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Recortes de Prensa     Viernes 19 Julio  2002
Tímida recuperación
EDITORIAL Libertad Digital 19 Julio 2002

Lo de Euscalerría
Amando DE MIGUEL La Razón 19 Julio 2002

La lejanía social del Gobierno vasco
Ignacio Villa Libertad Digital 19 Julio 2002

Vascos contra la independencia
Editorial La Razón 19 Julio 2002

Ediles de PSN de Alsasua abandonan las comisiones por la presión en los plenos
DIEGO DELGADO/PAMPLONA El Correo 19 Julio 2002


Tímida recuperación
EDITORIAL Libertad Digital 19 Julio 2002

La crisis de el Perejil ha puesto de manifiesto el agudo contraste que existe entre, por un lado, la posición de la práctica totalidad de la clase política, la prensa y los medios de comunicación, y por otro, la opinión de la gran mayoría de los ciudadanos en torno a asuntos de política internacional que tienen una traducción directa en materia de política nacional.

Libertad Digital ha sido casi la única excepción entre los diarios españoles que, desde el principio de la crisis, ha defendido la obvia necesidad de responder con rapidez y contundencia a la agresión marroquí. No sólo porque estuviera en juego un peñasco de poco más de tres hectáreas, sino porque, por una parte, nos jugábamos el rango y la respetabilidad de España en el concierto internacional; y por otra, el vigor de la unidad nacional frente a las pretensiones disolventes de los nacionalismos periféricos. Cualquier hecho o circunstancia que implique el afloramiento del patriotismo español –denigrado y aletargado por imperativo de lo “políticamente correcto” durante veinticinco años, para que Arzalluz y Pujol se “sintieran cómodos”– no puede menos que poner nerviosos a los líderes nacionalistas, particularmente a los vascos, quienes saben perfectamente que sus aspiraciones secesionistas pasan por la aniquilación o la neutralización de la idea de España, cuya bandera y soldados ha podido ver medio mundo a través de las portadas de los periódicos y de los informativos. Las palabras de Ibarretxe, mostrando una indiferencia ante la recuperación del islote que estaba lejos de sentir, abonan la tesis de que la salud de España es el peor veneno para los nacionalistas. Aunque con retraso, se ha hecho lo que se debía hacer. Parece obligado, pues, felicitar desde aquí al Gobierno por su decisión y a las Fuerzas Armadas por su brillante e impecable actuación.

Es hasta cierto punto comprensible que el Gobierno haya preferido esperar para asegurarse el apoyo de la práctica totalidad de las fuerzas políticas parlamentarias en el marco del Debate sobre el Estado de la Nación, así como el de sus socios europeos y el de EEUU, expresado a través de la OTAN. Sin embargo, es preocupante –y una muestra clara de que la necia identificación de patriotismo con franquismo, impulsada por los nacionalistas y por los socialistas, ha calado hondo en el subconsciente de nuestros intelectuales, de nuestros medios de comunicación y de nuestra clase política– que para que España pueda ejercer el derecho a la defensa, el más básico que asiste a una nación, tenga que contar con la aprobación expresa de todo el mundo occidental. Igualmente inquietante es el hecho de que los sectores más ilustrados de nuestra sociedad hayan descartado casi por principio la posibilidad de una intervención militar. El propio Gobierno, y especialmente la nueva ministra de Exteriores, Ana de Palacio, han dado a entender hasta el último momento que existía una posibilidad nada desdeñable de que el autócrata magrebí pudiera sacar partido a su agresión. Por fortuna, la indignación ciudadana –que las encuestas del CIS han mostrado con toda claridad– ante la constante política de claudicación para con el vecino del sur ha sido el factor decisivo que ha inclinado al Gobierno a la acción.

Es indudable que la recuperación de la Isla del Perejil ha de tener consecuencias muy importantes para la política interna, tanto de Marruecos como de España. Mohamed VI pretendía consolidar su autoritario y corrupto régimen, asediado por el estancamiento económico y la creciente influencia de los fundamentalistas islámicos, recurriendo a la misma fórmula que su padre: una explosión de patrioterismo aprovechando la supuesta debilidad del vecino, el clásico recurso de los tiranos en apuros. La jugada le ha salido mal. Ha ofendido a su principal bienhechor (España), ha perdido el apoyo incondicional de EEUU –que considera a España un aliado mucho más fiable e importante que a Marruecos una vez acabada la Guerra Fría– y ahora se encuentra rodeado de enemigos, tanto internos (demócratas y fundamentalistas) como externos (Argelia, Túnez, Mauritania y el Polisario). En estas condiciones, no es descartable que Francia y EEUU, los principales valedores de Marruecos en el asunto del Sahara, reconsideren su apoyo casi incondicional a la anexión de la ex colonia española. En cuanto a España, además de haber recuperado su respetabilidad internacional, se ha fortalecido frente a las tendencias disgregadoras de los nacionalismos, especialmente del vasco.

Se dice que, con frecuencia, la salud se recibe de los enemigos. El acoso combinado del nacionalismo marroquí y del nacionalismo vasco (la Marcha Verde coincidió con la explosión de los nacionalismos periféricos) ha obligado a España a salir de su letargo y luchar por su dignidad y supervivencia. Tras más de veinticinco años de negación de su propia esencia, nuestro país, ha empezado a recuperarse tímidamente de su intento de suicidio . Sólo queda esperar que la inercia acumulada durante tantos años no reste impulso a esta recuperación y que el Gobierno persevere, sin complejos irracionales, en la senda de la firmeza. Para ello, no le han de faltar ni la legitimidad ni el apoyo de los ciudadanos.

Lo de Euscalerría
Amando DE MIGUEL La Razón 19 Julio 2002

Los nacionalistas vascos quieren separarse de España y constituir un Estado nuevo que incluya Navarra y el País Vascofrancés. A esa nueva entidad la denominarían Euscalerría, escrito en fonética castellana. La pretensión es original, por cuanto Euscalerría nunca existió. En todo caso, hubo un reino de Navarra que, en su época áurea, llegó a comprender casi todo el territorio ahora reivindicado por los nacionalistas vascos. Sin embargo, el gran obstáculo es que los actuales navarros están muy a gusto siendo españoles. Llevan así cerca de 500 años. Ni los nacionalistas vascos quieren ser navarros, ni los navarros pretenden ser vascos.

La cosa se complica porque, más o menos la mitad de los vascos se sienten muy contentos de ser españoles o franceses. Así pues, la pretensión euscalerríaca sólo podría conseguirse por la fuerza, aunque fuera convenciendo a la mitad de los vascos para que se marcharan de su país. En ello están, sin duda, ya que no otra cosa es el efecto de lo que los nacionalistas vascos llaman «lucha armada». Es una forma de reconocer que la «lucha» por la secesión puede hacerse también sin armas.

Puede que los nacionalistas vascos necesiten mantener el fuego sagrado de las esencias raciales, por lo que no se proponen seriamente la independencia. Simplemente les basta con plantearla. No se percatan de que ¬aparte de otras desgracias¬ ese planteamiento es un desastre para el porvenir económico del País Vasco.

Vamos a suponer que, a pesar de todo, se forma el Estado euscalerríaco. ¿Bastaría su declaración de independencia para ingresar en la Unión Europea? No lo creo. En cuyo caso su viabilidad económica y política estaría en entredicho. Sólo le cabría un destino: ser un paraíso fiscal.

De momento, la postura de los nacionalistas vascos es claramente ilegal. Lo que pasa es que esa conducta es impune, ignoro por cuánto tiempo. Esa extraña impunidad les da alas para atreverse a nuevos devaneos. Podrían plantear un referéndum en el que sólo votaran los que previamente se saben vascos y no españoles. El gran obstáculo sigue siendo Navarra y la parte francesa. Al final, sólo quedaría una proporción significativa de guipuzcoanos que votarían por la secesión. Pero, aun así, no sería una mayoría decidida. Los nuevos Estados han llegado a la independencia cuando ese objetivo era un clamor popular. Ésa no es la situación de los territorios considerados, ni siquiera la de Guipúzcoa. Los nacionalistas vascos tendrían que convencer a todos los vascos y navarros para que pensaran como ellos.

Al final, la aporía resulta irresoluble. Ni siquiera por la fuerza se puede conseguir el Estado euscalerríaco.

La lejanía social del Gobierno vasco
Ignacio Villa Libertad Digital 19 Julio 2002

El último Euskobarómetro recién presentado arroja un dato que no puede pasar desapercibido al análisis: el aumento considerable en la sociedad vasca del número de ciudadanos que rechazan totalmente a la banda terrorista ETA. A estos números hay que sumar el que desde un punto de vista estadístico han desaparecido los ciudadanos que apoyan explícitamente a la banda terrorista ETA. Son unos datos, al menos, llamativos y que nos sitúan ante la realidad de que el nacionalismo y el Gobierno vasco se encuentran cada vez más lejos del sentir y de las preocupaciones reales de los ciudadanos vascos. El ejecutivo de Vitoria piensa que la exigua mayoría que obtuvieron en las últimas elecciones autonómicas les confiere el derecho y la autoridad para olvidar y arrinconar a aquellos que no les votaron y que tienen una forma de pensar diferente.

Es evidente que desde el Gobierno vasco se trabaja, a diario, para dividir a la sociedad en dos, para realizar en público una lista de buenos y otra lista de malos, para apropiarse, en definitiva, de unas señas de identidad que no les pertenecen. Los cambios en los estados de ánimo en el ambiente nacionalista, la elaboración de una actitud calculada y ramplona, la complicidad habitual con el entorno del terrorismo y una posición fría hacia todo lo que no sea lo propio son los ejemplos más claros de que el Gobierno vasco vive volcado en sus permanentes preocupaciones de supervivencia.

Con estos nuevos datos estadísticos se percibe que la sociedad vasca está cada vez más lejos de su Gobierno autonómico. Tener los votos no lo es todo. Se pueden ganar unas elecciones, se puede tener toda la legitimidad para formar Gobierno, se puede armonizar una cierta mayoría; pero con esas premisas el Gobierno vasco no se puede apropiar del pueblo vasco bajo un solo prisma, en una sola dimensión. El Ejecutivo de Ibarretxe se está cegando con unos datos electorales, que les confiere la capacidad de formar Gobierno, pero no para uniformar a toda la sociedad vasca. Ese intento de división, de clasificación en dos frentes, está provocando sin duda ese rechazo cada vez más generalizado hacia el mundo radical. El gobierno vasco cree tener la única verdad y lo que están consiguiendo es aislarse de sus propios ciudadanos. Un camino que han emprendido sin intención de rectificar. Aunque no se lo creen, están cada vez más solos. ¡Tiempo al tiempo!

Vascos contra la independencia
Editorial La Razón 19 Julio 2002

Sólo dos de cada diez ciudadanos en el País Vasco se declara insatisfecho con el actual marco del Estatuo, frente al 73 por ciento que, pese a la radicalización nacionalista, opinan lo contrario. Las cifras indican que siete de cada diez vascos no quieren que su tierra se declare independiente de España, de acuerdo con los datos del último barómetro de opinión publicado por la Universidad del País Vasco. La encuesta está considerada como una de las más fiables que se elaboran y refleja, por tanto, la situación social de los vascos, que se radicaliza. En radiografía destacan algunos resultados sorprendentes como el hecho que se haya reducido a menos del uno por ciento el número de encuestados que apoyaban totalmente a Eta y, entre el electorado batasuno, baja a la mitad el número de los que hacen una «justificación crítica» de la banda. De igual forma disminuye el número de partidarios de perdonar a los terroristas que dejen las armas y crece el que de quienes desean que cumplan sus condenas.

El «euskobarómetro» refleja las tensiones y el miedo de una sociedad como la del País Vasco donde, mientras aumenta la sensación de bienestar económico, no se cree en el funcionamiento de la democracia y sólo uno de cada tres encuestados dice sentirse libre para hablar de política con todo el mundo. Una falta de libertad, por otra parte evidente, que alcanza incluso a la mitad de los nacionalistas, lo que debería mover a Ibarreche a una seria reflexión.

Ediles de PSN de Alsasua abandonan las comisiones por la presión en los plenos
DIEGO DELGADO/PAMPLONA El Correo 19 Julio 2002

Los tres ediles del PSN en el Ayuntamiento de Alsasua han renunciado esta semana a las presidencias de comisiones municipales que ocupaban, en protesta por la negativa de la alcaldesa, de Batasuna, a ordenar la retirada de los carteles y pancartas contra el PSN y UPN exhibidos por parte de los asistentes al pleno del pasado lunes. El episodio, similar al ocurrido en anteriores sesiones, motivó el abandono del pleno de los tres concejales socialistas.

El portavoz del PSN en el Consistorio alsasuarra, Juan Manuel Pérez, sostuvo ayer que su grupo no puede trabajar en el Ayuntamiento «en estas condiciones». «Lo que están haciendo los que van a los plenos es amedrentar al personal, en este caso a los concejales socialistas», indicó el corporativo.

A juicio del edil, la regidora, Camino Mendiluze, incumplió su función de garantizar el normal desarrollo del pleno al desatender una petición del PSN para que fueran retiradas las pancartas. Mendiluze respondió al portavoz del PSN que no iba a desalojar a nadie de la sesión, porque ella no había invitado a ninguna persona. Asimismo, la alcaldesa añadió que los portadores de los carteles en los que figuraba el lema «UPN y PSOE, fascistas» no estaban profiriendo gritos ni alterando el orden.

Al ver rechazada su solicitud, los tres ediles del PSN optaron por abandonar el salón de plenos.

Pérez lamentó ayer que los concejales de la Agrupación Alsasuarra -próxima al PNV- y de IU no hubieran secundado la postura de los corporativos socialistas. «Creo que, al menos, por solidaridad con sus compañeros tenían que haberse levantado del pleno». «Pero estamos en la situación en la que estamos y cada uno sabrá lo que tiene que hacer», agregó.

Un día después, los tres concejales presentaban su renuncia a las presidencias de las áreas de Urbanismo, Mujer y Juventud.

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