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Recortes de Prensa     Miércoles 19 Junio  2002
Contra el olvido
Editorial ABC 19 Junio 2002

Eta y las urnas
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 19 Junio 2002

Las ideas independentistas
JORGE DE ESTEBAN El Mundo 19 Junio 2002

Un mal señor mayor
ANTONIO GALA El Mundo 19 Junio 2002

Ideas con violencia
TONIA ETXARRI/ El Correo 19 Junio 2002

Les hemos regalado las palabras
Javier Ruiz Portella Libertad Digital 19 Junio 2002

«INDEPENDENCE DAY»
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 19 Junio 2002

“El alcalde lleva razón cuando utiliza La Coruña al hablar en castellano”
Carla Vidal  A Coruña El Ideal Gallego 19 Junio 2002

El Consejo de Europa nombra al Camino de la Lengua itinerario cultural
EFE Libertad Digital 19 Junio 2002


Contra el olvido
Editorial ABC 19 Junio 2002

Hace hoy quince años, una bomba colocada por ETA en el edificio de Hipercor de Barcelona asesinaba a veintiuna personas y dejaba heridas a otras cuarenta. No fueron las únicas víctimas. Los familiares aún viven con el dolor de la muerte convertido en traumas psíquicos y en dolencias físicas. No es sólo el momento de recordar la tragedia individual de cada familia y de cada víctima. Hoy el recuerdo de Hipercor debe también ser una apelación a la justicia, en todas las acepciones del término. A la justicia legal, que ha de recaer sin encogimiento ni duda sobre los autores de la masacre. En 1989 ya fueron condenados los etarras Josefa Mercedes Ernaga y Domingo Troitiño y en el próximo mes de septiembre serán juzgados Santiago Arrózpide y Rafael Caride, quienes ya saben que el juicio de los Tribunales puede llegar tarde, pero acaba llegando de forma inexorable. También ha de hacerse justicia moral y material con todas las víctimas, reparando en la medida de lo posible las consecuencias del atentado, sin escamotear la ayuda pública con excusas de ventanilla. Y, por supuesto, la justicia política, que en un Estado democrático y de Derecho se basa en el cumplimiento de la Constitución y de las leyes, en el respeto de las instituciones y en el deber de los poderes públicos de hacer que unas y otras sean respetadas, con la persuasión de la gestión política o con la coerción legítima de las potestades públicas. Por eso hay que luchar contra el olvido que buscan los planteamientos amorales sobre la violencia terrorista, los juicios que presentan a ETA como el fruto de un conflicto político o las propuestas que aspiran a rentabilizar el miedo a través del silencio de las víctimas. Y también contra los espejismos que crean los paréntesis sin muertos.

Cuando, en relación con ETA, el nacionalismo vuelva a proponer el diálogo como solución a su violencia, la respuesta democrática y ética no puede ignorar crímenes como el de Hipercor. La memoria viva de la injusticia radical del terrorismo no anula la capacidad de análisis y de reacción del Estado ante la evolución de los acontecimientos. No lo hizo en 1998. Por el contrario, acrece sus razones morales y políticas frente a la violencia, esté activa o en tregua, porque la obligación del Estado es que, como ahora está sucediendo con iniciativas como la ley que indemniza a las víctimas o la Fundación creada en el marco del Pacto por las Libertades, la reparación a las víctimas sea el preámbulo de cualquier actuación política, judicial o parlamentaria sobre el terrorismo.

Eta y las urnas
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 19 Junio 2002

La iniciativa del PNV de formalizar un acuerdo con Batasuna para ir juntos en las listas electorales es repugnante. Tanto, que se han visto obligados a desmentirlo sin convicción porque la realidad es tozuda: el pacto existe, lo que significa llevar a Eta a las urnas burlándose de la Ley que ha aprobado el Congreso de los diputados con el noventa por ciento de los votos. Así es como Arzalluz quiere ganar la independencia dentro de doce años. Ya no es que unos muevan el árbol y otros recojan las nueces que caen: es que se ponen todos a una. Una vez asimilado esto, es difícil describir al PNV como un partido demócrata pues no cree en la Democracia quien pacta con los terroristas ¿Qué dirá ahora el lehendakari después de un atentado? ¿Que dejen de matar? ¿Quiénes? ¿Los que van en sus listas electorales? Según la Ley aprobada por el Congreso, cualquier partido que apoye los terroristas puede ser ilegalizado ¿Busca Arzalluz la ilegalización? Qué opción más tonta. Hace ahora veinticinco años que parecía que los españoles habíamos llegado al acuerdo de no enfrentarnos, pero alguno no lo ha entendido. Lo que ocurre en el País Vasco dentro de la España del siglo XXI es anormal. Si eso estuviera pasando en cualquier otro punto de la UE, alarmados nos llevaríamos las manos a la cabeza. Pero, en España, tenemos que convivir con ello: qué atraso.

Las ideas independentistas
JORGE DE ESTEBAN El Mundo 19 Junio 2002

Ante la inminente aprobación por las Cortes Generales de la tan traída y llevada Ley de Partidos, sus defensores entre los que me encuentro afirman que lo que se pretende es ilegalizar a aquellos partidos políticos que usen o justifiquen métodos violentos para conseguir un fin, que, en el caso de Batasuna, es el de lograr la independencia de un etéreo País Vasco o Euskal Herría.

Con ello se quiere afirmar que la causa de la eventual ilegalización de ese partido no es la idea independentista en sí misma, sino los métodos violentos que utiliza el evidente cuerpo armado de Batasuna que es ETA. De este modo, se quiere poner el énfasis en que lo que persigue la ley no son las ideas, sino los métodos para llevarlas a cabo. Se afirma así que cualquier idea que defienda un partido pacíficamente no sólo es posible con esta ley, sino que además está garantizado semejante derecho por los artículos 16.1 y 20.1.a de la Constitución. Pero, naturalmente, como todo derecho o libertad, la defensa o expresión de una idea no puede ser de carácter absoluto y se establecen en consecuencia unos límites que consisten en que es necesario que no perturbe «el orden público protegido por la ley» y que respete los derechos fundamentales básicos reconocidos en el Título I de la Norma Fundamental.

Sea lo que sea, el hecho es que el margen que se permite especialmente para la expresión y defensa de las distintas ideologías que puedan representar los partidos políticos es realmente amplio, hasta el punto de que se permiten partidos republicanos o independentistas democráticos, como un sector predominante del PNV. Es posible, pues, expresar, difundir y representar este tipo de ideas que pueden afectar a la forma de la Jefatura del Estado o a la secesión de una parte de lo que hoy entendemos por España. El método propio para efectuar esas ideas, que tienen un fin concreto, no puede ser otro, en una democracia, que el voto de los ciudadanos, porque si las ideas pacíficamente defendidas no pueden conseguir su meta convierten a ese derecho en una libertad puramente virtual.Lo cual sería contradecir el espíritu y la letra de la Constitución y de la futura Ley de Partidos, porque, como digo, una idea que no se pueda concretar en su objetivo final no sería más que una pura entelequia. Pero para que se pueda realizar no existe otro camino más que el que marca la Constitución y las normas de la democracia, que se fundamenta en la voluntad de los votos.

La secesión del territorio de un Estado, salvo en algunos de los antiguos estados federales socialistas en donde era pura retórica la desintegración de Yugoslavia fue por presiones internacionales , no es reconocida expresamente por ninguna Constitución democrática, sino más bien al contrario. En efecto, las constituciones expresan la defensa de su unidad nacional o política y la integridad del territorio del Estado. Es más: el Derecho Internacional, especialmente después de que se ha acabado ya con la descolonización, descansa en la integridad territorial de los actuales estados y así lo reconoce indirectamente la propia Carta de las Naciones Unidas en su artículo 2.4. Y lo mismo cabe decir en cuanto a los estados miembros que componen la actual Unión Europea, puesto que el artículo 6.3 del Tratado de Maastricht mantiene que la Unión respetará «la identidad nacional de sus estados miembros». Por consiguiente, no es posible la secesión pacífica de un territorio que forme parte de un Estado consolidado por varios siglos mediante únicamente la decisión unilateral de ese territorio.

¿Significa entonces que si un territorio de un Estado, por la decisión pacífica de la inmensa mayoría de sus ciudadanos, desea separarse del mismo no tiene ninguna posibilidad de lograrlo? Porque entonces se rompería la esencia de la democracia negando el derecho a la independencia, pues, al mismo tiempo que se afirma que esa idea se puede defender pacíficamente, no son posibles sus resultados prácticos. Evidentemente, se trata de una situación muy compleja, pero que no tiene más solución que la de cambiarse la Constitución para permitir la secesión de un territorio. No existe más posibilidad que ésa, salvo una guerra frontal en la que se enfrentarían dos partes de un Estado con sus respectivos ejércitos , como ocurrió con la guerra civil americana, con 600.000 muertos, ante el intento de separarse de la Unión de los estados del Sur. Pero digo una guerra con dos ejércitos enfrentados y con terroristas sin uniforme que no lograrán nunca ese objetivo.

Así las cosas, vayamos al caso actual del País Vasco. Por un lado, existe un partido, Batasuna, con su cuerpo armado que es ETA y todas sus ramificaciones, que por una parte quiere seguir participando en las instituciones vascas sin condenar el terrorismo e incluso amparándolo, lo cual ha sido una aberración de nuestra democracia que ahora se quiere cambiar con razón, si Batasuna se empeña en seguir sirviéndose del terrorismo de ETA y en no condenar sus atentados. Y, por otro, hay un partido, el PNV, en el que sus actuales dirigentes aunque no todos sus militantes desean también de forma pacífica conseguir la independencia.No es necesario recordar la incongruencia de esa reivindicación; en primer lugar, el País Vasco goza en la actualidad de la mayor autonomía de cualquier región en Europa; en segundo lugar, no sólo desean la independencia de las provincias vascas, sino también la anexión de Navarra y de los departamentos del País Vasco francés; en tercer lugar, no existe una mayoría absoluta nacionalista de sus actuales habitantes, sino que en los tres casos se trata de poblaciones pluralistas de las cuales un número mayor o menor, según las provincias, además de aquéllos que han tenido que huir de ellas, desea seguir perteneciendo a los estados español o francés; y, en cuarto lugar, es ridículo reivindicar dichas ideas cuando estamos en pleno proceso de integración europea con una moneda única e instituciones comunes para todos los estados miembros y en donde las regiones cada vez tendrán más importancia.

Sin embargo, los nacionalistas vascos parecen haber adoptado el famoso eslogan del Mayo francés que decía «ser realistas, pedir lo imposible». Pero como la irracionalidad es patrimonio sobre todo de muchos políticos, en este caso vascos, hay que trazar el camino, por pedregoso que sea, si es que logran conseguir una aplastante mayoría de los pobladores de sus territorios para lograr pacíficamente la independencia que defienden. Y ese camino no es otro que el que traza la Constitución española, dejando de lado el caso del País Vasco francés. De este modo, el lehendakari Ibarretxe ha repetido varias veces que quiere convocar un referéndum para que se pronuncien los vascos sobre si quieren la independencia o, por otro lado, se defiende también que se pronuncie una asamblea de municipios sobre esa cuestión, lo cual evidentemente no tiene cobertura en la Constitución. Ambas propuestas no son legales y no se pueden permitir, porque el Estado debe defender la legalidad y a los que no están de acuerdo con ambas iniciativas y que son también una gran mayoría. ¿Quiere decirse entonces que no hay salida? La hay, pero enormemente complicada según las normas legales. Para que se celebre un referéndum sobre el tema vasco cabe el siguiente proceso: puesto que el lehendakari no tiene competencia para convocarlo, porque es propia del Estado, los pasos a dar, interpretando la Constitución y las normas que la desarrollan, serían los siguientes:

Primero, el Gobierno vasco, y en su caso el navarro, solicitarían al Gobierno de la nación la convocatoria de un referéndum consultivo sobre si se desea un Estado vasco o seguir perteneciendo al Estado español, propuesta que debe convocar el Rey, tras ser aprobada primero por el Gobierno y después por mayoría absoluta del Congreso de los Diputados. Cabe también, según el artículo 4.2 de la vigente Ley Orgánica del Derecho de Petición, que un colectivo lo suficientemente importante, mediante firmas autentificadas, lo solicite al Gobierno nacional directamente.

Segundo, el referéndum, en caso de aprobarse, se realizaría por provincias y además sólo tendría carácter consultivo. Pero, evidentemente, si el resultado fuese en cada una de ellas superior a los dos tercios de los electores mayoría cualificada para reformar la Constitución tendría que ser considerado vinculante según las reglas democráticas. En caso de que no se consiguiese tal mayoría cualificada en todas las provincias consultadas, perdería entonces tal carácter vinculante.

Tercero, para que se pueda realizar tal referéndum, son necesarias dos condiciones: por un lado, que haya una tregua de ETA en la que cesen los atentados de todo tipo durante al menos un año y que se respete la libertad de expresión sin presiones de todo tipo para poder defender sin miedo las ideas no nacionalistas.Porque un referéndum sin libertad y con atentados, como quiere ya el lehendakari, sería una caricatura de la democracia, como ocurrió con el franquismo.

Cuarto, suponiendo que se diesen todas las condiciones anteriores sería necesario reformar la Constitución para permitir la creación del Estado vasco separado del resto de España y fuera naturalmente también de la Unión Europea. Y para que esa reforma fuese válida tendría que ser aprobada por dos tercios de las dos Cámaras, disolviéndose éstas, convocándose después nuevas elecciones y teniendo que ser aprobada la reforma igualmente por dos tercios de las nuevas Cortes. Posteriormente, tal reforma tendría que ser aprobada también por referéndum nacional, pues, por poner un ejemplo comparado, como ha dicho el Tribunal Supremo de Canadá, la eventual secesión de Quebeq tendría que realizarse mediante un acuerdo bilateral y la aceptación de toda la nación.

Por consiguiente, se pueden defender las ideas independentistas de forma pacífica, aunque, como se ve, conseguir tal objetivo es complicado, aunque no imposible. Lo que es imposible y no conduce a ninguna parte es asumir la idea de la independencia mediante el terrorismo o marginando la Constitución y el Estatuto en una España democrática que forma parte de la Unión Europea.Los nacionalistas vascos pueden gozar con las posibilidades que permite la Constitución, de una autonomía que convierte casi ya al País Vasco en un Estado dentro del Estado y lo mismo cabría decir a los nacionalistas catalanes más sinuosos y astutos. La cuasiindependencia de unas regiones que se consideran naciones cabe perfectamente en un Estado tan descentralizado como es el español actual en el seno de la Unión Europea. Pero si la voluntad de más de dos tercios de todas las provincias de esas nacionalidades llegase a plasmarse de forma clara dentro de tres o cuatro legislaturas, como sostiene el ayatolá Arzalluz, España no tendría más remedio que reconocer esa independencia, ya que así se desprende de la próxima Ley de Partidos y de nuestra Constitución. Ahora bien, si no es así, hay que recordar a los nacionalistas que el mayor pecado que pueden cometer es querer ser lo que no se puede llegar a ser.

Jorge de Esteban es catedrático de Derecho Constitucional y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

Un mal señor mayor
ANTONIO GALA El Mundo 19 Junio 2002

Podría ser yo autonomista radical vasco, autodeterminacionista, o hasta independentista. Jamás tendría nada que ver con Arzalluz.El representa lo contrario de lo que represento yo. O se representa, mejor, sólo a sí mismo. Un ser vocinglero, irritante, de gesto desdeñoso y boca torcida de mal chulo madrileño. Un ser que lee la historia como quiere, en vista de que no sabe escribirla.Un piojo resucitado al que mantienen con vida sus adláteres, obcecados y antiquísimos como él y aún más aprovechados. Un vaivén de opiniones contradictorias, de desmentidos, de pájaros teros que chillan donde no ponen el huevo. Es lo peor que existe en el País Vasco. El mentiroso a conveniencia propia. El sátrapa de pacotilla.

Ideas con violencia
TONIA ETXARRI/ El Correo 19 Junio 2002

Cuando se espera de Ibarretxe por parte de tantos ciudadanos, incluidos los nacionalistas que todavía no se han dejado arrastrar por la corriente del fanatismo y por el miedo al lobby de ETA, que exprese claramente que no es posible avanzar en el camino de la independencia mientras haya asesinatos, es porque le ven con el catalejo en dirección equivocada. No es el PP el que mata; es ETA. No es el PP el que asfixia; son los que amenazan a los no nacionalistas. Bien es cierto que el PP administra a su antojo la negociación sobre las transferencias. Pero eso se puede discutir a través de la pelea parlamentaria que tanto utiliza, a la vez que desprecia, Batasuna.

No se les pide a los nacionalistas que renuncien a su proyecto político pero, como coinciden, con matices, con el de Batasuna, son ellos los más indicados para dirigirse al grupo de Otegi decirles (como hizo Adams con el IRA) que ni la independencia (ni ningún otro proyecto político) se logrará a base de terrorismo. Eso pensaba Ardanza y quizá fuera ése el motivo por el que no se le llamó a la comisión de autogobierno, a pesar de tratarse del lehendakari que más años ha gobernado este país. De ahí la decepción de los nacionalistas críticos (los que dan la cara y los agazapados), al oír decir a Arzalluz que ya es hora de movilizarse ¡por la independencia! Y ellos que creían que, por fin, el viejo nacionalista, utilizando su poder de convocatoria, iba a organizar movilizaciones contra ETA. Pero no fue así porque parece que el terrorismo no es su problema prioritario.

Mientras el ex alcalde de Vitoria, Cuerda, en un gesto de generosidad democrática que le honra, se muestra dispuesto a formar parte de las listas del PSE o PP si no pueden llenarlas (todo el mundo sabe que si no pueden, es porque ETA les ilegaliza sin tribunales ni juicios) los dirigentes del PNV más significados prefirieron manifestarse con Otegi y Ternera sin ni siquiera llevar una pancarta que les diferenciara de Batasuna con un ETA no , por ejemplo. De ahí la decepción del PSE que ha trabajado en el foro de Ibarretxe y que ha llegado a la conclusión de que el PNV sólo combate a los comandos de ETA, pero no a su entramado. La doble jornada de huelga en Euskadi ha puesto las cosas en su sitio. Al PSE, en este caso, no se le puede acusar de seguidista del PP porque queda claro que, en política social, cada cual va por su lado. El PNV, ciertamente lento, recomendó, 48 horas antes de las convocatorias, que se hiciera un solo día de paro y que, en su defecto, se secundara el de los mayoritarios: es decir, ELA. De todos es sabido que a los nacionalistas ELA y LAB se les ocurrió convocar su huelga, después de que ya estuviera anunciada por CC OO y UGT la jornada del 20-J. Los suyos, los nuestros. Da miedo.

Les hemos regalado las palabras
Javier Ruiz Portella Libertad Digital 19 Junio 2002

En un reciente artículo de Libertad Digital, Federico Jiménez Losantos, hablando de la situación en las Vascongadas, escribía: “Que no nos hablen más de partidos nacionalistas ‘radicales’ y ‘moderados’, cuando separatistas son todos”. Por supuesto (y no sólo en las Vascongadas, por lo demás). Pero lo que me importa aquí es esta última frase: “cuando separatistas son todos”. ¡Válgame Dios! ¡Cuánto tiempo hacía —me dije— que no oía este término: “separatistas”! Salvo excepciones como ésta, la palabra ha desaparecido pura y simplemente del mapa. No porque haya desaparecido aquello que designa, no porque haya dejado de haber quienes desean separarse de España (política y culturalmente unos; sólo afectiva, cultural, lingüísticamente otros).

Quienes ansían disgregar nuestra vieja nación, borrar esos largos siglos de un pasado común, no sólo no han desaparecido, sino que, en estos últimos veinticinco años de paz (como diría el General aquel), han incrementado su poderío y sus desmanes con la fuerza que sabemos. En realidad, hasta se podría decir que ya han conseguido una parte sustancial de sus objetivos. Todavía no han logrado, es cierto, la separación política, pero sí han conseguido, en grado importante, la desvinculación afectiva y lingüística de sus regiones. Para verlo más claro: cualquier criollo de la América hispana se siente hoy infinitamente más vinculado a la lengua, a la cultura y a la historia españolas —o “hispánicas”, si se prefiere— que una parte sustancial (difícil de cuantificar: ¿la mitad?, ¿ tal vez menos?) de la población de Cataluña y de las Vascongadas.

Es curioso: no quieren sino separarse (política o afectivamente)…, pero nadie les llama separatistas. Se comprende que los interesados —los separatistas catalanes y vascos— rehúsen usar un término que cualquier manual de mercadotécnica política rechazaría de inmediato: la palabra —con sus connotaciones negativas y disgregadoras— huele fatal. Por ello se hacen llamar “nacionalistas”, que suena mejor: aunque su nacionalismo sea excluyente, el término tiene como un hálito positivo, suena a defensa de la identidad propia, no evoca ansias de irse y destruir, sino de afirmarse y construir.

Es lógico que “ellos” reaccionen así. Pero ¿por qué “nosotros” también? ¿Por qué nosotros les hemos regalado, además de muchas otras cosas, también las palabras, todas estas palabras de las que se podría establecer una larga lista (“nacionalismo” en vez de “separatismo”, “soberanismo” en lugar de “independencia”, “autodeterminación” en vez de “segregación”, “Batasuna” en lugar de “ETA legal”, “el Estado” en vez de “España”…)? He ahí lo extraordinario, lo inaudito, lo escandaloso. Tanto más cuanto que ello ha venido repitiéndose en estos veinticinco años de una paz enturbiada no sólo por el terror: enturbiada también por todas las demás ofensas que España ha recibido y recibe de quienes la detestan.

No sólo en Vasconia: en Cataluña también. Lo prueban (si para alguien no estuviera bastante claro) estas “perlas” de las que me acabo de enterar y ante las cuales uno no sabe si echarse a reír o a llorar. Veamos la definición que de España se da en uno de los manuales que los alumnos de enseñanza media tienen que estudiar en Cataluña (traduzco por supuesto del catalán): “España es aquella parte de la península ibérica que no pertenece ni a Portugal, ni a Andorra, ni al Reino Unido”. Sobran comentarios ante tanta y tan estúpida inquina. Pero la misma aún se ve superada, quizá, por la de esta referencia al descubrimiento de América: “América fue descubierta por los europeos”, se dice escuetamente en otro libro de texto al que, pese a todo, hay que reconocerle un mérito: el de dignarse al menos a hablar del descubrimiento. En Cataluña, otros manuales de Historia ignoran pura y simplemente tan insignificante hecho; ni siquiera mentan el nombre de un tal Cristóbal Colón. Como otros manuales de literatura tampoco conocen el de un cierto Góngora, o el de un tal Quevedo, o el de un tal Benito Pérez Galdós.

Pese a tantas ofensas recibidas en nuestra identidad de españoles, estos veinticinco años no han dejado de estar constituidos por una actitud abierta y dialogante por parte de los ofendidos. Han estado constituidos por esta actitud que ha llevado a que el nuestro sea, junto con Suiza, el país europeo en el que gozan de mayor autonomía política, cultural y lingüística las partes integrantes de la federación que, de facto, es hoy el Reino de España: este Estado cuyos pilares autonómicos nadie, salvo en las Vascongadas y en Cataluña (pregúntenselo, si no, a Maragall), pone lo más mínimo en cuestión.

Congratulémonos. Tales principios nos honran y hay que mantenerlos. Pero una cosa es el talante abierto, no agresivo, tolerante con las diferencias; y otra, la estupidez de quien, después de recibir bofetada tras bofetada, pone constantemente la otra mejilla. No hay que promover el odio contra quienes nos odian: pero sí hay que defenderse, sí es hora de contraatacar. No sólo hay que defenderse de los terroristas y sus cómplices, no sólo hay que contraatacar a los que ponen en peligro la vida de nuestro cuerpo. También hay que hacerlo contra los que amenazan la de nuestra alma (aunque sólo la primera –éste es el problema– parece merecer auténtica preocupación entre nosotros). No lo centremos todo en los terroristas y sus cómplices: defendámonos también de quienes ponen en peligro, ofenden y calumnian nuestras señas de identidad, nuestra lengua, nuestro pasado: nuestra nación en suma, esta otra palabra que, al regalarles a los separatistas el término “nacionalistas”, nos resulta ya casi imposible usar.

Abramos de una santa vez los ojos: no, no son “ellos” los únicos responsables de nuestros males.

«INDEPENDENCE DAY»
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 19 Junio 2002

Hay en España mucha gente convencida de que Arzallus no habla en serio cuando dice lo que dice: por ejemplo, que Euskadi debe ser independiente. Por el contrario, mi confianza en que Arzallus dice lo que piensa y está dispuesto a hacer todo lo que dice es hoy inconmovible. Más aún: por raro que pueda parecerles a los que ven en sus proclamas los delirios de un orate, soy de los que creen que ése es el mejor modo de que acabemos, de pronto, dándonos de bruces con un conflicto inmanejable: el de la secesión del País Vasco.

Pues si hay, de hecho, algo cada vez más difícil de entender, es que sigamos actuando como si la cuestión de la independencia no existiera, cuando un día sí y otro también el PNV demuestra que ése es su horizonte. Tanto, que el propio Arzallus le ponía plazo hace tres días al Independence day que ha de alumbrar el nuevo Estado: «En tres o cuatro legislaturas -decía el del gran visir del PNV- esto tiene que estar ya conseguido o encaminado». Y «esto», señores y señoras, no es la competencia en materia de seguros. No: «esto» es la secesión del País Vasco.

Aclaraba Arzallus de inmediato que tal proceso debería realizarse «sin tiros, sin violencia»; y confirmaba la sinceridad de esa condición, pocas horas después de haberla formulado, recorriendo las calles de Bilbao en la misma manifestación en la que, entre otros pacifistas, marchaban también Josu Ternera, que, como sabe todo el mundo, no ha tenido relación alguna con los tiros; y Arnaldo Otegi que, según es público y notorio, nada tiene que ver con la violencia.

¡Y así no puede ser! Admitir, sin plantar cara, esa forma ventajista de jugar al escondite, acabará por hundirnos cada vez más en una situación de hechos consumados que sólo beneficiará a los que vienen apostando por el «cuanto peor, mejor», para, en medio del follón, intentar ganar la partida por la mano.

Arzallus y el sector del PNV que lo apoya defienden con toda claridad la independencia, por más que la misma pueda abrir una brecha civil de incalculables consecuencias en Euskadi. Están en su derecho. Pero, aceptado que tal proceso sólo podrá darse sin violencia, el PNV ha de aclarar un extremo esencial de su propuesta: el de cuánto tiempo debería transcurrir entre el final del terrorismo y el inicio del proceso que habría de permitir a los vascos decidir sobre sus relaciones con España. ¿Tanto, por ejemplo, como lleva constriñendo el terrorismo sus libertades y derechos?

¿Por qué no habla nunca el nacionalismo de este asunto? Pues porque si, pese a treinta años de terror, los independentistas son hoy en Euskadi una clara minoría, no es difícil suponer cuántos serían tras unos cuantos años sin asesinatos, secuestros y extorsión. Y ése, ¡ay!, es el dilema infernal del PNV: que sabe que sin violencia quizá no se alcanzará jamás la independencia. Y que con ella nunca podrá alcanzarse de un modo democrático.

Manuel Jiménez de Parga, presidente del Tribunal Constitucional
“El alcalde lleva razón cuando utiliza La Coruña al hablar en castellano”
Carla Vidal  A Coruña El Ideal Gallego 19 Junio 2002

Lo dice la máxima autoridad del país en la materia. El presidente del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga, echó ayer por tierra todos los argumentos esgrimidos por la Mesa pola Normalización Lingüística, y con una sola frase, saldó la polémica sobre el topónimo. Sostiene que esta ciudad se llama La Coruña en castellano y A Coruña en gallego. De ideas claras, conciso, y directo a la respuesta, Jiménez de Parga fue el encargado de inaugurar ayer, en el pazo de Mariñán, la Escuela de Verano del Ministerio Fiscal. Dará que hablar.

­Es obligado preguntarle por la polémica del topónimo. La Xunta dice que la sentencia del tribunal que usted preside es sólo declarativa...
­Es una interpretación correcta: es una sentencia declarativa. Y creo que el alcalde lleva razón cuando utiliza La Coruña al expresarse en castellano y A Coruña cuando lo hace en gallego. Es un tema que, según el idioma que se use, tiene una u otra versión.

­Entonces lo único que dice el Constitucional es que oficialmente se llama A Coruña.
­Cuando es en gallego sí, pero en castellano se puede decir La Coruña, por supuesto.

Colisión de derechos
­Al margen de lo local, estamos en víspera del 20-J y se repite el problema de siempre: la colisión de derechos. ¿Cuál prevalece: el de la huelga o el del trabajo?
­La colisión de derechos se da con frecuencia en la vida social. La libertad de información, por ejemplo, choca muchas veces con el derecho al honor, y se pondera si prevalece uno u otro... Aquí sucede igual: hay un derecho de huelga indiscutible y un derecho al trabajo también indiscutible. Para tomar una decisión, hay que mirar cada caso concreto y ponderar ambos derechos.

­Hace escasos días usted criticaba lo obsoleto que se estaba quedando el Parlamento.
­No fue una crítica. Dije algo que vengo sosteniendo desde hace más de 30 años: que a partir de 1960 -fecha del debate entre Kennedy y Nixon-, la “televización” de lo público es la formalización del ejercicio de todos los poderes por los medios de comunicación. Si alguien quiere que su poder económico, cultural, religioso o político tenga eficacia, su ejercicio debe estar formalizado por un medio de comunicación. Con las instituciones pasa igual. En el Parlamento los diputados quiere obtener el mayor beneficio en sus intervenciones, y cuando el debate se retransmite en directo, adquiere más eficacia. Pero no es una crítica, es describir la situación real, que hay que tener en cuenta: no puede una institución del XIX tener vigencia sin adaptarse al siglo XXI.

Defensa del Estado
­Es conocida su defensa del Estado central. ¿Qué sucede con las autonomías?
­Creo que para que el Estado de Derecho se realice plenamente y, por tanto, se protejan los derechos y libertades fundamentales, debe funcionar correctamente, sea de autonomías o no. Tenemos el caso reciente de Argentina, que es un país que se ha quedado sin Estado... Si nosotros queremos que el Estado de las Autonomías funcione, tenemos que procurar que no se desintegre y se convierta en otra cosa. Si no existe el Estado, no existe el Estado de Derecho.

­Con las transferencias a las autonomías y, ahora, a la UE, ¿corremos ese riesgo?
­Claro, por eso hay que tener mucho cuidado en las decisiones. A veces se toman mal y otras, de forma correcta. Yo no niego el Estado de las Autonomías, lo que quiero es que funcione, y es una organización complicada, porque no tiene precedentes; es una obra difícil y con riesgo.

LENGUA ESPAÑOLA
El Consejo de Europa nombra al Camino de la Lengua itinerario cultural
EFE Libertad Digital 19 Junio 2002

El consejero de Educación y Cultura de La Rioja, Luis Alegre, anunció este martes a Efe que el Consejo de Europa calificará el próximo 25 de junio en Estrasburgo (Francia) al Camino de la Lengua Castellana como un nuevo Itinerario Cultural Europeo.

Alegre participó en París en un encuentro sobre la lengua judeo española organizado por la Unesco, durante el cual el secretario de Cultura y Patrimonio del Consejo de Europa, José María Ballester, aseguró que este organismo, que preside Luxemburgo, anunciará el último martes de este mes el nuevo Itinerario Cultural.

El Camino de la Lengua Castellana es un recorrido que consta, inicialmente, de seis "hitos" o lugares en los que el castellano ha tenido especial relevancia, San Millán de la Cogolla, Santo Domingo de Silos, Valladolid, Avila, Salamanca y Alcalá de Henares. Además, esta ruta en torno al castellano se amplía por el Mediterráneo por el pueblo judío que hablaba en el lenguaje ladino cuando fue expulsado de España y que ha mantenido esta variante de la lengua romance en países como Turquía, Grecia o Israel.

El consejero se mostró "muy satisfecho" por la consecución del objetivo que se había marcado la Fundación Camino de la Lengua, que promueve este itinerario, aunque aseguró que "ahora comienza el trabajo para llevar este proyecto adelante de la mano del mundo sefardí, que tiene un legado impresionante".

En este sentido explicó que la exposición sobre el Camino de la Lengua que en estos momentos se exhibe en México viajará el año próximo a Estambul (Turquía) o Sofía (Bulgaria) y que también se impulsará el proyecto de convocar becas de investigación en archivos judeo-españoles.

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