AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 10 Julio  2002
Lealtades y competencias del PNV
VALENTÍ PUIG ABC 10 Julio 2002

PNV & Batasuna S.A.
Aleix Vidal-Quadras La Razón  10 Julio 2002

Hacia el Golpe de Estado
Lucrecio Libertad Digital  10 Julio 2002

¿Libertad ya!
Román CENDOYA La Razón  10 Julio 2002

Las malas partidas
ANTONIO GALA El Mundo 10 Julio 2002

España kaputt
José María CARRASCAL La Razón 10 Julio 2002

Estivalidad alevosa
ANTONIO BURGOS El Mundo 10 Julio 2002

El PNV rompe la baraja
Pío Moa Libertad Digital  10 Julio 2002

El umbral de un proceso
Lorenzo Contreras La Estrella  10 Julio 2002

¿Estamos preparados!
Pablo A. Mosquera Mata  La Razón 10 Julio 2002

Las competencias vascas no asumidas
JAVIER PRADERA El País 10 Julio 2002

Un Gesto confuso
AURELIO ARTETA El Correo 10 Julio 2002

El Foro de Ermua pregunta qué favores le debe el PNV a ETA
ABC 10 Julio 2002

Savater: «Llegado el caso, los ciudadanos vascos practicaríamos la desobediencia civil»
Eva Muñoz - San Lorenzo de El Escorial.- La Razón  10 Julio 2002
 

Fernando Savater: «Optemos por los bienes de la libertad individual»
MADRID. FELICIANO TISERA ABC  10 Julio 2002

Quinto aniversario
Cartas al Director ABC 10 Julio 2002

PP y PSOE acusan al PNV de reeditar el «frente de Estella», pero ahora sin pedir tregua a Eta
L. R. N. - Vitoria.- La Razón 10 Julio 2002
 

 

Lealtades y competencias del PNV
Por VALENTÍ PUIG ABC 10 Julio 2002

Téngase como hipótesis que un representante electo del PNV dijera en las Cortes Constituyentes que ETA dejaría de matar si las cosas se hacían bien. Esas cosas se expresaban desde el escaño o en el bar. Se han continuado diciendo en el útero materno y fragante de las sociedades gastronómicas. El argumento es perverso puesto que cualquier Gobierno y cualquier sociedad tienen el derecho a hacer las cosas bien o mal, sin que nadie tenga el derecho a matar. Sea por angelismo, estrategia o complicidad, el PNV de una parte exige soberanía y por otra persiste en la apariencia de suponer que los males del País Vasco se solucionarían de completarse la redistribución territorial de los poderes del Estado. De ahí viene que se reclamen de nuevo treinta y siete competencias todavía no transferidas.

La metodología del PNV ya tiene historia e incluso leyenda: la Constitución debía ser flexible para que Arzalluz pudiera recibir con un abrazo a los «gudaris» arrepentidos, del mismo modo que, si el estatuto de autonomía era magnánimo, ETA iba a dejar de matar en dos días. Han pasado los años, los funerales, Hipercor y el olvido inmisericorde. ETA prosigue matando y el PNV se fue a Estella. Ahora Ibarretxe reivindica las competencias en materia de meteorología e inspección pesquera, entre otras. Esa defensa de los intereses de la sociedad vasca coincide con la reiterada coacción contra concejales que no sean nacionalistas. Por eso debe continuar pensando el PNV que las cosas no se hacen bien y que no por otra razón ETA mata.

En las páginas del «Wall Street Journal», Robert Pollock ha razonado con claridad respecto al mito de los «procesos» de paz y al error que consiste en entregarse al instinto de apaciguar cediendo. Es el caso de Colombia: hace tres años, el bienintencionado Andrés Pastrana cedió a las FARC un territorio de las dimensiones de Suiza. En consecuencia, la guerrilla ha continuado matando, secuestrando y se mantiene en el ejercicio impune de la extorsión al Estado. Se trataba de disuadir a las FARC de su intención de suplantar el Gobierno electo de Colombia por una nueva versión de la dictadura del proletariado, pero la guerrilla se entregó a la financiación del narcotráfico y continuó extorsionando a toda una sociedad. En estos momentos, las FARC retienen a 800 rehenes.

El IRA tampoco acaba de entregar las armas y en Sierra Leona el «proceso» de pacificación avalado por Clinton consistió en hacer vicepresidente al terrorista más buscado otorgándole la administración de las minas de diamantes. Vendió diamantes a Al-Qaida, secuestró personal de las Naciones Unidas y alabó de nuevo en la cárcel. Parece demostrable que los terroristas -dice Pollock- responden a los incentivos, como pueda ser proseguir más intensamente con el terror si se les ofrece el logro de una negociación o de un entendimiento.

Territorialidad y soberanía conjugan un efecto destructor que incide perjudicialmente en la estructura molecular de toda una sociedad y la hace excluyente, con consecuencias que en el País Vasco van mucho más allá de la política y afectan a la moral de lo público y a la supervivencia de lo privado, si es que no se encarnan en las formas del terror. El PNV va a dar un paso más que es un retroceso para todos. Es un paso más por la senda fácil de la deslealtad, para transitar por los paisajes de la política ejercida como demolición del bien común. Si el PSOE va a ejercer de puente, la demolición le entrará en casa.                     vpuig@abc.es

PNV & Batasuna S.A.
Aleix Vidal-Quadras La Razón  10 Julio 2002

La machada estridente de llamar a los ciudadanos vascos a la subversión responde por parte del Gobierno peneuvista a una intención bien clara: la de ayudar al brazo político de los terroristas en momentos de apuro bajo la presión judicial creciente de la Audiencia Nacional. El documento aprobado ayer por la Comisión de Autogobierno del Parlamento de Vitoria podía haber sido redactado en términos mucho más sensatos sin que Ibarretxe y los suyos perdiesen la cara. De hecho, la actual dirección del Partido Socialista vasco todavía esperaba hace pocos días en su vacua ingenuidad una resolución asumible en la que se reclamasen los traspasos pendientes sin meterse en mayores aventuras.

Pero las circunstancias han cambiado tras el auto de Baltasar Garzón que puede dejar financieramente desarbolado al entorno de Eta y el desafío al Estado planteado desde la Cámara Autonómica por el tripartito nacionalista pretende echar una mano al llamado Movimiento Vasco de Liberación Nacional, en serios apuros si la exigencia de compensación por los daños causados por la kale borroka acaba siendo confirmada por los tribunales.
Una regla elemental del arte de la guerra consiste en introducir un foco de distracción cuando una parte de las fuerzas propias se ven seriamente amenazadas por la acción del adversario, dividiendo así su atención y dando un respiro a los colocados contra las cuerdas.

Y eso es exactamente lo que ha ordenado Xabier Arzalluz a sus huestes, acudir en socorro de la banda y sus colaboradores al igual que hizo durante la tregua-trampa con el el nefando Pacto de Lizarra. La negación de Joseba Egibar de cualquier negociación con Batasuna en torno al contenido del informe sobre autogobierno resulta absolutamente creíble porque la coordinación entre ambos es plena y permanente, lo que hace innecesario un acuerdo específico sobre este punto. Su identificación es tal que se entienden sin hablarse, por lo menos frente a ojos extraños.

La abstención de Batasuna es lo suficientemente elocuente a la hora de demostrar la indisimulable coincidencia en objetivos y en concepción estratégica de los dos socios, el que sacude el árbol eliminando físicamente a los discrepantes y el que recoge las nueces preparando la consulta que nos permitirá conocer por fin «la voluntad del pueblo vasco». El grado de hipocresía y de abyección que reina en los despachos de Sabin Etxea ha alcanzado un nivel tal que convierte en inútiles todas las posibles vías de diálogo y de transacción razonable entre los dos grandes partidos nacionales y el paradójicamente denominado «nacionalismo democrático» que, si ha de ser valorado por la naturaleza de sus amistades, de democrático tiene más bien poco.

Esta maniobra irresponsable demuestra que el planteamiento de Mayor y Redondo sigue vigente y confirma el grave error socialista de prescindir de una de sus bazas más seguras.

Hacia el Golpe de Estado
Lucrecio Libertad Digital  10 Julio 2002

Quieren forzar el estado de excepción. No hay otra lógica en el envite frontal del PNV. Y lo verdaderamente grave es que todas las determinaciones para consumar la jugada están dadas. Y que no va a ser fácil que el Estado pueda hacer otra cosa que alzar acta del trastrueque del teatro de operaciones y asumir que la ofensiva final ya se ha iniciado. Es una tragedia. Sin paliativos. Sea cual sea el desenlace final del choque, todos saldremos heridos de una contienda cuyas dimensiones no es posible prever en su gravedad completa.

Sin énfasis alguno –la situación es demasiado terminal como para que cualquier énfasis pueda hacer otra cosa que trivializarla–, los términos de lo que está en curso tienen pocos precedentes. No digo ya en España. En Europa. Si exceptuamos la tragedia en que la torpe ambición alemana hizo naufragar al desgarrado territorio balcánico en los años noventa.

Una parte del Estado español –la administración territorial vasca, con Ibarreche a la cabeza, lo es– se ha declarado en ruptura con la legalidad sobre la cual el Estado configura sus mecanismos. Técnicamente, se llama a eso golpe de Estado; al menos, desde que Gabriel Naudé codificara el concepto, allá por el siglo XVII. Es demasiado pronto para prever cual será su desenlace último. Es un dato, sin embargo, que la declaración de guerra ha sido hecha. Y que de bien poco sirve, cuando un movimiento local pone en marcha todo el frente, negarse a constatar lo sucedido.

Y constatar, ante todo, que el movimiento es cualquier cosa menos improvisado. Y que su inteligencia, a la hora de crear una situación irreversible, está fuera de discusión. Desde Tocqueville sabemos que, en los Estados modernos, no hay revoluciones que sean sino golpes de Estado, y que esos golpes sólo pueden ser triunfantes cuando operan con la celeridad de la sorpresa ("rayo que fulmina antes de que el trueno suene", decía Naudé) y se consuman antes de que el mastodóntico Estado tenga tiempo de desplegar su imponente potencia laminadora.

Quizá sea la memoria del último franquismo la que juegue en la cabeza de los estrategas nacionalistas; y la certeza de que nada fue más rentable para la incubación de una mitología nacional vasca que los sucesivos –e ineficaces— estados de excepción. Se cristalizó en ellos la "distinción" de lo vasco respecto de "lo otro", lo "no excepcional", lo español. Y nada volvió nunca a ser lo mismo.

Forzar, así, el estado de excepción es, tácticamente hablando, inteligente. Tanto ha ido cediendo el Estado, a lo largo de las tres últimas décadas, que ninguna línea de repliegue le queda. Aceptar el dictado del gobierno autónomo vasco –en rigor, declaración de independencia— es firmar el acta de defunción de la nación: no conozco un sólo Estado que haya hecho jamás eso. Rechazarlo es firmar una declaración de guerra: la del Estado en su conjunto contra una fracción insurrecta de él.

Tácticamente inteligente. También, estratégicamente catastrófico. Porque, en esa búsqueda de repetir los avatares de hace treinta y cuatro años, algo dejan de lado los hombres de Ibarreche. Y ese algo altera todo. Europa. Complaciente, a final de los años sesenta, con un nacionalismo en lucha con el último residuo de los fascismos, el caduco régimen del General Franco, no puede hoy la Europa de la UE permitirse veleidades secesionistas en punto alguno de su geografía. Menos aún, tras las amargas lecciones de la matanza familiar en la antigua Yugoslavia. Menos aún, tras las surrealistas propuestas de modelación "a la cubana", asombrosamente exhibidas por Madrazo e Ibarreche. Toda salida a la batalla que se inicia está cegada.

La situación no es mala. Es pésima. Pero ya ha sucedido. Que queramos o no verlo, nada cambia.

¿Libertad ya!
Román CENDOYA La Razón  10 Julio 2002

La realidad vasca se caracteriza por la falta de libertad y la utilización torticera y dictatorial del Estatuto de Guernika. Las dictaduras lanzan cortinas de humo para distraer la atención del pueblo. Un ejemplo de esto fue la guerra de las Malvinas. Otro el acuerdo del Parlamento Vasco sobre las transferencias. El problema vasco es la falta de libertad no las transferencias. No es una barbaridad decirlo, es una barbaridad constatar que desde 1970 a 1975 en Euskadi había más libertad que hoy. Era más fácil estudiar en Euskera que encontrar hoy un centro de modelo A. De política se puede hablar como en los tiempos de Franco, siempre a favor del Régimen. Con Franco, estar contra el régimen se pagaba con la cárcel y en algunos casos terribles con la vida. En Euskadi, se paga por centenares con la pena de muerte sin juicio ni sentencia, por millares con el exilio. La lucha por la libertad es peor. Múgica y López de la Calle fueron a la cárcel con Franco mientras que con el Régimen Nacionalista han ido al Cementerio. Recalde, casi. Onaindia, Ibarrola Las comparaciones son odiosas, pero la realidad es que en los últimos años de la dictatorial existencia de Franco, en Euskadi, había más libertad. ¿Libertad ya!

Las malas partidas
ANTONIO GALA El Mundo 10 Julio 2002

Con el PNV ocurre como con la Iglesia. A cualquiera de sus grandes gestos dan ganas de replicar, encogiéndose de hombros, «allá se las hayan». Ahora el PNV ha puesto pies en pared. Ha roto la baraja y se tira faroles incumplibles para jalear a sus secuaces.Es triste y es pobre. El sabe que no hay manera de cumplir sus amenazas; pero eso no le importa. Este Ibarretxe está muy mal llevado (porque llevado desde luego está). Los no nacionalistas lo consideran chantajista y provocador, y su forma de confundir la democracia con la bullanga es sencillamente risible. La verdad es que sus consecuencias, no. Pero éstas, por fortuna, será él mismo el primero -o el segundo- en experimentarlas. Roma no paga a traidores. Quizá él no lo sepa porque no fue romanizado.

España kaputt
José María CARRASCAL La Razón 10 Julio 2002

No, no voy a hablar de Ruiz Gallardón, porque hay algo mucho más importante. Ayer, el ordenamiento autonómico español se declaró en banca- rrota, y con él, España, ya que España es un Estado de Autonomías. Tan simple y tan brutal como eso. Sin la menor exageración ni tremendismo. ¿Qué va a pasar ahora? No lo sé, ni lo sabe nadie. Lo único que sabemos es que se trata de uno de los acontecimientos de mayor calibre de la España contemporánea.
La España contemporánea, la España democrática salida de la transición, se dio a sí misma un estatuto especial para su especial circunstancia. Sin llegar a federalista, quiso satisfacer los hechos diferenciales dentro de ella reconociendo la peculiaridad no sólo de las «regiones históricas» sino de todas, transfiriéndoles una serie de competencias que en algunos casos sobrepasaban las del Estado federal. Era una fórmula ingeniosa, como todas las de la transición, para dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Pero que requiere un condicionamiento esencial: que el Estado de las Autonomías sea aceptado por las Autonomías. La inmensa mayoría lo aceptaron, pero alguna no lo aceptó, sino que lo vio, no como la meta final, sino como un medio de alcanzar su verdadera meta, la independencia. Con lo que el invento se volvía contra él mismo.

Y eso ocurrió ayer, cuando el parlamento vasco lanzó un órdago contradictorio para todo el mundo, plenamente lógico para ellos: por un lado, exigió la transferencia de todas las competencias que dicen aún les deben para completar su plena autonomía y, por el otro, declaró totalmente sobrepasada dicha autonomía y anunció un plan para conseguir la independencia con Navarra y territorios vasco-franceses. En su honor hay que decir que venían anunciándolo desde hace tiempo, aunque aquí no quisiera verse. Pero la política del avestruz ya no sirve. El transigir, el ceder, el confiar en los nacionalistas moderados ya hemos visto a qué conduce: no al reforzamiento del Estado, sino a su desintegración. ¿Qué va a pasar? Como digo, no lo sé, pero el desafío es evidente mientras nosotros discutimos si es viable o inviable, galgos o podencos, demócratas o no.

Y miren ustedes por dónde, lo importante no es la independencia del País Vasco, con serlo mucho. Lo importante es que se eliminan de golpe la mitad de los ciudadanos vascos, cuyos derechos vienen siendo pisoteados a diario, ante la dejación, miedo, miopía de una clase política que prefiere posponer los grandes problemas a enfrentarse con ellos, mientras los enemigos del Estado que hemos elegido arremeten con furia contra él. El resultado lo tenemos ante nosotros. Nadie puede llamarse ya a engaño: hay quien está poniendo una bomba a España a pleno día, con sello legal y todo para que no quede la menor duda.

Estivalidad alevosa
ANTONIO BURGOS El Mundo 10 Julio 2002

No quieren ser españoles y dicen que no lo son. Le han puesto a España de mote eso de «Estado español», que suena a sello emitido por Franco cuando la Junta Técnica del Estado resultante de la sublevación estaba en mi ciudad homónima. Pero por sus obras los conoceréis. Aunque no quieran ser españoles, llevan a España en la masa de la sangre. Lo siento. Hablo de los batasunos y de sus compañeros de extemporáneo viaje a ninguna parte, que intentan procesos de construcción nacional más propios de la Italia del XIX que de estas alturas de siglo XXI en la Europa donde las naciones ni siquiera emiten ya moneda propia.

Les dará mucha rabia que les toquen los costados de los tuétanos de su españolismo, pero me di cuenta de que no pueden renunciar a lo que son, que se les nota a chorros que son españoles el día que informaron que habían cogido a una banda de la ETA que estaba fabricando una bomba con una caja de Farias y cuatro cables viejos. ¿Habrá algo más español que una caja de Farias? ¿Y habrá algo más español que la chapuza? Cuando la policía o la Guardia Civil impiden un asesinato, encuentran algo tan español como una olla de puchero cargada de explosivos. Olla cervantina sin spanglish, olla podrida de la cena de Baltasar de Alcázar. La culminación de algo tan español como la chapuza. Asesina, pero chapuza al fin y al cabo.

Y eso de cobrar sin doblarla. ¿Habrá algo más español que cobrar sin doblarla? Es lo que vienen haciendo desde tiempo inmemorial los diputados de HB o como se haya ido llamando en cada tiempo.No asisten a los parlamentos, pero quieren que les manden la nómina a casa. El propio cambio de nombre de la sucursal política de la ETA es españolísimo, Tómbola total. HB es ahora Batasuna como Rociíto es Rocío Mohedano, 'La Jesulina' es Carmen Janeiro o Bibi Andersen es Bibiana Fernández.

Pero, sobre todo, la estivalidad. Toda la vida de Dios en España se hacían las chapuzas jurídicas y administrativas con estivalidad y alevosía. Si quieres que sea tuyo ese cortijo que nadie reclama, publica en agosto un expediente de dominio en el Boletín de la Provincia más cercano. Si eres alcalde y quieres colocar a tus amigos en esas oposiciones, convócalas en agosto. Estos que no quieren ser españoles y que piden las transferencias trampa, igual. Dan dos meses para el «qué hay de lo mío», pero en pleno verano, con la alevosía de la estivalidad. Los ministros en Mallorca y los plazos corriendo. España. Si no hubiera muerto anteayer, seguro que el genial 'Peña de Cai' me hubiera dicho debajo del arco que lleva el nombre de Garaicoechea:

- Ná, don Antonio, que esto lo han hecho estos tíos ná más que pá amargarle a Aznar la boda de la niña...

El PNV rompe la baraja
Pío Moa Libertad Digital  10 Julio 2002

El PNV viene saboteando la Constitución y el estatuto de autonomía desde sus mismos comienzos. Lo ha hecho con doblez característica, en un juego mutuo de hipocresías con quienes siempre estaban dispuestos a un diálogo en que los perdedores fueran los demócratas y los partidarios de la unidad de España, y los ganadores los separatistas. empezó con Suárez, aunque entonces podía comprenderse en alguna medida. Suárez practicó una política entreguista en la creencia, supongo, de que su excesiva generosidad movería al contrario a una generosidad equivalente. Algo así dicen que hizo Roosevelt con Stalin ¡Enorme error, en los dos casos! El proceso separatista se aceleró con la reacción popular ante el asesinato de Miguel Ángel Blanco, que movió al partido de los asesinos y al nacionalismo “moderado” a fraguar el pacto de Estella, y acaba de culminar ahora, cuando el PNV ha formado piña, sin disimulo, con las bandas criminales y proclamado la ruptura abierta con las reglas de la democracia.

No se entiende bien qué razones le han llevado a este desafío, quizá la creencia de que las últimas elecciones otorgaban al separatismo un respaldo moral y político, o quizá la sensación de que se le acaba el tiempo, siendo muy difícil que en adelante las cosas mejoren para su proyecto. En todo caso la vuelta atrás es ya prácticamente imposible, el desafío está ahí y debe ser aceptado en todos sus términos. Si ellos dan por rota la Constitución y el Estatuto, entonces una de las primeras medidas sería quitar al PNV el control de la policía autonómica, convertida impunemente por dicho partido en policía política totalmente inoperante, ¡y por algo!, contra el terrorismo.

En este desafío el estado democrático tiene todas las de ganar si obra con energía. Pero no basta la energía. Es absolutamente imprescindible que la batalla de la opinión pública sea también plenamente ganada. Una de las grandes bazas del nacionalismo para suscitar apoyo y simpatía ha sido siempre la presentación de sus intereses como los intereses del “pueblo vasco”, acompañada del griterío que presentaba a dicho pueblo y a “su” partido como víctimas de una secular opresión y agresión foránea. Ambas pretensiones son falsificaciones radicales, y es preciso llevar la verdad al ánimo del mayor número posible de personas, en España y fuera: ningún partido democrático puede creerse representante del pueblo en su conjunto (tal creencia ya lo vuelve totalitario), y los separatistas, unos como asesinos y otros como encubridores, son los victimarios, no las víctimas. Si no se presta la mayor atención a explicar esto a todo el mundo, la energía, por justificada que esté, puede crear la imagen de despotismo.

Hay una experiencia histórica muy importante: en octubre de 1934 los socialistas y los nacionalistas catalanes se sublevaron contra un gobierno legítimo y democrático. Fueron vencidos con la energía necesaria, pero a continuación el gobierno agredido y las fuerzas que habían salvado la legalidad, fueron presentados por los vencidos como un poder ilegítimo y tiránico, y no supieron defenderse de la bien orquestada campaña. ¿Por qué ocurrió así? Porque los vencedores no dieron la importancia debida a lo que los marxistas han llamado “lucha ideológica”, y porque cayeron en querellas, zancadillas y celos internos. Ojalá la experiencia sirva ahora para algo.

El umbral de un proceso
Lorenzo Contreras La Estrella  10 Julio 2002

Los nacionalistas vascos, con la abstención colaborante de Batasuna y la complicidad delirante de IU en su rama vasca de Ezker Batua, han elaborado el texto de un ultimátum al Gobierno central y al Estado español a través de una ponencia constituida en el seno de una comisión parlamentaria de la Cámara legislativa de Vitoria. El ultimátum impone, como se sabe, un plazo de dos meses para que Madrid traspase al Gobierno de Euskadi treinta y siete competencias, de las cuales sólo siete, previa negociación, serían transferibles sin violar el marco de las competencias exclusivas del Estado previstas en la Constitución.

Políticamente la situación es límite. Y lo que se plantea ofrece una doble vertiente: por una parte es un desafío muy superior a una mera operación política de tanteo; por otro lado, instala al Gobierno de Ajuria Enea ante la insuperable dificultad de ejecutar la amenaza de acción unilateral que el ultimátum contiene. En un tercer término queda la gran cuestión de fondo: ¿qué pasará cuando se llegue a una coyuntura de bloqueo, sin transferencias logradas, sin ejecución de lo anunciado por el Parlamento de ligera mayoría nacionalista y con una perspectiva de desenlace ridículo que sólo podría atenuarse con una ofensiva terrorista de gran magnitud? El riesgo de que, jugando a las situaciones límite, se provoque algo más que una prudente pasividad del Gobierno central, no debe ser menospreciado, desdeñado o descartado.

El Poder político constituido legítimamente, con todas sus imperfecciones pero también con sus respaldos democráticos, no podrá entregarse a una política de despiste, relativizando o fingiendo ignorar la gravedad del problema creado por una sistemática desobediencia civil complementaria de un terrorismo sistemático. El Gobierno acabará sometido al acoso de sus tentaciones constitucionales. El artículo 155 de la llamada Carta Magna establece en su párrafo primero lo que sigue:

"Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general".

Este sería, en el despeñadero de las conjeturas verosímiles, el umbral de una segunda situación en la que podrían entrar en juego las previsiones del artículo 116 sobre estados de alarma, excepción y sitio, cuyo desarrollo está plasmado en la Ley Orgánica 4/81 de 1 de junio. ¿Entra tal perspectiva en el marco voluntarista del nacionalismo exacerbado? Todo es cuestión de incluir en el conjunto de las previsiones una que resulta esencial: calcular si los nacionalistas, con el PNV a la cabeza y el espíritu de Lizarra emanando de la nueva colaboración con Batasuna (esta vez sin tregua etarra), no se han propuesto forzar los términos de la réplica del Estado.

La operación que se está consumando en lo que los nacionalistas llaman "Informe del Tripartito sobre el autogobierno" ha sido el fruto de una combinación política en la que Batasuna, y por tanto ETA, han sido factores esenciales. Arnaldo Otegi ha admitido que el texto finalmente aprobado "recoge los mínimos exigidos por la formación abertzale". En el Gara del 9 de julio puede leerse esta sencilla matización informativa: "Las palabras de Otegi, no desmentidas por el tripartito, confirmaron de nuevo la existencia de contactos entre ambas partes sobre las propuestas presentadas en la Ponencia".

O sea, que cuando los socialistas vascos acusan a Ibarretxe de haber violado su promesa electoral de no entenderse políticamente, ni de modo directo ni indirecto, con Batasuna, dicen lo justo y lo necesario para que la verdad se establezca.

¿Estamos preparados!
Pablo A. Mosquera Mata es secretario general de Unidad Alavesa La Razón 10 Julio 2002

En Álava la situación es diferente a las otras provincias vascas, tanto por historia como por los efectos de normalización de estos tres años con gobiernos no nacionalistas.

Sabemos que el PNV y sus colaboradores de Lizarra, tienen como objetivo, recuperar el territorio alavés antes de poner la directa al soberanismo.

Esta semana de julio, antes de las vacaciones, la familia independentista vasca, escenifica la ruptura del pacto estatutario, previa a la consulta popular en torno al derecho del pueblo vasco a la autodeterminación.

En primer lugar, seguimos sin saber a ciencia cierta que es el «pueblo vasco» y en que se fundamentan de verdad y no de mito, para declararle sujeto activo depositario de sacro santos derechos fundamentales, por encima de los derechos individuales de las personas que viven o residen en la Comunidad Autónoma Vasca.

Y es que esta cuestión incomoda a los ciudadanos alaveses.

En segundo lugar, quién es el Gobierno vasco para erigirse en representante de la ciudadanía residente en todos y cada uno de los territorios de la Comunidad, que tienen sus propias instituciones privativas de autogobierno y autoorganización.

Especialmente, cuando se trata de establecer contenciosos y conflictos con España y sus Instituciones Constitucionales.

Otro motivo más de enfado e incomodidad, en Álava, de los que mayoritariamente se autoafirman, elección tras elección, como vascos y españoles, respetuosos con la legalidad vigente.

En tercer lugar, como «ellos» han pasado de las palabras a los hechos, siguiendo las directrices de EH, «nosotros» hemos preparado el escenario de libertad y dignidad para Álava.

Nos tememos que hasta los más pesimistas se verán sorprendidos por la osadía de los dirigentes nacionalistas vascos, que esta vez han emprendido la caída libre de la ruptura social, política y cultural, con quienes no piensan como ellos.

En cuarto lugar, nos duele a los amenazados, que las Instituciones controladas por Lizarra, sean más entusiastas y activas, con los presuntos ilegales de EH, ante las nuevas leyes del Estado de Derecho, que con los que llevamos años sufriendo calamidades por oponernos a la construcción nacional.

Esta cuestión en Álava se vive muy mal, y con ganas de mandar al a quienes ha utilizado el poder público del Estatuto, que ahora no les sirve, para ser más vascos, menos españoles, más intolerantes, menos solidarios, más privilegiados y menos activos contra malhechores.

Así que a los ciudadanos de Álava, ni nos engañan, ni nos amedrentan; ya sabemos como se las gastan y lo que tenemos que perder si vuelven a ponernos la bota encima del cuello.

Por esas razones y algunas más que iremos contando por España, hemos decidido emprender la senda de nuestra propia autonomía, con ellos o sin ellos.

Las competencias vascas no asumidas
JAVIER PRADERA El País 10 Julio 2002

El dictamen aprobado anteayer -con la abstención de Batasuna y los votos de PNV, EA e IU- por la ponencia de la Comisión Especial de Autogobierno del Parlamento vasco conmina al Gobierno de Aznar a transferir antes de dos meses las 37 competencias del Estatuto de Gernika teóricamente pendientes de traspaso (el Ministerio de Administraciones Públicas rebaja la cifra a siete), bajo la amenaza de asumirlas unilateralmente. Si la mayoría de la Cámara de Vitoria ratificase el viernes -como parece seguro- esa pretensión y el Ejecutivo tripartito pusiese en marcha dentro de algunas semanas el anunciado proceso de usurpación de competencias formalmente estatales aún, se crearían las condiciones para un inédito conflicto institucional de final impredecible; la falta de fundamento jurídico-constitucional del ultimátum lanzado a la Administración central y la pretensión del Gobierno vasco de imponer -primero- su interpretación sobre el cumplimiento del Estatuto de Gernika y saltar -después- por encima de la comisión mixta no dejaría margen a la negociación y el compromiso dentro del marco del Estado de derecho.

Esa bulimia de transferencias contrasta con el deficiente grado de cumplimiento de las competencias asumidas por el Gobierno de Vitoria -tras el completo despliegue de la Ertzaintza a comienzos de los noventa- para mantener el orden público en las calles y garantizar la libertad y los bienes de los ciudadanos. Las ambiguas relaciones del PNV y de EA con Batasuna, que es a la vez el brazo electoral de ETA y la espina dorsal de la constelación de organizaciones legales o alegales del entramado terrorista, explican la patética incapacidad del Ejecutivo de Vitoria para poner coto a los desafueros del nacionalismo radical, responsable de las vandálicas actuaciones de las bandas callejeras, las extorsiones mafiosas cobradas a la luz del día, las amenazas dirigidas a los discrepantes políticos y el clima de intimidación generalizado en la vida pública. El auto dictado el pasado día 3 por el juez Garzón (una pieza más de su cuidadosa investigación sobre las estructuras integradas del complejo de ETA) establece la responsabilidad civil solidaria de Batasuna por los daños de la kale borroka (24 millones de euros sólo entre julio de 2001 y febrero de 2002) y adopta las medidas cautelares correspondientes; esa impecable resolución ha puesto al descubierto el doble juego del Gobierno vasco y del nacionalismo moderado: la condena retórica de la violencia como reverso de la complicidad práctica con sus autores.

En el debate celebrado el pasado 23 de mayo en el Congreso, el diputado Erkoreka expuso la 'alternativa' del PNV frente al procedimiento civil de disolución de asociaciones políticas creado por la nueva Ley de Partidos: 'El Grupo Vasco es partidario de la ilegalización de partidos políticos terroristas, xenófobos y racistas, pero sostiene también que el Código Penal suministra hoy ya todas las herramientas necesarias con todas las garantías precisas para ello'. Se trataba sólo de una finta: la irreflexiva y encolerizada respuesta al auto de significados representantes del Gobierno vasco, del PNV y de EA prueba el inquietante compromiso del nacionalismo moderado con Batasuna, su socio parlamentario de 1998 a 2002 y su enmascarado aliado de reserva hoy. Mientras el consejero de Justicia del Ejecutivo de Vitoria, Joseba Azkarraga, negaba independencia a Garzón y le motejaba de 'fiel brazo político de Aznar', el parlamentario del PNV y ex vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) Emilio Olabarría despachaba el auto como 'una resolución jurídicamente estrambótica' propia de un 'Derecho Penal del enemigo' que trata de negar 'el principio esencial de la civilización de cualquier organización política'. La petición de amparo dirigida por Garzón al CGPJ está formalmente justificada; sin embargo, el instructor del caso Marey y del caso Pinochet no necesita presentaciones ante la opinión pública democrática nacional e internacional: otra cosa es que el presidente del PNV sienta predilección por ese opuesto modelo de juez preconstitucional que encarnan Javier Gómez de Liaño y Joaquín Navarro.

Un Gesto confuso
AURELIO ARTETA /CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA MORAL Y POLÍTICA DE LA UPV/EHU EL Correo 10 Julio 2002

Intenté mostrar hace unos días cómo la Coordinadora Gesto por la Paz (a través de un artículo de Ana Rosa Gómez Moral) incurre en serias confusiones teóricas que le abocan a condenar por igual toda violencia y a equiparar el valor de sus muertos. Y así, con buena intención pero escaso rigor, emite infundados juicios morales que tienden a desorientar la lucha política.

1. Todo arranca de otro grueso error de partida hoy muy extendido: dar por sentado que su existencia es para el hombre «el valor supremo». Pero, si así fuera, cualquier otro valor sería inferior al de la vida y a él quedaría subordinado. No habría proyecto más valioso que el conservar la vida, ni meta más elevada que la de asegurar la mera subsistencia. Detectar diferencias de valor entre nosotros estaría de más, porque todos ya poseeríamos lo mejor, que es el vivir; distinguir la calidad de nuestros planes y deseos sería absurdo, si todos se igualan en el afán de supervivencia. En resumidas cuentas, primum vivere y luego ya veremos.

Pues bien, nada más falso. Nuestra vida no es ella misma un valor, sino el soporte o requisito de todos los valores. La vida es valiosa no ya por ser vida sin más, sino porque es específicamente humana o provista de dignidad; o sea, capaz de llegar a ser consciente, libre, justa, amical, etcétera. Luego son los grados de libertad, verdad, justicia o amistad los que dotan de mayor o menor valor a cada una de las vidas humanas. No es la vida a secas lo valioso, sino lo que hacemos en y con ella, los contenidos con que la llenamos y los espacios de humanidad que le conquistamos.

Todo lo contrario de lo que aquí expresamente se predica. Según esta informal portavoz de Gesto, los asesinos de ETA sufren «un proceso de deshumanización propia por el que ponen su vida al servicio de una causa que ellos consideran superior». Creo que no. La vida, pura posibilidad, se vuelve humana y cargada de sentido precisamente al ponerse al servicio de una causa superior a ella misma. Lo deshumanizador radicará sólo en la injusticia de la causa que una persona o un grupo abracen, en lo irrazonable de sus motivos, en lo despiadado de sus métodos. Todo eso concurre en el terrorismo nacionalista vasco y en otros fanatismos. Pero mi propia vida crece en humanidad cuando, a fin de alcanzar metas valiosas, estoy incluso dispuesto a arriesgar mi existencia.

Gesto pretende enseñar «que son las causas las que deben estar al servicio de todas las vidas». Pero es de suponer que este lema de la servicialidad universal será él mismo también una causa por la que se estaría dispuesto a perder la vida. ¿O no? Pues, si fuera que no, entonces esa moral de apariencia tan excelente sólo será otra máscara del miedo a morir y del instinto imparable de salvar mi vida.

Todos convenimos en que el derecho a la vida propia entraña el correlativo deber de respetar la ajena; lo que descuidamos es que tal deber no sólo postula considerar sagrada la vida del prójimo, sino también acudir a defenderla cuando es injustamente amenazada por un tercero. La diferencia estriba en que aquel deber ha sido recogido por la ley positiva, en tanto que del último sólo nos habla nuestra conciencia moral. Pero ambos se completan y atemperan, y no conviene prestar atención sólo al primero con olvido total del segundo ¿O no es cierto que una vida que se conserva a costa de traicionar al amigo, de consentir la injusticia o de someterse al impostor nos parece una vida humana degradada e indigna de ser vivida? Así lo prueban tanto la vergüenza o el remordimiento que le asaltan al propio sujeto como la reprobación que experimenta su espectador.

Todo ello viene a diluirse cada vez que se representa a la vida como el valor supremo. Este dogma resume a la perfección el nihilismo ambiental contemporáneo: no hay valores o, si se prefiere, no hay valor más precioso que la vida. Efectivamente, si la vida humana comparece como el valor por excelencia, entonces no reconocemos valor alguno por el que merezca la pena vivir (o sea, correr el riesgo de morir). Para el satisfecho nihilista que llevamos dentro nuestra existencia podría conciliarse con cualquier opción moral, con una y a la vez con su contraria, lo mismo da, siempre que sirvan para asegurar esa desnuda existencia. No importarían los porqués y para qués de cada vida, sino nada más que el sobrevivir. Ya nos lo previno el clásico cuando se refería a aquellos que, con tal de vivir, están dispuestos a renunciar a las razones para vivir: et propter vitam vivendi perdere causas

2. ¿Se entiende ahora el vínculo de esta creencia general con la desmoralizada situación pública que padecemos? Pensemos en la constante proclamación del derecho a la vida como el primero y fundamental. Mucho cuidado, que semejante derecho es primero sólo porque sin él los demás no podrían ejercerse; pero en otro sentido resulta secundario, pues sin gozar de aquellos derechos esa vida tendría poco de humana. El peligro de pregonar con preferencia ese derecho a la vida reside en que, a fin de salvaguardarlo, inconscientemente aceptemos prescindir de todos los demás; es decir, admitamos soportar toda clase de atropellos, a condición de seguir vivos. A mi parecer, al subrayar el carácter primordial (y, en la práctica, exclusivo) de aquel derecho, no sólo repudiamos moral y legalmente a quien lo vulnera. De tanto insistir en su lectura más pobre, aquí y ahora estaríamos anunciando además otras actitudes o disposiciones de las que el terrorista y sus secuaces obtienen gran provecho.

Estamos diciendo que, mientras su amenaza sea colectiva o enfile a gente más o menos lejana, esa amenaza no va con cada uno y, por tanto, que nos abstendremos de ofrecer temeraria resistencia a los planes políticos de los criminales. Decimos también que, por si acaso aquel bárbaro se mostrara reacio a cumplir el deber de respetar mi vida, uno mismo se guardará de incurrir en sus iras porque le asiste el derecho de cuidar de sí por encima de todo. Indicamos de paso que ni entraremos siquiera a discutir las premisas ideológicas desde las que los voceros de esos criminales nos atemorizan, puesto que resultan indiferentes (¿no quedamos en que todas son legítimas?) o irrelevantes frente a la relevancia máxima de salvar el pellejo. Sugerimos, en fin, que en esta materia la pusilanimidad es un sentimiento poco menos que excelente y que la cobardía (disfrazada de prudencia y hasta de tolerancia) ha de tenerse por virtud.

Luego nadie puede pedirme que me arriesgue en favor de nadie. Si proteger mi tranquilidad significa dejar a otros conciudadanos más desprotegidos, a mí qué me cuentan y para eso están los guardias. He ahí la apoteosis de la seguridad individual pero con buena conciencia. ¿Y por qué hemos de transformar un dato bruto natural, como es el afán de sobrevivir, en una conducta moral que todos deben aplaudir? Éste es el mayor daño que nos causa quien desprecia nuestra vida: que, a fin de librarnos del temor que nos infunde, acabemos por perdernos el respeto a nosotros mismos.

El Foro de Ermua pregunta qué favores le debe el PNV a ETA
ABC 10 Julio 2002

MADRID. El filósofo Fernando Savater, miembro de ¡Basta Ya!, hizo un llamamiento a los ciudadanos vascos para que se movilicen en «actos de desobediencia civil» si el Ejecutivo de Ibarretxe asume de forma unilateral las competencias no transferidas y promueve un proceso soberanista. Savater dijo que si el Gobierno autónomo cumple su amenaza, «se habría vuelto ilegal», por lo que el Estado tendría que «hacer valer su autoridad, que para eso pagamos impuestos».

En opinión de Savater, la iniciativa del PNV, EA e IU «puede que sea sólo una bravata, pero, en cualquier caso, demuestra la tendencia cada vez mayor a la deslealtad del Ejecutivo vasco y la búsqueda de un enfrentamiento secesionista con el resto del Estado».

El portavoz de esta plataforma, Carlos Martínez Gorriarán, comentó que esta propuesta del PNV, EA e IU, que ha recibido un primer visto bueno del Parlamento vasco gracias a la abstención Batasuna, es una «perversión completa de lo que son las reglas del juego democrático». A su juicio, el Ejecutivo de Ibarretxe «consagra institucionalmente la fractura de la sociedad vasca» al dar por rotas «las reglas del juego» cuando en su Comunidad los que hacen oposición tienen en peligro su vida. ¡Basta Ya! calificó de «aberrante» el proyecto de autogobierno impulsado por el Gobierno vasco.

Por su parte, el portavoz del Foro Ermua, Rubén Múgica, preguntó al PNV «cuáles son los favores que le debe a ETA para permitirle que una vez más decida el rumbo de la política vasca», con un dictamen «inconstitucional». El portavoz del Foro de Ermua insistió en que con esta iniciativa, los nacionalistas pretenden «culminar una colosal ilegalidad».

Reacción en contra
No obstante, auguró que se puede producir una «reacción social bastante fuerte» en el País Vasco contra la iniciativa del los nacionalistas e IU, puesto que «la mitad de sociedad vasca, que estas cosas las ve con mucha antipatía, aunque se calle, va a tener algo que decir».

La profesora de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco Edurne Uriarte dijo que el Estado no puede permitir ninguna acción del Gobierno vasco sobre la independencia porque sería «ilegal», así que en el momento oportuno el Gobierno central «debería tomar las medidas pertinentes».

Subrayó que el Gobierno vasco «ha descalificado la posibilidad de perseguir al entorno de ETA» en una actitud del PNV «llamativamente irresponsable, rupturista y antidemocrática» que ha conducido a una situación de «extrema gravedad».

El director gerente de la Fundación Víctimas del Terrorismo (FTV), Fernando Benzo, calificó el informe sobre el autogobierno de «temerario y osado». En su opinión, la iniciativa nacionalista significa la intención del Ejecutivo autonómico de separarse del sistema establecido y del funcionamiento de las instituciones. Fernando Benzo añadió que la propuesta supone un «conflicto» con el sistema constitucional vigente.

En este mismo contexto, la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT)considera que el acuerdo de los nacionalistas constituye «un pulso más al Estado de Derecho».

Savater: «Llegado el caso, los ciudadanos vascos practicaríamos la desobediencia civil»
El filósofo responde así en El Escorial a la «bravata simbólica» de los nacionalistas
El filósofo y escritor Fernando Savater, que asistió ayer a los cursos de verano de la Universidad Complutense en El Escorial para pronunciar la conferencia extraordinaria «Religión y racismo en la política del siglo XXI», criticó duramente la posición de los obispos vascos y la «bravata simbólica» del ejecutivo vasco dando dos meses al gobierno central para que transfiera todas las competencias a Euskadi. Según Savater, esto demuestra la «deslealtad de los nacionalistas» y, en su caso, podría provocar la «activa desobediencia civil» de los ciudadanos vascos partidarios de la paz.
Eva Muñoz - San Lorenzo de El Escorial.- La Razón  10 Julio 2002

Para Fernando Savater, el ultimátum lanzado por el tripartito del gobierno vasco al ejecutivo de José María Aznar no es más que otra «bravata simbólica» del gobierno nacionalista, que revela «la profunda deslealtad de los nacionalistas al conjunto del estado democrático». En cualquier caso, considera que sobran muchas discusiones en este tema, puesto que «el gobierno autónomo vasco es el representante del estado español en el País Vasco, y no tiene ni otra autoridad ni otra legitimidad que como representante del estado democrático de derecho español en el País Vasco».

Por tanto, «si se vuelve contra su fuente de legitimidad, perderá toda autoridad» En ese caso, que no obstante considera «la hipótesis más vaga», los ciudadanos vascos no tendrían ninguna obligación de reconocer su autoridad, y practicarían la «activa desobediencia civil», reclamando al gobierno central que «por la vía legal que fuese pero, sin concesiones, cumpliera la legalidad vigente».

En relación a quienes se oponen a la ilegalización de Batasuna con el argumento de que esa circunstancia puede incrementar la violencia en el País Vasco, Savater considera que «la violencia en el País Vasco no puede ser mayor». Y afirma que «quienes dicen eso son quienes no padeciendo ahora la violencia por algún tipo de complicidad o inhibición que les acerca a los violentos, temen que los violentos se vuelvan contra ellos». Se preguntaba a continuación: «¿Qué tienen en común quienes han firmado hoy (por ayer) la proclamación soberanista en el Parlamento Vasco? Pues que sus concejales y parlamentarios son los únicos que no tienen que llevar hoy ninguna protección en el País Vasco. Y la proclama que han hecho hoy es para seguir así».

Fernando Savater hizo estas declaraciones en San Lorenzo del Escorial, donde pronunció la conferencia «Religión y racismo en la política del siglo XXI». El filósofo no cree «que haya un enfrentamiento entre civilizaciones». Sin embargo sí cree que existe «un enfrentamiento entre una concepción laica de la política y una concepción teocrática del mundo». El uso de la religión como coartada política no es exclusivo del mundo islámico. «En el mundo islámico hay un núcleo teocrático revestido de tecnología moderna, y en Estados Unidos hay un núcleo democrático, laico y republicano revestido de esas justificaciones teocráticas del bien contra el mal y de la lucha contra Satán».

Fernando Savater: «Optemos por los bienes de la libertad individual»
MADRID. FELICIANO TISERA ABC  10 Julio 2002

Fernando Savater habló ayer en los cursos de verano del Escorial sobre «Religión y racismo en la política del siglo XXI». El filósofoexpuso cómo siguen vivos los elementos religiosos en el discurso político contemporáneo: «Viendo los acontecimientos en Afganistán, antes de la elección presidencial de Hamid Karzai, yo quería saber las tendencias políticas de los candidatos... pero no había forma. Todos parecían más o menos iguales. La diferencia era que unos eran uzbekos, otros pastunes, etc.». Esto es: cada una de las facciones en pugna ganaba sus derechos porque las tribus debían estar representadas, más allá de que aportaran o no algo en lo político.

Ante la irrupción de estos enfrentamientos aparentemente exentos de ideas, Savater advierte las diferencias de algo que se produce en este siglo XXI con respecto a lo que había en el siglo pasado: «El siglo XX fue un siglo de ideas, atroces algunas de ellas, como las totalitarias. Pero a las ideas, al menos, uno puede afiliarse. Uno puede participar. En cambio, las tribus son cerradas. Malo es que limitemos y clasifiquemos a los seres humanos por su ideología. Pero aún peor es que lo hagamos por rasgos que ellos ni siquiera eligieron», como la raza, la tribu...

En ese sentido, Savater afirma que este siglo XXI está mostrando discursos políticos regidos por la fuerza de etiquetas inamovibles: «Las nuevas guerras están marcadas por etiquetas, y ésas no son negociables. Aquí las posiciones no se apoyan en argumentos, sino que brotan de una corporación étnico-homogénea que las ha decidido». Y así, el discurso político se tiñe de lo teocrático, de lo religioso, de la fe por encima de la razón.

«Choque de civilizaciones»
Con respecto al manido tema del «choque de civilizaciones», Savater dice que no le ve sentido. Él no cree que haya diferentes civilizaciones. Lo que hay son diferentes culturas: «Bin Laden y Bush pertenecen a una misma civilización: el atentado a las torres se hizo con bombas volantes, como son los aviones. Bin Laden es un multimillonario que obtiene su dinero de la explotación del petróleo en un lugar como Arabia Saudí; hace que se multiplique en bolsa, al igual que lo hacen Bush y los empresarios de Enron... A la hora de la tarjeta de crédito y las armas, no hay diferencias: son todos iguales; el poder utiliza los mismos mecanismos».

El filósofo examinó entonces cómo lo religioso se tiñe de moderno, y cómo lo moderno se tiñe de religioso. En el caso del Islam, se ha convertido a esta religión en ideología política: la concepción islámica de los seguidores de Bin Laden está revestida de un halo moderno, aunque mantenga un fondo teocrático. Por otra parte, desde el bando laicista, del lado de la democracia, del país que llevó a cabo «el mayor experimento democrático» de la historia, al constituirse en una República, y convirtiéndose enseguida en el más poderoso del mundo, persiste un discurso revestido de elementos anacrónicos y teocráticos. «Bush -sostiene Savater- sigue hablando de las máximas etiquetas: el Bien y el Mal». Así que, por una parte, EE. UU. defiende todos sus elementos constitutivos: modernidad, democracia, pluralismo; y por otro, se reviste de un fuerte elemento teocrático de características similares a las de aquéllos que dice combatir.

No dejó de lado tampoco uno de sus temas predilectos: el nacionalismo. Tanto los teocráticos como los nacionalistas buscan «recuperar un mundo prístino en el que existan unos valores innegociables». Frente a esta intransigencia, el filósofo apuesta por mejorar lo que tenemos: «Es verdad que el mundo de la modernidad, prometiendo paraísos, nos ha llevado a situaciones atroces. Pero eso no proviene de un pecado original que pueda borrarse» como pretende la religión. No es posible una vuelta al paraíso previo al pecado: «Tenemos que optar por los bienes de la libertad individual, pues ya estamos padeciendo todos sus males».

Quinto aniversario
Cartas al Director ABC 10 Julio 2002

Esta semana se cumple el quinto aniversario del secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco. Aquel triste suceso conmocionó y unió a España entera en un sólo grito, en una sola voz. Nada más conocerse su desaparición y confirmarse su secuestro, se iniciaron las primeras movilizaciones para pedir su libertad. Pero el ultimátum dado por los secuestradores apenas daba esperanza y tiempo para impedir su asesinato, cuya sentencia de muerte ya la había firmado la banda terrorista mucho antes de que se conociera su objetivo.

Al final, todos, menos sus cómplices y torturadores, lamentaron y condenaron el asesinato del joven concejal, además de aquellos que siguen en mayor o menor medida apoyando a la banda etarra y a todo su entorno bien con declaraciones o poniéndole una vela a Dios y otra al diablo. El pueblo, en una gran manifestación, habló y lanzó un mensaje bien claro a los políticos, a los Gobiernos central y autonómico, y a los demás implicados. Hoy, cabría preguntarse ¿qué fue del «espíritu de Ermua»? Miguel Ángel Blanco, como el resto de las víctimas del terrorismo, sigue existiendo en la vida de muchos ciudadanos, que siguen luchando por la paz y la libertad, y por el fin del terrorismo.  Víctor Andújar Romero.  Badajoz.

PP y PSOE acusan al PNV de reeditar el «frente de Estella», pero ahora sin pedir tregua a Eta
PNV-EA-IU ratifican el «ultimátum» de dos meses al Gobierno para completar las transferencias
El PP y el PSE acusaron ayer a los nacionalistas de haber reeditado el pacto de Estella con la aprobación del dictamen en el que se defiende la autodeterminación y se conceden dos meses de plazo al Gobierno para completar las transferencias al País Vasco, un pacto con Batasuna que el PNV niega. La comisión de autogobierno del Parlamento ratificó ayer, con los mismos votos de PNV-EA-IU a favor y la abstención de Batasuna, y PP y PSE en contra, el dictamen de la ponencia. «Hoy se reedita el pacto de Estella sin pedir ni siquiera la tregua como se hizo en su día», dijo el socialista Eguiguren.
L. R. N. - Vitoria.- La Razón 10 Julio 2002

La Comisión Especial de Autogobierno ratificó ayer el dictamen propuesto por PNV, EA e IU donde se incluye un «ultimátum» de dos meses al Gobierno para elaborar un plan de desarrollo íntegro del Estatuto antes de asumir «de facto» las competencias pendientes. El tripartito ha sacado adelante sus tesis gracias a la abstención de Batasuna y ha logrado allanar el camino para que sean aprobadas definitivamente el viernes en pleno.

El debate en comisión ha reproducido las posiciones políticas que el lunes tuvieron lugar durante con motivo de la reunión de la ponencia. Los socios de gobierno han justificado el «ultimátum» aludiendo al «bloqueo» estatutario después de 23 años; Batasuna ha valorado el paso dado, aunque ha pedido «hechos» para elaborar un nuevo marco; y PP y PSE-EE han acusado al tripartito de iniciar la «voladura» del Estatuto apoyándose en la formación abertzale. «Están reeditando hoy (por ayer) el Pacto de Estella sin ni tan siquiera exigir a Eta una tregua», se dijo desde las filas populares y socialistas.

Referéndum independentista
Así las cosas, y de no mediar sorpresa mayúscula, el pleno del Parlamento Vasco aprobará definitivamente este próximo viernes el dictamen propuesto por PNV, EA e IU/EB donde, además del plazo de dos meses comentado, se insta a la elaboración de un nuevo ordenamiento jurídico político que sustituya al Estatuto de Gernika y se defiende su aprobación en consulta popular desde el reconocimiento del derecho de autodeterminación del pueblo vasco.
No obstante, PP, PSE-EE y Batasuna mantendrán en dicho pleno sus votos particulares con el fin de defender sus respectivas propuestas de dictamen. El portavoz del PNV, Joseba Eguíbar, negó que hayan existido negociaciones con Batasuna para conseguir su abstención y ha asegurado que «aquí no hay Pacto de Lizarra y cada uno sabe lo que vota». Además, mostró su sorpresa por la alarma que el dictamen propuesto por el tripartito.

La réplica desde el Gobierno la puso el ministro de Administraciones Públicas, Jesús Posada, quien advirtió de que se responderá con «firmeza y con dureza» al Ejecutivo vasco si este concreta su intención de asumir de hecho competencias.

Posada subrayó que el Ejecutivo «no va a tolerar en ningún caso que se rompa la legalidad y el camino marcado por la Constitución». También el secretario general del PP, Javier Arenas, acusó al Gobierno vasco de «intenta saltarse a la torera las leyes, el Estatuto y la Constitución», lo que «no vamos a permitir».

Pretexto para la «guerra»
El presidente de honor del PP vasco, Jaime Mayor Oreja, aseguró que «no hay una reclamación de competencias pendientes, hay una declaración de guerra política a España y Francia reivindicando las siete provincias y la autodeterminación, y la excusa es el desarrollo pendiente de la autonomía». Desde el PSOE, su secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, hizo un llamamiento al lendakari para que «reflexione y rectifique» porque esta iniciativa sobre autogobierno «no une», sino «divide». Zapatero opinó que es «radicalmente inoportuna» esta política del PNV porque en el País Vasco «hay una prioridad absoluta, y es garantizar los derechos, libertades y seguridad de mucha gente».

Desde IU, que apoya la reivindicación nacionalista, el coordinador en el País Vasco, Javier Madrazo, acusó al Gobierno y al PP de ser los responsables de la «ruptura del marco estatutario» por negarse a transferir las competencias pendientes y someter el Estatuto a «una situación de secuestro».

Sin embargo, el coordinador en Navarra, Félix Taberna, mostró su «desacuerdo» con la propuesta soberanista: «Somos una fuerza federalista, que apuesta por el autogobierno pero desde la lealtad institucional y no desde un planteamiento de ruptura con el Estado», dijo. Los socialistas vascos celebrarán hoy una ejecutiva extraordinaria para replicar a la iniciativa de PNV-EA-IU.

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