AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 8 Junio  2002
Ideas, proyectos y personas
FERNANDO SAVATER El País 8 Junio 2002

Vamos a contar mentiras
José Antonio VERA La Razón 8 Junio 2002

El malentendido
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 8 Junio 2002

En la otra mejilla
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 8 Junio 2002

Protestas
JAIME CAMPMANY ABC 8 Junio 2002

Peor que antes
Lorenzo CONTRERAS La Razón 8 Junio 2002

Españolismo rancio
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 8 Junio 2002

Cuando ETA es el mesías
OLATZ BARRIUSO/BILBAO El Correo 8 Junio 2002

Falsos argumentos
Pío Moa Libertad Digital 8 Junio 2002

Ibarreche, donde más molesta
Editorial La Razón 8 Junio 2002

García de la Concha dice que el español se está consolidando como lengua de comunicación universal
EFE Libertad Digital 8 Junio 2002
 

Ideas, proyectos y personas
FERNANDO SAVATER El País 8 Junio 2002

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense.

Para el próximo día 15 de junio se ha convocado una manifestación en el País Vasco contra la Ley de Partidos, bajo el lema: 'Todas las ideas, todos los proyectos, todas las personas'. Quizá a partir de esta fórmula engañosamente bonachona pueda intentarse un análisis crítico de las principales objeciones que se plantean contra ese proyecto legislativo que a bastantes nos parece por lo menos democráticamente lógico y plausible.

¿'Todas' las ideas? Dejemos por un momento de lado que la ley no veta ideas, sino determinados comportamientos de grupos políticos institucionales y que a tal fin se han incluido en ella numerosas enmiendas y precisiones. Por lo demás, ninguna ley de este mundo ni del otro puede prohibir tener una idea ni tener mala idea: lo más a que puede aspirarse es a obstaculizar en la medida de lo posible la difusión y propaganda de algunas consideradas especialmente dañinas. Y los regímenes democráticos se dedican a ello desde mucho antes de que nadie pensara en esta ley. Cuando un profesor, por ejemplo, utiliza un libro de texto en el que se sostiene la inferioridad de unas razas respecto a otras, la ineptitud de la mujer para ciertas funciones públicas, el carácter patológico de la homosexualidad o justifica los campos de exterminio nazis, se prohíbe su docencia sin demasiadas contemplaciones. Así le ocurrió a aquel señor Quintana, famosamente infame durante unos días, o a otros más próximos en el tiempo. Las obras 'educativas' del franquismo, denunciadas con gracia en El florido pensil, no obtendrían hoy el placet en ninguna escuela... o al menos eso espero. Incluso fuera del campo educativo, en un terreno mucho más discutible, se cerró no hace tanto una librería en Barcelona por el carácter neonazi de las publicaciones que vendía. Si muchas ideas son inaceptables como materia escolar democrática (después de todo, educar es elegir entre todas las ideas posibles aquellas que queremos ver socialmente perpetuadas) no parece razonable aceptar acríticamente cualquier planteamiento ideológico en los partidos políticos, destinados a ponerlas en práctica. Así lo entiende la constitución de Alemania, donde ya existe una ley de partidos; y en Francia, donde la difusión de ciertos dictámenes xenófobos y revisionistas está perseguida por una legislación penal muy exigente, ya se han alzado voces solicitando la prohibición del partido de Le Pen no porque haya cometido o apoyado crímenes sino por su mera ideología.

¿Todos los proyectos? Hace unos días, el Movimiento contra la Intolerancia denunció en Madrid la existencia de una página web de cabezas rapadas en la que se publicaban los datos personales de prostitutas, homosexuales, vascos y yo que sé más, exhortando a personarse en sus domicilios para zurrarles la badana. Se trata sin duda de un proyecto de índole política pero no sólo penalmente ilegal sino democráticamente ilícito. Supongo que nadie sostendrá en serio que debe ser tolerado como libre expresión de una opinión hasta que sus recomendaciones se materialicen en alguien con la crisma rota por un bate de béisbol. Por supuesto, en el País Vasco estamos familiarizados con la reiteración de amenazas semejantes, procedentes de grupos perfectamente identificados, con la diferencia de que aquí ya tenemos cientos de asesinatos por ponerlas en práctica. ¿Que se debería haber actuado antes penalmente contra tales delincuentes? Pues a mí también me lo parece, pero las autoridades y los jueces en Euskadi parecen encontrar dificultades legales insalvables para poner en práctica tan sano principio. Por ejemplo, un portavoz de Batasuna sostuvo en el Parlamento que ETA lucha por los derechos del pueblo vasco, lo que no deja de ser una mala noticia para quienes estamos en el objetivo de la banda, pero el Tribunal Superior de Justicia de Euskadi ha considerado que se trata de una manifestación política tan legítima como cualquier otra. Me dicen que, en todo caso, son las personas las que delinquen, no las asociaciones. Pero, si no me equivoco, en el caso Gescartera (otro 'proyecto' lucrativo) se ha encarcelado al principal responsable y además también se ha disuelto la empresa. Puede ser una simpleza mía, pero no me parecen de recibo ni los 'proyectos' para defraudar a los contribuyentes ni aquellos que intimidan o asesinan a los ciudadanos. El Tribunal Europeo de Derechos humanos de Estrasburgo parece opinar algo semejante cuando dice: 'Forma parte de la esencia de la democracia permitir la propuesta y discusión de proyectos políticos distintos, incluso aquellos que pongan en cuestión el modo de organización actual de un Estado, con tal de que no supongan un atentado a la propia democracia'.

Este razonamiento invalida también otro supuesto argumento bastante repetido, el de que los votantes del partido ilegalizado -pongamos que fuese Batasuna- se quedarían sin representación política. Lo cierto es que no existe el derecho democrático a sostener opciones no democráticas y violentas. Si esos votantes quieren independentismo pero no terrorismo, pueden apoyar a Aralar y grupos disidentes similares; si lo que quieren es terrorismo, ¿para qué votan? Tampoco resulta convincente ni mucho menos argüir que la ilegalización de un partido no resolverá el terrorismo ni mejorará la suerte de los amenazados. Que esa violencia no puede concluirse con un simple plumazo legal es cosa obvia: también ETA es ilegal y ahí la tenemos, tan campante. Contra ella deben emplearse diversos medios combinados, porque si un problema es complejo necesita también una solución compleja: pero no una actitud acomplejada. Todo lo que disminuya la apariencia de impunidad de quienes apoyan a la banda, sus vías de avituallamiento legales y sus legitimaciones políticas institucionales contribuye a debilitarla. En cuanto a los objetivos o víctimas de los violentos, lo que necesitan es no sólo protección sino también un reconocimiento institucional de sus derechos políticos que mal puede ofrecérseles cuando los que justifican o ensalzan las agresiones son tratados con no menores miramientos que ellos mismos. Impugnar la ley contra partidos que apoyan el terrorismo invocando el malestar que la medida puede causar entre los partidarios del terrorismo es de una bobería realmente primaveral y por tanto cuenta con el apoyo de Javier Madrazo, de IU, Odón Elorza y el Consejo de la Juventud de Euskadi, con las Juventudes Socialistas incluidas. A Madrazo no le gusta que se prohíba ningún partido aquí, quizá porque prefiere el estilo del régimen cubano, donde están prohibidos todos por igual: así no hay piques entre ellos. Francamente, si la lucidez y la decencia políticas de la izquierda están representadas en todas partes por gente así, es de temer que cada vez más europeos se vayan haciendo de extrema derecha en defensa propia.

Por otra parte, los obispos de la CAV han sacado una pastoral que ha causado furor, en los dos sentidos de la expresión. No es un texto a favor de Batasuna, sino simple y llanamente una trascripción del punto de vista del PNV sobre la situación de Euskadi. No se apartan de las tesis de Ibarretxe en nada ni un milímetro, salvo que el estilo es algo más untuoso: los santos óleos, ya se sabe. No hay que extrañarse, es una muestra más de nacional-catolicismo (el mismo que reclama del gobierno la asignatura de religión confesional obligatoria), en el que el País Vasco es pionero, porque lo padecemos desde la primera guerra carlista. No es que el clero vasco sea nacionalista, es que el nacionalismo vasco lo inventó en buena medida el clero. También es lógico que a Ibarretxe le parezca muy bien lo que dicen quienes repiten lo que dice él; pero añade una observación asombrosa: 'es lo que piensa la mayoría de la sociedad vasca'. Y eso ¿cómo lo sabe usted, señor lehendakari? ¿Acaso en el País Vasco se habla libremente de política y cada cual dice lo que piensa... o al menos estamos seguros de que vote como piensa?

Para que se hagan una idea: el otro día me contaba un distinguido profesor de filosofía socialista, español pero que ocupa una cátedra en Berlín, lo que le ocurrió en Bilbao. Acababa de dar una conferencia y, al volver a su hotel, se encontró un recado de un periodista de Gara, solicitándole una entrevista. Pretextando ignorancia por venir de Alemania, le preguntó al conserje qué tipo de periódico era ése. El interrogado se encogió de hombros y respondió que no tenía ni idea. Entonces el profesor solicitó hablar con el gerente, que todavía sabía menos que el conserje. Ni para bien ni para mal, nadie le dijo una palabra sobre un diario que se apilaba en las mesas de entrada del albergue. Y así todo. Pero el Gobierno Vasco parece ignorar este clima y hace encuestas llamando por teléfono a los domicilios con preguntas tan tranquilizadoras como ésta: '¿Es usted partidario de la ilegalización de Batasuna?'. Imagínense el respingo del encuestado. Un señor de Rentería escribía con gracia hace poco una carta al Diario Vasco, diciendo: 'El señor Ibarretxe no sabe o no quiere saber en qué país vive. Ni lo que es la coacción, ni el miedo difuso (el peor de los miedos) ¡Qué feliz vive! Si me hacen a mí esa pregunta, por sorpresa, y en lo que veo que es mi controlado domicilio, no sólo niego lo que haga falta sino que pido el Tambor de Oro para el comando Donosti por su contribución al buen nombre de esa vecina y querida ciudad'. Ahí lo tienen. Todo el mundo sabe aquí que por darle la razón a los nacionalistas nada malo puede pasarte y de vez en cuando cae algún caramelo: en cambio por llevarles públicamente la contraria te puede pasar de todo, desde perder la subvención hasta perder la vida. De modo que poco a poco la gente, que no quiere líos, se resigna o se marcha.

¿Todas las personas? En efecto, nada más deseable que un país en el que puedan vivir todos los que no matan ni amenazan, con libertad para sus ideas y sus símbolos políticos. Pero para conseguirlo tendremos que lograr que vuelvan los que se vieron obligados a marcharse. Y no siempre por miedo: muchos se fueron por asco, por asfixia. Cuando se dice tranquilamente 'los españoles apoyan la ley de partidos, pero los vascos la rechazan', siempre tengo ganas de preguntar: a los que han tenido que irse ¿en cuál de los dos rubros se les computa? ¿O es que ya no tienen ni el derecho a opinar sobre la situación que los ha exilado? Se me acercan a veces, en cualquier lugar de España o en el extranjero, tras una charla o cuando firmo libros. 'Yo también soy de allí, ¿sabes?'. Y antes de que les pregunte nada me atajan: 'Pero de aquello ya no quiero hablar'. Nos miramos a los ojos y guardamos silencio.

Vamos a contar mentiras
José Antonio VERA La Razón 8 Junio 2002

Porque la última vez que un servidor criticó a los prelados vascos hubo quién me reprobó con severidad e incluso me advirtió de excomunión. Sentí pavor, la verdad. No ha venido uno a este mundo de miserias para ser reprendido por los pastores de almas y enviado sin compasión a la hoguera de belcebú por una cuestión menor.

Por eso digo ahora que el terrorismo, a fin de cuentas, es una cuestión menor ante la que es mejor taparse los ojos para no ver la cara de los que pegan los tiros ni el cuerpo destrozado de los que caen abatidos por el amonal o la parabellun. Es mejor no hablar de terrorismo. Hablemos pues de conflicto. Y si hablamos de conflicto, no cabe hablar de asesinos, sino sólo de presos que son separados de sus familias y torturados en las mazmorras del Estado.

No hablaremos por tanto de encarcelar a esos muchachos que gritan gora Eta, a esos hombres que jalean a Eta, a esos insignes dirigentes que se sienten como si fueran de Eta. Ellos no se merecen la prisión ni ser apartados de la sociedad por semejante nadería. Al fin y al cabo, lo único que hacen es dar salida a un sentimiento, a un arrebato interior, a la necesidad que todo ser humano tiene de acabar con el poder y de pegarle un tiro al vecino o al policía municipal que te pone una multa sin razón.

Meterles entre rejas, como muy bien dicen los prelados baskongados, afectaría negativamente a la convivencia y tendría sin duda consecuencias sombrías. Por eso es mejor que sigan goreando sin parar y borrokeando por las calles los fines de semanas. Qué más da, si no hacen nada malo. Sólo rompen farolas y escaparates. Solo vuelcan coches y queman autobuses. Sólo lanzan cócteles molotov contra bancos y comercios. No nos molestan sus jaranas, ni sus panfletos, ni sus consignas favorables a eliminar a todos los que no piensan como ellos. Porque, digo yo: qué se puede hacer con un tío que no piensa como tú. Eliminarlo, sin duda. Quemarle el coche y echarlo de su casa y del País Vasco o darle matarile si se pone respondón. Eso es lo lógico. Eso, la verdad, no afecta negativamente a la convivencia, y mucho menos de manera sombría. Lo que afecta negativamente a la convivencia es que tales disidentes sigan viviendo y trabajando en el País Vasco sin hacer mal a nadie, sin quemar un solo cajero, sin destrozar en su vida una cabina telefónica.

Lo sombrío, a ver si nos enteramos, no es gritar gora Eta. Lo sombrío es llevar a los calabozos del Estado a esos respetables dirigentes que están a favor de que se asesine a niños, de que se secuestre a empresarios, de que se extorsione a los comercios para financiar a esa organización (antes también llamada mafia) que vela y lucha por la paz sin marginar a nadie. Porque Eta no excluye. Se excluyen los que piensan diferente sin haber pedido permiso ni haber sido autorizados. Batasuna no discrimina. Se discriminan los que se empeñan en no ser nacionalistas, en no aprender euskera, en no euskaldunizar sus nombres y apellidos, en no tener el deneí basko y en votar a quien no deben cuando llegan las elecciones.

Lo siento, pero esos comportamientos desviados sí que afectan gravemente a la convivencia. Yo no lo entendía antes, pero la pastoral de Blázquez y cía. me ha abierto los ojos. Bonita pastoral. Empieza uno a sentir hasta admiración por estos ilustres mitrados que siempre saben colocarse en medio del conflicto y que dan a cada uno lo suyo, sin excepción. ¿Por qué van a tener más razón los guardias civiles que los etarras? Los etarras matan, pero los cabrones de los guardias torturan, que es peor. Los etarras secuestran, pero también secuestran quienes encarcelan y separan de sus familias a esos pobres presos injustamente condenados a más de tres mil años por treinta asesinatos de nada. ¿Y las víctimas? No hay que hablar de víctimas. Las víctimas pertenecen al pasado y ya no existen. Lo importante son los presos, que sufren sin parar y debemos acercarlos con urgencia a sus domicilios. No hemos entendido bien a los obispos. No señor. Por eso digo hoy que vamos a contar mentiras. Porque es mentira que estos pastores sean nacionalistas o flirteen con el nacionalismo. Es mentira que den oxígeno a Eta. Es mentira que sean neutrales o que ayuden más a los verdugos que a sus mutilados. Todo es mentira. Mentira gorda es la que sueltan los que les atribuyan complicidades indecentes. Mentira cochina es decir que por eso mismo nunca llevan escolta. Cuanta mentira. Claro que llevan escolta. Nos dedicamos a enredar de tal manera que ya no vemos ni al escolta que tenemos delante de las narices. Mentimos sin parar y nos olvidamos de las consecuencias sombrías.

Los prelados baskongados si que ofician funerales por policías y guardias civiles. No es cierto que algunos curas de algunas parroquias vascas se negaran a celebrar una misa por Miguel Ángel Blanco. Estaban muy ocupados. El problema es que aquí hay mucha mentira. Mentimos demasiado y alegremente cuando afirmamos que Eta nació en un seminario y que hay curas proclives y curas proetarras y curas etarras. Mentimos cuando decimos que Arzallus fue jesuita y cuando maliciosamente resaltamos que sólo son nacionalistas trescientos de los tres mil sacerdotes que hay hoy en el País Vasco.

Entre tanta mentira uno ya empieza a dudar sobre si son de verdad mentiras algunas de las mentiras más comunes. Por ejemplo, que la Conferencia Episcopal se lava las manos. O que el Vaticano se quita de en medio. Hay mucha mentira y mucho mentiroso y mucho periodista trolero y mucho político embustero. Hay mucho calumniador empeñado en zaherir a Blázquez, Uriarte y Asurmendi con trampas y cuentos mendaces. Te juro que es mentira que todo lo que digo hoy sea mentira o que mienta cuando digo que estos obispos son en verdad ejemplares. Hay aquí mucha mentira. Demasiadas mentiras. Vamos a contar mentiras.

El malentendido
Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 8 Junio 2002

Lo malo de las palabras es que pueden ser tergiversadas, pero lo bueno es que tergiversaciones y malentendidos pueden desvanecerse a través también de las palabras. El comunicado de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal ha defraudado a quienes esperábamos una posición más crítica ante la desafortunada pastoral de los obispos vascos. La primera perplejidad procede de la razonable negativa a valorar la pastoral, unida a la crítica a los críticos o, al menos, a muchos de ellos. Quizá habría sido preferible el silencio. En segundo lugar, reconoce el derecho del Estado a ilegalizar a un grupo político. Esto resulta tan irreprochable como obvio. A continuación, lamenta las críticas «injustas y desproporcionadas». En esto tampoco le falta razón. Muchos comentarios atribuyen al texto de la pastoral cosas que no dice, y otros omiten cosas razonables y justas que sí dice. No han faltado los anticlericales vocacionales que no han querido dejar pasar la ocasión brindada, aun al precio de la tergiversación y de la mala fe. Pero si ha habido críticas «injustas y desproporcionadas», también las ha habido justas y proporcionadas y, tal vez, no merecían ambas el mismo tratamiento. Es una infamia afirmar que la pastoral entraña la menor justificación del terrorismo ni la más mínima tibieza hacia sus cómplices. Pero no lo es apuntar algunos graves errores que, deliberadamente o no, se deslizaron en su texto y que han producido un dolor y una tristeza en muchos católicos y también en muchos que no lo son, que el comunicado de la Conferencia no ha aliviado.

La actitud hacia las víctimas del terrorismo es gélida. Si entendemos, por razones humanitarias, aunque podamos no compartirla, la petición de acercamiento de los criminales presos, ¿por qué ese abismo de frialdad hacia las víctimas, hacia quienes se ven obligados a mirar cada día en los bajos de sus coches o no pueden pasear con sus hijos o necesitan vivir rodeados de escoltas? Por muy igualitario que para algunos sea el cristianismo, siempre quedará esa división esencial entre quienes quedarán a la derecha del Padre y quienes se verán a su izquierda. Tanto el terrorista como su víctima son hijos de Dios, mas no todos los hijos son iguales.

La pastoral advierte sobre los riesgos de la ilegalización de Batasuna, pero omite sus posibles virtudes. Por ejemplo, la supresión de la financiación pública de las actividades terroristas. Ese «sean cuales fueren las relaciones entre ETA y Batasuna» constituye un gran error. Oponerse a las acciones de una banda de atracadores puede provocar violencia y muerte. Si la no violencia fuera un valor absoluto, lo mejor sería que la violada no ofreciera resistencia al violador en pro de la paz, y que la policía no se enfrentara a la banda de atracadores, ni el Estado a la Mafia. Existe una forma perfecta para acabar con el terrorismo: conceder a los terroristas todo lo que quieren. Pero eso no sería la paz sino la infamia. Probablemente, quienes ya viven bajo el imperio del terror en las Vascongadas no teman las eventuales consecuencias sombrías de la ilegalización de Batasuna porque ya las padecen. Naturalmente, los obispos vascos no quieren nada de esto, pero si su texto ha sido tergiversado es porque puede ser tergiversado. Ante lo inequívoco no cabe tergiversación. También se queja el comunicado de la acusación de que los obispos vascos se adhieran a un partido. Probablemente tenga razón. Pero lo cierto es que su pastoral ha sido alabada por la mayoría de los nacionalistas y criticada por la mayoría de quienes no lo son. Nada de esto puede esgrimirse, sin mala fe, en contra del cristianismo y de la Iglesia católica ni de su labor social. Pero nadie tergiversa la actitud episcopal hacia, por ejemplo, el aborto. A quien se siente tergiversado y malinterpretado siempre le cabe el recurso a la claridad.

En la otra mejilla
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 8 Junio 2002

Cuenta Iñaki Ezkerra en su libro ETA pro nobis, el pecado original de la Iglesia vasca, el caso del pastor protestante Martin Niemöller, brutalmente torturado en los campos de concentración de Dachau y Sachsenhausen, que en los albores del nazismo y en el transcurso de una de sus primeras detenciones, recibió en prisión la visita del capellán de la cárcel, que realizaba su ronda habitual entre los prisioneros. Sorprendido y afligido por encontrarse a un colega en semejante trance, el capellán le preguntó: «¿Qué hace usted aquí?» A lo que Niemöller respondió sin inmutarse: «Dada la situación de nuestro país, soy yo el que le pregunta: ¿qué hace usted que no está aquí dentro conmigo?»

La anécdota es perfectamente extrapolable al escenario español del año 2002, con millares de víctimas del terrorismo desempeñando el papel de Martin Niemöller y la Conferencia Episcopal el del apenado capellán del penal. Al igual que éste, los obispos españoles siguen la senda marcada por sus hermanos vascos y prefieren compadecerse de los perseguidos que compartir su suerte; dar a los concejales amenazados evangélicas palmadas en la espalda y apelar a su coraje cívico, que mostrar un ápice de valentía para enfrentarse abiertamente a los únicos que en la España de hoy amenazan, torturan, asesinan e impiden la convivencia en paz de todos los ciudadanos, que son los terroristas de ETA y sus cómplices disfrazados de representantes políticos.

Con alguna excepción loable, como la del prelado valenciano Agustín García Gasco, la jerarquía de la Iglesia española ha dado un ejemplo de cobardía e insolidaridad que quedará recogido en las páginas de la Historia como uno de los capítulos más sombríos de una trayectoria repleta de claroscuros.

Quienes confiábamos ingenuamente en que el Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal desautorizara una pastoral hipócrita y claudicante, en la que se apela una y otra vez a la necesidad de alcanzar la paz sin señalar más camino que «el diálogo paciente» (como si la democracia española no llevara 25 años dialogando, cediendo y sacrificando vidas) hemos de confesar que nuestras esperanzas carecían de base.

Una vez más, la comunión episcopal (el corporativismo) se ha impuesto sobre la caridad debida a los que sufren, y el compromiso con la dignidad ha sido sustituido por una actitud perfectamente equidistante entre los verdugos y sus víctimas: «La paz se malogra cuando quiere imponerse por la fuerza ciega o por el puro imperio de la ley».

Una vez más, desde el corazón mismo de la institución a la que reconocemos especial legitimidad moral para educar a nuestros hijos y manejar nuestros dineros con ventajosísimos privilegios fiscales, se nos dice que «la paz es el objetivo prioritario de esta sociedad y a él deben subordinarse otros objetivos legítimos e incluso saludables para nuestro país» como añado yo la libertad, la democracia, la igualdad de oportunidades e incluso el derecho a la vida de quienes discrepan del pensamiento nacionalista único imperante en el País Vasco.

Una vez más, se nos predica desde los púlpitos, en este caso el más alto de los púlpitos, que frente a ETA no cabe más camino que la rendición y que la única forma de aplacar a la bestia que nos acecha es ceder a sus exigencias y «ofrecer signos de distensión y de aproximación». Y todo ello lo suscribe la misma Conferencia Episcopal que hace unos meses se negó a firmar el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, alegando que era un documento de carácter político que escapaba a su ámbito de atribuciones y responsabilidades.

Pues bien, si ése es el mensaje que quiere difundir la Iglesia española, yo opto por la enseñanza de una asignatura alternativa de Ética en las escuelas y prefiero que mis impuestos los administre una ONG como la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que, como Martin Niemöller, está en la cárcel con los perseguidos.

EL PERSONAJE
Xabier Arzalluz señala
El enemigo. Sucedió el viernes pasado en el Foro de Partidos reunido en Vitoria. El presidente del PNV, Xabier Arzalluz, que no había estrechado la mano de su interlocutor del PP, Jaime Mayor Oreja, despidió a los presentes con estas palabras: «Hasta la próxima reunión, en la que espero que estemos todos vivos...» Al día siguiente, el líder nacionalista precisaba sus alusiones y calificaba públicamente a Mayor Oreja de «enemigo», en coincidencia con el presunto periodista-terrorista Pepe Rei, quien dedica su último editorial en Kalegorria a señalar al ex ministro.

LA LLAMADA
Carles y los inmigrantes 
Por escrito. Cuentan en fuentes próximas a la Delegación del Gobierno en Cataluña que hace unos meses, al cumplirse tres semanas del encierro de inmigrantes ilegales en la Parroquia de Santa María del Pí, se recibió en la Delegación una discreta llamada del Obispado pidiendo que las fuerzas de seguridad desalojaran a los encerrados. La respuesta a monseñor Carles, que días antes había expresado públicamente su apoyo a los ilegales, fue la siguiente: «Su petición será atendida, siempre que la formule por escrito».

EL ENIGMA
Funcionarios en huelga
Vista gorda. Adivina, adivinanza: ¿cuál de las tres grandes autonomías gobernadas por el PSOE va a descontar a los funcionarios que secunden la huelga del 20-J el correspondiente importe de sus nóminas, y cuáles van a hacer la vista gorda, dando por bueno el argumento de que el paro en los transportes les impidió llegar al trabajo? Pista: las que mirarán hacia otro lado son las beneficiarias del PER y la que piensa aplicar la legislación vigente es la más directamente perjudicada por el subsidio agrario que se reforma.

Protestas
Por JAIME CAMPMANY ABC 8 Junio 2002

Llueven protestas sobre el Gobierno. Caen las reprobaciones desde los sindicatos, los jueces y los obispos. Tres poderes formidables. La nube roja de los sindicatos, la nube negra de los jueces y la nube alta de los obispos. No está mal. Una de las obligaciones primeras de todo Gobierno es soportar las protestas de los descontentos y quejosos, la corte de las protestas que jamás acaban y es natural. Nunca llueve a gusto de todos.

Se lamentan los sindicatos de los servicios mínimos que vaya a señalar el Gobierno para el 20 de junio, día de la huelga, que mejor que huelga obrera es juerga sindical. ¿Pero qué quieren los «capi» de nuestros sindicatos: ofrecer a Europa el espectáculo de una España paralizada por una protesta caprichosa e inoportuna? Y también se quejan nuestros sindicalistas de las medidas de seguridad que adoptará el Ministerio del Interior para evitar que el día de la cumbre europea Sevilla y toda España sean un desbarajuste y un desmadre, se paralice por completo la vida de la nación y la violencia impere en las calles. Al elegir intencionadamente el 20 de junio para convocar la huelga de marras, el juego estaba claro. Los sindicatos señalaban el día en que la huelga hiciera más daño y adquiriera mayor resonancia, y el Gobierno tendría que tomar medidas eficaces contra un propósito que excede el de una verdadera huelga obrera.

Los jueces responsables del desaguisado de perdonar y pasar por alto el criminal «Gora ETA» han pedido al Consejo General del Poder Judicial amparo contra el Gobierno y contra la prensa por las críticas que ha merecido su inexplicable actuación. El presidente del indulgente tribunal, Perfecto Andrés Ibáñez, ha llegado incluso a polemizar desde el periódico con Carlos Herrera, uno de los varios periodistas amenazado de muerte por ETA, es decir por el brazo ejecutor de ese sujeto que expresa públicamente que la banda siga viviendo, y por tanto matando. Los periodistas hablamos con artículos y los jueces hablan con sentencias, y es de notar que las segundas prevalecen sobre los primeros.

Tienen toda la razón los obispos al declarar que las críticas que han recibido estos días los autores de la desgraciada «Carta pastoral» ha hecho daño a la Iglesia. Pero la causa de ese daño hay que buscarla en la propia pastoral y no en el respingo de sorpresa, desconcierto e irritación que ha provocado en el Gobierno, en las víctimas del terrorismo, en la prensa y en la inmensa mayoría de los ciudadanos. Se pregunta en voz alta monseñor Carles si un presidente puede llamar inmorales a los obispos. Monseñor toma el rábano por las hojas porque no es precisamente eso lo que ha dicho Aznar. Pero preguntemos a la vez: ¿Pueden los obispos dejar de llamar inmorales a los cómplices de unos asesinos organizados? ¿No es ese un silencio culpable de los obispos y de buena parte del clero vasco?

Peor que antes
Lorenzo CONTRERAS La Razón 8 Junio 2002

Al hacer causa común con la pastoral de los obispos del País Vasco, sin entrar en consideraciones sobre las relaciones de Batasuna con Eta, el comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, en representación de ésta y colegialmente de toda la Iglesia Nacional, acaba de declarar a su modo «una guerra» al Gobierno español de turno cuando más evidentes son los privilegios que la Iglesia católica disfruta por parte de un Estado teóricamente laico o no confesional. De ese trato preferente, tras recibir el nuevo recado episcopal, no ha hablado todavía el Ejecutivo que Aznar preside, pero sí lo ha hecho el portavoz socialista Caldera.

La Iglesia nacional se ha alineado «corporativamente», como alguien ha dicho, con la Iglesia nacionalista, incluida en el fondo la catalana, con el cardenal arzobispo de Barcelona Ricard María Carles en posición distinguida y arrogante. Al cardenal Antonio María Rouco, presidente de la Conferencia, no se le ha visto. Por lo menos no se le ha visto en aquella línea o actitud de hace algo más de un año, cuando esbozó un propósito de «ilegalizar» canónicamente a Eta, es decir, excomulgar a sus miembros, porque, según dijo entonces, para justificar un anteproyecto de decreto condenatorio, era necesaria una respuesta «a la mayor crisis eclesial de los tiempos de la democracia». De aquella iniciativa de Rouco nunca más se supo. Y lo que ahora se sabe es que, con Eta y Batasuna al fondo del escenario, la «crisis eclesial», aun disfrazada de unidad, es mayor que nunca. Inmovilizado por Uriarte y Carles, el «madrileño» Rouco se ha traducido al gallego, que a fin de cuentas es lo suyo, su reflejo atávico.
El señor nuncio del Vaticano, monseñor Monteira, medio que es portugués, se asomó brevemente al tablado, medio instado por Josep Piqué, y recitó o musitó una fórmula evasiva en la que admitía «claros aspectos de inoportunidad» en la pastoral de los obispos del País Vasco. Donosa y diplomática manera de amparar la Ley de Partidos, rechazar en cambio por contraste la ilegalización de Batasuna, solidarizarse con Uriarte y compañía, para reprocharles en suma que hubiesen escogido un mal momento.

Por supuesto que se trata de un mal momento, cuando mejor obsequiada se ve la Iglesia católica en materia educativa, con la Ley de Calidad metida en la vorágine de la polémica, y en la delicada coyuntura de las declaraciones de la renta de los españoles, tributarios de una cuota con destino a las necesidades de la Santa Madre. Todo sería hermosamente desinteresado si la Conferencia Episcopal, a través de su comité ejecutivo, hubiese defendido la noble causa de las libertades democráticas. Pero lo que ha venido a defender es una pastoral partidista, nacionalista, enfrentada a la evidencia de que Batasuna, por sus relaciones con Eta, no merece estar en la legalidad ni beneficiarse de ella en un paisaje político sembrado de víctimas.

Españolismo rancio
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 8 Junio 2002

¿Pero cómo se le ha ocurrido a Camacho poner a ahí a unos tipos que ahora les ha dado por correr y por remontar un partido de fútbol contra la todopoderosa Paraguay! El Gobierno debería dimitir en bloque por alentar ese españolismo rancio del que se queja Pujol ¿Qué razón tiene el presidente de la Generalidad catalana! Así no se puede vivir, con banderas españolas por la tele y venga la gente a gritar «España, España» por la radio. Rancio.
Pero es que hay más: qué hacen esos tenistas llegando a las semifinales del Roland Garros, que le va a dar un infarto a Pujol, hombre, que está ya mayor.

Una cosa es que soporte a unos chicos que cantan, y otra cosa es tener a los países catalanes paralizados con la bandera española.

Se hace imprescindible terminar con este españolismo rancio dado que ni Eslovenia, ejemplo de Independencia, ha sido capaz de pararles los pies.

Pero la cosa no termina ahí: a Camacho se le ocurre quitar a Luis Enrique y los tres goles de España los meten los del Madrid. Ese insulto ya es muy superior a lo que se puede soportar. Pujol debería encabezar una manifestación o algo así, porque ha gastado unas cuantas cajas de clínex de tanto llorar y necesita un desagravio urgentemente.
Rancio españolismo. Que si unos cantan, que si otros juegan al fútbol y que los demás al tenis ¿Y Woody Allen que dice que quiere conocer al Rey de España! ¿Pero no quiere conocer a Pujol?

Esto es un desastre. Ahora bien: tranquilo, Pujol, que esto del españolismo es una filfa para cosas festivas. Si el sentimiento fuera de verdad para las cosas de comer, a lo mejor este país sentía otro tipo de orgullo. En la cosa del deporte y de Eurovisión, puede asustarte el movimiento de masas con banderas españolas; en el sentido de una España dividida en pueblecitos insolidarios, la batalla la has ganado tú.

Cuando ETA es el mesías
Una tesis de la UPV describe al MLNV como «comunidad creyente» que ha abandonado la fe tradicional para rendir culto «al pueblo y a sus mártires»
OLATZ BARRIUSO/BILBAO El Correo 8 Junio 2002

«La concepción del mundo que reduce la identidad a la pertenencia a una sola cosa instala en los hombres una actitud parcial, sectaria, intolerante, dominadora y los transforma a menudo en gentes que matan o en partidarios de los que lo hacen». Izaskun Sáez de la Fuente ha elegido una cita de Amin Maalouf para introducir su tesis doctoral, publicada ahora bajo el título El Movimiento de Liberación Nacional Vasco, una religión de sustitución . Y lo ha hecho para alertar de los peligros de la «sacralización» de cualquier sentimiento identitario y reivindicar a la vez «el pluralismo y la tolerancia» como impulsores de su trabajo.

Una obra gestada durante cinco años que, con gran profusión documental, pretende subrayar precisamente un fenómeno contrapuesto: la «fractura» que ha separado a la izquierda independentista radical del resto de los vascos y ha convertido a sus militantes en miembros de una «comunidad creyente» articulada de forma «endogámica y excluyente» en torno a sus propios ritos y a sus propias e inmutables «verdades de fe». Éstas son, según la autora, la transformación del pueblo vasco en objeto de culto y la configuración de una ética «legitimadora» de la violencia y el asesinato a través de la sacralización de la «figura del héroe», encarnada en los terroristas muertos «en combate».

Sáez de la Fuente describe un sistema de valores a contracorriente -«profundamente contrario al del resto de la población vasca y al de la base de cualquier partido democrático», explica- que se retroalimenta y perpetúa a sí mismo sin ningún viso de autocrítica ni apenas esperanzas para el cambio. «En el momento actual, se puede pensar que el movimiento en su parte ortodoxa no va a modificarse en sus cimientos», asegura Sáez de la Fuente, que señala cómo la disidencia en el seno de la izquierda abertzale encuentra escasa resonancia y se limita a discrepar del uso de la violencia «por razones de oportunidad política».

En plena tormenta por la pastoral de los obispos vascos -que ha hecho que muchos recuerden episodios como los encierros de jóvenes radicales en las parroquias para protestar por la ilegalización de Segi- la autora prefiere no sumarse a la polémica, si bien cree «machaconamente» demostrado que el MLNV es un movimiento «profundamente ateo y anticlerical», sobre todo en sus capas juveniles, sin que eso signifique que los saboteadores «se dediquen a quemar iglesias».

Secularización
Y aporta datos que apuntalan esta teoría y una de las tesis principales del libro: el proceso de secularización y «vaciamiento de los valores religiosos tradicionales» que se ha producido en la izquierda abertzale. En su primera época, el porcentaje de personas afines a HB que se declaran católicos asciende al 55%. En 1999, en cambio, las nuevas generaciones de la izquierda abertzale se reconocen en dos opciones: el ateísmo-increencia y el agnosticismo-indiferencia, que suponen el 85% del total. Un 2% de la juventud radical se autodefine como católico practicante , un nivel inferior al de países hipersecularizados como Suecia. A mediados de los noventa, sólo uno de cada diez simpatizantes de HB dice confiar en la Iglesia. Con la justificación de la violencia ocurre algo similar: el 54% de los afines a la izquierda abertzale la apoya, mientras que el porcentaje en el conjunto de la CAV desciende a un 4%.

Sostiene así Sáez de la Fuente que los valores tradicionales que se han volatilizado en el MLNV han sido sustituidos por otros. ¿Cuáles? O como se pregunta Imanol Zubero en el prólogo del libro: «¿Cómo es posible que tantas y tan diversas personas sostengan, contra toda evidencia, la visión del nacionalismo vasco radical, en el que la violencia encuentra acomodo?» La respuesta, según el estudio, estriba en el abandono por parte del independentismo violento de la concepción laica de la política, típica de las sociedades civiles modernas. El MLNV habría trasladado el objeto de culto -que ya no es Dios sino el pueblo- pero conservando, sin embargo, «los aspectos más intolerantes, rigoristas y totalizantes de la ortodoxia religiosa», afirma el propio Zubero.

El roble en los funerales
Sólo así -asegura Sáez de la Fuente- se pueden entender las particulares «liturgias» de una comunidad de «estructura piramidal» que coloca a ETA en la cúspide como «grupo mesiánico que debe salvar al pueblo oprimido», a los detenidos y presos en un segundo nivel y a los militantes ordinarios en la base. Baste un ejemplo aportado por la autora, reiterativo en la «parafernalia ritual» que invariablemente acompaña a los funerales y homenajes a los etarras muertos: el depósito de un trozo de roble junto al féretro -bien por los hijos biológicos del fallecido o por «la vanguardia juvenil, que se considera heredera del combate»- como escenificación de «la ruptura entre la vida y la muerte, inherente a cualquier hecho religioso».

Así se explica la «oferta de salvación» que propone el MLNV a sus fieles : «para ellos la salvación individual sólo será posible cuando se haya salvado el pueblo». De este modo también, el anhelo del ideal perseguido -«la liberación nacional y social de Euskal Herria»- perdura en la colectividad y el terrorista «se convierte en un héroe con entidad sagrada que pasa a engrosar el santoral de la causa».

Falsos argumentos
Pío Moa Libertad Digital 8 Junio 2002

El gobierno ha dicho al episcopado que la gran mayoría de los españoles comparte sus críticas a la pastoral de los obispos vascos. ¿Y qué? Este es un argumento populista y seudodemocrático. La mayoría no tiene por fuerza la razón, y la gracia de las libertades consiste, precisamente, en que algunos puedan defender sus opiniones, que tal vez a la larga se revelen justas, contra la mayoría.

Mucho peor ha sido la argumentación del PSOE, partido tan comprensivo con la ETA durante años, y luego con los recogenueces, para caer del guindo hace poco, y volver ahora mismo a las andadas tras defenestrar a Redondo. Su portavoz, Caldera, quiere obligar a la Iglesia a “corregir” su posición porque, pásmese cualquiera, “Así se está alejando cada vez más de sus fieles” (otra cosa no ha deseado nunca el PSOE), y “no cumple el papel evangélico” (nada grave, porque ya lo cumplen, al parecer, los socialistas). De ahí al chantaje, aludiendo a Gescartera y a los “importantes privilegios” de la Iglesia. Que un partido empapado de corrupción y repleto de privilegios injustos, aspirante a enterrador de Montesquieu –y no del todo fallido en el intento–, venga a acusar en falso a otros, es una muestra de degradación realmente alarmante. Con este tipo de argumentos han funcionado siempre las democracias “latinoamericanas”.

Y el episcopado ha calificado de “injustas y desproporcionadas las críticas al documento de los obispos vascos. No lo son en lo más mínimo. Incluso se quedan cortas. Cuando se hizo el Pacto Antiterrorista, el episcopado se negó a firmarlo. Eso es normal, porque no le corresponde a la Iglesia mezclarse tan directamente en política. Pero ahora, cuando se trata de una medida contra el terrorismo, el episcopado vasco sí firma en contra, mediante su pastoral, y se alinea políticamente, de hoz y coz, con el nacionalismo recogenueces del PNV. Obsérvese: “Esta pluralidad conflictiva de identidades (en el País Vasco) está reclamando el hallazgo de una fórmula de convivencia”. ¡A estas alturas, señores obispos! Esa fórmula consiste en el respeto a la libertad y la vida, y no hace falta “reclamarla”, porque ya existe y funciona en el resto de España de modo pasable. Lo que hay que hacer en el País Vasco es defenderla contra sus enemigos, lo cual ustedes no hacen porque esos enemigos son, precisamente, los nacionalistas, violentos o no, pero siempre unidos para “reclamar” una fórmula de supuesta convivencia que les permita oprimir más aún al resto de los vascos.

La pastoral insta a los demás a “distinguir entre nacionalismo y terrorismo”. Nueva falsedad. El terrorismo es nacionalista, y aun cuando no todos los nacionalistas sean terroristas, unos y otros están profundamente entremezclados. Son los nacionalistas presuntamente pacíficos quienes tendrían que demostrar que no tienen nada que ver con los otros. Pero no lo demuestran en lo más mínimo. Su Ertzaintza no los persigue, y su política general consiste en utilizar los asesinatos como argumento para “reclamar otra fórmula” de supuesta convivencia.

En fin, con la ilegalización de la mafia batasuna, advierten los obispos, “La convivencia, ya gravemente alterada, ¿no sufriría acaso un deterioro mayor en nuestros pueblos y ciudades?” ¡Magnífico resumen de la predicación chantajista del PNV a las víctimas! En definitiva, la prepotencia y abusos nazis “alteran la convivencia”, pero ¿no se alterará más si las víctimas se oponen resueltamente? Y bien, ¿es esto predicación evangélica o apoyo moral a la opresión y el crimen?

No sabemos cómo funcionará la ilegalización de Batasuna, pero no deben confundirse los principios con la aplicación de ellos. Las prácticas mafiosas, el asesinato y el robo, deben estar proscritos, aun si luego la aplicación de la ley tiene mil fallos, corregibles con la experiencia. Por lo pronto, el PNV se ha declarado “en guerra” contra la ley, y la saboteará sin duda. De alguna manera, la pastoral de los obispos y el panfleto de los curas nacionalistas bajo su autoridad lo están haciendo ya.

Ibarreche, donde más molesta
Editorial La Razón 8 Junio 2002

El presidente del Gobierno de la Comunidad Autónoma Vasca, Juan José Ibarreche, parece haberse especializado en viajar a aquellos países donde su presencia puede ser más molesta para los intereses de España. Después de la Cuba castrista, donde no se sabe qué modelo positivo pudo buscar en relación con su Comunidad, ahora ha decidido visitar el Sahara y reunirse con el Frente Polisario, justo cuando el futuro de esa región tiene crispados los ánimos de Marruecos, hasta el punto de haber sido utilizado como excusa para una absurda fricción con España.

Es obvio que la visita de Ibarreche se entromete en una crisis diplomática delicada. Y que no le puede hacer ningún bien. Y es tan claro, que parecería intencionado por parte del lendakari vasco: poner en un brete a un Gobierno, el español, con el que tiene diferencias cada vez más marcadas, especialmente tras sus últimas derivas soberanistas.

Es razonable que el Gobierno español se moleste por esta interferencia en política exterior. Ibarreche y su ejecutivo aseguran que es injustificada la suspicacia, y que si no han informado oficialmente al Gobierno de la Nación ha sido porque el viaje aún está en fase de proyecto. Pero Arzallus, retador, ha dicho que es «un bofetón al Gobierno». Así lo empieza a entender éste, que es el responsable constitucional de la política exterior. Porque Marruecos lo va a leer, y lo va a utilizar, contra España. Y parece que eso es exactamente lo que quiere Ibarreche.

García de la Concha dice que el español se está consolidando como lengua de comunicación universal
EFE Libertad Digital 8 Junio 2002

El director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, aseguró este viernes en Segovia que "el español se está consolidando como lengua de comunicación universal, en un momento de globalización económica y de la cultura" que repercutirá en la desaparición de lenguas minoritarias, “lo cual es lamentable porque es una pérdida”.

Para García de la Concha, que participó en el jurado del XII Premio de Poesía Gil de Biedma, el castellano está en un momento de gran expansión, como se demostró en el Congreso de la Lengua celebrado en Valladolid, el año pasado. Su expansión hacia los Estados Unidos y Brasil hace que el español, en opinión del director de la RAE, "esté adquiriendo una fuerza muy importante de rebote en otras áreas y se estudia porque se trata de una lengua de comunicación universal".

En este sentido, García de la Concha explicó que "el hecho de que los países iberoamericanos estén impulsando ese crecimiento a un lado y otro hace que, a su vez, suscite un gran interés de estudio y de conocimiento en los países del Este de Europa o en Extremo Oriente".

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