AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 26 Junio  2002
Limpieza de ediles no nacionalistas
Editorial La Razón 26 Junio 2002

Incentivos lingüísticos… en la nómina
Javier Ruiz Portella Libertad Digital 26 Junio 2002

Un soborno
Cartas al Director ABC 26 Junio 2002

Fundación para la libertad
CARLOS DÁVILA ABC 26 Junio 2002

Miedos de verano
TONIA ETXARRI/ El Correo 26 Junio 2002

La democracia se defiende
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 26 Junio 2002

Veinte años de Ertzaintza
Editorial El Correo 26 Junio 2002

El español como negocio
Joaquín MARCO La Razón 26 Junio 2002

La politización eclesiástica de la moral
IGNACIO SOTELO El País 26 Junio 2002

Disimulo, verdad e independencia
C. VIDAL. L. R. DE GALARRETA Y P. HISPÁN/ El Correo 26 Junio 2002

El Consejo de Europa ratifica el “Camino de la Lengua Castellana” como Itinerario Cultural Europeo
Efe Libertad Digital 26 Junio 2002

Iñaki Ezquerra critica en ETA pro nobis la politización de la Iglesia vasca
G. RODRÍGUEZ Madrid La Estrella 26 Junio 2002

La dictadura de Batasuna
Editorial El Ideal Gallego 26 Junio 2002
 

Limpieza de ediles no nacionalistas
Editorial La Razón 26 Junio 2002

El acoso proetarra a la alcaldesa de Lasarte, Ana Urchueguía, a la que un millar de proetarras insultaron y agredieron en un frontón de San Sebastián, sumado a la ofensiva amenazante por medio de panfletos contra la concejal socialista de Rentería, Mari Mar Martínez, muestra lo que nos puede esperar y que ya ha sucedido antes: el incremento de la presión sobre los concejales no nacionalistas para que no se presenten en las próximas elecciones o, si lo hacen, sólo sea bajo la limitación que produce el temor a una agresión, lo que dificulta decisivamente cualquier campaña política.

Ayer, el portavoz del PNV, Iñaqui Anasagasti, afirmó que a su partido le falta «gestualidad» para demostrar sus verdaderos sentimientos de solidaridad y emoción con las víctimas de los ataques proetarras. Tiene razón. La única forma de evitar ese estado de excepción permanente contra los no nacionalistas es que lo impidan los nacionalistas, tanto como partido político como en su función de Gobierno. Pero hay más. Si no lo hacen, pueden ser tachados de cómplices, pues evidentemente los nacionalistas se benefician, aunque no quieran, de las deserciones obligadas de sus oponentes políticos por el acoso terrorista. Si esta campaña contra los concejales continúa, nos enfrentaremos de nuevo con un cuadro electoral sin garantías democráticas. Las autoridades del Estado están ahí para evitarlo. De no hacerlo, en nada se diferenciaría el País Vasco de Colombia, donde la guerrilla terrorista de las FARC ha obligado a la huida a todos los alcaldes de la zona que quiere controlar.

Incentivos lingüísticos… en la nómina
Javier Ruiz Portella Libertad Digital 26 Junio 2002

El Gobierno de la Generalitat acaba de reconocer indirectamente su fracaso: de nada han servido los reiterados llamamientos al fervor “patriótico” para que los profesores usen masivamente el catalán en la Universidad. Se siguen impartiendo cursos en español, y ante tan lamentable falta de “espíritu patrio”, las autoridades se disponen a adoptar medidas drásticas… y mucho más convincentes: rascarse el bolsillo y pagar a quienes impartan sus clases exclusivamente en catalán. Las clases en la Universidad, quiero decir, pues el problema no se plantea en la enseñanza primaria o secundaria, donde todos los docentes han de hablar en catalán. Por imperativo legal, y sin que cueste un duro de más.

Tal vez haya quien crea de buena fe que es justo fomentar la enseñanza en una lengua minoritaria (afortunadamente ya no se puede añadir lo de “perseguida”) como el catalán. Así parece pensarlo el PP del Principado, el cual ha declarado, con enternecedora ingenuidad, que presentará enmiendas contra este proyecto de ley con objeto de “potenciar el uso del catalán en las universidades sin necesidad de penalizar económicamente a los docentes que utilizan el castellano”.

¿Hace falta “potenciar el uso del catalán en las universidades”?… Sería preciso hacerlo (aunque sin discriminaciones económicas) si el catalán fuera una lengua minoritaria. Pero resulta que no lo es en absoluto. Resulta que, según reconoce la propia Generalitat, dos de cada tres clases se imparten en catalán: nada más ni nada menos que el 65 por ciento. ¿Qué es pues lo que pretenden?… Muy sencillamente, que el uso del catalán en la Universidad no sea del 65 sino del 100 por ciento (aunque tal vez les bastara el 98 por ciento, pues siempre queda bien aceptar algún que otro profesor extranjero: español, francés, hispanoamericano…)

Es lo de siempre. Lo que el nacionalismo no puede tolerar es la idea misma de un auténtico bilingüismo. Es decir, un bilingüismo en el que ambas lenguas estén en pie de igualdad, en el que convivan tan armónicamente como de hecho conviven día a día en la calle. Lo que pretenden es la hegemonía total del catalán, por más que toleren (a la fuerza ahorcan) que el español se siga hablando a efectos prácticos. Hablando… o -dentro de no demasiado tiempo- chapurreándolo. El asunto de estos “incentivos lingüísticos” para los profesores universitarios lo ilustra con meridiana claridad. El catalán domina ya plenamente en las universidades…, pero este dominio no les basta. Quieren la hegemonía total, y para ello están dispuestos a todo: tanto a dilapidar las sumas que haga falta como a deteriorar aún más una universidad que en Cataluña, como en todas partes, está ya de por sí suficientemente deteriorada.

Ahora bien, ¿es posible conseguir en la universidad este “bilingüismo auténtico” sin el cual no hay solución para un país visceralmente bilingüe? La cuestión es sumamente compleja, pues incluso fomentando el uso de la lengua hoy minoritaria -el español-, incluso alcanzando este 50 por ciento ideal para cada idioma, la universidad catalana se mantendría provincianamente encerrada sobre sí misma. Sus puertas seguirían estando cerradas, de facto, para quienes, procedentes del extranjero o de otras regiones españolas, no conocen el catalán. Probablemente, la única solución consistiría en establecer una especie de “doble circuito universitario”, de forma que la lengua de unas universidades fuera el español, y el de otras el catalán. En cualquier caso, la solución nunca puede consistir en cosas como las que actualmente pasan. Cosas como las que me contaba un amigo colombiano que tuvo la desdicha de inscribirse en un Master de Empresariales en la Universidad Autónoma de Barcelona. El curso tenía una duración de seis meses y en él participaban dos alumnos catalanes, ninguno de otras regiones españolas, seis hispanoamericanos y cinco extranjeros que hablaban español. Durante los dos primeros meses los cursos fueron generosamente impartidos en castellano, con la advertencia, sin embargo, de que durante este tiempo tenían que aprender suficiente catalán como para seguir en él las clases. Al iniciarse el tercer mes, las mismas, en efecto, fueron dadas exclusivamente en catalán, con la posibilidad, eso sí, de poder interrumpir al profesor cada vez que alguien no entendía algo. Ni que decir tiene cuáles fueron los catastróficos resultados de la experiencia. Una traumática experiencia que sufren todos los estudiantes extranjeros (cada vez menos, es cierto) que llegan a las universidades catalanas convencidos de haberse matriculado en una universidad española: nada ni nadie les advierte antes del tremendo chasco que se van a llevar.

Un soborno
Cartas al Director ABC 26 Junio 2002

A los maestros les obligaron, mediante un «decretazo», el decreto de Inmersión, a utilizar exclusivamente el catalán en la docencia, en las reuniones y en todas las actuaciones realizadas dentro de la escuela, incluso en las relaciones con los padres. Pero el docente universitario es punto y aparte, es la «elite de la intelectualidad» y no se puede doblegar su voluntad, eso sí, se les puede dar un «empujoncito» para convencerlos. Por ello, la Generalitat de Cataluña prevé llevar a su Parlamento el próximo mes de julio una ley en la que se incentivará económicamente a aquellos profesores universitarios que opten por utilizar el catalán para impartir sus clases. Un soborno por el que muchos pasarán; un premio para aquellos que cambien su manera de pensar a cambio de cuatro cuartos más, un premio para los politicastros que, siendo profesores universitarios, están en puestos de responsabilidad política y que están cubriéndose las espaldas para cuando tengan que dejar el cargo y volver a sus clases de la Universidad. Éstos habrán votado una ley que les sustanciará su sueldo un poco más.   Antonio Nonell Miranda.  Tarragona.

Fundación para la libertad
Por CARLOS DÁVILA ABC 26 Junio 2002

En el País Vasco se puede agredir impunemente a un ciudadano, incluso si es representante público, sin que la Policía intervenga. Eso es lo que le ha sucedido el pasado domingo a la valerosa alcaldesa de Lasarte, Ana Urchueguía. La Ertzaintza, probablemente la Policía mejor pagada del mundo (desde luego mucho mejor que los guardias civiles o los policías nacionales), se llamó a andanas a pesar de que fue requerida para que intentara evitar que una tribu de desalmados batasunos se llevaran por delante a la militante del PSOE. El hecho de que el jefe de la banda facciosa y terrorista fuera un concejal del propio pueblo de Urchueguía, agrava aún más un hecho que resultaría inadmisible -que es inadmisible- en cualquier latitud democrática del mundo. Que se sepa, el Gobierno vasco, propietario (nunca mejor dicho) de la Erzaintza, ni siquiera ha condenado la salvajada, y mucho menos ha explicado la inacción o inepcia de su Policía. El asunto, al parecer, preocupa menos a Ibarreche y a Balza que la insistencia en un referéndum de autodeterminación en «Euskal Herria».

El episodio no es uno más: a menos de un año de las elecciones municipales los nacionalistas de toda condición están empeñados en hacer imposible la vida de los candidatos que ¡oh la osadía!, se atrevan a presentarse en listas diferentes a las aprobadas por el abertzalismo moderado o inmoderado, que cada día se confunde más. De aquí a junio del 2003 se sucederán una serie de acontecimientos destinados a impedir por las buenas o por las malas, que cada quien ejerza su perfecto derecho a incorporarse a listas del PP o del PSOE, que son las únicas que corren peligro cierto en el País Vasco. Lo tremendo del caso es que el Gobierno y las instituciones gobernadas por el nacionalismo, no adopten medida alguna para que los radicales, o sea los terroristas de ETA, para qué andarnos con mandangas, se ceben en las personas de bien que, escoltadas o no, no tienen, ni mucho menos, la misma libertad que los nacionalistas.

Después de las elecciones de hace un año todas estas personas están aún más disminuidas. El domingo se presenta en Bilbao la Fundación para la Libertad que va a dirigir Edurne Uriarte. En ella habitan todos los que son susceptibles de padecer agresiones como la sufrida por Urchueguía sin gozar de la atención de la Ertzaintza. Aunque sólo fuera por eso, la Fundación exige todo nuestro apoyo.

Miedos de verano
TONIA ETXARRI/ El Correo 26 Junio 2002

Mientras los compañeros de la alcaldesa de Lasarte, Ana Urchueguía, temen por su seguridad, después de haber sido increpada, insultada y agredida por buena parte de la turba que acudió a la final de Pelota, ante la impasibilidad de los organizadores del evento, los partidos del gobierno de Ibarretxe temen que Aznar pida en verano la ilegalización de Batasuna. «Todo apunta a julio» decía el jeltzale Egibar en Madrid. Pero no se líen, que no se refería a los que apuntan a los cargos no nacionalistas elegidos por el pueblo a través de las urnas. Que Egibar se refería al gobierno del PP que apunta , con la ley en la mano, para evitar que los que demuestren complicidad con el terrorismo, puedan beneficiarse de los favores de esta democracia de la que tanto reniegan.

Resulta lógico que tripartito presentara en el Congreso su petición de retirada de la ley de partidos porque así lo decidió la mayoría nacionalista (incluida la propia interesada, Batasuna) en el Parlamento vasco. Pero resulta preocupante que los mismos burukides no se movilicen con idéntica energía (por lo menos) para mostrar su preocupación por la situación de acoso y amenazas en la que vive la mitad del Parlamento y todos los ediles populares y socialistas perseguidos por el entorno de ETA. En esta Euskadi dividida, cada cual se encierra en su miedo.Y el miedo bloquea y anula la personalidad.

Anasagasti, que ayer reconocía que en Euskadi «faltan gestos» ante los acosos, suele contar lo duro que le resulta a un parlamentario nacionalista vivir en Madrid porque, a veces, se encuentra con gente que le insulta. El sabe perfectamente que esta incomodidad no es comparable al miedo de los que sufren en Euskadi el acoso y las amenazas de quienes apuntan y luego disparan. Algunos ya no pueden escribir para contarlo. El PSE, sin olvidar las agresiones sufridas hace años por el ex alcalde de Hernani, Rekondo, cuando tomaba posesión de su cargo, asegura que los ataques sufridos por la alcaldesa de Lasarte, «es lo más grave que ha pasado en los últimos años» en la violencia de persecución. ¿Cómo podrán llenar las listas de candidatos los aspirantes del PP y PSE a los que el entorno de ETA ilegaliza imponiéndoles el miedo y apartándolos de la escena?

Mientras el PSE quiere emplazar a Ibarretxe, a través del Parlamento, a que muestre una actitud de rechazo hacia este tipo de agresiones, con gestos más contundentes que las condenas, porque, de lo contrario, demostrará que vivimos en «un país desgobernado», Aralar está poniendo en un aprieto a Batasuna. Zabaleta y Aldekoa son tan independentistas, o más, que Otegi y Permarch. Pero ellos han rechazado el terrorismo, por lo tanto, no deberán tener problemas con la justicia.

La democracia se defiende
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 26 Junio 2002

Los partidos políticos que aboguen por el terrorismo, la violencia o el racismo están ya fuera de nuestro sistema de libertades.

Por vez primera en veinticinco años, las Cortes generales han decidido poner límites a las actuaciones de aquellos que fomentan la ilegalidad: en España estaba prohibido matar pero no jalear al que mataba. Ya se ha dicho basta.
Hay que reconocer la valiente disposición del secretario general del Partido Socialista, Rodríguez Zapatero, al no dudar en que debía de dar su apoyo al Gobierno en esta ocasión pese a las dudas que ha generado la Ley en algunos sectores de su partido.

No le habían situado en una posición fácil ni las guerras internas ni algunas andanadas provenientes del Partido Popular en los inicios de la negociación de la reforma.

Pero supo mantener su impulso contra los que apoyan a los terroristas y es un gesto que no puede quedar sin subrayarse.
La Democracia se defiende con el 95 por ciento de los votos de los representantes y las voces sin argumentos sólidos de un 5 por ciento de diputados y senadores que no aciertan a explicarnos qué de interesante ven en la convivencia con los políticos que apoyen al terrorismo, la violencia o el racismo.

Han dicho que esta Ley era la prohibición de las ideologías, y han confundido el Pensamiento con la Delincuencia. Es difícil explicar que cuando se entrega el poder de un cargo electo a quienes caminan por la calle con una pistola apuntando en la nuca a quien no piensa como ellos es cosa de ideologías.

Con ese tufo quedarán para la Historia. Ayer ha terminado la parte más fácil del camino. Ahora hay que desarrollar la Ley y apuntar con el dedo del juez a aquellos que estén fuera de nuestras normas de juego.

Viviremos malos momentos, pues van a usar todas su armas. Más duro que arrancarse una muela podrida. Pero imprescindible.

Veinte años de Ertzaintza
Editorial El Correo 26 Junio 2002

Este año se conmemora el vigésimo aniversario de la creación de la Ertzaintza. El artículo 17 del Estatuto atribuye a las instituciones de Euskadi «el régimen de la Policía Autónoma para la protección de las personas y bienes y el mantenimiento del orden público dentro del territorio autónomo». El surgimiento de la Ertzaintza en 1982 representó uno de los signos más inequívocos de la ruptura pactada con que la democracia dejó atrás los largos años del franquismo.

Nacía un cuerpo policial doblemente autónomo: porque su dirección correspondía al Gobierno vasco y porque no lo lastraba ninguna sombra del pasado que pudiera retardar su legitimación social. Desde el momento de su constitución, las distintas promociones de ertzainas han experimentado y, a la vez, protagonizado una clara evolución, debiendo soportar la terrible sacudida que ha supuesto el asesinato de quince de sus miembros a manos del terrorismo. Quienes redactaron el Estatuto y aquellos a los que correspondió gestionar los primeros pasos de la Policía autonómica no se hubiesen imaginado que, veinte años después del surgimiento de uno de los pilares más genuinos de nuestro autogobierno, la Ertzaintza iba a verse obligada a prevenir y perseguir el terrorismo al tiempo que es acosada por éste como uno de los objetivos prioritarios del totalitarismo. Tal hecho refleja hasta qué punto la confianza en un pronto final de ETA que entonces mantenía buena parte de la clase política y alimentaba en especial el nacionalismo gobernante se sustentaba en una visión ingenua y hasta comprensiva respecto a un fenómeno que ha terminado enraizando e hiriendo de gravedad a toda una sociedad que hoy no puede afirmar que se encuentre moralmente sana.

Lo que inicialmente alentaba la expectativa de que para cuando la Ertzaintza estuviera ampliamente desplegada el problema del terrorismo estaría encauzado generó entre sus mandos una cultura renuente a la asunción de responsabilidades directas en la lucha antiterrorista. El discurso dominante en el nacionalismo, contraponiendo a la obligación de adoptar medidas policiales la necesidad de hallar soluciones de orden político, contribuyó a disuadir a los policías autonómicos de cumplir con una parte esencial de su servicio público: la persecución de la violencia terrorista. Es cierto que en ocasiones la Ertzaintza ha sido objeto de críticas injustas o de exigencias superiores a aquellas desde las que se evalúa la actuación de los restantes cuerpos y fuerzas de seguridad. Pero ello no debe servir a sus responsables para soslayar que han sido muchos los casos en los que la entrega con que los miembros de la Ertzaintza han tratado de desempeñar su función social no se ha correspondido con una clara disposición por parte de sus mandos para hacer frente a aquellos delitos que amenazan permanentemente con quebrar la convivencia y el sistema de libertades en Euskadi.

El español como negocio
Joaquín MARCO La Razón 26 Junio 2002

Nadie pone en duda que hoy el conocimiento del inglés resulta indispensable. Es idioma universalmente en congresos científicos, en asuntos comerciales, en diplomáticos, incluso en la divulgación científica, además de la creación literaria propia. Y cada vez con mayor frecuencia, el americano o estadounidense se aleja de la lengua matriz, la ortodoxa del Sur de Inglaterra y del exquisito oxfordiano. Con su habitual perspectiva comercial los ingleses han hecho del aprendizaje de su idioma un excelente negocio. A estas alturas del año las familias que económicamente pueden sufragarlo andan a la caza y captura de cursos de inglés en Gran Bretaña, Irlanda o los EE UU. Los chicos se tomarán un mes de asueto y, se dice, algo aprenderán de inglés y hasta de las costumbres de quienes les hospeden. El castellano (como prefiere la Constitución) o el español se halla muy lejos aún de esta consideración universal. Ni es lengua de cultura, asumida como tal, y tiene que luchar en dura competencia cultural con el diplomático francés, con el imprescindible, en ocasiones, alemán, con la potencialidad del chino o del japonés y hasta con la donosura del italiano. Nuestros Institutos Cervantes son recientes, carecen de la tradición de la Alianza Francesa o de los medios de los Goethe Institut, por no mencionar los Institutos Norteamericanos. No es que el español no tenga potencialidades, que las tiene; pero restan aún por desarrollar.

Como los mercados bursátiles hispanoamericanos es una lengua de futuro, ya que su presente resta muy por debajo de lo que podría. En el seno de la Unión Europea, España es una potencia de grado medio. Por su lengua, en el contexto mundial multiplica su valor. Sumar esfuerzos debe entenderse como añadir eficacia al propósito que ya, en tiempos pasados e imperiales, defendiera Antonio de Nebrija. Añadir la red de difusión cultural que heredó la democracia de los anteriores Institutos Cultura Hispánica (hoy Institutos de Colaboración Iberoamericana) a los Cervantes potenciaría el intercambio y la unidad de esfuerzos. La diferenciación ha sido, hasta hoy, bastante lógica; puesto que los Cervantes enseñan lengua; los ICI, cultura. Separar, sin embargo, una de otra, empobrece y multiplica la burocracia. No me pareció, pues, tan descabellado el (¿error?) que cometió Luis Alberto de Cuenca que, tal vez, fue globo sonda, aunque recibido de malos modos. Entender la lengua española tan sólo como la de España es un error, como creer que la literatura o la cultura españolas no florecen más allá de la Península. Para vencer en la expansión ¬vistas las perspectivas económicas y los escasos medios disponibles¬ conviene sumar y no restar y considerar desde las jarchas al último texto científico mexicano o paraguayo: barrer para casa es beneficio común, sin olvidar las lenguas oficiales o no, peninsulares, y otras, no menos indígenas, en territorios ajenos y alejados.

La politización eclesiástica de la moral
IGNACIO SOTELO El País 26 Junio 2002

Ignacio Sotelo es catedrático excedente de Sociología.

No estamos muy dispuestos a trazar una línea divisoria clara entre moral y política aquellos que pensamos que la ética no es simple cuestión individual, sino que, al incluir siempre a los otros, tiene necesariamente una dimensión social, además de una pública, ya que las instituciones configuran no pocos de los comportamientos que legitima la moral. La jerarquía eclesiástica, en cambio, se atribuye el poder diferenciar con la máxima nitidez la política de la moral: en la primera, se quiere neutral; en la segunda, al expresar, sencillamente, la voluntad de Dios, categórica e inapelable.

No obstante tamaña pretensión, para poder subsistir a lo largo de los siglos no ha tenido otro remedio que reintroducir la política como si fuera palabra de Dios. A veces lo ha hecho de forma harto sutil; otras de manera bastante burda, como en el caso de la última carta pastoral de los obispos de Bilbao, Vitoria y San Sebastián. No hará falta insistir en que nadie debe impedir a un ciudadano, o a una corporación, que tenga ideas políticas y las defienda; al contrario, es uno de los derechos, y yo diría hasta una de las obligaciones de la convivencia democrática. Lo inadmisible es que venda la política como expresión de la moral eterna; indigna que trate de darnos gato por liebre.

Sacar a la superficie los supuestos políticos que subyacen en la pastoral tiene la doble finalidad de poner, en primer lugar, de manifiesto una ambivalencia, tan vieja como consustancial con la Iglesia, hasta el punto de que pudiera ser que los obispos no sean ni siquiera conscientes de ella. Segundo, discutir esta política, como lo que es, cuestión opinable, dejando claro tanto los puntos de coincidencia como los de disenso.

Que se trata de política y no de moral basada en la fe, algo que debería ser obvio al menos informado en teología, no lo es tanto, a juzgar por una carta escrita por 'el equipo de responsables pastorales de las parroquias de San Juan Bautista de Basozelai, San Ignacio del Calero y San Pedro Apóstol de Basauri' que se leyó ante los fieles, imagino que no habrá sido la única, y que me ha enviado, sin ocultar su entusiasmo, un buen amigo, cura de Basauri, en la que se congratulan de la pastoral, al estar de acuerdo con los obispos en unos puntos, tan elementales e indiscutibles, como la condena de la violencia terrorista de ETA, o la solidaridad con las víctimas del terrorismo o con los amenazados de muerte, o el ataque directo a la democracia que significa los atentados contra los concejales. Muestran también su asentimiento con otros, ya claramente políticos, sin que subrayen el carácter opinable de los mismos; antes al contrario, agradecen 'este sensato, iluminador y profético posicionamiento'.

Vayamos a la carta pastoral de los obispos. Empiezan diciendo que 'nuestra sociedad anhela la paz y sufre por no tenerla', lo que supone ya un diagnóstico de la situación, enormemente ambiguo y, por lo demás, discutible. La ambigüedad radica en huir de una calificación positiva y dejar que el lector pueda concluir que, si no tenemos paz, es porque vivimos en guerra. Pero a nadie se le oculta que esta interpretación sólo la sacaría ETA y su entorno, que, en efecto, se sienten combatientes en una 'guerra de liberación' del pueblo vasco contra dos potencias extranjeras, España y Francia. El estado de guerra se opone a la paz, pero no sólo, hay situaciones intermedias en las que no se goza de la paz sin estar por ello en guerra. Desde luego que los obispos no hablan de guerra, únicamente de un 'anhelo de paz' que en un mundo en el que prevalece la violencia y la injusticia desde mucho antes de que en las bienaventuranzas Jesús ensalzase a 'los que buscan la paz', no han faltado nunca sobre la Tierra. Siempre ha habido y habrá quienes anhelen la paz y sufran por su ausencia, sobre todo si la entendemos 'como amplia justicia y reducida violencia'.

Desde una generalización que bien pudiera servir para describir la historia de la humanidad desde sus comienzos, pero que deja en la penumbra los hechos que caracterizan a la situación vivida, podría asombrar que se dé un salto a lo concreto y se señale que el obstáculo principal a la anhelada paz sea el desacuerdo de los partidos, debido a una grave incomunicación. Todo se arreglaría hablando. 'El diálogo es la avenida que conduce a la plaza mayor de la paz. Cerrarse al diálogo equivale a renunciar a la paz verdadera que no consiste en la victoria, sino en el acuerdo', con lo que queda claro que los pacíficos son los que se abren al diálogo, y los que se niegan a hablar, los responsables de que no se alcance la paz. Un 'diálogo paciente', sin que nadie tenga por ello que claudicar, 'puede aproximar efectivamente las posiciones de los interlocutores'.

Nadie negará sabiduría a esta invitación a dialogar, base de la convivencia democrática, que lamentablemente la Iglesia no aplica a las relaciones entre los fieles y la jerarquía, pero no deja de ser escalofriante que los señores obispos hayan podido describir la situación ('anhelo de paz') y darle remedio ('diálogo'), que en política significa negociación, sin aludir al terrorismo. Porque lo que define la situación en el País Vasco no es tan sólo la situación de injusticia y violencia que ha vivido siempre la humanidad, ni la de una 'guerra de liberación', con el consiguiente 'anhelo de paz', sino el hecho concreto de que un grupo armado, con el apoyo de una parte minoritaria de la población, mata, extorsiona, anula o restringe las libertades de otra parte, aterrorizando al conjunto de la sociedad que cree poder salvarse, mirando a otro lado. Y lo más específico de la situación es que los terroristas y su entorno se creen legitimados por haber sacralizado el fin que persiguen, la independencia de Euskadi. Una parte del pueblo cristiano, al sustituir a Dios por la patria, ha caído en el pecado más grave, el de idolatría, y la Iglesia calla. Mi admirado Rafael Aguirre ha puesto de relieve la dimensión teológica que hubieran tenido que tomar en cuenta los obispos. 'Esta pastoral calla sobre problemas decisivos que afectan a la Iglesia de un modo muy directo. Me refiero a la existencia de un nacionalismo absolutizado, convertido en ideología idolátrica, al que hay que entregar la propia vida y, por supuesto, la de los demás'. La situación que vive el País Vasco se define por el terrorismo de unos pocos que lo emplean para lograr objetivos políticos, en sí legítimos en una democracia. No partir de esta constatación, hablando de ambiguos anhelos de paz, significa no querer enterarse de lo que ocurre, tergiversar la realidad.

Del terrorismo se habla, una vez que se ha hecho el diagnóstico y se ha ofrecido la terapia, en el capítulo segundo, que lleva por título 'La paz es incompatible con el terrorismo'. Aun así, se empieza afirmando que 'muchos son los enemigos de la paz', pero sin mencionarlos expresamente, una ambigüedad intolerable, justamente, cuando lo fundamental es identificarlos. ¿Cómo vamos a poder alcanzar la paz si el único enemigo que se cita es ETA, dejando al lector que imagine los otros? Incluso antes de condenar de manera clara y contundente la violencia de ETA -¡faltaría más!-, se nos advierte que 'la durísima violencia de ETA no ofrece visos razonables de cancelarse próximamente'. Otra vez la maldita ambigüedad: claro que nadie piensa que 'próximamente', aunque sería decisivo concretar, si se tiene en mente una semana, un mes, un año, o un plazo más largo. Y ello porque 'en comunicados recientes anuncian su próposito de mantenerla'. Implícito queda que ETA seguirá matando mientras lo considere oportuno. Fuera del horizonte que divisan los obispos queda la posibilidad de que con una buena combinación de medidas políticas y policiales ETA desaparezca en un plazo prudencial. Excluir de antemano la derrota de ETA implica tener que 'anhelar la paz' hasta el día que se negocie con los terroristas las condiciones de la independencia. No es difícil sobreentender que entre los enemigos de la paz está también el Gobierno de Madrid, que no parece dispuesto a negociar con ETA, aunque se reconozca que ésta 'constituye, en fin, un fortísimo obstáculo para que los desacuerdos políticos existentes en nuestra sociedad se planteen correctamente y se aborden serenamente'.

Surge, por fin, aunque de pasada, la cuestión principal, que consiste en saber cómo se puede eliminar este 'obstáculo' que, efectivamente, constituye el único problema; todos los demás son secundarios y resolubles por medios democráticos. Pero otra vez queda en la penumbra la cuestión principal, así como las implicaciones que conlleva guardar silencio. En efecto, muchas y muy diferentes son las fracturas de la sociedad vasca, la que mencionan los obispos -'unos se sienten sólo vascos, otros solamente españoles; otros más vascos que españoles, otros más españoles que vascos; otros, en fin, igualmente vascos y españoles'-, pero también la que se muestra entre los que consideran que el único problema consiste en eliminar el 'obstáculo' sin claudicar ante ETA, porque en ello nos va la libertad, y no hay paz que valga sin libertad, y los que, junto con el PNV y los obispos, creen que para eliminar el 'obstáculo' no hay otro camino que el de la negociación bajo la presión del asesinato y la extorsión.

Tan obvio como la condena del terrorismo es que no todo vale contra él. Me alegro de que al fin sea doctrina de una Iglesia que calló, cuando no alentó, durante y después de la guerra civil, la represión salvaje del régimen de Franco. Dadas las experiencias dolorosas de un pasado reciente, y no sé hasta qué punto pudieran ser presente, tal vez no sea ocioso repetir que contra el terrorismo se han de utilizar todos los medios que 'sean moralmente lícitos y políticamente correctos', es decir, que estén en consonancia con el respeto de los derechos humanos y del Estado de Derecho.

La Ley de Partidos Políticos no se puede despachar en unas líneas, exige un tratamiento aparte; lo único que sorprende es que los obispos abandonen ya sin tapujos el plano de la moral para entrometerse en el político: repito, tienen todo el derecho a hacerlo, pero enseñando sus opciones y no vendiéndolas como si fuesen de origen divino. Lo que sí me parece un sarcasmo hiriente para las personas que sufren las amenazas de ETA es que los obispos arremetan contra la ley apelando al bien de los perseguidos: 'Más bien nos tememos que tal seguridad se vuelva, lamentablemente, más precaria'. 'No somos, ni mucho menos, los únicos que albergamos esta reserva cautelosa'. Con los señores obispos la comparten una buena parte del espectro nacionalista, que parece el único en el que se inspiran, pero hubiera valido la pena que hubieran hecho una encuesta entre los amenazados para saber lo que piensan las posibles víctimas. A los pocos a los que les he podido preguntar, apoyan la ley con una esperanza enteca de que se debilite el entorno de ETA y con ello la operatividad de la banda. De mí tengo que decir que, habiéndome inclinado desde un principio a la tesis de la inoportunidad de la ley -refuerza la idea de que nuestra democracia es poco consistente, a la vez que en la clandestinidad podría crecer aún más el nacionalismo extremo-, la conversación con algunas personas que viven la angustia de estar amenazadas por ETA me ha llevado a ser mucho más precavido en este tema.

Un amigo vasco, empresario, que se resiste a pagar el 'impuesto revolucionario', me decía que la pastoral tiene la virtud de distanciar aún más a la Iglesia de la derecha política. 'Somos más europeos, al tener una derecha cada vez más laicista; la izquierda hace ya siglos que se perdió. Y esto será bueno para España, para el País Vasco y para la Iglesia'. En paisaje tan desolador, no faltan los que albergan todavía alguna esperanza.

Disimulo, verdad e independencia
C. VIDAL. L. R. DE GALARRETA Y P. HISPÁN/ El Correo 26 Junio 2002

Hace casi veinte años, Claudio Magris escribió un artículo, con un título parecido al de éste, a propósito de un libro publicado en 1641 por el secretario de un príncipe napolitano. El libro - Della dissimulazione honesta ( Del honesto disimulo )- es un tratado sobre la actividad de los consejeros políticos que, en la soledad de los despachos, pueden llegar a perder de vista el sentido de sus límites. Magris habla de la tentación de ceder a los halagos del aislamiento que con frecuencia hace concebir al solitario y anónimo asesor la ilusión de ser el depositario de una verdad confirmada por el martirio de la injusticia que padece. Concluye el autor afirmando que uno puede ser objeto de agravio y estar, sin embargo, agraviando, sin que ninguna de las dos cosas justifique a la otra.

Sirva esta introducción para tratar de poner de manifiesto cómo, una vez más, la habilidad de los responsables del PNV para manejar el tempo y el tema de la situación en Euskadi les ha permitido obtener provecho político de la que ha sido calificada por el propio nuncio como «desafortunada e inoportuna» pastoral de los obispos vascos, a estas alturas ya tan manida.

El comentario de los obispos sobre el proyecto de Ley de Partidos venía introducido, y matizado, por el reconocimiento de que «resultaría precipitada una valoración moral ponderada de dicho texto» (sic). Pero, si los obispos no realizaban una valoración moral -su única y exclusiva misión, según el número 2.442 del Catecismo de la Iglesia Católica- se trataba entonces de un análisis político o sociopolítico, fuera de lugar y al margen del mandato y autoridad que tienen como pastores (precisamente, el citado punto del Catecismo dice expresamente que «no corresponde a los pastores de la Iglesia intervenir directamente en la actividad política y en la organización de la vida social»). La propia reacción de la Santa Sede, absteniéndose de realizar cualquier valoración por no tratarse el documento de una reflexión teológica, canónica o moral, censuraba de modo implícito el uso de una pastoral para emitir opiniones de carácter político. Parafraseando a Talleyrand se podría decir que «peor que un delito, ha sido una equivocación».

La polémica pastoral está al parecer superada, a partir de la visita del nuncio de la Santa Sede en España a la exposición Terrorismo y Libertad , organizada por la Fundación Víctimas del Terrorismo, y por la alocución semanal del presidente de la Conferencia Episcopal, que ha definido la actitud de la Iglesia hacia el terrorismo sin tapujos ni dobles raseros. Pero entre tanto vocerío, en algún caso precipitado y falto de reflexión, han pasado inadvertidos algunos mensajes de la pastoral. Así, un interesante parrafo se ha mantenido ajeno a esta polémica. En él sí se utiliza la autoridad moral para reconocer que «las fórmulas políticas que el pueblo ha aprobado o asumido mayoritariamente tienen sin duda gran valor y deben constituir el eje vertebrador de nuestra convivencia. No pueden ser suplantadas sin graves razones de bien común».

Es posible que Ibarretxe no haya leído esta parte del documento, pero se trata, claramente, de una llamada de atención hacia el afán del lehendakari por convocar un referéndum. Esta iniciativa abriría la espoleta para cuestionar un marco de convivencia mayoritariamente aceptado por el pueblo vasco y, ya que se habla de «sombríos panoramas» como consecuencia de la Ley de Partidos, los nacionalistas deberían plantearse si el referéndum serviría para unir a la sociedad, o incrementaría la división existente. El terrorismo hurta a los ciudadanos vascos el ejercicio de sus derechos más básicos, por lo que plantear un referéndum en las circunstancias actuales supondría para los nacionalistas un ilegítimo beneficio de las consecuencias del miedo lógico de una gran parte de la sociedad. Por pura coherencia, el PNV debería aplicar la misma valoración que hace de la Ley de Partidos a la posibilidad de una consulta popular. Cuestiones como sobre qué ha de consultarse, en qué territorio, con qué cobertura legal, con qué efectos, son algunas de las que, sin duda, agudizarían el conflicto.

El nacionalismo espera ahora a que amaine la tormenta que, por fortuna para ellos, ha dejado de lado los aspectos de la pastoral sobre los que no les interesa polemizar a los nacionalistas. Y lo mismo los propios prelados vascos: no vaya a ser que ahora comience una nueva batalla, esta vez contra los nacionalistas. La Ley de Partidos se ha convertido en el objeto de controversia y los obispos no se han visto obligados a explicar su postura ¡política! respecto a un posible referéndum.

En su continua huida hacia adelante, el presidente del EBB no se detiene en consultas, ni mucho menos en pastorales. Recientemente, el Moisés vasco ha puesto fecha a la llegada a la tierra prometida de la independencia del País Vasco. Al igual que el patriarca judío, ha declarado que no verá el arribo a la ansiada meta, pero que «en tres o cuatro legislaturas» será un hecho. No es la primera vez. Lo verdaderamente novedoso ha sido que la propuesta se haga en un momento en que el lehendakari trata de recabar apoyos para realizar una consulta popular. Por otro lado, el hecho de que por primera vez se deje de lado a Navarra supone un giro inquietante en la política del PNV hacia la Comunidad Foral, uno de los territorios históricos . Nos cuesta creer que, en este cambio, haya podido influir la significativa actitud del obispo de Pamplona, que en ningún momento ha querido mostrar su apoyo a la pastoral revelando así una preocupante división entre los prelados de diócesis aquejadas por problemas similares.

Si el Gobierno central se ha obstinado en sentirse agraviado por la pastoral, el PNV ha puesto cara de disimulo y ha obviado cualquier crítica. Una vez más ha utilizado políticamente a los prelados, cuando menos ingenuos, que con su imprudencia dieron un puntapié a un avispero. El PNV se ha situado tras las sotanas episcopales, sin detenerse a escucharles. Y una vez más el discurso victimista de los continuos agravios de Madrid hacia Euskadi se ha escrito solo: todo lo vasco , sí, sí, ya ven, también la Iglesia, es objeto de la iracundia del PP. Y mientras, silban y miran al cielo, esperando que pase desapercibida la tímida alusión de la pastoral a su propio proyecto rupturista.

Los obispos, que se han situado moralmente con las víctimas denunciando el abandono y la marginación que sufren los miembros del PP y del PSE, han sido quizá traicionados por su entorno, o por el subconsciente, que les ha jugado una mala pasada al posicionarse políticamente junto a los nacionalistas. No es un ejemplo de doble moral, ha sido simplemente un desliz político sabiamente aprovechado por el PNV. Los nacionalistas continuarán haciendo oídos sordos a las condenas morales hacia su proyecto, al mismo tiempo que se sitúan como los paladines de una Iglesia que ha perdido la esperanza.

El Consejo de Europa ratifica el “Camino de la Lengua Castellana” como Itinerario Cultural Europeo
Efe Libertad Digital 26 Junio 2002

El Consejo de Europa ratificó este martes en Estrasburgo (Francia) la catalogación como Itinerario Cultural Europeo del "Camino de la Lengua Castellana y su expansión en el Mediterráneo: las rutas de Sefarad", informó a Efe el consejero de Cultura de La Rioja, Luis Alegre.

El consejero, responsable de la Fundación Camino de la Lengua, explicó, a su regreso a La Rioja, que esta declaración coincide con la apertura de una exposición sobre estas rutas, que se celebra en Estrasburgo.

El Camino de la Lengua Castellana es una ruta se creó en 1997 y recorre los seis puntos de España en los que el castellano se desarrolló a lo largo de la historia, como San Millán de la Cogolla en La Rioja, Santo Domingo de Silos, Valladolid, Avila y Salamanca en Castilla y León, y Alcalá de Henares en Madrid.

Además, este proyecto ha implicado a los pueblos del Mediterráneo que extendieron el castellano tras la expulsión del pueblo judío de España y que conservan el lenguaje sefardí; los puntos inicialmente elegidos para participar son Tetuán (Marruecos), Jerusalén (Israel), Estambul (Turquía), Salónica (Grecia) y Sofía (Bulgaria).

"Nos han dado la bienvenida a una categoría en la que están la Ruta de la Seda, la Ruta de los vikingos o el Camino de Santiago", explicó Alegre.La Fundación Camino de La Lengua avanzará en este proyecto en los próximos meses con la construcción de la sede de su Centro Cultural Europeo en Canillas (La Rioja) donde se promoverá el intercambio de estudiantes y la investigación relacionada con las lenguas europeas.

Iñaki Ezquerra critica en 'ETA pro nobis' la politización de la Iglesia vasca
La denuncia de la falta de 'piedad' cristiana de esta institución con las víctimas del terrorismo es una de sus principales reivindicaciones
G. RODRÍGUEZ Madrid La Estrella 26 Junio 2002

ETA pro nobis es el tercer libro de ensayo del escritor bilbaíno Iñaki Ezquerra tras Marginalias y Estado de excepción. Miembro fundador del Foro de Ermua y "amigo agnóstico" del Foro del Salvador, colectivo católico vasco que levantó su voz contra la postura de los dirigentes de la Iglesia vasca en 1999, Ezquerra critica desde una postura no nacionalista la complicidad de la sociedad dirigente vasca con ETA y la falta de apoyo moral que ha demostrado a las víctimas del terrorismo.

"Cuando las víctimas ocupen el lugar que les corresponde, la sociedad vasca empezará a normalizarse", afirma Ezquerra, quien recordó además que "la polémica de los obispos ha escenificado el valor del Congreso para dar la espalda a la España confesional y oscurantista y aprobar la Ley de Partidos a pesar de la pastoral. En cambio, Otegi y Arzalluz han recogido el palio de Franco y se lo han echado encima".

ETA pro nobis, publicado por Planeta, recoge en primera persona los pormenores de la elaboración en 1999 de un manifiesto contra el nacional catolicismo vasco como ejemplo de la persecución que dice sufren todos los que disienten de los postulados oficialistas en el País Vasco. Además hace un análisis de varios textos publicados por la jerarquía eclesiástica vasca que califica de "ambiguas y relativistas moralmente".

Para denunciar la politización de la Iglesia vasca, de quien pone en evidencia sus falsedades y contradicciones, y su falta de "piedad" con las víctimas, se ha rodeado en la presentación en Madrid del portavoz del grupo popular en el Parlamento vasco Jaime Mayor Oreja, del ex secretario general del PSE Jaime Redondo Terreros, del jesuita y jurista Antonio Beristain, y de la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Sonsoles Álvarez de Toledo.

Mayor Oreja se unió a las críticas de Ezquerra desde una postura católica y se preguntó qué debe hacer la Iglesia cuando falta la libertad. "El País Vasco necesita la recuperación de una institución como la Iglesia al igual que necesita a una España democrática y abierta", declaró. En su opinión, la primera perjudicada ha sido la Iglesia, al permitir que los valores nacionalistas sustituyan los valores morales que tradicionalmente ha difundido esta institución, y se haya creado una crisis entre católicos nacionalistas y no nacionalistas.

"No voy a entonar un 'yo acuso' pero se puede pensar que en 30 años la Iglesia vasca ha sido demasiado implacable con los sacerdotes que disentían del régimen nacionalista, tolerante con los sacerdotes independentistas que justificaban a ETA, lejana y fría con los perseguidos por los nacionalistas, y se ha dejado vencer por el ambiente, por la sociología dominante", añadió Mayor Oreja, para quien un ambiente de perversión moral como el que vive la sociedad vasca es el origen de sucesos como el de los insultos de 'asesina' a la edil donostiarra en un frontón el pasado domingo.

Al igual que el autor del libro, Mayor Oreja denunció la suplantación de la religión por la política y aseguró que "si la situación de la Iglesia vasca no fuera tan disparatada, no sería lógico que un católico vasco presentara este libro". "Si no ocurriera lo que ocurre en un lugar donde las víctimas son consideradas verdugos, y los sacerdotes, perseguidos por la jerarquía eclesial, pensaría que estoy perdiendo el juicio".

Sonsoles Álvarez de Toledo confirmó esta situación al añadir que "las víctimas del terrorismo no esperan ya nada de los obispos que nos piden que perdonemos a un grupo de asesinos". Y aprovechó para recordar que el traslado de los presos vascos a prisiones cercanas a su familia les haría aun más daño, lo que también apoyó el jesuita Antonio Beristain, quien calificó el libro como "un acta notarial, porque su intención es dar fe de la verdad".

Nicolás Redondo Terreros, en su primera aparición pública en Madrid desde su dimisión como secretario general del PSE, aseguró que ETA pro nobis da una imagen cierta del País Vasco, "un país al revés, donde los intelectuales han ocupado el espacio de solidaridad con las víctimas que ha dejado vacío la Iglesia".

Redondo recordó que los obispos, al elegir como fecha de divulgación de su última pastoral la manifestación contra la Ley de Partidos se posicionaron políticamente. "Al exigir de forma tan apasionada que no se confunda el nacionalismo con el terrorismo, nos preguntamos porqué nunca ha creído necesario defender de la misma forma al PP para que no se confunda con el franquismo y al PSOE para que no se identifique con la corrupción política o la guerra sucia".

"La Iglesia no está con los más débiles ni con los que no tienen libertad sino con los poderosos, con la cultura dominante. Y asumió la frase incluida en el libro de que "si con la colaboración de la Iglesia vino el mal al País Vasco, de esa misma Iglesia debe venir parte de la solución".

La dictadura de Batasuna
Editorial El Ideal Gallego 26 Junio 2002

La esperpéntica situación que se vive en el País Vasco tuvo el pasado fin de semana un nuevo capítulo más digno de la pluma valleinclanesca que de lo que se supone una sociedad moderna, plural y democrática. La alcaldesa socialista de Lasarte fue agredida por un grupo de radicales mientas asistía a un partido de pelota en un frontón de la localidad. La pandilla de abertzales, integrada por unos cincuenta miembros y entre los que destacaba un edil de Batasuna, se dedicó a arrojarle objetos, insultarla y zarandearla. La llegaron incluso a tachar de asesina -si no fuera tan trágico resultaría hasta cómico que quienes se encargan de fijar los objetivos de ETA acusaran a la alcaldesa de asesina-. Pero lo más grave no fue la vejación que tuvo que sufrir Ana Urchueguía. Lo peor de todo es que entre los que estaban reunidos en el frontón, dispuestos a disfrutar del partido, de entre todos, ni una sola voz se alzó contra el grupo de alborotadores. Este hecho refleja a la perfección cómo el miedo atenaza a todos y cada uno de los vascos -mejor dicho, a casi todos, los animales que protagonizaban el ataque, por desgracia, no se tienen miedo ni a sí mismos-. La sociedad vasca vive coaccionada por los violentos, que son los que marcan el ritmo de sus pasos. De nada sirve que sean una minoría, porque la mayoría prefiere callar, girar la cabeza y no darse por enterada del drama en el que viven miles de compatriotas. Ser vasco, hoy en día, es sinónimo de estar amedrentado, de tener que morderse la lengua, de vivir con temor al que dirán, de no andar tranquilo en la calle... en definitiva, de tener que asumir la dictadura que impone Batasuna.
 

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