AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 12 Julio  2002
Historia de una cesión suicida
Enrique de Diego Libertad Digital  12 Julio 2002

Según la estrategia de Estella
Editorial La Razón 12 Julio 2002

OTRO DESAFÍO DE IBARRETXE
Editorial El Mundo   12 Julio 2002

El desafío peneuvista
Jaime CAMPMANY ABC  12 Julio 2002

El espíritu de Ermua cinco años después
JAIME MAYOR OREJA El Mundo  12 Julio 2002

Carta a Miguel Ángel Blanco
Gonzalo ZORRILLA-LEGUERICA La Razón  12 Julio 2002

Cinco años (i)
David GISTAU La Razón  12 Julio 2002

El palo y la zanahoria
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón  12 Julio 2002

No olvidemos
Editorial ABC  12 Julio 2002

Cinco años (ii)
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  12 Julio 2002

Cuando la estupidez precede al crimen
JON JUARISTI ABC  12 Julio 2002

Del perdón
MIKEL BUESA El Correo  12 Julio 2002

Abominable historia
CARLOS DÁVILA ABC  12 Julio 2002

Aquellos días de julio
EDITORIAL El Correo  12 Julio 2002

Cinco años después...
EDITORIAL Libertad Digital  12 Julio 2002

El ultimátum del 12 de julio
ANTONIO BASAGOITI  El Correo  12 Julio 2002

Estella sale del congelador
Carlos María de Urquijo Libertad DigitaL  12 Julio 2002

Aznar dará respuesta a Ibarretxe
Pablo Sebastián La Estrella  12 Julio 2002

Ibarreche da 48.000 euros a miembros de HB para que enseñen vasco en casa
M. R. Iglesias - Madrid.- La Razón  12 Julio 2002

Aznar usará todas las vías ante el PNV, incluso el artículo 155C. M. - Madrid.- La Razón  12 Julio 2002

Ibarretxe convoca un concurso para crear una Seguridad Social vasca
CARLOS SEGOVIA El Mundo  12 Julio 2002
Bárbara Durkhop compara el «nacionalismo pervertido de ETA y sus cómplices» con el nazismo
R. GORRIARÁN/COLPISA. MADRID El Correo  12 Julio 2002

«El actual Gobierno vasco ha dado la espalda al espíritu de Ermua »
LOURDES LORENZO/BILBAO El Correo  12 Julio 2002

Del espíritu de Ermua a la radicalización del PNV
CHELO APARICIO ABC  12 Julio 2002

Ermua recuerda a Miguel Ángel Blanco
ABC / J. J. SALDAÑA. MADRID / VITORIA ABC  12 Julio 2002


Historia de una cesión suicida
Enrique de Diego Libertad Digital  12 Julio 2002

Nunca he compartido la beata idealización de la transición democrática, que me recuerda bastante a los ejercicios de adulación a sueldo de los cronistas monárquicos medievales o pregoneros del poder, sea el que sea. Como todo proceso humano, contiene virtudes y defectos. Partió del hecho de la muerte natural del dictador, por lo que el pretendido heroísmo me sugiere un complejo de culpa sublimado. Y sostuvo suicidamente en su sitio a la cúpula militar hasta el 23 de febrero, cuyas principales cabezas se movían en el ámbito de la Zarzuela, lo cual indica el nivel de ingenuidad e improvisación con el que se actuó.

Pero, siendo un proceso racional, en el que los franquistas y los opositores se dieron cuenta de que no tenían fuerzas suficientes para imponerse, ha sido de manera muy clara la historia de una cesión. Hace años, estando de jefe de Política de ABC me vino a pedir opinión un periodista alemán sobre “la pacífica transición española”. No me parece –le dije, y repito ahora– que se pueda llamar pacífica a una transición que entonces llevaba cientos de muertos por terrorismo político, cifra que no ha hecho más que crecer en estos años.

El franquismo originario de Juan Carlos y de Adolfo Suárez se manifestó en una debilidad congénita respecto a los nacionalismos. Se hicieron muchas cosas bien, y algunas mal, pero todas bajo el esquema de la cesión. Cuando se habla, con manifiesta impropiedad del caso norirlandés, se olvida que el pacto se realizó antes en España, pero sin contrapartidas: la amnistía no conllevó el abandono de las armas. Esto no es descontextualizar la situación, porque esa la he vivido, con los nauseabundos comentarios de Carlos Garaicoechea a los periodistas “en Madrid” sobre que si no se aceptaban sus exigencias vendrían los terroristas a matar. Y matar, mataban. Los nacionalistas han asesinado a cerca de mil personas inocentes para “generar” el conflicto. Si unos mueven el árbol y otros recogen las nueces, están conchabados, la mafia es común, al margen de hipocresías.

Si se ha llegado a este punto es por una serie de irresponsabilidades y errores previos. La mayoría del nacionalismo, pero también muchos de los sucesivos Gobiernos de la nación, que, por ejemplo, nunca afrontaron una reforma de la ley electoral que evitara el chantaje nacionalista. Y también, por supuesto, de José María Aznar, cuya obsesiva propensión a situar a la UCD como su referencia histórica no sólo es una mentira, sino que también le ha llevado a errores de diagnóstico, en aras de un consenso que tiene sentido en los períodos constituyentes, pero que es estúpido y anestesiante en los de necesario debate democrático. Como legitimar al nacionalismo catalán cuando ya era gratuito, por sus propios complejos de culpa y de los de su partido.

Según la estrategia de Estella
Editorial La Razón 12 Julio 2002

El Parlamento vasco aprobará hoy, con los votos de PNV, EA e IU-EB, y la abstención de Batasuna, su dictamen sobre autogobierno y, con él, un ultimátum al Gobierno por el que fija en dos meses el plazo para que se transfieran a la Comunidad autónoma las competencias que, según ellos, restan por cederse antes de asumirlas unilateralmente. No cabe esperar que los nacionalista reflexionen antes de lanzar lo que es un auténtico órdago para saltar el Estatuto de Autonomía, empleado como trampolín, y burlar la Constitución en su cada vez más claro camino hacia la independencia.

El acuerdo de los tres partidos se mantiene sin que el apoyo de IU-EB (hay que recordar que su líder local, Javier Madrazo, ocupa una Consejería en el Gobierno de Vitoria) se vea alterado a pesar de las críticas que se acumulan dentro de de la coalición comunista en el resto de España, donde ya comienza a considerarse que el reto de hoy sobrepasa las fronteras del federalismo más amplio.

Y no cabe esperar un paso atrás porque no se trata de una actuación puntual, si no de seguir fielmente una estrategia que trata de arrastrar al País Vasco hacia la independencia. Por eso el enfrentamiento se anuncia inevitable y, mientras Unidad Alavesa reclama ya que sean procesados aquellos que se atrevan a vulnerar la ley, el nuevo ministro de Administraciones Públicas, Javier Arenas, ha exigido de Ibarreche lealtad hacia las instituciones democráticas y anunció que «vamos a responder con mucha firmeza y serenidad, y desde el escrupuloso respeto a la ley» al desafío de los nacionalistas vascos.

La advertencia de los poderes del Estado ha sido muy clara y los diputados autonómicos son conscientes de la gravedad de su desafío, aunque parece poco probable que puedan hacer otra cosa. Porque lo que hoy sucederá en la cámara de Vitoria es un paso más en una estrategia diseñada por Eta hace ya muchos años, y expresada en sus boletines internos «Zutabe», a los que ha tenido acceso LA RAZÓN. Para los asesinos, la estrategia no pasa ya por organizar movimientos revolucionarios. Pasa por la lenta pero constante «euskaldunización» y la expulsión de los no nacionalistas. Pasa por las fórmulas que acordaron con el PNV en Estella y que se han cumplido de forma inexorable. No se trata ya de que Arzallus recoja las nueces del árbol sacudido por cada asesinato de Eta, sino de algo más, evidenciado en la salida en pública defensa de Batasuna ante la promulgación de al Ley de Partidos y las actuaciones de la Justicia. Se queja el PNV de que se meta en el mismo saco a nacionalistas y terroristas. Y aunque tienen razón en que se trata de cosas bien distintas, lo cierto es que cada vez resulta más complicado para los demócratas establecer las diferencias a medida que se confunden los objetivos finales de un partido como el Ibarreche con los de la banda asesina y su brazo político.

OTRO DESAFÍO DE IBARRETXE
Editorial El Mundo   12 Julio 2002

El lehendakari Ibarretxe se sintió ayer ofendido por las palabras de un ministro que en su toma de posesión había dicho que «el desafío del terrorismo se está trasladando a las instituciones del Estado». Ibarretxe las calificó de «insulto».

Los hechos demuestran que lo que dijo el ministro no es un insulto sino la constatación de una realidad. La información que publica hoy EL MUNDO en primera página lo corrobora: el Gobierno de Vitoria ha convocado un concurso urgente para encargar un estudio sobre la creación de una Seguridad Social vasca. La sociedad adjudicataria cobrará 100.000 euros y el estudio deberá estar concluido antes del 31 de octubre.

El artículo 149 de la Constitución dice que «la legislación básica y régimen económico de la Seguridad Social son competencia exclusiva del Estado», Y al menos dos sentencias del Tribunal Constitucional han ratificado que sólo el Parlamento de la nación puede legislar sobre la Seguridad Social.

Por tanto, el encargo del Gobierno vasco es un desafío a la legalidad desde las instituciones. No es casual que el Parlamento de Vitoria se disponga a aprobar hoy una propuesta en la que exige al Gobierno de la nación la transferencia de 37 competencias en el plazo de dos meses. Entre esas competencias, está la Seguridad Social.

Lo que pretende Ibarretxe al encargar este estudio es meridianamente claro: demostrar que es viable una Seguridad Social vasca y que incluso los ciudadanos recibirían mejores prestaciones. Eso es sencillamente falso, porque en los últimos veinte años la aportación de la Seguridad Social, la Sepi y otros organismos del Estado al País Vasco ha sido muy superior a la recaudación en este territorio.Ibarretxe, que fue testigo de la reconversión industrial como alcalde de Llodio, lo sabe mejor que nadie.

Estamos, pues, ante una maniobra propagandística del Gobierno vasco, que, tras manipular la historia y la cultura al servicio del nacionalismo y utilizar los medios de comunicación como una plataforma de adoctrinamiento, ahora quiere demostrar que el País Vasco sería más próspero económicamente si no tuviera lazos con el resto del Estado.

Hoy se cumple el quinto aniversario del brutal asesinato de Miguel Angel Blanco. Es un día de luto y de solidaridad con las víctimas que los nacionalistas van a aprovechar para consumar otro desafío al Estado y dar un nuevo paso para acercarse a los verdugos de ese héroe de nuestra democracia.

El desafío peneuvista
Por Jaime CAMPMANY ABC  12 Julio 2002

No sabemos hasta dónde piensa llegar el Gobierno peneuvista del País Vasco en su desafío a las instituciones, a la Constitución y a la democracia, pero será prudente ponerse en lo peor. Hasta ahora, ese tándem político nefasto Arzalluz-Ibarreche ha ido tensando la cuerda de las decisiones políticas hasta penetrar en el terreno donde ya no hay diálogo ni debate posible y hay que llamar a los guardias o a los loqueros. Ha llegado el momento en que esta pareja de desalmados, con la banda terrorista detrás, anuncia que va a pasar los límites que señalan el fin de lo legal y de lo lícito. Detrás de esos límites, ya no hay acción política. Lo que hay es delito y ciudad sin ley.

El desafío del Gobierno vasco al Estado de Derecho y en definitiva a España y a los españoles es una calle de la Amargura que deben subir todos los días los representantes del Estado y muy especialmente algunos ministros como el de Interior, el de Justicia y el de Administraciones Públicas. Para las organizaciones políticas radicadas allí, singularmente PP y PSOE, la situación es aún más grave porque el desafío se convierte en amenaza, y algunos representantes del pueblo y parte del pueblo mismo ven, impotentes, cómo la calle de la Amargura se hace calvario con el sacrificio de la vida ya consumado. Detrás de cada desafío del PNV espera, escondida, la muerte para algunos, para no se sabe quién, caprichosa e inútil.

¿Qué le debe el PNV a «Eta»? Esa es la pregunta que se hacen algunos. Por supuesto, el PNV debe a los etarras su inmunidad. Y si se afina más, su alianza. «Ninguna independencia se ha conseguido nunca sin que unos «arreen» y otros negocien», vino a decir Arzalluz con palabras inequívocas. Desde ese momento, quien se engañe acerca del propósito de Arzalluz en la dirección del PNV será porque quiera engañarse. Con esas palabras, Arzalluz se convierte en un loco que declara la guerra al Estado español. No es que defienda libremente sus ideas, sea cuales fueren, dentro de un sistema democrático, sino que se declara partidario y beneficiario de la violencia terrorista, del crimen contra los pacíficos.

Y lo que no se puede ignorar en esta situación es que dentro del PNV existen sectores mayoritarios o cobardemente resignados que favorecen o consienten esa menguada capitanía disfrazada de dirección política, una dirección política que ni siquiera se atreve a pedir el refrendo de las urnas. Está claro que lo más útil y efectivo para el liderazgo de Arzalluz no es el apoyo de los votos sino la alianza de las pistolas. El rechazo internacional del terrorismo ha excitado el desafío político. Es un reto que requiere tanta fortaleza como prudencia, tanta justicia como templanza. Necesitarán buen pulso los dos ministros jóvenes, Acebes y Michavila, que encaran ese maldito desafío.

El 'espíritu de Ermua' cinco años después
JAIME MAYOR OREJA El Mundo  12 Julio 2002

Las sociedades suelen tener una fecha que se convierte en una referencia política y social, en un símbolo que determina en parte el rumbo de la propia Historia. Los norteamericanos tienen por ejemplo el 4 de Julio y los españoles del siglo XIX (y muy especialmente los madrileños), el 2 de Mayo. La sociedad española del siglo XXI (y muy especialmente los vascos) tenemos en el 12 de Julio el gran referente político, social y moral de nuestra Historia contemporánea. Y por eso el 12 de Julio será interpretado en el futuro como un punto de inflexión.

¿Qué ocurrió, que nos pasó entonces, cómo determinó aquella fecha la posterior evolución de la política vasca y española?

El 12 de julio de 1997 -lo recuerdo muy bien, yo era ministro del Interior entonces y puedo decir que aquél fue el día más amargo y más inevitable de toda mi vida política- ETA asesinó a cámara lenta a Miguel Angel Blanco. Todos sabíamos que hiciese lo que hiciese el Gobierno, ETA, tras 48 horas de ignominioso secuestro, iba a asesinar con toda crueldad al concejal del Partido Popular en Ermua. Pero ETA cometió un enorme error táctico: dejó a la sociedad 48 horas para reaccionar, y la sociedad reaccionó, y los ciudadanos de toda España se echaron a las calles, se movilizaron como no lo había hecho nunca antes país alguno y durante aquellas terribles, trágicas 48 horas, se produjo la primera gran rebelión democrática, civil de los españoles contra ETA. También, como en el resto de España, la inmensa mayoría de la sociedad vasca se rebeló contra ETA. Durante aquellas 48 horas, la gente, que por primera vez podía o sentía que podía hacer algo contra ETA y a favor de una víctima del terrorismo, salió a la calle desesperadamente, urgentemente, dando lo mejor de sí misma, defendiendo valores esenciales para nuestra civilización, queriendo, exigiendo, implorando que Miguel Angel no fuese asesinado. Ni las manos blancas, ni las movilizaciones, ni los gritos, ni las lágrimas, ni las noches en vela, ni el clamor de todo el mundo civilizado. ETA hizo lo único que ha sabido hacer desde su nacimiento: asesinar, destruir, hacer daño. ETA asesinó el 12 de julio de 1997 a Miguel Angel Blanco porque ETA es el mal en estado puro, y la gente se rebeló contra el mal, y esto es lo que no supo o no quiso comprender el nacionalismo vasco ni antes ni después del 12 de Julio.

Yo recuerdo muy bien la cara desencajada, el gesto agrio de algún dirigente del PNV durante el entierro y funeral de Miguel Angel Blanco en Ermua. Yo recuerdo muy bien la desconfianza del nacionalismo hacia Ermua, un movimiento social que -por primera vez en los últimos treinta años- ni surgía del nacionalismo ni era controlado por el nacionalismo. Y recuerdo también con nitidez que, desde el día siguiente, el nacionalismo vasco empezó a trabajar para destruir el denominado espíritu de Ermua y para crear, en la mejor tradición del nacionalismo, un sucedáneo de Ermua, algo que lo sustituyera como referente político y social y que lo destruyera como referente moral. Y surgió el Pacto de Estella.Surgió -como buen sucedáneo- para engañar a la gente, para aparentar que se tenía la iniciativa política y que el fin de ETA pasaba por las manos del nacionalismo vasco. Ellos, inteligentes negociadores, iban a traer la solución. Pero no se pactó un proyecto con la sociedad vasca para terminar con ETA: se pactó un proyecto político de fondo con ETA para engañar a la sociedad vasca. Se pactó y se escenificó luego en Estella sin atreverse a decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Ermua fue limpio, espontáneo y surgió de abajo arriba, porque Ermua fue la rebelión de las víctimas del terrorismo. Estella fue una manipulación, un engaño que surgió del pacto entre la cúpula de ETA y la del PNV, un pacto entre el poder político y el poder del terror, una mentira disfrazada de verdad mediante el espejismo de una tregua trampa.

¿Qué hemos hecho cada uno de nosotros a lo largo de los últimos cinco años?

Cinco años después de aquel 12 de julio de 1997, ETA ha asesinado a 48 personas más y ha seguido sembrando la destrucción y el daño en la sociedad vasca.

Cinco años después de aquel 12 de julio de 1997, el nacionalismo vasco, pese al fracaso inicial de Estella, pese al compromiso de moderación y de no volver a pactar con Batasuna adquirido con los electores vascos el 13 de mayo de 2001 (¿un engaño más, un último regate en corto a la sociedad vasca?), pese al bochorno que supone tener que apoyarse otra vez en un partido cuyos miembros esperan al volante mientras otros aprietan el gatillo, se vuelve a reeditar Estella II. Cinco años después el nacionalismo sigue criticando las actuaciones del Poder Judicial contra ETA y cinco años después el nacionalismo sigue erigiéndose en defensor de Batasuna, en cuya ayuda acude, una vez más, ahora que va a ser ilegalizada. Cinco años después, y para recuperar una iniciativa política perdida por el nacionalismo, surge una nueva escalada de ruptura y de irracionalidad en el nacionalismo vasco. Cinco años después el nacionalismo vasco ni siquiera ha aprendido a respetar de verdad a las víctimas, a honrar su memoria con seriedad, a hacer de las víctimas el eje de la recuperación moral de la sociedad vasca. Por eso, cinco años después, en el aniversario del asesinato más cruel de la historia de los vascos, apoyándose en quienes justificaron -cuando menos- aquello, asumiendo en parte las tesis y hasta el lenguaje del mal llamado entorno de ETA -que ha sido siempre ETA-, el nacionalismo vasco, que ni siquiera respeta esta fecha, ha decidido poner sobre la mesa del Parlamento de Vitoria una nueva reedición de la ruptura.Cinco años después, unos siguen asesinando y otros siguen subvencionando -al menos políticamente- a quienes cobijan a los asesinos.

Hablemos de nosotros. ¿Qué ha hecho la sociedad española, qué ha hecho el Estado de Derecho en estos cinco años?

En primer lugar, el espíritu de Ermua se ha convertido en el eje de todas las acciones del Gobierno de España contra el terrorismo y ha hecho que la prioridad de las prioridades de los poderes públicos de España sea la derrota de ETA. Ermua es también lo que impulsó la formulación del Pacto contra el Terrorismo y por las Libertades. Es lo que impulsa todos los días la ya decisiva actuación de la Audiencia Nacional ilegalizando estructuras del mal llamado entorno de ETA que no es otra cosa que la propia ETA. Es también Ermua lo que impulsó la formulación, por primer vez en 25 años, de una alternativa política por la libertad en el País Vasco el 13 de mayo de 2001. Y es esa misma rebelión de las víctimas del terrorismo lo que ha impulsado la creación de la Fundación por la Libertad.

En la profundización del Estado de Derecho y en la fortaleza moral de España -que vienen de Ermua- está la esperanza de la sociedad vasca. El espíritu de Ermua está vivo, más vivo que nunca, y por eso hoy, 12 de julio de 2002, mientras el Partido Nacionalista Vasco, gracias al apoyo por omisión de Batasuna, plantea nuevamente la ruptura y la irracionalidad reeditando el Pacto de Estella, mientras alimenta complicidades con los cómplices del asesinato de Miguel Angel Blanco, mientras se niega a combatir en toda su dimensión el terrorismo, yo quiero asegurar a toda esa oposición y a todos esos ciudadanos que llevan escolta, a todos los amenazados, a todas las víctimas, a todos los que sufren el nacionalismo, a toda la sociedad vasca y a toda la sociedad española, que vamos a estar en nuestro sitio, que nadie ni nada acabará con esa rebelión que surgió en Ermua, y que los vascos hemos perdido el miedo.

Y cada intento del nacionalismo vasco por recuperar la iniciativa política mediante la ruptura no hará sino fortalecer a aquel espíritu de Ermua que surgió el 12 de julio de 1997.

Jaime Mayor Oreja es presidente del Grupo Popular en el Parlamento vasco y vicesecretario general del PP.

Carta a Miguel Ángel Blanco
Gonzalo ZORRILLA-LEGUERICA, presidente de Nuevas Generaciones del PP de Vizcaya La Razón  12 Julio 2002

Querido Miguel Ángel:
En estos días se cumple el quinto aniversario de tu secuestro y posterior asesinato por parte de la banda terrorista Eta.
Voy a intentar contarte en unas líneas lo que ha ocurrido en el País Vasco en estos últimos cinco años, aunque te puedo decir desde ahora que todavía no se ha conseguido lo que muchos queremos: acabar con el terrorismo etarra. Estuvimos muy cerca, pero unos pactos vergonzantes lo impidieron. Pero voy a empezar desde el principio.
La noticia de tu secuestro fue un mazazo para todos. Pero en lugar de venirnos abajo comenzaron las movilizaciones, los encierros y los comunicados contundentes y sin ambigüedades, y se empezó a generar un espíritu unitario, cívico, sin miedos.
Hubo muchos comunicados durante esos días aunque yo, desde mi modesta opinión, destacaría las declaraciones del entonces Lehendakari del Gobierno Vasco, José Antonio Ardanza, tras la reunión convocada del Pacto de Ajuria Enea:

«Eta es quien ha dado cumplimiento a su amenaza pero Eta no es la única responsable de lo ocurrido. Son cómplices quienes desde el vergonzante silencio de estos dos días han estado sirviéndole de cobertura. Me estoy refiriendo a HB: sois cómplices de ese hecho y la sangre de esta víctima debe pesar también sobre vuestra conciencia. Desde la tristeza y la condena debo decir que los hombres y mujeres que han pisado las calles de Bilbao no deben perder la esperanza. Han demostrado tener muy claras las ideas acerca de qué es la convivencia en un Estado de Derecho.

No ha sido un tiempo ni un esfuerzo baldío el que hemos hecho. Todos nosotros hemos salido dignificados. Los que se han degradado han sido Eta y HB y la vergüenza sólo caerá sobre ellos».
A pesar de todas las movilizaciones, comunicados y ruegos, Eta no tuvo piedad contigo.
Pero ese espíritu que te he mencionado antes se acrecentó y tú fuiste, Miguel Ángel, el responsable de su surgimiento, del llamado «Espíritu de Ermua», que produjo la unidad democrática ante el terrorismo, el aislamiento social y político de Eta y su entorno, la rebelión social contra el fascismo, la pérdida del miedo y el anhelo por la libertad.

Todos estos acontecimientos hicieron que por primera vez en la democracia fuera el entorno de los terroristas quien no se sintiera cómodo andando por nuestras calles. Y aquí estaba empezando el final de Eta.
Pero un año después, nos encontramos con que el PNV, viendo la derrota social, judicial y policial de Eta, fue a rescatarla y pactó con los asesinos y su brazo político, firmando el «Pacto de Estella», en el que no se hizo otra cosa que intentar desterrar de este país a los que no pensamos en clave nacionalista, a más de la mitad de la población vasca. Este Pacto a día de hoy continua vigente, como luego te demostraré.

Posteriormente Eta, esa misma que jugó vilmente con tu vida durante 48 horas, declaró aquella mal llamada «tregua», que no fue más que otra artimaña para reorganizar sus comandos, muy tocados por la gran labor desarrollada por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la Ertzaintza, las decisiones judiciales y la pérdida del apoyo social. Apenas un mes más tarde se celebraron en el País Vasco elecciones autonómicas, en las cuales el nacionalismo, a pesar de ganar, no obtuvo el resultado esperado. Después de éstas, todos los partidos nacionalistas se unieron para gobernar este país, olvidándose de todo lo que había pasado durante los últimos veinte años.

Se olvidaron de la memoria de las víctimas, de aquellas famosas palabras del entonces Lehendakari, y de ti, de ti y de lo que tú representaste, se olvidaron del avance social más importante de los vascos en los últimos veinte años, se olvidaron del «Espíritu de Ermua».
Con el paso del tiempo sucedieron muchas cosas, desde que el PNV nos hiciera creer que la ilusionante tregua iba en serio hasta tal punto que el Consejero de Interior del Gobierno Vasco, Javier Balza, dijo que había que compensar políticamente a los asesinos al detener a alguno de ellos.
Eta declaró el final de la tregua pero el pacto de gobierno con los cómplices de tus asesinos siguió intacto. Y sólo después de varios atentados el PNV rompió el pacto y el Gobierno Vasco se quedó en minoría, y desde ese momento empezaron a perder todas las votaciones en el Parlamento.

Por eso, el año pasado el nuevo Lehendakari, Juan José Ibarretxe, que ha pasado a la historia por ser el primer gobernante que tenía a todos los miembros de la oposición con escolta policial, se vio obligado a convocar elecciones.
Por primera vez existió la posibilidad de que el Lehendakari no fuese nacionalista. Volvió a ganar el PNV, pero gracias a nuestra alternativa de Gobierno conseguimos vaciar de votos etarras las urnas.
Se están dando nuevos pasos para acabar con el terrorismo y uno de ellos es la Ley de Partidos Políticos. Creemos que es un instrumento fundamental para acabar con una parte de la infraestructura etarra, pero en estos días nos hemos encontrado otra vez como el nacionalismo gobernante intenta rescatarles y asiste a una manifestación en contra de dicha ley. Otra vez el Pacto de Estella.

Fíjate, Miguel Ángel, que mientras nosotros nos seguimos manifestándonos contigo y por ti y el resto de las víctimas del terrorismo, el nacionalismo gobernante no tiene ningún rubor en manifestarse con Josu Ternera y por Ibon Muñoa, el concejal de HB de Eibar, juzgado y condenado por ser el chivato que dio tus datos y quien cobijó a los mismos asesinos que te dieron muerte. En esta ocasión, como no, los nacionalistas vuelven a olvidar, a olvidar todo. Se vuelven a olvidar de ti, de ti y de las casi mil víctimas mortales del fascismo etarra.
Desde aquí quiero asegurarte que nosotros no vamos a olvidarte, ni todo lo que simbolizaste y no vamos a cejar en nuestro empeño hasta conseguir la derrota de Eta. Porque nosotros queremos la paz de la libertad, una paz justa, sin precios, no la paz de los cementerios.

Por último, solo quería decirte una vez más que nosotros no te olvidamos y que seguimos luchando por los valores por los que tú ya luchabas. Un fuerte abrazo, esperando que tu compromiso por la libertad cada día llegue a más vascos.

Cinco años (i)
David GISTAU La Razón  12 Julio 2002

Hoy se cumplen cinco años del asesinato de Miguel Ángel Blanco, suceso fundacional del guerracivilismo vasco, del recelo según el cual quien te sirve el café en el bar de la esquina puede tener en el bolsillo una llave de tu portal o un cuaderno en el que apuntar horarios y costumbres. La pasión y muerte de Miguel Ángel Blanco, serial terrible y como urdido por centuriones que enmudeció aquel verano de sangre y moscas, fue el embrión o el pretexto de lo que se ha dado en llamar «Espíritu de Ermua». Algo así como una sublevación entre intelectual y gandhiana conducida por los sabios de la tribu que sin embargo no cristalizó durante los veinticinco años de terrorismo anteriores. Es decir, nadie en el Norte se sublevó ni firmó manifiestos ni se arracimó en torno a un espíritu común cuando sólo caían en una cuneta guardias civiles de Badajoz abandonados a su suerte en un destino del Norte. Cuando Ésos sólo mataban a intrusos mesetarios o a funcionarios residentes en Madrid que se quedaban colgados en un «scalextric» de la capital sin que nadie se pintase las manos de blanco. ¿Dónde estaba entonces, el intelectual vasco, el abajofirmante habitual, cuando eso no podía ocurrirle a él, cuando bajaba sin miedo al bar de la esquina y la muerte de un Guardia no le impedía comentar el último partido del Athletic o la última tarde en el hipódromo? ¿Por qué el «Espíritu de Ermua» tiene sólo cinco años de existencia?

El asesinato de Miguel Ángel Blanco, tal vez el primero de un hombre común y vasco, instaló un miedo de víctima potencial en todos aquellos que antes no se dieron por aludidos porque, sólo «cipayos» en la lista de objetivos, no se sentían en peligro. Hace cinco años, quienes estuvieron veinticinco años callados comprendieron que Eta, como Frankenstein, iba a levantar la mano contra sus creadores: sólo entonces se propusieron abatir al Monstruo, que conservaba hasta un prestigio romántico de cuando sólo devoraba guardias civiles abandonados a su suerte en el Norte, sin nadie dispuesto a arroparles con un espíritu.

El palo y la zanahoria
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón  12 Julio 2002

En la reciente remodelación del Gobierno, Josep Piqué ha pasado a una cartera más apropiada para hacer política en su tierra natal, como fase previa al lanzamiento de su candidatura a la Presidencia de la Generalitat. En cuanto al ofrecimiento a Miquel Roca de la cartera de Exteriores forma parte del mismo plan de los estrategas de Génova 13: la configuración de un PP catalán capaz de atraer votos de Convergencia mediante un mensaje catalanista suave que evite colisiones frontales con el nacionalismo a la vez que adopta algunos de sus componentes simbólicos y sentimentales debidamente atemperados. Por supuesto, el intento de incorporar al ex número dos de Pujol al Ejecutivo central ha vuelto a fracasar porque el President jamás permitirá que el perfil radical de su partido se desdibuje ocupando un sillón en el Consejo de Ministros. Por tanto, la situación parece clara en lo que a los propósitos de Aznar en el Principado se refiere.

Ahora bien, una propuesta de centro constitucionalista comprometida con un proyecto global español que renuncie a enfrentarse al nacionalismo en el terreno ideológico, es decir, que rehuya endurecer el debate, sólo puede aspirar a crecer en Cataluña pescando en los caladeros pujolistas e intentando seducir a sus votantes pragmáticos y no fanatizados, porque la izquierda que habita en las periferias urbanas, según la historia de las últimas dos décadas ha demostrado ampliamente, no cambia su sufragio en las autonómicas si no recibe estímulos de alto voltaje.
Dado que Maragall recorre un camino similar desde el otro lado y afila su contorno nacionalista con el evidente fin de aprovechar también el pospujolismo y ganarse a los sectores nacionalistas más «progresistas», el resultado de estas operaciones simultáneas puede dejar al pobre Artur Mas con cuarenta diputados, lo que le invalidaría como componente principal de una mayoría y abriría las puertas del Palau al amigo Pasqual. En este contexto, la estrategia de los populares para Cataluña no se acaba de entender, salvo que se esté intentando forzar una gran coalición nacionalista-socialista para, con la vista puesta en el largo plazo, monopolizar la labor de oposición. Sin embargo, en el largo plazo, ya se sabe, todos calvos. La contradicción así establecida no parece de fácil superación. El engorde propio a costa de aquel al que se desea como socio es un juego muy peligroso susceptible de desembocar en el éxito del tercero en discordia al que se percibe como adversario común. El abandono del palo por la zanahoria sin duda hace el combate dialéctico más agradable y proporciona una imagen más simpática, pero si de lo que se trata no es de gustar a los demás, sino de ganarles, la maniobra en su conjunto revela cierta fragilidad. En fin, doctores tiene la Iglesia que ya habrán tenido en cuenta todas estos factores en su demostrada sabiduría y dilatada experiencia.

No olvidemos
Editorial ABC  12 Julio 2002

En días como hoy, la memoria histórica actúa de forma implacable con el nacionalismo vasco. Hace cinco años, ETA asesinaba a Miguel Ángel Blanco con un tiro en la nuca, después de mantenerlo secuestrado dos días en el corredor de la muerte. Fue aquel crimen un refinado acto de crueldad, una liturgia asesina de criminales gozosos con el dolor de la víctima. Eligieron a un joven indefenso, aficionado a la música, hijo de un albañil, que estaba en la política con la misma naturalidad con la que tocaba la batería. Simplemente porque le gustaba. Una presa fácil con la que devolver el golpe de la liberación de Ortega Lara. La sociedad española se movilizó como nunca antes lo había hecho. No era el primer asesinato ni el primer secuestro, pero sí la primera vez que ETA ponía plazo a una vida, con una condición imposible -el acercamiento de los presos etarras- que, a pesar de ser un mero pretexto, todavía anda en boca de algunos torpes equidistantes para preguntarse si el Gobierno pudo entonces hacer algo distinto de lo que hizo. Las manifestaciones de cientos de miles de vascos en las calles de Bilbao no impidieron una muerte sentenciada, pero dieron paso a una nueva conciencia -el espíritu de Ermua-, a un «basta ya» que asustó más al PNV que a ETA, aunque todo su «entorno» permaneció agazapado por el miedo. Desde entonces, desde que el PNV vio en el movimiento social contra ETA un peligro para su hegemonía, la opción del nacionalismo tomó un rumbo contrario al que conducía a la unidad democrática contra el terrorismo, en un momento en que el apoyo del PNV hubiera sido determinante para acortar el fin de la banda terrorista. Pero era hora de evitar la derrota de ETA. Apenas transcurrió un año y el PNV y EA pactaban con la banda terrorista una estrategia conjunta soberanista que luego fue proyectada como movimiento social, político y sindical en el Acuerdo de Lizarra.

Cinco años después, el nacionalismo hace coincidir -de forma consciente o inconsciente- la fatídica fecha del asesinato de Miguel Ángel Blanco con la aprobación por el Parlamento de Vitoria de una declaración de soberanía que se ajusta estrictamente a los pactos de 1998 con ETA y con Herri Batasuna. El cinismo con el que los portavoces del Gobierno y del PNV presentan el dictamen de la Comisión de Autogobierno -poco menos que un alarde estatutista- no es suficiente para tapar la burla de una propuesta que comprometerá al Parlamento nacido de la Constitución y del Estatuto con los tres principios que unen al arco nacionalista, desde el PNV a ETA: soberanía, territorialidad y ámbito vasco de decisión. Este resultado es el que importa para valorar la responsabilidad del PNV en el deterioro moral y político del País Vasco, porque ya no hay aspiraciones políticas diferenciables entre lo que defiende Ibarretxe y lo que quieren ETA y Batasuna. Sin embargo, ahora le queda al lendakari gestionar esta reedición de Lizarra en una sociedad que votará mayoritariamente a los nacionalistas pero no es sociológicamente independentista. El documento que hoy aprobará el Parlamento de Vitoria es un punto de partida para una política que sólo se puede llevar a cabo de forma traumática, y no principalmente en las relaciones con el Estado, sino en la convivencia de vascos nacionalistas y vascos no nacionalistas. Ibarretxe habrá valorado y asumido que la primera consecuencia de esta etapa soberanista no será una crisis con el Estado, sino una crisis civil entre vascos.

Cinco años (ii)
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  12 Julio 2002

Cinco años se cumplen hoy del hallazgo de Miguel Angel Blanco en una cuneta con dos tiros en la nuca. Cinco años del estupor, la incredulidad, el escalofrío y, finalmente, la indignación que todos los españoles sintieron ante el asesinato de uno de los suyos, de una persona que había muerto por el hecho de ser español, militar en un partido español y haber sido elegido democráticamente por sus paisanos de Ermua para representarlos. Cinco años ya de la mayor movilización popular y espontánea de toda la historia de España: seis, siete millones de personas en la calle, en todos y cada uno de los pueblos de España, millones de jóvenes españoles que se echaban a la calle por primera vez en defensa de su nación y de su libertad. O de su libertad y su nación, porque ambas cosas pretendían destruir con el asesinato de Miguel Angel Blanco y ambas salieron ungidas, reforzadas, santificadas con la sangre del mártir. Nada ha sido igual después de aquel 12 de Julio.Nada podía serlo. Y sin embargo, los enemigos de España y de la libertad han actuado desde entonces más coherentemente que los políticos que representan a nuestras instituciones nacionales y que deberían defender -incluso con riesgo de su vida, como hizo Miguel Angel Blanco- nuestras libertades. Cinco años después hay que constatar que los malos han sido más consecuentes que los buenos, que los asesinos de Miguel Angel Blanco han encontrado más aliados de los que podían esperar y que las víctimas del terrorismo han seguido siendo ninguneadas, vejadas o ignoradas por una parte cualitativamente importante de la clase dirigente española, tanto personas como instituciones.

Cinco años después está claro, cegadoramente claro, que los nacionalistas vascos hasta entonces llamados «democráticos» y «moderados» han dejado de serlo o de intentar parecerlo. Que desde ese día, ante el despertar indignado de la nación española, decidieron unir su destino al de los asesinos. Y en ello siguen, en el Pacto de Estella para instaurar el Estado euskonazi y en la guerra institucional contra España y contra la libertad que hoy tendrá en el Parlamento Vasco su actualización más siniestra. Claro está también que todo nacionalismo antiespañol ha hecho causa común con el separatismo vasco, si bien de manera más cauta, porque también ellos vieron ese día de julio a la nación española herida pero entera, capaz de llorar y de hacer justicia. Y claro está también que la izquierda totalitaria y la izquierda corrompida están dispuestas a entregar España, a trocearla, a repartirse sus despojos con los asesinos de Miguel Angel Blanco antes que a apoyar el Gobierno legítimo de la nación, que es el de su partido.Cinco años después, Miguel Angel Blanco sigue muriendo. Y España, sin decidir.

Cuando la estupidez precede al crimen
Por JON JUARISTI ABC  12 Julio 2002

EN 1974, yo tenía veintitrés años y un título universitario casi inservible: una condena del TOP me impedía trabajar en la enseñanza pública y en buena parte de la privada. Por eso, acepté de buen grado un puesto de profesor en la ikastola de Sopelana.

Hoy, Sopelana es una de las ciudades satélites en que se desparrama el Gran Bilbao. Entonces era poco más que una aldea, con un barrio residencial para veraneantes, junto a la playa, y algunos bloques de viviendas baratas, construidos en la década anterior y habitados por familias de inmigrantes. Los lugareños llamaban a estos bloques Andalusía, quizá porque sus inquilinos eran originarios de Galicia y Extremadura. La cepa autóctona debía de haber practicado durante milenios una rigurosa endogamia, a juzgar por la proliferación de Ansoleagas y Saitúas en la guía telefónica local.

El arquitecto Lander Gallastegui Miñaur encabezaba el sector más activo de la junta que regía provisionalmente la ikastola, un centro asimismo provisional, pues no había obtenido aún el estatuto legal de cooperativa de enseñanza. Lander no pertenecía al cogollo de la sociedad sopelanense (o sopelatarra, como se diría en eusquera). De hecho, ni siquiera residía en el término municipal de Sopelana. Vivía con los suyos en una urbanización de chalecitos vernáculos, por él mismo diseñada, a las afueras de una pequeña población cercana, Berango. A nadie se le ocultaba, en el Bilbao de la época, que los proyectos urbanístico-arquitectónicos de Lander Gallastegui tenían un claro sesgo de regeneración abertzale. Hijo de Eli Gallastegui, Gudari, fundador y líder de Jagi-Jagi -un grupúsculo fundamentalista surgido de las Juventudes del PNV en el período republicano-, Lander rendía un homenaje interminable al ideario de su progenitor. Según Gudari, el más ortodoxo de los seguidores de Sabino Arana, los vascos conscientes de serlo deberían segregarse del contacto con los españoles y fundirse con la reserva racialmente pura de las aldeas y caserías, a la que aquéllos debían aportar fermento ideológico y dirección política. Este nacionalbolchevismo de Eli Gallastegui fue siempre apreciado por ETA, que todavía hoy considera a Gudari como su más legítimo precursor.

La urbanización de Lander respondía a un designio radicalmente aranista. Separarse de los españoles implicaba abandonar las ciudades maquetas. Tanto a Lander como a su mujer, Paule Sodupe, les oí invocar a menudo el modelo de los kibutzim israelíes. Era obvio que los microcaseríos mesocráticos de Berango poco tenían que ver con las granjas colectivas de los pioneros sionistas, aunque conozco algún asentamiento actual cerca de Hebrón que no desmerece de aquéllos, ni siquiera en la ideología de sus moradores. Desde luego, la urbanización abertzale mencionada no era una unidad productiva. Tampoco tenía ikastola propia. Lander decidió controlar la más próxima, y ésa resultó ser la de Sopelana. Fundada años atrás por un cura, Nikola Tellería (preso, a la sazón, en la cárcel concordataria de Zamora), llevaba varios años funcionando como parvulario, en condiciones de semiclandestinidad más o menos tolerada, según la coyuntura, en unos locales de la parroquia. Lander Gallastegui desembarcó en ella con grandes proyectos bajo el brazo. Aliado con un constructor local y con el director de la sucursal de una Caja de Ahorros, animó a los padres de los alumnos a suscribir créditos para la rehabilitación del edificio de una antigua quesería, a cosa de un kilómetro del pueblo. Allí estaba ya instalada la ikastola cuando yo llegué y allí debe de seguir todavía.

Los padres de los alumnos eran, en su mayor parte, nacionalistas de clase media y, por lo que puedo recordar, militantes o simpatizantes del PNV. Participaban también en la asamblea del centro algunos representantes de la juventud parroquial, que en años posteriores terminarían en el PNV o en Herri Batasuna, supongo. Un pequeño grupo de padres se movía en la órbita del PCE, entre ellos, un abogado laboralista, Antonio Giménez Pericás. Mi amistad con éste disgustó desde el primer momento a Lander Gallastegui y sus leales. Pero el verdadero conflicto surgió, apenas empezado el curso escolar, porque las andereños (maestras), que venían exigiendo desde tiempo atrás su afiliación a la Seguridad Social, reiteraron sus protestas. Desde luego, hice mía una reclamación tan básica. Ante la respuesta negativa de la junta, y siempre asesorados por Giménez Pericás, llevamos nuestra demanda a la Magistratura de Trabajo.

El contencioso se politizó de inmediato. Se nos acusó, como era de prever, de españolistas (mis compañeras de trabajo eran abertzales y creo que lo siguen siendo).

Fuimos despedidos y, con nosotros, se expulsó de la ikastola a un buen número de familias que habían juzgado razonable nuestra petición. Por supuesto, se expulsó a los hijos de Giménez Pericás (Antonio, después de haber ejercido durante muchos años como magistrado en la Audiencia de San Sebastián, es hoy uno de los puntales del Foro Ermua). No llegó a haber juicio: aceptamos el acuerdo económico que nos ofrecieron, porque, en los últimos meses del franquismo, no parecía correcto -después de todo, éramos antifranquistas- ensañarnos con una institución emanada del pueblo, esa indecente entelequia. El equipo docente que nos sucedió fue despedido en masa a finales del curso siguiente. Pero a la tercera va la vencida: el equipo siguiente resultó ser del gusto de Lander Gallastegui. Una de las profesoras fue detenida, al poco tiempo, por pertenencia a ETA.

Visto desde el presente, el caso de la ikastola de Sopelana se me aparece como una metáfora en miniatura de la historia reciente del País Vasco, con sus limpiezas étnicas e ideológicas. De los seis alumnos que tuve durante aquel curso, uno terminó en ETA. En la cárcel, Joseba se acogió a la vía de reinserción. No creo que su vida en Sopelana, desde entonces, haya sido muy agradable, pero quién sabe. Los hijos de Lander Gallastegui y Paule Sodupe estaban aún en los cursos de preescolar. Eran unos críos encantadores. Sus profesoras solían enseñarme los dibujos de alguno de ellos, que representaban siempre la misma escena: aviones con ikurriñas en la cola y en las alas bombardeaban barcos de la marina española.

Lander, un arquitecto de reconocido prestigio, realizaba la parte gráfica de la revista infantil Kili-kili, dirigida a alumnos de las ikastolas. Hace algunos meses, Kili-kili publicaba una carta transida de nostalgia: una carta de su antigua y fiel lectora Irantzu Gallastegui Sodupe, que había recibido un número de la revista en la prisión francesa donde se encontraba desde mediados de 1999. La revista animaba a sus lectores actuales a escribir a Irantzu y confortarla con palabras cariñosas en eusquera. Tras el juicio que decidió su extradición temporal a España, Lander, su padre, describía así la entrada de Irantzu en la sala: «Al ver a sus familiares y amigos, se le iluminó la cara con una inmensa sonrisa y abrió los brazos como queriendo abrazarles a todos». Hay mucho amor en estas dos líneas, no lo dudo: pocas familias tan unidas he conocido, pocos padres tan amantes de su prole como Lander Gallastegui y Paule Sodupe. Irantzu fue extraditada hace pocos días. Al llegar al aeropuerto de Madrid, con una sonrisa quizá no tan inmensa y conmovedora como la que dedicó a sus padres en el tribunal francés, declaró estar embarazada. El pasado dos de mayo, la policía detenía a Lexuri Gallastegui Sodupe, hermana de Irantzu y miembro liberado de un comando de ETA. Otro de los hermanos Gallastegui Sodupe, Orkatz, de diecinueve años, era detenido el mes pasado, acusado de participar en acciones de kale-borroka.

Ha pasado mucho tiempo desde el curso aquel de Sopelana. Veo por televisión las imágenes del bebé palestino disfrazado de mártir de al-Aqsa, y pienso en la equivalencia que Freud establecía entre lo demasiado familiar y entrañable (heimlich) y lo siniestro (das Unheimlich)

Del perdón
MIKEL BUESA/CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID El Correo  12 Julio 2002

No hace muchos días, con ocasión del juicio en el que se ha dirimido la culpabilidad de los asesinos de mi hermano Fernando Buesa, he sido preguntado acerca de la posibilidad de que esos criminales pudieran ser perdonados. Tengo que confesar que, para mí, se ha tratado de una cuestión sorprendente, aunque no parece que sea ésta la actitud de una buena parte de la sociedad vasca, sin duda influida por sus dirigentes políticos, en particular, los nacionalistas, y por algunas de sus elites. No ha sido así infrecuente que, en los diversos órganos de representación popular, se hayan planteado mociones de apoyo a los terroristas o que se haya debatido acerca de la aplicación en su favor de beneficios penitenciarios de los que, con todo merecimiento, estaban excluidos. Y, en un plano más doctrinal, se ha discutido acerca del perdón en tanto que elemento esencial de la reconciliación y la paz en el País Vasco.

Sorprende esta cuestión del perdón. Y lo hace porque la ofensa ha sido inmensa. Los crímenes cometidos por ETA lo han sido sin el menor asomo de compasión por las víctimas; han sido ejecutados conforme a planes detalladamente establecidos; y se han perpetrado sobre personas radicalmente inocentes a las que, para justificarlos, se ha despojado previamente de su condición humana, convirtiéndolos en «enemigos de la nación». No necesito referencias lejanas para sostener esto, pues lo he oído de la boca de quien mató a mi hermano: «Buesa era objetivo de la organización ETA, no por ser miembro del partido socialista, sino por su responsabilidad directa del conflicto vasco que existe en Euskal Herria, y el alargamiento que está suponiendo su política».

Sorprende también, porque entre los etarras no se aprecia el menor atisbo de arrepentimiento, de reconocimiento del mal cometido, de solicitud de indulgencia. Tal vez esto sea propio de la condición humana. Dostoievski, en sus Memorias de una casa de muertos , cuenta cómo entre la multitud de asesinos, violadores y ladrones que conoció en Siberia, jamás encontró a un hombre que admitiera haber obrado con maldad. El autoengaño parece ser en esto un requisito para que los delincuentes puedan vivir sin la carga moral de su delito. Y, por ese mismo motivo, su perdón ha de ser rechazado.

Y sorprende, en fin, porque las verdaderas víctimas del terrorismo, a quienes se ha arrebatado la vida, no pueden pronunciarse. Su voz ha sido acallada para siempre y jamás podremos saber si, en algún momento, hubiesen albergado un sentimiento de clemencia hacia sus ejecutores. Pero sí sabemos, en cambio, que, en algunos casos, y el de mi hermano es uno de ellos, sus convicciones morales los llevaron a rechazar explícitamente el perdón para los etarras. Fernando Buesa, en un debate que tuvo lugar en abril de 1999 en las Juntas Generales de Álava, dejó dicho: «Yo no puedo estar de acuerdo en que quien ha cometido un delito gravísimo de terrorismo, que ni siquiera ha pedido perdón a las víctimas a quienes ofendió, y que además cumple su condena de acuerdo con la ley, esté en la calle. Eso no es paz. La paz sin justicia no es paz. La justicia exige que los daños que se causaron se reparen, y exige sobre todo que las condenas se cumplan».

Sin embargo, a pesar de todas estas razones, la cuestión del perdón se plantea recurrentemente como si los criminales tuvieran derecho a él o, peor aún, como si otorgarlo fuera un requisito para que las víctimas pudieran expiar su propia culpa. En el pensamiento nacionalista, abonado en gran medida por la aportación doctrinal de la Iglesia vasca, tal como brillantemente ha estudiado Iñaki Ezkerra en ETA pro nobis , la violencia que ejerce la banda terrorista no es sino la consecuencia de una culpa colectiva. Según ella, nosotros, las víctimas, tenemos que perdonar porque también somos culpables. Se nos dice así que somos merecedores del castigo; que ETA se ha transmutado en dios para sancionarnos por no haber sido condescendientes con la salvación de la patria vasca, con su independencia, con su secesión de España. No reniego de ese dios y de esa patria porque jamás he creído en ellos. Pero sí me rebelo en su contra porque constituyen una perversión, porque son la encarnación del mal radical; y ese mal no puede ser perdonado.

Por todo ello, me pregunto si nosotros, los que hemos recibido la herencia de las víctimas y debemos preservar la memoria de la injusticia que se cometió sobre ellas, tenemos derecho a perdonar. Y me respondo que no. No debo perdonar porque ello sería como aceptar que los atentados contra personas inocentes, cuya finalidad no es sino la de causar temor entre la ciudadanía para doblegar su voluntad política, y que, por ello mismo, constituyen un ataque contra lo más esencial de la democracia, son susceptibles de ser disculpados. Admitiría por esa vía que la violencia puede ser un medio legítimo -o más bien legitimable por los hechos- para la acción política, y contribuiría así a destruir la libertad a partir de la cual se organiza nuestro sistema de convivencia. No puedo perdonar porque no existe acto humano que pueda hacer que se desvanezca la culpa de quienes, con finalidad política, han privado de la vida a otros, incluso aunque, por una generosa interpretación del principio de reinserción del delincuente, las leyes penales presupongan que ésta se da por el mero transcurrir del tiempo. No perdono porque ello equivaldría al olvido de las víctimas, de quienes han padecido la injusticia, de los que, con toda superioridad moral, podrían reivindicar su resentimiento contra los que les arrebataron su bien más preciado, su vida.

Abominable historia
CARLOS DÁVILA ABC  12 Julio 2002

Cuarenta y ocho horas después de su secuestro, Miguel Ángel Blanco, atado de pies y manos, arrodillado y con la cabeza gacha, fue asesinado por un tremendo tiro en la sien que le lanzó, cañón contra hueso, uno de los más fieros, crueles, abyectos criminales de la historia de ETA: Javier García Gaztelu, de alias «Txapote».

Hoy este sujeto repugnante se pudre en una cárcel francesa a la espera -esperemos- de que un día pueda ser enviado a España para ser juzgado aquí, para que aquí pase toda su vida en prisión.

Todo eso no devolverá la vida al mártir Miguel Ángel Blanco, pero sí enseñará a sus conmilitones de la banda que aún están en libertad, que el criminal nunca gana, que su destino es la celda.

En Ermua nació un espíritu, pero tras Ermua nació también la respuesta nacionalista a España. Los propios peneuvistas han explicado que después de aquel movimiento cívico a favor de la auténtica paz, los militantes más ejecutivos se reunieron apresuradamente en sus batzokis, que presos de una histeria imprevista, chillaron: «Vienen a por nosotros», y que el producto de aquella exaltación fue la decisión de reconstituir la resistencia, de recomponer la unidad de abertzalismo, de impedir que los agredidos en la persona de Miguel Ángel Blanco, se hicieran con el control del país.

Sin Ermua ni se explica Estella, ni se explica el Pleno del Parlamento Vasco que hoy mismo dará un paso casi definitivo en la secesión.

El Partido Nacionalista Vasco escribió su guión e Ibarreche, el jefe hoy del proyecto independentista, lo está cumpliendo irreprochablemente.

En esta misma mañana del 12 de julio del 2002, cinco años después del sacrificio de Miguel Ángel Blanco, el Partido Nacionalista Vasco, gracias a a la abstención activa de Batasuna, violará sin pestañear el espíritu de unidad, de combate contra el terror, que estalló tras aquel horrendo crimen.

Hay que repasar -y se repasarán- las palabras solemnes e inequívocamente acusadoras del lendakari de entonces, José Antonio Ardanza, hay que remirar, con pasmo, las fotos de Anasagasti o Atucha abrazado a los buenos de siempre. Hoy, cinco años después, éstos y el PNV oficial, se abrazan con los malos. Ésta es la abominable historia.

Aquellos días de julio
EDITORIAL El Correo  12 Julio 2002

Hace hoy cinco años Miguel Ángel Blanco fue asesinado por ETA. Tras secuestrar al joven concejal del Partido Popular en Ermua, sus asesinos le sometieron a un calvario de dos días, para a continuación descargar sobre él todo el fanático sadismo que pueda engendrar el ser humano. Durante los dos días que duró su secuestro, un nudo enmudeció la garganta de millones de personas. En sus mentes, la esperanza de que Miguel Ángel recobrara la libertad pugnaba con los peores augurios que despierta siempre la crueldad terrorista. Fueron cuarenta y ocho horas en las que el pálpito de la ciudadanía trataba de fundirse con el horror que debía estar padeciendo el cautivo. Pero la tragedia representada por los actores de la barbarie tenía una finalidad precisa: obligar a la sociedad a permanecer como espectadora impotente ante los macabros designios del terror. Nunca los ciudadanos vascos han expresado una compasión y dolor tan sinceros por una víctima de la violencia de ETA. Nunca como en aquellos terribles días de julio de 1997 la movilización popular contra la barbarie había llegado hasta el último rincón de la geografía española.

La noticia de que el cuerpo de Miguel Ángel Blanco fue hallado sin vida en un camino rural de Guipúzcoa confirmó los temores que habían permanecido silenciados para no perturbar aquella pequeña llama de esperanza que cabía albergar de que los asesinos de ETA recapacitaran y no ejecutaran su abominable plan. Tampoco esa vez quisieron escuchar los terroristas el grito unánime de una sociedad dispuesta a implorar piedad a los asesinos. La muerte de Miguel Ángel Blanco convirtió las calles de Euskadi y de toda España en un multitudinario clamor de indignación y condena sin paliativos de aquel asesinato y de ETA como trama totalitaria. Las movilizaciones adquirieron el carácter de una auténtica sublevación popular, masiva y espontánea, contra la sanguinaria tiranía etarra. Pero, como había ocurrido anteriormente con centenares de crímenes terroristas, a medio plazo el asesinato de Miguel Ángel Blanco indujo entre los sectores más afines a ETA y en buena parte del nacionalismo un efecto de anestesia; como si la brutalidad del secuestro y ejecución del jovial concejal de Ermua contribuyera no a condenar a ETA al absoluto ostracismo dentro de la familia abertzale, sino al fomento de la incertidumbre como el espacio natural de realización de las aspiraciones nacionalistas.

El abismo moral que durante años se había ido generando entre víctimas y verdugos alcanzó su máxima expresión con el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Él no fue la primera víctima del sistemático programa de exterminio ideado por ETA contra los no nacionalistas. Pero, desgraciadamente, tampoco fue el último. Su sacrificio no provocó una reacción ciudadana, política e institucional capaz de acabar de una vez por todas con ETA. Y no lo hizo, en buena medida, porque el nacionalismo sintió que el maremoto causado en un primer momento por tan horrible crimen podía echar abajo el dique de separación tras el que los abertzales intentaban preservar su particular visión del futuro del País Vasco. Así, el abismo moral entre víctimas y verdugos terminó trasladándose a una desigual vivencia de la amenaza terrorista y de sus atentados mortales, que acabaría separando a aquellos que con razón se sentían objetivo directo de la limpieza ideológica emprendida por ETA de quienes de forma siempre tardía y renuente fueron adoptando posiciones de una solidaridad excesivamente medida respecto a las víctimas del terror.

Las diferencias ideológicas y políticas entre nacionalistas y no nacionalistas desvelaron, también, la existencia de un foso de separación de orden moral entre ambos mundos como uno de los efectos más demoledores de la persistente incidencia del terror en la convivencia colectiva y en la conciencia individual de los ciudadanos vascos. Entre las tardes del 10 y del 12 de julio de 1997, la sociedad vasca se sintió unida y se unió, a su vez, con el resto de la sociedad española para exigir a ETA la liberación de Miguel Ángel Blanco. Tras tener noticias de su asesinato, la unidad se convirtió en la condena unánime del terror hasta el punto de que no fueron pocos quienes vieron en aquel movimiento el propio final de ETA. Entonces nadie hubiera imaginado que cinco años después la sociedad y la política vascas seguirían estando a merced del terrorismo. El recuerdo de aquellos momentos constituye el espejo más severo en el que pueden reflejarse tanto las torpezas políticas como la podredumbre moral que aún hoy atenazan a los vascos y lastran su futuro.

Cinco años después...
EDITORIAL Libertad Digital  12 Julio 2002

De los más de mil asesinatos que Eta ha perpetrado a lo largo de su existencia, el de Miguel Ángel Blanco, el 12 de julio de 1997, quedará en la memoria de todos los españoles como el más cobarde, vil y repugnante de todos. España entera se echó espontáneamente a la calle, sin necesidad de ninguna convocatoria previa, para expresar el horror, la ira y la náusea que le provocan la absoluta deshumanización de los asesinos y la ideología y objetivos por los que justifican sus asesinatos. Ideología y objetivos que PNV y EA compartían y comparten hoy más que nunca.

La muerte de Miguel Ángel Blanco marcó un antes y un después en la lucha contra Eta. Fue entonces cuando la inmensa mayoría de los españoles tomaron plena conciencia de que con Eta y sus asociados no podía haber negociación posible, y sólo cabía la solución policial, con la ley en la mano. Los nacionalistas –“moderados” y “radicales”– anduvieron algún tiempo refugiados en sus cuarteles de invierno, sobre todo el PNV, que veía peligrar su cosecha de nueces ante la renacida unidad de los españoles frente al terrorismo y, de paso, también frente al nacionalismo, de cuya ideología –además del marxismo-leninismo más rancio, factor que anima a Madrazo y Llamazares a aceptar las migajas empapadas de sangre de los nacionalistas– se nutren Eta-Batasuna. Por ello, cuando los terroristas plantearon su tregua-trampa y el pacto de Estella un año después –agobiados por la presión policial y con todo el país en contra–, los nacionalistas “moderados” (PNV y EA) se apresuraron a acudir en auxilio de sus aliados estratégicos por el bien de la “causa”. Y esa alianza explícita no sólo se ha mantenido –aun a pesar de la ruptura de la tregua– sino que se ha afianzado aún más cuando la sociedad española, a través de los partidos políticos y de las instituciones democráticas, ha estrechado el cerco contra Eta-Batasuna a través del Pacto contra el terrorismo, la nueva Ley de partidos y la persecución judicial y financiera de los batasunos.

Las mentes más lúcidas ya advirtieron a Suárez en la Transición que la estrategia de Eta-Batasuna era la secesión al contado, mientras que la del PNV era la secesión a plazos, y que constituía un grave error intentar atraer a los nacionalistas “moderados” hacia la senda democrática y constitucional con concesiones a su victimismo, las cuales no harían sino alentar los crímenes de Eta. La diferencia siempre fue de forma, pero no de fondo: ambos estaban –y están– de acuerdo en la constitución de un estado totalitario. El carácter aranista o marxista-leninista se decidiría después, quizá en una sangrienta guerra civil, tal y como sucedió –salvando las enormes distancias que los nacionalistas se niegan a ver– con la independencia de Irlanda.

Transcurridos veinticinco años, Arzalluz e Ibarretxe han decidido dar por cumplidos esos plazos. Y han elegido precisamente el quinto aniversario del vil asesinato a sangre fría de Miguel Ángel Blanco para consumar su desplante al estado de derecho y hacer ostentación de su absoluta indiferencia –cuando no desprecio– hacia las víctimas de Eta-Batasuna. Sabedores de que se avecina el final del usufructo del terror y del asesinato, conscientes de la escasísima distancia en votos –de los que habría que descontar los del miedo y los de la prebenda– con los constitucionalistas, y convencidos de que su fachada de moderación y sus promesas de firmeza frente a los terroristas ya no consiguen engañar a nadie, PNV y EA han decidido quitarse la careta y abrazarse con sus aliados de siempre, a quienes deben la práctica totalidad de su influencia política.

Afortunadamente, el nuevo Gobierno del PP, haciéndose eco del sentir de la inmensa mayoría de los españoles, parece tener las ideas bastante claras al respecto. Mariano Rajoy, Javier Arenas, Ángel Acebes y el presidente Aznar ya han anunciado que responderán al órdago nacionalista con la ley y la Constitución en la mano. Hay que esperar y desear que así sea, aunque “sólo” sea para que la muerte de Miguel Ángel Blanco y las de los otros mil asesinados no haya sido en vano.

El ultimátum del 12 de julio
ANTONIO BASAGOITI/PORTAVOZ DEL PP EN EL AYUNTAMIENTO DE BILBAO El Correo  12 Julio 2002

Hoy es una fecha señalada en el calendario del País Vasco. Tal día como hoy, en la tarde de un 12 de julio, murió asesinado mi compañero Miguel Ángel Blanco tras un ultimátum de la banda terrorista ETA, y hoy también es el día en el que el nacionalismo hace oficial en el Parlamento de Vitoria su ultimátum institucional. Lógicamente, los dos hechos son asuntos distintos, pero si analizamos lo que significan y sus consecuencias, podemos encontrarnos curiosamente con mayores coincidencias que las de la propia fecha.

La organización terrorista que pretende la independencia de Euskalherria decidió en julio de 1997 intentar chantajear al Gobierno de España amenazando con matar a un concejal; los partidos nacionalistas que defienden la autodeterminación de nuestra tierra pretenden también hacer chantaje al Gobierno, esta vez desafiando las competencias estatutarias. Los asesinos dieron un plazo de dos días para ejecutar sus amenazas; el tripartito ha dado dos meses para cumplir sus advertencias.

ETA sabía perfectamente entonces, como sabe ahora el Gobierno vasco, que el periodo establecido para dar cumplimiento a sus exigencias, en el caso de que así se decidiera, era imposible. Los terroristas tenían la certeza de que era imposible que en ese plazo se pudiesen trasladar todos los presos de ETA a las cárceles del País Vasco como exigían, como también tienen la certeza ahora los partidos del Ejecutivo autónomo de que es imposible en dos meses negociar y acordar los términos de los traspasos pendientes, como exigen.

La conclusión principal es que ni entonces ni ahora importaba mucho el contenido sobre el que soportaban sus amenazas. Para ETA, lo importante no era el reagrupamiento de los presos que manifestaba en su imposible ultimátum, al igual que para PNV, EA e IU, lo fundamental de su ultimátum no son las siete transferencias pendientes. Lo que realmente pretenden ambos es alcanzar la independencia a toda costa, unos amenazando y matando, otros excluyendo y mintiendo. Los métodos son distintos; los objetivos, los mismos.

Los terroristas acabaron con los 29 años de vida de un representante elegido por los vecinos de Ermua; los nacionalistas lo que realmente quieren es acabar con los 23 años de historia del Estatuto de Gernika, refrendado por la inmensa mayoría de los vascos. Unos atacaron un pilar fundamental del sistema democrático; otros pretenden atacar los marcos de convivencia de nuestra sociedad. Ambos vuelven a coincidir en los fines.

El 12 de julio es la fecha de las coincidencias, es el día en el que mataron a Miguel Ángel Blanco y será también el día en el que en el Parlamento vasco den cumplimiento a la idea de que «el Estatuto está muerto». Casualmente pretenden renacer Lizarra el mismo día en el que nació Ermua. No se puede olvidar que Estella lo crearon para intentar acabar con el espíritu y la rebelión surgida en la ciudadanía tras el terrible asesinato de Miguel Ángel. Es sintomático que ahora, cinco años después, aún sigan necesitando tapar su memoria y hacer olvidar la reacción unitaria que despertó al pueblo vasco contra el miedo y contra el terrorismo.

Estella sale del congelador
Carlos María de Urquijo Libertad DigitaL  12 Julio 2002

El 12 de Julio, aniversario por cierto del vil asesinato de Miguel Ángel Blanco, marcará sin duda un hito en la historia del Parlamento Vasco. Ese día los nacionalistas, cada vez menos democráticos, aprobarán con el concurso de Batasuna un dictamen cuyo objetivo final no es otro que el de la independencia. Con este acuerdo, los nacionalistas hacen tabla rasa de veintitrés años de autogobierno que, de la mano del Estatuto de Gernika, han permitido a esta Comunidad alcanzar un nivel de autonomía jamás conocido en la historia que ahora manipulan burdamente para justificar sus desvaríos.

Recuerdo haber leído, tras la ruptura de la tregua a comienzos del año 2000, declaraciones de un conspicuo nacionalista afirmando que el pacto de Estella seguía siendo un método válido para “resolver el conflicto”, sólo que la irrupción de ETA lo colocaba en el congelador. Parece que, pese a estar igual o peor que hace dos años, los cocineros de aquel plato han creído oportuno meterlo al microondas y servirlo de nuevo a la sociedad vasca. Pero no cuela, ahora todavía les ha salido con peor gusto. Si en el 98 disimularon su mal sabor aderezándolo con una tregua, ahora nos lo sirven “al aroma de amosal” y claro, así no hay quien se lo coma, o mejor dicho así solo es digerible para aquellos a los que nunca les ha tocado ese sabor y todavía no se han cansado, pero para los que llevamos tantos años repitiendo ese rancho, se nos hace incomestible.

Pero como dijo Arzallus hace unas semanas, ha llegado el momento de moverse por la independencia y no es cuestión de andarse con zarandajas. Si hay que entenderse con Batasuna pues se entiende uno y ya está. Da igual que algunos queden en evidencia, porque ya nos dirá Ibarretxe, que tanto interpela a Batasuna después de cada atentado etarra y que tantas veces ha repetido aquello de “no utilizar los votos de Batasuna ni para gobernar ni para hacer oposición”, cómo se explica el acuerdo con aquellos, sin faltar a su palabra. Con este acuerdo, Ibarretxe no sólo desafía al conjunto de la sociedad española sino que fundamentalmente traslada la fractura y la confrontación al seno de la sociedad vasca. Una sociedad vasca que no anhela la independencia, una sociedad que, en todo caso, divide por mitad a los partidarios de la autodeterminación de aquellos que nos encontramos a gusto con la autonomía dentro de la nación española.

Pero el pecado de Ibarretxe va más lejos aún. Su alianza con Batasuna se produce cuando los representantes de esa mitad no nacionalista ven aún su libertad recortada y su vida amenazada. Se produce cuando ni tan siquiera han pactado una nueva tregua de la banda terrorista. Se produce en definitiva cuando el nacionalismo decide resolver su particular encrucijada optando por claudicar a las demandas de ETA reeditando el pacto de Estella.

Así, mientras otros hemos dado y lo seguiremos haciendo, la batalla por la democracia, otros, sin hacerse siquiera un rasguño en esa pelea eligen la opción más cómoda. Y es que, en realidad, qué fácil es rendirse ante quien ejerce la violencia cuando los objetivos de quienes la practican coinciden con los propios. Poco importa que con ello se traicione a las víctimas del terrorismo y se deje, una vez más, a los no nacionalistas a los pies de los caballos.

Dudo mucho que el Lehendakari y su partido se hayan parado a pensar el coste que este capricho suyo va a tener para la sociedad vasca. Quiero creer que si lo hubieran hecho no estaríamos debatiendo sobre esta cuestión. Este órdago sirve para cualquier cosa menos para traer la paz y el sosiego a esta sociedad nuestra tan maltratada. Pero es que incluso planteándolo desde un punto de vista, no ya moral, sino puramente económico, en ese ámbito tras el que el Lehendakari acostumbra a maquillar nuestro drama ¿Creen acaso los nacionalistas que plantear la autodeterminación de la mano de ETA va a hacer más atractiva nuestra industria en el resto de España o en Europa?

Quiero terminar diciendo que los demócratas de verdad, no los de boquilla, tenemos la obligación de responder a esta última provocación con inteligencia y cabeza fría. Quienes hoy apuestan por la ruptura deben saber que, desde la serenidad pero desde la más absoluta firmeza, el Estado de Derecho sabrá responder al desafío. Allá los nacionalistas con sus hipotecas y con sus plazos, la democracia española no es deudora de ETA. Si algo deseamos los vascos y todos los españoles es preservar nuestras libertades y perfeccionar cada día nuestro Estado de Derecho. El único obstáculo para conseguirlo es, precisamente, la persistencia de una banda terrorista y su siniestra capacidad para dominar algunas voluntades.

Carlos Mª de Urquijo Valdivielso es Parlamentario del Grupo Popular Vasco y concejal en Llodio

Aznar dará respuesta a Ibarretxe
Pablo Sebastián La Estrella  12 Julio 2002

Hoy se cumplen cinco años del brutal asesinato de Miguel Ángel Blanco, concejal del PP en Ermua, a manos del presunto dirigente de ETA Javier García Gaztelu, alias "Txapote". Miguel Ángel Blanco, un político limpio, un hombre joven, bueno e inocente, que dos días antes de su cruel ejecución a manos de ETA había sido secuestrado por la banda terrorista y estaba escondido y atado como un pobre animal.

La brutal ejecución, anunciada y a sangre fría, provocó una rebelión ciudadana contra la banda y su entorno por parte de toda la sociedad española y de una gran mayoría de la sociedad vasca (nacionalistas incluidos). Y de ahí nació una gigantesca movilización social contra ETA y su entorno y, en consecuencia, la seria inquietud en el mundo nacionalista que luego provocó la tregua de ETA y el posterior Pacto de Estella. Y más adelante, un abierto enfrentamiento en el seno de la sociedad del País Vasco y entre los gobiernos de Madrid y Vitoria una vez que se quebró la tregua sin que PNV y EA rompieran el Pacto de Estella al primer disparo de ETA.

Tensa situación que fue utilizada como primer argumento político por parte de las fuerzas españolistas vascas, PP y PSOE, para articular en torno al llamado Pacto Antiterrorista un frente electoral en las elecciones autonómicas del 2001. Frente que no alcanzó sus objetivos de victoria aunque dejó en minoría al Gobierno del PNV, con el apoyo de EA e IU. Un Ejecutivo que luego sufrió la presión política del Gobierno de Madrid en la renovación tanto del concierto vasco como en el debate de los presupuestos de la autonomía.

Y un Gobierno vasco que ahora intenta un nuevo pacto parlamentario con Batasuna en pos de asumir nuevas competencias del Estatuto y de abrir un camino para superar el marco legal vigente (Ibarretxe declaró ayer que ya han asumido más competencias de las que les han sido transferidas) en el ámbito de la autonomía y de la Constitución. Lo que recibió la reprobación del PSOE (y de la dirección nacional de IU) y la advertencia del Gobierno de Aznar de que podría anunciar el próximo lunes durante el debate sobre el estado de la nación la puesta en marcha de una serie de iniciativas políticas y judiciales contra Batasuna y contra el propio Gobierno de Vitoria si las cosas siguen como van.

La deriva de esta crisis política e institucional comenzó con la rebelión popular por causa del brutal asesinato de Miguel Ángel Blanco, que nunca debemos ni podremos olvidar, al igual que otros muchos como los que ayer homenajeó el Senado en recuerdo de las víctimas del terror. Pero la crisis política ha seguido y ha empeorado hasta la encrucijada actual de enfrentamiento total, sin la menor flexibilidad por ninguna de las partes pero con el agravante de la ruptura del marco legal, ampliado en la reciente y en vigor Ley de Partidos en lo que a Batasuna le concierne.

Y con este horizonte nos encaminamos hacia el debate sobre el estado de la nación, en el que el Gobierno del PP, renovado oportunamente por Aznar y aliviado por los últimos buenos datos de la economía (paro e IPC), pondrá el tema vasco y sus consecuencias constitucionales y legales como tema principal del estado de la nación, lo que, sin lugar a dudas, desactivará el discurso crítico de la oposición.

Una oposición desde donde Zapatero pretendía reestrenar su liderazgo y alternativa, y donde la cuestión vasca (que soterradamente divide hoy al PNV) podría acabar dividiendo al PSOE, como queda en evidencia en las últimas declaraciones de Pasqual Maragall. O en la reciente crisis de los socialistas vascos cerrada en falso, como se ve en la disparidad que representan Rojo, Elorza y López en las provincias vascas y los órganos del partido vasco y nacional.

El desafío de Ibarretxe al marco estatutario va a tener una pronta respuesta desde el Gobierno de Aznar. Javier Arenas ya lo anunció durante la toma de posesión de su nuevo cargo de ministro de Administraciones Públicas, pero la respuesta definitiva la dará el lunes Aznar.

Ibarreche da 48.000 euros a miembros de HB para que enseñen vasco en casa
El programa «Egonaldiak Familia Euskaldunetan» se desarrolla en la vivienda de las familias y se considera una vía indirecta y camuflada de financiación batasuna
El Gobierno vasco ha concedido 48.000 euros, unos ocho millones de pesetas, para 52 familias entre las que hay numerosos candidatos de HB-EH y miembros de Gestoras, para que enseñen euskera en sus casas durante el verano. El programa «Egonaldiak familia euskaldunetan», financiado por el Ejecutivo de Ibarreche, se considera una de las vías indirectas y camufladas de HB para conseguir dinero del Gobierno vasco.
M. R. Iglesias - Madrid.- La Razón  12 Julio 2002

El único requisito que marca el Ejecutivo de Ibarreche para poder participar en el programa puesto en marcha por el Gobierno vasco es que las familias estén formadas como mínimo por cuatro miembros, y que tengan un alto nivel de euskera. Una vez demostradas estas características, los participantes, entre los que también hay familias que no tienen nada que ver con los batasunos, abren las puertas de su casa durante los meses de verano a los alumnos seleccionados por HABE, el organismo vasco que se encarga del euskera.

Para este verano el tripartito vasco ha destinado 48.080,97 euros, casi el doble de los 4,3 millones que destinó el verano pasado. A través de una resolución de HABE, organismo que dirige Jokin Azkue, el departamento de Cultura aprobó el pasado 16 de mayo la participación en este programa de 52 de las 53 familias que habían presentado solicitud. Entre ellas hay numerosos miembros destacados del entorno de HB, la mayor parte de los cuales consiguen dinero por esta vía desde hace varios años.

El programa «Egonaldiak familia euskaldunetan» fue puesto en marcha por el Gobierno Vasco en 1986 con la intención de facilitar la práctica del idioma vasco a los jóvenes que estaban estudiando euskera, ya que el Ejecutivo autonómico era consciente entonces de que «las personas inmersas en un proceso de euskaldunización no encuentran un ambiente adecuado», hay que tener en cuenta que en aquel año apenas se hablaba euskera en el País Vasco.

Desde entonces el programa se mantiene año tras año, pero ha ido variando en el contenido, ya que en la actualidad los euskaldunes pueden desarrollar su idioma en la sociedad con normalidad. Si hace 16 años los protagonistas del programa eran los alumnos, ahora lo son las familias, la mayor parte vinculadas a HB y que usan este camino para conseguir dinero de Ibarreche.

Cada alumno aporta 210,35 euros por un mes de estancia o 420,71 si va a permanecer dos. El dinero total que recibirá la familia será de 985 euros por cada alumno que permanezca durante los dos meses en su casa. Esta cantidades están subvencionadas por el Ejecutivo de Ibarreche a través de ayudas a las familias o a los alumnos. En la lista de beneficiarios publicada en el Boletín del País Vasco, hay batasunos que fueron candidatos por HB o EH a diferentes ayuntamientos vascos, así como integrantes de Gestoras.

Aznar usará todas las vías ante el PNV, incluso el artículo 155
C. M. - Madrid.- La Razón  12 Julio 2002

El presidente del Gobierno, José María Aznar, está decidido a responder con toda la firmeza a cualquier decisión que adopte el Parlamento vasco que vaya en contra del Estado de Derecho. La cámara autonómica aprobará hoy el dictamen sobre autogobierno en el que se pide al Ejecutivo vasco que asuma unilateralmente 37 competencias.
Esa respuesta se determinará en función de la estrategia que adopten los nacionalistas para poner en marcha su ultimátum, no descartándose ninguna vía legal. La más sencilla sería el recurso de inconstitucionalidad pero en la mesa se dejan todas las opciones previstas en la Constitución, incluso, en el caso más extremo y de no haber otra opción, el artículo 155 de la Carta Magna que establece los mecanismos a seguir cuando una comunidad «no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan».

Ibarreche: es imparable
El «lendakari», Juan José Ibarreche, hizo ayer oídos sordos a la oferta de diálogo institucional hecha por el ministro de Administraciones Públicas, Javier Arenas. La asunción de las competencias que se solicitan, dijo, es «imparable», informa Ep.
«Lo que realmente preocupa en Madrid, además del terrorismo, son las ideas del nacionalismo democrático», insistió, antes de calificar de «despropósito» e «insulto a los vascos» las palabras dicha por Arenas en su toma de posesión. Abogó además por huir del «nerviosismo» creado en torno al debate sobre autogobierno suscitado en el Parlamento vasco y manifestó que, en el fondo, el Ejecutivo autónomo lo que está solicitando desde las distintas instituciones es que «se cumpla una ley aprobada hace 24 años».

«Lealtad institucional»
Arenas, por su parte, volvió ayer a demandar al «lendakari» lealtad hacia las instituciones democráticas, y alertó sobre la posibilidad de que «los acuerdos que puedan adoptar» supongan un «desafío para el Estado de Derecho». De darse el caso, el Gobierno responderá, insistió el ministro y secretario general del PP, con «mucha firmeza, mucha serenidad y el escrupuloso respeto a la ley».

Además de esa «lealtad institucional», advirtió también a Ibarreche de que la prioridad en estos momentos es que «pongamos» en marcha, «cuando sea oportuno jurídicamente», la Ley de Partidos Políticos que permitirá la deslegalización de Batasuna.
Por último, el presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, señaló que «Ibarreche y su gabinete van a tener problemas con la Justicia si no respetan la Constitución y el Estatuto». Sobre la posibilidad de la suspensión de la autonomía, aclaró: «Está contemplado en la Constitución, pero sería el último recurso. Quiero pensar que sea el más improbable».

Ibarretxe convoca un concurso para crear una Seguridad Social vasca
El Gobierno vasco pagará 100.000 euros por un estudio «urgente» destinado a «definir un Modelo de Previsión Social para Euskadi»
CARLOS SEGOVIA El Mundo  12 Julio 2002

MADRID.- El Gobierno vasco que preside el lehendakari Juan José Ibarretxe ha convocado un concurso público para crear un sistema propio de Seguridad Social, incluida la asignación de pensiones.El concurso fue convocado con carácter de «urgencia» el pasado 19 de junio -aunque pasó inadvertido- y está destinado a encargar a consultoras privadas un informe sobre las condiciones en que se puede crear el sistema vasco.

En teoría, es legítimo encargar un estudio para preparar una competencia que se pretende asumir, pero fuentes del Partido Popular sospechan que con esta maniobra se pretende demostrar que el Ejecutivo autónomo no sólo puede garantizar las prestaciones de la Seguridad Social para los vascos, sino que incluso puede subir las pensiones.

La iniciativa constituye uno de los primeros pulsos concretos al recién nombrado ministro de Administraciones Públicas y secretario general del PP, Javier Arenas.

El Parlamento vasco dará hoy un ultimátum al Gobierno central de modo que si en dos meses no ha transferido las 37 competencias que reclama, sobre todo la Seguridad Social, las asumirá de forma unilateral.

Pero, ya con anterioridad, el Departamento de Justicia, Empleo y Seguridad social del Gobierno vasco convocó el pasado 19 de junio «con carácter urgente» este concurso para adjudicar a una consultora «la realización de un Estudio sobre la situación y perspectivas de la Seguridad Social en la Comunidad Autónoma de Euskadi».

Procedimiento urgente
La convocatoria fue publicada aquel día en el Boletín Oficial del País Vasco por el Departamento de Justicia, Empleo y de Seguridad Social y ocho días después se cerró la presentación de candidaturas.Según las reglas de los concursos por procedimiento urgente, el Departamento debe decidir en un plazo máximo de mes y medio el ganador. Por tanto, tendría tiempo para cumplir el plazo del 31 de octubre fijado para la entrega del informe.

El Departamento justifica la convocatoria, según las bases técnicas, por el envejecimiento de la población y la necesidad «de estar en condiciones de instrumentar, antes de que sea demasiado tarde, los mecanismos públicos y sociales necesarios».

El estudio debe permitir «un diagnóstico correcto y un análisis de las perspectivas más plausibles de la problemática asociada a la garantía de las pensiones de la población vasca». «La clarificación del marco o escenario de actuación que se pretende abordar, constituye una pieza indispensable para el correcto diseño de una política de previsión social propia y reflexionada, objetivo del Departamento de Justicia, Empleo y Seguridad Social».

Y se agrega en estas bases técnicas que «ahondar en el comportamiento futuro de la Seguridad Social en la Comunidad Autónoma de Euskadi resulta, por tanto, ineludible de cara al propósito de definir un Modelo de Previsión Social para Euskadi y de cara a valorar las repercusiones económicas y sociales del traspaso de competencias».

En su toma de posesión, Arenas firmó que «el desafío del terrorismo se está trasladando en estos momentos a las instituciones del País Vasco y desde este Departamento se va a responder siempre, con mucha serenidad y a la vez con mucha firmeza, con la Constitución en la mano y exigiendo un escrupuloso cumplimiento de nuestras leyes».

El Gobierno vasco solicita desde hace años el traspaso de la gestión del reconocimiento y pago de prestaciones así como la recaudación de las cuotas, afiliación, inscripción, altas y bajas y el control y tutela de las Entidades Colaboradoras.

«Para ciudadanos ricos»
Pero, según ha defendido reiteradamente el secretario de Estado de Organización Territorial del Ministerio de Administraciones Públicas, Gabriel Elorriaga, «se trata de materias ligadas al régimen económico de la Seguridad Social que es competencia exclusiva del Estado».

Según ha sostenido este Ministerio, «un traspaso en esta materia supondría la ruptura del sistema de pensiones, beneficiando sólo a los ciudadanos residentes en los territorios más ricos». Las comunidades con más capacidad de gasto público podrían ofrecer mejores prestaciones sociales a sus habitantes.

Según los datos que ofrece el Ministerio, las más capacitadas son, precisamente, las comunidades forales del País Vasco y Navarra.

La igualdad de los españoles
El Ministerio de Administraciones Públicas ha fundamentado su rechazo a ceder competencias en Seguridad Social en la Constitución y en diversas sentencias del Tribunal Constitucional.

«El Tribunal sostiene que estas competencias sólo podrían ser asumidas por las comunidades autónomas si no se pone en peligro el principio de igualdad de todos los españoles y, ni la unidad del sistema de la Seguridad Social, ni el principio de caja única», según un informe del Ministerio.

La primera de ellas se produjo el 20 de abril de 1983 y el Tribunal declaró a la Generalitat de Cataluña incompetente para fijar normas del régimen económico de la Seguridad Social.

El 7 de julio de 1989, el Constitucional reiteró la incompetencia de la Generalitat en este ámbito y subrayó que lo marcado en un estatuto de autonomía no es suficiente, si no se tiene en cuenta la Constitución.

La Carta Magna establece en su artículo 149 que «la legislación básica y régimen económico de la Seguridad Social son competencia exclusiva del Estado sin perjuicio de la ejecución de sus servicios por las comunidades autónomas».

Bárbara Durkhop compara el «nacionalismo pervertido de ETA y sus cómplices» con el nazismo
La Cámara Alta homenajea a los tres senadores asesinados en sus 25 años de historia
R. GORRIARÁN/COLPISA. MADRID El Correo  12 Julio 2002

La sesión conmemorativa del XXV aniversario del Senado de la democracia se convirtió ayer en un homenaje a las víctimas de ETA y en una reivindicación del espíritu constitucional y su prevalencia frente a la violencia terrorista.

La eurodiputada socialista Bárbara Durkhop, viuda del senador Enrique Casas, protagonizó el momento más emotivo, al pronunciar un discurso en representación de los familiares de los tres miembros de la Cámara Alta asesinados en estos veinticinco años: Manuel Broseta, Manuel Giménez Abad y el propio Enrique Casas.

Durkhop afirmó que las «ideas totalitarias» que defienden tanto ETA como Batasuna son «hijas de un nacionalismo exacerbado, mal entendido y pervertido» que en Alemania, «mi tierra natal», condujo «a millones de judíos al exterminio». «No es verdad» subrayó, que en democracia se puedan defender todas las ideas, porque las «xenófobas, fascistas, excluyentes y racistas no tienen cabida».

La viuda de Enrique Casas reclamó «tolerancia cero» con los violentos y enfatizó que, frente al terror, «no caben posturas tibias, no hay más que el sí o el no a la violencia». En otro momento de su intervención, reclamó a los nacionalistas que cesen en sus demandas soberanistas mientras persista el terrorismo de ETA porque, dijo, es necesario dejar «en suspenso cualquier otra aspiración política». «La prioridad», agregó, «debe ser la derrota de los violentos».

En este sentido, instó también a la unidad de los demócratas en la lucha antiterrorista porque «el rechazo y la condena de la violencia debe estar por encima de cualquier ideología partidista».

Dramas humanos
El discurso, en cualquier caso, no fue sólo de corte político. Barbara Durkhop retrató con enorme sensibilidad los centenares de dramas humanos desencadenados por el terrorismo. Así, recordó a todas las víctimas de ETA «sin olvidar a ninguna, a ningún policía nacional, ningún guardia civil, ningún ciudadano asesinado por ETA porque cada individuo es uno e irrepetible y detrás de cada uno había proyectos de futuro, de seres queridos con quienes compartirlos».

La viuda de Casas fue ovacionada durante varios minutos por los asistentes, entre los que se encontraban José María Aznar y los cinco presidentes que ha tenido la Cámara Alta desde 1977. La emoción se apoderó del antiguo salón de plenos y a Esperanza Aguirre se le quebró la voz al iniciar su discurso.

MARI MAR BLANCO, PRESIDENTA DE LA FUNDACIÓN MIGUEL ÁNGEL BLANCO
«El actual Gobierno vasco ha dado la espalda al espíritu de Ermua »
En el quinto aniversario del asesinato del edil popular, la hermana de Miguel Ángel Blanco ansía encontrar el mismo «calor y solidaridad» de entonces, pese a lo «acomodada» que ve a la sociedad
LOURDES LORENZO/BILBAO El Correo  12 Julio 2002

Hace cinco años miles de personas tomaron las calles del País Vasco conmocionados por el asesinato del concejal popular Miguel Ángel Blanco. Las lágrimas sustituyeron a la esperanza que reinó durante las 48 largas horas del trágico secuestro. La hermana del concejal de Ermua reconoce que el cariño de la gente se ha mantenido, pero que con el tiempo ese espíritu reivindicativo «se ha acomodado». Acusa al Gobierno vasco de «dar la espalda a la revuelta ciudadana».

-Aquel julio de 1997 se creó un movimiento social de repulsa sin precedentes. ¿En qué punto se encuentra el espíritu de Ermua ?
-El espíritu de Ermua se ha caracterizado por plantar cara a la violencia terrorista, evidenciar no sólo a los asesinos sino a sus cómplices políticos y sociales, negándose a la claudicación y a la negociación política con los terroristas. Y seguimos denunciando sin descanso las condiciones en las que viven miles de ciudadanos afectados. Afortunadamente todavía hoy existen grupos sociales como el Foro Ermua o Basta Ya, que en condiciones muy difíciles siguen luchando por la libertad en el País Vasco. Por desgracia, la política del actual Gobierno vasco es todo lo contrario al espíritu de Ermua que se generó en mi pueblo, da la espalda a lo mejor de la revuelta ciudadana que vivimos hace cinco años.

-El alcalde Carlos Totorika cree que la sociedad denota un «cansancio terrible» porque se ha perdido la esperanza de acabar con ETA ¿Considera que es ese pesimismo el que está minando las manifestaciones en la calle?
-Tras el asesinato de mi hermano, ETA ha matado a 52 personas. Muchos vascos pensábamos que el Pacto de Ajuria Enea iba a liderar las movilizaciones posteriores, pero este pacto se rompió. El PNV llegó a pactar con ETA y los partidos nacionalistas apostaron por Lizarra, dejando en la más total indefensión a casi la mitad de la población vasca. La sociedad se desorientó y creo que sigue así, cada día más confundida o acomodada. Se quebró la unidad entre demócratas frente a los totalitarios y los nacionalistas se alejaron del consenso. Hoy, a pesar de la gran división social, todavía hay gente que, arriesgando su vida y sin apoyo institucional, sigue defendiendo los principios por los que salimos a la calle en toda España, y esto es admirable.

-Tras los ataques a varios concejales socialistas, el PSE instó a los ciudadanos a no mirar hacia otro lado y aislar a los violentos. ¿Qué cree que sería necesario para animar a la gente a tomar de nuevo la calle?
-Aislar a los terroristas y a sus cómplices es fundamental. Cuando la mayoría de la sociedad vasca denuncie la colaboración, el encubrimiento, la exaltación permanente de la violencia que hacen los amigos de los terroristas estaremos en el camino adecuado. Ellos son los que se tienen que sentir marginados, no las víctimas. Ermua abrió esa vía, pero interesó cerrarla: quedó en evidencia que ETA era una dictadura criticable en sus métodos y en sus fines, y esto no lo querían oír los nacionalistas. ETA escucha todos los días que sus objetivos son los mismos que los de los nacionalistas y eso les anima a continuar. Unos ciudadanos tienen miedo y otros se sienten cómodos porque ellos viven muy bien.

-La plataforma Basta Ya se manifestó el jueves ante la sede de Batasuna en San Sebastián, algo que no realizaba desde hacía cinco años. ¿Es una vuelta a la esencia de Ermua?
Admiro a Basta Ya porque representa la rebelión democrática de Ermua tras el asesinato de mi hermano. Denuncia continuamente la situación insostenible de miles de ciudadanos vascos que viven amenazados, critica una política nacionalista que no es firme y contundente contra el terrorismo y defiende algo muy necesario y que muy pocos defienden desde el País Vasco: el Estado de Derecho. Algo tendremos que hacer, ¿no? Creo que pretenden demostrar lo muy necesaria que es la Ley de Partidos.

-Durante la inauguración de la escultura de Ibarrola en homenaje a las víctimas del terrorismo, lamentó el cambio de actitud del Gobierno vasco de cinco años a esta parte. ¿Qué le reprocha a Ibarretxe?
-Ibarretxe gobierna sólo para los suyos y quiere hacer una comunidad a su medida, anteponiendo sus objetivos políticos a la falta de libertad en la que viven tantos miles de vascos. Sigue diciendo que coincide en los objetivos políticos con los terroristas y esto es una ofensa a la memoria de las víctimas. También habría que destacar su falta de apoyo a las instituciones comunes, a las leyes que nos protegen de los bárbaros. Su acercamiento a las víctimas es hueco, está vacío. Lo que tiene que hacer es gobernar contra ETA para que podamos defender en igualdad de condiciones las ideas por las que fueron asesinados nuestros familiares.

-¿En el País Vasco se vive en democracia?
-Claramente, no. Sólo hay democracia para algunos, los que pueden pasear sin escolta, los que no tienen miedo, los que viven cómodamente porque saben qué deben callar y a quienes deben apoyar para vivir así. La democracia, o lo es de todos o no es democracia. Que se lo pregunten a jueces, concejales, empresarios...

Del espíritu de Ermua a la radicalización del PNV
Por CHELO APARICIO ABC  12 Julio 2002

¿Qué sucedió en Ermua para que la sociedad vasca pareciera otra? Después de casi 800 asesinatos de ETA, ¿qué pasó para que familias enteras abandonaran sus casas y fueran a Bilbao, todas a una para tratar de impedir el asesinato de Miguel Angel Blanco, 4 horas antes de cumplirse el ultimatum?

Todos habíamos vivido de cerca situaciones terribles pero no se habían disparado las alarmas. Una capa de miedo y de confusión moral cubría a la sociedad. Por lo demás, la víctima elegida carecía de legitimidad para sus verdugos. Era un economista de 29 años, apasionado por la música en sus ratos libres, que se había atrevido a ser concejal del PP en su pueblo.

Los partidos nacionalistas que acababan de aprobar en el Parlamento Vasco la denuncia de la política penitenciaria del Gobierno ante el Tribunal europeo participaron en la movilización para salvar la vida del concejal, en el plazo de 48 horas que había impuesto ETA para que el Gobierno accediera al acercamiento de los presos. La sociedad vasca desató sus iras contra ETA.

Es verdad que ETA había comenzado a atacar también a los nacionalistas -algunas sedes y algunos representantes municipales- y que cundía el malestar en sus filas. El PNV había firmado un pacto de legislatura con el PP, del que justamente se excluía el problema más grave que padecía la sociedad vasca.

¿Qué pasó para que se multiplicaran los testimonios de rabia en las emisoras, qué chispa fue la que encendió los gritos, qué provocó el contagio en las concentraciones, el cambio de opinión?

«Está vivo aún y no podemos estar en casa como si nada», decían mis familiares la víspera de aquél 12 de julio, a la vuelta de unos días de descanso en el sur. Algo escéptica sobre la utilidad de participar me resistía a salir. Esta vez como ciudadana, aunque desde luego, también como periodista.

Cinco horas para el ultimátum
La multitud inundaba el Metro y los trenes en ambas márgenes de la Ría. Y, como relataba Agustín Ibarrola, algo se movió para que desde los caseríos se sucediera una procesión. Faltaban cinco horas para el ultimátum y todas las previsiones se habían desbordado.

Pronto comprendí la dimensión de aquella revuelta. Los aplausos al presidente del Gobierno, en plena Gran Vía de Bilbao («Haz algo», o «no cedas»), algunos gritos en euskera y muchos más en castellano. Sin conplejos. Era algo nuevo. Tras el crimen se desató la indignación. Aún recuerdo la cara de asombro de mi hija, que tenía entonces 7 años, al oír los insultos a los asesinos. Muchos vascos tenían miedo a regresar a sus casas, por temor a la vuelta de la triste normalidad. Pero otros comenzaron a sentir un cierto malestar.

Hay otros momentos que tampoco he olvidado. Un amigo que habitualmente me reprochaba con cariño la «excesiva» insistencia periodística en la cuestión vasca, proponía con énfasis que aquel encendido debate intelectual no se apagara.

También la observación de un admirado colega; temía que el nacionalismo vasco se radicalizara tras aquellas movilizaciones. Me resistía a aceptarlo. Y por último, me inquietó la repentina insinuación a todas luces absurda de que aquella multitud, en gran parte, no era del País Vasco.

Habían sido sólo cuatro días. Pronto comenzaron a surgir las otras voces. Un portavoz pacifista denunciaba en las horas siguientes las reacciones de ciudadanos airados ante las sedes de HB, aunque la ira no se hubiera rebasado. Los partidos nacionalistas se sintieron atacados. Su inicial entrega a la rebelión se convirtió en amargura. Porque aquella explosión también incluía el descontento a la presión nacionalista.

En poco tiempo, HB y ETA recuperaban su fuerza. Ermua había existido pero, a veces, parecía un sueño. Pronto, el rostro torturado de José Antonio Ortega Lara, que precedió a las movilizaciones de julio, se difuminó. Y volvió el escepticismo tras la indignación. La unidad contra el terrorismo y el Pacto de Ajuria Enea, caían como una pera madura.

El asesinato de un policía nacional en Basauri, dos meses después de aquellos sucesos, reproduce la indignación popular en las calles. Pero en octubre, la protesta por el asesinato de un ertzaina en el Museo Guggenheim refleja ya el reverso de la situación. Los gritos de «asesinos» y «libertad» de unos eran acallados por otros, con constantes siseos y aplausos. Se impuso el silencio. Tras aquella manifestación un conocido nacionalista decía sus impresiones a los asistentes de un cóctel social. «Yo he venido por autopista -explicaba- y no he visto un solo coche. La gente que hoy estaba en Bilbao era sólo de aquí. No como lo de Ermua. Se notaba en el vestir».

Así, poco a poco, el silencio se adueñaba de las protestas contra ETA, como antes de aquellos días de julio. El sindicato nacionalista ELA anuncia en Gernika que el Estatuto vasco está muerto. Como en una caída de naipes el presidente del PNV daba por roto el acuerdo de legislatura con el Gobierno del PP. El PNV retomaba el diálogo con HB y ETA; el partido socialista abandonaba el gobierno vasco de coalición con el PNV.

ETA siguió matando a concejales del PP (Iruretagoyena, Caso y Zamarreño y fuera de Euskadi al matrimonio Jiménez Becerril y a Tomás Caballero) y acosando a muchos más. En pleno desistimiento, un taxista de Bilbao decía que después de Ermua, ya no se podía hacer más.

Pero nada estaba escrito. El Tribunal Supremo encarcelaba meses después a la Mesa Nacional que un año más tarde cumpliría una condena de 8 meses, hasta la nueva sentencia del Constitucional. El diario Egin era clausurado y Gara tomaba el relevo. La política penitenciaria del Gobierno se mantenía.

El precio de la paz
Un año después de Ermua, ETA anunciaba una tregua una vez acordados los términos del pacto entre los nacionalistas. Para el resto de partidos, el precio de la paz es la renuncia de sus postulados. Aunque la ausencia de atentados hace florecer la libertad.

En enero del 99, año y medio después del asesinato de Miguel Ángel Blanco, Arzalluz, que había caminado a pocos metros de Aznar en aquellos días de julio, compartía pancarta con Arnaldo Otegi, líder de HB. ETA estaba en «tregua». Juntos cantaron la vieja canción popular «Ator, ator», con la que asociaban la espera de los hijos en la casa materna a la petición de acercamiento de los presos de ETA. Deseosos y convencidos de que no había vuelta atrás, como insistía el lendakari Ibarretxe, los nacionalistas de PNV, EA y HB sellan un pacto de gobernabilidad en Euskadi. Sólo habían pasado 20 meses desde aquella explosión cívica.

El espejismo solo duró un año. ETA rompió la tregua y la ira ciudadana volvió a reproducirse ante las escalinatas del Ayuntamiento de Bilbao. En el Parlamento vasco, y en las ruedas de prensa, socialistas y populares son acusados de querer rentabilizar los asesinatos de sus propios compañeros.

El espíritu de Ermua fue reclamado por intelectuales, movimientos de resistencia y víctimas del Terrorismo. El Pacto de Lizarra difuminaba incluso el enfrentamiento heroico de nacionalistas moderados en los pequeños ayuntamientos. Algunos sintieron una gran incomodidad y lo dijeron. Otros, antiguos combatientes de la violencia terrorista, descubren con Lizarra un nuevo prisma y lucen consignas comunes a HB. En algunas situaciones comprometidas, sugieren la conveniencia de que los amigos perseguidos abandonen el país.

Febrero del año 2000. Una gran manifestación reclama en San Sebastián el derecho a defender la Constitución. Tres días después era asesinado Fernando Buesa. La protesta rompió las gargantas separadas en dos bandos; El que defendía al lendakari y el que pedía su dimisión. Latía la rebelión de julio. Indignación multitudinaria que reaparece tras el atentado contra el profesor José Ramón Recalde, en San Sebastián en setiembre de aquel año. En este clima de división de la sociedad vasca en dos bloques se celebran las elecciones de mayo del 2001. Los constitucionalistas quedan a 25.000 votos de los partidos nacionalistas.

Cinco años después de aquella rebelión cívica hay gentes que ya sólo esperan que los jueces, políticos y policías cumplan con su labor. Otros consideran necesario seguir dando la cara. Los nacionalistas mantienen su apuesta de unidad con los que desean una Euskadi independiente. Y aunque no de forma explícita -como en Lizarra- aceptan el tácito apoyo de Batasuna en la elaboración de los presupuestos vascos o en la eventual ruptura del consenso estatutario. A aquella resistencia a la imposición totalitaria se contrapuso la reclamación de la soberanía vasca. Y con todo ello, volvían al escenario político las posiciones equidistantes, ausentes en las movilizaciones de Ermua. Entre tanto, ETA persiste asesinando concejales socialistas y siembra de bombas incluso los cementerios.

La frontera del miedo
Pero traspasada ya la frontera del miedo para algunos políticos y ciudadanos, éstos exigen igualdad de condiciones en la política vasca y no admiten las ventajas de los que presionan con el terror.

Ermua dormita en una sociedad ensimismada por su calidad de vida. Pero Lizarra, eventualmente inactiva, tendrá que adaptar su horizonte a las hondas heridas de la otra parte de ciudadanos que, tras el recuerdo del coraje de ese pequeño pueblo unido a su alcalde, no está dispuesta a entonar otro Avemaría por una paz incierta.

Ermua recuerda a Miguel Ángel Blanco
ABC / J. J. SALDAÑA. MADRID / VITORIA ABC  12 Julio 2002

En Ermua, el concejal del PP Miguel Ángel Blanco será recordado hoy en diversos actos en el quinto aniversario de su asesinato por ETA, mientras que en Vitoria, los nacionalistas vascos aprobarán un dictamen para dar un salto hacia la independencia. El Gobierno advirtió que responderá con la ley.

El quinto aniversario del asesinato Miguel Ángel Blanco y el surgimiento del «espíritu de Ermua» coincidirá hoy con el pleno en la Cámara vasca en el que PNV, EA, IU y Batasuna pretenden dar un salto hacia la autodeterminación y presentar un plazo de dos meses al Ejecutivo de Aznar para que transfiera un total de 37 competencias.

El ministro de Administraciones Públicas, Javier Arenas, volvió a exigir ayer al lendakari «lealtad» hacia las instituciones democráticas y reiteró que «durante 24 años nuestra democracia ha sufrido un desafío y la amenaza real del terrorismo y que en este momento las instituciones vascas, por los acuerdos que puede adoptar, pueden desafiar al Estado de Derecho». Arenas insistió en que si se confirma este desafío nacionalista, el Gobierno responderá «con mucha firmeza, mucha serenidad y el escrupuloso respeto a la ley».

Proceso «imparable»
Por su parte, el presidente del Ejecutivo autonómico, Juan José Ibarretxe, sostuvo que el avance del autogobierno vasco es «imparable», y justificó el ultimátum de dos meses dado al Gobierno para el traspaso de competencias en la búsqueda de «más bienestar» para la sociedad vasca.

Ibarretxe, además, consideró un «insulto» la afirmación del nuevo ministro de Administraciones Públicas de que el «desafío del terrorismo se está trasladando a las instituciones del País Vasco». Según su interpretación, está equiparando a las instituciones vascas con el terrorismo, algo que supone -dijo- «insultar a todos los ciudadanos vascos».

Respecto al ultimátum de dos meses dado al Gobierno de la Nación para el pleno desarrollo del estatuto, explicó que se trata de hacer cumplir la ley y que la asunción de las competencias pendientes es «imparable» porque «así lo quiere la sociedad vasca, no porque lo quiera el PNV o el PP», aseguró. Al respecto, añadió que el dictamen sobre autogobierno, que aboga por crear una estructura político-jurídica al margen de España, es «una meta volante», ya que «la sociedad vasca será la que marque el nivel de autogobierno».

Por último, reprochó al PP y al PSOE que hayan devuelto el «protagonismo» a Batasuna al aprobar la ley de partidos y que ha conseguido «revitalizar» a los radicales.

Además, el secretario general del PSE, Patxi López, canceló una entrevista que debía haber mantenido el miércoles con el lendakari tras conocer el dictamen aprobado en la comisión de autogobierno por los miembros del tripartito, según informó ayer «Radio Euskadi». Esta reunión había sido concertada a lo largo de la semana pasada.

Homenajes a Blanco

Y mientras en el Parlamento vasco se habla hoy de autogobierno, a las doce y media se iniciará en Ermua el acto de entrega del premio Fundación Miguel Ángel Blanco a la Convivencia al historiador y colaborador de ABC Carlos Martínez Gorriarán, acto al que asistirá la presidenta del Senado, Esperanza Aguirre. La noche anterior, Nuevas Generaciones organizó una manifestación silenciosa por las calles de Ermua en memoria de Miguel Ángel Blanco, presidida por el lema «Como Miguel Ángel, por la libertad», informa M. Alonso.

Hoy se celebrará una concentración con velas y antorchas en recuerdo de la madrugada que muchos ciudadanos pasaron junto al domicilio de Miguel Ángel la noche que permaneció secuestrado en manos de ETA, antes de que los terroristas lo asesinaran. Está previsto, además, que se proyecte el documental de Iñaki Arteta sobre víctimas del terrorismo.

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