisis interna, concluida en la dimisión de Nicolás Redondo, y un congreso extraordinario desde el que su sucesor, Patxi López, intenta ahora reubicar al partido. El PP fue el gran defraudado en sus expectativas de alcanzar Ajuria Enea, pero el amparo de la mayoría absoluta de José María Aznar en el Gobierno central le libra de cualquier consecuencia negativa. Sí ha tenido que reanudar sus relaciones con Ibarretxe, interrumpidas año y medio. Y, si acaso, se ha visto arrastrado a participar en iniciativas como la reunión del 22 de febrero o la moción municipal de apoyo a los ediles amenazados, que rentabiliza el lehendakari y que Jaime Mayor no desea, pero a las que una negativa resulta complicada de justificar, incluso internamente.

Iturgaiz denuncia un pacto entre el PNV y ETA para proteger a HB
ABC 13 Mayo 2002

Hoy se cumple un año desde que PNV y EA ganaran las elecciones para formar el segundo Gobierno vasco de Juan José Ibarretxe. Aunque el tripartito -PNV, EA e IU- se muestra satisfecho con la gestión realizada, las críticas de la oposición son constantes. Ayer, Iturgaiz acusó a Ibarretxe de «desobediencia civil y política» por querer plantear una consulta sobre autodeterminación.

MADRID. Durante esta etapa, la gestión de Ibarretxe no ha sido cómoda. A las complicaciones que tuvo el PNV para conseguir aprobar los presupuestos vascos -que ahora están recurridos ante el Constitucional- se une la continua crispación política y social que se vive en el País Vasco.

De hecho, ayer, el presidente de los populares vascos, Carlos Iturgaiz, denunció en Marbella, en el transcurso de un congreso de Nuevas Generaciones, la existencia de un pacto entre la banda terrorista ETA y el PNV para evitar la inhabilitación de Batasuna y criticó el apoyo que los terroristas están dando al PNV en lo que se refiere al referéndum de autodeterminación propuesto por el lendakari Juan José Ibarretxe. Consulta que Iturgaiz calificó de «secesionista».

En cuanto a la gestión del Ejecutivo de Ibarretxe al cumplirse un año de las elecciones del 13-M, populares y socialistas se mostraron muy críticos al destacar la debilidad y la radicalidad que marca la gestión nacionalista. El secretario general del PSE de Álava, Javier Rojo, calificó de «muy negativo» y lleno de «trampas» el año de gobierno del PNV. Un año que para Rojo ha sido «decepcionante» y ha estado marcado por las «ambiciones soberanistas» del Ejecutivo de Ibarretxe.

Por su parte, el portavoz del PSE en el Parlamento vasco, Rodolfo Ares, señaló que este año se ha caracterizado por la imposibilidad del PNV de sacar adelante su proyecto político a través de un Gobierno «débil» por estar en minoría. «El lendakari hizo una apuesta equivocada», sentenció el dirigente socialista.

En la misma línea crítica que los socialistas, Jaime Mayor Oreja aseguró ayer que el Gobierno vasco no se ha olvidado del Pacto de Estella para conseguir «la herencia de Batasuna». A su juicio, durante esta etapa, los nacionalistas han apostado por «la resistencia y la obstrucción» ante cualquier iniciativa del Ejecutivo central y por la «administración de la política de humo y de la apariencia.

El lendakari Ibarretxe, sin embargo, considera que tras las elecciones autonómicas vascas, la situación cambió «de forma sustancial». No obstante, cree necesario «buscar un nuevo pacto para convivir entre España y Euskadi desde el respeto y la libre adhesión».

Detenidos cinco presuntos colaboradores de ETA entre los que se encuentra un miembro de Batasuna
VITORIA. AGENCIAS ABC 13 Mayo 2002

La Audiencia Nacional ordenó hoy la detención de cinco presuntos colaboradores de la banda terrorista ETA, entre los que se encuentra el miembro de las Juntas Generales de Batasuna en Alava, José Blanco, que ha sido arrestado por una condena que tenía pendiente relacionada con su vinculación con el ´comando Vizcaya´ de la banda terrorista.

Por orden de la Sección Tercera de la Audiencia Nacional, José Blanco fue detenido esta mañana en la localidad alavesa de Llodio por una condena que tenía pendiente por "vinculación a actividades terroristas", según informó el portavoz de Batasuna en las Juntas Generales de Alava, Iñaki Usategi.

Los otros cuatro fueron detenidos en Vizcaya. Concretamente, Karlos Garrido y Joxe Mari Tokaro, en la localidad de Sopelana, Andone Soldevilla en Bilbao y Mila Etxebarria en Erandio. El fiscal solicitó el procesamiento de todos ellos por colaboración con ETA por la que solicita una pena de siete años de prisión.

DOS VECES DETENIDO
José Blanco, de 34 años de edad y natural de Barakaldo, ya había sido arrestado en dos ocasiones anteriores por su relación con ETA. En 1986, fue enviado a prisión por almacenar armas y explosivos en su domicilio. Su detención estuvo relacionada con la desarticulación, el 22 de enero de 1986, del ´comando Pagaza´ de la banda.

En esa operación, fueron arrestados Iñigo Basterra Respaldiza, alias ´Eneko´, Francisco Javier Ordoñez Medina, alias ´Patxi´ y Alberto Cuartango Treceño, alias ´Tito´. Blanco guardaba en su domicilio un subfusil MAT, ocho kilos de explosivo ´goma 2´, dos granadas de mano con el anagrama ETA, cordón detonante, temporizadores y otros elementos para la producción de explosivos.

Ya en 1998, volvió a ser arrestado en una operación de la Ertzaintza contra el ´comando Vizcaya´, en la que fue enviado a prisión por la Audiencia Nacional por presunta colaboración con banda armada. En aquella intervención, en un piso de la localidad de Gernika, se produjo un tiroteo, en el que resultó muerta la terrorista Ignacia Zeberio y herido el etarra José Ignacio Bilbao Gaubeka, que trató de huir saltando por una ventana y se rompió una costilla en la caída. El tercer ocupante del piso, Francisco Marqués Zelaia fue detenido sin oponer resistencia. En la operación se efectuaron once registros más en distintas localidades de Vizcaya y Alava. En uno de ellos fue detenido Blanco.

El miebro de Batasuna y otras doce personas integraban la estructura del ´comando Vizcaya´, en calidad de colaboradores, miembros ´liberados´ (a sueldo de ETA) y ´legales´, es decir, aún no fichados por la Policía. El portavoz de la coalición abertzale en el Ayuntamiento de Vitoria, José Enrique Bert, recordó que Blanco estuvo en las listas electorales de Euskal Herritarrok en 1999 como juntero, cuando estaba preso y posteriormente fue puesto en libertad. Previsiblemente, la detención se deba a la resolución de la sentencia, ya que el juicio tuvo lugar hace dos meses.

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