AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 3 Julio  2002
Listas en la dictadura del miedo
Editorial La Razón 3 Julio 2002

Como en Colombia
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 3 Julio 2002

Listas conjuntas de PP y PSOE
Enrique de Diego Libertad Digital 3 Julio 2002

¿Suspender las elecciones municipales vascas
Impresiones El Mundo  3 Julio 2002

PSE, realidad y teoría
Editorial ABC  3 Julio 2002

¿Qué elecciones
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  3 Julio 2002

Unidad contra el totalitarismo
EDITORIAL Libertad Digital  3 Julio 2002

Ilegalización sine die
Lorenzo Contreras La Estrella  3 Julio 2002

Eguíbar y la libertad
Román Cendoya La Razón  3 Julio 2002

Trama negra
Aleix Vidal-Quadras La Razón  3 Julio 2002

Irresponsables y bribones
CARLOS DÁVILA ABC  3 Julio 2002

No pueden parar la democracia
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón  3 Julio 2002

Lasarte, símbolo de resistencia en Guipúzcoa
ABC  3 Julio 2002

ANTE LA AMENAZA DIARIA DEL TERROR: Los partidos no nacionalistas apenas pueden confeccionar listas electorales en el País Vasco
Libertar Digital  3 Julio 2002

El PP ofrece al PSOE listas conjuntas para continuar la alternativa al nacionalismo
M. CALLEJA ABC  3 Julio 2002

Totorica y Díez secundan la propuesta de suspender los comicios en el País Vasco
G. LÓPEZ ALBA / M. ALONSO ABC  3 Julio 2002

LA CAMPAÑA CONTRA LOS CARGOS PÚBLICOS EN EUSKADI: La falta de libertad es el principal problema de Euskadi
Bilbao EL PAÍS  3 Julio 2002

El extraño turista
Lucrecio Libertad Digital  3 Julio 2002

Gesto ¿por qué paz
AURELIO ARTETA El Correo 3 Julio 2002

Identificados siete etarras que acaban de dar el salto a la banda desde la violencia callejera
(Agencias) Libertad Digital  3 Julio 2002

Valdeón pide un contexto común para la enseñanza de la Historia de España
Isabel Navarro - Madrid.- La Razón 3 Julio 2002

Listas en la dictadura del miedo
Editorial La Razón 3 Julio 2002

El solo hecho de que haya que debatir si conviene o no abordar la excepcionalidad de las listas conjuntas de partidos acosados por el terrorismo para que éstos puedan concurrir a unas elecciones demuestra la corrupción política y moral en el País Vasco. Aunque quede poca capacidad de asombro ante la impotencia democrática, siempre hay un nuevo motivo para el bochorno. Y éste es aceptar como normal lo que es una patología social intolerable.

Por eso, la polémica sobre las listas no puede plantearse más que como consecuencia de un mal originario, que es la persistencia de la dictadura del miedo en el País Vasco. Una situación que convierte en ilegítima cualquier elección en esa Comunidad, porque ni todos los partidos pueden presentar libremente sus candidatos o hacer campaña, ni los votantes pueden ejercer su derecho de sufragio. Es un sistema ventajista para el nacionalismo hegemónico, independientemente de que el causante de la situación sea la vertiente terrorista de ese nacionalismo.
Pero el espectáculo se torna deplorable cuando el PSOE ni siquiera es capaz de plantearse la alianza excepcional con el PP. Al final, en lugar de denunciar el deterioro del sistema, se termina por aceptar el estatus de anormalidad y los proetarras se volverán a salir con la suya: arrinconar cada vez más a los no nacionalistas hasta expulsarlos del País Vasco. Sólo una dosis de generosidad política podría evitarlo, pero el combate es otro, el Gobierno de España, y por él parece sacrificable lo demás. Por supuesto, sin olvidar que tanto el PSOE como el PP están del lado de las víctimas, y son otros los culpables de la degeneración democrática en el País Vasco.

Como en Colombia
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 3 Julio 2002

¿A quién le sirve fingir que hay libertad donde no la hay? ¿Vale la pena jugarse la vida como si hubiera democracia en el País Vasco cuando la democracia es, para algunos políticos nacionalistas, un instrumento de eliminación del adversario español y para otros, los que no son nacionalistas, sólo un sueño, una entelequia, un deseo al que sacrifican su vida cotidiana, su vida profesional y familiar o simplemente su vida? La cuestión de fondo en la política vasca no es quién gana las elecciones sino cómo se puede hablar de elecciones cuando a la mitad de los elegidos se les asesina por el hecho de serlo, cuando medio parlamento, el que está en la oposición, lleva escolta y el otro medio, casualmente el que está en el Gobierno, no la lleva. Hay que agradecer a Javier Rojo que haya planteado esa cuestión con toda crudeza. Hay que esperar que el PP y, sobre todo, el PSOE, sepan aceptar el reto más dificil para algunos políticos que es el de reconocer la realidad.

Colombia es, efectivamente, lo más parecido al País Vasco y Navarra en materia de democracia municipal. Nada hay comparable en Europa. En Colombia, agentes del servicio secreto han sustituído a los alcaldes amenazados de muerte por las FARC y que han huído de sus municipios ante el anuncio de que los secuaces de Tirofijo asesinarán a todos los que puedan. Con estos criminales lleva negociando tres años el infame Pastrana. Con estos quiere acabar el candidato vencedor, Alvaro Uribe. Que ha ganado las elecciones reconociendo no la necesidad de paz a cualquier precio sino de ganar la guerra para conseguir la paz en libertad. Es posible que la libertad no llegue a Colombia o que tarde en llegar, pero no se negará que la lucha está clara.

En cambio, en el País Vasco, todo es confusión. Los terroristas se hacen las víctimas ante sus amenazados, los nacionalistas imputan a quienes persiguen que los acosados son ellos. ETA mata, el PNV administra el terror. El PP y el PSOE lo padecen. ¿Deben además fingir que no lo sienten? Como en Colombia, lo primero es reconocer la realidad, único camino para transformarla.

Listas conjuntas de PP y PSOE
Enrique de Diego Libertad Digital 3 Julio 2002

En el País Vasco no hay democracia. No la hay en sentido pleno. Esa es la mayor acusación de la realidad contra el nacionalismo. Éste gobierna gracias al déficit democrático existente, al clima mafioso, de matonerismo y asesinato. Esa es la razón de que el PNV no haya luchado nunca contra el terrorismo, salvo en los escasísimos momentos en los que se ha sentido amenazado.

No sólo por solidaridad etnicista, también por un abyecto interés político, que convierte a los representantes constitucionalistas en héroes. La perversión de las dictaduras se da en el País Vasco con una ecuación clara: cuanto más nacionalismo, menos democracia. Por eso, el máximo de nacionalismo -la independencia- es el totalitarismo, el máximo de negación de libertad, el exterminio de los representantes y los representados constitucionalistas.

La postura de Ramón Jáuregui es gallarda pero ingenua. Por supuesto, los partidos constitucionalistas tienen muy mermadas sus posibilidades en unas elecciones, incluso para poder elaborar una lista. Pero la reclamación de ayuda al PNV, o de liderazgo a Ibarretxe en defensa de la libertad, es un error de diagnóstico, porque ambos son parte del problema y no de la solución.

La oferta, reiterada por Javier Arenas, de listas conjuntas entre PP y PSE responde a la lógica de los acontecimientos. Al mismo sentido de la ley electoral. En las pasadas elecciones autonómicas, los nacionalistas concentraron el voto. La respuesta constitucionalista debía haber sido la misma. Las situaciones extraordinarias exigen soluciones extraordinarias, y las del País Vasco son muy -lamentable y trágicamente- extraordinarias. Para combatir el totalitarismo hay que presentar un frente unido. Si el PSE no lo entiende, la lógica lleva entonces a la necesidad de concentrar el voto en el PP, como partido más votado por los constitucionalistas y cuyo diagnóstico de la realidad no se pierde en los vericuetos ni en los complejos de culpa de la actual dirección del PSE vasco. Cuando es la libertad la que está amenazada, no se puede andar con rodeos.

¿Suspender las elecciones municipales vascas?
Impresiones El Mundo  3 Julio 2002

El acoso del entorno etarra sobre los concejales no nacionalistas de algunos municipios vascos ha llevado a algunos dirigentes socialistas -Ramón Jáuregui, Carlos Totorica o Rosa Díez- a plantear el debate sobre si se deben suspender las elecciones municipales en aquellos municipios donde los candidatos no tienen libertad para concurrir en las listas. No le falta razón a Javier Rojo cuando compara la situación del País Vasco con la de Colombia, donde varios alcaldes han dimitido por las amenazas de la guerrilla de las FARC. Tanto el PSOE como el PP se pueden encontrar con dificultades para completar las candidaturas municipales. «Todo depende de que se encuentren o no suficientes héroes», ha dicho gráficamente Rosa Díez. Antes de tomar una medida tan extrema como suspender las elecciones, los partidos afectados deberían agotar todas las posibilidades de presentarse, en solitario o incluso en listas conjuntas. Aunque para una formación política sea un mal trago compartir candidatura con su adversario, la situación es lo suficientemente grave como para justificar la unidad de los demócratas. Lo que no tendría sentido -como han llegado a plantear algunos socialistas- es que sus candidatos concurrieran junto a los nacionalistas a quienes el PSOE está responsabilizando de mirar hacia otro lado ante las amenazas de los proetarras.

PSE, realidad y teoría
Editorial ABC  3 Julio 2002

En su último Congreso Extraordinario, celebrado en marzo, el Partido Socialista de Euskadi (PSE) decidió democráticamente cerrar un periodo de oposición activa al nacionalismo, encarnado en la figura de Nicolás Redondo Terreros. Fue la última onda expansiva del resultado de las autonómicas del 13-M, empeorado más por el sentimiento de derrota que provocó en los partidos no nacionalistas que por las cifras y porcentajes reales de votos. Sea cual fuere la razón del cambio en la dirección del socialismo vasco, el nuevo secretario general, Patxi López, ofrecía como novedad la recuperación de un método de relación con el nacionalismo, de tono agradable y componedor, pero ya aplicado y fracasado. La sana intención de tender puentes con el PNV y de recuperar al nacionalismo para la unidad frente a ETA fue recibida -dentro y fuera del PSE- como un gesto de ingenuidad que ignoraba el pasado inmediato, y de desistimiento de una firmeza costosa pero necesaria. También fue percibido como una apuesta por un camino equivocado. La primera medida para hacer visible ese viejo nuevo tiempo del socialismo vasco fue distanciarse del PP, tanto en el diagnóstico de la situación como en las actitudes personales, lo que llevó a López a denunciar el electoralismo del PP a costa del problema vasco -a pesar del Pacto por las Libertades firmado con el PSOE- y a situarse equidistante entre Mayor Oreja y Arzalluz, para estupor de muchos de sus compañeros de partido. Sin embargo, al distanciamiento del PP no sólo no le siguió un acercamiento al PNV, sino que recibió de éste una actitud de desprecio. Para el PNV, los socialistas ya no representaban el eterno comodín de los gobiernos tripartitos que finalizaron en 1998, sino, a lo sumo, la cuña para romper la unidad entre los constitucionalistas, objetivo al que se han aplicado con empeño.

No obstante, la realidad ha acabado por imponerse a las teorías de López y su equipo, pagando el alto precio de perder peso específico en la política vasca y de ahondar las diferencias internas. Las reiteradas apelaciones de López a Ibarretxe para que lidere la rebelión social frente a ETA -a estas alturas, con el pacto de Estella como patrón de su acción de gobierno- es un síntoma de la impotencia política a la que le ha conducido su propio discurso, falsamente alternativo. No hay espacio libre en el País Vasco para un discurso semejante, no porque carezca de buena fe, sino porque su inutilidad está comprobada antes de que se ponga en práctica y lo demuestra la política de artificios que el PNV está desarrollando ante el gravísimo problema de falta de igualdad y de libertad que se va a plantear en las municipales de 2003. Pero ni siquiera en este asunto, esencial para la identidad democrática de la sociedad vasca, se ponen de acuerdo los socialistas, divididos entre los que, como Jáuregui y Totorica, piden el aplazamiento de los comicios hasta que se garantice la seguridad física de los candidatos y los que, como Patxi López y su directiva, apuestan por su celebración.

El PSE halló en la defensa beligerante del constitucionalismo y en la convergencia con el PP los argumentos para aportar a la crisis vasca una solución duradera. En una parte se han recuperado, como en el informe presentado por el PSE ante la Ponencia de Autogobierno del Parlamento vasco, en el que rechazan la consulta por la autodeterminación porque chocaría con la legalidad y promovería la «limpieza étnica e ideológica». Pero esta afirmación demuestra que aquel congreso optó por un mensaje voluntarista, más llevadero (por ligero, no por acertado) que el de la firmeza de Redondo, pero inviable en el País Vasco de las agresiones impunes a la alcaldesa de Lasarte y las amenazas mafiosas al edil socialista de Andoain. La conclusión es preocupante, pero sólo una profunda rectificación en la política de la dirección del PSE sacará a este partido de la indolente mediocridad en la que se halla.

¿Qué elecciones?
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  3 Julio 2002

El Partido Popular y el Partido Socialista tienen serias dificultades para confeccionar unas listas simplemente nominales que les permitan presentarse a las elecciones vascas en un número suficientemente grande de municipios. No digamos ya para encontrar cierto número de personas que, una vez elegidas, sean capaces de acudir todos los días al Ayuntamiento o al Parlamento Vasco sin saber a ciencia cierta si llegarán al foro de representación ciudadana y si podrán volver a casa esa noche para comentar la última votación. Para los representantes de los partidos vascos españoles cualquier votación puede ser la última. Por eso mismo, lo impresionante no es que no puedan presentarse a las próximas elecciones sino que hayan sido capaces de presentarse a las anteriores. Y que encima tengan que aguantar que los verdugos etarras y sus cómplices tripartitos les insulten y les acusen de todos los males pasados presentes y futuros, empezando por el detener que jugarse la vida para ser concejal.

La cuestión de fondo es si vale la pena fingir una normalidad democrática de la que sólo disfrutan los que dedican todo su esfuerzo a destruirla. El dilema al que se enfrentan los partidos democráticos vascos, es decir, los que no están o no se sienten bajo el paraguas protector de ETA a través del pacto de Estella, es si deben hacer el teatro de que viven en democracia cuando padecen la última dictadura de Europa, la más atroz, la que ha convertido al País Vasco y Navarra en un inmenso campo de concentración donde las víctimas deben acudir con guardaespaldas a discutir en pie de igualdad los asuntos de la colectividad con quienes son o pueden ser mañana mismo sus verdugos. Hay una parte del PSOE que ha planteado por primera vez y abiertamente que no, que si no hay libertad para que los ciudadanos puedan elegir y ser elegidos el mero hecho de acudir a las elecciones es, además de una estupidez, un error político. Y que las víctimas no pueden o deben conceder legitimidad a los verdugos. Mucho menos, facilitarles la tarea.

En estas circunstancias, muchos socialistas piensan que lo único razonable es crear una sola lista o agrupación electoral, la de las víctimas del terrorismo nacionalista, y, en el caso de presentarse, hacerlo conjuntamente con el PP. Pero los que en el fondo quieren estar en Estella prefieren que se presente por ellos el PNV a través de Elkarri, que es una forma de rendirse a ETA en nombre de la paz, de entregar al nacionalismo todo el poder sin que se note. Pero hay cosas inocultables. Que el País Vasco vive bajo la dictadura nacionalista es una de ellas. Lo difícil para el PP y el PSOE es reconocerlo.

Unidad contra el totalitarismo
EDITORIAL Libertad Digital  3 Julio 2002

Que no existe democracia en el País Vasco, tal y como la conocen el resto de los españoles, es una realidad que no admite discusión. Las pistolas y las bombas de los etarras y los insultos y las amenazas de los batasunos a quienes se niegan a plegarse a su proyecto totalitario se encargan de demostrarlo a diario. El último ejemplo es Ana Urchueguía, alcaldesa socialista de Lasarte, vejada e insultada en el frontón de su pueblo por los proetarras, quienes le impidieron poco después presidir las fiestas de Lasarte desde el balcón del Ayuntamiento, cuya plaza y balcón ocupaban precisamente quienes intentan anularla en contra de la voluntad de los ciudadanos de Lasarte, quienes desde hace años han venido aprobando la gestión de Urchueguía con su voto.

La beligerante indiferencia del PNV ante la anulación y el asesinato de sus adversarios políticos -los constitucionalistas- es la principal causa de la impunidad de los batasunos -sus aliados y compañeros de viaje. No hay que olvidar -muchas veces se hace- que el Gobierno vasco tiene transferidas las competencias en materia de seguridad ciudadana. La Ertzaintza, un cuerpo construido y dirigido según las tesis de Arzalluz, tiene las manos atadas por “orden superior” -como sus mandos han denunciado reiteradamente- para combatir el terrorismo callejero y el acoso a los concejales del PP y del PSE que practican los batasunos.

En estas circunstancias, y ante el desamparo en que el PNV gobernante ha dejado a los constitucionalistas después del Pacto de Lizarra, cobra pleno sentido la propuesta de Javier Arenas de cara a las próximas elecciones municipales. Ni PP ni PSE, por razones evidentes que no requieren explicación, pueden completar (ni en muchos casos siquiera presentar) candidaturas propias para los ayuntamientos vascos. La presentación de listas conjuntas es quizá la última posibilidad de salvar lo que queda de democracia -que no es mucho- en Vasconia. Los resultados de las últimas elecciones autonómicas del pasado mayo demuestran que si el PP de Mayor Oreja y el PSE de Redondo Terreros hubieran presentado una candidatura conjunta -evitando así la dispersión del voto-, habrían ganado las elecciones vascas o, al menos, hubieran dificultado extraordinariamente a Ibarretxe la formación de gobierno.

Sin embargo, la situación se ha deteriorado de tal modo desde mayo que, como han señalado Javier Rojo -líder del PSE alavés- y Carlos Totorika -alcalde de Ermua- quizá lo más conveniente sería no presentarse a las elecciones municipales, para que quede de manifiesto la persecución política que están padeciendo socialistas y populares.

Ambos puntos de vista son defendibles. Presentar listas conjuntas tiene la ventaja de no ceder el campo político al totalitarismo nacionalista, aunque no resuelve la dramática situación de los concejales del PP y del PSOE y presenta el inconveniente de conferir legitimación democrática y marchamo de “normalidad” -de cara a la opinión pública española e internacional- a la dictadura del miedo que ejerce Eta-Batasuna con el beneplácito de Arzalluz e Ibarretxe.

Sin embargo, aunque no concurrir a las elecciones tiene, en principio, una lectura en clave de rendición y abandono a la dictadura del miedo, la ventaja de esta opción es poner de manifiesto contundentemente que, para hacer política en el País Vasco sin necesidad de arriesgar la vida heroicamente, es preciso ser nacionalista o, al menos, no oponerse al proyecto totalitario que Arzalluz y Otegi pactaron en Lizarra.

Pero lo que queda meridianamente claro es que, en estas circunstancias, resulta ridículo -cuando no deshonesto- pedir a los responsables indirectos del exterminio de la democracia en el País Vasco que lideren la regeneración democrática vasca y la lucha contra el totalitarismo batasuno integrando una lista única “democrática”. Las manifestaciones de los líderes peneuvistas, más preocupados por la ilegalización de Batasuna y por la “acción exterior vasca” en los basureros políticos internacionales que por la defensa de los concejales constitucionalistas, dejan bien clara su disposición al respecto.

No es concebible que los Patxi López, los Eguiguren y los Elorza del PSE estén tan ciegos como demuestra su insensata política de “equidistancia” con el nacionalismo. La indiferencia -cuando no el desprecio- que el PNV muestra para con los muertos y los coaccionados de su propio partido no dejan lugar a la ceguera, a la ignorancia o a la inocencia. Sólo desde la rendición definitiva del PSE ante las tesis nacionalistas -impulsada por Cebrián y González- y la vocación de ser una especie de oposición orgánica y domesticada que dé legitimidad democrática al nacionalismo a cambio de la tranquilidad, puede entenderse la actitud de los nuevos líderes del PSE. Y en estas circunstancias, la opción de Javier Rojo y Carlos Totorika es quizá la única coherente con la libertad y la democracia. Los héroes pueden arrostrarlo todo... menos las puñaladas por la espalda.

Ilegalización 'sine die'
Lorenzo Contreras La Estrella  3 Julio 2002

Ante la aplicación de la Ley de Partidos Políticos, la primera expectativa que surge es el cuándo de la ilegalización de Batasuna. Es evidente que la formación considerada brazo político de ETA no desistirá de sus acciones y provocaciones. Pero lo que se aprecia de inicio, como ya señalé en anterior comentario, es la dificultad para aplicar la Ley a la luz de las tensiones que va a provocar la decisión ilegalizadora. Ahora lo que empieza a trascender con algún fundamento es que el Gobierno no se lanzará a instar al Tribunal Supremo a que aplique esa medida hasta que transcurra el verano. Otoño puede ser, desde el punto de vista temporal, el primer campo de ensayo, el primer gran escenario de la gran dramatización. Sabe el Ejecutivo que si se produjera pronto la puesta en marcha de las previsiones, la reacción de ETA estallaría, nunca mejor dicho, en plena temporada alta del turismo. Y, por otra parte, la situación se complicaría en la medida de su coincidencia con la celebración del debate sobre el estado de la nación.

El Gobierno prefiere en realidad dejar inaplicada la Ley, como una especie de espada de Damocles suspendida sobre la cabeza de la coalición abertzale, para cuyos altos militantes, Pablo Gorostizaga, Elena Beloki y Javier Alegría, ha pedido Garzón a la Sección tercera de la Audiencia Nacional nada menos que el enjuiciamiento junto con otros sesenta y cinco dirigentes.

Sin embargo, será difícil conservar la cabeza fría. ETA irá pulsando el temple del Gobierno a través de atentados más o menos selectivos que, por supuesto, no serán condenados por Batasuna en los plenos municipales ni en el Parlamento de Vitoria. Otro aspecto a considerar es la desertización de las instituciones a través del éxodo político de los representantes no nacionalistas. Esa paralización será sin duda más ostensible con la aproximación de las elecciones. El dirigente socialista Ramón Jáuregui ha declarado a los medios de comunicación que su duda esencial estriba en el hecho de que las candidaturas de socialistas y populares puedan llegar a constituirse. El miedo, por no decir el pánico, es lo único libre que va quedando en Euskadi. Ser candidato a un escaño equivaldría a convertirse en un héroe. Y eso a nadie se le puede exigir. Contra esa situación no valdrán las disciplinas de partido. Todo un desafío casi imposible de afrontar, pero desafío también para el Gobierno vasco, cuya autoridad e imagen política quedaría por los suelos.

De todos modos, Batasuna sabe que va a contar con impunidad, desde el punto de vista de su posible ilegalización, durante una prolongada temporada. El ministro de Justicia, Ángel Acebes, lo ha dicho con claridad en El Escorial: para que el brazo político de ETA sea puesto fuera de la ley tendrán que producirse "conductas reiteradas y graves" que traduzcan su apoyo al terrorismo. Nunca hechos aislados. Y aun en el supuesto de la ilegalización, si los militantes abertzales se encuadraran en las filas del PNV, participando en sus listas electorales, el Gobierno nada objetaría, según el propio Acebes. El factor determinante de la intangibilidad del PNV en tales circunstancias, ante la Ley de Partidos, sería que esos militantes hospedados en la formación nacionalista renunciaran a toda actividad terrorista. Una pretensión muy problemática. Además, si se diera el supuesto contrario, ¿que haría el Gobierno con la Ley de Partidos? ¿Ilegalizar también al PNV o a EA?

Burlar las previsiones de la Ley forma ahora parte sustancial del tiempo que ETA y sus acólitos dedican a elaborar una estrategia perturbadora para el Gobierno. El ministro Acebes ha declarado también, junto con todo lo ya citado, que Batasuna puede ser ilegalizada antes de las elecciones. Sería como cortar por lo sano, pero igualmente con riesgo de cortarse la mano. Las "consecuencias sombrías" de que hablaron los obispos vascos en su célebre carta pastoral bailan siniestramente en el horizonte. Y con variedad de registros y manifestaciones. Se trata de una política, la del Gobierno, con nítidos caracteres de huida hacia adelante. La suerte está echada.

Eguíbar y la libertad
Román Cendoya La Razón  3 Julio 2002

La constitución de la Fundación por la Libertad es para Eguíbar, ese clon de Otegui, un acto de los de siempre en el que «sólo faltaban Galindo y Fraga». Eguíbar dijo esta «gracia», como siempre, en la Cadena Ser e hizo «periodismo descriptivo», según dijo María Antonia Iglesias-burubatzar en la Brújula de Onda Cero. Pues bien, puestos a hacer periodismo descriptivo hay que decir que los que estaban allí son la representación de la mitad de Euskadi que no tiene y que reivindica la libertad. Son víctimas del terrorismo-nacionalista. Son la fotografía del exilio o de la violencia que ofrece el Régimen del PNV.

Me sorprende que una periodista de la altura de María Antonia no viera que además de lo anterior, allí no estaban los casi novecientos asesinados por la misma causa que defiende Eguíbar y su Arzallus. Ambos están nerviosos porque con la ley de partidos se les puede acabar el «chollo» que es para su Régimen la existencia de, la más que probable terrorista, Batasuna. Al PNV le duele la libertad. A otros ciudadanos les duele que el obispo sinvergüenza de Guadalajara califique a Arzallus de «jesuita ejemplar». Jamás sabré qué tiene de ejemplar dejar colgada la sotana para irse a defender al terrorismo. Que Sánchez sea ejemplar y cuelgue la sotana. Hará un gran favor a la Iglesia.

Trama negra
Aleix Vidal-Quadras La Razón  3 Julio 2002

El juez Baltasar Garzón acaba de concluir la instrucción del sumario 18/98, que engloba siete operaciones realizadas entre 1998 y 2002 contra el entorno financiero, mediático, cultural e internacional de Eta. El número total de procesados es de sesenta y cuatro y todos ellos deberán comparecer ante la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional para responder de las acusaciones de pertenencia o colaboración con la banda. La trascendencia de este juicio radica en que a partir de la sentencia que resulte quedará establecida o rechazada la tesis de que Eta no es sólo el reducido grupo de integrantes de comandos que asesinan o secuestran, sino también el colectivo mucho más amplio de personas y organizaciones de diversa índole que le dan apoyo logístico, económico o propagandístico. Una interpretación muy restrictiva de la tipificación del terrorismo podría conducir a los magistrados a declarar inocentes a los encausados, dado que ninguno de ellos ha apretado un gatillo, preparado un detonador o vigilado un zulo. Sin embargo, un enfoque más realista llevará sin duda a la conclusión de que tan criminal es el que acecha a su víctima indefensa para volarle los sesos por la espalda como el que proporciona cobertura para blanquear los fondos destinados a sostener materialmente a los verdugos, el que recluta a los futuros matarifes, el que edita y redacta los órganos de expresión, amedrentamiento, comunicación e intoxicación de su siniestra red o el que prepara y mantiene los refugios en el extranjero para activistas «quemados».

Es de esperar que Garzón haya construido con rigor y precisión suficientes las pruebas y los argumentos que fundamentan el caso porque un fracaso de sus tesis tendría consecuencias enormemente perjudiciales sobre la motivación y el celo de policías, fiscales, guardias civiles y ciudadanos de a pie comprometidos en la lucha por la libertad y el imperio de la ley. Los ilustres togados que se sentarán tras la mesa del tribunal juzgador no se dejarán llevar por sentimientos de indignación o por presiones sociales. Aplicarán el ordenamiento vigente de forma fría y asépticamente técnica, muy especialmente a la vista de las circunstancias especialmente dramáticas que concurren en los procesos ligados al terrorismo. Porque es, en efecto, en aquellos delitos particularmente odiosos que suscitan una respuesta de apasionada repugnancia por parte de una mayoría de la opinión pública cuando los jueces extreman su cuidado en aparecer como intérpretes fieles y objetivos de las normas, dado que les va en ello no sólo su prestigio, sino la credibilidad del sistema en su conjunto. La derrota definitiva del ultranacionalismo fanático y violento rebasa lo judicial, pero la neutralización creciente del entramado que lo sustenta bajo diferentes máscaras mediante condenas firmes que lo desarbolen constituye un factor clave en el que la democracia debe perseverar.

Irresponsables y bribones
Por CARLOS DÁVILA ABC  3 Julio 2002

Los nacionalistas vascos, unos y otros, tienen una virtud: que nos ponen a todos de los nervios. Ibarreche, con su viaje irresponsable al Frente Polisario, y Eguíbar con su canallada contra la Fundación para la Libertad, han hecho estallar la serenidad de algunos políticos españoles que, en condiciones normales, suelen ser hasta ejemplos de serenidad. Por distinta causa, dos socialistas: la heroica alcaldesa de Lasarte, Ana Urchueguía, y el diputado, ex vicepresidente del Gobierno vasco de coalición, Ramón Jáuregui, han dicho algo así, tan castizo como esto: «Hasta aquí hemos llegado».

Y tienen razón con un solo matiz: hasta aquí NO deberíamos haber llegado. La noticia sobre Urchueguía es que está justamente al límite de su resistencia personal: física y anímica. Se podría afirmar que la alcaldesa, después de que le mataran a un concejal, después de haber sido amenazada innumerables veces, después de haber sido agredida brutalmente en un acto público, y después de haberse quedado confinada en una dependencia municipal para parapetarse contra una muchedumbre de energúmenos (asquerosa payasa incluida), ya no está para nada. Probablemente no repetirá candidatura y probablemente, asimismo, dejará para mejor ocasión sus apariciones en público. Tiene todos los motivos del mundo para obrar así.

Otra cosa es lo de Jáuregui. Su propuesta de no presentarse a las elecciones municipales es un auténtico desvarío, es tanto como ofrecer el triunfo a los asesinos y a los nacionalistas de Arzalluz que pretenden echar del País Vasco a todo el que no piensa como ellos. Lo que debe hacer Jáuregui es exigir a quien en el País Vasco se encarga de velar por la respuesta del Estado de Derecho, que se emplee en tal cometido, que deje de suministrar consignas políticas a la ineficaz Ertzantza (¿qué ha hecho esta Policía en los últimos tiempos?), y que reproche al estulto Ibarreche su falta de solidaridad con los miles de Urchueguía que existen en aquellas provincias. Jáuregui no puede romperse de nervios con ofertas descabelladas mientras pone reparos y algo más a la Ley de Partidos, y mientras se muestra espectacularmente ausente, como Rubalcaba, el interlocutor de Arzalluz, y Caldera, de una convocatoria valiente por la Libertad.

En cuanto a Eguíbar, solamente algo más: es un bribón; un bribón y un miserable.

No pueden parar la democracia
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón  3 Julio 2002

La propuesta de ceder al chantaje de los terroristas y suspender las elecciones municipales en el País Vasco parece una sensata respuesta para evitar que el miedo irrumpa en nuestra Democracia: Es amenazar a quienes quieren reírse de nuestra convivencia con utilizar todas las armas posibles por el camino de la legalidad. Pero,a pesar de la buena voluntad, suena a tirar la toalla en la lucha contra los terroristas y su entorno. Sería como reconocer que el País Vasco es una zona ocupada por la mafia en la que la vida es tan anormal que la gente no sólo no puede expresarse por la calle, sino que ni siquiera puede acudir a votar. Como aquellos barrios de las grandes ciudades a los que la Policía ni se atreve a entrar y no hay más ley que la de los delincuentes.

Frente a los violentos es conveniente unir fuerzas. Hay que ganar al miedo. Para conseguirlo, los vascos tienen la oportunidad de apoyarse en el resto de los españoles. Pero sentirse presos de una minoría violenta sería un daño grave en nuestra convivencia en Paz y Libertad.

Rajoy ha expresado con claridad que es el Gobierno vasco quien menos interesado está en normalizar la vida en el Norte de España, pero si la ultraderecha nacionalista quiere que sus ciudadanos vivan con miedo, para evitarlo está el Gobierno, el Parlamento y todos los demócratas españoles. Paralizar las elecciones municipales por el chantaje sería una derrota de todo el sistema. Si los terroristas son capaces de paralizar unas elecciones, a partir de ese momento ¿qué no serán capaces de hacer?

José María Carrascal explicaba ayer en estas páginas muy brillantemente las similitudes entre el actual clima político en el País Vasco y los momentos anteriores a la llegada de los nazis al poder en Alemania. Sabiéndonos la historia, no podemos cometer el error de entregarles nuestra Democracia.

Lasarte, símbolo de resistencia en Guipúzcoa
ABC  3 Julio 2002

Los vecinos de Lasarte, empezando por su alcaldesa, la socialista Ana Urchueguía, saben bien lo que es sufrir el acoso y la violencia terrorista. En marzo de 2001, ETA asesinó al concejal Froilán Elespe y desde entonces la presión de los proetarras no ha dejado de crecer, dentro de su estrategia de forzar la dimisión de la alcaldesa, que se ha convertido en el símbolo de la «resistencia» del PSE en Guipúzcoa, para que su renuncia provoque un «efecto dominó» y la sigan otros concejales de Lasarte y de otros municipios gobernados por los socialistas. Urchuegía, alcaldesa desde hace 23 años, no ha dudado en hacer frente a la intimidación de los ediles proetarras en todos los plenos del Ayuntamiento de Lasarte.

ANTE LA AMENAZA DIARIA DEL TERROR: Los partidos no nacionalistas apenas pueden confeccionar listas electorales en el País Vasco
Libertar Digital  3 Julio 2002

Que la alcaldesa socialista Ana Urchueguía no pueda salir al balcón en un municipio donde el PSE gobierna en mayoría es el síntoma más claro de que en el País Vasco los no nacionalistas sufrirán para encontrar candidatos electorales. El PP ha ofrecido al PSE elaborar listas conjuntas donde, por separado, no puedan presentarse. Pero como alternativa al nacionalismo. Patxi López invita también al PNV.

La presión contra los políticos no nacionalistas es constante. Más si cabe, desde la aprobación de la Ley de Partidos. Tal es la situación que el secretario general de los socialistas alaveses, Javier Rojo, cree que la única solución sería no presentarse a unas elecciones para que quedara patente lo que está sucediendo en el País Vasco. Lo dijo en la presentación oficial de la Fundación para las Libertades. “Quienes estamos ilegalizados somos nosotros”, dijo Javier Rojo, al hilo de la vergonzosa intervención de Egibar criticando a la Fundación para las libertades. “No podemos presentarnos a unas elecciones ni entrar en las plazas y calles (...) lo que no contamos es más grave que lo que se sabe, pero no queremos dar pena ni parecer héroes”. En su crítica a la pasividad del Gobierno vasco y el PNV, Rojo dice que Ibarretxe debería haber viajado a Lasarte y no al Sahara.

La alternativa de Redondo Terreros
Con este dramático trasfondo, el horizonte electoral de 2003 se plantea difícil para quien no comparte las tesis soberanistas del PNV, ETA y Batasuna. Pese a todo, el secretario genaral del PSE, Patxi López, en su giro nacionalista tras la liquidación política de Redondo Terreros, se ofrece también al PNV: "si en algún municipio no podemos presentar lista por el miedo y el terror, lo más conveniente sería que todos los partidos democráticos concurrieran juntos ante el terror y el fascismo, más que buscar otro tipo de soluciones". Si López interpreta que el partido de Arzalluz es democrático, su propuesta es la antítesis de la política que defendió Nicolás Redondo.

Y Arenas ya advertido de que su ofrecimiento al PSE para formar listas conjuntas donde no puedan presentarse por separado, excluye al PNV, es de hecho, una alternativa al nacionalismo. Lo contrario sería “un monumento a la incoherencia”. Sostiene Arenas que hay que estar “cerca” de los socialistas y de “los problemas” que tienen sus cargos, porque “el PP sabe también mucho de la política del terror”. Según Arenas, PP y PSOE deben tratar de impulsar “esa alternativa” que ya crearon el pasado 13 de mayo en las elecciones autonómicas vascas y concurrir a las urnas en 2003 con “la intención de ganar”. Era la vía Oreja-Redondo que ya demostró las posibilidades de vencer al nacionalismo excluyente. La maniobra de PRISA vino de forma automática. Jáuregui, Polanco, Cebrián y Patxi López se encargaron de neutralizarla.

Atutxa, seducido por la idea de Patxi
El presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa, ha rechazado la posibilidad de suspender las elecciones municipales en el País Vasco por el acoso que sufren algunos ediles. Aunque ha reconocido que "la triste y verdadera realidad es que los concejales de PP y PSOE están sometidos a un bárbaro acoso", cree que es "prematuro" hablar de suspender los comicios. "Como último recurso" es partidario de la unión de partidos.

Y dice que "lo que hay que hacer es posibilitar entre todos que libremente se presenten las candidaturas del PSOE y del PP y de cualquier otra formación política que quiera presentarse. Es muy evidente que hay personas que están sufriendo lo indecible, pero entre todos tenemos que conseguir la libertad, el derecho a que presenten su candidatura". Una declaración ambigua que también puede aplicarse para el caso de Batasuna. Aunque con la diferencia de que en este caso no son los violentos los que impedirían a la formación de Otegi acudir a las urnas sino la ley.

El PP ofrece al PSOE listas conjuntas para continuar la alternativa al nacionalismo
M. CALLEJA ABC  3 Julio 2002

El PP animó ayer al PSOE a presentar listas electorales conjuntas en aquellos municipios vascos donde no puedan hacerlo por separado, para seguir construyendo una alternativa democrática al nacionalismo. Los socialistas insistieron en que las candidaturas comunes deberían incluir al PNV.

MADRID. Ante la posibilidad planteada por algunos dirigentes del PSOE de suspender las elecciones municipales en el País Vasco por el acoso terrorista, tal y como informó ABC ayer, el secretario general del PP, Javier Arenas, reiteró a los socialistas la oferta para presentar listas conjuntas en aquellos municipios donde les sea imposible hacerlo por separado, y siempre como alternativa al nacionalismo, es decir, sin el PNV.

En un acto sobre la presidencia española de la Unión Europea, Arenas aprovechó para transmitir la «cercanía» de su partido al PSOE en unos días en los que sus cargos públicos en el País Vasco están atravesando dificultades por las amenazas que reciben del entorno proetarra. «En el PP -dijo-sabemos mucho de esas dificultades, de las consecuencias del terror, de la dificultad que hay para hacer política y defender unas ideas en el País Vasco, porque, sin duda, hay un déficit democrático muy importante». Así, defendió que el PP y el PSOE analicen esas dificultades de forma conjunta «para que el terror no saque ventaja política» en el País Vasco en las próximas elecciones municipales.

El secretario general del PP se mostró partidario de seguir construyendo junto al PSOE la «alternativa democrática» en el País Vasco, vinculada a la libertad y a la Constitución, y que -recordó- en las pasadas elecciones autonómicas obtuvo más apoyo popular que nunca antes. Por ello, Arenas reiteró la disposición de su partido a hablar con el PSOE de listas comunes en los municipios de las tres provincias vascas donde sea imposible que se presenten por separado.

La oferta del PP no es nueva, y hasta ahora ha tenido como respuesta una contraoferta del PSOE, que también es partidario de listas conjuntas, pero entre todos los partidos democráticos, es decir, incluido el PNV, algo que los populares rechazan de plano.

Para Arenas, la inclusión del partido de Xabier Arzalluz en estas listas con el PP y el PSE no tendría «explicación ni coherencia». «No tienen sentido candidaturas conjuntas de los que defienden la independencia y la negociación con ETA y de los que defendemos la Constitución, el Estatuto y la derrota del terrorismo sin negociación política», subrayó el dirigente del PP.

Más candidaturas que en 1999
Arenas añadió que «es incompatible negociar con las pistolas con el sentir democrático», por lo que defendió candidaturas conjuntas con el PSOE, pero no con otros: «Sería un monumento a la incoherencia, y significaría todos los días discrepancias sobre la forma y el fondo de la política vasca».

Arenas subrayó que su partido lleva meses trabajando en las próximas elecciones vascas y pretende presentar más candidaturas que en 1999, para «continuar, con todas las consecuencias, con la alternativa democrática en el País Vasco», a pesar de reconocer la «dificultad» del proyecto.

Rechazo del PSOE
Por el PSOE, su portavoz en el Congreso, Jesús Caldera, admitió que sería una «derrota democrática» que cada partido no pudiera presentar sus propias candidaturas en el País Vasco. Caldera señaló que el PSOE coincide con el PP «en algunos elementos sobre cómo hacer política en el País Vasco, pero son proyectos distintos y hay que conseguir garantizar las candidaturas», informa Ep.

También el secretario general del PSE, Patxi López, explicó que sólo en el caso de que una vez determinado que los socialistas no pueden presentar listas por el miedo en algún municipio, «lo más conveniente sería que todos los partidos democráticos concurrieran juntos ante el terror y el fascismo, más que otro tipo de soluciones».

Precisamente, la comisión de seguimiento del Pacto antiterrorista podría adelantar su próxima reunión, prevista en principio para septiembre, hasta este mismo mes, para debatir cuanto antes sobre las candidaturas electorales en el País Vasco, así como sobre medidas de protección para ediles vascos.

«Prematura» suspensión
Por otra parte, el presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa, afirmó ayer que es «prematuro» hablar de suspender las elecciones municipales en el País Vasco, aunque señaló que la «triste y verdadera realidad es que los concejales de PP y PSOE están sometidos a un bárbaro acoso», y propuso «como último recurso» la unión de los partidos.

Totorica y Díez secundan la propuesta de suspender los comicios en el País Vasco
G. LÓPEZ ALBA / M. ALONSO ABC  3 Julio 2002

El alcalde de Ermua, Carlos Totorica, y la eurodiputada Rosa Díez, secundaron ayer la propuesta de suspender las elecciones municipales en el País Vasco. Mientras, las direcciones del PSOE y del PSE se esforzaron por zanjar de inmediato esta discusión pública.

MADRID/BILBAO. El debate ya está abierto, aunque desde las direcciones del PSOE y del PSE se intentara zanjarlo de inmediato con el argumento de que sólo beneficia al PP, en la medida en que «distrae la atención de otros problemas en el horizonte del debate sobre el estado de la Nación», y a Batasuna, por cuanto -a su juicio- suspender las elecciones se interpretaría como una especie de «claudicación» ante los terroristas y sus cómplices, según los interlocutores consultados por ABC.

Sin embargo, los partidarios de recurrir a esa decisión «excepcional» ante una situación «excepcional» han comenzado a «salir del armario» una vez que la apuntó públicamente Ramón Jáuregui. Éste, matizó ayer a Europa press que sólo defiende esa posibilidad para los municipios donde PP y PSE tienen ahora representación y no pudieran completar sus candidaturas propias ni configurar listas conjuntas con el PNV, mientras que tachaba de «disparate» la generalización de esa decisión a todo el territorio de la Comunidad.

A favor de ese «disparate» se pronunciaron ayer Carlos Totorica, que disputó la secretaría general a Patxi López en el último congreso del PSE, y la eurodiputada Rosa Díez. Para el alcalde de Ermua, «si no hay suficiente libertad» no deberían celebrarse los comicios y, en caso contrario, «lo que procede es que cada partido tenga ocasión de presentar sus propias listas». Díez, por su parte, declaró a Servimedia que no se puede mantener la «ficción» de que existe normalidad «presentando a héroes allá donde podamos y dejando otros muchos sitios sin cubrir». La eurodiputada agregó que la democracia está basada en la igualdad ante la ley, por lo que sin garantías de libertad e igualdad, «sencillamente, no puede haber elecciones».

También desde el Foro de Ermua se expresó un criterio favorable a esa decisión para evitar que los problemas derivados del acoso proetarra «se fraccionen», y el portavoz de Basta Ya, Carlos Martínez Gorriarán, reconoció que dentro de este colectivo existe «un grupo importante» que defiende esa medida.

Estos planteamientos fueron desautorizados por el secretario general del PSE, Patxi López, quien argumentó que «no podemos aceptar que el terror gane la batalla y la democracia sea incapaz de celebrar unas elecciones».

Antes, listas conjuntas
En consonancia con las tesis del secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, López dijo que su objetivo es presentar sus propias candidaturas «allí donde siempre lo hemos hecho y allí donde tenemos posibilidad de obtener concejales». Como solución extrema, se mostró partidario de las listas conjuntas con PNV y PP -partido que rechazar compartir candidaturas con los nacionalistas-.

LA CAMPAÑA CONTRA LOS CARGOS PÚBLICOS EN EUSKADI: 'La falta de libertad es el principal problema de Euskadi'
Bilbao EL PAÍS  3 Julio 2002

El secretario general del PSE-EE, Patxi López, presentó ayer sus propuestas para responder a la campaña de coacción y amenazas de Batasuna dentro de un manifiesto cuyos principales aspectos se resumen a continuación:

'Los acontecimientos de la semana pasada -la agresión a Ana Urtxuegia en el frontón Atano III, las amenazas a la concejal de Rentería, Mari Mar, y el enésimo acoso a José Luis Vela en Andoain- reflejan, por un lado, la dramática situación en que tienen que vivir y desenvolverse los cargos públicos socialistas y constitucionalistas, y, por otro, la preocupante situación por la que atraviesa la sociedad vasca, en la que se ha ido implantando el terror y, a través del terror, el miedo, de manera que hay muchos ciudadanos que prefieren inhibirse ante estos hechos en lugar de hacerles frente. (...) Los continuos ataques, agresiones y atentados contra ciudadanos y ciudadanas vascos siguen poniendo de manifiesto que la falta de libertad es el principal problema de nuestro país y, sin embargo, no estamos sabiendo reaccionar como lo demandan las circunstancias. Porque:

- ETA quiere acallar con la violencia y el asesinato la voluntad de la mayoría, coaccionando e intentando eliminar a quienes no pensamos como ellos, especialmente los constitucionalistas.

- (...) Los nacionalistas que, no dudamos, comprometidos en la defensa de los derechos, las libertades y la pluralidad de la sociedad vasca, están empeñados, a la vez, en defender a los radicales de los que surgen los fascistas que provocan y cometen las amenazas, las agresiones y los atentados contra demócratas, con lo que su posición acaba formando parte de la nebulosa de la indefinición.

- La unidad de los demócratas (...) no acaba de consolidarse porque en el País Vasco asistimos a la confrontación de dos estrategias electorales que, de la mano del PNV y del PP, buscan votos en lugar de aportar soluciones.

- Los responsables institucionales vascos, que deberían entender la necesidad de liderar una regeneración ética y una reacción ciudadana contra ETA y sus presupuestos totalitarios, no lo hacen, abandonando, desanimando y desorientando a la sociedad vasca cuando hacen declaraciones o cuando participan en manifestaciones acompañando a los radicales. En este sentido, las declaraciones de muchos dirigentes nacionalistas, y de responsables institucionales, achacando a la entrada en vigor de la Ley de Partidos las agresiones, insultos y amenazas que reciben electos y ciudadanos vascos, son una tremenda mentira; el acoso ya existía mucho antes de esta Ley; son una tremenda injusticia, porque señalan a los representantes de los partidos constitucionalistas como provocadores de esta situación (...); y son tremendamente equivocadas porque lo único que hacen con ellas es dar oxígeno y justificar a los fascistas.

Cada vez que responsables institucionales afirman que la Ley de Partidos fractura la sociedad vasca están oxigenando los canales de la violencia y nos pone a los constitucionalistas en el punto de mira. Decir, como hizo la presidenta de Eusko Alkartasuna, que quienes no estábamos en la manifestación del día 15 en apoyo de Batasuna éramos los enemigos del pueblo es una aberración impresentable. ¿Quiere decir que acaso algunos de los que estaban allí y amparan la violencia son amigos de este pueblo?

- Y, por último, quien permita, como está sucediendo estos días, que en las instituciones se produzcan actuaciones absolutamente improcedentes de miembros de Batasuna estará contribuyendo, so pretexto de defender la libertad de expresión, al desprestigio, a la deslegitimación y al debilitamiento de las instituciones, cuando lo que se necesita en este país es, justamente, lo contrario: hacer fuertes las instituciones para hacer fuerte a la democracia'.

El extraño turista
Lucrecio Libertad Digital  3 Julio 2002

Sabía Baudelaire que el mundo es sólo inmenso bajo la luz de las lámparas de quien lo sueña en el surco grave de los libros; que, ante los ojos del recuerdo, el mundo visto es ínfimo. Sueña el turista con el infinito: eso que nunca existe para el hombre, eso que siempre añora -y es su añoranza, quizá, el único motor de la frenética ansiedad humana. Y el turista persigue siempre aquello de lo cual carece, aquello que, en su inaccesibilidad, reviste las formas siempre engañosas del deseo. Soñaron los viajeros alemanes de inicio del XIX con el viaje a Grecia: la matemática belleza que le era negada a su propia nacional barbarie; y con el sol toscano, los brumosos románticos ingleses. Una y otra fantasía viajera produjeron toneladas de bazofia impresa. Pero también a Hölderlin, o a Keats,o a Byron. Bien está.

La ensoñación del delirio estatal vasco tiene también su propio viaje iniciático hacia el deseo ausente. Hacia aquello que se dice paraíso perdido, cuando es, en realidad, sólo ausencia real; absoluto en la medida exacta que imposible. Pasa el periplo por espacios míticos, que pueden ser leídos -ni siquiera descifrados- con la claridad de un libro, más que con el código austero de los mapas. Cuba y Sahara -que fueron, un día ya lejano, España y no lo son- acotan su metáfora.

De Cuba le viene al viajero una primitiva mitología. Obscena, mentirosa, hoy lo sabemos; deberíamos saberlo, por lo menos, si no fuera tan difícil aceptar vivir en un mundo estrictamente laico. Obscena, mentirosa. Y eficacísima. Ninguna lo ha sido de modo tan perenne en la España de la segunda mitad del siglo XX -digo España, porque es, al fin, divertido cómo el mito burla siempre la voluntad de quien lo enuncia y cree usarlo, y no es, al fin, sino usado por él-: mito de la revolución pluscuamperfecta, la que nada sabe de minucias materiales, la que sólo quisiera ocuparse de crear al Hombre Nuevo. Que el Hombre Nuevo sea categoría teológica paulina y que su transcripción al inmanente territorio de la política no pueda sino producir terror de Estado y exterminio -como, en efecto, produjo-, en nada modifica la potencia retórica del mito; antes más, la potencia. De la Cuba castrista (ésa que acaba de abolir el tiempo por decreto) dijeron los viejos meapilas del PNV que mucho tenía en común con la futura nación vasca. El inenarrablemente torpe Madrazo fue más lejos: el castrismo era el modelo sobre el cual construir el Estado Euskaldún. Modelo Castro: militarización completa de la sociedad; exilio masivo de la población no conforme, cárceles inhumanas para los que perseveren en la voluntad de pensar por cuenta propia en su propia tierra, normalización, esto es, liquidación de cuanto no se ajuste a la norma.

Es más noble lo del viaje de Ibarreche al Sahara Polisario. Pocas poblaciones han sufrido un genocidio tan implacable como el que a los saharauis infligió el sultán de Marruecos. Pocas mayores vergüenzas que la que cargó sobre sus espaldas España al permitirlo sin mover un dedo. Pero, ¿qué pinta el presidente de una administración autónoma, revistiendo función diplomática ante la dirección de un movimiento militar en guerra contra el despótico régimen del hijo de Hasán II?

Dos hipótesis. O bien esa autoridad regional ha sido delegada por el gobierno español en funciones de embajador extraordinario, o bien se atribuye ella misma funciones de cancillería que sólo de sí toman su fuente. La primera hipótesis exige una clarificación informativa de Piqué, de momento y que se sepa, aún ministro de Exteriores de España, acerca de ese inesperado vicario. La segunda, sencillamente, infringe las atribuciones de una autoridad regional que bien poco tiene que ejercer sobre un territorio en guerra.

El turista extraño prosigue su periplo, el de sus mitos. Busca lo que su inconsciente añora: una noble guerra de la independencia contra un anacrónico tirano teocrático, señor de horca y cuchillo; una delirante dictadura caudillista que decreta su inamovilidad eterna. Ambas fueron España. Fueron. Y dejaron de serlo en algún tiempo. Tiempo mítico del turista patriota.

Gesto ¿por qué paz?
AURELIO ARTETA/CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA MORAL Y POLÍTICA DE LA UPV/EHU El Correo 3 Julio 2002

Hay muchas formas de colaborar con la perpetuación de nuestra tragedia colectiva. No hace falta ser especialmente malvado, ni tampoco un dechado de indiferencia o un ejemplo notorio de cobardía. Nada de eso. Puede caerse en involuntaria complicidad incluso desde la convicción de estar más comprometido que la inmensa mayoría en enfrentarse a esa tragedia y en procurar ponerle fin. Porque tal vez esa conciencia no esté lo bastante pertrechada de categorías éticas y políticas para distinguir lo valioso de lo que sólo lo parece y desvelar las confusiones encerradas en nuestros tópicos cotidianos Y es que así como hay ideas que inducen a la agresión o a consentirla y otras que ayudan a afrontar los riesgos, hay todavía ideas que animan más bien a rendirse a la barbarie o a no ofrecerle la debida resistencia. En lugar de movilizar a la ciudadanía, en el fondo la paralizan.

A mi parecer, éste es el caso de la Coordinadora Gesto por la Paz de Euskalherria. Cuesta decir esto de personas impulsadas sin duda por excelentes propósitos y cuya labor ha merecido el reconocimiento de muchos. ¿Pero me dejarán que les señale algunos fallos doctrinales tan graves que contaminan todo su quehacer práctico y ponen en entredicho el sentido de la meta que persiguen? Pues ocurre que, al juzgar la vida como el valor supremo para el hombre, y por rechazar sin reservas toda violencia, tiene por igual de valiosas las vidas humanas y condena por igual sus muertes violentas. Por encantadoras que suenen, mucho me temo que son tesis falsas. Gesto tiende a sustituir el análisis y las propuestas políticas por vacuas llamadas moralizadoras. Son reflexiones que contribuyen a sostener (como el propio presidente de la Coordinadora) que en el País Vasco caben todos los proyectos, personas e ideas, aunque algunos proyectos y ciertas ideas excluyan del espacio público a muchísimas personas. Dan así lugar a un género de pacifismo que, como busca sólo la paz, la quiere a cualquier precio y aunque fuere una paz injusta.

Me fijaré en el reciente artículo de Ana Rosa Gómez Moral, directora de Bake hitzak , boletín oficial de Gesto, titulado Contra todas las muertes y publicado en su número 45 (enero de 2002). Ya sólo su título proclama la renuncia a la distinción teórica y, por tanto, su voluntad de equiparar lo diverso, de abstenerse de todo juicio político y, a fin de cuentas, de no medir el grado de verdad o justicia de lo que aquí nos jugamos. El recordar que Gesto convoca a sus manifestaciones con ocasión de «cualquier muerte», viene a sugerir sin quererlo que esas muertes se reparten entre los bandos en lucha de forma parecida. Estar contra todas las muertes violentas, y no decir más, significa negarse a discernir entre lo que a unos les hizo morir sin matar y a otros morir matando. (Y no deja de ser aquí penoso que se tenga por «baldía» la pérdida violenta de vidas humanas en este país, como si sus asesinatos no hubieran dejado inmensos beneficios a ETA y a cuantos nacionalistas se aprovechan de sus crímenes).

El artículo se mueve entre graves incoherencias o, expresado caritativamente, en medio de enormes vacilaciones. Al principio sostendrá que «lo que iguala Gesto por la Paz es el valor supremo de la existencia», para decir más tarde que «lo que nos iguala a todos los seres humanos es nuestra condición de personas». No es lo mismo la mera existencia humana que su condición personal, ni mucho menos, y las conclusiones serán muy diferentes según se subraye lo uno u lo otro. Pero aquí se subraya que esa existencia humana no pasa de ser la biológica , la que posee el hombre tan sólo como mero ser vivo, sin más connotaciones de valor. Y la prueba más clara de ello es que Gesto condena la pérdida de vidas humanas, «independientemente de lo que los sujetos de esas vidas estuvieran haciendo justo antes de morir o de ser asesinados». Tremendo.

Si para valorar a las personas no debe interesarnos lo que hagan o dejen de hacer en su vida, sino simplemente que sobrevivan, tampoco de su muerte violenta nos debe importar su cómo y por qué, sino tan sólo que han muerto. Vida y muerte de los hombres, rebajadas a desnudos hechos físicos, no serían realidades asimismo afectivas, morales, sociales o políticas (pero entonces, ¿acaso son humanas?). Todas las vidas humanas serían igual de respetables; al final, todos nos igualamos asimismo en nuestra condición de cadáveres. Que alguien haya muerto violentamente por una causa justa o injusta, en defensa propia o de los derechos humanos o en manifiesto atropello de los derechos ajenos, a resultas de su propia bomba destinada a otros o a tiros de la policía, que haya sido abatido por casualidad o en el trance de ejecutar al prójimo Todo eso resultan consideraciones sin importancia.

Y es que, en opinión reiterada de esta articulista, no hemos de incurrir en esa «doble moral según la cual hay muertos buenos y muertos malos, que se nos propone desde la violencia ». Más disparates, y mayúsculos. Porque ni tal juicio tiene nada que ver con la doble moral, ni eso equivale a dar la razón a los violentos, sino a quitársela precisamente al invertir por completo sus valoraciones. Así que no sólo podemos, sino que debemos discriminar entre esos muertos: buenos serán los que hayan caído por una justa causa, y malos, los contrarios; unos, los que se han servido de medios razonables, los otros de recursos bestiales. ¿O quiere decirse que discriminar es malo, que no hay manera de descubrir la justicia de las causas y la bondad de los medios, que carecemos de criterios para decidirlo, que todo esto es relativo porque lo único absoluto es la muerte? (Anticipo que la representante de Gesto, a mi juicio, dice algo peor: puesto que «cualquier vida está por encima de su causa», no hay causa o empresa humana que justifique el matar o el morir por ella).

La muerte, al cancelar nuestras posibilidades, fija ya sin remedio lo que hemos sido, pero no es una goma de borrar el pasado y con él nuestros méritos o deméritos. Por eso tampoco prohíbe los juicios de valor acerca del difunto -y de sus proyectos o quehaceres políticos-, a menos que queramos infligir otra injuria a los unos cuando los equiparamos en su memoria a los otros. Los muertos por ETA y los muertos de la propia ETA no merecen el mismo recuerdo público (aparte del privado) porque merecen muy distinta consideración moral y civil. Meterlos en el mismo saco, al margen del bien público que hicieran o del mal civil que pudieran cometer o padecer, sería una iniquidad.

De manera que no hay problema alguno en conjugar, como aquí se expone, la condena del terrorista «con el dolor más puramente humano por la pérdida de su vida». Sí, pero con tal de que este compasivo dolor por el verdugo vaya precedido de una mayor compasión hacia sus víctimas y acompañado del propósito de hacerles justicia para resarcir sus daños. Como así no fuera, aquella compasión no sería virtud, sino el fruto de una sensibilidad pervertida. (¿Esperará el lector la continuación para otro día?).

Identificados siete etarras que acaban de dar el salto a la banda desde la violencia callejera
(Agencias) Libertad Digital  3 Julio 2002

El Ministerio del Interior ha comenzado a repartir ente sus efectivos de la Lucha Antiterrorista las fotografías de siete presuntos etarras no fichados (liberados), que acaban de dar el salto desde la kale borroka a la banda terrorista.

Miembros de la Comisaría General de Información de la Policía Nacional sospechan que todos ellos pueden formar parte de la última ofensiva de ETA y no se descarta su participación en los atentados de Málaga, Santander y Zaragoza. Estos nuevos terroristas son prácticamente desconocidos para las Fuerzas de Seguridad ya que únicamente tienen antecedentes policiales por su participación en acciones de terrorismo callejero.

Pese a su juventud e inexperiencia (ninguno supera los 32 años) desde esta misma semana encabezan la lista <http://www.mir.es/policia/linea/spterror.htm> de los "terroristas más buscados” del Cuerpo Nacional de Policía.

 Fuentes de la Lucha Antiterrorista han apuntado que se trata de pistoleros que huyeron a Francia en los últimos meses para evitar cumplir condenas por desórdenes callejeros. También alguno de ellos llegó al país vecino tras escapar de operaciones contra ETA. Según las investigaciones, se integraron en la banda terrorista a comienzos de este año y lo hicieron formando parte de comandos de reserva, a la espera de volver a España. La Policía no descarta que en las últimas semanas hayan regresado a España.

De los siete presuntos terroristas identificados por la Policía, sólo una de ellos ha podido militar anteriormente en comandos. Se trata de Ainhoa Adin Jauregi, guipuzcoana de 29 años y esposa del también etarra Javier Irastorza Dorronsoro. Esta mujer fue parte, presuntamente, del comando Ibarla creado en 1994. Durante tres años supuestamente participó en más de una veintena de atentados, entre ellos los asesinatos del policía Eduardo López Moreno el 14 de abril de 1995 en Navarra y del ertzaina Ramón Doral el 4 de marzo de 1996 en Irún. Junto a Adin, los servicios de Información han comenzado a distribuir la imagen de Oier González Bilbatua, vizcaíno de 21 años, que huyó a Francia meses después de ser detenido, acusado de haber participado el 20 de mayo de 2000 en el lanzamiento de artefactos incendiarios a una patrulla de la Ertzaintza en la alameda del Boulevard de San Sebastián. Aunque llegó a declarar en la Audiencia Nacional, el juez Guillermo Ruiz Polanco le dejó en libertad.

También de la kale borroka procede el tercer presunto terrorista Jon López Gómez, bilbaíno de 28 años, que se enfrentaba a una condena de 25 años de cárcel por participar el 28 de septiembre de 1996 en la quema de una autobús durante las fiestas de Basauri. El cuarto identificado es es José Cándido Sagargazu Gómez, donostiarra de 26 años que ya fue detenido por la Policía Nacional en marzo de 1999 en Itsasondo en una operación contra el complejo Donosti. Carlos García Preciado, barcelonés de 31 años y vecino de Andoain, es otro de los nuevos supuestos etarras. García se incorporó a la disciplina de ETA para eludir una condena de 16 años de cárcel que la Audiencia Nacional le impuso en diciembre de 2000 por quemar un cajero en 1997.

También se ha identificado a Igor Igartua Etxebarria, bilbaíno de 32 años.
Por último, la Policía cree que también se ha integrado en la banda Marina Bernadó Bonada. Procedente del movimiento okupa catalán, la joven de 28 años se encuentra en paradero desconocido desde el pasado verano, coincidiendo con la desarticulación del comando Barcelona. Se sospecha que fue la persona que ayudó a huir a García Jodrá cuando fue desarticulado el primer comando que actuaba en la Ciudad Condal. Posteriormente Jodrá fue detenido.

Valdeón pide un contexto común para la enseñanza de la Historia de España
Isabel Navarro - Madrid.- La Razón 3 Julio 2002

El 4 de junio el historiador Julio Valdeón pronunciaba su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia, «Las raíces medievales de España», un estudio sobre el origen en la Edad Media de Estado, idioma, cortes y autonomías. Ayer, en una rueda de Prensa, afirmó que las Comunidades Autónomas «han contribuido a que se fragmente la idea de lo español» y reivindicó un «contexto común» para la educación de la historia en las distintas regiones. «Los nacionalismos han reproducido lo que hizo Franco después de la Guerra Civil, acudir al pasado para manipularlo y que sirva a sus fines políticos».

Sin embargo, el académico resaltó que el problema tiene tres dimensiones, «el político; el cotidiano, donde un profesor nacionalista puede decidir el 90 por ciento curricular independientemente de lo que diga la ley; y el académico, el más ajeno a la manipulación, donde tanto los historiadores vascos, catalanes, andaluces como los de Valladolid no tenemos ningún problema para llegar a un acuerdo». El medievalista apoyó su crítica aludiendo a unas declaraciones de Felipe González y afirmó que «cuando el mismo padre de la reforma educativa dice que es muy probable que los jóvenes conozcan más sobre la historia de sus regiones que sobre la de España, sobran las palabras».

El director de la RAH, Gonzalo Anes, se mostró indignado ante las voces nacionalistas que han pedido para las autonomías academias de la historia propias: «Al contrario de lo que se decía en los 60, España no es diferente. Si Estados como Alemania o Italia tienen una sola academia, nuestro país no tiene que ser distinto de otros cuya unidad ha sido mucho más tardía».

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