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Recortes de Prensa     Lunes 20 Mayo  2002
Todo Madrid, objetivo de Eta
Editorial La Razón 20 Mayo 2002

HB-EH: Comienza la cuenta atrás
José Antonio SÁNCHEZ La Razón 20 Mayo 2002

Ibarreche destina 12 millones de euros a los centros de euskera dentro y fuera de España
M. R. Iglesias - Madrid.- La Razón 20 Mayo 2002

Para acabar con ETA hay que deslegitimar su discurso político
EMILIO ALFARO | Bilbao El País 20 Mayo 2002

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Todo Madrid, objetivo de Eta
Editorial La Razón 20 Mayo 2002

Temor e indignación se hacen inevitables al saber que los asesinos etarras detenidos la pasada semana en Madrid disponían de un listado con el nombre y domicilio de todos y cada uno de los ciudadanos inscritos en el censo electoral de la circunscripción madrileña, un documento necesariamente restringido que sólo se entrega a los partidos políticos para que puedan hacer llegar a los votantes sus propuestas electorales. Así pudieron hacerse con los datos reservados de los españoles los batasunos, cuando se presentaron como candidatura en las últimas elecciones al Parlamento Europeo. Y así, por medio de su brazo político, se sospecha que Eta habría obtenido tan extraordinaria base de datos para elegir con mayor facilidad sus objetivos y averiguar los domicilios de las víctimas.

Por más que sea inadmisible que los datos de los ciudadanos hayan llegado a manos de los terroristas, es ya un hecho inevitable, que no puede repararse, pero que resalta el acierto y la necesidad de la nueva Ley de Partidos Políticos que los nacionalistas rechazan.
La solución no estriba en restar a los partidos democráticos una información básica para sus campañas electorales: la solución es que los terroristas no puedan ampararse en la estructuras de un partido político y aprovecharse del sistema de libertades para asesinar y atacar al estado de Derecho con impunidad. De haber existido la ley hace años, ETA no dispondría hoy del censo electoral.

HB-EH: Comienza la cuenta atrás
José Antonio SÁNCHEZ La Razón 20 Mayo 2002

Es posible, el futuro siempre es incierto, que la nueva Ley de Partidos Políticos no contribuya a acabar de manera rápida con Eta, fin último de la sociedad española y de sus dirigentes, pero servirá, una vez aprobada por el Parlamento, para que la dignidad nacional ocupe el lugar que le corresponde. Cada vez que alguien jalea a una pandilla cuya única actividad «laboral» conocida es la de matar, se está abofeteando a la ciudadanía, que recibe semejante escarnio, no tanto por el hecho de que unos pocos descerebrados animen a los perros a seguir la caza, sino por la pasividad de los poderes públicos con semejante jauría.

Por eso ha sido acogido con entusiasmo y satisfacción el acuerdo entre populares y socialistas sobre la Ley de Partidos, acuerdo al que se suma ahora el nacionalismo catalán, tal y como ha dejado nítidamente claro el presidente Pujol al subrayar que CiU se equivocó cuando apoyó el pacto de Lizarra. Es posible que algunos socialistas, admiradores de Pascual Maragall, expresen su rechazo a la Ley de Partidos Políticos, pero ello no pasará de ser una laguna dentro de un océano. El consenso entre las dos grandes fuerzas nacionales era imprescindible y se ha logrado. Parece razonable que quienes aprueban las leyes, los diputados y los senadores, sean los que insten la deslegalización de un partido cuando éste se sale de los cauces legales y democráticos. Quienes forman parte, por activa o por pasiva, del entramado terrorista tienen que padecer las consecuencias de las leyes y no beneficiarse, como hasta ahora ocurre, de la legalidad vigente.

No cabe duda de que el binomio «legislación-eficacia policial» puede producir un daño irreparable en el conglomerado terrorista, con el beneficio que ello aporta al Estado de Derecho. También la colaboración internacional es cada vez más necesaria. Las últimas acciones policiales contra Eta y la reacción desmesurada del nacionalismo vasco contra la ley, demuestran que populares y socialistas van por el camino correcto. Urge poner fin a situaciones que producen sonrojo y perplejidad en las conciencias sensibles, como el hecho de que el gobierno autónomo vasco financie a una coordinadora cuyas cuentas han estado intervenidas por la Audiencia Nacional por presunta vinculación con Eta. Los intentos de algunos oportunistas por dividir a los dos grandes partidos han fracasado. Como bien ha dicho el ministro de Justicia, Ángel Acebes, con la negociación de la Ley de Partidos Políticos «la única que ha salido derrotada ha sido Eta».

Y este fin de semana se ha dado un paso más en la lucha contra la violencia, un avance que es consecuencia de los sucesos del 11-S. Dirigentes europeos e hispanoamericanos, presididos por José María Aznar, se han comprometido a reforzar la cooperación contra el terrorismo. ¿Ha comenzado la cuenta atrás?

Ibarreche destina 12 millones de euros a los centros de euskera dentro y fuera de España
M. R. Iglesias - Madrid.- La Razón 20 Mayo 2002

El Gobierno Vasco, a través del Instituto de Alfabetización y Euskaldunización de Adultos, HABE, ha entregado, más de doce millones de euros (2.015 millones de pesetas), a los centros de enseñanza de euskera (euskaltegis) privados y a varios centros vascos en el exterior, sobre todo de Iberoamérica.

Según la resolución del Gobierno Vasco, a la que ha tenido acceso LA RAZÓN, durante el pasado curso HABE concedió un total de 36 subvenciones y ayudas a los euskaltegis privados y a los centros vascos para la enseñanza del euskera entre la población adulta. Los más beneficiados son los centros de euskaldunización integrados en AEK, una polémica red de euskaltegis investigados por el juez Garzón por su integración en el entramado financiero de Eta.

La mayor subvención, casi tres millones de euros (500 millones de pesetas), han ido a parar al euskaltegi de AEK de Bilbao. El centro de esta misma red en San Sebastián ha recibido más de un millón de euros (177 millones de pesetas) y el de la capital alavesa ha conseguido ayudas por importe de 628.270 euros (104 millones de pesetas).

Aparte de AEK, entre las asociaciones privadas que se dedican a la enseñanza del euskera y reciben subvención del Ejecutivo de Ibarreche también destaca «Ardatz Kultur Elkartea» que se ha beneficiado con más de doscientos millones de pesetas.

JOSEBA ARREGI, EX PARLAMENTARIO AUTONÓMICO DEL PNV
'Para acabar con ETA hay que deslegitimar su discurso político'
EMILIO ALFARO | Bilbao El País 20 Mayo 2002

Joseba Arregi, militante del PNV y ex portavoz del Gobierno vasco, no duda de que su partido quiere que acabe cuanto antes la violencia terrorista, pero discrepa de quienes consideran que, para lograr este objetivo, 'hay que hacer algo de lo que ETA reclama políticamente'. El verdadero problema, a su juicio, es que, 'para terminar con ETA, hay que deslegitimar su discurso político, y eso obliga también a reformular el propio nacionalismo'.

Joseba Arregi Aranburu (Andoain, Guipúzcoa, 1946), ha sido consejero de Cultura, portavoz del Gobierno vasco y parlamentario del PNV antes de acreditarse como un riguroso y comprometido observador de la realidad de Euskadi. Partidario de un nacionalismo incluyente e integrador, da clases de Sociología en la Universidad del País Vasco y hace oír su voz a contracorriente de los aires soberanistas dominantes en la dirección de su partido.

Pregunta. Transcurrido un año de las últimas elecciones autonómicas, ¿qué ha cambiado en la política vasca?
Respuesta. Se ha transportado la política a un plano virtual, en el que todos los proyectos son posibles, porque tienen muy poco que ver con la realidad. Y también me da la impresión de que se está perdiendo un tiempo precioso. Ha pasado un año, y estamos más o menos como antes.

P. ¿No aprecia ningún cambio, algo más de distensión?
'La política se ha situado en un plano virtual. Los proyectos tienen poco que ver con la realidad'
R. La vida política está más distendida, pero eso no ha sido el resultado de una reflexión seria sino más bien producto del cansancio, o de la esperanza de ver si pasa algo mágico que resuelva por sí mismo los problemas pendientes.

P. ¿Cree que hay en Euskadi una grave distorsión entre el discurso político y las preocupaciones reales de la gente?
R. Creo que por un lado se vive y por otro se discute. Hoy mismo [por el jueves pasado] leía unas declaraciones del presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa, que dice que se debe poder debatir sobre la autodeterminación; que si se planteara ésta como radical separación de España habría una mayoría amplísima que diría que no, pero que, en todo caso, debería ser posible preguntar a la gente. Por mucho que algunos se empeñen, éstas son cuestiones que tienen muy poco que ver con la vida diaria. Han surgido y se han planteado como posibles soluciones de pago político para solucionar el problema de la violencia. La vía de Lizarra, que fue cuando se pusieron encima de la mesa, fracasó. Ya no valen para dar una salida a ETA y, sin embargo, perviven.

P. ¿Tiene la impresión de que en Euskadi se juega una especie de prórroga infinita y los dirigentes políticos esperan a que las siguientes elecciones o un movimiento del contrario les resuelvan los problemas que se resisten a afrontar?
R. Llevamos cuatro o cinco años a la espera de que alguien o algo, unos resultados electorales, la Conferencia de Paz de Elkarri, o la transposición del proceso de Irlanda del Norte -ya nadie habla de Palestina-, nos dé la receta que termine cuadrando el círculo, en vez de reconocer que el cuadrado es cuadrado y nunca va a ser círculo. Y eso es algo que en la época de la Mesa de Ajuria Enea estaba bien orientado, pero que nunca ha terminado de cuajar, porque paralelamente hubo otra trayectoria, que era la de la búsqueda de la negociación con HB y con ETA, que llevó al final a Lizarra y todo lo demás. Y este proceso, en vez de ayudar a la consolidación institucional vasca, ha conducido al cuestionamiento de las instituciones y del marco estatutario.

P. Desde el nacionalismo se reconoce retóricamente el valor de la pluralidad, pero en la práctica se cuestiona en los proyectos que se enuncian.
R. En el nacionalismo dominante existe la posición de decir: 'Estoy dispuesto a asumir que el país es plural, una vez que me reconozcan que hay que institucionalizarlo al modo nacionalista. Una vez que me acepten esto, vamos a ser buenos y permitir que la gente siga hablando y estudiando en castellano, que hasta pueda tener alguna relación con España y vote para el Congreso'. Es lo que llamo el pluralismo paternalista o 'con permiso'. Pero el verdadero pluralismo significa que esta sociedad no se puede institucionalizar de forma unívoca; que por muchas vueltas que se le dé, tiene que hacerse a través de un pacto interno en el que ni una concepción ni la otra va a ser la definitoria. Porque ésa es la realidad del país y es bueno que siga siéndolo.

P. Tanta experimentación política alrededor del ser y el decidir podría hasta ser entretenida si no fuera porque al hilo de ese discurso otros matan y aterrorizan.
R. Claro. Porque mientras tanto hay gente que pasa miedo, tiene que llevar escolta, o marcharse, y hay personas que son asesinadas. Históricamente, todas estas cuestiones en torno al ser y al decidir han pasado a formar parte del discurso como propuestas de solución al problema de ETA. Sin embargo, la continuidad de la violencia y el creciente rechazo social al pago de un precio político para el fin de la violencia han hecho que esas soluciones se hayan desvinculado del fin para el que fueron pensadas y hayan cobrado una vida independiente, situándose en una especie de limbo: no son solución a la violencia; tampoco tienen que ver con la realidad, pero condicionan todo.

P. ¿Es usted de los que creen que en Lizarra el PNV, consciente o inconscientemente, tomó la decisión de asumir el liderazgo de la comunidad nacionalista renunciando a ser el eje vertebrador de la sociedad vasca?
R. En un momento nos creímos que teníamos todos los boletos: acabar con la violencia, conseguir la paz, alcanzar nuestros fines nacionalistas, aparecer como más demócratas que nadie; y encima, con el aplauso de todo el mundo. Como dijo más tarde un ideólogo del MLNV, la paz es entrega de las armas por presos, mientras que Lizarra es la apuesta que por primera vez hacen todos los nacionalistas para conquistar la hegemonía en la comunidad autónoma y definir la sociedad vasca en términos exclusivamente nacionalistas.

P. El lehendakari y su partido han situado como uno de los ejes de su actuación el compromiso ético con las víctimas de la violencia, pero se resisten a dar pasos políticos decididos contra quienes practican la violencia o la disculpan.
R. No juzgo nunca intenciones. Sí digo que sólo existe el sí a la vida cuando se concreta en normas que la protegen y la garantizan. Y en la solidaridad con las víctimas, lo mismo. Se puede llorar con las familias de Fernando Buesa o José Luis López de Lacalle, pero la proximidad con las víctimas exige tener en cuenta por qué les mataron. Si no, la solidaridad está vacía de contenido político. Si defendemos que los asesinatos y la violencia terrorista tienen una intencionalidad política, no podemos decir que la víctima asesinada y lo que representa no tiene significado o trascendencia política. La ética debe tener una traducción política.

P. ¿Plantear el debate sobre el derecho del pueblo vasco a decidir o a ser consultado es una forma de evitar precisar cuándo y sobre qué se le pide que decida?

'No quiero una nación que sea una especie de gueto dentro de la sociedad vasca'
R. Esta cuestión forma parte de ese mundo virtual al que me refería. Esta cuestión sigue planteándose porque, aunque se diga que no se plantea como final de la violencia, indirectamente sí tiene algo que ver: se suscita la consulta o la autodeterminación para vaciar de votos a Batasuna, que irían a PNV-EA, pensando que así se puede conseguir, a medio plazo, el fin de ETA.

P. ¿Cree que el lehendakari Ibarretxe realizará finalmente la consulta con la que amaga?
R. Estoy convencido de que no habrá consulta en el sentido de algo previo o preparatorio para el referéndum de autodeterminación. Consultas, haberlas, las hay, y casi continuas.

P. ¿Por qué se ha consolidado en el nacionalismo gobernante una especie de rechazo a la posibilidad de que ETA sea derrotada policial y judicialmente?
R. La postura del nacionalismo es bastante contradictoria. Cree que la violencia hace daño a sus postulados y quiere que acabe cuanto antes, y por otro lado tiene el convencimiento de que para terminar con el terrorismo hay que hacer algo de lo que ETA reclama políticamente. No creo que sea tanto una cuestión de miedo a enfrentarse. La dificultad quizá es otra: para terminar con ETA hay que deslegitimar su discurso político, y eso obliga también a reformular el propio nacionalismo; dar el salto definitivo de la defensa de la comunidad étnica a un nacionalismo en el que tenga cabida la sociedad, un nacionalismo constituido por ciudadanos, no por miembros del pueblo.

P. ¿Le preocupa haber quedado en solitario como la voz crítica del PNV tras la expulsión del partido de Emilio Guevara?
R. Para mí, ser nacionalista es tener amor a mi país y comprometerme con el conjunto de la sociedad vasca. No quiero una nación que al final sea una especie de gueto dentro del conjunto de la sociedad vasca. No es eso lo que he aprendido en la tradición nacionalista en la que he nacido y he sido educado.

P. ¿El PNV necesita para afirmarse a un PP que le cuestione?
R. O si no lo necesita, lo crea. Sí que hay una especie de retroalimentación. En los nacionalismos, no sólo son imaginadas las comunidades nacionalistas, también son imaginados los otros frente a los cuales se afirma lo propio. Y es probable que para el PP suceda algo parecido; ha ayudado a construir ese otro que es el nacionalismo vasco absolutamente radical y que le viene muy bien para su estrategia.

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