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Recortes de Prensa     Lunes 24 Junio  2002
La hegemonía como destino
RAMÓN VARGAS-MACHUCA ORTEGA El País 24 Junio 2002

Claridad sobre ETA
Editorial ABC 24 Junio 2002

Con los coches bomba
Espido FREIRE La Razón 24 Junio 2002

Radicales agreden a la alcaldesa de Lasarte en un frontón
SAN SEBASTIÁN EL CORREO 24 Junio 2002

Y después, ¿qué
JOSEBA ARREGI/ El Correo 24 Junio 2002

SEGREGACIÓN DEL PAÍS VASCO: Unidad Alavesa presenta su propuesta de Estatuto de autonomía para Álava
EFE Libertad Digital 24 Junio 2002

La hegemonía como destino
RAMÓN VARGAS-MACHUCA ORTEGA El País 24 Junio 2002

Ramón Vargas-Machuca Ortega es catedrático de Filosofía Política.

Decía Gramsci que la hegemonía es una aspiración política y una categoría interpretativa. Como aspiración casi ha desaparecido de la jerga de los partidos, probablemente porque tiene un sesgo totalitario incompatible con las intuiciones democráticas. Pero como categoría interpretativa aún conserva fuste explicativo. En la inspiración gramsciana del concepto, la hegemonía no evoca simplemente la supremacía de un grupo político determinado, sino que remite tanto a los mecanismos que estructuran las relaciones asimétricas de poder como a la representación de sus contenidos, factores gracias a los cuales se reproduce de modo estable la centralidad del grupo y la de su cultura política. Una caracterización así del concepto resulta, a mi juicio, un recurso conceptual apropiado para evaluar la posición predominante de la que goza en el País Vasco el movimiento nacionalista, cuya vocación hegemónica, por cierto, lejos de ser vergonzante, se proyecta casi como un destino para todos los miembros de aquella comunidad.

1. Que el nacionalismo vasco aspire a la secesión de las provincias vascas, a la anexión de Navarra y a la creación de un nuevo Estado independiente debería ser, en principio, una manifestación más del pluralismo político. El problema es que dicha aspiración nunca se presenta como tal, sino como la expresión de un 'conflicto originario' con las comunidades políticas de referencia, en particular con España. Ciertamente, un mínimo de solvencia jurídica desestimaría vincular el caso con alguno de los supuestos del 'derecho de autodeterminación' establecidos en las resoluciones de Naciones Unidas o el derecho internacional. Tampoco cabe fundar el conflicto en la fuerza legitimante de una inexistente mayoría social amplia, duradera y equilibrada que apoya las reclamaciones nacionalistas. En realidad, el punto de vista nacionalista y la voluntad hegemónica de sus promotores se alimenta del llamado 'contencioso histórico'. El ser como nación de dicha comunidad y su derecho inviolable a conformar su propio Estado se determinan a partir de supuestos derechos sempiternos e irrenunciables que encarnan los territorios vascos, que sobreviven a las transformaciones históricas y sociales experimentadas por los mismos y que prevalecen frente a cualquiera de las formas modernas de legitimidad. En consecuencia, el soberanismo e irredentismo se configuran como destino, lo nacionalista se confunde con lo vasco, y su 'comunidad imaginada', con el conjunto de la sociedad. El resultado es una definición excluyente de la comunidad política. Con este bagaje se comprende que el movimiento nacionalista se crea portador de un designio y una misión histórica, convierta su voluntad particular en voluntad general, y sus deseos de poder, en un derecho cuasi natural al gobierno de la comunidad.

2. Una impronta comunitarista y legitimista de este tenor produce, en primer lugar, dificultades de integración en estructuras políticas allende el propio ámbito, dando lugar a las ambigüedades que Linz bautizara en su día como la semilealtad del nacionalismo vasco. En segundo lugar, y puesto que la hegemonía nacionalista se toma por lo normal, su ausencia se proyecta como un estado de excepción, de subyugación y negación de derechos de grupo. Por idéntica razón el punto de vista de los no nacionalistas, tolerado por 'razones morales', no tiene otro horizonte político que la progresiva adecuación a ese proyecto primigenio, expresión de identidad, sentido y meta de la comunidad. Dicha asimilación de 'los otros' se irá produciendo por las vías del 'toma y daca', la convicción, el adoctrinamiento y demás recursos que la ocupación del poder habilita. En resumidas cuentas, y como para todo proyecto hegemónico, el pluralismo representa un coste o una servidumbre y la democracia tiene un carácter meramente autoconfirmatorio.

3. Las cosas se complican aún más en el País Vasco con la presencia de la violencia etarra y la capacidad intimidatoria de su entorno. La irrupción en la arena política de un recurso tan extraordinario por su potencia e ilegitimidad no sólo ha sobredimensionado el 'problema vasco' hasta convertirlo en el asunto central de la restaurada democracia española, sino que ha determinado una situación en el País Vasco de hegemonía (nacionalista) reforzada por coacción -para valernos de la terminología de Gramsci- que ha devenido en degeneración democrática: deterioro del Estado de derecho, dificultades muy serias para el ejercicio de las libertades y un campo impracticable para la competición política a la vista de la asimetría y condiciones de intimidación en que aquélla se tiene que producir. En ese sentido, cualquier observador externo mínimamente imparcial concluiría que en estos momentos el verdadero problema vasco es el de la presencia en la arena política de una violencia continuada, difusa, ilegítima y muy cruel no sólo por su duración e índole arbitraria, sino por el grado de indiferencia y comprensión con que se asimilan sus golpes en aquella sociedad.

4. Por eso, desde los parámetros normativos de una democracia mínimamente exigente resulta extravagante el grado de tolerancia con la violencia política que determinadas actitudes denotan. Hay quienes se resignan a convivir con el terrorismo etarra y su entorno como si de una desgracia natural se tratara y, en consecuencia, reaccionan ante sus golpes simplemente expresando su contrariedad o lamentando la mala suerte de los afectados. Otros enfatizan el reproche ético al uso de la violencia, subrayan su solidaridad 'humana' con las víctimas o señalan la equivocación de quienes ejecutan o secundan acciones de esa naturaleza. Unos y otros pasan por alto que en una sociedad democrática el recurso a la violencia terrorista no es sólo un mal moral o un error, sino ante todo un crimen político que destruye las condiciones de la competición política, arruina las razones en cuyo nombre se intimida o mata y demanda una respuesta activa de autodefensa democrática en consonancia con la agresión padecida. Por eso, dado que durante los últimos veinticinco años la presencia continuada de la violencia ha resultado determinante para el desarrollo de la vida política en el País Vasco, sorprende que no se hayan extraído las consecuencias políticas que demanda el normativismo democrático: primero, que el chantaje de la violencia corrompe la licitud de unos fines que dejan de ser expresión del pluralismo político para transformarse en coartada de intimidación o aniquilamiento del adversario político; segundo, que en esas condiciones la contienda política se vuelve un combate tan desigual que hace sospechosos tanto sus resultados como la renta de situación que en términos de poder los mismos consolidan. No me cabe duda de que si en cualquiera de las democracias consolidadas de nuestro entorno se experimentara una situación de emergencia como ésta, es decir, si los políticos de la oposición fueran asesinados o tuvieran que ejercer sus funciones en situación análoga a la del País Vasco, además de cuestionarse la legitimidad de unos comicios celebrados en tales circunstancias se activarían todos los mecanismos legales y políticos de autodefensa democrática y se pondría en marcha una apuesta consociacional, un frente democrático contra la violencia política, en favor del restablecimiento de las condiciones básicas de una actividad política normalizada.

5. Pero las circunstancias de nuestra historia, las peculiaridades de la transición política y la propia bisoñez de nuestra democracia han vinculado el final de la violencia de ETA a la cancelación del 'conflicto legitimista vasco'. Desde el comienzo de la democracia, tanto la izquierda por exigencias de una justicia correctiva como el centro-derecha por prudencia política adoptaron una estrategia cuyos pilares básicos han sido el apaciguamiento de los sectores extremistas del nacionalismo vasco y la deferencia con la expresión histórica y moderada de dicho movimiento. Esa parecía la clave para acabar con el terrorismo. Se trataba, en parte, de conceder por las buenas lo que los violentos exigían por las bravas, de reducir la represión al mínimo a fin de ni criminalizar ni aislar al entorno social de aquéllos y, por supuesto, de reconocer como natural la supremacía del PNV en el territorio. Ciertamente, la amnistía y la restauración alzaprimada de las instituciones de autogobierno y demás referencias identitarias han restado excusas a la reivindicación separatista; pero ni han satisfecho las aspiraciones de los nacionalistas ni han desactivado la pulsión violenta de los extremistas. Lo alcanzado, a juicio del nacionalismo, es insuficiente o fraude; y en cualquier caso no resuelve 'el contencioso'. Por el contrario, todo este largo proceso de estrategias de apaciguamiento y deferencia ha debilitado la lucha antiterrorista y ha convertido las oportunidades de autogobierno colectivo en instrumento eficaz de consolidación de la hegemonía de un grupo sobre la totalidad de la sociedad vasca. De esta manera el nacionalismo ha multiplicado sus recursos de poder sin por ello dejar de alentar un victimismo tan viejo como poco fundado, amplificando su capacidad de presión hasta convertirla en una espiral de reclamaciones sin fin. Para remate, la lógica del apaciguamiento llevada por el PNV a sus últimas consecuencias en Lizarra ha comprometido muy seriamente el moderantismo tradicional de este partido al asumir como propio lo esencial del programa rupturista de ETA-HB cuyos objetivos están corrompidos además de políticamente inhabilitados por el chantaje y el ventajismo de la violencia terrorista.

6. Es sabido que para la consolidación y reproducción estable de una 'hegemonía reforzada por la coacción' la propaganda resulta ser un recurso clave. Pues bien, para ello se tergiversa la historiografía, se prima la memoria histórica del nacionalismo otorgándole casi el monopolio de la lucha antifranquista y se fabula con el agravio y la ficción del 'contencioso'. La acción de la propaganda, además, puebla el ambiente con falacias que distorsionan las prioridades normativas y la percepción de la realidad hasta convertir lo inverosímil en relato de curso ordinario: los derechos de los individuos devienen derechos de la nación; la democracia española se toma casi por un trasunto del franquismo; las salvajadas de una violencia callejera análoga a la de los camisas pardas se tienen por arrojo revolucionario o chiquillada; y la nómina de delatores, financiadores y demás coadyuvantes del crimen organizado se presenta como expresión del pluralismo que la democracia debe amparar. ¿A quién extraña, entonces, que en extensas capas juveniles del País Vasco incube un odio a España que actúa como munición argumental de una violencia terrorista que no cesa? También, por último, los efectos de la propaganda mezclados con esa deferencia inercial hacia el nacionalismo y la presión de los violentos inducen a un tipo de reacciones de acomodación y aceptación resignada del statu quo, sobre todo en sectores no nacionalistas de la sociedad vasca que, dispuestos a hacer de la necesidad virtud, terminan modificando sus propios criterios, extraviando sus aspiraciones genuinas y hasta convirtiendo su posición subordinada en principio estratégico de su acción.

7. Ante una situación de asfixia política y emergencia democrática como la descrita no caben excusas retardatarias, sino una reacción no mojigata de autodefensa democrática que, tal como pedía Karl Loewenstein contra el nazismo, debería ser también de democracia militante: una combinación de resistencia cívica y represión legal de la impunidad de quienes con sus métodos violentos, acciones antidemocráticas y trampas al Estado de derecho vuelven impracticable la competición política y el pluralismo. De ahí la pertinencia de dificultar legalmente al máximo la presencia institucional, la disposición de recursos, la capacidad organizativa y el margen de maniobra del consorcio de intimidación colectiva ETA-HB. Pero el rendimiento de una democracia militante no depende sólo de iniciativas legales, sino de la activación de ciertas disposiciones cívicas incompatibles con el actual desistimiento social, la deserción democrática y la resignada aceptación de la realidad como destino. Y es que, como decía Rosa Luxemburgo, quien no se mueve no siente sus cadenas.

Claridad sobre ETA
Editorial ABC 24 Junio 2002

Con motivo de los cinco últimos atentados cometidos por ETA en Málaga, Santander y Zaragoza, el cardenal arzobispo de Madrid, monseñor Rouco Varela, reiteró ayer la condena absoluta y tajante del terrorismo, incluyendo expresamente «a todos los que directa o indirectamente lo toleran, lo justifican o le dan cobertura». El comunicado no expresa institucionalmente el parecer de la Conferencia Episcopal, pero afirma que refleja el criterio general de la Comisión Permanente, que se reunió el pasado miércoles. Esta Comisión acordó elaborar un documento sobre la posición de la Iglesia ante el terrorismo, lo que, dada la situación, debería contribuir a despejar dudas y confusiones, alimentadas por alambicadas declaraciones pastorales y, desde el polo opuesto, por algunas críticas desproporcionadas. Lo cierto es que el compromiso público y reiterado de Rouco Varela responde a la necesidad social de un mensaje pastoral definitivo sobre el terrorismo y sus espacios adyacentes, en los que las actitudes de la jerarquía vasca han contribuido más a confundir que a iluminar. Monseñor Rouco asumió esa responsabilidad hace una semana, cuando en su alocución semanal como arzobispo de Madrid no sólo condenó a ETA, sino también pidió que quedaran aplazadas las reivindicaciones políticas que, sin citarlas expresamente -la consulta sobre autodeterminación, por ejemplo-, pudieran actuar como condicionantes del compromiso con la protección de las víctimas.

Monseñor Rouco está haciendo una tarea reconstructiva de las relaciones de la Iglesia con la sociedad mediante la difusión de unas ideas que siempre han estado en los comunicados de la Conferencia Episcopal. Si ahora cobran valor especial es porque la última carta pastoral de los prelados vascos, que también condenaba a ETA y a sus cómplices con la misma contundencia, diluía el reproche moral al terrorismo en un magma de juicios políticos que hacían equívoco el mensaje final de los tres obispos vascos. Y la Iglesia siempre debe resolver dudas y no crearlas. De esos o similares juicios está prescindiendo Rouco Varela. Sus palabras, premiadas por la transparencia y la claridad, están dirigidas a tranquilizar a la sociedad, pero también a marcar ciertas pautas -bien asumibles por su carácter básico- al resto de la jerarquía de la Iglesia española en un asunto sobre el que su responsabilidad es, como habrán podido comprobar, mucho más compleja y transcendente de lo que piensan ciertos prelados y también algunos de sus críticos.

Con los coches bomba
Espido FREIRE La Razón 24 Junio 2002

Hacen faltan muchos coches bomba para movilizar la opinión pública, al parecer. La indignación resulta cada vez más escasa, o tal vez ha sido sustituida por la indiferencia habitual ante los desastres que suceden en verano, cada verano, los muertos en carretera, en patera, por ahogamiento o infarto. Son meses en los que se trata de olvidar rápidamente y sumergirse en la monotonía del calor, la playa, la pereza. Las desgracias que ocurren durante el estío permanecen en la memoria un poco más de tiempo que durante el resto del año, lo que no es decir mucho, pero suenan aún más remotas, más ajenas y difusas. El aburrimiento ante las declaraciones cada vez más extremas en el País Vasco, ante las afirmaciones de la continua debilitación de Eta llega a su punto cumbre durante el verano. Se acepta que marcharse de vacaciones es una actividad con cierto riesgo, y mientras no comiencen a morir personas, el riesgo se encontrará controlado.

Pese a nuestros esfuerzos por admitirlo, la mayor parte de los ciudadanos españoles tiene un nivel de vida aceptable: pese a las dificultades para encontrar vivienda, un trabajo estable, o un tratamiento médico en el tiempo deseado, nunca se ha vivido mejor, nunca se ha invertido tanto en ocio, en vacaciones, en viajes y en ropa. La familia aún se mantiene firme, y sirve como protección para jóvenes y para ancianos, absorbiendo parte del efecto negativo de los sueldos bajos y los pisos por las nubes. La democracia se encuentra tan instaurada que resulta difícil pensar en qué podría amenazarla, y por tanto, no se siente un peligro inmediato.

Se ha perdido la capacidad de protesta, no se exige, no hace otra cosa sino esperar pasivamente a que las cosas mejoren: los políticos, sin embargo, continúan mo- viéndose por presiones. ¿Qué ha ocurrido para llegar a esta situación? Veinticinco años de prosperidad, de bienestar en aumento, y de incorporación cada vez más efectiva en entidades internacionales mayores. Un esfuerzo incesante por alcanzar mínimos, por no quedar fuera de una Comunidad Económica Europea que ha de enfrentar, unida, a problemas comunes. Las declaraciones continuas, torpes y exageradas, del presidente Bush, pueden ayudar a España si sabe mover las piezas adecuadas. Si no, continuará luchando en solitario con una plaga interna que aterra e inmoviliza a sus ciudadanos, que merma la clase política no nacionalista y que provoca una sangría interna de muertes y terror. Esa es la impresión general que las personas no involucradas en política conservan: ellos no pueden hacer nada, y resulta preferible no llamar la atención, que cada cual resuelva sus problemas y continuar viviendo lo mejor posible. No siquiera protestar a un nivel oficial. Los terroristas juegan con ese miedo, con la pasividad y los deseos de tranquilidad para el verano, y golpean donde saben que mejor podrán dañar: en ese espejismo de vacaciones, en la imagen de España frente a Europa, en los turistas, los desprevenidos, los indiferentes y los silenciosos.

Radicales agreden a la alcaldesa de Lasarte en un frontón
Ana Urchueguía fue alcanzada por objetos lanzados desde la grada del Atano III de San Sebastián durante la final del Campeonato Interpueblos
SAN SEBASTIÁN EL CORREO 24 Junio 2002

La alcaldesa de Lasarte-Oria, la socialista Ana Urchueguía, fue agredida ayer en el frontón Atano III de San Sebastián por grupos de radicales que le lanzaron objetos desde las gradas durante un partido de pelota. El ataque surgió de un grupo de unas cincuenta personas que también insultaron a la primer edil con gritos de «fascista» y «asesina» al concluir el Campeonato Interpueblos de pelota, según testigos presenciales. Urchueguía, que no sufrió heridas de consideración, recibió el impacto de un rollo de cinta de embalar en el pecho y fue alcanzada en una mano por un hielo, lo que le produjo una inflamación, según fuentes del PSE-EE de Lasarte-Oria. En la zona también cayeron algunos objetos, como mecheros metálicos, que no llegaron a acertarle.

La alcaldesa socialista había acudido a mediodía al frontón donostiarra junto a dos concejales de su partido en representación de Lasarte-Oria, que se enfrentaba en la final a Hernani. Lo que debía ser un día festivo se tornó en una pesadilla para Urchueguía. El primer incidente se produjo durante el partido. La alcaldesa, que presenció la final desde el palco, tuvo que soportar la presencia constante de una pancarta colgada en el rebote del frontón en la que se leía «Urchueguía fascista».

Al acabar el choque, que concluyó con victoria de los pelotaris de Hernani, Urchueguía salió a la cancha para participar en la entrega de trofeos junto al presidente de la Federación Guipuzcoana de Pelota, Mikel Amenabar; el director de Deportes de la Diputación de Guipúzcoa, el peneuvista Kote Olaizola; el director de la Obra Social de la Kutxa, Jesús María Alkain, y la alcaldesa de Hernani, Mertxe Etxeberria, de Batasuna. En ese momento, según testigos presenciales, la primera edil de Lasarte-Oria recibió el impacto del rollo de cinta y se echó la mano a la zona del pecho con evidentes gestos de dolor.

Lluvia de objetos
Cuando Urchueguía se disponía a abandonar el frontón por la zona de vestuarios, con ayuda del directivo de Kutxa Jesús María Alkain, arreciaron los insultos. La alcaldesa, que mantuvo la serenidad en todo momento, tuvo que salir de la cancha bajo una lluvia de objetos, entre ellos varios vasos de plástico y hielos, y protegida por sus escoltas. Este periódico intentó ayer contactar con Urchueguía, pero la alcaldesa prefirió no hacer declaraciones sobre lo sucedido y pasar la tarde descansando, según indicaron fuentes del PSE-EE.

El teniente alcalde, el socialista Julio Legaz, presente en el frontón en el momento de los hechos, expresó ayer su tristeza por lo ocurrido. «Ha sido lamentable y no había motivo para que sucediera porque nos habíamos reunido para disfrutar de una fiesta». Legaz se mostraba aliviado porque las heridas de Urchueguía no fueron graves. «La alcaldesa ha estado en peligro y le podían haber hecho mucho daño, porque tirar un hielo desde la grada es como que si te tiran una piedra», explicó.

La pasada semana, la alcaldesa de Lasarte describió en la revista de Gesto por la Paz la vida que se ve obligada a llevar por las constantes amenazas. «Llevo muchos años con la estrella de David prendida del pecho. El llevar el símbolo de la muerte te hace invisible para la inmensa mayoría. Como en la Alemania nazi, nadie huele los hornos crematorios». La militante socialista, que también fue concejala en Hernani, se mostraba convencida de que son los mismos vecinos del pueblo «los que pasan información para cometer un atentado».

Y después, ¿qué?
JOSEBA ARREGI/ El Correo 24 Junio 2002

Y después, ¿qué? Suele ser la pregunta que es necesario formular al volver a la normalidad de la vida diaria. Cada viaje tiene su regreso, a cada fin de semana le sigue un lunes, después de las vacaciones hay que volver a trabajar, al día siguiente de las grandes manifestaciones, especialmente si se repiten mucho, los problemas se encuentran en el mismo lugar que la víspera, y después de una huelga general, también si es doble, hay que volver a los problemas diarios. Y más de una vez se cumple que la vuelta coincide con cierta resaca. Ya lo dice el viejo adagio latino: omne animal post coitum triste , después de las grandes alegrías, incluidas las más placenteras, nos suele invadir cierta melancolía.

Aunque parece que por lo que respecta a Euskadi la norma general se va a romper esta vez: la huelga general del 19 ha venido marcada por el signo de punto de no retorno, ha mostrado a un sindicato, o a dos, en marcha, afirmando además que se marchan, directamente a la soberanía, a la independencia, al marco autónomo de relaciones laborales: para la sociedad vasca no va a haber lunes, ni vuelta de vacaciones, ni tristeza postcoital, sino que la vida soberana va a consistir en habitar permanentemente en el paraíso, en la liberación, lejos de todas las ataduras que impiden el total y más placentero desarrollo de los vascos.

Mucho me temo, sin embargo, que ese marcharse tiene mucho de figurativo, de irreal, de imaginario, porque es un marcharse desde ninguna parte a ninguna parte, porque es un marcharse de unos, pero sin saber si nos llevarán a todos a la tierra prometida o nos dejarán en este valle de lágrimas por no ser dignos de gozar de la tierra en la que manan leche y miel. Quizá pueda aplicársele a ese anuncio la opinión de Hannah Arendt cuando escribe: «Demagógicamente hablando, difícilmente hay mejor manera de evitar una discusión que la de liberar a un argumento del control del presente, asegurando que sólo el futuro puede revelar sus méritos» ( Los orígenes del totalitarismo ).

Llevamos semanas, meses, incluso años instalados en ese espacio fuera de la historia real, marchándonos hacia no sabemos dónde, hacia un lugar que sabemos que no existe, al que no podemos ir más que renunciando a ser sociedad, invocando continuamente el futuro, un futuro que nos oculte suficientemente el presente y sus problemas, instalados en un limbo espacial y temporal en el que sí parece posible la superación de todas las contradicciones.

Pero la realidad sigue ahí, aunque sea negada, aunque se hagan esfuerzos enormes por ocultarla. La realidad de los problemas diarios. La realidad del paro, la realidad de una recesión que no se sabe si ha sido o no, y la realidad de una recuperación económica que tampoco se sabe si ha comenzado, en qué consiste, si va a durar, la realidad de una competencia económica cada vez más global, la realidad de las dificultades de adaptación, la realidad de la dificultad de combinar situaciones adquiridas y consolidadas con lo requerido para que exista movimiento y para que quienes están fuera del sistema se puedan incorporar al movimiento.

Y también la realidad sigue ahí, aunque uno o dos sindicatos se marchen: la realidad de que se vayan puede ser leída como que expulsan de esa realidad a los que no les siguen en su camino, la realidad de una sociedad cada vez más dividida, la realidad de una sociedad que no admite una institucionalización unívoca, la realidad de una sociedad que no se va a ninguna parte, sino que se queda donde está, consciente de sus problemas, sabiendo que la cuadratura del círculo está bien para soñar los fines de semana, pero que los lunes hay que volver a laborar con el cuadrado y con el círculo, pero sabiéndolos distintos e incomensurables.

Queda muy bien en una pancarta de fin de semana eso de todos los proyectos, todas las ideas, todas las personas . Pero, en primer lugar, algunos ya han hecho imposible lo de todas las personas, porque a algunas las han liquidado físicamente, y además lo han hecho tratando de liquidar las ideas y los proyectos que representaban, pues, como han afirmado más de una vez los acusados de esos crímenes, ellos no matan a personas, sino que matan a representantes de ideas, de proyectos, de planteamientos políticos, sentimentales, sociales, culturales.

Y en segundo lugar, la política, también la democrática, como la libertad, exige y necesita para existir del ejercicio responsable de optar, de elegir. Todo no es posible. Optar a todo no es humano. Lo humano, lo propio a la libertad, lo esencial de la democracia consiste en elegir, en optar, en ejercer la libertad, responsablemente, asumiendo las consecuencias. Optar por todo es negar la libertad, porque es negar la elección. Optar por todo es negar la responsabilidad, porque nada hay de lo que se pueda decir que es bueno en contraposición a lo que es malo, porque nada hay de lo que se pueda decir que es mejor que otra opción.

El lema de todos los proyectos, todas las ideas, todas las personas , además de negación de lo que realmente sucede en la sociedad vasca, y no de forma anónima, sino con la aquiescencia de muchos que iban detrás de esa pancarta, con su apariencia de dignidad, de nobleza moral, y de mayor valor ético que otras opciones, oculta demagógicamente la imposibilidad de la cuadratura del círculo, quisiera conducir a los ciudadanos a pensar que es posible actuar en política éticamente, sin tomar partido, sin optar, excluyendo sólo la violencia.

Pero la posibilidad de la cuadratura del círculo sólo existe en el limbo de las grandes manifestaciones, al igual que el poder de la huelga general se agota en el mismo día de la huelga general. Y después, a trabajar, a pelear con los problemas de todos los días, a bajarse a la realidad, a tomar decisiones, a optar, a elegir, a actuar en libertad y a asumir las responsabilidades personales.

Porque el limbo no existe, porque todo no es posible, porque de la realidad no se huye, porque la realidad sólo se cambia instalándose firmemente en ella. Sólo que instalarse en el limbo conlleva el peligro de crear un receptáculo perfecto para ideologías totalitarias. Como escribe, de nuevo, Hannah Arendt: «Hasta ahora la creencia totalitaria de que todo es posible parece haber demostrado sólo que todo puede ser destruido. Sin embargo, en su esfuerzo por demostrar que todo es posible, los regímenes totalitarios han descubierto sin saberlo que hay crímenes que los hombres no pueden castigar ni perdonar. Cuando lo imposible es hecho posible se torna en un mal absolutamente incastigable e imperdonable que ya no puede ser comprendido ni explicado por los motivos malignos del interés propio, la sordidez, el resentimiento, el ansia de poder y la cobardía. Por eso la ira no puede vengar; el amor no puede soportar; la amistad no puede perdonar. De la misma manera que las víctimas de las fábricas de la muerte o de los pozos del olvido ya no son humanos a los ojos de sus ejecutores, así estas novísimas especies de criminales quedan incluso más allá del umbral de la solidaridad de la iniquidad humana».

SEGREGACIÓN DEL PAÍS VASCO: Unidad Alavesa presenta su propuesta de Estatuto de autonomía para Álava
EFE Libertad Digital 24 Junio 2002

Unidad Alavesa ha presentado su propuesta de un Estatuto de autonomía para Álava en el que se reconoce su constitución como comunidad foral integrada en el Estado español. Defienden su proyecto porque “queremos seguir siendo tan españoles como el resto de los españoles”.

El texto, de 62 artículos, recoge en general las competencias que figuran en el Estatuto vasco y el diseño institucional del navarro. De hecho, el preámbulo del texto cita a la comunidad foral Navarra como el "mejor referente". El Estatuto propuesto por UA reconoce a Álava como comunidad foral integrada en España, defiende el castellano como lengua oficial y "el vascuence como oficial en las zonas vascohablantes de Álava" y propone un esquema basado en las Juntas Generales como Parlamento y la Diputación como Gobierno.

También recoge que si llega a entrar en vigor perderían su vigencia en Álava todas las leyes promulgadas por el Parlamento y el Gobierno Vasco, ya que esta provincia dispondría de leyes propias y en lo no legislado se regiría por la legislación estatal. El preámbulo justifica este Estatuto porque "la enorme crispación y deterioro de la convivencia generadas por la violencia y las connivencias políticas que la sustenta, recomienda iniciar una nueva andadura sobre la base de configurar un nuevo ámbito jurídico y político, desde el respeto a nuestra pertenencia a España".

El Estatuto fue presentado en un acto público en Vitoria ante unas 500 personas, en el que han intervenido el secretario general de UA, Pablo Mosquera, y el portavoz, Ernesto Ladrón de Guevara. Ha destacado la presencia del ex concejal de UA en Vitoria Francisco Probanza, quien tuvo que abandonar el País Vasco el año pasado debido a las amenazas de ETA. En su intervención, Mosquera explicó que UA no pretende saltarse la legalidad vigente, sino que han redactado este Estatuto "para que no nos pillen despistados" en caso de que se supere el actual Estatuto y se avance hacia la independencia.

Mosquera dijo que quieren responder "con una aceptación del órdago a la cita con la independencia que nos proponen los nacionalistas", y se mostró a favor de una consulta sobre el futuro del País Vasco, "pero no una, sino tres, para que cada territorio pueda decidir". En este sentido, subrayó que los alaveses "queremos seguir siendo tan españoles como el resto de los españoles, y tan dignos como cualquier tierra o lugar de España".

Antes de este proyecto de Unidad Alavesa, también se elaboraron propuestas de Estatutos de Autonomía para Álava en 1931 y 1936, que también trataban de dotar a Álava de autonomía sobre la base de la reintegración foral.

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