AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 30 Mayo  2002
Lizarra ha muerto. Viva Lizarra
Ernesto Ladrón de Guevara es portavoz de Unidad Alavesa La Razón 30 Mayo 2002

Detención alarmante
Editorial ABC 30 Mayo 2002

Otegi se ríe desde su olimpo
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 30 Mayo 2002

«Si la exaltación del terrorismo no es terrorismo, ¿qué es exactamente», dice el fiscal
MANUEL MARÍN ABC 30 Mayo 2002

Las guerras de nuestros antepasados
Luis María ANSON La Razón 30 Mayo 2002

De Sokoa a la maraña empresarial de ETA
ABC 30 Mayo 2002

¿Grupo armado vasco
Iñaki EZKERRA La Razón 30 Mayo 2002

ETA sería mucho más débil sin sus topos
Impresiones El Mundo 30 Mayo 2002

Apología del terrorismo
Francisco MARHUENDA La Razón 30 Mayo 2002

El legislador demediado
JESÚS ZARZALEJOS, profesor de Derecho Procesal ABC 30 Mayo 2002

Prevaeditoriales
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 30 Mayo 2002

Ecuanimidad y recto juicio
JUAN CARLOS ALONSO El Correo 30 Mayo 2002

Jueces políticos
MARTIN PRIETO El Mundo 30 Mayo 2002

Críticas del PP ante la “parcialidad” de los informativos de ETB ante la Ley de partidos
EFE Libertad Digital 30 Mayo 2002

Algo más sobre la Ley de Partidos (y 2)
MITXEL UNZUETA/ El Correo 30 Mayo 2002

«En la Iglesia vasca, el nacionalismo ha sustituido a la piedad», afirma Iñaki Ezkerra
OLATZ BARRIUSO/BILBAO El Correo 30 Mayo 2002

Lizarra ha muerto. Viva Lizarra
Ernesto Ladrón de Guevara es portavoz de Unidad Alavesa La Razón 30 Mayo 2002

De nuevo Ibarretxe nos marca la pauta de lo que es ser buen vasco. En la última edición de Ibialdia Ibarretxe nos invita a hablar en euskera para alcanzar el nirvana del de las esencias vascas por antonomasia. Evidentemente, sensu contrario, Ibarretxe no nos considera vascos a los que no hablamos euskera, con lo que nos deja a la mayor parte de los alaveses y a otros amplios territorios y ciudades vascongados fuera de su club de elegidos. Eso a pesar de que durante siglos el euskera se dejase de hablar en esos ámbitos y de que no pasara absolutamente nada por compartir espacios y diferentes maneras de vivir lo vasco, en un ejemplo de pluralidad y tolerancia pacífica. Con la carrera de obstáculos que nos impone el nacionalismo para ser vascos a uno le dan ganas de dimitir y pedir ser otra cosa. A fin y al cabo la vida es muy corta y no merece la pena que le compliquen a uno la existencia tanto, sobre todo con problemas que no son los que suele traernos precisamente la lucha por la supervivencia como humanos. Los nacionalistas acostumbran a poner barreras y dificultades para que todos seamos iguales, para que podamos ejercer la ciudadanía en paz y libertad. Los nacionalistas repudian el concepto ilustrado de ciudadano, prefieren separarnos en castas: los que son nacionalistas y los que no lo son, los que tienen carné vasco y los que no, los que son euskaldunes y los que no lo son aunque sean más vascos que la boina de mi abuelo, etc.

El caso es poner límites, diferenciarnos y clasificarnos. En eso sólo son superados, por no decir igualados por los regímenes totalitarios. Al menos han evolucionado algo desde su fundador Sabino Arana, pues aquel decía que si los españoles hablaran euskera habría que repudiarlo, pues sería un ultraje para los vascos. Ahora parece que no importa que lo hable quien sea, aunque venga de Madagascar, adquiriendo así la condición de vasco. Algo es algo En otro orden de cosas, ¿vaya la que se ha armado en el pleno último de Tierras Esparsas de las Juntas Generales de Álava! Pleno tradicional donde los haya, y que recoge una costumbre que tiene quinientos años, de celebrar pleno ordinario en noviembre y en mayo. El motivo de la trifulca es que la presidenta de esa Institución, a la sazón del partido socialista, con un criterio muy lógico ha omitido su invitación a los concejales de Batasuna en el municipio de Zigoitia, que es donde en esta ocasión se celebraba el Pleno en cuestión. El caso es que el PNV, haciendo cuerpo común con Batasuna boicoteó el dicho cónclave vindicando el derecho de los concejales de este partido a acudir a dicho acto tradicional. Hace menos de diez días se aprobó en la Asociación de Municipios Vascos (EUDEL) un acuerdo con el apoyo del PNV por el que se excluía a los que secundaran las acciones de Eta en el ámbito municipal, en una decisión muy aplaudida por el sentido común de que no se puede dar alas a los que socavan el Estado de Derecho y alteran el orden democrático en las instituciones. Pronto ha olvidado el PNV sus compromisos. Al PNV de Álava le parece un atentado a la democracia el segregar a representantes elegidos por el pueblo, aunque sus hechos y sus dichos tengan un parecido inigualable con determinados regímenes atentatorios contra los derechos más elementales de la especie humana y que han dejado su impronta en el siglo demencial que hemos dejado atrás.

Pero al PNV no le parece antidemocrático ni se le ocurre denunciar el que unos partidos determinados ¬casualmente los que abogan por respaldar y profundizar en el mandato constitucional y estatutario¬ no puedan hacer candidaturas para las elecciones municipales próximas porque el que se atreva a ir en ellas va a pasar al estado de secuestrado en vida al tener que llevar escolta. Eso no parece revestir ni de gravedad ni interés al PNV. Eso sí: que las instituciones democráticas se defiendan contra los que atentan contra ellas y destruyen los cimientos de la democracia parece ser objeto de denuncia nacionalista. Y es que cada vez más las diferencias y límites entre el mundo batasuno y los nacionalistas mal llamados moderados son cada vez más imprecisas. Apenas se les diferencia ya.

Detención alarmante
Editorial ABC 30 Mayo 2002

La detención del director del Departamento de Auditoría Interna de la Caja Laboral Popular, acordada por el juez en el marco de la investigación sobre el entramado financiero de ETA, crea una situación extremadamente delicada para el Grupo Mondragón Corporación Cooperativa. Según las investigaciones, el detenido, Ignacio María Mallagaray, utilizó su cargo para entorpecer actuaciones judiciales encaminadas a determinar la situación patrimonial de personas y sociedades posiblemente relacionadas con ETA o a practicar medidas cautelares sobre sus bienes. Una imputación tan grave sólo puede estar basada en sólidos indicios de la participación del detenido en la red financiera de ETA y esta presunción ha de llevar a la dirección de la Caja Laboral y del Grupo Mondragón a una toma de posición inequívoca respecto de Mallagaray, cuya destitución es inaplazable, y del grupo Mondragón, en lo que afecta a su proyección nacional. Esta cooperativa ha sido desde su fundación una referencia del buen hacer industrial, lo que ha ido paralelamente a una implicación notoria con la sociedad nacionalista, a la que ha nutrido de destacados dirigentes políticos. Esto no ha sido obstáculo para que el grupo se expandiera por todo el territorio nacional con conocidas marcas en el sector de la distribución de bienes, que se han integrado plenamente en las economías locales, dando servicios y empleos y generando riqueza. Por tanto, el interés en salvar el buen nombre de la Cooperativa Mondragón es general.

El error de los directivos de la Caja Laboral y del Grupo Mondragón sería dar a esta detención la respuesta visceral que el nacionalismo suele aplicar a las decisiones de la justicia contra los entornos de ETA. Su crédito empresarial requiere no sólo la destitución del detenido, sino también una exhaustiva fiscalización interna, que asegure que no hay más casos similares o que, si los hay, serán puestos en conocimiento del juez. Además, deben colaborar con la Audiencia y con cualquier institución que, por razón de su competencia, crea oportuno tomar cartas en las conexiones financieras de ETA. Mallagaray puede ser un caso aislado en el contexto de un gran grupo empresarial o el síntoma de una implicación instrumental en el abastecimiento financiero de la banda. La responsabilidad de que esto último no sea así recae en los directivos del Grupo Mondragón y si no la cumplen, nadie deberá extrañarse de que sean los Tribunales y las instituciones reguladoras competentes los que la reclamen con la misma insistencia y rigor que en otros casos.

Otegi se ríe desde su olimpo
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 30 Mayo 2002

¿Cómo ganará la sociedad española la batalla del terrorismo con salas del Tribunal Supremo como ésta de la que ha sido ponente el magistrado Perfecto Andrés Ibáñez?

Otegi se ríe desde su olimpo criminal: sabe cuánto abundan, en la magistratura española, la audacia jurídica y la endeblez moral.

El legislador quiso estar a la altura de la tragedia terrorista que vive la sociedad española y quiso atar todos los cabos en el Código Penal. No creyó que hubiera Houdinis en el Poder Judicial. Como el magistrado Ibáñez.

Bajo la rúbrica expresa de terrorismo el legislador colocó un artículo dedicado a tipificar como delito la exaltación del terrorismo pero al ponente Perfecto Andrés Ibáñez eso le parece algo irrelevante para considerarlo un mandato -el principio de legalidad- ante el cual el juez no tiene sino que obedecer.

Otegi se ríe desde su olimpo criminal.

El ponente Perfecto Andrés Ibáñez está tranquilo porque se considera por encima del común. Sabe, sobre todo, que, aunque esté por debajo de toda sospecha, es intocable.

Es cierto que la apología, que la exaltación del terrorismo es delito de terrorismo según el Código Penal pero esta sala del TS, con el señor Perfecto Andrés Ibáñez como ponente, sabe regatear entre lo obvio, sortear lo expreso, enturbiar lo claro.

Con la mejor de las intenciones, por supuesto. ¿Quién habla de dolo?

Así que el legislador cometió un fallo imperdonable: no se puso en el lugar de las mentes más retorcidas. Quizá dejó un portillo para una interpretación restrictiva con la que se pudiera salvar «legalmente» al criminal.

Otegi se ríe desde su olimpo.

El legislador había redactado claramente el artículo para que no se pudieran escurrir por él los pretendidos escrupulosos, los listillos, los pusilánimes... pero ¿cómo pensar que el juez podría cruzar la frontera francesa para convertir en delito de opinión lo que es a todas luces un delito de terrorismo?

No es verdad en este caso que el que hizo la ley hizo la trampa. Aquí ha sido cosa de la Sala.

El ponente ha hecho una labor de bolillos y sus compañeros de sala se han quedado muy tranquilos: «Buen trabajo el de Perfecto, fino trabajo el de Perfecto». Porque la verdad es que no tiene gracia condenar a Otegi.

Otegi se ríe desde su olimpo.

Cundirá el cabreo entre los políticos, piensa el ponente y piensa la Sala, pero ¿quién dejará de acatar la sentencia?

¿Acaso el ponente no ha construido una argumentación que le blinda jurídicamente contra la prevaricación a él y a la Sala?

Les blinda ciertamente desde el punto de vista jurídico pero no moral: nunca las inteligencias de los ciudadanos se han sentido tan provocadas, tan vejadas, tan escarnecidas como en este caso.

Buen historial se llevarán a la tumba estos tres magistrados.

Nunca dejarán de oír la risa de Otegi en su olimpo.

Y aun menos podrán librarse del recuerdo de las víctimas del Terror. Allá donde vayan, hagan lo que hagan, serán perseguidos e interpelados por las víctimas del Terror, por los Rupérez y por los Cisneros, por los que cayeron y por los que seguirán cayendo:

Porque con estos blindajes jurídicos, con estas escapatorias, con estas tragaderas, ¿cómo podremos ganar la batalla contra el terrorismo en este país?

Y Otegi seguirá riéndose desde su olimpo.

«Si la exaltación del terrorismo no es terrorismo, ¿qué es exactamente?», dice el fiscal
MANUEL MARÍN ABC 30 Mayo 2002

La Fiscalía recurrió ayer la decisión del Tribunal Supremo de rechazar su querella contra el dirigente de Batasuna Arnaldo Otegi por exaltar a ETA. En su escrito de impugnación, además de expresar su «preocupación institucional» por las consecuencias jurídicas de la decisión, pregunta al Supremo: «Si la exaltación del terrorismo no es un delito de terrorismo, ¿qué es exactamente?».

MADRID. En su recurso, de seis folios, el fiscal pide a los tres magistrados de la Sala Penal del Supremo que archivaron su querella contra Arnaldo Otegi -Luis Román Puerta, Joaquín Delgado y Perfecto Andrés Ibáñez- que revoquen su decisión y asuman la investigación para determinar si el líder de Batasuna incurrió en un delito de exaltación del terrorismo.

El fiscal comienza las consideraciones jurídicas de su recurso exponiendo su «preocupación institucional» por el hecho de que «una única» de las Secciones que integran la Sala Penal del alto Tribunal, en el «limitado ámbito» de un auto de rechazo de una querella, «proclame una doctrina con importantes consecuencias jurídicas». De hecho, el Tribunal interpretó que el delito de «exaltación o justificación» no es un delito de terrorismo en sí, sino un delito de opinión sobre terrorismo.

A juicio del fiscal, esta interpretación ajena a «la voluntad legislativa sugiere una serie de interrogantes de no fácil solución» y «alimenta dudas en cuestiones que no debieran ser objeto de controversia, como por ejemplo las que afectan a la perseguibilidad de estos delitos». Para el Ministerio Público, el «interrogante capital» es: «Si el delito de exaltación del terrorismo no es un delito de terrorismo, ¿qué es exactamente?».

El fiscal añade que cuando el legislador ha incluido este delito entre los calificados «de terrorismo», «no lo hace al azar», sino para castigar «tan singular forma de provocación», humillación y menosprecio a las víctimas de atentados.

De otro lado, argumenta que la sentencia del Tribunal Constitucional citada por el Supremo como base para deslindar apología y terrorismo fue dictada en 1987, «con notoria anterioridad» a la creación por el legislador del nuevo delito. Y reprocha al Supremo que haga una interpretación «extensiva» de aquel fallo pues no afectaba a la «perseguibilidad de los hechos punibles», sino que impedía la suspensión de determinados derechos fundamentales a personas que hicieran apología del terrorismo.

Además, sostiene que la doctrina defendida por la Sala «obligaría» a estimar conductas de apología del genocidio como un «delito de opinión ajeno a la noción de genocido y, por tanto, imposible de perseguir fuera de nuestras fronteras», criterio que contravendría el Convenio para la Prevención y Sanción del delito de Genocidio de 8 de febrero de 1969.

Finalmente, el fiscal advierte que la negación del carácter de terrorismo al delito de exaltación puede acarrear el «problemático efecto procesal» de negar la competencia de la Audiencia Nacional para enjuiciar conductas similares cometidas por no aforados.

Las guerras de nuestros antepasados
Luis María ANSON La Razón 30 Mayo 2002
de la Real Academia Española

El ayatolá Arzallus vive instalado en el siglo XIX. Cree que las provincias vascongadas se mueven todavía en las carlistadas y que en ellas alienta el espíritu de Sabino Arana. Se ha rodeado de un grupo de talibanes fundamentalistas del PNV y cuando habla parece que lo hace desde un mundo virtual.

Las guerras de nuestros antepasados contadas por el abuelito aburren hoy a las ovejas. Arzallus se alió hace ya muchos años con los proetarras, engañó a González y se doblegó ante Eta por temor físico y moral. Con los dídimos en los zancajos, se dedicó a recoger, eso sí, las nueces ensangrentadas del árbol agitado por los terroristas. Y ahora, cuando Aznar toma medidas con el respaldo del 95 por ciento del Congreso para deslegalizar al brazo político de Eta, sale con que eso es una declaración de guerra y que él, el ayatolá, responderá de la misma forma.
Pero no estamos en el siglo XIX. Si queremos seguir instalados en el progreso no podemos mirar hacia atrás como la mujer de Lot. Nos convertiríamos en estatuas de sal. Los portones del siglo XX giraron sobre sus goznes y se cerraron definitivamente. Hay que mirar hacia delante, hacia el siglo XXII y hacer caso omiso de los que, acollonados, nos quieren encerrar en las cavernas ideológicas del XIX.

De Sokoa a la maraña empresarial de ETA
ABC 30 Mayo 2002

MADRID. La operación contra el entramado financiero de ETA del pasado mes de abril, que se saldó con la detención de 11 militantes de Batasuna, confirmó a Garzón una línea de investigación que la Audiencia Nacional mantenía desde 1998, cuando se llevó a cabo la primera gran intervención policial contra el organigrama económico de la banda, que supuso el cierre del diario «Egin».

Entonces, las investigaciones desvelaron que varias empresas del entorno de HB, sobre todo las ubicadas en el extranjero, como Gadusmar, blanqueaban el dinero de ETA. Según Interior, estos términos se confirmaron en la operación de abril. Las empresas, ubicadas principalmente en América y Europa, y cuyo «fin social» consistiría en «limpiar» el dinero procedente de la extorsión y los secuestros, se unen así al amplio abanico de sociedades radicadas en el País Vasco y Navarra, cuya principal fuente de financiación, según las investigaciones del juez Baltasar Garzón, provendría de las «herriko tabernas».

Banaka S. A. sería la empresa matriz del entramado, a partir de la cual ETA ha ido creando en el extranjero otras marañas empresariales.

Uno de los «enclaves comerciales» de la banda con mayor movimiento de capital en los últimos años está localizado en Cuba donde fuentes de la investigación ubican varias sociedades que han sido utilizadas por la red criminal para blaquear partidas del «impuesto revolucionario» e «inyectar» dinero a las estructuras que integran el «complejo ETA». Estas operaciones se llevaron a cabo bajo la dirección de Jesús Abrisqueta, veterano militante de ETA que a principio de la década de los ochenta fue máximo dirigente de la rama de los «polimilis».

Pero la autofinanciación de la banda no ha surgido en los últimos años. En noviembre de 1986, la Policía intervino en una fábrica de muebles de la empresa Sokoa, en Hendaya, un importante arsenal de armas del grupo terrorista. Era una operación más contra ETA, pero el hallazgo de varios documentos sobre la «contabilidad» de la banda ofreció a Interior las primeras pistas sobre su espeso entramado financiero. Más tarde, en 1992, en una operación policial en Bidart aparecían nuevas pistas sobre el «diseño» empresarial del armazón económico de los terroristas. Era el proyecto Udaletxe de ETA, destinado a la autofinanciación de la banda, que se mantiene todavía vigente.

¿Grupo armado vasco?
Iñaki EZKERRA La Razón 30 Mayo 2002

En su informe correspondiente al año 2001, Amnistía Internacional llama a Eta «grupo armado vasco». Para justificar esta pirueta eufemística, Irene Khan, secretaria general de la organización, ha explicado que «es sabido que lo que para una persona es un terrorista, para otra es un luchador por la libertad». Si Irene Khan cree en esos relativismos morales o los respeta, no entiendo sinceramente qué pinta de secretaria en una entidad que en teoría tiene como primer objetivo luchar precisamente contra el relativismo moral. Por esa lógica tampoco se podrían denunciar los asesinatos en la Chile de Pinochet y la Argentina de Videla. ¿No sabe Irene Khan que en esos países también hay personas que toman a esos genocidas por «luchadores por la libertad» y «auténticos caballeros»?

Pero la expresión «grupo armado vasco» no sólo resulta inadecuada por su primera parte, por ese «grupo armado» que pone a la misma altura semántica a una banda terrorista y a cualquier institución policial de un Estado democrático, sino también por la segunda parte, por lo de «vasco», adjetivo que, escrito o pronunciado a secas, da a entender que usa las armas en razón de su vasquidad, no en razón de una simple ideología que interpreta la «condición vasca» de una manera particular, criminal y totalitaria. Eta es «un grupo terrorista y nacionalista vasco». La imprecisión terminológica de Amnistía Internacional sólo responde a la timidez léxica y a la cobardía moral con la que todavía se siguen condenando los crímenes que llevan la etiqueta izquierdista aunque tal izquierdismo sea falso o puramente formal.

Es la misma timidez y la misma cobardía por las cuales el informe de Amnistía Internacional se muestra absolutamente escrupuloso a la hora de denunciar torturas y malos tratos por parte de las fuerzas del orden del Estado español, pero no denuncia las torturas de Eta y Batasuna a los ciudadanos: la tortura de llevar escolta y de no poder pisar determinados barrios, los malos tratos psicológicos que suponen la apología del terrorismo y las amenazas e insultos que se pronuncian descaradamente desde las tribunas de las mismas instituciones, desde el Parlamento vasco o cualquier Ayuntamiento. Irene Khan y sus valientes compañeros de Amnistía Internacional no tienen que investigar mucho para encontrar esos casos de violación de los Derechos Humanos.
El miedo de Amnistía Internacional es el de la Asociación de Derechos Humanos y el de tantas oenegés a la hora de condenar el terrorismo. Algo falla en esos grupos desarmados verbalmente ante el terror que no viene de los Estados.

ETA sería mucho más débil sin sus 'topos'
Impresiones El Mundo 30 Mayo 2002

ETA no podría existir sin la complicidad de ciudadanos como Ignacio María Mallagaray, el topo de ETA en la caja del grupo Mondragón.Mallagaray, detenido ayer por orden del juez Garzón, pasaba información a la banda terrorista de las pesquisas judiciales sobre su trama financiera. Estaba en condiciones de hacerlo ya que, como director de auditoría interna de la caja, era la persona que respondía a los requerimientos de la Audiencia Nacional. Por tanto, sabía lo que los jueces estaban investigando y ello le permitía alertar a los responsables financieros de ETA. No hay que tener mucha imaginación para suponer que la banda cuenta con colaboradores como Mallagaray en las entidades financieras, en las grandes empresas, en el mundo judicial, en las administraciones públicas vascas y, en general, en todo tipo de instituciones donde se maneje poder, información o dinero. Son los topos de la banda, infiltrados invisibles y leales a una causa oculta, magistralmente descritos en las novelas de John Le Carre. Como ellos, aprovechan su posición y su imagen de respetabilidad para traicionar a los más cercanos. Su comportamiento es incluso más vil que quienes disparan o ponen coches bomba, que al menos tienen que mancharse las manos de sangre para ejercer su oficio de verdugos. ETA sería mucho más débil sin estos topos, que intentan destruir el sistema democrático desde las madrigueras de las instituciones.La conducta de Mallagaray es infame y merece un castigo ejemplar si se demuestra su culpabilidad.

Apología del terrorismo
Francisco MARHUENDA La Razón 30 Mayo 2002

Hay decisiones judiciales que provocan sorpresa. Al margen de los fundamentos esgrimidos para lograr justificarlas, algunos magistrados demuestran una cierta insensibilidad. La justicia tiene ser aséptica, pero quizá no tanto. Es una cuestión de interpretación . Por ello, resulta insólita la decisión de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, aunque tengamos que respetar sus decisiones, al archivar la querella contra Arnaldo Otegui por gritar «¿Viva Eta!». Los magistrados consideran que no es un delito de terrorismo. Es decir, la apología del terrorismo no puede considerarse como un delito de terrorismo. Cabe preguntarse por qué en las cuestiones relativas al entorno de Eta, como las que afectan a los dirigentes de Batasuna, hay magistrados que son tan prudentes ¿o quizá imprudentes?
La razón esgrimida para salir airosos del problema y archivar la causa es que ese ensalzamiento de la banda terrorista fue en San Juan de Luz (Francia). Esta actitud es coherente con la tibieza de algunos magistrados frente a la reforma del Código Penal en materia de delitos sobre terrorismo, ya que expresaron la necesidad de que se produjese alguna conducta concreta de incitación a la violencia para que el delito fuese perseguido. A partir de esta tesis el gritar «¿Viva Eta!» sería un delito de opinión que no sería perseguible al haberse producido en Francia. De esta forma, los magistrados se lavan las manos y muestran su indiferencia o asepsia, me es igual, en una cuestión fundamental.

Lo mismo que han interpretado el delito como les ha venido en gana, podrían haber aceptado lo establecido en la reforma del Código Penal, votado por las Cortes, y condenar a Otegui por ensalzar a una banda terrorista. Los señores magistrados sólo se moverían si el monigote de Eta señalara con el dedo a quién hay que matar o que pidiera que se matara. Un auténtico disparate jurídico, porque no hay que olvidar que los magistrados no son infalibles. No se encuentran, aunque así lo piensen, en posesión de la verdad absoluta. Lo sucedido demuestra cuán importante es aprobar la Ley de Partidos. En cualquier caso, estos magistrados ayudan a consagrar un «santuario» para la apología del terrorismo. Es una lástima que los errores judiciales sean tan útiles a los indeseables de Batasuna y Eta.

El legislador demediado
Por JESÚS ZARZALEJOS, profesor de Derecho Procesal ABC 30 Mayo 2002

El auto con el que la Sala Segunda del Tribunal Supremo desestima la querella del Fiscal contra Arnaldo Otegi ha dado lugar a interpretaciones que engalanan la decisión de los Magistrados con unas virtudes que no son reconocibles en la resolución. La autoridad jurídica de los firmantes del auto y la posición jerárquica del órgano al que pertenecen ni son cuestionables ni constituyen el objeto de la polémica. Lo que se discute es, una vez más, si la división de poderes y la independencia judicial amparan la sustitución de la voluntad del legislador por la de los jueces. No hay que confundirse. Este es el problema. El auto en cuestión no contiene una mera valoración de territorialidad del hecho aparentemente delictivo, ni proscribe una pretendida interpretación extensiva de los tipos penales. La Sala Segunda no ha juzgado la conducta denunciada, sino la ley que la tipifica; tampoco ha juzgado la voluntad del presunto autor del delito, sino la voluntad del legislador.

Al afirmar que el enaltecimiento del terrorismo no es delito de terrorismo, «con independencia» de lo que haya dicho el legislador sobre el lugar que debe ocupar en el Código Penal, la Sala no ha efectuado un juicio sobre la prueba del hecho o la calificación del mismo. Ha realizado un juicio negativo sobre la voluntad del legislador, que fue la de incluir, con unas determinadas consecuencias, la exaltación del terrorismo en la sección dedicada a estos delitos. Conforme a la LOPJ un Tribunal de la jurisdicción ordinaria no puede dejar de aplicar una ley posterior a la Constitución si no media previamente el planteamiento de una cuestión de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional o una sentencia de inconstitucionalidad de este órgano. No obstante, la Sala Segunda decide no aplicar el Código Penal, tal y como fue reformado en diciembre de 2000, y rechazar la competencia de los Tribunales españoles, porque el enaltecimiento del terrorismo no es delito de terrorismo y, por tanto, no puede ser perseguido en España si es cometido en el extranjero.

Sin embargo, semejante afirmación trasciende la crítica a la sistemática del Código Penal. El legislador no es un trilero, que cambia caprichosamente la ubicación de los tipos penales como si fueran cartas. El Parlamento hizo la reforma de diciembre de 2000 por unas razones muy concretas y graves que el Fiscal reivindica en su recurso de súplica y en las que el auto no repara. En primer lugar, consideró que el enaltecimiento del terrorismo vulneraba los mismos bienes jurídicos que el terrorismo violento, conclusión a la que se puede llegar simplemente por una constatación empírica de la relación instrumental entre los apologistas de ETA y ETA misma. Gritar «Gora ETA» -fuera esto o no lo que dijera Otegi, quien siempre acabaría beneficiándose de la duda- es un acto de propaganda de una banda terrorista y de todo lo que ésta supone, de afirmación de su violencia, de enardecimiento de sus seguidores. Desde Hitler y Goebbels se sabe que todo fanático necesita su agitador de masas. Al negar que el enaltecimiento del terror es terrorismo, el Supremo rompe la sistemática del Código Penal y niega también que los bienes jurídicos protegidos sean el orden constitucional o la paz pública. Sin embargo, ¿qué otra cosa persigue quien jalea a ETA sino la destrucción de uno y otra? La obvia distinción entre el delito de exaltación y el delito exaltado no quiere decir que ambas conductas no puedan atentar contra los mismos bienes. Como señala el Fiscal, el Código Penal contempla en el capítulo dedicado a los delitos de genocidio una dualidad similar a la prevista en la sección de los delitos de terrorismo. El artículo 607 castiga, por un lado, el homicidio, las agresiones sexuales o contra la integridad y el desplazamiento forzoso de personas identificadas por su etnia, nacionalidad, raza o religión, y, por otro, «la difusión por cualquier medio de ideas o doctrinas que nieguen o justifiquen» tales conductas. No hace faltar insistir en que una cosa es el asesinato genocida y otra distinta justificarlo, pero ¿no comenzó el horror nazi con las soflamas de un pequeño cabo resentido?

En segundo lugar, la inserción del enaltecimiento del terrorismo en la sección dedicada a los delitos de terrorismo determinaba la competencia judicial para el enjuiciamiento de estas infracciones. La reforma de 2000 supuso la atribución de este delito al conocimiento de la Audiencia Nacional. Ahora puede perder esa competencia por efecto de la doctrina del Tribunal Supremo, pues lo que no es delito de terrorismo para atraer la competencia internacional de los Tribunales españoles, tampoco lo será para consolidar la competencia de la Audiencia Nacional, salvo que el Supremo pretenda para la Audiencia un rasero que se niega a sí mismo. La consecuencia es que, si no se modifica este auto, los homenajes a etarras, las exaltaciones a la banda terrorista y demás liturgias de ensalzamiento a ETA, deberán ser juzgadas allí donde se produzcan y por los jueces del lugar. Los del País Vasco.

'Prevaeditoriales'
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 30 Mayo 2002

Si en el terreno de los editoriales de prensa existiera algo parecido a la prevaricación entre los jueces (no lo que hizo el juez defraudador con Liaño, adivinarle la intención, sino lo que dicen los diccionarios: «Dictar sentencia injusta a sabiendas»), el editorial de ayer del diario polanquista fundaría un nuevo género: el prevaeditorial.Porque era y es, en la hemeroteca queda una verdadera filigrana de prevaricación, una obra maestra de la injusticia argumental.Vamos, que nunca una sentencia o una opinión sobre una sentencia como la perpetrada en beneficio de Otegi desde la Bacisala del Supremo se ha defendido o disculpado tan a sabiendas de que es indefendible e indisculpable, tan redomadamente injusta y tan rematadamente falaz en sus argumentos como en su conclusión.Le salva la intención que, aunque ilegal, coincide con la expresada públicamente por Polanco: acabar con Aznar cuanto antes.

Y, mientras tanto, jorobarlo todo lo que puedan, empezando por la huelga general política y terminando por la lucha contra ETA y sus brazos políticos, todos. Pero si será injusto a sabiendas el prevaeditorial de marras que llega a coincidir con Caldera en que el delito de Otegi no es delito porque lo cometió en Francia, extremo que no sabe si sorprende más por estulto, por ignorante o por ridículo.Si es delito de terrorismo según la ley, y lo es, como toda apología del crimen o de los criminales, debe perseguirse. Lo de la geografía como argumento en casa de los praderas, augeres y perfectos, donde se ha defendido vehementemente que había que juzgar a Pinochet en Madrid, es una mala excusa en un diputado de segunda, pero en un editorialista polancoide es para ponerlo de patitas en la calle.

Además de falaz y hasta ridículo, el argumentario del prevaeditorial resulta tan vacilante en su torpe desarrollo que más parece de garrafón que de la escuela de Alberto Tomba. Porque todos sabemos y algunos, incluso jueces, por experiencia que el editorial es en sí mismo un género que en los grandes periódicos hipocritones está fundado en el zigzag y abonado al eslalon, que debe alternar los quiebros a derecha y a izquierda para acabar no rematando por el centro, como creen los ignaros, sino pontificando por alto. Si rematas por el centro, te pilla el toro. Si pontificas por alto, te vas de la suerte, del peligro y hasta te puedes permitir una mirada al tendido sin perder nunca de vista lo que dejas atrás, no te pase lo de El Yiyo. Pues de esa escuela y de esa técnica elemental se olvida el prevaeditorial de marras.Es verdad que no tiene defensa seria esa bofetada a la ley y a la gramática de la banda de los perfectos: si lo de Otegi es delito según la ley, no se puede negar la ley. Pero ¿para qué está el Gobierno? Echesele la culpa de los errores de los jueces, por la tensión que crea, por el clima que propicia, por autoritario, por feo. Por todo, menos por defender la ley. Antes, por no cumplirla, se echaba a los jueces. Antes de Liaño, claro.

Ecuanimidad y recto juicio
JUAN CARLOS ALONSO/CONCEJAL DEL AYUNTAMIENTO DE VITORIA-GASTEIZ El Correo 30 Mayo 2002

En la Unión Soviética calificaban a los disidentes políticos de desviacionistas. Como resultaba inconcebible que alguien se enfrentara al curso del materialismo histórico, salvo que le faltara un tornillo, a quien no gustaba del régimen lo encerraban en un manicomio o lo utilizaban para repoblar el Círculo Polar Ártico.

En la China maoísta, con una mayor tradición budista, sintoísta o similar, creían que lo mejor era someter a un proceso de reeducación a quienes no comulgaban con el régimen. La terapia resultaba infalible: o te reincorporabas a la doctrina oficial o desaparecías en algún sanatorio inmundo y perdido en el culo de China continental, entre montañas de piojos, condenado a morir por inanición.

En Euskadi no hemos hecho sino empezar a recorrer este camino del nacionalismo dialéctico gracias a la aportación político-filosófica que ha sido formulada en sus términos básicos por un tal Ibarrondo -presidente alavés de un partido político nacionalista, por más señas-.

El teorema de Ibarrondo -que denominaremos TI- afirma que todo cuerpo sumergido en una situación de presión terrorista experimenta un proceso de demencia directamente proporcional a la presión recibida. Así, este antropófago de la política se ha permitido llamar orates a quienes, por no ser nacionalistas, sufren el acoso de los violentos. Es decir, los socialistas, populares y de Unidad Alavesa.

Sin pestañear, y jalonado por los portavoces de PNV e Izquierda Unida, Ibarrondo dixit «la presión de las amenazas hace a muchos políticos perder el juicio y la ecuanimidad». Yo creía que estaba preparado para todo pero este matiz de la pérdida del oremus me ha hecho recapacitar sobre si existe algún puente que no hayan volado los nacionalistas en su fuga hacia el soberanismo.

Los afectos de tantos años de colaboración se dinamitaron con la firma que estamparon junto al tampón de ETA los nacionalistas llamados democráticos en un documento en el que condenaban a los partidos estatales al ostracismo. Nadie ha reclamado perdón por ello. Más tarde, la actitud contrariada de Arzalluz ante el cuerpo presente de Buesa y la bochornosa manifestación de duelo, convertida en una exaltación de lo pusilánime, destruía los escasos caminos de encuentro. Ahora, el desprecio más absoluto y el insulto más abyecto -estáis locos- pasa prácticamente desapercibido, acostumbrados como estamos a las contínuas refriegas dialécticas. Tampoco pedirá perdón el tal Ibarrondo.

No hace tanto, un Gobierno en pleno dimitía en Europa porque sus soldados no habían sido capaces de impedir la limpieza étnica de los serbios en Srebrenica. Aquí hablan de solidaridad, de ponernos un ordenador para acudir a los plenos por Internet. No reparan en gastos. Pero cuando tienen que mostrar si están con quienes mueren o con quienes matan -sencilla opción, donde las haya-, en vez de dar una respuesta clara, comienzan a perorar y a ofrecer explicaciones sobre la imposibilidad de renunciar a objetivos políticos.

Leía una entrevista de un burukide alavés recién estrenado al frente de su cargo en que hablaba de lo necesario que resulta dar calor a los amenazados. Y me pregunto si, compartiendo mesa y mantel con su socio de EA, entiende por dar calor poner calefacción en el frenopático. Lo cual sería muy de agradecer si, como vemos en el cine, los pobres locos deambulan en pijama de rayas por pasillos de paredes desportilladas.

La reformulación histórica TI, ya planteada anteriormente con éxito bajo los nombres de TH, TM, TS, TAH -Teoremas de Hitler, Mao, Stalin o teorema del Apartheid-, introduce un factor nuevo de análisis en la política vasca de la mano del tal Ibarrondo: la perspectiva psiquiátrica. Seguro que los responsables gubernamentales de Osakidetza están dispuestos a sufragar con generosidad los gastos de concejales, parlamentarios, junteros y demás piraos que pueblan por centenares la geografía vasca. ¡Será por dinero!

Sinceramente, Ibarrondo, he llegado a la conclusión de que nadie escarmienta en cabeza ajena. Que, aunque resulte moralmente incomprensible, sus condolencias duran lo que las capillas ardientes. Que su solidaridad resulta huera y falaz. Que su conmiseración resulta insultante. Que vivo en la estupefacción más absoluta al escucharle hablar sin el más mínimo sonrojo.

Por ello, y desde mi más íntima locura, Ibarrondo, no quisiera desearle la desventura que padezco, aunque por el tenor de sus declaraciones sea acreedor de la más severa reprensión ética. Antes bien, y sin la más mínima cordialidad para quien baila sobre mi desgracia con tanta desfachatez, deseo que recupere la lucidez, si alguna vez ésta formó parte de su acervo personal o intelectual.

Jueces políticos
MARTIN PRIETO El Mundo 30 Mayo 2002

Un conocido mío, médico y judío, descubrió en mi despacho una biografía de Hermann Goering, piloto en la escuadrilla del Barón Rojo, von Ritchoffen, mariscal del aire del III Reich, sucesor de Hitler, opiómano, gran ladrón de arte y peor inicuo. Se dio por aludido: «Deberías tener cuidado con lo que lees». Mi médico era un lerdo, analfabeto funcional, y pese a ser tenida su raza por perspicaz ignoraba hasta que hay que conocer al enemigo para combatirlo. Hace un par de años, la policía entró a saco, con órdenes judiciales, en una librería de Barcelona, tapadera y alimento de neonazis, y secuestró millares de libros sobre la peste parda hitleriana. Me pareció un error. No hay mejor antídoto contra el nazismo que la lectura de Mein Kampf, librillo insufrible y delirante. Pero se debe amparar a los sufrientes del Holocausto judío y así también nuestros jueces dieron su amparo a una sobreviviente ante León Degrelle, nazi belga, jefe de la Legión Valona, a quien Hitler quería como a un hijo, que negaba la misma existencia de la matanza.

No debemos confiscar las obras completas de Sabino Arana (de que no se divulguen mucho ya se encarga el PNV) y hasta sería benéfico leerlas por obligación como remedio contra la xenofobia, pero el hacha y la serpiente son tan perseguibles como la esvástica, o no lo es ningún símbolo. Otegi tiene las manos manchadas de sangre como pistolero y secuestrador de los que le dan un tiro a la víctima que se resiste. Pero gritó «¡Gora Euskadi ta Askatasuna!» y no «¡Gora ETA!». Así de tonto es el garantismo judicial en una democracia. La oralidad no tiene mayúsculas ni comillas y desarrollando el acrónimo de la banda el vocero etarra sólo clamó un «¡Arriba Euskadi en libertad!» que es como gritar «¡Viva Baracaldo!». En estas y peores neblinas de indefinición legal sí que entrará la Ley de Partidos, y no en la estupidez de estos jueces que archivan la denuncia contra Otegi, porque el de la pistola rebuznó en Francia, como si el otro lado de los Pirineos fuera el Sur de Río Grande, donde todo crimen tiene cobijo.

Otegi defiende, justifica y enaltece el proyecto político de independizar una Euskadi hispanofrancesa, expansionista, etnicista y marxista leninista a tiros, bombas y secuestros extorsionadores.Y el que se oponga, que se marche del País Vasco o de esta vida; de lo que se trata es de hacerles la suya muy incómoda a todos los otegis que se nutren de la sangre de los demás. Y el garantismo al derecho a la libre expresión, por ejemplo, no puede primar sobre la exaltación del delito. Y si así fuera estarían los ultras en su derecho de proponer a Hitler como modelo de convivencia europea. Otegi es un pobre criminal; deleznable hasta para encarcelarle.Lo grave es que parte de nuestro cuerpo de jueces hace política en vez de aplicar la ley y cree insensatamente que la negociación adormece a ETA. Deberían leer la biografía de Goering.

Críticas del PP ante la “parcialidad” de los informativos de ETB ante la Ley de partidos
EFE Libertad Digital 30 Mayo 2002

El Partido Popular del País Vasco ha criticado la “parcialidad” de la televisión pública vasca (ETB) en el tratamiento informativo de la reforma de la Ley de Partidos y la previsible ilegalización de Batasuna por parte de la Justicia cuando la nueva norma entre en vigor.

A través de un comunicado, el parlamentario vasco del Partido Popular Carlos Urquijo ha explicado que la noticia más destacada del “Teleberri” (telediario) del martes por la noche en la televisión vasca fue la creación de una plataforma social contra la ilegalización de Batasuna y el anuncio de una manifestación para el próximo 15 de junio en protesta por la Ley de Partidos.

Para Urquijo, el informativo de ETB “fue un ejemplo de lo que no debe ser una televisión pública: parcialidad, subjetividad, toma de partido a favor de una opción política y falta de ponderación en la valoración de la importancia de un suceso”. El representante del PP en el Parlamento vasco también exige a la dirección de ETB que “cumpla con los principios expresados en el artículo tres de su Ley de creación, y que corrija el lamentable sesgo político que día a día se impone en sus informativos”.

Además, Urquijo ha presentado una pregunta en el Parlamento vasco para su respuesta por escrito en la que pide la opinión del director de Euskal Irrati Telebista (EITB) sobre esta cuestión.

Algo más sobre la Ley de Partidos (y 2)
MITXEL UNZUETA/ El Correo 30 Mayo 2002

S i en mi anterior artículo (EL CORREO, 29-5-2002) expresaba preocupaciones sobre el proyecto de Ley de Partidos, en éste aludiré a una sorpresa acerca del futuro texto legal. Me refiero al hecho de que el Gobierno ha eludido abordar en serio la reforma de la estructura de los partidos políticos, para obligarles a desarrollar una democracia interna, auténtica y no sólo en el papel. Salvadas distancias y diferencias, por unos u otros mecanismos, nuestros partidos políticos, a semejanza de muchos europeos, se han convertido en oligarquías de poder desnudo, entendiendo como tales aquellas organizaciones en las que el poder que guardan para sí los directivos-ejecutivos es desproporcionadamente mayor del que pueden conservar los afiliados y los mecanismos para elegir aquéllos distan mucho de tener virtualidad democrática. Las endogamias están a la orden del día.

La desafortunada Ley electoral, que impide votar a personas, haciéndonos votar sólo partidos, de modo parecido a como en los países con poblaciones analfabetas se votan colores, ha consolidado un sistema en el que los intereses personales ocupan posiciones que nunca debieron alcanzar. De aquí la creciente distancia entre la sociedad y los partidos políticos.

La regulación propuesta, que difiere bien poco de la actual, no garantiza la solución del problema y lo triste es que se pierda esta oportunidad en un momento en que Europa se ve sacudida por los comportamientos electorales de los franceses (un tercio de los electores ha votado opciones rupturistas del sistema) y los holandeses, sin olvidar lo ocurrido en Austria y Dinamarca y, mucho menos, la inquietante Italia de Berlusconi y Fini. ¡Qué decir de Venezuela o Argentina! Amplios sectores sociales no se ven representados en sus políticos y dirigentes, que, por su parte, no ofrecen imágenes de una magistratura ética, que inspire respeto, por su autoritas cívica. La crisis está servida, aunque se opte por no verla.

Y cuando estamos así, el proyecto de ley pone en manos de determinadas mayorías parlamentarias la iniciativa del proceso de valoración de las supuestas o reales deslealtades constitucionales, olvidando también que aunque la libertad va siempre acompañada de algunos peligros, su control supone riesgos todavía mayores; riesgos entre los que se encuentra el que muchos han calificado como el mayor peligro de una democracia: la tiranía de las mayorías que, antes o después, acaban cayendo en la tentación de usar de su poder para limitar el campo de acción política de sus adversarios. Riesgos aún mayores -perdón por la insistencia- cuando, como ahora parece que va a suceder, inciden cuestiones de plurinacionalidad, que tanto afectan a la legitimación de las decisiones.

Todas las informaciones ponen de manifiesto que más que de una ley general se trata de una ley particular, orientada a la ilegalización de un partido político vasco. Las informaciones también dicen que en la opinión pública vasca hay un sentimiento mayoritario de rechazo a estas pretensiones, quizá por verlas de escasa eficacia. Esta circunstancia lleva la cuestión a otro plano, de no menor gravedad: la de preservar los complejos equilibrios de un Estado cuya viabilidad radica en el efectivo reconocimiento de la plurinacionalidad, sobre la que se apoya el artículo 2 de la Constitución. El olvido de esta circunstancia puede poner en entredicho la legitimidad y la adhesión social de la medida. La LOAPA fue una quiebra seria en la confianza. Ahora nos encontramos con que, con el citado proyecto de ley en la mano, sin especial esfuerzo interpretativo, se puede dejar fuera del juego político a cualquier partido nacionalista de la periferia, y dejar el poder en manos de los partidos nacionales. Este solo riesgo nos pone en las puertas de una crisis constitucional y del propio Estado, llamado de las autonomías.

No sé lo que pensarán, en su fuero interno, los diputados y senadores, pero sí tengo la convicción de que, antes de que transcurra excesivo tiempo, muchos se arrepentirán de haber votado la ley.

«En la Iglesia vasca, el nacionalismo ha sustituido a la piedad», afirma Iñaki Ezkerra
El escritor publica ETA pro nobis , un ensayo en el que denuncia «los silencios» del clero en Euskadi ante la violencia de la banda
OLATZ BARRIUSO/BILBAO El Correo 30 Mayo 2002

«Ya lo dice el catecismo. No sólo hay pecados de comisión, también existen los de omisión». Iñaki Ezkerra -escritor y miembro fundador del Foro Ermua- defiende con apasionamiento las tesis recogidas en su libro ETA pro nobis. El pecado original de la Iglesia vasca , una obra en la que el autor combina el ensayo con el relato periodístico para tratar de «comprender» las razones que han llevado al clero en Euskadi a condenar «los atentados puntuales» de la banda y a guardar «silencio», sin embargo, ante «hechos tan monstruosos como que se incluya a asesinos en las listas electorales o que Josu Ternera integre la comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco».

Ezkerra, «agnóstico convencido», dice echar de menos «una pastoral, una homilía, una carta, lo que sea» en la que los obispos y sacerdotes vascos condenen no sólo los asesinatos sino también «la propia ideología del mundo que apoya a ETA y, sobre todo, den su calor a las víctimas», un colectivo que, según denuncia, sufre el «desamparo» de las jerarquías eclesiásticas.

Para tratar de arrojar luz sobre las encrucijadas de una institución de indudable arraigo en Euskadi y su actitud «farisea» frente al terror, Ezkerra esgrime como argumento la «desaparición» en el seno de la Iglesia vasca de «la piedad como sentimiento espontáneo de empatía y adhesión hacia el que sufre», sustituida, dice, «por el nacionalismo». «Yo no acuso a la Iglesia de complicidad con ETA, sino de complicidad con el nacionalismo, con el que es obvio que existe una identificación absoluta. Es como si el padre de dos gemelos idénticos negara haber concebido a uno de ellos», ilustra el escritor. «Así, la culpa tradicional de la Iglesia por el pecado cometido ha sido sustituida por la culpa por la nación no conseguida, y la pureza étnica ha reemplazado a la pureza mariana».

La perversión del perdón
Ezkerra cita ejemplos: el multitudinario acto de oración organizado por los prelados vascos en las campas de Armentia a principios del año pasado -«con una estética campestre calcada a la del Aberri Eguna»-, los encierros de jóvenes radicales en parroquias vascas para protestar por la ilegalización de Segi, o el hecho de que el obispo Juan María Uriarte «reclamase piedad para los presos» en el funeral de José Luis López de Lacalle. Como ya hiciera el Foro de El Salvador -«los disidentes» que Ezkerra reivindica en su libro como verdaderos portadores del «sentimiento cristiano»-, el autor denuncia también «el uso perverso de la doctrina de la caridad y el perdón» que hace la Iglesia a la hora de tomar posición respecto a los reclusos de la banda. «Ni siquiera en la Biblia el perdón era gratis. Y los asesinos de ETA no sólo no piden perdón, sino que se vanaglorian de sus crímenes».

¿Por qué la Iglesia vasca se mueve «en la ambigüedad», según Ezkerra? «Porque Euskadi es un basurero de las ideologías, una gran comisaría franquista en la que unos nos dan bofetadas y otros nos ofrecen café y cigarrillos».

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