AGLI

Recortes de Prensa     Martes 16 Julio  2002
Tras la insurrección, la fractura
JOSÉ MARÍA CALLEJA / El Correo 16 Julio 2002

El estado es la cuestión
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  16 Julio 2002

Referéndum
Cartas al Director ABC  16 Julio 2002

Perdimos la ilustración
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  16 Julio 2002

Debate con Euskadi y Perejil al fondo
José María CARRASCAL La Razón  16 Julio 2002

Demasiado fácil
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  16 Julio 2002

«El PNV no quiere la desaparición de ETA»
FERNANDO GAREA El Mundo  16 Julio 2002

Intelectuales y mesetarios
Iñaki EZKERRA La Razón  16 Julio 2002

Imagínate Euskadi
SANTIAGO GONZÁLEZ/ El Correo  16 Julio 2002

«No vivo asustada, pero estoy harta», lamenta la única concejala del PP en Cuartango
M. JOSÉ CARRERO/VITORIA El Correo  16 Julio 2002

Detenidas en Francia seis personas que custodiaban un importante zulo de Eta
E. L. P. - Madrid.- La Razón  16 Julio 2002
 

Cuando la ficción se hace realidad
JAVIER ELZO  El Correo  16 Julio 2002

Falsos modelos de sociología
Nota del Editor  16 Julio 2002

Pastores de los más débiles
ALBERTO INIESTA El Correo  16 Julio 2002

Tras la insurrección, la fractura
JOSÉ MARÍA CALLEJA / El Correo 16 Julio 2002

Cinco años depués del asesinato de Miguel Ángel Blanco, el PNV ha abandonado la manifestación contra el terrorismo que inundó Bilbao aquel caluroso sábado de julio y se ha aliado, de hoz y coz, con los que aplaudieron tan horroroso crimen. El Espíritu de Ermua, la insurrección democrática de decenas de miles de vascos, amenazó hace un lustro directamente al terrorismo nacionalista que mataba, pero sobre todo hizo tambalearse el estatus del nacionalismo vasco, que se visualizó en aquel momento para buena parte de la población como responsable último del asesinato de un joven demócrata vasco. El trayecto recorrido de entonces a hoy por el nacionalismo -del consenso al abismo- queda demoledoramente plasmado si se comparan los discursos de Ardanza -«nos separan los métodos y los fines», «el silencio cómplice engorda a la bestia»- y de Ibarretxe -desprecio sistemático a las víctimas, imposición de la agenda del nacionalismo extremo, rechazo de los problemas urgentes-.

En lo que va de año, ETA ha asesinado a una persona, el concejal socialista de Orio Juan Priede; muchísimo, pero muy poco para la contabilidad sanguinaria que exige la insaciable banda y en comparación con años anteriores. En lo que va de año, la Policía española ha detenido a casi cien militantes de ETA, lo que ha obligado a improvisar asesinos y hacer cruzar el charco a algún jubilado. En los últimos meses, los terroristas de la calle no se han saltado ni un semáforo. La Justicia ha estrechado el cerco y atacado la bolsa y las zonas de impunidad que durante tantos años han engordado a los criminales. Por si fuera poco, dentro de Batasuna, los que hasta ahora eran corriente disidente, pero dentro de la secta, Aralar, han montado chiringuito aparte acompañados por toda una secuela de descalificaciones estalinistas. En este panorama de debilidad de ETA llega el PNV y, una vez más, les echa una mano a los que están en los estertores, consciente quizá de que el día que ETA desapareza su discurso provocará sólo melancolía.

En este cuadro hay que situar la penúltima bravuconada del nacionalismo gobernante. Como tantas otras veces, se trata de plantear reclamaciones particulares de forma agonística haciendo ver que son de todos; de hacer recaer sobre los demás las culpas, para, un minuto después de conseguida la penúltima exigencia, decir no es esto, no es esto y aprestarse a subir el siguiente peldaño. Así hasta el infinito; así echando mano de lo que haga falta; así creando, tacita a tacita, un régimen en el que la corrupción se practica de forma cotidiana, escandalosa e impune; así, estableciendo un sistema de vida en el que se quiere inculcar que no hay salvación fuera del nacionalismo. El reparto del trabajo nacionalista ha conseguido en casi 25 años el establecimiento de un régimen nacionalista, el exilio de los no nacionalistas, la muerte de concejales populares y socialistas, y ha convertido el País Vasco en una olla hostil para la mitad de la población. Éste es el balance.

Ermua demuestra de forma empírica que es posible el final del terrorismo, que se puede ser vasco, como mínimo, de dos millones cien mil formas distintas, una por cada habitante de la comunidad autónoma; demuestra que los asesinos son los que tienen que pasarlo mal, y no las víctimas, como ocurre en casi todo el País Vasco, con la hostilidad de ETA y la aquiescencia de buena parte del nacionalismo. La Ley de Partidos expresa las demandas de las víctimas para que se acabe con la impunidad de quienes las están asesinando, de quienes nos hacen la vida imposible. La ley de Partidos es la traducción legal del Espíritu de Ermua.

La actual situación tiene muchos puntos en común con el tiempo previo a la tregua-trampa, el celofán con el que se envolvió el paquete -un poco bomba- de la ruptura de la sociedad vasca, del establecimiento de una sociedad de dos velocidades con ciudadanos de primera, los nacionalistas, y residentes de segunda, el resto. Tal y como ETA reclamaba y reclama al PNV. No sé si de esta bravata saldrá otra trampa, pero tengo la certeza de que al actual ritmo de eficacia policial y judicial, el terrorismo entra en la fase de descuento. Quizá por eso el PNV tiene tanta prisa por apuntalar, de hecho y de facto, que diría Madrazo, el discurso xenófobo, excluyente y reaccionario que quiere descoyuntar a la sociedad vasca, partirle el espinazo democrático a las convenciones que sirven para garantizar la convivencia. El PNV ha pisado el acelerador, otra vez, pero también como en épocas anteriores la tenacidad democrática de los vascos y la eficacia del Estado de Derecho impedirán que el delirio de unos pocos se convierta en la pesadilla de todos.

El estado es la cuestión
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  16 Julio 2002

Nunca un Estado de la Nación había tenido unas vísperas tan dramáticas como en esta ocasión, y no precisamente por las secuelas de una huelga general que terminará devorando a sus promotores, ni por la inflación, ni por la carestía de la vivienda, ni aún menos por la dificultad de las parejas de homosexuales para adoptar niños. Todos estos hechos pertenecen a la patología de la normalidad. El agravamiento del clima político se ha debido al salto dado por el Gobierno de los nacionalistas vascos e IU -en coordinación con ETA- al aprobar en el Parlamento un dictamen que concreta el proyecto independentista, como nunca se había hecho hasta ahora. La situación descrita por Llamazares respondería a una precisión absoluta si en vez de decir que «el País Vasco nunca ha estado tan lejos de España como ahora» hubiera dicho «una parte» del País Vasco, esto es, la representada por su propio partido y por los nacionalistas a los que IU sirve con perfección: servilmente.

La gravedad de esta declaración de guerra al Estado iba a ser aprovechada por el «amigo» marroquí para llevar a cabo una de las acciones más indignas y peligrosas que cabe concebir entre países civilizados: la ocupación militar del territorio de un país aunque sea tan irrelevante como Perejil. La agresión marroquí es un tiro por elevación a Ceuta y Melilla, a las relaciones de ambos países. El clima creado por esta doble agresión no podía dejar de condicionar el discurso de Aznar. Si pesa sobre el ánimo de cualquier ciudadano con un mínimo sentido de la seguridad y de la convivencia, ¿cómo no iba a pesar sobre un político que puede demostrar fallos en otros terrenos pero no precisamente en la defensa de la dignidad y unidad de la nación, y en un acto como el Estado de la Nación? Por esta razón el presidente abrió su discurso como cabía esperar. Denunció y condenó la convergencia del nacionalismo vasco y el terrorismo en la misma estrategia: aquella que sacrifica a la independencia todo lo demás, incluido el derecho a la vida. Se queja Anasagasti del antinacionalismo de Aznar, pero ¿cómo no ser fervoroso adversario de los nacionalistas cuando encarnan esa terrible misión de llevar a una sociedad a la división interna y a la tragedia? «No habrá salida para tal locura», vino a decir Aznar. Tampoco la habrá para la aventura marroquí.

¿Y cuál fue la actitud de Zapatero? No rehuyó formalmente la situación descrita por Aznar pero se limitó a hacer dos «pronunciamientos» previos, sin vínculo alguno con el resto del discurso. Desde el punto de vista retórico, fue una cláusula de estilo; desde el punto de vista político, lo hizo como si anduviera sobre ascuas. Así que lo resolvió brevemente y con un énfasis tan solemne como sospechoso. Y ¿por qué digo sospechoso? Porque ante una situación como ésta, además de apoyar al Gobierno, añadir motivaciones, aprovechar la situación para hacer política. Porque la mejor manera de apoyar al Gobierno en un caso como éste, excepcionalmente dramático, es dar razones, aclarar posiciones, frente al PNV, por ejemplo. Hay que bajar de los formulismos («el respeto a las reglas de juego») a los análisis concretos. Pero este de ayer es el estilo habitual de Zapatero. Compagina el Pacto Antiterrorista con el buen trato con los nacionalistas y con prácticas tan indeseables como las que intentan sustituir las relaciones del Ministerio del Interior y la Consejería vasca por una comisión que sólo vale para justificar al PNV y a EA. Tontos útiles, no acaban de darse cuenta de que ya les va a resultar muy difícil subirse a un Gobierno vasco. Y, por lo que respecta a la agresión marroquí, ¿no debería haberse comprometido Zapatero un poco más, aunque tan sólo fuera para tapar su viaje de irresponsable a Rabat, tan inteligentemente aprovechado por la Monarquía alauita, como se ve ahora?

Referéndum
Cartas al Director ABC  16 Julio 2002

He aquí algunas razones por las que se estima injusto e inoportuno el eventual referéndum de autodeterminación del País Vasco, tan caro a los nacionalistas vascos, actualmente en el Gobierno autónomo. Este grupo de provincias está integrado en España desde los orígenes de nuestra nación, en virtud de una evolución histórica y natural; no ha existido, por tanto, ni «referéndum de adhesión» ni ocupación militar en modo alguno. No obstante, si llegara a convocarse la citada consulta cabría preguntarse: ¿qué censo se va a utilizar?, ¿tendrían derecho al voto los miles de personas con raíces vascas pero residentes fuera de las Vascongadas?, ¿se tendrían en cuenta las sustanciales diferencias políticas entre las capitales y los pequeños municipios vascos, o entre las distintas provincias? Sea cual sea el resultado, ¿sería este definitivo «ad aeternum», o se repetiría con determinada periodicidad? Puestos a decidir un tema crucial para la existencia de España como nación, ¿habría que consultar, no sólo a los vascos, sino al conjunto de los españoles? En definitiva, ¿sería válido el resultado de una consulta dado el grado de presión, manipulación y terror existente en muchos lugares y ámbitos del País Vasco?   Vicente Más. Madrid.

Perdimos la ilustración
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  16 Julio 2002

Allá cuando la II República tuvimos oradores como Ortega, Azaña o Prieto, que son la tríada clásica de nuestro parlamentarismo de izquierdas. También tuvimos buenos picos de oro en la derecha.Aquellos oradores literarios no estaban allí de adorno sino precisamente para hacer digeribles discursos como el del estado de la Nación, es decir, discursos técnicos y por lo tanto aburridos, donde el Gobierno se abre las carnes, pero dentro sólo tiene números.Suárez, Calvo Sotelo, Felipe González y Aznar han hecho siempre de este discurso el típico repertorio aburrido y numerero que pone a la gente en contra y permite a la oposición afirmar clamorosamente, a la hora del almuerzo, que el Gobierno no tiene programa, está desgastado y se ha movido a la defensiva. Esto es una constante histórica que Aznar, sin embargo, debiera haber previsto agilizando unos escritores que le pusieran en prosa lo que él sólo sabe decir en números. Y esto es más importante de lo que parece porque el haber hablado en clave aritmética de los asuntos permite decir a la oposición que no los ha tocado.

En el discurso del lunes por la mañana Aznar empleó una hora en hacer las cuentas del Gran Capitán, cuentas que en unos casos son exactas y en otros no. Pero la política sigue siendo un humanismo, quiérase o no se quiera, y se explica mejor con palabras que con cifras, pues las cifras, ya digo, tienen el peligro de su tediosidad y de darle un arma al enemigo para repetir eso de que el Gobierno está cansado y como consecuencia no ha dicho nada o ha mentido.

Aznar lo ha dicho todo razonablemente, pero lo ha dicho aburrido y aritmético. Qué ocasión para Ortega la crónica y reproche de los nacionalismos, como ése que va desde Santurce a Bilbao. Qué ocasión para Azaña las Chafarinas, que tanto sonaron en su tiempo, qué discurso en Campo Abierto el de don Manuel si el lunes le hubieran dejado. Qué gozada para Indalecio Prieto la crítica socialista de un Gobierno neoliberal en cualquiera de sus puntos.Pero estos hombres eran humanistas y hacían novela de cada tema, porque la política es épica y no puede reducirse a matemática hasta el punto en que lo hace Aznar. Escribo antes de haberle oído sus trallazos de la tarde, pero el discurso mundial de la mañana puede darlo por perdido, sobre todo en cuanto al tiempo, y eso que no se pasó de una hora justa. Se conoce que tenía que mandar más barcos al Peñón y la Ría de Bilbao, aunque él no es hombre que envíe sus barcos a luchar contra los elementos, sino a entregar delicadas notas diplomáticas donde pide corteses explicaciones.Tenemos el político más europeo y civilizado del momento, pero no lo sabemos.

Aznar, como Bush, no hubiera mandado sus aviones contra los minaretes inmediatamente después de las Torres Gemelas. Bush lleva un año pensándolo y Aznar seguramente también. Izquierda Unida esperaba un discurso glosando la grandiosidad de la última huelga. Llamazares es nuevo y candoroso en política. El anticipo del Debate es variado e invariable. La oposición, sea la que sea, pide siempre más madera. Es lo suyo. Pero esperamos un gobernante de cualquier color que aproveche este discurso del año para golpear primero.Es la única forma de dar dos veces. O doscientas.

Debate con Euskadi y Perejil al fondo
José María CARRASCAL La Razón  16 Julio 2002

Más que un Debate sobre el Estado de la Nación, es un debate sobre el estado de sus líderes. Sobre su pegada, su aguante, sus reflejos. El estado de la Nación la conocen de sobra los ciudadanos, que apechugan a diario con él. Puede incluso que lo conozcan mejor que los políticos, que la contemplan desde sus coches oficiales. De ahí que intentar saber cómo va España a través de los discursos de Aznar y Zapatero es tan utópico como intentar conocer las profundidades del universo a través de unos gemelos de teatro. Si ustedes han tenido el tiempo y el humor para escucharles, creerían que estaban hablando de dos países completamente distintos. El presidente del Gobierno, sin caer esta vez en el triunfalismo ni la prepotencia, nos dijo que las cosas van bien, e irán mejor si seguimos la senda por él trazada.

Una excepción es el capítulo del terrorismo, en el que se están tomando las medidas adecuadas para combatirle e impedir el triunfo de Eta, objetivo prioritario del Gobierno. Para Zapatero, en cambio, las cosas van de mal e irán peor si continúa la actual política de la Moncloa. ¿Contradicción? En absoluto. Aunque aquello pareciese un diálogo de sordos, estaba en el guión. El Gobierno pintando de rosa el panorama, y la oposición pintándolo de negro. Era su derecho y casi su deber, aunque echamos en falta en unos y otros, un poco de autocrítica, aunque fuese sólo como rasgo de humor. Les hubiera hecho ganar puntos, aunque no lo creyeran. Pero está visto que para nuestros políticos, la técnica del selfmockering, del reírse de sí mismo, que con tanta maestría dominan los anglosajones, sigue siendo un arcano.

El combate, en fin, se desarrolló según los esquemas trazados. Aznar eligió para empezar una intervención de bajo perfil, plano incluso, reservando toda su indignación para los terroristas y sus cómplices. Con estos, si, no ahorró los latigazos, no haciendo ya distinciones entre Eta y los partidos nacionalistas que han elegido seguir el camino de enfrentamiento a la legalidad constitucional, del brazo de la banda, en vez de defender las libertades ciudadanas en el País Vasco. El terrorismo, o exactamente la lucha contra él, se convirtió en el eje del discurso de Aznar, bien arropado por lo que presentó como los grandes triunfos de su mandato: crecimiento económico, reducción del paro, presencia en Europa, que irán completándose con mejoras en seguridad ciudadana, en la salud pública, en la calidad de la enseñanza, en la integración de emigrantes y en la reforma laboral, aunque de la última huelga, muy cuco, no dijo ni palabra.

Zapatero, en cambio, salió como un toro. Su disposición de apoyar al Gobierno en la lucha antiterrorista y en el contencioso con Marruecos se convirtió en ataque frontal a su política, de la que no dejó títere con cabeza. Una política que «sólo crea inseguridad e incertidumbre», que castiga a los españoles, sobre todo a los más pobres, que sube los impuestos, que tiene abandonadas a las familias, a los jóvenes, a las mujeres, a los discapacitados, a la enseñanza, a la investigación, a la vivienda, a todos los segmentos de la sociedad, excepto a los ricos y poderosos. Una política, en fin, «antisocial, autoritaria y antigua», que se ha quedado sin credibilidad, y no hace ni más justa ni más moderna España, sino todo lo contrario. «Usted ha fracasado,» fue el colofón. Sólo le faltó añadir «¿Váyase Sr. Aznar!», devolviéndole el cumplido que éste dedicó a Felipe González cuando el hoy presidente estaba en la oposición.

Lo que siguió puede imaginarse. Se había abierto la caja de los truenos y la réplica de Aznar no tuvo nada de plana ni aburrida. Manejando cifras como si fueran proyectiles, detalló los logros económicos alcanzados bajo su mandato, y en tono ya contundente, ya displicente, acusó al principal líder de la oposición de refugiarse en «frases huecas y vacías», en no ofrecer alternativas a sus planes e incluso de falsear hechos y datos. La réplica de Zapatero subió de tono el debate, con un apasionamiento que se transparentaba en el temblor de su voz, aunque sin aportar nada nuevo a sus argumentos anteriores. Lo mismo puede decirse de la contrarréplica de Aznar, dominada por esa furia fría que le caracteriza. La bronca se palpaba en el aire de la cámara cuando Zapatero puso fin a tan acrimonioso debate con una larga cambiada: ofreció su disposición a colaborar en la solución de los importantes problemas que tiene el país, siempre que el Gobierno esté dispuesto a reconocerlos y a aceptar el diálogo. Un Aznar al que no aún se le había borrado el ceño, lo aceptó. Tras ellos comenzó el desfile por la tribuna de los actores secundarios.

Ya dijimos que un Debate sobre el Estado de la Nación no versa realmente sobre el estado de ésta, sino sobre la forma de sus líderes. Los españoles sabemos que España no está tan bien como dice Aznar ni tan mal como dice Zapatero. Que hemos hecho progresos, pero que tenemos todavía bastantes problemas por resolver, empezando por el inmenso del terrorismo, que no es otro que el de la libertad en el País Vasco. ¿Quién tiene la mejor fórmula para solucionarlos? La de Aznar ya la conocemos. La de Zapatero sólo la intuimos, porque no acaba de concretarla. El líder socialista vende estilo más que programa. Suena bien lo que dice, pero ¿funcionará en la realidad? La duda no ha quedado aclarada, lo que quiere decir que no sabemos si es una realmente alternativa de gobierno o se quedará en eterna promesa. Pero a juzgar por lo visto y oído, parece que en buena forma, mejor incluso que la del año pasado. Eso al menos nos trajo el Debate. Para lo demás habrá que esperar. Sin perder de vista ni el norte ni el sur.

Demasiado fácil
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  16 Julio 2002

Apartados del debate político el problema más grave y el más urgente de la vida nacional, el vasco y el marroquí, Aznar y Zapatero escenificaron ayer en el Debate sobre el Estado de la Nación algo que se parecía mucho a la lucha libre, espectáculo vistoso donde sólo cuentan los golpes y no hay realmente vencedor. Ambos firmaron el empate y ambos perdieron la oportunidad de ganar.A mi juicio, perdió más Aznar que Zapatero por una razón esencial: el presunto líder del PSOE, acaso menos presunto desde ayer, tenía poco que perder. ¿Credibilidad? No tiene. ¿Solvencia en asuntos económicos? Nadie la espera de él. ¿Seriedad ante problemas creados por el PSOE, como el de la educación? Es siervo del latiguillo prisaico y del Comando Rubalcaba. En realidad, lo único que repetía Zapatero con convicción y credibilidad era que Aznar está bastante insoportable con la mayoría absoluta. Lo cual es cierto pero demasiado obvio.

Lo que creíamos que se iba a debatir ayer no eran las buenas maneras de los políticos sino los problemas de España, y como los dos más importantes no se debatieron y los de trato personal y comportamiento no nos parecen esenciales ni tampoco se lo parecía a los dialécticos, la cosa quedó en un combate de lucha libre a la mexicana, con mucho enmascarado, mucho colesterol, purpurina, chascarrillos y un público infantil y bullanguero. De lo importante, nada. De lo anecdótico, todo. La impresión general era que Aznar no estaba físicamente bien -afónico, con los problemas psico-vocales derivados de ese achaque- y que Zapatero estaba psicológicamente demasiado bien, con una euforia acelerada que no se correspondía con la endeblez argumental y su precariedad en materia de datos.Lo que mejor le sigue saliendo al leonés son las promesas de lealtad a la Constitución, a la Nación y, de paso, al Gobierno. Ahora bien, ¿podemos creerlo del partido que ha echado a Redondo Terreros mientras mantiene a Odón Elorza y Maragall, incondicionales de la sumisión al PNV? Eso es harina de otro costal. Aznar le ha perdonado a Zapatero il gran rifiuto, como a Gallardón el suyo. Pero el líder del PSOE resulta menos creíble que antes de rendirse a González & Cebrián en materia de política vasca. No hablemos de la marroquí.

No sé lo que dirán las encuestas sobre la actuación de ambos, aunque sospecho que Zapatero será aclamado como vencedor o casi, ya que partía como el más débil. Y lo es. En el debate sólo ofreció palabras, a veces huera palabrería, frente a los hechos, de los que suele decirse que son elocuentes por si mismos. Lo son más si se les ayuda. Y eso sólo lo hizo Aznar a ratos. Ayer pareció que empezaba a aburrirle su propio guión.

«El PNV no quiere la desaparición de ETA»
FERNANDO GAREA El Mundo  16 Julio 2002

MADRID.- José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero hicieron profesión de fe pública del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo.

Frente a ellos se situaron claramente Gaspar Llamazares (IU) e Iñaki Anasagasti (PNV) con duras críticas a la Ley de Partidos que permitirá ilegalizar Batasuna y con una defensa expresa del acuerdo del Parlamento vasco que da un ultimátum al Gobierno central para recibir nuevas competencias.

Aznar situó la lucha contra el terrorismo y la situación del País Vasco como el principal asunto de la política española.

«Ningún problema de los que tengamos que afrontar es comparable al terrorismo», dijo en su intervención inicial.

Luego, en respuesta a Anasagasti, explicó que «el único problema de calidad democrática es no haber podido acabar con los que quieren acabar con la calidad democrática».

Al portavoz del PNV le pidió que no hablara como portavoz exclusivo de los ciudadanos vascos, recordándole la «calidad democrática» de los diputados populares y socialistas del País Vasco.

Le pidió que no se sintiera víctima, porque las víctimas son los asesinados y «los perseguidos». Añadió que «los únicos que mezclan nacionalismo y terrorismo son ETA y Batasuna».

«Espero ver la derrota total de los terroristas», le dijo en tono pausado.

«No pedimos al PNV que deje de existir mientras ETA exista, lo que queremos es que ETA deje de existir y para eso el PNV tiene que comprometerse al cien por cien con todas sus consecuencias, cosa que no han hecho. Con ustedes no hay esperanza de liderazgo democrático para acabar con el terrorismo y sus cómplices, no quieren la desaparición de la trama terrorista y están creando una nueva trama de viejas complicidades que busca la ruptura, el desafío y la confrontación, y pretende acabar con el sistema constitucional y ése es el camino del delirio», añadió.

También fue dura la respuesta a Llamazares, recordándole que IU firmó un acuerdo con ETA en el Pacto de Estella. El líder de IU le replicó rescatando las conversaciones entre Gobierno y ETA durante la tregua.

Quedó claro que Zapatero quería que el tema principal del debate no fuera el terrorismo y por eso se limitó a una defensa del Pacto firmado con el Gobierno. Breve pero inequívoca.

Intelectuales y mesetarios
Iñaki EZKERRA La Razón  16 Julio 2002

En su columna del 12 de julio, David Gistau hablaba de una época en la que Eta sólo mataba a «intrusos mesetarios» y «nadie en el Norte se sublevó ni firmó manifiestos» para luego preguntarse: «¿Dónde estaba entonces el intelectual vasco, el abajofirmante habitual, cuando eso no podía ocurrirle a él? (...) ¿Por qué el Espíritu de Ermua sólo tiene cinco años?».

He disfrutado leyendo muchos artículos de David Gistau, pero no éste tan injusto y desinformado que da la razón, sin proponérselo, a los nacionalistas que dicen que «el intelectual amenazado les responsabiliza de lo que pasa en Euskadi porque está condicionado por esa amenaza y carece de objetividad». Eso es invertir los términos y los hechos. Creo preciso aclarar que ese intelectual no piensa así porque esté amenazado sino que está amenazado precisamente porque piensa así; porque ha dicho lo que pensaba antes de que le amenazaran y a sabiendas de que, por decirlo, le iban a amenazar. Por esa perversa lógica se llega a negar no sólo que el partisano tuviera objetividad para hablar de los nazis sino el mismo judío superviviente de Auschwitz «al ser parte interesada».

En lo que me pueda tocar de la pregunta de Gistau, dejaré claro también que, «cuando eso no podía ocurrirme», yo, como tantos, estaba haciendo méritos para que me ocurriera en la modesta medida de mis posibilidades. Yo no he nacido hace cinco años como tampoco tantos otros vascos intelectuales o no. Hay nombres que están en la mente de todos y que se pasaron los ochenta firmando manifiestos. Luciano Rincón, un caso menos conocido o recordado, decía ya en esa década todos los días lo que pensaba de Eta en los diarios Tribuna Vasca y El Correo. En esa misma tarea coincidí con él en las páginas de ambos periódicos y también en la de jurado de los certámenes literarios de Gesto por la Paz o en el manifiesto de trescientos intelectuales y artistas de toda España «Por la Paz en el País Vasco» promovido por Bakea Orain en enero de 1993. La experiencia de aquel manifiesto me demostró que el «problema vasco» no se dirimía entre «intelectuales del norte» e «intrusos mesetarios» sino que era un «problema español» y que había también «intelectuales mesetarios» que no querían firmar nada contra Eta. No los citaré para no sonrojarlos.

La pregunta, amigo Gistau, no es dónde estaba entonces el intelectual vasco sino dónde están hoy ciertos «intelectuales mesetarios», ciertos padres de la Constitución o la Conferencia Episcopal o esos grupos pacifistas que se fueron con Elkarri o aquel PCE que hizo en 1978 las primeras manifas de un partido político contra Eta. ¿Dónde está aquel PCE en el que estuve yo?

Imagínate Euskadi
SANTIAGO GONZÁLEZ/ El Correo  16 Julio 2002

Sepa, querido jubilado, que el gasto total en Euskadi de la Seguridad Social, que destina a pensiones sus dos terceras partes, ascendió en 2001 a 5.693 millones de euros, medio millón más que los Presupuestos del Gobierno vasco. Eso, tirando por lo bajo, sin contar a los homólogos suyos que pasan la jubilación bailando Los pajaritos en las discotecas de Benidorm, ni las partidas que gestiona el INSS.

¿Qué quiere decir esto? Pongámonos en un supuesto heroico. Aunque todos los consejeros, desde el lehendakari hasta el último mono (dicho sea sin ánimo de señalar a nadie en particular), renunciaran a sus sueldos, secretarias, coches, chóferes, escoltas, viceconsejeros, directores, asesores y despachos; hicieran lo propio todos los trabajadores de la enseñanza pública, desde el rector a la última andereño; se cerrasen ETB, Radio Euskadi, los centros de investigación, los hospitales públicos; se dejase de pagar a los parlamentarios, a todo el personal de Osakidetza y a los ertzainas, se cerrara el Parlamento vasco y la inversión pública se redujese a cero, al igual que otros etcéteras, como los viajes y las alfombras de Madrazo, nos faltaría medio millón largo de euros para poder cubrir los gastos de la Seguridad Social en el País Vasco.

Es verdad que usted cotizó toda su vida a la SS española y es a ella a quien le toca pagarle su pensión. O sea, que podríamos llegar a la independencia repartidos en tres clases de ciudadanos: vascos-vascos, alemanes en Mallorca y ustedes, los jubilados, que serían todos españoles, si todavía guarda vigencia el aserto popular de que el buey, mal comparado, es de donde pace.

Sabrá usted que vive en la comunidad autónoma en la que se perciben las pensiones más altas y en la que el índice de natalidad es más bajo. No hace falta ser un genio del cálculo para colegir que el sistema de pensiones no tendría un futuro muy halagüeño, si el ménàge à trois que nos gobierna o así se saliera con la suya de establecer una Seguridad Social propia para Euskadi, si se rompiera la unidad de caja que es la razón de ser de un sistema solidario como éste.

Según explicaba el portavoz del partido-guía en el pleno del viernes, «el incumplimiento del Estatuto afecta (negativamente) a su bienestar diario». ¿Cómo le afectará el soberanismo? El consejero de Trabajo admite que una SS vasca-vasca puede no ser rentable y Madrazo ha defendido después del pleno la unidad de caja. Confebask acaba de afirmar que los empresarios van a ingresar por lo legal, no a tesorerías virtuales. Imagínese que el próximo uno de enero se hiciera realidad la fantasía soberanista en lo que respecta a la SS. Sus hijos menores de cincuenta años perderían todos los derechos adquiridos para su jubilación.

Déle unas vueltas al tema y encontrará una respuesta adecuada a la pregunta del lehendakari «¿qué de malo hay en ello?» Como escribió aproximadamente Alberti, Imagíneselo, hermano, imagíneselo por un momento .

«No vivo asustada, pero estoy harta», lamenta la única concejala del PP en Cuartango
Ana Salazar denuncia la proliferación de pintadas amenazantes contra su persona en este municipio alavés
M. JOSÉ CARRERO/VITORIA El Correo  16 Julio 2002

Tiene 29 años, está soltera y es la única concejala del PP en Cuartango, municipio alavés gobernado por el PNV en el que Batasuna cuenta con dos representantes. Ana Salazar ha podido soportar que personas de su círculo de amistades le «hayan dejado tirada» desde que lleva escolta, porque esta situación «me ha permitido descubrir quiénes son realmente los amigos», dice. Lo que no aguanta son las amenazas contra su persona que cada cierto tiempo salpican los pilares de los puentes o las paredes del cementerio de su municipio.

«No vivo asustada, vivo harta», se quejó ayer, dos días después de que en Izarra, una pedanía de Cuartango, apareciesen pintadas en la que los radicales le llaman «carcelera». Su nombre aparece junto a las siglas del PP dentro de una diana, además de un «Gora ETA» o «Cuartango pertenece a ETA».

Este tipo de mensajes amenazantes se vienen reproduciendo desde hace dos años. Hace sólo quince días le conminaron a «preparar la caja de pino», después de advertirle que «estás en el punto de mira», dos pintadas que los violentos completaron un tercer graffitti no menos siniestro: «Pepa, entzun (escucha): pim, pam, pum».

Petición de condena

Las coacciones no han hecho hasta ahora mella en el ánimo de esta joven concejala, dispuesta a seguir en su cargo. «Si lo que les molesta es que viva en Cuartango, lo tienen claro. No tengo porqué irme de mi pueblo y de mi tierra», dijo con firmeza. Sin embargo, Ana Salazar censuró la «falta de solidaridad» de sus compañeros de Corporación. «No he tenido ningún apoyo», aseguró en una comparecencia pública, en la que denunció la indiferencia que, a su juicio, muestra el PNV.

Arropada por el portavoz popular en las Juntas Generales, Santiago Abascal, y de dos ediles de Lapuebla de Labarca, la joven anunció su intención presentar una nueva moción -será la tercera- para condenar las amenazas.

La primera vez que lo hizo fue en septiembre y se aprobó con los votos del PNV y la abstención de Batasuna. En abril, volvió a plantear una iniciativa similar, que también fue respaldada por los jeltzales, «pero el alcalde, José Ramón Salazar, me recordó que ya había presentado una. Además, siempre tengo que ser yo quien le tengo que pedir que borre las pintadas». Una actitud que, según Abascal, revela «la falta de solidaridad de los nacionalistas. Les importamos un pimiento. Sólo le interesa -afirmó- la independencia».

Detenidas en Francia seis personas que custodiaban un importante zulo de Eta
E. L. P. - Madrid.- La Razón  16 Julio 2002

Seis personas han sido detenidas en relación con el hallazgo del importante zulo de Eta escondido en una fabrica de ladrillos abandonada en Riviere (Las Landas, en el suroeste francés), seguún informaron fuentes próximas a la investigación.

Los detenidos son el matrimonio formado por Fidel Ervina Vidal y Concepción Zubillaga Beloqui, que, según las primeras informaciones, se ocupaban de la custodia del zulo, así como sus dos hijos y otros dos hombres, cuya identidad no ha sido facilitada. Los seis tienen nacionalidad francesa, aunque el matrimonio, de edad avanzada, es originario de España, indicaron las fuentes, que tratan de verificar la identidad de los últimos arrestados.

La mujer es hermana de etarra Sabino Zubillaga Beloqui, quien fue condenado en 1988 a cinco años de cárcel en Francia por colaboración con asociación de malhechores con fines terroristas, al ser detenido con posesión de 1.360 kilos de amosal. Fue arrestado de nuevo en 1994, a raíz del descubrimiento de un zulo subterráneo de ETA, pero entonces quedó en libertad sin cargos.

El zulo descubierto hoy en Riviere, una pequeña localidad situada a una quincena de kilómetros de Dax, estaba construido también bajo tierra y se accedía a él por una portezuela de apertura hidráulica, explicaron las fuentes.
La operación, llevada a cabo por la Policía Judicial de Burdeos y Bayona, así como la Dirección Nacional Antiterrorista (DNAT), comenzó a las 06.00 locales (04.00 GMT) en la fábrica de ladrillos abandonada y en la vivienda aledaña de los detenidos. Los agentes, que han acordonado la zona, han procedido en primer lugar a establecer las medidas necesarias de seguridad antes de comenzar con la identificación judicial (búsqueda de huellas y otros rastros) y el posterior inventario del abundante armamento y explosivos, aún por inventariar.
El recuento del gran arsenal hallado puede llevar toda la jornada e incluso prolongarse hasta mañana, agregaron las fuentes, pues hay una gran cantidad de armas y explosivos antiguos a los que los agentes accederán una vez que se haya ventilado el almacén subterráneo, donde podría haber gases tóxicos, según las fuentes.
La juez antiterrorista parisiense Laurence Le Vert, que ha ordenado la operación, se encuentra en el lugar del hallazgo, precisaron.

La Policía sospecha que ese depósito de armas puede ser un escondite identificado en los documentos incautados a ETA como Z-40 y luego como Chernobil. Si se confirma ese extremo se trataría del principal o uno de los más importantes arsenales de ETA, que estaba siendo buscado desde hace varios años. Pero tampoco se descarta que el arsenal de ETA estuviese repartido en tres lugares, uno de los cuales sería el localizado hoy.

El anterior zulo de importancia de ETA fue desmantelado el pasado 26 de enero en una casa de Serres-Castet (suroeste), donde fue hallada una importante cantidad de dinamita y cloratita. Esa vivienda, descrita como una «cueva de Alí Baba», contenía 800 kilogramos de dinamita, en su mayor parte procedente del robo perpetrado por un comando de ETA en Plévin (Bretaña, noroeste) en 1999, y 350 kilos de cloratita, además de armas, lanzagranadas y una serie de objetos bomba.

Cuando la ficción se hace realidad
JAVIER ELZO /CATEDRÁTICO DE SOCIOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE DEUSTO El Correo  16 Julio 2002

Cada día resulta más evidente que la sociedad civil camina de forma paralela a la del mundo político. Desgraciadamente. Porque los partidos políticos, y más precisamente sus representantes democráticamente elegidos por los ciudadanos, tienen su razón de ser en que representan la voluntad de los que los han elegido para ordenar la vida de sociedad y resolver los conflictos o diferencias que, en razón de la pluralidad de la sociedad, se dan. Cuando en vez de resolverlos, o de intentar resolverlos, cediendo todos una parte de sus pretensiones, insisten en marcar las diferencias acentuando los objetivos propios, el divorcio entre la sociedad y sus elegidos se hace mayor.

Los ciudadanos lo sabemos bien en nuestra vida cotidiana. Sea en una comunidad de vecinos, en una asociación de comerciantes, en un claustro de profesores y en mil ejemplos que el ciudadano encontrará en su vida de todos los días, cuando hay posturas enfrentadas, hay dos respuestas posibles: el entendimiento mediante el compromiso o el afrontamiento hasta vencer al contrario. Rara vez la segunda es la buena opción. Sin embargo, en ella estamos instalados en la política vasca desde hace varios años. Las posturas centrífugas (marcar las diferencias y acentuar los planteamientos extremos) son más fuertes que las posturas centrípetas (buscar los elementos comunes limando los objetivos radicales). Apostar por este segundo planteamiento es la opción política más inteligente y, además, es la que mejor responde a la realidad sociológica de la sociedad vasca. Marcar casi exclusivamente las diferencias no solamente es una actitud discutible (nefasta y condenable además cuando coincide en el tiempo y en el espacio con un grupo terrorista dispuesto a todo y con una parte, aunque pequeña, de la sociedad que lo sustenta de forma más o menos explícita), sino también fraudulenta ante la sociedad que dice representar. Hay que decirlo sin descanso: esta sociedad vasca es políticamente plural, con una moderada mayoría nacionalista y de un nacionalismo moderado. Además, dos de cada tres ciudadanos vascos se dicen al mismo tiempo vascos y españoles, aun acentuando más el sentimiento de pertenencia a lo vasco . Esto es una certeza sociológica, corroborada por encuestas realizadas desde ámbitos distintos -Sociómetro Vasco del propio Gobierno autonómico, Euskobarómetros de la UPV, encuestas del CIS, encuestas de valores de la Universidad de Deusto y las que han realizado otros organismos y medios de comunicación social-. Además, las encuestas supremas, las confrontaciones electorales, muestran una continuidad del voto político en decenas de consultas tras la instauración de la democracia. Que no se pretenda hacer de la ficción política realidad social.

En efecto, ¿por qué no se hace política desde la realidad sociológica vasca, sociedad razonablemente cohesionada, en vez de trasladar a esa sociedad las más extremas visiones políticas (y mediáticas e intelectuales) distorsionando reiteradamente la realidad con riesgo añadido de fracturarla? ¿Por qué se sitúa en el centro del debate la ecuación Euskadi versus España cuando la mayoría social vasca dice Euskadi y España, aun acentuando más Euskadi que España? Mi opinión personal es que en Euskadi se ha configurado un totum revolutum , cual burbuja omnipresente, entre el mundo político, la mayoría del mediático, del ámbito sindical y una parte pequeña pero muy publicitada de la intelectualidad que ha alcanzado un protagonismo en los medios de comunicación que diera lugar a la errónea idea de que en esta sociedad estamos todos a la greña, obsesionados por la cosa política. La realidad es bien otra: cada día hablamos menos de política en nuestras cenas, en nuestras charlas familiares, en nuestras tertulias (excluyendo las radiofónicas, claro está), en nuestra vida, sin que el miedo, real en amplias capas de la sociedad, sea la causa principal. En realidad estamos hartos, hartos hasta la saciedad, de dar vueltas a lo mismo, día tras día, año tras año, mientras los miembros de la burbuja tienen siempre la vista puesta en las próximas elecciones. No nos engañemos con ese 80% de ciudadanos que fuimos a votar el 13 de mayo del año pasado. Aquello fue el resultado de una campaña enloquecida y todo hace pensar que vamos repetir -¡y falta un año aún!- la misma histeria de entonces (con similares resultados me atrevo a pronosticar). La consecuencia es que se acentuará aún más el divorcio entre la sociedad y el totum revolutum político-mediático-intelectual.

Nuestra sociedad vasca no se merece esto. Máxime cuando nuestro problema no es tan grande ni tan grave (con la excepción de los amenazados, evidentemente) como el que viven, por ejemplo, los irlandeses o los palestinos e israelíes. No es tan grande como el irlandés, porque no conformamos como ellos dos comunidades nítidamente diferenciadas. No es tan grave como el palestino-israelí porque no tenemos ningún Sharon y Arafat entre nosotros (hasta ahora al menos), ni ETA asesina indiscriminadamente y sin aviso previo (al menos hasta ahora) como lo hacen allá. Nuestra sociedad, lo hemos dichos unos y otros, está adormecida, acomodada, autoanestesiada (he dicho yo mismo en varias ocasiones), enferma dicen otros. Puede ser, aunque lo de enferma me parece excesivo. Más bien me preguntaría quién está más enferma: si la burbuja omnipresente o la sociedad.

¿Por qué dura tanto tiempo? Básicamente, y por este orden, porque ETA ha decidido seguir con la lucha armada, ha conseguido crear una sociedad paralela, cuyo núcleo duro la sostiene, y porque el totum revolutum político-mediático-intelectual se ha cargado el pacto de Ajuria Enea, desprecia cuando no anula todas las transversalidades políticas existentes (véase el linchamiento de Gesto por la Paz, otrora premio Príncipe de Asturias a la Concordia y más recientemente el primer Premio de Paz de Westfalia) o incipientes (Plan Ardanza) y se ha instalado en la confrontación permanente, en el insulto como arma política, en el menosprecio de la voluntad política ciudadana. Hay que optar entre hacer política partiendo de la realidad social o hacer política violentando esa realidad social.

No cabe más que una solución. Sencilla. Buscar el arreglo político, partiendo de la realidad sociológica existente. Ello exige hablar, pero con voluntad de resolver las cosas. Hemos perdido un año desde el 13 de mayo pasado. Tal y como están las cosas cabe pensar que lo que digo no son más que buenas intenciones, melifluas intenciones, dirá algún político o columnista rodado. Yo tengo mis convicciones políticas y mis recetas para salir de este atolladero. Las he expresado reiteradamente en este medio. No voy a repetirlas ahora, ni voy a entrar a discutir, hoy, el momento político. Creo que, en el momento presente, lo esencial está en parar la actual locura de enfrentamiento permanente, dejar la ficción política y encarar, con otro talante, la realidad real. ¿No es posible encontrar gentes en los diferentes partidos políticos que hablen entre sí, establezcan elementos comunes, coincidencias básicas y vayan dejando, para un segundo momento, las divergencias? Estoy seguro de que la columna de las coincidencias sería mucho mayor que la de las divergencias. Más aún, en la columna de las convergencias se encontraría la solución para resolver las divergencias. No podemos resignarnos a perpetuar esta situación. La primera transición política española la hicieron -¿se acuerdan?- no los políticos catedráticos, sino los políticos perenes. Sí, hay que recuperar el espíritu de la transición. Antes de que sea demasiado tarde.

Falsos modelos de sociología
Nota del Editor  16 Julio 2002

Cada vez que hablan de porcentajes como si fueran verdades inamovibles, no puedo refrenar mi ansia de tirar por tierra tales argumentos: sin el atributo básico libertad, cualquier modelo de sociología no tiene validez por muchas vueltas que le den a todo el montón de parámetros, obtenidos de personas sometidas por el miedo que ejercen sobre ellas los terroristas y el lavado de cerebro de los medios públicos en manos de los independentistas. Así que primero libertad y luego ya veremos (desgraciadamente sólo los que hayan quedado).

Pastores de los más débiles
ALBERTO INIESTA/OBISPO AUXILIAR EMÉRITO DE MADRID El Correo  16 Julio 2002

Recientemente, ETA hizo público un comunicado en el que afirmaba que «el pueblo vasco está oprimido». Y no sé yo qué clase de opresión es ésa en la que el pueblo disfruta de completa libertad para elegir a sus gobernantes, los cuales disponen de la escuela, la tele , la Universidad, la economía,la sanidad, la policía, etcétera, con un Estatuto de Autonomía respecto del Estado que ya quisieran los chechenos de Rusia, los kurdos de Turquía, o los mismos vascos de Francia.

Si hay un pueblo oprimido en el País Vasco son los constitucionalistas. Mientras que los nacionalistas e independentistas gozan de absoluta libertad y tranquilidad para exponer y defender sus legítimas opciones, los otros viven acobardados y silenciados, siempre en vilo con la amenaza del tiro en la nuca, la bomba en el coche, el cóctel Molotov en la vivienda o en la tienda, o, al menos, el insulto y el desprecio como si fueran malos vascos. Eso sí que es una vergonzosa opresión, que es de suponer será motivo de gran preocupación para todos los que en el País Vasco tengan alguna responsabilidad política, social o pastoral.

Expresión en el campo eclesial de este desvelo es la siguiente frase de la última pastoral de los obispos vascos: «Todos tenemos que preguntarnos si somos suficientemente sensibles al drama que ellos y sus familias padecen». Los obispos y presbíteros son pastores de todos, pero especialmente de los más débiles, marginados e injustamente perseguidos, siendo voz de los sin voz y samaritanos que curan y alivian a los heridos en el camino. Las víctimas del terrorismo no son solamente los muertos, sino también los vivos a los que no dejan vivir en paz y libertad los violentos.

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